sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 40 41 42

CAPÍTULO 40


Butch se despertó en la camilla en medio de una inspiración profunda por la nariz. Estaba… oliendo algo. Algo que lo complacía mucho. Algo que lo hacía zumbar con poder. Mía, le decía una voz en la cabeza.
Trató de sacudirse la palabra, pero sólo se hizo más fuerte. Con cada aliento que tomaba, la solitaria sílaba se repetía en su cerebro hasta que fue como el latido del corazón: involuntario. La fuente de su misma vida. El asiento de su alma.
Con un gemido, se sentó en la mesa, sólo para perder el equilibrio y casi caerse al suelo. Mientras se agarraba, se miró los brazos. Que demon… no, esto estaba mal. Estos no eran sus brazos… oh… mierda, también sus piernas. Sus muslos eran enormes.
Éste no soy yo, pensó.
Mía, le llegó la voz otra vez.
Miró en derredor. Dios, todo en la clínica habitación era claro como el cristal, como si sus ojos fueran ventanas que hubieran sido limpiadas. Y sus oídos… miró hacia las luces fluorescentes. De hecho podía sentir la electricidad atravesando los tubos.
Mía.
Inhaló nuevamente. Marissa. Esa esencia era Marissa. Estaba cerca…
Su boca se abrió por propia voluntad, y dejó salir un profundo, rítmico ronroneo que terminó con una palabra gruñida: Mía.
Su corazón bombeó cuando se dio cuenta que la torre de control en su cabeza había sido completamente abatida. Ya no era lógica, estaba siendo gobernada por un instinto posesivo que hacía que lo que antes había sentido por Marissa pareciera un capricho transitorio.
¡Mía!
Miró hacia abajo a sus caderas y sintió la carga de lo que le estaba ocurriendo en sus ahora demasiado pequeños calzoncillos. Su miembro había crecido acompañando el resto de su persona, y estaba empujando el fino y estirado algodón. La cosa se crispó mientras la miraba como queriendo llamar la atención.
Oh… Dios. Su cuerpo quería aparearse. Con Marissa. Ahora.
Como si hubiera pronunciado su nombre, ella apareció en la entrada.
—¿Butch?
Sin advertencia previa, se convirtió en un torpedo, su cuerpo apuntándose a si mismo hacia ella y disparándose a través de la habitación. La tiró al piso y la besó con fuerza, montándola mientras se apropiaba de la parte delantera de sus pantalones y tironeaba del cierre hacia abajo. Gruñendo, esforzándose le desprendió los pantalones de las suaves piernas, le separó los muslos bruscamente, y enterró la cara en su interior.
Como si tuviera doble personalidad, se vio a si mismo actuar desde la distancia, viendo sus manos levantarle la camisa y capturar sus pechos mientras la lamía. Luego surgiendo hacia delante, desnudó los colmillos que de alguna forma sabía como usar y mordió el frente de su sujetador. Seguía tratando de detenerse, pero estaba cautivo en una especie de fuerza centrífuga, y Marissa… era el eje sobre el cual giraba.
Desde el remolino, gimió.
—Lo siento… Oh, Dios… No puedo detenerme
Ella se aferró a su rostro… y lo calmó completamente. Era increíble y no sabía cómo lo había hecho, sencillamente… su cuerpo se detuvo totalmente. Lo que lo hizo percatarse de que tenía el más curioso control sobre él. Si decía no, él se detendría. Al instante. Punto.
Salvo que no estaba poniendo el freno. Sus ojos brillaban con una luz erótica.
—Tómame. Hazme tu hembra.
Ajustó los labios a los de él, y su cuerpo se disparó con el mismo frenesí de antes. Apartándose, desgarró la cinturilla de sus calzoncillos y se colocó sobre ella con las tiras colgando abiertas. La penetró tan profundamente, la estiró tanto, que sintió como si enguantara cada pulgada de él.
Cuando gritó y le hundió las uñas en el trasero, fue a por ella duro y rápido. Y mientras el sexo ardía furiosamente, sintió que sus dos mitades se entretejían juntas. Mientras bombeaba salvajemente, la voz que siempre había reconocido como suya y ésta nueva que le estaba hablando se volvieron una.
La estaba mirando a la cara cuando comenzó su orgasmo, y la eyaculación no se parecía a nada que hubiera conocido antes. Más aguda, más poderosa, y continuaba eternamente como si tuviera un suministro infinito de lo que la estaba llenando. Y a ella le estaba encantando, golpeándose la cabeza contra el embaldosado debido al placer, las piernas apretadas alrededor de sus caderas, su núcleo engullendo todo lo que le daba.
Cuando terminó, Butch colapsó, jadeando, sudando, mareado. Sólo entonces se dio cuenta de que encajaban de forma distinta; su cabeza estaba por encima de la de ella, sus caderas demandaban más espacio entre sus piernas, sus manos eran más grandes contra su rostro.
Ella le besó el hombro. Lamió su piel.
–Mmmmm… y hueles bien, también.
Sí, era verdad. El oscuro almizcle que había emanado de él antes ahora era una vibrante esencia en la habitación. Y la marca estaba por toda la piel de Marissa y en el cabello… también dentro de ella.
Lo que era correcto. Ella era de él.
Rodó de encima suyo.
—Cariño… no estoy seguro de por qué tenía que hacer eso —bueno, la mitad de él no estaba segura. La otra mitad sólo quería volver a hacérselo.
—Me alegra de que lo hicieras —la sonrisa que le dedicó era radiante. Tan radiante como el sol de mediodía.
Y la vista de ella le hizo darse cuenta con satisfacción que también él era su hombre: Era una calle de doble sentido. Se pertenecían el uno al otro.
—Te amo, cariño.
Ella repitió las palabras, pero su sonrisa se escurrió.
—Tenía tanto miedo de que murieras.
—Pero no lo hice. Terminó y está hecho y estoy del otro lado. Estoy contigo del otro lado.
—No puedo volver a pasar por esto otra vez.
—No tendrás que hacerlo.
Ella se aflojó un poco y le acarició la cara. Luego frunció el ceño.
—Está un poco frío aquí, ¿verdad?
—Vamos a vestirte y volvamos a la casa principal —se estiró para ponerle la camisa en su lugar… y sus ojos quedaron prendados de sus pechos con esos perfectos pezones rosados.
Volvió a endurecerse. Lleno a reventar. Desesperado por volver a liberarse.
Esa sonrisa de ella reapareció.
—Vuelve a ponerte sobre mí, nallum. Deja que mi cuerpo alivie el tuyo.
No tuvo que decirlo dos veces.

