sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE DESATADO/CAPITULO 37 38 39


Hacia la media noche John yacía en la cama, mirando fijamente hacia el techo que tenía encima. Era un techo de fantasía, con muchas molduras y materiales alrededor de los bordes, así que había abundantes cosas para mirar. De hecho, le recordaba un pastel de cumpleaños. No… un pastel de boda. Sobre todo porque en el medio había un accesorio para la luz con un montón de cositas como arabescos a su alrededor, parecido a la base en la que se colocaban los pequeños muñecos de la novia y el novio.
Por alguna extraña razón le gustaba la combinación de todo ello. No sabía ni jota de arquitectura, pero se sentía atraído por las cosas no tan suntuosas, la majestuosa simetría, el equilibrio entre lo recargado y los sencillos…
Bueno, ahora tal vez estaba dando rodeos.
Mierda.
Hacía media hora que se había despertado, había ido al cuarto de baño y luego había vuelto a meterse entre las sábanas. Esa noche no tenía clases y debería estar poniéndose al día con sus deberes antes de salir, pero todo ese asunto de los libros de texto en verdad no iba a suceder.
Tenía un asunto que atender.
Que por el momento yacía duro como una roca sobre su vientre.
Había estado haraganeando en la cama reflexionando acerca de si podría hacerlo. Como lo sentiría. Si llegaría a sentirlo. ¿Y si perdía la erección? Dios, aquella conversación con Z colgaba sobre él. Como que si no… tenía éxito con ello, podría ser que hubiera algo malo con él.
Oh, por el jodido amor de Dios, tenía que saltar del puente ya.
John movió la mano y la puso sobre sus pectorales, sintiendo como se expandían y se contraían sus pulmones y como el corazón le palpitaba con fuerza. Con un estremecimiento movió la palma hacia abajo, dirigiéndose hacia aquel latido que literalmente le hablaba tan ruidosamente. Hombre, la maldita cosa anhelaba sensaciones, estaba desesperada por entrar en ebullición. ¿Y debajo de ello? Sus testículos estaban tan tensos que le parecía que estaban a punto de resquebrajarse por la presión. En verdad tenía que hacerlo y no solo para comprobar que las cañerías estaban bien. La necesidad de liberarse iba más allá de la etapa del anhelo y se había convertido directamente en dolor.
La  mano alcanzó su vientre y la empujó más abajo. Su piel era caliente, suave y sin vello y se extendía sobre los duros músculos y los pesados huesos. No terminaba de comprender lo grande que era ahora. Su estómago parecía extenderse tan ampliamente como un campo de fútbol.
Se detuvo justo antes de tocarse. Entonces, con una maldición, agarró la cosa y tiró de ella.
Un gemido retumbó en su pecho y salió de su boca cuando la erección le golpeó la mano. Oh, mierda, se sentía tan bien. Repitió el lento movimiento de tironear, el sudor le resbaló a través del pecho. Se sentía como si alguien le hubiera puesto debajo de una lámpara de calor… no, era más bien como si el calor irradiara desde su interior.
Se arqueó mientras se acariciaba, sintiéndose culpable, avergonzado y pecaminosamente erótico. Oh,… tan bueno… Estableciendo un ritmo, empujó las sábanas con el pie quitándoselas de encima y miró hacia abajo, hacia su cuerpo. Con orgullo ilícito, se miró a si mismo, gustándole su gruesa cabeza, el escandaloso tamaño, el modo en que su mano la apretaba con fuerza.
Oh…joder. Rápido. Más rápido con la mano. Oyó un pequeño sonido como un chasquido, resultado del claro y resbaladizo lubricante que salió de la punta y se extendió por su palma. La cosa bajó por el eje, haciendo que la erección brillara.
Oh.....joder.
Salida de ninguna parte le llegó la imagen de una hembra… Mierda, era la recia guardia de seguridad del ZeroSum, la vio en AD[1] con su corte de cabello de tío, los musculosos hombros, el rostro astuto y la poderosa presencia. En un aturdidor momento de audacia, se los imaginó a los dos en el club. Ella lo tenía aplastado contra la pared, tenía la mano dentro de sus pantalones y lo besaba con fuerza, metiéndole la lengua en la boca.
Jesús… Dios del cielo… su mano se movió a una velocidad deslumbrante, tenía la polla dura como el mármol y la mente llena de ideas de estar dentro de aquella hembra.
La sobrecarga crítica lo golpeó cuando se la imaginó interrumpiendo el beso y poniéndose de rodillas. La vio desabrocharle los pantalones, sacársela y succionarla con la boca…
¡Joder!
John se dio la vuelta, poniéndose de costado en la cama, tirando la almohada al suelo, subiendo las rodillas. Gritó sin hacer ningún sonido y se sacudió mientras los calientes chorros se dirigían hacia todas partes, aterrizando sobre su pecho, la parte superior de sus muslos y derramándose por su mano. Siguió acariciándose, con los ojos fuertemente cerrados, las venas sobresaliéndole en el cuello y los pulmones ardiendo.
Cuando no hubo nada más en él, tragó con fuerza, cogió aliento y abrió los ojos. No estaba seguro, pero pensaba que se había corrido dos veces. Tal vez tres.
Mierda. Las sábanas. Las había hecho un lío.
Hombre, sin embargo, había valido la pena. Había sido genial. Esa mierda había sido…..genial
Pero por lo que si se sintió culpable fue por lo que había imaginado su mente. Se moriría de vergüenza si alguna vez ella se enteraba…
Sonó su móvil. Limpiándose la mano con las sábanas, recogió la cosa. Era un mensaje de Qhuinn, diciéndole que llevara su culo a la casa de Blay en media hora así podrían ir al ZeroSum antes de que terminara la acción.
John se endureció otra vez pensando en la jefa de seguridad.
Bien, esto podría volverse una molestia, pensó, mientras se miraba la erección. Sobre todo si iba al club y veía a la hembra y… sí seguro, sigue lanzando un montón de locuras.
Pero entonces, hey, debería considerar el lado positivo. Al menos sus partes estaban en buen estado de funcionamiento.
John se puso serio. Sí, todo funcionaba y había disfrutado con ello… al menos solo. Pero,  ¿la idea de tener que hacerlo con alguien más?
Aún lo dejaba frío.

Cuando Phury entró al ZeroSum era aproximadamente la una de la mañana. Se alegró de no haber ido con sus hermanos. Necesitaba algo de privacidad para lo que iba a hacer.
