martes, 17 de mayo de 2011

AMANTE DESENCADENADA/CAPITULO 7 8 9

Capítulo 7

Mientras Payne yacía sobre la mesa de metal bajo la extraña araña de luces de iluminación, no podía creer que su sanador fuera un humano.
—¿Entiendes lo que estoy diciendo? —Su voz era bastante profunda y su acento le resultaba extraño, pero no era algo que no hubiera oído antes: la pareja de su mellizo tenía la misma entonación e inflexión—. Voy a entrar y…
Mientras le hablaba, se inclinó hasta entrar en su campo de visión y le gustó que lo hiciera. Sus ojos eran de color castaño, pero no del de la corteza del roble o el cuero viejo y el pelaje de un ciervo. Era de un encantador tono rojizo, como caoba que había sido pulida… igual de luminoso, se aventuraría a decir.
Se había desencadenado tal oleada de actividad desde su llegada y una cosa había quedado clara: estaba bien versado en dar órdenes y confiaba mucho en su trabajo. En realidad, también había algo más… a él no le importaba que su hermano le hubiera tomado un odio instantáneo.
Si el aroma vinculante de Vishous se hubiera vuelto algo más fuerte, habría sido visible en el aire.
—¿Entiendes?
—Sus oídos están condenadamente bien.
Payne miró tan lejos como pudo hacia la puerta. Vishous había vuelto y estaba desnudando los colmillos como si tuviera en mente atacar. Afortunadamente, para él, a su lado había un hombre que le sujetaba, algo así como una correa con piernas corpulentas. Si su mellizo se abalanzara, ese macho de cabello oscuro estaba obviamente colocado para contener a Vishous cuerpo a cuerpo y arrastrarle fuera de la habitación.
Eso estaba bien.
Payne se volvió a concentrar en el sanador.
—Entiendo.
El humano entrecerró los ojos.
—Entonces dime lo que he dicho.
—¿Para qué?
—Es tu cuerpo. Quiero asegurarme de que sabes lo que estoy haciendo y me preocupa una barrera de idioma.
—Sabe que mierda estás diciendo…
Su sanador miró furioso sobre el hombro.
—¿Todavía estás aquí?
El macho de cabello oscuro que estaba junto a su hermano envolvió un brazo alrededor del pecho de Vishous y murmuró algo con un siseo. Luego se dirigió a su sanador, hablando con un acento ligeramente diferente.
—Tienes que tranquilizarte, tío. O voy a dejar que te convierta en carne picada de capullo por usar ese tono. ¿Capisce?
Tuvo que aprobar el modo en que su sanador afrontó la agresión a la que se enfrentaba.
—Queréis que opere, será en mis términos y a mi manera. Así que sácalo al pasillo o ve empuñando tú mismo otro escalpelo. Así es como va a ser.
Hubo un montón de discusión consternada en ese punto, con Jane acercándose corriendo desde donde había estado en la ventana que mostraba imágenes de su lesión. Habló suavemente al principio hasta que finalmente su voz fue tan alta como la del resto de los que estaban allí.
Payne se aclaró la garganta.
—Vishous. Vishous. ¡Vishous!
Llegado de ninguna parte, se puso dos dedos juntos en los labios y silbó lo bastante fuerte para romper el cristal.
Como una llama apagada de un soplo, así quedaron todos, aunque la energía furiosa se demoró en el aire como humo en lo alto de la mecha de una lámpara.
—Él me tratará ahora —dijo débilmente, la tensión de la habitación era una especie de fiebre que atacaba su cuerpo, dejándola incluso más letárgica—. Me… tratará. Es mi deseo. —Sus ojos se volvieron hacia el sanador—. Pondrás empeño en arreglar mis vértebras, como las llamas y es tu esperanza que mi cordón espinal no esté seccionado sino simplemente herido. Manifiestas que no puedes predecir el futuro, pero que cuando estés dentro, podrás evaluar el daño más claramente, ¿no?
Su sanador la miraba de una forma poderosa. Profundamente. Gravemente. Con un filo que la dejaba confundida… y aun así no se sentía amenazada. Parcas, eso difícilmente… de hecho, algo en sus ojos la hacía… desenroscarse por dentro.
—¿Lo he recordado todo correctamente? —le animó.
Su sanador se aclaró la garganta.
—Sí. Así es.
—Entonces opera… como tú lo llamas.
Junto al umbral, oyó al hombre moreno decir algo a su mellizo, y luego Vishous alzó el brazo y señaló al humano con su mano enguantada.
—No sobrevivirás a esto si ella no lo hace.
