sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 34 35 36

CAPÍTULO 34


La lluvia caía sobre la cara de Butch. ¿Estaba fuera? Tenía que estar.
Dios... debía haberse desmayado en alguna juerga o algo así. Porque estaba tumbado de espaldas y tenía la cabeza echa una porquería, y la idea de abrir los ojos se parecía demasiado a un trabajo.
Probablemente debería quedarse ahí tumbado y esperar un rato. Sí... podría dormir un poco...
Salvo que, santo infierno, esta lluvia era molesta. La mierda cosquilleaba cuando le golpeaba las mejillas y le resbalaba por el cuello. Levantó un brazo para cubrirse la cara.
—Está volviendo en sí.
¿De quién era esa voz profunda? V... sí, y V era... ¿su compañero de habitación? O algo así. Sí... su compañero de habitación. Le gustaba mucho V.
—¿Butch? —Ahora, una mujer. Una mujer muy asustada—. ¿Butch, puedes oírme?
Oh, realmente la conocía. Era... el amor de su vida... Marissa.
Los ojos de Butch se abrieron perezosos, pero no estaba demasiado seguro de lo que era realidad y lo que era absurda locura. Hasta que vio la cara de su mujer.
Marissa estaba inclinada sobre él con la cabeza de Butch en su regazo. Sus lágrimas eran lo que le caía en la cara. Y V... V estaba justo a su lado, en cuclillas, con la boca formando una raya fina y tensa en medio de su perilla.
Butch luchó para hablar, pero había algo en su boca. Cuando golpeó la cosa, intentando que saliera, Marissa fue a ayudarle.
—No, todavía no —dijo V—. Creo que tiene un par más en él.
¿Más de qué?
Desde alguna parte, Butch oyó un ruido de pies.
Levantó la cabeza un poco y se sorprendió al ver que era él el que hacía el ruido. Sus zapatos se estaban meneando de arriba a abajo, y vio cómo los espasmos le subían por las piernas. Intentó luchar contra el avance, pero el proceso tomó el control, recorriendo sus caderas y torso, haciéndole aletear los brazos y golpearse la espalda contra el suelo.
Aguantó la onda lo mejor que pudo, intentando mantenerse consciente hasta que fue imposible.
Cuando volvió en sí, estaba mareado.
—Esa no duró tanto —dijo Marissa, apartándole el cabello—. Butch, ¿puedes oírme?
Asintió e intentó levantar el brazo hacia ella. Pero entonces sus pies empezaron otra vez con la rutina Fred Astaire.
Tres viajes más de ese proceso y finalmente le sacaron el cinturón de la boca. Cuando intentó hablar, se dio cuenta de lo verdaderamente borracho que estaba. Su cerebro apenas estaba funcionando, estaba tan perdido. A menos que... un momento… no podía recordar haber bebido whisky escocés.
—Marissa —masculló, tomándole la mano—. No quiero verte beber tanto. —Espera, no era eso lo que quería decir—. Ah... no que me veas beber tanto... quiero.
Lo que sea. Dios... estaba tan confuso.
V sonrió un poco, pero era la clase sonrisa falsa que daban los doctores a los pacientes que estaban a punto de vomitar.
—Va a necesitar algo que tenga azúcar. Rhage, ¿tienes una piruleta?
Butch levantó la mirada cuando un rubio alucinantemente guapo se arrodilló.
—Te conozco —dijo Butch—. Eh... colega.
Eh, amigo. —Rhage buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un Tootsie Pop[1]. Después de rasgar el envoltorio, lo puso en la boca de Butch.
Butch gimió. Dios bendito, era la mejor cosa que había tomado en la vida. De uva. Dulce. Ahhhh...
—¿Está teniendo otro ataque? —preguntó Marissa.
—Creo que le gusta —murmuró Rhage—. ¿No es así, poli?
Butch asintió y casi perdió la piruleta, así que Rhage tomó el control del palito, colocándolo en su sitio.
Dios, eran tan buenos con él. Marissa acariciándole el cabello y cogiéndole la mano. La palma de V un peso cálido en la pierna. Rhage asegurándose de que el Tootsie Pop permanecía en su sitio…
De repente, un mayor razonamiento y la memoria a corto plazo volvieron en ráfagas, como si su cerebro fuese vertido de vuelta en su cráneo. No estaba borracho. La regresión. La regresión de antepasados. La mano de V en su pecho. La oscuridad.
—¿Cuál fue el resultado? —preguntó, aterrado—. V... ¿qué descubriste? ¿Cuál fue…
Todos los que estaban a su alrededor respiraron profundamente y alguien murmuró—. Gracias a Dios que ha vuelto.
En ese momento, dos botas militares con la puntera de acero se acercaron desde la derecha. Los ojos de Butch se clavaron en ellas, después fueron ascendiendo, recorriendo un par de piernas cubiertas de cuero, después un cuerpo enorme.
Wrath se elevaba sobre todos ellos.
El Rey estiró la mano y se quitó las gafas de sol, revelando un par de ojos verdes pálidos brillantes y destellantes. Como no parecían tener pupilas, la mirada fija era como ser golpeado con un par de lámparas klieg[2].
Wrath sonrió ampliamente, enseñando unos colmillos realmente blancos.
—Qué tal... primo.
Butch frunció el ceño.
—¿Qué...?
—Tienes algo de mí en ti, poli. —La sonrisa de Wrath permaneció mientras se volvía a poner las gafas—. Por supuesto siempre supe que eras de la realeza. Sólo que no creí que pasase de la parte del real dolor en el culo.
—¿Lo dices en... serio?
Wrath asintió.
—Eres de mi línea, Butch. Uno de los míos.
Cuando el pecho de Butch se puso tenso, se preparó para otro episodio. Al igual que hicieron los demás: Rhage le sacó la piruleta y estiró la mano hacia el cinturón. Marissa y V se tensaron.
Pero lo que salió de él fue un torrente de risa. Una ridícula, estúpida e idiota ola de feliz histeria, de las que hacían saltar el estómago y soltar lágrimas.
Butch rió y rió y besó la mano de Marissa. Entonces se rió un poco más.
Marissa sintió la satisfacción y el entusiasmo zumbando por el cuerpo de Butch cuando se dejó ir. Pero cuando le lanzó una sonrisa radiante, no pudo compartir su alegría.
Él perdió la sonrisa.
—Cariño, todo va a salir bien.
Vishous se puso de pie.
—¿Por qué no os damos un minuto a solas?
—Gracias —dijo ella.