Fuera de la habitación de equipamiento, V, Phury y Zsadist dejaron de hablar y escucharon. A juzgar por los sonidos ahogados, Butch estaba de pie, despierto y… ocupado. Cuando los hermanos se echaron a reír, V cerró la puerta del todo, pensando que estaba muy contento por ese par de ahí adentro. Muy… contento.
Él y los mellizos continuaron hablando mierda, con V encendiendo ocasionalmente y tirando la ceniza en una botella de Aquafina. Una hora más tarde, la puerta se abrió y Marissa y Butch aparecieron. Marissa estaba vestida con un Ji de artes marciales, Butch tenía una toalla alrededor de las caderas, y la esencia de aparejamiento se sentía por todo su cuerpo. Se veían bien gastados y muy, muy saciados.
—Um… hey, chicos —dijo el poli, sonrojándose. Se veía bien, pero no se estaba moviendo con demasiada coordinación. De hecho, estaba usando a su hembra como muleta.
V sonrió.
—Te ves más alto.
—Sí, yo… ah, no me estoy desenvolviendo muy bien. ¿Es normal?
Phury asintió.
—Definitivamente. Me tomó largo tiempo acostumbrarme a mi nuevo cuerpo. Tendrás algo de control sobre él en un par de días, pero va a sentirse raro por un tiempo.
Cuando el par se adelantó, Marissa parecía como si estuviera luchando debajo del peso de su macho y Butch parecía vacilante, como si estuviera tratando de no reclinarse en ella todo lo que necesitaba.
V se puso de pie.
—¿Necesitas ayuda en tu camino de regreso al Pit?
Butch asintió.
—Eso sería genial. Estoy a punto de caerme sobre ella.
V se puso al lado de Butch y sostuvo al poli.
—¿A casa, Jarvis?
—Dios, sí. Me encantaría ducharme.
Butch tomó la mano de Marissa, y los tres se dirigieron lentamente hacia el Pit.
El viaje a través del túnel fue silencioso con excepción del sonido de Butch arrastrando los pies. Y mientras caminaban, V se recordó saliendo de su propia transición, despertándose tatuado con advertencias sobre la cara, la mano y sus partes privadas. Al menos Butch estaba a salvo, y tenía gente que lo protegería mientras reunía fuerzas.
V había sido arrojado afuera y dejado por muerto en un bosque detrás de un campamento de guerreros.
Butch también tenía otra cosa a su favor; una hembra de valor que lo amaba. Marissa estaba definitivamente brillando a su lado y V trató de no mirarla demasiado… salvo que no podía evitarlo. Tan cálida, la forma en que miraba a Butch. Tan extremadamente cálida.
V no podía evitar preguntarse cómo sería eso.
Cuando entraron en el Pit, Butch dejó salir un suspiro molesto. Claramente para ese entonces, su energía había flaqueado por completo, el sudor brotaba de su frente como si estuviera luchando para mantenerse derecho.
—¿Qué te parece tu cama? —dijo V.
—No… ducha. Necesito una ducha.
—¿Tienes hambre? —preguntó Marissa.
—Sí… oh, Dios, sí. Quiero… tocino. Tocino y…
—Chocolate —dijo V secamente mientras llevaba a la fuerza al poli hacia su habitación.
—Oh… chocolate. Mierda, mataría por eso —Butch frunció el ceño—. Salvo que no me gusta el chocolate.
—Tú sabrás —V abrió la puerta del baño de una patada y Marissa se agachó para entrar en la ducha y dejar correr agua.
—¿Algo más? —preguntó ella.
—Panqueques. Y waffles con almíbar y manteca. Y huevos…
V le dirigió una mirada a la hembra.
–Sólo trae cualquier cosa comestible. A estas alturas, se comería sus propios zapatos
—… un helado y pavo relleno…
Marissa besó a Butch en los labios.
—Volveré enseg...
Butch la agarró de la cabeza y la sostuvo contra la boca con un gemido. Mientras un nuevo flujo de esencia de emparejamiento emanaba de él, maniobró con ella colocándola contra la pared y sujetándola con el cuerpo, las manos recorriéndola, las caderas empujando hacia delante.
Ah, sí, pensó V. El macho que recién ha pasado por la transición. Por un tiempo Butch iba a estar aserrando madera cada quince minutos.
Marissa río, absolutamente encantada con su compañero.
—Más tarde. Primero la comida.
Butch se hizo atrás inmediatamente, como si hubiera llamado al orden a su lujuria y se comportara porque quería ser un niño bueno. Cuando se fue, los ojos del poli la siguieron con lujuriosa hambre y adoración.
V sacudió la cabeza.
—Eres un tonto de remate.
—Hombre, si antes creía que la amaba…
—Los asuntos del macho emparejado son una mierda poderosa —V le quitó la toalla a Butch y lo empujó debajo del agua—. O eso he oído.
—Ow —Butch miró hacia arriba, al rociador—. No me gusta esto.
—Sentirás la piel extra sensible por una semana más o menos. Grita si me necesitas.
V estaba a medio camino por el corredor cuando escuchó un grito. Salió corriendo de regreso, metiéndose por la puerta.
—¿Qué? Que…
—¡Me estoy quedando pelado!
V apartó la cortina de baño y frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando? Todavía tienes tu cabello…
—¡No en mi cabeza! ¡Mi cuerpo, idiota! ¡Me estoy quedando pelado!
Vishous miró hacia abajo. El torso y piernas de Butch estaban dejando caer un tropel de oscuro vello marrón que se arremolinaba en el desagüe.
V comenzó a reír.
—Míralo de esta forma. Al menos no tendrás que preocuparte acerca de afeitarte la espalda cuando envejezcas, ¿verdad? Nada de depilaciones para ti.
No se sorprendió cuando una barra de jabón vino volando en su dirección.


