sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 46 47 48

CAPÍTULO 46


Parándose en la puerta abovedada de la biblioteca, Butch hizo lo que pudo para no mirar a Marissa de forma demasiado obvia, pero era duro. Especialmente porque estaba sentada cerca de Rehvenge.
Intentó distraerse mirando alrededor. La reunión a la que ella asistía, estaba llena de pijos con ambición. Cristo, parecía una convención política, excepto porque todos iban vestidos de punta en blanco, especialmente las mujeres. Colega, el joyero de Elizabeth Taylor no tenía nada qué hacer contra el de éstas polluelas.
Y entonces estalló la bomba dramática.
El tipo que estaba en la cabecera de la mesa echó una mirada, vio a Lash, y se quedó blanco como un cadáver. Levantándose lentamente, parecía haber perdido la voz. Al igual que todos los demás que estaban en la sala.
—Necesitamos hablar, señor —dijo Rhage mientras le daba a Lash un empujón—. Acerca de las actividades extracurriculares de su chico.
Rehvenge se levantó.
—Tan seguro como el infierno que lo haremos.
Esto rompió la reunión como un hacha un bloque de hielo. El padre de Lash salió de la biblioteca y apresuró a Rhage, Rehvenge, y el chico hacia una salita. Parecía estar completamente mortificado. Mientras tanto, los tipos elegantes se levantaron de la mesa y empezaron a arremolinarse. Ninguno de ellos parecía feliz, y la mayor parte de ellos lanzaban duras miradas en dirección a Marissa.
Lo cual hizo que Butch quisiera enseñarles cómo mostrar algo de respeto. Hasta que estuvieran sangrando por la lección.
Mientras sus puños se apretaban, sus fosas nasales se dilataron examinando el aire, encontrando el aroma de Marissa y lo absorbió por cada poro que tenía. Naturalmente, su cuerpo se descontroló completamente al estar cerca de ella, calentándose, volviéndose apremiante. Mierda, era todo lo que podía hacer para persuadir a sus brazos y piernas de que se estuvieran en su sitio. Especialmente mientras sentía que ella lo miraba.
Cuando una fría brisa se introdujo en la habitación, Butch se dio cuenta de que la enorme puerta frontal había quedado abierta cuando llegaron con el chico. Mientras observaba la noche, supo que era mejor que se marchara. Más decente. Más delicado. Menos peligroso, dado lo mucho que quería moler a aquellos esnobs por tratar a Marissa con tanta frialdad.
Salió de la casa y tomó un sendero a través del césped, paseando un rato sobre el suelo fangoso de primavera antes de darse la vuelta para regresar hacia la casa. Se detuvo al llegar al Escalade porque supo que ya no estaba solo.
Marissa salió de detrás del SUV.
—Hola, Butch.
Jesús, era tan hermosa. Especialmente desde tan cerca.
—Hey, Marissa. —Metió las manos en los bolsillos del abrigo de cuero. Y pensó en cómo la echaba de menos. Cómo la deseaba. Cómo la anhelaba. Y no sólo por el sexo.
—Butch… Yo…
Bruscamente, se puso tenso, fijando los ojos en algo que estaba aproximándose por el césped. Un hombre… con el cabello blanco… un lesser.
Mierda —siseó Butch. Rápidamente, cogió a Marissa y empezó a arrastrarla de vuelta a la casa.
—Qué estás haciendo… —Tan pronto como vio al lesser, dejó de luchar con él.
—Corre —ordenó—. Corre y diles a Rhage y V que traigan sus culos aquí fuera. Y cierra la jodida puerta. —Le dio un empujón y se giró, sin respirar hasta que oyó el golpe de la puerta y los cerrojos echados.
Bien, quien lo hubiera dicho. El que se acercaba por el césped era el Fore-lesser.
Hombre, desearía no tener audiencia. Porque antes de matar al tipo, realmente quería despedazarlo como venganza. Ojo por ojo, por decirlo de alguna manera.
Mientras el bastardo se acercaba, el asesino levantó las manos en señal de rendición, pero Butch no se tragó el anzuelo. O la actuación unipersonal. Permitió que sus instintos recorrieran los alrededores, esperando encontrar una legión completa de asesinos en la finca. Sorpresivamente, no había ninguno.
Aún así, se sintió más seguro cuando V y Rhage se materializaron tras él, sus cuerpos desalojando el aire frío.
—Creo que está solo, —murmuró Butch, con el cuerpo listo para pelear—. Y no necesito decíroslo… pero es mío.
Mientras el asesino se acercaba, Butch se preparó para saltar, pero entonces toda esta mierda de situación se puso rara. ¡Sagrado infierno!, tenía que estar viendo visiones. El lesser no podía tener lágrimas cayéndole por la cara ¿verdad?
Con voz angustiada, dijo:
—Tú, el poli. Tómame… acaba conmigo. Por favor…
—No te confíes —dijo Rhage desde la izquierda.
Los ojos del lesser se dirigieron al Hermano y después volvieron a Butch.
—Sólo quiero que esto acabe. Estoy atrapado… Por favor, mátame. Creo que tienes que ser tú. No ellos.
—Mi jodido placer —murmuró Butch.
Se lanzó a por el tipo, esperando el contraataque, pero el bastardo no puso resistencia en absoluto, sólo se echó sobre su espalda como un saco de arena.
—Gracias… gracias… —La tonta gratitud salía de la boca del lesser, un grito interminable, remarcado con un doloroso alivio.
Mientras Butch sentía llegar el impulso de inhalar, sostuvo el cuello del Fore-lesser y abrió la boca, agudamente consciente de los ojos de la glymera sobre el desde la mansión Tudor. Justo mientras comenzaba a aspirar, todo en lo que podía pensar era en Marissa. No quería que viera lo que iba a pasar.
Salvo que… no pasó nada. No hubo cambios. Algún tipo de bloqueo prevenía que la maldad se transfiriera.
Los ojos del Fore-lesser se abrieron con pánico.
