lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 28 29 30



Zsadist se detuvo en el túnel subterráneo, a medio camino entre la casa principal y el área de Vishous y Butch.
Cuando miró tras él no vio nada salvo una hilera de luces en el techo. En frente había más de lo mismo, una hilera de placas resplandecientes que seguían y seguían. Las puertas, por la que había entrado y por la que debía salir, eran invisibles para él.
Bueno, no era eso una jodida perfecta metáfora de la vida.
Se sentó contra el muro de acero del túnel, sintiéndose atrapado a pesar del hecho de no estar retenido por nada y por nadie.
Oh, pero qué sandeces. Bella estaba atrapándolo. Encadenándolo. Atándolo con su hermoso cuerpo y su corazón amable y esa extraviada quimera del amor que resplandecía en sus ojos color zafiro. Atrapado… Estaba tan atrapado.
Con un repentino cambio, su mente se cerró en la noche en la que Phury finalmente lo sacó de la esclavitud.

Cuando la Mistress apareció con otro macho, el esclavo se había mostrado desinteresado. Después de diez décadas los ojos de otros machos ya no le molestaban, y las violaciones y las invasiones no tenías nuevos horrores que enseñarle. Su existencia era un tramo de constante caída hacia el infierno, el único reposo real en la infinita naturaleza de su cautiverio.
Pero entonces había sentido algo extraño. Algo… diferente. Había girado la cabeza y mirado al extraño. Lo primero que pensó era que el hombre era enorme y vestido con lujo, así que tenía que ser un guerrero. Lo siguiente fue que esos ojos amarillos lo estaban mirando con una vergonzosa pena. En verdad, el extranjero que permanecía en la puerta había palidecido hasta que su piel pareció de cera.
Cuando el olor del ungüento asaltó su nariz de esclavo, volvió a mirar el techo, poco interesado en lo que ocurriría a continuación. Aun así, cuando su masculinidad fue manipulada una oleada de emoción surgió en la habitación. Volvió a mirar al hombre que estaba justo dentro de la celda. El esclavo frunció el ceño. El guerrero estaba buscando una daga y mirando a la Mistress como si fuera a matarla…
La otra puerta se abrió de golpe y uno de los cortesanos habló con pánico. De repente la celda se llenó de guardias, armas y furia. La Mistress fue asida bruscamente por el macho al frente del grupo y abofeteada tan duramente que se golpeó contra el muro. Entonces el macho fue hacia el esclavo desenvainando un cuchillo. El esclavo gritó mientras la hoja iba hacia su cara. Un ardiente dolor cortó la frente, la nariz y la mejilla; entonces oscuridad lo reclamó.
Cuándo el esclavo recobró el conocimiento, colgaba por el cuello, el peso de sus brazos, piernas y torso lo estrangulaban quitándole el derecho a la vida. Su reaparición mental fue como si su cuerpo supiera que era su último aliento y lo había despertado por si acaso su cerebro podría ayudar. Una penosa tentativa de rescate, pensó él.
Querida Virgen, ¿no debería sentir dolor? Y se preguntó si había sido salpicado con agua, porque su piel estaba húmeda. Entonces se dio cuenta de algo grueso le goteaba a los ojos. Su sangre. Estaba cubierto por su propia sangre.
¿Y qué era todo ese ruido alrededor de él? ¿Espadas? ¿Luchas?
Mientras se asfixiaba levantó los ojos, y por una fracción de segundo todo tipo de sofoco lo abandonó. El mar. Estaba mirando al vasto océano. La alegría se elevó durante un momento… y entonces su visión se anegó por la falta de aire. Sus párpados vacilaban y él cedió, pensando que estaba agradecido de haber visto en mar una vez más antes de morir. Ponderó vagamente si el Fade sería algo como éste vasto horizonte, una expansión infinita que era a la vez inconquistable y un hogar.
Justo mientras veía una brillante luz blanca ante él, la presión en su garganta cedió y su cuerpo fue tratado bruscamente. Hubo gritos y sacudidas, entonces una trepidante, robusta cabalgata que terminó abruptamente. Durante el camino, la agonía floreció por todas sus partes, asaltando sus huesos, golpeándole como torpes puños que lo machacaban.
Dos disparos de un fusil. Un gruñido de dolor que no era suyo. Y entonces un chillido y una explosión de viento en su espalda. Caer… él estaba en el aire, cayendo…
Oh, Dios, el mar. El pánico se extendió por él. La sal…
Sintió la dura amortiguación del agua sólo por un momento antes de que la sensación del mar tocando su piel en llagas sobrecargara su mente. Se desmayó.
Cuando volvió en sí de nuevo, su cuerpo no era más que un saco flojo lleno de dolores. Se dio cuenta confusamente de que estaba helándose por un lado, moderadamente cálido por el otro, y se movió para ver si podía. Tan pronto como lo hizo, sintió que la calidez contra él cambiaba en respuesta… Estaba en un abrazo. Un hombre estaba contra su espalda.
El esclavo empujó el duro cuerpo lejos del suyo y se arrastró por la tierra. Su visión empañada le mostró el camino, sacando un canto rodado de la oscuridad, dándole algo que esconder tras él. Cuando estuvo resguardado respiró a pesar de la molestia en sus órganos vitales, oliendo el salitre del mar y la miserable podredumbre de peces muertos.
Y también olor a estaño. Uno intenso, de estaño…
El se asomó por la esquina de la roca. Aunque sus ojos estaban débiles, era capaz de reconocer la figura del hombre que había venido a la celda con la Mistress. El guerrero se incorporaba contra la pared ahora, el pelo largo le colgaba en ristras más abajo de los anchos hombros. Sus elegantes ropas estaban rotas, y su fija mirada amarilla resplandecía con pena.
Ese era el otro olor, pensó el esclavo. Esa emoción triste que el hombre estaba sintiendo tenía un olor.
Cuando el esclavo olió otra vez sintió un extraño tirón en la cara, y levantó las puntas de los dedos hasta la mejilla. Había una ranura, una línea rígida en la piel… La siguió hasta la frente. Entonces hacia abajo al labio. Y recordó la hoja de cuchillo que venía hacia él. Se recordó chillando mientras lo cortaba.
El esclavo empezó a tiritar y se envolvió en sus brazos.
—Deberíamos darnos calor el uno al otro —dijo el guerrero—. Sinceramente, eso es todo lo que estaba haciendo. No tengo… planes para ti. Pero te ayudaría si pudiera.
Excepto que todos los machos de la Mistress habían querido estar con el esclavo. Es por eso por lo que los traía. A ella le gustaba mirar, también…
Pero entonces el esclavo recordó al guerrero levantando el puñal, pareciendo como si fuera a destripar a la Mistress como a un cerdo.
El esclavo abrió la boca y preguntó con voz ronca,
—¿Quién es usted, señor?
La boca no funcionaba como antes, y sus palabras fueron confusas. Lo intentó otra vez, pero el guerrero lo cortó.
—Escuché tu pregunta. —El estañado olor de la tristeza se volvió más fuerte hasta que anuló incluso el hedor a pescado—. Soy Phury. Soy… tu hermano.
—No. —El esclavo sacudió la cabeza—. En verdad, yo no tengo familia. Señor.
—No, yo no soy… — El macho se aclaró la garganta—. Yo no soy tu señor. Y siempre has tenido una familia. Nos fuiste arrebatado. Te he buscado durante un siglo.
—Me temo que se equivoca.
