sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 37 38 39

CAPÍTULO 37


Butch caminó a través de las colchonetas azul brillante del gimnasio, su destino era una puerta de acero en la parte más alejada marcada con un letrero de Habitación de Equipamiento. Por el camino, mientras seguía a Wrath y a V, sostenía la fría mano de Marissa. Quería ofrecerle algún tipo de conversación estimulante, pero era demasiado lista para salirle con ese viejo argumento de todo—va—a—ir—bien. El asunto era, que nadie sabía lo que iba a pasar, y tratar de tranquilizarla con falsedades era como tratar de entrenar a un proyector de luz en la caída libre que estaba a punto de afrontar.
Al final de las colchonetas, V abrió la puerta reforzada y entraron a una jungla de equipamiento de entrenamiento y armas confinadas, y se dirigieron hacia la habitación destinada a primeros auxilios y fisioterapia. V los dejo entrar y encendió las luces, con un coro de zumbidos los tubos fluorescentes titilaron.
El lugar parecía salido de un episodio de Urgencias, todo revestido de azulejos blancos y gabinetes de acero con frentes de vidrio llenos de frascos y equipo médico. En una esquina había una bañera de hidromasaje, una mesa de masajes, un carro de paradas cardiacas, pero nada de eso le impresiono demasiado. Butch estaba principalmente interesado en el centro de la habitación, donde iba a tener lugar el espectáculo. Asentada como en un escenario que esperara a Shakespeare había una camilla con ruedas con una especie de lámpara de alta tecnología colgando sobre ella. Y debajo… un sumidero en el suelo.
Trató de imaginarse a si mismo en esa mesa debajo de esas luces. Y sintió que se ahogaba.
Cuando Wrath cerró la puerta, Marissa dijo con voz sorda.
Deberíamos estar haciendo esto en la clínica de Havers.
V negó con la cabeza.
Sin intención de ofender, pero no llevaría a Butch donde este tu hermano ni siguiera para que le curara un cortecito. Y cuanta menos gente sepa de esto, mejor. Fue hacia la camilla con ruedas y comprobó que el freno estuviera colocado¾. Además, soy un excelente médico. Butch, sácate la ropa y hagamos esto.
Butch se desnudo hasta quedar en calzoncillos, erizándose por completo.
¿Podemos hacer algo con la temperatura de este frigorífico para carne?
Sip. V caminó hacia la pared—. Queremos que esté tibio aquí dentro para la primera parte. Luego voy a conectar el aire acondicionado al máximo y me amaras por ello.
Butch fue hacia la camilla con ruedas e izó su cuerpo sobre ella. En el momento que un siseo y una bocanada de aire caliente le llegaban desde encima de su cabeza, le tendió los brazos a Marissa. Después de cerrar los ojos brevemente, ella se acercó, y él se refugió en el calor de su cuerpo, abrazándola fuertemente. Sus lágrimas caían lenta y silenciosamente, y cuando trató de hablarle, solo sacudió la cabeza.
¿Eliges ser emparejado en este día?
Todo el mundo en la habitación experimento una sacudida.
En una esquina de la habitación, una diminuta figura con ropajes negros había aparecido de la nada. La Virgen Escriba.
El corazón de Butch latió como un martillo. Solo la había visto una vez con anterioridad, en la ceremonia de emparejamiento de Wrath y Beth, y ahora lucía igual que en ese momento: una presencia a la que respetar y temer, el poder encarnado, una fuerza de la naturaleza.
Luego se dio cuenta de lo que había preguntado.
Lo haré, si… ¿Marissa?
Las manos de Marissa fueron hacia abajo como si estuviera a punto de recoger la falda de un vestido que no estaba usando. Luego dejo caer los brazos torpemente, pero aún así se inclinó en una reverencia. Mientras mantenía la pose, dijo.
Si no os ofende, nos sentiríamos infinitamente honrados de ser unidos por Vuestra Santidad.
La Virgen Escriba se adelantó, su profunda risa llenando la habitación. Mientras colocaba su brillante mano sobre la cabeza inclinada de Marissa, dijo.
Que buenos modales, niña. Tu linaje siempre ha tenido unos modales impecables. Ahora levántate y alza los ojos hacia mí. Marissa se levantó y la miró. Mientras lo hacía, Butch podría haber jurado que la Virgen Escriba había suspirado levemente—. Hermosa. Simplemente hermosa. Realmente estas exquisitamente formada.
Luego la Virgen Escriba miró a Butch. Aunque llevaba un velo negro sobre el rostro, el impacto de su mirada hizo que toda su piel hormigueara con una advertencia. Como si estuviera parado en el camino de la caída de un inminente rayo.
¿Cual es el nombre de tu padre, humano?
Eddie. Edward. O’Neal. Pero si no le importa, prefiero no hacerlo parte de esto, ¿Ok?
Todo el mundo en la habitación se puso rígido y V murmuró.
Tómate las preguntas con calma, poli. Con mucha calma.
¿Y a que se debe eso, Humano? preguntó la Virgen Escriba. La palabra humano fue pronunciada como la frase pedazo de mierda.
Butch se estremeció.
El no significa nada para mí.
¿Acaso los humanos son siempre tan despectivos con su familia?
Mi padre y yo no tenemos nada en común el uno con el otro, eso es todo.
Por lo que los lazos de sangre significan poco para ti, ¿verdad?
No, pensó Butch, mirando a Wrath. Los lazos de sangre lo eran todo.
Butch volvió a mirar a la Virgen Escriba.
¿Tiene alguna idea del alivio que sentí…
Cuando Marissa boqueó, V intervino y colocó con fuerza la mano enguantada sobre la boca de Butch, tirándole la cabeza hacia atrás y siseándole al oído.
¿Quieres que te frían como un huevo, amigo? No hagas preguntas…
Suéltalo, guerrero dijo bruscamente la Virgen Escriba—. Esto quiero escucharlo.
El asidero de V se aflojó.
Ten cuidado.
Pido disculpas por el asunto de la pregunta dijo Butch a la túnica negra—. Pero es solo que yo… Estoy contento de saber lo que hay en mis venas. Y honestamente si muero hoy, me sentiré agradecido de que al llegar el fin sabré que soy tomó la mano de Marissa—. Y a quien amo. Si aquí es adonde me trajo mi vida después de haber estado perdido todos esos años, puedo decir que mi tiempo en esta vida no estuvo desperdiciado.
Hubo un largo silencio. Luego la Virgen Escriba dijo
¿Lamentas haber dejado atrás a tu familia humana?
Nop. Esta es mi familia. Los que están aquí conmigo y en otras partes del Complejo. ¿Por qué necesitaría otra cosa?Las maldiciones que se escucharon en la habitación le dijeron que había lanzado otra pregunta—. Si… ah, perdón…
Una suave risa femenina salió desde debajo de la túnica.