Maldiciendo, Payne cerró los ojos y deseó nuevamente no haber ganado lo que tan largamente había buscado. Mejor el Fade que causar la muerte de algún humano inocente…
—Trato hecho.
Los párpados de Payne se abrieron de golpe. Su sanador estaba de pie erguido ante el tamaño y fuerza de su hermano, aceptando la carga colocada sobre su cabeza.
—Pero lárgate —dijo el humano—. Tienes que sacar tu jodido cuerpo de aquí y quedarte fuera. Tu mierda no me va a distraer.
El cuerpo macizo de su mellizo se retorció en los hombros y el pecho, pero luego inclinó la cabeza una vez.
—Hecho.
Y luego se quedó sola con su sanador, excepto por Jane y la otra enfermera.
—Una última prueba. —Su sanador se inclinó de lado y cogió una vara delgada de uno de los mostradores—. Voy a pasarte este bolígrafo por el pie. Quiero que me digas si sientes algo.
Cuando asintió con la cabeza, él salió de su campo de visión y ella cerró los ojos para concentrarse, luchando por registrar algún tipo de sensación. Lo que sea.
Seguramente si había una respuesta, aunque apagada, sería buena señal.
—Siento algo —dijo con una oleada de alegría—. En el lado izquierdo.
Hubo una pausa.
—¿Qué tal ahora?
Imploró a sus piernas una recepción similar y tuvo que respirar profundamente antes de poder contestar.
—No. Nada.
El sonido de sábanas suaves volviendo a ser colocadas fue la única confirmación que logró de que estaba de nuevo cubierta. Pero al menos había sentido algo.
Solo que en vez de dirigirse a ella, su sanador y la compañera de su mellizo conversaron quedamente, justo fuera de su radio de audición.
—En verdad —dijo Payne—, tal vez pudierais incluirme en la discusión—. La pareja se dio la vuelta y curiosamente ninguno de los dos parecía complacido—. Es bueno que sienta algo, ¿no?
El sanador se acercó a su cabeza y ella sintió la cálida fuerza de su palma tomándole la de ella. Mientras la miraba fijamente, se sintió nuevamente cautivada: Sus pestañas eran muy largas. Y a través de su fuerte mandíbula y sus mejillas, se mostraba una sombra de barba. Su cabello espeso y oscuro era brillante.
Y le gustaba realmente la forma en que olía.
Pero no le había contestado, ¿verdad?
—¿Lo es, sanador?
—No te estaba tocando la pierna izquierda en ese momento.
Payne parpadeó a través de un malestar inesperado. Y aún así, después de todo este tiempo inmóvil, debería haber estado preparada para información como esta, ¿no?
—¿Así que vas a empezar ya? —preguntó.
—Aún no. —El sanador miró hacia Jane y luego volvió a mirarla a ella—. Vamos a tener que trasladarte para la operación.
*  *
—Este pasillo no está lo bastante lejos, colega.
Mientras la voz razonable de Butch quedaba registrada, V deseó arrancarle la cabeza de un mordisco al tipo. Y la urgencia fue incluso más fuerte cuando el bastardo continuó—. ¿Qué tal si vamos al Pit?
Consejo lógico, cierto. Y aún así…
—Estás empezando a cabrearme, poli.
—¿Es que eso son nuevas noticias? Y PD, no me importa.
La puerta de la sala de examen se abrió y su Jane se deslizó fuera. Cuando le miró, los ojos verde bosque no estaban felices.
—¿Ahora qué? —ladró, inseguro de si podría soportar muchas más malas noticias.
—Quiere trasladarla.
Después de un rato de parpadear como una vaca. V negó con la cabeza, convencido de que se había confundido de idioma.
—¿Perdón?
—Al St. Francis.
—De. Ninguna. Puñetera. Manera.
—Vishous…
—¡Es un hospital humano!
—V…
—¿Has perdido la cabeza…?
En ese momento, el condenado cirujano humano salió y hay que decir en su favor, o en favor de su locura, que fue directamente a la parrilla de V.
—No puedo trabajar con ella aquí. ¿Quieres que lo intente y la deje paralizada para siempre? Usa la maldita cabeza… necesito una resonancia, microscopios, equipamiento y personal que no tenéis aquí. No tenemos tiempo y no se la puede trasladar lejos, además, si sois del gobierno, puedo enterrar sus archivos y asegurarme de que la prensa no se entere de esto, así que la exposición será mínima con mi ayuda.
¿Del gobierno? ¿Qué…? Sí, lo que sea.
—No va a ir a ningún hospital humano. Punto.
El tipo frunció el ceño ante lo de «humano», pero luego pareció descartarlo.
