martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 31 32 33

Capítulo 31

Conmoción fuera en el vestíbulo. Ruidos de pasos... maldiciones bajas... el ocasional ruido sordo.
Todo ese ruido despertó a Manny y pasó a la plena consciencia en una fracción de segundo, mientras el desfile de sonidos atravesaba el pasillo. El disturbio continuó adelante antes de ser cortado bruscamente, como si se hubiera cerrado una puerta al espectáculo. Fuera cual fuera este.
Enderezándose de donde había posado la cabeza sobre la cama de Payne, examinó a su paciente. Hermosa. Simplemente hermosa. Y durmiendo ininterrumpidamente.
Un haz de luz le golpeó directamente en la cara.
La voz de Jane era tensa mientras estaba de pie al abrigo del umbral, una negra silueta recortable de sí misma.
—Necesito otro par de manos aquí. Ya.
No tuvo que pedirlo dos veces. Manny salió disparado hacia la puerta, el cirujano estaba listo para trabajar, sin hacer preguntas.
—¿Qué tenemos?
Mientras se apresuraban, Jane acarició el pijama de cirugía manchado de sangre.
—Traumas múltiples. Principalmente cuchillos, un disparo. Y hay otro en camino.
Irrumpieron juntos en la sala de reconocimiento, y Dios... maldita sea... había hombres heridos por todas partes... de pie en las esquinas, apoyados sobre la mesa, inclinados sobre el mostrador, maldiciendo mientras se paseaban. Elena o Elaina, la enfermera, estaba ocupada sacando bisturís por docenas e hilo por metros y había un hombrecillo mayor dándole agua a cada uno en una bandeja de plata.
—Aún no tenemos triaje —dijo Jane—. Hay demasiados.
—¿Dónde hay un estetoscopio extra y un manguito de presión sanguínea?
Ella fue a un armario, abrió un cajón y le lanzó ambas cosas.
—La presión sanguínea es mucho más baja de lo que estás acostumbrado. Así como el ritmo cardíaco.
Lo que significaba qué, como profesional médico, no tenía verdadera forma de juzgar si tenían problemas o no.
Puso el equipo a un lado.
—Será mejor que la enfermera y tú hagáis la valoración. Yo haré la preparación.
—Probablemente sea mejor —coincidió Jane.
Manny se acercó a la enfermera rubia que estaba trabajando eficientemente con los suministros.
—Yo me ocuparé desde aquí. Tú ayuda a Jane con las lecturas.
Ella asintió brevemente y fue directa a trabajar en el control de constantes vitales.
Manny abrió cajones y sacó kits quirúrgicos, alineándolos sobre los mostradores. Los medicamentos para el dolor estaban en el armario de arriba, las jeringuillas estaban abajo. Mientras lo rebuscaba todo, quedó impresionado por la calidad profesional. No sabía cómo lo había hecho Jane, pero todo era de grado hospitalario.
Diez minutos después, Jane, él y la enfermera se encontraron en medio de la habitación.
—Tenemos dos en mala forma —dijo Jane—. Rhage y Phury están perdiendo demasiada sangre... Me preocupa que esas arterias hayan resultado dañadas porque los cortes son endemoniadamente profundos. Z y Tohr necesitan rayos X y creo que Blaylock tiene una contusión junto con esa fea herida del estómago.
Manny se dirigió al fregadero y empezó a lavarse.
—Hagamos esto. —Miró alrededor y señaló al gigantesco cabrón rubio con el charco de sangre bajo la bota izquierda—. Yo me ocuparé de él.
—Vale, yo trataré a Phury, Ehlena, empieza a tomar imágenes de esos huesos rotos.
Dado que esta era una situación de campo, Manny llevó su equipo hasta el paciente... estaba extendido en el suelo, justo donde se había derrumbado antes. El enorme bastardo estaba vestido de cuero negro de la cabeza a los pies y sentía un gran dolor, su cabeza golpeaba hacia atrás y tenía los dientes apretados.
—Voy a trabajar contigo —dijo Manny—. ¿Algún problema con eso?
—No si puedes hacer que deje de sangrar.
—Considéralo hecho. —Manny agarró un par de tijeras—. Voy a cortarte la pernera del pantalón primero y deshacerme de la bota.
—Shitkicker —gimió el tipo.
—Bien. La llames como la llames, va fuera.
Nada de desatar... cortó los cordones de la maldita cosa y la deslizó fuera de un pie del tamaño de una maleta. Y luego los pantalones de cuero fueron cortados con facilidad hasta la cadera, cayendo abiertos como un juego de chaparreras.
—¿Qué tenemos, Doc?
—Un pavo de navidad, amigo mío.
—¿Tan profundo?
—Sí. —No hacía falta mencionar que se veía el hueso y la sangre estaba manando en un chorro constante—. Tengo que lavarme de nuevo. Volveré al instante.
Tras llegar al fregadero, Manny se quitó el par de guantes, se agachó y buscó un bote de cristal de lidocaína.
Enorme, Rubio y Sangrante le detuvo.
—No te preocupes por el dolor, Doc. Remiéndame y ocúpate de mis hermanos... ellos lo necesitan más que yo. Me ocuparía yo mismo, pero Jane no me deja.
Manny hizo una pausa.
—Te coserías tú mismo.