Después de que los Hermanos se fuesen, Butch se incorporó.
—Esta es nuestra ocasión…
—Si te lo pidiera, ¿no harías la transición?
Él se congeló. Como si lo hubiese abofeteado de nuevo.
—Marissa…
—¿Lo harías?
—¿Por qué no me quieres contigo?
—Lo quiero. Y elegiría el futuro que tenemos ahora por encima de uno hipotético por siglos algún día. ¿No puedes entender eso?
Él dejó salir el aire en una larga respiración, su barbilla tensándose.
—Cristo, te amo.
Muy bien, así que claramente no encontraba su lógica atractiva.
—Butch, si te lo pidiera, ¿no lo harías?
Cuando no contestó, ella se cubrió los ojos, aunque ya no le quedaban más lágrimas.
te amo —repitió él —. Así que, sí... si me pidieses que no, no lo haría.
Bajó la mano, recuperando el aliento.
—Jura eso. Aquí y ahora.
—Por mi madre.
gracias... —Lo envolvió en sus brazos—. Oh, dios... gracias. Y podemos buscar solución a lo... a lo del problema de la alimentación. Mary y Rhage lo han hecho. Es sólo... Butch, podemos tener un buen futuro.
Estuvieron silenciosos durante un rato, sólo sentados en el suelo. Entonces sin venir a cuento, Butch dijo bruscamente:
 —tengo tres hermanos y una hermana.
—¿Cómo dices?
nunca te he hablado sobre mi familia. Tengo tres hermanos y una hermana. Bueno, había dos chicas, pero luego perdimos una.
—Oh. —Ella se sentó separándose, pensando que su tono era bastante raro.
Y su voz hueca le hizo sentir un intenso temor cuando dijo:
—Mi primer recuerdo es de mi hermana Joyce viniendo a casa del hospital como un bebé. Quería inspeccionarla, así que corrí a su cuna, pero mi padre me empujó para que mi hermano y hermana mayores pudiesen mirarla. Cuando reboté contra la pared, papá cogió a mi hermano y lo levantó para que pudiese tocarla. Nunca me olvidaré de la voz de mi padre... —El acento de Butch cambió, las vocales se aplastaron—. Esta de aquí es tu hermana, Teddy. La vas a querer y cuidar. Pensé, ¿qué hay de mí? Me gustaría amarla y cuidarla. Dije, Pa, yo también quiero ayudar. Ni siquiera me miró.
Marissa se dio cuenta de que estaba apretando con tanta fuerza la mano de Butch que le debía estar lastimando los huesos, pero no parecía notarlo. Y ella no podía aflojar el contacto.
—Después de eso —continuó—, empecé a mirar a mis padres, viendo cómo eran diferentes con los otros niños. El asunto principal era en las noches del viernes y el sábado. A mi padre le gustaba beber, y yo era por el que iba cuando necesitaba golpear algo. —Cuando Marissa jadeó, Butch sacudió la cabeza con total falta de consideración—. no, está bien. Era bueno. Puedo devolver golpes como los que se leen, gracias a él, y créeme, me ha sido útil. Bueno, de todas formas, el 4 de Julio[3]... Demonios, por aquel entonces tenía casi doce... —se frotó la mandíbula, pinchándose con la barba crecida—. sí, llegó el 4 de Julio e hicimos el rollo familiar en casa de mi tío, en el Cabo. Mi hermano sacó algunas cervezas de la nevera y él y sus colegas fueron a la parte de atrás del garaje y las abrieron. Me oculté en los arbustos porque quería que me invitasen. Ya sabes... esperaba que mi hermano... —se aclaró la garganta—. Cuando mi padre vino buscándolos, los otros chicos se marcharon y mi hermano casi se cagó en los pantalones. Mi padre sólo se rió. Le dijo a teddy que se asegurase de que mi madre nunca se enterara de eso. Entonces me vio agachado en los arbustos. Se acercó, me agarró por el cuello de la camisa, y me dio un revés tan fuerte que me salió sangre.
Cuando Butch sonrió de una manera dura, ella miró el borde desigual de su diente frontal.
—Me dijo que era por ser un espía y un chivato. Le juré que sólo estaba mirando, que no se lo iba a decir a nadie. Me cogió otra vez y me llamó pervertido. Mi hermano... sí, mi hermano simplemente miró como sucedía todo. No dijo una palabra. Y cuando pasé al lado de mi madre con el labio partido y faltándome un trozo de diente, ella sólo sostuvo a mi hermanita Joyce más cerca y miró para otro lado. —Sacudió la cabeza lentamente—. Arriba en la casa, fui al cuarto de baño y me limpié, después me dirigí a la habitación en la que dormía. Dios no me importaba una mierda, pero me puse de rodillas, puse mis pequeñas manos juntas, y recé como debía un buen católico. Le rogué a dios que esa no fuese mi familia. por favor no permitas que lo sea. Por favor, que haya algún otro lugar al que pueda ir...
Ella tuvo la sensación de que no sabía que había pasado al tiempo presente. O que había subido la mano y agarraba la sólida cruz de oro alrededor del cuello como si su vida dependiese de ello.
Sus labios se abrieron en una media sonrisa.
—Pero Dios debió saber que no estaba seguro de él porque de eso no salió nada. Entonces ese otoño mi hermana Janie fue asesinada. —Mientras Marissa se quedaba sin aliento, él señaló hacia atrás—. Eso es el tatuaje en mi espalda. Cuento los años desde que se ha ido. Fui el último en verla viva, antes de que se metiera en el coche con esos chicos que la... profanaron detrás de nuestra escuela de secundaria.
Estiró una mano hacia él.
—Butch, lo siento t…
—No, deja que me saque esto, ¿Ok? Esta mierda es como un tren, ahora que se está moviendo no puedo pararla. —Dejó caer la cruz y se pasó la mano por el cabello—. Después de que Janie desapareciese y encontrasen su cuerpo, mi padre nunca me volvió a tocar. No se me acercaba. No me miraba. Tampoco me hablaba. Mi madre se volvió loca al poco tiempo y tuvieron que llevarla a un hospital psiquiátrico. Fue por esa época cuando comencé a beber. Recorrí las calles. Tomé drogas. Me metí en peleas. La familia simplemente seguía adelante cojeando. Aunque nunca entendí el cambio en mi padre. Quiero decir... durante años me pegó, después... nada.
—Me alegro tanto de que parase de golpearte.