Con severa resolución fue a la zona VIP, tomó asiento en la mesa de la Hermandad y pidió un Martini, esperando como el infierno que nadie de la Hermandad decidiera darse una vuelta. Habría preferido ir a otra parte, pero el ZeroSum era el único lugar de la ciudad que ofrecía lo que buscaba. Así que estaba enganchado.
El primer Martini fue bueno. El segundo fue mejor.
Mientras bebía, mujeres humanas se acercaban a su mesa. La primera fue una castaña, así que eso no iba a pasar. Era demasiado parecida a Bella. La siguiente fue una rubia, lo que era bueno… pero era la de cabello corto de la cual Z se había alimentado una vez, así que no lo sentía correcto. Luego vino otra rubia que se veía tan nerviosa que lo hacía sentir culpable, la siguió otra de cabello negro que se parecía a Xena, la Princesa Guerrera y lo asustó un poco.
Pero entonces… una pelirroja se detuvo delante de la mesa.
Era una cosa diminuta, no más de cinco pies con cinco incluso con los altos tacones de aguja de stripper, pero su mata de cabello era enorme. Vestida con un corpiño  color rosa chicle y una micromini, parecía un personaje de dibujos animados.
—¿Estás buscando algo de acción, cariño?
Se removió en el asiento y se dijo que debía dejar de ser tan exigente y terminar con esto. Era solo sexo, por Dios.
—Tal vez, ¿cuánto me costaría una entrada sobre la línea de las cincuenta yardas?
Ella levantó la mano y se tocó los labios con dos dedos.
—Por un juego completo.
Doscientos dólares por deshacerse de su virginidad. Lo que se reducía a menos de un dólar por año. Qué robo.
Phury estaba medio muerto mientras se levantaba.
—Suena bien.
Mientras seguía a la prostituta a la zona posterior del área VIP, tuvo el vago pensamiento de que en un universo paralelo estaría haciendo esto por primera vez con alguien que amara. O con alguien a quien apreciara. O al menos conociera. No sería por un par de cientos y en un aseo público.
Lamentablemente, estaba donde estaba.
La mujer abrió una lustrosa puerta negra y entró tras ella. Cuando los encerró dentro la música techno se atenuó un poco.
Al ofrecerle el dinero se sentía nervioso como el infierno.
Ella sonrió cuando lo aceptó.
—Contigo no voy a lamentar esto en lo absoluto. Dios, qué cabello. ¿Son extensiones?
Negó con la cabeza.
Cuando alargó la mano hacia su cinturón se echó hacia atrás en un acto reflejo y tropezó con la maldita puerta.
—Lo siento —dijo.
Ella le echó una mirada extrañada.
—Ningún  problema. ¿Es tu primera vez con alguien como yo?
Intenta con alguien a secas.
—Sí.
—Bien, voy a cuidar muy bien de ti. —Se acercó y sus grandes pechos se impusieron sobre su vientre. Miró hacia abajo, a la cabeza de ella. En la parte superior se le notaban las raíces oscuras.
—Eres muy grande —murmuró, metiendo una mano en su cinturilla y tirando de él hacia delante.
La siguió con la gracia de un robot, completamente paralizado e incapaz de creer que iba a hacer esto. Pero realmente, ¿de que otra forma podría pasar?
Se puso contra el lavabo y con un ensayado salto, rápidamente se subió sobre la encimera. Cuando abrió las piernas, la falda se elevó. Tenía ligas negras adornadas con encaje. No llevaba medias.
—Nada de besos, desde luego —murmuró, bajándole la cremallera—. En la boca, quiero decir.
Sintió el aire fresco deslizándose dentro. Luego, ella metió la mano en sus boxers. Se estremeció cuando le agarró la polla.
Esto era para lo que había venido, se recordó. Esto era lo que había comprado y por lo que había pagado. Podía hacerlo.
Era hora de seguir adelante. De Bella. Del celibato.
—Relájate, cariño —le dijo la mujer con voz chillona—. Tu esposa nunca lo sabrá. Mi lápiz de labios es a prueba de manchas durante dieciocho horas y no llevo perfume. Así que tan solo disfruta.
Phury tragó. Puedo hacerlo.
Cuando John salió del BMW azul oscuro, vestía un notable par de pantalones negros nuevos, una camisa de seda negra y una chaqueta de ante, con corte de blazer, color crema. No era su ropa. Como el coche que los había conducido tanto a él como a Qhuinn hasta el centro de la ciudad, eran de Blay.
—Estamos absolutamente listos para esto —dijo Qhuinn mientras caminaban a través del aparcamiento.
John echó un vistazo hacia el lugar donde había matado a aquellos lessers. Recordó el poder que había sentido, la convicción de que era un luchador, un guerrero… un hermano. Todo se había ido ahora, como si en ese momento, algo más hubiera estado funcionando dentro de él, como si hubiera estado poseído o algo. Ahora, mientras caminaba con sus amigos, se sentía como un montón de nada especial, envuelto en los fantásticos enredos de sus amigos, su cuerpo como una bolsa de agua que chapoteaba a su alrededor con cada paso que daba.
Cuando llegaron al ZeroSum, John se dirigió hacia la parte de atrás de la cola, pero Qhuinn lo hizo girar haciendo que se detuviera.
–Tenemos entrada libre, ¿recuerdas?
Seguro como el infierno que la tenían. En el instante en que Qhuinn dejó caer el nombre de Xhex, el pedazo de montaña que estaba en la puerta le prestó toda su atención y habló por el auricular. Una fracción de segundo más tarde se hizo a un lado.
—Os quiere en la parte de atrás. VIP. ¿Sabéis el camino?
—Si. Claro —dijo Qhuinn mientras le daba un apretón de manos al tipo.
El gorila se puso algo en el bolsillo.
—Si vuelve por aquí otra vez, le dejaré pasar directamente.
—Gracias, hombre. —Qhuinn palmeó al tipo en el hombro y desapreció dentro del club, tranquilo como si nada.
John lo siguió, sin siquiera intentar llevar a cabo el contoneo de Qhuinn al caminar. Lo que era algo bueno. Mientras se dirigía hacia la puerta, pisó mal, viró a babor, y luego cayó hacia atrás luchando por mantenerse en posición vertical, golpeó a un tipo que estaba en la cola para entrar. El hombre, que estaba de espaldas a la puerta por que estaba seduciendo a una chica, se giró cabreado.
—Qué jod… —el tipo se congeló cuando vio a John, los ojos abriéndose desmesuradamente—. Ah, sí… es culpa mía. Lo siento.
