sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 28 29 30

CAPÍTULO 28


Marissa se despertó tarde, sorprendentemente había logrado dormir después de todo, pero eso era lo que ocurría cuando uno se alimentaba, pasara lo que pasara tenía que descansar después.
En la oscuridad, comprobó el brillo rojo de la alarma del despertador. Cuatro horas para la aurora y tenía tantas cosas por hacer, como para toda una noche.
Miro sobre su hombro. Butch estaba de espaldas con una mano sobre el pecho desnudo, los ojos se movían rápidamente bajo los parpados, señal de que estaba profundamente dormido. La barba le había crecido y tenía vello por todas partes, también parecía mas joven y hermoso mientras dormía.
¿Por qué no podía funcionar para ellos? Se pregunto, si solo hubiera aguantado un poco mas, darle una oportunidad, y ahora tenía que irse.
Dejo la comodidad de un salto y sintió el aire frío sobre su piel. Moviéndose cuidadosamente, busco el sujetador, la combinación, las bragas… ¿donde estaban sus bragas?
Se detuvo en seco y miro hacia abajo con sorpresa. En el interior de uno de sus muslos había un reguero de sangre, de cuando la había tomado.
—Ven aquí —dijo Butch.
Casi dejó caer la ropa. —Yo… ¡ah! No sabía que estuvieras despierto.
Extendió la mano y ella fue hacia él. Cuando se acerco a la cama, deslizo el brazo por detrás de su pierna y la acercó hacia el colchón, dejando que su peso descansara sobre la rodilla.
Entonces se inclino hacia ella, pasándole la lengua por el interior del muslo en un cálido toque, subió a su núcleo y beso los remanentes de su virginidad, provocando que jadeara.
Se pregunto donde había aprendido la tradición, no podía imaginar a los machos humanos practicarlo en las hembras que tomaban por primera vez. Mientras que para su clase, este era un momento sagrado entre los compañeros.
Diablos, quería llorar de nuevo.
Butch la liberó y se retiró mirándola con ojos que no decían nada. Por alguna razón, se sintió muy desnuda delante de él.
—Toma mi bata —dijo—, úsala.
—¿Donde esta?
—En el armario, colgada de la puerta.
Se dio la vuelta, la bata era de un rojo profundo y estaba impregnada con su olor. Se la puso torpemente. La espesa seda colgaba hasta el piso, cubriendo sus pies, el lazo era tan largo que podía darle cuatro veces la vuelta a la cintura.
Sus ojos fueron al vestido arruinado en el piso.
—Déjalo —dijo el — yo lo tirare.
Ella asintió, camino hacia la puerta y agarro el pomo. Que podía decir para hacer esto mejor, se sentía como si todo lo que hiciera fuese un desastre. Primero su realidad biológica que abría un abismo entre ellos, después su expuesta deficiencia sexual.
—Esta bien Marissa, puedes irte simplemente, no necesitas decir nada.
Dejo caer la cabeza. —¿Te veré en el almuerzo?
—Si… seguro.
En un estado de aturdimiento, caminó desde la casa del guarda hasta la mansión. Un doggen le abrió la puerta interior del vestíbulo, recogió la parte baja de la bata de Butch para no tropezarse… y se detuvo recordando que no tenía nada para cambiarse.
Hora de llamar a Fritz.
Después de que encontrara al mayordomo en la cocina, le pregunto por el camino al garaje.
—¿Esta buscando sus ropas ama? ¿Por que no le traigo algo?
—Preferiría ir y elegir alguna cosa yo misma.
Cuando él dirigió una inquieta mirada a una puerta a la derecha, se encaminó en aquella dirección.
—Prometo llamarle si le necesito.
El doggen asintió, totalmente agitado.
Cuando dio un paso al interior del garaje, se detuvo en seco y se pregunto donde diablos se había metido. No había ningún coche dentro de aquel espacio para seis plazas. Ningún lugar para guardarlos. Buen Dios… cajas y cajas y cajas. No… no cajas. ¿Ataúdes? ¿Qué era esto?
—Ama, sus cosas están por aquí. —Detrás de ella la voz de Fritz fue respetuosa pero firme, como si todas esas cajas de pino no fueran de su incumbencia—. Por favor, sígame.
La condujo a cuatro grandes armarios rústicos, donde estaba su equipaje y sus cajas. —¿Esta segura de que no desea que le traiga ningún vestido?
—Si. —Toco la cerradura de cobre de uno de sus Vuittons—. ¿Podría… dejarme?
¾Por supuesto señorita
Espero hasta escuchar la puerta cerrarse y entonces abrió el baúl frente a ella. Al separar las dos mitades, las faldas volaron libres, multicolores, frescas, bellas. Recordó haber usado esos trajes en bailes y principescas reuniones del Consejo, en las cenas de su hermano y…
Se le erizó la piel.
Fue al siguiente armario, y al siguiente y luego al último, después regreso al primero y volvió a recorrer cada uno de ellos nuevamente y luego una vez más.
Era ridículo, ¿que importaba que usara? Solo escoge algo.
Tomo un traje y lo sacó. No, había usado ese aquella primera vez que se alimentara de Rehvenge. ¿Y éste? No, ese era el vestido que uso en la fiesta de cumpleaños de su hermano. Y este otro…
Marissa sintió como se llenaba de ira, era como si le prendiera fuego. La furia que corrió en ella, la hizo burbujear, ardió en su sangre. Alcanzo vestidos al azar y los arrancó de sus perchas acolchadas, buscando uno que no le recordara que era una sometida, una  cautiva, un ser frágil en finas vestiduras, caminó a otro armario y más vestidos volaron, sus manos tirando, la tela desgarrándose.
Las lágrimas comenzaron a fluir y las borró con impaciencia, hasta que no pudo ver nada y tuvo que detenerse. Se frotó el rostro con las manos, para después dejar caer los brazos y simplemente se quedo ahí, de pie, en medio de un colorido desastre.
Fue entonces que observó una puerta en una esquina lejana, y más allá, a través de los paneles de cristal, vio el patio trasero.
Marissa miró hacia fuera, a la nieve desigual. A la izquierda, la podadora de césped aparcada al lado de la puerta y la lata roja asentada en el suelo al lado de esta. Sus ojos continuaron avanzando, moviéndose entre herbicidas y recipientes de lo que parecía ser fertilizante, hasta que se detuvieron sobre una parrilla, con una pequeña caja que descansaba sobre su tapa.
Echo un vistazo a los cientos y cientos de miles de dólares en alta costura.
Le tomo unos buenos veinte minutos arrastrar todos y cada uno de los trajes al patio trasero, tuvo mucho cuidado de incluir los corsés y los chales. Cuando hubo terminado, sus ropas lucían fantasmales bajo la luz de la luna, trasformadas en sombras de una vida a la que nunca regresaría, una vida de privilegios… restricciones… y doradas degradaciones.
Sacó una faja del montón y regresó al garaje, con la tira de satén rosa pálido en la mano. Recogió el contenedor de gasolina y tomó la caja de cerillas sin vacilar, caminó hacia aquel remolino inapreciable de satén y seda y lo empapó con el claro y dulce combustible y mientras sacaba la cerilla se colocó contra el viento.
Prendió fuego a la faja y la arrojo allí.
La explosión fue más fuerte de lo que esperaba, lanzándola de espaldas, chamuscándole la cara, envolviéndola en una gran bola de fuego.
Mientras las llamas naranjas y el humo negro se alzaban, le grito al infierno.

