sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 43 44 45

CAPÍTULO 43


—John, tengo que hablar contigo.
John alzó la vista de la silla de Tohr cuando Wrath entró y cerró la puerta del estudio. Guiándose por lo siniestro que se veía el Rey esto debía ser muy serio, fuera lo que fuera.
Dejando de lado su lección de la Vieja Lengua, John se abrazó a si mismo. Oh, Dios, ¿y si fueran las noticias que había temido oír cada día durante los últimos tres meses?
Wrath llegó al escritorio y movió el trono, de forma que enfrentara a John. Se sentó y respiró hondo.
Sí, eso es. Tohr ha muerto y han encontrado el cuerpo.
Wrath frunció el ceño. —Puedo oler tu miedo y tristeza, hijo. Y puedo entender ambos, considerando la situación. El entierro va a ser en tres días.
John tragó y se envolvió los hombros con los brazos, sintiendo que un negro remolino giraba alrededor de él y llevándose el mundo con él.
—La familia de tu compañero de clase ha solicitado que todos los estudiantes estuvieran presentes.
John sacudió la cabeza. ¿Qué? Articuló.
—Tu compañero de clase, Hhurt. No logró pasar por el cambio. Murió anoche.
¿Entonces Tohr no estaba muerto?
John luchó para salir de un pozo, sólo para encontrarse mirando por el borde de otro. ¿Uno de los estudiantes había muerto en el cambio?
—Pensé que ya lo habías oído.
John sacudió la cabeza e imaginó a Hhurt. No conocía muy bien al tipo, pero igual.
—A veces pasa, John. Pero no quiero que te preocupes por ello. Vamos a cuidarte bien.
¿Alguien había muerto durante la transición? Mierda
Hubo un largo silencio. Entonces Wrath apoyó los codos en sus rodillas y se inclinó hacia él. Cuando el brillante cabello negro resbaló sobre su hombro, le acarició los muslos cubiertos de cuero. —Escucha, John, tenemos que comenzar a pensar en quién estará allí para cuando pases por el cambio. Ya sabes, quién te alimentará.
John pensó en Sarelle, a quien los lessers se habían llevado junto con Wellsie. Sintió que se le oprimía el corazón. Supuestamente ella habría sido la que usara.
—Podemos hacer esto de dos formas, hijo. Podemos tratar de recurrir a alguien del exterior. Bella conoce a algunas familias que tienen hijas y una de ellas, demonios…, una de ellas hasta podría ser incluso una buena compañera para ti. —Cuando el cuerpo de John se tensó, Wrath dijo—. Tengo que ser sincero, no estoy muy de acuerdo con esa solución. Podría ser difícil conseguirte a alguien de afuera a tiempo. Fritz tendría que recogerla, y los minutos cuentan cuando está llegando el cambio. Pero si tú lo deseas…
John puso la mano sobre el antebrazo tatuado de Wrath y sacudió la cabeza. No sabía cuál era la otra opción, pero estaba absolutamente seguro de que no quería tener cerca a una hembra disponible. Por señas, afirmó. Ninguna compañera. ¿Cuál es mi otra opción?
—Podríamos hacer que usaras a una Elegida.
John inclinó la cabeza a un lado.
—Son el círculo de hembras más cercano a la Virgen Escriba y viven al otro lado. Rhage usa una, Layla, para alimentarse porque no puede vivir de la sangre de Mary. Layla es segura y nosotros podemos tenerla aquí en un parpadeo.
John dio un toque al antebrazo de Wrath y asintió con la cabeza.
—¿Quieres usarla?
Sí, quienquiera que fuera.
—Ok. Bien. Buena elección, hijo. Su sangre es muy pura y eso ayudará.
John se recostó en la silla de Tohr, oyendo como el viejo cuero crujía débilmente. Pensó en Blaylock y Butch, quienes habían sobrevivido al cambio… pensó sobre todo en Butch. El poli era tan feliz ahora. Y grande. Y fuerte.
La transición merecía el riesgo, se dijo John. Además de eso, ¿que otra opción tenía?
Wrath continuó.
—Iré a solicitar la anuencia de las Elegidas, pero es sólo una formalidad. Es gracioso, este era el modo en que solía hacerse, los guerreros eran traídos a su poder por esas hembras. Mierda, van a estar encantadas. —Wrath se pasó una mano por el cabello, empujándolo hacia atrás—.Querrás conocerla, por supuesto.
John asintió con la cabeza. Entonces se puso nervioso.
—Oh, no te preocupes. A Layla le gustarás. Demonios, después, hasta puede ser que te deje tomarla si lo deseas. Las Elegidas son muy buenas en la iniciación de los machos. Algunas de ellas, como Layla están entrenadas para eso.
John sintió que una expresión estúpida se apoderaba de su cara. Wrath no hablaba de sexo, ¿verdad?
—Sí, sexo. Dependiendo de cuan duro te golpee el cambio, puedes terminar deseándolo en ese mismo instante. —Wrath soltó una risita irónica—. Sólo pregúntale a Butch.
En respuesta, John sólo podía contemplar al Rey y parpadear como un faro.
—Así que ya estamos. —Wrath se levantó y movió el macizo trono colocándolo detrás del escritorio sin esfuerzo aparente. Entonces frunció el ceño—. ¿Sobre que pensaste que quería hablarte?
John dejó caer su cabeza y distraídamente acarició el brazo de la silla de Tohr.
—¿Pensaste que era sobre Tohrment?
El sonido del nombre hizo que los ojos de John se llenaran de lágrimas y se negó a alzar la vista cuando Wrath suspiró.
— ¿Pensaste que venía a decirte que estaba muerto?
John se encogió de hombros.
—Bien… no creo que haya ido al Fade.
John levantó vivamente la mirada fijándola en esas gafas oscuras.
—Todavía puedo sentir este eco en mi sangre y es él. ¿Cuando perdimos a Darius? ya no pude sentirlo en mis venas. De modo que, sí, creo que Tohr vive.
John sintió una llamarada de alivio, pero entonces volvió a acariciar el brazo del sillón.
—¿Piensas que no se preocupa por ti porque no ha llamado ni ha vuelto?
John asintió con la cabeza.
—Mira, hijo, cuando un macho vinculado pierde a su compañera… él se pierde. Esta es la separación más difícil que puedas imaginar, más difícil, he oído, que la pérdida de un hijo para un macho. Su compañera es su vida. Beth es la mía. Si algo le pasara… bien, como le dije a Tohr una vez, no puedo ni siquiera hablar de eso hipotéticamente. —Wrath extendió la mano y la puso sobre el hombro de John¾. Te diré algo. Si Tohr vuelve, será debido a ti. Te quería como si fueras su hijo. Tal vez podría alejarse de la Hermandad, pero no sería capaz de dejarte. Tienes mi palabra.
Los ojos de John se humedecieron, pero no iba a sollozar delante del Rey. Cuando estiró la espalda y apretó los dientes, las lágrimas se secaron en sus ojos, y Wrath asintió con la cabeza como si aprobara el esfuerzo.
—Eres un macho de valor, John, y lo harás sentirse orgulloso. Ahora, voy a arreglar lo de Layla.
El Rey fue hacia la puerta, luego miró hacia atrás sobre su hombro. —Z me contó que salís cada noche. Bien. Quiero que sigas haciéndolo.
Cuando Wrath se marchó, John se inclinó en la silla. Dios, aquellos paseos con Z eran tan extraños. Nadie decía nada, sólo los dos abrigados, recorriendo a pie los bosques antes de la llegada del alba. Todavía esperaba que el Hermano le hiciese preguntas, e intentase empujarlo y pincharlo, hurgar en su cabeza. Pero todavía no había habido nada así. Todo lo que había eran ellos dos, andando en silencio bajo los altos pinos.
Era gracioso, porque… había llegado a contar con aquellas pequeñas incursiones. Y después de esta conversación acerca de Tohr, realmente iba a necesitar la de esta noche.