CAPÍTULO 41


Fue una semana más tarde que Van aprendió algo importante sobre si mismo.
Su humanidad había desaparecido.
Mientras un gemido hacía eco a través del sótano vacío, recorrió con la mirada al vampiro civil que estaba atado a la mesa. El Sr. X le estaba dando una paliza a eso y Van observaba. Como si no fuera nada más que alguien cortándose el cabello.
Debería haber pensado que estaba mal. En todos sus años como boxeador, había inflingido mucho dolor a sus oponentes pero había evitado lastimar al inocente y despreciaba a la gente que iba tras el débil. ¿Ahora? Su única reacción hacia esa infame crueldad era de disgusto… porque no estaba funcionando. La única cosa que supieron sobre O’Neal era que un humano encajaba en la descripción del hombre que había sido visto entre machos sospechosos de ser Hermanos en algunos de los clubes del centro… el Screamer y el ZeroSum concretamente. Pero eso ya lo sabían.
Empezaba a sospechar que en ese momento el Fore-lesser estaba resolviendo sus frustraciones. Lo cual era una pérdida de tiempo. Van quería ir tras los vampiros, no jugar a estrategias de despacho en una escena como ésta.
Salvo que, carajo, no era como si hubiera intentado matar todavía a uno de esos chupasangres. Gracias al Sr. X que lo mantenía fuera de la cancha, todo lo que había obtenido desde que se unió a la Sociedad Lessening era a otros estrafalarios lessers. Cada día, el Sr. X lo alineaba contra otro. Y cada día, Van golpeaba a su oponente hasta la sumisión, luego apuñalaba al tipo. Y cada día, el Sr. X lo provocaba más y más. Era como si Van decepcionara al Fore-lesser, aunque con un registro de siete a cero, era difícil de resolver exactamente cómo.
Cuando los sonidos balbuceantes fluyeron por encima del aire perfumado en sangre, Van maldijo por lo bajo.
—¿Te estoy aburriendo? —dijo bruscamente el Sr. X.
—De ningún modo. Esto es realmente magnífico de ver.
Hubo un corto silencio. Luego un siseo asqueado.
—No seas tan superficial.
—Qué diablos. Soy un boxeador, amigo. No estoy metido en esta mierda de tortura, especialmente cuando no nos conduce a nada.
Esos ojos pálidos y sin vida ardieron.
—Entonces ve a patrullar con alguno de los otros. Porque si tengo que verte mucho más vas a encontrarte en esta mesa.
—Por fin —Van se dirigió a las escaleras.
Cuando la bota de combate golpeó el primer escalón, el Sr. X escupió.
—Tu débil estómago es una gran vergüenza.
—Mis agallas no son el problema, confía en mi —respondió Van.