—Ninguna diferencia para mí. La espera para ser cogido era tan mala como tener el trasero destrozado. Y no saber porqué... pero lo descubrí. En la despedida de soltero de mi hermano mayor. Por entonces tenía unos veinte y me había mudado del Southie… eh… el Sur de Boston a aquí porque empezaba como poli en el Departamento de Policía de Caldwell. Volviendo al tema, regresé a casa para la fiesta. Estábamos en la casa de alguno con muchas strippers. Mi padre se bajaba un montón de cervezas. Yo estaba esnifando rayas de cocaína y tragando whisky escocés. La fiesta acabó y yo estaba zumbando fuera de control. Había tomado demasiada coca... Dios, estaba tan jodidamente contaminado esa noche. Así que... mi padre se estaba marchando... alguien lo iba a llevar a casa, y de repente tuve que hablar con el hijo de puta.
—Acabé siguiéndole hasta la calle, pero me ignoró y toda esa mierda. Así que delante de todos los tíos, simplemente lo cogí. Estaba más que cabreado. Empecé a lanzarme sobre él, sobre cómo pensaba que había sido una verdadera mierda de padre para mí, lo sorprendido que había estado de que dejase de golpearme, con lo que le gustaba. Continué y continué, hasta que finalmente mi viejo me miró a la cara. Me congelé. Había... completo terror en sus ojos. Estaba totalmente asustado de mí. Entonces me dijo: Te dejé sólo porque no podía tenerte matándome más hijos, ¿verdad? Yo me quedé... ¿Qué coño dices? Empezó a llorar y dijo: Sabías que era mí preferida... lo sabías y por eso la metiste en el coche con esos chicos. Lo hiciste, sabías qué sucedería. —Butch sacudió la cabeza—. Dios, todos lo oyeron. Todos los tíos. También mi hermano mayor... Mi padre realmente pensaba que hice asesinar a mi hermana para devolverle los golpes.
Marissa intentó abrazarlo, pero otra vez la apartó y respiró profundamente.
—Nunca más volví a casa. Nunca. Por lo último que escuché, mamá y papá pasan algo de tiempo en Florida cada año, pero el resto del tiempo todavía permanecen en la casa en la que crecí. Como mi hermana Joyce, ¿su bebé acaba de ser bautizado? La única razón de que lo sepa es porque su marido me llamó por culpabilidad.
—Esta es la situación, Marissa. Toda mi vida me ha faltado un pedazo. Siempre he sido diferente de otra gente, no sólo en mi familia sino también cuando trabajaba aquí en el cuerpo policial. Nunca encajé... hasta que conocí a la Hermandad. Conocí a tu gente... y, mierda, ahora sé por qué. Era un extraño entre humanos. —Butch maldijo en voz baja—. Quería pasar por el cambio no sólo por ti, sino por mí. Porque me sentía como entonces... Podría ser quien se supone que soy. Quiero decir, demonios, he estado viviendo al margen toda mi vida. De alguna manera quería saber cómo se sentiría al estar en el medio.
En un poderoso movimiento, se levantó del suelo.
—Eso es por lo que quiero... por lo que quería hacer esto. No era sólo por ti.
Se acercó a una ventana y apartó a un lado las cortinas de terciopelo azul pálido. Mientras miraba fijamente la noche, el resplandor de una lámpara en el escritorio se derramó por los planos de su cara, los fornidos hombros, los gruesos perfiles de su torso. Y la cruz de oro que yacía sobre su corazón.
Dios, cómo anhelaba mientras miraba fuera de la ventana. Anhelaba tan ferozmente que sus ojos casi brillaban.
Ella pensó en como lucía él la noche que se había alimentado de Rehvenge. Entristecido, dolorido, paralizado por la biología.
Butch se encogió de hombros.
pero... ya sabes, a veces uno no puede tener lo que desea. Así que juegas y sigues adelante. —La volvió a mirar—. Como te dije, si no quieres que lo haga, no lo haré.




[1] Tootsie Pop es una piruleta con un Tootsie Roll (golosina de chocolate) en el interior. Además del sabor original de chocolate, que le da nombre a la compañía (Tootsie Roll), hay sabores clásicos de cereza, naranja, uva, frambuesa, y los nuevos de sandía, fresa, moras y lima-limón.
[2] Las lámparas klieg son lámparas de arcos de carbono muy potentes, que emiten una intensa luz. Se usan mucho en rodajes de películas.
[3] El 4 de Julio es fiesta nacional en Estados Unidos, conmemoración del día de la Independencia, ocurrido el 4 de julio de 1776.


CAPÍTULO 35


Butch apartó la vista de Marissa y miró atrás hacia la oscuridad. Contra la densa pantalla oscura de la noche, vio imágenes de su familia, clip art[1] que hizo que le escocieran los ojos. Santa mierda, nunca antes había puesto la historia completa en palabras. Nunca consideró hacerlo.
No era una bonita imagen, para nada.
Lo que representaba otra razón para querer pasar por la transición. Le vendría bien darle una nueva oportunidad a la vida, y el cambio sería como un renacimiento, ¿verdad? Un nuevo comienzo, donde fuera algo distinto, algo… mejor. Y purificado, también. Una especie de bautismo por sangre.
Y además, estaba ansioso por borrar la pizarra, entera: la cuestión de su famita, las cosas que había hecho como adulto, la mierda con El Omega y los lessers.
Se encogió, pensando que había estado muy cerca.
Si… ah, voy a decirle a Wrath y a los demás que esto no es…
Butch, yo…
La interrumpió yendo hacia la puerta y abriéndola. Le quemaba el pecho al mirar al Rey y a V.
 —Lo siento, compañeros. Hubo un cambio de planes…
¿Qué le haréis? la voz de Marissa sonó alta y decididamente penetrante al cortar el aire.
Butch miró por encima del hombro. A través del estudio, ella se veía tan mal como él se sentía.
¿Bien? —demandó ella—. ¿Qué le haréis?
Wrath cabeceó hacia su izquierda.
Vishous, mejor contesta tú.
La respuesta de V fue objetiva, directo al grano. Horrenda.
Demonios, cualquier plan que terminara en “y después rezamos” no era exactamente un viaje a Disneylandia.
¿Dónde lo haréis? preguntó.
Abajo, en el campo de entrenamiento respondió V—. La habitación de equipamiento tiene un área separada para primeros auxilios y tratamientos de fisioterapia.
Hubo un largo silencio, durante el cual Butch miro fijamente a Marissa. Seguramente, no podía estar…
Ok dijo. Vale… ¿Cuando lo hacemos?