Butch yacía sobre su espalda mirando al techo, cuando las alarmas se encendieron, Salio disparado de la cama, se coloco unos boxers y chocó contra Vishous, cuando el hermano salía corriendo como un rayo de su recamara hacia el pasillo, juntos se apresuraron hasta las computadoras.
—Jesucristo —exclamó V—, hay fuego en el patio trasero.
Algún sexto sentido hizo salir a Butch por la puerta inmediatamente. Corriendo con los pies desnudos a través del patio, sin sentir el aire frío o los guijarros bajo sus pies, cortó alrededor del frente de la casa principal y entró corriendo en el garaje. —¡Oh, mierda! A través de las ventanas de la pared del otro lado, podía ver una gran furia anaranjada en el patio trasero.
Y entonces escucho los gritos.
Cuando se lanzó por la puerta, Butch fue vencido por el calor y los olores mezclados de gasolina y ropa quemada y eso que no estaba ni la mitad de cerca, que la figura justo enfrente de aquel infierno.
—¡Marissa!
Tenía el cuerpo inclinado hacia el fuego, con la boca abierta, su agudo grito cortaba la noche tan indudablemente como las llamas lo hacían. Vagaba enloquecida por la periferia… ahora corría.
¡No! ¡La bata! Iba a tropezarse...
Con horror observo los acontecimientos. Su larga bata roja se enredaba alrededor de una de sus piernas, mientras que el largo lazo le impedía mover los pies. Con un traspié comenzó a caerse de cara al fuego.
Mientras el pánico se apoderaba de la expresión de Marissa y sus manos se extendían en el aire, pareció que todo ocurría en cámara lenta: Butch corrió a toda velocidad, aun así parecía no moverse.
—¡No! —grito Butch.
Justo antes de que cayera entre las llamas, Wrath se materializó detrás de ella y la cogió en sus brazos, salvándola.
Butch patinó hasta detenerse, mientras una debilidad aplastante le convertía las piernas en gelatina. Sin aire en los pulmones, cayo a la tierra… sencillamente colapsó.
Apoyado sobra las rodillas, vio a Wrath sostener a una desmayada Marissa entre los brazos.
—Gracias a Dios mi hermano llegó a tiempo —murmuró V desde algún lugar cercano.
Butch se puso de pie balanceándose como si estuviera parado sobre terreno rocoso.
—¿Estas bien? —Pregunto V extendiendo la mano.
—Si, bien. —Butch se tropezó en su camino hacia el garaje y continuo avanzando rápidamente atravesando puertas inconscientemente, rebotando contra las paredes ¿Dónde estaba? ¡Oh!, dentro de la cocina, ciegamente miro a su alrededor… y vio la despensa del mayordomo. Lanzándose hacia la pequeña habitación se recostó contra los estantes y se encerró dentro entre las mercancías enlatadas, la harina y el azúcar.
El cuerpo entero comenzó a temblarle hasta que sus dientes castañetearon y los brazos se le sacudían como las alas de un ave. Dios, todo lo que podía pensar era en Marissa quemándose. Entre el fuego. Desvalida. Agonizando.
Si hubiera estado solo para ayudarla. Si Wrath no hubiera visto de alguna manera lo que ocurría y no se hubiera desmaterializado justo al lado de ella. Estaría muerta ahora.
Butch no hubiera sido capaz de salvarla.
El pensamiento naturalmente lo lanzo hacia atrás, al pasado. Con horrible precisión los fogonazos de imágenes de su hermana subiendo al coche dos décadas y media atrás giraban dentro de su cráneo. Mierda, tampoco había sido capaz de salvar a Janie. No fue capaz de sacarla de aquel Chevy Chevette a tiempo.
Demonios, quizá si Wrath hubiera estado detrás de ella. El Rey podría haber rescatado a su hermana también.
Butch se froto los ojos, diciéndose que estaban nublados solo por los efectos secundarios causados por todo ese humo.