Butch bajó de la cinta de correr del gimnasio y se secó el sudor de la cara con la camiseta. Había corrido unas once millas. En cincuenta minutos. Lo cual equivalía a un ritmo promedio de cinco minutos por milla. Increíble.
—¿Cómo te sientes? —preguntó V desde el banco de pesas.
—Como Lee hijodeputa Majors.
Hubo un sonido metálico cuando casi setecientas libras se pararon en su sitio.
El Hombre de los Seis Millones de Dólares tus referencias delatan tu edad, poli.
—Crecí en los setenta. Demándame —Butch sorbió un poco de agua, entonces miró hacia la entrada un instante. Se quedó sin aliento, y una fracción de segundo más tarde Marissa entró.
Dios, estaba magnífica en pantalones de vestir negros y una chaqueta de color crema, formal pero femenina. Y sus pálidos ojos centelleando a través de la habitación.
—Pensé en venir antes de salir esta noche —dijo ella.
—Me alegro de que lo hicieras, cariño —se secó lo mejor que pudo con la toalla mientras iba hacia ella, pero no pareció importarle que estuviera acalorado y sudoroso. En absoluto. Le ahuecó la barbilla con la palma de la mano cuando él se inclinó y le dijo hola contra la boca.
—Te ves bien —susurró, recorriendo con la mano a lo largo del cuello y sobre sus desnudos pectorales. Trazó su cruz con dedos ligeros—. Muy bien.
—Sí —sonrió mientras se endurecía dentro de sus pantalones de correr, recordando cómo una hora y media antes la había despertado estando en su interior—. Bueno, no tan bien como tú.
—Podría discutirte eso —siseó cuando dio un paso hacia él.
Con un gruñido, dibujó en su mente el plano del centro de entrenamiento, tratando de averiguar dónde podrían desaparecer durante diez minutos. Um... sip, había una clase cercana con un buena cerradura en la puerta. Perfecto.
Miró hacia V, para lanzarle a su compañero de habitación un regresaré, cuando se sorprendió al encontrar al hermano mirándolos fijamente, los párpados entrecerrados, expresión ilegible. Vishous apartó la mirada rápidamente.
—Bien, tengo que irme —dijo Marissa, dando un paso atrás—. Gran noche.
—¿No puedes quedarte un poquito más? ¿Cinco minutos, tal vez?
—Me gustaría, pero… no.
Espera un minuto, pensó. Había algo distinto sobre la manera en que lo miraba. De hecho, los ojos de ella estaban fijos a un lado de su cuello y con la boca ligeramente abierta. Entonces la lengua recorrió rápidamente el labio inferior, como si estuviera saboreando algo bueno. O quizás queriendo saborear algo.
Una descarada y desenfrenada lujuria lo atravesó.
—¿Cariño? —dijo toscamente—. ¿Necesitas algo de mí?
—Sí… —se puso de puntillas y habló en su oreja—. Te di demasiado cuando experimentabas la transición así que estoy un poco débil. Necesito tu vena.
Caramba… lo que había estado esperando desde siempre. La oportunidad de alimentarla.
Butch la agarró por la cintura, levantando sus pies del suelo, y la llevó hacia la puerta como si la sala de pesas estuviera en llamas.
—Todavía no, Butch —se rió—. Ponme en el suelo. Apenas hace una semana estabas K.O.
—No.
—Butch, bájame.
Su cuerpo obedeció la orden, si bien su mente quería discutir.
—¿Cuánto tiempo más?
—Pronto.
—Estoy fuerte ahora.
—Puedo esperar un par de días. Y es mejor si lo hacemos.
Lo besó y miró el reloj. El que llevaba era el favorito de su colección, el Patek Philippe con la correa negra de caimán. Amaba la idea de que ella lo tuviera adonde quiera que fuera.
—Estaré en el Lugar Seguro toda la noche —dijo ella—. Tenemos a una nueva hembra y dos bebés por llegar, y quiero estar allí cuando se registren. También voy a convocar mi primera reunión de equipo. Mary va a venir y vamos a hacerlo juntas. Así es que no regresaré hasta el amanecer.
—Estaré aquí —la atrapó mientras se marchaba y la volteó de nuevo a sus brazos—. Ten cuidado allí fuera.
—Lo tendré.
La besó profundamente, abrazando su cuerpo esbelto. Hombre, no podría esperar a que  regresara. Y la añoró desde el momento en que se fue.
—Estoy completamente embobado —dijo mientras se cerraba la puerta.
—Te lo dije —V se levantó del banco de pesas y recogió un par de pesas de mano de una pila—. Los varones vinculados son un caso.
Butch negó con la cabeza y trató de concentrarse en lo que quería llevar a cabo en el gimnasio esa noche. Durante los últimos días, mientras Marissa iba a su nuevo trabajo, permanecía en el complejo, trabajando la manera de manejar su nuevo cuerpo. La curva de aprendizaje fue creciente. Al principio, tuvo que resolver las funciones más sencillas, por ejemplo, cómo comer o cómo escribir. Ahora, trataba de conseguir detectar sus límites físicos para ver cuando... si... se rompería. Las buenas noticias eran, hasta ahora, todo marchaba. Bien, casi todo. Una de sus manos estaba un poco fastidiada, aunque no era nada serio.
Y los colmillos eran fabulosos.
Así también como la fuerza y la resistencia que tenía ahora. No importaba cuan lejos o cuan duro se presionara en el gimnasio, su cuerpo aceptaba el castigo y respondía con creces. En las comidas, se alimentaba como Rhage y Z, asimilando unas cinco mil calorías cada veinticuatro horas... e incluso así, siempre tenía hambre. Lo cual tenía sentido. Estaba atestado de músculos como si se inyectara esteroides.
Quedaban dos cuestiones dudosas. ¿Se podría desmaterializar? ¿Podría manejarse bajo la luz del sol? V había sugerido aparcarlas durante más o menos un mes, y eso estaba bien. Ahora mismo tenía bastantes cosas por las que preocuparse.
—¿No vas a dejarlo? —preguntó V mientras mejoraba las series de bíceps que estaba haciendo. El peso en cada una de sus manos era probablemente de doscientos setenta y cinco.
Butch podía también levantar ese peso ahora.
—Nop, todavía tengo zumo que exprimir —fue hacia una máquina elíptica y siguió con el estiramiento de piernas.
Hombre, sobre el tópico del zumo... estaba totalmente y completamente obsesionado sexualmente. Todo el tiempo. Marissa se había mudado a su dormitorio en el Pit y no podía sacar las manos de encima de ella. Se sentía fatal por eso, y trató de esconder la necesidad pero invariablemente ella sabía cuando la deseaba y nunca lo rechazó, incluso si solo era para darle placer a él.
Realmente parecía gustarle el control sexual que ejercía sobre él. Y a él también.
Dios, estaba duro otra vez. Todo lo que tenía que hacer era pensar en ella y estaba preparado incluso aunque ese día ya se hubiera aliviado cuatro o cinco veces. Y la cosa era, que hacerle el amor lo conducía a tal placer que no era sólo por necesitar un alivio. Era todo sobre ella. Deseaba estar con ella, dentro de ella, a su alrededor: no era sexo por sexo...bueno...hacer el amor. Con ella.
Hombre, era un pedazo de bobo.
Pero, demonios, ¿por qué debería oponerse? Había sido la mejor semana en toda su miserable vida. Él y Marissa estaban bien juntos… y no sólo en la cama. Además de entrenarse en el gimnasio, dedicaba mucho tiempo a ayudarla en los proyectos de servicios sociales, y los objetivos comunes los habían unido.
El Lugar Seguro, como ella llamaba a la casa, estaba a punto de empezar a funcionar. V la había conectado al Colonial pero, bueno, aunque todavía quedaba mucho por hacer, al menos podían empezar a aceptar gente en serio. Por ahora sólo estaban la madre y la niña con la pierna enyesada, pero parecía que llegarían bastantes más.
Hombre, durante todos, todos los cambios, todas las nuevas cosas, todos los retos, Marissa fue asombrosa. Capaz. Compasiva. Había decidido que su naturaleza vampira, esa parte de él previamente sepultada, había elegido a su pareja muy sabiamente.
Aunque todavía se sentía algo culpable por aparearse con ella. Continuaba pensando sobre todo en lo que ella había dejado atrás… su hermano, su antigua vida, y toda esa porquería extravagante de la glymera. Siempre se había sentido como un huérfano tras dejar atrás a su familia y donde había crecido, y no quería eso para ella. Pero no la iba a dejar escapar.
Con un poco de suerte, podrían finalizar pronto la ceremonia de apareamiento. V le había dicho que no sería una buena idea cortarle durante la primera semana, lo cual estaba bien, pero iban a hacer la talla tan pronto como fuera posible. Y entonces él y Marissa iban a caminar también por el pasillo camino al altar.
Lo gracioso era que, empezó a ir semanalmente a Misa de medianoche con regularidad. Llevando su gorra de los Sox, y manteniendo la cabeza gacha, se sentó en la parte posterior de Nuestra Señora y permaneció como si se reuniera con Dios y la Iglesia. Los servicios lo aliviaban enormemente, de una forma que nada más podría.
Porque la oscuridad todavía estaba en él. No estaba sólo en su piel.
En su interior había una sombra, algo que acechaba entre los espacios de sus costillas y los discos de su columna. Lo sentía siempre por allí, moviéndose por allí, paseando, observando. A veces, de hecho, miraba por sus ojos, y ahí era cuando se temía a sí mismo más que a nada.
Pero ir a la iglesia ayudaba. Le gustaba pensar que la bondad en el aire se filtraba en él. Le gustaba creer que Dios le escuchaba. Necesitaba saber que allí había una fuerza exterior que le ayudaría a permanecer en contacto con su humanidad y su alma. Porque sin eso estaría muerto aunque su corazón todavía latiera.
—¡Hey, poli!
Sin perder el paso en el elíptico, Butch miró hacia la puerta de la sala de pesas. Phury estaba de pie en ella, ese asombroso cabello brillante, rojo, amarillo y castaño bajo las luces fluorescentes.
—¿Qué hay, Phury?
El hermano entró, su cojera casi ni se notaba.
—Wrath quiere que vayas a nuestra reunión esta noche antes de que salgamos.
Butch miró a V. Quien meticulosamente se levantaba manteniendo los ojos en las colchonetas.
—¿Para qué?
—Sólo te quiere allí.
—Ok.
Tras la salida de Phury, dijo.
—V, ¿sabes de qué va esto?
Su compañero se encogió de hombros.
—Sólo ve a las reuniones.
—¿Reuniones? ¿Cada noche?
Vishous continuó haciendo pesas, la red de venas de sus bíceps sobresalían enormemente bajo todo ese peso.
—Sip. Cada noche.

