martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 19 20 21

Capítulo 19

Cuando Manny regresó a su casa, cerró la puerta con llave... y se quedó allí parado. Como una parte del mobiliario. Con el maletín en la mano.
Era asombroso como, cuando perdías el juicio, te quedabas como sin opciones de qué hacer después. Su voluntad no había cambiado; aún quería tener el control de sí mismo y de esta... lo que sea que fuera que le estaba sucediendo a su vida. Pero no había nada a lo que agarrarse, no había riendas para frenar a esta bestia.
Mierda, así debía ser cómo se sentían los pacientes con Alzheimer: su personalidad estaba intacta y su intelecto también... pero estaban rodeados de un mundo que ya no tenía sentido, porque no podían controlar sus recuerdos, sus conexiones y sus extrapolaciones.
Todo estaba ligado a ese fin de semana… o al menos, había comenzado entonces. ¿Pero qué había cambiado, exactamente? Por lo que sabía, podía decir que había perdido al menos parte de una noche. Recordaba el hipódromo y la caída de Glory y después el veterinario. Luego el trayecto de vuelta a Caldwell, donde había ido a...
El presentimiento de que afloraba otro dolor de cabeza lo hizo maldecir y rendirse.
Caminando hacia la cocina, dejó caer el maletín y terminó observando atentamente la máquina de café. La había dejado encendida cuando salió para el hospital. Genial. Así que su Java de la mañana en realidad había sido la taza del atardecer y era un milagro que no hubiera incendiado por completo el jodido apartamento.
Sentándose en uno de los taburetes frente a la encimera de granito, se quedó con la mirada perdida en el ventanal acristalado frente a él. La ciudad, más allá de la terraza, brillaba radiante como una dama encaminándose al teatro, luciendo todos sus diamantes, las luces titilando en los rascacielos y haciendo que se sintiera real y verdaderamente solo.
Silencio. Vacío.
El apartamento era más como un ataúd.
Dios, si no podía operar, qué le quedaba...
La sombra apareció de la nada en la terraza. Excepto que no era una sombra... No había nada translúcido en esa cosa. Era como si las luces y los puentes y los rascacielos fueran una pintura con un agujero recortado en ella.
Un agujero con la silueta de un hombre enorme.
Manny se levantó del taburete, con los ojos fijos sobre la figura. Confinada en su subconsciente, en la base de su tronco cerebral, tenía la certeza de que esta era la causa de todo, su “tumor”, de pie y caminando... viniendo a por él.
Como si se lo hubieran ordenado, fue hacia allí y abrió la puerta de vidrio corrediza, el viento lo golpeó con fuerza en el rostro, apartándole el cabello de la frente.
Hacía frío. Oh, tanto frío... pero el impacto glacial no sólo era debido a la fría noche de abril. Una gélida brisa surgía a raudales desde la figura parada muy quieta y letal a apenas unos palmos de él; tuvo la nítida impresión de que la ráfaga ártica se debía a que este cabrón vestido de cuero negro lo odiaba a muerte. Pero Manny no estaba asustado. La respuesta a lo que le pasaba estaba ligada a este hombre enorme que había aparecido de la nada, a unos veinte pisos por encima del pavimento...
Una mujer... una con el cabello oscuro trenzado... esta era su...
El dolor de cabeza lo atacó con violencia, golpeándole en la nuca y disparándose hacia delante sobre su cráneo, para sacarle la mierda de su lóbulo frontal a golpes.
Mientras se desmoronaba, se agarró de la puerta deslizante y perdió la paciencia.
—¡Joder por el amor de Dios, no te quedes ahí parado! ¡Háblame o mátame, pero haz algo!
Más viento en la cara.
Y luego una voz profunda.
—No debí haber venido aquí.
—Está claro que debiste haber venido —gimió dolorosamente Manny—. Porque estoy perdiendo el jodido juicio y tú lo sabes ¿no es así? ¿Qué coño me hiciste?
Ese sueño... sobre la mujer que deseaba, pero no podía tener...
Las rodillas de Manny comenzaron a doblársele, pero al diablo con ello.
—Llévame con ella y no me jodas. Sé que existe... La veo cada noche en mis sueños.
—Esto no me gusta nada.
—Ah ya… y yo lo estoy pasando bomba por aquí.
El hijo-de-puta se quedó sin decir nada. Como así también el hecho de que si este sombrío bastardo decidía llevar a los hechos toda esa agresividad en la que estaba hirviendo, Manny iba a sacar a relucir los puños e iba a hacer algún daño por su cuenta. Lo iban a hacer papilla, de seguro, pero jodido de la cabeza o no, no iba a caer sin dar pelea.
—Vamos —escupió Manny—. Hazlo.
Se oyó una tensa risa.
—Me recuerdas a un amigo mío.
—¿Quieres decir que hay otro hijo de puta perdido en su propia vida gracias a ti? Genial. Comenzaremos un grupo de apoyo.
—Jodido infierno...
El tipo levantó una mano y entonces... los recuerdos estallaron en la mente de Manny, fluyendo a través de su cuerpo, lo que había visto y oído durante ese fin de semana perdido regresó a él con gran intensidad.
Dando un traspié hacia atrás, se agarró la cabeza entre las manos.
Jane. La instalación secreta. La operación.
Los vampiros.
Un férreo agarre sobre su bíceps fue lo único que lo mantuvo por encima del suelo de madera, el hermano de su paciente lo sostenía.
—Tienes que venir a ver a mi hermana. Va a morir si no lo haces.
Manny respiró por la boca y tragó saliva. La paciente... su paciente...
—¿Aún está paralizada? —gimió.
—Sí.
—Llévame —le soltó—. Ahora.
Si se trataba de un caso en que la médula espinal se encontraba permanentemente dañada, no había nada que pudiera hacer por ella clínicamente, pero eso no importaba. Tenía que verla.
—¿Dónde está tu coche? —preguntó el cabrón de la perilla.
—Abajo.
Manny se liberó dirigiéndose directamente en busca del maletín y las llaves que había dejado sobre la encimera de la cocina. Mientras iba por el apartamento tropezando y cayéndose, sentía el cerebro enmarañado de un modo que lo aterrorizó. Algo más de esta mierda de sacar y poner en su placa madre e iba a quedar permanentemente dañado. Pero esa era una discusión para otro momento.