—Llevo haciéndolo más décadas de las que tú llevas vivo, Doc.
Manny sacudió la cabeza y murmuró por lo bajo.
—Lo siento, tipo duro. No voy a correr el riesgo de que saltes justo cuando estoy trabajando en tu herida.
—Doc...
Manny señaló con su jeringuilla justo a la cara asombrosamente apuesta de su paciente.
—Calla y tiéndete. Esto debería dejarte fuera de combate, así que no te preocupes... ya habrá bastantes ocasiones para hacer carantoñas y hacerte el héroe.
Otra pausa.
—Vale, vale, Doc. No te hagas una paja mental. Acaba conmigo... y ayúdales a ellos.
Era difícil no respetar la lealtad del tipo.
Trabajando rápido, Manny anestesió la zona lo mejor que pudo, introduciendo la aguja en la carne en un círculo controlado. Cristo, esto le devolvía a la escuela de medicina y, de un modo extraño, le traía a la vida de un modo que las operaciones no hacían últimamente.
Esto era... realidad con el volumen a todo trapo. Y maldita sea si no le gustaba su sonido.
Agarrando una pila de toallas limpias, las empujó contra la pierna y enjuagó la herida. Cuando su paciente siseó y se tensó, dijo:
—Tranquilo, grandullón. Sólo la estamos limpiando.
—No hay... problema.
Y un huevo que no y Manny deseó haber podido hacer más en el campo de control del dolor, pero no había tiempo. Tenía fracturas compuestas con las que tratar. Estabilizar. Seguir adelante.
Y alguien gemía y otra ristra de maldiciones llegó desde la izquierda, Manny se encargó de un pequeño desgarro en la arteria, luego cerró el músculo y se movió hacia la fascia y la piel.
—Lo estás haciendo genial —murmuró cuando reparó en los puños con los nudillos blancos.
—No te preocupes por mí.
—Ya, ya... tus hermanos. —Manny se detuvo una fracción de segundo—. Eres bueno, ya lo sabes.
—Y una... mierda... —El luchador sonrió, mostrando colmillos—. Soy... perfecto.
Luego el tipo cerró los ojos y se tendió, con la mandíbula tan tensa que era una maravilla que pudiera tragar.
Manny trabajó tan rápidamente como pudo sin sacrificar calidad. Y justo cuando estaba dando golpecitos a su línea de sesenta puntos con una gasa, oyó gritar a Jane.
Girando la cabeza alrededor, masculló:
—Jodido infierno.
En el umbral de la sala de reconocimiento, el marido de Jane estaba colgando en los brazos de Red Sox, con pinta de haber sido atropellado por un coche. Su piel estaba pastosa, sus ojos en blanco, y... santo infierno, su bota... shitkicker... estaba apuntando en el sentido equivocado.
Manny llamó a la enfermera.
—¿Puedes vendar esto? —Mirando a su actual paciente, dijo—: Tengo que ir a mirar a...
—Ve. —El tipo le palmeó el hombro—. Y gracias, Doc. No olvidaré esto.
Mientras se dirigía a la llegada más reciente, Manny tuvo que preguntarse si ese chivo bocazas iba a permitirle operar. Porque ¿esa pierna? parecía absolutamente destruida incluso desde el otro lado de la puñetera habitación.
*  *
Vishous entraba y salía de la consciencia para cuando Butch le llevó a la sala de reconocimiento. Ese juego de rodilla y cadera suyo estaba más allá de la agonía y entrando en otro tipo de territorio y las abrumadoras sensaciones estaban acabando con su fuerza y sus procesos de pensamiento. Sin embargo, él no era el único en mala forma. Cuando Butch se tambaleó débilmente atravesando la puerta, golpeó la cabeza de V contra la jamba.
—¡Joder!
—Mierda... lo siento.
—Tíralo... al cubo. —V jadeó cuando su sien empezó a gritar, la puñetera armonizaba una a capela con la versión de "Bienvenido a la Jungla".
Acalló el concierto del demonio, abrió los ojos y esperó una distracción.
Jane estaba justo delante de él, con una aguja de sutura en una mano enguantada y ensangrentada y el cabello recogido hacia atrás con una cinta.
—Ella no —gimió—. Ella... no...
Los profesionales médicos nunca deberían tratar a sus parejas, era un recipiente para el desastre. Si su rodilla o su cadera estaban permanentemente jodidas, no quería eso sobre la conciencia de Jane. Dios sabía que ya había suficientes problemas entre ellos.
Manny se interpuso delante de su shellan.
—Entonces yo soy tu única opción. De nada.
Vishous puso los ojos en blanco. Genial. Menuda elección.
—¿Das tu consentimiento? —exigió el humano—. O tal vez te gustaría pensarlo un rato mientras tus articulaciones cicatrizan como las de un flamenco. O la pierna se gangrena y se te cae del todo.
—Bueno, si eso... no es... una estrategia... de ventas.
—¿Y la respuesta es?
—Vale. Sí.
—Ponle sobre la mesa.
Butch fue cuidadoso con la rutina de tenderle, pero incluso así, V casi se derrumbó sobre ambos mientras su peso era redistribuido.
—Hijo de puta... —Justo cuando la maldición abandonaba sus labios, la cara del cirujano apareció por encima de la suya—. Ey, Manello... no quieres... estar tan cerca de mí...