—Funcionó… con los otros. ¡Funcionó! Te vi…
Butch siguió inhalando hasta que quedó claro que por alguna razón, éste era el único al que no podía consumir. ¿Quizás por ser el Fore-lesser? A quién cojones le importaba
—Con los otros… —balbuceaba el lesser—. Con los otros, funcionó…
—Aparentemente contigo no. —Butch alcanzó su cadera y desenfundó el cuchillo—. Lo bueno es que hay otra forma. —Se echó hacia atrás, levantando el cuchillo sobre su cabeza.
El lesser gritó y empezó a desgranarse.
—¡No! ¡Me torturará! Nooooooooo
El grito murió justo cuando el asesino estallaba y burbujeaba.
Butch suspiró de alivio, contento de haber realizado el acto.
Sólo para que una oleada de malicia se disparara a través de él, quemándole con la sensación extrema del hielo y el fuego combinados. Cuando jadeó, la risa maligna burbujeó desde algún sitio y se entretejió a través de la noche, la clase de sonido incorpóreo que hace a un hombre pensar en su propio ataúd.
El Omega.
Butch agarró la cruz a través de la camisa y se elevó sobre sus pies justo cuando una aparición completamente estática del Mal se aparecía ante él. El cuerpo de Butch se rebeló, pero no dio un paso hacia atrás. Confusamente, sintió a Rhage y V acercándose más a él, flanqueándolo, protegiéndolo.
—¿Qué es, poli? —Murmuró V—. ¿Qué estás mirando?
Mierda, ellos no podían ver al Omega.
Antes de que Butch pudiera explicarlo, la distintiva, retumbante voz del Mal se entretejió dentro y fuera del aire, dentro y fuera de su cabeza.
—Así que tú eres el elegido, ¿no es así? Mi… hijo, por así decirlo.
—Nunca.
—¿Butch? ¿Con quién estás hablando? —dijo V.
—Entonces, ¿no te engendré? —El Omega se rió algo más—. Entonces ¿no te di parte de mí? Si, lo hice. Y ya sabes lo que dicen de mí, ¿verdad?
—No quiero saberlo.
—Deberías. —El Omega elevó una mano fantasmal y aunque la distancia entre ellos no disminuyó, Butch la sintió en la cara—. Siempre reclamo lo que es mío. Hijo.
—Lo siento, el puesto de mi padre ya está ocupado.
Butch sacó la cruz y la mantuvo balanceándose en su cadena. Confusamente, creyó oír la maldición de V, como si el hermano hubiera adivinado lo que estaba pasando, pero su atención estaba sólo en lo que estaba frente a él.
El Omega miró la pesada pieza de oro. Entonces deslizó la mirada sobre Rhage y V y la casa tras ellos.
—Las baratijas no me impresionan. Tampoco lo hacen los Hermanos. Ni los robustos cerrojos y las puertas.
—Pero yo sí.
La cabeza del Omega giró.
La Virgen Escriba se materializó tras él, totalmente desnuda y brillando como una supernova.
El Omega instantáneamente cambió de forma, volviéndose una carcoma en la materia de la realidad, ya no era una aparición si no un ahumado abismo negro.
—Oh, mierda —exclamó V, como si él y Rhage fueran capaces ahora de verlo todo.
La voz del Omega emergió de la oscura profundidad.
—Hermana, ¿cómo te va la noche?
—Te ordeno que regreses a Dhunhd. Vete, ahora. —Su brillo se intensificó hasta que empezó a encajonar el abismo del Omega.
Un gruñido desagradable sonó libre.
—¿Crees que ése destierro remediará mi presencia? Qué ingenua eres.
—Vete, ahora. —Una corriente de palabras fluyó de ella a la noche, ni dichas en el Antiguo Idioma, ni en otra lengua que Butch hubiera oído jamás.
Justo antes de que el Omega desapareciera, Butch sintió los ojos del Mal taladrándolo mientras esa horrible voz resonaba.
—Mira aquí, cómo me inspiras, hijo mío. Y puedo decirte que sería prudente que buscaras a los de tu sangre. Las familias deben estar unidas.
Entonces El Omega desapareció con una llamarada blanca. Así como lo hizo la Virgen Escriba.
Se fueron. Ambos. No quedaba nada, a excepción de un desapacible viento helado que aclaraba las nubes del cielo como cortinas rasgadas por una mano salvaje.
Rhage se aclaró la garganta.
—Bueno… No voy a dormir en la próxima semana y media. ¿Qué tal vosotros?
—¿Estás bien? —le preguntó V a Butch.
—Si. ¾No.
Jesucristo…, no soy el hijo del Omega. ¿O lo era?
—No —dijo V—. No lo eres. Él sólo quiere creerlo. Y quiere que tú lo creas. Pero eso no lo convierte en verdadero.
Hubo un largo silencio. Entonces, la mano de Rhage cayó sobre el hombro de Butch.
—Además, no te pareces en nada a él. Quiero decir… ¿no ves? Tú eres un robusto chico blanco irlandés... él es como… el tubo de escape de un autobús o alguna mierda así.
Butch le echó una mirada a Hollywood.
—Estás enfermo, ¿sabes?
—Si, pero tú me quieres, ¿a que sí? Vamos. Se que lo haces.
Butch fue el primero en empezar a reír. Entonces los otros dos se le unieron, el peso de las fuertes y alucinantes cosas que acababan de ocurrir se aligeró un poco.
Pero cuando la risa decayó, la mano de Butch fue hasta su estómago.
Girándose, miró hacia la mansión, examinando caras pálidas y asustadas al otro lado de las ventanas emplomadas. Marissa estaba justo delante, el cabello rubio brillante reflejando la luz de la luna.
Cerró los ojos y se giró.
—Quiero volver en el Escalade. Por mí mismo. —Si no pasaba algo de tiempo solo iba a gritar—. Pero primero, ¿necesitamos hacer algo con la glymera y todo lo que han visto?
—Wrath definitivamente se enterará de esto por ellos —murmuró V—. Pero por lo que a mí concierne es problema de ellos. Además, pueden pagarse terapeutas que traten ésta mierda. No es asunto nuestro calmarlos.