El guerrero se movió como si él fuera a levantarse, y el esclavo dio un salto hacia atrás, dejando caer sus ojos y cubriéndose la cabeza con los brazos. No podría soportar ser golpeado otra vez, incluso si lo merecía por su insubordinación.
Rápidamente, él dijo con su nueva forma enredada,
—No pretendía ofenderlo, señor. Yo le ofrecía sólo mi respeto por su mejor situación.
—Dulce Virgen en las alturas. —Un ruido estrangulado vino a través de la cueva—. No te golpearé. Estás a salvo… Conmigo, estás a salvo. Has sido encontrado, hermano.
El esclavo sacudió la cabeza otra vez, incapaz de escuchar nada de eso, porque se dio cuenta de repente de lo que iba a suceder al anochecer, lo que tenía que suceder. Era propiedad de la Mistress, lo que significaba que tendría que ser devuelto.
—Se lo suplico —gimió —, no me devuelva a ella. Máteme ahora… No me vuelva a regresar con ella.
—Nos mataré a ambos antes de permitir que vuelvas a quedarte allí de nuevo.
El esclavo levantó la mirada. Los ojos del guerrero ardían a través de la oscuridad.
El esclavo miró fijamente el brillo mientras el tiempo pasaba. Y entonces recordó, hace mucho, mucho tiempo, cuando despertó por primera vez tras su transición en su cautiverio. La Mistress le había dicho que adoraba sus ojos… sus ojos amarillo canario.
Entre su especie, había muy pocos con el iris de color dorado brillante.
Las palabras y las acciones del guerrero empezaron a penetrar. ¿Por qué pelearía jamás un extraño para liberarlo?
El guerrero se movió, respingó, y se cogió uno de los muslos.
La parte más baja de pierna había desaparecido.
Los ojos del esclavo se agrandaron ante el miembro perdido. ¿Cómo les había salvado el guerrero a ambos en el agua con esa herida? El tendría que esforzarse para mantenerse simplemente a flote. ¿Por qué no había dejado simplemente ir al esclavo?
Sólo un lazo de sangre podía engendrar esa clase de falta de egoísmo.
—¿Eres mi hermano? —dijo el esclavo entre dientes a través de su labio destrozado—. Verdaderamente, ¿Soy de tu sangre?
—Aja. Soy tu gemelo.
El esclavo empezó a temblar.
—Mentira.
—Verdad.
Un curioso temor se instaló sobre el esclavo, helándole. Se enroscó en sí mismo a pesar de la fría carne que lo cubría desde la cabeza a los pies. Nunca se le había ocurrido que fuera otra cosa que un esclavo, que podía haber tenido la oportunidad de vivir de forma diferente… vivir como un hombre, no como una propiedad.
El esclavo se mecía de aquí para allá en la suciedad. Cuándo paró, miró una vez más al guerrero. ¿Qué había acerca de su familia? ¿Por qué había sucedido esto? ¿Quién fue él? Y…
—¿Sabes si tenía un nombre? —Murmuró el esclavo—. ¿Me fue dado alguna vez un nombre?
El guerrero delineó una áspera respiración, como si una de sus costillas estuviese rota.
—Tu nombre es Zsadist. —La respiración del guerrero se acortaba y acortaba hasta sus palabras se estrangularon—. Eres el hijo… de Ahgony, un gran guerrero. Eres el amado de nuestra… madre, Naseen.
El guerrero dejó salir un desdichado sollozo y dejó caer la cabeza entre las manos.
Mientras él lloraba, el esclavo lo miraba.

Zsadist sacudió la cabeza, recordando aquellas silenciosas horas que habían seguido. Phury y él habían pasado la mayor parte del tiempo simplemente mirándose el uno al otro. Los dos estaban en mala forma, pero Phury era el más fuerte de ellos, incluso con el miembro perdido. Había reunido madera flotante y hebras de algas marinas y había juntado las cosas en una balsa raquítica que no daba confianza. Cuando el sol había caído se habían arrastrado por la costa hacia la libertad.
Libertad.
Si, bien. No era libre; nunca lo había sido. Aquellos años perdidos habían permanecido con él, la furia sobre lo que se le había estafado y sobre lo que se le había hecho estaba más viva de lo que lo estaba él.
Había oído a Bella diciéndole que lo amaba. Y quiso gritarle a algo.
En vez de eso, se fue hacia el Pit. No tenía nada digno de ella salvo su venganza, así que estaría malditamente bien que volviera al trabajo. Quería ver a todos los lessers aplastados ante él, apilados en la nieve como troncos, un legado era lo único que le podía ofrecer.
Y para el que la había cogido, el que la había herido, había una muerte especial esperándolo. Z no tenía amor que dar a nadie. Pero el odio que sentía lo canalizaría por Bella hasta el último aliento de sus pulmones.


CAPÍTULO 29


Phury encendió el cigarrillo y le echó una mirada a los dieciséis botes de Aqua Net que estaban alineadas en la mesa de café de Butch y V.
—¿Qué estáis haciendo con laca de cabello? ¿Vais a aburrirnos, chicos?
 Butch sostenía el tubo de PVC mientras lo perforaba.
—Un lanzador de patatas, Amigo. Muy divertido.
—¿Perdón?
—¿Nunca has ido a un campamento de verano?
—Las canastas de baloncesto y el taller de madera es para humanos. No te ofendas, pero nosotros tenemos mejores cosas que enseñarles a nuestros jóvenes.
—¡Ja! Uno no ha vivido hasta que no ha ido a una incursión de pantalones a media noche. De todas formas, pones la patata en éste al final, llenas la base con spray…
—Y entonces lo enciendes —cortó V desde su habitación. Salía en bata, frotándose una toalla en el pelo húmedo—. Hace mucho ruido.
—Un gran ruido — repitió Butch.
Phury miró a su hermano.
—V, ¿has hecho esto antes?
—Si, la noche pasada. Pero el lanzador se atascó.
Butch maldijo.
—La patata era demasiado grande. Malditos panaderos de Idaho. Vamos a enfrentarnos con los pieles rojas ésta noche. Esto va a ser magnífico. Por supuesto, la trayectoria puede ser una puta…
—Pero realmente es como el golf —dijo V, soltando la toalla sobre una silla. Se puso un guante en la mano derecha, cubriendo los tatuajes sagrados que le marcaban desde la palma a las yemas de los dedos y todo el dorso —. Quiero decir, debes pensar en tu arco en el aire…
Butch asintió despotricando.
—Si, es como el golf. El viento juega un gran papel…
—Enorme.
Phury fumó mientras ellos terminaban las frases del otro durante un par de minutos. Después de un rato se sintió obligado a mencionar,
—Vosotros dos estáis pasando juntos demasiado tiempo, ¿me entendéis?
V sacudió la cabeza mirando al policía.
—El hermano no aprecia éste tipo de cosas. Nunca lo ha hecho.
—Entonces apuntaremos hacia su cuarto.
—Es verdad. Y está cara al jardín…
—Así no tendremos que ocuparnos de los coches del patio. Excelente.
La puerta del túnel se abrió balanceándose, y los tres se dieron la vuelta.
Zsadist estaba en la entrada… y el aroma de Bella estaba sobre él. Junto con la sofocante fragancia del sexo. Así como con la más ligera insinuación de la marca de unión.
Phury se tensó y dio una profunda calada. Oh, Dios… Habían estado juntos.
Tío, la necesidad de correr por la casa y comprobar que ella todavía estaba respirando era casi irresistible. Así como el deseo de frotarse el pecho hasta que desapareciera el doloroso agujero.
Su gemelo había tenido la única cosa que Phury había anhelado.
