sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 31 32 33

CAPÍTULO 31


Tendido en medio del camino, agujereado como un colador y sangrando, el Sr. X miró al humano contaminado que había sido dado por muerto. El tipo se manejaba bien, especialmente cuando derribó al lesser en el patio de al lado, pero iba a ser sobrepasado en fuerza. Y tanto como era seguro, así fue. Cuando el asesino lo puso de espaldas, iba a ser muerto…
Excepto que entonces se congelaron, y la dinámica cambio, las reglas de fuerza y debilidad habían cambiado. El asesino podría estar encima, pero el humano era el que mandaba.
Pero entonces un Hermano de cabello rubio se materializó en el aire, directamente al lado de los dos. El guerrero se precipitó y arrancó al lesser del humano, rompiendo cualquier eslabón que hubiese sido forjado…
Van salió de entre las sombras, bloqueándole la vista del Sr. X.
 —¿No le gustaría salir de aquí?
Probablemente fuera el curso de acción más seguro. Estaba a punto de desmayarse.
 —Sí… y movámonos rápido.
Cuando recogieron al Sr. X y corrieron con él hacia el monovolumen, su cabeza oscilaba como una muñeca de trapo medio rellena, pero alcanzó a ver como el Hermano rubio desintegraba al otro lesser, y luego se arrodillaba para comprobar al humano.
Estos héroes de mierda.
El Sr. X dejo que sus ojos se cerraran. Y agradeció al Dios, en el que no creía, que Van Dean fuera un recluta demasiado nuevo para saber que los lesser no llevaban a los heridos a casa
Por lo general, abandonaban a un asesino dañado donde caía, tanto para que los Hermanos lo apuñalaran mandándolo de vuelta hacia El Omega o para que se pudriese lentamente.
El Sr. X se sintió empujado dentro del monovolumen, luego el motor se encendió y se alejaron. Descansando de espaldas, se palpó alrededor del pecho, evaluando las heridas. Iba a recuperarse, llevaría tiempo, pero no le habían hecho tanto daño a su cuerpo para no poder regenerarse.
Cuando Van tomó una curva cerrada a la derecha,  X fue lanzado contra la puerta.
Al oír su gruñido de dolor, Van miró hacia atrás.
 —Lo lamento.
—A la mierda con eso. Sácanos de aquí.
Cuando el motor acelero otra vez, el Sr. X cerró los ojos. Hombre, ¿aquél humano que se revelaba vivo y respirando? Un serio problema. Un problema muy serio. ¿Qué había pasado? ¿Y por qué no sabía El Omega que el humano todavía vivía? ¿Especialmente porque el tipo apestaba a la presencia del maestro?
Mierda, quién sabía el por qué. Lo más importante, ahora que X era consciente de que el hombre vivía, ¿se lo decía al Omega? ¿O sería una noticia de última hora que provocaría otro cambio de mando y X conseguiría ser condenado para siempre? Había jurado al maestro que los Hermanos habían eliminado a aquel tipo. Iba a parecer un idiota cuando  resultara no ser cierto.
El caso era, que él estaba vivo y en este lado por ahora, y tenía que mantenerse aquí hasta que Van Dean entrara en su poder. Así que no… no habría ningún informe acerca del Troyano humano.
Pero el hombre era un riesgo peligroso. Uno que tenía que ser eliminado cuanto antes.

Butch estaba tieso sobre la nieve, tratando de recuperar el aliento, todavía atrapado en lo que demonios fuera que había pasado cuando él y uno de aquellos lesser se habían encontrado.
Con el estómago revuelto, se preguntó donde estaba Rhage. Después de que Hollywood hubiera cortado el vínculo con el  lesser y matado al bastardo, se había dirigido a los bosques para asegurarse de que no había ninguno más en los alrededor.
Entonces, probablemente era una buena idea ponerse en pie y rearmarse por si venían más.
Cuando Butch se alzó sobre los brazos, vio a la madre y a la niña al otro lado del césped. Se encogían detrás de un cobertizo, juntas y tan apretadas como uvas. Mierda…  las reconoció, las había visto en lo de Havers. Estas dos eran las que habían estado sentadas con Marissa el día que había dejado finalmente la habitación de cuarentena.
Sí, definitivamente este era el par. La joven tenía enyesada la pierna.
Pobrecitas, pensó. Acurrucadas como estaban, se parecían a las victimas humanas que había visto alguna vez en el trabajo, las características de trauma sobresalían claramente, trascendiendo las características de las especies: los ojos bien abiertos de la madre, la piel pálida y las ilusiones de la vida rotas, eran exactamente iguales que las que había tratado antes.
Se puso de pie y se acercó despacio a ellas.
—Soy un... — casi dijo detective de policía—. Soy un amigo. Sé lo que son y voy a cuidar de ustedes.
Los ojos dilatados de la madre se levantaron del cabello sucio de su hija.
Manteniendo la voz serena  y no acercándose más, señaló el Escalade.
—Me gustaría que ambas se sentaran en aquel coche. Le daré las llaves, tendrá el control y puede cerrarlo por dentro. Luego voy a hacer un registro rápido con mi compañero, ¿está  bien? Después, podrá ir con Havers.
Esperó mientras la hembra le lanzaba una mirada calculadora que le era totalmente familiar: ¿Le haría daño a ella o a su niña?, se preguntaba. ¿Se atrevería a confiar en alguien del sexo opuesto? ¿Cuáles eran sus otras opciones?
Manteniendo a su hija apretada entre los brazos, luchó para ponerse de pie, luego extendió la mano. Se acercó y depositó las llaves en su palma, sabiendo que V tenía otro juego y podrían entrar en el Escalade si tuvieran necesidad.
De un salto, la hembra se dio la vuelta y corrió, con su hija, una pesada y balbuceante carga.
Cuando Butch las vio irse, sabía que la cara de la  niña iba a perseguirlo toda la noche. A diferencia de su madre, estaba totalmente tranquila. Como si esta clase de violencia fuera habitual.
Con una maldición, corrió hacia la casa y gritó:
—V, voy a entrar.
La voz de Vishous descendió desde el segundo piso.
—No hay nadie más aquí. Y no conseguí la matrícula de aquel monovolumen que salía.
Butch comprobó el cuerpo de la entrada. Vampiro macho, parecía tener treinta y cuatro años más o menos. Por otra parte todos se veían igual hasta que comenzaban a envejecer.