Tres horas más tarde, Butch y Rhage se dirigieron al Escalade… y Butch se preguntó qué demonios estaba pasando. Estaba completamente arropado en una chaqueta negra de piel con una Glock bajo cada brazo y un cuchillo de caza de ocho pulgadas en su cadera.
Iba a iniciarse en la noche como luchador.
Era simplemente una prueba y debía hablar con Marissa, pero él quería que esto funcionara. Quería... sip, quería pelear. Y los hermanos lo querían también. El grupo lo había conversado, especialmente habían hablado acerca de la mierda sobre su lado oscuro. El meollo era de lo que él era capaz y quería matar lessers, y la Hermandad necesitaba más soldados de su lado en la guerra. Así es que iba a intentarlo.
Mientras Rhage conducía hacia el centro, Butch miraba por la ventana, deseando que V hubiera salido esa noche. Le hubiera gustado que su compañero estuviera con él en su viaje inaugural, aunque al menos Vishous no tomaba parte porque era su turno de descanso en el horario de rotación, no porque hubiera perdido el control. Demonios, V parecía haber mejorado en el asunto de los sueños; no había habido más gritos en mitad del día.
—¿Estás listo para salir al campo? —preguntó Rhage.
—Sip —de hecho, su cuerpo estaba ansioso de ser utilizado, y utilizado específicamente para esto, en el combate.
Unos quince minutos después, Rhage aparcó en la parte de atrás del Screamer. Mientras salían e iban hacia la calle Décima, Butch se detuvo a medio camino del callejón y se volvió hacia un lado del edificio.
—¿Butch?
Golpeado por un sentimiento de su propia historia, extendió la mano y tocó una vez más el ennegrecido diseño del estallido de la bomba donde el coche de Darius había explotado. Sip… todo había empezado allí el pasado verano... en ese lugar. Y mientras palpaba los rasposos y húmedos ladrillos bajo su palma, sabía que el verdadero comienzo era ahora. Su verdadera naturaleza se le revelaba ahora. Él era lo que necesitaba ser… ahora.
—¿Estás bien, amigo mío?
—De regreso al punto de partida, Hollywood —replicó a su amigo—. El punto de partida —cuando el hermano le soltó un Eh, ¿Qué? Butch sonrió y empezó a caminar otra vez.
—Así que ¿cómo funciona normalmente? —dijo, mientras entraba en la Décima.
—En una noche normal, cubrimos un radio de veinticinco bloques dos veces. Realmente patrullamos. Los lessers nos buscan, nosotros los buscamos a ellos. Nos peleamos tan pronto como nos…
Butch se detuvo y su cabeza dio vueltas alrededor, el labio superior se curvó mostrando sus exorbitantes nuevos colmillos.
—Rhage —dijo en voz baja.
El hermano dejó escapar una suave risa de satisfacción.
—¿Dónde están, poli?
Butch empezó la caza hacia la señal que había captado, mientras proseguía, sintió la fuerza cruda de su cuerpo. La maldita cosa era como un coche con las prestaciones de un motor en él, ya no un Ford si no un Ferrari. Y lo dejó en libertad mientras pateaban la oscura calle con Rhage siguiéndolo de cerca, ambos moviéndose sincronizados.
Ambos moviéndose como asesinos.
Seis bloques más allá encontraron a tres lessers charlando en un callejón. Como una unidad, las cabezas de los asesinos se volvieron y el nuevo Butch clavó la mirada en ellos, sintiendo esa horrible llamarada de reconocimiento. El contacto era inamovible, marcado por el temor de su parte y la confusión en la de ellos: Parecieron reconocer que él era ambas cosas uno de ellos y un vampiro.
En la oscuridad del sucio callejón, la batalla floreció como una tormenta de verano, la violencia fusionándose, luego estallaron los puñetazos y las patadas. Butch soportaba los golpes en la cabeza y en el cuerpo ignorándolos completamente. Nada dolía lo suficientemente fuerte para importarle, como si su piel fuera una armadura y sus músculos fueran de acero.
Finalmente, golpeó duramente a uno de los asesinos derribándolo en el suelo, se montó a horcajadas sobre la cosa, y alcanzó el cuchillo de su cadera. Pero entonces se detuvo, abrumado por una necesidad contra la que él no podía pelear. Dejando la hoja donde estaba, se inclinó hacia abajo, cara a cara, tomando el control con su mirada. Los ojos del lesser saltaron de terror cuando se abrió la boca de Butch.
La voz de Rhage vino hacia él desde una vasta distancia.
—¿Butch? ¿Qué estás haciendo? Tengo a los otros dos, todo lo que tienes que hacer es apuñalar esa cosa. ¿Butch? Apuñálalo.
Butch simplemente planeó sobre los labios del lesser, sintiendo una oleada de poder que no tenía nada que ver con su cuerpo y todo con su parte oscura. Empezó lentamente, una inspiración casi gentil… y el aliento duró una eternidad, una constante atracción que crecía en fuerza hasta que la negrura pasó del lesser a él, la transferencia de la verdadera esencia del mal, la misma naturaleza del Omega. Cuando Butch se tragó el vil torrente negro y lo sintió ubicándose en su sangre y huesos, el lesser se disolvió en una niebla gris.
¿Qué diablos? —habló en voz baja Rhage.
Van dejó de correr en la entrada del callejón, siguiendo un instinto que le decía que se fundiera en las sombras. Había venido preparado para pelear, llamado por un asesino el cual le dijo algo de un cuerpo a cuerpo con dos Hermanos. Pero cuando él llegó en ese momento, vio algo que sabía no era normal.
Un enorme vampiro estaba encima de un lesser, los dos quietos mirándose fijamente cuando él… mierda, succionó al asesino a la nada.
Mientras las cenizas caían planeando sobre el sucio pavimento, el Hermano rubio de la escena dijo.
—¿Qué diablos?
En ese momento, el vampiro que había efectuado la absorción levantó la cabeza y miró hacia abajo en el callejón directamente a Van, si bien la oscuridad tendría que haber escondido su presencia.
Santa mierda… era el que estaban buscando. El poli. Van había visto fotos del tipo en Internet en esos artículos de CCJ[1]. Excepto que entonces era humano y ahora segurísimo que no lo era.
—Hay otro —dijo el vampiro con una voz ronca y entrecortada. Levantó el brazo débilmente y señaló hacia Van—. Exactamente allí.
Van empezó a correr, para no acabar hecho cenizas.
Era precisamente el momento de encontrar al Sr. X y contarle esto.