Tenía que llegar hasta su hembra.
Cuando llegó a la puerta de entrada, el vampiro estaba justo detrás de él y Manny cambió sus cosas a la mano izquierda.
Hizo un giro rápido y lanzó un golpe con el puño derecho, que se elevó velozmente en un arco calculado a la perfección para alcanzar la mandíbula del tipo.
Crack. El impacto fue sólido y sacudió hacia atrás la cabeza del bastardo.
Mientras el vampiro volvía a sostenerle la mirada y elevaba una comisura de la boca en un gruñido, Manny no iba a dejarse intimidar por nada de eso.
—Eso fue por joderme.
El macho se pasó el dorso de la mano sobre la boca ensangrentada.
—Buen gancho.
—No hay de qué —dijo Manny mientras salía del apartamento.
—Pude haberte detenido en cualquier momento. Sólo para que lo sepas.
Indudablemente, eso era cierto.
—Sip, pero no lo hiciste, ¿no? —Manny desfiló hacia el ascensor, golpeó el botón para bajar y lo fulminó con la mirada por encima del hombro—. Y eso te hace un imbécil o un masoquista. Es tu elección.
El vampiro se le acercó.
—Cuidado, humano, solo estás con vida mientras me seas de utilidad.
—¿Es tu hermana?
—No lo olvides.
Manny sonrió mostrándole todos sus dientes.
—Entonces hay algo que necesitas saber.
—Qué.
Manny se elevó sobre la punta de sus pies y miró al cabrón directamente a los ojos.
—Si piensas que ahora quieres matarme, esto no es nada comparado a cómo te sentirás cuando la vea de nuevo.
Estaba prácticamente duro de solo pensar en la mujer.
Con un ding, las puertas dobles se abrieron y dio un paso adelantándose, entró y se dio la vuelta. Los ojos del vampiro eran como lanzas en busca de un blanco, pero Manny se encogió de hombros ante su agresividad.
—Sólo te dejo saber cuál es mi posición. Ahora métete dentro o desparécete hasta la calle y recogeré tu culo por allí.
—Debes pensar que soy un idiota ¿no es cierto? —gruñó el vampiro.
—El caso es que no, para nada.
Pausa.
Pasado un momento, el vampiro refunfuñó entre dientes y se deslizó dentro justo cuando las puertas corredizas comenzaban a cerrarse. Y entonces, ambos se quedaron simplemente parados uno al lado del otro, mirando los números sobre las puertas dobles, contando hacia atrás...
Cinco... cuatro... tres... dos...
Como si fuera la cuenta regresiva para una explosión.
—Ten cuidado, humano. No soy alguien a quien quieras presionar demasiado.
—Y yo no tengo nada que perder. —Excepto por la hermana de este tremendo bastardo—. Supongo que sólo tendremos que ver donde terminará esto.
—En eso tienes razón.
*  *
Payne era como un lúgubre témpano de hielo mientras miraba fijamente el reloj que colgaba sobre la puerta de su habitación. La esfera circular era tan simple como la blanca pared que tenía detrás, marcada nada más que por doce números negros separados por líneas negras. Las manecillas de la cosa, dos negras, una roja, se arrastraban en su recorrido circular como si estuvieran tan aburridas de su trabajo como ella estaba de mirarlas trabajar.
Vishous debía haber ido a ver a su madre. ¿A quién más iba a recurrir?
Así que esto era una pérdida de tiempo; con certeza, regresaría sin nada. Era pura arrogancia el pensar que Ella La Que No Podía Ser Persuadida se sentiría afectada en lo más mínimo por los peligros que acechaban a los hijos que había dado a luz.
Madre de la raza. Qué disparate...
Payne frunció el ceño. El sonido comenzó como nada más que un tenue ritmo, pero rápidamente se hizo más alto. Pisadas. Pesados pasos recorriendo un suelo embaldosado a toda velocidad, y eran dos pares de ellos. Quizás no eran nada más que los Hermanos de su mellizo, que venían a comprobar...
Cuando la puerta se abrió, todo lo que pudo ver fue a Vishous, de pie tan orgulloso e inflexible.
—Te he traído algo.
Más que hacerse a un lado, fue apartado de un empujón...
Queridísima Virgen Escriba... —articuló Payne sin pronunciar palabra, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.
Su sanador irrumpió en la habitación y oh, estaba tal como lo recordaba... tan ancho de hombros y largos sus miembros, con un vientre plano y una mandíbula bien definida. Su pelo oscuro estaba alborotado de punta, como si hubiera estado pasándose continuamente los dedos por él y respiraba en forma agitada, con la boca ligeramente abierta.
Sabía que era real —espetó—. ¡Maldita sea, lo sabía!
La impresión de verlo precipitó vertiginosamente, a través de ella, una energía iluminándola desde dentro y desbocando sus emociones en una caída libre.
—Sanador —dijo con voz quebrada —. Mi sanador...
—¡Jodido infierno! —escucho decir a su hermano.
Su humano se giró hacia Vishous.
—Danos algo de privacidad. Ahora.
—¡Vigila tu jodida boca!
—Soy su médico. Me trajiste hasta aquí para evaluarla clínicamente...
—No seas ridículo.
Se hizo una pausa.
—Entonces ¿por qué coño estoy aquí?
—¡Por la mismísima razón por la que te odio!
Ese fue el preludio de un profundo silencio, acompañado por un sollozo por parte de ella. Estaba tan contenta de contemplar la fortaleza de su sanador, en carne y hueso. Y ese único gimoteo hizo que de inmediato las cabezas de ambos se dieran la vuelta, el rostro de su sanador cambiando al instante, yendo de la furia total a una intensa preocupación.
—Cierra la puerta detrás de ti —ladró sobre el hombro mientras se acercaba a ella.
Se pasó las manos por los ojos limpiándose las lágrimas y miró más allá de su sanador, mientas se sentaba a un lado de la cama. Vishous se dio la vuelta, encaminándose hacia la salida.
Él lo sabía, pensó. Más que nada de lo que su madre podía haber hecho por ella, le había traído la única cosa que garantizaría que ella quisiera vivir.
—Gracias, hermano mío —dijo ella, manteniendo los ojos fijos en él.
Vishous se detuvo. La tensión en él era tan intensa, que tenía los puños fuertemente apretados y cuando giró la cabeza hacia ella, su gélida mirada la abrasó.