Con el pie, Butch dio un toque a la cabeza del tipo. Estaba suelta como un arco sin tensar.
Las Shitkickers[1] de V sonaron cuando bajó la escalera.
—¿Todavía sigue muerto?
 —Síp. Le diste duro... Mierda. Sangras por el cuello. ¿Te pegué un tiro?
V subió la mano hacia la garganta, luego miró la sangre en su palma.
No sé. Luchamos en la parte de atrás de la casa y me dio con la sierra, así que esto podría haber sido causado por cualquiera de las dos cosas. ¿Dónde está Rhage?
—Aquí mismo. ¾Hollywood caminó hacia ellos¾. Atravesé el bosque. Todo esta despejado. ¿Qué pasó con la madre y la niña?
Butch señaló con la cabeza la puerta principal. —En el Escalade. Deberían ir a la clínica. La madre tiene contusiones recientes.
—Bien, tú y yo las llevaremos —dijo V—. Rhage, ¿por qué no regresas con los gemelos?
—Bien. Ellos se dirigen ahora hacia el centro de la ciudad para cazar. Tengan cuidado, ustedes dos.
Cuándo  Rhage se desmaterializó, Butch preguntó.
—¿Qué quieres hacer con el cuerpo?
—Pongámoslo en la parte de atrás. El sol aparecerá en un par de horas y se encargara de él.
Entre los dos recogieron al macho, caminaron con el por la sucia casa y lo dejaron al lado del armazón podrido de un sofá.
Butch hizo una pausa y miró la puerta trasera destrozada.
—Entonces... este tipo aparece y se comporta a lo Jack Nicholson con su esposa y su pequeña. Mientras tanto, los lessers han estado vigilando el lugar y por suerte, por suerte ellos escogieron esta noche para atacar.
—Bingo.
—¿Hay muchos problemas domésticos como esté?
—En el Viejo País, seguro, pero aquí no he oído de muchos.
—Tal vez no han sido reportados.
V frotó su ojo derecho, que se movía nerviosamente.
—Tal vez. Sí… tal vez.
Pasaron por lo que quedaba de la puerta trasera y la cerraron lo mejor que pudieron. En el camino hacia la puerta delantera, Butch vio un animal de peluche en la esquina de la sala de estar, como si lo hubieran dejado caer allí. Recogió el tigre y frunció el ceño, el maldito pesaba una tonelada.
Se lo puso debajo del brazo, sacó el teléfono móvil e hizo dos llamadas rápidas, mientras  V trabajaba en la puerta principal para conseguir cerrarla. Después caminaron hacia el Escalade.
Butch se acercó con cautela al lado del conductor, con las manos levantadas, el animal pendía de una de sus  palmas. Y  Vishous fue alrededor del capó con el mismo ademán agradable y simple, deteniéndose aproximadamente a tres pasos de distancia de la puerta de pasajeros. Ninguno de los dos se movió.
El viento llegó del norte, una brisa fría, húmeda, que hizo que Butch se percatara de  los dolores causados por la pelea.
Después de un momento, las cerraduras del coche fueron liberadas con un sonido penetrante.

John no podía dejar de contemplar a Blaylock. Sobre todo en la ducha. El cuerpo del tipo era enorme ahora, músculos que brotaban de sitios diferentes, que abrazaban su espina dorsal, llenando piernas y hombros, alzando sus brazos, era fácilmente seis pulgadas más alto. Cristo, debía medir seis pies con cuatro de alto ahora.
Pero la cosa era, que no parecía feliz. Se movía torpemente, mirando la pared de azulejos la mayor parte del tiempo, mientras se lavaba. Se estremecía, el jabón que usaba parecía irritarlo, o tal vez era la piel el problema. Pero seguía tratando de meterse bajo la ducha, solo para retroceder y volver a ajustar la temperatura. 
—¿Ahora te vas a enamorar de él? Los hermanos se podrían poner celosos.
John fulminó con la mirada a Lash. El tipo sonreía mientras lavaba su pequeño pecho, una gruesa cadena de diamantes agarraba las burbujas de jabón.
—Hey, Blay, no dejes caer ese jabón. El joven John te observa como si fueras comida, quiere aprender.
Blaylock no hizo caso del comentario.
—Hey, Blay. ¿Me oíste? ¿O estas fantaseando con poner al joven John sobre sus rodillas?
John camino delante de Lash, bloqueando la vista del otro tipo.
—Ah, por favor, ¿cómo  si fueras a protegerlo? ¾Lash observó a Blaylock¾. Blay no necesita la protección de nadie. Es un hombre graaaande ahora, ¿no es cierto, Blay? Dime, si John aquí quiere hacerte acabar, ¿vas a dejarlo? Apuesto que si. Apuesto que no puedes esperar. Ustedes dos formarían una…
John embistió, tiró a Lash sobre el azulejo mojado, y… lo golpeó insensiblemente.
Era como si estuviera en piloto automático. Golpeó al tipo en la cara una y otra vez, sus puños montaban en una onda de cólera hasta que el suelo de la ducha se cubrió de un rojo brillante que corría hacia el desagüe. Y no importó cuantas manos agarraran los hombros de John, no hizo caso de ellas y siguió golpeando.
Hasta que de repente fue alzado en el aire y alejado de Lash.
Luchó con quienquiera que lo sostenía, peleando y arañando hasta que fue débilmente consciente de que el resto de la clase se había echado hacia atrás por miedo.
Y John siguió luchando y gritando sin hacer ningún sonido mientras era arrastrado fuera de la ducha. Del vestuario. Bajando por el pasillo. Arañó y dio puñetazos hasta que fue lanzado contra las colchonetas azules del suelo del gimnasio y  se quedó sin aliento.
Durante un momento, todo lo que pudo hacer fue mirar las rejas de las luces del techo, pero cuando sintió que estaba siendo contenido contra el suelo, volvió a luchar. Enseñando los dientes, mordió la gruesa muñeca que estaba cerca de su boca.
Repentinamente, fue lanzado sobre su estomago y un enorme peso cayo en su espalda.
—¡Wrath! ¡No!
Registró el nombre sólo nominalmente. Y la voz de la Reina, menos. John estaba mas allá de la ira, quemándose sin control, sacudiéndose alrededor.
—¡Le haces daño!
—¡Permanece al margen, Beth!
La dura voz del Rey sonó en el oído de John.
—¿Terminaste hijo? ¿O quieres otra ronda con esos dientes tuyos?