Eres algo temerario, humano.
O podría decirse que estúpido. Mientras la boca de Wrath caía abierta, Butch se frotó la cara—. Sabe, lo intento. Realmente lo hago. Trato de ser respetuoso, ¿me comprende?
Tu mano, humano.
Le ofreció la mano izquierda, la que estaba libre.
La palma hacia arriba ladró Wrath.
La dio vuelta.
Dime, humano dijo la Virgen Escriba—. ¿Si te pidiera la mano que esta sosteniendo la de esta hembra, ¿me la ofrecerías?
Si. Solo me extendería para alcanzarla con la otra. Cuando esa suave risa brotó nuevamente, dijo —. Sabe, suena como los pájaros cuando se ríe así. Es agradable.
Sobre su izquierda, Vishous se puso la cabeza entre las manos.
Hubo un largo silencio.
Butch respiró hondo.
Supongo que no estaba autorizado a decir eso.
La Virgen Escriba levantó las manos y lentamente alzó la capucha que le cubría el rostro.
Jesús… Bendito… Butch apretó fuertemente la mano de Marissa ante la revelación.
Eres un ángel susurró.
Unos perfectos labios se curvaron en una sonrisa.
No. Soy yo misma.
Eres hermosa.
Lo sé. Su voz tenía nuevamente un tono autoritario—.  Tu palma derecha, Butch O’Neal, descendiente de Wrath, hijo de Wrath.
Butch soltó a Marissa, la volvió a coger con la mano izquierda, y se extendió hacia delante. Cuando la Virgen Escriba lo tocó, vaciló. Aunque no le rompió los huesos, la increíble fuerza que se percibía en ella era meramente un potencial encubierto. Lo podía triturar hasta hacerlo polvo a voluntad.
 La Virgen Escriba se volvió hacia Marissa.
Niña, ahora dame la tuya.
En el instante que la conexión fue hecha, una cálida corriente inundó el cuerpo de Butch. Al principio asumió que era debido a que el sistema de calefacción de la habitación estaba realmente fuerte, pero luego se dio cuenta que el torrente corría por debajo de su piel.
Ah, si. Este es un muy buen emparejamiento pronunció la Virgen Escriba—. Y tienen mi permiso para unirse por todo el tiempo que les quede juntos. Soltó sus manos y miró a Wrath—. Mi presentación está completa. Si sobrevive, debes terminar la ceremonia en cuanto esté lo suficientemente repuesto.
El Rey inclinó la cabeza.
Que así sea.
La Virgen Escriba se volvió nuevamente hacia Butch.
Ahora, nos queda por ver que tan fuerte eres.
Espere dijo Butch, pensando en la glymera—. Marissa está emparejada ahora, ¿verdad? Quiero decir, incluso aunque yo muera, habría tenido una pareja, ¿no?
Deseo Mortal dijo V en voz muy baja—. Aquí tenemos un Maldito Muchacho con un Deseo Mortal.
La Virgen Escriba parecía absolutamente pasmada.
Ahora debería matarte.
Lo siento, pero esto es importante. No quiero que caiga bajo todo ese asunto de la sehclusion. Quiero que sea mi viuda, así no tiene que preocuparse acerca de que nadie más conduzca su vida.
Humano, eres asombrosamente arrogante dijo bruscamente la Virgen Escriba. Pero luego sonrió—. Y absolutamente impertinente, ¿no es así?
No quería ser maleducado, lo juro. Solo necesito saber si alguien va a cuidarla.
¿Has usado su cuerpo? ¿La has tomado como lo hace un macho?
Si. Cuando Marissa se puso de un rosa brillante, Butch le atrajo la cara hacia su hombro—. Y fue… ya sabe, con amor.
Mientras le susurraba algo confortante a Marissa, la Virgen Escriba pareció conmovida, su voz se hizo casi amable.
Entonces será como dices, tu viuda, y sobre ella no recaerán las reglas que atañen a las hembras no emparejadas.
Butch suspiró con alivio y acarició la espalda de Marissa.
Gracias a Dios.
Sabes, humano, si aprendes algunos buenos modales, te llevaras bien conmigo.
Si prometo trabajar en eso, ¿me ayudara a sobrevivir lo que está por venir?
La cabeza de la Virgen Escriba cayó hacia atrás cuando rompió en carcajadas.
–No, no te ayudaré. Pero me encuentro deseando que te vaya bien, humano. Verdaderamente muy bien. Abruptamente, miro fijamente a Wrath, que estaba sonriendo y negando con la cabeza—. No asumas que tal abatimiento de la etiqueta se aplica a otros que me busquen.
Wrath intensificó la sonrisa.
Soy completamente conciente de lo que es correcto, al igual que mis hermanos.
Bien. La capucha regresó a su lugar, levantándose y ubicándose sobre su cabeza sin ayuda de las manos. Justo antes de que su rostro quedara cubierto, dijo—. Deberás traer a la Reina a esta habitación antes de que comiencen.
Y luego la Virgen Escriba desapareció.
Vishous silbó entre dientes y se limpió la frente con el antebrazo.
Butch, hombre, tienes mucha suerte de haberle caído bien, ¿sabes?
Wrath abrió su móvil y empezó a marcar.
Mierda, creí que íbamos a perderte incluso antes de empezar… ¿Beth? Hey, mi leelan, ¿podrías venir al gimnasio?
Vishous tomó una bandeja de acero con ruedas y la hizo rodar hasta un gabinete. Mientras el empezaba a poner cosas con envoltorios estériles encima, Butch movió las piernas y se estiró sobre la camilla.
Miro a Marissa.
Si las cosas no salen bien, te esperaré en el Fade dijo, no porque lo creyera pero quería tranquilizarla.
Ella se inclinó y lo beso, luego permaneció con la mejilla contra la de él hasta que V se aclaró la garganta levemente. Mientras se hacía atrás, comenzó a hablar en el Lenguaje Antiguo, un suave torrente de palabras desesperadas, una plegaria que era más aliento que palabras.
V acercó la bandeja de pie a la camilla con ruedas, luego fue hacia los pies de Butch. Al moverse alrededor, tenía algo en la mano, pero no mostraba lo que era, manteniendo el brazo siempre fuera de la vista. Hubo un sonido metálico y una de las puntas de la camilla se alzó. En el calor de la habitación, Butch sentía que la sangre se le subía a la cabeza.
¿Estás listo? preguntó V.
Butch miró fijamente a Marissa.
Siento como si esto estuviera pasando muy rápido, tan repentinamente.
La puerta se abrió y entro Beth. Dijo un suave hola y fue donde Wrath, que le puso un brazo alrededor de los hombros y la acerco a él.