[1] Caldwell Courier Journal: El periódico en el que trabajaba Beth.


CAPÍTULO 42

A media milla de distancia, en el ático de la parte alta del río, Vishous recogió una botella fría de Grey Goose y la abrió. Cuando se sirvió otro vaso de vodka, miró el par de botellas de litro vacías que había sobre la barra.
Esas botellas iban a conseguir una amiga. Realmente pronto.
Mientras la música golpeaba, tomó su vaso de cristal y el Goose recién abierto y caminó hacia la puerta corrediza de cristal. Con la mente, liberó la cerradura y empujó el vidrio.
Una fría ráfaga lo golpeó y él se rió del estremecimiento cuando dio un paso hacia fuera, inspeccionó el cielo de la noche y dio un buen trago.
Era un mentiroso muy bueno. Uno muy bueno.
Todos pensaban que estaba bien porque había camuflado sus pequeños problemas.
Llevaba la gorra de los Sox para ocultar el tic de su ojo. Ponía la alarme del reloj de pulsera para que sonara cada media hora para evitar la pesadilla. Comía aunque no tuviera hambre. Reía aunque no lo encontrara nada gracioso.
Y siempre fumaba como una chimenea.
Había llegado tan lejos como para mentirle categóricamente en la cara a Wrath. Cuando el Rey le había preguntado como estaba, V había mirado al Hermano directamente a la cara y le había dicho, con voz pensativa, reflexiva, que aunque seguía “luchando” contra el sueño, la pesadilla se había “ido” y que se sentía “mucho más estable”.
Sandeces. Era un cristal con un millón de grietas. Todo lo que necesitaba era un suave golpecito y se rompería.
El potencial de esa fractura no se debía solamente a su carencia de visiones o a su sueño dividido en doce tramos. Seguro, toda esa mierda lo hacía peor, pero sabía que igualmente se sentiría de la misma forma incluso si no tuviera esa sobrecarga.
Ver a Butch con Marissa lo mataba.
Demonios, V no enviada su felicidad o algo así. Estaba malditamente contento de que todo se hubiera resuelto para la pareja y hasta comenzaba a querer a Marissa un poco. Sólo que le dolía estar a su alrededor.
La cosa era… aunque esto fuera totalmente inadecuado y le diera escalofríos, que pensaba en Butch como… suyo. Había traído a ese hombre a su mundo. Había vivido con él durante meses. Había salido para salvar al tipo después de que los lessers le destrozasen. Y lo había curado.
Y habían sido sus manos las que lo habían convertido.
Con una maldición, Vishous serpenteó el camino sobre el muro de cuatro pies de alto que recorría la forma de la terraza del ático. La botella de Goose hizo un pequeño ruido chirriante cuando la dejó y él se balanceó cuando se llevó el vaso hasta la boca. Oh… espera, necesitaba otra recarga. Cogió el vodka y derramó un poco mientras se lo servía.
Otra vez oyó el ruido chirriante cuando ponía el Goose de regreso sobre el borde.
Se lo bebió de un trago, luego se inclinó y miró hacia la calle treinta pisos por debajo. El vértigo lo agarró por la cabeza y lo sacudió hasta que el mundo dio vueltas y giró en espiral, y a partir del rotante revoltijo finalmente encontró el término que describía su sufrimiento particular. Tenía el corazón destrozado.
Mierda… qué lío.
Con una ausencia total de alegría, se rió de sí mismo, un sonido duro que era absorbido por las rágafas  glaciales del viento de marzo.
Puso un pie desnudo sobre la fría piedra. Cuando extendió el brazo para estabilizarse, echó una mirada hacia abajo, a la mano sin guante. Y se congeló por el terror.
—Oh… Jesús… no

