martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 58 59

Capítulo 58

—Ha venido a verte.
Desde la aventajada situación de Blaylock sobre la cama, Saxton hijo de Tyme estaba enseñándole su mejor lado. El cual, no, no era su culo. El macho estaba afeitándose frente al espejo del baño y su perfecto perfil estaba bañado por la suave luz de arriba.
Dios, era un macho hermoso.
En tantos niveles, este amante que había aceptado era todo lo que podía desear.
—¿Quién? —dijo en voz baja Blay.
Los ojos que se movieron para encontrar los suyos eran todo un oohh-poorr-faaavooor
—¡Oh! —para esquivar más conversación, Blay bajó la mirada al edredón que estaba levantado hasta su pecho desnudo. Estaba desnudo bajo el peso del satén. Como lo había estado Saxton hasta que se había puesto la bata.
—Quería saber si estabas bien —continuó Sax.
Dado que “oh” ya había sido utilizado como respuesta, Blay lo aderezó con:
—¿De verdad?
—Fuera, en la terraza. No quiso entrar y molestarnos.
Gracioso, mientras él había estado al borde de desmayarse y su estómago le había estado dando punzadas, se había preguntado vagamente lo que Saxton había estado haciendo fuera. Pero había estado demasiado dolorido en ese momento, había sido duro pensar demasiado sobre cualquier cosa.
Sin embargo, ahora sentía una emoción terrible atravesándolo.
Alabada Virgen Escriba, había pasado tiempo desde que había tenido este viejo y familiar hormigueo… aunque el lapso de tiempo no disminuía la sensación. Y el subidón que había seguido a la pregunta que había sido hecha no era nada sobre lo que él pudiera actuar. Era poco respetuoso para Saxton, por una parte. Y era inútil por otra.
Menos mal que se había llenado de argumentos con los que taparse la boca: todo lo que tenía que hacer era pensar en Qhuinn volviendo a casa una semana atrás más o menos, su cabello desordenado, su aroma cubierto por alguna colonia de hombre, el andar arrogante lleno de la satisfacción que él había volcado en sus pasos.
La idea de que Blay se había lanzado al macho no una sino dos veces… ¿y conseguido estrellarse? Simplemente no podía soportar pensar en eso.
—¿No quieres saber que dijo? —murmuró Saxton mientras acercaba la afilada hoja a su garganta, evitando hábilmente la marca del mordisco que Blay le había hecho media hora antes.
Blay cerró los ojos y se preguntó si siempre iba a escapar de la realidad de que Qhuinn follaría a cualquiera y a cualquier cosa excepto a él.
—¿No? —preguntó Saxton.
Mientras la cama se movía, Blay levantó los parpados. Saxton había venido a sentarse en el borde del colchón, el macho se secaba la mandíbula y las mejillas con una toalla de color rojo sangre.
—¿No? —repitió.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo Blay—. Y no es un buen momento para que seas encantador o sarcástico.
Inmediatamente la impresionante cara de Saxton se llenó de gravedad.
—Dispara.
Blay alisó el edredón sobre su pecho. Un par de veces.
—Yo… ¿te complazco?
Por el rabillo, vio a Saxton retroceder y casi morirse de vergüenza.
—¿Quieres decir en la cama? —exigió Sax.
Blay relajó los labios mientras asentía con la cabeza y pensó que quizás podría explicarse un poco más, pero mientras tomaba forma esa idea, su boca estaba seca.
—¿Por qué harías la pregunta del millón? —dijo Saxton en voz baja…
Bueno, porque había algo equivocado en él.
Blay sacudió la cabeza.
—No lo sé.
Saxton dobló la toalla y la dejó a su lado. Luego estiró el brazo sobre las caderas de Blay y se inclinó hasta que estuvieron cara a cara.
—Sí —tras eso puso los labios contra la garganta de Blay y succionó—. Siempre.
Blay pasó las manos por la nuca del macho, encontrando el corto cabello rizado en la base del cuello.
—Gracias a Dios.
La familiaridad del cuerpo que se cernía sobre el suyo era algo que no había tenido nunca antes y se sentía bien. Conocía cada curva y ángulo del pecho de Saxton y sus caderas y sus muslos. Conocía los puntos de presión y los sitios para morder, sabía exactamente como apretar, ondular y arquear de manera que Saxton terminara con fuerza.
De manera que, sí, probablemente no habría tenido que preguntar.
Qhuinn, sin embargo… algo en aquel macho lo despellejaba y lo dejaba en carne viva. Y aunque había aprendido a cubrir por fuera sus heridas, estas seguían exactamente tan mal y tan profundas como en el momento en que habían sido hechas… cuando empezaba a ser obvio que el único macho que él quería por encima de todos los demás nunca, jamás iba a estar con él.
Saxton se deslizó atrás.
—Qhuinn no puede manejar lo que siente por ti.
Blay se rió con aspereza.
—Mejor no hablamos de él.
—¿Por qué no? —Saxton alargó la mano y deslizó el pulgar de un extremo a otro del labio inferior de Blay—. Está aquí con nosotros tanto si lo hacemos como si no.
Blay pensó en mentir y luego abandonó la lucha.
—Lo siento.
—Está bien… sabía en lo que me metía —la mano libre de Saxton se deslizó bajo el edredón—. Y sé lo que quiero.
Blay gruñó cuando aquella palma se frotó contra lo que inmediatamente llegó a ser una gruesa erección. Y mientras sus caderas se levantaban y él extendía las piernas para Saxton, encontró los ojos de su amante y succionó aquel pulgar dentro de su boca.
Esto era mucho mejor que seguir con la montaña rusa de Qhuinn… esto que conocía y quería. Aquí estaba seguro. Aquí no era lastimado.
Y aquí había encontrado una conexión profunda y sexual.
La mirada de Saxton era caliente y seria mientras liberaba lo que había encontrado, arrancaba las mantas del cuerpo de Blay y soltaba el nudo del lazo de su propia bata…
Esto era tan bueno, pensó Blay. Tan correcto…
Mientras la boca de su amante encontraba la clavícula y luego vagaba más abajo, Blay cerró los ojos…excepto que mientras empezaba a perderse en las sensaciones, lo que veía no era a Saxton.
—Espera, para… —se enderezó y se llevó al otro macho con él.
—Está bien —dijo Saxton tranquilamente—. Sé donde vamos.
El corazón de Blay se agrietó un poco. Pero Saxton solo sacudió la cabeza y bajó los labios al pecho de Blay.
Ellos nunca habían hablado de amor… y esto le hizo darse cuenta de que nunca lo iban a hacer, porque Saxton tenía, de hecho, las cosas claras: Blay todavía estaba enamorado de Qhuinn… y probablemente siempre lo estaría.
—¿Por qué? —le preguntó a su amante.
—Porque te quiero por tanto tiempo como te tenga.
—No voy a ninguna parte.
Saxton sólo sacudió la cabeza contra los tensos abdominales que estaba mordisqueando.
—Deja de pensar, Blaylock. Empieza a sentir.
Mientras aquella talentosa boca iba hacia abajo, Blay siseó con un suspiro y decidió aceptar el consejo. Porque era la única forma de sobrevivir.
Algo le decía que sólo era cuestión de tiempo antes de que Qhuinn se presentara y anunciara que Layla y él se iban a aparear.
No estaba seguro de como lo sabía, pero lo sabía. Los dos habían estado conectando durante semanas y la Elegida había estado allí otra vez el día antes… había captado su esencia y percibido su sangre en la puerta siguiente.
Y aunque esta convicción podía haber sido sólo un ejercicio mental para empujar el infierno fuera de él, sentía que era mucho más que eso. Era como si la niebla que normalmente oscurecía los días que venían y los meses y los años, se hubiera vuelto insoportablemente delgada y las sombras del destino se le estuvieran mostrando.
Sólo era una cuestión de tiempo.


Dios, eso iba a matarlo.
—Me alegro de que estés aquí —gimió.
—Yo también —dijo tristemente su amante alrededor de su erección—. Por mi mismo también.


Capítulo 59

La tarde siguiente, Payne paseaba por la parte delantera de la mansión de la Hermandad, desde el comedor a través del recibidor hasta la sala de billar y retroceder otra vez. Y otra vez. Y otra vez.
Su macho se había marchado de la casa en mitad de la tarde a “ocuparse de algunas cosas”. Y aunque había declinado informarle de que se trataba, había disfrutado muchísimo de la sonrisa ligeramente traviesa que lucía en su cara mientras la arropaba en la cama que habían usado tan completamente durante la noche… y luego abandonado.
No más sueño para ella después de aquello. Nada de nada.
Había demasiado por lo que estar feliz.
Y también sorprendida.
Deteniéndose frente a una de las puertas francesas que se abrían al patio, pensó en la fotografía que él le había mostrado. Era tan obvio que él estaba relacionado por línea de sangre con Butch… y de ese modo con el Rey. Pero ni Manuel ni ella estaban interesados en arriesgarse a una regresión. No, ella estaba totalmente de acuerdo con él sobre esto. Se tenían el uno al otro y considerando lo que ya habían pasado, no había razón para arriesgarse a un mal resultado.
Además, la información no cambiaría nada: el Rey había abierto la casa a su macho incluso sin una declaración formal de afinidad de sangre y a Manuel se le iba a permitir mantener contacto con su madre humana. Además, se había decidido que trabajaría aquí, con la Doc Jane, pero también con Havers. Después de todo, la raza necesitaba más buenos doctores y Manuel era superlativo.
¿En cuanto a ella? Ella iba a salir y a luchar. Ni Manuel ni su hermano estaban exactamente emocionados por el peligro que ella iba a enfrentar, pero no iban a detenerla. De hecho, después de que hablara detenidamente con Manuel, él parecía aceptar que eso era parte de lo que ella era. Su única advertencia fue que llevara las mejores armas… y su hermano había insistido en asegurarse de aquello.
Parcas, los dos parecían estar llevándose bien. ¿Y quién podría haberlo pronosticado?
Moviéndose a la próxima ventana siguiendo la línea, examinó la oscuridad buscando los faros.
¿Dónde estaba él? ¿Dónde esta…?
Manuel también iba a hablar con la Doc Jane sobre los cambios físicos que había experimentado… cambios que, dada la forma en que Payne brillaba cada vez que hacían el amor, era probable que continuaran. Iba a monitorizar su cuerpo y ver que ocurría, y ambos rogaban por que todo lo que ella le diera fuera salud y juventud eterna. Sólo el tiempo lo diría.
Con una maldición, ella volvió sobre sus pasos, cruzó el vestíbulo… y entró en el comedor.
Desplazándose a la tercera ventana de la hilera, levantó la mirada hacia los cielos. No tenía interés en ir a ver a su madre. Hubiera sido maravilloso compartir su amor con aquellos que la habían traído a este mundo. Pero si su padre estaba muerto, ¿y su mahmen? No confiaba en que la Virgen Escriba no la encarcelara de nuevo: Manuel era un mestizo. Difícilmente la pura reserva de su madre hubiera estado de acuerdo…
El par de ojos brillantes apareciendo sobre la colina donde estaba construido el complejo hizo que se le acelerara el corazón. Y entonces sonó la música… un enorme latido que se rizaba a través del cristal.
Payne arrancó a correr del comedor y voló a lo largo del mosaico que representaba un manzano en plena floración. Salió a través del vestíbulo y entró en la noche oscura un momento después…
Se deslizó de un salto hasta lo alto de los escalones.
Manuel no había vuelto solo. Tras su Porsche, había un enorme vehículo de alguna clase. Un enorme vehículo de dos partes.
Su macho salió de detrás del volante de su coche.
—Hola —la llamó.
Era todo sonrisas mientras subía hacia ella, le ponía las manos sobre las caderas y la atraía contra su pecho.
—Te he echado de menos —murmuró contra la boca de ella.
—Yo también —ahora también ella estaba sonriendo—. Pero… ¿qué has traído?
El anciano mayordomo salió desde detrás del volante del otro vehículo.
—Señor, puedo…
—Gracias Fritz, pero me haré cargo desde aquí.
El mayordomo se inclinó un poco.
—Ha sido un placer haber estado a su servicio.
—Eres el mejor, hombre.
El doggen estaba realmente sonriendo mientras se deslizaba dentro de la casa. Y luego su macho se volvió hacia ella.
—Quédate aquí.
Mientras un sonido de pateos emanaba desde dentro del gran artilugio, ella frunció el ceño.
—Por supuesto.
Después de besarla de nuevo, Manuel desapareció alrededor del lado más alejado.
Puertas abriéndose. Más pateos. Crujidos y sonidos retumbantes, seguidos por un rítmico golpeteo. Y luego…
El relincho le dijo lo que no se había atrevido a esperar. Y luego su hermosa potra bajó de espaldas por una rampa y fue conducida hacia ella.
Payne apretó las manos sobre la boca mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. La yegua andando con gracia. Su lustrosa capa brillando en la luz que se derramaba desde la casa, la fuerza y la vitalidad habían vuelto a ella.
—Qué… ¿para qué está aquí? —dijo Payne con voz ronca.
—Los hombres le dan a sus prometidas algo como una muestra de su amor —Manuel sonreía abiertamente—. Pensé que Glory era mejor que cualquier diamante que pudiera comprarte. Significa más para mí… y espero que para ti también. Cuando ella no le respondió, él levantó la traílla de cuero que estaba sujeta a la brida de la potra—. Te la estoy dando a ti.
Tras aquello, Glory dejó salir un tremendo relincho y se pavoneó como si estuviera de acuerdo con el cambio de propietario.
Payne se secó los ojos y se lanzó contra Manuel, besándolo profundamente.
—No tengo palabras.
Tomando una profunda inspiración, ella…
Antes de que Payne fuera consciente de que se estaba moviendo, saltó en el aire, montando a Glory como si ambas hubieran estado juntas durante años, no minutos.
Y el caballo no necesitó taconazo, ni permiso, ni nada… Glory saltó hacia delante, arañando los guijarros con sus cascos y despegando en una carrera de muerte.
Payne enrolló las manos en la larga crin negra y se balanceó perfectamente sobre la fuerte espalda que surgió bajo ella. Mientras el viento le golpeaba la cara, se reía de puro júbilo mientras ellas saltaban en un relámpago de alegría y libertad. Si. ¡Sí! ¡Un millón de síes!
Asaltar la noche.
Tener la libertad de moverse.
Tener el amor esperando tras ella.
Esto era más que estar simplemente viva. Esto era vivir.
*  *
Mientras Manny permanecía junto al remolque de la yegua y observaba a sus chicas saltar juntas, estaba condenadamente fuera de sí de alegría. Eran un equipo perfecto, cortadas ambas por el mismo patrón y ambas estaban enteras y fuertes, y corrían a través de la oscuridad en un galope que muchos coches tendrían problemas para seguir.
De acuerdo. Quizás él llorara sólo un poco. Pero que coño. Esta era una noche increíble para…
—Vi eso.
—Jesucristo. —Agarró su cruz y se giró en redondo— ¿Siempre te acercas sigilosamente a la gente?
El hermano de Payne no respondió… o quizás no pudo. Los ojos del vampiro estaban fijos sobre su hermana y su galopante yegua, y parecía tan conmovido como lo estaba Manny.
—Sin embargo creí que era un semental —Vishious sacudió la cabeza—. Pero sí, esto es lo que vi… ella sobre un pura sangre, su cabello en la brisa. Sin embargo no pensé que era el futuro…
Manny se volvió hacia sus chicas, que estaban más allá del muro de contención y dando un gran giro para volver hacia la casa.
—La amo tantísimo —se escuchó decir Manny—. Ahora mismo ese es mi corazón. Esa es mi mujer.
—Palabra.
Mientras un poderoso acuerdo se urdía entre ambos, Manny sintió que estaba en casa de muchas maneras y no quiso pensar demasiado sobre aquello por miedo a que las frágiles bendiciones se desmoronaran.
Un momento después, lo miró de soslayo.
—Te importa si te pregunto algo.
—Dispara.
—¿Qué coño le has hecho a mi coche?
—¿Qué, quieres decir la música?
—¿Dónde está toda mi…?
—¿La mierda esa? —Los ojos diamantinos encontraron los suyos—. Vas a vivir aquí, puedes empezar a escuchar mis canciones, cierto.
Manny sacudió la cabeza.
—Me lo estás diciendo en broma.
—¿Me estás diciendo que no te gusta el rap?
—Lo que sea —tras un carraspeo, Manny acordó —. Bueno, no son unos absolutos mamones.
La risa fue solo un poquiiiito demasiado triunfal.
—Lo sabía.
—¿Qué era eso?
—Ahora él quiere nombres. —El vampiro sacó un cigarrillo enrollado a mano y lo encendió—. Vamos a ver… “Cinderella man” de Eminem, “I am not a human” de Lil Wayne, de Tupac…
La lista seguía y seguía, y Manny escuchaba en su mayor parte y se volvió a observar a su mujer montar mientras frotaba el duro peso del oro de su crucifijo.
Payne y él estaban juntos… aquel tipo, Butch y él iban a la iglesia juntos a medianoche… y Vishous no le había apuñalado. Además si la memoria servía, el mellizo de Payne conducía aquel Escalade negro por allí y aquello significaba que la retribución iba a ser un montón de mierda de Black Veil Bride, Bullet for My Valentine y Avenged Sevenfold siendo cargados en el sistema de sonido de aquel SUV.
Sólo ese pensamiento le hizo sonreír.
¿En definitiva?
Se sintió como si hubiera ganado la lotería. En cada uno de los cincuenta estados. Al mismo tiempo.
Eso era lo afortunado que eran todos ellos.
Fin

2 comentarios:

Luz dijo...

Hola, Mary.

Descubrí que habías subido todos los capítulos de Amante Desencadenada como a la 1:30 p.m., del día 17 de mayo (hora de México) y son las 2 de la mañana del 18 de mayo, estoy acabando de leer TODO.

Así de emocionante ha estado, me ha atrapado por completo.

Al contrario de otras fans de la Hermandad, yo pienso que en este libro la Ward ha hecho un magnífico trabajo, que no desmerece en lo absoluto con sus otros libros sino que nos introduce más en el mundo de la Hermandad.

Me encanta sobre todo que en esta entrega la Ward hiciera muchísimas menciones de mi preferido, que es Butch O´Neal.

Quiero darte las GRACIAS a ti y a GRUPO FÉNIX por la extraordinaria labor de traducir y subir esta fabulosa historia.

Luz María

flor dijo...

gracias !!despues de una espera por fin puedo leer todo el libro pero es solamente gracias a este blog!!!!gracias!