Butch volvió a mirar a Marissa, cuyos rezos habían incrementado la velocidad hasta volverse un borrón de palabras.
Te amo le dijo. Luego miro a V—. Hazlo.
Vishous levantó la mano. Tenía un escalpelo en ella, y antes de que Butch pudiera registrar el movimiento, la hoja le cortó profundamente una de las muñecas. Dos veces. La sangre fluyó, de un vibrante, brillante color rojo, y sintió nauseas al verla chorrear por su antebrazo.
Le hizo un par idéntico de cortes ardientes en la otra muñeca.
Oh… Jesús. Cuando el ritmo de su corazón se disparó hasta el techo, la sangre corrió más rápido.
El miedo lo golpeó con fuerza y tuvo que abrir la boca para poder respirar.
En la distancia oía voces, pero no podía seguirlas. Y le parecía que la habitación estaba alejándose. Mientras la realidad se deformaba y retorcía, sus ojos se fijaron en el rostro de Marissa, en sus pálidos ojos azules y su cabello rubio casi blanco.
Hizo lo que pudo para tragarse el pánico y no asustarla.
Está bien dijo. Está bien… está bien. Estoy bien…
Alguien agarró sus tobillos y se sacudió sorprendido… pero solo era Wrath. Y El Rey lo sostenía mientras V inclinaba más la mesa para que la sangre corriera aún más rápido. Luego Vishous dio la vuelta y gentilmente aflojó los brazos de Butch para que colgaran hacia abajo. Más cerca del desagüe.
¿V? dijo Butch. No me dejes ¿Ok?
Nunca. V apartó el cabello de la cara de Butch con un gesto tan tierno que parecía fuera de lugar viniendo de un macho.
De alguna forma todo se volvió atemorizante. Con una especie de acto reflejo de supervivencia, Butch empezó a luchar, pero V se apoyó en sus hombros, manteniéndolo en su lugar.
Tranquilo, poli. Estamos todos aquí contigo. Solo trata de relajarte, si puedes…
El tiempo se estiró. Tiempo… Dios, el tiempo estaba pasando, ¿verdad? Las personas seguían hablándole, pero todo lo que verdaderamente escuchaba era la voz irregular de Marissa… aunque como estaba rezando, no entendía lo que estaba diciendo.
Levantó la cabeza y miró hacia abajo, pero ya no podía ver sus muñecas para seguir el hilo de lo que estaba…
De repente empezó a temblar incontrolablemente.
Tengo ffrío.
V asintió.
Lo sé. Beth, pon más fuerte la calefacción, ¿Ok?
Butch miró a Marissa, sintiéndose desvalido.
Cada vez tengo más f-frío.
Las plegarias se detuvieron.
¿Puedes sentir mi mano en tu brazo? el asintió—. ¿Sientes que caliente está? Bien… imagina que está por sobre todo tu cuerpo. Te estoy sosteniendo… Te estoy abrazando. Estás contra mí. Yo estoy contra ti.
El sonrió. Le gustaba eso.
Pero entonces sus ojos aletearon, la visión de ella fluctuó, como si fuera una película en una pantalla, y el proyector estuviera roto.
Frío… aumentad el calor. Se le erizó la piel de todo el cuerpo. Sintió el estómago como un balón de plomo. Parecía que su corazón parpadeaba en el pecho, dejaba de latir.
Frío… le castañeteaban los dientes, sonando muy fuerte a sus oídos, pero luego ya no pudo escuchar nada más—. Te… amo…

Marissa observaba como el charco de sangre rojo brillante de Butch se hacía cada vez más grande alrededor del desagüe hasta que estuvo parada sobre ella. Oh, Dios… todo el color lo había abandonado, estaba blanco como un papel. Parecía que ya no respiraba.
V se adelantó con un estetoscopio y lo puso sobre el pecho de Butch.
Está cerca ahora. Beth, ven aquí. Te necesito. Le entregó el estetoscopio a la Reina—. Escucha su corazón. Quiero que me digas cuando ya no escuches nada por espacio de diez segundos o más. Apuntó el reloj que había en la pared—. Contrólalo con la tercera aguja de allí arriba. Marissa, ven a sostener los tobillos de tu chico, ¿bien? Wrath esta a punto de entrar en acción.
Cuando dudo, V sacudió la cabeza.
Necesitamos que alguien lo mantenga sobre la mesa y Wrath y yo estaremos ocupados. Aún así estarás con él, puedes hablarle desde allí.
Se inclinó, beso a Butch en los labios y le dijo que lo amaba. Luego reemplazó a Wrath, haciéndose cargo de evitar que el pesado cuerpo de Butch se resbalara de la camilla con ruedas y se precipitara contra el suelo.
¿Butch? dijo—. Estoy justo aquí, nallum. ¿Puedes sentirme? Apretó la fría piel de sus tobillos—. Estoy justo aquí.
Siguió hablándole serenamente, aunque estaba aterrorizada acerca de lo que pasaría a continuación. Especialmente cuando Vishous acercó el carro de asistencia cardiaca.
¿Estás listo Wrath? preguntó el Hermano.
¿Dónde me quieres?
Justo al lado de su pecho. Vishous tomó un envoltorio estéril, largo y fino y lo abrió. La aguja que había en su interior medía aproximadamente seis pulgadas de largo y parecía gruesa como un lapicero—. ¿Cómo va ese ritmo cardíaco, Beth?
Apagándose. Dios, es tan débil.
¿Marissa? Voy a pedirte que te quedes en silencio así ella puede oír mejor, ¿Ok?
Marissa cerró la boca y reanudó las plegarias en su mente.
En los minutos que pasaron, se convirtieron en un cuadro vivo congelado alrededor de Butch. Lo único que se movía en la habitación era su sangre mientras goteaba de esas profundas heridas y fluía por el desagüe. A Marissa, el suave glug, glug, glug contra el suelo, le daban ganas de gritar.
Todavía late susurró Beth.
Esto es lo que haremos dijo Vishous, deslizando la mirada de una punta a otra del cuerpo de Butch—. Cuando Beth me de la señal, voy a poner la mesa recta. Mientras me ocupo de Wrath, quiero que vosotras dos selléis las muñecas de Butch. Los segundos cuentan. Debéis cerrar esas heridas rápidamente, ¿queda claro?
Ambas asintieron.
Más lento dijo Beth. Estrechó los ojos azul oscuro sobre el reloj y levantó una mano para presionar uno de los audífonos del estetoscopio más firmemente—. Más lento…
De repente los segundos se estiraron hasta el infinito, y Marissa se puso en una especie de piloto automático, enterrando el miedo y el pánico bajo una poderosa concentración que le llegó de la nada.
Beth frunció el ceño. Se inclinó más abajo, como si eso pudiera ayudar.
¡Ahora!
V puso la mesa en posición y Marissa corrió alrededor de ella hacia una de las muñecas de Butch mientras Beth se hacía con la otra. Mientras le lamían las heridas hasta cerrarlas, V hundió la gruesa aguja justo en la curva del brazo de Wrath.
Atrás todo el mundo ladró V mientras retiraba la aguja de la vena del Rey.
Cambió su agarre de la jeringa para contenerla en el puño y se inclinó sobre Butch. Con movimientos apresurados, tanteo su esternón con la punta de los dedos. Luego hundió la aguja justo en el corazón de Butch.
Marissa se tambaleó hacia atrás cuando empujó el embolo. Alguien la agarro. Wrath.
V extrajo la jeringa y la tiró sobre la mesa. Luego tomó las paletas del carro de paradas cardiacas y la máquina surgió a la vida emitiendo un sonido.
¡Atrás! gritó V, aplicando las palas de metal al pecho de Butch.
El torso de Butch se sacudió y V coloco los dedos sobre la yugular del macho.
¡Atrás! y volvió a golpear a Butch.
Marissa se aflojó en los brazos de Wrath cuando Vishous tiró las paletas en el carro de paradas, apretó la nariz de Butch, y sopló aire en su boca dos veces. Luego el Hermano empezó a hacerle compresiones en el pecho. Gruñía, mientras le practicaba la resucitación cardio—pulmonar, desnudando los colmillos como si estuviera enojado con Butch.
Cuya piel ahora se estaba volviendo gris.
… tres… cuatro… cinco…
Mientras V continuaba con la cuenta, Marissa luchó hasta liberarse.
¿Butch? Butch… no te vayas… quédate con nosotros. Quédate conmigo.
… nueve… diez. V se retiró, insuflo dos alientos en la boca de Butch, luego puso sus dedos en la garganta del macho.
Por favor, Butch rogó.
V fue a buscar el estetoscopio. Movió el disco, buscando.
Nada. Carajo.



CAPÍTULO 38


Dos minutos después, Marissa agarró a V por el hombro, cuando el Hermano dejó de practicar la resucitación cardio—pulmonar.
—No puedes rendirte.
—No lo hago. Dame tu brazo. —Cuando lo hizo, Vishous le cortó la piel de la muñeca—. Sobre su boca. Ahora.
Marissa se apresuró hacia la cabeza de Butch, le empujó los labios y los dientes para abrírselos y metió el corte en su boca mientras Vishous reanudaba las compresiones en el pecho. Contuvo el aliento, rezando para que Butch comenzara a beber, teniendo esperanzas de que algo de ella estuviera entrando en él y ayudándolo.
Pero, no… estaba muerto… Butch estaba muerto… Butch estaba muerto
Alguien estaba llorando. Ella. Si, ella estaba profiriendo esos ruidos.
Vishous hizo una pausa y palpó el cuello de Butch. Luego manoteó el estetoscopio. Estaba bajando el disco cuando a Marissa le pareció ver que el pecho de Butch se movía. O tal vez no.
—¿Butch? —dijo.
—Tengo algo. —Dijo Vishous colocando el disco—. Si… escucho algo…
Las costillas de Butch se expandieron al tomar aire por la nariz. Luego su boca se movió contra su muñeca.
Ella acomodó el brazo para que la herida encajara mejor entre sus labios.
—¿Butch?
Su pecho se hinchó más hondamente, alejó la boca de la vena mientras llevaba aire a sus pulmones. Hubo una pausa y luego otra inspiración. Aún más profunda…
—¿Butch? Puedes…
Los ojos de Butch se abrieron de golpe. Y ella se heló hasta la medula.
El macho que amaba no estaba en esa mirada. No había nada allí. Sólo un inexpresivo apetito.
Con un rugido, él agarró su brazo, apretando con tanta fuerza que se le escapó un grito sofocado. No le dejó posibilidad de escape cuando la aferró con la boca y empezó a beber succionando ferozmente. Retorciéndose en la mesa, atacó con fuerza su muñeca, con los ojos fijos, como un animal, respirando por la nariz y tragando con grandes tirones.
A través del dolor, sintió un completo y abyecto terror.
Dime que aún estas allí dentro, pensó. Dime que aún estás con nosotros…
No pasó mucho tiempo antes de que se sintiera mareada.
—Está tomando demasiado —dijo Vishous, con urgencia.
Antes de que pudiera responder, notó el aroma en la habitación, una oscura… si, una esencia de emparejamiento. La de Wrath. Salvo que, ¿por qué sentiría la necesidad de establecer su territorio de apareamiento en este lugar y en este momento?
Flaqueó y los duros dedos de Vishous la tomaron por la parte de arriba del brazo.
 —Marissa, ya es suficiente.
Pero Butch se estaba muriendo de hambre.
—¡No! no…
—Déjame reemplazarte.
Los ojos de Marissa se dispararon hacia Beth… luego enfocaron a Wrath. De pie al lado de su shellan, el rostro de Wrath estaba cruzado por rasgos violentos, su cuerpo tenso como si estuviera a punto de pelear con algo.
—¿Marissa? ¿Me dejarías alimentarlo? —dijo Beth.
Marissa miró a la Reina. Dios, esas palabras, esas mismas palabras que habían sido dichas en el pasado mes de julio… cuando el cuerpo de Wrath se había balanceado al borde de la muerte y la vena de Marissa había sido de imperiosa necesidad.
—¿Lo harás, Marissa?
Mientras asentía torpemente con la cabeza, Wrath comenzó a gruñir, los labios desnudando los colmillos que se habían alargado hasta parecer blancos cuchillos.
Oh, Señor, esta era una situación muy peligrosa. Los machos plenamente emparejados no compartían. Nunca. De hecho, pelearían a muerte antes de dejar que otro macho se acercara a sus hembras cuando se trataba de alimentación.
Beth miró a su hellren. Antes de que dijera nada, Wrath escupió.
 —V, trae tu culo aquí y contenme.
Mientras Vishous se acercaba al Rey, deseo que Rhage estuviera con él.
Mierda… esta era una mala idea. Un macho vampiro de sangre pura y emparejado a punto de ver como su shellan alimentaba a otro. Santo infierno, cuando la Virgen Escriba había sugerido que Beth bajara, V había asumido que era con propósitos ceremoniales, no para que pudiera aportar una vena. ¿Pero que opción tenían? Butch iba a secar a Marissa y no tendría suficiente y no había otra hembra en la casa que pudiera hacer el trabajo: Mary todavía era humana y Bella estaba embarazada.
Además, como si vérselas con Rhage o Z fuera a ser más fácil. Para la bestia, necesitarían una pistola de tranquilizantes del tamaño de un cañón y Z… bueno, mierda.
Beth se estiró y acarició el rostro de su hellren.
 —Tal vez sería mejor que no miraras.
Wrath la tomó por el cuello y la beso con fuerza. Luego acercó su muñeca y le rasgó la piel, abriendo la vena.
—Ve a él. Ahora. —La apartó de un empujón, luego estampó su cuerpo contra la pared de atrás—. Vishous, será mejor que me sujetes jodidamente bien. O esto se va a poner feo.
El imponente cuerpo de Wrath estaba temblando, sus músculos tensos, el sudor le corría por la piel. Desde detrás de sus lentes envolventes, sus ojos brillaban con una luz tan feroz que la podías ver claramente. 
V se lanzó contra su Rey y se encontró con una instantánea y violenta resistencia. Dios querido, esto iba a ser como tratar de contener a un toro.
—¿Por qué no… te vas? —gruñó V mientras se afanaba por mantener el cuerpo de Wrath en su lugar.
—Tendría que… pasar cerca de ellos… para alcanzar la puerta. De ninguna… forma.
V giró la cabeza y miró hacia la mesa.
Hombre, Marissa iba a terminar en el suelo sino se liberaba de Butch. Y el poli iba a pelear como el infierno si esa fuente de sangre abandonaba su boca.
—¡Beth! —Gritó V mientras luchaba con Wrath—. Aprieta la nariz del poli. Apriétala fuerte y mantenle la frente hacia abajo. Esa es la única forma en que lograrás que la suelte.
 Cuando Beth agarró la nariz de Butch, el poli profirió un sonido inhumano, como si supiera lo que venía. Y su cuerpo corcoveó en la mesa como si se estuviera preparando para pelear con quienquiera que le fuera a quitar la comida.
Oh, Cristo, por favor no dejes que ataque a Beth, pensó V. Wrath estaba tan encendido que era probable que se liberara y matara al tipo. Por favor
Las hembras lo manejaron estupendamente. Marissa apartó la muñeca de un tirón, sujetó a Butch por los hombros, y a puñetazos logro bajarlo mientras Beth le acercaba la muñeca a la boca. Cuando la nueva vena llegó a él, Butch se pegó a la nueva sangre como una criatura gimiendo ante el sabor.
Lo que naturalmente provocó que Wrath se pusiera furioso como un gorila.
El cuerpo del Rey se dirigía a tumbos hacia la mesa, arrastrando a Vishous con él.
—¡Marissa! —V cambió su presa para asir a Wrath por la cintura como una faja—. ¡Necesito ayuda aquí!
Ella miró a Wrath… y era buena… Joder, la hembra era buena.
Indudablemente quería estar al lado de Butch. Pero en vez de eso, corrió como un relámpago y lanzó su cuerpo contra la maraña de la que Wrath estaba a punto de deshacerse. El Rey se tambaleó hacia atrás debido a la fuerza del impacto y V se acomodo a si mismo, con la cabeza en un mal ángulo pero sus brazos exactamente donde debían estar, uno en la espalda de Wrath apretando su cuello, y el otro alrededor de su cintura. Por diversión, V envolvió una pierna a través de los muslos de Wrath por lo que si el macho se abalanzaba hacia delante nuevamente se tropezaría primero.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, Marissa hizo lo mismo, entrelazando una de sus piernas con la de Wrath y pasando un brazo por delante de su pecho.
Oh… mierda. Estaba sangrando mucho por la muñeca.
—Marissa… mueve el brazo hacia mí… —V respiró hondo, forzando los músculos—. Marissa…
No pareció oírlo. Estaba demasiado ocupada observando lo que estaba pasando en la camilla con ruedas.
Marissa… estás desangrándote. Baja la maldita muñeca.
Movió el codo y su brazo cayó, pero no estaba realmente centrada en si misma.
Hasta que V puso los labios contra su piel. Entonces jadeó y miró hacia abajo.
Sus ojos se encontraron. Los de ellas dilatados.
—Sólo para evitar que sangres, —le dijo contra la muñeca.
Cuando Butch hizo un ruido, se volvió nuevamente hacia su compañero.
Y de repente, el tiempo se detuvo para V a pesar de la carga que estaba sujetando. Miró fijamente el perfecto perfil de Marissa mientras lamía el mordido desastre de su muñeca, sellando las heridas, aliviando el dolor que provocaban, comenzando el proceso de curación. Compelido por algo que no quería nombrar, pasó la lengua sobre la piel una y otra vez, saboreando ambos la sangre de ella… y la boca de Butch.
Vishous repitió las lamidas más veces de las que debía. Y en el último golpe, cuando supo que debía detenerse porque ya había sobrepasado la línea… cuando supo que iba a perder el control sobre Wrath a no ser que prestara atención… en la última pasada, miró a Butch. Y presionó los labios contra la piel que tenía en la boca dándole un beso.
Tenía la extraña sensación de que le estaba diciendo adiós a su compañero de habitación.
Butch se despertó en una vorágine. Un remolino. Una… batidora.
Sentía un rugido por todo el cuerpo, algo que hacía que cada uno de sus músculos se contrajera. Estaba…  bebiendo algo. Algo tan bueno que le llenaba los ojos de lágrimas… algo espeso y precioso contra su lengua, un vino oscuro. Mientras tragaba una y otra vez, pensó confuso que ya había saboreado algo así con anterioridad. No exactamente de esa cosecha pero…
Sus ojos se abrieron y casi se desmaya.
Santa mierda, estaba vivo y del otro lado y…
Espera, esta no era Marissa. Había cabello negro colgando sobre su rostro.
Movió bruscamente la boca apartándose.
—¿Marissa?
Cuando escuchó su respuesta, miró hacia el sonido de su voz. Solo para sobrecogerse.
Buen… Dios. No era exactamente lo que esperaba ver y tampoco era el comité de bienvenida a su nueva vida. En absoluto.
Wrath parecía salido de una película de sábado por la noche, un enorme monstruo vampiro que gruñía, mostrando los colmillos y con los ojos brillándole. Y reclamaba a Butch.
Las buenas noticias eran que Vishous y Marissa lo estaban sujetando. Las malas noticias eran que parecía que estaban a punto de perder el control sobre él.
Butch miró hacia arriba a Beth, que estaba lamiéndose la herida de la muñeca para cerrarla.
—Oh… mierda. —Había bebido mucho de ella, ¿verdad? Oh… mierda.
Dejó que su cabeza cayera hacia atrás contra la mesa. Wrath iba a matarlo. Absolutamente. Cuando soltaran a ese tío, el Rey iba a limpiar el suelo con él.