Después de que Rhage y V se desmaterializaran para volver al Complejo, Butch se encaminó hacia el Escalade. Mientras desactivaba la alarma del SUV, escuchó a alguien cruzar corriendo el jardín.
—¡Butch! ¡Espera!
Miró por encima de su hombro. Marissa venía corriendo hacia él, y cuando se detuvo, estaba tan cerca que podía oír la sangre correr dentro de las cavidades de su corazón.
—¿Estás herido? —preguntó, recorriéndolo con la mirada.
—No.
—¿Estás seguro?
—Si.
—¿Era El Omega?
—Si.
Ella respiró profundamente, como si quisiera sondearlo, pero supiera que no iba a hablar de lo que había pasado con el Mal. No, estando las cosas como estaban entre ellos.
—Ah, antes de que viniera, te vi matar a ése asesino. Es esa… esa explosión de luz, es lo que tú…
—No.
—Oh. —Bajó la mirada a sus manos. No… estaba mirando la daga de su cadera—. Estuviste fuera luchando, antes de venir a aquí.
—Si.
—Y salvaste a ése chico… Lash, ¿verdad?
Él miró hacia el SUV. Sabía que estaba a un momento de arrojarse sobre ella, abrazarla con fuerza, y suplicarle que volviera a casa con él. Como un jodido y total idiota.
—Mira, voy a marcharme, Marissa. Ten… cuidado.
Caminó hacia el lado del conductor y entró. Cuando lo siguió, le cerró la puerta en la cara, pero no arrancó el motor.
Mierda, a través del vidrio y el acero del Escalade, podía sentirla tan vividamente como si la tuviera contra su pecho.
—Butch… —El sonido de su nombre era envolvente—. Quiero disculparme por algo que te dije.
Apretó el volante y miró por el parabrisas. Entonces como el tonto que era, su mano abrió la puerta y la empujó.
—¿Por qué?
—Siento haber sacado el tema del rescate de tu hermana. Ya sabes, antes, en el Pit. Fue cruel.
—Yo… mierda, te anotaste un buen punto. He estado intentando toda mi vida salvar gente por Janie. Así que no te sientas mal.
Hubo una larga pausa, y sintió algo fuerte saliendo de ella, algo ¡ah! si, su necesidad de alimentarse. Estaba famélica por una vena.
Y por supuesto, su cuerpo quería darle cada una que tuviera. Naturalmente.
Para mantenerse en el maldito Escalade, se puso el cinturón de seguridad, entonces le echó una última mirada a su cara. Estaba tensa por el esfuerzo y el… hambre. Estaba realmente luchando contra su necesidad, intentando escondérsela para que pudieran hablar.
—Tengo que irme —dijo él. Ahora.
—Si… yo, también. –Ella se sonrojó y dio un paso atrás, sus ojos encontraron los de él por un momento y se desviaron—. De todas formas, ya te veré. Por ahí.
Se giró y empezó a caminar rápidamente de regreso a la casa. Y adivina quién apareció en la puerta para encontrarla: Rehvenge.
Rehv… tan fuerte… tan poderoso… tan completamente capaz de alimentarla.
Marissa no logro avanzar ni un metro más.
Butch salió del SUV, la cogió por la cintura, y la arrastró de vuelta al coche. Aunque no era como si luchara contra él. En lo más mínimo.
Abrió la puerta trasera del Escalade y poco más que la tiró dentro. Mientras él empezaba a subir, miró a Rehvenge. La fija mirada violeta del tipo resplandecía, como si tuviera la intención de involucrarse, pero Butch clavó la mirada en los ojos del tipo y le apuntó al pecho, el signo universal de “tú quédate justo ahí colega y conservarás los dientes”. Los labios de Rehv se movieron con una maldición, pero entonces inclinó la cabeza y se desmaterializó.
Butch se subió a la parte trasera del SUV, cerró estrepitosamente la puerta, y estuvo encima de Marissa antes de que la luz del techo se desvaneciera. Estaban apretados en la parte de atrás, sus piernas retorcidas en ángulos extraños, los hombros apretados contra algo, probablemente la parte de atrás de un asiento, quizás. A él no podía importarle menos, ni a ella tampoco. Marissa fue completamente a por él, envolviéndole las caderas con las piernas y abriendo la boca para él mientras la besaba brutalmente.
Butch les dio la vuelta de golpe para que ella estuviera encima, le cogió un puñado de cabello, y la empujó directamente hacia su cuello.
—¡Muerde! —gruñó.
Mierda sagrada, lo hizo.
Sintió un dolor abrasador cuando sus colmillos se clavaron en él, y mientras era penetrado, su cuerpo dio un tirón desenfrenado, causando que su carne se desgarrara incluso más. Oh, pero era bueno. Tan bueno. Ella estaba dando profundos tirones de su vena y la satisfacción de alimentarla era un zumbante envite.
Él puso una mano entre sus cuerpos y acunó el calor de su centro, acariciándola. Mientras ella dejaba escapar un loco gemido, con la otra mano le levantó la camisa. Dios la bendiga, ella rompió el contacto en su cuello; sólo lo suficiente para quitarse la blusa y desabrocharse el sujetador.
—Los pantalones —dijo roncamente—. Quítate los pantalones.
Mientras ella se desnudaba torpemente en el espacio cerrado, se bajó la cremallera para liberar su erección. No se atrevía ni a tocar la cosa de tan cerca que estaba del orgasmo.
Lo montó completamente desnuda, sus pálidos ojos azules brillaban, ardiendo categóricamente en la oscuridad. La roja mancha de su sangre estaba todavía en sus labios y él se alzó para besar su boca, entonces se colocó en tal ángulo que cuando ella se sentó su cuerpo encajó justo en el sitio correcto. Él echó la cabeza hacia atrás mientras se unían y ella perforó su cuello en el otro lado. Mientras sus caderas comenzaban a moverse duramente, ella se dejó caer sobre sus rodillas para estabilizarse mientras bebía.
El orgasmo lo destrozó.
Pero en el momento en que acabó, estaba ya listo para empezar de nuevo.
Y lo hizo.