Butch gritaba a todo pulmón mientras corría a través de la terraza hacia la cornisa. Se inclinó sobre el borde y miró hacia abajo, pero no podía ver nada porque estaba demasiado alto y no había luces en este lado del edificio. ¿En cuanto al sonido de un cuerpo al caer? Dios sabía que estaba gritando lo suficientemente fuerte como para ahogar esa clase de ruido sordo distante.
— ¡Vishous!
Oh, Dios… tal vez si consiguiera bajar rápidamente, podría… mierda, conseguir llevar a V con Havers… o algo… cualquier cosa. Se dio la vuelta, listo para correr hacia ascensor…
Vishous apareció ante él como un fantasma que brillaba intensamente, un reflejo perfecto de lo que había sido el hermano, una visión etérea del único verdadero amigo de Butch.
Butch tropezó, un gemido patético salio de su boca. —V…
—No pude hacerlo— dijo el fantasma.
Butch frunció el ceño. — ¿V?
—Tanto como me odio… no quiero morir.
Butch se quedó frío. Entonces corrió tan candente como el cuerpo de su compañero de habitación.
—¡Bastardo de mierda! —Butch se lanzó hacia delante sin pensar y agarró a Vishous por la garganta—. ¡Jodido… bastardo! ¡Me diste un susto de mierda!
Arrastró su brazo hacia atrás y golpeó a V directamente en la cara, su puño haciendo crujir el hueso de la mandíbula. Cuando se preparó para recibir un golpe en respuesta, se quedó absolutamente lívido. Ya que en vez de devolverle el golpe, V cerró los brazos alrededor de Butch, bajó la cabeza y sólo… apretó. Se sacudía todo entero. Tembló hasta el punto de flaquear.
Maldiciendo al hermano hasta el infierno ida y vuelta, Butch absorbió el peso de Vishous, sosteniendo el cuerpo desnudo, que brillaba intensamente mientras que el viento frío giraba alrededor de ellos.
Cuando se le acabaron las palabras soeces, le dijo a V en el oído. —Si alguna vez me vuelves a hacer una broma así otra vez, te mataré yo mismo. ¿Nos entendemos?
—Estoy perdiendo el juicio — dijo V contra el cuello de Butch—. La única cosa que era mi salvación y la estoy perdiendo… la he perdido… Estoy acabado. Fue lo único que me salvó y ahora no tengo nada…
Mientras Butch apretaba más fuerte, se dio cuenta del alivio que sentía dentro de él, una sensación de alivio y curación. Excepto que no pensó mucho en ello porque algo caliente y mojado se filtró en su cuello. Tenía la sensación de que eran lágrimas, pero no quiso prestarle atención a lo que estaba pasando. V sin duda se sentiría totalmente horrorizado por la muestra de debilidad, asumiendo que el tipo estuviera llorando.
Butch puso la mano sobre la nuca de su compañero de habitación y murmuró. —Yo seré el que te proteja hasta que recuperes la cabeza, ¿Qué te parece eso? Te mantendré a salvo.
Cuando Vishous finalmente asintió, Butch se dio cuenta de algo. Mierda… estaba apretado contra el brillo, una gran porción de brillo… pero no estaba ardiendo ni sentía dolor. De hecho… sí, podía sentir la oscuridad en él filtrándose fuera de su piel y huesos, combinándose con la luz blanca que era Vishous: era el alivio que había notado antes.
Salvo que ¿por qué no se quemaba?
De alguna parte, una voz femenina dijo. —Porque es como debe de ser, la luz y la oscuridad juntas, dos mitades que hacen un todo.
Butch y V giraron sus cabezas mirando a su alrededor. La Virgen Escriba flotaba encima de la terraza, su traje negro no se movía a pesar de las ráfagas frías que hacían volar todo a su alrededor.
—Por eso no te consumes —dijo—. Y por eso él te vio desde un principio. —Sonrió un poco, aunque no podía asegurar como lo sabía—. Esta es la razón por la cual el destino te trajo a nosotros, Butch, descendiente de Wrath hijo de de Wrath. El Destructor ha llegado y ese eres tú.
—Ahora comienza la nueva era de la guerra.

CAPíTULO 44


 Marissa asintió con la cabeza mientras cambiaba el teléfono móvil al otro oído y revisaba la lista de encargos de su escritorio. —Correcto. Necesitamos una cocina industrial, seis quemadores como mínimo...
Percibiendo a alguien en la entrada, levantó la mirada. Solo para que la mente le quedara completamente en blanco. —¿Podría... ah, podría llamarle más tarde? —No esperó una respuesta, solo colgó—. Havers, ¿cómo nos encontraste?
Su hermano inclinó la cabeza. Estaba vestido como le era habitual con una chaqueta deportiva de Burberry, pantalones grises y pajarita. Sus gafas de montura de pasta eran diferentes de las que estaba acostumbrada a verle. Y sin embargo aún así iguales,
—Mi personal de enfermería me dijo donde estabas.
Se levantó de la silla y cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Y por qué has venido aquí?
En lugar de responder, echó una mirada alrededor y pudo imaginar que no se sentía impresionado. La oficina se limitaba a un escritorio, una silla, un ordenador portátil y muchísimo suelo de madera dura. Bien... y un millar de pedazos de papel, cada uno listando algo que tenía que hacer. Por otra parte, el estudio de Havers, era un rincón de erudición y distinción del Viejo Mundo, los suelos estaban cubiertos con alfombras de Aubusson, las paredes adornadas con sus diplomas de la Escuela de Medicina de Harvard así como una parte de su colección de paisajes del Río Hudson.
—¿Havers?
—Has hecho grandes cosas en este centro.
—Solo estamos empezando, y es un hogar, no un centro. Ahora ¿por qué estas aquí
Él se aclaró la garganta. —He venido a petición del Consejo de Princeps. Votaremos la moción de sehclusion en la próxima reunión y el Leahdyre dijo que la semana pasada había estado intentando contactar contigo. No le has devuelto las llamadas.
— Como puedes ver, estoy ocupada.
—Pero no pueden votar a menos que todos los miembros estén presentes.
—Entonces deberán destituirme. De hecho, me sorprende que aún no hayan resuelto como hacerlo.
—Tú perteneces a una de las seis líneas de sangre fundadoras. De la forma en que son las cosas, no puedes ser destituida ni dispensada.
—Ah, bien, que inconveniente para ellos. Sin embargo, comprenderás, si no estoy libre esa tarde.
—No te he dicho una fecha.
—Como dije, no estoy libre.
—Marissa, si estas en desacuerdo con la moción, puedes dejar clara tu postura durante la fase de declaraciones de la reunión. Puedes ser escuchada.
—¿Entonces todos los que tienen derecho a voto están a favor?
—Es importante mantener a las hembras seguras
Marissa se quedo fría. —Y aún así, me echaste del único hogar que conocía treinta minutos antes de amanecer. ¿Quieres decir que tu sentido del compromiso hacia mi sexo ha cambiado? ¿O es que no me ves como una hembra?
Él tuvo la amabilidad de sonrojarse. —Estaba sumamente emotivo en ese tiempo.
—A mi me parecías muy calmado.
—Marissa, lo siento...
 Le interrumpió con un gesto de la mano. —Para. No quiero oírlo.
—Que así sea. Pero no deberías obstaculizar al consejo solo para devolvérmela.
Mientras tonteaba con la pajarita, ella captó un destello del anillo de sello de la familia en su meñique. Dios... ¿cómo habían terminado así? Podía recordar cuando Havers nació y  lo había visto en los brazos de su madre. Un bebé tan dulce. Tan...
Marissa se puso rígida cuando se le ocurrió algo. Entonces rápidamente ocultó la conmoción que seguramente se evidenciaba en su rostro. —De acuerdo. Iré a la reunión.
Havers relajó los hombros y le dijo cuando y donde. —Gracias. Gracias por esto.
Sonrió fríamente. —Realmente, no es nada.
Hubo un largo silencio durante el cual él observó sus pantalones, suéter y el escritorio lleno de papeles. —Pareces muy diferente.
—Lo soy.
Y por la tensa e incomoda expresión de su cara sabía que él era el mismo. Sin lugar a dudas habría preferido que hubiera sido moldeada por la glymera: una agraciada mujer presidiendo una casa distinguida. Bien, mala suerte. Ahora se regía completamente por la regla numero uno: Para bien o para mal, tomaba sus propias decisiones sobre su vida. Nadie más lo hacía.
Levantó el teléfono. —Ahora, si me disculpas...
—Quisiera ofrecerte mis servicios. Los de la clínica, quiero decir. Gratis. —Levantó sus gafas más alto sobre la recta nariz¾. Las hembras y los jóvenes que viven aquí necesitaran cuidados médicos.
—Gracias. Gracias... por eso.
—También le diré a las enfermeras que estén atentas a signos de abuso. Te remitiremos cualquier caso que encontremos.
—Lo que sería muy agradecido.
Inclinó la cabeza. —Estamos encantados de ayudar.
Cuando su teléfono móvil sonó, dijo —Adiós, Havers.
Sus ojos se ensancharon y se dio cuenta de que era la primera vez que lo despedía. Pero en definitiva el cambio era bueno... y mejor que se acostumbrara al orden del nuevo mundo.
El teléfono sonó de nuevo. —Cierra la puerta detrás de ti, si no te molesta.
Después que se fue, miró el identificador de llamadas de su móvil y suspiró con alivio: Butch, y gracias a Dios por eso. Necesitaba tanto oír su voz.
—Hola —dijo—. Nunca creerías quien acaba de...
—¿Puedes venir a casa?¿ Ahora mismo?.
Su mano se tensó sobre el teléfono. —¿Qué está mal? ¿Estas herido...?
—Estoy bien —su voz sonaba demasiado uniforme. No denotaba nada salvo falsa calma—. Excepto que necesito que vengas a casa. Ahora.
—Estoy saliendo en este momento.
Cogió su chaqueta, metió el teléfono en el bolsillo y fue a buscar a su primer y único miembro del personal.
Cuando encontró a la anciana doggen le dijo. —Tengo que salir.
—Señora, parece alterada. ¿Hay algo que pueda hacer?
—No gracias, ya volveré.
—Cuidaré de todo en su lugar.
Apretó la mano de la mujer y luego se apresuró afuera. De pie en el césped delantero, en la fría noche primaveral se esforzó por calmarse lo suficiente para desmaterializarse. Cuando no funcionó inmediatamente, pensó que iba a tener que llamar a Fritz para que la recogiera. No solo estaba preocupada, también necesitaba alimentarse, por lo que era posible que no fuera capaz de hacerlo.
Pero entonces se sintió ir. Tan pronto como se materializó delante del Pit, irrumpió en el vestíbulo. El cerrojo interior se abrió incluso antes de que pusiera la cara delante de la cámara, y Wrath  estaba al otro lado de los pesados paneles de madera y acero.
—¿Dónde está Butch? —exigió.
—Estoy aquí —Butch entró en su línea de visión, pero no se acercó a ella.
En el severo silencio que siguió, Marissa entró lentamente, sintiendo como si el aire se hubiera vuelto fango con el que tenía que lidiar para abrirse camino. Aturdida, oyó a Wrath cerrar la puerta y por el rabillo del ojo vio a Vishous ponerse de pie desde detrás de los ordenadores. Mientras rodeaba el escritorio, los tres machos intercambiaron miradas.
Butch extendió la mano. —Ven aquí, Marissa.
Cuando cogió su palma, la llevó hasta los ordenadores y apuntó hacia uno de los monitores. En la pantalla se veía... texto. Un montón de apretado texto. En realidad había dos secciones en el documento, el campo partido por el medio.
—¿Qué es esto? —preguntó
Butch la sentó gentilmente en la silla y se colocó detrás de ella, apoyando las manos sobre sus hombros. —Lee el pasaje en cursiva.
—¿Qué lado?
—Cualquiera. Son idénticos.
Frunció el ceño y echó un vistazo a algo que parecía casi un poema.

Habrá uno que traerá el fin antes que el maestro,
un guerrero de tiempos modernos encontrado en el séptimo del
veintiuno,
y será conocido por los números que porta:
Uno más que el compás apercibe
aunque solo cuatro puntos ha de marcar con su derecha,
tres vidas tiene
dos señales en su parte delantera,
y con un solo ojo negro, en un pozo el será
nacido y muerto