—¿Se ha movido el SUV? —le dijo Z a Vishous.
V fue hacia sus ordenadores y pulsó unas cuantas teclas.
—Nop.
—Muéstramelo.
Cuando Zsadist se acercó y se agachó, V apuntó en la pantalla.
—Aquí está. Si se pone en camino, puedo seguir su rastro.
—¿Sabes cómo romper uno de esos Explorer sin activar la alarma?
Por favor. Es sólo un coche. Si está todavía allí al anochecer, te lo conseguiré como a Flynn.
Z se enderezó.
—Necesito un teléfono nuevo.
Vishous abrió un cajón del escritorio, sacó uno, y lo comprobó dos veces.
—Estás listo para marcharte. Les mandaré un mensaje de texto a todos con tu nuevo número.
—Llámame si esa cosa se mueve.
Cuando Zsadist les dio la espalda, Phury tomó otra calada y mantuvo firmemente la respiración. La puerta del pasillo se cerró con fuerza.
Sin ni siquiera darse cuenta de lo que estaba haciendo, Phury apagó el cigarro y fue tras su hermano.
En el pasillo, Z se paró cuando escuchó otros pasos. Mientras el hombre se daba la vuelta, la luz del techo marcaba los huecos bajo sus pómulos, la tajante línea de su mandíbula y la línea de la cicatriz.
—¿Qué? —preguntó, su voz profunda resonando. Entonces frunció el ceño—. Déjame adivinar. Es sobre Bella.
Phury se paró.
—Quizás.
—Definitivamente.  —Z bajó la mirada y la fijó en el suelo del pasillo—. Puedes olerla en mí, seguro.
En el largo silencio que hubo entre ellos, Phury deseó desesperadamente tener un tope entre los labios.
—Sólo necesito saber… si ella está bien después de que tú hayas… yacido con ella.
Z se cruzó de brazos.
—Si. Y no te preocupes, ella no va a querer hacerlo de nuevo.
OK Dios.
¿Por qué?
—Yo le hice… —Z frunció el fino labio—. De todo.
—¿Qué? ¿Qué hiciste?
—Le hice herirme. —Cuando Phury retrocedió, Z se echó a reír con un bajo, triste sonido—. Sí, no necesitas ser tan sobre protector. Ella no se me va a acercar de nuevo.
—¿Cómo…? ¿Qué pasó?
—UAH-Hugh, bien. Déjame decirte todas las formas en que tú y yo no vamos a estar.
De repente, sin ningún aviso, Z enfocó la cara de Phury. La fuerza de esa mirada fue una sorpresa, porque el hombre rara vez miraba a alguien a los ojos.
—Derechito hacia arriba, hermano, se cómo te sientes respecto a ella y yo... ah espero que cuando las cosas se enfríen un poco, quizás puedas... estar con ella o algo.
¿Estaba loco? Pensó Phury. ¿Estaba jodidamente loco?
—¿Cómo demonios crees que eso podría funcionar, Z? Estás ligado a ella.
Zsadist se frotó la pelada cabeza.
—No realmente.
—Sandeces.
—No importa, ¿qué tal esto? Considerablemente pronto ella va a salir de lo que sea este post-trauma en el que está y va a querer a alguien real.
Phury sacudió la cabeza, sabiendo malditamente bien que un hombre unido no deja a un lado sus sentimientos por su mujer. No a menos que muera.
—Z, estás chiflado. ¿Cómo puedes decir que quieres que esté con ella? Eso te mataría.
La cara de Zsadist cambió y su expresión fue un shock. Tal dolor, pensó Phury. Tan profundo que parecía imposible.
Y entonces el hombre avanzó. Phury se preparó para… Dios, no tenía ni idea de lo que le venía.
Cuando Z levantó la mano, no había furia ni violencia. Y mientras Phury sentía la palma de su gemelo posándose suavemente en su cara, no pudo recordar la última vez que Z le había tocado con cariño. O le había tocado de cualquier forma.
La voz de Zsadist era baja y suave mientras movía el pulgar adelante y atrás por la mejilla sin marcar.
—Eres el hombre que yo debería haber sido. Tienes el potencial que yo tuve y perdí. Eres el honor, la fuerza y la ternura que ella necesita. La cuidarás. Quiero que tú la cuides. —Zsadist bajó la mano. —Será una buena unión para ella. Contigo como su hellren, podrá llevar la cabeza alta. Podrá estar orgullosa de ser vista contigo a su lado. Será socialmente invencible. La glymera no será capaz de tocarla.
La tentación se arremolinó y se condensó hasta convertirse en el instinto de Phury. Pero y su gemelo ¿qué?
—Oh, Dios… Z. ¿Cómo puedes digerir la idea de que yo esté con ella?
Instantáneamente toda la suavidad se había ido.
—Que seas tú o algún otro, la pena es la misma. Además, ¿piensas que no estoy acostumbrado a ser herido? —Z curvó los labios en una pequeña sonrisa desagradable—. Para mí, es el dulce hogar, hermano.
Phury pensó en Bella y en cómo ella había rechazado su vena.
—Pero ¿no crees que ella tiene voz y voto en esto?
—Ella verá la luz. No es estúpida. No a tan largo plazo. —Z se giró y empezó a caminar. Entonces se detuvo. Sin mirar atrás. Dijo—, hay otra razón por la que quiero que la tengas.
—¿Es la única que va a tener sentido?
—Debes ser feliz. —Phury dejó de respirar mientras Zsadist murmuraba—. Vives menos de media vida. Siempre lo haces. Ella podría cuidarte, y eso… eso sería bueno. Me gustaría para ti.
Antes de que Phury pudiera decir algo, Z le cortó.
—¿Recuerdas en aquella cueva… después de que me rescataras? Ya sabes, ¿el día que nos sentamos juntos a esperar la puesta de sol?
—Si —susurró, recorriendo la espalda de su gemelo.
—Aquel lugar olía a demonios, ¿verdad? ¿Lo recuerdas? ¿El pescado?
—Lo recuerdo todo.
—Sabes, todavía puedo imaginarte contra la pared de la cueva, con el pelo todo enredado, la ropa mojada y manchada de sangre. Parecías una mierda. —Z se rió en un corto exabrupto—. Yo tenía peor aspecto, estoy seguro. De todas formas… me dijiste que me facilitarías las cosas, si pudieras.
—Lo hice.
Hubo un gran silencio. Entonces un golpe de frío surgió del cuerpo de Z y miró sobre sus hombros. Sus ojos negros eran glaciales, su cara oscura como las infundadas sombras del infierno.
—Se acabó el ser ayudado. Jamás. Pero seguro como la mierda que hay esperanza para ti. Así que toma a la mujer que quieres tan desesperadamente. Cógela y mete algo de sentido común en ella. La echaría de mi habitación si pudiera, pero ella simplemente no quiere irse.
Z se alejó a zancadas, sus botas de montaña golpeando el suelo.


Horas más tarde Bella estaba paseando por la mansión. Había pasado parte de la noche con Beth y Mary, y apreció su amistad. Pero ahora estaba todo en silencio, porque los Hermanos y todos los demás se habían ido a la cama. Sólo ella y Boo recorriendo los pasillos mientras el día pasaba, con el gato a su lado como si supiera que ella necesitaba compañía.
Dios, estaba agotada, tan cansada que casi no podía tenerse de pie, y estaba sufriendo también. El problema era, que había una agitación que animaba su cuerpo; su maquinaria interna rehusaba a estar ociosa.