John vaciló ante la reacción hasta que sintió la mano de Blay posarse en su nuca.
—Venga, John. Vamos.
John dejó que lo condujera dentro, preparándose para la acometida de vibración del club, listo para ser aplastado por la gente. Era divertido, pensó. Mientras miraba a su alrededor, todo parecía menos abrumador. Pero bueno, estaba mirando a la muchedumbre desde su ventajosa posición de seis pies con siete de altura.
Qhuinn miró a su alrededor.
—A la parte de atrás. ¿Dónde demonios está la parte de atrás?
—Pensé que tú lo sabías —dijo Blay.
—Nah. Es que no quería quedar como un idiota… espera, creo que tenemos un ganador. —Hizo una seña con la cabeza hacia un área separada por medio de una cuerda que tenía dos tipos enormes de pie delante de ella—. Eso grita VIP. Señoras, ¿lo hacemos?
Qhuinn se acercó como si supiera exactamente lo que estaba haciendo, dijo dos palabras al gorila y que tal, la cuerda cayó y los tres desfilaron hacia adentro.
Bueno, Blay y Qhuinn desfilaron. John intentaba no chocarse contra nadie. Tuvo suerte de que el tipo de la puerta fuera algo nenaza. La próxima vez probablemente se las arreglaría para aterrizar sobre un asesino a sueldo. Que estuviera armado.
La sección VIP tenía barra de bar privada y las camareras iban vestidas como strippers de primera clase, mostrando mucha piel mientras se movían sobre tacones muy altos. Los clientes masculinos iban todos de traje, las mujeres con pedacitos caros de no mucho más. Era una muchedumbre sólida y llamativa… que hacía que John se sintiera como un presumido total.
Había banquetas a ambos lados de la habitación, tres de las cuales estaban vacías y Qhuinn escogió la que estaba más atrás, en una esquina.
—Esta es el mejor —declaró—. Al lado de la salida de emergencia. En las sombras.
Había dos vasos de Martini sobre la mesa, pero se sentaron de todas formas y una camarera vino para limpiar la mesa. Blay y Qhuinn pidieron cerveza. John pasó, pensando que tenía que permanecer tranquilo esa noche.
Habían estado refrescándose durante no más de cinco minutos, Blay y Qhuinn apenas habían empezado a tomar sus Coronas, cuando escucharon una voz femenina decir:
—Hey, chicos.
Los tres miraron hacia la rubia Mujer Maravilla que estaba de pie delante de ellos. Era irresistible de una forma muy al estilo de Pam Anderson, más pecho que cualquier otra cosa.
—Hey, nena —dijo Qhuinn arrastrando las palabras—. ¿Cómo te llamas?
—Soy Sweet Charity[2]. —Puso ambas manos sobre la mesa y se inclinó, enseñando los perfectos pechos, la piel bronceada artificialmente y los brillantes y blanqueados dientes—. ¿Quieres saber por qué?
—Tanto como quiero seguir respirando.
Se inclinó un poco más.
—Porque tengo buen sabor y soy generosa.
La tensa sonrisa de Qhuinn era totalmente sexual.
—Entonces ven y siéntate junto a mi…
—Chicos —les llegó una voz profunda.
Oh, Jesús. Un tipo enorme se había acercado a la mesa y John pensó que eso no era bueno. Con un hermoso traje negro, un par de ojos como duras amatistas y el cabello cortado al estilo mohawk, se veía como un matón y como un caballero al mismo tiempo.
Bien, era un vampiro, pensó John. No estaba seguro de cómo lo sabía exactamente, pero estaba seguro de ello y no solo debido a su gran tamaño. El tipo emitía la misma vibración que los hermanos. Poder controlado con un seguro tan fino como un pelo.
—Charity, si no te importa ve a otra parte, ¿me comprendes? —dijo el macho.
La rubia pareció un poco desilusionada mientras se apartaba de Qhuinn… que se veía cabreado. Excepto que entonces se alejó al trote y… bueno, mierda, hizo la misma rutina dos mesas más allá.
Cuando la expresión de Qhuinn perdió un poco la dureza, el macho con el mohawk se inclinó y le dijo:
—Sí, no estaba solo tras el placer de tu compañía, gran hombre. Es una profesional. La mayor parte de las mujeres que ves paseando por los alrededores de esta sección lo son. Por lo que a no ser que quieras pagar por ello, sal al área de acceso libre, recoge unas cuantas y las traes aquí, ¿te parece? —el tipo se rió, enseñando un juego enorme de colmillos—. A propósito, soy el dueño de este lugar, así que mientras estéis aquí, soy responsable de vuestros culos. Ponedme el trabajo fácil y manteneos en forma. —Antes de darse la vuelta para marcharse, miró a John—. Zsadist dijo que te mandara saludos.
Diciendo esto se marchó, examinando cada cosa y a todo el mundo en su camino hacia una puerta sin letrero que había en la parte de atrás.
John se preguntó como era que el tipo conocía a Z y calculó que sin importar la conexión, ese tipo del mohawk de huevos de acero era definitivamente alguien que querías de tu lado.
De otra forma podrías querer tener un traje de kevlar.
O mejor aún, abandonar el país.
—Bien —dijo Qhuinn—, ese es un dato importante. Mierda.
—Hum, sí. —Blay se removió en el asiento mientras otra rubia se paseaba por delante—. Entonces… hum, ¿quieres ir a la pista?
—Blay, pequeña puta. —Qhuinn se apresuró a levantarse—. Desde luego que si. John…
Me quedaré aquí, dijo por señas. Ya sabes, para guardar nuestra mesa.
Qhuinn le palmeó el hombro.
—Bien. Te traeremos algo del buffet.
John negó frenéticamente con la cabeza, pero sus amigos simplemente se giraron y se fueron. Oh, Dios. Debería haberse quedado en casa. Realmente, deseaba evitar esto.
Cuando una morena pasó danzando bajó los ojos rápidamente, pero ella no se detuvo, y tampoco lo hizo ninguna de las otras… como si el dueño les hubiera dicho a todas las mujeres que los dejaran en paz. Lo cual era un alivio. ¿Por qué esa morena? Parecía que podía comerse a un hombre vivo y no necesariamente de un buen modo.
Cruzando los brazos sobre el pecho, John se reclinó sobre el asiento de cuero y mantuvo los ojos sobre las cervezas. Podía sentir a la gente mirándolo fijamente… y sin duda se preguntaban que diablos estaba haciendo allí. Lo cual tenía sentido. No era como Blay y Qhuinn y no podía aparentar serlo. Toda la música, la bebida y el sexo no lo estimulaban; hacían que quisiera desaparecer.