John luchó aunque no podía moverse y su fuerza decaía.
—Wrath, por favor déjalo levantarse...
—Esto es entre él y yo, leelan. Quiero que vayas al vestuario y trates con la otra mitad de este lío. Aquel muchacho de la ducha va tener que ser llevado a Havers.
Se escuchó una maldición y luego el sonido de una puerta al cerrarse.
Volvió a escuchar la voz de Wrath al lado de su cabeza. ¾¿Crees que reventar a uno de esos chicos te hará un hombre?
John se rebeló contra la carga de su espalda, no preocupándose de que fuera el Rey. Todo lo que importaba, todo lo que sentía, era la furia que corría por sus venas.
—¿Piensas que hacer sangrar a ese idiota de boca suelta va a hacerte entrar en la Hermandad? ¿Lo crees?
John luchó más duro. Al menos hasta que una mano pesada se posó sobre la parte trasera de su cuello y logró que su cara entrara en comunión con las colchonetas del suelo.
—No necesito matones. Necesito soldados. ¿Quieres saber la diferencia? Los soldados piensan. ¾Presionó más el cuello hasta que John no pudo parpadear, debido a que los ojos le sobresalían como los de un insecto—. Los soldados piensan.
De repente el peso desapareció y John jadeó, tomó aliento, el aire se deslizó a través de los dientes delanteros y raspó al bajar por su garganta.
Más respiración. Más respiración.
—Levántate.
Vete a la mierda, pensó John. Pero empujó contra la colchoneta. Lamentablemente, su estúpido y débil cuerpo de asno parecía estar encadenado al suelo. Literalmente no podía levantarse.
Levántate.
Vete a la mierda.
—¿Qué me has dicho? ¾John fue levantado de un tirón por las axilas y se vio cara a cara con el Rey. Quién estaba ferozmente enfadado.
El miedo golpeó a John con fuerza, dándose cuenta en ese momento de cómo había perdido completamente el control.
Wrath le enseñó unos colmillos tan largos como las piernas de John.
 —¿Crees que no puedo oírte sólo porque no puedes hablar?
Los pies de John pendieron durante un momento y luego lo dejo caer. Cuando las rodillas le fallaron, se derrumbó sobre las colchonetas.
Wrath bajó la vista y lo miró con desprecio.
—Es jodidamente mejor que Tohr no esté aquí en este momento.
No es justo, quiso gritar John. No es justo.
—¿Crees que Tohr habría estado impresionado con esto?
John se forzó a levantarse del suelo y se tambaleó sobre sus pies, fulminando con la mirada a Wrath.
No diga ese nombre —articuló—. No diga su nombre.
De  ninguna parte, sintió que un dolor le atravesaba las sienes. Después, en su mente, oyó la voz de Wrath que decía la palabra Tohrment una y otra vez. Sujetando las manos sobre sus oídos, tropezó, retrocediendo.
Wrath lo siguió, avanzando, el nombre se hizo más fuerte, hasta que se convirtió en un alto, implacable, machacante cántico. Entonces John vio el rostro, el rostro de Tohr, nítidamente como si estuviera ante él. Los ojos azul marino. El oscuro cabello corto, estilo militar. Los rasgos duros.
Abrió la boca y comenzó a gritar. Ningún sonido salió, pero siguió gritando hasta que llego el llanto. Hundido por la angustia, echando de menos al único padre que había tenido, cubrió sus ojos y encorvó los hombros, encerrándose en si mismo mientras comenzaba a llorar.
En el instante en que cedió, todo lo demás se esfumó. La mente quedó en silencio. La visión desapareció.
Fuertes  brazos lo alzaron.
John comenzó a gritar otra vez, pero ahora de agonía, no de furia. Sin otro lugar adonde ir, se aferró a los enormes hombros de Wrath. Todo lo que quería era que dejara de doler… Quería que el dolor que había dentro de él, las cosas que trataba de enterrar profundamente en su interior, se fueran. Sentía en carne viva las emociones, que le habían dejado las pérdidas en su vida y las trágicas circunstancias, no había nada más que heridas en su interior.
—Mierda… —Wrath lo meció suavemente—. Esta bien, hijo.  Dios… maldición.



[1]  Shitkickers: Botas de combate.

CAPÍTULO 32


Marissa salió del Mercedes y después volvió a entrar.
—¿Podrías esperarme, Fritz? Me gustaría ir a la casa de alquiler después de esto.
por supuesto, señora.
Se dio la vuelta y miró la entrada trasera de la clínica de Havers, preguntándose si la dejaría pasar.
—Marissa.
Ella se dio la vuelta.
—Oh, Dios... Butch. —Echó a correr hacia el Escalade—. Me alegro tanto de que me llamases. ¿Estás bien? ¿Y ellas?
sí. Les están haciendo una revisión.
—¿Y tú?
—Bien. Simplemente bien. Aunque me pareció mejor esperar afuera, porque... ya sabes.
Sí, Havers no estaría muy feliz de verlo. Probablemente tampoco le gustaría cruzarse con ella.
Marissa echó un vistazo hacia la entrada trasera de la clínica.
la madre y la niña... ¿no pueden irse a casa después de esto, verdad?
—De ninguna manera. Los lessers conocen la situación de la casa, así que no es seguro. Y francamente, de todos modos no había demasiado allí.
—¿Y qué pasó con el hellren de la madre?
—Ya se han... encargado de él.
Dios, no se debería sentir aliviada de que hubiese habido una muerte, pero lo estaba. Al menos hasta que pensó en Butch en el campo de batalla.
—Te amo —soltó—. Es por eso que no quiero que vayas a luchar. Si te perdiese por cualquier razón, mi vida se acabaría.
Los ojos de Butch se abrieron enormes, y ella se dio cuenta de que no habían hablado de amor durante lo que parecía una eternidad. Pero estaba poniendo esto como regla número uno. Odiaba pasar las horas del día lejos de él, odiaba la distancia entre ellos, y por su parte no iba a dejar que la situación continuase así.
Butch se acercó, poniendo las manos en la cara de Marissa.
—Cristo, Marissa... no sabes lo que significa oírte decir eso. Necesito saberlo. Necesito sentirlo.
La besó suavemente, susurrando cosas cariñosas contra su boca, y cuando tembló, la sostuvo con cuidado. Todavía había cosas incómodas sin solucionar entre ellos, pero ninguna importaba en ese momento. Simplemente necesitaba volver a conectar con él.