—Haría cualquier cosa por ti. Lo que fuera.
Y diciendo esto, se abrió paso hacia fuera... y cuando la puerta se cerró suavemente, comprendió que “te amo” podía decirse sin llegar a pronunciar en realidad la frase.
Los hechos tenían más valor que las palabras.

Capítulo 20

Cuando la pareja se quedó sola, Manny no tenía ojos suficientes para mirar a su paciente. Su mirada iba desde su cara a su garganta y sus largas y encantadoras manos. Jesús, olía igual, ese perfume suyo se le enterraba en la nariz e iba directo a su polla.
—Sabía que eras real —repitió. Cristo, probablemente habría sido mejor decir algo más, cualquier otra cosa, pero evidentemente eso era todo lo que tenía. El alivio ante el hecho de que no se estaba volviendo loco resultaba simplemente abrumador.
Al menos hasta que la pátina luminosa de lágrimas en los ojos de ella quedó registrada... junto con la infinita falta de esperanza en su mirada.
Había hecho todo lo que podía por ella y aún así había fracasado. Totalmente.
Aunque no era como si no hubiera supuesto su condición antes de ahora. Ese hermano suyo no habría venido de nuevo al mundo humano porque la mierda fuera tan puñeteramente bien en este lado.
—¿Cómo te va?
Mientras miraba a sus ojos, ella sacudió lentamente la cabeza.
—Lamentablemente... estoy...
Cuando no terminó, extendió la mano hacia la de ella y se la sostuvo. Dios, su piel era tan suave.
—Háblame.
—Mis piernas... no están mejor.
Maldijo por lo bajo. Quería hacerle un examen y ver sus últimos rayos X... tal vez hacer arreglos para llevarla al St. Francis para otra resonancia.
Pero, por críticas que fueran esas cosas, podían esperar. Ahora mismo, ella estaba emocionalmente frágil y tenía que ayudarla a tratar con eso primero.
—¿No sientes nada? —dijo.
Mientras ella sacudía la cabeza, se le escapó una lágrima que se deslizó por su mejilla. Odiaba que estuviera llorando, pero como que Dios era su salvador, nunca había visto nada tan hermoso como esos ojos suyos.
—Estoy... siempre estaré así —dijo ella con un estremecimiento.
—¿Y qué significa exactamente ese «así»?
—Aquí. Sobre esta cama. Atrapada. —No le sostenía la mirada, pero le apretó la mano y la obligó a hacerlo—. No puedo soportar esta tortura. Ni una noche más.
Estaba mortalmente seria y durante una fracción de segundo sintió un terror que cortó directamente a través de su alma. Tal vez en otra mujer... u hombre, ya que estábamos... una declaración así podría haber sido una muestra emocional de desesperación. ¿Pero en ella? Era un plan.
—¿Tenéis internet por aquí? —preguntó.
—¿Internet?
—Un ordenador con acceso a la red.
—Ah... creo que hay uno en la habitación más grande de allá. Por esa otra puerta.
—Volveré. Quédate aquí.
Eso logró media sonrisa.
—¿Adónde iba a ir, sanador?
—Eso es lo que voy a mostrarte.
Al levantarse tuvo que resistir la urgencia de besarla y se apresuró a salir para asegurarse de no hacerlo. No llevó nada de tiempo encontrar el Dell en cuestión y acceder a él con la ayuda de una enfermera rubia bastante atractiva que se presentó a sí misma como Ehlena. Diez minutos después, volvió a la habitación de Payne e hizo una pausa en el umbral.
Ella se estaba sujetando el cabello, le temblaban las manos mientras se alisaba la coronilla de su cabeza y tanteaba la longitud de su trenza como si buscara defectos.
—No tienes que hacer eso —murmuró—. A mí me pareces perfecta.
En vez de replicar, ella se ruborizó y se azoró más... que fue justo lo mejor que podía decir.
—En verdad, haces que mi lengua se haga un lío.
Bueno, vaya, no es que aquello llevara su mente a lugares a los que no debería ir.
Mirando más allá de ella, obligó a su cabeza a cambiar de marcha.
—Payne, soy tu médico, ¿verdad?
—Sí, sanador.
—Y eso significa que voy a decirte la verdad. Sin paños calientes, ni ocultar nada. Voy a decirte exactamente lo que creo y dejaré que te forjes tus propias ideas... y necesito que me prestes atención en esto, ¿vale? La verdad es todo lo que tengo, nada más y nada menos.
—Entonces no necesitas nada más y sé demasiado bien donde estoy sentada.
Él recorrió la habitación con la mirada.
—Has salido de aquí desde que volviste de la operación.
—No.
—Así que has estado mirando a estas cuatro paredes vacías durante una semana, atrapada en una cama, teniendo a otras personas que te alimentan, te bañan y se ocupan de tus funciones corporales.
—No tienes que recordármelo —dijo ella secamente—. Gracias…
—Entonces, ¿cómo sabes dónde estás?
El ceño de ella se hizo más profundo y oscuro... y sexy como el demonio.
—Eso es ridículo. Estoy aquí. —Señaló al colchón bajo ella—. He estado aquí.
—Exactamente. —Cuando ella le miró, cerró la distancia entre ellos—. Voy a levantarte en brazos y llevarte, ¿si no te importa?
Ahora sus cejas se dispararon.
—¿Adónde?
—Fuera de esta maldita jaula.
—Pero... no puedo... Tengo un...
—Lo sé. —Por supuesto que ella se preocuparía por su catéter y para salvar cualquier vergüenza, cogió una toalla blanca limpia de la mesita junto a la cama—. Seré cuidadoso con él y contigo.
Después de cerciorarse de que su equipo estaba asegurado, apartó la sábana que la cubría y la levantó en brazos. Su peso era sólido contra la parte superior de su cuerpo y se tomó un momento para sostenerla sin más, con la cabeza de ella sobre su hombro, las largas, largas piernas colgando sobre su brazo. Su perfume o jabón, o lo que fuera, le recordaba al sándalo o algo así.
Oh, sí,... a orgasmos.
Los que había tenido cuando había soñado con ella.
Genial, ahora era él el del sonrojo y el rubor.
Payne se aclaró la garganta.
—¿Peso mucho? Soy grande para ser una mujer.
