martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 25 26 27

Capítulo 25

Abajo, en el centro de entrenamiento del complejo, Butch casi deseaba odiar al cirujano por lealtad a V. Especialmente dado el hábito del tipo de andar a lo Chippendale, medio desnudo con esa toalla.
Dios, pensar que ese pedazo de carne había estado cerca de Payne todo desnudo. Mala idea, mala a demasiados niveles.
Habría sido diferente si hubiera estado construido como un jugador de ajedrez, por ejemplo. Tal y como era, Butch sintió que John Cena[i] había estado tratando de ligarse a la hermana pequeña de V. ¿Cómo demonios había sido creado un cirujano así?
Aún así, había dos cosas que salvaban al tipo: el bastardo se había puesto el pijama quirúrgico limpio que Butch le había dado, así que se había terminado el espectáculo "solo para mujeres". Y, mientras estaban sentados frente al Dell en la sala de reconocimiento, el tipo parecía sinceramente preocupado por Payne y su bienestar.
No era que estuviesen llegando a ningún lado por ese frente. Los dos contemplaban la pantalla del ordenador como dos perros mirando el Animal Planet: muy concentrados, pero incapaces de subir el volumen o cambiar el canal.
¿Normalmente? Butch telefonearía a Vishous o le mandaría un mensaje. Pero eso no iba a suceder, teniendo en cuenta el enfrentamiento que se estaba teniendo lugar en el Pit.
Dios, esperaba que V y Jane se pusiesen las pilas.
—Y ahora, ¿qué? —preguntó el cirujano.
Butch se volvió a centrar en el asunto y puso la mano sobre el ratón.
—Recemos para que consiga sacarme los archivos de seguridad del culo, joder. Esto es.
—Y te quejabas de mi toalla.
Butch sonrió rígidamente.
—Sabelotodo.
Casi al mismo tiempo, los dos se inclinaron más cerca de la pantalla, como si eso de alguna manera ayudase mágicamente al ratón a encontrar el material que buscaban.
—Me jode esta mierda —refunfuñó el cirujano con repugnancia—. Soy mejor con mis manos.
—Yo, también.
—Ve al menú de inicio.
—Voy, voy....
—Mierda —dijeron a la vez cuando consiguieron un montón de archivos o programas o lo que fuese.
Naturalmente, no había nada llamado "Seguridad", "Cámaras" o "Haz click aquí, gilipollas, para encontrar lo que vosotros dos, perdedores, buscáis".
—Espera, ¿estará en "vídeos"? —dijo el cirujano.
—Buena idea.
Ambos avanzaron un par de centímetros aún más cerca, hasta que la punta de sus narices casi sacaba brillo al maldito monitor.
—¿Puedo ayudaros chicos?
Butch giró la cabeza.
—Gracias a Dios, Jane. Escucha, tenemos que encontrar los archivos digitales de la cámara de seguridad. —Se detuvo—. ¿Estás bien?
—Bien, muy bien.
Oh, oh, perfecto. De pie en la entrada, ella no estaba bien. Ni remotamente bien. Hasta el punto que él sabía que era mejor no preguntar dónde estaba V… o esperar que el hermano se presentase en cualquier momento.
—Oye, Doc —dijo Butch y como por causalidad se levantó —¿puedo hablar contigo un segundo?
—Eh…
Él cortó la protesta que ella estaba a punto de presentar.
—Gracias. Fuera, en el pasillo. Manello, intenta familiarizarte con el ordenador.
—Seguro que lo consigo —dijo secamente el tío.
Cuando Jane y él estuvieron fuera del cuarto, Butch bajo la voz.
—¿Qué pasa? Y sí, no es asunto mío. Pero quiero saberlo de todos modos.
Después de un momento, Jane cruzó los brazos sobre su bata blanca y miró fijamente hacia delante. Pero no para callarle, aunque lo parecía. Más bien estaba reviviendo algo en su mente.
—Háblame —murmuró él.
—Tú sabes por qué él fue a por Manny, ¿verdad?
—No los detalles. Pero... Puedo adivinarlo. —Francamente, la hembra parecía a punto de suicidarse.
—Como doctora, me encuentro dividida entre direcciones diferentes. Si puedes extrapolar...
Oh, Dios, era peor de lo que él había pensado.
—Puedo. Mierda.
—Eso no es todo —siguió—. Cuando fui a hacer las maletas, encontré un par de sus pantalones de cuero en el fondo del armario. Hay cera negra por todos ellos. Junto con sangre y... —ella tomó un estremecedor aliento—. Algo más.
—Cristo —gimió Butch.
Mientras Jane permanecía en silencio, supo que ella no quería ponerle en medio y no iba a preguntar en voz alta. Por ella estaba bien así.
Jodido infierno... tanto honrar la petición de V de permanecer-al-margen. Excepto que él simplemente no podía ver a los dos separarse.
—No te está siendo infiel —dijo él—. ¿Esa noche, hace una semana? Dejó que lo golpeasen, Jane. Por lessers. Lo encontré rodeado por tres de ellos y lo estaban azotando rabiosamente con cadenas.
Ella soltó un grito ahogado, que cubrió con sus manos.
—Oh... Dios...
—No sé lo que encontraste de él, pero no estuvo con nadie más. Me lo dijo él mismo.
—Pero ¿y la cera? Y el...
—No se te ha ocurrido que podría habérselo hecho él mismo.
Jane se quedó momentáneamente muda.
—No. Aunque porqué no podría simplemente decirlo.
No era ese el tema de la canción de la noche.
—Ningún tipo quiere confesarle a su esposa que se estaba masturbando a solas. Es demasiado patético… y probablemente pensara que de alguna manera estaba haciendo trampa. Él está así de entregado a ti.
Cuando las lágrimas aparecieron en los ojos verdes bosque de Jane, Butch se quedó momentáneamente confundido. La buena doctora era tan reservada como su hellren… y esa contenida intensidad era por la qué era tan condenadamente buena como doctora. Sin embargo, eso no significaba que no tuviese sentimientos y aquí estaban.
—Jane... no llores.
—No sé cómo vamos a superar esto. Realmente no lo sé. Él está enfadado. Yo estoy enfadada. Y luego ahí está Payne —repentinamente, puso la mano sobre el brazo de Butch y se lo apretó—.Puedes, por favor... puedes ayudarle. Con lo que él necesite. Tal vez sea la grieta en el hielo que nos ayude.
Mientras los dos se miraban fijamente, él se preguntó si estarían realmente al mismo nivel. Pero cómo podría plantearlo de manera discreta: así que ¿quieres que me encargue de él en vez de los lessers?
Pero ¿Y si no estaban pensando en lo mismo? Y encima ella ya estaba destrozada.
—No puedo hacerlo —dijo Jane ásperamente—. Y no sólo porque tenemos problemas en este momento. Simplemente no lo tengo dentro de mí. Él confía en ti... Yo confío en ti… y él lo necesita. Me preocupa que si él no atraviesa esa pared tras la que sigue y continúa así, él y yo no vamos a conseguirlo… o peor. Llévalo al Commodore, por favor.
Bien, esto planteaba una cuestión.
Él se aclaró la garganta.
—Francamente, he estado pensando en lo mismo. Y, en realidad, yo... se lo ofrecí.
—Gracias —maldijo y se limpió los ojos—. Le conoces tan bien como yo. Necesita ser desbloqueado... de alguna manera, de algún modo.
—Sí. —Butch extendió la mano y acarició su mejilla—. Y cuidaré de él. No te preocupes por eso.
Ella puso la mano sobre la suya.
—Gracias.
Se abrazaron durante un momento y tal y como lo hicieron, él pensó que no había nada que no haría para mantener a Jane y a V juntos.
—¿Dónde está él ahora? —preguntó él.
—No tengo ni idea. Me dio una bolsa y simplemente la preparé y me marché. No le vi en el Pit, pero tampoco le estaba buscando.
—Yo me encargo ¿Ayudarás a Manello?
Cuando ella asintió con la cabeza, él le dio un prolongado apretón y luego salió, tomó el túnel como un metro y se apresuró a la última parada del mismo: el Pit.
Sin idea de saber en lo que se estaba metiendo, introdujo el código de acceso y metió la cabeza por la puerta reforzada. No había humo, por lo que nada ardía. Sin gritos. Sin ningún olor excepto el pan fresco que su Marissa había horneado antes.
—¿V? ¿Estás aquí? —ninguna respuesta.
Dios, esto estaba jodidamente tranquilo.
Atravesando el vestíbulo, encontró la habitación de V y Jane vacía y hecha un lío. La puerta del armario estaba abierta y había cosas que faltaban en las barras de las perchas, pero eso no fue lo que realmente llamó su atención.
Se acercó a los pantalones y los recogió. Un buen muchacho católico como él, no sabía mucho sobre BDSM, pero parecía que iba a aprender rápidamente.