Cuando Butch se separó un poco, ella dijo: —Voy a ir adentro pero, ¿esperarás? Me gustaría enseñarte mi nueva casa.
Él recorrió su mejilla ligeramente con la yema del dedo. Aunque sus ojos se volvieron tristes, dijo: —sí, esperaré. Y me encantaría ver dónde vas a vivir.
—No tardaré mucho.
Lo besó otra vez y después se marchó hacia la clínica. Como se sentía como una intrusa, fue una sorpresa ser admitida al interior sin una queja, pero supo que no quería decir que las cosas fuesen a ir sobre ruedas. Mientras bajaba por el ascensor, jugueteó con el cabello. Estaba nerviosa por ver a Havers. ¿Habría un escándalo?
Cuando entró a la sala de espera, el personal de enfermería sabía exactamente a lo que había venido, y la llevaron abajo, a la habitación de un paciente. Llamó a la puerta y se puso rígida.
Havers levantó la vista de la conversación que mantenía con la joven en la sala y su cara se congeló. Cuando pareció perder el hilo de las palabras que estaba diciendo, empujó hacia arriba las gafas y después se aclaró la garganta con una tos.
—¡Viniste! —le dijo la joven en voz alta a Marissa.
—Hola —dijo ella, levantando la mano.
—Si me perdona —murmuró Havers a la madre—, iré a poner los papeles del alta en orden. Pero como le dije, no hay prisa para que se vaya.
Marissa miró fijamente a su hermano cuando avanzó hacia ella, preguntándose si se daría por enterado de su presencia. Y lo hizo, por decirlo de alguna forma. Su mirada pasó por los pantalones que llevaba puestos e hizo un gesto de disgusto.
—Marissa.
—Havers.
—Pareces estar... bien.
Palabras bastante agradables. Pero lo que quería decir es que parecía diferente. Y que no lo aprobaba.
—Estoy bien.
—Si me disculpas.
Cuando se fue sin esperar respuesta, la cólera hirvió en la garganta de Marissa, pero no dejó salir las palabras desagradables que tenía en la punta de la lengua. En vez de eso, fue hacia la cabecera de la cama y se sentó. Cuando le tomó la mano a la pequeña hembra, intentó pensar qué decir, pero la voz cantarina de la joven llegó primero.
—Mi padre está muerto —dijo la niña basándose en los hechos—. mi mahmen está asustada. Y no tenemos ningún sitio donde dormir si nos vamos de aquí.
Marissa cerró los ojos brevemente, agradeciendo a la querida Virgen Escriba que por lo menos tenía respuesta para uno de esos problemas.
Miró a la madre.
sé exactamente dónde debería ir. Y voy a llevarla allí pronto.
La madre comenzó a negar con la cabeza.
—No tenemos dinero…
—Pero yo puedo pagar el alquiler —dijo la joven, levantando su tigre hecho andrajos. Aflojó la costura en la parte de atrás, metió la mano en el interior y sacó la placa de los deseos—. ¿Es de oro, verdad? Así que es dinero... ¿no?
Marissa respiró profundamente y se dijo que no debía llorar.
no, eso es un regalo que te hice. Y no hay alquiler que pagar. Tengo un hogar vacío que necesita gente que lo llene. —Volvió a mirar a la madre—. Me encantaría que las dos viniesen allí conmigo tan pronto como mi nueva casa esté lista.

Cuando finalmente John volvió al vestuario tras el desastre, estaba totalmente solo. Wrath había vuelto a la casa principal, se habían llevado a Lash a la clínica, y los otros chicos se habían ido a casa.
Lo que era bueno. En la rotunda tranquilidad, se tomó la ducha más larga de su vida, simplemente quedándose parado bajo el chorro caliente, dejando que el agua lo recorriese. Su cuerpo se sentía dolorido. Enfermo.
Jesucristo. ¿De verdad había mordido al Rey? ¿Pegado una paliza a un compañero de clase?
John se dejó caer contra los azulejos. A pesar de toda el agua que le lavó y el jabón que había utilizado, nada lo limpió. Todavía parecía curiosamente... sucio. Por otra parte, la deshonra y vergüenza te hacían sentir como si estuvieses cubierto de mierda de cerdo.
Maldijo, bajando la mirada a los escasos músculos de su torso, el hundido hueco de su estómago y las puntiagudas protuberancias de sus caderas, pasando por su sexo nada impresionante hasta sus pequeños pies. Entonces siguió los azulejos hasta el desagüe por donde la sangre de Lash se había drenado.
Se dio cuenta de que habría podido matar al chico. Había estado fuera de control.
—¿John?
Levantó la cabeza de golpe. Zsadist estaba parado en la entrada de la ducha, su cara completamente impasible.
—Cuando acabes, ven hasta la casa principal. Estaremos en el estudio de Wrath.
John asintió y cerró el agua. Había bastantes posibilidades de que lo echasen del programa de entrenamiento. Quizás fuera de la casa. Y no podía culparlos. Pero dios, ¿a dónde iría?
Después de que Z lo dejase, John se secó, se vistió y avanzó por el pasillo hacia la oficina de Tohr. Tuvo que mantener la mirada baja mientras la pasaba de camino al túnel. Ahora mismo no podía soportar ninguno de sus recuerdos sobre Tohrment. Ni uno solo.
Un par de minutos después estaba en el vestíbulo de la mansión, mirando fijamente la magnífica escalera. Subió los escalones alfombrados de rojo lentamente, sintiéndose insoportablemente cansado, y el agotamiento se volvió peor cuando llegó arriba: las puertas dobles del estudio de Wrath estaban abiertas y se derramaban voces hacia fuera, la del Rey y otros. Cómo las echaría de menos, pensó.
La primera cosa que notó cuando entró en la habitación fue la silla de Tohr. Habían movido el feo monstruo verde y ahora estaba detrás y a la izquierda del trono. Raro.
John avanzó y esperó a ser reconocido.
Wrath estaba doblado sobre un pequeño escritorio elegante lleno de papeles, con una lupa en la mano que al parecer le ayudaba a leer. Z y Phury flanqueaban al Rey, uno a cada lado, ambos inclinados sobre el mapa que miraba Wrath.
—Aquí es donde encontramos el primer campo de tortura —dijo Phury, señalando una gran extensión verde—. Aquí es donde Butch fue encontrado. Aquí es donde me llevaron.
—Una gran extensión entre ellos —refunfuñó Wrath—. Bastantes kilómetros.