—¿Quieres pegarme? Vale, pero espera hasta después de que me haya ocupado de tu pierna.
—No, estómago... revuelto.
Manello sacudió la cabeza.
—Necesito algo para controlar el dolor. Algo de Demer...
—Demerol no —dijeron V y Jane a la vez.
Los ojos de V se dispararon en dirección a ella. Había cruzado al otro lado de la habitación y estaba en el suelo, inclinada sobre el estómago de Blaylock, cosiendo un tajo con mala pinta. Sus manos eran firmes como rocas y su trabajo era absolutamente perfecto, todo en ella era la viva imagen de competencia profesional. Excepto por las lágrimas que bajaban por su cara.
Con un gemido, levantó la vista a la lámpara que había sobre él.
—¿Morfina está bien? —preguntó Manello mientras cortaba la manga de la chaqueta de motero de V—. Y no te molestes en hacerte el duro. Lo último que necesito es que te vomites encima mientras estoy hurgando ahí abajo.
Jane no respondió esta vez, así que lo hizo V.
—Sí. Eso es genial.
Cuando una jeringuilla estuvo llena, Butch se acercó a la bandeja de instrumental del cirujano. Incluso tan incapacitado como estaba por inhalar, fue mortalmente serio cuando habló.
—No tengo que decirte que no jodas a mi colega. ¿Entendido?
El cirujano siguió con su rutina de botellita-de-cristal-y-aguja.
—En este momento no estoy pensando en el sexo, muchas gracias. Pero si lo estuviera, seguro como la mierda que no sería con él. Así que en vez de preocuparte por con quién estoy jodiendo, por qué no nos haces a todos un favor y te das una ducha. Apestas.
Butch parpadeó. Luego sonrió un poco.
—Tienes pelotas.
—Y están hechas de latón. Además son grandes como campanas de iglesia.
Lo siguiente que supo V fue que le estaban frotando algo frío en la articulación del brazo, luego hubo un pinchazo y poco tiempo después, partió en una pequeña cabalgada, su cuerpo se convirtió en una bola de algodón, todo luz y aire. De cuando en cuando, el dolor se abría paso, alzándose de sus intestinos y le arañaba el corazón. Pero no estaba conectado con lo que fuera que Manello le estaba haciendo en la herida. V no podía apartar los ojos de su pareja mientras ésta trataba a sus hermanos.
A través del cristal ondulado de su visión, vio cómo se ocupaba de Blay y luego trabajaba con Tohrment. No podía oír lo que estaba diciendo porque sus oídos en realidad no estaban funcionando muy bien, pero Blay estaba claramente agradecido y Tohr parecía aliviado sólo por su presencia. De tanto en tanto, Manello le preguntaba algo, o Ehlena la detenía con una pregunta, o Tohr hacía una mueca y ella se detenía para calmarle.
Esta era su vida, ¿no? Esta sanación, esta persecución de la excelencia, esta devoción permanente a sus pacientes.
Su deber para con ellos la definía, ¿no?
Y verla así le hizo repensarse lo que había ocurrido entre ella y Payne. Si Payne había estado empeñada en tomar su propia vida, Jane no habría dudado en intentar detenerla. Y luego, cuando resultó evidente que al parecer no podía...
Bruscamente, como si supiera que la estaba mirando, los ojos de Jane saltaron a los suyos. Estaban tan ensombrecidos que apenas podía decir cuál era su color y ella perdió momentáneamente su forma corpórea, como si él le hubiera succionado la vida.
La cara de ese cirujano apareció en el camino.
—¿Necesitas más alivio para el dolor?
—¿Qué? —preguntó V alrededor de su lengua gruesa y seca.
—Has gemido.
—No... por... la rodilla.
—No es sólo la rodilla.
—¿... qué...?
—Creo que tienes la cadera dislocada. Voy a quitarte del todo los pantalones.
—Lo que sea...
Cuando V volvió a mirar a Jane, sólo fue vagamente consciente de las tijeras que subían a ambos lados de su pantalones, pero supo exactamente cuando el cirujano le quitó del todo el cuero. El tipo dejó escapar un siseo agudo... que fue encubierto rápidamente.
Seguro como la mierda que la reacción no era por los tatuajes de advertencia en el Viejo Idioma.
—Lo siento, Doc —refunfuñó V, no estaba seguro de por qué demonios se disculpaba por el lío que había bajo su cintura.
—Te, ah... te cubriré. —El humano salió disparado y volvió con una sábana que puso sobre la parte baja del abdomen de V—. Sólo necesito examinar tus articulaciones.
—Hazlo...
Los ojos de Vishous volvieron a Jane y se encontró preguntándose... si ella no hubiera muerto y no hubiera sido traída de vuelta como lo hizo, ¿habrían intentado tener un hijo? Era dudoso que pudiera tener algo más que un orgasmo con el daño que le había hecho su padre. Y nunca había deseado hijos... todavía no.
Sin embargo, ella habría sido una madre estelar. Era buena en todo lo que hacía.
¿Echaba de menos estar viva?
¿Por qué nunca se lo había preguntado?
El retorno de la cara del cirujano cortó sus pensamientos.
—Tienes la cadera dislocada. Voy a tener que colocarla antes de trabajar en la rodilla porque me preocupa tu circulación. ¿Vale?
