martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 16 17 18

Capítulo 16

Una semana más tarde, Manny se despertó en su cama con el aguijón de una resaca. La buena noticia era que al menos este dolor de cabeza podría explicarse: al llegar a casa había golpeado el Lag como un saco de boxeo y este había hecho su trabajo, machacándole la espalda y tumbándolo sobre el culo.
Lo primero que hizo fue inclinarse para alcanzar su teléfono. Con ojos borrosos llamó al móvil del veterinario. Ellos tenían un pequeño ritual matutino en marcha. Dio gracias a Dios que el tipo era insomne también.
El veterinario respondió en el segundo timbre.
—¿Hola?
—¿Cómo está mi chica? —La pausa dijo todo lo que tenía que saber—. ¿Tan mal?
—Bueno, sus signos vitales siguen bien y ella se encuentra tan cómoda como se puede, al estar en suspensión, pero estoy preocupado por el tropezón. Veremos.
—Mantenme informado
—Siempre.
En aquel punto, colgar era lo único que podía hacer. La conversación había terminado y no se trataba de alguna clase de charla de amigos, incluso si lo hubiera sido, conversar no le haría obtener lo que deseaba, que era una yegua jodidamente saludable.
Antes que el despertador sonara a las seis y pusiera fin a la rutina de disparo-a-través-de-la-cabeza, le dio una palmada al radio reloj para callarlo y pensó: entrenamiento, café, volver al hospital.
Espera. Café. Entrenamiento. Volver al hospital.
Definitivamente necesitaba cafeína en primer lugar. No estaba en condiciones de correr o levantar pesas en su estado… y tampoco debería estar manejando maquinaria pesada como un ascensor.
Mientras ponía los pies en el suelo y se erguía verticalmente, en su cabeza hubo un latido, pero se rebeló contra la idea de que quizá, sólo quizá, el dolor no era a causa del licor: no estaba enfermo, ni cocinando un tumor cerebral y si así fuera, todavía tenía que ir al St. Francis. Estaba en su naturaleza. Demonios, de pequeño había luchado por ir a la escuela incluso cuando estaba enfermo, hasta cuando tuvo varicela y lucía como un dibujo de conectar los puntos, había insistido en subirse al autobús.
Su madre había ganado ésa en particular. Y renegado que era igual que su padre.
Lo que no era un cumplido y sí algo que había escuchado toda su vida… también algo que no significa una mierda porque nunca conoció al tipo. Lo único que tenía de él era una foto descolorida que siempre había puesto en un marco…
¿Por qué diablos estaba pensando en eso esta mañana?
El café era la Mezcla de Desayuno de Starbucks. La ropa de entrenamiento le siguió mientras éste se preparaba. Se tragó dos tazas junto al fregadero mientras observaba la supertemprana serpiente de tráfico alrededor de las curvas de Northway en la luz difusa del alba. Lo último que hizo fue agarrar el iPod y colocárselo en los oídos. Para comenzar, él no era conversador, pero el Señor le ayudara de encontrarse hoy con alguna chica que hablara como una cotorra.
Abajo en el cuarto de entrenamiento el lugar estaba perfectamente vacío, lo que era un enorme alivio, pero no duraría. Saltando a la cinta de correr más cercana a la puerta, apagó el noticiario CNBC de la TV colocada en alto y resopló.
Judas Priest llevó sus pies, desconectó su mente y su cuerpo tenso de dolor obtuvo lo necesario. Considerándolo todo, estaba mejor de lo que se había estado encontrando desde el fin de semana pasado. Los dolores de cabeza todavía persistían, pero estaba aguantando el trabajo y la carga de pacientes, y funcionaba bien.
Eso le llevó a preguntarse: justo antes de que Jane chocara con aquel árbol, ella también había tenido dolores de cabeza. ¿Si le hubieran practicado una autopsia habrían encontrado un aneurisma? Cuáles eran entonces las posibilidades de que ambos tuvieran uno…
¿Por qué lo hiciste Jane? ¿Por qué fingir tu muerte?
No tengo tiempo de explicarlo ahora. Por favor, sé que es pedir demasiado pero hay un paciente que te necesita desesperadamente y te he estado buscando durante casi una hora, así que ya no tengo tiempo…
—Joder —Manny saltó apoyando los pies en los bordes fijos y apretó los dientes aguantando la agonía. Recostó su torso sobre el panel de instrumentos de la maquina, respirando lenta y establemente, o tanto como puede hacerlo alguien que ha estado corriendo al paso de un kilómetro en seis minutos.
Durante los siete días anteriores, había aprendido a través de prueba y error que cuando el dolor golpeaba, lo mejor era poner la mente en blanco sin enfocarse absolutamente en nada. Y el hecho de que el simple truco cognitivo funcionara era tranquilizador al enfrentarse a un aneurisma: si algo iba a volar un agujero en la pared de una arteria cerebral, no había ninguna clase de yoga-respire-en-dos-fases de mierda que pudiera hacer la diferencia
Existía un patrón sin embargo. El inicio parecía seguir a los pensamientos sobre Jane… o en aquel sueño húmedo recurrente que tenía.
Jodido infierno, había tenido suficientes orgasmos en sus sueños como para hacer renquear hasta a su libido. Y, bastardo enfermo que era, la casi garantía de estar de vuelta con la hembra de sus fantasías lo hacía esperar con impaciencia caer en la almohada por primera vez en su vida.
Aunque no pudiera explicar por qué ciertas cogniciones le traían dolores de cabeza, las buenas noticias eran que estaba mejorando. Cada día después de aquel extraño agujero negro del fin de semana, se sentía un poco mejor.
Cuando le quedó un pequeño pero persistente dolor sordo, Manny regresó a la cinta y terminó el entrenamiento. En su camino de salida, saludó con la cabeza a rezagados mañaneros que entraron, pero salió antes de que alguien pudiera decirle Oh-Dios-mío-estás-bien si lo hubieran visto tomarse un respiro.
Arriba en su piso se duchó cambiándose a pijamas limpios y bata blanca, luego tomó su cartera y el ascensor. Para saltar al tráfico, tomó los caminos asfaltados a través de la ciudad. El Northway invariablemente estaba atascado a esta hora del día, y él hizo un buen tiempo mientras escuchaba la antigua My Chemical Romance.
“I´m Not Okay” era una tonada de la que no podía hartarse por alguna razón.
Cuando llegó al complejo del Hospital St. Francis, las primeras luces del alba aún no habían aparecido por completo, lo que sugería que debía haber nubes. No es que importara. Una vez dentro del vientre de la bestia, a menos que hubiera un tornado, lo cual nunca había ocurrido en Caldwell, el clima difícilmente le afectaba. Infiernos, muchas veces había llegado al trabajo cuando estaba oscuro y marchado cuando estaba oscuro…pero nunca se había sentido como si se perdiera de la vida sólo porque no estuviera I’ve seen sunshine, I’ve seen rain[i].
Qué curioso. Sin embargo ahora se sentía fuera de onda.