—Lo que necesitamos es un aeroplano —dijo Z—. Una revisión aérea sería mucho más eficiente.
—Eso es cierto. —Wrath sacudió la cabeza—. Pero tendríamos que ir con cuidado. Si nos acercamos demasiado a la tierra la FAA[1] se nos echará encima.
John se acercó un poco más al escritorio. Estiró el cuello.
Con un movimiento fluido, Wrath empujó la gran hoja de papel hacia adelante, como si hubiese acabado de revisarla. O quizás... animaba a John a que echara un vistazo. Salvo que en vez de mirar fijamente el mapa topográfico, John miró el antebrazo del Rey. La marca de la mordedura en esa gruesa muñeca lo mortificó, por lo que retrocedió.
En ese momento Beth entró con una caja de cuero con rollos de papel atados con cintas rojas.
—Bien, Wrath, que te parece si te tomas un tiempo para leer informes. Les he dado prioridad a todos estos.
Wrath se inclinó hacia atrás cuando Beth depositó la caja. Entonces el Rey capturó su cara, besándola en la boca así como a ambos lados de la garganta.
gracias, leelan. Si este es un buen momento, aunque V y Butch van a venir con Marissa. Oh mierda, ¿te dije que el Consejo de Princeps ha tenido una idea brillante? Sehclusion obligatorio para todas las hembras sin pareja.
—Me estás tomando el pelo.
—Los idiotas todavía no la han aprobado, pero según Rehvenge, la votación será pronto. —El Rey miró a Z y Phury—. Vosotros dos comprobad el tema del aeroplano. ¿Tenemos a alguien que sepa volar?
Phury se encogió de hombros.
—Yo solía hacerlo. Y también podríamos meter a V en esto…
—¿Meterme en qué? —dijo V mientras entraba en el estudio.
Wrath giró la cabeza pasando a los gemelos.
—¿Puedes decir Cessna, mi hermano?
—Genial. ¿Nos vamos a poner en el aire ahora?
Butch y Marissa pasaron detrás de V. Iban cogidos de la mano.
John se hizo a un lado y simplemente lo observó todo: Wrath sumergiéndose profundamente en la conversación con Beth mientras V, Butch y Marissa empezaban a hablar entre ellos, y Phury y Z se dirigían hacia fuera.
Caos. Movimiento. Propósito. Esto era la monarquía, la Hermandad trabajando. Y John se sintió privilegiado por estar en esa habitación... durante el poco tiempo que le quedase antes de que sacasen su lastimoso trasero a la acera.
Creyendo que quizá olvidaron que estaba allí, buscó un lugar para sentarse y ojeó la silla de Tohr. Manteniéndose al margen, caminó hacia ella y se sentó en el cuero gastado y rasgado. Desde ahí podía ver todo: la parte superior del escritorio de Wrath y lo que estaba sobre él, la puerta por donde la gente iba y venía, cada esquina de la habitación.
John encogió las piernas bajo el cuerpo y se inclinó hacia adelante, escuchando a Beth y Wrath hablar del Consejo de Princeps. Vaya. Realmente trabajaban muy bien juntos. Ella le daba un consejo excelente y el Rey lo tomaba.
Cuando Wrath negó algo que ella dijo, su largo cabello negro se deslizó sobre un hombro y cayó sobre el escritorio. Lo empujó hacia atrás, se movió hacia un lado y abrió un cajón, sacando un cuaderno de notas en espiral y una pluma. Sin mirar, los sostuvo hacia atrás, justo delante de John.
John tomó el regalo con manos temblorosas.
—Bueno, leelan, eso es lo se consigue cuando se trata con la glymera. Un buen pedazo de mierda. —Wrath sacudió la cabeza y después levantó la mirada hacia V, Butch y Marissa—. ¿Bueno, qué pasa, vosotros tres?
John débilmente oyó las palabras intercambiadas, pero se sentía demasiado humilde para prestar atención. Dios, quizá los Hermanos no lo iban a echar fuera... quizá.
Volvió a prestar atención para oír la opinión de Marissa.
—No tienen a donde ir, así que se quedarán en la casa que acabo de alquilar. Pero Wrath, necesitan ayuda a largo plazo y temo que haya otros ahí fuera en la misma situación… hembras sin nadie para ayudarlas, bien porque sus compañeros fueron tomados por los lessers o murieron de causas naturales o, Dios no lo quiera, porque sean maltratadores. Ojala hubiese algún tipo de programa…
sí, definitivamente necesitamos uno. Junto con cerca de ocho mil otras cosas. —Wrath se frotó los ojos bajo las gafas de sol, después volvió a mirar a Marissa—. Bien, te pongo a cargo de esto. Descubre lo que hacen los humanos para su especie. Calcula lo que necesitamos para la raza. Dime lo que necesites de dinero, personal e instalaciones. Después sal y hazlo.
Marissa se quedó con la boca abierta.
—¿Mi señor?
Beth asintió.
—Es una idea fabulosa. Y ¿sabes?, Mary solía trabajar con los servicios sociales cuando era una voluntaria en la Línea Directa de Prevención contra el Suicidio. Puedes empezar con ella. Creo que realmente está familiarizada con el Departamento de Servicios Sociales.
—Yo... sí... Haré eso. —Marissa miró a Butch y en respuesta, el hombre sonrió, con una expresión lenta y muy masculina de respeto—. Sí, yo... Lo haré. Yo... —La hembra cruzó la habitación aturdida, sólo para detenerse en la puerta—. Espera, ¿mi señor? Nunca antes he hecho algo similar. Quiero decir, he trabajado en la clínica, pero…
—Lo vas a hacer perfectamente, Marissa. Y, como me dijo una vez un amigo, vas a pedir ayuda cuándo la necesites. ¿Lo entiendes?
—Uh... sí, gracias.
—Tienes mucho trabajo por delante.
sí... —Hizo una reverencia, aunque llevaba pantalones.
Wrath sonrió un poco y después miró a Butch, que estaba saliendo tras su hembra.
—Eh, poli, tú, V y yo nos reunimos esta noche. Es un intento. Vuelve aquí en una hora.
Butch pareció palidecer. Pero después asintió y salió con Vishous a remolque.
Cuando Wrath volvió a centrar su atención en su shellan, John garabateó algo en el cuaderno y se lo alargó a Beth. Después de que lo leyese en voz alta para el Rey, Wrath inclinó la cabeza.
