martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 43 44 45

Capítulo 43

Hablando de clientes, mira que éste era raro de cojones.
—¿Así que, dónde está tu amigo?
Karrie Ravisc, alias Kandy en las calles, había estado haciendo de puta propiamente dicho durante unos nueve meses así que había visto un montón de mierda. Pero esto…
—Está al llegar —dijo en voz baja el hombre enorme desde la puerta de la habitación del motel.
Karry dio otra calada y pensó: Bueno, al menos el que tenía frente a ella era caliente. También le había pagado quinientos pavos y la instaló en esta habitación. Aún así… aquí había algo raro.
Acento extraño. Ojos extraños. Ideas extrañas.
Pero muy caliente.
Mientras esperaban, ella se acostó desnuda sobre la cama con todas las luces apagadas. Aunque no estaba del todo oscuro. Este John con la cartera llena había montado un cuadro de luces al otro lado de la habitación, sobre el tocador de saldo. El haz de luz apuntando de tal manera que alumbraba su cuerpo. En cierto modo como si estuviera en escena. O tal vez una pieza de arte.
Lo cual de hecho era menos raro que algunas de las cosas que había hecho. Mierda, si la prostitución no te hacía creer que los hombres eran asquerosos cabrones enfermos, nada más lo haría: aparte de tus tramposos comunes y corrientes y los tipos que llevaban la batuta, tenías a los cabrones con fetiche por los pies, aquellos que les gustaba ser zurrados y otros que querían que se les mearan encima.
Terminando su White Owl, apagó la colilla y pensó que tal vez esto de los focos no era tan malo. Unos asnos habían querido comer hamburguesas sobre ella dos semanas atrás y eso había sido asqueroso…
El clic de la cerradura al girar le hizo dar un brinco y se dio cuenta con un sobresalto que alguien de algún modo había llegado sin que ella se enterara, eso era la puerta al cerrarse. Desde el interior.
Y ahora había un segundo hombre al lado del primero.
Qué bueno que su chulo estuviera en la puerta de al lado.
—Buenas noches —dijo ella mientras se desperezaba mecánicamente para ambos hombres. Sus pechos eran falsos, pero una buena imitación, su estómago era plano aunque tuviera un hijo y no iba simplemente rasurada sino laseada.
Todo lo cual era como había conseguido cobrar lo que cobraba.
Tío… otro grande, pensó mientras el segundo tipo avanzaba y se quedaba al pie de la cama. De hecho, este cabrón era enorme. Absolutamente gigantesco. Y no de los gordos y desaliñados, sus hombros eran tan cuadrados que parecían trazados con regla y su pecho formaba un triángulo perfecto con sus estrechas caderas. No podía verle el rostro, dado que la luz salía de detrás de él, pero aquello no importó cuando el primer John se estiró en la cama a su lado.
Mierda… de repente se encontró cachonda. Era por el tamaño de ellos, el peligro de la oscuridad y los aromas. Jesús… olían increíble.
—Rueda sobre tu estómago —le exigió el segundo.
Dios, esa voz. El mismo acento extranjero como el tipo que había montado esto, pero mucho más grave… y había un filo en él.
—¿En serio quieres verme el culo? —dijo ella arrastrando las palabras mientras se incorporaba. Acunando sus tetas doble D las sopesó y luego las apretó juntas—. Porque mi delantera es incluso mejor.
Con eso, estiró un pecho hacia arriba y extendió la lengua hacia abajo, lamiéndose el pezón mientras sus ojos iban una y otra vez de uno al otro hombre.
—Sobre el estómago.
Vale, evidentemente, aquí había una jerarquía. El tipo acostado a su lado lucía una tremenda erección, pero no hizo ningún movimiento hacia ella. Y el Señor Hazlo-Ya era el único que hablaba.
—Si es así como lo quieres.
Sacando las almohadas de la cama, hizo un espectáculo del giro, retorciendo el torso de manera que uno de sus pechos todavía se veía. Con su uña negra, recorrió en círculos la punta mientras arqueaba la parte inferior de la espalda y resaltaba el culo.
Un gruñido sutil serpenteó a través del viciado y silencioso aire de la habitación y eso era su entrada. Abriendo las piernas, curvó la mitad inferior apoyando la punta de los pies y arqueó la columna de nuevo.
Sabía exactamente lo que estaba mostrando al que estaba a los pies de la cama y su gruñido le dijo que le gustaba lo que ella tenía. Así que era hora de ir más lejos. Mirando hacia atrás, se puso el dedo medio en la boca y se lo chupó, luego cambió el peso hacia arriba y bajo el dedo hacia su sexo, frotándose.
Ya fuera la hierba o… mierda, algo en los hombres… se puso como una moto en un momento. Hasta el punto que deseaba lo que estaba a punto de pasar.
Cuando apreció sobre ella, el que estaba al mando se puso la mano delante de sus caderas.
—Bésala —ordenó.
Ella estaba tan preparada para aquello, aunque normalmente no lo permitía. Girando el rostro hacia el otro, sintió que se adueñaban de su boca un par de labios suaves y exigentes… y luego una lengua entró en ella.
Al igual que unas manos grandes se pegaron a la parte superior de sus muslos y los abrieron.
Y otro par de manos fueron hacia sus pechos.
Aunque fuera una profesional, su mente se fue de paseo, toda la mierda con la que normalmente se abstraía mientras estaba haciendo lo que hacía salió volando… empezando con cosas como ¿dónde están los condones? ¿Qué eran las normas básicas?
Hebilla. Cremallera. Y luego los sonidos deslizantes de los pantalones bajando y los movimientos del colchón cuando algo pesado se subió a él.
Débilmente, se preguntó si la polla que había aparecido sería tan grande como el resto del hombre detrás de ella, y si lo era, pensó, diablos, tal vez estaría dispuesta a ofrecerles una segunda ronda gratis. Asumiendo que pudieran seguir…
Una punta roma empujó dentro de ella mientras las manos le levantaban las caderas fuera del colchón y la ponía a cuatro patas. Dios, era enorme, se preparó para una paliza cuando una mano le recorrió la columna y los dedos se ensartaron en su cabello corto. Iba a tirarle la cabeza hacia atrás pero no le importaba. Simplemente quería aún más de él en su interior.
Excepto que no se puso rudo y no se movió inmediatamente. En cambio, la acarició como si le gustara sentir su piel, bajando la mano hacia sus hombros y otra vez alrededor de su cintura... y luego más abajo hacia su sexo húmedo. Y cuando entró en ella completamente, fue con un deslizamiento suave e incluso le dio un segundo para acostumbrarse a su grosor y longitud.
Luego se trabó en sus caderas con las palmas y siguió con la follada. Justo cuando su amigo se puso debajo de ella para chuparle los pechos colgantes.
Al aumentar el ritmo, sus pezones azotaron una y otra vez la boca del que estaba debajo de ella, al compás del golpe de caderas que le daba en el culo una y otra vez. Más rápido. Más duro. Más rápido…
—Fóllame —ladró ella—. Joder, síiiiiiiii.
De repente el que estaba acostado en el colchón se giró, recolocándola y llenándole la boca con la polla más larga que jamás se había tragado.
De hecho ella tuvo un orgasmo.
Si seguían así ella les iba a dar una propina.
Una fracción de segundo después, el hombre de detrás se salió y notó que algo caliente le rociaba la espalda. Pero no había terminado. Estaba de nuevo un momento después, tan gruesa y tiesa como había estado en el primer golpe.
El que estaba chupando gemía y luego la apartó al levantarle la cabeza. Se corrió en sus pechos, chorros calientes le cubrieron el pecho con más de ese increíble aroma mientras el otro se salía y eyaculaba de nuevo en su espalda.
Entonces el mundo empezó a dar vueltas y se encontró de espaldas, el tipo de la cartera tomando el puesto, del que estaba al mando, en su sexo llenándola con el mismo grosor.
Fue ella la que alargó la mano hacia su silencioso y mandón amigo llevándose su polla a la boca, sacándolo de su rol de espectador al meterlo dentro de ella otra vez.
Era tan grande que tuvo que estirar la mandíbula para encajarle y tenía un sabor fantástico, nada que ver con lo que hubiera tenido antes. Succionándole mientras su colega se la follaba bien, todo eran sensaciones de ser llenada o ser invadida por duras y romas pollas que le estremecían el cuerpo.
En su delirio intentó ver al hombre al que le hacía la mamada, pero de algún modo seguía de espaldas a los focos y eso todavía lo hacía más erótico. Como si estuviera mamándosela a una sombra viviente. Mierda, a diferencia del otro, éste no hacía sonidos y ni siquiera le costaba respirar. Pero estaba por la labor, en serio, empujando dentro de su boca, retirándose y empujando dentro otra vez. Por lo menos hasta que se salió y cogió esa erección con la mano. Sujetándose juntos los pechos ella le ofreció una enorme plataforma de aterrizaje para correrse y mierda, incluso si era la número tres la cubrió.
Hasta que tuvo el pecho brillante, resbaladizo y chorreando.
La siguiente cosa que supo, es que sus rodillas se subieron hasta las orejas y el de la pasta iba a jugarse el todo por el todo de la mejor manera posible. Y luego el jefe estaba en sus labios de nuevo, empujando, queriendo más. Lo que estaba más que feliz de darle.
Contemplándolos mientras se movían en sincronía, ella sintió un temor pasajero. Curvada bajo ellos tuvo la sensación que podían partirla por la mitad si así lo deseaban.
Pero no la lastimaron.
Y aquello siguió y siguió, los dos intercambiando las posiciones una y otra vez. Evidentemente lo habían hecho un montón de veces y por Dios que ella estaba por darles su número.
Al final, se acabó.
Nadie dijo nada. Ni a ella, ni entre ellos, lo cual era raro porque la mayoría de los tríos en los que había estado habían acabado con el par de idiotas chocando esos cinco. Esos dos no. Se guardaron las pollas y... bien, mira por dónde, las carteras salieron de nuevo.
Cuando se levantaron, ella se llevó las manos a la boca, cuello y pechos. Estaba cubierta en tantos lugares que no podía ni contarlos y le encantaba, acariciando lo que habían dejado sobre su piel, jugando con aquello porque quería hacerlo, no para beneficio de los hombres.
—Queremos darte otros cinco —dijo el primero en voz baja.
—¿Para qué? —¿ese arrastrar de palabras satisfecho fue realmente suyo?
—Se sentirá bien. Te lo prometo.
—¿Es pervertido?
—Mucho.
Ella se rió y balanceó las caderas.
—Entonces digo que sí.
Mientras el hombre sacaba un par de benjamines, parecía que en esa cartera había un montón más y tal vez si él fuera algún otro, tal vez le pegaría un sablazo a su proxeneta y le diría a Mack que lo atracara en el parking. Aunque no iba a hacerlo. En parte por el sexo increíble. Pero más por el hecho que esos tipos seguramente le iban a dar a su jefe una paliza de muerte.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó mientras cogía el dinero y lo arrugaba en el puño.
—Abre las piernas.
Ni vaciló, sus rodillas se abrieron bien abiertas de golpe.
Y sin dudar ambos se inclinaron sobre su empapado centro.
Santa mierda, ¿iban a chuparle el coño? El simple pensamiento hizo que pusiera los ojos en blanco y gimió.
—¡Ay!
Ella se levantó pero unas manos la obligaron a volver sobre el colchón.
La succión sutil que llegó luego la mareó. Aunque no era en su sexo. Era justo en el centro de ambos lados, en la unión donde sus piernas se unían al torso.
Una succión rítmica… como amamantándose.
Karrie suspiró y se rindió. Tenía la horrible sensación de que se estaban alimentando de ella de alguna manera, pero se sentía alucinante, especialmente cuando algo entró en su interior. Tal vez eran dedos… lo más probable.
Sí, sin duda.
Cuatro dedos la llenaron y dos manos separadas entraron en un alterno entra y sale mientras dos bocas succionaban en su carne.
Ella se corrió otra vez.
Y otra.
Y otra.
Después de que sólo Dios supiera cuanto tiempo, ellos la acariciaron con la nariz un par de veces, en los lugares donde habían estado succionando, no dónde tenían las manos.
Y entonces todo se retiró, bocas, dedos, cuerpos.
Ambos se enderezaron.
—Mírame —dijo el líder.
Sus párpados estaban tan pesados que tuvo que pelear para obedecer. En el instante en que lo hizo, sintió un dolor punzante en las sienes. Aunque, no duró mucho y después… simplemente estaba flotando.
Por lo cual no prestó mucha atención al grito distante y apagado que provino de la puerta de al lado un poco después, no en la habitación en la que estaba Mack, si no la del otro lado.
¡Bum! Golpe. Porrazo…
Karrie empezó a caer dormida en ese momento, muerta para el mundo, el efectivo pegado en su palma mientras lo que había estado húmedo se secaba.
No estaba preocupada por nada. De hecho, se sentía fenomenal.
Joder… ¿con quién había estado…?
*  *
Cuando Xcor salió de la habitación de la puta del motel con Throe directamente detrás de él, cerró la puerta y miró a izquierda y derecha. La instalación que su soldado había elegido para esta diversión carnal estaba en las afueras de la ciudad. Venido a menos y pudriéndose a trozos, el edificio de una sola planta había estado cuarteado en unas quince pequeñas cajas como armarios, con la oficina al fondo a la izquierda. Quiso la habitación terminal del otro extremo por la privacidad, pero lo mejor que Throe había sido capaz de obtener fue la siguiente a aquella.
Aunque, sinceramente, ¿qué posibilidades había de ocupación? Apenas había nadie aquí.
Comprobando las plazas de parking frente a ellos, vio un Mercedes negro que desesperadamente intentaba parecer más nuevo de lo que era en realidad… y una camioneta con una funda por encima. Los otros dos coches estaban en el otro extremo, al lado de la oficina.
Esto era perfecto para la clase de propósito que acababan de satisfacer. Aislado. Poblado de gente que no quería que nadie se interpusiera en sus asuntos y preparados para extender una cortesía similar a los demás. Y las luces exteriores eran pobres: Sólo una de cada seis bombillas de las puertas funcionaba, mierda, la lámpara al lado de su cabeza había sido hecha añicos. Así todo estaba poco iluminado y oscuro.
Él y su banda de bastardos iban a tener que encontrar hembras de su raza para servir a sus necesidades de sangre a largo plazo, pero eso ya llegaría. ¿Hasta entonces? Tendrían que compartir a las del tipo que él y Throe se acababan de follar y lo harían aquí en este lugar desértico.
Throe habló en voz baja.
—¿Satisfecho?
—Aye. Ella estaba bien y era buena.
—Me alegro…
Un perfume en el aire les hizo girar la cabeza a ambos hacia la puerta del final. Mientras Xcor inhalaba profundamente para confirmar lo que había captado como un mero tufillo, el olor de sangre humana fresca fue una sorpresa desagradable.
A diferencia de la expresión en el rostro de Throe. La cual era una sorpresa para nada desagradable.
—Ni siquiera lo pienses —soltó Xcor—. Joder, Throe.
El soldado estaba girando hacia la puerta con una expresión atronadora, su agresividad sin duda inflamada por que la sangre derramada era de mujer: la fertilidad era evidente en el aire.
—No tenemos tiempo para esto —escupió Xcor.
A modo de respuesta, Throe le dio una patada a la jodida puerta.
Mientras Xcor maldecía, únicamente pensó por poco tiempo en desmaterializarse fuera de la escena, todo lo que le llevó a quitarle el impulso fue echar un vistazo dentro. La ridícula vena heroica de Throe había abierto el camino a un lio. Literalmente.
Una hembra humana estaba atada en la cama, con algo metido en la boca. Casi estaba muerta y muy próxima al borde de su tumba para salvarla. Su sangre estaba por todas partes, en la pared detrás de ella, goteando sobre el suelo, empapando el colchón. Las herramientas de quién hubiera hecho esto estaban en la mesita: dos cuchillos, cinta adhesiva, tijeras… media docena de pequeños botes transparentes con fluido incoloro en ellos y las tapas que estaban a un lado.
Había cosas flotando en los…
Un portazo hizo eco en el baño. Como si un travesaño o ventana hubiera sido abierto y cerrado.
Mientras Throe entraba corriendo, Xcor embistió y atrapó al otro macho por el brazo. En un rápido uno/dos, Xcor desenganchó las esposas de acero que llevaba en su cinturón de armas y la cerró en la gruesa muñeca de su soldado. Tiró hacia atrás con todo su peso y arrastró al macho, girándolo como la pelota al final de una cadena. Hubo un porrazo en la pared del fondo cuando el yeso barato detuvo el péndulo vampiro.
—Suéltame.
Xcor tiró del tipo para acercarlo.
—Esto no es asunto tuyo.
Throe tiró hacia atrás su brazo y lanzó un puñetazo a la pared, destrozando la superficie plana.
—¡Lo es! ¡Suéltame!
Xcor le dio una colleja al macho.
—No. Es. Tu. Mundo.
Llegados a este punto ambos forcejearon, luchando y golpeando las cosas, creando más ruido del que deberían. Y estaban a punto de caer sobre la alfombra ensangrentada cuando un humano sin cuello y gafas de sol del tamaño de cristales de ventanas se coló en la puerta de entrada. Echó un vistazo a la cama, otro a Xcor y Throe y luego masculló por lo bajo, cubriéndose los ojos con los antebrazos mientras se escabullía.
Una fracción de segundo después, la puerta de la habitación dónde habían estado follando se abrió y cerró… luego se abrió y cerró de nuevo. Unos tacones altos sonaron rápidos y sin coordinación, hubo un ruido de gente entrando en un coche.
Un motor rugió y el Mercedes salió pitando del parking, sin duda con la puta y el dinero.
¿Y la rápida partida no probaba la suposición de Xcor sobre la clientela del lugar?
—Escúchame —le dijo a Throe—. Escúchame, estúpido cabrón, este no es problema nuestro. Pero si te quedas aquí, lo harás…
—¡El asesino se escapa!
—Y nosotros también.
Los pálidos ojos de Throe salieron disparados hacia la cama y la máscara de ira se deslizó por un breve instante. Lo que estaba debajo detuvo incluso la agresividad de Xcor. Tanto dolor. Dios, tanto dolor.
—No es tu hermana —susurró Xcor—. Ahora ven conmigo.
—No puedo… dejarla… —los ojos vidriosos y abiertos de par en par lo golpearon—. No puedes pedirme esto.
Xcor dio un giro mientras mantenía la sujeción de su soldado. Tenía que haber algo del asesino aquí, algo que pudieran…
Xcor arrastró a su guerrero al baño y hubo una inexorable satisfacción presente sobre la ventana encima del váter. El único panel de cristal esmerilado estaba intacto pero había una pizca de sangre en el borde del afilado marco de metal.
Justo el resto que necesitaban.
Xcor alargó la mano hacia la ventana y pasó dos dedos en torno a lo que había atrapado y cortado la piel de ese humano.
La sangre se adhirió a su piel, reuniéndose.
—Abre —ordenó.
Throe abrió la boca y chupó esos dedos, cerrando los ojos para concentrarse mientras las sirenas empezaban a sonar a lo lejos en la noche.
—Tenemos que irnos —dijo Xcor—. Ven conmigo ahora y te concederé que vayas al encuentro del hombre. ¿De acuerdo? Asiente —cuando Throe lo hizo, decidió que necesitaba más—. Júramelo.
Throe se inclinó hasta la cintura.
—Lo juro.
La esposa se soltó… y luego ese par desaparecieron en el fino aire justo cuando el destello de luces azules anunciaba la llegada de la policía humana.
Xcor no era dado a la compasión en ninguna ocasión. Pero si lo hubiera sido, no habría ofrecido nada de lástima a ese profanador humano, que ahora era el blanco de Throe… y que pronto sería su presa.

Capítulo 44

—¿Doctor Manello?
Al oír su nombre, Manny regresó repentinamente a la realidad y se dio cuenta, de que efectivamente y de hecho aún estaba en el Tricounty, sobre el césped. Lo condenadamente irónico era que al guardia de seguridad le habían hecho un trabajito mental y aún así era el que estaba enfocándolo.
—Ah… sí. Perdón. ¿Qué dijo?
—¿Está bien?
—No, no lo estoy.
—Bueno, le asaltaron… y no puedo creer como se encargó de él. En un instante estaba sobre usted… y al siguiente usted tenía el arma y él estaba… volando. Seguro que debe hallarse desorientado.
—Sí. Eso es. Exactamente.
Los policías aparecieron dos segundos después y entonces se originó un frenesí de preguntas y respuestas. Y fue increíble. El guardia de seguridad nunca mencionó a Payne. Era como si ella nunca hubiera estado allí.
No debería haberle sorprendido, dado lo que había pasado no sólo con ella sino también con Jane. Sin embargo, lo hacía.
Era sólo que no entendía mucho de todo ello: la forma en que había desaparecido Payne en el aire, frente a sus ojos, como no había quedado nada de ella, al menos en cuanto a lo que concernía al guardia de seguridad, aunque el tipo recordaba muy bien a Manny, la forma en que había permanecido tan calmada y controlada en una situación mortífera.
En realidad, ese último aspecto había sido diabólicamente erótico. Observar como le daba una jodida paliza al tipo lo había excitado increíblemente… Manny no estaba seguro de qué indicaba esto acerca de su persona, pero así estaban las cosas.
Y pensó que ella seguramente iba a mentir. Le diría a su gente que sus recuerdos habían sido borrados. Les diría que se había hecho cargo de todo.
Payne había encontrado una solución que funcionaba: él tenía su mente, ella sus piernas y nadie tenía que enterarse, ni su hermano ni su raza.
Sí, todo había sido solucionado. Lo único que tenía que hacer ahora era pasar el resto de su vida penando por una mujer que nunca debería haber conocido. Jodidamente fácil.
Una hora después, entraba en su Porsche y se dirigía de regreso a Caldwell. Al conducir solo el coche, este no sólo le parecía vacío sino más bien un páramo, se encontró a sí mismo subiendo y bajando las ventanillas. Pero no era lo mismo.
Ella no tenía su dirección, pensó. Pero eso no importaba, ¿verdad? No iba a regresar.
Dios, era difícil decidir que hubiera sido peor: ¿una larga y prolongada despedida donde la miraría a los ojos y se mordería la lengua para evitar hablar demasiado? ¿O esa mierda breve, estilo arranquemos-la-tirita?
De ambas formas, apestaba.
Al llegar al Commodore, fue al sótano, aparcó en su lugar y salió. Entró al ascensor. Subió a su apartamento. Entró. Dejó que se cerrara la puerta.
Cuando sonó su móvil, manoteó el bolsillo para sacarlo y cuando vio el número, maldijo. Era Goldberg del centro médico.
Respondió sin entusiasmo.
—Hola.
—Respondiste —dijo el tipo aliviado—. ¿Cómo estás?
Bueno. No iba a responder a eso.
—Estoy bien. —Cuando se hizo una pausa, dijo—: ¿y tú?
—Estoy bien. Las cosas han ido… —Hospital. Hospital hospital, hospitalh ospit alhosp. Ital hospit alhospital…
Le entraba por un oído, salía por el otro. No obstante Manny se mantuvo ocupado. Fue al bar de la cocina, sacó el Lag y sintió que le daban un golpe en la cabeza cuando vio lo poquito que quedaba en la botella. Inclinándose hacia dentro del gabinete, sacó un Jack del fondo que hacía tanto tiempo que estaba allí, que tenía polvo en la tapa.
Un rato después, cortó la comunicación y se tomó en serio lo de la bebida. Primero Lag. Jack después. Y luego una caja de dos botellas de vino que estaban en el refrigerador. Y lo que quedaba de un paquete de seis Coronas… que había dejado sobre la despensa por lo que no estaban frías.
De todas formas su sinapsis no reconocía la diferencia entre el alcohol tibio y la mierda que estaba fría-fría.
Tomándolo todo en cuenta, el festival de consumiciones le llevó cerca de una hora. Tal vez un poco más. Y fue altamente efectivo. Cuando tomó la última cerveza y se puso en camino hacia el dormitorio, caminaba como si estuviera sobre el puente del Enterprise, arrastrándose de izquierda a derecha… para volver a inclinarse hacia el otro lado otra vez. Y aunque podía ver bien con la iluminación ambiental de la ciudad, se tropezó con un montón de cosas: por un desafortunado milagro, su mobiliario había cobrado vida y la mierda estaba decidida a ponerse en su camino… todo, desde sillas forradas de cuero hasta…
—¡Mierda!
… la mesa del café.
Yyyyyyyyy el hecho de que ahora al avanzar fuera frotándose la espinilla era como añadir un par de patines a la fiesta.
Cuando llegó a su habitación tomó un sorbo de Corona para celebrarlo y entró tambaleándose al cuarto de baño. Abrió el grifo. Se quitó la ropa. Entró en la bañera. No había razón para esperar el agua caliente, de todas formas no podía sentir nada y ese era el punto.
No se molestó en secarse. Simplemente fue hacia la cama con el cuerpo chorreándole agua y terminó la cerveza mientras se sentaba. Luego… nada. Su medidor de borrachera estaba estacionado muy arriba, pero aún le faltaba alcanzar el punto crítico para que lo dejara jodidamente inconsciente.
No obstante consciencia era un término relativo. Aunque estaba discutiblemente despierto, estaba absolutamente desconectado… y no solo debido a la cantidad de alcohol en la sangre que ostentaba. Internamente se había quedado sin combustible de la forma más curiosa.
Dejándose caer hacia atrás sobre el colchón, supuso que ahora que la situación de Payne se había resuelto era hora de comenzar a componer su vida… o al menos de comenzar a intentarlo mañana por la mañana, cuando su resaca lo despertara. Su mente estaba bien, así que no había razón para que no pudiera volver a trabajar y se dedicara a poner distancia entre su malogrado interludio y el resto de su vida normal.
Mientras miraba el techo, le alivió ver que su visión se tornaba borrosa.
Hasta que se dio cuenta que estaba llorando.
—Jodido maricón.
Limpiándose los ojos, se dijo que absoluta y definitivamente no iba a pensar en eso. Salvo que lo hizo… y continuó haciéndolo. Dios, ya la extrañaba al punto de la agonía.
—Condenado… infierno…
Repentinamente, levantó la cabeza y su polla creció. Mirando hacia la terraza a través de la puerta de vidrio deslizante, registró la noche con una desesperación que lo hizo sentir que sus trastornos mentales habían regresado.
Payne…
¿Payne…?
Luchó por levantarse de la cama, pero su cuerpo rehusó moverse… como si su cerebro hablara un lenguaje y sus brazos y piernas no pudieran traducirlo. Y entonces ganó el licor, sacó un Ctrl-Alt-Supr y le cerró el programa.
Con todo no hubo forma de reiniciarle el culo.
Después de que se le cerraran los párpados, quedó inconsciente, sin importar con cuanta fuerza luchara contra la corriente.
*  *
Afuera en la terraza, Payne permanecía bajo el viento helado, con el cabello azotando a su alrededor y la piel estremecida por el frío.
Había desaparecido de la vista de Manuel. Pero no lo había dejado.
Aún cuando él había demostrado ser capaz de cuidar de sí mismo, no le confiaría su vida a nadie ni a nada. Por consiguiente se había encubierto en mhis y permanecido en el prado del hospital equino, observándolo hablar con la policía y el guardia de seguridad. Y luego cuando se había subido al coche, ella lo había seguido, desmaterializándose de un punto a otro, rastreándolo gracias a la pequeña cantidad de sangre que había tomado de ella.
Su viaje a casa había culminado en las profundidades de una ciudad que era más pequeña que la que había visto desde el coche, pero igualmente impresionante, con sus edificios altos, sus calles pavimentadas y los hermosos puentes que se cernían sobre un ancho río. Caldwell era verdaderamente hermosa de noche.
El hecho era que había ido solo para despedirse de manera invisible.
Cuando Manuel entró en una especie de instalación subterránea para vehículos, lo dejó solo. Al llegar él a salvo a su destino, vio su propósito cumplido y supo que debía partir.
Desafortunadamente, sin embargo, se había demorado abajo en la calle, dentro de su mhis, observando los coches pasar y viendo a los peatones cruzar de una esquina a otra. Había pasado una hora. Y luego un poco más de tiempo. Y seguía sin poder irse.
Rindiéndose a su corazón, subió arriba, arriba, arriba… enfocándose en el lugar donde estaba Manuel, tomó forma en la terraza de su hogar… y lo encontró en el momento en que dejaba la cocina para ir a la sala. Era evidente que sus pasos eran inestables y no dejaba de chocarse contra los muebles… aunque no se debía a que las luces estuvieran apagadas. Sin duda era por la bebida que tenía en la mano.
O para ser más precisa, a todas las bebidas que había tomado además de esa.
En su dormitorio, no se desvistió sino más bien que se desembarazó de la ropa y luego entró en la ducha. Cuando lo vio salir completamente empapado, quiso llorar. Parecía muy difícil pensar que solamente un día los separaba del momento en que lo había vuelto a ver… aunque, ciertamente sentía como si casi pudiera atravesar el tiempo y tocar esos electrizantes momentos cuando habían estado a punto de tener… no solo un presente sino un futuro.
Ya no más.
Más allá, en la cama, él se sentaba… y luego caía sobre el colchón.
Cuando él se enjugó los ojos, ella se sintió completamente desvastada. Como también era devastadora su necesidad de ir a él…
—Payne.
Soltando un grito, se giró. Al otro lado de la terraza, de pie bajo la brisa… estaba su mellizo. Y en el instante en que posó la vista sobre Vishous, supo que algo había cambiado en él. Sí, su rostro ya estaba curándose del daño que se había inflingido con el espejo… pero eso no era lo que había cambiado. Su interior era diferente: habían desaparecido la tensión, la ira y la frialdad aterradora.
Mientras el viento azotaba el cabello a su alrededor, intentó rápidamente calmarse, enjugándose las lágrimas que brillaban en sus ojos.
—¿Cómo supiste… que estaba…?
Con la mano enguantada, señaló hacia arriba.
—Tengo un sitio aquí. En lo alto del edificio. Jane y yo nos íbamos cuando percibí que estabas aquí abajo.
Debería haberlo sabido. Así como percibía su mhis… él podía percibir y encontrar el de ella.
Y como deseó que hubiera continuado su camino. Lo último que necesitaba era otra ronda de «autoridad» de parte de una figura masculina diciéndole lo que debía hacer. Además, el Rey ya había pronunciado su ley. No era como si el decreto de Wrath necesitara del apoyo brindado por parte de su hermano.
Levantó la mano para detenerlo antes de que dijera una sola palabra acerca de Manuel.
—No estoy interesada en escuchar de ti lo que ya nuestro Rey me ha dicho. Y estaba a punto de irme.
—¿Está borrada su memoria?
Levantó la barbilla.
—No, no lo está. Salimos y hubo un… incidente…
El gruñido que soltó su hermano fue más fuerte que el viento.
—Qué te hizo…
—Él no. Parcas, podrías sólo… dejar de odiarlo. —Mientras se frotaba las sienes, se preguntó si alguna vez a alguien le habría explotado realmente la cabeza… o si en la tierra todo el mundo se sentía de esa forma de vez en cuando—. Fuimos atacados por un humano y en el proceso de desarmarlo…
—¿Al humano?
—Sí… en el proceso, lo lastimé y llamaron a la policía…
—¿Tú desarmaste a un humano?
Payne miró a su mellizo furiosa.
—Cuando le quitas el arma a alguien, así es como se dice, ¿o no?
Vishous entrecerró los ojos.
—Sí. Así es.
—No podía borrarle la memoria a Manuel porque no habría podido sortear las preguntas que le iba a hacer la policía. Y estoy aquí… porque deseaba verlo llegar a su casa a salvo.
En el silencio que siguió, se dio cuenta que se había metido en un aprieto. Por el hecho de tener que proteger a Manuel, acababa de demostrar que su mellizo tenía razón al señalar que el macho al que quería no podía cuidarla. Ah, pero que importaba. De todas formas no había futuro para ella y Manuel puesto que estaba dispuesta a obedecer al Rey.
Cuando Vishous fue a abrir la boca, gimió y se puso las manos sobre las orejas.
—Si tienes algo de compasión, me dejaras sola aquí para que pueda llorar. No quiero escuchar todas las razones por las que debo separarme de él… las sé todas. Por favor. Solo vete.
Cerrando los ojos se dio la vuelta y le rezó a su madre en el cielo para que él hiciera lo que le pedía…
La mano en el hombro era pesada y cálida.
—Payne. Payne, mírame.
Ya no tenía fuerzas para luchar así que bajó los brazos y enfrentó su mirada inflexible.
—Respóndeme algo —dijo su mellizo.
—¿Qué?
—Amas al bast… tipo. ¿Lo amas?
Payne volvió a mirar a través del cristal al humano que estaba en la cama.
—Sí. Estoy enamorada de él. Y si tratas de disuadirme por el hecho de que no he vivido lo suficiente como para juzgar, te diré que… jódete. No necesito conocer el mundo para comprender el deseo de mi corazón.
Hubo un largo silencio.
—¿Qué dijo Wrath?
—Lo mismo que dirías tú. Que debo borrarme de sus recuerdos y nunca, jamás volver a verlo.
Cuando su hermano no dijo nada más, ella sacudió la cabeza.
—¿Por qué sigues aquí, Vishous? ¿Estás tratando de pensar en qué decirme para hacer que regrese a casa? Déjame ahorrarte el esfuerzo… cuando llegue el alba, iré… y acataré las reglas, pero no debido a que son beneficiosas para ti, para el Rey o para mí misma. Es porque va a ser lo mejor para él… no necesita enemigos como tú o la Hermandad que lo torturen sólo porque siento como lo hago. Así que todo será según tus deseos. Salvo —y en ese momento lo miró fijamente— que no le borraré los recuerdos. Su mente es demasiado valiosa como para arruinarla… y no soportará otro episodio. Lo mantendré a salvo al no volver aquí otra vez, pero no lo condenaré a una vida de demencia. Eso no va a ocurrir… no ha hecho otra cosa más que ayudarme. Se merece algo mejor que ser usado y descartado.
Payne volvió los ojos al cristal.
Y luego de un largo silencio, asumió que su mellizo se había dio. Por lo que casi gritó cuando éste se paró frente a ella y le bloqueó la vista de Manuel.
—¿Todavía sigues aquí? —espetó.
—Yo me encargaré de esto por ti.
Payne retrocedió y luego gruñó.
—No te atrevas a pensar en matarlo…
—Con Wrath. Yo me haré cargo. Yo… —Vishous se restregó el cabello—. Pensaré en algo para que puedas quedártelo.
Payne parpadeó. Y luego sintió que su boca se abría de golpe.
—¿Qué… qué dijiste?
—Hace muchos años que conozco a Wrath. Técnicamente y de acuerdo a las Antiguas Leyes, aquí abajo soy el jefe de nuestra pequeña familia feliz. Iré ante él y le diré que apruebo esta… unión y que pienso que se te debería permitir ver al bast… tipo. Hombre. Manello. —Se aclaró la garganta—. Wrath se preocupa mucho por la seguridad, pero con el mhis que rodea el complejo… Manello no podría encontrarnos aunque quisiera. Además, sería hipócrita negarte algo que otros Hermanos han hecho de tanto en tanto. Joder, Darius tuvo una hija con una humana… y ahora Wrath está casado con esa hija. De hecho… ¿si alguien hubiera intentado separar a nuestro Rey de su Beth cuando la conoció? Hubiera matado a cualquiera que siquiera hiciera la sugerencia. ¿La Mary de Rhage? La misma dificultad. Y debería… ser de la misma forma para ti. Hasta iré a hablar con mahmen, si es necesario.
Payne se llevó la mano a su palpitante corazón.
—No… entiendo ¿por qué harías… algo así?
Él miró por encima del hombro, al humano que ella amaba.
—Eres mi hermana. Y es lo que quieres. —Se encogió de hombros—. Y… bueno, yo me enamoré de una humana. Me enamoré de mi Jane menos de una hora después de conocerla… y sí. Sin ella no soy nada. Si lo que sientes por Manello es siquiera la mitad de lo que yo siento por mi shellan, tu vida nunca estará completa sin él…
Payne embistió a su hermano y lo abrazó. Haciéndolo casi caer.
—¡Oh… hermano mío…!
Él la rodeó con los brazos y la estrechó.
—Siento haber sido tan imbécil.
—Te comportaste como… —buscó otra palabra—. Sí, fuiste un tremendo imbécil.
Él rió y el sonido subió retumbando a través de su pecho.
—¿Ves? Podemos coincidir en algo.
Mientras se aferraba a él, le dijo:
—Gracias… gracias…
Después de un momento, él se apartó.
—Deja que primero hable con Wrath antes de decirle nada a Manello, ¿está bien? Quiero arreglarlo todo de antemano… y sí, me voy a casa ahora mismo. Jane tiene que hacer rondas y la Hermandad tiene la noche libre así que debería poder entrar a ver al Rey directamente. —Hubo una pausa—. Sólo deseo algo a cambio.
—¿Qué? Lo que sea. Sólo dilo.
—Si vas a quedarte aquí hasta el alba, entra. Aquí fuera está frío como la mierda, ¿verdad? —Se apartó—. Ve… ve con tu… macho…— Se frotó los ojos y ella tuvo la sensación de que estaba recordando la escena con la que se topó cuando ella había compartido la ducha con su sanador—. Volveré… ah, te llamaré… ¿Tienes un teléfono? Ten, toma el mío… Joder, no lo tengo.
—Está bien, hermano. Regresaré al amanecer.
—Bien, sí… entonces ya lo sabré.
Ella lo miró fijamente.
—Te quiero.
Entonces él sonrió. Ampliamente, sin reservas. Estirando la mano, le acarició el rostro.
—Yo también te quiero, hermanita. Ahora entra ahí y abrígate.
—Lo haré. —Saltó y lo besó en la mejilla—. Lo haré.
Despidiéndose con la mano se desmaterializó a través del cristal.
Oh, el interior se sentía cálido en comparación con la terraza… o tal vez fuera el torrente de alegría que se había extendido a través de ella. Fuera lo que fuera, giró sobre un pie y luego fue hacia la cama.
Manuel no sólo estaba durmiendo, sino que más bien estaba inconsciente… sin embargo no le importó. Subiéndose a la cama, lo rodeó con el brazo… e instantáneamente, él gimió y se volvió hacia ella acercándola y abrazándola. Cuando sus cuerpos estuvieron unidos y la erección de él empujó contra sus caderas, desvío rápidamente la vista hacia la terraza.
No había razón para forzar la suerte con Vishous… pero ya, se había ido.
Sonriendo en la oscuridad, se acomodo y acarició el hombro de su macho. Todo esto iba a salir bien y la clave era la lógica abrumadora que Vishous había detallado. De hecho, el argumento era tan decisivo, que no podía creer que no se le hubiera ocurrido a ella.
A Wrath podía no gustarle, sin embargo, iba a acceder porque los hechos eran hechos… y él era un gobernante justo que había demostrado una y otra vez que no era esclavo de las antiguas costumbres.
Al acomodarse, supo que de ninguna forma iba a quedarse dormida y de ese modo correr el riesgo de ser incinerada por el sol: al tenderse en la cama junto a Manuel, ella misma estaba en estado incandescente, brillando tan intensamente que creaba sombras en la habitación.
Ella no se dormiría.
Solo quería disfrutar esta sensación.
Para siempre.


Capítulo 45

Vishous llegó a casa en un abrir y cerrar de ojos y después de consultarlo con Jane en la clínica, se dirigió hacia la casa grande a través del túnel subterráneo. Cuando salió al vestíbulo, todo lo que oyó fue un rotundo nada-de-nada y estaba incómodo con el silencio.
Tan malditamente tranquilo.
Por supuesto, normalmente, esto sería debido a que eran las dos de la madrugada y los Hermanos estarían en el campo. Esta noche, sin embargo, todo el mundo estaba resguardado, probablemente teniendo sexo, recuperándose del sexo o empezando otra ronda.
Me siento como si hubiera hecho el amor contigo por primera vez.
Cuando la voz de Jane llegó hasta él, no sabía si sonreír o patearse el culo. Pero como fuera, para él era un nuevo mundo, a partir de esta noche, no es que estuviera completamente seguro de lo que significaba, pero estaba en ello. Estaba muy en ello.
Subiendo a zancadas la escalera principal, fue directamente al estudio de Wrath, mientras palmoteaba cada bolsillo que no tenía. Todavía llevaba el condenado camisón de hospital. Con manchas de sangre. Y sin un maldito cigarrillo.
—Hijo de puta.
—¿Señor? ¿Necesita algo?
Mientras se detenía en lo alto de la escalera, miró a Fritz, que estaba limpiando la barandilla y casi estuvo a punto de darle un beso en la boca al mayordomo.
—No tengo papel para liar tabaco.
El anciano doggen sonrió tan ampliamente que las arrugas en su cara le hicieron parecer un Shar-Pei.
—Abajo en la despensa tengo muchos. Vuelvo enseguida. ¿Va a encontrarse con el Rey?
—Sí.
—Se los traigo. ¿Quizás también una bata?
La segunda parte fue dicha con delicadeza.
—Mierda, gracias, Fritz. Eres un salvavidas.
—No, usted lo es, señor —se inclinó—. Usted y la Hermandad nos salvan a todos cada noche.
Fritz salió disparado, bajando por la escalera con más velocidad en sus pasos de la que se esperaría. Bien pensado, a él no le gustaba nada más que estar de servicio. Lo que era muy agradable.
Bueno. Tiempo para ir a trabajar.
Sintiéndose como un desecho total bajo el camisón de hospital V fue hacia las puertas cerradas del estudio de Wrath y golpeó la puerta con los nudillos.
La voz del rey llegó a través de los pesados paneles de madera.
—Entra.
V entró.
—Soy yo.
—Qué tal, hermano.
Wrath estaba sentado en el trono de su padre detrás de su enorme escritorio, en el otro extremo de la sala pintada con colores suaves de maricón. En el suelo, a su lado y descansando en su cama de perro Orvis en rojo real, George alzó su rubia cabeza y levantó sus perfectas orejas triangulares. El golden retriever saludó golpeando la cola, pero no abandonó el lado de su amo.
El Rey y su perro lazarillo nunca se separaban. Y no era porque Wrath necesitara su ayuda.
—Y que, V —Wrath se recostó en su silla tallada, bajando la mano para acariciar la cabeza del perro—. Tu olor es interesante.
—Lo es —V tomó asiento frente al Rey, poniendo las palmas de las manos sobre los muslos y apretándolas en un intento de distraerse de su ansia de nicotina.
—Dejaste la puerta abierta.
—Fritz va a traerme algunos cigarrillos.
—No encenderás un cigarrillo cerca de mi perro.
Joder
—Aaahh… —había olvidado la nueva norma… y pedirle a George que se tomara un descanso era imposible después de todo, Wrath podía haber perdido la vista, pero el cabrón seguía siendo mortífero y V había conseguido bastante de S y de M esta noche, gracias.
Fritz entró justo cuando las negras cejas del Rey bajaban tras sus gafas.
—Sire, su tabaco —dijo alegremente el mayordomo.
—Gracias, amigo —V aceptó los papeles de liar y la bolsa de tabaco… y el mechero que el mayordomo suministró solícitamente. Así como la bata.
La puerta se cerró.
V miró al perro. La gran cabeza cuadrada de George estaba sobre sus patas, sus amables ojos marrones parecían disculparse por la suspensión de la rutina general de encender cigarrillos. Incluso hizo un movimiento tentativo con la punta de la cola.
Vishous acarició la bolsa de delicioso tabaco Turco como un patético perdedor.
—¿Te importa si sólo lío un par?
—Un toque a la piedra del mechero y te machacaré en la alfombra.
—Comprendido —V alineó las cosas sobre el escritorio—. Vine para hablar de Payne.
—¿Cómo está tu hermana?
—Está... increíble —abrió la bolsa de tabaco, inhaló y tuvo que retener su mmm—. Eso funciona… no estoy seguro cómo, pero ha vuelto a la vida normal, de verdad. De pie, como nueva.
El Rey se inclinó hacia delante.
—No… jodas ¿De verdad?
—Al cien por cien.
—Es un milagro.
Evidentemente, llamado Manuel Manello.
—Se podría llamar así.
—Bien, esta es una noticia cojonuda. ¿Vas a conseguirle una habitación aquí? Fritz puede…
—Es un poco más complicado que eso.
Mientras esas cejas desaparecían de nuevo bajo las gafas, V pensó que, tío, incluso aunque el Rey estaba completamente ciego, todavía parecía centrarse como siempre hacía. Lo que te hacía sentir como si tuvieras un punto de mira enfocado en tu lóbulo frontal.
V empezó a sacar pequeños cuadrados blancos.
—Es ese cirujano humano.
—Oh… mierda —Wrath se puso las gafas de sol en la frente y se frotó los ojos—. No me tengas en ascuas y dime que han conectado.
V permaneció callado, cogiendo la bolsa y organizando las cosas.
—Estoy esperando que me digas que me equivoqué —Wrath dejó las gafas en su sitio—. Continúo esperando.
—Ella está enamorada de él.
—¿Y estás de acuerdo con eso?
—Por supuesto que no. Pero podría citarse con un Hermano y el hijo de puta no ser lo suficientemente bueno para ella —cogió uno de los papeles y empezó a enrollarlo—. Por tanto… si ella lo quiere, digo vive y deja vivir.
—V… sé que punto de vista vas a tomar y no puedo permitirlo.
Vishous se detuvo a medio lamer y consideró traer a Beth a la feliz conversación. Pero el Rey ya se veía como si tuviera dolor de cabeza.
—Y una mierda no puedes permitirlo. Rhage y Mary…
—A Rhage le dieron una paliza, ¿recuerdas? Por una razón. Por otra parte, los tiempos están cambiando, V. La guerra se está acelerando, la Sociedad Lessening está reclutando como una hija de puta… y encima de eso, están las mitades cortadas-no-picadas que encontraste en el centro anoche.
Maldita sea, pensó V. Aquellos sacrificados asesinos…
—Además acabo de recibir esto —sin mirar, Wrath tocó a su izquierda y levantó una página de Braille—. Es una copia de una carta que fue enviada por correo electrónico a lo que queda de las Familias Fundadoras. Xcor se ha reubicado con sus chicos, es por lo que encontraste a esos Lessers en la condición que lo hiciste.
Maldita… sea. Sabía que era él.
—Nos está preparando.
V se puso rígido.
—¿Para qué?
Wrath le lanzó una mirada de "tío céntrate" por encima de la mesa.
—La gente ha perdido ramas enteras de sus familias. Han huido de sus hogares, pero quieren regresar. Mientras tanto, las cosas son cada vez más peligrosas en lugar de más seguras en Caldwell. En este momento no debe darse nada por sentado.
Interpretación: No suponía que su trono fuera seguro. No importa lo que había atravesado para sentarse en él.
—Por tanto no es que no entienda a donde va Payne —dijo Wrath—. Pero tenemos que cerrar filas y atrincherarnos. Ahora no es el momento para añadir la complicación de un humano aquí.
Las cosas se tranquilizaron por un momento.
Mientras V consideraba sus contrapuntos, cogió otro cuadrado de papel, lo enrolló apretadamente, lamió la cubierta, lo retorció.
—Él ayudó a mi Jane anoche. Cuando los Hermanos y yo regresamos aquí después de la pelea en ese callejón, Manello fue práctico y algo más. Es un cirujano espectacular y debo reconocerlo. Me operó. Está lejos de ser inútil —V miró por encima de la mesa—. Si la guerra se intensifica aún más, podríamos usar un juego extra de manos de cirujano en la clínica.
Wrath maldijo. Y después en el Lenguaje Antiguo.
—Vishous…
—Jane es impresionante, pero sólo está ella. Y Manello tiene habilidades técnicas que ella no tiene.
Wrath apuntaló sus gafas y se frotó de nuevo. Con fuerza.
—¿Me estás diciendo que ese tío va a querer venir a vivir en esta casa día y noche durante toda su vida? Es mucho pedir.
—Entonces hablaré con él.
—No me gusta esto.
Se produjo un laaaargo silencio. Lo que le dijo a V que estaba haciendo progresos. Sin embargo, sabía que no debía presionar.
—Pensé que querías matar al bastardo —se quejó Wrath. Como si eso fuera preferible como objetivo.
Repentinamente, la imagen de Manello de rodillas frente a Payne destelló en la mente de V, hasta que quiso coger un bolígrafo y sacarse los ojos.
—Aún quiero —dijo tristemente—, pero… él es a quien ella quiere, de verdad. Que voy a hacer.
Otro laaaargo silencio, durante el cual hizo un montón, satisfactoriamente grande, de cigarrillos.
Finalmente Wrath se pasó una mano por su larguísimo pelo negro.
—Si ella lo quiere ver fuera de aquí, no es asunto mío.
Vishous abrió la boca para discutir y luego la cerró. Eso era mejor que un rotundo no y quién sabía qué traería el futuro. Si V podía evolucionar hasta un nivel en el que, incluso después de la Pesadilla de la Ducha, Manello permanecía respirando entre los vivos, cualquier condenada cosa podía pasar.
—Suficiente —soltó la bolsa de tabaco—. ¿Qué vamos a hacer con Xcor?
—Espera hasta que el Consejo convoque una reunión sobre él, lo que sin duda será en el próximo par de noches. La Glymera se va a comer esta mierda y luego podemos tener problemas de verdad —añadió el Rey, en tono seco—. A diferencia de todas nuestras chapuzas.
—¿Quieres aquí a la Hermandad para una reunión?
—No. Démosles el resto de la noche libre. Esto no va a desaparecer.
V se puso de pie, se puso la bata y recogió la hilera de cigarrillos.
—Gracias por esto. Ya sabes, con respecto a Payne.
—No es un favor.
—Es el mejor mensaje para llevarle.
Vishous estaba a mitad de camino hacia la puerta cuando Wrath dijo:
—Va a querer pelear.
V dio la vuelta.
—¿Perdona?
—Tu hermana —Wrath puso los codos sobre todo el papeleo y se inclinó, con su endurecida y solemne mirada —. Necesitas prepararte para cuando ella pida salir y luchar.
Oh, mierda, no.
—No estoy escuchando esto.
—Lo harás. He peleado contra ella. Es tan letal como tú y yo y si crees que va a estar contenta merodeando alrededor de esta casa durante los próximos seiscientos años, estás mal de la cabeza. Más tarde o más temprano, es lo que va a querer.
Vishous abrió la boca. Luego la cerró.
Bueno, había tenido un buen rato disfrutando de la vida por aproximadamente… veintinueve minutos.
—No me digas que lo permitirías.
—Xhex pelea.
—Ella es asunto de Rehvenge. No nuestro —las cejas de Wrath desaparecieron por tercera vez—. Es un criterio diferente.
—Número uno, todo el mundo bajo este techo es asunto mío. Y dos, no hay diferencia sólo porque ella es tu hermana.
—Por supuesto —Que. Es—. No.
—Uh-huh. Correcto.
Vishous se aclaró la garganta.
—Estás pensando seriamente en dejarla…
—Has visto como estaba yo después de que entrenáramos, ¿verdad? No le daba en absoluto ningún margen de maniobra, Vishous. Esa hembra sabe lo que está haciendo.
—Pero ella es… —mi hermana—. No puedes dejarla ir por ahí.
—Ahora mismo, necesito tantos luchadores como tengo.
Vishous se puso un cigarrillo entre los labios.
—Creo que es mejor que me vaya.
—Buena idea.
Tan pronto como salió y tuvo la puerta cerrada, encendió el mechero de oro que Fritz le había dado e inhaló como una aspiradora Dyson.
Mientras pensaba en su siguiente movimiento, supuso que podía destellar de vuelta al Commodore y comunicarle las alegres noticias a su hermana, pero estaba más que un poco asustado de lo que él había conseguido. Además, tenía hasta el amanecer para convencerse de que Payne en el campo no era una idea como el Edsel[i].
Además, había otra persona a la que tenía que ver.
Bajando la escalera, cruzó el recibidor y alcanzó el vestíbulo. Fuera, caminó rápidamente a través del patio de grava y entró en el Pit a través de su sólida puerta delantera.
La familiaridad de los sofás, la pantalla de plasma y la mesa de futbolín le aliviaron.
¿Ver la botella vacía de Lag en la mesita de café? No tanto.
—¿Butch?
Ninguna respuesta. Entonces fue por el pasillo hasta la habitación del poli. La puerta estaba abierta y dentro… no había nada más que el enorme armario de Butch y una cama vacía y desordenada.
—Estoy aquí.
Frunciendo el ceño, V volvió sobre sus pasos y se asomó dentro de su propia habitación. Las luces estaban apagadas, pero los apliques en el pasillo alumbraban lo suficiente para pasar.
Butch estaba sentado al otro lado de la cama, de espaldas a la puerta, con la cabeza colgando y sus fuertes hombros caídos.
Vishous entró y cerró la puerta. Ni Jane ni Marissa iban a aparecer, ambas estaban ocupadas con sus trabajos. Pero Fritz y su personal probablemente irían a barrer en algún momento y ese mayordomo, Dios lo amara, ni siquiera llamaba a las puertas cerradas. Había vivido aquí demasiado tiempo.
—Hey —dijo V en la oscuridad.
—Hey.
V se adelantó, rodeando los pies de la cama y utilizando la pared para guiarse. Bajando el culo al colchón, se sentó al lado de su mejor amigo.
—¿Jane y tú estáis bien? —preguntó el poli.
—Sí. Ella está bien —como un eufemismo—. Llegó justo cuando me desperté.
—La llamé.
—Me lo imaginé —Vishous giró la cabeza y miró por encima, aunque apenas importaba en la absoluta oscuridad—. Gracias por eso…
—Lo siento —dijo Butch con voz ronca—. Oh, Dios, lo siento…
La ronca exhalación que salió fue un sollozo apenas encubierto.
A pesar de no ver nada, V extendió el brazo y rodeó con él al poli. Acercando al macho a su pecho, apoyó la cabeza sobre la de su compañero.
—Está bien —dijo ásperamente—. Todo está bien. Está bien… Hiciste lo correcto…
De alguna manera terminó moviendo al hombre para que se tendieran juntos y puso los brazos alrededor del poli.
Por alguna razón, pensó en la primera noche que pasaron juntos. Había sido hacía un millón de años, de vuelta a la mansión de Darius en la ciudad. Dos camas gemelas juntas en el piso de arriba. Butch le preguntó sobre los tatus. V le había dicho que se metiera en sus propios asuntos.
Y aquí estaban otra vez en la oscuridad. Dado todo lo que había sucedido desde entonces, era casi incomprensible que hubieran sido alguna vez esos dos machos que se habían unido por los Sox.
—No me pidas que lo haga de nuevo a corto plazo —dijo el poli.
—Hecho.
—Tranquilo. Si lo necesitas… avísame.
En la punta de la lengua de V estaba el decir algo así como nunca otra vez, pero eso eran tonterías. El poli y él habían hecho rondas en la planta psiquiátrica de V demasiadas veces y aunque se estaba corrigiendo… nunca sabías.
Por lo que solo repitió el voto que se había hecho a sí mismo con Jane. De ahora en adelante, iba a dejar la mierda fuera. Incluso si esto le hacía sentirse incómodo hasta el punto de gritar, era mejor que la estrategia de reprimirlo todo. Más sano también.
—Espero que no sea necesario —murmuró—. Pero gracias, socio.
—Otra cosa más.
—¿Qué?
—Creo que ahora estamos saliendo —cuando V soltó una carcajada, el poli se encogió de hombros—. Vamos… te tuve desnudo. Llevabas un maldito corsé. Y no me hagas hablar del posterior baño de esponja.
—Hijo de puta.
—Hasta el final.
Mientras su risa se desvanecía, V cerró los ojos y bloqueó su cerebro. Con el gran pecho de su mejor amigo contra el suyo y el conocimiento de que él y Jane estaban otra vez unidos, su mundo estaba completo.
Ahora, si sólo pudiera mantener a su hermana fuera de las calles y alejada de los callejones por la noche… la vida sería malditamente perfecta.



[i] Marca de automóviles creada por Ford y que se considera como el mayor fracaso automovilístico de la historia.

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