Mientras el rubor la atravesaba, como si alguien le hubiera puesto un secador de pelo en cada pulgada de su piel, supuso que estaba poniéndose enferma, aunque no sabía cómo. Había estado con el lessers durante seis semanas, y no era como si hubiera cogido un virus de él. Y ninguno de los Hermanos o sus shellans estaba enfermo. Quizás sólo era algo emocional.
¿Sí, tú crees?
Llegó a una esquina y se detuvo, dándose cuenta de que había vuelto al pasillo de las estatuas. Se preguntó si Zsadist estaría en su habitación ahora.
Y se desilusionó cuando abrió la puerta y no estaba.
Aquel hombre, noto, era como una adicción. No era bueno para ella, pero no era algo de lo que pudiera alejarse.
—Hora de acostarse, Boo.
El gato le hizo un maullido, como si abandonara sus deberes de escolta y se fue trotando por el pasillo, silencioso como la nieve que cae igual de elegante.
Bella cerró la puerta mientras la atrapaba otro sofoco. Lanzando la prenda de lana que llevaba fue a abrir la ventana, pero por supuesto las persianas estaban bajadas: eran las dos de la tarde. Desesperada por calmarse, se dirigió a la ducha y se metió bajo el agua fría durante sólo Dios sabe cuánto tiempo. Se sentía incluso peor cuando salió, le picaba la piel y le pesaba la cabeza.
Envolviéndose en una toalla, se fue a la cama y arregló las mantas arrugadas. Antes le echó un ojo al teléfono y pensó que debería llamar a su hermano. Necesitaban encontrarse cara a cara, y necesitaban hacerlo pronto, porque el periodo de gracia de Wrath no iba a durar mucho más. Y como Rehv nunca dormía, podría ser ahora.
Sin embargo, mientras otra oleada de calor la atravesaba, supo que no podía tratar con su hermano ahora. Esperaría hasta que cayera la noche, después de descansar algo. Cuando el sol se pusiera podría llamar a Rehvenge y encontrarse con él en algún sitio público y neutral. Y lo persuadiría de que cortara el rollo.
Se sentó en la orilla de la cama y sintió una extraña presión entre las piernas.
El sexo con Zsadist, pensó. Había pasado mucho tiempo desde que había tenido a un hombre dentro. Y el único otro amante que había tenido no había estado así de dotado. No se había movido así.
Las imágenes de Zsadist balanceándose sobre ella, su cara tensa y oscura, su cuerpo duro esforzándose, enviaron un pulso que la dejó temblando. Rápidamente una sensación aguda le traspasó su propio centro, como si él estuviera penetrándola de nuevo, una combinación de miel y ácido recorriéndole las venas.
Frunció el ceño, apartó la toalla, y miró su cuerpo. Sus pechos parecían mucho más grande de lo normal, las puntas de un profundo rosa. ¿Vestigios de la boca de Zsadist? Absolutamente.
Con una maldición, se echó y se tapó con una sábana. Más calor bulló en su cuerpo, y se giró sobre el estómago. Abriendo las piernas. Intentando calmarse. A pesar de eso, el dolor pareció volverse más agudo.

Cuando la nieve empezó a caer en serio y la luz de la tarde comenzó a debilitarse un poco, O condujo su camión hacia el sur por la Ruta 22. Cuando llegó al lugar correcto se bajó y miró a U.
—El Explorer está a 100 yardas en línea recta desde aquí. ¡Sácalo ya de esos bosques! Después empieza a comprar todos los materiales que necesitamos y fija los días de entrega. Quiero esas manzanas localizadas y el arsénico listo.
—Excelente. —U bajó desabrochando el cinturón del asiento—. Pero, escucha, necesitas dirigirte a la Sociedad. Es lo habitual para el Lesser Principal.
—Lo que sea.
O miró por el parabrisas, observando cómo los limpiaparabrisas apartaban los copos de nieve. Ahora que ya tenía a U organizando la gilipollez del festival del solsticio, volvió a atormentar su cerebro con las respuestas a su principal problema: ¿cómo demonios iba a encontrar a su mujer ahora?
—Pero el Lesser Principal siempre se ha dirigido a los miembros la primera vez que ocupa el sitio del antiguo jefe.
Cristo, la voz de U estaba empezando realmente a sacarle la mierda que llevaba dentro. De modo que era del tipo de mentalidad de ‘ir por el libro’.
—O, necesita…
—Cállese la jodida boca, tío. No estoy interesado en organizar encuentros.
—Ok. —U alargó la palabra, su desaprobación era obvia—. Así que ¿dónde quiere a los escuadrones?
—¿Dónde cree? En el centro.
—Si encuentran civiles mientras luchan con los Hermanos, ¿quiere que los equipos hagan prisioneros o sólo que los maten? y ¿vamos a construir otro centro de persuasión?
—No me importa.
—Pero necesitamos… —la voz de U era monótona.
¿Cómo iba a encontrarla? Dónde podría…
—O.
O miró a través del camión, listo para explotar.
Qué.
La boca de U pareció la de un pez por un momento. Abriendo. Cerrando.
—Nada.
—Está bien. Ni una más de sus tonterías. Ahora saque de aquí mi camión y manténgase ocupado haciendo algo que no sea cotorrear conmigo.
Apretó el acelerador en el segundo en que las botas de U tocaron la grava. Pero no fue muy lejos. Giró por la vereda de la granja e hizo un reconocimiento a la casa de su mujer.
No había huellas en la nieve fresca. No había luces. Estaba desierta.
Malditos Betas.
O se dio la vuelta y se dirigió al centro. Tenía los ojos secos por la falta de sueño, pero no quería malgastar las horas nocturnas recargándose. A joderse.
Tío… Si no conseguía matar algo ésta noche, iba a volverse loco.

Zsadist pasó el día en el centro de entrenamiento. Trabajó contra el saco de boxeo. Levantó pesas. Corrió. Levantó más pesas. Practicó con las dagas. Cuando volvió a la casa eran casi las cuatro y estaba listo para salir a cazar.
En el momento que puso un pie en el vestíbulo, se paró. Algo iba mal.
Miró alrededor del vestíbulo. Levantó la vista hacia el segundo piso. Escuchó los misteriosos sonidos. Cuando olió el aire, todo lo que pudo oler era que el desayuno que se estaba sirviendo en el comedor y fue hacia allí, convencido de que algo estaba mal, pero incapaz de encontrar qué era. Encontró a los Hermanos sentados y demasiado quietos, a pesar de que Mary y Beth estaban comiendo y hablando tranquilamente. Bella no estaba a la vista.
Le interesaba poco la comida, pero se dirigió al asiento vacío junto a Vishous de todas formas. Mientras se sentaba sintió el cuerpo tenso, y supo que era del ejercicio duro que había hecho durante el día.
—¿Se ha movido el Explorer? —le preguntó a su hermano.
—No hasta que he venido a comer. Lo comprobaré tan pronto como vuelva, pero no te preocupes. El ordenador puede rastrear cualquier ruta que tome incluso si no estoy allí. Seremos capaces de ver el rastro.
—¿Estás seguro?
Vishous le envió una mirada seca.
—Sí, lo estoy. Yo mismo diseñé el programa.
Z asintió, entonces se puso una mano bajo la barbilla y crujió el cuello. Tío, estaba tieso.
Un segundo después, Fritz llegó con dos lustrosas manzanas y un cuchillo. Después de darle las gracias al mayordomo, Z empezó a trabajar en una de las Granny Smiths. Mientras la pelaba, se acomodó en la silla. Mierda… sentía las piernas raras, y también la parte baja de la espalda. ¿Quizás había empujado demasiado? Se movió de nuevo en el asiento, y se volvió a centrar en la manzana, girándola una y otra vez en la mano, manteniendo la hoja apretada contra la carne blanca. Casi la traspasa cuando se dio cuenta de que estaba cruzando y descruzando las piernas bajo la mesa como una jodida Rockette.