—Ya te puedes marchar, hijo. Y sí, sé que lo sientes. Disculpa aceptada. Pero a partir de ahora duermes aquí. No me importa si es en esa silla o en una cama en el pasillo, pero duermes aquí. —Cuando John asintió, el Rey dijo—: Y una cosa más. Cada noche a las cuatro de la madrugada, irás a dar una caminata con Zsadist.
John soltó un silbido en una nota ascendente.
—¿por qué? Porque lo digo yo. Cada noche. Si no, estás fuera del programa de entrenamiento y fuera de aquí. ¿Entendido? Silba dos veces si me entendiste y estás de acuerdo con esto.
John hizo como le pidió.
Después con incomodidad señaló Gracias. Y se fue.


[1] FAA: Federal Aviation Administration. (Aviación Civil)

CAPÍTULO 33


Cuarenta y cinco minutos después, Butch estaba parado en el umbral de la cocina, mirando a Marissa con Mary y John. Los tres estaban inclinados sobre un diagrama que explicaba cómo se entrelazaban las agencias humanas de servicios del estado de Nueva York. Mary le había dado el enfoque del estudio de un caso, para enseñar a Marissa cómo funcionaba todo, y John se había ofrecido voluntariamente a ser el caso.
Jesús, el chico no lo había tenido fácil. Nacido en el cuarto de baño de una estación de autobuses. Cogido por un portero y llevado a un orfanato católico. Después mandado a casa de padres adoptivos a los que no les importaba una mierda, después de que  Nuestra Señora redujese el área de su programa. Y se puso peor: dejar la escuela a los dieciséis. Escapar del sistema. Vivir en la mugre mientras se mantenía trabajando como ayudante de camarero en el centro de la ciudad. Tenía suerte de estar vivo.
Y Marissa claramente iba a ayudar a chicos como él.
A medida que la discusión continuó, Butch notó que la voz de la vampira cambió. Se hizo más profunda. Se volvió más directa. Sus ojos se agudizaron y sus preguntas se volvieron incluso más agudas. Se dio cuenta de que era increíblemente lista, y de que iba a ser buena en esto.
Dios, la amaba. Y deseaba desesperadamente ser lo que necesitaba. Lo que se merecía.
Como si hubiese dado una señal, oyó pasos y olió el tabaco turco de V.
—Wrath está esperando, poli.
Butch miró fijamente a su mujer durante un rato más.
hagámoslo.
Marissa levantó la cabeza.
—¿Butch? Me encantaría escuchar tus ideas sobre una fuerza policial —le dio golpecitos al diagrama—. puedo ver muchas situaciones en las que vamos a necesitar la aplicación de la ley. Wrath va a tener que considerar comenzar algún tipo de policía civil.
—Cualquier cosa que desees, cariño. —Los ojos de Butch memorizaron su cara—. Sólo dame unos minutos, ¿Ok?
Marissa asintió, sonrió de manera distraída, y volvió de nuevo al trabajo.
Incapaz de resistirse, Butch se acercó y le tocó el hombro. Cuando levantó la vista un momento, la besó en la boca y susurró: —Te amo.
Cuando sus ojos llamearon, la besó otra vez y se marchó. Dios, esperaba como el infierno que de esta regresión de antepasados saliese algo distinto a una gran cantidad de irlandeses pijos de clase media.
Él y Vishous subieron al estudio y encontraron la adornada habitación francesa vacía a excepción de Wrath... que estaba parado delante del fuego, con un grueso brazo apoyado en la repisa de la chimenea. El Rey parecía padecer de cansancio cerebral mientras miraba fijamente las llamas.
—¿Mi señor? —Dijo V—. ¿Sigue siendo un buen momento?
sí. —Wrath les indicó que pasasen, su anillo de diamante negro destellando en el dedo corazón—. Cerrad las puertas.
—¿Te importa si traigo un poco de músculo? —V indicó hacia el pasillo—. Me gustaría tener a Rhage aquí para sostener al poli.
—Muy bien. —Cuando Vishous se marchó, Wrath miró fijamente a Butch con gran intensidad, sus ojos eran como antorchas ardiendo tras sus gafas de sol—. No contaba con que la Virgen Escriba nos dejase hacer esto.
—Me alegro de que lo hiciese. —Mucho.
—¿Entiendes a lo que te estás apuntando aquí? Va a dolerte como la mierda y podrías acabar como un vegetal al otro lado.
v me ha dado la información completa. Estoy bien.
—Estaba comprobando —murmuró Wrath con aprobación—. Estás tan firme acerca de esto.
—¿Cuáles son mis opciones si deseo saber? Ninguna. Así que dejarlo todo en la cabeza no va a ayudar.
Las puertas dobles se cerraron y Butch miró a través del estudio. Rhage tenía el cabello húmedo y llevaba vaqueros azules desgastados, una chaqueta de lana negra, y nada de zapatos o calcetines. Ridículamente, Butch notó que incluso los pies del tío eran magníficos. Sí, nada de nudillos peludos o uñas estropeadas para Hollywood. El bastardo era perfecto, de pies a cabeza.
—Dios, poli —dijo el hermano—. ¿De verdad vas a hacer esto?
Cuando Butch asintió, Vishous se puso delante de él y empezó a sacarse el guante.
—Necesito que te quites la camisa, compañero.
Butch se desnudó hasta la cintura, dejando su Turnbull & Asser[1] en el sofá.
—¿Puedo dejarme la cruz puesta?
—Sí, no debería derretirse. Demasiado. —V guardó el guante en el bolsillo trasero, después se sacó el cinturón negro de las caderas y le ofreció la correa de cuero a Rhage—. Quiero que le pongas esta cosa en la boca y que la mantengas ahí para que no se rompa los dientes. Pero no tengas ningún contacto con él. De todos modos vas a tener una quemadura, estando tan cerca.
Rhage se colocó detrás, pero el sonido de golpes en las puertas interrumpió todo.
La voz de Marissa penetró a través de los paneles de madera.
—¿Butch? ¿Wrath? —Más golpes. Volviéndose más estrepitosos—. ¿Mi señor? ¿Está pasando algo?
Wrath levantó una ceja hacia Butch.
—Déjame hablar con ella.
Cuando Wrath hizo abrir las puertas, Marissa irrumpió en la habitación. Le echó una mirada a la mano sin guante de V y al pecho desnudo de Butch y se puso blanca como la nieve.
—¿Qué le estáis haciendo?
Butch caminó hasta ella.