A Butch se le desorbitaron los ojos.
Cariño…
Ella tenía la mirada fija en Vishous.
¿Cuándo?
Mañana por la noche. Sus posibilidades serán mayores si tiene un poco de tiempo para recuperarse de la regresión.
Entonces, mañana por la noche. dijo Marissa, abrazándose a si misma.
V asintió, luego miró a Butch.
Me imagino que necesitáis algo de privacidad hoy. Voy a pasar la noche aquí, en la mansión, así que tenéis el Pit para estar a solas.
Butch estaba tan aturdido, que no podía encontrarle sentido a nada.
Marissa, estás…
Si, estoy segura. Y aterrada. Pasó por su lado, dirigiéndose a la entrada—. Ahora, si no te importa me gustaría ir a la casa del guarda.
Agarró la camisa y la siguió.
Mientras caminaban, la tomó por el codo… pero tuvo la sensación de que era ella la que lo estaba guiando.
Cuando llegaron al Pit, Butch no estaba seguro del estado de ánimo de Marissa. Estaba callada pero había marchado a través del patio como un soldado, llena de fuerza y concentración.
Me gustaría tomar algo dijo cuando él cerraba la puerta.
Ok. Al menos esto lo podía manejar. Asumiendo que tuvieran algo más que bebidas alcohólicas fuertes en la casa.
Fue a la cocina y asaltó la nevera. Ah, hombre… decadentes bolsas de Taco Hell y Arby’s. Sobrecitos de mostaza. Dos dedos de leche que se había transformado en sólida.
No estoy seguro de lo que tenemos. Um… agua…
No, quiero un trago.
La miró por encima de la puerta del refrigerador.
Esta… bien. Tenemos whisky y vodka.
Probaré el vodka.
Mientras le servía un poco de Grey Goose con hielo, la miró andar en círculos. Observó los ordenadores de V. El futbolín. La TV con pantalla de plasma.
Se acercó a ella. La quería en sus brazos; le dio el vaso.
Se lo llevó a la boca, inclinó la cabeza hacia atrás, tomo un largo trago… y tosió hasta que le lloraron los ojos. Mientras se atragantaba, maniobró hasta ponerla en el sofá y se sentó junto a ella.
Marissa…
Cállate.
Vaaale. Entrelazó las manos mientras ella luchaba contra el Goose. Luego de bajarle una media pulgada, haciendo una mueca dejó el vaso en la mesita de café.
Lo abordó tan rápido, que Butch nunca la vio venir. Un segundo se estaba mirando los dedos entrecruzados firmemente. Al siguiente, estaba apretado contra el sofá y lo estaba montando a horcajadas y… oh Dios, la lengua de ella estaba dentro de su boca.
Se sentía tan condenadamente bien, pero las emociones estaban todas mal. La desesperación, la ira y el miedo sencillamente no eran la música de fondo apropiada. Si continuaban iban a terminar más alejados.
La apartó, aunque su miembro gritó una protesta.
Marissa…
Quiero tener sexo.
Cerró los ojos. Cristo, él también. Toda la noche. Salvo que no de esta manera.
Tomo aliento, tratando de elegir las palabras correctas… y cuando abrió los párpados, se había sacado el suéter de cuello alto y estaba trabajando en el broche de un sostén negro que lo aturdió completamente.
Cuando esas copas satinadas con pezones erguidos por el frío, se liberaron, le estrechó la cintura con las manos. Se inclinó hacia delante, listo para poner los labios sobre la primera parte de ella que encontrara, luego se detuvo. No iba a tomarla de esa forma. El ambiente entre ellos estaba demasiado enrarecido.
Le detuvo las manos cuando iban hacia sus pantalones.
Marissa… no.
No me digas eso.
Se sentó, apartándola de su cuerpo.
Te amo.
Entonces no me detengas.
Negó con la cabeza.
No haré esto. No de esta forma.
Ella lo miró fijamente incrédula. Luego liberó las muñecas de su agarre y giro su cara.
Marissa…
Se apartó de sus manos, empujándolas lejos.
No puedo creer esto. Nuestra única noche juntos y dices que no.
Déjame… Cristo… déjame abrazarte. Vamos, Marissa.
Se frotó los ojos. Se echo a reír en un trágico estallido.
Estoy destinada a ir virgen a la tumba, ¿verdad? Seguro, técnicamente no lo soy, pero…
No dije que no estaría contigo. Le miró, con las lágrimas brillando entre las pestañas—. Solo que… no enfadado. Contaminaría todo el asunto. Quiero que sea… especial.
 Que importaba si esa frase parecía salida de un guión de la secundaria. Era la verdad.
Cariño, por que no vamos a mi dormitorio y nos acostamos juntos en la oscuridad. Le dio el suéter de cuello alto y ella se cubrió los senos—. Si resulta que solamente nos quedamos mirando al techo toda la noche, al menos estaremos juntos. Y si pasa algo, no será debido a la ira o a la frustración. ¿Ok?
Se limpio las dos lágrimas que habían caído. Se puso el suéter por la cabeza. Miró el vodka que había tratado de beber.
El se puso de pie y le ofreció la mano.
—Ven conmigo.
Después de un largo momento, puso la palma en su mano y tiró de ella y la condujo hacia su habitación. Cuando cerró la puerta, todo se volvió negro como el alquitrán, por lo que manoteó el interruptor de una lamparita que había en el vestidor. La bombilla de baja potencia brilló como las ascuas en un hogar.
Ven aquí. —La atrajo hacia la cama, la acostó, y se dejo caer a su lado yaciendo de costado mientras ella lo hacía de espaldas.
Mientras acariciaba el cabello que estaba desparramado sobre la almohada, ella cerró los ojos y tomo aire estremeciéndose. Gradualmente, la tensión abandonó su cuerpo.
Tienes razón. Eso no habría resultado bien.
No es porque no te desee. Mientras la besaba en el hombro, ella giro la cara hacia su mano y le presionó los labios contra la palma.
¿Estas asustado? dijo—. ¿Acerca de lo que pasará mañana?
No. —La única cosa que lo preocupaba era ella. No quería que lo viera morir. Rezaba para que no llegaran a eso.
Butch… acerca de tu familia humana. ¿Quieres que se les informe si tu…
Nop, no hay necesidad de decirles nada. Y no hables así. Estaré bien. Por favor, Dios, no permitas que ella me vea morir.
¿Pero no se preocuparan? cuando negó con la cabeza, la expresión de ella se entristeció—. Debes ser llorado por tu sangre.