CAPÍTULO 47


Cuando Marissa hubo tomado todo lo que necesitaba, se separó de Butch y se puso a su lado. Él estaba sobre la espalda, mirando hacia el techo del Escalade, una mano descansando sobre su pecho. Respiraba desigualmente, su ropa estaba toda arrugada y desaliñada, la camisa abierta alrededor del pecho. Su sexo brillante y agotado sobre el duro estómago y las heridas del cuello estaban en carne viva aún después de que las hubiera lamido.
Lo había usado con un salvajismo que no había pensado que tenía, las necesidades les conducían a ambos a un absoluto y primario frenesí. Y ahora como consecuencia, ella podía sentir como su cuerpo se relajaba y sus párpados se cerraban.
Tan bueno. Había sido tan bueno.
—¿Me usarás otra vez? —La  voz de Butch, siempre tan grave, casi se había ido.
Marissa cerró los ojos, el pecho le dolía tanto, que hacía que tuviera problemas para respirar.
—Porque quiero ser yo en vez de él —Dijo.
¡Oh! entonces esto ha sido por un acto de agresión dirigido hacia Rehvenge, no sobre su alimentación. Debía haberlo sabido. Había visto la mirada que le había echado a Rehv justo antes de entrar en el coche. Obviamente todavía le tenía rencor.
—No importa —dijo Butch, poniéndose los pantalones y subiendo rápidamente la cremallera—. No es asunto mío.
No tenía ninguna respuesta para él, pero tampoco parecía esperarla. Le dio la ropa, no la miró mientras se vestía y en el instante en que su desnudez estuvo cubierta, abrió la puerta.
El frío aire se precipitó dentro y entonces fue cuando lo comprendió. El interior del coche olía a pasión y a las espesas y embriagadoras fragancias de la alimentación que eran tan atractivas. Pero no había insinuación del olor vinculante. Ni una insinuación.
Mientras se alejaba, ella no pudo soportar mirar atrás.

Era cerca del alba cuando Butch finalmente entró en el estacionamiento del Complejo. Después de aparcar el Escalade entre el GTO morado de Rhage y el Audi familiar de Beth, se dirigió hacia el Pit.
Después de que él y Marissa se hubiesen separado, había conducido por la ciudad durante horas, siguiendo senderos de calles sin sentido, pasando por casas inexistentes, parándose en los semáforos cuando se acordaba. Había ido a casa solo porque la luz del día iba a brillar sobre la tierra muy pronto y eso sólo parecía ser lo que debía hacer.
Miró hacia el este, donde se apreciaba una pequeña insinuación de resplandor.
Caminando hacia el centro del patio, se sentó sobre el borde de la fuente de mármol y miró como bajaban las persianas sobre las ventanas de la casa principal y del Pit. Parpadeó un poco por el brillo sobre el cielo. Después parpadeó mucho.
Cuando se le comenzaron a quemar los ojos, pensó en Marissa y recordó cada detalle suyo, desde la forma de su cara, hasta la caída de su cabello, el sonido de su voz y el olor de su piel. Aquí en la privacidad, se entregó al dolor del amor y el odioso anhelo que rechazaba abandonarlo.
Y quien lo hubiera dicho, el aroma de la vinculación apareció otra vez. De algún modo había logrado retenerlo cuando había estado a su alrededor, sintiendo que marcarla no era justo. ¿Pero aquí? ¿Solo? No había razón para esconderlo.
Cuando la salida del sol ganó ímpetu, las mejillas llamearon por el dolor —como cuando tenías una quemadura— y su cuerpo se retorció con alarma. Se obligó a quedarse por que tenía que ver el sol, temblándole los muslos ante el impulso de correr y no iba a ser capaz de sostenerlos durante mucho tiempo.
¡Mierda!… nunca volvería a ver la luz del día otra vez ¿verdad? y con Marissa fuera de  su vida no abría ninguna clase de luz del sol para él. Nunca.
La oscuridad lo poseía, ¿O no era así?
Liberó su miedo porque no tenía ninguna opción y en el instante en que lo hizo, las piernas corrieron a través del patio. Lanzando su cuerpo por el vestíbulo del Pit, cerró de golpe la puerta interna y respiró violentamente.
No había ninguna música rap sonando, pero la chaqueta de cuero de V estaba tirada sobre la silla de detrás de los ordenadores, por lo que él debía andar cerca. Probablemente todavía en la casa grande exponiendo un resumen de las noticias a Wrath.
Cuando Butch entró en la sala de estar, el familiar impulso de beber lo golpeó con fuerza y no veía una buena razón para no rendirse. Desembarazándose del abrigo y las armas. Se dirigió hacia el whisky escocés, se lleno un vaso largo y se llevó la botella con él. Acercándose a su sofá favorito, levantó el vaso hacia los labios y mientras bebía, los ojos cayeron sobre las noticias del Sports Illustrated. Allí se veía la imagen de un jugador de béisbol en la portada y al lado de la cabeza del tipo, en impresión grande amarilla, una sola palabra: HÉROE.
Marissa tenía razón. Realmente tenía complejo de héroe. Pero esto no era una especie de viaje al ego. Era por que si tal vez salvaba a bastantes personas podría ser… perdonado.
Esto era tras lo que realmente iba: absolución.
Las escenas retrospectivas de sus años de juventud comenzaron a representársele vagamente como en una película de un canal de pago, pero seguro como la mierda que esta no sería la película que elegiría. Y en medio del espectáculo, los ojos se deslizaron hacia el teléfono. Solo había una persona que podría aliviarlo acerca de esta cuestión, y dudaba que ella lo hiciera. Pero maldita sea, si pudiera extender la mano y hablar con su madre, solo una vez, que ella le perdonara por dejar que Janie entrara en aquel coche…
Butch se sentó sobre el sofá de cuero y dejó a un lado el whisky escocés.
Estuvo allí durante horas, hasta que el reloj dio las nueve. Y luego cogió el teléfono y marcó un número que comenzaba con el prefijo local 617. Contestó su padre.
La conversación fue tan horrible como Butch pensó que podría ser. ¿Lo único peor? Las noticias de casa.