—Entonces no voy a operar…
V se lanzó sobre el humano.
Fue totalmente cuestión de un parpadeo. En un minuto, estaba plantado en sus shitkickers, al siguiente estaba volando-libre… al menos hasta que se estrelló contra el buen doctor y emparedó al bastardo contra la pared de hormigón del pasillo con su propio cuerpo.
—Entra ahí y empieza a cortar —gruñó V.
El humano apenas podía tomar aire, pero la hipoxia no evitaba que aguantara el tipo. Encontró firmemente la mirada de V. Incapaz de hablar, dibujó con la boca. No. Lo. Haré.
—Suéltale, V. Y déjale llevarla a donde tiene que ir.
Cuando la voz de Wrath atravesó el drama, el deseo de volverse pirotécnico era casi irresistible. Como si necesitaran otro entrometido. Y a la mierda la orden.
V apretó el cuello del cirujano como si cerrara una bolsa de basura.
—No vas a llevarla a ninguna…
La mano en el hombro de V fue pesada y la voz de Wrath tenía un filo tan afilado como una daga.
—Y no eres tú el que estás al cargo aquí. Ella es mi responsabilidad, no la tuya.
Palabras equivocadas. A muchos niveles.
—Ella es de mi sangre —gruñó.
—Y yo soy el que la dejó en esa cama. Oh, y también soy el cabronazo de tu rey, así que harás lo que ordeno, Vishous.
Justo cuando estaba a punto de decir y hacer algo que luego lamentaría, la cordura de Jane le alcanzó.
—V, en este momento, tú eres el problema. No la condición de tu melliza o la decisión de Manny. Tienes que dar un paso atrás, conseguir algo de claridad y pensar, no reaccionar. Yo estaré con ella todo el rato y Butch vendrá conmigo, ¿verdad?
—Absolutamente —replicó el poli—. Y también me llevaré a Rhage. Así que no estará sola ni un instante.
Silencio sepulcral. Durante el cual el lado racional de V luchó por su timón… y aquel humano se negaba a echarse atrás. A pesar del hecho de que él era como una puñalada en el corazón estando lejos de su ataúd, este hijo de puta seguía fulminándole con la mirada.
Cristo, casi podría respetarle por ello.
La mano de Jane sobre el biceps no se parecía a la de Wrath. Su toque era ligero, consolador, cuidadoso.
—Pasé años en ese hospital. Estoy familiarizada con todas las habitaciones, toda la gente y todo el equipamiento. No hay ni un centímetro cuadrado de esas instalaciones que no conozca como la palma de mi mano. Manny y yo trabajaremos juntos y nos aseguraremos de que entra y salga rápido… y de que esté protegida. Él tiene el máximo poder como jefe de cirugía y yo estaré con ella a cada paso del camino…
Jane continuó hablando pero él no oyó nada más, una visión repentina le asaltó como una señal recibida por algún transmisor externo: con claridad cristalina, vio a su hermana a horcajadas sobre un caballo, yendo a galope por la linde de un bosque. No había ninguna silla, ni brida y su cabello estaba suelto y fluía tras ella a la luz de la luna.
Se estaba riendo. Con completa y absoluta alegría.
Era libre.
A lo largo de toda su vida, siempre había tenido visiones del futuro… así que sabía que esta no era una de ellas. Sus visiones eran exclusivamente de muertes… las de sus hermanos y Wrath y sus shellans e hijos. Saber cómo pasarían todos los que le rodeaban era en parte la razón de su reserva y toda la de su locura: Se le hacía partícipe sólo del medio, nunca del momento y por consiguiente no podía salvarlos.
Así que supo que esto no era el futuro. Esto era lo que quería para la melliza a la que había encontrado demasiado tarde y estaba en peligro de perder demasiado pronto.
V, en este momento, tú eres el problema.
Como no confiaba en sí mismo para hablar con ninguno de ellos, dejó caer al doctor como a una moneda de diez centavos y se echó atrás. Mientras el humano recuperaba la respiración, V no miraba a nadie más excepto a Jane.
—No puedo perderla —dijo con voz débil, aunque hubiera testigos.
—Lo sé. Estaré con ella a cada paso del camino. Confía en mí.
V cerró los ojos brevemente. Una de las cosas que él y su shellan tenían en común era que ambos eran muy, muy buenos en lo que hacían. Devotos en su trabajo, existían en universos paralelos de su propia creación y concentración: la lucha para él, la curación para ella.