El Sr. X miró fijamente a Van. Entonces movió la cabeza despacio.
 —¿Qué ha dicho?
Los dos estaban de pie en una sombra de la esquina de Commerce y Fourth Street y el Sr. X estaba muy contento de que estuvieran solos. Porque no podía creer lo que oía y no quería parecer demasiado atontado delante de cualquiera de los otros.
El hombre se encogió.
—Es un vampiro. Se ve como uno. Actúa como uno. Y me reconoció inmediatamente, aunque no tengo ni idea de cómo me vio. ¿Pero el asesino que mató? Mire, fue de lo más extraño. El tipo sólo….se evaporó. Nada como lo que pasa cuando apuñalan a uno de nosotros. Y el Hermano rubio se sobresaltó. ¿Pasan esta clase de cosas a menudo? —. Nada de eso pasaba a menudo. Sobre todo la parte sobre un tipo que había sido humano, pero ahora al parecer tenía colmillos. Aquella mierda iba en contra de la naturaleza, igual que la rutina de la inhalación.
—¿Y le dejaron marchar sin más? —Dijo el Sr. X.
—El rubio estaba preocupado por su compañero.
Lealtad. Cristo. Siempre lealtad con esos Hermanos. —¿Notó algo sobre O’Neal? ¿Algo aparte de que pareciera haber experimentado el cambio?
Tal vez sólo era que Van se había confundido.
—Um…tenía la mano jodida. Algo estaba mal con eso.
El Sr. X sintió que un temblor lo atravesaba, su cuerpo era como una campana que había sido golpeada. Mantuvo la voz deliberadamente tranquila. —¿Qué estaba mal exactamente?
El hombre movió la mano y dobló el dedo meñique que tenía apretado contra la palma.
—Es una pequeña inclinación como esta. El meñique estaba tieso y se dobló, como si no pudiera moverlo.
—¿Qué mano?
—Ah….la derecha. Sí, la derecha.
Aturdido, el Sr. X se apoyó hacia atrás contra el edificio de las tintorerías Valu-rite. Y la profecía le vino:

Habrá uno que traerá el fin antes que el maestro,
un guerrero de tiempos modernos encontrado en el séptimo del
veintiuno,
y será conocido por los números que porta:
Uno más que el compás apercibe
aunque solo cuatro puntos ha de marcar con su derecha,
tres vidas tiene
dos señales en su parte delantera,
y con un solo ojo negro, en un pozo el será
nacido y muerto

La piel del Sr. X se tensó por todas partes. Mierda. Mierda.
Si O’Neal podía percibir a los lessers, tal vez significaba que ese era el “uno más” que podía apercibir más que la brújula. Y la cuestión de la mano encajaba si no podía señalar con el dedo meñique. Pero en cuanto a la cicatriz… Espera… la entrada donde El Omega había colocado una parte suya en O’Neal… si incluías su ombligo ahí tenías las dos señales en la parte delantera. Y tal vez la cicatriz negra que había dejado era el ojo que se mencionaba en los Pergaminos. En cuanto a nacer y morir, O’Neal había nacido en Caldwell como un vampiro y probablemente también encontraría la muerte aquí en algún punto.
La ecuación sumaba, pero el verdadero golpe no eran las matemáticas. No había habido nadie, pero nadie, que nunca hubiera escuchado que a un lesser lo mataran de esa forma.
El Sr. X se concentró en el tipo, la comprensión deslizándose en su lugar y reordenándolo todo.
—Usted no es el elegido.