Butch estaba maldiciendo y midiendo la distancia hasta las puertas cuando Beth caminó hasta el trío.
—¿Wrath? —en una voz más baja dijo—. Continuad sujetándolo.
Butch se giró hacia un lado y encontró los ojos de Marissa, rezando por no estar a punto de perder la vida ahora. Y estaba impaciente por acercarse a su hembra, pero era una situación que debía ser afrontada con cuidado.
—¿Wrath? —repitió Beth.
Los instintos de Wrath estaban tan encendidos, que tuvo que hablarle un rato para hacer que se enfocara en ella en vez de hacerlo en Butch.
—Se terminó, ¿Ok? —Le tocó la cara—. Está hecho, se terminó.
Con un gemido desesperado, Wrath apretó los labios contra su palma, luego cerró fuertemente los ojos con agonía.
—Diles… Diles que me suelten lentamente. Y Beth… Beth, voy a ir hacia ti. No puedo… detenerme. Pero eso es mejor que matarlo…
—Si… mucho mejor —coincidió Butch.
Beth dio un paso atrás y se abrazó a si misma.
—Dejadlo ir.
Fue como soltar a un tigre. Marissa se agachó y se arrastró fuera del camino. En tanto Wrath se sacó de encima a Vishous con tanta fuerza que estampó al Hermano contra un gabinete.
En un movimiento coordinado, el Rey fue por Beth y la mordió en la garganta. Mientras ella jadeaba y caía hacia atrás en éxtasis, Wrath giró y clavó la vista en Butch con ansias asesinas en los ojos.
Era obvio que el Rey bebía en ese momento no por sustento sino para dejar su marca, y su esencia de emparejamiento era una advertencia a gritos que llenó la habitación. En el instante en que sintió que había establecido su punto, levantó a su shellan en brazos y se fue. No cabían dudas sobre a donde se dirigían: a la habitación más cercana que tuviera una puerta para poder meterse dentro de ella.
Butch se estiró para alcanzar a Marissa, y ella fue hacia él igual que la esperanza hacia los desposeídos: una calidez resplandeciente, una promesa de un futuro digno de ser vivido, una bendición de amor. Cuando se inclinó sobre él y lo abrazó fuertemente, la beso suavemente y le dijo un montón de tonterías, las palabras saliendo en un incontrolable, improvisado torrente.
Cuando se separaron un poco para respirar, miró a Vishous. El hermano estaba parado desmañadamente cerca de la puerta abierta y mirando al suelo, su gran cuerpo temblando casi imperceptiblemente.
—¿V?
Los ojos de diamante de V se elevaron y parpadearon rápidamente.
—Hey, colega. —Cuando Butch estiró la mano, Vishous negó con la cabeza—. Me alegro que hayas vuelto, poli.
—Vete a la mierda, ven aquí. V… trae tu culo aquí.
V hundió las manos en los bolsillos y lentamente caminó hacia la camilla. Marissa fue la que los unió, llevando el brazo de Vishous hacia arriba para que Butch pudiera alcanzar la palma del Hermano.
—¿Estás bien? —preguntó Butch, apretando.
Por medio segundo, su apretón fue correspondido. Luego V dio una patada con una de sus botas militares y rompió el contacto.
—Si, bien.
—Gracias.
—Si.
V estaba tan nervioso, que Butch le tuvo lástima y cambio de tema.
— ¿Así que se termino? ¿Eso fue todo?
V acarició su perilla y miró el reloj. Luego miró el cuerpo de Butch.
—Esperemos otros diez minutos.
Ok, bien. Butch pasó el tiempo pasando las manos arriba y abajo por los brazos de Marissa. Y por los hombros. Y por el rostro. Y por el cabello. Eventualmente, V murmuró.
 —Supongo que está hecho.
Aunque había una curiosa frustración en la voz del Hermano, Butch sonrió.
 —Bueno, no fue tan malo. Excepto por la parte de morirme, por supuesto. Eso no fue… —dejó la frase flotando y frunció el ceño.
—¿Qué pasa? —dijo Marissa.
—No lo sé. Yo… —Algo estaba ocurriendo… algo en su estómago…
Vishous se acercó a la mesa.
—¿Qué esta sucediendo, poli?
—Yo… —la vasta ola de dolor se apoderó de él como una mortaja de clavos, envolviéndose alrededor de su cuerpo, cortándolo desde todos los ángulos posibles. Jadeó bajo el furioso ataque, perdiendo la visión y volviendo a recuperarla. —Oh, mierda. Me estoy muriendo…
La cara de Vishous apareció delante de él. Y el bastardo se estaba riendo… una gran, y gorda sonrisa burlona de gato de Cheshire.
—Este es el cambio, amigo mío. Ahora... ahora te estás convirtiendo.
—Que mier… —no pudo terminar la palabra. Su realidad se convirtió en una roja y caliente agonía y se retiró profundamente a su interior, perdiéndose en la tortuosa espiral. Mientras se intensificaba aún más, deseó desmayarse. No tuvo tanta suerte.
Después de ciento cincuenta años luz de sufrimiento, comenzaron los estallidos: los huesos de los muslos fueron los primeros en quebrarse y aulló, pero no hubo tiempo de condolerse por ello porque la parte superior de sus brazos fueron las siguientes. Luego sus hombros. Su espina dorsal… la parte inferior de sus piernas… las manos… pies… su esqueleto gritó y le dolió la mandíbula. Rodó hacia arriba… escupió dos dientes…
A lo largo del huracán del cambio, Marissa estuvo con él, hablándole. Se aferró a su voz y a la imagen que tenía de ella en la mente, la única cosa segura en su mundo de sufrimiento.


CAPÍTULO 39


Al otro lado de la ciudad, en una muy agradable y aislada casa, John se terminaba su primera cerveza. Y luego la segunda. Y la tercera. Estaba sorprendido de que su estómago pudiera soportarlas, pero bajaban suavemente y permanecían allí.
Blaylock y Qhuinn estaban en el suelo en frente de la cama, trabados en una TV con pantalla de plasma jugando a Skillerz, ese estupendo juego que estaba por todas partes. Por una rareza del destino, John les había ganado a los dos, así que estaban compitiendo por el segundo puesto.
Mientras John se sentaba perezosamente hacia atrás sobre el edredón de Blaylock, se llevó la botella de Corona a la boca, dándose cuenta de que estaba vacía, miró el reloj. Fritz lo recogería en aproximadamente veinte minutos y eso podría ser un problema. Estaba mareado. Bastante.
Era realmente agradable.
Blaylock se echó a reír y se desplomó contra el suelo.
—No puedo creer que me hayas ganado, bastardo.
Qhuinn levantó su cerveza y le dio a Blay un pequeño golpe en la pierna con la cosa.