Había llegado aquí desde la Escuela de Medicina de Yale después de hacer la residencia en cirugía, tenía la intención de ir a Boston, Manhattan o Chicago. En vez de eso había dejado su huella aquí y ahora, diez años más tarde, todavía estaba donde había comenzado. Por supuesto estaba en la cima del montón, por así decirlo, y había salvado y mejorado vidas y enseñado a la próxima generación de cirujanos.
El problema era que, mientras bajaba por la rampa hacia el estacionamiento, todo parecía de alguna manera hueco.
Tenía cuarenta y cinco años, con al menos la mitad de su vida útil en la papelera y ¿qué era lo que tenía para mostrar? Un condominio lleno de mierda de Nike y un trabajo que cubría sus rincones y grietas. Sin esposa. Sin hijos. Navidades, Año Nuevo y Cuatro de Julio perdidos en el hospital… con su madre encontrando su propio camino en las vacaciones y sin duda suspirando por nietos, por los cuales era mejor no aguantar la respiración.
Cristo ¿Cuántas mujeres al azar había follado durante esos años? Tenían que ser cientos.
La voz de su madre detonó en su cabeza: Eres idéntico a tu padre.
Demasiado cierto. Su padre también había sido un cirujano, con una polla vagabunda.
Esa fue la causa por la que Manny escogió Caldwell. Su madre había estado ahí en St. Francis como enfermera en la UCI, trabajando para mantenerlo durante años y años de estudio. ¿Y cuando se había graduado en la escuela de medicina? En vez de orgullo había habido distancia y reserva en el rostro de su madre… Cuanto más se convertía en lo que su padre había sido, más a menudo encontraba esa mirada distante en los ojos de ella. La idea había sido que si estaban en la misma ciudad comenzarían una relación o alguna mierda. Sin embargo, no había funcionado de esa manera.
Pero ella estaba bien. Se marchó a Florida a una casa en un campo de golf, que él había pagado, por supuesto, jugando rondas de Scramble con damas de su edad, cenando con la brigada del bridge, discutiendo sobre quién rechazó a quién en el circuito de las fiestas. Él estaba más que feliz de mantenerla y esa era toda la extensión de su relación.
Papá estaba en una tumba en el cementerio de Pine Grove. Había muerto en 1983 en un accidente de auto.
Cosas peligrosas los autos.
Estacionado el Porsche, salió y tomó las escaleras en vez del ascensor, por el ejercicio, después usó el camino peatonal para entrar al hospital por el tercer piso. Mientras pasaba frente a doctores y enfermeras y la plantilla, sólo cabeceaba y seguía. Usualmente iría a su oficina primero, pero no importaba que les dijera a sus pies qué hacer, no fue ahí donde terminó.
Se estaba dirigiendo a las salas de recuperación.
Se dijo a sí mismo que para revisar a los pacientes, pero era mentira. Conforme su cabeza se ponía más y más confusa, estudiadamente ignoró la niebla. Infiernos, era mejor que el dolor… y probablemente estuviera hipoglucémico de trabajar y no comer nada después.
Paciente… estaba buscando a su paciente… sin nombre. No tenía el nombre, pero conocía la habitación.
Mientras llegaba a la habitación más cercana a la escalera de incendios al final del pasillo, el sonrojo recorrió su cuerpo y se encontró asegurándose que su bata blanca se ajustara suavemente a sus hombros y después se pasó la mano a través del cabello para alisarlo.
Se aclaró la garganta, se preparó, entró, y…
El hombre de ochenta años de edad en la cama estaba dormido, pero no en reposo, tenía tubos que entraban y salían de él como si fuera un coche en proceso de ser arrancado con un puente.
Un dolor sordo golpeó la cabeza de Manny cuando se quedó mirando al hombre.
—¿Doctor Mannello?
La voz de Goldberg detrás fue un alivio, porque le dio algo concreto a que sujetarse... el borde de la piscina, por así decirlo.
Se dio la vuelta.
—Hey. Buenos días.
Las cejas del tipo se alzaron y luego frunció el ceño.
—Ah… ¿Qué está haciendo aquí?
—¿Qué crees? Revisando a un paciente —Jesús, quizás todo el mundo estaba perdiendo la cabeza.
—Creí que se tomaría una semana de descanso.
—¿Perdón?
—Eso es... ah... es lo que dijo al marcharse esta mañana, después de que... que nos encontráramos aquí.
—¿De qué estás hablando? —Manny hizo un gesto de rechazo con la mano—, escucha, desayunemos primero.
—Es la hora de la cena, doctor Manello. Seis de la tarde, se fue de aquí hace doce horas.
El rubor que le había rodeado calentándolo fue instantáneamente reemplazado por un frío baño de algo que nunca había sentido.
Miedo glacial le cayó encima, taladrándolo con sus agujas.
El incómodo silencio que siguió fue roto por el apremio y el trajín del pasillo, gente con zapatos de suela blanda corriendo, apresurando a los pacientes o llevando cajones de lavandería o comidas… cenas, naturalmente… de habitación en habitación.
—Yo… me voy a casa ahora —dijo Manny.
Su voz era más fuerte que nunca, pero la expresión en el rostro de su colega le reveló la verdad de y alrededor de él: no importa lo que dijera acerca de sentirse mejor, no era lo que una vez había sido. Se veía igual, sonaba igual, caminaba igual.
Incluso trataba de convencerse de que era el mismo.
Pero algo había cambiado ese fin de semana y temía que no había vuelta atrás de él.
—¿Le gustaría que alguien lo llevara? —preguntó tentativamente Goldberg.
—No, estoy bien.
Le costó todo su orgullo no comenzar a correr al darse la vuelta. A fuerza de voluntad levantó la cabeza, enderezó la columna y puso calmadamente un pie en frente del otro.
Curiosamente, al regresar por donde había entrado, pensó en su viejo profesor de cirugía… el que había sido "retirado" por la administración de la escuela cuando había cumplido setenta. Manny había sido un estudiante de medicina de segundo año en ese momento.
Dr. Teodore Benedict Standford III.
El tipo había sido un duro culo estirado en sus clases, la clase de cabrón, a quien le gustaba más cuando los estudiantes le daban la respuesta incorrecta, porque lo proveían de la oportunidad de reprenderlos. Cuando la escuela anunció su salida al final del año. Manny y sus compañeros se lanzaron a una fiesta de despedida para el infeliz bastardo, todos se emborracharon para celebrar que eran la última generación sujeta a su mierda.
Manny había trabajado como conserje en la escuela durante el verano por dinero, y había estado limpiando el pasillo cuando el último de los tipos de la mudanza habían tomado las ultimas cajas de la oficina de Standford… entonces el viejo en persona había doblado la esquina dirigiéndose hacia afuera por última vez.
Se fue con la cabeza en alto, bajando las escaleras de mármol, atravesando la majestuosa entrada delantera con la barbilla levantada.
Manny se había reído de la arrogancia del hombre imperecedero aún enfrentado a la edad y la obsolescencia.
Ahora él caminaba de la misma forma, se preguntaba si había sido real.
Quizás Stanford se había sentido como Manny se sentía ahora.
Desechado.


[i] Canción de James Taylor

Capítulo 17

Jane oyó el sonido desgarrado desde el fondo de la oficina del centro de entrenamiento. El sonido la despertó, arrancando de golpe la cabeza de la almohada de sus brazos y enderezando la columna que tenía curvada sobre la mesa.
Desgarro… y aleteo…
Al principio, pensó que era una ráfaga de viento, pero entonces su cerebro hizo clic. No había ventanas en el subterráneo. Y haría falta una tormenta eléctrica de cojones para crear tanto alboroto.
Saliendo disparada de la silla y rodeando la mesa, se puso en marcha a la carrera por el pasillo mientras se apresuraba hacia la habitación de Payne. Todas las puertas estaban abiertas precisamente por esta razón: sólo tenía un paciente y aunque Payne generalmente estaba tranquila, si algo pasaba…
¿Qué demonios era todo ese ruido? También se oían gruñidos…
Jane derrapó en el quicio de la puerta de la sala de recuperación y estuvo a punto de gritar. Oh, Dios… la sangre.
—¡Payne! —corrió hacia la cama.
La melliza de V se había vuelto loca, sacudiendo los brazos, arañando con los dedos las sábanas y también a ella misma, clavándose las uñas afiladas en la piel de los antebrazos, hombros y clavícula.
—¡No puedo sentirlo! —chillaba la hembra, mostrando los colmillos y los ojos tan abiertos que todo era blanco alrededor de ellos—. ¡No puedo sentir nada!
Jane se lanzó hacia delante y agarró uno de esos brazos, pero su agarre resbaló en el instante en que hizo el contacto, desprendiéndose por aquellos resbaladizos arañazos.
—¡Payne! ¡Para!
Mientras Jane luchaba por inmovilizar a su paciente, la sangre roja y brillante se le pegaba en el rostro y la bata blanca.
—¡Payne! —Si seguía así, esas heridas iban a ser lo bastante profundas para mostrar el hueso—. Para…
—¡No puedo sentirlo!
El boli Bic apareció en la mano de Payne desde ninguna parte… salvo que, no, no era magia… Era el de Jane, el que llevaba en el bolsillo derecho de la bata blanca. En el instante en que lo vio, todo el aleteo furioso se transformó en un lento movimiento surrealista mientras la mano de Payne se alzaba.
Su puñalada fue tan fuerte y segura que no hubo manera de detenerla.
La afilada punta perforó el corazón de la hembra, en el blanco y su torso se sacudió hacia arriba con un jadeo mortal que salió disparado de su boca abierta.
Nooooo —gritó Jane.
—¡Jane… despierta!
El sonido de la voz de Vishous no tenía sentido. Salvo cuando abrió los ojos… a la oscuridad total. La clínica, la sangre y la respiración ronca de Payne fueron remplazadas por un velo visual negro que…
Las velas llamearon a la vida y lo primero que vio bien fue el duro rostro de Vishous. Estaba justo a su lado aunque no se hubieran ido a la cama al mismo tiempo.
—Jane, fue sólo un sueño.
—Estoy bien —espetó, apartándose el cabello de la cara—. Yo…
Mientras se apoyaba en los brazos y jadeaba, no estaba segura de qué era sueño y qué era real. Especialmente dado que Vishous estaba a su lado. No sólo no habían estado yendo juntos a la cama; tampoco se habían estado despertando juntos. Asumió que él estaba durmiendo abajo, en su fragua, pero quizás no había sido ése el caso.
Esperaba que no.
—Jane…
En el débil silencio ella oyó en la palabra toda la tristeza que V nunca le habría revelado en cualquier otra situación. Y ella se sentía de la misma manera. Los días sin ellos hablando de todo, el estrés de la recuperación de Payne, la distancia… la maldita distancia… era tan triste.
Aquí a la luz de las velas, en su cama matrimonial, sin embargo, todo eso se desvaneció un poco.
Con un suspiro, se giró hacia su cálido y fuerte cuerpo y el contacto la cambió: sin tener que volverse sólida, se hizo corpórea, el calor fluía entre ellos, se magnificaba y la hacía tan real como él. Alzando la mirada, contempló su rostro feroz y atractivo, con el tatuaje en la sien, el pelo negro que siempre se estaba apartando, las cejas sesgadas y esos pálidos ojos glaciales.
Durante la última semana, ella había recordado una y otra vez esa noche cuando las cosas se habían vuelto tan difíciles. Y aunque mucho de ello fue decepción y ansias provocadas había una cosa que simplemente no tenía sentido.
Cuando se encontraron en el túnel, Vishous había estado llevando un jersey de cuello alto. Y él nunca llevaba jerséis de cuello alto. Los odiaba porque los encontraba restrictivos… lo cual era irónico, ya que a veces aquello le ponía. Acostumbraba a llevar camisetas sin manga o iba desnudo y ella no era estúpida. Quizás era un experto tipo duro, pero su piel se magullaba con tanta facilidad como la de cualquier otro.
Dijo que había estado en una pelea, pero era un maestro en el combate cuerpo a cuerpo. Así que si iba amoratado de pies a cabeza solo podía haber una razón: había accedido a ello.
Y ella tuvo que preguntarse quién se lo había hecho.
—¿Estás bien? —preguntó V.
Ella levantó la mano y le puso la palma en el pecho.
—¿Y tú? ¿Y ellos?
V ni parpadeó.
—¿De qué iba el sueño?
—Vamos a tener que hablar sobre algunas cosas, V.
Sus labios se afinaron. Y se apretaron aún más mientras ella esperaba.
—Payne está donde está. Sólo ha pasado una semana y… —dijo él al final.
—No sobre ella. Sobre lo que pasó esa noche que saliste solo.
Ahora él retrocedió lentamente, hundiéndose en las almohadas y juntando las manos sobre los tensos abdominales. En la tenue luz, las tensas bandas de músculo y venas marcadas que le recorrían el cuello arrojaban sombras angulosas.
—¿Me estás acusando de estar con alguien más? Pensaba que ya habíamos superado esto.
—Deja de desviar el tema —ella lo miró con firmeza—. Y si quieres buscar pelea, vete a buscar algunos lessers.
Con cualquier otro macho, responder con un golpe así le habría garantizado una discusión de plano, con todo el séquito de dramatismo.
En cambio, Vishous se giró hacia ella y sonrió.
—Te escucho.
—Preferiría que me hablaras tú.
La luz sexual a la que ella estaba tan acostumbrada, pero que no había visto en una semana, subió de tono en sus ojos mientras se giraba hacia ella. Luego bajó los párpados y le miró los pechos bajo la sencilla camiseta Hanes con la que ella se había dormido.
Jane interpuso su cara en medio, pero también estaba sonriendo. Las cosas habían estado tan forzadas y tensas entre ellos. Esto se sentía normal.
—No me vas a distraer.
Cuando el calor se vertió de su enorme cuerpo en oleadas, su compañera le tomó la punta del dedo y lo arrastró a lo largo de su propio hombro. Y cuando él abrió la boca, los extremos blancos de los colmillos hicieron aparición y se alargaron aún más mientras se humedecía los labios.
De algún modo, la sábana que lo cubría bajó a tirones por su musculado abdomen. Más abajo. Aún más abajo. Era su mano enguantada la que cumplía con la misión y con cada centímetro expuesto, los ojos de ella tenían más problemas para ir a ninguna otra parte. Él se detuvo justo antes de mostrar su enorme erección, pero le ofreció un vistazo: los tatuajes alrededor de su ingle se estiraban y se enderezaban mientras sus caderas se arqueaban y se relajaban, se arqueaban y se relajaban.
—Vishous…
—¿Qué?
La mano enguantada se metió bajo el satén negro y ella no tuvo que ver adónde iba para ser bien consciente de que se había agarrado: el hecho que él se arqueara de nuevo le dijo todo lo que necesitaba saber. Eso y el modo en que se mordía el labio inferior.
—Jane…
—¿Qué?
—¿Sólo vas a mirar, no?
Dios, ella recordó la primera vez que lo había visto así, completamente tumbado en la cama, erecto y listo. Le había dado un baño de esponja y él la había leído como a un libro: tanto como ella no quería admitirlo, había estado desesperada por verlo darse placer.
Y se había asegurado de que él lo hiciera.
Sintiéndose acalorada, se inclinó sobre él, dejando caer la boca hasta casi tocar la de él.
—Todavía estás desviando el tema…
En un destello, su mano libre salió volando y le agarró la nuca, atrapándola. ¿Y ese poder en él no le fue directamente entre los muslos?
—Sí. Lo estoy desviando —sacó la lengua y la pasó por los labios femeninos—. Pero siempre podemos hablar después de que acabemos. Sabes que nunca miento.
—Pensaba que la frase era más del estilo… tú nunca te equivocas.
—Bueno, eso también es cierto. —Un gruñido salió de él—. Y ahora mismo… tú y yo necesitamos esto.
La última parte fue dicha sin nada de pasión y con toda la seriedad que ella necesitaba oír. Y para que se sepa, él tenía razón. Los dos habían estado caminando en círculos durante los últimos siete días, andando de puntillas, evitando el terreno de minas en el centro de su relación. Conectar de esta manera, piel con piel, iba a ayudarles a superar las palabras que habían sido dichas.
—Así que, ¿qué dices? —murmuró él.
—¿A qué estás esperando?
La carcajada que soltó fue grave y satisfecha, su antebrazo se tensaba y relajaba mientras empezaba a acariciarse.
—Aparta la sábana, Jane.
La orden fue dada con voz ronca pero clara y la afectó. Como siempre.
—Hazlo, Jane. Obsérvame.
Ella le puso la mano en los pectorales y la fue bajando lentamente, notando las nervaduras de su pecho y las duras ondulaciones de sus abdominales, oyendo el siseo cuando él inhaló un brusco aliento a través de los dientes. Levantando la sábana, ella tuvo que tragar con fuerza mientras su punta abría una brecha en el puño de V, liberándose y ofreciéndose con una única lágrima cristalina.
Cuando alargó la mano hacia él, V le agarró bruscamente la muñeca y la retuvo.
—Mírame, Jane… —con un gemido—. Pero sin tocar.
Hijo de puta. Lo odiaba cuando hacía esto. También le encantaba.
Vishous no soltó su agarre mientras se machacaba su erección con la mano enguantada, su cuerpo tan hermoso mientras encontraba el ritmo con el bombeo de su palma. La luz de las velas transformó todo el episodio en algo misterioso, pero claro… siempre era así con V. Con él, nunca sabía qué esperar y no sólo porque era el hijo de una deidad. Con él era sexo al límite todo el tiempo, rudo y astuto, retorcido y exigente.
Y sabía que simplemente obtenía la versión suavizada de él.
Había profundas cuevas en su laberinto subterráneo, unas que ella nunca había visitado y a las que nunca podría ir.
—Jane —dijo bruscamente—. Sea lo que sea en lo que estás pensando, córtalo… Quédate conmigo aquí y ahora y no vayas allí.
Ella cerró los ojos. Había sabido a lo que se estaba vinculando y lo que amaba. Antes, cuando se había comprometido con él para toda la eternidad, había sido muy consciente de los hombres y mujeres, y de la manera en que los había tenido. Simplemente nunca se habría imaginado que ese pasado se interpondría entre ellos…
—No estuve con nadie más —su voz era fuerte y segura—. Esa noche. Te lo juro.
Jane abrió los párpados. Había dejado de masturbarse y yacía inmóvil.
De repente, la visión de V estaba oculta por las lágrimas.
—Lo siento tanto —dijo ella con voz ronca—. Sólo necesitaba oírlo. Confío en ti, sinceramente lo hago, pero…
—Shh… está bien —alargó la mano enguantada y le secó la lágrima de la mejilla—. Está bien. ¿Por qué no me preguntaste qué me estaba pasando?
—Está mal.
—No, yo estoy mal —tomó una profunda bocanada de aire—. Me he pasado la última semana intentado obligar a las palabras a salir de mi boca. Odio esta mierda, pero no sabía qué coño decir para no empeorarlo.
En cierta medida, ella estaba sorprendida por la compasión y la comprensión. Ambos eran tan independientes y ése era el porqué su relación funcionaba: él era reservado y ella no necesitaba mucho apoyo moral, normalmente ese factor combinaba maravillosamente.
Sin embargo esta semana no.
—También lo siento —murmuró él—. Y desearía ser una clase distinta de macho.
De algún modo, ella sabía que estaba hablando sobre mucho más que su naturaleza reservada.
—No hay nada que no puedas contarme, V. —Cuando todo lo que obtuvo en respuesta fue un “Mmm”, ella dijo—: Ahora estás bajo mucho estrés. Lo sé. Y me gustaría hacer algo para ayudarte.
—Te amo.
—Entonces háblame. La única cosa que seguro no funcionará es el silencio.
—Lo sé. Pero es como mirar dentro de una habitación oscura. Quiero contarte esta mierda, pero no puedo… no puedo ver nada de lo que siento.
Ella lo creyó… y lo reconoció como algo con lo que las víctimas de abusos infantiles tendían a combatir en su edad adulta. El temprano mecanismo de supervivencia que les hacía superarlo todo era la compartimentación: cuando las cosas eran demasiado para manejarlas, las fracturaban en el fuero interno y escondían sus emociones lejos, muy lejos.
El peligro, por supuesto, era la presión que invariablemente se acumulaba.
Aunque, al menos el hielo entre ellos estaba resquebrajado. Y ahora estaban en este espacio tranquilo y semi-pacífico.
Por voluntad propia, los ojos de ella vagaron hacia su excitación, la cual yacía horizontal a su estómago, estirándose incluso más allá de su ombligo. De repente, lo deseaba tanto que no podía hablar.
—Tómame, Jane —gruñó él—. Joder, hazme todo lo que quieras.
Lo que quería hacerle era una mamada y así lo hizo, inclinándose sobre las caderas, llevándoselo a la boca, arrastrándolo hasta el fondo de la garganta. El sonido que él hizo fue propio de un animal y movió hacia arriba bruscamente las caderas, empujando la caliente longitud más hondo. Luego de repente dobló una de sus rodillas, no estaba solo tendido si no despatarrado mientras se ofrecía a ella completamente, acunándole la nuca mientras Jane encontraba un ritmo que lo volvía….
El movimiento del cuerpo de Jane era a la vez rápido y suave.
Con su tremenda fuerza, V la cambió de posición en un parpadeo, girándola y apartando las sábanas de en medio de manera que pudiera levantarle las caderas sobre su torso. Ella quedó con los muslos abiertos sobre su cara y…
Vishous —dijo en torno a su erección.
La boca de V era resbaladiza, cálida y fue directa al blanco, fusionándose con su sexo, sujetándolo y succionándolo antes que su lengua serpenteara y lamiera en su interior. El cerebro de ella no hizo mucho más que desconectarse mientras explotaba, y sin nada en que pensar, estaba completamente absorta en lo que estaba sucediendo y no en lo que había pasado antes. Tenía el presentimiento que V se sentía igual… Él estaba concentrado en las caricias, lamiéndola y succionándola, con las manos clavadas en sus muslos mientras gemía su nombre contra su sexo. Y era dificilísimo concentrarse en lo que le estaba haciendo y a la vez en lo que ella le hacía a él, pero vaya problema. La erección en su boca era caliente y dura, él era puro terciopelo entre sus piernas y las sensaciones eran la prueba de que aunque fuera un fantasma, sus reacciones físicas eran las mismas que cuando había estado “viva”.
Joder, te necesito —maldijo él.
Con otro rápido arrebato de poder, Vishous la levantó como si no pesara más que la sábana y el cambio de posición no fue una sorpresa. Él siempre prefería entrar en ella, profundamente dentro de ella y le abrió las piernas antes de posicionarla sobre sus caderas con la punta roma entrando suavemente en ella… y directo a casa.
La invasión no fue sólo sexo sino que él marcó su reclamo y a ella le encantó. Esta era la manera en que debería ser.
Cayendo hacia delante y apoyándose contra los hombros de él, ella lo miró a los ojos mientras se movían juntos, el ritmo palpitante hasta que se corrieron a la vez, ambos se pusieron rígidos mientras él se sacudía dentro de ella y su vagina lo exprimía. Luego V la giró sobre su espalda y derribó su cuerpo, yendo de nuevo a donde había estado, con la boca fusionada sobre ella, las palmas trabadas en sus muslos mientras se la comía.
Mientras ella se corría con fuerza, no hubo respiro ni pausa. Él avanzó, extendiéndole las piernas y de una estocada entró en ella en un sólido golpe tomando el mando. Su cuerpo era una enorme máquina de penetrar encima de ella, su aroma de vinculación rugía en la habitación mientras se corría duro, la semana de abstinencia convertida en polvo en una sesión gloriosa.
Mientras su orgasmo lo mecía, ella le observaba mientras se corría, amando todas las partes de él, incluso aquellas que algunas veces luchaba por comprender.
Y entonces él siguió. Más sexo. Y todavía más.
Casi una hora después, estuvieron por fin saciados, yaciendo quietos y respirando profundamente bajo la luz de las velas.
Vishous los hizo girar, manteniéndolos unidos y sus ojos recorrieron el rostro de Jane durante un largo instante.
—No tengo palabras. Dieciséis idiomas, pero no tengo palabras.
En su voz había amor y desesperación. Estaba realmente discapacitado cuando se trataba de emociones y enamorarse no lo había cambiado… al menos, no cuando las cosas eran tan estresantes como ahora mismo. Pero eso estaba bien… después de este rato juntos, estaba bien.
—Está bien —le dijo besándole los pectorales—. Te entiendo.
—Desearía que no tuvieras que hacerlo.
—Me tienes pillada.
—Sí, pero eres fácil.
Jane se enderezó.
—Soy un puñetero fantasma. Por si no te habías dado cuenta. No es algo que entusiasme a muchos hombres.
V la atrajo a su boca para un beso rápido y duro.
—Pero te atrapé para el resto de mi vida.
—Sí, lo hiciste —después de todo, los humanos no duraban ni una décima parte que los vampiros.
Cuando la alarma sonó a su lado, V fulminó con la mirada al aparato.
—Ahora sé porqué duermo con una pistola bajo la almohada.
Mientras alargaba la mano para silenciar el reloj ella tuvo que darle la razón.
—Sabes, podrías pegarle un tiro.
—Nah, Butch metería su culo aquí y no quiero un arma en la mano si alguna vez te ve desnuda.
Jane sonrió y luego se acostó de espaldas mientras él salía de la cama e iba hacia el baño. En la puerta se detuvo y miró por encima del hombro.
—Vine a ti, Jane. Cada noche de esta semana, vine a ti. No quería que estuvieras sola. Y yo no quería dormir sin ti.
Con esa aclaración se escabulló en el baño y un momento después ella oyó la ducha.
Él era mejor con las palabras de lo que se pensaba.
Con un estiramiento de satisfacción, supo que también tenía que levantarse y ponerse en marcha… hora de relevar a Ehlena de su día de guardia en la clínica. Pero tío, le encantaría quedarse acostada toda la noche. Tal vez un poquito más…
Vishous se fue diez minutos después para ir al encuentro de Wrath y los Hermanos, la besó de camino a la salida. Dos veces.
Saliendo de la cama, fue al baño un rato, luego al armario y abrió las puertas dobles. Colgando de la barra estaban los pantalones de cuero… de él; las sencillas camisetas blancas… de ella; las batas blancas… de ella; las chaquetas de motorista… de él. Las armas estaban bajo llave en una caja a prueba de fuego; los zapatos estaban abajo en el suelo.
Su vida era incomprensible en muchos sentidos. ¿Una fantasma casada con un vampiro? ¡Venga ya!
Pero mirando el armario, tan bonito y ordenado con sus vidas de locura descansando entre aquellas ropas cuidadosamente colocadas y el calzado, se sentía bien sobre dónde estaban. “Normal” no era una mala cosa en este mundo de locos; realmente no lo era.
Sin importar cómo acertaba a ser definida.

Capítulo 18

Abajo, en la clínica del centro de entrenamiento, Payne estaba haciendo sus ejercicios, como había llegado a pensar en ellos.
Yaciendo en la cama de hospital con almohadas a un lado, cruzaba los brazos sobre el pecho y apretaba el estómago, empujando el torso hacia arriba en una elevación lenta. Cuando estaba en perpendicular al colchón, extendía los brazos en cruz y los sostenía mientras bajaba la espalda. Después de sólo una ronda, le palpitaba el corazón y su aliento era entrecortado, pero sólo se concedía un breve momento para recuperarse y repetir. Y repetir. Y repetir.
Cada vez el esfuerzo se hacía progresivamente más extenuante, hasta que el sudor perlaba su frente y los músculos de su estómago se tensaban de dolor. Jane le había mostrado como hacerlo y ella supuso que era beneficioso... aunque comparado con lo que había sido capaz de hacer, era una chispa comparada con una hoguera.
Desde luego, Jane había intentado conseguir que hiciera mucho más... incluso había una silla de ruedas para que se sentara y se desplazara, pero Payne no podía soportar la visión de esa cosa o la idea de pasar su vida rodando de un sitio a otro.
Durante la semana pasada, había ido cerrando sumariamente todas las vías de adaptación con la esperanza de un milagro singular... que nunca se había materializado.
Parecía que habían pasado siglos desde que luchara con Wrath... desde que había conocido la coordinación y fuerza en sus extremidades. Había dado tanto por hecho, y ahora había perdido a quien había sido una vez, con una pena que había asumido que uno sentía sólo con la muerte.
Una vez más, suponía que había muerto. Sólo que su cuerpo no era lo bastante listo para dejar de funcionar.
Con una maldición en el Viejo Idioma, se dejó caer hacia atrás y se permitió yacer allí. Cuando fue capaz, buscó la tira de cuero que se había envuelto alrededor de los muslos. La cosa estaba tan apretada, que sabía que se estaba cortando la circulación, pero no sentía ni la constricción de la atadura ni nada del dulce alivio cuando soltaba el broche y el cuero se liberaba.
Había sido así desde la noche que había vuelto aquí.
Sin cambios.
Cerrando los ojos, volvió a entrar en una guerra interna en la cual sus miedos sacaban la espada contra su mente y los resultados eran siempre más trágicos. Después de siete ciclos de noche y día, su ejército de racionalidad estaba sufriendo por una lamentable falta de munición y profunda fatiga entre sus tropas. Además, la marea cambiaba de dirección. Primero, había estado boyante de optimismo, pero eso se había desvanecido y luego había habido un período de paciencia resuelta, que no había durado mucho. Desde entonces, se había entretenido a lo largo de esta carretera yerma de esperanza sin base.
Sola.
En verdad, la soledad era la peor parte de la experiencia: con toda la gente que estaba libre para ir y venir, entrar y salir de su habitación, estaba completamente aislada, incluso cuando se sentaban y le hablaban o atendían a sus necesidades básicas. Confinada en esta cama, estaba en otro plano de realidad que ellos, separada por un vasto desierto invisible, que podía ver claramente, pero era incapaz de cruzar.
Y era extraño. Todo lo que había perdido se volvía más agudo cuando pensaba en su sanador humano... lo cual era con tanta frecuencia que no podía contar las veces.
Oh, cómo echaba de menos a ese hombre. Muchas eran las horas que había pasado rememorando su voz y su cara y el último momento entre ellos... hasta que sus recuerdos se convirtieron en una manta con la que se calentaba durante los periodos largos y fríos de preocupación y ansiedad.
Sin embargo, desafortunadamente, como su lado racional, esa manta se estaba deshilachando por exceso de uso y no había forma de repararla.
Su sanador no estaba en su mundo y nunca iba a volver... no era más que un sueño breve y vívido que se había desintegrado en filamentos y fragmentos ahora que había despertado.
—Alto —se dijo a sí misma en voz alta.
Con la fuerza de la parte superior del cuerpo que estaba intentando mantener, se giró de lado hacia las dos almohadas, luchando contra el peso muerto de la parte inferior mientras peleaba por...
Su equilibrio falló en un instante y la hizo escorarse a pesar de su posición postrada, su brazo golpeó el vaso de cristal de la mesilla que había junto a ella.
Y por desgracia, no era un objeto muy adecuado para un impacto.
Cuando se hizo pedazos, Payne cerró la boca, que era la única forma que conocía de mantener sus gritos en los pulmones. De otro modo, habrían abierto brecha entre sus labios cerrados y nunca se hubieran detenido.
Cuando creyó tener suficiente autocontrol, miró por el costado de la cama al desastre del suelo. Normalmente, habría sido tan simple... algo derramado y uno lo limpia.
Antes, todo lo que hubiera hecho era agacharse y limpiar.
¿Ahora? Tenía dos opciones: yacer aquí y llamar pidiendo ayuda como una inválida. O repensarlo, trazar una estrategia y hacer un intento de ser independiente.
Le llevó algún tiempo encontrar los puntos de apoyo para sus manos y luego juzgar la distancia al suelo. Afortunadamente, estaba desenchufada de todos los tubos que habían estado corriendo por su brazo, pero quedaba un catéter... así que quizás hacer esto por su cuenta fuera mala idea.
Aun así no podía soportar la indignidad de quedarse allí tendida. No el soldado que fue; ahora era una niña incapaz de cuidar de sí misma.
Eso ya no era aceptable.
Sacando cuadrados de «kleenex», como los llamaba la gente, bajó la barandilla de la cama, se agarró a la parte superior de la misma y se inclinó sobre el costado. La torsión provocó que sus piernas se movieran flojas como las de un títere, todo movimiento sin gracia, pero al menos podría estirarse hacia abajo para limpiar el suelo con la pelusa blanca de su palma.
Mientras se estiraba y se retorcía intentando mantener un equilibrio precario sobre el borde de la cama, estaba cansada de que hicieran cosas por ella, la atendieran, lavaran y envolvieran como a una recién nacida al mundo...
Su cuerpo siguió el camino del vaso.
Sin advertencia, aferró la barandilla resbaladiza y con las caderas tan lejos del colchón, cayó de cabeza al suelo, la garra de la gravedad era demasiado fuerte para superarla. Sacando las manos, las apoyó en el suelo húmedo, pero ambas palmas salieron disparadas bajo ella y tomó la fuerza del impacto con el costado de la cara, la respiración abandonó de golpe sus pulmones.
Y luego no hubo ningún movimiento.
Estaba atrapada, la cama retenía sus extremidades inútiles de forma que permanecían directamente sobre su cabeza y torso, aplastándola contra el suelo.
Arrastrando aire a su garganta, llamó:
—Ayuda... ayudaaa...
Con la cara estrujada, los brazos empezando a entumecerse y los pulmones ardiendo por el sofoco, la rabia ardió en su interior hasta que su cuerpo tembló...
Empezó como un chillido. Luego el ruido se convirtió en movimiento cuando su mejilla comenzó a resbalar sobre el azulejo, la piel se estiró tanto, que sintió como si se la estuvieran pelando del cráneo. Y luego la presión creció en la nuca, su gruesa trenza tiraba de su cabeza en una dirección al mismo tiempo que su extraña posición la conducía hacia delante.
Convocando su fuerza, concentró su rabia y maniobró con los brazos de forma que sus palmas volvieron a estar planas sobre el suelo. Después de una tremenda inhalación, empujó con fuerza, alzándose a sí misma y girándose sobre la espalda...
La cuerda de su cabello cayó entre los soportes de la barandilla y atrapada con firmeza, tan gruesa longitud la mantenía en su lugar, retorciéndole el cuello hacia el hombro. Atrapada y sin poder ir a ninguna parte, sólo podía verse las piernas desde su situación ventajosa, piernas esbeltas a las que nunca antes había dedicado ningún pensamiento en particular.
A medida que la sangre se acumulaba gradualmente en su torso, observó la piel de sus pantorrillas volverse blanca como el papel.
Apretando los puños, indicó a los dedos de sus pies que se movieran.
—Maldita sea... moveos... —Habría cerrado los ojos para concentrarse, pero no quería perderse el milagro si llegaba a ocurrir.
No ocurrió.
No había ocurrido.
Y estaba empezando a comprender... que no ocurriría.
Cuando las almohadillas de sus uñas pasaron del rosa al gris, supo que tenía que aceptar donde estaba. Y no era una analogía final de su actual posición física.
Rota. Inútil. Un peso muerto.
La ruptura que finalmente tuvo lugar no conllevó lágrimas o sollozos. En vez de eso, el chasquido fue demarcado por una determinación sombría.
—¡Payne!
Ante el sonido de la voz de Jane, cerró los ojos. Este no era el salvador que quería. Su mellizo... necesitaba que su mellizo hiciera lo correcto por ella.
—Por favor, llama a Vishous —dijo con voz ronca—. Por favor.
La voz de Jane se acercó.
—Vamos a levantarte del suelo.
—Vishous.
Se oyó un clic y supo que la alarma que ella no había sido capaz de alcanzar había sido activada.
—Por favor —gimió—. Trae a Vishous.
—Vamos a...
Vishous.
Silencio. Hasta que la puerta se abrió de golpe.
—Ayúdame, Ehlena —oyó decir a Jane.
Payne era consciente de que su propia boca se estaba moviendo, pero se volvió sorda a las dos hembras que la levantaban de vuelta a la cama y volvían a colocar sus piernas, alineándolas en paralelo la una a la otra, antes de cubrirla con sábanas blancas.
Mientras se realizaban varias y diversas limpiezas de lo ocurrido sobre la cama y el suelo, ella se concentró a través de la habitación en la pared blanca que había estado mirando una eternidad desde que la habían trasladado a este lugar.
—¿Payne?
Cuando no replicó, Jane repitió.
—Payne, mírame.
Alzó los ojos y no sintió nada mientras miraba a la cara preocupada de la shellan de su mellizo.
—Necesito a mi hermano.
—Por supuesto que le llamaré. Ahora mismo está en una reunión, pero haré que baje antes de que salga esta noche. —Larga pausa—. ¿Puedo preguntarte por qué quieres verle?
Las palabras parejas y niveladas le dijeron claramente que la buena sanadora no era imbécil.
—¿Payne?
Payne cerró los ojos y se oyó a sí misma decir:
—Me hizo una promesa cuando empezó todo esto. Y necesito que la mantenga.
*  *
A pesar del hecho de ser un fantasma, el corazón de Jane todavía era capaz de detenerse en su pecho.
Y cuando se dejó caer sentada en el borde de la cama de hospital, no había ningún movimiento tras su esternón.
—¿Qué promesa fue esa? —dijo a su paciente.
—Es una cuestión entre nosotros dos.
Al infierno con eso, pensó Jane. Asumiendo que lo que suponía fuera cierto.
—Payne, podría haber algo más que podamos hacer.
Aunque qué podría ser, no tenía ni idea. Los rayos X mostraban que el hueso se había alineado apropiadamente. Las habilidades de Manny los habían encajado perfectamente. Esa medula espinal, sin embargo... era la carta al azar. Ella había tenido la esperanza de que fuera posible algo de regeneración de nervios... todavía estaba aprendiendo sobre las capacidades de los cuerpos de los vampiros, muchas de las cuales parecían magia pura comparadas con lo que podían hacer los humanos en términos de curación. Pero no había habido suerte. No en este caso.
Y no hacía falta una extrapolación de Einstein para suponer lo que Payne estaba buscando.
—Sé honesta conmigo, shellan de mi hermano. —Los ojos cristalinos de Payne se fijaron en los suyos—. Sé honesta contigo misma.
Si había una cosa que Jane odiaba de ser médico, era la llamada del juicio. Había un tipo de incidentes en los que la decisión estaba clara. ¿Un tipo se presenta en urgencias con la mano en una nevera y un torniquete alrededor del brazo? Volver a pegar el apéndice y volver a poner esos nervios de vuelta donde tenían que estar. ¿Mujer de parto con el cordón preemergente? Hacerle una cesárea. ¿Fractura compuesta? Abrirla y arreglarla.
Pero no todo era tan «simple». De manera regular, aparecía la niebla gris del tal-vez-esto, tal-vez-aquello y tenía que mirar fijamente dentro de la nube y el barro...
Oh, a quién estaba engañando.
El lado clínico de esta ecuación había alcanzado su suma correcta. Sólo que ella no quería creer en la respuesta.
—Payne, déjame ir a buscar a Mary...
—No quise hablar con la hembra consejera hace dos noches y no hablaré con ella ahora. Esto se acabó para mí, sanadora. Y por mucho que me atormente recurrir a mi mellizo, por favor, ve y tráele. Eres una buena hembra y no deberías ser tú la que lo haga.
Jane se miró las manos. Nunca las había utilizado para matar. Nunca. Era antiético no sólo para la llamada y compromiso de su profesión, sino para ella como persona.
Y sin embargo, mientras pensaba en su hellren y el tiempo que habían pasado juntos cuando despertó con él, supo que no podía permitirle venir aquí y hacer lo que Payne le había pedido. Él había dado un pequeño paso atrás desde el precipicio por el que había estado a punto de saltar y no había nada que Jane no haría para mantenerle alejado de ese borde.
—No puedo ir a buscarle —dijo—. Lo siento. Simplemente no puedo ponerle en esa posición.
El gemido que se alzó de la garganta de Payne fue la desesperación del corazón a la que le dio alas y liberó.
—Sanadora, esta es mi elección. Mi vida. No la tuya. Si deseas ser una auténtica salvadora, entonces haz que parezca un accidente, o consígueme un arma y lo haré yo. Pero no me dejes en este estado. No puedo soportarlo y no haces ningún bien a tu paciente si esto continúa.
A cierto nivel, Jane había sabido que esto llegaría. Lo había visto claro como la sombra pálida en los oscuros rayos X, los que le decían que todo debería estar funcionando bien... y si no era así, la medula espinal había resultado irreparablemente dañada.
Miró fijamente a esas piernas que yacían bajo la sábana tan inmóviles y pensó en el juramento hipocrático que había hecho hacía años: «No dañarás» era el primer mandamiento.
Era difícil no ver que Payne estaría sufriendo si se quedaba así... especialmente porque ella no había querido el procedimiento en primer lugar. Había sido Jane la que abogara por la salvación, imponiéndosela a la hembra por sus propias razones... y V había hecho lo mismo.
—Encontraré un modo —dijo Payne—. De algún modo, encontraré una forma.
Difícil no creerlo.
Y había una mayor posibilidad de éxito seguro si Jane ayudaba de algún modo... Payne estaba débil y cualquier arma en su mano sería un desastre esperando a ocurrir.
—No sé si puedo hacer esto. —Las palabras abandonaron la boca de Jane lentamente—. Eres su hermana. No sé si me perdonará alguna vez.
—No tiene por qué saberlo.
Dios, que dilema. Si fuera ella la que estuviera atrapada en esa cama, se sentiría exactamente igual que Payne y querría que alguien la ayudara a ejecutar su deseo final. ¿Pero la carga de ocultarle algo así a V? ¿Cómo podría hacerlo?
Excepto que... la única cosa peor sería que él no volviera de ese lado oscuro suyo. ¿Y matar a su hermana? Bueno, eso era un tren expreso directo a esa parte de su vecindario, ¿no?
La mano de su paciente encontró la de ella.
—Ayúdame, Jane. Ayúdame...
*  *
Cuando Vishous abandonó la reunión de la noche con la Hermandad y se dirigió a la clínica del centro de entrenamiento, se sentía más como él mismo... y no en el mal sentido de la palabra. El sexo con su shellan había sido una misión crítica para ambos, una especie de reinicio que no sólo había sido físico.
Dios, le había sentado bien estar de vuelta con su hembra. Sí, desde luego, todavía había problemas esperándole... y bueno, mierda, cuanto más se acercaba a la clínica, más volvía el manto de tensión nerviosa, golpeando sus hombros como un par de coches. Había visto a su hermana al principio de cada noche y luego de nuevo al amanecer. Durante los primeros días, había habido mucha esperanza, pero ahora... en su mayor parte ésta había pasado.
Sin embargo, lo que fuera. Ella tenía que salir de esa habitación y eso era lo que iba a hacer él esa noche. Estaba fuera de rotación, e iba a llevarla a la mansión y mostrarle que había algo aparte de la jaula blanca de la sala de recuperación en la que vivía.
No iba a mejorar físicamente.
Así que lo mental iba a tener que sustentarla. Tenía que hacerlo.
¿Conclusión? No estaba preparado para perderla ahora. Sí, hacía solo una semana que la tenía a su alrededor, pero eso no significaba que la conociera mucho mejor de lo que la conocía cuando todo esto había empezado... y estaba pensando que ambos se necesitaban el uno al otro. Nadie más era descendiente de esa maldita deidad de madre suya y tal vez juntos podrían sortear la mierda que venía con su derecho de nacimiento. Joder, no era como si hubiera un doce-pasos para ser hijo de la Virgen Escriba:
Hola, soy Vishous. Soy su hijo y lo he sido desde hace trescientos años.
HOLA, VISHOUS.
Ha vuelto a hacerme una de las suyas y estoy intentando no ir al Otro Lado y pegarle cuatro gritos.
TE ENTENDEMOS, VISHOUS.
Y ya que estamos en ello, me gustaría desenterrar a mi padre y volver a matarle, pero no puedo. Así que sólo estoy intentando mantener viva a mi hermana aunque está paralizada, e intento luchar contra la urgencia de encontrar algo de dolor para poder tratar con esta Payne.
ERES UN VERDADERO MARICA, VISHOUS, PERO APOYAMOS TU PATÉTICO CULO.
Abriéndose paso fuera del túnel y al interior de la oficina, cruzó la puerta de cristal y luego bajó el pasillo a zancadas. Cuando pasó la sala de entrenamiento, alguien estaba corriendo como si sus Nike estuvieran ardiendo, pero aparte de eso, había un montón de nadie alrededor… y tuvo el presentimiento de que Jane podría estar todavía en su cama, remoloneando tras lo que él le acababa de hacer.
Por lo cual el macho vinculado en él sentía un montón de satisfacción de mierda. De veras.
Cuando entró en la sala de recuperación, no llamó, sino...
Cuando entró, lo primero que vio fue la aguja hipodérmica. Lo siguiente fue que estaba a punto de cambiar de manos, de las de su shellan a las de su melliza.
No había razones terapéuticas para eso.
—¿Qué estás haciendo? —jadeó, de repente aterrado.
La cabeza de Jane se giró de golpe, pero Payne no le miró. Su mirada estaba fija en esa aguja que era la llave en la cerradura de su celda.
Y seguro como la mierda que iba a ayudarla a salir de esa cama... directamente al ataúd.
—Qué coño estáis haciendo. —No era una pregunta. Ya lo sabía.
—Es mi elección —dijo Payne sombría.
Su shellan encontró su mirada.
—Lo siento, V.
Una venda blanca cortó su visión, pero nada ralentizó su cuerpo cuando se lanzó hacia delante. Justo cuando alcanzaba el costado de la cama, sus ojos se aclararon y vio su mano enguantada aterrizar sobre la muñeca de su shellan.
Su garra mortal era lo único que evitaba la muerte de su melliza. Y se dirigió a ella, no a su pareja.
—¡Joder, no te atrevas!
—¡No te atrevas tú!
Por un momento, V respingó hacia atrás. Había mirado a las caras de enemigos superados, sumisos descartados y amantes olvidados, machos y hembras, pero nunca antes había visto un odio tan profundo.
—¡Tú no eres mi dios! —le gritó—. ¡Sólo eres mi hermano! ¡Y no me encadenarás en este cuerpo más de lo que lo hizo nuestra mahmen!
Su furia estaba tan bien igualada que por primera vez en su vida, estuvo perdido Después de todo, no tenía ningún sentido entrar en conflicto si tu oponente era tu igual.
El problema era, que si se marchaba ahora, iba a volver para un funeral.
V deseó pasear para controlar su cabreo, pero maldita sea si iba a apartar la vista ni siquiera un segundo.
—Quiero dos horas —dijo—. No puedo detenerte, pero puedo pedirte que me des ciento veinte minutos.
Los ojos de Payne se entrecerraron.
—¿Para qué?
Porque iba a hacer algo que habría sido inconcebible cuando todo esto había empezado. Pero esto era una especie de guerra y consecuentemente, no tenía el lujo de escoger sus armas... tenía que usar lo que tenía, incluso si lo odiaba.
—Te diré exactamente por qué. —V cogió la aguja de la mano de Jane—. Vas a hacerlo para que esto no me persiga durante el resto de mi puta vida. ¿Qué tal esta razón? ¿Bastante buena?
Los párpados de Payne se cerraron y hubo un montón de silencio. Sólo que entonces dijo:
—Te daré lo que pides, pero no cambiaré de opinión si me quedo en esta cama. Evalúa tus expectativas antes de partir... y quedas advertido por si intentas razonar con nuestra mahmen. No cambiaré esta prisión por otra a su lado, en su mundo.
Vishous se metió la aguja en el bolsillo y desenvainó el cuchillo de caza que llevaba permanentemente sujeto en el cinturón de sus pantalones de cuero.
—Dame tu mano.
Cuando ella se la ofreció, le cortó la palma con la hoja e hizo lo mismo con su propia carne. Luego mantuvo unidas las heridas.
—Lo juro. Por nuestra sangre compartida, tienes mi promesa.
La boca de Payne se retorció como si, una vez más, hubiera sonreído en circunstancias diferentes.
—¿No confías en mí?
—No —dijo él ásperamente—. En lo más mínimo, cariño.
Un momento después, la mano de ella aferró la de él y una pátina de lágrimas se formó sobre sus ojos.
—Yo también lo juro.
Los pulmones de Vishous se aflojaron y tomó un profundo aliento.
—Muy justo.
Dejó caer su mano, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Tan pronto como estuvo en el pasillo, no malgastó el tiempo en el túnel.
—Vishous.
Al sonido de la voz de Jane, se dio la vuelta y quiso maldecir. Sacudiendo la cabeza, dijo:
—No me sigas. No me llames. Ahora mismo no va a salir nada bueno de que pierda los papeles donde tú puedas oírlo.
Jane cruzó los brazos sobre el pecho.
—Ella es mi paciente, V.
—Es de mi sangre. —En su frustración, golpeó el aire con la mano—. No tengo tiempo para esto. Me largo de aquí.
Tras esto, echó a correr. Dejándola atrás.


 

2 comentarios:

Mary Madonna Luce dijo...

Ella cerró los ojos. Había sabido a lo que se estaba vinculando y lo que amaba. Antes, cuando se había comprometido con él para toda la eternidad, había sido muy consciente de los hombres y mujeres, y de la manera en que los había tenido. Simplemente nunca se habría imaginado que ese pasado se interpondría entre ellos…


—No tengo palabras. Dieciséis idiomas, pero no tengo palabras.

—Sabes, podrías pegarle un tiro.
—Nah, Butch metería su culo aquí y no quiero un arma en la mano si alguna vez te ve desnuda.

—Vine a ti, Jane. Cada noche de esta semana, vine a ti. No quería que estuvieras sola. Y yo no quería dormir sin ti.

&Twinin Cullen& dijo...

Jane sonrió y luego se acostó de espaldas mientras él salía de la cama e iba hacia el baño. En la puerta se detuvo y miró por encima del hombro.
—Vine a ti, Jane. Cada noche de esta semana, vine a ti. No quería que estuvieras sola. Y yo no quería dormir sin ti.




ho por dios mori con esta frase