Sacando su teléfono móvil, marcó V, pero no esperaba respuesta. Supuso que el GPS iba a tener que ser útil de nuevo.
*  *
—Como en los viejos tiempos.
Manny se concentró en la pantalla del ordenador mientras hablaba. Difícil decir que era la parte más incómoda de sentarse al lado de su antigua colega. Con tanto para elegir, el silencio entre ellos era la caza del Huevo de pascua para niños de tres años, todo muy bien escondido, preparado para ser encontrado y capturado.
—¿Por qué quieres examinar los archivos digitales? —preguntó ella.
—Lo verás cuando lo encontremos.
Jane no tuvo ningún problema en localizar el programa correcto y un momento después la imagen en directo del cuarto de Payne llenó la pantalla. Espera, la cama estaba vacía... excepto por una bolsa de lona.
—Una incorrecta. Aquí está —murmuró Jane.
Y allí estaba. Su Payne. Acostada contra las almohadas con la trenza en sus manos y sus ojos fijos en el cuarto de baño como si quizás se lo estuviese imaginando todavía en la ducha.
Maldición... ella era hermosa.
—Estás pensando —dijo Jane suavemente.
Bien, ahora sería un momento estupendo para que su boca dejase de trabajar por su cuenta.
Él se aclaró la garganta.
—¿Podemos retroceder una media hora?
—Sin problemas.
La imagen se puso marcha atrás, el pequeño contador en la esquina derecha inferior retrocediendo en milisegundos.
Cuando se vio a sí mismo examinándola vestido con aquella toalla, fue también extrañamente obvio que se sentían atraídos el uno por el otro. Oh, Dios... aquella jodida erección, le dio otra razón para no mirar a Jane.
—Espera... —se inclinó hacia adelante—. Reduce la velocidad. Aquí es.
Se vio a sí mismo regresar al baño con prisa...
—Joo…deeeer —respiró Jane.
Y allí estaba: Payne arrodillada a los pies de la cama con su cuerpo alto, delgado y perfectamente equilibrado mientras sus ojos se concentraban en la puerta del cuarto de baño.
—¿Está brillando?
—Sí —murmuró él —, lo está.
—Espera.... —Jane pulsó adelantar, dirigiendo las imágenes en el orden apropiado—. ¿Aquí estabas comprobando su sensibilidad?
—Nada. Ella no sintió nada. Y aún así… vuelve otra vez... Gracias —él señaló las piernas de Payne—. Aquí, sin embargo, ella claramente tiene el control del músculo.
—Esto no es lógico —Jane reprodujo y volvió a reproducir el archivo—. Pero ella lo hizo... Oh, Dios mío... ella lo hace. Es un milagro.
Seguro, joder, que se parecía a uno. Solo que...
—Que es el impulso —refunfuñó él.
—Tal vez eres tú.
—De ninguna manera. Mi operación claramente no funcionó bien o se habría podido arrodillar antes de esta noche. Tus propios exámenes mostraron que permanecía paralizada.
—No estoy hablando de tu escalpelo.
Jane rebobinó el archivo hasta el momento en que Payne se levantó y congeló el fotograma.
—Eres tú.
Manny contempló la imagen y trató de ver otra cosa aparte de lo obvio: segurísimo, parecía que cuando Payne lo había mirado, su resplandor se había hecho más brillante y que ella fue capaz de moverse.
Jane avanzó el archivo fotograma a fotograma. Tan pronto como él salía del cuarto de baño y ella se recostaba, el brillo se iba... y no tenía ninguna sensibilidad.
—Esto no tiene sentido —refunfuñó él.
—Realmente, creo que sí. Es su madre.
—¿Quién?
—¡Dios! ¿Por dónde empezar? —Jane señaló su propio cuerpo—. Soy lo que soy debido a la Virgen Escriba.
—¿Quién? —Manny sacudió la cabeza—. No entiendo nada de esto.
Jane sonrió un poquito.
—No tienes que hacerlo. Sucede. Tú sólo necesitas estar con Payne y... mira cómo cambia ella.
Manny continuó contemplando el monitor. Bien, mierda, parecía que el Odioso-Señor-Barba-de-Chivo había hecho la llamada correcta. De alguna manera, el hijo de puta había sabido que esto era lo que pasaría. O tal vez el tipo simplemente tuvo esperanza. En cualquier caso, parecía que Manny era una especie de medicina para aquella extraordinaria criatura que estaba en esa cama.
Tan condenadamente cierto que él iba luchar hasta el final.
Pero no se engañaba. Esto no iba a ser sobre el amor ni el sexo; era sobre que ella se levantase y se moviese, así ella podría vivir su vida otra vez, sin importar lo que tardase. Y él sabía que al final no le iban a permitir quedarse con ella. Iban a desecharle como a un bote de medicación vacío y sí, seguro, ella podría estar encariñada con él, pero era una virgen que no conocía nada mejor.
Y tenía un hermano que iba a obligarla a hacer las elecciones correctas.
¿En cuanto a él? Él no iba a recordar nada de eso, ¿o sí?
Paulatinamente, se dio cuenta de que Jane miraba fijamente su perfil.
—¿Qué? —dijo sin apartar sus ojos de la pantalla.
—Nunca te he visto así con ninguna mujer.
—Nunca antes he encontrado a nadie como ella —levantó la palma de la mano para parar cualquier conversación—. Y puedes ahorrarte el "no vayas por ese camino". Sé lo que hay al final de esto.
Joder, tal vez aquellos bastardos iban a matarle y tirarlo al río, hacerlo parecer un accidente.
—Yo no iba a decir eso. —Jane se removió en su asiento —Y créeme... Sé como te sientes.
Él la miró.
—¿Ah sí?
—Es como yo estaba la primera vez que encontré a Vishous. —Sus ojos se humedecieron, pero ella aclaró su garganta—. Regresando a ti y a Payne…
—¿Qué pasa, Jane? Cuéntame.
—No pasa nada…
—Gilipolleces… y lo mismo te digo. Nunca te he visto de esta manera. Pareces una ruina.
Ella exhaló un gran aliento.
—Problemas matrimoniales. Simple y llanamente.
Con claridad, no quería entrar en ello.
—Bien. Bien, estoy aquí para lo que necesites... mientras me sea permitido.
Él se frotó la cara. Era una pérdida de tiempo total preocuparse por cuánto iba a durar esto, por cuánto tiempo tenía. Pero no podía evitarlo. Perder a Payne iba a matarlo aunque apenas la conociese.
Espera un minuto. Jane había sido humana. Y ella estaba aquí. Tal vez había…
Qué. Coño.
—¿Jane...? —dijo débilmente mientras miraba a su vieja amiga—. ¿Que...
Las palabras le abandonaron en aquel punto. Ella se sentaba en la misma silla, en la misma posición, llevando la misma ropa... excepto que él podía ver la pared detrás de ella... y los armarios de acero... y la puerta de enfrente. Y no "ver" como detrás de sus hombros. Él veía a través de ella.
—Oh. Lo siento.
Directamente ante sus ojos, ella iba de translúcida a... normal.
Manny saltó de su silla y retrocedió hasta que la mesa de reconocimiento le dio en el culo y lo paró.
—Tienes que hablar conmigo —dijo en voz ronca—. Jesu... Cristo...
Cuando agarró la cruz que tenía alrededor del cuello, la cabeza de Jane bajó y una de sus manos metió un poco de su pelo corto detrás de su oído.
—Oh, Manny... hay tanto que no sabes.
—Por eso... cuéntame. —Cuando ella no contestó, el grito en su cabeza se hizo demasiado fuerte—. Mejor me lo cuentas, porque estoy acabado de verdad con eso de sentirme como un lunático.
Hubo un largo silencio.
—Fallecí, Manny, pero no en aquel accidente de coche. Aquello fue preparado.
Los pulmones de Manny se apretaron.
—¿Cómo?
—Un disparo. Me pegaron un tiro. Yo... fallecí en los brazos de Vishous.
Bien, él no podía respirar en ese momento.
—¿Quién lo hizo?
—Sus enemigos.
Manny frotó su crucifijo y el católico en él de repente creyó en los santos muchísimo más que en ejemplos de buen comportamiento.
—No soy quién conociste una vez, Manny. En muchos niveles. —Había tal tristeza de su voz—. Ni siquiera estoy realmente viva. Por eso no volví para verte. No era por la cosa de vampiro/humano... es porque no estoy realmente aquí.
Manny parpadeó. Como un tonto. Varias veces.
Bueno... las buenas noticias en todo esto, supuso, ¿era descubrir que su antigua cirujana de trauma era un fantasma? Apenas un punto luminoso en su radar. Su mente había sido dinamitada demasiadas veces como para contarlas y como una articulación que había sido dislocada, tenía total y completa libertad de movimiento.
Por supuesto, su funcionalidad estaba jodida.
Pero, quién llevaba la cuenta.

