sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/CAPITULO 49 50

CAPÍTULO 49


Dentro del Escalade, en el camino de regreso a la mansión, todo el mundo se sentía lleno de energía y hablaba por los codos: Rhage estaba soltando mierda como siempre. Wrath se reía de él. Luego V comenzó a responderle, y antes de que pasara mucho tiempo, todo el mundo estaba criticando uno al otro. Como suelen hacer los hermanos.
Butch se acomodó en el asiento, conciente de que esta vuelta a casa como la ceremonia anterior, eran motivo de una gran alegría para la Hermandad. E incluso, aunque no pudiera sentirse igual de alegre, estaba realmente contento por ellos.
Estacionaron en frente de la mansión, y cuando Butch se bajó del vehiculo las grandes puertas del frente de la casa se abrieron completamente y la Hermandad formó un semicírculo detrás de él.
El cántico comenzó de nuevo, y cuando ingresaron al vestíbulo decorado con los colores del arco iris les llegó un gran aplauso: los doggen estaban esperando, los 20 que servían en el complejo, y delante de ellos estaban las tres hembras que vivían en el Complejo, ataviadas que quitaban el aliento. Beth llevaba el vestido rojo sangre que había usado en su boda, Mary estaba vestida de azul real y Bella de plata brillante.
Butch deseaba tanto que Marissa estuviera allí, que no podía soportar mirar a las shellans sin sentir un dolor en el pecho. Estaba a punto de hacer una salida desesperada, de huir cobardemente hacia el Pit, cuando el mar de cuerpos se abrió y…
Ahí estaba Marissa, llevaba un vestido color melocotón vibrante, tan hermoso y vívido que Butch se preguntó si un rayo de sol no se habría concentrado y tomado su forma. El cántico se detuvo cuando ella dio un paso adelante.
Confuso, sin entender aún el porque de su presencia, Butch se acercó de todas formas.
Pero cayó de rodillas frente a él con el vestido envolviéndola, formando grandes ondas de raso a su alrededor.
Inclinó la cabeza y con voz ronca debido a la emoción dijo —Guerrero, te ofrezco esta prenda de buena suerte para cuando luches. —Alzó las manos y en las palmas llevaba una gruesa trenza de su cabello atada en cada uno de los extremos con cintas azul pálido. —Sería para mi un orgullo que portaras esto en la batalla. Sería para mí un orgullo que mí… Hellren sirviera a nuestra raza, si aún… me quieres.
Totalmente abrumado por el gesto, Butch se agachó y le levantó la temblorosa barbilla, mientras le secaba las lágrimas, tomó la trenza que le ofrecía y la acunó contra su corazón. —Por supuesto que te quiero —murmuró— Pero ¿por qué cambiaste de opinión?
Miró hacia atrás, a las tres hembras de la casa, en sus magníficos vestidos, y luego en un tono igualmente bajo, dijo —Hablé con algunas amigas. O mejor dicho, ellas hablaron conmigo.
—Marissa… —fue todo lo que pudo decir.
Como parecía que se había quedado sin voz, la besó, y mientras se abrazaban una gran ovación se elevó en el amplio vestíbulo.
—Siento mucho haber sido tan débil —le susurró al oído— Beth, Mary y Bella fueron a verme. Nunca estaré tranquila con el peligro que enfrentas al ser miembro de la Hermandad. Estaré preocupada cada noche. Pero ellas confían en que sus machos serán cuidadosos y yo… yo creo que tú me amas. Creo que nunca me dejarías si pudieses evitarlo. Creo que te cuidarás y te detendrás si te parece que el mal puede llegar a sobrepasarte. Si ellas pueden manejar el miedo a la pérdida, también puedo hacerlo yo.
La apretó aún más fuerte  —Tendré cuidado, lo juro, lo juro.
Por un momento, se quedaron de pie, abrazados, luego Butch levantó la cabeza y miró a Wrath, quién había tomado a Beth en sus brazos.
—Entonces, hermano —dijo Butch— ¿Tienes un cuchillo y algo de sal? Es tiempo de terminar cierto emparejamiento ¿me sigues?
—Te tenemos cubierto, amigo.
Fritz se adelantó con la misma jarra y el mismo recipiente de lo mejor de Morton, que habían usado para la ceremonia de Wrath y Beth. Y en la de Rhage y Mary. Y en la de Zsadist y Bella.
Mirando dentro de los ojos azul pálido de su shellan, Butch murmuró —La oscuridad nunca me tomará… porque te tengo a ti. Marissa, la luz de mi vida. Eso es lo que eres.