Una media hora más tarde, Marissa estaba sentada en la cama de la habitación azul, envuelta por una nube de mortificación. ¡Diablos! había llevado su primera regla demasiado lejos.
—Estoy tan avergonzada.
Wrath, que estaba de pie apoyado contra el marco de la puerta, sacudió la cabeza. —No deberías estarlo.
—Bueno lo estoy. —Trato de sonreírle y fallo por mucho. Dios, sentía la cara tiesa, la piel tirante por haber estado tan cerca del calor y su cabello… Su cabello olía a gasolina y a humo. Al igual que la bata.
Desvió los ojos hacia Butch, que se encontraba fuera en el pasillo con la espalda apoyada contra la pared. No había dicho una sola palabra desde que se asomó ahí algunos minutos antes. Tampoco parecía desear entrar a la habitación. Probablemente pensaría que estaba loca. Demonios. Ella pensaba que estaba loca.
—No se por que hice algo así.
—Has estado bajo mucha presión. —Contestó Wrath, aun cuando no era a él a quien miraba.
—Esa no es excusa.
—Marissa no me entiendas mal, pero no nos importa, solo queremos que estés a salvo y bien. Nos importa una mierda el césped.
Como se limito a mantener la mirada más alla de Wrath y fija en Butch, el Rey miró sobre su hombro. —Creo que os dejare a los dos solos. Trata de dormir un poco, ¿ok?
Cuando Wrath se dio la vuelta, Butch dijo algo que no capto. En respuesta, el Rey le palmeo la parte trasera del cuello, hubo otro intercambio de palabras en voz baja.
Después de que Wrath se hubiera marchado, Butch se adelantó pero solo hasta el marco de la puerta.
—¿Estarás bien?
—Oh, si, después de que me de una ducha. ¾Y una lobotomía.
—Ok, entonces regreso al pit.
—Butch… lo siento, hice lo que hice solo por que… no pude encontrar ningún vestido que no estuviera contaminado con recuerdos.
—Puedo entenderlo. —Excepto que, claramente, no lo hacia. La miró completamente entumecido, como si se hubiera desentendido de todo. Sobre todo de ella—. Así que… cuídate, Marissa.
Se levantó de un salto cuando él retrocedió. —¿Butch?
—No te preocupes por nada.
¿Qué diablos significaba eso?
Fue tras él, pero Beth apareció en la entrada con un bulto en sus manos. —Um… hola chicos… Marissa, ¿tienes un minuto?
—Butch, no te vayas.
Él cabeceó un saludo a Beth, para mirar hacia el pasillo después. —Necesito ponerme sobrio.
—Butch —dijo ásperamente Marissa—. ¿Me estas diciendo adiós?
Le lanzo una sonrisa atormentada. —Siempre estarás conmigo cariño.
Y se alejó despacio, como si el piso estuviera resbaladizo bajo sus pies.
¡Oh! Jesús.
Beth se aclaró la garganta. —Bueno… Wrath sugirió que ¿necesitarías ropa?, traje algunas cosas, si quisieras probártelas.
Marissa estaba desesperada por ir tras Butch, pero ya había dado un espectáculo esa noche y él parecía como si necesitara un serio descanso del drama. ¡Hombre!... sabía exactamente como se sentía, excepto que ella no tenía ningún lugar a donde escapar. En cualquier sitio ella siempre sería ella.
Miró a Beth, sintiendo que probablemente esas fueran las peores veinticuatro horas de su vida. —¿Mencionó Wrath que quemé mi guardarropa entero?
—Um… de hecho si.
—También dejé un cráter en el césped. Parece el aterrizaje de un ovni. No puedo creer que no esté enojado conmigo.
La sonrisa de la Reina fue gentil. —Lo único que no le emociona es que le dieses  a Fritz el brazalete para vender.
—No puedo dejaros pagarme la renta.
—De hecho, desearíamos que te quedaras aquí.
—Oh... No, ya han sido muy gentiles, de hecho esta noche había planeado… Bueno, antes de que me desviara por gasolina y cerillas, pensaba ir a mi nuevo hogar y echar una mirada. Ver que tipo de muebles necesito comprar.
Que serian todos.
Beth frunció el ceño. —Sobre esa casa que alquilaste, Wrath quiere que Vishous compruebe el sistema de seguridad antes de que te mudes y existen grandes probabilidades de que V desee mejorar lo que sea que encuentre allí.
—No creo que sea necesario.
—No es negociable, ni siquiera lo intentes, Wrath quiere que te quedes aquí, al menos hasta que lo hagan, ¿estas de acuerdo Marissa?
Pensó en el secuestro de Bella. La independencia era algo muy bueno, pero no existían razones para ser estúpida. —Si… Yo… De acuerdo, gracias.
—Así que, ¿te gustaría ver algunas ropas? —Beth señalo con la cabeza a las que tenía en los brazos—. No tengo muchos vestidos pero Fritz puede traerte algunos.
—¿Sabes que? —Marissa miro los vaqueros que usaba la reina—. Nunca he usado pantalones antes.
—Tengo dos pares aquí, si quieres probártelos.
Bien, no era una mala noche para probar cosas nuevas, sexo, incendios intencionales, pantalones. —Creo que me gustaría…
Solo que Marissa estallo en lágrimas, perdiendo completamente el control y el bajón fue tan grande, que lo único que pudo hacer fue sentarse en la cama y llorar.
Cuando Beth cerró la puerta y se arrodillo frente a ella, Marissa se seco las lágrimas rápidamente. Que pesadilla. —Eres la Reina, no deberías estar delante de mí así.
—Soy la Reina, así que puedo hacer lo que quiera. —Beth dejo la ropa a un lado—. ¿Que esta mal?
Si, bueno tenía una lista.
—¿Marissa?
—Creo… creo que necesitaría a alguien para hablar de esto.
—Bien, tienes a alguien justo aquí, ¿Quieres intentarlo conmigo?
Dios, habían  tantas cosas, pero había una cosa que era más importante que el resto —Una advertencia mi Reina, es sobre un tema impropio. Sexo. De hecho es sobre… sexo.
Beth se acomodó y colocó sus largas piernas al estilo del yoga. —Dispara.
Marissa abrió la boca, la cerró y volvió a abrirla. —Me enseñaron a no hablar de esta clase de cosas.
Beth sonrió. —Solo estamos tú y yo en esta habitación, nadie tiene que saberlo.
Ok… era el momento de realizar una profunda inspiración. —Ah… yo era virgen hasta esta noche.
—Oh —después de una larga pausa la Reina dijo—. ¿Y?
—A mi no me….
—¿Gustó? —Como no respondía, Beth dijo—. A mí tampoco me gustó la primera vez.
Marissa la miró. —¿De verdad?.
—Fue doloroso.
—¿Te dolió también? —Cuando la mujer afirmó con la cabeza, Marissa se sintió azorada y un poco aliviada—. No todo fue doloroso, quiero decir que lo que llevó a ello fue… fue asombroso. Butch me hace sentir… él es tan… la forma en que me toca, me pongo…Oh Dios, no puedo creer que este hablando de esto. Y no puedo explicar como se siente estar con él.
Beth rió. —Esta bien, se lo que tratas de decir.
—¿En serio?
—¡Oh! si. —Los ojos azul oscuro de la Reina brillaron—. Se exactamente lo que quieres decir.
Marissa sonrió y continuó hablando. —Cuando llegó el momento de… ya sabes, cuando ocurrió, Butch fue realmente gentil y todo, y yo quería disfrutarlo, realmente quería. Es solo, que me sentí tan abrumada y era tan doloroso, creo que hay algo malo en mí. Por dentro.
—No hay nada malo en ti Marissa.
—Pero yo… realmente dolió. —Se cubrió el estomago con los brazos—. Butch dijo que algunas hembras tienen dificultades al principio, pero yo no… Eso ciertamente, no es lo que diría la glymera.
—No te ofendas, se que eres parte de la aristocracia, pero yo no creería ni una palabra de lo que dice la glymera acerca de nada.
La Reina probablemente tenía un punto. —Como pasaste por eso con Wrath cuando tú… ah…
—Mi primera vez no fue con él.
—Oh —Marissa se sonrojó—. Discúlpame, no quería…
—No hay problema, de hecho no me gustaba el sexo hasta Wrath, había estado con dos tipos antes de él y solo… de cualquier manera, quiero decir que no comprendía por que tanto alboroto. Francamente, incluso si Wrath hubiera sido el primero, tampoco hubiera sido fácil dado el tamaño de su… —ahora la Reina era la sonrojada—. De cualquier manera… sabes, el sexo es una invasión para la mujer. Erótico y maravilloso, pero una invasión, toma un poco acostumbrarse y para algunas la primera vez es muy dolorosa, Butch deberá tener paciencia contigo. Tendrá…
—No terminó, tuve la impresión de que… no pudo.
—Si te lastimó, puedo entender por que se detuvo.
Marissa levantó los brazos. —Dios me siento tan condenadamente avergonzada, cuando ocurrió, mi cabeza estaba toda enredada… tenía todo eso rondando por mi cerebro. Antes de dejarlo, quise hablarle, pero no pude encontrar las palabras. Sabes, lo amo.
—Bien, eso es bueno. —Beth tomó una mano de Marissa—. Todo estará bien, te lo prometo. Ustedes dos deberían intentarlo nuevamente. Ahora que el dolor ha desaparecido para ti, no deberías tener problemas.
Marissa busco en los ojos azul media noche de la Reina, y pensó que en toda su vida, nadie le había hablado tan francamente de ningún problema que tuviera. De hecho… nunca antes tuvo una amiga y así sentía a la Reina. Como una… amiga.
—¿Sabes algo? —murmuro Marissa.
—¿Que?
—Eres muy gentil, puedo ver por que Wrath esta loco por ti.
—Como dije antes, haría cualquier cosa por ayudarte.
—Ya lo has hecho. Esta noche… lo has hecho por completo —Marissa se aclaro la garganta—. ¿Podría…? ah, ¿podría probarme los pantalones?
—Por supuesto.
Marissa recogió la ropa, saco un juego de ropa interior de la cómoda y fue al baño.
Cuando salió, usaba un par de delgados pantalones negros y un jersey con cuello de tortuga. No podía dejar de mirarse, su cuerpo parecía más pequeño sin todas esas vestiduras.
—¿Como te sientes?
—Extraña, ligera, confortable —Marissa camino alrededor con los pies desnudos—, un poco como si estuviera desnuda.
—Eres más pequeña que yo, por eso te quedan un poco flojos, pero te quedan muy bien.
Marissa regresó al baño y se miró en el espejo. —Creo que me gustan.