Confusa, examinó lo que estaba alrededor del texto, solo para que horribles frases aparecieran ante ella: “Sociedad Lessening”, “Inducción”, ”Maestro”. Levantó la vista al titulo de la página y se estremeció.
—Santo Dios... Esto es acerca de... lessers.
Cuando Butch oyó el helado pánico en su voz, se puso de rodillas junto a ella. —Marissa...
—¿Sobre que demonios estoy leyendo aquí?
Si, como responder a eso. A él aún se le hacía difícil aceptarlo del todo. —Parece como si... yo soy eso.— Golpeó la lisa pantalla y luego miró a su deformado meñique, el que estaba encogido rígido contra su palma... el que no podía enderezar… ó señalar con él.
Marissa se alejó de él con cautela. —Y eso es... ¿qué?
Gracias a Dios V intervino. —Lo que estas viendo son dos traducciones diferentes de los Manuscritos de la Sociedad Lessening. Uno lo teníamos desde antes. El otro es de un portátil que yo les confisqué a los asesinos hará unos diez días. Los Manuscritos son el manual de la Sociedad y la sección que estás viendo es lo que llamamos la Profecía del Destructor. Hemos sabido acerca de esto por generaciones, desde que la primera copia de los Manuscritos cayó en nuestras manos.
Mientras Marissa se llevaba la mano a la garganta, estaba obviamente captando el punto de hacia donde se dirigían. Empezó a sacudir la cabeza. —Pero son todos acertijos. Seguramente...
—Butch tiene todas las señales —V encendió un cigarrillo y exhaló—. Puede percibir lessers, de modo que apercibe uno más que norte, sur, este y oeste. Su meñique esta deforme debido a la transición, así que tiene solo cuatro dedos con los que puede señalar. Ha tenido tres vidas, infancia, adulto, y ahora como un vampiro, y puedes alegar que nació aquí en Caldwell cuando lo convertimos. Pero la verdadera revelación es esa cicatriz en la barriga. Es el ojo negro y una de las dos marcas en su delantera. Asumiendo que cuentes el ombligo como la primera.
Ella miró a Wrath. —¿Entonces que quiere decir esto?
El Rey tomó un profundo aliento. —Eso quiere decir que Butch es nuestra mejor arma en la guerra.
—Como.... — la voz de Marissa flotó.
—Puede atajar el retorno de los lessers al Omega... Mira, durante la iniciación, El Omega comparte una parte de si mismo con cada asesino y esa parte vuelve al maestro cuando el lesser muere. Como El Omega es un ser finito, este retorno es crítico. Necesita recuperar lo que pone en ellos si va a continuar multiplicando a sus guerreros. —Wrath señaló a Butch con la cabeza—. El poli rompe esa parte del ciclo. Así que cuantos más lessers consuma Butch, más débil se volverá El Omega hasta que literalmente no quede nada de él. Es como descascarar un canto rodado.
Los ojos de Marissa volvieron a Butch. —¿Consumir exactamente como?
Oh, hombre, a ella no le iba a gustar esta parte. —Yo solo... los inhalo. Los tomo dentro de mí.
El terror en sus ojos lo mató, realmente lo hizo. —¿Entonces no te convertirás en uno? ¿Qué impide que se apoderen de ti?
—No lo sé. —Butch se apoyo en lo talones, aterrado de que ella se diera a la fuga. No podía culparla—. Pero Vishous me ayuda. De la forma en que antes me curó con la mano.
—¿Cuántas veces has hecho... lo que sea a ellos?
—Tres. Incluyendo el de esta noche.
Cerró los ojos con fuerza. —¿Y cuando lo hiciste por primera vez?
—Unas dos semanas atrás.
—Así que ninguno de vosotros conoce los efectos a largo plazo, ¿verdad?
—Pero  estoy bien...
Marissa se levantó violentamente de la silla y salió de detrás del escritorio, los ojos en el suelo abrazándose a si misma. Cuando se detuvo delante de Wrath, fue para mirarlo fijamente. —¿Y tu quieres usarlo?
—Esto se trata de la propia supervivencia de la raza.
—¿Qué hay de la de él?
Butch se puso de pie. —Yo quiero ser usado, Marissa.
Ella lo miró duramente. —¿Puedo recordarte que casi mueres por la contaminación del Omega?
—Eso fue diferente.
—¿Lo fue? Si estas hablando de volver a poner más y más de esa maldad en tu sistema, ¿exactamente como es de diferente?
—Te lo dije, V me ayuda a procesarlo. No se queda en mí. —No  tenía respuesta para eso. Se quedo allí de pie inmóvil como un mueble en el medio de la habitación, tan contenida que el no supo como acercarse a ella. —Marissa... estamos hablando sobre un propósito. Mi propósito.
—Gracioso, esta mañana en la cama me dijiste que yo era tu vida.
—Lo eres. Pero esto es diferente.
—Ah, si, todo es diferente cuando quieres que lo sea. —Sacudió la cabeza—. No pudiste salvar a tu hermana, pero ahora... ahora tienes una oportunidad de salvar a miles de vampiros. Tu complejo de héroe debe estar encantado.
Butch apretó los dientes con fuerza, flexionando la mandíbula. —Eso es un golpe bajo.
—Pero cierto. —Abruptamente se sintió abrumada—. Sabes, estoy realmente harta  de la violencia. Y de luchar. Y de que la gente resulte herida. Y me dijiste que no ibas a comprometerte en esta guerra.
—En ese momento era humano...
—Oh, por favor...
Marissa, has visto lo que esos lessers pueden hacer. Estabas en la clínica de tu hermano cuando llevaban los cuerpos. ¿Cómo puedo no pelear?
—Pero no estas hablando solo sobre combate cuerpo a cuerpo. Estas llevando esto a un nivel totalmente diferente. Consumiendo asesinos. ¿Cómo puedes estar seguro de que no te convertirás en uno?
Venido de ninguna parte, el miedo lo golpeó, y cuando sus ojos se estrechaban en su cara, supo que no había ocultado la ansiedad suficientemente rápido.
Ella sacudió la cabeza. —Estas preocupado acerca de eso, también, ¿verdad? No estas seguro de que no te volverás uno de ellos.
—No es verdad. No me perderé. Lo sé.
—Oh, de verdad. Entonces ¿por qué te estas agarrando a tu cruz de esa forma, Butch?
Miro hacia abajo. Mierda, su mano estaba cerrada sobre el crucifijo tan apretada que los nudillos estaban blancos y la camisa estaba toda enrollada. Se obligó a dejar caer el brazo.
La voz de Wrath interrumpió. —Le necesitamos, Marissa. La raza le necesita.
—¿Qué hay acerca de su seguridad? —Dejó escapar un sollozo, pero lo sofocó rápidamente—. Lo siento, pero yo... yo no puedo sonreír y decir ve a por ellos. Pasé días en cuarentena cuidándole... —se giró hacia Butch—. Observándote casi morir. Eso casi me mata. Y el asunto es, que en ese entonces no era tu decisión, pero esto… esta es una elección.
Tenía razón. Pero no podía echarse atrás. Era lo que era, y  tenía que creer que era lo bastante fuerte para no caer en la oscuridad. —No quiero ser una mascota mantenida, Marissa, quiero tener un  propósito...
—Tienes un pro...
—... y ese propósito no va a ser estar sentado en casa esperando a que vuelvas de tu vida. Soy un hombre, no una pieza del mobiliario. —Cuando solo le miró fijamente, dijo— No puedo sentarme sobre mis manos cuando sé que hay algo que puedo hacer para ayudar a mi raza... mi raza. —Se acercó a ella—. Marissa...
—No puedo... no puedo hacerlo. —Puso las manos fuera de su alcance y retrocedió—.Te he visto casi morir demasiadas veces, yo no… no puedo hacer esto, Butch. No puedo vivir así. Lo siento, pero estás solo. No puedo sentarme a observar como te destruyes.
Se volvió y salió del Pit.