Así que esto era el equivalente para él a jurar que mataría a alguien por ella.
—Vale —dijo con la voz rota—. Muy bien. Pero dadme un minuto con ella.
Empujando las puertas dobles, se aproximó a la cama de su melliza y era muy consciente de que esta podría ser la última vez que hablara con ella: los vampiros, como los humanos, podían morir en las operaciones. Morían.
Tenía incluso peor aspecto que antes, tendida demasiado inmóvil, con los ojos no sólo cerrados sino apretados como si sufriera dolor. Vaya mierda, su shellan tenía razón. Él era el obstáculo aquí. No ese cirujano.
—Payne.
Sus párpados se alzaron lentamente, como si pesaran tanto como leños.
—Hermano mío.
—Vas a ir a un hospital humano. ¿Vale? —Cuando ella asintió, odió que su piel fuera del color de la sábana blanca—. Te va a operar allí.
Cuando volvió a asentir, sus labios se separaron y su respiración se interrumpió un momento como si tuviera problemas para respirar.
—Será lo mejor.
Dios… ¿ahora qué? ¿Le decía que la quería? Suponía que lo hacía, a su propia jodida forma.
—Escucha… ten cuidado —refunfuñó.
Penoso. Jodido cabrón penoso. Pero fue todo lo que pudo decir.
—Tú… también —gimió ella.
Por su propia cuenta, su mano buena se extendió y se deslizó lentamente contra la de ella. Cuando ella la apretó ligeramente, no se movió o respondió y tuvo la repentina sensación de pánico de que había perdido su oportunidad, de que ella ya se había ido.
Payne.
Sus párpados revolotearon.
—¿Sí?
La puerta se abrió y Jane asomó la cabeza.
—Tenemos que irnos.
—Sí. Vale. —V dio a la palma de su hermana un apretón final, luego abandonó la habitación a la carrera.
Cuando llegó al vestíbulo, Rhage había llegado y también Phury y Z. Lo cual era bueno, Phury era especialmente experto en hipnotizar humanos… y lo había hecho antes en el St. Francis.
V se acercó a Wrath.
—Vas a ir a alimentarla, ¿no? Cuando salga de la operación, va a necesitar ser alimentada y tu sangre es la más fuerte que tenemos.
Cuando puso la exigencia sobre el tapete, habría sido genial si le hubiera importado una mierda que Beth, la Reina, pudiera tener un problema con compartir a su pareja así. Pero al bastardo egoísta que era, no le importaba.
Excepto que Wrath simplemente asintió con la cabeza.
—Mi shellan fue la primera en sugerirlo.
Los ojos de V se cerraron con fuerza. Demonios, esa sí era una hembra de valía. Directamente.
Antes de salir corriendo, echó una última mirada a su shellan. Jane estaba tan firme como una casa sobre tierra sólida, su cara y sus ojos eran fuertes y seguros.
—No tengo palabras —dijo él roncamente.
—Y yo sé exactamente lo que me estás diciendo.
V estaba a un metro de ella, pegado al suelo, deseando ser un tipo diferente de macho. Deseando… tanto que todo fuera diferente.
—Ve —susurró—. Puedo con esto.
V echó un último vistazo a Butch y cuando el asintió una vez, la decisión fue definitiva. Vishous asintió hacia su chico y luego se marchó a zancadas, saliendo del centro de entrenamiento, al túnel subterráneo y subiendo al Pit.
Donde comprendió de pronto que la distancia física no le afectaba una mierda. Todavía sentía que estaba en medio de todo el drama… y realmente no confiaba en sí mismo para no terminar volviendo allá abajo a «ayudar».
Fuera. Tenía que salir y alejarse de todos ellos.
Abriéndose paso a través de la pesada puerta principal, marchó hasta el patio… y terminó aparcado y yendo a ninguna parte, justo como los coches que estaban alineados lado a lado frente a la fuente.
Mientras se quedaba de pie como un imbécil, un ruido extraño y chasqueante le llamó la atención. Al principio no pudo ubicarlo, pero luego bajó la mirada. Su mano enguantada estaba temblando y golpeaba la parte superior de su muslo.
Desde debajo del cuero blindado, la incandescencia era lo bastante brillante para hacerle entrecerrar los ojos.
Maldita sea. Estaba muy cerca de perder el control, bien podría estar ya volando por los aires.
Con una maldición, se desmaterializó y se dirigió al lugar donde iba siempre cuando se ponía así. No deseaba ese destino ni el paseo en coche que le enviaba a la noche… pero como Payne, su destino no estaba en sus manos.

Capítulo 8

VIEJO PAIS. PRESENTE

Era un viejo sueño. De siglos de antigüedad. Y aún así las imágenes estaban frescas y claras como la noche que lo había cambiado todo muchos eones atrás.
En lo profundo de su sueño, Xcor se veía ante la aparición de una hembra airada, la niebla se arremolinaba alrededor de sus túnicas blancas y las levantaba como espuma en el aire frío. Ante esa aparición, él sabía inmediatamente por qué había salido del espeso bosque, pero su objetivo todavía ignoraba su presencia o su propósito.
Su padre estaba demasiado ocupado cabalgando sobre su corcel con una mujer humana.
Pero entonces Bloodletter veía al fantasma.
Después de eso, la sucesión de acontecimientos era tan rígida como las arrugas en la frente de Xcor: gritaba alarmado y espoleaba a su semental mientras su señor dejaba caer a la hembra humana que había agarrado y apuntaba al espíritu. Xcor nunca llegaba a tiempo. Siempre, miraba con horror como la hembra saltaba desde el suelo y derribaba a su padre.
Y luego el fuego… el fuego que la hembra forjaba sobre el cuerpo de Bloodletter era brillante y blanco, y consumía instantáneamente al sire de Xcor, el hedor a carne abrasada…
Xcor saltó hacia arriba con la mano de la daga agarrándose el pecho, los pulmones bombeando pero sin introducir aire.
Plantando las palmas en su camastro de mantas, se sostuvo y estuvo jodidamente agradecido de estar solo en sus propias dependencias. Nadie necesitaba verle de esa manera.
Mientras intentaba regresar a la realidad, su respiración resonaba y rebotaba, los sonidos saltaron por las paredes áridas y se multiplicaron hasta parecer chillidos. Con prisa, deseó que se encendiera la vela que tenía a su lado en el suelo. Eso fue de ayuda. Y luego se levantó para estirar el cuerpo, el proceso de realinear huesos y músculos ayudaba a su cerebro.
Necesitaba alimento. Y sangre. Y un combate.
Luego sería completamente él mismo.
Después de vestirse con cuero curtido y de ponerse una daga en su cinturón, salió de su cuarto al pasillo que tenía corrientes de aire. A lo lejos, voces profundas y el ruido de platos de estaño le dijeron que la Primera Comida había sido servida en el gran vestíbulo.
Él y su banda de bastardos vivían en el castillo con el que se había topado la noche que su padre fue asesinado, se cernía sobre una aldea medieval durmiente que había madurado en un pueblo preindustrial y luego se convirtió en la época moderna en una pequeña ciudad de cincuenta mil humanos.
Lo cual, dado el predominio del Homo sapiens, no era nada más que un helecho en un bosque de robles.
La fortaleza encajaba con él perfectamente y eran las razones que primero le habían atraído al lugar. Las paredes robustas de piedra y el foso con el puente todavía estaban en su lugar y funcionaban bien para mantener a la gente fuera. Añade a eso las muchas historias sangrientas y las verdades que lanzaban un manto de susurros sobre sus tierras, su casa y sus machos. De hecho, desde hacía cien años, él y sus soldados habían cumplido con su deber de propagar los mitos de las gilipolleces de los vampiros “frecuentando” los caminos de la zona de vez en cuando.
Algo que era fácil de hacer cuando eras un asesino y podías desmaterializarte a voluntad.
¡Bu! nunca había sido tan jodidamente efectivo.
Y además había más asuntos. Habiendo diezmado sin ayuda la población de lessers en el viejo mundo, tenían que encontrar modos de mantener afiladas sus habilidades de matar. Afortunadamente, los humanos habían ocupado el puesto… aunque, por supuesto, él y sus hermanos tenían que permanecer en secreto, con sus identidades verdaderas protegidas.
Enrolarse en el impulso humano de la venganza.
Había sólo una característica loable de los humanos y era su ira en lo que se refería a esos que cometían atrocidades. Pero ya que los vampiros daban caza sólo a violadores, pedófilos y asesinos, sus “crímenes” eran mejor tolerados. El destino sabía que si ibas detrás de los tipos morales, los humanos eran como abejas saliendo en tropel de una colmena para proteger su patio, ¿pero los violadores?
Ojo por ojo, decía su Biblia.
Y con eso, su banda de bastardos tenía objetivos para practicar.
Había sido así durante dos décadas, siempre con la esperanza de que su enemigo, la Sociedad Lessening, enviara enemigos más apropiados para ellos. Sin embargo, no había venido ninguno y la conclusión que tomaba forma en su interior era que no había más lessers en Europa y no se esperaba que ninguno regresara. Después de todo, él y sus machos habían viajado cientos de millas en todas direcciones cada noche cazando canallas humanos, así que se habrían topado con asesinos en algún lugar, de algún modo.
Desgraciadamente, no había ninguno.
Sin embargo, la ausencia era lógica. La guerra había cambiado de continente hacía mucho tiempo: cuando la Hermandad de la Daga Negra se marchó al Nuevo Mundo, la Sociedad Lessening les siguió como perros, dejando la escoria atrás para que Xcor y sus bastardos la limpiaran. Durante mucho tiempo había sido suficiente desafío, los asesinos continuaban poniéndose disponibles, las batallas se sucedían rápidamente y la lucha era buena. Pero ese tiempo había pasado y los humanos no eran verdaderos contrincantes.
Por lo menos, los lessers podían ser un desafío divertido.
Una sensación de denso descontento crecía en su interior mientras descendía por las escaleras, las botas aplastando una antigua y raída alfombra de pasillo que debería haber sido reemplazada hacía generaciones. Abajo, el inmenso espacio que se desplegaba era una caverna de piedra, con nada más excepto una tremenda mesa de roble ante un hogar tan grande como una montaña. Los humanos que habían construido esta fortaleza habían forrado sus paredes toscas con tapices, pero las escenas de guerreros a horcajadas sobre corceles de valor no habían envejecido mejor de lo que lo habían hecho las alfombras: las fibras destrozadas y apagadas colgaban abatidas de sus ganchos, los dobladillos inferiores crecían en longitud hasta que sin duda pronto se convertirían también en tapices para el suelo.
Delante del llameante fuego, su banda de bastardos estaban sentados sobre sillas talladas, comiendo ciervo, urogallo y paloma cazados en los terrenos de la propiedad, limpiados en el campo y cocinados en el hogar. Bebían cerveza que maceraban y fermentaban ellos mismos en los sótanos bajo tierra y comían en platos de estaño con cuchillos de caza y tenedores punzantes.
Había poca electricidad en la mansión, no había necesidad de ella en la mente de Xcor, pero Throe tenía ideas diferentes. El macho había insistido en que hubiera un cuarto para sus ordenadores y eso requería molestas instalaciones de un tipo que no eran interesantes ni terriblemente comprensibles. Pero estaba el punto de la modernización. Aunque Xcor no sabía leer, Throe sí y los humanos no sólo eran propagadores interminables de sangre y depravación; estaban fascinados por ello también… así era cómo localizaban a las presas a través de Europa.
El asiento de la cabecera de la mesa estaba libre para él y en el segundo en que se sentó los otros dejaron de comer, bajando las manos.
Throe estaba a su derecha, en la posición de honor y los ojos pálidos del vampiro ardían.
—¿Cómo os va?
Ese sueño, ese sueño dejado de la mano de Dios. En verdad, estaba esparcido dentro de su piel pero los otros no lo sabrían jamás.
—Bastante bien. —Xcor alcanzó el tenedor y traspasó un muslo—. Por tu expresión, me aventuraría a decir que tienes un propósito.
—Aye. —Throe le ofreció un grueso fajo de papeles impresos de lo que parecía de una compilación de artículos periodísticos. En la parte superior, había una prominente fotografía en blanco y negro y la señaló.
—Lo quiero.
El macho humano representado era un gallito de cabello oscuro con la nariz rota y la frente caída y pesada de un mono. La escritura bajo la foto y las columnas impresas no eran nada excepto un patrón a ojos de Xcor; sin embargo, comprendió claramente la malevolencia en ese semblante.
—¿Por qué este hombre particular, trahyner?
Aunque lo sabía.
—Mató mujeres en Londres.
—¿Cuántas?
—Once.
—Ni siquiera una docena entonces.
El ceño de Throe se llenó de desaprobación. Lo que era un placer realmente.
—Las cortó en pedazos mientras estaban vivas y esperó a que murieran para… tomarlas.
—¿Quieres decir, follarlas? —Xcor desgarró la carne del hueso con sus colmillos y cuando no hubo respuesta, arqueó la ceja—. Quieres decir follarlas, Throe.
—Sí.
—Ah. —Xcor sonrió con una comisura—. Tontitas sucias.
—Once. Mujeres.
—Sí, lo has mencionado. Así que es más bien un pequeño idiota pervertido y cachondo.
Throe cogió los papeles y los hojeó, mirando fijamente las caras de las mujeres humanas sin valor. Sin duda él rezaba a la Virgen Escriba en este momento, esperando que le otorgara la oportunidad de realizar un servicio público por una raza que no era nada más que una ceremonia de inducción y que estaban lejos de ser su enemigo.
Patético.
Y no sería sólo viajar para él, que era por lo que parecía que se estaban aprovechando de él: desgraciadamente, el juramento que estos cinco machos habían hecho la noche de la incineración de Bloodletter los ataba a Xcor con cables de hierro. No iban a ningún sitio sin su consentimiento y aprobación.
Aunque en lo que se refería a Throe, ese macho había estado atado a él mucho antes que eso, ¿verdad?
En el silencio, los zarcillos del sueño de Xcor resurgieron en su mente, como la quemadura de saber que nunca había encontrado esa aparición de la hembra. Lo que no era correcto. Aunque estaba más que dispuesto a ser el elemento principal de los mitos dentro de las mentes humanas, no creía en fantasmas, ni en apariciones, ni en hechizos o maldiciones. Su padre había sido eliminado por algo de carne y hueso, y el cazador en él quería encontrarlo y matarlo.
—¿Qué dices? —preguntó Throe.
Como él. Tal héroe.
—Nada. O habría hablado, ¿no?
Los dedos de Throe comenzaron a golpear contra la vieja madera manchada de la mesa y Xcor se complació en dejar que se sentara y jugara al chico del tambor. Los otros simplemente comían, contentos de esperar a que esa batalla se resolviera de una manera u otra. A diferencia de Throe, al resto no le importaba qué objetivos se eligieran, siempre que les alimentaran, les dieran de beber y sexo, estaban contentos de luchar cuando y donde fuera que les dijeran.
Xcor apuñaló otra tira de carne y se recostó en la inmensa silla de roble, los ojos se vieron atraídos por los tapices decrépitos. Dentro de los dobleces apagados, esas imágenes de humanos yendo a la guerra sobre sementales que le gustaban y esas armas que podía apreciar le removían la mierda…
La sensación de que estaba en el lugar equivocado hormigueaba sobre sus hombros, poniéndole tan nervioso como a su número dos.
Veinte años sin lessers y erradicando a meros humanos para mantener el ritmo de sus habilidades no era la clase de existencia que quería para su equipo ni para él mismo. Y aunque había algunos vampiros que habían permanecido en el Viejo País, él se había demorado en este continente con esperanzas de encontrar entre ellos lo que sólo veía en sus sueños.
Esa hembra. Que había eliminado a su padre.
¿Sin embargo a dónde le había llevado toda esta demora?
La decisión con la que había jugueteado mucho tiempo cristalizó en su mente una vez más, tomando forma y estructura, ángulos y arcos. Y mientras que antes, el impulso siempre se había desvanecido, ahora, la pesadilla le daba la clase de poder que convertía la mera idea en acción.
—Iremos a Londres —pronunció.
Los dedos de Throe pararon inmediatamente.
—Gracias, Sire.
Xcor inclinó la cabeza y sonrió para sí mismo, pensando que Throe podría tener una oportunidad de eliminar a ese humano. O... quizás no.
Sin embargo, los planes del viaje ya estaban efectivamente en marcha.

Capítulo 9

HOSPITAL ST.FRANCIS, CALDWELL, NUEVA YORK

Los complejos de centros médicos eran como un rompecabezas. Excepto por el hecho de que las piezas no encajaban tan bien.
Pero eso no era algo malo en una noche como esta, pensó Manny mientras se restregaba.
En algún nivel, estaba asombrado de que todo hubiera sido tan fácil. Los matones que le habían traído a él y a su paciente aquí habían aparcado en uno de los miles de rincones oscuros del borde exterior del St. Francis y luego Manny había llamado al jefe de seguridad él mismo, indicando que tenía un paciente VIP entrando por la parte trasera que requería la máxima discreción. El siguiente ring-ring había sido a su equipo de enfermería y el guión fue el mismo: paciente especial entrando. Preparad el quirófano más lejano del tercer piso y tened preparado el aparato de resonancia magnética para una rápida. Lo siguiente había sido el transporte y, sabes qué, habían aparecido enseguida con una camilla.
A los quince minutos de terminar la resonancia, el paciente estaba aquí en el quirófano VII, siendo preparada.
—¿Entonces quién es ella?
La pregunta provino de la enfermera a cargo y él lo había estado esperando.
—Una amazona Olímpica. De Europa.
—Bien, eso lo explica. Dijo algo entre dientes y ninguna de nosotras pudo entender el idioma —la mujer hojeó algún papeleo, que él iba a asegurarse de enganchar después de que todo esto acabara—. ¿Por qué todo el secretismo?
—Es de la realeza. —Y no es que no fuera verdad. Mientras venía hacia aquí con ella, había pasado todo el viaje mirando sus rasgos regios.
Bobo. Estúpido bobo.
Su enfermera jefe miró al pasillo con ojos cautelosos.
—Explica el detalle de la seguridad, Dios mío, cualquiera pensaría que somos ladrones de banco.
Manny se recostó para echar un vistazo a hurtadillas mientras se restregaba bajo las uñas con el cepillo duro. Los tres que habían venido con él estaban en el vestíbulo aproximadamente a unos tres metros, sus inmensos cuerpos vestidos de negro con muchas protuberancias.
Armas, sin duda. Quizá cuchillos. Posiblemente un lanzallamas o dos, quién coño lo sabía.
Hace que uno se olvide de la idea de que en el gobierno no hay más que estirados burócratas y chupatintas.
—¿Dónde está su consentimiento? —preguntó la enfermera—. No hay nada en el sistema.
—Los tengo todos —mintió—. ¿Tienes la resonancia?
—En la pantalla, pero el técnico dice que hay errores. Quiere volver a hacerla.
—Déjame mirar primero.
—¿Está seguro que quiere figurar como responsable de todo esto? ¿Ella no tiene dinero?
—Tiene que ser anónimo y me reembolsarán. —Por lo menos, asumía que lo harían, no es que realmente le importara.
Manny se aclaró la espuma marrón del betadine de manos y antebrazos y los sacudió. Manteniendo los brazos arriba, golpeó la puerta batiente con la espalda y entró en el quirófano.
En la habitación había dos enfermeras y un anestesista, las primeras volvían a revisar las bandejas rodantes de instrumentos puestos sobre paños quirúrgicos azules, el último calibraba los gases y el equipo que sería utilizado para mantener a su paciente dormida. El aire era frío para evitar el sangrado y olía a astringente, el equipo informático zumbaba calladamente junto con las luces del techo y la araña de luces operatorias.
Manny fue directamente a los monitores y en el instante que vio la resonancia, el corazón le saltó en el pecho. Despacio, revisó las imágenes digitales cuidadosamente hasta que no pudo soportarlo más.
Mirando a las ventanas de las puertas batientes, sopesó a los tres hombres que estaban fuera del cuarto, sus duras caras y fríos ojos le miraban.
No eran humanos.
Su mirada se deslizó a su paciente. Tampoco ella.
Manny volvió a la resonancia y se inclinó más cerca de la pantalla, como si de algún modo mágico fuera a arreglar las anomalías que veía. Ventrículos.
Tío, y ¿había pensado que el corazón de seis cámaras del Odioso-Señor-Barba-de-Chivo era extraño?
Cuando las dobles puertas se abrieron y cerraron, Manny cerró los ojos y respiró profundamente. Luego se dio la vuelta y se enfrentó al segundo médico que había entrado en el cuarto.
Jane se había restregado así que todo lo que se podía ver eran sus ojos verde bosque detrás de la mascarilla quirúrgica, él había cubierto su presencia diciéndole al personal que era la médico privada del paciente, algo que no era mentira. La cancioncilla de que, igual que él, ella los conocía a todos se la guardó. También ella.
Cuando la mirada de Jane se movió a sus ojos y se centró allí sin ninguna disculpa, él quiso gritar pero tenía un maldito trabajo que hacer. Centrándose, empujó las cosas que no eran inmediatamente útiles fuera de su mente y revisó el daño a las vértebras para planear su enfoque.
Podía ver el área que se había fusionado siguiendo una fractura: la espina dorsal era una pauta encantadora de nódulos de huesos perfectamente colocados entre los oscuros discos intervertebrales… excepto en la T6 y la T7. Lo qué explicaba la parálisis.
No podía ver si la médula espinal estaba comprimida o cortada completamente y no sabría la extensión verdadera del daño hasta que entrara. Pero no tenía buena pinta. Las compresiones espinales eran mortales para ese túnel delicado de nervios y podía producirse un daño irreparable en cuestión de minutos u horas.
¿Por qué la prisa en buscarle?, se preguntó.
Miró a Jane.
—¿Cuántas semanas desde que fue herida?
—Fue... hace cuatro horas —dijo en voz tan baja para que nadie más pudiera oírla.
Manny retrocedió.
—¿Qué?
—Cuatro. Horas.
—¿Tenía alguna herida previa?
—No.
—Necesito hablar contigo. En privado —mientras la llevaba a la esquina de la habitación, dijo al anestesista—: Espera, Max.
—Ningún problema doctor Manello.
Atrayendo a Jane cerca, Manny siseó:
—¿Qué coño está pasando aquí?
—La resonancia se explica por sí misma.
—Eso no es humano. ¿Lo es?
Ella sólo le miró fijamente, los ojos fijos e inquebrantables en los suyos.
—¿Cómo coño te metiste en eso, Jane? —preguntó entre dientes—. ¿Qué cojones me estás haciendo?
—Escúchame cuidadosamente, Manny y cree cada palabra que te digo. Vas a salvarle la vida y por extensión, la mía. Es la hermana de mi marido y si él... — se le atascó la voz—. Si la pierde antes de tener la oportunidad de conocerla, lo matará. Por favor, deja de hacer preguntas que no puedo responder y haz lo que mejor haces. Sé que no es justo y haría lo que fuera por cambiarlo… excepto perderla.
Bruscamente, él pensó en los atroces dolores de cabeza que había tenido el último año, cada vez que pensaba en los días previos a su accidente de tráfico. Ese maldito dolor punzante había vuelto en el instante que la vio… sólo para levantarse y revelar las capas de recuerdos que había presentido pero que no había podido recordar.
—Vas a hacerlo para que yo no recuerde nada —dijo—. Tampoco ninguno de ellos, ¿verdad? —sacudió la cabeza, bien consciente de que esto iba más allá de alguna mierda de agentes especiales o espías del gobierno de EEUU. ¿Otra especie? ¿Coexistiendo con los humanos?
Pero ella no iba a sincerarse con él sobre eso.
—Maldita seas, Jane. De verdad.
Cuando él iba a darse la vuelta, ella le agarró del brazo.
—Te lo debo. Haz esto por mí y te lo debo.
—Bien. Entonces, no vuelvas nunca a por mí otra vez.
La dejó en la esquina y fue donde su paciente, quien había sido colocada sobre el estómago.
Agachándose a su lado, dijo:
—Soy… —por alguna razón, quería utilizar su nombre con ella, pero como estaba el equipo, se mantuvo profesional—. Soy el doctor Manello. Vamos a comenzar ahora, ¿vale? No vas a sentir nada, te lo prometo.
Después de un momento, ella dijo débilmente:
—Gracias, sanador.
Él cerró los ojos ante el sonido de su voz. Dios, el efecto sobre él de esas dos palabras que habían salido de su boca era épico. ¿Pero qué le atraía exactamente? ¿Qué era ella?
Una imagen de los colmillos de su hermano se filtró por su mente y tuvo que cerrar la puerta. Ya habría tiempo para Vincent Price después de esto.
Con una suave maldición, le acarició el hombro y cabeceó al anestesista.
Hora del espectáculo.
Las enfermeras le habían pintado toda la espalda con Betadine y él palpó su espina dorsal con los dedos, sintiendo el camino mientras las drogas empezaban a funcionar y la anestesiaban.
—¿Alergias? —dijo a Jane, aunque ya lo había preguntado.
—Ninguna.
—¿Alguna cosa especial que necesitemos saber cuando esté dormida?
—No.
—Todo bien entonces. —Estiró la mano y balanceó el microscopio para ponerlo en posición, pero no directamente sobre ella.
Tenía que cortarla primero.
—¿Quiere música? —preguntó la enfermera.
—No. Nada de distracciones en este caso. —Estaba operando como si su vida dependiera de ello y no simplemente porque el hermano de esta mujer le hubiera amenazado.
Aunque no tenía sentido, perderla… lo que fuera ella… sería… una tragedia que no podría poner en palabras.


4 comentarios:

Mary Madonna Luce dijo...

Capitulo 7: Bueno, bueno el dr. si que tiene su caracter y sabe como mostrar los dientes.

Capitulo 8: Woww ADORO como escribe esta mujer. Siempre muestra las emociones a flor de piel. Nuestro V!!! Necesita mucha ayuda con todos los dramas que tien en su cabecita.

Capitulo 9: Otro capitulo donde seguimos conociendo a Xcor (sera el proximo a tener un libro???) Este nuevo grupo de gguerreros causa mucha curiosidad

Andrea dijo...

No leo el ) :( como hago

Anónimo dijo...

Nooooooo quienes son esos nuevos guerreros??? se reuniran con los hermanos?? pobre V pero todo va a estar bien Payne es fuerte

MONICA dijo...

MARY RECIEN ESTOY COMENZANDO A LEER ESTAN EN EL PUNTO QUE QUERIA SABER SOBRE EL OTRO HERMANO DE PAYNE ¿ES SU HERMANO DE PAYNE?