Cuando Butch regreso al pit, se metió en el baño y abrió la ducha. Mantuvo las luces apagadas, no tenía interés en ver cuan borracho y loco estaba todavía. Se metió bajo el chorro cuando estaba helado aun, con la esperanza de que un baño antártico le ayudara a recuperar la sobriedad.
Con manos ásperas, se paso la pastilla de jabón y cuando llego a sus partes privadas, no las miro, no podía hacerlo. Sabía lo que estaba lavando de su cuerpo y el pecho le quemaba al pensar en la sangre que había estado en el interior de los muslos de Marissa.
Hombre… haber visto eso había sido matador. Luego se asusto como la mierda de si mismo, por haber hecho lo que hizo. No tenía idea de por que había puesto la boca en ella o de donde había venido esa idea. Simplemente parecía como algo que tenía que hacer.
¡Oh! demonios no podía pensar en ello.
Champú rápido, enjuague rápido y salió, no se molestó en secarse, se fue goteando hasta su cama donde se dejo caer. El aire se sentía frío sobre la piel mojada, congelándole, lo sentía como un castigo apropiado, así que descanso la barbilla en su puño. Miro a través de la habitación, con la luz que entraba por la rendija de debajo de la puerta, vio la pila de ropa que Marissa le había quitado antes. Y luego el vestido de ella sobre el suelo.
Volvió a mirar lo que había llevado puesto. El traje no era realmente de el. Ni tampoco la camisa… ni los calcetines o los mocasines, nada de lo que usaba era suyo.
Le lanzó una mirada penetrante al reloj en su muñeca, se lo quito y lo dejo caer sobre la alfombra.
No vivía en su propia casa. No gastaba su propio dinero. No tenía trabajo, ni futuro. Era una bien cuidada mascota, no un hombre. Y por mucho que amara a Marissa, después de lo ocurrido en el patio trasero, estaba claro que las cosas no podrían funcionar entre ellos. Sería una relación completamente destructiva, especialmente para ella: Estaba confusa, cargándose por alguna mierda que no era culpa suya. Sufriendo, y era por su culpa. Demonios, ella merecía a alguien mejor. Merecía… Oh, mierda, merecía a Rehvenge, ese aristócrata de sangre antigua. Rehv sería capaz de cuidarla, darle lo que necesitara. Ser aceptada socialmente, ser su compañero por siglos.
Butch se levantó, caminó hacia el armario y tomo un bolso Gucci… luego comprendió que no quería llevarse nada de esta vida cuando se marchara.
Dejó de lado el bolso y se puso un par de vaqueros y una sudadera, se calzó unos zapatos deportivos, busco su vieja billetera y un juego de llaves que trajo con él cuando se mudo con Vishous, miró el enredo de metal en una simple argolla plateada. Recordó que desde septiembre no se había molestado en hacer algo con su apartamento, así que después de todo ese tiempo, su casero ya debía haberse desecho de sus cosas y limpiado, lo cual estaba bien. De cualquier forma no era como si quisiera regresar ahí.
Dejando las llaves, salió de la habitación, y se dio cuenta de que para marcharse no tenía ningún vehículo. Miro sus pies, parecía que tendría que caminar por la ruta 22, después desde ahí haría auto-stop.
No había hecho ningún plan coherente, sobre lo que haría o a donde iría, lo único que sabía era que dejaba a los hermanos y a Marissa y eso era todo. Bien, también tenía claro que para que fuera permanente, tendría que salir de Caldwell. Tal vez se encaminaría hacia el oeste, o algo así.
Cuando paso por la sala, se sintió aliviado de que V no estuviera cerca, Decir adiós a su compañero de habitación era casi tan difícil como dejar a su mujer. Así que no existía ninguna razón para mantener esa conversación de Bon voyage compañero.
Mierda, ¿que es lo que la Hermandad iba a hacer con su deserción? Sabía demasiado sobre ellos… Lo que fuera. No podía quedarse y si eso significaba que tenían que entrar en acción, era seguro como el infierno que lograrían sacarlo de su miseria.
¿Y acerca de lo que El Omega le había hecho? No sabía mucho acerca de todo el asunto lesser. Pero al menos no tendría que preocuparse por herir a los Hermanos o a Marissa. Por que no planeaba verlos nuevamente.
Su mano estaba en el pomo de la puerta del vestíbulo cuando V dijo. —¿A dónde vas poli?
Butch giro la cabeza hacia V. Estaba de pie, saliendo de las sombras de la cocina.
—V… me marcho —antes de que hubiera una respuesta, Butch sacudió la cabeza—, si eso significa que debes matarme, hazlo rápido y entiérrame enseguida, y no dejes que Marissa se entere.
—¿Por que te marchas?
—Es mejor así, aunque eso signifique que debo morir. Infiernos, solo me harías un favor si te encargaras. Estoy enamorado de una mujer que no puedo tener, tú y la Hermandad sois los únicos amigos que he tenido, igualmente os dejo y… ¿que mierda me espera en el mundo real? Nada, no tengo empleo. Mi familia piensa que estoy loco, la única cosa buena es que estaría con los de mi propia clase.
V se acerco, una alta y amenazante sombra.
Mierda quizás todo se terminaría esta noche, justo aquí, justo ahora.
—Butch, hombre, no te puedes salir, te lo dije desde el principio, no hay salida.
—Como dije… mátame, toma una daga y hazlo, pero escúchame claramente. No me quedare ni un minuto más en este mundo siendo un forastero.
Cuando sus ojos se encontraron, Butch no se acobardó, no pelearía, se iría suavemente hacia el olvido, llevado por la mano de su mejor amigo hacia una buena y limpia muerte.
Existían peores maneras de irse, pensó, mucho, mucho peores.
Los ojos de V se estrecharon. —Podría haber otra forma.
—Otra forma… V, amigo, un juego de colmillos de plástico no mejorará esto.
—¿Confías en mi? —como permaneció en silencio, V repitió—. ¿Butch, ¿confías en mí?
—Si.
—Entonces dame una hora, poli. Déjame ver que puedo hacer.