—Eres perfecta para ser una mujer.
—No de donde yo vengo —masculló ella.
—Entonces están utilizando el estándar equivocado.
Manny llevó su preciosa carga a través de la puerta hasta la sala de reconocimiento. El lugar estaba vacío, a petición suya... había pedido a la enfermera... ¿Elina? ¿Elaina?... que les proporcionara algo de privacidad.
No sabía adónde iba a conducir esto.
Manteniéndola sujeta, se sentó delante del ordenador y los colocó de forma que ella pudiera ver el monitor. Cuando pareció más interesada en mirarle a él, no le importó lo más mínimo... pero era difícil concentrarse. Y no era la razón por la que la había sacado de esa cama.
—Payne —dijo.
—¿Qué?
Cristo, esa voz ronca suya. La maldita era capaz de desgarrarle como un cuchillo y proporcionarle el mordisco de dolor que acompañaba a la herida: desearla como lo hacía y contenerse a sí mismo era un placer agonizante que, de algún modo, resultaba mejor que el más satisfactorio sexo que hubiera tenido nunca.
Era un detona-orgasmos de lo más sutil.
—Se supone que tienes que mirar al monitor —dijo mientras le acariciaba la mejilla.
—Prefiero mirarte a ti.
—Oh, ¿sí? —Cuando su voz se hizo tan ronca como la de ella, supo que era el momento de algún diálogo interno en la línea de oh-no-no-lo-hagas-muchachote.
Pero demonios.
—Me haces sentir algo por todo el cuerpo. Incluso en las piernas.
Bueno, la atracción sexual podía hacer esas cosas. Segurísimo que sus propios circuitos estaban tan encendidos como Manhattan a medianoche.
Sólo que había un propósito mayor en esta rutina del regazo de Santa, algo que era mucho más importante que uno rapidito... o incluso una sesión que durara una semana, o un mes, o que Dios los salvara a ambos, un año. Era sobre una vida. La de ella.
—¿Qué tal si miras un ratito al ordenador y luego puedes mirarme todo lo que quieras?
—Muy bien.
Cuando no apartó la mirada de su cara, él se aclaró la garganta.
—El ordenador, bambina.
—¿Italiano?
—Por parte de madre.
—¿Y de dónde es tu padre?
Él se encogió de hombros.
—Nunca lo conocí, así que no podría decirlo.
—¿Tu padre fue un desconocido?
—Sí, bastante. —Manny le puso el dedo índice bajo la barbilla y le inclinó la cabeza hacia el ordenador—. Mira.
Dio un golpecito al monitor y supo cuando ella se concentró adecuadamente porque frunció el ceño, las cejas oscuras bajaron más sobre esos ojos diamantinos.
—Este es un amigo mío... Paul. —Manny no hizo nada por ocultar el orgullo en su voz—. También fue un paciente. Es un tipo duro... y lleva años en esa silla de ruedas.
Al principio, Payne no estaba del todo segura de qué era la imagen... se estaba moviendo, eso seguro. Y parecía ser... Espera. Era un humano y estaba sentado en una especie de aparato que rodaba sobre la tierra. Para impulsarse, empujaba con sus grandes brazos, con una mueca en la cara, su concentración era tan feroz como la de cualquier guerrero en la batalla.
Tras él, había un grupo de otros tres hombres en mecanismos similares y todos estaban tan concentrados en él como si estuvieran intentando cerrar las distancias entre ellos y su líder.
—¿Es... una carrera? —preguntó.
—Es la Maratón de Boston, división silla de ruedas. Paul está subiendo la colina Heartbreak, que es la parte más dura.
—Va por delante de los otros.
—Espera... sólo está empezando. No sólo gana esa carrera... la parte por la mitad sobre la rodilla y le prende fuego.
Observaron al hombre ganar por un tremendo margen, sus brazos enormes iban como el viento, su pecho bombeaba, la multitud a los lados de la carretera rugía dando muestras de apoyo. Cuando atravesó la cinta, una mujer asombrosa se acercó corriendo y la pareja se abrazó.
¿Y en los brazos de la hembra humana? Un bebé con el mismo tono que el hombre.
El sanador de Payne se inclinó hacia delante y movió un pequeño instrumento sobre el escritorio para cambiar la imagen de la pantalla. Se fue la imagen en movimiento... En su lugar había un retrato estático del hombre sonriendo. Era muy guapo y exudaba salud, y a su lado estaba la misma mujer pelirroja y ese pequeño con sus ojos azules.
El hombre todavía estaba sentado y la silla en la que estaba era más sustancial que aquella con la que había competido... de hecho se parecía mucho a la que Jane había traído. Sus piernas no estaban proporcionadas con el resto de él, eran pequeñas y metidas bajo el asiento, eso no lo notabas... ni siquiera su aparato rodante. Sólo veías la feroz fuerza e inteligencia.
Payne extendió la mano hacia la pantalla y tocó la cara del hombre.
—¿Cuánto tiempo...? —preguntó roncamente.
—¿Lleva paralizado? Alrededor de diez años más o menos. Estaba en su bici cuando le golpeó un conductor borracho. Llevé a cabo siete operaciones en su espalda.
—Todavía está en esa... silla.
—¿Ves a la mujer junto a él?
—Sí.
—Se enamoró de él después del accidente.
Payne giró la cabeza y miró a su sanador a la cara.
—¿Él... tuvo al pequeño?
—Sí. Puede conducir un coche, puede practicar sexo, obviamente... y vive una vida más plena que la mayoría de la gente con dos piernas funcionales. Es un empresario y un atleta y un demonio de hombre, y estoy orgulloso de llamarle amigo.
Mientras hablaba, su sanador movió la cosa negra y la imagen cambió. Había unas del hombre en otras pruebas atléticas y luego sonriendo junto a una especie de edificio en construcción y luego con él sentado ante una cinta roja con un par de tijeras doradas en la mano.
—Paul es el alcalde de Caldwell. —Su sanador le giró la cara hacia la de él—. Escúchame... y quiero que recuerdes esto. Tus piernas son parte de ti, pero no toda tú o lo que tú eres. Así que vayamos a donde vayamos después de esta noche, necesito que sepas que no eres menos por la herida. Incluso si estás en una silla, todavía serás tan alta como fuiste siempre. La altura es sólo un número vertical... no significa una mierda cuando se trata de tu carácter o del tipo de vida que vives.