—Deberías haberme dejado —dijo Butch cuando él y Rhage estacionaron fuera del edificio de V—. Abandonarme e irte tras el otro lesser.
—Sí, vale. Parecías un asesino de carreteras y venían más asesinos en camino, te lo garantizo. —Rhage negó con la cabeza cuando los dos salieron del coche—. ¿Quieres que te lleve arriba? Aún luces ese resplandor especial de ardilla muerta.
—Sí, lo que sea. Regresa ahí afuera y lucha con esos jodidos.
—Me encanta cuando te pones duro conmigo. —Rhage sonrió un poco, luego se puso serio—. Escucha, sobre qué pasó…
—Es por eso que voy a hablar con V.
—Bien. V lo sabe todo. —Rhage puso las llaves del Escalade sobre la mano de Butch y le dio un apretón en el hombro—. Llámame si me necesitas.
Después de que el hermano desapareció en el aire, Butch entró en el vestíbulo, saludando con la mano al guardia de seguridad y cogió el ascensor. La subida pareció eterna y pasó el tiempo sintiendo que el mal estaba en sus venas. Su sangre estaba negra otra vez. Lo sabía. Y apestaba a jodido talco de bebé.
Cuando salió, pareciendo un leproso, escuchó la música tronando. Chicken N Beer  de Ludacris estaba en todas partes.
Golpeó la puerta. —¿V?
No contestaba. Infiernos. Ya había entrado sin permiso del Hermano una vez…
Por alguna razón, la puerta hizo clic y se abrió media pulgada. Butch empujó abriéndola más, cada instinto de poli le avisaba mientras el rap sonaba más fuerte.
—¿Vishous? —Mientras caminaba hacia el interior, una fría brisa pasó como un relámpago por el ático, pasando a través de la puerta corrediza. —Hey…¿V?
Butch echó un vistazo a la barra. Había dos botellas vacías de Goose y tres gorras sobre el mostrador de mármol. Evidentemente se había dedicado a agarrarse una buena borrachera.
Se dirigió hacia la terraza, esperando encontrar a V desmayado sobre una tumbona.
En cambio, Butch se encontró diciendo una gran cantidad de El cielo nos ayude: Vishous estaba sobre el muro que recorría los alrededores del edificio, desnudo, balanceándose con el viento y… brillando por todas partes.
—Jesucristo… V.
El hermano se giró, luego estiró sus amplios brazos radiantes. Con una sonrisa enloquecida, dio una vuelta despacio, trazando un círculo. —Agradable, ¿huh? Ahora me cubre entero. —Levantó una botella de Goose hacia los labios y dio un largo trago—. ¡Eh! ¿Piensas que querrán atarme y tatuar cada pulgada de mi piel ahora?
Butch cruzó despacio la terraza. —V, hombre… que tal si te bajamos de ahí.
—¿Por qué? Apuesto a que soy lo suficientemente listo como para volar. —V echó un vistazo a la altura de treinta pisos. Mientras se mecía hacia delante y hacia atrás con el viento, su cuerpo iluminado era sorprendentemente hermoso—. Sí, soy tan jodidamente listo que puedo vencer a la gravedad. ¿Quieres verlo?
—V… ¾Mierda¾. V, colega, baja de ahí.
Vishous lo miró y pareció que se despejaba bruscamente, sus cejas encontrándose en el medio. —Hueles como un lesser, compañero de habitación.
—Lo sé.
—¿Y eso?
—Te lo diré si bajas.
—Sobornos, sobornos… —V tomó otro trago de Goose—. No quiero bajar, Butch. Quiero volar… volar lejos. —Inclinó la cabeza hacia el cielo y se balanceó….entonces agarró la botella columpiándola. —Oops. Casi se cae.
—Vishous… Jesucristo
—Así que, poli… El Omega vuelve a estar en ti. Y tu sangre se volvió negra dentro de tus venas. —V se retiró el cabello de los ojos, enseñando el tatuaje de su sien, iluminado por detrás por la incandescencia de su piel—. Y aún así no eres intrínsecamente malo. ¿Cómo fue que lo dijo ella? Ah… sí… el asiento del mal está en el alma. Y tú… tú, Butch O’Neal, tienes un alma buena. Mejor que la mía.
—Vishous, baja. Ahora mismo…
—Me gustas poli. Desde el momento en que te conocí. No…no en el primer momento. Quería matarte cuando te conocí. Pero después me gustaste. Mucho. —Dios, la expresión de V no era nada que Butch le hubiera visto nunca antes… triste… cariñoso… pero sobre todo… anhelante—. Te vi con ella, Butch. Miré… como le hacías el amor.
—¿Qué?
—Marissa. Te vi, encima de ella, en la clínica. —V movió rápidamente la incandescente mano hacia delante y hacia atrás en el aire—. Estuvo mal, lo sé, y lo siento mucho… pero no podía dejar de mirar. Se veían tan hermosos los dos juntos y yo quería eso… mierda, lo que fuera. Quería sentir eso. Sí, solamente una vez… quería saber lo que era tener sexo normal, sentir algo por la persona con la que estas—. Se rió en una explosión horrible—. Bien, lo que quiero no es exactamente normal ¿verdad? ¿Vas a perdonar mi perversión? ¿Perdonarás mi embarazosa y vergonzosa depravación? Joder… cómo nos estoy degradando a ambos…
Butch estaba preparado para decir absolutamente cualquier cosa que lograra bajar a su amigo de aquella cornisa, pero sentía que V estaba verdaderamente horrorizado consigo mismo, lo cual era innecesario. No se podía controlar lo que uno sentía y Butch no se sentía amenazado por la revelación. De algún modo tampoco se sentía sorprendido.
—V, colega, estamos bien. Tú y yo… nosotros estamos bien.
V perdió esa expresión de anhelo, la cara se convirtió en una fría máscara que era completamente espantosa dada la situación. —Tú eras el único amigo que tenía. —Más de aquella espantosa risa—. Incluso aunque tenía a mis hermanos, eras el único que estaba cerca. No me relaciono bien, sabes. Aunque, contigo fue diferente.
—V, es lo mismo para mí. Pero podríamos bajarte…
—Y no te parecías a los otros, nunca te preocupó que fuera diferente. Los otros… me odiaban porque yo era diferente. No es que esto importe. Están todos muertos ahora. Muertos, muertos…
Butch no tenía ni idea de que mierda estaba hablando V, pero el contenido no importaba. El problema era que estaba hablando en pasado.
—Todavía soy tu amigo. Siempre seré tu amigo.
—Siempre… graciosa palabra, siempre. —V comenzó a doblar las rodillas, apenas manteniendo el equilibrio cuando se agachó.
Butch avanzó.
—No, no lo hagas, poli. Detente allí —V bajó la botella de vodka y trazó ligeramente el cuello de la misma con las yemas de los dedos—. Esta mierda cuida muy bien de mí.
—¿Por qué no lo compartimos?
—Nop. Pero puedes beberte lo que deje. —Los ojos diamantinos de Vishous se alzaron y el de la izquierda se dilató hasta que se comió por completo la parte blanca. Hubo una pausa, entonces V se rió—. Sabes, no puedo ver nada… incluso cuando me abro, incluso cuando me ofrezco para ello, estoy ciego. Estoy impedido de ver el futuro. —Echó un vistazo a su cuerpo—. Pero todavía soy una jodida lamparilla. Me parezco a una de esas lámparas horteras ¿sabes?, la clase brillante que enchufarías a la pared
—V…
—Eres un buen irlandés, ¿verdad? —Cuando Butch asintió, V dijo—. Irlandés, irlandés….déjame pensar. Sí… —Los ojos de Vishous se serenaron y con una voz enronquecida, dijo—. Que el camino te encuentre. Que el viento te de siempre en la espalda. Que el sol brille tibio sobre tu rostro y la lluvia caiga suavemente sobre tus campos. Y… mi amigo más querido… hasta que nos volvamos a encontrar otra vez que el Señor te sostenga sobre la palma de Su mano.
Con un poderoso impulso, V saltó hacia atrás fuera de la cornisa, hacia el aire.
 

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