Cuando terminó la llamada dejó el inalámbrico, vio que el total de tiempo transcurrido, contando los seis timbrazos del principio, era de un minuto y treinta y cuatro segundos. Y era, sabía, probablemente la última vez que hablaba con Eddie O’Neal.
—¿Qué haces, poli?
Saltó y levantó la vista hacia Vishous. No vio ninguna razón para mentirle. —Mi madre está enferma. Desde hace dos años, al parecer. Tiene Alzheimer. Mal. Desde luego, nadie pensó en decírmelo. Y nunca lo habría sabido si yo no acabara de llamar.
—Mierda… —V fue y se sentó—. ¿Quieres visitarla?
—No. —Butch negó con la cabeza y recogió su whisky escocés—. No hay razón para ello. Esa gente, ya no es asunto mío.


CAPÍTULO 48


La tarde siguiente, Marissa estrechó la mano de su nueva Directora de Residencia. La hembra era perfecta para el puesto. Inteligente. Amable. De voz suave. Preparada en salud pública en la Universidad de New York. Escuela nocturna, por supuesto. 
—¿Cuándo te gustaría que comenzara? —dijo la hembra.
—¿Qué te parece esta noche? —replicó Marissa irónicamente. Cuando obtuvo un entusiasta asentimiento, sonrió un poco. —Genial… ¿Por qué no te enseño tu oficina?
Cuando Marissa regresó del dormitorio del piso superior, que le había asignado a la directora, fue hacia el ordenador portátil, entró en el servicio de listados múltiples de Caldwell, y comenzó a mirar alguna otra propiedad que estuviera a la venta dentro de los límites de la comunidad.
No pasó mucho tiempo y no encontró nada. Butch era una presión constante en el pecho, un peso invisible que le dificultaba respirar. Y si no estaba ocupada, los recuerdos de él la consumían.
—¿Señorita?
Levantó la mirada hacia la doggen de Lugar Seguro.  —¿Si, Philipa?
—Havers nos ha enviado un caso. La hembra y su hija serán traídas aquí mañana, después de estabilizar a la niña, pero el historial del caso tomado por la enfermera de la clínica, será enviado por correo electrónico  dentro de una hora.
—Gracias. ¿Podrías preparar una habitación para ellas en el piso de abajo?
—Si, señorita—. La doggen se inclinó y se fue.
Después de todo Havers estaba manteniendo su palabra.
Marissa frunció el ceño, la ahora constante sensación de que estaba olvidándose de algo regresó. Por alguna razón, la imagen de Havers le vino a la mente y no se iba… y eso fue lo que trajo un borroso recuerdo a la luz.
Venida de ninguna parte, escuchó su propia voz diciéndole a Butch: “no me sentaré a observar como te destruyes”.
Buen Dios. Las mismas palabras que su hermano le había dicho cuando la echó de la casa. Oh, dulce Virgen Escriba, le estaba haciendo a Butch precisamente lo mismo que Havers le había hecho a ella: desterrándolo bajo la noble apariencia de prudente desaprobación. Salvo que en realidad, ¿el asunto no era salvarse a sí misma de sentirse asustada y fuera de control porque lo amaba?
Pero ¿que hay acerca de su deseo de morir?
La asaltó la visión de él enfrentándose a ese lesser en el césped delantero del leahdyre: Butch había sido cuidadoso en esa situación. Cauteloso. No imprudente. Y se había movido con habilidad, no como un liado azote enloquecido.
¡Oh!… Demonios, pensó. ¿Qué si se había equivocado? ¿Si Butch pudiese pelear? ¿Si le correspondiera pelear?
Pero, ¿qué ocurría con el Mal? ¿El Omega?
Bueno, la Virgen Escriba había intercedido para proteger a Butch. Y él todavía era… Butch después de que El Omega hubo desaparecido. Que si…
Un golpe sonó y se puso de pie de un salto. —¡Mi Reina!
Beth sonrió desde la puerta, alzando una mano. —Hola.
Llena de confusión, Marissa hizo una reverencia, lo que hizo que Beth sacudiera la cabeza riéndose entre dientes.
—¿Nunca lograré que dejes de hacer eso?
—Probablemente no… es el peso de mi educación. —Marissa trató de concentrarse—. Vienes… ah, vienes a ver que hemos hecho aquí en la última…
Bella y Mary aparecieron detrás de la Reina.
—Queremos hablar contigo —dijo Beth—. Es acerca de Butch.

Butch se revolvía en la cama. Abrió apenas un ojo. Maldijo cuando vio el reloj. Había dormido demasiado, probablemente debido a lo dura que había sido la noche anterior. ¿Eran tres lessers demasiado para una noche? O quizás fue el alimentar…
Oh, infiernos, no. De ninguna manera iba a pensar en eso. No iba a recordarlo.
Rodó hasta quedar de espaldas…
Y se enderezó en el colchón. —¡Oh… mierda!
Cinco figuras encapuchas con negras túnicas rodeaban la cama.
La voz de Wrath llegó primero en el Lenguaje Antiguo, luego en ingles. —No hay vuelta atrás a la pregunta que se te planteará esta noche. Sólo se te dará una oportunidad, y tu respuesta se mantendrá por el resto de tu vida. ¿Estas preparado para que te pregunten?
La Hermandad. Santa María, Madre de Dios.
—Si. —Barbotó Butch, agarrando su cruz.
—Entonces te digo ahora, Butch O’Neal descendiente de mi propia sangre, y de la sangre de mi padre, ¿te unirás a nosotros?
¡Oh!… mierda. ¿Era esto real? ¿Un sueño?
Miró a cada una de las figuras encapuchadas. —Si. Si, me uniré a vosotros.
Le fue lanzada una túnica negra. —Tiende esto sobre tu piel, levanta la capucha sobre tu cabeza. En todo momento, te quedarás callado a menos que te hablen. Mantendrás la mirada fija en el suelo. Tendrás las manos unidas detrás de la espalda. Tu valentía y el honor de la línea de sangre que compartimos será medida en cada acto que realices.
Butch se levantó y se puso la túnica. Fugazmente deseó haber ido al baño… 
—Te será permitido vaciar tu cuerpo. Hazlo ahora.
Cuando Butch regresó, se aseguró de tener la cabeza baja y las manos unidas detrás de él.
Cuando una pesada mano cayó sobre su hombro, supo que era Rhage. Ninguna otra palma pesaba tanto.
—Ahora ven con nosotros —dijo Wrath.
Butch fue dirigido fuera del Pit y directo dentro del Escalade, el SUV estaba aparcado prácticamente dentro del vestíbulo, como si no quisieran que nadie supiera lo que estaba pasando.
Después de que Butch se deslizara en la parte de atrás, se encendió el motor del Escalade y varias puertas se cerraron. Con una sacudida, avanzaron lentamente por lo que asumió era el patio hasta que comenzaron a dar tumbos como si estuviesen andando por el prado trasero y adentrándose en el bosque. Nadie dijo nada, y en el silencio no pudo evitar preguntarse qué demonios harían con él. Seguro que esto no iba a ser pan comido.
Eventualmente el SUV se detuvo y todos bajaron. Tratando de seguir las reglas, Butch dio un paso al costado y fijo la mirada en el suelo, esperando que alguien lo guiara. Alguien lo hizo, mientras el Escalade era conducido lejos.
Mientras Butch avanzaba arrastrando los pies, le fue posible ver la luz de luna en el suelo, pero entonces, la fuente de luz desapareció abruptamente y se volvió completamente oscuro. ¿Estaban en una cueva? Si… lo estaban. El olor de tierra húmeda le llenaba la nariz y debajo de sus pies descalzos podía sentir pequeñas piedras raspándole la planta.
Unos cuarenta pasos después, la marcha se detuvo bruscamente. Se oyó un sonido, como un susurro y luego más caminata, ahora descendiendo. Otra parada. Más sonidos bajos como si una bien engrasada verja fuera retirada.
Luego calor y luz. Un pulido suelo de… mármol. Lustroso mármol negro. Mientras proseguían, tuvo la sensación de que estaban desfilando a través de algún lugar con techos muy altos porque por pequeños que fueran los sonidos que hacían, reverberaban hacia arriba y hacían eco. Hubo otra pausa, seguida de muchos movimientos de tela… los hermanos desvistiéndose, pensó.
Una mano lo sujetó por detrás del cuello y el profundo gruñido de la voz de Wrath en su oído. —Eres indigno de entrar aquí como estas ahora. Asiente.
Butch asintió.
—Di que eres indigno.
—Soy indigno.
De repente las voces de la Hermandad dejaron salir agudas exclamaciones airadas, en el Lenguaje Antiguo, como si estuvieran protestando.
Wrath continuó. —Aunque no eres digno, tú deseas convertirte en tal esta noche. Asiente.
Asintió.
—Di que quieres hacerte merecedor.
—Deseo ser merecedor.
Otro grito en el Lenguaje Antiguo, esta vez un aliento de apoyo.
Wrath continuó. —Hay sólo una forma de convertirse en digno y es la forma correcta y apropiada. Carne de nuestra carne. Asiente.
Asintió.
—Di que deseas volverte carne de nuestra carne.
—Deseo volverme carne de vuestra carne.
Un bajo cántico comenzó, y Butch tuvo la impresión de que se había formado una línea delante y detrás de él. Sin advertencia previa, comenzaron a moverse, el movimiento resultante hacia atrás y hacia delante se reflejaba en la cadencia de poderosas voces masculinas. Butch luchó para compenetrarse con el ritmo, chocando por delante con quien supuso que era Phury por el sutil olor a humo rojo, luego lo chocaron por detrás por quien sabía que era Vishous sólo porque lo sabía. Mierda, estaba haciendo un lío de todo el asunto…
Y entonces sucedió. Su cuerpo encontró la cadencia y se estaba moviendo con ellos… si, eran todos uno con el cántico y el movimiento, atrás… adelante… balanceándose a la izquierda… luego a la derecha… las voces, no los músculos de los muslos, dirigiendo los pies hacia adelante.
De repente, hubo una explosión acústica, los sonidos del cántico se fracturaron y se transformaron en un millar de direcciones diferentes: habían entrado en un inmenso espacio.
Una mano en el hombro le dijo cuando detenerse.
El cántico se detuvo como si hubiera sido desenchufado, los sonidos rebotaron por un momento, luego flotaron lejos.
Fue tomado por el brazo y conducido hacia delante.
A su lado, Vishous dijo en voz baja. —Escaleras.
Butch vaciló un poco, luego comenzó a subir. Cuando alcanzó la cima, fue situado por V, colocado… donde fuera que debía estar. Cuando se asentó en su postura, tuvo la sensación de que estaba justo delante de algo grande, la punta de los pies contra algo que parecía ser una pared.
En el silencio que siguió, unas gotas de sudor se le escurrieron por la nariz y aterrizaron justo en el lustroso suelo entre sus pies.
V le apretó el hombro como para tranquilizarlo. Luego se alejó.
—¿Quién propone a este macho? —demandó la Virgen Escriba.
—Yo, Vishous, hijo del guerrero de la Daga Negra conocido como Bloddletter, lo hago.
 —¿Quién rechaza a este macho? —Hubo un silencio. Gracias a Dios.
Ahora la voz de la Virgen Escriba tomó proporciones épicas, llenando el espacio alrededor de ellos y cada pulgada entre los oídos de Butch hasta que todo se limitó al sonido de las palabras que pronunciaba. —En base al testimonio de Wrath hijo de Wrath, y de acuerdo a la propuesta de Vishous, hijo del guerrero de la Daga Negra conocido como Bloodletter, encuentro que este macho ante mi, Butch O’Neal, descendiente de Wrath hijo de Wrath, es una nominación apropiada para la Hermandad de la Daga Negra. Como está en mi el poder y depende de mi juicio hacerlo, y como es conveniente para la protección de la raza, me abstengo del requerimiento de la línea materna en este caso. Pueden comenzar.
Wrath habló. —Dadle vuelta. Descubridlo.