—Vamos a descubrir si tengo algo de tu especie en mí.
Su boca se abrió. Entonces se giró hacia Wrath.
Diles que no. Diles que no pueden hacer esto. Diles…
—Es su elección, Marissa.
—¡Lo matará!
—Marissa —dijo Butch—, merece la pena el riesgo descubrir algo sobre mí.
Giró hacia él, su mirada fija furiosa, verdaderamente brillando con luz. Hubo una pausa. Después le dio una bofetada.
—Esto es por no preocuparte por ti mismo. —Sin hacer una pausa, lo abofeteó otra vez, otro crujido resonando en el techo—. Y esta por no decirme lo que estabas haciendo.
El dolor ardió en su mejilla, palpitó con el latido de su corazón.
—Chicos, ¿podéis darnos un minuto? —dijo suavemente, los ojos sin abandonar la pálida cara de Marissa.
Cuando los Hermanos desaparecieron, Butch intentó cogerle las manos, pero ella las puso detrás, envolviéndose con los brazos.
—Marissa... esta es la única salida que puedo ver.
—¿Salida a qué?
—Hay una oportunidad de que pueda ser lo que necesitas…
—¿Quién necesito que seas? ¡Necesito que seas tú mismo! ¡Y te necesito vivo!
—Esto no va a matarme.
—Oh, ¿y lo has hecho antes, así que lo sabes con seguridad? Estoy tan aliviada.
—Tengo que hacer esto.
—No tienes…
Marissa —le soltó—. ¿Quieres ponerte en mi lugar? ¿Quieres pensar en la idea de que me amas pero yo tengo que estar con alguna otra, vivir de alguna otra, mientras no puedes hacer nada sobre eso, mes tras mes, año tras año? ¿Quieres pensar sobre lo que sería saber que vas a morir primero y dejarme solo? ¿Quieres ser una ciudadana de segunda clase en el mundo que vivo?
—¿Me estás diciendo que preferirías estar muerto a estar conmigo?
—Te lo he dicho, eso no va a ser…
—¿Pero qué viene después? ¿Crees que no puedo seguir la lógica? Si descubres que tienes un familiar vampiro, ¿quieres decirme que no vas a intentar algo verdaderamente estúpido?
—Te amo demasiado…
—¡Maldita sea! Si me amases, no te harías esto. Si me amases… —la voz de Marissa se quebró—. Si me amases…
Lágrimas manaron de sus ojos, y con un movimiento abrupto, se puso las manos en la cara y tembló. Simplemente toda ella tembló.
—Cariño... todo va a salir bien. —Gracias a Dios, le dejó rodearla con los brazos—. Cariño…
—Ahora mismo estoy tan enfadada contigo —dijo contra su pecho—. Eres un tonto arrogante y orgulloso que me está rompiendo el corazón.
—Soy un hombre que quiere cuidar de su mujer.
—Como dije... un maldito tonto. Y lo prometiste, nada de protegerme dejándome fuera.
—Lo siento mucho, sólo quería decírtelo cuando hubiese pasado. Y confío en V con mi vida, de verdad. No voy a morir por esto. —Butch le levantó la cabeza y le limpió las lágrimas con las yemas de los dedos—. Es sólo que no puedo dejar de pensar en el futuro. Tengo treinta y siete y he llevado una vida bebiendo y fumando mucho. Podría estar muerto en diez años, ¿quién sabe?
y si mueres ahora, me habría perdido esa década. Quiero esos años contigo.
—Pero yo quiero siglos. eones. Y quiero que dejes de alimentarte de... Rehvenge.
Ella cerró los ojos y sacudió la cabeza.
—Te dije que no es romántico…
—Por tu parte. ¿Pero puedes decirme honestamente que no te desea? —Cuando no contestó, él asintió—. Es lo que pensé. No lo culpo, pero no me gusta. Aunque... mierda, probablemente deberías estar con alguien como él, alguien de tu clase.
—Butch, ya no me importa más la glymera. Ahora he salido de esa vida, y ¿sabes qué? Es para mejor. De hecho, debo agradecerle a Havers por forzarme a ser independiente. Me hizo un favor.
—Sí, bueno, no te lo tomes a mal, pero todavía quiero patearle el culo.
Cuando la apretó más fuerte, ella suspiró en sus pectorales.
—¿Qué van a hacer si tienes algo de la raza en ti?
—Hablaremos de eso después.
no. —Lo empujó hacia atrás—. No me dejes fuera. ¿Quieres hacer esto por nosotros? Entonces tengo un voto, maldición. Hablaremos de esto ahora.
Él se pasó una mano por el cabello y se preparó.
—Si tengo el antepasado, van a intentarlo y activar el cambio.
La boca de Marissa se abrió lentamente.
—¿Cómo?
—V dice que puede hacerlo.
¿Cómo?
no lo sé. No hemos llegado tan lejos.
Marissa lo miró fijamente durante mucho tiempo, y él supo que estaba repasando sus errores. Después de un momento, dijo—. rompiste la promesa que me hiciste dejándome fuera de todo esto.
—Yo... Sí, la rompí. —Se puso la palma sobre el corazón—. Pero te juro, Marissa, que iba a ir a verte una vez supiese si teníamos una posibilidad. Nunca tuve intención de pasar la transición sin hablar contigo primero. Te lo juro.
—No quiero perderte.
—No quiero estar perdido.
Cuando ella echó un vistazo a la puerta, el silencio se extendió por la habitación hasta que él pudo jurar que se volvió tangible, rozando contra su piel como la niebla fría.
Finalmente, ella dijo: —si vas a hacer la regresión, quiero estar en la habitación.
Butch dejó salir el aire en una ráfaga.
—Ven aquí, necesito sostenerte un segundo.
Tirando de ella, envolvió su cuerpo alrededor del suyo. Marissa tenía los hombros rígidos, pero sus brazos le envolvían la cintura. Con fuerza.
—¿Butch?
—¿Sí?
—No siento haberte abofeteado.
Dejó caer la cabeza en el cuello de la vampira.
—Me lo merecía.
Cuando Butch presionó los labios sobre su piel, respiró profundamente, intentando retener su olor no sólo en los pulmones sino en la sangre. Cuando se apartó, miró la vena que recorría su cuello y pensó, Oh, dios... por favor, déjame ser algo más de lo que soy.
—Vamos a sacarnos esto de encima —dijo ella.
La besó y dejó que Wrath, V, y Rhage volviesen adentro.
