sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE CONFESO/EPILOGO

EPÍLOGO


Joyce O’Neal Rafferty estaba apurada y completamente cabreada, mientras se dirigía a la residencia de ancianos. Sean, el bebé, había pasado toda la noche vomitando, y estuvieron tres horas esperando en el pediatra antes de que el doctor pudiera hacer un hueco para atenderlos. Luego Mike había dejado un mensaje diciendo que trabajaría hasta tarde, asi que no tendria tiempo para ir al supermercado de regreso a casa.
Maldicion, no tenían nada en la nevera ni en la alacena para comer.
Joyce se acomodó a Sean en la cadera y corrió por el pasillo, esquivando carros de comida y una cuadrilla de sillas de ruedas. Al menos ahora Sean estaba dormido y no había vomitado durante horas. Tratar con un bebé quisquilloso y enfermo, así como con su madre, era más de lo que Joyce podia manejar a un mismo tiempo. Sobre todo después de un día como el de hoy.
Llamó a la puerta de la habitación de su madre, luego directamente entró. Odell estaba sentaba en la cama, hojeando el Reader’s Digest.
—Oye, mamá, ¿cómo te encuentras? —Joyce se acercó a la silla tapizada con Naugahyde[1] que estaba cerca de la ventana. Cuando se sentó, el cojín chilló. Lo mismo que Sean cuando se despertó.
—Estoy bien. —La sonrisa de Odell era agradable. Sus ojos vacíos como mármol oscuro.
Joyce comprobó el reloj. Se quedaría diez minutos, luego iria al Star Market de camino a casa.
—Tuve un invitado anoche.
—¿Si, mamá? —Y definitivamente, iba a comprar suficiente comida para una semana completa—. ¿Quién era?
—Tu hermano.
—¿Teddy estuvo aquí?
—Butch.
Joyce se congeló. Entonces decidió, que su madre estaba alucinando. —Que bien, mamá.
—Vino cuando no había nadie alrededor. Después del anochecer. Trajo a su esposa. Es muy bonita. Dijo que se casarán en una iglesia. Quiero decir, ya son  marido y mujer, pero lo hicieron por su religión. Que gracia... no entendí cual era. ¿Tal vez luterana?
Definitivamente tenia alucinaciones. —Eso está bien.
—Se parece a su padre.
—¿Ah, sí? Pensé que era el único que no se parecia a papá.
—Su padre. No el vuestro.
Joyce frunció el ceño. —¿Perdona?
Su madre asumió una expresión soñadora y miró hacia afuera a través de la ventana. —¿Te conté alguna vez sobre la ventisca del '69?
—Mamá, volviendo a  lo de Butch ...
—Nos quedamos atascados en el hospital, nosotras las enfermeras junto con los doctores. Nadie podía ir o venir. Estuve allí durante dos días. Dios, tu padre estaba tan disgustado por tener que cuidar  los niños sin mí. —Repentinamente, Odell pareció años más joven y tan aguda como una tachuela, sus ojos se aclararon—. Había un cirujano allí. Ah, era tan… diferente de todos los demás. Era el jefe de cirugía, era muy importante. Era… hermoso y diferente y muy importante. Aterrador también. Sus ojos, aún puedo verlos en mis sueños. —De repente, todo el entusiasmo se evaporó y su madre se desinfló—. Fui mala. Fui una esposa mala, mala.
— Mamá… —Joyce sacudió su cabeza—. ¿Qué estas diciendo?
Lágrimas comenzaron a caer por el rostro arrugado de Odell. —Fui a confesarme cuando llegué a casa. Recé. Recé con fuerza. Pero Dios me castigó por mis pecados. Incluso durante el parto… el parto fue terrible con Butch. Casi morí, sangré tanto. Todos mis otros partos fueron buenos. Pero… el de Butch no.
Joyce apretó a Sean con fuerza, éste comenzó a moverse en protesta. Luego aflojó su asimiento y trató de calmarlo, mientras susurraba —Continua. Mamá … sigue hablando.
—La muerte de Janie fue mi castigo por ser infiel y llevar el hijo de otro hombre.
Cuando Sean solto un gemido, Joyce giró la cabeza con una sospecha horrible, terrible que eso fuera…
Ah, venga ¿en qué demonios estaba pensando? Su madre estaba loca. No estaba bien de la cabeza.
Lo único malo, era que en ese momento parecia realmente lúcida.
Odell comenzó a saludar con la cabeza como si respondiera a una pregunta que alguien le hubiera formulado. —Ah, sí, quiero a Butch. Realmente, le quiero más que a cualquiera del resto de mis niños porque es especial. Sin embargo, nunca podré demostralo, vuestro padre soportó lo que le hice. Favorecer a Butch de cualquier modo sería un insulto a Eddie y yo no podría… no avergonzaré a mi marido así. No después de que se quedó conmigo.
—¿Papá lo sabe…? —En el silencio que siguió, las cosas comenzaron a caer en su lugar, un feo rompecabezas empezo a juntarse. Mierda… era cierto. Por supuesto que papá lo sabía. Por eso odiaba a Butch.
Su madre se quedo pensativa. —Butch parecia tan feliz con su esposa. Y ah, dulce Maria, es hermosa. Son perfectos el uno para el otro. Ella es especial como el padre de Butch lo era. Como Butch lo es. Son todos tan especiales. Que pena que no pudieron quedarse más tiempo. Dijo…  que había venido para decir adiós.
Como Odell se quebró, Joyce extendió la mano y le agarró el brazo a su madre. —Mamá, ¿a dónde fue Butch?
Su madre echó un vistazo abajo a la mano que la tocaba. Entonces frunció el ceño un poco. —Quiero una Saltine[2]. ¿Puedo tomar una Saltine?
—Mamá, mírame. ¿A dónde fue? —Por qué parecia importante de repente, no estaba segura.
Sus ojos cambiaron volviéndose vacíos. —Con  queso. Me gustaría una Saltine. Con queso.
—Hablábamos de Butch… mamá, concentrate.
Dios, todo este asunto era la conmocionaba totalmente y en realidad no lo era. Butch siempre había sido diferente, ¿verdad?
—Mamá, ¿dónde está Butch?
—¿Butch? Ah, gracias por preguntar. Esta bien…  parecia tan feliz. Estoy tan contenta de que se haya casado. —Su madre parpadeó—. ¿A propósito, tú quién eres,? ¿eres una enfermera? Yo solía ser una enfermera …
Durante un momento, Joyce estuvo a punto de presionarla...
Pero en cambio, cuando su madre siguió balbuceando, miró hacia afuera por la ventana y respiró hondo. La charla monótona de Odell de repente pareció consoladora. Sí… todo el asunto eran tonterías. Sólo tonterías.
Déjalo, se dijo Joyce. Sólo déjalo.
Cuando Sean dejó de gritar y se colocó contra ella, Joyce abrazó su pequeño cuerpo caliente. Entre divagaciones absurdas provenientes de la cama, pensó cuánto amaba a su bebe. Y siempre lo haria.
Besó su suave cabecita. La familia, después de todo, era el soporte de la vida.
El mayor soporte de la vida.



[1] Naugahyde: Tejido sintetico parecido al vinilo.
[2] Saltine: Galleta salada muy fina.

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