Estaba pensando seriamente en desistir cuando una ráfaga de calor lo golpeó, salida de ninguna parte. Miró hacia el techo, preguntándose si estaba sentado bajo una rejilla de ventilación y la calefacción se acabara de encender.
No.
Echó un vistazo a su alrededor…
Oh, mierda. La jefa de seguridad estaba atravesando el cordón aterciopelado de la sección VIP.
Cuando las tenues luces que estaban sobre su cabeza la iluminaron, John tragó con fuerza. Llevaba el mismo atuendo de antes, una camiseta de tirantes que enseñaba los músculos de sus poderosos brazos y un par de pantalones de cuero que se apretaban sobre sus caderas y largos muslos. Se había cortado el cabello desde la última vez que la había visto, el corte reluciendo en forma de cepillo.
En el instante en que sus ojos se encontraron apartó la mirada, con el rostro del color de un coche de bomberos. En un momento de pánico se convenció de que iba a saber lo que había hecho, más temprano esa tarde, mientras pensaba en ella. Iba a saber que él… se había corrido mientras la tenía en mente.
Maldita sea, sentía no tener una bebida para jugar con ella. Y una bolsa de frío para las mejillas.
Agarró la cerveza de Blay y tomó un trago cuando sintió que venía en su dirección. Hombre, no podía decidir si sería peor que se detuviera. O que no se detuviera.
—Volviste, pero luciendo diferente. —Su voz era baja, como un fuego reprimido. E hizo que su rubor empeorara—. Felicidades.
Se aclaró la garganta. Lo que era estúpido. Cómo si pudiera hablarle.
Sintiéndose un idiota, articuló la palabra:
 Gracias.
—¿Tus amigos fueron de pesca?
Asintió y tomó otro sorbo de Corona.
—Sin embargo, tú no. ¿O te traerán algo? —la asombrosa voz era sexo puro, hacía que le hormigueara el cuerpo… y que su polla se endureciera—. Bien, en caso que no lo sepas, los cuartos de baño que están allí atrás tienen espacio de sobra y privacidad extra. —Se echó a reír un poco, como si supiera que estaba excitado—. Diviértete con las chicas, pero mantente controlado. Entonces no tendrás que tratar conmigo.
Se alejó y a su camino la muchedumbre se abría para dejarla pasar, hombres grandes como jugadores de fútbol se apartaban de su camino. Mientras John la observaba marcharse, sintió una aguda tensión en el frente de su pantalón y miró hacia abajo. Estaba duro como una piedra. Grueso como su condenado antebrazo. Y mientras se removía en el asiento, la fricción hizo que se mordiera el labio inferior.
Puso la mano debajo de la mesa con la intención de mover un poco las cosas por allí abajo para conseguir un poco más de espacio detrás de la cremallera… pero en el instante en que entró en contacto con su erección, la imagen de aquella tía de seguridad apareció en su mente y casi pierde el control. Apartó la palma tan rápidamente que se golpeó con la parte inferior de la mesa.
John giró las caderas, buscando alivio, pero provocando que el ardor fuera peor. Estaba inquieto e insatisfecho, su humor rápidamente adoptando un filo peligroso. Pensó en la liberación que se había dado a si mismo en la cama y decidió que le vendría bien otra. En ese momento.
Como en ese preciso momento, antes de que se corriera allí mismo.
Mierda, tal vez podría encargarse de sí mismo aquí. Con el ceño fruncido, miró hacia el pasillo que desaparecía en la parte posterior del lugar y que tenía puertas a los dos lados.
Una de las cuales se abrió.
Una pequeña mujer pelirroja que parecía una profesional salió arreglándose el cabello y reorganizando su atavío de color rosado brillante. Justo detrás de ella venía… ¿Phury?
Sí, definitivamente era él, y se estaba metiendo la camisa dentro de la cinturilla de los pantalones. Ninguno de los dos le dirigió la palabra al otro. La mujer se fue hacia la izquierda y comenzó a hablar con un grupo de hombres, el hermano siguió caminando hacia delante, como si fuera hacia la salida.
Cuando Phury alzó la vista, John trabó la mirada con la de él. Después de un momento embarazoso el guerrero levantó la mano a modo de saludo y, después se decidió por una de las puertas laterales, despareciendo fuera. John tomó un poco más de cerveza, completamente azorado. Seguro como el infierno que la mujer no había estado en el cuarto de baño con el tipo dándole un masaje en la espalda. Dios, se suponía que era céli….
—Y este es John.
John giró la cabeza. Whoa. Blay y Qhuinn habían encontrado oro. Las tres mujeres humanas que estaban con ellos eran todas muy guapas y en su mayor parte iban desvestidas.
Qhuinn apuntó hacia cada una de ellas.
—Esta es Brianna, CiCi y Liz. Muchachas, este es nuestro hombre, John. Usa el lenguaje por señas para hablar, por lo que nosotros haremos la traducción.
John se terminó la cerveza de Blay, sintiéndose como un idiota cuando la barrera de la comunicación levantó su fea cabeza otra vez. Estaba pensando como expresar su discurso de yo-me-largo-de-aquí cuando una de las chicas se sentó junto a él, atrapándolo en la banqueta.
Se acercó una camarera y tomó los pedidos, después que se fuera comenzó todo el parloteo y las risitas tontas, los tonos agudos de las chicas se mezclaban con la voz profunda de Qhuinn y la risa tímida y grave de Blay. John mantuvo los ojos bajos.
—Dios, eres muy atractivo  —dijo una de las muchachas—. ¿Eres modelo?
La conversación se detuvo bruscamente.
Qhuinn golpeó con los nudillos sobre la mesa delante de John.
—Hey, J. Te está hablando a ti.
John levantó la cabeza confundido, encontrando los ojos de distinto color de su amigo. Qhuinn cabeceó de forma significativa hacia la muchacha que estaba al lado de John, luego agrandó los ojos, como diciendo: ¿podrías meterte en el tema aquí, colega?
John hizo una inspiración profunda y echó un vistazo hacia su izquierda. La muchacha lo estaba mirando con… mierda, absoluta devoción, como encandilada por las estrellas.
—Porque eres, así, tan guapo —dijo.
Cristo santo, ¿qué iba a hacer con esto?
Mientras la sangre le golpeaba el rostro y se le tensaba el cuerpo, rápidamente le hizo señas a Qhuinn.
 Voy a pedirle a Fritz  que me recoja. Tengo que irme.
John bajó apresuradamente de la banqueta, medio pisoteando a la muchacha que estaba sentada a su lado. No podía esperar a llegar a casa.




[1] En el original HD (High Definition) que traducido significa Alta Definición
[2] Sweet Charity significa Dulce Caridad



Cuando el despertador de Jane sonó a las cinco de la mañana, tuvo que golpear el botón de repetición. Dos veces. Generalmente estaba fuera de la cama y en la ducha antes de saber que estaba en pie, como si el pip-pip-pip no sirviera para despertarla si no para lanzarla fuera de la cama como una tostadora. Hoy no. Hoy simplemente permaneció tendida sobre las almohadas mirando fijamente el techo.
Dios, los sueños que había tenido durante la noche… sueños de aquel fantasmal amante viniendo y tomándola, montándola con dureza. Todavía podía sentirlo sobre ella, dentro de ella.
Basta de pensar. Cuanto más pensaba en todo esto, más le dolía el pecho así que con un esfuerzo hercúleo desvió su atención al trabajo. Lo cual, por supuesto, sólo consiguió que se enredara con el tema de Manello. No podía creer que la hubiera besado, pero lo había hecho… le había dado uno justo en la boca. Y como, en el fondo de la mente, siempre se había preguntado cómo se sentiría, no lo había apartado. Así que la había besado otra vez.
Fue bueno, lo que no era una sorpresa. Lo que fueron noticias de último momento fue el hecho de que se había sentido mal. Como si le estuviera siendo infiel a alguien.
La condenada alarma sonó otra vez, y soltó una maldición mientras la apagaba con la mano. Demonios, estaba cansada, aunque creía que se había acostado temprano. Por lo menos, asumía que había sido temprano, aunque no estaba exactamente segura de cuando se había ido Manny. Recordaba que la había ayudado a subir a su dormitorio y que la había acomodado en la cama, pero tenía la cabeza tan confusa que no podía recordar a qué hora había sido ni cuánto tiempo había tardado en dormirse.
No importaba.
Apartando las mantas, se dirigió al cuarto de baño y accionó la ducha. Mientras el vapor subía y empañaba el aire, cerró la puerta del cuarto de baño, se quitó la camiseta, y...
Jane frunció el ceño cuando una sensación de humedad se deslizó entre sus piernas. Haciendo un rápido recuento de los días, se imaginó que su período debía haberse adelantado...
No era el período. Había tenido relaciones sexuales.
El frío de la conmoción reemplazó el calor del vapor. Ah, Dios… qué había hecho. ¿Qué había hecho?
Jane se dio la vuelta, incluso aunque no tenía sitio a dónde ir... sólo se llevó la mano a la boca.
Escritas en el espejo, reveladas por el vapor, estaban las palabras: Te amo, Jane.
Trastabilló hacia atrás hasta que chocó con la puerta.
Mierda. Había dormido con Manny Manello. Y no recordaba nada.

Phury tomó asiento en el estudio de Wrath, esta vez en la delicada silla azul pálido que estaba al lado de la chimenea. Todavía tenía el cabello mojado por la ducha, y un café en la mano.
Necesitaba un porro.
Mientras el resto de la Hermandad se acomodaba, miró a Wrath.
—¿Te importa si enciendo un cigarrillo?
El  Rey sacudió la cabeza.
—Lo consideraría un servicio a la comunidad. Todos podríamos utilizar el contacto elevado hoy.
Dios, si eso no era verdad. Todos estaban fuera de si. Zsadist se veía nervioso apoyado en las estanterías. Butch estaba distraído con el ordenador en el regazo. Wrath parecía exhausto tras una montaña de papeleo. Rhage estaba paseándose, incapaz de sentarse… un signo claro de que no había encontrado pelea durante las horas nocturnas.
Y Vishous… V era el peor de todos. Estaba cerca de la puerta, mirando fijamente al vacío. Si antes era frío, ahora estaba glacial, un sumidero en la habitación. Mierda, estaba gravemente serio, más aún que la noche anterior.
Mientras Phury encendía, pensó en Jane y V y ociosamente se preguntó cómo habría sido el sexo entre ellos. Se imaginaba que, si bien era seguro que habían tenido abundantes sesiones violentas, también habrían habido encantadores momentos de comunión.
Sip, nada parecido a lo que él había tenido en ese cuarto de baño. Con esa prostituta.
Se pasó la mano libre por el cabello. ¿Eras todavía virgen si habías estado dentro de una hembra, pero sin haberte corrido? No estaba seguro. De cualquier manera, no iba a preguntárselo a nadie. Todo era simplemente demasiado sórdido.
Hombre, había tenido esperanzas que estar con alguien lo ayudara a continuar su camino, pero no había sido así. Se sentía aún más atrapado, especialmente porque la primera cosa que había hecho cuando entró por la puerta de la mansión había sido pensar en Bella: había rezado para que no lo pillara al volver oliendo a esa humana.
Evidentemente, poner distancia iba a requerir algo más.
A menos que… maldición, quizá simplemente se requería a si misma. Probablemente debía mudarse de la casa.
—Hagámoslo —dijo Wrath, convocando la reunión. En rápida sucesión revisó algunos temas concernientes a la glymera; después Rhage, Butch y Z informaron de los acontecimientos en el campo. Lo cuál no era mucho. Últimamente los asesinos habían estado relativamente tranquilos, probablemente porque el Fore-lesser había sido asesinado por el poli hacía cosa de dos semanas. Esto era típico. Cualquier cambio en el liderazgo de la Lessening tenía generalmente como resultado algún tiempo de inactividad en la guerra, aunque nunca durara mucho.
Mientras Phury encendía su segundo porro, Wrath se aclaró la garganta.
—Ahora… sobre la ceremonia del Primale.
Phury inhaló fuerte cuando V alzó los diamantinos ojos. Maldición… el macho parecía haber envejecido ciento cincuenta años en la semana pasada, tenía la piel cetrina, las cejas caídas, los labios apretados. Nunca había sido el alma de la fiesta para empezar, pero ahora tenía aspecto demacrado como el toque de difuntos.
—Qué pasa con eso —dijo V.
—Yo estaré allí. —Wrath miró a su alrededor—. Phury, tú también. Iremos esta noche a medianoche, ¿ok?
Phury asintió, luego se animó a si mismo, porque pareció que Vishous iba a decir algo. El cuerpo del hermano se tensó, sus ojos se encendieron, la mandíbula se movió… pero entonces nada salió de su boca.
Phury exhaló una bocanada de humo y apagó el porro en un cenicero de cristal. Era brutal ver a tu hermano sangrar, saber que sufría mientras que tú no podías hacer nada...
Se quedó helado, una calma misteriosa se apoderó de él, una que no tenía nada que ver con el humo rojo.
—Cristo en una muleta —dijo Wrath, frotándose los ojos—. Fuera de aquí, todos vosotros. Ir a relajaros. Todos estamos perdiendo la perspectiva...
Phury dijo en voz alta:
—Vishous, si no fuera por la mierda del Primale, estarías con Jane, ¿verdad?
Los ojos diamantinos de V se volvieron hacia él y los entrecerró hasta formar rendijas.
—¿Qué coño tiene eso que ver con nada?
—Estarías con ella —Phury miró a Wrath—. Y tú lo permitirías, ¿correcto? Quiero decir, sé que es humana, pero permitiste que Mary viniera...
V lo cortó, con la voz tan dura como sus ojos, como si no pudiera creer que Phury fuera tan desconsiderado.
—No hay forma de hacerlo funcionar. Así que simplemente déjalo estar, joder.
—Pero… la hay.
Los ojos de Vishous destellaron con un violento color blanco.
—No te ofendas, pero estoy al límite de mis nervios. Dar marcha atrás sería un plan realmente bueno para ti justo en este instante.
Rhage se movió subrepticiamente hacia V, mientras Zsadist fue a colocarse al lado de Phury.
Wrath se puso de pie.
—Qué tal si dejamos el tema.
—No, escuchadme —Phury se levantó de la silla—. La Virgen Escriba quiere un macho de la Hermandad, ¿correcto? Con fines de crianza, ¿correcto? ¿Por qué tienes que ser tú?
—¿Quién coño más podría ser? —gruñó V mientras se inclinaba asumiendo una posición de ataque.
—¿Por qué no… yo?
En el silencio que siguió, una granada se podría haber deslizado bajo el escritorio de Wrath y nadie lo hubiera advertido: la Hermandad simplemente lo miraba como si le hubieran salido cuernos.
—Bueno, ¿por qué no puedo ser yo? Ella sólo necesita ADN, ¿verdad? Así que cualquiera que sea un hermano debería poder hacerlo. Mi linaje es fuerte. Mi sangre es buena. ¿Por qué no puedo ser yo?
Zsadist exhaló:
—Jesús… Cristo.
No hay razón para que no pueda ser el Primale.
La agresividad de V desapareció dejándolo con una expresión como si alguien le hubiera pegado un sartenazo en la parte trasera de la cabeza.
—¿Por qué harías eso?
—Eres mi hermano. Si puedo arreglar lo que está mal, ¿por qué no hacerlo? No hay ninguna hembra que quiera. —Cuando se le cerró la garganta, se la masajeó—. Eres el hijo de la Virgen Escriba, ¿correcto? Así que podrías sugerirle el cambio. A cualquier otro probablemente lo mataría, pero no a ti. Mierda, quizás sólo tendrías que informarla —dejó caer la mano—. Y podrías asegurarle que yo seré mejor para ello, porque no estoy enamorado de nadie.
Los ojos de diamante de V no se apartaban del rostro de Phury.
—Estaría mal.
—Todo el asunto está mal. Pero eso no es relevante, ¿verdad? —Phury lanzó una mirada hacia el delicado escritorio francés, encontrando los ojos de su  Rey—. Wrath, ¿tú qué dices?
—Joder —fue la réplica.
—Una elección apropiada de palabras, Señor, pero no es realmente una respuesta.
La voz de Wrath se volvió baja, realmente baja.
—No puedes hablar en serio...
—Tengo un par de siglos de celibato que compensar. ¿Qué mejor manera de desquitarme? —fue dicho como una broma, pero nadie se rió—. Vamos, ¿quién más podría hacerlo? Todos estáis tomados. El único otro posible candidato sería John Matthew, por ser de la línea de Darius, pero John no es miembro de la Hermandad, y quién sabe si lo será jamás.
—No. —Zsadist sacudió la cabeza—. No… esto te matará.
—Quizás si follo a muerte, sip. Pero aparte de eso, estaré bien.
—Nunca tendrás una vida si haces esto.
—Por supuesto que la tendré. —Phury sabía exactamente lo que Z estaba insinuando así que deliberadamente desvió su atención de vuelta a Wrath—. Permitirás que V tenga a Jane, ¿no es así? Si hago esto, permitirás que estén juntos.
Eso no fue adecuado, por supuesto. Porque tú no le dabas una orden al  Rey, tanto por tradición como por ley… y también porque te patearía el culo a través de todo el estado de Nueva York. Pero en ese momento Phury no estaba demasiado preocupado por el protocolo.
Wrath metió la mano bajo las gafas de sol y se frotó los ojos cansinamente. Luego dejó salir un largo suspiro.
—Si alguien puede manejar los riesgos de seguridad inherentes a una relación con un humano, es V. Así que… sí, que me cuelguen, pero lo permitiría.
—Entonces me permitirás sustituirle. Y él ira a ver a la Virgen Escriba.
El reloj de pie en el rincón del estudio comenzó a sonar, las firmes campanadas eran como los latidos de un corazón. Cuando dejó de sonar, todos miraron a Wrath.
Tras un momento el  Rey dijo:
—Que así sea.
Zsadist maldijo. Butch silbó por lo bajo. Rhage mordió una piruleta.
—Entonces todo está bien —dijo Phury.
Santa mierda, ¿qué acabo de hacer?
Aparentemente, todo el mundo pensaba lo mismo, porque nadie se movió ni dijo una palabra.
Vishous fue el que rompió el punto muerto… atravesó el estudio en una carrera mortal. Phury no supo lo que lo golpeó. Un segundo estaba a punto de encender otro porro; al siguiente, V cruzaba el estudio, lanzaba un par de robustos brazos alrededor de él, y le quitaba la respiración de un apretón.
—Gracias —dijo Vishous roncamente—. Gracias. Incluso si ella no lo permite, gracias, hermano.

 

—Jane, me estás evitando.
Jane levantó la vista del ordenador. Manello estaba plantado delante de su escritorio como un muro, las manos en las caderas, ojos entrecerrados, nada sino un completo no-voy-a-ningún-sitio. Amigo, la oficina era de un tamaño bastante considerable, pero la hacía parecer estrecha como una cartera.
—No te estoy evitando. Me estoy poniendo al día al estar fuera todo el fin de semana.
—Gilipolleces. —Cruzó los brazos sobre el pecho—. Son las cuatro de la tarde, y a esta hora normalmente hemos hecho juntos al menos dos comidas. ¿Qué pasa?
Se reclinó en la silla. Mentir no era algo que alguna vez hubiera hecho bien, pero era una habilidad que estaba sin duda tratando de desarrollar.
—Todavía me siento fatal, Manello, y estoy hasta las cejas de trabajo. —Vale, nada de eso era mentira. Pero sólo lo dijo para camuflar la omisión que estaba haciendo.
Hubo una larga pausa.
—¿Es por lo de anoche?
Con una mueca, dio un último suspiro.
—Eh, escucha, sobre eso. Manny… lo siento. No puedo hacer nada así contigo otra vez. Creo que eres genial, realmente lo creo. Pero yo... —dejó la frase sin acabar. Tuvo el impulso de decir algo así como que estaba enamorada de alguien más, pero eso era absurdo. No había nadie.
—¿Es por el departamento? —dijo.
No, es sólo que de alguna forma no le parecía correcto.
—Sabes que no es apropiado, aunque lo mantengamos en secreto.
—¿Y si te marchas? ¿Entonces qué?
Negó con la cabeza.
—No. Es sólo... no puedo. No debería haberme acostado contigo anoche.
Alzó las cejas de golpe.
—¿Perdón?
—Sólo es que no creo…
—Espera un minuto. ¿De dónde demonios has sacado la idea de que dormimos juntos?
—Yo... yo di por supuesto que lo hicimos.
—Te besé. Fue embarazoso. Me marché. Sin sexo. ¿Qué te hizo pensar que lo hubo?
Jesucristo... Jane agitó una temblorosa mano.
—Los sueños, creo. Realmente sueños muy vívidos. Humm... ¿Quieres perdonarme?
—Jane, ¿qué demonios está pasando? —dio la vuelta al escritorio—. Pareces aterrorizada.
Cuando lo miró fijamente, supo que en sus ojos había miedo desesperado, pero no podía silenciarlo.
—Creo... creo que cabe dentro de lo posible que haya perdido el juicio. Hablo en serio, Manny. Estamos hablando de esquizofrenia. Alucinaciones y realidad distorsionada y... lapsus de memoria.
Aunque el hecho de que hubiera tenido relaciones sexuales durante la noche no era una invención de su imaginación. Mierda... ¿o lo había sido?
Manny se inclinó poniéndole las manos sobre los hombros. En voz baja dijo:
—Encontraremos a alguien para que te vea. Nos ocuparemos de esto.
—Estoy asustada.
Manny le tomó las manos, levantándola y estrechándola fuertemente contra él.
—Estoy aquí contigo.
Cuando le abrazó fuertemente en respuesta, dijo:
—Serías un buen hombre para amar, Manello. Realmente lo serías.
—Lo sé.
Se rió un poco, el ahogado sonido se perdió en la curva de su cuello.
—Arrogante.
—Querrás decir sincero.
La apartó y le puso la palma en la mejilla, con una expresión solemne en los profundos ojos marrones.
—Me mata el decirte esto... pero no te quiero en el quirófano, Jane. No mientras no tengas la cabeza en su sitio.
Su primer instinto fue pelear, pero luego exhaló:
—¿Qué le diremos a la gente?
—Depende de cuanto tiempo dure. Por ahora, tienes la gripe. —Le metió un mechón de cabello detrás de la oreja—. Este es el plan. Vas a hablar con un amigo mío que es psiquiatra. Está fuera en California, así nadie lo sabrá, voy a ir a llamarlo ahora. También voy a programarte para un escáner completo. Lo haremos fuera de horas al otro lado de la ciudad en Imaging Associates. Nadie lo sabrá.
Cuando Manello se giró para irse había angustia en sus ojos, y mientras pensaba sobre la situación, un extraño recuerdo le pasó por la cabeza.
Tres o cuatro inviernos atrás una noche había salido tarde del hospital, sintiéndose inquieta. Algo, algún tipo de instinto visceral, le dijo de se quedara y durmiera en el sofá de la oficina, pero lo atribuyó al hecho de que el tiempo estaba feo. Gracias a una cortante y gélida lluvia que había caído durante horas, Caldwell estaba más o menos como una pista de patinaje. ¿Por qué querría alguien salir con ese tiempo?
Sin embargo, la persistente sensación no se detuvo. Todo el camino hacia el aparcamiento, estuvo peleando contra la voz en su cabeza hasta que finalmente, cuando puso la llave en el encendido, tuvo una visión. La maldita cosa fue tan clara que era como si el acontecimiento ya hubiera ocurrido y estuviera en su memoria. Vio sus manos agarrando el volante mientras un par de faros delanteros penetraban directamente por el parabrisas. Sintió el punzante dolor del impacto, el desagradable efecto de la voltereta mientras su coche se sacudía de aquí para allá, el ardor en sus pulmones mientras gritaba.
Despacio pero decidida, se incorporó lentamente en la gélida lluvia. Hablando de conducción defensiva. Consideraba a los otros coches como una amenaza en potencia, y habría usado las aceras en vez de las carreteras si hubiera podido.
A medio camino de casa se detuvo en un semáforo, rezando por que nadie la embistiera.
Sin embargo, como si hubiera sido predestinado, un coche se acercó por detrás, perdió la tracción, y empezó una gran derrapada. Agarró el volante y alzó la mirada hacia el espejo retrovisor... y vio como los faros venían hacia ella.
El coche la esquivó completamente.
Después de asegurarse de que nadie estaba herido, Jane se había reído interiormente, había respirado profundamente, y se había dirigido a casa. A lo largo del camino, había reflexionado cómo el cerebro extrapolaba el entorno y sacaba conclusiones precipitadas, cómo los fuertes pensamientos y miedos podían ser confundidos por alguna clase de habilidad profética, cómo los reportajes de noticias sobre malas carreteras podían filtrarse y conducir a...
La furgoneta del fontanero se estrelló frontalmente con ella a unas tres millas de su casa. Mientras había girado la esquina para encontrar esos faros en el camino, su único pensamiento había sido, bueno, mierda, había tenido razón después de todo. Había terminado con una clavícula rota y un coche con siniestro total. El fontanero y su furgoneta estaban bien, gracias a Dios, pero había estado fuera del quirófano durante semanas.
Así... mientras observaba a Manello salir de su oficina, sabía qué iba a ocurrir, y la claridad de ello era por el estilo de esa visión del accidente. Tan inmutable como el color de sus ojos. Tan innegable como el paso del tiempo. Tan imparable como la furgoneta de un fontanero patinando sobre el hielo del asfalto.
—Mi carrera está acabada —susurró con voz inerte—. Estoy acabada.

Vishous se arrodilló en la cama, se puso un collar de perlas negras alrededor del cuello, y cerró los ojos. Mientras alcanzaba el Otro Lado con la mente, deliberadamente pensó en Jane. La Virgen Escriba podía muy bien saber desde el principio que demonios iba a suceder.
Pasó un rato antes de obtener una respuesta de su madre, pero luego estaba viajando a través de la antimateria hacia el reino intemporal, tomando forma en el blanco jardín.
La Virgen Escriba estaba de pie tras su árbol de pájaros, y uno de ellos, una especie de pinzón melocotonero, estaba posado en su mano. Cuando la capucha de su túnica negra cayó, V pudo ver la cara fantasmal, y se asombró de la adoración con la que miraba a la pequeña criatura en su incandescente mano. Tanto amor, pensó.
Nunca habría supuesto que lo tuviera.
Ella habló primero.
—Por supuesto que amo a mis pájaros. Son mi solaz cuando estoy agitada, mi mayor alegría cuando estoy de buen humor. El dulce sonido de sus canciones me levanta el ánimo como nada más lo hace. —Miró sobre su hombro—. La humana cirujana, ¿no?
—Sip —dijo, dándose ánimos.
Joder. Estaba tan tranquila. Había esperado cólera. Preparándose para la batalla. ¿En lugar de eso? Nada menos que calma.
Lo cual estaba bien antes de la tormenta, ¿no?
La Virgen Escriba sopló sobre el pájaro, que le respondió con un dulce canto extendiendo las alitas, regodeándose.
—¿Puedo asumir que si deniego la sustitución no llevarás a cabo la ceremonia?
Le mató hablar. Le mató.
—Di mi palabra. Así que lo haré.
—¿Sí? Me sorprendes.
La Virgen Escriba puso en su sitio al pájaro, silbando un canto mientras lo hacía. Imaginó que si el sonido podía ser traducido sería algo así como, te amo. El pájaro le respondió del mismo modo.
—Esos pájaros —dijo su madre con una extraña y distante voz—, son verdaderamente mi único placer. ¿Sabes por qué?
—No.
—No piden nada y dan mucho.
Se volvió hacia él y con voz profunda le dijo:
—Hoy es el día de tu cumpleaños, Vishous, hijo del Bloodletter. Tu sentido de la oportunidad lo cronometró muy bien.
Humm, no realmente. Jesús, se había olvidado qué día era.
—Y como un día como este hace trescientos tres años te traje al mundo, me encuentro de humor para otorgarte el favor que pides, así como el que hasta ahora no ha sido formulado, y sin embargo es tan evidente como una luna que se alza en un cielo despejado.
A V le brillaron los ojos. La esperanza, una emoción peligrosa en el mejor de los casos, se encendió en el pecho con una pequeña y cálida chispa. En el entorno los pájaros gorjeaban y cantaban alegremente, como si anticiparan su felicidad.
—Vishous, hijo del Bloodletter, te concederé las dos cosas que más quieres. Permitiré que tu hermano, Phury, te sustituya en la ceremonia. Será un buen Primale, tierno y amable con las Elegidas y al mismo tiempo ofrecerá un buen linaje a la raza.
V cerró los ojos, el alivio le recorrió en una ola tan grande que le agitó hasta los pies.
—Gracias... —susurró, consciente de que le estaba hablando más al cambio de curso que había tomado su destino que a ella, si bien ella era la conductora.
—Tu gratitud es apropiada. —La voz de su madre era completamente imparcial—. Y también algo extraña. Pero entonces, los regalos son como la belleza, ¿no es así? Está en el ojo del que lo mira, no en la mano de quien lo regala. He aprendido esto ahora.
V la miró, tratando de no perder pie.
—Querrá luchar. Mi hermano… querrá luchar y vivir en el otro lado. —Porque de ninguna manera Phury sería capaz de manejar el no ver a Bella de nuevo.
—Y lo permitiré . Al menos hasta que las filas de la Hermandad crezcan en numero.
La Virgen Escriba levantó las incandescentes manos hasta la capucha de la túnica y se cubrió la cara. Luego, silenciosamente, flotó sobre le mármol hacia una pequeña puerta blanca que siempre había pensado que era la entrada privada a sus habitaciones.
—Si no te ofende —le gritó—. ¿El segundo favor?
Se detuvo en el pequeño portal. Sin mirarlo a la cara, dijo:
—Renuncio de ti como mi hijo. Estás libre de mí y yo de ti. Vive bien, guerrero.
Atravesó la puerta y le dejó fuera, cerrando firmemente el panel, y luego con llave. A su partida los pájaros se quedaron en silencio, como si su presencia fuera lo que les hechizara a cantar.
V permaneció en el patio, oyendo el suave tintineo de la cascada de la fuente.
Había tenido una madre durante seis días.
No podía decir que la añoraría. O que estaba contento por que le hubiera devuelto la vida. Después de todo, había sido la que había tratado de quitárselo todo.
Mientras se desmaterializaba hacia la mansión para informar, se dio cuenta que aunque su madre hubiera dicho que no, habría escogido a Jane sobre la Virgen Escriba. Sin importar lo que le costara.
Y la Virgen Escriba lo había sabido todo el tiempo. Y era por eso por lo que había renunciado a él.
De cualquier modo. Todo lo que le preocupaba era llegar a Jane. Las cosas estaban mejorando, pero todavía no estaba fuera de peligro. Podía, después de todo, decir que no. Podía muy bien escoger la vida que conocía sobre la peligrosa medio existencia con un vampiro.
Maldita sea, sin embargo, quería que lo escogiera.
V estaba tomando forma en su habitación y pensando la forma que había estado con Jane la noche anterior... cuando cayó en la cuenta que había hecho lo imperdonable: Había terminado dentro de ella. Maldita sea. Había estado tan ensimismado, que olvidó que había dejado una parte de si mismo en ella. Debía de estar volviéndose loca en estos momentos.
Era tremendo bastardo. Un bastardo irreflexivo y egoísta.
¿Y realmente pensaba que tenía algo para ofrecerle?

 

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