—¿Vamos a hacerlo? —preguntó Vishous.
—Sí, vamos.
Butch cerró las puertas, y entonces él y V volvieron hacia la chimenea.
Cuando Rhage se movió detrás y fue a colocar el cinturón en su lugar, Butch miró a Marissa.
—Está bien, cariño. Te amo. —Después echó un vistazo a Wrath. Como si el Rey leyese mentes, se acercó y se puso al lado de Marissa. Listo para cogerla. O retenerla.
V se acercó realmente cerca, tan próximo que sus torsos casi se tocaban. Con cuidado, reacomodó la cruz para que colgase de la espalda de Butch.
—¿Preparado para empezar, poli?
Butch asintió, encontrando una mordedura tan cómoda como pudo en el cuero. Se preparó cuando V levantó un brazo.
Salvo que cuando la palma de su compañero de habitación aterrizó en su pecho desnudo todo lo que sintió fue un peso caliente. Butch frunció el ceño. ¿Era esto? ¿Era jodidamente esto? Asustar por completo a Marissa por ninguna razón…
Bajó la mirada, totalmente cabreado.
Oh, mano incorrecta.
—Quiero que te relajes para mí, amigo —dijo V, moviendo lentamente la palma en un círculo, justo sobre el corazón de Butch—. Respira profundamente un rato. Cuanto más tranquilo estés, mejor será para ti.
Divertida elección de palabras. Exactamente lo que Butch le había dicho a Marissa cuando le…
No queriendo ponerse nervioso, abandonó ese pensamiento e intentó aflojar los hombros. No consiguió nada.
—Vamos a respirar juntos durante un minuto, poli. Eso es. Hacia dentro y hacia fuera. Respira conmigo. Sí, bien. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Butch cerró los ojos y se concentró en la sensación calmante frotando su torso. El calor. El movimiento circular.
—Ahí vas, poli. Eso está bien. ¿Se siente bien, verdad? Apenas enfriándose...
El movimiento circular se volvió más lento y más lento. Y la respiración de Butch se volvió más profunda y más fácil. Su corazón empezó a detenerse brevemente antes de los latidos, los intervalos entre ellos haciéndose cada vez más largos. Y todo el tiempo con la voz de V... las palabras perezosas que lo seducían, se le metían en el cerebro, poniéndolo en trance.
—Muy bien, Butch. Mírame. Enséñame esos ojos tuyos.
Butch levantó los pesados párpados y se tambaleó al mirar fijamente la cara de V.
Entonces se puso tenso. La pupila del ojo derecho de V se expandió hasta que no hubo nada salvo oscuridad. Ninguna parte blanca. Ni iris. Qué co…
—Nah, todo va bien, Butch. No te preocupes por lo que estás viendo. Simplemente mira dentro de mí. Venga, ahora. Mira dentro de mí, Butch. Siente mi mano en tu pecho. Bien... ahora quiero que caigas en mí. Déjate ir. Cae... en... mí...
Butch se fijó en la oscuridad y volvió a centrarse en la palma que se movía sobre su corazón. Por el rabillo del ojo vio la mano brillante ascendiendo en el aire, pero estaba demasiado ido para que le importase. Estaba tropezando de la manera más maravillosa y apacible, en medio de un suave viaje por el aire fino, cayendo en Vishous...
Hundiéndose en un vacío...
De oscuridad...

El Sr. X despertó y se puso la mano en el pecho, buscando las heridas. Se quedó satisfecho al ver lo rápido que estaban curando, pero tenía bastante menos fuerza de la normal.
Levantando la cabeza con cuidado, echó un vistazo a lo que una vez había sido un lugar acogedor para una unidad familiar. Sin embargo, ahora que la Sociedad Lessening ocupaba la casa, la habitación sólo tenía cuatro paredes, una alfombra descolorida, y cortinas marchitas.
Van entró desde la cocina y se detuvo en seco.
—Estás despierto. Jesús, pensé que iba a tener que cavar un agujero en el patio trasero.
El Sr. X tosió un poco.
—Trae mi ordenador portátil.
Cuando Van trajo la cosa, el Sr. X se elevó con esfuerzo hasta quedar recostado contra la pared. Desde el menú inicial de Windows XP, entró en Mis Documentos y abrió un documento de Word titulado “Notas Operacionales”. Fue bajando hasta el encabezamiento llamado “Julio” y pasó por las entradas hechas nueve meses atrás. Había una para cada día, cuando había sido por primera vez Fore-lesser. Cuando no le había importado una mierda.
Mientras buscaba, fue consciente de tener a Van rondando.
—Tenemos un nuevo propósito, tú y yo —dijo el Sr. X ausente.
—¿Ah, sí?
—Ese humano que vimos esta noche. Vamos a encontrarlo. —X se detuvo en las notas del día diecisiete del mes, pero no le dieron lo que estaba buscando—. Vamos a encontrar a ese ser humano, y vamos a matarlo. Encontrarlo... matarlo.
El tío tenía que morir para que la mala interpretación de la situación hecha por el Sr. X se convirtiese en hecho y El Omega nunca supiese que su troyano humano no había sido muerto por los Hermanos.
Sin embargo, otro lesser tendría que llevar a cabo el asesinato real del hombre. Después del enfrentamiento de esta tarde, el Sr. X iba a salir de la zona de peligro. No podía correr el riesgo de otra lesión seria.
Julio... Julio... quizás tenía el mes equivocado, pero habría podido jurar que había sido por entonces cuando un poli igual a ese humano había pasado por la Academia de Artes Marciales de Caldwell, el anterior Cuartel General de la Sociedad… ah... sí. Los archivos bien guardados eran tan provechosos. Y también lo era el hecho de haber exigido ver la placa del tío.
El Sr. X habló.
—Su nombre es Brian O'Neal. Placa número ocho cinco dos del Departamento de Policía de Caldwell. La dirección solía ser en los Apartamentos de Cornwell, pero estoy seguro de que se ha mudado. Nació en el Hospital de Boston para Mujeres, en Boston, Massachussets, del señor Edward y la señora Odell O'Neal. —El Sr. X miró a Van y sonrió un poco—. ¿Cuánto te apuestas a que sus padres todavía están en Boston?


[1]Turnbull & Asser es una tienda de ropa británica exclusiva que ha vestido a miembros de la realeza y líderes mundiales. Aunque son famosos por sus camisas y corbatas, también tienen otros complementos.

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