CAPÍTULO 29


El tiempo se alargaba interminablemente y Butch merodeaba alrededor del Pit mientras esperaba a que regresara V. Finalmente, incapaz de sacudir la neblina del escocés y todavía mareado como la mierda, entró y se acostó en la cama. Cerrar los ojos, fue más para atenuar la luz que con cualquier esperanza de coger el sueño.
Rodeado por una densa tranquilidad, pensó en su hermana Joyce y en ese nuevo bebé suyo. Sabía donde había tenido lugar hoy el bautismo: En el mismo lugar donde a él lo habían bautizado. El mismo lugar en donde todos los O'Neal habían sido bautizados.
El Pecado original estaba lavado.
Puso su mano sobre el estómago, sobre aquella cicatriz negra, y pensó que el mal había vuelto seguramente a por él. Terminando justo dentro de él.
Palpando la cruz, empuñó el oro hasta que corto la piel, y decidió que tenía que regresar a la iglesia. Regularmente.
Todavía estaba agarrando el crucifijo cuando el agotamiento lo tomó sigilosamente, llevando sus pensamientos lejos, sustituyéndolos por una nada que habría estado aliviado de tener si hubiera estado consciente.
Algún tiempo más tarde, se despertó y echó un vistazo al reloj. Había dormido durante dos horas seguidas, y ahora estaba en la fase de la resaca, su cabeza era un enorme y embotado dolor, sus ojos hipersensibles a la claridad que entraba por debajo de la puerta. Dio una vuelta y se estiró, su columna crujió
Un gemido misterioso flotó por el pasillo.
—¿V? —dijo.
Otro gemido.
—¿Estas bien, V?
De alguna parte, hubo un ruido estrepitoso, como si algo pesado hubiera caído. Luego sonidos ahogados, de la clase que haces cuando estas demasiado herido para gritar y estas asustado de morir. Butch saltó de su cama y corrió a la sala de estar.
—¡Jesucristo!
Vishous se había caído del sofá y había aterrizado de cara en la mesa de centro, dispersando botellas y cristales. Mientras tiraba todo a su alrededor, los ojos estaban apretados y la boca se movía con gritos no expresados.
—¡Vishous! ¡Despiértate! —Butch agarró aquellos pesados brazos, sólo para darse cuenta que V se había quitado el guante. Aquella terrible mano suya brillaba como el sol, quemando agujeros en la madera de la mesa y el cuero del sofá.
—¡Joder! —Butch saltó fuera de su radio de alcance cuando casi lo golpeó.
Todo lo que pudo hacer fue gritar el nombre de Vishous, mientras el Hermano luchaba contra el apretón del monstruo, cualquiera que fuera el que lo sostenía. Finalmente, algo paso. Tal vez el sonido de la voz de Butch. Tal vez V se golpeó a si mismo con fuerza suficiente para despertarse.
Cuando Vishous abrió los ojos, estaba jadeando y temblando, cubierto por el sudor del miedo.
—¿Colega? —Cuando Butch se arrodilló y tocó a su amigo en el hombro, V se encogió de miedo. Lo que fue la parte más escalofriante. —¡Hey…! tranquilo, estas en casa. Estas a salvo.
La mirada de V, por lo general tan fría y calma, era vidriosa. —Butch, ¡Oh, mi Dios…! Butch... la muerte. La muerte… La sangre bajaba por el frente de mi camisa. Mi camisa…
—Ok, tranquilízate. Vamos a enfriarnos aquí fuera, muchachote. —Butch le sujetó  pasándole una mano bajo la axila derecha a V y levantó al Hermano llevándole de regreso al sofá. El pobre bastardo cayó sobre los cojines de cuero como una muñeca de trapo—. Vamos a conseguirte una bebida.
Butch se dirigió hacia la cocina, recogió un vaso bastante limpio del armario, y lo aclaró. Lo llenó con agua fría, aunque V sin dudarlo preferiría un Goose.
Cuando volvió, Vishous encendía un cigarrillo con manos que eran como banderas en el viento.
Cuando V tomó el vaso, Butch dijo: —¿Quieres algo más fuerte?
—Nah. Esto está bien. Gracias, tío.
Butch se sentó al otro lado del sofá. —V, pienso que va siendo hora de que hagamos algo al respecto a esto de las pesadillas.
—No iremos por ahí. —V inhaló profundamente y soltó una corriente estable de humo entre los labios—. Además, tengo buenas noticias. Más o menos.
Butch preferiría haberse quedado en el país de los sueños de mierda de V, pero eso claramente no iba a pasar. —Entonces habla. Y deberías haberme despertado tan pronto como…
—Lo intente. Estabas muerto para el mundo. De todos modos… —el otro exhaló. Ésta vez más normalmente.
—¿Sabes que he mirado tu pasado, verdad?
—Me lo figuré.
—Tenías que saber lo que hacía, si ibas a vivir conmigo… con nosotros. Rastreé tu sangre hacia atrás, a Irlanda. Montones de blancos pálidos del pantano en tus venas, poli.
Butch se quedó realmente inmóvil. —¿Encontraste… algo más?
—No cuando busqué hace nueve meses. Y no cuando te rastreé hace una hora.
¡Ah! Conversación muerta. Aunque… Cristo ¿qué pensaba? No era un vampiro. —¿Entonces, por qué hablamos de esto?
—¿Estas seguro de no tener alguna historia rara en tu familia? ¿Sobre todo atrás en Europa? ¿Sabes de alguna hembra en tu línea, mordida por la noche? ¿Tal vez un embarazo que salió de la nada? ¿Como la hija de alguien que desapareció y tal vez volvió con un niño?
Realmente, no. No había muchas tradiciones O’Neal atrás en el tiempo. Durante sus primeros doce años, su madre había estado ocupada criando seis niños y trabajando como enfermera. Entonces después del asesinato de Janie, Odell había estado demasiado quebrada para contar historias. ¿Y su padre? Sí, claro. Trabajando de nueve a cinco para la compañía telefónica y luego llevando el turno de noche como guarda de seguridad, no tuvo mucho tiempo para charlas de calidad con los chicos. Cuando Eddie O’Neal había estado en casa, había estado bebiendo o durmiendo.
—No sé de nada.
—Bien, aquí está el trato, Butch. —V inhaló, luego habló a través del humo mientras espiraba—. Quiero ver si tienes algo de nosotros en ti.
—¡Whoa! Pero tú conoces mi árbol genealógico, ¿cierto? ¿Y no pudo mi análisis de sangre en la clínica, o incluso a lo largo de toda mi vida, haber mostrado algo?
—No necesariamente y tengo un modo muy preciso de averiguarlo. Y es llevándote en una regresión ancestral. —V movió su encendida mano y la apretó en un puño—. Maldita sea, odio esta cosa. Pero así es como lo hacemos.
Butch observó la mesa de centro chamuscada. —Vas a encenderme como si fuera leña seca.
—Seré capaz de canalizarlo. No digo que será divertido para ti, pero no debería matarte tampoco. ¿Punto fundamental? ¿Aquella mierda con Marissa y la alimentación y el modo en que reaccionaste a ello? ¿El hecho que me has dicho que emanabas tu esencia cuando estabas a su alrededor? Y bien sabe Dios que eres lo suficientemente agresivo. Quién sabe que encontraremos.
Algo cálido aleteó en el pecho de Butch. Algo, como esperanza. —¿Y que si yo tuviera a un vampiro como pariente?
—Entonces podríamos… —V tomó una muy profunda y prolongada calada. —Podríamos ser capaces de convertirte.
¡Santa Mierda! —Pensé que no podíais hacer eso.
V cabeceo hacia una pila alta de volúmenes encuadernados en cuero, de unos informes hechos por los ordenadores. —Hay algo en las Crónicas. Si tienes un poco de nuestra sangre en ti, podemos intentarlo. Es muy arriesgado, pero podríamos tratar de hacerlo.
Hombre, Butch estaba de acuerdo con aquel plan. —Hagamos la regresión. Ahora.
—No puedo. Incluso si tienes el ADN, tenemos que conseguir la autorización de la Virgen Escriba, antes incluso de pensar en dar comienzo al salto a cualquier clase de cambio Esa clase de mierda no puede ser hecha a la ligera, y esta la complicación añadida de lo que los lessers te hicieron. Si no permite que nosotros procedamos, no importará si tienes parientes con colmillos, y no quiero hacerte pasar por una regresión ancestral si no hay nada que podamos hacer al respecto.
—¿Cuánto tiempo hasta que lo sepamos?
—Wrath dijo que hablaría con ella esta noche.
—¡Jesús, V! Espero…
—Quiero que te tomes algún tiempo y pienses en esto. Es una mierda pasar por una regresión. Tu cerebro va a quebrarse y entiendo que el dolor no es ninguna fiesta. Y podrías también querer hablar con Marissa sobre ello.
Butch pensó en ella. —Ah, pasare por esto. No te preocupes acerca de eso.
—No te sientas tan seguro…
—No lo estoy. Esto tiene que funcionar.
—Sin embargo, podría ser que no muy bien. —V contempló la punta iluminada de su mano enguantada—. Asumiendo que salgas del otro lado de la regresión bien, y podamos encontrar un pariente directo tuyo para poder utilizarlo en el salto del cambio, podrías morir en medio de la transición. Hay sólo una pequeña posibilidad de que sobrevivas.
—Lo haré.
V se rió en un estallido corto. —No puedo decidirme si tienes muchas pelotas o deseos de morir.
—Nunca subestimes el poder del auto-odio, V. Este infierno es un gran motivador. Además, ambos sabemos cual es la única otra opción.
Cuando sus miradas se encontraron, Butch supo que V estaba pensando en lo mismo que él. No importaban los riesgos que hubiera. Cualquier cosa era mejor que Vishous tuviera que matarlo, porque tenía que marcharse.
—Voy con Marissa ahora.
Butch hizo una pausa en su camino hacia la puerta al túnel. —¿Estás seguro que no hay nada que podamos hacer sobre esos sueños tuyos?
—Tienes suficiente en tu plato.
—Soy un excelente multiusos, compañero.
—Vete con tu hembra, poli. No te preocupes por mí.
—Eres un grano en el culo.
—Le dijo la SIG a la Glock.
Butch maldijo y golpeó el túnel, tratando de no dejarse llevar totalmente por la excitación.  Cuando llegó a la casa grande, fue hacia el segundo piso y pasó por el estudio de Wrath. En un impulso, llamó a la puerta. Después que el Rey contestó, Butch estuvo con él tal vez unos diez minutos, antes de que ir hacia la habitación de Marissa.
Estaba a punto de llamar cuando alguien le dijo: —No está aquí.
Giró en redondo y vio a Beth saliendo de la sala al final de pasillo, con un jarrón de flores en sus manos.
—¿Dónde está Marissa? —preguntó.
—Se fue con Rhage a comprobar la casa nueva.
—¿Qué casa nueva?
—Ha alquilado una casa para ella. Aproximadamente a siete millas de aquí.
¡Mierda! Se mudaba. Y ni siquiera se lo había dicho. —¿Exactamente dónde está la casa?
Después de que Beth le dio la dirección y le aseguró que el lugar era seguro, su primer instinto fue correr hacia allí, pero descartó esa idea. Wrath estaba yendo hacia la Virgen Escriba en ese mismo instante. Tal vez podrían terminar con la regresión y habría buenas noticias para compartir.
—Regresará esta noche, ¿no? —Hombre, deseaba que le hubiera comentado algo acerca de la mudanza.
—Definitivamente. Y Wrath va a pedirle a Vishous que trabaje en el sistema de seguridad, así que se quedará aquí hasta que eso esté hecho. —Beth frunció el ceño—. ¡Hey…! no te ves muy bien. ¿Por qué no bajas conmigo y consigues algo de comida?
Asintió con la cabeza, aunque no tuviera ni idea de lo que le había dicho. —Tú sabes que la amo, ¿verdad? —Habló sin pensar, no muy seguro del porqué lo había dicho.
—Sí, lo sé. Y ella te ama.
¿Entonces por qué no habló con él?
Sí, y realmente ¿cuan fácil lo había hecho para ella últimamente? Había alucinado sobre la alimentación. Tomado su virginidad mientras estaba ebrio. Hiriéndola en el proceso. ¡Cristo!
—No tengo hambre, —dijo—. Pero miraré mientras comes.