Capítulo 26

Sólo y en el centro de Caldwell, Vishous acechaba en la noche por su cuenta, cruzando la extensión que corría bajo los puentes de la ciudad. Había ido al ático, pero eso no había durado más de diez minutos, y que ironía que todos aquellos ventanales le hicieran sentir tan confinado. Después de lanzarse al aire desde la terraza, había vuelto a tomar forma junto al río. Los demás Hermanos estarían en los callejones buscando lessers y encontrándolos, pero él no quería estar alrededor del gallinero. Quería luchar. Solo.
Al menos, eso era lo que se decía a sí mismo.
Sin embargo, tras una hora de vagar sin objetivo, se le hizo evidente que en realidad no estaba buscando alguien del tipo lucha mano a mano. En realidad no estaba buscando nada.
Estaba absolutamente vacío, hasta el punto en que era curioso adónde le había llevado la rutina de vagabundeo, porque estaba seguro de no estar haciendo nada conscientemente.
Deteniéndose y quedándose con la mirada fija en las aguas apestosas y lentas del Hudson, rió fríamente y con fuerza.
En el curso de su vida, había acumulado un conjunto de conocimientos que rivalizaba con la puñetera Biblioteca del Congreso. Algunos eran útiles, tal como de que manera luchar, cómo hacer armas o cómo conseguir información y mantenerla en secreto. Y luego estaban otros relativamente inútiles para el día a día, como el peso molecular del carbón, la teoría de la relatividad de Einstein o la mierda política de Platón. También había pensamientos que rumiaba de vez en cuando y sus opuestos polares, ideas que sacaba a intervalos regulares y con las que jugaba como si fueran juguetes cuando estaba aburrido. También había cosas en las que nunca, jamás, se permitía a sí mismo pensar.
En medio de aquellos diversos puestos de avanzada cognitivos había una enorme extensión de cerebro que no era nada más que un basurero de mierda en la que no creía. ¿Y dado que era un cínico? Eran kilómetros y kilómetros de metafóricas bolsas de basura putrefactas llenas de trastos en la línea de... se supone que los padres aman a sus hijos... y las madres otorgan regalos más allá de toda mesura... bla, bla, bla.
Si hubiera un equivalente mental a la APM, esa parte de su cerebro habría sido citada, multada y clausurada.
Pero era curioso. El paseíto de esta noche por el río por este paso subterráneo de condenada mierda, le había hecho rumiar a través de aquel vertedero y sacar algo del montón: los machos vinculados no eran nada sin sus hembras.
Que raro. Siempre había sabido que amaba a Jane, pero siendo el capullo que era, había cosido sus sentimientos sin comprender que la aguja y el hilo estaban en su consabida mano. Mierda, incluso cuando había vuelto a él tras su muerte, había sabido durante ese breve momento que el término deleitado no sólo se decía, sino que se sentía... no se había permitido a sí mismo desahogarse.
Claro, la capa de hielo se había derretido en su estrato más alto por la calidez que ella le había proporcionado, pero la de dentro, la profunda, había permanecido igual. Buen Dios, nunca habían estado adecuadamente emparejados. Simplemente la había trasladado a su habitación y había adorado cada minuto de tenerla allí mientras pasaban sus noches por separado.
Había malgastado jodidamente esas horas.
Las había malgastado criminalmente.
Y ahora aquí estaban, separados por grietas que, a pesar de su inteligencia, no tenía ni idea de cómo cruzar.
Cristo, cuando ella había estado sosteniendo esos pantalones de cuero en sus manos y esperando a que él hablara, fue como si alguien le hubiera grapado los labios... ¿probablemente porque se sentía culpable por lo que había hecho en aquel lugar y lo jodido que era eso? Su propia mano difícilmente contaría como engaño.
Sin embargo, el problema era que incluso verse atraído por el tipo de liberación que tanto había disfrutado una vez parecía estar mal. Pero eso era porque el sexo siempre había sido parte de ello.
Naturalmente, esto le hizo pensar en Butch. La solución que el tipo había sugerido era tan obvia. V se sorprendió de no haberla considerado antes él mismo de forma realista... pero una vez más, pedirle a su mejor amigo que le golpeara hasta sacarle toda la mierda no era exactamente una idea que uno tuviera de forma casual.
Deseó haber tenido esa opción hacía una semana. Tal vez habría ayudado... solo que esa escena en el dormitorio no era el único tema entre él y Jane. ¿No? Ella debería haber acudido a él primero con la situación de su hermana. Él debería haberlo considerado y decidido qué hacer con las dos.
Cuando la furia se alzó como un hedor dentro de él, temió que fuera el otro lado de su desolación. Él no era como los otros machos, nunca lo había sido y no sólo por la chorrada de la deidad Mami Querida. Conociendo su suerte, sería el único macho vinculado sobre la faz de la tierra que pasara por el entumecimiento inútil de perder a su shellan... y fuera a parar a alguna parte, oh, mucho más oscura.
La locura, por ejemplo.
Espera, no sería el primero, ¿no? Murhder se había vuelto loco. Absoluta e irrevocablemente.
Tal vez pudieran empezar un club. Y el saludo podría incluir dagas.
Imbéciles emo soplapollas es lo que eran...
Con un gruñido, V giró en dirección al viento imperante y habría elevado una oración de gracias si no odiase tanto a su madre. Entre las hebras de niebla, montando sobre los vapores grises y blancos de la humedad, el dulce olor del enemigo le dio un propósito y definición de la que su condición entumecida no sólo estaba falta, sino que parecía dispuesta a rechazar.
Sus pies empezaron a caminar y luego a trotar y correr. Y cuanto más rápido iba, mejor se sentía: ser un asesino sin alma era mucho, mucho mejor que ser un vacío andante. Quería mutilar y matar; quería desgarrar con sus colmillos y arañar con sus manos; quería la sangre de los asesinos sobre y dentro de él.
Quería los gritos de los que matara resonando en sus oídos.
Siguiendo el hedor enfermizo, cortó por las calles y se abrió paso dentro y fuera de callejones y atajos, rastreando el perfume que se hacía más y más fuerte. Y cuanto más se acercaba, más aliviado se sentía. Tenían que ser muchos... ¿e incluso mejor nuevos? No había signos de sus hermanos, el que llegaba primero... se servía primero.
Iba a saldar esto por su cuenta.
Girando la última esquina de la búsqueda, tropezó con una extensión corta y achaparrada de cloaca urbana y patinó hasta detenerse. El callejón no tenía ninguna salida al otro lado, sino que era como un sistema de tobogán para ganado, los edificios a ambos lados estaban dirigiendo el viento que venía del río hacia fuera, el rebaño de moléculas se arrastraba, recogía olores en sus pezuñas y galopaba directamente a sus senos nasales.
¿Qué... demonios...?
El hedor era tan fuerte que su nariz rellenó los papeles para el traslado... pero no había una panda de esos imbéciles de culo pálido allí de pie, acariciando unos los cuchillos de otros. El lugar estaba vacío.