—Sólo arréglame —gimió V—. Haz lo que haga falta.
—Bien. Te he puesto la rodilla temporalmente en suspensión para esto. —El humano miró a Butch, quien, habiendo tomado la ducha requerida, se había apuntalado contra la pared a no menos de cincuenta centímetros de distancia—. Necesito tu ayuda. No hay nadie más por aquí con las manos libres.
El poli estuvo de acuerdo, reunió su fuerza y se acercó.
—¿Qué quieres que haga?
—Sujetarle la pelvis en su lugar. —El humano se subió a la mesa de acero inoxidable hacia las piernas de V, agachándose para evitar golpearse la cabeza contra la luz—. Esto va a ser un trabajo de músculos... no hay otra forma de hacerlo. Quiero que me mires y yo te mostraré dónde poner las manos.
Butch accedió al programa Se acercó y extendió las manos.
—¿Dónde?
—Aquí. —V tuvo alguna sensación vaga de un peso cálido a ambos lados de las caderas—. Un poco más hacia fuera... justo. Bien.
Butch miró sobre el hombro hacia V.
—¿Estás listo para esto?
Estúpida pregunta. Como preguntarle a alguien si estaba preparado para una colisión de cabeza.
—Exultante —masculló V.
—Concéntrate en mí.
Y V lo hizo... viendo las motas verdes en los ojos color avellana del poli y los contornos de esa nariz rota y el rastro de barba de las cinco en punto.
Cuando el humano agarró la parte baja del muslo de V y empezó a levantar, V se agitó contra la mesa, su cabeza golpeó hacia atrás y su mandíbula se tensó.
—Tranquilo, tranquilo —dijo el poli—. Concéntrate en mí.
Uh-huh, bien. Estaba el dolor y luego estaba el DOLOR. Esto era DOLOR.
Vishous luchó por respirar, sus sendas neurales estaban atiborradas de señales, su cuerpo explotaba aunque su piel exterior estuviera intacta.
—Dile que respire —dijo alguien. Probablemente el humano.
Sí, esto iba a ocurrir. No.
—Vale, a la de tres voy a obligar a la articulación a volver a su lugar... ¿listo?
V no tenía idea de lo que estaba diciendo el tipo, pero si la tuviera, no había forma de responder. Su corazón saltaba y sus pulmones se habían convertido en piedra, su cerebro era Las Vegas por la noche y...
—¡Tres!
Vishous gritó.
La única cosa más fuerte fue el pop de la cadera mientras era recolocada, si lo fue. Y lo último que vio antes de registrarse en el Motel y Suites Consciencia fue Jane girando la cabeza aterrorizada. En sus ojos había puro terror, como si lo peor que pudiera imaginar fuera que él estuviera sufriendo una agonía...
Y fue entonces cuando supo que todavía la amaba.

Capítulo 32

Arriba en la mansión, en el dormitorio de Qhuinn, no había nada más que un montón de silencio... lo que era típico cuando dejabas caer una bomba, ya fuera real o metafórica.
Jesucristo, no podía creer que hubiera pronunciado las palabras: aunque sólo él y Layla estaban allí, se sentía como si hubiera ido a lo alto de un edificio del centro de Caldwell y lo hubiera anunciado por megafonía.
—Tu amigo —murmuró Layla—. Blaylock.
El corazón de Qhuinn se quedó congelado. Pero después de un momento, se obligó a asentir con la cabeza.
—Sí. Es él.
Esperó algún tipo de disgusto o mueca o... al menos sorpresa. Viniendo de donde él venía, estaba bien versado en la homofobia... y Layla era una Elegida, por amor de Dios, lo cual hacía que la vieja-escuela-de-la-glymera pareciera positivamente progresista.
Esa hermosa mirada se demoró en su cara.
—Creo que lo sabía. Vi la forma en que él te miraba.
Bueno, eso no era mucho. Y...
—¿Te molesta? ¿Que sea otro macho?
Hubo una ligera pausa. Y luego la respuesta que ella dio lo transformó de un modo curioso.
—En lo más mínimo. ¿Por qué debería?
Qhuinn tuvo que apartar la mirada. Porque le preocupaba el brillo en sus ojos.
—Gracias.
—¿Por qué?
Todo lo que pudo hacer fue encogerse de hombros.
¿Quién habría pensado que la aceptación sería curiosamente tan dolorosa como lo había sido siempre el rechazo?
—Creo que será mejor que te vayas —dijo rudamente.
—¿Por qué?
Porque estaba considerando fuertemente un trabajo de aspersor, y no quería ponerse en plan sauce llorón delante de nadie. Ni siquiera de ella.
—Sire, todo va bien. —Su voz era seria y sólida como una roca—. No le juzgo por el sexo de aquellos a los que ama... sino por cómo los ama.
—Entonces debes odiarme. —Cristo, ¿por qué demonios seguía su boca?—. Porque le rompí el jodido corazón.
—Entonces... ¿él no sabe lo que sientes?
—No. —Qhuinn entrecerró los ojos hacia ella—. Y no va a saberlo, ¿está claro? Nadie lo sabe.
Ella inclinó la cabeza.
—Su secreto está a salvo conmigo. Pero sé bien cuanto le estima él. Tal vez debiera decirle...
—Déjame ahorrarte una lección que yo aprendí del modo duro. Hay veces en que es demasiado tarde. Ahora él es feliz... y se lo merece. Joder, quiero que tenga amor, aunque yo tenga que observarlo desde la banda.
—¿Pero qué hay de usted?
—¿Qué pasa conmigo? —Se pasó los dedos por el cabello y fue consciente de que se lo había rapado—. Escucha, basta de esto... sólo te lo dije porque necesito que comprendas que esta mierda entre tú y yo no va de que no seas lo bastante buena o lo bastante atractiva. ¿Honestamente? Lo he hecho, el estar con otra gente sexualmente. Y ya no voy a hacerlo más. No me lleva a ninguna parte y... sí. He terminado con todo eso.
Qué ironía. Ahora que no estaba con Blay, le estaba siendo fiel al muy cabrón.
Layla se acercó a él y se sentó en la cama, colocando sus piernas y alisándose la túnica con sus elegantes y pálidas manos.
—Me alegro que me lo haya dicho.
—Ya sabes... yo soy así. —Extendió la mano y le cogió la palma—. Y tengo una idea.
—¿De veras?
—Amigos. Tú y yo. Vienes aquí, y yo te alimento, y pasamos un rato juntos. Como amigos.
Su sonrisa fue increíblemente triste.
—Debo decir... que siempre supe que no me veía de ese modo especial. Me tocaba con gran contención y me mostraba cosas que me embelesaron... pero bajo el rubor de la pasión que sentía, sabía...
—Tú tampoco estás enamorada de mí, Layla. No. Sientes un montón de mierda física, y eso te hace pensar que es emocional. El problema es, que el cuerpo necesita mucho menos que el alma para conectar.
Ella se colocó la mano libre en el corazón.
—El pinchazo está aquí.
—Porque tienes un enamoramiento conmigo. Palidecerá. Especialmente cuando encuentres al tipo adecuado.
Dios, menuda mierda. De putón a consejero en una semana. Siguiente paso: invitado en un The- jodido-View[i].
Extendió el antebrazo.
—Toma de mi vena para que puedas quedarte más tiempo en este lado y averiguar qué es lo que quieres de la vida... no lo que se supone que debes ser o hacer, sino lo que quieres. Yo te ayudaré si puedo. Dios sabe que estoy bien versado en estar perdido.
Hubo un largo momento. Y luego sus ojos verdes se movieron hasta los suyos.
—Blaylock... no sabe lo que se pierde.
Qhuinn sacudió la cabeza sombrío.
—Oh, es muy consciente de ello. Confía en mí.
*  *
La limpieza no era poca cosa.
Cuando Jane sacó el cubo y la fregona del armario de la limpieza, repasó a toda prisa las peticiones que iban a ser necesarias para que sus suministros volvieran adonde tenían que estar. Habían gastado cien paquetes de gasa, su ratio de agujas de coser era una broma, estaban faltos de vendajes...
Abriendo la puerta de la sala de reconocimiento con el culo, balanceó la cubeta utilizando la cabeza de la fregona y luego tomó aliento. Había sangre por todas partes del suelo y también corriendo por las paredes. Compresas de gasas manchadas de rojo eran el equivalente Freddy Krueger a las pelusas. Tres bolsas de residuos orgánicos estaban llenas hasta el punto de necesitar un antiácido para el empacho.
Y una peeeeeeerdiz en un peraaaaaaaaaaaaal...
Enfrentada a las secuelas, comprendió que si Manny no hubiera estado con ella, podrían haber perdido a uno de los Hermanos. Rhage, por ejemplo, podría haberse desangrado. O Tohr... porque lo que había parecido una simple herida en el hombro había resultado ser, vaya, mucho más.
Manny había terminado teniendo que operarle. Después de acabar de practicar la cirugía con Vishous.
Cerrando los ojos, apoyó la cabeza contra el punto más alto de la fregona. Como fantasma, no se cansaba como solía hacer antes: ni dolores ni achaques, ni sensación de arrastrarse como si alguien le hubiera atado pesas a ambos tobillos. Ahora era su psique la que se cansaba, hasta el punto de que tenía que cerrar los párpados y no ver ni hacer absolutamente nada... como si la tabla de circuitos de su cerebro tuviera que apagarse y enfriarse.
Y entonces dormía. Y soñaba.
O... como probablemente fuera el caso de hoy... no. El insomnio todavía era un problema de vez en cuando...
—Vas a tener que barrer primero.
Levantó la cabeza de golpe e intentó sonreír a Manny.
—Creo que tienes razón.
—¿Qué tal si me dejas ocuparme de esto?
De. Ningún. Modo. No iba a correr a encerrarse en otra sala de recuperación a mirar el techo. Además, Manny tenía que estar tan cansado como ella.
—¿Cuánto ha pasado desde que comiste por última vez? —le preguntó.
—¿Qué hora es?
Ella miró su reloj.
—Una en punto.
—¿Del mediodía?
—Sí.
—Alrededor de doce horas o así. —Parecía sorprendido por ello.
Ella extendió el brazo hacia el teléfono del escritorio.
—Llamaré a Fritz.
—Escucha, no tienes que...
—Debes estar a punto de desmayarte.
—En realidad, me siento genial.
No era lo normal en un hombre. A menos que... Bueno, demonios, parecía energizado en vez de cansado.
Como fuera. Todavía iba a alimentarle.
Hacer el pedido no llevó más que un minuto y Fritz quedó emocionado por la petición. Normalmente después de la Última Comida, el mayordomo y su personal se retiraban para un breve descanso antes de que empezara la limpieza del día, pero hubieran preferido seguir trabajando.
—¿Dónde está el armario de la limpieza? —preguntó Manny.
—Fuera, en el pasillo. A tu izquierda.
Mientras llenaba el cubo de Lysol y agua, él encontró una escoba, volvió y se ocupó del asunto.
Mientras trabajaban lado a lado, todo lo que Jane podía pensar era en Vishous. Durante las prisas por tratar a los Hermanos, había habido mucho en lo que concentrarse, pero ahora, pasando las cintas sueltas de la fregona de acá para allá sobre el suelo de azulejo, era como si toda la angustia que había estado encerrada en la parte trasera de su cerebro se liberara y sobrepasara sus pretiles mentales.
Cualquiera menos ella.
Le oía decir eso una y otra vez, veía su cara cenicienta y sus ojos helados y la forma en que se había cerrado a ella.
Curioso... la eternidad que se le había concedido siempre le había parecido la mayor de las bendiciones. Hasta que visualizó eones sin el hombre al que amaba.
Ahora era una maldición.
¿Adónde iría? No podía continuar en el complejo. No si estaban así de enemistados. Sería demasiado duro para todos...
—Aquí tienes.
Jane saltó cuando un tejido revoloteó delante de su cara. El pequeño cuadrado blanco estaba colgando de los romos dedos de Manny y él lo meneó otra vez mientras ella miraba fijamente a la cosa.
—Estás llorando —le oyó decir.
Moviendo el mango de la fregona al hueco del codo, tomó lo que le ofrecía y le sorprendió darse cuenta que tenía razón. Cuando se limpió los ojos y echó una ojeada, el kleenex estaba húmedo.
—Sabes —Manny arrastró las palabras—, verte así me hace desear haberle amputado esa maldita pierna.
—Esto es sólo en parte culpa suya.
—Eso dices tú. Me permitiré mirarlo de la forma en que guste.
Lo miró fijamente.
—¿Tienes otro de estos?
Él ofreció una caja y ella sacó un par más. Dab. Dab. Delicados resoplidos de nariz. Dab. Redondeó el ataque de llanto con un rápido uno... dos... tres... lanzamientos a la papelera.
—Gracias por ayudarme. —Cuando levantó la vista, Manny tenía un ceño fruncido justo en medio de la cara y tuvo que sonreír—. Lo echaba de menos.
—¿Echar de menos qué?
—Esa expresión cabreada que muestras con tanta frecuencia. Me recuerda a los viejos tiempos. —Lo evaluó serenamente—. ¿V va a estar bien?
—Si no le pateo el culo por joderte... sí.
—Que galante. —Y lo decía en serio—. Estuviste asombroso esta noche.
Eso también iba en serio.
Él dejó los kleenex a un lado, sobre el mostrador.
—Y tú. ¿Esto pasa a menudo?
—En realidad no. Pero tengo la sensación de que eso podría estar cambiando.
Volviendo al trabajo, efectuó algunos pases mecánicos con la fregona, no mejorando en realidad la condición del suelo, sino simplemente moviendo la sangre alrededor. En ese punto, probablemente habría tenido mucha más suerte regando el lugar con una manguera.
Unos minutos después, se produjo un golpe en la puerta y Fritz asomó la cabeza.
—Su comida está lista. ¿Dónde desean cenar?
—Se lo tomará en la oficina —respondió Jane—. En el escritorio. —Miró a su antiguo colega—. Mejor ve antes de que se enfríe. —La mirada en los ojos de Manny fue el equivalente ocular a enseñar el dedo anular, pero ella simplemente hizo un ademán de despedida—. Ve. Y luego descansa un poco.
Excepto que nadie le decía a Manny Manello qué hacer.
—Estaré bien allí —dijo al mayordomo.
Cuando Fritz se marchó, su antiguo jefe se puso las manos en las caderas. Y aunque Jane se preparó para una discusión, todo lo que él dijo fue:
—¿Dónde está mi maletín?
Cuando Jane parpadeó, él se encogió de hombros.
—No voy a obligarte a hablar conmigo.
—Así que has pasado página.
—Venga, ¿yo? —Cabeceó hacia el teléfono que estaba montado en la pared—. Voy a tener que comprobar mis mensajes y quiero recuperar mi maldito móvil.
—Ah... vale, tu coche tiene que estar en el garaje. Justo yendo pasillo abajo. ¿Tal vez esté en tu Porsche?
—Gracias...
—¿Estás pensando en marcharte?
—Todo el tiempo. —Se volvió y fue hacia la puerta—. No puedo pensar en otra cosa.
Bueno... ya eran dos. Pero claro, Jane nunca había imaginado que no estaría aquí.
Prueba positiva de que no servía para nada tener un montón de ideas brillantes sobre tu futuro.


[i] Noticias de actualidad

Capítulo 33

Tradicionalmente y entre los de la glymera, cuando uno entraba en la casa de otro, se depositaba una tarjeta de visita sobre una bandeja de plata que le era tendida por el doggen mayordomo del anfitrión. La tarjeta tenía que tener únicamente el nombre de uno y la lista de su linaje, el propósito era anunciar al visitante y al mismo tiempo se rendía homenaje a las convenciones sociales que formaban y definían a las clases altas.
No obstante, ¿y cuando uno no podía escribir o leer…? o afinando más, ¿y cuando uno prefería los métodos de comunicación más viscerales y menos diplomáticos?
Bueno, entonces uno dejaba los cuerpos de los muertos que había inutilizado en un callejón para que su “anfitrión” los encontrara.
Xcor se levantó de la mesa en la que había tomado asiento y se llevó consigo la taza de café. Los demás estaban durmiendo abajo y sabía que debería reunirse con ellos, pero no habría descanso para él. Ese día no. Tal vez tampoco el siguiente.
Dejar atrás a esos lessers despedazados y que aún se retorcían había sido un riesgo calculado. ¿Y si los encontraban los humanos? Problemas. Y aún así valía la pena. Wrath y la Hermandad habían gobernado demasiado tiempo en este continente y ¿para acabar en qué? La Sociedad Lessening persistía. La población vampira estaba diseminada. Y esos humanos arrogantes e irresponsables estaban por todas partes.
Xcor hizo una pausa en las escaleras del vestíbulo y echó un vistazo a sus alojamientos permanentes. La casa que Throe había conseguido era muy adecuada. Hecha de piedra, era antigua y estaba a las afueras, dos medidas de valía que eran sumamente adecuadas para sus propósitos. En algún punto de su existencia, había sido un lugar digno de admirar, pero ese tiempo se había desvanecido al igual que su refinamiento. Ahora, era un cascarón de lo que había sido y todo lo que él necesitaba eran paredes sólidas, un techo resistente y un espacio suficientemente grande para alojar a todos sus machos.
No es que alguien quisiera estar, muy a menudo, en esas habitaciones sobre la superficie o en los siete dormitorios de la segunda planta. Incluso si las pesadas colgaduras se corrieran sobre cada ventanal, las innumerables ventanas de cristal tendrían que ser tapiadas antes de estar verdaderamente a salvo durante las horas diurnas.
De hecho, todos permanecían bajo tierra, en el sótano.
Era como si hubieran vuelto los viejos tiempos, pensó, sólo en los tiempos modernos el concepto de alojamientos separados había arraigado. Antes habían comido juntos, follado juntos y descansado en grupo.
Como todo soldado debería hacer.
Quizá les pediría que permanecieran bajo tierra. Juntos.
Y aún así no estaba allí abajo con ellos y no lo estaría en algún tiempo. Inquieto y agitado, listo para la persecución pero careciendo de presa en ese momento, había ido de habitación vacía en habitación vacía, levantando el polvo junto con su deseo de conquistar este nuevo mundo.
—Los tengo. A todos.
Xcor se detuvo. Quitó deprisa la taza del labio. Se giró.
—Qué hábil de tu parte.
Throe entró en lo que una vez había sido un salón bastante espléndido, pero ahora no estaba más que frío y vacío. El soldado todavía iba vestido de cuero y eso de algún modo le otorgaba un aspecto elegante. No era una sorpresa. A diferencia de los demás, su pedigrí era tan perfecto como su cabello dorado y sus ojos azul cielo. También lo eran su cuerpo y su rostro. Ningún defecto moraba sobre él o en él.
No obstante era, por mucho, uno de los bastardos.
Cuando el macho se aclaró la garganta, Xcor sonrió. Incluso después de todos aquellos años juntos. Throe estaba incómodo en su presencia. Qué curioso.
—Y… —apuntó Xcor.
—Actualmente hay vestigios de dos familias en Caldwell. Los que quedan de los otros cuatro linajes principales están diseminados en lo que se considera New England. Y algunos están a quinientos o setecientos quilómetros.
—¿Con cuántos estás emparentados?
Más carraspeos de garganta.
—Cinco.
—¿Cinco? Eso llenaría tu calendario social bastante rápido. ¿Planeando dejarte caer de visita?
—Sabes que no puedo.
—Oh… ya veo —se acabó el café—. Había olvidado que te denunciaron. Supongo que tendrás que quedarte aquí con nosotros los paganos.
—Sí. Me quedaré.
—Mmm.
Xcor se tomó un momento para disfrutar del incómodo silencio.
Excepto que entonces el otro macho tuvo que arruinarlo.
—No tienes motivos para proceder —dijo Throe—. No somos de la glymera.
Xcor mostró sus colmillos en una sonrisa.
—Te preocupan mucho las normas, amigo mío.
—No puedes convocar una reunión del Consejo. No tienes el prestigio.
—Bastante cierto. No obstante, otra cosa es presentarles una razón para reunirse. ¿No fuiste tú quién dijo que hubo quejas sobre el Rey después de los asaltos?
—Aye. Pero soy muy consciente de lo que buscas y el objetivo final es la traición en el mejor de los casos y el suicidio en el peor.
—Throe eres un pensador estrecho de miras. Con toda tu educación práctica, tienes una flagrante carencia de visión.
—No puedes destronar al Rey y seguramente no estás pensando en intentar matarle.
—¿Matarle? —Xcor levantó una ceja—. No le deseo un ataúd por cama. En absoluto. Le deseo una larga vida… una en la que se cueza en los jugos de su fracaso.
Throe sacudió la cabeza.
—No sé por qué le odias tanto.
—Por favor —Xcor puso los ojos en blanco—. No tengo nada personal contra él. Es su estatus el que codicio, pura y simplemente. Que esté con vida mientras me siento en su trono es sólo un condimento añadido a mi comida.
—A veces… me da miedo que estés loco.
Xcor entrecerró los ojos.
—Te aseguro… que no estoy ni enfurecido ni demente. Y deberías andar con cuidado con esa clase de comentarios.
Era absolutamente capaz de matar a su viejo amigo. Hoy. Esta noche. Mañana. Su padre le había enseñado que los soldados no eran diferentes de cualquier otra arma, y ¿cuando estaban en peligro de fallar? tenían que desparecer.
—Perdóname — Throe se inclinó ligeramente—. Mi deuda está contigo. Al igual que mi lealtad.
Qué inocente. Aunque siendo sinceros, para Xcor asesinar al macho que había deshonrado a la hermana de Throe había sido una inversión que valió la pena en tiempo y espada, porque aquello había atado a este soldado inquebrantable y fiel a él. Para siempre.
Throe se había vendido a sí mismo a Xcor para lograr el trato. En aquella época el macho había sido demasiado petimetre para cometer el asesinato por su propia mano, así que se obligó a entrar en las sombras para buscar lo que jamás habría invitado a entrar ni por la entrada de servicio de su mansión. Se había quedado impactado cuando el dinero ofrecido fue rechazado e iba a largarse cuando Xcor hizo su demanda.
Un recordatorio rápido de la condición en la que había sido encontrada su hermana fue bastante para sacarle la promesa.
Y el entrenamiento posterior había hecho maravillas. Bajo la tutela de Xcor, Throe se había curtido con el tiempo, como el acero forjado en el fuego. Ahora era un asesino. Ahora era útil para algo más que para jugar a las estatuas sociales en las fiestas y bailes.
Qué lástima que su linaje no hubiera visto la transformación como una mejora… a pesar del hecho de que su padre había sido un Hermano, por el amor de Dios. Pensarías que la familia habría estado agradecida. Lamentablemente, repudiaron al pobre cabrón.
Eso sin duda hacía llorar a Xcor cada vez que pensaba en ello.
—Tendrás que escribirles — Xcor sonreía de nuevo, le hormigueaban los colmillos, la polla hacía otro tanto—. Les escribirás a todos y anunciarás tu llegada. Les señalarás sus pérdidas, recordándoles a los jóvenes y a las hembras que sucumbieron esa noche de verano. Les harás hacer memoria a sus mentes de todas las audiencias que no tuvieron con su Rey. Les expresarás el ultraje adecuado en su nombre y lo harás de una manera que te entenderán, porque tú eres uno de ellos. Y entonces esperaremos… a que nos convoquen.
Throe le hizo una reverencia.
—Sí, mi leahdyre.
—Mientras tanto, cazaremos lessers y llevaremos la cuenta de nuestros asesinatos. Así cuando nos pregunten por nuestra salud y bienestar, lo cual acostumbra a hacer la aristocracia, podremos informarles de que aunque los caballos de pura raza son muy bonitos en el establo… una manada de lobos es lo que quieres protegiendo tu puerta trasera.
La glymera era despreciable a tantos niveles, pero eran tan predecibles como un reloj de bolsillo, la supervivencia era lo que hacía sus manos, grandes y pequeñas, girar y girar… y girar una vez más.
—Mejor que vayas a descansar —dijo Xcor arrastrando las palabras—. ¿O ya estás preparado para salir a la búsqueda de una de tus diversiones? —Cuando no obtuvo respuesta, frunció el ceño ante la contestación oculta en la falta de respuesta—. Tienes un propósito más allá de nuestras horas de enfrentamientos previos. La muerte de humanos es de lejos menos importante que la vida de nuestros enemigos.
—Aye.
Léase: Nay.
—No te demores en otras actividades que perjudiquen nuestros objetivos.
—¿Te he decepcionado alguna vez?
—Aún hay tiempo, viejo amigo —Xcor contempló al macho con los párpados medios cerrados—. Siempre hay tiempo para que tu naturaleza sensiblera te meta en problemas. Y a menos que no estés de acuerdo, te recuerdo las circunstancias en las que te has encontrado durante los últimos dos siglos.
Throe se puso tieso.
—No. No tienes que hacerlo. Soy perfectamente consciente de dónde estoy.
—Bien —asintió Xcor—. Eso es bastante importante en esta vida. Sigue.
Throe hizo una reverencia.
—Te deseo que duermas bien, mi leahdyre.
Xcor observó la partida del macho y cuando se encontró solo de nuevo, las llamas en su cuerpo le molestaron. La necesidad sexual era una pérdida de tiempo, por eso ni asesinaba ni se alimentaba, pero con cierta regularidad, su polla y pelotas necesitaban alguna que otra dura sesión de tirones.
Cuando la oscuridad cayera esta próxima noche, Throe iba a tener otra cosa que conseguir para la pandilla de bastardos y esta vez, Xcor se iba a ver obligado a tener que saciarse.
Y también iban a necesitar sangre. Preferiblemente no humana, pero ¿si tenían que hacerlo como hasta ahora?
Bien, simplemente tendrían que deshacerse de los cuerpos ¿no?
 

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