Mientras en el Pit, Vishous salió de la ducha y gritó como una niña, golpeándose contra la pared de mármol.
Wrath estaba de pie en el cuarto de baño, un gran macho vestido de cuero del tamaño de un maldito Escalade.
—¡Cristo, mi señor! ¿Por qué asustas a un hermano?.
—Un poquito nervioso ¿eh, V?—Wrath le pasó una toalla—. Acabo de regresar de ver a la Virgen Escriba.
V hizo una pausa con la toalla bajo el brazo. —¿Qué dijo?
—Que no me vería.
—Maldita sea, ¿por qué? —Se envolvió las caderas.
—Alguna mierda como “las ruedas del destino están girando”. Quién sabe. Una de las Elegidas me encontró. —La mandíbula de Wrath estaba tan apretada que era una maravilla que pudiera hablar en absoluto—. De todos modos, vuelvo mañana por la noche. Directamente, no lo veo claro.
Con la frustración aguijoneándole, V sintió que su párpado empezar a temblar. —¡Mierda!
—Sí. —Hubo una pausa—. Y mientras estamos con esto de la mierda, hablemos sobre ti.
—¿Yo?
—Estás más tenso que un cable y tu ojo se mueve nerviosamente.
—Sí, por que me has hecho un Viernes 13[1]. —V pasó empujando al Rey y entró en el dormitorio.
Cuando se puso el guante en la mano, Wrath se apoyó contra la puerta. —Mira, Vishous…
Oh, no iban a hacer esto. —Estoy bien.
—Seguro que lo estas. Así que este es el trato. Te doy hasta el fin de la semana. Si no te has enderezado para entonces, te sacaré de circulación.
—¿Qué?
—Tiempo de vacaciones. ¿Puedes entender lo que significa DyR[2], hermano?
—¿Estas loco? Te das cuenta que sólo somos cuatro ahora con Tohr fuera, ¿verdad? No puedes permitirte…
—Perderte. Sí, lo sé. Y desde luego no vas a ser asesinado debido a lo que sea que esta pasando en esa cabeza tuya. O no pasando, como sea.
—Mira, estamos todos en el borde,
—Hace un rato Butch se detuvo a verme un momento. Me contó acerca de tu repetida pesadilla.
—Ese cabrón. —Hombre, iba a clavar a su compañero de habitación en el suelo con una estaca, por soplón.
—Tenía sus razones para decírmelo. Tú deberías habérmelo dicho.
V se acercó a su oficina, donde estaban los papeles y el tabaco. Giró rápidamente buscando uno, necesitando algo en la boca. Era eso o seguir jurando.
—Tienes que ser examinado, V.
—¿Por quién? ¿Havers? Ningún TAC, o prueba de laboratorio va a decirme lo que está mal, porque no es físico. Mira, lo diré claro. —Echó un vistazo sobre su hombro y exhaló—. Soy el listo, ¿recuerdas? Resolveré esto.
Wrath bajó sus gafas, los pálidos ojos verdes quemando como luces de neón. —Tienes una semana para arreglar esto, o iré a la Virgen Escriba por ti. Ahora mueve el culo. Necesito hablar contigo acerca de algo mas relacionado con el poli.
Cuando el Rey salió dirigiéndose a la sala de estar, V aspiró con fuerza el cigarrillo y luego miró alrededor buscando un cenicero. ¡Maldita sea! lo había dejado fuera.
Estaba a punto de dirigirse a la sala de estar cuando miró su mano. Llevando la pesadilla enguantada hacia la boca, quitó el cuero del guante con los dientes y contempló su radiante maldición.
¡Mierda! La iluminación se estaba volviendo más y más brillante cada día.
Conteniendo el aliento, presionó el cigarrillo encendido en la palma. Cuando la punta ardiente tocó su piel, el brillo blanco debajo destelló aún más fuerte, iluminando las advertencias tatuadas, hasta que parecieron estar en tres dimensiones.
El cigarrillo fue consumido en un estallido de luz, el escozor chasqueó sus terminaciones nerviosas. Cuando sólo quedo polvo, lo sopló, mirando la pequeña nube precipitarse y desintegrarse en nada.