     En la casa principal, John esperaba en la biblioteca, sintiendo que estaba a punto de salirse de la piel. Cuando el reloj repicó, bajo la vista a su estrecho pecho y la corbata que colgaba de su cuello. Había querido tener buen aspecto, pero probablemente el traje causaba la impresión de que estaba posando para un retrato escolar.
Cuando oyó pasos rápidos, levantó la vista hacia las abiertas puertas dobles. Marissa pasó ante ellas, dirigiéndose hacia la escalera, viéndose desolada. Butch iba pegado a sus talones, viéndose peor.
Oh no… esperaba que estuvieran bien. Le gustaban mucho ambos.
Cuando una puerta se cerró de un portazo escaleras arriba, caminó hacia las ventanas de paneles en forma de diamante y miró hacia fuera. Poniendo la mano en el cristal, pensó en lo que Wrath había dicho... que Tohr estaba vivo en algún sitio.
Deseaba tanto creer en ello.
—¿Señor? —cuando se volvió al sonido de la voz de Fritz, el anciano sonrió—. Su invitada ha llegado. ¿La hago pasar?
John tragó saliva. Dos veces. Luego asintió. Fritz desapareció y un momento después una mujer apareció en la entrada. Sin mirar a John, le hizo una reverencia y se quedó paralela al suelo en súplica .Parecía tener seis pies de altura y vestía algo parecido a una toga blanca. Su cabello rubio estaba recogido en lo alto de la cabeza, y aunque ahora no podía verle la cara, la fracción de segundo que había captado su ojo permanecía en él.
Era más que bonita. Directamente dentro del territorio de los ángeles.
Hubo un largo silencio, durante el cual lo único que pudo hacer fue mirar fijamente.
—Su gracia —dijo en voz baja—. ¿Puedo mirarlo a los ojos?
Abrió la boca. Luego empezó a asentir frenéticamente con la cabeza.
 Solo que ella se quedó exactamente como estaba. Bien, duh, no podía verlo. Mierda.
—¿Su gracia? —Ahora su voz tembló un poco—. Quizás... ¿querría a otra de nosotras?
John se acercó a ella y levantó la mano para tocarla suavemente. Um. Pero, ¿dónde? Esa especie de toga era muy corta y tenía una abertura en las mangas así como en la parte delantera de la falda… Dios, olía tan bien.
La palmeó torpemente en el hombro y ella inhaló como si la hubiera sorprendido.
—¿Su gracia?
Con una suave presión en el brazo, la enderezó. Whoa... sus ojos eran realmente verdes. Como uvas de verano. Ó como el interior de una lima.
Se señaló la garganta y luego hizo un movimiento cortante con la mano.
Su perfecta cara se inclinó. —¿Usted no habla, su gracia?
Negó con la cabeza, algo sorprendido de que Wrath no lo hubiera mencionado. Por otra parte, el Rey tenía otras cosas en la cabeza.
En respuesta, los ojos de Layla realmente brillaron y cuando sonrió, le dejó pasmado. Sus dientes eran perfectos y los colmillos eran... increíblemente preciosos. —Su gracia, el voto de silencio es elogiable. Tanta autodisciplina. Usted será un guerrero de gran poder, usted quien ha sido engendrado por Darius hijo de la línea de Marklon.
Buen Señor. Estaba seriamente impresionada por él. Y demonios, si quería pensar que había tomado un voto, estaba bien. No había razón para decirle que tenía un defecto.
—¿Quizá quiera saber de mi? —dijo ella— ¿para asegurarse de que tendrá lo que quiere cuando lo necesite?
Asintió y miró hacia el diván, pensando que se alegraba de haber traído un bloc con él. A lo mejor podían sentarse allí por un momento y llegar a conocerse el uno al otro...
Cuando volvió a mirarla estaba gloriosamente desnuda, la toga en un charco a sus pies.
John sintió que se le salían los ojos. Santa...mierda.
—¿Da su aprobación, su gracia?
Jesús, Maria y José...Incluso si hubiera tenido caja de resonancia, aun así se habría quedado sin palabras.
—¿Su gracia?
Mientras John empezaba a asentir pensó, hombre, espera hasta que le contara a Blaylock y Qhuinn acerca de esto.



CAPÍTULO 45


La tarde siguiente, Marissa emergió de las habitaciones del sótano de Lugar Seguro e intentó simular que todo su mundo no se había derrumbado y quemado.
—Mastimon quiere hablar contigo —dijo una voz baja.
Marissa se dio la vuelta y vio a la joven con la escayola en la pierna. Forzando una sonrisa, se puso en cuclillas y se colocó cara a cara con el tigre de peluche.
—¿Quiere?
—Sí. Dice que usted no debe estar triste, porque él está aquí para protegernos. Y quiere abrazarla.
Marissa tomó el muñeco estropeado y lo acercó a su cuello.
—Es feroz y amable a la vez.
—Cierto. Y usted debería quedarse con el por ahora. —La expresión de la joven era de total negociante—. Tengo que ayudar a mahmen a preparar la Primera Comida.
—Cuidare de él.
Con una solemne inclinación de cabeza la joven se marchó, golpeando con sus muletas en el suelo.
Mientras Marissa abrazaba al tigre, pensó en como había sido empaquetar sus pocas cosas y dejar el Pit la noche anterior. Butch había tratado de hacerla cambiar de opinión, pero la decisión que él había tomado estaba en sus ojos, así que las palabras no habían hecho ninguna diferencia.
La realidad era, que su amor por él no había curado su deseo mortal ni su arriesgada personalidad. Y aunque la separación era dolorosa, si se quedaba con él, sería inaceptable: sin otra cosa que esperar noche tras noche la llamada que le dijera que estaba muerto. O aún más trágico, que se había convertido en algo perverso.
Pero, mientras más pensaba en eso, menos confiaba en él para que se mantuviese seguro. No después de su intento de suicidio en la clínica. Y la regresión para la que se había alistado como voluntario. Y la transición por la que había pasado. Y ahora la batalla… y consumición de los lesser. Sí, los resultados hasta ahora habían sido favorables, pero la tendencia no era buena, todo lo que veía era un patrón consistente en el auto-abuso, por el que sabía que tarde o temprano iba a dañarse seriamente.
Le amaba demasiado para verle matarse a si mismo.
Cuando las lágrimas llegaron a sus ojos, las enjugó y se quedó con la mirada perdida. Al cabo de un rato, sintió una especie de vacilante pensamiento, como un eco, extenderse por el fondo de su mente. De cualquier manera se desvaneció rápidamente.
Obligándose a ponerse de pie, se desorientó momentáneamente. Literalmente no podía recordar lo que hacía o por qué estaba en el vestíbulo. Al fin, se dirigió hacia su oficina porque siempre había algo por hacer, esperándola allí.

Una cosa buena de haber sido un poli era que nunca perdías tu radar de idiotas.
Butch hizo una pausa en el callejón al lado de ZeroSum. Más abajo de la calle, merodeando por la salida de emergencia del club, estaba el medio pinta Euro-basura, niñato rubio que había montado un escándalo con la camarera la semana pasada. Al su lado estaba uno de los musculitos y los dos fumaban cigarrillos.
Aunque no tenía mucho sentido que fumaran aquí afuera al frío.
Butch se quedó atrás, vigilando. Lo que por supuesto le dio tiempo para pensar, cosa jodida, como siempre. Cuando tenía tiempo, todo lo que podía ver era a Marissa subiendo al Mercedes S600 de Fritz y desapareciendo a través de las verjas.
Con una maldición, Butch se frotó el centro del pecho y esperó como el demonio encontrar un lesser. Necesitaba luchar con algo para quitar el filo a este permanente dolor. Como ahora.
Desde Trade Street, un coche giró en el callejón y se acercó rápidamente. Pasó volando y se detuvo abruptamente en la puerta lateral del club, el Infiniti negro tenía bastante cromo como para darle el calificativo “bola de discoteca”. Y qué te parece, el Pequeño Gilipollas Rubio se acercó con paso tranquilo y saludo como si fuera un encuentro arreglado.
Mientras el niñato y el conductor batían mandíbulas y se daban la mano, Butch no podía saber exactamente lo que hacían, pero estaba malditamente seguro de que no comparaban recetas de galletas dulces.
Cuándo el Infiniti dio la vuelta, Butch salió de las sombras, creyendo que había una forma de saber si su corazonada era correcta: Preguntar y ver que te contestan.
—Dime, no vas a distribuir esa mierda ahí dentro, ¿verdad? El Reverendo odia a los independientes.
El pequeño tipo rubio se giró, completamente enfadado.
—¿Quién coño eres...? —sus palabras se cortaron—. Espera, te he visto antes… pero…
—Sí, reconstruí mi chasis. Ando mejor ahora. Mucho mejor. Entonces, ¿que estas...? —Butch se congeló mientras sentía que sus instintos se disparaban.
Lesser. Cerca. Mierda.
—Chicos —dijo serenamente—. Necesitáis salir corriendo ahora. Y no puedes regresar por esa puerta.
La actitud del Gilipollas volvió de nuevo a subir.
—¿Quién piensas que eres?
—Confía en mí en esto y ponte a cubierto. ¡Ahora!
—Vete a la mierda, podemos pasar aquí toda la noche si nosotros… —el punk se congeló, luego palideció cuando una dulce fragancia flotó desde el coche hasta ellos con la brisa—. ¡Oh, Dios mío!
Hmmm, así que el Pequeño Gilipollas Rubio era un pre-trans[1], no humano.
—¡Genial! Como dije, despídanse, niños.
El par huyó, pero no fueron lo suficientemente rápidos: Un trío de lessers apareció por el final del callejón, bloqueando su camino.
¡Genial! ¡Fabuloso!.
Butch activó su nuevo reloj de pulsera, emitiendo una señal y coordenadas. En unos momentos, V y Rhage se materializaron a su lado.
—Usad la estrategia en la que quedamos —masculló Butch—. Haré la limpieza.
Los dos asintieron mientras los lessers se acercaban.

Rehvenge se levantó del escritorio y se puso su abrigo de marta cibelina.
—Voy a salir, Xhex. El Concilio de Princeps está reuniéndose. Voy a desmaterializarme, así que no necesito el coche, y espero estar de regreso en una hora. Pero antes de que me vaya, ¿cual es el estado de esa nueva OD[2]?
—Está en urgencias del San Francis. Probablemente sobrevivirá.
—¿Y ese distribuidor granuja?
Xhex abrió su puerta para él, como si le animase a que saliera.
—Todavía no le han encontrado.
Rehv maldijo, trató de alcanzar su bastón, y se acercó a ella.
No estoy muy contento con esta situación.
—¡No me digas! —masculló—. Y yo que pensaba que estabas deprimido por esto.
Le clavó una mirada dura.
—No me jodas.
—No lo hago, jefe —le contestó bruscamente—. Estamos haciendo todo lo que podemos. ¿Piensas que me gusta llamar al 911 por estos tontos?
Tomó una inspiración profunda y trató de calmar su temperamento. Hombre, había sido una mala semana en el club. Los dos estaban con las mechas cortas, y el resto del personal del ZeroSum estaba a punto de colgarse en el cuarto de baño por la tensión reinante.
—Lo siento —dijo—. Estoy cansado.
Ella se pasó una mano sobre el corte de cabello masculino.
—Sí… yo, también.
—¿Qué te pasa a ti?
No esperaba que contestase. Pero lo hizo.
—¿Has oído hablar de ese humano? ¿O'Neal?
—Sí. Uno de nosotros. Quien lo habría pensado, huh. —Rehv aún tenía que ver al tipo de cerca y en persona, pero Vishous había llamado con unas noticias sobre el milagro que había ocurrido.
Rehv honestamente le deseaba lo mejor al polizonte. Le gustaba ese hombre… er, macho bocazas. Pero también era muy consciente de que sus días de alimentación con Marissa habían llegado a su fin y también cualquier esperanza de apareamiento con ella. Esa mierda apestaba, realmente lo hacía, sin embargo vincularse con ella habría sido una idea realmente mala.
—¿Es cierto eso? —Preguntó Xhex—. ¿Acerca de él y Marissa?
—Cierto, ya no es un agente libre.
Una expresión extraña se filtró a través de los rasgos de Xhex… ¿tristeza? Si, lo parecía.
Frunció el ceño.
—No sabía que estabas interesada en él.
Instantáneamente, se recompuso; con ojos severos; la cara no mostrando más que una expresión dura.
—Solamente porque me gustó tener sexo con él, no significa que le quiera como compañero.
—Bien, claro. Lo que sea.
Su labio superior reveló sus colmillos.
—¿Parezco del tipo que necesita un macho?
—No, y da gracias a Dios. La idea de que te ablandes viola el orden natural del mundo. Además, eres la única de la que puedo alimentarme, así que te necesito sin compromisos —pasó por su lado—. Te veré en dos horas, máximo.
—Rehvenge —cuando la miró, ella dijo—, te necesito soltero, también.
Sus miradas se quedaron trabadas. Dios mío, eran realmente un par. Dos mentirosos viviendo entre normales… dos serpientes entre la hierba.
—No te preocupes —murmuró—. Nunca voy a tomar una shellan. Marissa fue… un sabor que quise probar. Nunca habría resultado a largo plazo.
Después de que Xhex inclinara la cabeza, como si hubieran sellado un trato, Rehv salió.
Mientras pasaba en medio de la sección VIP, se acercó a las sombras. No le gustaba verse con el bastón, y si tenía que usarlo, quería que las personas pensaran que era una cosa de vanidad, así que hacía un intento por no confiar en exceso. Lo cuál era un poco peligroso considerando su falta de equilibrio.
Llegó a la puerta lateral, operó alguna magia con la mente sobre el sistema de alarma y luego soltó la barra. Salió andando, pensando en...
¡Cristo santo! Había un maldito lío en el callejón. Lessers. Hermanos. Dos civiles se encogían y estremecían en el medio. Y el gran malo, Butch O'Neal.
Cuando la puerta se cerró detrás de Rehv, ensanchó su postura y se preguntó porque infiernos las cámaras de seguridad no...  —¡oh! el mhis. —Estaban rodeados de mhis. Un bonito toque.
Permaneciendo a un lado, observó la pelea, escuchando los ruidos sordos de cuerpos golpeando cuerpos, oyendo los gruñidos y el entrechocar de metal, oliendo el sudor y la sangre de su raza mezclándose con el olor a talco para bebes de los asesinos.
Maldición, quería jugar, también. Y no podía ver porque no debía.
Cuando un lesser tropezó en su camino, atrapó al bastardo, lo aplastó de un golpe contra los ladrillos, y sonrió hacia un par de ojos pálidos. Había pasado bastante desde que Rehv había matado algo y la parte oculta de si mismo echaba de menos la experiencia. Lo deseaba ardientemente. Hombre, el mal en él anhelaba el apagar una vida.
Y él iba a alimentar a su bestia. Aquí mismo. Ahora mismo.
A pesar de la dopamina de su sistema, las habilidades Symphath de Rehv le hicieron señas, aumentando el pico de su agresión, impregnando su visión de rojo.  Dejando al descubierto sus colmillos con una sonrisa, cedió a su mitad siniestra con el placer eufórico de un adicto largamente privado.
Con manos invisibles, hizo un túnel a través del cerebro del lesser, husmeó, y accionó toda clase de memorias divertidas. Era como tapas que se abrían de pronto con el pequeño sonido explosivo de las botellas de soda, y lo que burbujeaba iba debilitando a su presa, dejando al lesser tan mal que quedó indefenso. ¡Dios!, tal fealdad dentro de la cabeza del bastardo, este asesino en particular había tenido una vena realmente sádica, y mientras cada una de sus sucias hazañas y sucios abusos anegaron su mente comenzó a gritar, dándose palmadas en las orejas y cayendo al suelo.
Rehv subió su bastón y le quitó su parte exterior, revelando un largo y letal acero, la espada era roja como su vista en dos dimensiones. Pero cuando se preparó para apuñalar, Butch agarró su brazo.
—Aquí es donde entro.
Rehv echó un vistazo al tipo.
—Jódete, ésta es mi presa.
—No, no lo es.
Butch se arrodilló al lado del lesser y...
Rehv mantuvo su boca cerrada y se quedó mirando con fascinación como Butch se inclinó y empezó a chupar algo del asesino. Excepto que no hubo tiempo para disfrutar del episodio de Twilight Zone[3]. Otro lesser se encaminó a la caza de Butch, y Rehv tuvo que saltar hacia atrás cuando Rhage se tiró sobre el.
Rehv oyó más ruido de pasos y se encontró con otro lesser. Bien. Este era suyo, pensó con una dura sonrisa.
A hombre, a los symphaths les gustaba pelear, realmente les gustaba. Y él no era una  excepción a su naturaleza.

El Sr. X entró en el callejón donde la pelea se estaba desarrollando. Aunque no podía ver ni oír ninguna cosa, sentía la amortiguación alrededor de la escena, así que sabía que éste era el lugar correcto.
Van maldijo desde detrás de él.
—¿Qué diablos es esto? Puedo sentir la pelea
—Estamos a punto de penetrar en el mhis. Prepárate.
Los dos corrieron y golpearon con lo que sintieron como un muro de agua fría. Cuando atravesaron la barrera, la pelea se reveló: Dos Hermanos. Seis asesinos. Un par de civiles asustados. Un macho muy grande con un abrigo de pieles largo hasta el piso… y Butch O'Neal.
El antiguo policía justamente se estaba levantando del suelo, luciendo enfermo como un perro y positivamente brillante con la huella del maestro. Mientras el Sr. X encontraba los ojos de O'Neal, el Fore-lesser se detuvo en seco, sobrepasado por una sensación de reconocimiento.
E ironía de ironías, en ese mismo instante cuando la conexión estaba hecha, en ese momento preciso cuando hubo un cambio de reconocimiento, El Omega llamó desde el otro lado.
¿Coincidencia? Que importaba. El Sr. X apartó la llamada, ignorando la picazón de su piel.
—Van —dijo suavemente—, es hora de que muestres tus habilidades. Ve a traer a O'Neal.
¾Ya iba siendo hora, maldición. ¾Van se giró hacia el vampiro recién nacido, y los dos se pusieron en guardia para pelear, girando a la manera de los luchadores. Al menos hasta que Van se congeló, convirtiéndose en nada más que una estatua que respiraba.
Porque el Sr. X le había dejado así.
Hombre, tuvo que sonreír cuando percibió la expresión aterrorizada en la cara de Van. Sí, perder el control de todos sus juegos de músculos ciertamente podía enloquecer a un tipo, ¿verdad?
Y O'Neal estaba sorprendido igualmente. Se acercó con cuidado, cauteloso pero obviamente decidido a aprovecharse del congelamiento que el Sr. X estaba imponiendo a su subordinado. El asaltó ocurrió deprisa. Con un rápido movimiento, O'Neal puso su brazo alrededor del cuello de Van, se lanzó encima, y le arrinconó en el suelo.
Al Sr. X no le importaba una mierda sacrificar un activo como Van. Necesitaba saber lo que sucedía cuándo… ¡mierda santa!
O'Neal había abierto su boca e inspiraba y… Van Dean fue simplemente chupado, absorbido, tragado, poseído. Hasta ser polvo.
El alivio empapó al Sr. X. Sí… sí, la profecía se cumplía. La profecía había sido realizada en la piel de un irlandés que había sido convertido. Gracias, Dios Mío.
El Sr. X dio un paso titubeante, desesperado, hacia adelante. Ahora… ahora tendría la paz que buscaba, su escapatoria, su libertad asegurada. O'Neal era el elegido.
Pero el Sr. X fue repentinamente interceptado por un Hermano que usaba una barbilla y tatuajes en la cara. El gran bastardo salió de ninguna parte como una roca, golpeando tan fuerte a X que provocó que sus piernas se doblaran. Comenzaron a pelear, pero X se sintió aterrorizado de ser apuñalado en vez de consumido por O'Neal. Por lo que cuando otro asesino se precipitó en la lucha y agarró al Hermano, el Sr. X se liberó y desapareció en la periferia.
La llamada del Omega era una demanda estridente ahora, un terrible rugido a través de la carne del Sr. X, pero no contestaba. Iba a morir esta noche. Pero sólo de la forma correcta.
Butch levantó la cabeza del montón de cenizas que formaba su última víctima y comenzó a tener unas horribles náuseas que le llenaron el pecho. Su cuerpo se sentía como cuando se había despertado en la clínica hacía mucho tiempo. Contaminado. Manchado. Sucio más allá de cualquier limpieza.
Dios… ¿qué ocurriría si hubiera tomado en exceso? ¿Qué pasaría si había llegado a un punto sin retorno?
Cuando vomitó, sintió, aunque no vio a V acercarse. Forzando a su cabeza a levantarse, Butch gimió:
—Ayúdame
—Ya voy, trahyner. Dame tu mano.
Cuando Butch levantó su palma con desesperación, Vishous se quitó su guante y le agarró bien y fuerte. La energía de V, esa bella, luz blanca, se vertió por el brazo de Butch y le atravesó con una explosión, limpiando, renovando.
Unidos por sus manos, se convirtieron otra vez en dos mitades, la luz y la oscuridad. El Destructor y El Salvador. Un todo.
Butch tomó todo, lo que V tenía para dar. Y cuando terminó, no quiso dejarle marchar, temiendo que si la conexión se rompía el mal en cierta forma volvería de nuevo.
—¿Estas bien? —dijo V suavemente.
—Lo estoy ahora.
¡Dios! su voz estaba ronca como el infierno desde la inspiración. Tal vez también debido a la gratitud.
V le dio un tirón y puso a Butch sobre sus pies. Cuando se dejó caer hacia atrás contra la pared de ladrillo del callejón, descubrió que la pelea había terminado.
—Buen trabajo para ser un civil —dijo Rhage.
Butch miró hacia la izquierda, pensando que el hermano le hablaba a él, pero entonces vio a Rehvenge. El macho lentamente estaba inclinándose y recogiendo una funda del suelo. Con un movimiento elegante, tomó la espada roja en su mano y la metió en su funda. Ah… el bastón era también un arma.
—Gracias —contestó Rehv. Luego sus ojos de amatista se posaron sobre Butch.
Mientras los dos se quedaban mirándose, Butch se dio cuenta de que no se habían visto desde la noche en que Marissa se había alimentado.
—¡Hey! hombre —dijo Butch, extendiendo la palma.
Rehvenge se acercó, apoyándose en exceso en su bastón. Cuando los dos se estrecharon la mano, todo el mundo inspiró profundamente.
—Entonces, poli —dijo Rehv—, ¿te importa si pregunto qué estabas haciendo con esos asesinos?
Un sonido de gimoteo cortó cualquier respuesta, causando que todos miraran al contenedor que había enfrente.
—Podéis salir, chicos —dijo Rhage—. El lugar está limpio.
El rubio pre-trans y su compañero salieron a la luz. Los dos tenían aspecto de haber sido puestos en un lavaplatos: estaban húmedos por el sudor a pesar del frío, su cabello y sus ropas todas desordenadas.
La cara dura de Rehvenge registró sorpresa.
—Lash, ¿por qué no estás entrenando ahora? Tu padre va a tener una mierda de ataque porque hayas estado aquí en lugar de...
—Se está tomando un descanso de las clases —masculló Rhage secamente.
—Para distribuir drogas —agregó Butch—. Comprueba sus bolsillos.
Rhage empezó a registrarle, y Lash estaba demasiado horrorizado como para protestar. El resultado fue un montón de dinero en efectivo tan grande como la cabeza del chico y un manojo de pequeños paquetes de celofán.
Los ojos de Rehv resplandecieron con luz púrpura por el enojo.
—Dame esa mierda, Hollywood, el polvo, no los verdes.
Cuándo Rhage entregó las cosas, Rehv rompió uno de los paquetes, se chupó el dedo meñique, y lo metió dentro. Después se lo puso en la lengua, hizo una mueca y escupió. Luego apuntó con su bastón al chico.
—Ya no eres bienvenido aquí.
Esa corta noticia pareció sacudir a Lash de su estupor.
—¿Por qué no? Es un país libre.
—Ante todo, ésta es mi casa, por eso. En segundo lugar, no necesito ninguna otra razón, la mierda de esas bolsas está contaminada y estoy dispuesto a apostar que eres el responsable del brote de OD que hemos tenido últimamente. Así que como dije, ya no eres bienvenido aquí. No tendré punks como tú echando a perder mi negocio. —Rehv rellenó los bolsillos del abrigo y recorrió con la mirada a Rhage—. ¿Qué vas a hacer con él?
—Llevarle a casa.
Rehv sonrió fríamente.
—Que conveniente para todos nosotros.
De repente, Lash cayó en modo quejido.
—Pero no vamos a decir a mi padre...
—Todo —chasqueó Rehvenge—. Créeme, tu papá va a saberlo todo, joder.
Las rodillas de Lash se doblaron. Y luego el BMOC[4] se desmayó.