—Lo siento, grandullón. Pero apestas.
John se sostuvo la cabeza con la mano, saboreando la sensación de estar agradablemente fuera de sí mismo y pastoso. Había estado tan enojado, durante tanto tiempo, que no había sido capaz de recordar lo que se sentía al estar relajado.
Blay lo miró con una sonrisa.
 —Por supuesto, el sumamente silencioso de allí es el verdadero pateador de culos. Te odio, ¿sabias eso?
John sonrío y levantó el dedo del medio en un gesto obsceno. Mientras los dos que estaban en el suelo se echaban a reír, sonó un BlackBerry[1].
Qhuinn respondió. Profirió muchos Uh-huh. Cortó.
—Mierda… Lash no va a regresar por un tiempo. Parece —el chico miró a John— que le pegaste un tremendo susto.
—Hombre, ese chico siempre fue un imbécil —dijo Blay.
—Claro.
Se quedaron en silencio un rato, simplemente escuchando Nasty de Too Short. Luego Qhuinn adquirió una expresión concentrada.
Sus ojos, uno azul, el otro verde, se estrecharon.
—Hey, Blay… ¿Como se sintió?
La mirada de Blay se dirigió rápidamente hacia el techo.
 —¿Perder al Skillerz frente a ti? Una muerte zumbona, muchas gracias.
—Sabes que no estoy hablando de eso.
Con una maldición, Blay alcanzó una pequeña nevera, tomó otra cerveza, y la abrió con un chasquido. El tipo había tomado siete y parecía sobrio como siempre. Por supuesto, que también se había comido cuatro Big Macs, dos patatas fritas grandes, un batido de chocolate y dos pasteles de cereza. Más una bolsa de Ruffles.
—¿Blay? Vamos… ¿que pasó?
Blaylock tomo un sorbo de la botella y tragó con fuerza.
—Nada.
—Joder. Tú.
—Ok, esta bien. —Blay tomó otro trago—. Yo… ah, quise morirme, ¿Ok? Estaba convencido de que lo haría. Luego yo… ya sabes… —se aclaró la garganta—. Yo… ah, tomé su vena. Y se puso peor después de eso. Muchísimo peor.
—¿La vena de quien?
—Jasim.
—Whoa. Es sexy.
—Como sea. —Blay se inclinó hacia un lado, tomó una sudadera, y la puso sobre sus caderas. Como si hubiera algo que cubrir allí.
Qhuinn siguió el movimiento. Lo mismo que John.
—¿La poseíste, Blay?
—¡No! Créeme, cuando te golpea la transición, el sexo no ocupa tu mente.
—Pero he oído que después…
—No, no lo hice con ella.
—Ok, eso esta bien. —Pero claramente Qhuinn pensaba que su amigo estaba loco—. ¿Entonces que hay del cambio? ¿Cómo se siente?
—Yo… me rompí en pedazos y volví a unirme. —Blay dió un largo trago—. Eso es.
Qhuinn flexionó las pequeñas manos, luego las cerró en puños.
—¿Te sientes diferente?
—Si.
—¿De que forma?
—Cristo, Qhuinn…
—¿Qué tienes que esconder? Todos pasaremos por eso. Quiero decir… mierda, John, debes querer saber, ¿verdad?
John miró a Blay y asintió, con la infernal esperanza de que siguieran hablando.
En el silencio que siguió, Blaylock estiró las piernas. A través de los nuevos vaqueros que llevaba puestos, los gruesos músculos de sus muslos se contrajeron y se volvieron a relajar.
—¿Entonces, como te sientes ahora? —sugirió Qhuinn.
—Yo mismo. Sólo… que no sé, mucho más fuerte.
—Geeeenial. —Qhuinn se echó a reír—. No puedo esperar.
Los ojos de Blaylock se apartaron.
—No es algo que desear. Confía en mí.
Qhuinn sacudió la cabeza.
—Estás muy equivocado acerca de eso. —Hubo una pausa—. ¿Ahora te pones duro muy seguido?
Blay se puso del color de la grana.
—¿Qué?
—Vamos, tenías que haber visto venir que te lo iba a preguntar. Así que, ¿te pasa? —El silencio se estiró.
—¿Hola? ¿Blay? Contesta la pregunta. ¿Te pasa?
Blay se frotó la cara.
—Um… si.
—¿A menudo?
—Si.
—Lo solucionas, ¿verdad? Quiero decir… debes… Así que ¿como se siente?
—¿Estás completamente loco? No voy a…
—Solo dinos una vez. No volveremos a preguntarte. Lo juro. ¿Verdad, John?
John asintió lentamente, dándose cuenta que estaba conteniendo el aliento. Había tenido sueños, sueños eróticos, pero no era lo mismo a que pasara realmente. O escuchar acerca de ello de primera mano.
Desafortunadamente, Blaylock parecía haberse cerrado como una ostra.
—Cristo, Blay… ¿Cómo es? Por favor. Toda mi vida he estado esperando por lo que tú tienes. No puedo preguntarle a nadie más… Quiero decir, ¿como podría a ir a mi padre con esta mierda? Solo escúpelo. ¿Qué se siente al acabar?
Blay rompió la etiqueta de su cerveza.
 —Poderoso. Así se siente. Es sólo este… poderoso torrente que crece y luego… explotas y flotas sin rumbo.
Qhuinn cerró los ojos.
—Hombre, quiero eso. Quiero ser un macho.
Dios, eso era exactamente lo que John ansiaba.
Blay engulló su Corona, luego se limpió la boca.
 —Por supuesto, ahora… ahora quiero hacerlo con alguien.
Qhuinn rompió en una de sus medias sonrisas.
—¿Qué tal Jasim?
—Nah. No es mi tipo. Y terminamos con esto. La conversación terminó.
John miró el reloj, luego se arrastró hacia el borde de la cama. Con un rápido garabato, escribió en el bloc y lo mandó. Blay y Qhuinn asintieron ambos.
—Buen trato —dijo Blay
—¿Quieres que nos veamos mañana a la noche? —preguntó Qhuinn.
John asintió y se puso de pie… solo para tambalearse y tener que apoyarse contre el colchón.
Qhuinn se río.
—Mírate, zoquete. Estás borracho.
John simplemente se encogió y se concentró en llegar a la puerta. Cuando la abría, Blay le dijo,
—¿Hey, J?
 John lo miró por encima del hombro y enarcó una ceja.
—¿Dónde podemos aprender esa cosa del lenguaje por señas?
Qhuinn asintió y abrió otra cerveza.
—Si, ¿Dónde?
John parpadeó. Luego escribió en el bloc, En Internet. Busquen Lenguaje por señas Americano.
—Buena cosa. Y tú puedes ayudarnos, ¿verdad?