Marissa paseó por la casa vacía y terminó en la sala de estar, donde había comenzado. La casa era mucho más grande de lo que había pensado, especialmente dadas las seis recámaras subterráneas. Dios, había tomado el contrato de arrendamiento porque le había parecido mucho más pequeña que la de su hermano Havers, pero el tamaño era muy parecido. Esta casa colonial se sentía enorme. Y muy vacía.
Cuando se vio a si misma mudándose, se dio cuenta que nunca realmente había vivido antes en una casa sola. En su antigua casa, siempre había habido sirvientes y Havers y pacientes y personal médico. Y la mansión de la Hermandad estaba igualmente llena de gente.
—¿Marissa? —Las pesadas botas de Rhage subieron detrás de ella—. Tiempo de irse.
—No he tomado la medida de las habitaciones todavía.
—Haz que Fritz vuelva y lo haga.
Sacudió la cabeza. —Esta es mi casa. Quiero hacerlo.
—Entonces siempre podrás venir mañana por la noche. Pero tenemos que irnos ahora.
Echó un último vistazo alrededor, luego se dirigió hacia la puerta. —Bien. Mañana.
Se desmaterializaron detrás de la mansión, y cuando entraron por el vestíbulo, pudo oler el rosbif y oír la conversación que iba a la deriva por el comedor. Rhage le sonrió y comenzó a desarmarse, quitándose la pistolera y las dagas de sus hombros mientras gritaba llamando a Mary.
—¡Hey!
Marissa giró. Butch estaba en las sombras de la sala de billar, inclinado sobre la mesa del fondo, un ancho vaso de cristal en la mano. Estaba vestido con un traje fino y una corbata azul claro…  pero mientras lo miraba, todo lo que veía era a él desnudo y apoyado en sus brazos sobre ella.
Justo cuando el calor se arremolinó, apartó los ojos.
—Te ves diferente en pantalones.
—¿Qué? ¡Oh! Estos son de Beth.
Tomó un trago de su vaso. —Oí que estas alquilando una casa.
—Sí, acabo de venir de allí.
—Beth me lo dijo. ¿Así que cuánto tiempo más te vas a quedar por aquí? ¿Una semana? ¿Menos? Probablemente menos, de hecho.
—Probablemente. Iba a decírtelo, pero apenas la alquilé, y con todo lo ocurrido, no he tenido el tiempo de hacerlo. No lo estaba escondiendo de ti ni nada parecido. —Cuándo él no contestó, dijo— ¿Butch? ¿Estas… estamos… bien?
—Sí. —Miró el whisky—. O al menos vamos a estarlo.
—Butch… mira, sobre lo que pasó…
—Sabes que no me importa lo del fuego.
—No, quiero decir… en el dormitorio.
—¿El sexo?
Se ruborizó y bajó los ojos. —Quiero intentarlo otra vez.
Cuando él no dijo nada, echó un vistazo.
Su mirada avellana era intensa. —¿Sabes que es lo que quiero? Sólo una vez, quiero ser lo suficiente bueno para ti. Sólo… una vez.
—Lo eres.
Él extendió los brazos y echó un vistazo a su cuerpo. —No como soy ahora. Pero voy a hacer algo para poder serlo. Voy a ocuparme de este problema mío.
—¿De qué estas hablando?
—¿Me dejarás acompañarte a la cena? —Como para distraerla, avanzó y le ofreció su brazo. Cuando no lo tomó, dijo—. Confía en mí, Marissa.
Después de un largo momento, aceptó su cortesía, pensando que al menos no se había apartado de ella. Que era lo que podría haber jurado que había estado haciendo justo después del fuego.
—¡Hey, Butch! Detente un momento, hombre.
Tanto ella como Butch miraron alrededor. Wrath estaba saliendo de la puerta oculta debajo de la escalera y Vishous estaba con él.
—Buenas tardes, Marissa —dijo el Rey—. Poli, te necesito un segundo.
Butch asintió. —¿Que pasa?
—¿Nos disculpas, Marissa?
Las expresiones en las caras de los Hermanos eran suaves, sus cuerpos relajados. Y ni por un instante ella se creyó esa actitud de “no pasa nada especial”. Pero ¿Que iba a hacer, quedarse allí?
—Te esperaré en la mesa —le dijo a Butch.
Se dirigió al comedor, luego hizo una pausa y miró hacia atrás. Los tres machos estaban de pie juntos, Vishous y Wrath altísimos sobre Butch, mientras conversaban. Una mirada sorprendida golpeó la cara de Butch, las cejas levantándose en su frente. Luego asintió y cruzó los brazos sobre el pecho, como si se hubiera preparado y estuviera listo para irse.
El temor cayó sobre ella. Negocios de la Hermandad. Lo sabía.
Cuándo Butch llego a la mesa diez minutos más tarde, le dijo. —¿Sobre qué hablaron Wrath y V contigo?
Él abrió los pliegues de la servilleta con un golpe y la puso en su regazo. —Quieren que vaya a la casa de Tohr y haga un CSI[3]. Quiero intentarlo y ver si el tipo ha vuelto o ha dejado alguna pista en cuanto a donde ha ido.
—¡Ah! Eso es… bueno.
—Es lo que he hecho para vivir durante muchos años.
—¿Es eso todo lo que harás?
Cuando un plato con comida fue puesto delante de él, terminó el whisky. —Sí. Bien… los Hermanos van a comenzar a patrullar áreas rurales, así que me han pedido que trabaje en una ruta para ellos. Voy a ir con V y hacer eso después del ocaso esta noche.
Ella asintió con la cabeza, diciéndose que eso iba a estar bien. Mientras no luchara. Mientras no lo hiciera.
—Marissa, ¿qué pasa?
—Yo… ¡Oh! es sólo que no quiero verte herido. Quiero decir, eres humano y todo eso y…
—Así que hoy tengo que hacer un poco de investigación.
Bien… si eso no era una puerta cerrada para ella. Y si presionaba sobre la cuestión, sólo iba a hacerlo sonar como si pensara que él era totalmente débil. —¿Investigación sobre qué?
Él recogió el tenedor. —Lo que me pasó. V ya ha estudiado las Crónicas, pero dijo que podía intentarlo, también.
Asintió y comprendió que no pasarían el día durmiendo juntos, lado a lado, en su cama. O en la de él.
Tomó un sorbo del vaso de agua y se maravilló de como podías sentarte así de cerca de alguien y todavía sentir que esa persona estaba totalmente alejada.



[1] Viernes 13: La película de terror.
[2] DyR : Descanso y relajación.
[3] Investigación de la escena del crimen


CAPÍTULO 30


La tarde siguiente, John tomó asiento en el aula, esperando con impaciencia que comenzara la clase. El programa de clases era de tres días seguidos rotando con uno libre entre medio, y estaba listo para empezar a trabajar.
Mientras repasaba sus notas de explosivos plasticos, los otros aprendices entraron parloteando y se fueron colocando, el habitual alboroto alrededor del trabajo… hasta que todo el mundo se quedó en silencio.
John levantó la vista. Había un hombre en la entrada, un hombre que parecia un poco inestable, o tal vez borracho. Que  demonios...
John se quedó con la boca abierta cuando contemplo la cara y el cabello rojo.  Blaylock. Era… Blaylock, sólo que mejor.
El tipo miró hacia abajo y torpemente caminó hacia el fondo del salón. Realmente, iba arrastrando los pies más que andado, como si realmente no pudiera coordinar los brazos y las piernas. Después de sentarse, movió sus rodillas bajo la mesa hasta que cupieron, entonces se encorvó como si tratara de hacerse más pequeño.
Sí, buena suerte en eso. ¡Jesús! era… enorme.
Mierda santa. Había pasado por la transición.
Zsadist apareció en el aula, cerró la puerta y echó un vistazo a Blaylock. Después de cabecear rapidamente,  Z fue directamente a la enseñanza.
—Hoy vamos a hacer una introducción a la guerra química. Hablaremos del gas lacrimógeno, el gas mostaza… ¾El Hermano hizo una pausa. Entonces blasfemó cuando vió obviamente  que nadie le prestaba atención, porque todos contemplaban a Blay.
 —Bien, mierda. Blaylock ¿quieres decirles como fue? No vamos a hacer nada hasta que lo hagas.
Blaylock giró el rostro colorado y nego con la cabeza, abrazándose a sí mismo.
—Bien, aprendices, sus ojos aquí. —Todos miraron a Z— Quereis saber lo que es, os lo diré.
John se sento bien y presto atención. Z hablo en general sin revelar nada acerca de si mismo, pero de cualquier forma dio información valiosa. Y cuanto más hablaba el Hermano, más le vibraba el cuerpo a John.
Así es, le dijo a su sangre y a sus huesos. Tomen nota y hagamos esto pronto.
Ya estaba tan preparado para ser un hombre.