Salvo que entonces reparó en el sonido de goteo. Como un grifo que no estuviera bien cerrado.
Después de lanzar algo de mhis, se sacó el guante de su mano reluciente y utilizó la palma para iluminar el camino. Adelantándose, la iluminación formó una charca superficial de visión delante de él y lo primero que vio fue una bota... que estaba pegada a una pantorrilla... y a un muslo y a una cadera...
Qué era eso.
El cuerpo del asesino había sido cortado por la mitad, como si hubiera sido cortado en rodajas, la sección media mostraba trozos del tracto intestinal, el muñón de la espina dorsal mostraba un blanco brillante entre todo el negro grasiento.
Un arañazo resonante lo atrajo a la derecha.
Esta vez vio primero una mano... una mano pálida que estaba enterrando las uñas en el asfalto húmedo y retrayéndolas como si estuviera intentando arar la tierra.
El lesser era sólo torso, pero todavía estaba vivo... aunque eso no era un milagro; era así como funcionaban. Hasta que les atravesabas el corazón con algo hecho de acero, seguían rondando por aquí, sin importar el estado en que estuvieran sus cuerpos.
Cuando V movió la palma iluminada hacia arriba, consiguió un vistazo de la cara de la cosa. Su boca estaba abierta de par en par, la lengua se movía como si estuviera intentando hablar. Como era típico en la actual cosecha de asesinos, este era un recluta nuevo, su piel y cabellos oscuros aún no se habían vuelto de un blanco harinoso.
V pasó sobre el bastardo y siguió adelante. Un par de metros más allá, encontró las dos mitades de un segundo.
Cuando su nuca se erizó en señal de advertencia, paseó su mano reluciente alrededor, alejándose de los cuerpos en un círculo concéntrico.
Bien, bien, bien... esto era un destello del pasado.
Y no en el buen sentido.
*  *
En el complejo de la Hermandad, Payne yacía en su cama, esperando.
No era buena con la paciencia en el mejor de los casos y se sintió como si hubieran pasado diez años hasta que su sanador finalmente volvió a ella. Cuando lo hizo, traía con él un panel fino parecido a un libro.
Cuando se sentó en la cama, había tensión en su cara fuerte y apuesta.
—Lamento que haya llevado tanto tiempo. Jane y yo estábamos preparando su portátil.
No tenía ni idea de qué significaba eso.
—Sólo dime lo que haya que decir.
Con manos rápidas y ágiles, él abrió la parte alta del aparato.
—En realidad, tienes que verlo por ti misma.
Sintiendo como si quisiera maldecir en voz alta y seguido, Payne arrastró los ojos a la pantalla. Inmediatamente, reconoció la imagen de la habitación en la que estaba. Sin embargo, esto era de antes, porque mientras yacía en la cama, estaba mirando hacia el baño. La imagen estaba congelada como una foto, pero entonces una flechita blanca se movió cuando él tocó algo y la imagen se volvió animada.
Con el ceño fruncido, se concentró en sí misma. Estaba brillando. Cada pedazo de piel que mostraba estaba iluminado desde dentro. ¿Por qué nunca...?
Primero se sentó incorporándose de la almohada, giró el cuello de forma que pudiera espiar a su sanador. Se inclinó más a un lado. Y luego maniobró sobre la cama hasta los pies...
—Me incorporé —jadeó—. ¡Sobre las rodillas!
Desde luego, su forma luminiscente se había alzado por sí misma perfectamente y revoloteado con preciso equilibrio mientras le observaba ducharse.
—Lo hiciste con toda seguridad —dijo él.
—Y además brillo. Pero, ¿por qué?
—Esperábamos que tú pudieras decírnoslo. ¿Alguna vez lo has hecho antes?
—No siendo consciente de ello. Pero he estado encarcelada mucho tiempo. Siento como si no me conociera a mí misma. —El archivo se detuvo—. ¿Lo ponemos de nuevo?
Cuando su sanador no replicó y las imágenes no renovaron su acción, le miró... sólo para retroceder. Su cara mostraba una rabia atronadora, la furia era tan profunda, que sus ojos eran casi negros.
—¿Encarcelada cómo? —exigió—. ¿Y por quién?
Extraño, pensó débilmente. Siempre le habían dicho que los humanos eran una forma más humilde de criatura que los vampiros. Pero la respuesta protectora de su sanador era casi tan mortífera como la de su propia especie.
A menos, claro está, que no fuera protección. Era enteramente posible que el que hubiera estado encerrada no le resultara atractivo.
¿Y quién podría culparle?
—¿Payne?
—Ah... perdóname, sanador... tal vez mi elección de palabras fuera incorrecta, ya que esta lengua es mi segundo idioma. He estado bajo el cuidado de mi madre.
Fue casi imposible mantener el disgusto fuera de su voz, pero el camuflaje debió funcionar, porque la tensión le abandonó completamente cuando soltó el aliento.
—Oh, vale. Sí, esa palabra no significa lo que tú crees.
Ciertamente, los humanos también tenían normas de comportamiento, que ellos no: el alivio en él fue tan grande como había sido antes su tensión. Pero entonces, no estaba mal buscar moralidad y decencia en las hembras... o machos.
Cuando él volvió a poner las imágenes para ella, cambió su centro de atención al milagro que había ocurrido... y se encontró sacudiendo la cabeza ante lo que veía.
—Realmente, no era consciente. ¿Cómo es... posible?
Su sanador se aclaró la garganta.
—Lo he estado hablando con Jane... y ella... bueno, nosotros... tenemos una teoría. —Se levantó y fue a inspeccionar una grieta en el techo—. Es una locura, pero... Marvin Gaye podría haber sabido de qué estaba hablando.
—¿Marvin?
Con un movimiento rápido, cogió una silla y la colocó bajo la cámara.
—Era un cantante. Tal vez algún día te toque una de sus canciones. —Su sanador plantó un pie en el asiento y se alzó hacia el techo, donde desconectó algo con un tirón y volvió a bajar—. Es buena para bailar.
—No sé bailar.
Él miró sobre su hombro, sus párpados bajaron.
—Algo más que enseñarte —mientras su cuerpo se caldeaba, él se acercó a la cama—. Y voy a mostrarte cómo.
Cuando se inclinó, los ojos de Payne aterrizaron en sus labios y le resultó difícil respirar. Iba a besarla... destino querido, iba a...
—Querías saber qué venía después —dijo casi en un gruñido, sus bocas estaban apenas a centímetros—. ¿Por qué no te lo muestro en vez de contártelo?
Dicho eso, accionó un interruptor y apagó las luces, zambullendo la habitación en una penumbra que sólo rompía la luz del baño y la línea en la base de la puerta al pasillo.
—¿Quieres que te enseñe? —dijo en voz baja.
En ese momento, había una y sólo una palabra en el vocabulario de Payne:
—Sí.
Sólo que entonces él retrocedió.
Justo cuando una protesta estaba a punto de saltar de su garganta, comprendió que él estaba de pie en la línea de iluminación que entraba desde el baño.
—Payne...
El sonido de su nombre abandonó la boca de él y su lucha por encontrar aire fue incluso más intensa.
—Sí...
—Quiero que... —extendiendo la mano hacia la parte baja de su camisa suelta, tiró de ella hacia arriba lentamente, exponiendo los esculpidos músculos de su estómago—... me desees.
Oh, dulce destino, lo hacía.
Y él lo decía en serio. Cuanto más miraba ella, más se ondulaban y relajaban esos abdominales suyos como si también le costara respirar.