Lo seré. Por la Hermandad. Cuando se le humedecieron los ojos, la besó—. Y no hablemos más de llorar. Eso no era parte del plan. Olvídate de ello.
Yo…
Shh. No seguiremos con ello. Tú y yo nos quedaremos así.
Apoyó la cabeza cerca de la suya y siguió pasándole las manos por el hermoso cabello rubio. Cuando su respiración se hizo más profunda y regular, se acercó un poco más, la puso contra su pecho desnudo, y cerró los ojos.
Debió haberse quedado dormido, también, porque un poco más tarde se despertó. De la mejor forma posible.
Le estaba besando la garganta y deslizando la mano por el costado de su cuerpo, dirigiéndose hacia su pecho. Había colocado la pierna por encima de las dos de ella, y su erección estaba apretada contra su cadera. Con una maldición, retrocedió, pero ella lo siguió en el movimiento, permaneciendo unidos hasta que estuvo a medias sobre él.
Sus ojos se abrieron.
Oh…
El subió las manos hasta su rostro y le apartó el cabello. Sus miradas se encontraron.
Levantando la cabeza de la almohada, la beso suavemente en la boca. Una vez. Dos veces. Y… otra más.
¿Esta… pasando algo? susurró ella.
Si. Creo que está pasando algo.
La atrajo nuevamente con un beso, luego le introdujo la lengua, acariciando la suya. Mientras seguía así, sus cuerpos empezaron a moverse juntos, imitando el acto sexual, las caderas de él avanzando y retrocediendo, las de ella absorbiéndolo, frotándose contra el.
No había prisa y se lo tomó con calma, desvistiéndola con cuidado. Cuando estuvo desnuda, se hizo hacia atrás y miro su cuerpo.
Oh… Dios. Toda esa suave piel femenina. Sus pechos perfectos con los pezones contrayéndose. Sus secretos. Pero lo mejor de todo era su rostro: No mostraba miedo alguno, solo erótica anticipación.
Lo que significaba que lo que había comenzado entre ellos iba a concluir. Si hubiera notado una pizca de duda en sus ojos, sólo le habría dado placer y la hubiera dejado ahí. Pero quería lo mismo que él, y estaba seguro de que esta vez no sentiría dolor.
Butch se puso de pie y se quitó los mocasines, cayeron primero uno y luego el otro sonando contra el suelo. A ella se le agrandaron los ojos cuando puso las manos sobre la cintura de sus pantalones y desabrochó el botón, para luego bajar el cierre. Los calzoncillos cayeron al piso junto con los pantalones y la erección se extendió sobresaliendo de su cuerpo. Se cubrió con la mano empujando su miembro contra el estómago, no queriendo ponerla nerviosa.
Cuando se tendió, rodó hacia él.
Oh, Dios suspiró cuando sus pieles se encontraron.
Estás tan desnudo. susurró contra su hombro.
El sonrió contra su cabello.
Igual que tú.
Ella le recorrió los lados con las manos, y sintió que el calor en él crecía hasta hacerse nuclear, especialmente cuando metió un brazo entre los cuerpos y dirigió la palma de la mano hacia el sur. Cuando tocó la parte inferior de su estómago, la erección pulsó con un urgente anhelo de ser tocada, acariciada, apretada hasta explotar.
Pero capturó su muñeca y le retiró la mano.
Marissa, quiero que hagas algo por mí.
¿Qué?
Déjame asistirte en esto, ¿Ok? Hagamos que esta vez sea todo para ti.
Antes de que pudiera protestar, le cubrió la boca con la suya.
Marissa pensó que Butch la trataba con exquisita preocupación. Y con total contención. Cada caricia era suave y dulce, cada beso tranquilo, sin apresuramientos. Incluso cuando le invadía la boca con la lengua y tenía la mano entre sus piernas haciendo que se pusiera frenética por la forma en que la acariciaba, conservaba el control sobre sí mismo.
Por lo que cuando rodó encima de ella y coloco un muslo entre los suyos, no retrocedió ni vaciló. Su cuerpo estaba listo para recibirlo en su interior. Lo sabía por la sensación resbaladiza de sus dedos cuando la tocaba Lo sabía también, por el hambre que tenía de su sexo.
Afirmó su peso sobre ella cómodamente y esa parte gloriosamente dura la quemaba en el centro de su ser cuando se frotaba contra ella. Con un giro, sus hombros ondearon y puso la mano entre sus cuerpos. Acomodando la cabeza del miembro contra su entrada.
Butch se sostuvo sobre los gruesos brazos y mientras empezaba a moverse, con ese leve balanceo que ella recordaba, la miró a los ojos. Deliberadamente se aflojó, tratando de estar lo más distendida posible aunque se estuviera poniendo un poquito nerviosa.
Eres tan hermosa gimió—. ¿Estás bien?
Ella recorrió sus costillas con las manos, sintiendo los pesados huesos a través de la piel.
Si.
Presionaba y se retiraba, presionaba y se retiraba, cada vez un poquito mas profundo. Cerró los ojos, sintiendo su cuerpo moviéndose sobre ella, dentro de ella. Esta vez, el estiramiento, la forma en que su interior se entregaba a él, la plenitud, le parecieron deliciosas, no abrumadoras. Por instinto se arqueó, y cuando sus caderas volvieron a bajar, se dio cuenta de que sus pelvis estaban unidas.
Levanto la cabeza y miró hacia abajo. Estaba completamente en su interior.
¿Cómo se siente? ¿Estás bien? La voz de Butch sonaba quebrada mientras sus músculos temblaban bajo la piel empapada de sudor. Y en ese momento su erección se sacudió.
Un estimulante placer se encendió en lo profundo de su cuerpo y gimió.
Virgen querida del Fade… hazlo de nuevo. Puedo sentirte cuando haces eso.
Tengo una idea mejor.
Cuando retiró las caderas, ella lo tomo de los hombros para evitar la húmeda retirada.
No, no te detengas…
El se movió hacia delante, empujando contra su carne, llenándola nuevamente. A Marissa se le desorbitaron los ojos y se estremeció, especialmente cuanto comenzó otra vez con la retirada y el avance.
Si… dijo—. Mejor. Esto es aún mejor.
Lo miraba mientras la montaba tan suavemente, sus pectorales y sus brazos flexionados firmemente, los músculos de su estómago apretándose y aflojándose cuando sus caderas se metían entre las de ella para luego retirarse.
Ah… Butch. La visión de él. La sensación de él. Cerró los ojos para poder concentrarse en cada pequeño aspecto.
Dios, no había esperado que el sexo fuera tan erótico. Con los párpados cerrados, sentía su respiración entrecortada, el suave crujir de la cama, el susurrar de las sábanas cuando él acomodo un brazo.
Con cada empuje y retirada, cada vez se estaba enardeciendo más. Y también él. Al instante, su resbaladiza piel ardía febrilmente y comenzó a respirar en cortas bocanadas.
¿Marissa?
Si… suspiró.
Sintió que metía la mano entre sus cuerpos.
Acaba para mi, cariño. Quiero sentirte acabar de esta forma.
Empezó a acariciarla deliciosamente, con una caricia envolvente mientras continuaba las suaves arremetidas. A los pocos minutos, se acumularon relámpagos en su interior y estallaron, consumiendo su cuerpo entero, el orgasmo uniéndola a él en una serie de contracciones.
Ah… si dijo con voz ronca—. Aférrate a mí. Así me gusta… mierda.
Cuando finalmente se aflojó, abrió los ojos deslumbrada y lo encontró mirándola completamente atemorizado… y con más que un poco de preocupación.
¿Estuvo bien? le preguntó
Sensacional. El alivio que emano de su rostro hizo que le doliera el pecho. Y luego se dio cuenta de algo—. Espera… ¿Y tú?
El tragó con dificultad.
Me encantaría acabar dentro de ti.
Entonces hazlo.
No me va a llevar mucho tiempo dijo en voz muy baja.
Cuando comenzó a moverse otra vez, ella se quedó inmóvil solo absorbiendo la sensación de él.
¿Cariño? dijo ásperamente—. ¿Está bien? Estás muy quieta.
Quiero saber como se siente de tu lado.
El paraíso le dijo al oído—. Contigo, es el paraíso
Dejo de apoyarse en los brazos, el cuerpo duro y pesado cuando empezó a agitarse sobre el de ella. Ella abrió las piernas lo más que pudo, la cabeza oscilando hacia arriba y hacia abajo en la almohada debido a como arremetía contra ella. Dios, era fuerte.
Con exquisito cuidado, le acarició los hombros, luego se deslizó hacia abajo por sobre su ondulada espina dorsal hasta el lugar que estaba dependiendo de ella. Supo cuando se acercaba el momento para él. El ritmo se volvió apremiante, la distancia de sus embestidas se hicieron más cortas, la velocidad se incrementó. Su cuerpo entero se puso rígido dentro de su alcance de movimiento, ondulando atrás y adelante, sin forma de detenerse ahora.
Exhaló con fuerza por la boca soplando sobre su hombro y el sudor que bañaba su piel mojó la de ella. Cuando la tomo con fuerza del cabello cerrando la mano en un puño, sintió algo de dolor pero no le importó. Máxime cuando levanto el rostro y pudo ver como sus ojos se cerraban con fuerza como si estuviera sufriendo una exquisita agonía.
Luego dejó de respirar completamente. Cuando tiró la cabeza hacia atrás y rugió, las venas se le abultaron a los lados del cuello. Profundamente en su interior, sintió agitarse su erección, el caliente liquido disparado dentro de ella en espasmos que sacudían su cuerpo entero.
Se derrumbó sobre ella, empapado, acalorado, jadeando. Sus músculos crispándose por todos lados.
Lo envolvió con los brazos y también con las piernas, y lo sostuvo cerca de ella, acunándolo.
Pensó que era hermoso. Que todo esto… era hermoso.






[1] Clip art: Mini dibujo tipo icono de ordenador.


CAPÍTULO 36


Marissa se despertó a causa del ruido que produjeron las contraventanas al levantarse al caer la noche y la sensación de manos acariciándole el estómago, los pechos, el cuello. Estaba acostada de lado con Butch apretado contra la espalda… y los duros juegos de músculos se movían en un erótico ritmo.
Su erección se sentía caliente y estaba buscándola, tanteando en el pliegue de su trasero, queriendo entrar. Se estiró hacia atrás y hundió los dedos en su flanco, urgiéndolo, y él captó la indirecta. Sin palabras, rodó para montarse sobre su espalda, su cuerpo empujándole la cara contra las almohadas. Ella las empujó fuera del camino para poder respirar mientras el le abría las piernas con las rodillas.
Gimió. Lo que evidentemente lo despertó.
Se apartó bruscamente como si hubiera dado un puñetazo contra la cama.
Marissa…. Yo… ah, yo no quería…
Cuando se retiró, se levanto sobre las rodillas, tratando de mantener el contacto con él.
No pares.
Hubo una pausa.
Debes estar dolorida.
Para nada. Vuelve a mí. Por favor.
Su voz se volvió grave y ronca.
Jesús… Tenía esperanzas de que quisieras hacerlo de nuevo. Y seré suave, lo juro.
Dios, que bien se sentía oír ese ronco sonido al comenzar la noche.
Su amplia mano le recorrió la espina dorsal, y su boca le rozó la cadera, luego el final de la espalda, luego siguió bajando, a la piel de su trasero.
Te ves tan hermosa de esta forma. Quiero tomarte así.
Sus ojos relampaguearon.
¿Puedes hacer eso?
Oh, si. Así entraré más profundo. ¿Quieres probar?
Si…
Le levantó las caderas más arriba y la colocó a cuatro patas, la cama crujió mientras el acomodaba sus cuerpos. Mientras el se ponía detrás, miró a través de su piernas. Todo lo que podía ver eran los gruesos muslos, el pesado saco colgando y su aguzado despertar erótico. Su centro se mojó completamente, como si su cuerpo supiera exactamente lo que estaba por venir.
El pecho de él descendió sobre su espalda, y una de sus manos apareció al lado de su cabeza, plantándola sobre el colchón en forma de puño. Su antebrazo firme y las venas engrosándose mientras se inclinaba hacia un lado y acercaba la cabeza de su erección a la suave piel entre sus piernas. Con una traviesa caricia, se frotó a si mismo hacia atrás y hacia delante por la parte externa de ella y sabía que mientras lo hacía estaba mirando su sexo.
Y a juzgar por la forma en que comenzó a temblar, realmente le gustaba lo que veía.
Marissa… quiero… Se interrumpió con una maldición inteligible.
¿Qué? se giro un poquito para poder mirarlo por encima del hombro.