Estaba mortalmente serio y si era sincera consigo misma, cayó un poco enamorada de él en ese momento.
—¿Puedes mover el... esa cosa? —susurró—. ¿Para poder ver más?
—Aquí tienes... mueve tú el ratón. —Le cogió la mano y la colocó sobre la calidez del patinete oblongo—. Izquierda y derecha... arriba y abajo... ¿Ves? Mueve la flecha de la pantalla. Haz click cuando quieras ver algo.
Le llevó un par de intentos, pero luego le cogió el tranquillo... y fue absurdo, pero sólo abrirse paso por las diferentes áreas de la pantalla y elegir lo que quería ver le dio una mareante sensación de energía.
—Puedo hacer esto —dijo. Sólo que luego se avergonzó. Considerando lo simple que era, era una victoria demasiado pequeña de la que jactarse.
—Esa es la cuestión —le dijo su sanador al oído—. Puedes hacer cualquier cosa.
Se estremeció ante eso. O probablemente fue por algo más que las simples palabras.
Volviendo a concentrarse en el ordenador, le gustaban las imágenes del hombre en las carreras. Su expresión de esfuerzo agonizante e indomable fuerza de voluntad era algo que había sentido largamente ardiendo en su propio pecho. Pero luego una de la familia reunida también estaba entre sus favoritas. Eran humanos, pero los vínculos parecían muy fuertes entre ellos. Había amor, tanto amor allí.
—¿Qué dices? —murmuró su sanador.
—Creo que viniste en el momento perfecto. Eso es lo que digo.
Se movió entre sus fuertes brazos y le miró fijamente. Mientras estaba sentada en su regazo, deseó poder sentir más de él. Todo él. Pero de la cintura para abajo sólo había una calidez sin especificar, que era mejor que el frío que había persistido desde la operación, sí... pero mucho menos de lo que tenía antes.
—Sanador... —susurró, sus ojos iban a la boca de él.
Los párpados de él bajaron y pareció dejar de respirar.
—¿Sí?
—¿Puedo...? —Se lamió los labios—. ¿Puedo besarte?
Pareció sobresaltarse, como si doliera, pero ese olor que llevaba rugió, así que supo que deseaba que lo hiciera.
—Jesu... cristo —escupió él.
—Tu cuerpo desea al mío —dijo ella, subiendo la mano por el suave cabello de su nuca.
—Y ese es el problema. —Ante su mirada de confusión, él dirigió una mirada ardiente justo a sus pechos—. Quiero muchísimo más que sólo un beso.
De repente, hubo un cambio dentro del cuerpo de Payne, uno tan sutil que fue difícil definirlo. Pero sintió algo diferente atravesar su torso y todas sus extremidades. ¿Un hormigueo? Estaba demasiada absorta en la energía sexual que había entre ellos para preocuparse por definirlo.
—¿Qué más quieres? —dijo, pasándole otro brazo alrededor del cuello.
Su sanador gimió desde la profundidad de su garganta y el sonido le proporcionó la misma ráfaga de poder que cuando tenía un arma en la mano. ¿Sentir eso de nuevo? Fue como una droga.
—Dime, sanador —exigió—. Qué más quieres.
Esos ojos de caoba estaban encendidos cuando se centraron en los suyos.
—Todo. Deseo cada centímetro cuadrado de ti... por fuera... y por dentro. Hasta el punto que no estoy seguro de que estés lista para lo mucho que busco.
—Yo decido —contrarrestó, una extraña y palpitante necesidad echaba raíces en sus entrañas—. Decido lo que puedo y no puedo manejar ¿está claro?
Su media sonrisa fue del todo malvada. En el buen sentido.
—Sí, ma'am.
Cuando un sonido bajo y rítmico llenó el aire, se sorprendió al comprender que era suyo. Un ronroneo.
—¿Tengo que volver a pedirlo, sanador?
Hubo una pausa. Y luego él sacudió lentamente la cabeza de un lado a otro.
—No. Te daré... exactamente lo que quieres.

Capítulo 21

Cuando Vishous abrió la puerta de la sala de reconocimiento, consiguió una visión del tipo de reparto de asientos que le hacía pensar cariñosamente en la castración.
Lo cual, considerando su propia experiencia con la rutina de cuchillo-en-las-pelotas, era decir mucho.
Una vez más, su hermana estaba casi montando a horcajadas a ese lameculos humano, el señor Feliz, los brazos del hombre la rodeaban, sus cabezas estaban pegaditas. Solo que no se estaban mirando el uno al otro y esa fue la única razón de que no interrumpiera la fiesta. Estaban mirando fijamente la pantalla del ordenador... a un hombre en silla de ruedas corriendo con una panda de otros tíos.
... la altura es sólo un número vertical… no significa una mierda cuando se trata de tu carácter o el tipo de vida que vives.
¿Puedes mover el... esa cosa?
Por alguna razón, el corazón de V palpitó cuando el humano le mostró a su hermana cómo funcionaba un ratón. Y luego oyó algo que le dio razón para la esperanza:
Puedo hacer esto dijo ella.
Esa es la cuestión dijo Manello suavemente. Puedes hacer cualquier cosa.
Bueno, mierda... la jugada había resultado un as, ¿no? V había estado dispuesto a lanzar a este humano de vuelta a la mezcla brevemente, sólo para conseguir que a ella se le pasara el impulso suicida. Pero nunca pensó que el tipo le proporcionaría algo más que un caso de amor de cachorrillo.
Y aún así, aquí estaba el hijo de puta... mostrándole mucho más que cómo besar.
V había querido ser el que la salvara... y se suponía que lo había hecho trayendo a Manello, pero ¿por qué no había hecho más antes? ¿Por qué no lo había hecho Jane? Debería haberla sacado de este lugar, llevarla a la mansión... comer con ella y hablar con ella.
Mostrarle que su futuro era diferente, pero que no había desaparecido.
V se frotó la cara mientras la furia lo enraizó en el suelo. Maldita Jane... ¿cómo podía no saber que los pacientes requerían más que medicinas contra el dolor y baños a esponja? Su melliza había necesitado un condenado horizonte... cualquiera se volvería loco atrapado en esa habitación.
Jodido infierno.
Volvió a mirar a su hermana y al humano. La pareja tenía los ojos fijos en lo que estaban mirando y haría falta una palanca para separar sus cabezas.
Parte de V volvió a desear matar al bastardo.
Mientras su mano enguantada iba al bolsillo en busca de un cigarrillo liado, tenía medio en mente aclararse la garganta ruidosamente. O eso o sacar su daga y enterrarla en la cabeza del humano. El problema era que ese cirujano era una herramienta a utilizar hasta que no la necesitara más... y aún no habían alcanzado ese punto.
V se obligó a volver al umbral...
¿Cómo les va?
Mientras se daba la vuelta, dejó caer el maldito cigarrillo.
Butch lo recogió.
¿Necesitas fuego?
Prueba con un cuchillo. Recuperó la maldita cosa y sacó su nuevo Bic, que en realidad trabajaba de puta madre. Después inhaló y dejó que el humo vagara fuera de su boca. ¿Salimos a tomar una copa?
Aún no, creo que tienes que hablar con tu hembra.
Confía en mí. No. Ahora mismo no.
Está preparando una maleta, Vishous.
El macho emparejado de su interior se volvió loco, pero no obstante, se obligó a permanecer allí en el pasillo y seguir fumando. Gracias a Dios por su adicción a la nicotina. Chupar el cigarrillo era la única razón por la que no estaba maldiciendo.
V, tío. ¿Qué demonios está pasando?
Apenas podía oír al tipo con el grito que resonaba en su cabeza. Y no podía acercarse a una explicación completa.
Mi shellan y yo tuvimos una diferencia de opinión.
Pues habladlo.
Ahora no. Apagó la punta del cigarro en su suela de shitkicker y aplastó la colilla. Vamos.
Sólo que... bueno, cuando le caló, de algún modo no pudo pasar de la plaza de garaje en la que habían estado cambiando el aceite del Escalade. Era literalmente incapaz de salir, sus pies estaban pegados al suelo.
Cuando miró hacia la oficina, lamentó el hecho de que sólo una hora atrás parecía que las cosas habían vuelto a su cauce. Pero no. Era casi como si la mierda de antes no hubiera sido más que un calentamiento para donde estaban ahora.
—De verdad, no tengo nada que decirle, cierto. Como siempre.
Tal vez te vendrá algo.
Eso lo dudo, pensó.
Butch le palmeó el hombro.
Escúchame. Tienes el sentido de la moda de un banco del parque y las habilidades interpersonales de un carnicero...
¿Se supone que eso va a ayudar?
Déjame terminar.
¿Qué viene a continuación? ¿El tamaño de mi polla?
Oye, incluso los lapiceros pueden hacer el trabajo... he oído los gemidos que salen de tu habitación que lo prueban. Pero Butch le dio una sacudida. Sólo te digo que... que necesitas a esa mujer en tu vida. No jodas esa mierda. Ni ahora, ni nunca, ¿me captas?
Iba a ayudar a Payne a matarse. Cuando el tipo hizo una mueca, V asintió. Sí. Así que esta no es una discusión del tipo él dijo ella dijo sobre la tapa de la jodida pasta de dientes.
Después de un momento, Butch murmuró.
Debe haber habido una maldita razón realmente buena.
No hay ninguna razón. Payne es el único pariente de sangre que tengo y ella iba a apartarla de mí.
Con la situación reducida a algo tan básico como eso, el zumbido en la base del cerebro de V se hizo mucho más fuerte y ruidoso, tuvo que preguntarse si iba a explotar… y en ese momento por primera vez en su vida, tuvo miedo de sí mismo y de lo que era capaz de hacer. No hacer daño a Jane, por supuesto... sin importar lo frito que estuviera, nunca la tocaría enfadado...
Butch dio un paso atrás y alzó las palmas.
Oye, tranquilo, colega.
V bajó la mirada. En sus manos estaban sus dos dagas... y sus puños estaban tan apretados que se preguntó si las empuñaduras iban a tener que ser quirúrgicamente extraídas de sus palmas.
Apártalas dijo aterradolejos de mí.
A la carrera, entregó todas sus armas a su mejor amigo, desarmándose completamente. Y Butch aceptó la carga con eficiencia veloz y sombría.
Sí... tal vez tengas razón masculló el tío. Habla con ella luego.
Ella no es la única por quien tienes que preocuparte, poli. Al parecer los impulsos suicidas dirigían esta noche a toda su maldita familia.
Butch lo cogió del brazo cuando se daba la vuelta.
¿Qué puedo hacer para ayudar?
V vio como una imagen rápida y sorprendente se filtraba en su cerebro.
Nada que puedas manejar. Desafortunadamente.
No pienses por mí, hijo de puta.
V se acercó, dejando sus caras a un centímetro la una de la otra.
No tienes estómago para ello. Confía en mí.
Esos profundos ojos avellana sostuvieron su mirada sin parpadear.
Te asombraría lo que haría para mantenerte vivo.
La boca de V se abrió bruscamente, su respiración se aceleró. Y mientras los dos permanecían pecho con pecho, conocía cada centímetro de su cuerpo, lo sintió todo a la vez.
¿Qué estás diciendo, poli?
¿Piensas honestamente que los lesser son una opción mejor? masculló Butch con voz ronca. Al menos yo puedo asegurarme de que no terminas muerto al final.
Titilaron imágenes a través de su mente, imágenes gráficamente detalladas y asombrosamente pervertidas. Y todas ellas con él en el papel de estrella.
Después de un momento en el que ninguno dijo una palabra, Butch se hizo a un lado.
Ve a ver a tu hembra. Te estaré esperando en el Escalade.
Butch. No tienes que hacerlo. No puedes.
Su mejor amigo le evaluó con frialdad.
—Una puta mierda no puedo—volviéndose, recorrió a zancadas el corredor—.Ven a buscarme. Cuando estés listo.
Mientras V veía marcharse al tipo, se preguntó si estaban a punto de salir a beber esta noche... o si los dos iban a atravesar la peligrosa puerta que el poli acababa de abrir.
En lo más profundo de su corazón, sabía que ambas cosas.
Joder. Que. Mierda.
*  *
De vuelta a la sala de reconocimiento, mientras Manny miraba a los ojos de Payne, era débilmente consciente de que alguien estaba fumando en alguna parte, cerca. Con la suerte que tenía, sería su puñetero hermano y el enorme bastardo estaba disfrutando de su chute de nicotina antes de entrar a limpiar el suelo con la bocaza de Manny.
Lo que tenga que ser, pensó. La boca de Payne estaba a sólo centímetros de la suya, su cuerpo era cálido contra el suyo y él tenía la polla a punto de reventar. Era un hombre con fuerza de voluntad y autodeterminación, pero detener lo que estaba a punto de ocurrir estaba maaaaaaás allá de sus habilidades.
Alzando la mano, le acunó el costado de la cara. Mientras el contacto se producía, los labios de ella se separaron y supo que debía decir algo, pero su voz había hecho la maleta y tomado un autobús a la ciudad… evidentemente junto con su cerebro.
Más cerca. La atrajo más cerca y la encontró a medio camino, sus bocas se fundieron. Y aunque su cuerpo tenía toda la impaciencia de un tigre insatisfecho, tuvo cuidado cuando se produjo el contacto. Dios, era suave... oh, tan suave... de un modo que le hizo desear extenderla del todo y penetrarla con todo lo que tenía, sus dedos, su lengua, su sexo.
Pero nada de eso iba a ocurrir ahora mismo. Ni esta noche. Ni siquiera al día siguiente. No tenía mucha experiencia con vírgenes, pero estaba bastante seguro de que aunque ella estuviera experimentando una respuesta sexual, según cómo se ocupara de ello la cosa podría resultar abrumadora…
Más dijo ella con una demanda ronca. Más...
Durante una fracción de segundo, su corazón se detuvo y él se repensó la rutina de tomárselo con calma. Ese tono de voz no era el de una niñita-perdida. Era todo mujer, lista para un amante.
Y Jesús, según la teoría ella-no-tiene-que-pedirlo-dos-veces, asumió el control, acariciándole la boca con la suya mientras le succionaba el labio inferior. Cuando la mano de Payne le rodeó la nuca, deseó deshacer esa trenza y meterse entre ese cabello suyo... pero eso estaba demasiado cerca de desvestirse y este sitio estaba lejos de ser privado.
Y él estaba bastante cerca de llegar ya, muchas gracias.
Deslizó la lengua dentro de ella y gimió, sus brazos la apretaron... antes de decirles que se relajaran o iba a romperlos a ambos por debajo de los hombros. Dios, ella era octano puro en su sangre, su cuerpo estaba a todo gas y rugiendo. ¿Y creía que aquellos sueños eran ardientes? Lo auténtico hacía que esa mierda fuera temperatura ambiente comparada con la superficie de Mercurio.
Más con la lengua, más entrar en ella y tirar hacia fuera, más de todo, hasta que tuvo que obligarse a retroceder. Sus caderas estaban frotándose contra el trasero apretado que estaba en su regazo... y no parecía muy justo, dado que ella no podía sentirlo.
Respirando profundamente, no tardó mucho en ir bajando por el cuerpo de ella para succionarla a lo largo de la columna de la garganta.
Las uñas femeninas arañaron tan fuerte sus hombros, que supo que si hubiera estado desnudo, le habría hecho sangre... y esa mierda le puso a tono. Joder, la idea era que pudiera haber algo más que simplemente sexo, que pudiera engancharse a su cuerpo y tomarle de más de una manera.
Con un siseo agudo, Manny se arrancó de su piel y dejó caer la cabeza hacia atrás, respirando a golpes dentro y fuera de sus pulmones.
Creo que tenemos que frenar.
¿Por qué? dijo ella, sus ojos no se perdían nada de él. Inclinándose hacia delante, gruñó. Tú quieres esto.
Oh, joder... sí.
Las manos de Payne fueron a la parte delantera de la camisa de él
Entonces sigamos.
Le agarró las muñecas cuando un orgasmo hormigueó en la punta de su erección.
Tienes que dejar eso. Ahora mismo.
Dios, apenas podía respirar.
Bruscamente, ella se soltó de su agarre y agachó la cabeza. Aclarándose la garganta, dijo con voz ronca:
En verdad, lo siento.
La vergüenza de ella hizo que le doliera el pecho.
No, no... no eres tú.
Cuando ella no respondió, le empujó la barbilla hacia arriba y tuvo que preguntarse si tenía alguna idea de lo que hacía el cuerpo de un hombre cuando estaba así de encendido. Cristo, ¿sabía siquiera lo que era una erección?
Escucha cuidadosamente casi gruñó. Te deseo. Aquí. De vuelta en tu habitación. En el suelo del pasillo. Arriba contra la pared. De cualquier modo, en cualquier parte, en cualquier momento. ¿Está claro?
Los ojos de ella llamearon.
Pero entonces, ¿por qué no…?
Por una parte, creo que tu hermano está en el pasillo. Por otra, me has dicho que nunca has estado con nadie antes. Yo, por otro lado, sé exactamente adónde conduciría esto y lo último que quiero hacer es asustarte por ir demasiado rápido.
Ambos se sostuvieron la mirada. Y luego, después de un momento, los labios de ella se alzaron en una sonrisa tan grande y amplia que le apareció un hoyuelo en un costado de la cara y sus perfectos dientes blancos relucieron.
Jesús... sus colmillos eran más largos. Mucho más largos. Y, oh, muy afilados.
Manny no pudo evitarlo. Todo lo que podía hacer era imaginar lo que sentiría al tener uno de esos arrastrándose hacia arriba por la parte inferior de su polla.
El orgasmo en su erección hizo otro intento de liberarse.
Y eso fue antes de que la lengua rosa de Payne saliera y se demorara en una pasada sobre las agudas puntas.
¿Te gustaría?
El pecho de Manny bombeaba con fuerza.
Sí. Joder, sí...
Al instante, las luces se apagaron, la habitación cayó en la oscuridad. Y luego se oyeron dos chasquidos... ¿cerraduras? ¿Podrían ser las cerraduras de las puertas?
En medio del brillo de la pantalla del ordenador, vio la cara de ella cambiar. Atrás quedó toda remembranza de timidez, de inocente pasión... en su lugar había un hambre cruda y robusta que le recordó que ella no era humana. Era una hermosa depredadora, un animal precioso y poderoso, lo bastante humano para que perdonara quién y qué era realmente.
Moviéndose sin pensar, Manny llevó una de sus manos a la parte de arriba de la bata blanca. En el proceso de sentarse con ella, las solapas rígidas se habían levantado y ahora las echó hacia abajo, exponiendo el cuello.
Estaba jadeando. Jadeando directamente.
Tómame dijo rechinando lo dientes. Hazlo, quiero saber cómo es.
Ahora era ella la que tenía el control, sus manos fuertes subieron hacia la cara y bajaron por el cuello hasta la clavícula. No tuvo que echarle la cabeza hacia atrás. Lo hizo por sí mismo sin directrices, su garganta estaba desnuda e invitadora.
¿Estás seguro? dijo ella, su acento rodaba en las Rs.
Manny respiraba con tanta dificultad que no estaba seguro de poder jadear una respuesta, así que asintió con la cabeza. Y luego, preocupado de que eso no fuera suficiente, puso sus manos sobre las de ella, presionando su agarre sobre él.
Payne tomó el control a partir de allí, concentrándose en la yugular, sus ojos parecían iluminados como estrellas en la noche. Cuando se acercó, lo hizo lentamente, haciendo desaparecer los centímetros entre sus colmillos y la carne con dolorosa lentitud.
El roce de sus labios no fue nada más que terciopelo, solo que la expectación de lo que estaba por venir le tenía tan hiper-enfocado que lo magnificó todo. Sabía precisamente dónde ella…
El roce fue cruelmente suave cuando le acarició con la nariz.
Luego la mano de ella serpenteó por su nuca y le sujetó, manteniéndole en el lugar tan fuerte, que comprendió que podría romperle el cuello si quisiera.
Oh, Dios gimió, entregándose más completamente. ¡Oh... joder!
El golpe fue fuerte y certero, dos puntos entrando profundamente, el dulce dolor le robó toda visión y sonido hasta que todo lo que conoció fue la succión en su vena.
Eso y el enorme orgasmo que atravesaba sus pelotas y bombeaba hasta la cabeza de su polla, sus caderas se alzaban contra las de ella mientras su erección pateaba y tiraba... y seguía adelante.
No estaba seguro de cuanto duró la liberación. ¿Diez segundos? ¿Diez minutos? ¿O fueron horas? Todo lo que sabía era que con cada succión que ella le tomaba, él llegaba algo más, el placer era tan intenso que estaba arruinado...
Porque sabía que no iba a encontrar esto con nadie excepto ella. Vampiro o humano.
Palpando la parte de atrás de su cabeza, la empujó más fuerte hacia abajo, sujetándola a él, sin importarle si le dejaba seco. Menuda forma de morir…
Demasiado pronto, ella se retiró, pero él estaba desesperado porque siguiera, e intentó obligarla a permanecer en su garganta. Sin embargo, no hubo competencia. Ella era tan fuerte físicamente, que fue como si no hubiera protestado en absoluto. Y eso le hizo llegar otra vez.
Por sobrecargado que estuviera su sistema nervioso, todavía sintió la retracción de sus colmillos en el cuello y supo el momento exacto en que ella salió de él. Luego el mordisco de dolor fue reemplazado por una suave caricia de la lengua, como si estuviera cerrando su herida.
Cayendo en un semi-trance, los párpados de Manny bajaron y su cabeza pendió en lo alto de su espina dorsal como un globo deshinchado. Por el rabillo del ojo, observó el perfil perfecto de ella, la iluminación del monitor le proporcionaba suficiente luz para verla lamerse el labio inferior.
Excepto que no era el ordenador.
El salvapantallas se había activado y todo lo que mostraba era un fondo negro con un logo de Windows.
Ella estaba brillando. Por todas partes. De la cabeza a los pies.
Suponía que ellos hacían eso, y como... extraordinariamente.
Solo que ella estaba frunciendo el ceño.
¿Estás bien? Tal vez tomé demasiado...
Yo... Tragó con fuerza dos veces. Sentía la lengua entumecida en la boca. Yo...
El pánico se fijó en esa hermosa cara.
Oh, Parcas, ¿qué he hecho?
Manny obligó a su cabeza a enderezarse.
Payne... la única forma de que esto pudiera haber sido mejor es si hubiera llegado dentro de ti.
Ella quedó momentáneamente aliviada. Y luego pregunto:
¿Qué es llegar?


2 comentarios:

Mary Madonna Luce dijo...

Hizo un giro rápido y lanzó un golpe con el puño derecho, que se elevó velozmente en un arco calculado a la perfección para alcanzar la mandíbula del tipo.
Crack. El impacto fue sólido y sacudió hacia atrás la cabeza del bastardo.
Mientras el vampiro volvía a sostenerle la mirada y elevaba una comisura de la boca en un gruñido, Manny no iba a dejarse intimidar por nada de eso.
—Eso fue por joderme.
El macho se pasó el dorso de la mano sobre la boca ensangrentada.
—Buen gancho.
—No hay de qué —dijo Manny mientras salía del apartamento.
—Pude haberte detenido en cualquier momento. Sólo para que lo sepas.


—¿Es tu hermana?
—No lo olvides.
Manny sonrió mostrándole todos sus dientes.
—Entonces hay algo que necesitas saber.
—Qué.
Manny se elevó sobre la punta de sus pies y miró al cabrón directamente a los ojos.
—Si piensas que ahora quieres matarme, esto no es nada comparado a cómo te sentirás cuando la vea de nuevo.

Él lo sabía, pensó. Más que nada de lo que su madre podía haber hecho por ella, le había traído la única cosa que garantizaría que ella quisiera vivir.
—Gracias, hermano mío —dijo ella, manteniendo los ojos fijos en él.
Vishous se detuvo. La tensión en él era tan intensa, que tenía los puños fuertemente apretados y cuando giró la cabeza hacia ella, su gélida mirada la abrasó.
—Haría cualquier cosa por ti. Lo que fuera.

&Twinin Cullen& dijo...

y he vuelto a morir

—Sanador —dijo con voz quebrada —. Mi sanador...
—¡Jodido infierno! —escucho decir a su hermano.
Su humano se giró hacia Vishous.
—Danos algo de privacidad. Ahora.
—¡Vigila tu jodida boca!
—Soy su médico. Me trajiste hasta aquí para evaluarla clínicamente...
—No seas ridículo.
Se hizo una pausa.
—Entonces ¿por qué coño estoy aquí?
—¡Por la mismísima razón por la que te odio!