La mano bajó por la cintura.
—Mira lo que me haces —alisó la tela abolsada sobre las caderas y...
—Eres phearsom —jadeó ella—. Oh... Parcas, lo eres.
—Dime que eso es bueno.
—Es...
Miraba la longitud rígida que estaba confinada y luchaba contra la parte delantera de los pantalones ya no tan sueltos. Tan gruesa y tersa. Tan grande. Los mecanismos del sexo no eran desconocidos para ella, pero hasta ahora, no había sido capaz de entender por qué resultaban tan atractivos para una mujer. ¿Viéndole ahora? Su latido cesaría y su sangre se convertiría en piedra si no le tenía dentro de ella.
—¿Quieres tocarme? —gruñó él.
—Por favor... —tragó a través de la garganta casi cerrada—. Oh, sí...
—Primero, mírate a ti misma, bambina. Levanta el brazo y obsérvate a ti misma.
Ella bajó la mirada sólo para complacerle y así seguir con cosas...
Su piel estaba brillando de dentro a fuera, como si el calor y las sensaciones que él le provocaba se manifestaran por sí mismas en iluminación.
—No sé... qué es esto...
—En realidad, creo que es la solución —estaba sentado junto a sus pies—. Dime si sientes esto —le tocó gentilmente la parte baja de la pierna, posando la mano sobre la pantorrilla...
—Cálido —se ahogó ella—. Tu toque es cálido.
—¿Y aquí?
—Sí... ¡Sí!
Cuando siguió moviéndose hacia arriba, sobre el muslo, ella misma tiró de las mantas para que no tuviera ningún impedimento. Su corazón estaba tronando y...
Él posó la palma sobre la otra pierna.
Esta vez, sintió... nada.
—No, no... Tócame, ¡tócame otra vez! —la exigencia fue áspera, su concentración frenética—. Tócame...
—Espera...
—Lo que hiciste... ¡hazlo de nuevo! Por todo lo que sea santo para tu Dios, hazlo de nuevo.
—Payne —capturó sus manos frenéticas—. Payne, mírate.
El brillo había desaparecido. Su piel, su carne... era normal.
—Maldito sea todo...
—Oye. Preciosa. Oye... mírame —de algún modo sus miradas se cruzaron—. Respira profundamente y sólo relájate... Vamos, respira conmigo. Eso es. Está bien... volverá a ti.
Cuando se inclinó hacia ella, Payne sintió el roce gentil de las yemas de los dedos sobre su cuello.
—¿Sientes esto?
—Sí... —la impaciencia guerreaba con el efecto de su voz profunda y su toque lento y sinuoso.
—Cierra los ojos...
—Pero...
—Ciérralos para mí.
Cuando hizo lo que le decía, las yemas de los dedos desaparecieron... y fueron reemplazadas por una boca. Sus labios le rozaron la garganta y luego succionaron su piel, el tirón sutil provocó un calor desatado entre sus piernas.
—¿Sientes esto? —dijo él con una voz grave.
—Parcas... sí...
—Entonces permíteme seguir —con una presión sutil, la urgió a recostarse contra las almohadas—. Tu piel es tan suave...
Cuando frotó su nariz contra la piel, su boca produjo deliciosos chasquidos bajo el oído de Payne y esos dedos suyos viajaron adelante y atrás sobre su clavícula... luego bajaron hacia abajo. En respuesta, una calidez curiosa y lánguida bulló en su torso y le tensó los pezones y ella se volvió consciente de todo su cuerpo... cada centímetro de sí misma. Incluso las piernas.
—Ves, bambina, ha vuelto... Mira.
Sus párpados eran pesados como piedras cuando los abrió, pero cuando bajó la vista, el brillo fue un enorme alivio... y la hizo aferrarse a las sensaciones que él estaba agitando en ella.
—Dame tu boca —dijo él rudamente—. Déjame entrar.
Su voz era gutural, pero su beso fue gentil y juguetón, tirándole de los labios y acariciándola antes de lamerla. Y luego sintió su mano en la parte exterior de la pierna.
—Te siento —dijo contra su beso, los ojos se le llenaron de lágrimas—. Te siento.
—Me alegro. —Se echó un poco hacia atrás, con cara seria—. No sé qué es esto... no voy a mentirte. Jane tampoco está segura.
—No me importa. Sólo quiero recuperar mis piernas.
Él hizo una pausa de un momento. Pero luego asintió con la cabeza, como si estuviera aceptando un juramento.
—Y yo voy a hacer lo que sea que pueda para devolvértelas.
Sus ojos vagaron hasta los pechos y la respuesta fue inmediata... con cada respiración que Payne hacía, la tela que cubría sus pezones parecía acariciarla y ponerla incluso más tensa.
—Déjame hacer que te sientas bien, Payne. Y veremos a dónde te lleva esto.
—Sí. —Ella alzó las manos hasta su cara y tiró de él hasta su boca una vez más—. Por favor.
En verdad, tal como tomaría sustento de una vena, ahora se servía de la calidez de sus labios, la entrada resbaladiza de su lengua y la energía que él sacaba de ella.
Gimiendo dentro de él, estaba sumergida en las sensaciones desde el peso de su cuerpo en la cama a la sangre atravesándola hacia el pulso de deseo entre sus piernas y el dolor delicioso de sus pechos.
—Sanador —jadeó cuando sintió su muslo humedecerse bajo la palma de él.
Él se retiró y ella quedó gratificada al ver que él estaba jadeando también.
—Payne, quiero hacer algo.
—Cualquier cosa.
Sonrió.
—¿Puedo soltarte el cabello?
Desde luego, su trenza era lo último que tenía en mente, pero la expresión de él era tan absorta e intensa, no podía negarle su petición... o cualquier parte de sí misma.
—Por supuesto.
Los dedos le temblaban muy ligeramente mientras extendía la mano hacia la punta de su trenza.
—He querido hacer esto desde el momento que te vi por primera vez.
Gradualmente, centímetro a centímetro, liberó el considerable peso de las ondas negras que ella mantenía largas sin ninguna otra razón aparte de que no tenía interés en ocuparse de ellas. Sin embargo, dado el aprecio del hombre por lo que rebelaba, empezó a preguntarse si tal vez había subestimado en extremo su significado.
Cuando hubo terminado, Manny extendió la longitud de cabello por fuera de la cama y simplemente se recostó hacia atrás.
—Eres... indescriptiblemente hermosa.
No habiéndose visto a sí misma ni siquiera como femenina, mucho menos «hermosa», era asombroso oír la reverencia no sólo en sus palabras, sino en su voz.
—Desde luego... me atas la lengua —le dijo una vez más.
—Déjame darte algo más que hacer con ella.
Cuando se unió a ella en la cama y se tendió a su lado, ella se giró hacia el cojín de sus pectorales y la dura extensión de su estómago. Era grande comparada con otros miembros de su sexo, su cuerpo retenía el poder que había heredado del lado de su padre hasta el punto de que con frecuencia se sentía desgarbada en comparación con otras hembras: nada de la gracia esbelta que tenía la Elegida Layla... en realidad, estaba constituida para la lucha, no para el servicio espiritual o sensual.
Sin embargo, aquí con su sanador, se sentía bastante bien proporcionada. Él no tenía la tremenda envergadura de su hermano mellizo, pero era más grande y más grueso que ella, en todos los lugares en los que debía serlo un hombre. Yaciendo con él en la habitación en penumbra con sus cuerpos tan cerca y la temperatura elevándose por todas partes, ella no era nada que no debiera ser, ni una malformación de nacimiento ni corpulenta, sino un objeto de deseo y pasión.
—Estás sonriendo —susurró él junto a su boca.
—¿Lo estoy?
—Sí. Y me encanta.

Sí, su sanador sabía exactamente lo que necesitaba: esas manos suyas le subieron por el torso e hicieron una pausa bajo los pesados y tiernos pechos.
—¿Esto está bien? —le oyó preguntar desde una gran distancia.
—Cualquier cosa —jadeó—. Cualquier cosa por sentir mis piernas.
Excepto que cuando esas palabras la abandonaron, tuvo la sospecha de que lo que la conducía era bastante menos la parálisis y más una avaricia de él y su sexo…
¡Sanador!
La sensación de su pecho siendo capturado en una caricia gentil fue un shock maravilloso y saltó hacia arriba. Sus muslos se separaron, sus talones presionaron contra el colchón bajo ambos. Y entonces el pulgar de él pasó sobre su pezón, la caricia disparó una explosión de fuego hasta su núcleo.
Sus piernas arañaban contra la cama, la apretada espiral de su sexo las guiaba.
—Me estoy moviendo —dijo roncamente... y casi como si fuera una idea tardía. Lo que parecía importante ahora era unirse con él y tenerlo... llegando... dentro de ella.
—Lo sé, bambina —reconoció—. Y voy a asegurarme de que sigues haciéndolo.


Capítulo 27

En el centro, Butch aparcó el Escalade en el garaje subterráneo del Commodore y tomó el ascensor para subir por el centro el edificio. No tenía ni puta idea de lo que se iba a encontrar una vez entrara en el apartamento de V, pero la señal del GPS provenía de allí, así que era a donde se dirigiría.
En el bolsillo de su chaqueta de cuero, tenía todas las llaves para entrar al espacio privado de Vishous: la tarjeta de plástico para acceder al garaje, la plateada que se usaba en el ascensor para pulsar el botón del ático y la de cobre para abrir los cerrojos de seguridad de las puertas.
Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando sonó un pequeño ding y el ascensor se abrió sin hacer ruido. El hecho de tener acceso a todo estaba adquiriendo un total y nuevo significado esta noche. Mientras se iba adentrando en el rellano, se moría por un trago. Desesperadamente.
Ante la puerta sacó la llave de cobre, pero usó antes los nudillos. Un par de veces.
Fue un buen minuto más tarde cuando se dio cuenta de que no había respuesta.
A la mierda con los nudillos. Golpeó la puerta con el puño.
—Vishous —espetó—. Atiende la maldita puerta o voy a entrar.
Uno, Mississippi, dos Mississippi…
—A tomar por culo —introdujo la llave en la cerradura y bajó la manivela antes de meter el hombro contra la sólida puerta metálica y abrirla del todo.
Al entrar de sopetón en la estancia, escuchó la alarma sonar silenciosamente, lo que significaba que V no podía estar allí.
—¿Qué coño…?
Insertó el código, apagó el aparato y bloqueó el cerrojo de seguridad detrás de él. No había vestigios de mechas encendidas… ni olor a sangre… solamente aire puro y fresco.
Encendió las luces y parpadeó ante el brillante resplandor.
Sí, guau… montones de recuerdos aquí… cuando vino y sufrió una crisis después de que el Omega se interesase por él y hubiera dejado la cuarentena… cuando V perdió su queridísima cabeza y saltó desde la maldita terraza…
Se dirigió hacia la pared que tenía todo el «equipamiento». Un jodido montón de cosas habían ocurrido aquí también. Algunas de las cuales no podía imaginarse.
Mientras se inclinaba hacia la exposición de metal y cuero, sus grandes y pesadas shitkickers sonaban haciendo eco con el techo y su mente no hacía otra cosa que rebotar contra su cráneo. Especialmente cuando llegó al extremo más alejado. En la esquina, un set de esposas de acero colgaban del techo con ayuda de gruesas cadenas.
Si se las ponías a alguien, lo podrías elevar y colgar como si fuera un trozo de carne de vaca.
Extendiendo el brazo, tocó una de ellas. No había amortiguación protectora por dentro.
Pinchos. De esos desafilados que se agarrarían a la carne como dientes.
Volviendo con lo que tenía planeado, deambuló por el lugar, buscando hasta en el último rincón… y encontró un chip enano computarizado en la encimera de la cocina. Era la clase de cosa que nadie excepto V sería capaz de quitar del teléfono móvil.
—Hijo de puta.
Así que no había forma de saber dónde…
Cuando su móvil sonó, miró la pantalla. Gracias a Dios.
¿Dónde coño estás?
La voz de V era tensa.
—Te necesito aquí abajo. El cruce entre la Novena calle y Broadway. Ya.
—A la mierda eso. ¿Por qué está tu GPS en tu cocina?
—Porque allí es donde estaba cuando se lo quité al teléfono.
—¿Qué coño pasa contigo, V? —Butch tensó la mano que agarraba su móvil y deseó que hubiera alguna aplicación que te dejara atravesar el teléfono y meterle una hostia a alguien—. No puedes…
—Trae tu culo al cruce entre la Novena calle y Broadway… tenemos problemas.
—Me estás tomando el pelo ¿no? Te vas y te pierdes, y…
—Alguien más está matando lessers, poli. Y si es quien creo que es, tenemos problemas.
Una pausa. Grande.
—¿Perdona? —dijo lentamente.
—Novena con Broadway. Ahora. Y estoy llamando a los demás.
Butch colgó y se precipitó hacia la puerta.
Dejando el SUV en el garaje, le llevó simplemente unos cinco minutos llegar a las coordenadas correctas del cuadriculado mapa de Caldwell. Y Butch sabía que se estaba acercando debido al enfermizo olor que había en el aire y la hormigueante llamada de los enemigos muy dentro de él.
Mientras doblaba la esquina de un edificio pequeño y ancho, chocó con una barrera de mhis y penetró en ella, saliendo al otro lado y a un indicio a tabaco turco a la vez que vio unos pequeños destellos naranjas en la parte trasera del callejón.
Corrió hacia V, frenando sólo cuando llegó al primero de los cuerpos. O… a parte de él.
—Buenas, pedacitos.
Mientras Vishous se aproximaba y se quitaba el guante, Butch obtuvo una visión rápida de las piernas fiambre y las tripas desparramadas.
—Ñam, ñam.
—Un corte limpio —murmuró V—. Un efectivo tiempo de cuchillo-al-rojo-vivo-atravesando-mantequilla.
El hermano tenía mucha razón. Era prácticamente quirúrgico.
Butch se arrodilló y sacudió la cabeza.
—No puede ser resultado de la política de la Sociedad Lessening. Ellos nunca dejan los cuerpos a la vista de esta forma.
Dios sabía que los asesinos hacían cambios regularmente en el liderazgo, ya fuese debido a que el Omega se aburría o a luchas internas por el poder. Pero el enemigo estaba motivado para mantener sus asuntos fuera del alcance de los ojos humanos tanto como los vampiros… así que ni de coña habrían dejado este desastre para que el Departamento de Policía de Caldwell lo encontrara.
Cuando Butch sintió la llegada de los otros hermanos, se puso en pie. Phury y Z llegaron los primeros. Después Rhage y Tohr. Y Blay. Esos eran todos por esta noche. Rehvenge solía luchar con la Hermandad, pero hoy estaba en la colonia symphath jugando a ser el Rey de los Condenados y Qhuinn, Xhex y John Matthew estaban de rotación de descanso.
—Dime que no estoy viendo esto —dijo Rhage con tono grave.
—Tus ojos funcionan perfectamente —V tiró la colilla de su cigarro al suelo y la pisó con la bota—. Yo tampoco me lo podía creer.
—Pensaba que él estaba muerto.
—¿Él? —preguntó Butch, mirando al par—. ¿Quién es «él»?
—Por dónde empezar con eso —murmuró Hollywood mientras inspeccionaba otro trozo de lesser—. Sabes, si tuviera una estaca, podría hacer kebabs de lesser.
—Sólo tú podrías pensar en comida en una situación como esta —dijo alguien arrastrando las palabras.
—Sólo lo digo.
Si hubo más conversación en ese momento, Butch no la escuchó porque su alarma interna comenzó a resonar.
—Chicos… vamos a tener compañía.
Girándose, se puso de cara a la parte abierta del callejón. El enemigo se estaba acercando. Rápido.
—¿Cuántos? —preguntó V mientras se adelantaba.
—Al menos cuatro, quizá más —dijo Butch mientras pensaba en el hecho de que no había salida a sus espaldas—. Esto podría ser una trampa.
*  *
En el centro de entrenamiento de la Hermandad, Manny le estaba prestando una atención especial a su paciente.
Mientras masajeaba el pecho de Payne con la mano, ella se retorcía debajo de él y sus piernas se movían con impaciencia sobre el colchón, la cabeza echada hacia atrás y su cuerpo brillaba como la luna en una noche despejada de invierno.
—No pares, sanador —gimió mientras él le hacía círculos en el pezón con el pulgar—. Lo siento… todo….
—No te preocupes porque vaya a parar.
Vamos, no le iba a poner freno a esto tan pronto… no es que fueran a tener sexo, pero aún así…
—Sanador… —dijo contra sus labios—. Más, por favor.
Lamiendo todo el camino hasta su boca, le pellizcó ligeramente el pezón.
—Déjame que te quite esto —dijo mientras encontraba la parte inferior de su bata con la otra mano—. Voy a cuidar de ti ahí abajo.
Ella lo ayudó mientras la desnudaba y le quitaba con cuidado el equipamiento. Cuando estuvo total y completamente desnuda, a él se le secó por un momento la boca y se quedó inmóvil ante el espectáculo. Sus pechos estaban perfectamente formados, con pequeños pezones rosados y su largo y plano vientre lo guiaba hasta una hendidura desnuda que le hacía dar vueltas la cabeza.
—¿Sanador…?
Cuando todo lo que hizo fue tragar saliva, ella alargó la mano hacia las sábanas para echársela por encima y esconder su cuerpo.
—No —la paró—. Lo siento. Solo necesito un minuto.
—¿Para qué?
En una palabra: clímax. A diferencia de ella, él sabía exactamente a qué se estaba dirigiendo todo este asunto de estar desnuda, más o menos dentro de un minuto y medio, su boca iba a estar pegada a su cuerpo.
—Eres increíble… y no tienes nada de lo que avergonzarte.
Su cuerpo era de locura, puro músculo y a la vez seductor, piel suave… por lo que a él concernía, ella era la mujer perfecta, sin excepción. Cristo, nunca había estado ni siquiera la mitad de desesperado por una de esas mujeres obsesionadas por su vida social y popularidad, con las tetas operadas duras como el acero y los brazos fibrosos.
Payne era poderosa y eso era puro sexo en lo que a él atañía. Sin duda iba a salir de la experiencia con su virginidad intacta. Sí, ella quería lo que él le estaba dando, pero no era justo bajo esas circunstancias, quitarle algo que nunca iba a volver a tener. En la búsqueda de alguna funcionalidad en sus piernas, podría ir más lejos de lo que lo haría si simplemente fuera sexo por el placer.
Lo que estaba pasando entre ellos tenía un único propósito.
Y al hecho de que eso lo dejara un poquito vacío por dentro no quería prestarle demasiada atención.
Manny se inclinó hacia ella.
—Dame tu boca, bambina. Déjame entrar.
Mientras ella hacía lo que le había pedido, él llevó de nuevo su mano a su perfecto seno.
—Shh… poco a poco —le dijo cuando ella casi se levantó de la cama.
Joder, se lo estaba poniendo muy fácil. Por un momento se imaginó cómo sería montar esas caderas oscilantes y tomarla fuertemente.
Corta esa mierda ahora mismo, Manello, se dijo a sí mismo.
Separándose de su boca, recorrió su piel hasta el lateral de su cuello y levemente mordió su clavícula, solo lo suficiente como para que lo sintiera, no para hacerle daño. Mientras ella hundía sus manos en el pelo de él, supo que por la fuerza de su agarre y por el modo en el que jadeaba, quería ir justamente a donde él la estaba llevando.
Masajeando el exterior de su pecho, sacó la lengua y dejó un ligero rastro de saliva hasta llegar a esa punta rosada y tiesa. Mientras le hacía círculos alrededor del pezón, él la vio morderse el labio inferior, sus colmillos le cortaban la piel y dibujaban un fino trazo de brillante sangre roja.
Sin pensarlo conscientemente, se levantó y capturó lo que había sido liberado, lamiéndolo y tragando…
Sus ojos se cerraron repentinamente ante el sabor: rico y oscuro, condensado y suave en la parte de atrás de su garganta. La boca le hormigueaba… y después también sus tripas.
—No —dijo ella con voz gutural—. No debes hacer eso.
Cuando él forzó sus párpados a que se abrieran, observó cómo su lengua salía y se deshacía de lo poco que quedaba.
—Sí, sí debo —se escuchó a sí mismo decir. Necesitaba más. Mucho más…
Ella puso un dedo sobre los labios de él y sacudió la cabeza.
—No. Te volverás loco.
Se iba a volver loco si no bebía otro sorbo, eso es lo que iba a hacer. Su sangre era como cocaína y escocés juntos metidos en vena. Por ese pequeño trago, su cuerpo se había vuelto como el de Superman, su pecho bombeaba y todos los músculos se le habían hinchado de poder.
Como si ella estuviera leyendo su mente, se puso firme.
—No, no… no es seguro.
Probablemente tenía razón… quita el probablemente. Pero eso no significaba que no lo volviera a intentar, suponiendo que tuviera otra oportunidad para ello.
Volvió a su pezón, succionándolo y tirando de él. Cuando ella se arqueó de nuevo, Manny puso una mano bajo su espalda y la alzó, acercándola más a él. Todo lo que podía pensar era en meter su boca entre sus piernas… pero no estaba del todo seguro de cómo podría acabar aquello. Tenía que mantenerla en este dulce estado de excitación… no asustarla con la clase de mierda que a los hombres les gustaba hacerles a sus mujeres.
Se serenó y llevó su mano adonde quería tener sus labios, moviéndola lentamente hacia su caja torácica y seguidamente hacia su estómago. Más abajo hacia sus caderas. Y aún más hasta la parte alta de sus muslos.
—Ábrete para mi, Payne —le dijo al mismo tiempo que cambiaba de pezón y lo succionaba—. Ábrete para que pueda tocarte.
Ella hizo lo que le pidió y abrió sus gráciles piernas.
—Confía en mí —dijo bruscamente. Y ella podía. Manny ya se sentía bastante mal sabiendo que todas esas «primeras veces» estuvieran pasando con él. No iba a cruzar la línea que se había autoimpuesto.
—Lo hago —gimió.
Que Dios los salvara a ambos, pensó mientras su palma se deslizaba sobre la unión.
Joder… —gimió él. Caliente, resbaladiza, y suave. Innegable.
Sus brazos salieron disparados, las sábanas volaron y sus ojos viajaron hasta centrarse en la visión de la mano masculina acurrucándose cerca de su núcleo de excitación. Cuando su cuerpo se arqueó, una de las piernas se cayó por un lado de la cama.
—Sanador… —ella gimió de nuevo—. Por favor… no pares.
—Tú no sabes lo yo que quiero hacerte —se dijo para sí mismo.
—Me duele.
Manny rechinó los dientes.
—¿Dónde?
—Donde me has tocado y no has ido a más. No pares esto, te lo suplico.
Manny abrió la boca y respiró por ella.
—Hazme esa cosa que quieres, sanador —jadeó—. Sea lo que sea. Sé que te estás conteniendo.
Soltó un gruñido y se movió tan rápido que lo único que podría haberlo detenido era si ella misma decía que no. Y esa palabra evidentemente no parecía estar en su vocabulario.
En menos de un segundo, estaba entre sus muslos y sus manos la abrían más, su sexo yacía abierto y mojado en la cara de su macho urgiéndolo para que la dominara y se apareara.
Él cedió. Que lo jodieran, pero se dejó ir y la besó en su centro. No hubo nada de gradual ni suave en ello, sino que se sumergió en ella con la boca, chupándola y lamiéndola al mismo tiempo que ella gritaba y le arañaba los antebrazos.
Manny se corrió. Con fuerza. A pesar de todas las veces que había tenido orgasmos fuera en la oficina, el cosquilleo en su sangre, el dulce sabor de su sexo y la forma en que se movía contra sus labios, frotándose a sí misma, buscando más…, era demasiado.
—Sanador… estoy… apunto de… no sé lo que estoy…
Él lamió de forma superficial la parte superior de su sexo y luego, volvió a ponerse serio en un lento y concienzudo recorrido.
—Quédate conmigo —dijo contra ella—. Voy a hacerte sentir muy bien.
Cuando retiró su lengua ligeramente, llevó una de sus manos hacia abajo y la acarició sin penetrarla, dándole exactamente lo que ella quería y a la velocidad justa para que forcejeara con impaciencia. Sin embargo, iba a aprender que esa anticipación previa a la liberación era casi tan buena como el mismo orgasmo que estaba a punto de tener.
Dios, era increíble, ese cuerpo duro doblándose, sus músculos tensándose, su mentón solamente visible tras las curvaturas de sus pechos cuando echó la cabeza hacia atrás y tiró las almohadas al suelo.
Supo exactamente cuando la sacudió la liberación de su sexo. Ella jadeó y se agarró a la sábana que cubría el colchón, rasgándola con las uñas mientras se tensaba de pies a cabeza.
Su lengua entró.
Simplemente tenía que penetrarla un poquito… y esas sutiles pulsaciones que sintió lo dejaron mareado.
Cuando estuvo seguro de que ella había terminado apropiadamente, se apartó y por poco no se mordió y partió en dos su propio labio. Ella estaba oh, tan preparada para él, brillante y reluciente…
De forma abrupta, se bajó de la cama y tuvo que ponerse a andar por la habitación. Su polla estaba tan hinchada que parecía tener las dimensiones del Empire State y sus pelotas estaban del característico azul del cuatro de julio: tan desesperadas por la liberación que tenían su propia banda de música y brigada de fuegos artificiales. Pero eso no era todo. Algo dentro de él estaba rugiendo ante el hecho de que no estaba dentro de ella… y la urgencia era más que mero sexo. La quería marcar de alguna forma… lo que no tenía absolutamente nada de sentido.
Siguiendo y resollando, en su límite, terminó poniendo las manos en las jambas de la puerta que daba al pasillo e inclinándose hasta que su frente estuvo pegada al acero. En cierto modo, casi deseó que alguien entrara sin permiso y lo dejara jodidamente inconsciente.
—Sanador… eso persiste…
Por un momento, cerró los ojos con fuerza. No estaba seguro de que pudiera pasar por ello con ella otra vez tan pronto. Casi lo estaba matando el no…
—Mírame —le dijo ella.
Él se forzó a levantar la mirada y mirarla por encima del hombro… y se dio cuenta de que no estaba hablando de sexo: estaba sentada en el filo de la cama con las piernas colgando por un lateral y moviéndose poco a poco hacia el suelo; su resplandor la iluminaba desde dentro. Al principio, todo lo que pudo ver realmente fueron sus senos y la forma en que colgaban, tan llenos y redondos y con los pezones tiesos debido al aire frío de la habitación. Pero luego se percató de que estaba moviendo sus tobillos, uno detrás de otro.
Claro, ¿ves?... esto no se trataba de sexo, sino de su movilidad.
¿Lo has pillado, imbécil? Se dijo a sí mismo. Esto iba de que ella volviera a andar: sexo como medicina… y haría bien en no olvidarlo. Esto no se trataba ni de él ni de su polla.
Manny se acercó, deseando que ella no se percatara de los restos de la liberación que él había tenido. Aunque no tuvo de que preocuparse, sus ojos estaban fijos en sus propios pies, concentrada a tope.
—Aquí… —tuvo que aclararse la garganta—. Déjame ayudarte a ponerte en pie.




[i] Luchador profesional de la WWE

2 comentarios:

Mary Madonna Luce dijo...

Que raro. Siempre había sabido que amaba a Jane, pero siendo el capullo que era, había cosido sus sentimientos sin comprender que la aguja y el hilo estaban en su consabida mano. Mierda, incluso cuando había vuelto a él tras su muerte, había sabido durante ese breve momento que el término deleitado no sólo se decía, sino que se sentía... no se había permitido a sí mismo desahogarse.
Claro, la capa de hielo se había derretido en su estrato más alto por la calidez que ella le había proporcionado, pero la de dentro, la profunda, había permanecido igual. Buen Dios, nunca habían estado adecuadamente emparejados. Simplemente la había trasladado a su habitación y había adorado cada minuto de tenerla allí mientras pasaban sus noches por separado.
Había malgastado jodidamente esas horas.
Las había malgastado criminalmente.
Y ahora aquí estaban, separados por grietas que, a pesar de su inteligencia, no tenía ni idea de cómo cruzar.

Él no era como los otros machos, nunca lo había sido y no sólo por la chorrada de la deidad Mami Querida. Conociendo su suerte, sería el único macho vinculado sobre la faz de la tierra que pasara por el entumecimiento inútil de perder a su shellan... y fuera a parar a alguna parte, oh, mucho más oscura.
La locura, por ejemplo.

—Déjame hacer que te sientas bien, Payne. Y veremos a dónde te lleva esto.
—Sí. —Ella alzó las manos hasta su cara y tiró de él hasta su boca una vez más—. Por favor.


Oh my God!!!!
Definitivamente Manny, sabe como cuidar a sus pacientes!!!!

&Twinin Cullen& dijo...

hooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo, que buen tratamiento de Manny para Payne, que linda pareja hacen, pero quien es el????? a pobre V se siente solo u.u