Al mirarla, sus ojos tenían ese duro, intenso brillo que parecían adquirir cuando se ponía serio acerca del sexo, pero había algo más en ellos, una brillante necesidad que no tenía nada que ver con sus cuerpos. En vez de explicarse, plantó la otra mano sobre la cama, se aflojó sobre su espalda y empujó con las caderas apretando sin penetrarla. Con un jadeo, ella dejo caer la cabeza y observó su erección dispararse derecho entre sus piernas. La punta llegándole casi hasta el ombligo.
Dios, ahora sabía porque le gustaba mirar. Porque… si, a ella también le gustaba la vista que tenía de él completamente excitado.
¿Qué ibas a decir? gimió.
Cariño… sentía su aliento tibio sobre el cuello, su voz era oscura, una decisiva demanda en su oído. Ah, mierda, no puedo pedírtelo así.
Cerro la boca sobre su hombro, los dientes presionándole contra la piel. Mientras gritaba, se le aflojaron los codos, pero la atrapó antes de que cayera contra el colchón, sosteniéndola pasándole un brazo por debajo de los pechos.
Dime… resolló.
Lo haría… si pudiera detener esto… pero oh, Dios…
Se apartó, para luego entrar en ella, yendo tan profundo como dijo que haría, la poderosa embestida haciendo que su espalda se arqueara y gritara su nombre. Comenzó con ese ritmo que la volvía loca, pero seguía siendo suave, moviéndose con mucha menos fuerza de la que sentía que podía emplear.
Ella estaba disfrutando la sensación, esa plenitud, ese estiramiento y deslizamiento hasta el fondo, cuando se le ocurrió que aproximadamente en una hora, iban a trabajar en su cuerpo.
¿Y si esa fuera su última vez?
Se la agolparon las lágrimas. Anegaron sus pestañas. La cegaron. Y cuando dobló la barbilla para que pudiera besarla, él las vio.
No pienses en ello —le susurró contra la boca —. Quédate conmigo en este momento. Quédate aquí conmigo.
Acuérdate de este momento. Acuérdate de él aquí…
Salió de ella, la dio vuelta, y se unió a ella cara a cara, acariciando sus mejillas y besándola mientras continuaba con el sexo. Llegaron a la cúspide al mismo tiempo, con inmenso placer, su cabeza se aflojó en el cuello como si no pudiera mantenerla erguida por más tiempo.
Después, rodó hacia su lado de la cama y la abrazo contra su pecho. Mientras escuchaba los latidos de su corazón, rezaba por que fuera tan fuerte como sonaba.
¿Qué ibas a decir? susurró en la oscuridad.
¿Quieres ser mi esposa?
Levantó la cabeza. Sus ojos castaños estaban muy serios y tuvo la sensación que estaba pensando lo mismo que ella. ¿Por qué no se habían emparejado antes?
Dijo la única palabra con un suspiro.
Si...
La besó suavemente.
Quiero hacer esto de ambas formas. A tu manera y en una iglesia católica. ¿Te parece bien?
Ella tocó la cruz que usaba.
Absolutamente.
Desearía que hubiera tiempo para…
Sonó el despertador. Con un movimiento brusco, le pegó para silenciarlo.
Supongo que tenemos que levantarnos dijo, apartándose un poco.
No llegó muy lejos. La tiró nuevamente hacia la cama, la sujetó con el cuerpo, y deslizó la mano entre sus piernas.
Butch…
La beso de lleno y luego dijo contra su boca.
Una vez más solo para ti. Una vez más. Marissa.
Sus suaves, talentosos dedos la dejaron líquida, su piel y huesos derritiéndose contra él, mientras su boca iba hacia el pecho y tomaba un pezón entre los labios. Rápidamente la puso fuera de control hasta que estuvo sonrojada y jadeando, arqueándose hacia él, hechizada.
Una presión urgente y eléctrica fue creciendo hasta que se liberó en una ardiente corriente. Con amorosa atención, la ayudo a cabalgar el orgasmo mientras rebotaba como una piedra lanzada sobre el agua, golpeando la superficie del placer y volando nuevamente, solo para aterrizar y volver a rebotar una vez más.
Todo el tiempo se mantuvo sobre ella, mirándola con esos ojos castaños que la perseguirían por el resto de su vida.
Iba a morir esta noche. Lo sabía con total certeza.

John se sentó en el fondo de la clase desierta, tomando su lugar en la esquina más alejada en su habitual asiento solitario. El entrenamiento normalmente comenzaba a las cuatro, pero Zsadist había enviado un email diciendo que las clases de esa noche empezarían tres horas más tarde. Lo que estaba bien. John había tenido la oportunidad de observar a Wrath en acción por más tiempo.
Cuando el reloj se acercaba a las siete, empezaron a llegar otros estudiantes. Blaylock fue el último. Todavía se movía lentamente, pero estaba hablando más fácilmente con los chicos, como si se estuviera habituando a si mismo. Tomó un asiento en el frente, acomodando sus largas piernas para que encajaran.
Abruptamente, John se dio cuenta de que faltaba alguien. ¿Dónde estaba Lash? Buen Dios… ¿y si hubiera muerto? Pero no… alguien habría dado la noticia.
En el frente, Blaylock se río con otro de los estudiantes, luego se inclinó para dejar la mochila en el suelo. Cuando se levantó, sus ojos se encontraron con los de John a través de la habitación.
John se ruborizó y apartó la vista.
—Hey, John —dijo Blaylock—. ¿Quieres venir a sentarte conmigo?
Toda la clase se quedó en silencio. John levantó la mirada.
—La vista es mejor desde aquí. —Blaylock señaló el pizarrón con la cabeza.
Continuó el silencio. Del tipo en el que el tema de Jeopardy![1] sonaba en la cabeza de todos.
Sin saber que otra cosa hacer, John tomó sus libros, camino por el pasillo, y se deslizó en el asiento vacío. En el momento en que se acomodó, la conversación se alzó nuevamente mientras más libros aterrizaban sobre las mesas y los papeles crujían.
El reloj que estaba en lo alto sonó, las manecillas indicando que eran las siete en punto. Como todavía no estaba Zsadist, la conversación se hizo incluso más alta en el salón, los chicos lanzados plenamente a ello ahora.
John trazaba círculos con el lapicero sobre una página en blanco, sintiéndose torpe mientras todos se dejaban ir, preguntándose que demonios estaba haciendo allí adelante. ¿Tal vez le estaban gastando una broma pesada? Mierda, debería haberse quedado…
—Gracias —dijo Blaylock quedamente—. Por derribarlo por mí ayer.
Whoa… quizás esto no fuera una broma.
Subrepticiamente John deslizó el bloc para que Blaylock pudiera verlo. Luego escribió, No quería llevarlo tan lejos.
—Lo sé. Y no tendrás que volver a hacerlo. Quiero decir, puedo lidiar con él.
John miró a su compañero de clase. Sin duda, escribió.
Desde la izquierda, uno de los muchachos empezó a tararear el tema de Star Trek[2], solo Dios sabía porque razón. Otros unieron sus voces. Otro salió con una frase de William Shatner: “No sé… porque debo… hablar así, Spock…”
En el medio del caos, llegó a la habitación el sonido de pesadas botas que venían por el corredor. Dios, era como si hubiera un ejército en el corredor. Frunciendo el ceño, John miró para ver a Wrath pasando frente a la puerta del salón de clases. Luego lo siguieron Butch y Marissa. Luego Vishous.
¿Por qué estaban todos tan lúgubres? Se preguntó.
Blaylock se aclaró la garganta.
–Así que, John, ¿quieres salir conmigo y con Ohuinn esta noche? Vamos a pasar el rato en mi casa. Tomarnos unas cervezas. Nada especial.
John sacudió la cabeza y trató de contener su sorpresa. Pero, ¡wow! Era la primera vez que alguno de ellos le había propuesto encontrarse después de clases.
Genial, escribió John en el mismo momento en que Zsadist finalmente entraba y cerraba la puerta.

En el centro, en la Estación de Policía de Caldwell, Van Dean sonreía a la placa que tenía enfrente, asegurándose que su cara trasmitiera muchísimo de No-Pasa-Nada.
Solo soy un viejo amigo de Brian O’Neal, eso es todo.
El Detective de Homicidios José de la Cruz lo midió con sus inteligentes ojos marrones.
¿Cómo dijo que era su nombre?
Bob. Bobby O’Connor. Crecí en el Sur con Brian. Se mudó. Yo también. Luego recientemente volví del este y alguien me dijo que estaba trabajando como policía en Caldwell así que pensé en pasar por aquí. Pero cuando llamé a la línea del Departamento de Policía de Caldwell, no figuraba ningún Brian O’Neal. Y todo lo que obtuve fueron evasivas de que el ya no trabaja aquí.
¿Qué le hizo pensar que el presentarse personalmente cambiaria la respuesta?
Esperaba que alguien pudiera decirme que pasó con él. Llamé a sus padres en el Sur. Su padre dijo que hacía mucho tiempo que no hablaba con Brian, pero que lo último que sabía era que aún trabajaba como policía. Mira, hombre, no tengo motivos ulteriores aquí. Solo quiero algunas respuestas.
De la Cruz tomo un largo sorbo de su jarro de café negro.
En julio a O’Neal le dieron la baja administrativa. No regresó al Cuerpo.
¿Eso es todo?
¿Por qué no me deja un número de teléfono? Si recuerdo algo más, lo llamaré.
Seguro. Van recitó algunos números al azar, y De la Cruz los anotó—. Gracias, y apreciaría que me llamara. Hey, usted era su compañero, ¿verdad?
El otro hombre negó con la cabeza.
No. No lo era.
Oh, eso fue lo que me dijo el tipo del despacho.
De la Cruz tomó un archivo del escritorio lleno de papeles y lo abrió.
Se terminó la conversación.
Van sonrió levemente.
Seguro. Gracias de nuevo, detective.
Casi había salido por la puerta cuando De la Cruz dijo.
Para que lo sepa, se que es un mentiroso de mierda.
¿Discúlpeme?
Si fuera amigo suyo, hubiera preguntado por él con el nombre de Butch. Ahora saque su culo de mi oficina y rece para que esté demasiado ocupado para seguirle la pista.
Mierda. Cogido.
Los nombres cambian, detective.
No el de él. Adiós, Bobby O’Connor. O quienquiera que sea.
Van dejo la oficina, sabiendo que tenía suerte de que no le pudieran arrestar por el simple hecho de hacer preguntas sobre alguien. Porque seguro como el infierno, que De la Cruz lo hubiera esposado de haber podido.
Mentira, que esos dos no habían sido compañeros. Van había leído sobre ellos en un artículo del Caldwell Courier Journal. Pero era obvio que si De la Cruz sabía lo que había pasado con Brian… Butch… lo que sea O’Neal, para Van el detective era un callejón sin salida respecto a darle la información que estaba rastreando.
Van salió de la Estación de Policía bajo una molesta llovizna de marzo para meterse directa y rápidamente en el monovolumen. Gracias a su trabajo preliminar, tenía una idea bastante clara de lo que le había sucedido a O’Neal en los últimos nueve meses. La última dirección conocida era de un apartamento de un dormitorio en un edificio de apartamentos a-quien-le-importa a dos manzanas de allí. El administrador había dicho que cuando el correo se empezó a amontonar  y no se pago la renta a tiempo, habían entrado. El lugar estaba lleno de muebles y cosas pero estaba claro que nadie había estado en la casa desde hacía un tiempo. La poca comida que había estaba podrida, y habían cortado la televisión por cable y el teléfono por falta de pago. Era como si O’Neal hubiera salido una mañana de la casa como era habitual… y nunca hubiera regresado.
Porque había caído en el mundo de los vampiros.
Debía ser algo así como entrar en la Sociedad Lessening, pensó Van mientras arrancaba el Town & Country. Una vez que entrabas, cortabas con todas las ataduras. Y nunca regresabas.
Excepto que el tipo todavía estaba en Caldwell.
Y eso significaba que tarde o temprano, O’Neal iba a aparecer, y Van quería ser el que lo hiciera saltar. Era el momento para un asesinato inaugural y ese ex-policía encajaría en ese extremo mejor que cualquier otra cosa a la que le latiera el corazón.
Justo como había dicho el Sr. X. Encuentra al tipo. Elimínalo.
Al llegar a un semáforo en rojo, frunció el ceño, pensando que ese impulso asesino probablemente debería haberlo molestado. Pero desde que lo habían inducido a la Sociedad, parecía haber perdido algo de su… humanidad. Y cada día más. Ya ni siquiera extrañaba a su hermano.
Eso también debería haberlo molestado, ¿verdad? Pero no lo hacía.
Porque podía sentir una especie de poder oscuro creciendo dentro de él tomando el lugar que había dejado su alma al partir. Cada día se hacía más… poderoso.


 





[1] Jeopardy: Concurso de T.V. de preguntas y respuestas.
[2] Famosa serie televisiva de ciencia ficción.

No hay comentarios: