sábado, 21 de mayo de 2011

AMANTE DESATADO/EPILOGO


Una semana después...

Vishous cogió el chocolate caliente de la cocina y apagó el fuego. Mientras vertía el cacao en una taza, escuchó un aullido y un:
—¡Oh, Dios mío!
Al otro lado de la cocina de la mansión vio a Rhage parado en parte dentro de Jane, como si fuera una piscina en la que se quisiera meter. Los dos se apartaron de golpe justo cuando Vishous desnudaba los dientes y gruñía a su hermano.
Rhage alzó las manos.
— ¡No la vi! ¡Te lo juro!
Jane rió.
— No es culpa suya. No estaba concentrada, así que me desvanecí…
V la interrumpió.
— Rhage va a ser más cuidadoso, ¿verdad, hermano?
Implicando que el macho lo sería, o terminaría en silla de ruedas.
—Sí, absolutamente. Joder.
—Me encanta que lo veas a mi manera. —Vishous alzó la taza, se la llevó a Jane, y se la ofreció. Mientras soplaba la superficie, la besó en el cuello. Entonces hociqueó un poco.
Para él era como siempre la había sentido, pero para los demás era algo de una especie diferente. Llevaba ropas, pero si no se mantenía sólida y alguien chocaba contra ella, las ropas se comprimían como si no hubiera nada dentro de ellas, y la persona que estaba en su camino básicamente andaba a través de ella.
Era un poco extraño. Además, si ocurría que era uno de sus hermanos, el territorialismo de V se disparaba. Si bien, la cuestión era que esta era la nueva realidad, así que todo el mundo tenía que manejarla. Él y Jane estaban haciendo la transición a su nueva situación, y no siempre era fácil.
¿Pero a quién narices le importaba? Se tenían el uno al otro.
—¿Así que hoy vas a Lugar Seguro? —preguntó.
—Sí, es mi primer día en mi nuevo trabajo. ¡No puedo esperar! —a Jane le brillaron los ojos—. Después volveré aquí para hacer el pedido del equipo para mi clínica. He decidido tomar a dos doggen y adiestrarlos como enfermeras. Creo que es lo mejor que se puede hacer por la seguridad…
Mientras Jane hablaba sobre los planes para la clínica de la Hermandad y qué iba a hacer por Lugar Seguro, V empezó a sonreír.
—¿Qué? —dijo. Se miró a sí misma, se frotó el abrigo blanco, después miró detrás de ella.
—Ven aquí, mujer. —La acercó contra él y bajó la cabeza—. ¿He mencionado últimamente lo sexy que es tu cerebro?
—Estabas más interesado en otra cosa esta tarde, así que no.
Rió ante su irónica sonrisa.
—Estaba un poco preocupado, ¿o no?
—Mmm, sí.
—Voy a pasar por Lugar Seguro después, ¿ok?
—Bien. Creo que Marissa tiene un problema con la red sobre el que quiere hablar contigo.
Sin siquiera ser consciente de hacerlo, la atrajo cerca y simplemente la abrazó. Esto era exactamente lo que había querido, esta compenetración de vidas, esta proximidad, este propósito común. Los dos, juntos.
—¿Estás bien? —dijo suavemente para que nadie más pudiera oírla.
—Sí. Sí, estoy bien. —Puso la boca cercana a su oreja—. Es sólo que… no estoy acostumbrado a esto.
—¿Acostumbrado a qué?
—A sentir... mierda, no lo sé. —Se apartó, muy extrañado, de su comportamiento meloso—. No importa…
—¿No puedes acostumbrarte a sentirte como si las cosas fueran bien?
Asintió porque no confiaba en su voz.
Puso la mano sobre su rostro.
—Te acostumbraras. Y yo también.
—¿Señor? ¿Disculpe?
V miró hacia Fritz.
—Hey, hombre, ¿qué pasa?
El doggen hizo una reverencia.
—Tengo lo que pidió. Lo dejé en el vestíbulo.
—Excelente. Gracias. —Besó a Jane—. ¿Así que te veo después?
—Absolutamente.
Pudo sentir sus ojos sobre él mientras se iba, y le gustó. Le gustaba todo. Él…
Bueno, mierda. Estaba sencillamente lleno de la alegría de primavera, ¿verdad?
Al entrar en el vestíbulo, encontró lo que Fritz le había dejado en la mesa al pie de la gran escalera. Al principio no estaba muy seguro de cómo manejar la cosa… no quería romperlo. Al final lo sostuvo suavemente en las manos y entró en la biblioteca. Cerró las puertas dobles con la mente y envió una solicitud al Otro Lado.
Sí, de acuerdo, no estaba siguiendo la etiqueta con el atuendo, pero estaba un poco preocupado con lo que tenía en las manos.
Cuando el permiso fue concedido, se desmaterializó hacia el jardín de la Virgen Escriba y fue saludado por la misma Elegida de la última vez que había estado aquí. Amalya empezó a inclinarse pero miró hacia arriba cuando un sonido gorjeante salió de las manos cuidadosamente ahuecadas.
—¿Qué has traído? —susurró.
—Un pequeño regalo. No mucho. —Se acercó al árbol blanco con pétalos blancos y abrió las manos. El periquito saltó libre y aterrizó en una rama como si supiera que este era su hogar ahora.
El pájaro amarillo brillante caminó de arriba a abajo por el brazo pálido del árbol, sus pequeñas patas agarrándose y soltándose. Picoteó un pétalo, soltó un trino… alzó una pata y rascó su cuello.
V se puso las manos en las caderas y calculó cuánto espacio había entre todos los pétalos de todas las ramas. Iba a tener que traer una gran cantidad de pájaros.
La voz de la Elegida estaba llena de emoción.
—Renunció a ellos por ti.
—Sí. Y yo le traigo unos nuevos.
—Pero el sacrificio...
—Ha sido hecho. Lo que sucede en este árbol es un regalo. —Miró sobre el hombro—. Lo voy a llenar le guste o no. Es su elección lo que haga con ellos.
Los ojos de la Elegida brillaron con gratitud.
—Se los quedará. E impedirán que se sienta solitaria.
V tomó un profundo aliento.
— Sí. Bien. Porque…
Dejó que la palabra se perdiera y la Elegida dijo suavemente.
—No tienes que decirlo.
Se aclaró la garganta.
—¿Así que le dirás que son míos?
—No tendré que hacerlo. ¿Quién más salvo su hijo haría algo tan amable?
Vishous miró nuevamente al solitario pájaro amarillo en medio del árbol blanco. Se imaginó las ramas llenas de nuevo.
—Cierto —dijo.
Sin otra palabra se desmaterializó de vuelta a la vida que le había sido dada, la vida que estaba empezando… la vida en la que ahora, y por primera vez, estaba agradecido de haber nacido.


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