John asintió.
Los dos volvieron a la TV y comenzaron otro juego. Mientras John cerraba la puerta, sintió que se reían y comenzó a sonreír. Sólo para sentir una punzada de vergüenza.
Tohr y Wellsie estaban muertos, pensó. No debería estar… disfrutando cosas. Un verdadero hombre no se distraería de su meta, de sus enemigos… nada más que por disfrutar de la compañía de amigos.
John se abrió camino por el corredor, estirando un brazo para conservar el equilibrio.
El problema era… que se sentía tan bien ser simplemente uno de los muchachos. Siempre había querido tener amigos. No un gran grupo ni nada de eso. Pero unos pocos, sólidos, verdaderos… amigos.
De la clase en la que podías confiar hasta la muerte. Como hermanos.

Marissa no entendía como Butch había sobrevivido a lo que le había pasado a su cuerpo. Sencillamente parecía imposible. Salvo que esto era, evidentemente, por lo que pasaban los machos, particularmente los guerreros. Y como era de la línea de Wrath, definitivamente tenía esa sangre espesa en él.
Cuando terminó, horas después, Butch permaneció en la mesa de la ahora helada habitación, sólo respirando. Su piel estaba pegajosa y cubierta con sudor como si hubiera corrido doce maratones. Sus pies colgaban en el extremo más alejado de la camilla. Sus hombros estaban casi del doble del tamaño habitual, y sus calzoncillos se estiraban apretados sobre los muslos.
Aunque su rostro la confortaba. Era el mismo de antes, en proporción a su nuevo cuerpo, pero el mismo. Y cuando abrió los ojos, eran del color avellana que conocía tan bien, con un espíritu en su interior que era el propio de él.
Estaba demasiado aturdido para hablar, pero tiritó, así que le trajo una manta y la extendió sobre él. Cuando el suave peso aterrizó, vaciló como si la piel fuera demasiado delicada, pero luego gesticulo las palabras Te amo y se deslizó otra vez en el sueño.
Abruptamente, se sintió más cansada de lo que había estado en toda su vida.
Vishous terminó de limpiar la sangre del piso esparciendo un líquido en spray y dijo
 —Vamos a comer.
—No quiero dejarlo.
—Lo sé. Le pedí a Fritz que nos trajera algo y lo dejara afuera.
Marissa siguió al Hermano a la habitación de equipamiento y se sentaron cada uno en un banco que sobresalía de la pared. Comieron los bocadillos del pequeño picnic de Fritz rodeados de mesas con nunchakus, dagas de entrenamiento, espadas y pistolas. Los sándwiches estaban ricos lo mismo que el zumo de manzana y las galletitas de avena.
Después de un rato, Vishous encendió un cigarrillo liado a mano y se reclinó hacia atrás.
—Estará bien, lo sabes.
—No puedo entender como sobrevivió a esto.
—La mía fue igual a eso.
Se detuvo con un segundo sándwich de jamón a mitad de camino hacia la boca. —¿En serio?
—De hecho, fue peor. Era más joven que él cuando ocurrió.
—Sin embargo es el mismo en su interior, ¿verdad?
—Si, aún es tu muchacho.
Cuando terminó el sándwich, colocó ambas piernas encima del banco y se reclinó hacia atrás contra la pared.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por sellarme. —Extendió la muñeca.
Su mirada de diamante se apartó.
—No hay problema.
En el silencio, sus párpados se bajaron y se sacudió a si misma para despertarse.
—Nah, déjate ir —murmuró Vishous—. Lo cuidaré y en cuanto se despierte, te lo haré saber. Vamos… recuéstate.
Se estiró, luego se enroscó sobre uno de sus lados. No esperaba dormir, pero de cualquier forma cerró los ojos.
—Levanta la cabeza —dijo Vishous. Cuando lo hizo, le deslizó una toalla enrollada debajo de la oreja—. Es mejor para tu cuello.
—Eres muy amable.
—¿Estás bromeando? El poli me patearía el culo si permitiera que estuvieras incómoda.
Podría haber jurado que Vishous le pasó la mano por el cabello, pero luego calculó que se lo había imaginado.
—¿Qué hay de ti? —dijo suavemente mientras él se sentaba en el otro banco. Dios, debía estar igual de cansado que ella.
Su sonrisa fue lejana.
–Tú no te preocupes por mi, mujer. Solo duerme.
Sorprendentemente, así lo hizo.
V miró a Marissa desmayarse debido al agotamiento. Luego giró la cabeza y miró a la habitación de fisioterapia y primeros auxilios. Desde ese ángulo podía ver las plantas de los pies del poli ahora mucho más grandes. Hombre… Butch era realmente uno de ellos ahora. Un miembro activo, con colmillos, un macho guerrero que iba a medir unos seis pies con seis, tal vez seis pies con siete, definitivamente la línea de sangre de Wrath estaba presente en ese chico… y V se preguntaba si alguna vez sabrían porqué.
La puerta de la habitación de equipamiento se abrió y entró Z, con Phury pegado a sus talones.
—¿Qué pasó? —preguntaron los dos al unísono.
—Shhh —V señaló a Marissa con la cabeza. Luego en voz baja dijo—. Vedlo vosotros mismos. Está allí dentro.
Los dos fueron hacia la entrada.
—Santa mierda… —resopló Phury.
—Ese es grande —murmuró Z. Luego olió el aire—. ¿Por qué la esencia de emparejamiento de Wrath está impregnando el lugar… o es cosa mía?
V se puso de pie.
—Venid fuera al gimnasio, no quiero despertar a ninguno de los dos.
Los tres caminaron sobre las colchonetas azules y V entornó la puerta detrás de ellos.
—Entonces, ¿donde está Wrath? —preguntó Phury mientras se sentaban—. Pensé que estaba aquí para ser testigo de todo esto.
—Está ocupado. Sin lugar a dudas.
Z miró la puerta.
—Ese poli es grande, V. Ese poli es realmente grande.
—Lo sé. —V se recostó estirándose de espaldas y tomó aire. Mientras exhalaba, se negó a mirar a sus hermanos.
—V, es realmente grande.
—Ni siquiera te metas en eso. Es demasiado pronto para saber como será.
Z se frotó el pulcro cráneo.
—Solo lo digo. Es…
—Lo sé.
—Y tiene la sangre de Wrath dentro de él.
Lo sé. Pero mira, es demasiado pronto, Z. Sencillamente es demasiado pronto. Además, su madre no es una Elegida.
Los ojos amarillos de Z se tornaron molestos.
—Esa es una estúpida y jodida regla si me preguntan a mí.




[1] Blackberry : Es una especie de teléfono, que recibe emails, un ordenador que cabe en una mano.


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