Butch fue recolocado de manera que mirara hacia afuera, y Vishous le quitó la túnica negra. Luego el Hermano le dio la vuelta a la cruz de oro de forma que colgara por la espalda de Butch, y se alejó.
—Levanta los ojos —ordenó Wrath.
Butch inhaló al levantar la vista.
Estaba parado sobre un estrado de mármol negro, que miraba a una cueva subterránea iluminada por cientos de velas negras. Frente a él, había un altar hecho por un enorme dintel de piedra que se sostenía sobre dos gruesos postes… sobre el cual descansaba una antigua calavera. Más allá, alineada delante de él, estaba la Hermandad en toda su gloria, cinco machos cuyas caras eran solemnes y cuyos cuerpos eran fornidos.
Wrath rompió filas y se acercó para pararse delante del altar. —Retrocede hacia la pared y aférrate a las clavijas.
Butch hizo lo que le dijo, sintiendo la suave, fresca piedra contra los hombros y el trasero mientras las manos encontraron dos macizas asideras.
Wrath levantó la mano y estaba… mierda, estaba cubierta por un antiguo guante de plata que lucía púas en los nudillos. Dentro del puño que estaba formando se podía ver el mango de una daga negra.
Extendiendo el brazo, el Rey se marco la muñeca y sostuvo la herida sobre la calavera, que tenía montada una copa de plata en su parte superior. Lo que fluyó de la vena de Wrath fue tomado y contenido, una lustrosa poza roja que capturaba la luz de las velas.
—Mi carne —dijo Wrath. Luego se lamió la herida para cerrarla, bajó el cuchillo, y se acercó a Butch.
Butch tragó con fuerza. 
Wrath batió la palma contra la mandíbula de Butch, empujándole la cabeza hacia atrás y lo mordió en el cuello, con fuerza. Todo el cuerpo de Butch se sacudió y apretó los dientes para no gritar, las manos estrujaron las clavijas hasta que le pareció que se le iban a quebrar las muñecas. Entonces Wrath dio un paso hacia atrás y se limpió la boca.
Sonrió ferozmente. —Tu carne.
El Rey dobló el puño dentro del guante plateado, tiró hacia atrás el brazo, y lo clavó en el pecho de Butch. Las púas se hundieron en la piel mientras que el aire le explotaba en los pulmones, el crudo sonido saltando y rebotando por toda la cueva.
Mientras recuperaba el aliento, subió Rhage y tomó el guante. El Hermano cumplió el ritual tal como lo había hecho Wrath: cortándose la muñeca, sosteniéndola sobre la calavera, diciendo las mismas dos palabras. Después de sellarse la herida, se acercó a Butch. Las siguientes dos palabras fueron pronunciadas y luego los duros colmillos de Rhage se clavaron en la garganta de Butch, ubicando la mordida debajo de la de Wrath. El puñetazo de Rhage fue rápido y sólido, justo donde Wrath había lanzado el suyo, en el pectoral izquierdo.
El siguiente fue Phury. Seguido por Zsadist.
Para el momento en que terminaron, el cuello de Butch se sentía tan suelto que estaba seguro de que su cabeza rodaría de los hombros y bajaría los escalones rebotando. Y estaba mareado por los golpes en el pecho, la sangre de la herida se escurría hacia abajo por el estómago hasta llegar a los muslos.
Entonces fue el turno de V.
Vishous subió al estrado, con los ojos bajos. Aceptó el guante de plata de Z y se lo deslizó sobre el de cuero negro que ya vestía su mano. Luego se marcó a si mismo con un rápido destello de la negra cuchilla y miró fijamente la calavera, mientras la sangre goteaba dentro de la taza, uniéndose a la de los otros.
—Mi carne —susurró.
Pareció titubear antes de volverse hacia Butch. Entonces se volvió sobre si mismo y sus ojos se encontraron. Cuando la luz de las velas titiló sobre la dura cara de V y fue capturada por los iris color diamante, Butch sintió que se quedaba sin aliento. En ese momento, su compañero se veía tan poderoso como un dios… y quizás incluso igual de hermoso.
Vishous se acercó más y deslizó la mano por el hombro de Butch hasta detrás del cuello. —Tu carne —barbotó V. Luego hizo una pausa, como si estuviera pidiendo algo.
Sin pensar, Butch inclinó la barbilla hacia arriba, conciente de que se estaba ofreciendo a si mismo, conciente de que el… ¡oh!, mierda. Detuvo sus pensamientos, verdaderamente extrañado por la sensación que lo asaltó de sólo Dios sabía donde.
En cámara lenta la oscura cabeza de Vishous descendió y sintió un sedoso roce cuando la perilla se movió contra la garganta de Butch. Con exquisita precisión, los colmillos de V presionaron contra la vena que provenía desde el corazón de Butch, luego lentamente, inexorablemente, atravesaron la piel. Sus pechos se fusionaron.
Butch cerró los ojos y absorbió la sensación de todo ello, la calidez de sus cuerpos tan juntos, la manera en que el cabello de V se sentía tan suave contra su barbilla, el movimiento de un poderoso brazo masculino mientras se deslizaba alrededor de su cintura. Con voluntad propia, las manos de Butch soltaron las clavijas y fueron a descansar sobre las caderas de V, apretando esa dura carne, uniéndolos desde la cabeza a los pies. Un temblor recorrió a uno de ellos. O quizás… mierda, fue más bien como si los dos temblaran.
Y entonces estuvo hecho. Terminado. Nunca volvería a pasar.
Ninguno de los dos miró al otro cuando V se separó… y la separación era completa e irrevocable. Un camino que nunca sería andado. Jamás.
La mano de V saltó hacia atrás y conectó con el pecho de Butch, el impacto más fuerte que todos los otros, incluido el de Rhage. Mientras Butch se ahogaba por la fuerza del puñetazo, Vishous se volvió y se reunió con la formación de la Hermandad. 
Después de un momento, Wrath caminó hacia el altar y tomó la calavera, alzándola alto, presentándola a los Hermanos. —Este es el primero de nosotros. Salúdenlo, el guerrero que dio origen a la Hermandad.