Marissa entró andando en el Concilio de Princeps, sin importarle, que por una vez todo el mundo la mirara.
No obstante, nunca la habían visto en pantalones o con su cabello recogido hacia atrás en una cola de caballo. Sorpresa, sorpresa.
Tomó asiento, abrió su portafolios completamente nuevo, y empezó a estudiar aplicaciones para monitores de la residencia. Aunque… en realidad no veía nada. Estaba exhausta, no sólo por el trabajo o por la tensión nerviosa sino porque realmente tendría que alimentarse. Pronto.
¡Oh, Dios Mío! La idea la hizo enfermar de tristeza, y se hundió en pensamientos sobre Butch. Cuando le imaginó, el eco persistente, nebuloso en la parte trasera de su cabeza regresó. La cosa era como una campana repicando, recordándole… ¿qué?
Una mano aterrizó sobre su hombro. Mientras brincaba, Rehv se sentó a su lado.
—Solo soy yo —sus ojos de amatista pasaron por encima de su cara y su cabello—. Es bueno verte.
—A ti también —le sonrió un poco, luego apartó la mirada, preguntándose si tendría que volver a usar su vena. Ah… infiernos. Por supuesto que lo haría.
—¿Qué te ocurre, tahlly? ¿Estás bien? —le preguntó llanamente.
La pregunta era tan casual, que tuvo la extraña sensación de que sabía exactamente lo contrariada que estaba y de alguna forma sabía la causa. Por algún motivo siempre la había leído muy bien.
Cuando abrió la boca, el mazo del Leahdyre del Concilio golpeó su lustrosa mesa.
—Me gustaría empezar la reunión.
Las voces en la biblioteca se acallaron rápido, y Rehv se recostó en su silla, con una expresión aburrida impregnando su duro rostro. Con manos elegantes, energéticas, plegó su abrigo de marta cibelina alrededor de sus piernas, cubriéndose como si la habitación estuviera a 30º bajo cero, en lugar de a unos balsámicos 21º.
Marissa cerró su portafolio y se arrellanó, dándose cuenta de que había asumido una postura similar a la de él, pero sin todo el pelaje. Buen cielo, pensó. Cómo había cambiado. Una vez ella había estado aterrorizada por estos vampiros. Completamente intimidada. Ahora, cuando miraba a su alrededor, a las hembras exquisitamente vestidas y a los varones vestidos de etiqueta, estaba solamente… aburrida por todo. Esta noche, la glymera y el Concilio de Princeps no parecían más que una antigua pesadilla social que ya no pertenecía a su vida. A Dios gracias.
El Leahdyre sonrió y saludó con la cabeza a un doggen que dio un paso adelante. En las manos del criado había una hoja de pergamino estirado sobre una tabla de ébano. Largas cintas de seda colgaban del documento, los diversos colores reflejaban a cada una de las seis familias originales. La línea de Marissa era azul claro.
El Leahdyre miró alrededor de la mesa, sus ojos meticulosamente saltando por encima de Marissa.
—Ahora que tenemos al concejo en pleno aquí, me gustaría tratar la primera orden del día, dicha orden concierne a la recomendación del Rey al respecto de la sehclusion obligatoria de todas las hembras no apareadas. Primero, según las reglas del procedimiento, daremos permiso de comentario a los miembros no votantes que hay en esta habitación.
Hubo un asentimiento rápido de todo el mundo… excepto de Rehvenge. Quién dejó muy claro cómo se sentía.
En la pausa siguiente a su rechazo de la moción, Marissa podía sentir la mirada fija de Havers en ella. Mantuvo la boca cerrada.
—Bien hecho, Concejo —dijo el leahdyre—. Ahora llamaré a los seis princeps votantes.
Cuando cada nombre fue leído, los princeps correspondientes se levantaron, dieron su consentimiento en nombre de la linea de sangre, que él o ella representaban, y fijaron la marca del anillo de la familia en el pergamino. Esto ocurrió sin fallos cinco veces. Y luego fue dicho el último nombre.
—Havers, hijo de sangre de Wallen, nieto de sangre de…
Cuando su hermano se levantó de la silla, Marissa golpeteó sus nudillos sobre la mesa. Todos los ojos se fijaron en ella.
—Nombre equivocado.
Los ojos del leahdyre se ensancharon tanto que estuvo realmente segura de podría ver detrás de sí mismo. Y estaba tan consternado por su interrupción, que se quedó sin habla mientras ella sonreía un poco y recorrió con la mirada a Havers.
—Puede sentarse, doctor —dijo.
Discúlpeme —tartamudeó el leahdyre.
Marissa se puso de pie.
—Ha pasado mucho tiempo desde que habíamos hecho una de estas votaciones... desde antes de la muerte del padre de Wrath —se inclinó apoyando sus manos, mientras dejaba la cara del leahdyre a su nivel—. Y en aquel entonces, siglos atrás, mi padre vivía y daba el voto de nuestra familia. Por eso obviamente están confundidos.
El leahdyre miró a Havers con pánico.
—Quizá usted podría informar a su hermana de que esta fuera de orden...
Marissa le interrumpió.
—No soy su hermana ya, o eso es lo que me ha dicho. Aunque creo que todos estamos de acuerdo en que el linaje de sangre es inmutable. Como le es el orden de nacimiento —sonrió serenamente—. Ocurre que nací once años antes de Havers. Lo que me hace mayor que él. Lo que significa que puede sentarse porque como el miembro superviviente mayor de mi familia, la emisión del voto de nuestra ascendencia es mía. O no... Y en este caso, es definitivamente… no.
El caos se manifestó. Un pandemónium absoluto.
En medio de cuál, Rehv se rió y golpeó ruidosamente sus palmas.
—Maldición, chica. Estás sobre la mierda.
Marissa obtuvo muy poca satisfacción en el juego de poder, sintiéndose más aliviada que cualquier otra cosa. La votación tenía que ser unánime o ese movimiento estúpido no iba a ninguna parte. Y gracias a ella, ese era un gran “a ninguna parte”.
—¡Oh, mi Dios! —dijo alguien.
Como si un resumidero se hubiera abierto en el centro del suelo, todo el ruido fue drenado fuera de la habitación. Marissa se dio la vuelta.
Rhage estaba en el portal de la biblioteca cogiendo a un macho en la pretransición por el cuello. Detrás de él estaban Vishous… y Butch.





[1] Pre-trans: Un vampiro antes de la transición
[2] OD.- Sobredosis
[3] Twilight Zone: Serie de T.V. de misterio y terror.
[4] BMOC.- Gran tipo del campus

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