Miró a los otros hombres. V estaba lanzando al aire el mechero, abriéndolo y cerrándolo y golpeando con el pie. Rhage estaba masajeándose los hombros. Ahora la parte de arriba del brazo. Ahora su pectoral derecho. Phury hacía círculos con la taza de café y se mordisqueaba el labio inferior mientras tamborileaba los dedos. Wrath estaba haciendo girar la cabeza, derecha, izquierda, adelante, atrás, tenso como una línea de alta tensión. Butch parecía estar nervioso también.
Ninguno de ellos, ni siquiera Rhage, había comido.
Pero Mary y Beth estaban lo suficientemente normal cuando se levantaron a vaciar sus platos. Empezaron a reírse y a discutir con Fritz que deberían ayudarlo a traer más fruta y café.
Las mujeres acababan de dejar la habitación cuando la primera ola de energía pulsó a través de la casa. La oleada invisible fue directamente a la cosa entre las piernas de Zsadist, endureciéndola instantáneamente. Se tensó y vio como los Hermanos y Butch se habían quedado helados también, como si cada uno de ellos se preguntara si realmente lo había sentido.
Un momento más tarde una segunda ola golpeó. La cosa en los pantalones de Z se tensó incluso más rápido, rápida como la maldición que le salió de la boca.
—Sagrada mierda —dijo alguien con un gruñido.
—Esto no puede estar pasando —otro gruñido.
La puerta del mayordomo se balanceó y Beth entró, con una bandeja de fruta cortada en las manos.
—Mary trae más café…
Wrath se levantó tan rápido que su silla se inclinó y cayó al suelo. Acechó a Beth… le quitó la bandeja de las manos y la dejó descuidadamente sobre la mesa. Mientras fresas cortadas y trozos de melón saltaban de la planta y caían en la caoba, Beth lo fusiló con la mirada.
—Wrath, ¿qué es…
Él la apretó contra su cuerpo, besándola tan dura y profundamente, inclinándola hacia atrás como si fuera a reptar por ella en frente de la Hermandad. Sin separar las bocas la cogió por la cintura y la levanto por el trasero. Beth se rió suavemente y le rodeó las caderas con las piernas. La cara del Rey estaba enterrada en el cuello de su leelan mientras salía a zancadas de la habitación.
Otra ola retumbó por la casa, estremeciendo los cuerpos masculinos de la habitación. Zsadist se agarró al borde de la mesa, y no fue el único. Los nudillos de Vishous se pusieron blancos de lo duro que estaba sujetándose a la cosa.
Bella… debía de ser Bella. Tenía que ser. Bella había entrado en su necesidad.
Havers se lo había advertido, pensó Z. Cuando el doctor le hizo el examen interno, dijo que parecía estar próxima a su época fértil.
Sagrado infierno. Una mujer en su necesidad. En una casa con seis hombres.
Sólo era cuestión de tiempo antes de que uno de los Hermanos diera rienda suelta a sus instintos sexuales. Y el peligro para todos era muy real.
Cuando Mary atravesó la puerta del mayordomo, Rhage fue tras ella como un tanque, arrancándole la cafetera de las manos y soltándola en el aparador de tal forma que patinó y salpicó. La levantó contra la pared y la cubrió con su cuerpo, bajando la cabeza, su ronroneo erótico fue tan fuerte que hizo tintinear el cristal de la lámpara de araña. El sobresaltado boqueo de Mary fue seguido de un suspiro muy femenino.
Rhage la cogió en brazos y salió de la habitación como un rayo.
Butch bajó la mirada hacia su regazo y después la levantó hacia el resto de ellos.
—Escuchad, no es por ser desagradable, pero está alguien más… ah…
—Si —dijo V con los labios apretados.
—¿Quieres decirme qué demonios está pasando aquí?
—Bella está teniendo su necesidad —dijo V, tirando su servilleta—. Cristo. ¿Cuánto falta para el anochecer?
Phury miró su reloj.
—Casi 2 horas.
—Para entonces estaremos en un aprieto. Dime que tienes algo de humo rojo.
—Si, un montón.
—Butch, hazte un favor y lárgate de la finca rápidamente. El Pit no estará lo suficientemente lejos de ella. No creía que los humanos pudieran responder, pero ya que tú lo haces, mejor que te vayas antes de que te absorba.
Otro golpe los asaltó, y Z se desplomó contra la silla, sus caderas ondularon involuntariamente. Escuchó los gemidos de los otros y se dio cuenta que estaban hundidos en la mierda. No importaba lo civilizados que pretendieran ser, los hombres no podían evitar responder a una mujer en su periodo fértil, y sus urgencias sexuales se incrementarían a medida que la necesidad progresara y se hiciera más fuerte.
Si no fuera por la luz del sol, ellos se podrían haber salvado marchándose. Pero estaban atrapados en el recinto, y para el momento en que estuviera lo suficientemente oscuro para poder salir, podría ser demasiado tarde. Después de una exposición prolongada, los hombres instintivamente se resistían a alejarse de la mujer. No importaba lo que sus cerebros les dijeran, sus cuerpos lucharían contra la llamada al alejamiento, y si ellos se apartaban de ella, sufrirían las punzadas de la retirada que serían peor que sus anhelos. Wrath y Rhage tenían salida a su respuesta, pero el resto de los Hermanos estaban en problemas. Su única esperanza era drogarse.
Y Bella… Oh, Dios… A ella iba a dolerle más que a todos ellos juntos.
V se levantó de la mesa, apoyándose en el respaldo de la silla.
—Vamos, Phury. Necesitamos empezar a fumar. Ahora. Z, ¿vas a ir con ella, no?
Zsadist cerró los ojos.
—¿Z? Z, vas a servirla… ¿no?


John levantó la vista de la mesa de la cocina cuando el teléfono sonó. Sal y Regin, los doggen de la familia, estaban fuera comprando comida. Respondió a la llamada.
—John, ¿eres tú? —Era Tohr en la línea de abajo.
John silbó y tomo otro bocado de arroz blanco con salsa de jengibre.
—Escucha, por hoy se han cancelado las clases. Estoy llamando a todas las familias ahora.
John bajó el tenedor y silbó una nota más alta.
—Hay una… complicación en el recinto. Pero deberíamos volver mañana o la siguiente noche. Veremos cómo van las cosas. A la luz de esto, hemos cambiado tu cita con Havers. Butch va a ir a buscarte ahora mismo, ¿okay?
John silbó dos veces, en soplos cortos y pequeños.
—Bueno… él es humano, pero es guay. Confío en él. —El timbre de la puerta sonó—. Ese es él probablemente… Sí, es Butch. Puedo verle en el video monitor. Escucha, John… sobre el tema del terapeuta. Si eso te asusta, no tienes que volver, ¿okay? Yo no voy a dejar que nada lo haga.
John silbó en el teléfono y pensó. Gracias.
Tohr se rió suavemente.
—Si, a mí tampoco me va mucho esa mierda emotiva… ¡Ouch! Wellsie, ¿qué demonios pasa?
Hubo una rápida conversación en el Lenguaje Antiguo.
—De cualquier forma —dijo Tohr al teléfono—. Mándame un mensaje de texto cuando acabes, ¿okay?