Cuando los hermanos lanzaron un grito de guerra que llenó la cueva, Wrath se volvió hacia Butch.
—Bebe y únete a nosotros.
Butch fue por ella con gusto, agarrando la calavera, inclinando la cabeza hacia atrás, vertió la sangre por la garganta. Los Hermanos cantaban mientras bebía, sus voces haciéndose cada vez más altas, reverberando. Saboreó a cada uno de ellos. El crudo poder y la majestad de Wrath. La inmensa fuerza de Rhage. La ardiente, protectora lealtad de Phury. El frío salvajismo de Zsadist. La aguda astucia de Vishous.
Le quitaron la calavera de las manos y fue empujado nuevamente contra el muro.
Los labios de Wrath se curvaron enigmáticamente. —Mejor te sujetas de esas clavijas.
Butch las agarró justo cuando una ola de batiente energía le golpeó. Se mordió a sí mismo para evitar dejar salir un aullido y levemente fue conciente de que los Hermanos gruñían con aprobación. Mientras el rugido crecía, su cuerpo comenzó a corcovear contra las clavijas como si se hubiese metido un kilo de cocaína por la nariz. Luego todo enloqueció dentro de él, cada neurona de su cerebro se disparó, cada vaso sanguíneo y capilar se llenó. Con el corazón martilleando, la cabeza dando vueltas, el cuerpo tenso, él…
Butch despertó sobre el altar, desnudo y yaciendo de lado enroscado sobre sí mismo. Tenía una sensación de ardor en el pecho, y cuando puso la mano ahí sintió algo granulado. ¿Sal?
Cuando parpadeó y miró alrededor, se dio cuenta de que estaba frente a un muro de mármol negro grabado con lo que debían ser nombres en el Lenguaje Antiguo. Dios, había cientos de ellos. Aturdido por la visión, se sentó y se obligó a ponerse de pie. Cuando tropezó hacia delante de alguna manera logró conservar el equilibrio antes de tocar lo que sabía que era sagrado.
Mirando fijo los nombres, estuvo seguro de que todos habían sido tallados por la misma mano, cada uno de ellos, porque cada símbolo era de idéntica y amorosa calidad.
Vishous había hecho esto. Butch no entendía como lo sabía… no, si lo entendía. Tenía estos ecos en la cabeza ahora… ecos de la vida de sus… ¿hermanos? Si… y todos estos machos cuyos nombres leía eran sus… hermanos. De alguna manera ahora conocía a cada uno de ellos.
Con los ojos bien abiertos, siguió las columnas escritas hasta… ahí… ahí estaba, abajo a la derecha. Ese al final de la línea. El último. ¿Era el suyo?
Oyó aplausos y miró sobre el hombro. Los Hermanos vestían nuevamente las túnicas, pero las capuchas estaban bajas. Y estaban radiantes, absolutamente radiantes, incluso Z.
 —Ese eres tú —dijo Wrath. —Serás llamado el guerrero de la Daga Negra Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath.
—Pero siempre serás Butch para nosotros —interrumpió Rhage—. Como también cara de culo. Culo roto. Real dolor en el culo. Ya sabes, cualquier cosa que la situación requiera. Creo que mientras haya un culo en él, será adecuado.
—¿Que tal ridículo?— sugirió Z.
—Bonito. Lo consideraré.
Empezaron a reír y la túnica de Butch apareció frente a él, sostenida por la mano enguantada de Vishous.
V no lo miró a los ojos cuando dijo. —Toma.
 Butch tomó la túnica, pero no quería que su compañero huyera. Con queda urgencia dijo. —¿V? —Vishous enarcó las cejas, pero continuó apartando los ojos—. ¿Vishous? Vamos, hombre. Tendrás que mirarme en algún momento. ¿V…?
El pecho de Vishous se expandió… y su mirada de diamante volteó lentamente hacia Butch. Fue un momento intenso. Luego V se extendió y volvió a colocar la cruz de manera que colgara sobre el corazón de Butch. —Lo hiciste bien, poli. Felicitaciones, ¿cierto?
—Gracias por presentarme… trahyner. —Cuando los ojos de V destellaron, Butch dijo—. Sip, busqué el significado de la palabra. ‘Querido amigo’ en lo que a mí concierne se ajusta perfectamente.
V se sonrojó. Aclaró la garganta. —Bien hecho, poli. Bien… hecho.
Cuando Vishous se alejó, Butch se puso la túnica y se miró el pecho. La cicatriz circular sobre el pectoral izquierdo estaba quemada en su piel, una marca permanente, justo igual a la que tenía cada uno de los hermanos. Un símbolo del vínculo que compartían.
Pasó la punta de los dedos sobre la impresa cicatriz y granos de sal cayeron libres al lustroso piso. Luego miró el muro y fue hacia allí. Acuclillándose, tocó el aire encima de su nombre. Su nuevo nombre.
Ahora he nacido realmente, pensó. Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath.    
La visión se le volvió borrosa y parpadeó rápidamente, pero sus párpados no pudieron contenerlas. Cuando las lágrimas rodaron por las mejillas, rápidamente las barrió con la manga. Y ahí fue cuando sintió las manos en los hombros. Los Hermanos —sus hermanos— lo rodeaban y pudo sentirlos ahora, de hecho pudo… percibirlos.  
Carne de su carne. Como él era carne de la de ellos.
Wrath se aclaró la garganta, pero aún así, la voz del Rey sonó ligeramente ronca. —Eres el primer reclutado en 75 años. Y tú… eres digno de la sangre que tú y yo compartimos, Butch de mi propia línea de sangre.
Butch dejó que la cabeza le cayera suelta sobre los hombros y lloró abiertamente… pero no de felicidad como seguramente asumían ellos.
Lloró por el vacío que sentía.
Porque con todo lo maravilloso que era todo esto, parecía vacío para él.
Sin su compañera para compartir la vida, no era sino una pantalla por la que pasaban eventos y circunstancias. Ni siquiera estaba vacío, porque ni siquiera servía de recipiente para contener el más leve de los aires.
Vivía, sin embargo no estaba realmente vivo. 

No hay comentarios: