martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 52 53 54

Capítulo 52

Cuando Payne volvió a la consciencia, no abrió los ojos. No había razón para revelar el hecho que estaba al tanto de lo que la rodeaba.
Las sensaciones del cuerpo la informaron de su situación: estaba de pie, con las muñecas encadenadas y extendidas a los lados, y la espalda contra una pared de piedra que estaba húmeda. Los tobillos, asimismo, atados y apartados de su cuerpo y la cabeza colgaba al frente en una posición muy incómoda.
Cuando tomó aire, olió tierra almizclada y voces de machos se filtraron desde la izquierda de donde ella estaba.
Unas voces muy profundas. Arrojaban una retumbante excitación, como si algo a lo que pudieran sacar provecho hubiera caído entre sus garras.
Era ella.
Mientras reunía fuerzas, no se hacía ilusiones sobre lo que le iban a hacer. Pronto. Y mientras trataba de recuperarse, rehuyó los recuerdos de su Manuel… de cómo, si esos machos hacían lo suyo, se la beneficiarían muchas veces antes de asesinarla, tomando lo que justamente debería haber sido de su sanador…
Excepto que no podía y no quería pensar en él. Ese conocimiento era un agujero negro que la succionaría y la atraparía, e inutilizaría sus escasas defensas.
En vez de ello, tiró de los hilos de su memoria, cotejando las imágenes de las caras de sus secuestradores con lo que sabía de los cuencos del Santuario.
¿Por qué? se preguntó. Ella no tenía ni una pista de porqué aquel con el labio destrozado la había agredido con tanto odio…
—Sé que estás despierta. —La voz era increíblemente baja, con fuerte acento, desde la derecha, junto a su oído—. Tu patrón de respiración ha cambiado.
Levantando los párpados junto con la cabeza, dirigió su mirada hacia el soldado. Él estaba en las sombras a su lado por lo que no podía verle adecuadamente.
De golpe, las otras voces se silenciaron y sintió muchas miradas sobre ella.
Entonces eso era lo que sentía una presa.
—Me duele que no recuerdes nada de mí, hembra. —Ante eso, se acercó una vela a la cara—. He pensado en ti cada noche desde que nos conocimos. Cientos y cientos de años antes.
Ella entrecerró los ojos. Pelo negro. Ojos crueles de un azul profundo. Y un labio leporino con el que obviamente había nacido.
—Recuérdame. —No era una petición, sino una orden—. Recuérdame.
Y entonces volvió. El pequeño pueblo al margen de una arbolada cañada. Donde había matado a su padre. Éste era uno de los soldados del Bloodletter. Sin duda, todos ellos lo eran.
Oh, ella era definitivamente la presa, pensó. Y ellos estaban deseando cazarla, antes de matarla como represalia por haber apartado a su líder de ellos.
Recuérdame.
—Eres un soldado del Bloodletter.
No —ladró él acercando su cara a la de ella—. Soy más que eso.
Cuando ella frunció el ceño, él simplemente retrocedió y paseó alrededor en un cerrado círculo, los puños fuertemente apretados, la vela chorreando cera en su mano encogida.
Cuando regresó al centro y frente a ella, estaba controlado. Apenas.
—Soy su hijo. Su hijo. Tú me robaste a mi padre…
—Imposible.
—… injustamente… ¿Qué?
—Es imposible que tú seas su hijo.
Cuando sus palabras se registraron, la furia ciega en su cara era la viva definición del odio profundo y la mano de él temblaba mientras la levantaba por encima del hombro.
Le dio una bofetada tan fuerte que vio las estrellas.
Cuando Payne enderezó la cabeza y se encontró mirándole a la cara, decidió que no iba a formar parte de eso. No de su equivocada creencia. No de ese grupo de machos evaluándola. No de su ignorancia criminal.
Payne mantuvo la mirada de su captor.
—El Bloodletter engendró una y solo una cría macho…
—El Hermano de la Daga Negra Vishous. —Una risa dura resonó—. He oído bien la historia de sus perversiones…
—¡Mi hermano no es un pervertido!
En este punto Payne perdió todo el control, la furia que la había llevado a través de la noche en que había matado a su padre regresando y asumiendo el control. Vishous era de su sangre y su salvador por todo lo que había hecho por ella. Y no iba a permitir que le faltaran al respeto… incluso si defenderle le costaba la vida.
Entre un latido y el siguiente fue consumida por una energía interna que iluminó el sótano en el que se encontraban todos con una luz blanca brillante.
Las esposas se consumieron, cayendo al repleto y sucio suelo haciendo un ruido metálico.
Y el macho ante ella saltó atrás y se preparó en postura de lucha mientras los otros agarraron las armas. Pero ella no iba a atacar… al menos, no físicamente.
—Escuchadme ahora —proclamó ella—. He nacido de la Virgen Escriba. Soy del Santuario de las Elegidas. Por lo que cuando os digo que el Bloodletter, mi padre, no produjo ningún otro ejemplar macho, eso es ley.
—Falso —exhaló el macho—. Y tú… tú no puedes haber nacido de la Madre de la raza. Nadie ha nacido de ella…
Payne levantó sus brillantes manos.
—Soy lo que soy. Niégalo por tu cuenta y riesgo.
La tez del macho se drenó de todo el color que había tenido y hubo un largo y tenso punto muerto, mientras las armas convencionales apuntaban en su dirección y ella resplandecía con bendita furia.
Y entonces la postura de lucha del líder de los soldados se relajó, las manos cayendo a los lados, los muslos enderezándose.
—No puede ser —se atragantó—. Nada de ello…
Macho idiota, pensó ella.
Irguiendo la barbilla, ella declaró:
—Soy un ejemplar engendrado por el Bloodletter y la Virgen Escriba. Y te digo ahora...—dio un paso al frente hacia él— …que yo maté a mi padre, no al tuyo.
Alzando la mano, la desplegó atrás y se la estampó atravesándole la cara.
—Y no insultes a mi sangre.
*  *
Cuando la hembra le golpeó, la cabeza de Xcor dio un latigazo tan forzado y tan rápido hacia el lado, que tuvo que tirar de su hombro en un esfuerzo por mantener la maldita cosa pegada a su columna vertebral. La sangre fluyó inmediatamente en el interior de su boca y escupió fuera parte de ella antes de enderezarse.
En verdad, la hembra ante él era magnifica en su furia y determinación. Casi tan alta como él, le miraba directamente a los ojos, los pies plantados, las manos en puños preparados para utilizar contra él y su panda de bastardos.
Esta no era una hembra ordinaria. Y no sólo por el modo en que había deshecho aquellas esposas.
De hecho, cuando ella encontró de lleno su mirada, le recordó a su padre. Tenía la voluntad de hierro del Bloodletter no sólo en la cara o en los ojos o en el cuerpo. Estaba en su alma.
Efectivamente, él tenía una muy clara sensación de que podían caer todos sobre ella y que ella lucharía con cada uno de ellos hasta el último aliento y el último latido de su corazón.
Dios sabía que ella abofeteaba como un guerrero. No como una hembra de muñeca débil.
Pero…
—Él era mi padre. Él me lo dijo.
—Él era un mentiroso. —Es más, ella ni parpadeó. Ni bajó la mirada o la barbilla—. He sido testigo dentro de los cuencos de visión de incontables hijas bastardas. Pero sólo hubo uno y sólo un hijo varón, y ése es mi mellizo.
Xcor no estaba preparado para escuchar esto frente a sus machos.
Él les miró. Incluso Throe se había armado y en cada una de sus caras había una furia impaciente. Una seña de su cabeza y la atacarían, incluso si ella los incinerase a todos.
—Dejadnos —ordenó él.
Sin sorprenderle, Zypher fue el único que comenzó a discutir.
—Permítenos sostenerla mientras tú…
—Dejadnos.
Hubo un momento de inmovilidad. Luego Xcor gritó:
—¡Dejadnos!
En un destello, ellos despegaron y se desvanecieron por el hueco de la escalera hacia la oscuridad de la casa que estaba sobre ellos. Luego la puerta se cerró y las pisadas resonaron desde arriba, mientras caminaban de un lado a otro como animales enjaulados.
Xcor se volvió a centrar en la hembra.
Y por muchísimo tiempo, simplemente la contempló.
—Te he buscado durante siglos.
—No he estado sobre la Tierra. Hasta ahora.
Ella continuaba erguida mientras él la enfrentaba en privado. Completamente erguida. Y cuando examinó su cara, pudo sentir un cambio glacial en el campo de hielo de su corazón.
—¿Por qué? —dijo violentamente—. ¿Por qué le… mataste?
La hembra parpadeó despacio como si no quisiera mostrar vulnerabilidad y necesitase un momento para estar segura que no transmitía ninguna.
—Porque hizo daño a mi mellizo. Él… torturó a mi hermano y por eso era necesario que muriera.
Por lo que quizás la leyenda tenía cierta veracidad después de todo, pensó Xcor.
En efecto, como muchos soldados, conocía desde hacía mucho tiempo la historia de que el Bloodletter había ordenado que su hijo engendrado fuera inmovilizado sobre el suelo y tatuado... y luego castrado. La leyenda decía que el daño se había producido, pero parcialmente… se rumoreaba que Vishous había quemado mágicamente las ataduras que lo sostenían y luego escapado al interior de la noche, antes de que el corte hubiera sido completado.
Xcor revisó las esposas que habían caído de las muñecas de la hembra… quemadas.
Elevando sus propias manos, miró hacia abajo a la carne. Que nunca había resplandecido.
—Él me dijo que nací de una hembra que había visitado por la sangre. Me dijo… que ella no me quiso por mi… —tocó su deforme labio superior, dejando la frase inacabada—. Él me acogió… me enseñó a luchar. A su lado.
Xcor era vagamente consciente de que su voz era áspera, pero no le importó. Se sentía como si se estuviera mirando en un espejo y viendo un reflejo de sí mismo que no reconocía.
—Me dijo que era su hijo… y me reconoció como tal. Después de su muerte, seguí sus pasos, como hacen los hijos.
La hembra lo valoró y luego agitó la cabeza.
—Y yo te digo que mintió. Mírame a los ojos. Reconoce que digo la verdad que deberías de haber oído tiempo, tiempo atrás. —La voz cayó hasta un mero susurro—. Conozco bien la traición de la sangre. Conozco el dolor que sientes ahora. No es correcta esta carga que llevas. Pero no bases tu venganza en una fantasía, te lo ruego. Puesto que puedo estar obligada a matarte… y si no lo hago, mi mellizo te dará caza con la Hermandad y hará que ruegues por tu propio fallecimiento.
Xcor examinó su interior y vio algo que despreció, pero no pudo ignorar. No tenía memoria de la perra de la que había nacido, pero conocía muy bien la historia de cómo ella le había expulsado de la sala de nacimiento debido a su fealdad.
Había querido ser reclamado. Y el Bloodletter había hecho eso… la desfiguración física nunca había importado para ese macho. Sólo habían importado las cosas que Xcor había tenido en abundancia: velocidad, resistencia, agilidad, fuerza… y un enfoque mortífero.
Xcor había supuesto siempre que lo había obtenido por parte de su padre.
—Él me dio nombre —se oyó a sí mismo diciendo—. Mi madre me rechazó. Pero el Bloodletter… me dio nombre.
—Lo siento tanto.
¿Y lo más extraño? Él la creía. La que una vez había estado preparada para luchar hasta la muerte, ahora parecía estar entristecida.
Xcor se alejó unos pasos de ella y caminó alrededor.
Si no era el hijo del Bloodletter, ¿quién era? Y, ¿lideraría todavía a sus machos? ¿Le seguirían a la batalla alguna vez de nuevo?
—Considero el futuro y veo… nada —susurró él.
—Sé cómo se siente eso también.
Se detuvo y enfrentó a la hembra. Había unido los brazos sobre el pecho y no le estaba mirando a él, sino a la pared más alejada de ella. En sus rasgos, vio la misma vacía desolación que había dentro de su propio pecho.
Poniendo firmes los hombros, se dirigió a ella.
—No tengo ningún asunto por resolver contigo. Tus acciones dirigidas contra mi p… —pausa— …contra el Bloodletter… se tomaron por tus propios y válidos motivos.
De hecho, habían sido dirigidas por la misma lealtad a la sangre y venganza que habían animado su búsqueda de ella.
Como un guerreo haría, ella dobló la cintura, aceptando su cambio de opinión y limpiando el aire entre ellos.
—¿Soy libre de marchar?
—Sí… pero es de día. —Cuando ella miró a su alrededor a las literas y catres como si imaginara a los machos que la habían deseado, él objetó—. Ningún daño te sobrevendrá aquí. Soy el líder y yo… —Bien, había sido el líder—. Pasaremos el día escaleras arriba para tu privacidad. Comida y bebida están allí sobre la mesa.
Xcor hizo esas concesiones de modestia y aprovisionamiento no debido a las gilipolleces del tema del decoro con una Elegida. Sino porque esta hembra era… algo que respetaba: si era probable que alguien entendiera la importancia de la venganza a un insulto para con tu familia, ese era él. Y el Bloodletter le había hecho un daño permanente a su hermano.
—Para cuando caiga la noche —dijo—, te sacaremos de aquí con los ojos vendados, de modo que no puedas saber dónde nos guarecemos. Pero te liberaremos ilesa.
Dándole la espalda, él inspeccionó la única litera que no tenía colcha. Sintiéndose como un tonto, así y todo estiró la arrugada manta. No había almohada, por lo que se agachó y recogió un montón de sus camisetas limpias.
—Aquí es donde duermo… puedes usar ésta para tu reposo. Y por si acaso te sientes preocupada por tu seguridad o virtud, hay una pistola debajo a cada lado en el suelo. Pero no temas. Te encontrarás llegando a la puesta de sol a salvo.
Él no hizo un voto formal por su honor, porque en verdad, no tenía. Y no volvió la vista atrás cuando se dirigió a las escaleras.
—¿Cómo te llamas? —preguntó ella.
—¿Todavía no sabes eso, Elegida?
—No lo sé todo.
—Aye. —Él puso la mano en la rugosa barandilla—. Yo tampoco. Buenos días, Elegida.
Mientras ascendía por las escaleras, sintió como si hubieran pasado siglos desde que había traído en brazos el cuerpo inanimado y cálido de la hembra al sótano.
Abriendo la sólida puerta de madera, no tenía ni idea de en lo que se estaría metiendo. Siguiendo al anuncio de su estatus, sus machos bien podrían reunirse y decidir rechazarle.
Estaban allí todos, en un semicírculo, Throe y Zypher haciendo de sujeta-libros del grupo. Las armas en las manos y en sus caras había una sombría sentencia de muerte… y estaban esperándole para decir algo.
Cerró la puerta y se recostó contra ella. No era un cobarde para huir de ellos o de lo que había ocurrido abajo y no veía ningún beneficio en amortiguar lo que había sido revelado, con palabras cuidadosas o pausas.
—La hembra dijo la verdad. No soy un pariente de sangre de aquel quien pensé era mi padre y sire. Así que, ¿qué decís todos vosotros?
Ellos no pronunciaron palabra. Ni se miraron unos a los otros. Y no hubo dudas. Como uno, cayeron sobre sus rodillas, descendiendo hasta las tablas del suelo e inclinaron las cabezas.
—Siempre tuyos para lo que ordenes.
Ante esa respuesta, Xcor aclaró su garganta. Y lo hizo de nuevo. Y una vez más. En el Antiguo Lenguaje, pronunció:
Ningún líder ha visto nunca unas espaldas tan fuertes y con una lealtad mayor como las que están reunidas ante mí.
Los ojos de Throe se elevaron.
—No ha sido la memoria de tu padre a lo que hemos servido todos estos años.
Hubo un gran grito de conformidad… que fue mejor que cualquier voto en lenguaje florido que pudiera haber sido dicho. Y entonces enterraron las dagas en los tablones de madera del suelo, a sus pies, las empuñaduras asidas por los puños de los soldados, quienes estaban y permanecían, suyos para comandarlos.
Y tendría que haber dejado las cosas allí, pero sus planes a largo plazo requerían una revelación y una confirmación adicional.
—Tengo un propósito más grande que el de luchar en paralelo a la Hermandad —dijo en tono bajo, para que la hembra en el nivel inferior no pudiera oír nada—. Mis ambiciones son una sentencia de muerte si las descubren otros. ¿Entendéis lo que os digo?
—El Rey —susurró alguien.
—Aye. —Xcor examinó cada uno de los ojos de los demás—. El Rey.
Ninguno de ellos apartó la mirada o se levantó. Eran una sólida unidad de músculo, fuerza y letal determinación.
—Si eso cambia algo para alguno de vosotros —pidió él— que me lo diga ahora y podrá irse cuando caiga la noche, para no volver más bajo pena de muerte.
Throe rompió filas para bajar la cabeza. Pero eso fue lo más lejos que llegó. No se levantó y se alejó, y ningún otro lo hizo tampoco.
—Bien —dijo Xcor.
—¿Y en cuanto a la hembra? —preguntó Zypher con una sonrisa oscura.
Xcor negó con la cabeza.
—Absolutamente no. Ella no merece castigo.
Las cejas del macho se levantaron.
—Perfecto. Puedo hacerlo bueno para ella, en su lugar.
Oh, por Dios, era simplemente demasiado como el maldito Lhenihan.
—No. No la tocarás. Es una Elegida. —Esto captó la atención de ellos, pero él no iba a llegar más lejos con las revelaciones. Ya habían tenido más que suficientes de ellas—. Y dormiremos aquí arriba.
—¿Qué demonios? —Zypher se incorporó y el resto le siguieron—. Si dices que está fuera de los límites, la dejaré sola, así como los otros. ¿Por qué…?
—Porque eso es lo que decreto.
Para reforzar el punto, Xcor se sentó al pie de la puerta. Poniendo la espalda contra los paneles. Confiaba en sus soldados con su vida en el campo de batalla, pero había una hermosa y fuerte hembra allá abajo y ellos eran unos cachondos hijos de puta en celo, la gran mayoría.
Habrían pasado por encima de él para tenerla.
Después de todo, era un bastardo, pero no estaba exento de códigos y ella merecía la protección que probablemente no necesitase por la buena hazaña que le había hecho a él.
¿Matar al Bloodletter?
Bueno, eso había sido un favor hacia Xcor, por como había terminado.
Porque significaba que no tenía que rendir cuentas del fallecimiento del embustero en su propia y fea cabeza de cabronazo.

Capítulo 53

Manny estaba tras el volante de su coche, las manos maniobrando con brusquedad, los ojos fijos en la carretera frente a él, cuando tomó un giro cerrado… y condujo directamente dentro del tipo exacto de escena que había descrito Vishous.
En. Cuanto. Al. Jodido. Tiempo. Le había llevado sólo sus buenas tres horas de cruzar y volver a entrecruzar circulando alrededor de manzana tras manzana tras jodida manzana, el topar con la maldita cosa.
Pero sí, esto era lo que estaba buscando: A las 10 a.m., con la luz del sol sangrando entre los edificios, un resbaladizo y aceitoso lío se reflejaba sobre el pavimento, las paredes de ladrillo, el Dumpster y esas ventanas con malla de gallinero.
Soltando el embrague, puso el cambio de marchas en punto muerto y pisó el freno.
En el instante que abrió la puerta, tuvo que retroceder.
—Mierda.
El hedor era indescriptible. Probablemente porque se disparó directo al interior de su nariz y desconectó su cerebro. Era puñeteramente espantoso.
Pero lo reconoció. El tipo con la gorra de los Sox había apestado a aquello la noche que Manny había operado a los vampiros.
Desbloqueando su teléfono, llamó al número supersecreto de Vishous y pulsó enviar. La línea apenas dio un tono antes de que el mellizo de Payne contestara.
—Lo tengo —dijo Manny—. Es todo como dijiste… tío, el olor. Justo. Sí. Entendido. Hablamos en dos.
Cuando colgó, estaba perdiendo una parte de él, pensando en la posibilidad de que Payne hubiera estado envuelta en lo que era claramente un baño de sangre. Pero se mantuvo entero mientras buscaba algo alrededor, cualquier cosa, que pudiera decirle qué había ocurrido…
—¿Manny?
—¡Hija de puta! —Mientras giraba en redondo sobre sus talones, agarró su cruz o quizás era su corazón, por el modo en que la maldita cosa había estallado tras su esternón—. ¿Jane?
La forma fantasmal de su ex jefa de traumatología se solidificó ante sus ojos.
—Hola.
Su primer pensamiento fue, “Oh Dios, el sol…”, lo cual acababa de demostrarle lo mucho que su vida había cambiado.
—¡Espera! ¿Te va bien la luz del día…?
—Estoy bien. —Ella extendió la mano y le tranquilizó—. He venido a ayudar… V me dijo donde estabas.
Él encogió el hombro brevemente.
—Estoy… de verdad… condenadamente encantado de verte.
Jane le dio un rápido y apretado abrazo.
—Vamos a encontrarla. Lo prometo.
Claro, ¿pero en qué condición iba a estar?
Trabajando juntos, peinaron ambos el callejón, abriéndose camino dentro y fuera, entre las sombras y las zonas iluminadas. Gracias a Dios todavía era temprano y esta era una zona desierta de la ciudad, porque él no estaba en un estado mental en el que pudiera tratar con la complicación de gente, especialmente la policía, apareciendo.
Durante la siguiente media hora, él y Jane hurgaron en cada centímetro cuadrado de callejón, pero todo lo que encontraron fueron restos de consumo de drogas, algunos desperdicios y numerosos condones los cuales no tenía intención de mirar muy de cerca.
—Nada —murmuró él—. Condenadamente nada.
Perfecto. Cualquier cosa. Simplemente iba a seguir en movimiento, a seguir rastreando, a seguir con esperanzas…
Un sonido de algo vibrando le hizo girar la cabeza y luego le llevó hasta el Dumpster.
—Algo está sonando por aquí —gritó mientras se arrodillaba. Excepto que conociendo su suerte, no sería más que una rata desayunando.
Jane llegó justo cuando intentaba alcanzarlo bajo el cubo.
—Creo… creo que es un teléfono —gruñó cuando se estiró y tanteó con los dedos, con la esperanza de pillarlo—. Lo tengo.
Retirándose con cuidado, encontró la cosa. Sí, era un móvil roto y el trasto estaba en modo vibración, lo que explicaba el sonido. Desafortunadamente, quienquiera que estuviera llamando, fue a parar a la mierda del buzón de voz justo cuando fue a pulsar para contestar y se quedó fuera.
—Joder tío, está todo cubierto de esa mierda de tinta. —Se limpió la mano en el borde del Dumpster… lo que ya decía mucho—. Y la cosa está protegida con contraseña.
—Necesitamos llevárselo a V… él puede hackear cualquier cosa.
Manny se puso sobre sus pies y la echó un vistazo.
—No sé si se me permite ir allí. —Intentó pasarle el teléfono—. Ten. Cógelo y veré si puedo encontrar algún otro sitio como éste.
Aunque honestamente, parecía como si hubiera estado por todo el centro.
—¿No preferirías saber qué está pasando de primera mano?
—Joder, claro, pero…
—Y si V encuentra algo, ¿no preferirías salir para ocuparte de eso con el equipo adecuado?
—Bien, sí pero…
—Entonces, ¿no has oído nunca lo de hacer algo y disculparse después del hecho? —Cuando él levantó una ceja, ella se encogió de hombros—. Es como me las he apañado contigo en el hospital durante años.
Manny apretó el móvil en su mano.
—¿Hablas en serio?
—Conduciré de vuelta al complejo y si supone un problema para alguien, me ocuparé de ello. Y ¿puedo sugerir que paremos en tu casa primero para coger cualquier cosa que puedas necesitar para quedarte una temporada?
Lentamente él sacudió la cabeza.
—Si ella no vuelve…
No. No diremos que no volverá. —Los ojos de Jane estaban clavados en los suyos—. Cuando vuelva a casa, no importa cuanto tiempo lleve, estarás allí. V dijo que habías dejado tu trabajo… que Payne se lo había dicho. Podemos hablar de ello más tarde…
—No hay nada de que hablar. El consejo del Saint Francis prácticamente me ha pedido la dimisión.
Jane tragó con fuerza.
—Oh. Dios… Manny…
Cristo, él no podía creer que eso hubiera salido de su boca.
—No importa Jane. Mientras ella vuelva en perfecto estado… eso es todo por lo que tenemos que preocuparnos.
Ella señaló con la cabeza el coche.
—Entonces, ¿por qué estamos todavía hablando?
Un punto condenadamente bueno.
Ambos corrieron hasta el Porsche, se abrocharon los cinturones y despegaron con Jane al volante.
Mientras ella aceleraba hacia el Commodore, él se transformó en todo propósito: la había fastidiado con su mujer una vez. No iba a volver a pasar.
Jane se quedó esperando dentro del coche ante el rascacielos mientras él corría por el interior del vestíbulo, entraba cagando leches en el ascensor y marcaba su piso. Moviéndose más rápido que la luz, agarró su portátil, el cargador de su teléfono móvil…
La caja fuerte.
Saliendo escopeteado hasta el armario de su habitación, introdujo la combinación y desactivó el cierre de la pequeña puerta. Con manos rápidas y una mente firme como una roca, sacó su certificado de nacimiento, siete mil dólares en efectivo, dos relojes de oro Piaget y su pasaporte. Arrastrando una bolsa al azar, embutió todo ello en la misma, junto con el portátil y el cargador. Luego recogió un par de bolsas más en las que había lanzando la ropa y se fue pitando de su propiedad.
Mientras esperaba el ascensor, se dio cuenta de que estaba dejando atrás su vida. Por Dios. Terminase o no terminase con Payne, no volvería allí… y no se refería sólo a esa dirección física.
En el momento en que le dio sus llaves a Jane por segunda vez, había girado página en una metafórica tormenta de nieve. No tenía ni idea de lo que estaba ante él, pero no había vuelta atrás y se encontraba bien con ello.
De vuelta en la calle, lanzó sus mierdas en el maletero y en el asiento trasero.
—Vamos a hacer esto.
*  *
Aproximadamente treinta y cinco minutos más tarde, Manny estaba otra vez en el nebuloso terreno de la montaña de los vampiros.
Echando un vistazo al casi arruinado teléfono móvil de su palma, rogó al Señor que ese posible punto de unión entre él y Payne la trajera de vuelta a ellos para estar juntos de nuevo… y le diera otra oportunidad a lo que había dejado escapar…
—Santo… Dios… —Arriba a lo lejos, emergiendo de la extraña niebla, una tremenda elevación de rocas surgía, grande como el monte Rushmore.
Mausoleo era otra palabra para ello.
—Los Hermanos se toman la seguridad muy en serio. —Jane paró el coche frente a un juego de escaleras que podían haber estado perfectamente en una catedral.
—O eso —murmuró él—, o algún pariente tiene una cantera.
Se bajaron juntos y antes de agarrar sus bolsas, inspeccionó el paisaje. La valla de contención se alzaba en las dos direcciones a unos buenos seis metros del suelo y había cámaras por todo su exterior, así como rollos de alambre de espino por todo lo alto. La mansión en sí misma era enorme, extendiéndose en todas las direcciones y parecía tener cuatro pisos de altura. Y hablando de una fortaleza… Todas las ventanas estaban cubiertas con planchas de metal, ¿y esas puertas dobles? Parecía como si hiciera falta un tanque para pasar a través de ellas.
Había varios coches en el patio, con alguno de ellos, bajo otras circunstancias, habría disfrutado de verdad y también otra casa mucho más pequeña de la misma piedra que el castillo. La fuente del centro estaba seca, pero podía imaginarse los pacíficos sonidos que haría si el agua fluyera.
—Por aquí —dijo Jane mientras abría el maletero y sacaba una de sus bolsas.
—Yo lo llevo. —Tomó la que ella había cogido, así como las otros dos—. Las damas primero.
Ella había llamado a su hombre por el camino, por lo que Manny tenía la impresión de que la gente de Payne no iba a matarlo a la primera. Pero, ¿quién podía asegurarlo?
Buena cosa que no diera una mierda por sí mismo en ese momento.
En la magnífica entrada, ella llamó al timbre y la cerradura se abrió. Dando un paso al interior con ella, se encontró en una sala sin ventanas que le hacía pensar en una cárcel… una muy elitista y cara cárcel con paneles de madera tallados a mano y esencia de limón en el aire.
De ninguna forma saldrían de ese espacio a no ser que alguien se lo permitiera.
Jane habló a la cámara.
—Somos nosotros. Estamos…
El segundo juego de puertas chasqueó inmediatamente, y Manny tuvo que parpadear un par de veces mientras se abría el paso. El brillante y colorido vestíbulo del otro lado no era lo que había esperado. Majestuoso y con todos los colores del arco iris, era todo lo que no era el exterior. Y querido Señor, parecía como si cada tipo imaginable de mármol y piedra decorativos hubieran sido utilizados... y Santo Dios por todas las vidrieras y láminas de oro.
Entonces pasó al interior y vio las tres escenas del fresco del techo… y una escalera que hacia que la de Lo que el viento se llevó pareciera una escala de mano.
Justo cuando la puerta se cerró tras él, el hermano de Payne salió de lo que parecía una sala de billar, con Red Sox a su lado. Cuando el vampiro dio un paso al frente, fue todo eficacia mientras ponía un liado a mano entre sus colmillos y se ajustaba los pantalones de cuero.
Parándose frente a Manny, los dos con los ojos entrecerrados… hacía que se planteara la cuestión de si todo se iba a acabar antes de haber empezado… con Manny siendo la comida.
Excepto que entonces el vampiro le ofreció la palma.
Por supuesto… el móvil.
Manny dejó caer las bolsas y cogió la BlackBerry del bolsillo de su abrigo.
—Aquí está…
El tipo aceptó lo que le ofrecía, pero ni miró a la cosa. Simplemente se la cambió a la mano libre y ofreció su palma de nuevo.
El gesto era tan, tan simple… su significado muy, muy profundo.
Manny agarró esa palma por iniciativa propia y ninguno de ellos dijo nada. Ni falta que hacía, porque el sentido estaba claro. El respeto ganado y la aceptación en ambos lados.
Cuando chocaron las palmas, Manny dijo:
—¿El teléfono?
Para el vampiro, meterse dentro fue cosa de un momento.
—Jesús… eres rápido —murmuró Manny.
—No. Es el que le di. He estado llamando a él a cada hora en punto. El GPS está estropeado… de lo contrario te habría dado la dirección donde lo encontraste.
—Joder. —Manny se restregó la mano por la cara—. No había nada más allí. Jane y yo peinamos el lugar… y ya había conducido por el centro durante horas. ¿Y ahora qué?
—Esperaremos. Es todo lo que podemos hacer mientras haya sol fuera. Pero en el instante en que oscurezca, la Hermandad saldrá despedida de aquí a por su venganza. La encontraremos, no os preocupéis…
—Voy también —dijo él—. Sólo para dejarlo claro.
Cuando el mellizo de Payne comenzó a negar con la cabeza, Manny cortó cualquier protesta de sé-razonable-estás-cagando-fuera-de-tiesto.
—Lo siento. Puede ser tu hermana la que está allí fuera… pero es mi mujer. Y eso significa que voy a tomar parte en esto.
Ante eso, el de la gorra de béisbol se quitó la gorra y se arregló el cabello.
—Y una mierda…
Manny se quedó congelado en el sitio, el resto de lo que el tipo dijo no registrado en absoluto
Esa cara… esa jodida cara.
Esa… imposible… cara.
Manny había estado equivocado sobre dónde había visto al tipo.
—¿Qué? —dijo el tío, echándose un ojo a sí mismo.
Manny era vagamente consciente del hermano de Payne frunciendo el ceño y de Jane pareciendo preocupada. Pero su foco de atención estaba en el otro hombre. Examinó esos ojos de color avellana, esa boca y esa mandíbula, intentando encontrar algo que no encajara, algo fuera de lugar… algo que desmintiera el dos-por-dos-son-cuatro que estaba componiendo.
Lo único que estaba ligeramente fuera de lugar era la nariz… pero eso simplemente podría ser porque se la hubieran roto al menos una vez.
La verdad estaba en los huesos.
Y la conexión no estaba en el hospital ni siquiera en la Catedral de Sant Patrick… porque estaba llegando a pensar que definitivamente había visto a ese hombre, macho… vampiro, lo que fuera… antes de en la iglesia.
—¿Qué demonios? —murmuró Butch mirando a Vishous.
En busca de una explicación, Manny se inclinó hacia abajo y desvalijó sus bolsas. Mientras localizaba aquello que no tenía intención de haber traído con él, supo sin lugar a dudas lo que iba a encontrar. El destino había alineado las fichas de dominó demasiado perfectamente para que este momento no sucediera.
Y sí, ahí estaba.
Cuando Manny se enderezó, las manos estaban temblando tan fuerte que la imagen que sujetaba el marco golpeaba contra el cartoncillo trasero.
Dado que se quedó sin voz, todo lo que pudo hacer fue girar el cristal para darles a los tres la oportunidad de echar un vistazo a la fotografía en blanco y negro.
La cual era la imagen calcada del macho llamado Butch.
—Éste es mi padre —dijo Manny bruscamente.
La expresión del tipo fue del sí-claro-lo-que-sea, a la de una severa impresión que le hizo palidecer y sus manos comenzaron a temblar mientras extendía la mano y tocaba con cuidado la antigua imagen.
No se molestó en negar nada. No podía.
El hermano de Payne exhaló una nube de un humo que olía maravillosamente.
—De. Puta. Madre.
Bien, ¿eso no lo había resumido todo simplemente a la perfección?
Manny miró a Jane y luego al hombre que podría muy bien ser su medio hermano.
—¿Le reconoces?
Cuando el tipo negó lentamente con la cabeza, Manny miró al mellizo de Payne.
—¿Pueden los humanos y vampiros…?
—Sí.
Cuando volvió a contemplar una cara que no debería de serle tan familiar, pensó, mierda, ¿dónde le dejaba eso?.
—Entonces, eres…
—¿Un mestizo? —dijo el tipo—. Sí. Mi madre era humana.
—Hijo de puta. —Manny inspiró.

Capítulo 54

Mientras Butch sujetaba la foto de un hombre que era sin lugar a dudas idéntico a sí mismo, pensaba, más bien estrambóticamente, sobre las señales de color amarillo en las carreteras.
Las que decían cosas como EL PUENTE PUEDE ESTAR CONGELADO… o ZONA DE DERRUMBES o la transitoria DISMINUYA LA VELOCIDAD antes de llegar a una zona de trabajo. Mierda, incluso las que tenían la silueta de un ciervo brincando o una gran flecha color negro apuntando hacia la izquierda o hacia la derecha.  
En este mismo instante, de pie aquí en el vestíbulo, en verdad habría apreciado alguna advertencia previa de que su vida estaba a punto de descarrilarse para irse directamente a la mierda.
Sin embargo, los choques son choques y no pueden ser previstos.
Levantando la mirada de la foto, miró a los ojos del cirujano humano. Eran de un marrón intenso, del color del oporto bien añejo. Pero la forma… Dios mío, ¿por qué no había visto antes el parecido con los suyos?
—Estás seguro —se oyó decir—. Éste es tu padre.
Salvo que él conocía la respuesta antes de que el tío asintiera con la cabeza.
—Quién… Cómo… —Sí, que gran periodista haría, eh—. Qué…
¡Otra vez! Agrega cuándo y dónde y él era Anderson-jodido-capullo-Cooper.
Sin embargo, la cosa era, que después de haberse apareado con Marissa y pasado por la transición, finalmente había encontrado la paz con quién era y lo que estaba haciendo de su vida. En el mundo humano, en cambio, había estado separado de todos, andando a la par pero sin cruzarse jamás con su madre, sus hermanas y hermanos.
Y su padre, por supuesto.
O por lo menos el tipo que le había dicho que era su padre.
Había dado por sentado que con su verdadero hogar y su compañera aquí, había terminado por asimilarlo, logrando una reconciliación pacífica con mucho de lo que había sido doloroso.
Pero no hacía falta remover toda esta mierda de nuevo.
El humano habló solemnemente.
—Su nombre era Robert Bluff. Era cirujano en la Universidad de Columbia en Nueva York cuando mi madre trabajaba allí como enfermera...
—Mi madre era enfermera. —Butch sintió la boca seca—. Pero no en ese hospital.
—Él practicó en una serie de lugares, incluso… en Boston.
Se hizo un largo silencio, durante el cual Butch probó las frías y complicadas aguas de una posible infidelidad por parte de su madre.
—Alguien necesita un trago, ¿cierto?—dijo V.
—Lag…
—Lagavulin…
Tanto Butch como el cirujano se quedaron en silencio mientras V ponía los ojos en blanco.
—¿Por qué esto no es una sorpresa?
Cuando el hermano se marchó al bar en la sala del billar, Manello dijo:
—Nunca lo conocí realmente. Me reuní con él, como… ¿una vez? Para ser honestos, no puedo recordarlo de verdad.
V hizo como de asistente de vuelo y regresó con el licor por delante.
Mientras Butch tomaba un trago de un vaso, Manello hizo lo mismo y luego sacudió la cabeza.
—Sabes, nunca me gustó esta mierda hasta después…
—Qué.
—Vosotros, muchachos, empezasteis a joderme la cabeza. Solía gustarme Jack. El año pasado, sin embargo… todo cambió.
Butch asintió con la cabeza, a pesar de que no estaba prestando atención. Joder, simplemente no podía apartar la vista de la foto y después de un rato, se encontró con que de la forma más extraña, esto era todo un alivio. La regresión ancestral había probado que estaba relacionado con Wrath, pero nunca había sabido o en particular le había interesado saber, exactamente cómo. Y sin embargo, aquí estaba. Delante de él.
Mierda, era algo así como que había tenido una enfermedad hasta el momento y alguien finalmente le había puesto un nombre.
Tiene otropadritis. ¿O se trataba de un bastardoma?
Todo tenía sentido. Él siempre había pensado que su padre lo había odiado y tal vez esa era la razón detrás de esto. Aunque era casi imposible imaginar a su piadosa y mojigata madre descarriándose alguna vez, esta foto contaba la historia de al menos una noche con alguien más.
Su primer pensamiento fue que tenía que acercarse a su madre y pedirle detalles… bueno, algunos detalles.
¿Pero cómo iba a resultar? La demencia la había alejado de la realidad y ahora estaba tan ida que apenas lo reconoció cuando se dejó caer de visita… lo que fue, después de todo, el único motivo por el que pudo hacerlo. Y no era como si pudiera preguntarle a sus hermanas o hermanos. Lo habían borrado cuando había desaparecido de sus alrededores, es más, era improbable que ellos supieran más que él. 
—¿Sigue vivo? —preguntó Butch.
—No estoy seguro. Solía creer que estaba enterrado en el Cementerio de Pine Grove. ¿Ahora? ¿Quién mierda lo sabe?
—Puedo averiguarlo. —Cuando V habló, tanto Butch como Manny examinaron al hermano—. Decid una palabra y lo encontraré… ya sea que esté en el mundo de los vampiros o de los humanos.
—¿Encontrar a quién?
La voz profunda vino desde la parte alta de las escaleras y todos levantaron la mirada cuando las palabras retumbaron por todo el vestíbulo. Wrath estaba de pie en el rellano del segundo piso con George a su lado y el humor del Rey era fácil de adivinar aunque sus ojos estaban ocultos detrás de esas gafas envolventes, estaba de un humor de perros.
Difícil de saber, sin embargo, si se debía al humano en el vestíbulo o no, porque Dios sabía que había unas mil cosas dándole por el culo al tipo ahora mismo.
Vishous habló sin temor… lo que fue una buena decisión. Butch había perdido la voz y evidentemente, Manello también.
—Parece ser que este buen cirujano puede ser un pariente tuyo, mi señor.
Cuando Manello respingó, Butch pensó, Vaya mierda.
No tenía que echar más leña al fuego.
*  *
Manny se frotó las sienes mientras el tremendo vampiro con el cabello negro y largo hasta la cintura bajaba las escaleras, un perro dorado al parecer marcando el camino. El hijo de puta parecía el dueño del lugar y, dada la mierda del “mi señor”, probablemente lo era.
—¿He oído correctamente, V? —preguntó el macho.
—Sí. Lo hiciste.
Yyyyyyyyyyyyyyyy eso instalaba otra pregunta… porque Manny se estaba cuestionando si él había tenido problemas con sus oídos también.
—Este es nuestro Rey —anunció Vishous—. Wrath, hijo de Wrath. Éste es Manello. Manny Manello, Doctor en Medicina, no creo que vosotros dos hayáis sido presentados formalmente.
—Tú eres el de Payne.
Ninguna duda al respecto. Ningún titubeo en su respuesta tampoco.
—Sí. Lo soy.
El retumbo bajo que salió de la boca cruel era parte risa, parte maldición.
—¿Y cómo crees que estamos relacionados?
V carraspeó e interrumpió.
—Hay un notable parecido físico entre el padre de Manny y Butch. Quiero decir… mierda, es como mirar una foto de mi chico.
Las cejas oscuras desaparecieron detrás de las gafas. Luego la expresión se suavizó.
—Huelga decir, que no puedo atestiguarlo.
Ah, entonces él era ciego. Explicado lo del perro.
—Podríamos hacerle una regresión ancestral —sugirió Vishous.
—Sí —dijo Butch—. Hagamos…
—Espera un minuto, ¿eso no puede matarlo? —intervino Jane.
—Alto. —Manny se adelantó y pidió tiempo muerto con las manos—. Sólo espera un condenado minuto. ¿Ancestral qué?
Vishous exhaló el humo.
—Es un proceso por el cual entro en ti y veo cuanto de nuestra sangre hay en tus venas.
—¿Pero podría matarme? —Mierda, el hecho de que Jane estuviera negando con la cabeza de esa manera no inspiraba mucha confianza.
—Es la única manera de estar seguro. Si eres un mestizo, no es como que podamos ir al laboratorio y analizar tu sangre. Los mestizos son diferentes.
Manny le echó un vistazo a todos ellos: al Rey, a Vishous, a Jane… y al tipo que podría ser su medio hermano. Cristo, tal vez esa era la razón por la que se sentía tan diferente respecto a Payne… desde el instante en que la vio fue como… si una parte de él se despertara.
Tal vez explicaba su temperamento ardiente, también.
Y después de toda una vida de preguntarse sobre su padre y sus raíces, pensó… que podría descubrir la verdad ahora.
Excepto que mientras ellos le contemplaban, se recordó acercándose al hospital la semana pasada y pensando que era de mañana sólo para descubrir que era de noche. Y luego la mierda con Payne y los cambios de su cuerpo le vinieron a la mente.  
—¿Sabéis qué? —dijo él—. Creo que estoy bien.
Cuando Jane asintió con la cabeza como si estuviese de acuerdo con él, estuvo seguro de que iba en la dirección correcta.
Además, ellos se distraían del verdadero asunto.
—Payne va a regresar de alguna manera o de algún modo —dijo—. No voy a hacerle una mamada a un arma cargada antes de verla de nuevo… incluso si eso significara la diferencia entre pertenecer a este mundo o no. Sé quien es mi padre… y mierda, estoy mirando su reflejo en este momento de pie frente a mí. Eso es todo lo lejos que necesito ir… a menos que Payne sienta otra cosa.
Dios… su madre, pensó de pronto. ¿Lo había sabido?
Cuando Vishous cruzó los brazos sobre el pecho, Manny se preparó para una discusión.  
—Me gustas culo blanco —dijo el tipo en cambio—. Realmente me gustas.
Considerando que el bastardo lo había pillado no hace mucho tiempo, esto era una sorpresa. Pero él la aceptaría.
—Muy bien, estamos de acuerdo. Si mi mujer lo quiere… lo haré. De otra manera, estoy bien con quien soy.
—Bastante justo —dictaminó Wrath.
En ese momento, no hubo más que silencio. ¿Aunque qué había para decir? La realidad de donde estaba Payne… o no… colgaba alrededor del cuello de cada uno.
Manny nunca se había sentido tan impotente en su vida.
—Perdón —dijo su medio hermano—. Necesito otro trago.
Mientras Butch se separaba y entraba en la otra habitación, Manny lo observaba desaparecer a través de una elaborada arcada.
—Sabéis, secundaré eso del licor.
—Mi casa es tuya —dijo el Rey enigmáticamente—. El bar está por allí.
Luchando contra un impulso extraño de hacer una reverencia, Manny inclinó la cabeza a cambio.
—Gracias, hombre. —Cuando los nudillos fueron presentados, los golpeó e hizo a Jane y a su esposo una inclinación de cabeza.
La habitación en la que entró era como la mejor suite de invitados del hipódromo que alguien hubiese visto jamás. Mierda, incluso tenía una máquina de palomitas.
—¿Más Lag? —masculló el tipo desde el otro lado.
Manny giró y se encontró tomándole la medida a un bar de tres pares de narices.
—Sí. Por favor.
Él acercó su vaso y se lo dio al hombre. Y mientras el sonido del escocés vertiéndose resonaba como un grito, deambuló hasta un equipo de audio que probablemente podría usarse para tocar en el Madison Square Garden.
Al pulsar los botones, hizo sonar una mezcla de… gangsta rap[i].
Un cambio rápido y estaba en una radio de alta definición, buscando una estación de rock duro. Cuando ”Dead Memories” de Slipknot empezó a sonar, respiró hondo.
Anochecer. Él estaba esperando a que cayera la noche.
—Aquí —dijo el poli, entregando el licor. Con una mueca de disgusto, él señaló con la cabeza uno de los altavoces—. ¿Te gusta esa mierda?
—Sí.
—Esta es una manera en la que no estamos relacionados.
El mellizo de Payne metió la cabeza en la sala.
—¿Qué mierda es ese ruido? —Como si alguien hubiera resuelto utilizar el don de lenguas. O tal vez destrozar algo de Justin Bieber.
Manny sólo negó con la cabeza.
—Es música.
—Sólo si tú lo dices.
Manny puso los ojos en blanco y se retiró a un lugar muy oscuro y peligroso de su mente. El hecho de que, por el momento, no hubiera nada que pudiera hacer por su mujer, le hacía querer romper algo. Y el hecho de que parecía que tenía algo de vampiro en él era exactamente el tipo de revelación que no necesitaba en un día como hoy.
Dios mío, se sentía hecho una mierda.
—¿Billar, alguien? —dijo aturdido.
—Joder, sí.
—Absolutamente.
Jane entró y le dio un rápido abrazo.
—Me apunto.
Supuso que no era el único desesperado por una distracción.


[i] Subgénero del rap

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