Van salió de la Town & Country, cerró la puerta del pasajero silenciosamente y se quedó en las sombras. Lo que veía aproximadamente a cien yardas de distancia le recordó donde había crecido: la casa destartalada, con techos de cartón alquitranado y un coche que se pudre en el patio de al lado. La única diferencia era que ésta, estaba en medio de la nada, y su vecindad, estaba más cerca de la ciudad. Pero estaban a los mismos dos pasos de la pobreza.
Cuando exploró el área, lo primero que notó fue un sonido raro que cortaba la noche. Golpeaba  rítmicamente… ¿como si alguien cortara troncos? No… era más parecido a un golpeteo. Alguien estaba golpeando probablemente en lo que era la puerta trasera de la casa que tenía delante de él.
—Este es su objetivo para esta noche —dijo el Sr. X. mientras otros dos lessers  bajaban del  monovolumen—. El destacamento diurno ha estado vigilando este lugar toda la semana pasada. Ninguna actividad hasta después del anochecer. Barras de hierro sobre las ventanas. Las cortinas siempre están corridas. El objetivo es la captura, pero puede haber matanza si piensa que van a escaparse…
El Sr. X se detuvo y frunció el ceño. Entonces miró alrededor.
Van hizo lo mismo sin notar nada fuera de lo común.
Hasta que un Cadillac Escalade negro apareció en la calzada. Con los cristales tintados y todo el cromado, el coche parecía valer más que la casa. ¿Qué demonios hacía ese coche en este bario?
—Vamos, armaos — siseo el Sr. X¾. ¡Ahora!
Van tomo su nueva Smith & Wesson 40, sintiendo el peso en su palma. Notó como su cuerpo se preparaba para la lucha que tenia por delante, estaba preparado para encontrarse con su rival.
Excepto que el  Sr. X lo miraba contrariado.
—Manténgase apartado. No quiero que se comprometa. Sólo observe.
Hijo de puta, pensó Van, pasándose la mano por el cabello oscuro. Miserable hijo de puta .
—¿Está claro? —La cara del Sr. X era terriblemente fría¾. Usted no entra en acción.
La mejor respuesta que consiguió dar Van fue hacer un gesto afirmativo inlcinando un poco la barbilla y mirar hacia lo lejos para impedirse blasfemar en voz alta. Con los ojos fijos en el SUV, vio cuando éste consiguió llegar al final del callejón y se detuvo.
Claramente, era una especie de patrulla. No de policias, sin embargo. Al menos, no humanos.
El motor del Escalade se apagó y dos hombres salieron. Uno era de un tamaño  relativamente normal, asumiendo que hablabas de defensas de futbol. El otro tipo era enorme.
¡Jesucristo!… un Hermano. Tenia que ser. Y Xavier tenía razón. Aquel vampiro era más grande que todo lo que Van había visto alguna vez y eso que él había entrado al cuadrilátero con tipos de tamaños monstruosos en su día.
Justo entonces, el Hermano desapareció, haciendo ¡poof!, en el aire. Antes de que Van pudiera preguntar de que mierda se trataba todo esto, el copañero del vampiro giró su cabeza y miró fijamente al Sr. X. Incluso aunque todos estaban en las sombras.
—Oh, mi Dios … — Xavier suspiró¾. Él está vivo. Y el maestro… está con…
El Fore-lesser avanzó tambaleándose y siguió avanzando. Directamente a la luz de la luna. Directamente en  medio del camino.
¿En que demonios estaba pensando?

El cuerpo de Butch tembló cuando miró al lesser de cabello pálido, que surgió de la oscuridad. Ninguna duda, éste era el que había trabajado en él, incluso aunque Butch no tuviera ningún recuerdo consciente de la tortura, su cuerpo parecía saber quién le había hecho daño, su recuerdo enquistado en la misma carne que había sido rasgada y magullada por el bastardo.
Butch estaba empeñado en tener al Fore-lesser.
Excepto que la mierda golpeó el abanico antes de que tuviera la oportunidad.
En algún sitio por detrás de la casa, una sierra mecanica arrancó con un rugido, gimiendo a todo volúmen. Y en aquel momento exacto, un segundo lesser de cabello pálido salió de los bosques con el arma apuntado a Butch.
Cuando la semiautomática se descargó y las balas zumbaron sobre su cabeza,  Butch tomo su propia Glock  y se atrinchero en la parte de atrás del Escalade. Una vez que tuvo un escudo, devolvió el saludo, manteniéndose inclinado, su Glock le golpeaba en la palma de la mano y mantenía los órganos vitales fuera de la línea del fuego. Cuando se dio un respiro al recargar, miró detenidamente por el cristal a prueba de balas. El pistolero que estaba detrás del coche oxidado que parecía una res muerta, estaba sin duda recargando. Como Butch.
Y sin embargo el primer asesino, el torturador de Butch, todavía no se había armado. El tipo estaba de pie sólo en medio del camino, contemplando a Butch.
Casi como si tragar plomo lo hiciera feliz.
Realmente listo para complacerlo jodidamente bien. Butch se asomó por un costado del SUV, tiró del gatillo y le metió una bala al tipo en el medio del pecho. Con un gruñido, el  Fore-lesser se tambaleó hacia atrás pero no cayó. Parecia simplemente molesto, soportando el impacto de la bala como si no fuera nada más que una picadura de abeja.
Butch no tenía ni idea de qué hacer, pero no había tiempo de preguntarse por qué sus balas no frenaban a aquel asesino en particular. Doblando el brazo ligeramente, comenzo a tirotear al tipo otra vez, los disparos saliendo de la boca del cañón en rapida sucesión. Finalmente, el lesser, cayó hacia atrás en toda su extensión…
A Butch le llegó un ruido de tableteo, tan fuerte que pensó que otra arma se descargaba.
Se dio la vuelta, agarrando la Glock con las dos manos apuntando firmemente al frente. ¡Ah, que cagada!
Una hembra con un niño en brazos salían disparados de la casa, cegados de pánico. Y ella tenía buenas razónes para salir corriendo. Sobre sus talones habia un macho grande y pesado, con el ansia de castigo pintada en el rostro y una sierra mecanica levantada por encima del hombro. El lunático estaba a punto de caer sobre ellos con aquella cuchilla que giraba, lista, deseosa, y capaz de matar.
Butch levantó dos pulgadas el cañon del arma, apuntando a la cabeza del hombre, y apretó el gatillo…
Justo cuando Vishous aparecia detrás del tipo intentando sacarle la sierra .
—¡Joder! ¾Butch trató de evitar que el índice apretara, pero el arma corcoveó y la bala salió disparada...
Alguien lo agarró por la garganta: el segundo lesser con el arma se había movido rápido.
Butch, se vio alzado en el aire y tirado sobre la capota del Escalade como si fuera un bate de béisbol. Con el impacto, perdió la Glock, el arma saltó lejos, rebotando metal contra metal.
A la mierda con ella, pensó. Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y tanteó en busca de la navaja que llevaba. Bendito fuera el corazón de la cosa, encontró su palma como si estuviera entrenada para ello entonces arrastró el brazo para liberarlo. Mientras soltaba la hoja de la navaja, movió el torso hacia la izquierda y apuñaló el costado del asesino que lo sujetaba.
Hubo un alarido de dolor. Se liberó del agarre...
Butch empujó con fuerza el pecho del lesser, alejándolo. Cuando el bastardo se mantuvo en el aire durante una fracciòn de segundo, balanceó el cuchillo en un arco. La navaja pasó como un rayo a traves de la garganta del lesser, abriendo una fuente de sangre negra.
Butch dió una patada al asesino para que cayera en la tierra y se volvió hacia la casa.
Vishous sostenía su propia lucha contra el tipo de la sierra, evitando los crujientes eslabones y lanzándole tiros al cuerpo. Mientras tanto, la hembra con el niño corría como el demonio a través del patio de al lado, mientras otro lesser de cabello palido se le acercaba por la derecha.
—Llama a Rhage —V tuvo la presencia de ánimo para gritar.
—Voy por Vic —grito Butch cuando salió.
Salió corriendo, sus pies haciendo un surco en la tierra, elevando las rodillas hasta el pecho. Rezó para poder llegar a tiempo, rezó para ser lo suficientemente rápido... Por favor, sólo esta vez…
Interceptó al lesser con una voltereta espectacular. Cuando cayeron, le gritó a la hembra para que se fuera.
Se escucharon balazos provenientes de algún sitio, pero estaba demasiado ocupado en la confusa pelea como para preocuparse.  El lesser y el rodaron por la tierra con parches de nieve, dándose puñetazos y estrángulandose el uno al otro. Sabía que si seguian así, perdería, entonces con la desesperación y una especie de instinto de conservación, dejó de luchar, dejó que el asesino lo dominara… y luego trabó la mirada en la del no muerto.
Ese vínculo, esa horrible comunion, el riguroso lazo entre ellos echó raíces en un instante, dejándolos a ambos inmóviles.  Y con el vinculo llegó el impulso de consumir.
Abrió la boca y comenzó a inhalar.
 

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