John silbó dos veces, colgó, y puso el plato y el tenedor en el fregadero.
Terapia… entrenamiento… Ninguna de las dos era algo por lo que esperar, pero todas estas cosas eran lo mismo, iba a tomar cualquier ventaja sobre Lash cualquier día. Demonios, por lo menos la cita con el médico no duraría más de 60 minutos. Lash había tenido que tratar con él durante horas.
En la salida cogió su chaqueta y el bloc de notas. Cuando abrió la puerta el gran humano estaba de pie delante de él mirando hacia abajo y sonriéndole.
—Hola, tio. Soy Butch. Butch O'Neal. Tu taxi.
Guau. Este Butch O'Neal era… bueno, el tipo estaba vestido como un modelo de GQ, para empezar. Debajo de un abrigo negro de cachemir llevaba un original traje de rayas, una corbata roja impresionante, una camisa blanca brillante. El pelo negro le caía sobre la frente en un estilo casual, como peinado con los dedos de manera totalmente fascinante.
Y los zapatos… guau. Gucci, realmente Gucci… piel negra, con una cenefa roja y verde, y un brillante adorno dorado.
Lo curioso era que no era guapo, no del tipo Don Perfecto, al menos. El tipo tenía una nariz que había sido claramente rota dos o tres veces, y los ojos color avellana eran demasiado sagaces y agotados para ser considerados atractivos. Pero era como un arma cargada: tenía una inteligencia aguda y le rodeaba un poder peligroso que respetabas. Porque la combinación era de un rotundo asesino, literalmente.
—¿John? ¿Estamos bien?
John silbó y sacó la mano. Ellos se saludaron y Butch sonrió de nuevo.
—Así que ¿estás listo para ir? —preguntó el hombre un poco más gentilmente. Como se le había dicho, John tenía que volver a ver a Havers para “hablar con alguien”.
Dios… ¿Tenía que saberlo todo el mundo?
Mientras John cerraba la puerta, se imaginó que los tipos de la clase de entrenamiento se enteraban y quiso vomitar.
Él y Butch caminaron hacia el Escalade negro con ventanas tintadas y algo realmente cromado (tipo de pintura para coches) en las ruedas. En el interior, el coche estaba cálido y olía a cuero y a la impresionante colonia que Butch llevaba.
Arrancaron y Butch encendió el estéreo, Mystikal sonó a través del coche. Mientras John miraba por las ventanillas, las nubes de tormenta y la luz melocotón que estaba manando del cielo, deseó realmente que estuvieran yendo a cualquier otro sitio. Bueno, excepto a clase.
—Así que John —dijo Butch—, no voy a fingir. Se por qué estás yendo a la clínica, y quiero decirte que yo tuve que ir al psiquiatra también.
Cuando John lo miró con sorpresa, el hombre asintió.
—Si, cuando yo estaba en la policía. Fui detective de homicidios durante 10 años, y en homicidios ves algunas preciosas cosas que te horrorizan. Siempre había algún tipo profundamente sincero, con gafas de abuela y un diván, incordiándome para que hablara. Lo odiaba.
John respiró hondo, curiosamente tranquilizado porque al tipo no le había gustado mucho más la experiencia de lo que le estaba gustando a él.
—Pero lo divertido fue… —Butch hizo el stop y puso las intermitentes. Un segundo después se lanzaron al tráfico—. Lo divertido fue… que creo que me ayudó. No cuando yo estaba sentado enfrente del Dr. Earnest, comparte-tus-sentimientos súper héroe. Francamente, quería salir corriendo todo el tiempo, me hormigueaba la piel mucho. Fue sólo… después, he pensado en las cosas que hablamos. Y, ¿sabes?, tuvo algunos puntos válidos. Me refrescó sacar cosas fuera, incluso aunque yo creyera que estaba bien. Así que fue del todo bueno.
John inclinó la cabeza hacia un lado.
—¿Qué vi? —murmuró Butch. El hombre permaneció en silencio durante un largo rato. No fue hasta que giraron hacia otro vecindario muy lujoso que contestó—. Nada especial, hijo. Nada especial.
Butch giró hacia una entrada, se paró en un par de puertas y bajó la ventanilla. Después de que él pulsara el intercomunicador y dijera su nombre, se les permitió pasar.
Cuando aparcó el Escalade detrás de una mansión estucada del tamaño de un instituto, John abrió su puerta. Cuando encontró a Butch al otro lado del todoterreno, se dio cuenta de que había sacado una pistola: Tenía la cosa en la mano y la sostenía contra el muslo, casi no se notaba.
John había visto éste truco antes. Phury se había armado de forma parecida cuando fueron los dos a la clínica hacía un par de noches. ¿No estaban los Hermanos seguros ahí?
John miró alrededor. Todo parecía realmente normal, para una propiedad de lujo.
Quizás los Hermanos no estaban seguros en ningún lugar.
Butch tomó a John del brazo y caminó rápidamente hacia la puerta de hierro macizo, escudriñando todo el tiempo los diez coches aparcados detrás de la casa, los robles de la periferia, los otros dos coches aparcados en lo que parecía la entrada de la cocina. John corrió para mantenerse a su ritmo.
Cuando llegaron a la puerta de atrás Butch le mostró la cara a una cámara, y los paneles de hierro enfrente de ellos hicieron pequeño chasquido y se deslizaron hacia atrás. Cuando entraron en un vestíbulo, las puertas se cerraron tras ellos, y un montacargas se abrió. Lo cogieron para bajar un nivel y salieron.
Enfrente de ellos estaba una enfermera que John reconoció de antes. Cuando ella sonrió y les dio la enhorabuena, Butch guardó la pistola en la funda bajo su brazo izquierdo.
La enfermera señaló con una mano hacia el pasillo.
—Petrilla está esperando.
Apretando su cuaderno, John respiró hondo y siguió a la mujer, sintiéndose como si fuera hacia la horca.


Z se detuvo enfrente de la puerta de la habitación. Iba simplemente a comprobar cómo estaba Bella y después iba a ir en línea recta hacia la habitación de Phury y conseguir sentirse bien y drogado. Odiaba cualquier tipo de bienestar producido por las drogas, pero todo era mejor que ésta vehemente urgencia de tener sexo.
Abrió de golpe la puerta y se apoyó en el marco. El aroma del cuarto era como un jardín en plena flor, la cosa más adorable que alguna vez le había entrado por la nariz.
El frente de sus pantalones saltó, la cosa clamaba por salir.
—¿Bella?  —dijo a la oscuridad.
Cuando oyó un gemido, entró, cerrando la puerta tras él.
Oh, Dios. El perfume de ella… Comenzó un profundo gruñido desde el fondo de su garganta, y dobló los dedos como garras. Los pies lo llevaron, caminando hacia la cama, sus instintos dejaban su mente atrás.
Bella estaba retorciéndose encima de las mantas, enredada en las sábanas. Cuando lo vio gritó, pero entonces se sentó, como si deseara calmarse.
—Estoy bien. —Rodó sobre su estómago, juntando los muslos mientras tiraba del edredón sobre su cuerpo—. Estoy… realmente… Va a ser…
Otra oleada salió de ella, tan fuerte que lo impulsó hacia atrás mientras ella se plegaba como una pelota.
—Vete —gimió ella—. Es peor… cuando estás aquí. Oh… Dios
Cuando ella soltó una enfurecida maldición, Z volvió a trompicones a la puerta a pesar de que su cuerpo rugía para quedarse.
Conseguir salir al pasillo fue como apartar a un mastín de su objetivo, y una vez que cerró la puerta corrió buscando a Phury.
Por todo el pasillo de las estatuas podía olerse lo que habían encendido su hermano y V. Y cuando él irrumpió en la habitación, el manto de humo era ya casi tan espeso como la niebla.
Vishous y Phury estaban en la cama, con gruesos cigarros entre los dedos, con las bocas apretadas y los cuerpos tensos.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —preguntó V.
—Dame algo —dijo apuntando con la cabeza a la caja de caoba entre ellos.
—¿Por qué la has dejado? —V aspiró duro, la punta anaranjada resplandeció más brillante—. La necesidad no ha pasado.
—Ella dijo que era peor si yo estaba allí. —Z se inclinó hacia su gemelo y cogió uno de los liados a mano. Tuvo problemas para encenderlo porque le temblaban horriblemente las manos.
—¿Cómo es posible?
—¿Tengo pinta de tener alguna experiencia con esa mierda?
—Pero se supone que es mejor si tiene un hombre con ella. —V se restregó la cara, entonces lo miró con incredulidad—. Espera un minuto… no has follado con ella, ¿verdad? ¿Z…? Z, contesta a la jodida pregunta.
—No, no lo he hecho —dijo bruscamente, consciente de que Phury estaba muy, muy callado.
—¿Cómo puedes dejar a esa pobre mujer sin servirla en su condición?
—Ella dijo que estaba bien.
—Si, bueno, sólo está empezando. Ella no va a estar bien. La única forma de aliviar el dolor es si un hombre termina dentro de ella, ¿me entiendes? No puedes dejarla así. Es cruel.
Z se dirigió a una de las ventanas. Las persianas todavía estaban cerradas porque era de día, y él pensó en el sol, aquel enorme, brillante carcelero. Dios, deseaba salir de la casa. Sentía como si una trampa se estuviera cerrando sobre él, y la urgencia por salir corriendo era casi tan mala como la lujuria que desarbolaba su cuerpo.
Pensó en Phury, que estaba manteniendo la mirada baja y no decía ni una palabra.
Ahora es tu oportunidad, pensó Z. Sólo manda a tu gemelo pasillo abajo hacia ella. Envíalo a servirla en su necesidad.
Vamos. Dile que salga de ésta habitación y vaya a la tuya y se quite la ropa y la cubra con su cuerpo.
Oh… Dios…
La voz de Vishous cortó su auto-tortura, el tono era irritantemente razonable.
—Zsadist, está mal y tú lo sabes, ¿verdad? No puedes hacerle esto, ella está…
—Qué tal si dejas de joder, mi hermano.
Hubo un corto silencio.
—Okay, Yo cuidaré de ella.
Z levantó la cabeza rápidamente mientras Vishous apagaba el cigarro y se ponía de pie. Mientras se colocaba los pantalones de cuero, su despertar erótico fue obvio.
Zsadist se lanzó a través del cuarto tan rápido que ni siquiera sintió los pies. Tiró a Vishous al suelo y con las manos rodeó el grueso cuello del hermano. Cuando los colmillos se le dispararon del labio superior como cuchillos, los descubrió con un silbido.
—Acércate a ella y te mataré.
Hubo una loca carrera tras él, sin duda Phury corriendo a separarlos, pero V mandó al garete cualquier intento de rescate.
—¡Phury! ¡No! —V hizo entrar a la fuerza algo de aire—. Entre él… y yo.
Los ojos como diamantes de Vishous eran agudos mientras miraba hacia arriba, y aunque luchaba por tener aliento, su voz fue tan fuerte como siempre.
—Relájate, Zsadist… jodido loco… —Respiró profundamente—. No voy a ir a ningún sitio… Sólo necesitaba tener tu atención. Ahora suelta… tú agarre.
Z aflojó la presa, pero no soltó al hermano.
Vishous inhaló fuertemente. Un par de veces.
—¿Sientes tu corriente en éstos momentos, Z? ¿Sientes ésta urgencia territorial? Estás unido a ella.
Z quiso negarlo, pero era difícil hacerlo, considerando la rutina de defensa que acababa de tirar. Y el hecho de que todavía tenía las manos alrededor del cuello del hombre.
La voz de V bajó hasta que se convirtió en un susurro.
—Tu camino hacia el infierno te espera. Ella está bajando por ese vestíbulo. No seas tonto. Vete con ella. Yo os cuidaré a los dos.
Z balanceó la pierna y se dejó caer, permitiéndose rodar por el suelo. Para evitar pensar en caminos y sexo, quiso saber tontamente qué habría pasado con el cigarro que estaba fumando. Mirando hacia la ventana, notó que había tenido la decencia de apoyarlo en el alfeizar antes de lanzarse hacia Vishous como un cohete.
Bien, ¿no era él un caballero?.
—Ella puede curarte —dijo V.
—Yo no estoy buscando ser curado. Además, no quiero dejarla embarazada, ¿entiendes? Menudo jodido lío que sería eso.
—¿Es su primera vez?
—No lo sé.
—Si lo es, las posibilidades son prácticamente nulas.
—'Prácticamente' no es lo suficiente bueno. ¿Qué más puede ayudarla?
Phury habló desde la cama.
—Todavía tienes la morfina, ¿no? ¿Ya sabes, aquella jeringuilla que preparé con lo que Havers había dejado? Úsala. He oído que es lo que hacen las mujeres que no están unidas.
V se sentó, balanceando los gruesos brazos hacia las rodillas. Cuando se echó el pelo hacia atrás, el tatuaje que se extendía por su sien derecha brilló.
—No solucionará completamente el problema, pero seguro como la mierda que es mejor que nada.
Otra ola de calor se rizó a través del aire. Los tres gimieron y quedaron momentáneamente incapacitados, sus cuerpos golpeando, tensándose, queriendo ir donde sabían que eran necesitados, donde podían ser usados para aliviar el dolor de una mujer.
Tan pronto como fue capaz Z se puso en pie. Mientras se marchaba, Vishous estaba trepando a la cama de Phury y encendiendo un cigarro de nuevo.
Cuando Z regresó al otro extremo de la casa, se reforzó antes de volver a entrar en el cuarto. Abriendo la puerta no se atrevió a mirar en la dirección de ella mientras forzaba a su cuerpo a dirigirse al escritorio.
Encontró las jeringas y recogió la que Phury había llenado. Tomando una profunda respiración se giró, sólo para descubrir que la cama estaba vacía.
—¿Bella? —Caminó hacia ella—. Bella, dónde…
Se la encontró encogida en el suelo, con una almohada entre las piernas, el cuerpo temblándole.
Ella empezó a sollozar mientras él se arrodillaba a su lado.
—Duele…
—Oh, Dios… Lo sé, nalla. —Él le apartó el pelo de los ojos—. Yo te cuidaré.
—Por favor… me duele mucho. —Ella se dio la vuelta, los pechos tensos y las puntas de un rojo brillante... Hermosa. Irresistible—. Duele. Duele tanto. Zsadist, no va a parar. Se está poniendo peor. Du…
En una oleada masiva, ella onduló desenfrenadamente, una explosión de energía surgiendo de su cuerpo. La fuerza de las hormonas que ella emitía lo cegó, y quedó tan capturado por la respuesta bestial de su cuerpo que no pudo sentir nada… a pesar de que ella se agarraba a su brazo con la suficiente fuerza como para doblarle los huesos.
Cuando el pico cayó, él se preguntó si le habría roto la muñeca. No es que le preocupara el dolor; tomaría todo el que ella necesitara causarle. Pero si ella estaba asiéndose a él tan desesperadamente, sólo podía imaginarse lo que estaba sintiendo por dentro.
Con un respingo, se dio cuenta de que ella se estaba mordiendo el labio inferior con la suficiente fuerza como para hacerlo sangrar. Le limpió la sangre de la boca con el pulgar. Entonces tuvo que restregárselo en la pernera del pantalón para no lamerlo y querer más.
Nalla… —Él miró la jeringa que tenía en las manos.
Hazlo, se dijo a sí mismo. Drógala. Quítale el dolor.
—Bella, necesito saber algo.
—¿Qué?— gimió ella.
—¿Es tu primera vez?
Ella asintió.
—No sabía que podía ser tan malo… Oh, Dios
Su cuerpo sufrió espasmo de nuevo, las piernas aplastaban la almohada.
Él volvió a mirar hacia la jeringa. Mejor que nada no era lo suficientemente bueno para ella, pero descargarse dentro de ella le parecía un sacrilegio. Maldita fuera, sus eyaculaciones eran la peor de las dos porquerías de opciones que tenía, pero biológicamente hablando, él podía hacer más por ella que la morfina.
Z se levantó y puso la aguja en la mesita de noche. Entonces se paró y se quitó las botas mientras se sacaba la camisa por la cabeza. Se bajó la cremallera, liberando la repugnante y doliente longitud, y quitándose los pantalones de cuero.
Él necesitaba dolor para llegar al orgasmo, pero eso no le preocupaba. Demonios, podía herirse lo suficiente como para obtener una liberación. Para eso tenía colmillos ¿no es cierto?
Bella se retorcía en la miseria, mientras él la levantaba y la colocaba sobre la cama. Ella era tan magnífica sobre las almohadas, las mejillas sonrojadas, los labios abiertos, la piel brillando por la necesidad. Pero ella estaba sufriendo.
—Shhh… tranquila —le susurró subiéndose a cama. Encima de ella.
Cuando sus pieles desnudas se rozaron, ella gimió y se mordió el labio de nuevo. Esta vez él se agachó y lamió la sangre fresca de su boca. El sabor, el hormigueo eléctrico de su lengua, le hicieron estremecerse. Lo espantó. Le recordó que llevaba más un siglo viviendo de un alimento débil.
Con una maldición empujó todo su estúpido y jodido bagaje fuera del camino y se centró en Bella. Sus piernas se apretaban bajo él, y tuvo que forzarlas a separarlas con las manos, entonces los sujetó con los muslos. Cuando le tocó el centro con la mano, se sacudió. Ella estaba ardiendo, empapada, hinchada. Ella gritó, y el orgasmo que siguió alivió su lucha un poco, sus brazos y sus piernas quedándose quietas, la respiración volviéndose menos dura.
Quizás iba a ser más fácil de lo que pensaba. Quizás Vishous estaba equivocado en que ella necesitaba tener a un hombre dentro. En ese caso, podría hundirse en ella una y otra vez. Chico, amaría hacerlo durante todo el día. La primera vez que había puesto su boca sobre ella no le había durado lo suficiente.
Él observo su ropa. Probablemente podía haberse quedado vestido…
La fuerza de la energía que salió de ella fue tan grande que fue como si le hubieran levantado sobre su cuerpo, como si manos invisibles lo hubieran empujado por el pecho. Ella gritó con angustia mientras él se cernía sobre ella. Cuando la oleada pasó se colocó de nuevo sobre ella. El orgasmo obviamente había empeorado la situación, y ahora ella lloraba tan fuerte que las lágrimas ya no caían de sus ojos. Todo lo que ella tenía era un estado de secos jadeos mientras se retorcía y se contorsionaba bajo él.
—Quédate quieta, nalla —dijo él frenéticamente—. Déjame entrar en ti.
Pero ella ya estaba demasiado lejos como para oírlo. Tuvo que usar la fuerza para mantenerla en su sitio, empujándola hacia abajo por la clavícula mientras le levantaba una pierna y la separaba hacia un lado. Trató de posicionar la cosa para la penetración moviendo las caderas, pero no podía obtener el ángulo correcto. Incluso atrapada bajo su mayor fuerza y peso, ella continuaba sacudiéndose.
Con una maldición desagradable Z buscó entre sus piernas y agarró la cosa que necesitaba usar en ella. Guió al bastardo a su umbral y entonces empujó duro, uniéndolos profundamente. Los dos gritaron.
Y entonces él bajó la cabeza y se aferró a la estimada vida, sintiéndose perdido en la sensación de su apretado y resbaladizo sexo. Su cuerpo la tomó, las cadera moviéndose como pistones, el castigador, demoledor ritmo creándole una poderosa presión en las pelotas y en el bajo vientre.
Oh, Dios… Una liberación estaba llegándole. Como la que tuvo en el cuarto de baño cuando ella lo había sostenido mientras él vomitaba. Sólo que más caliente. Más salvaje. Fuera de control.
—¡Oh, Jesús! —gritó él.
Sus cuerpos estaban agitándose juntos y él estaba mayormente ciego, sudando sobre ella y la esencia vinculante era un rugido a gritos en su nariz… Y entonces ella dijo su nombre y se aferró a él. Su centro lo agarró con espasmos que lo ordeñaban hasta… Oh, mierda, Dios, no…
Intentó apartarse por reflejo, pero el orgasmo lo alcanzó desde atrás, disparándose por su espina dorsal y clavándosele en la parte de atrás de la cabeza mientras sentía el alivio disparándose de su cuerpo al de ella. Y la maldita cosa no paró. Le llegó en grandes olas, vertiéndose en ella, llenándola. No había nada que pudiera hacer para frenar las erupciones incluso aunque sabía que estaba derramándose en ella.
Cuando terminó el último estremecimiento, levantó la cabeza. Los ojos de Bella estaban cerrados, su respiración era uniforme, los profundos surcos de la cara habían desparecido.
Sus manos le subían por las costillas hacia los hombros y giró la cara hacia su bíceps con un suspiro. La calma en la habitación, en su cuerpo era vibrante. Así como el hecho de que él había eyaculado sólo porque ella le había hecho sentirse… bien.
¿Bien? No, eso no era suficiente. Le había hecho sentirse… vivo. Despierto.
Z le acarició el pelo, esparciendo las oscuras ondas a través de la cremosa almohada. No había habido dolor para él, para su cuerpo. Sólo placer. Un milagro…
Excepto cuando fue consciente de la humedad que había donde estaban unidos.
Las implicaciones de lo que le había hecho le hicieron ponerse nervioso, y no podía luchar contra la compulsión de limpiarla. Salió de ella rápidamente y fue al cuarto de baño donde cogió una toallita. Cuando volvió a la cama, sin embargo, ella había vuelto a ondular de nuevo, la necesidad remontaba. Miró hacia abajo a sí mismo y vio que la cosa que colgaba de su ingle y se alargó y endureció en respuesta.
—Zsadist… —gimió ella—. Esto… vuelve.
Él dejó la toallita y se montó en ella de nuevo, pero antes de introducirse en ella miró sus ojos vidriosos y tuvo un ataque de conciencia. ¿Tan alocado era que estaba ansioso por más cuando las consecuencias eran tan odiosas para ella? Buen Dios, había eyaculado en ella, y la mierda estaba sobre todas sus hermosas partes y la piel lisa de sus muslos y…
—Puedo drogarte —dijo—. Puedo hacer que no sientas dolor y no tendrías que tenerme dentro. Puedo ayudarte sin herirte.
Bajó la mirada hacia ella, esperando su respuesta, capturado entre su biología y su realidad.

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