CAPÍTULO 50


La tarde siguiente, Marissa sonrió cuando alzó la vista de su escritorio. Butch llenaba la entrada de la oficina, su cuerpo tan grande.
Dios, aunque su cuello todavía se estaba curando de la iniciación, ¡Dios mío!, parecia bien. Fuerte. Poderoso. Su compañero.
—Hola —dijo, destellando su diente delantero dañado. Así como sus colmillos.
Ella sonrió. —Llegas temprano.
—No podía estar alejado ni un momento más. —Entró y cerró la puerta… y cuando de manera sutil aseguró la cerradura, su cuerpo se calentó.
Rodeo el escritorio y giró la silla para enfrentarla, luego se arrodilló en el suelo. Cuando extendió sus muslos y se acerco acomodandose entre ellos, el olor de la vinculación lleno el aire mientras acariciaba su clavícula. Con un suspiro, ella envolvió los brazos alrededor de sus anchos hombros y besó la piel suave detrás de la oreja.
—¿Cómo estas, hellren?
—Mejor ahora, esposa.
Mientras se aferraba a él, desplazó su mirada por el escritorio. Allí, entre los papeles, carpetas y plumas, estaba una pequeña estatuilla blanca. La pieza exquisitamente esculpida era una figura en mármol de una mujer sentada de piernas cruzadas con una daga doble en la palma de la mano, un búho en la mano opuesta.
Beth las había mandado hacer. Una para Mary. Una para Bella. Una para Marissa. Y la Reina había conservado una para si misma. El significado de la daga era obvio. El búho blanco era un vínculo con la Vigen Escriba, un símbolo de oración para la protección de sus compañeros  guerreros.
La Hermandad era fuerte, una unidad, una fuerza poderosa en su mundo para el bien. Y las hembras también eran fuertes. Una unidad. Una fuerza poderosa para el bien en su mundo.
Unidas tan fuertemente, juntas como sus guerreros.
Butch levantó la cabeza y la miró con total adoración. Con la ceremonia de emparejamiento completa, y con su nombre grabado en la espalda, ella ejercia dominio sobre su cuerpo tanto por ley como por instinto, un control que con mucho gusto le entregó, tiernamente rendido a ella. Era suyo para mandar, como la glymera siempre decía, era hermoso estar realmente apareado.
 La unica cosa en la que aquellos tontos acertaron alguna vez.
—Marissa, quiero llevarte para que conozcas a alguien, ¿esta bien?
—Por supuesto. ¿Ahora?
—No, mañana al anochecer.
—Bien. ¿Quién?
La besó. —Ya verás.
Mirando profundamente en sus ojos color avellana, ella acarició su cabello oscuro y grueso. Entonces trazó sus cejas con los pulgares. Pasó la punta del dedo sobre su nariz desigual, rota demasiadas veces.  Tocó ligeramente su diente astillado.
—Estoy un poco desgastado por la batalla, ¿verdad? —dijo—. Pero ya sabes, con cirugía plástica y unas fundas, podría ser tan deslumbrante como Rhage.
 Marissa echó un vistazo atrás a la estatuilla y pensó en su vida. Y en la de  Butch.
Sacudió la cabeza despacio y se inclinó para besarlo. —Yo no cambiaría nada de ti. Ni  una sola cosa.

No hay comentarios: