lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 34 35 36



Zsadist arrastró su cabeza a un lado y miró el reloj. Diez de la mañana. Diez… las diez. ¿Cuántas horas? Dieciséis…
Cerró los ojos, tan agotado que apenas podía respirar. Estaba tumbado de espaldas, las piernas extendidas hacia fuera, los brazos estirados en cualquier parte. Había estado en aquella posición desde que había rodado fuera de Bella tal vez hacía una hora.
Parecía que había pasado un año desde que había vuelto al cuarto la noche anterior. Su cuello y muñecas ardían del número de veces que ella se había alimentado de él, y la cosa entre sus piernas estaba dolorida. El aire alrededor de ellos estaba saturado con el olor de la unión, y las sábanas estaban mojadas con una combinación de su sangre y otra cosa que ella había necesitado de él.
Él no habría cambiado un momento de ello.
Mientras cerraba los ojos, se preguntaba si podría dormir ahora. Había estado privado de comida y sangre, tan hambriento que ni siquiera su inclinación por mantenerse sobre el borde podría anular las necesidades. Pero no podía moverse.
Cuando sintió una mano acariciando sobre su vientre, despegó los parpados para mirar a Bella. Las hormonas se elevaban en ella otra vez, y la respuesta que ella requería de él contestaba, el eso endureciéndose una vez más.
Zsadist luchó para darse la vuelta así podría ir donde necesitaba estar, pero estaba demasiado débil. Bella se movió contra él y él trató de levantarse otra vez, pero su cabeza pesaba mil libras.
Extendiendo la mano, él agarró su brazo y la tiró encima de él. Mientras sus muslos se separaban sobre las caderas de él, ella lo miró asombrada y empezó a gatear para bajarse.
—Está bien —graznó. Limpió la garganta, pero no ayudó con toda la grava—. Sé que eres tú.
Sus labios bajaron sobre los suyos y él la besó a su vez aun cuando no pudiera levantar sus brazos para sostenérsela. Dios, como le gustaba besarla. Amaba sentir su boca contra la suya, amaba tenerla cerca de su cara, amaba respirarla en sus pulmones, ¿la… amaba? ¿Era eso lo que había pasado esa noche? ¿Había caído?
El olor de la vinculación que estaba por todas partes de ambos le dio la respuesta. Y la comprensión debió haberlo conmocionado, pero estaba demasiado cansado para molestarse en luchar contra ello.
Bella se alzó y deslizó eso dentro de ella. Tan golpeado como estaba, él gimió en éxtasis. La sensación de ella era algo de lo que no podía tener bastante, y sabía que no era debido a su necesidad.
Ella lo montó, plantando sus manos sobre sus pectorales y encontrando un ritmo con sus caderas porque él no podía empujar más. Él sentía crecer otra explosión, sobre todo mientras miraba el balanceo de pechos.
—Eres tan hermosa. —dijo con voz ronca.
Ella hizo una pausa para inclinarse y besarlo otra vez, su pelo negro cayendo alrededor de él, un refugio apacible. Cuando ella se enderezó, él se maravilló con la vista. Ella estaba brillando con la salud y vitalidad de todo lo que él le había dado, una hembra resplandeciente a quien él…
Amaba. Sí, amaba.
Era el pensamiento que se disparó por su cerebro mientras él se corría dentro de ella otra vez.
Bella se derrumbó encima de él, exhaló con un estremecimiento, y de repente la necesidad terminó. La energía de la hembra fue a la deriva por el cuarto, la tormenta había pasado. Suspirando de alivio, se apartó de él, separando su sexo magnífico de su cosa. Mientras eso se dejó caer pesadamente sin vida sobre su vientre, sintió el frío del cuarto sobre su carne, tan poco atrayente comparado con el calor de ella.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí… —susurró ella, poniéndose de lado, casi dormida—. Sí, Zsadist… sí.
Ella iba a necesitar comida, pensó. El necesitaba ir a conseguirle comida.
Juntando su voluntad, tomó un aliento, y otro y otro… y finalmente forzó a su cuerpo a salir de la cama. Su cabeza se balanceó salvajemente, los muebles, el suelo y las paredes se movían, cambiando de sitio, hasta que no estuvo seguro de si estaba en el techo o no.
El vértigo empeoró cuando sacó las piernas del colchón, y cuando estuvo de pie su equilibrio lo abandonó completamente. Se cayó contra la pared, golpeándose contra ella, tuvo que sostenerse agarrándose a las cortinas.
Cuando estuvo listo, se soltó y se inclinó hacia ella. Levantarla en sus brazos era una lucha, pero su necesidad de cuidarla era más fuerte que el agotamiento. La llevó a la plataforma y la tumbó, luego la cubrió con el edredón que hacía mucho habían empujado al piso. Él se estaba dando la vuelta cuando ella lo tomó del brazo.
—Tienes que alimentarte —dijo ella, tratando de atraerlo mas cerca—. Ven a mi garganta.
Dios, estaba tentado.
—Volveré —dijo él, tropezando con sus pies. Se tambaleó hasta el armario y se puso un par de boxers. Entonces despojó la cama de las sábanas y almohadas y se marchó.


Phury abrió los ojos y comprendió que no podía respirar.
Lo cual tenía sentido, supuso. Su cara estaba aplastada por un montón de mantas. Movió la boca y libero la nariz del embotellamiento y trató de enfocar los ojos. La primera cosa que vio, aproximadamente a seis pulgadas de su cabeza, fue un cenicero lleno de muertos cigarros rotos. En el suelo.
¿Qué diablos? Oh... Estaba colgando al borde del colchón.
Cuando oyó un gemido, se empujó hacia arriba, giró la cabeza y se vio cara a cara con uno de los pies de Vishous. Más allá de la talla catorce estaba el muslo de Butch.
Phury tuvo que reírse, y esto atrajo la mirada fija atontada del poli desde una almohada. El humano se revisó a si mismo y luego a Phury. Parpadeó dos o tres veces, como si esperaba despertarse de verdad.
—Oh, amigo —dijo con más grava que voz. Entonces echó un vistazo a Vishous, que estaba desmayado cerca de él—. Oh, amigo, esto es demasiado extraño.
—Supéralo, poli. No eres atractivo.
—Justamente. —Él se restregó la cara—. Pero eso no quiere decir que esté del todo dentro en despertar con dos hombres.
—V te dijo que no volvieras.
—Cierto. Fue una mala elección.
Hablar sobre una larga noche. Finalmente, cuando incluso la sensación de la ropa contra su piel había sido demasiado, habían perdido cualquier pretensión de modestia. Había sido una cuestión de aguantar la necesidad: encendiendo un cigarrillo rojo tras cigarrillo rojo, bebiendo whisky escocés o vodka, resbalando en el cuarto de baño solo para aliviarse en privado.
—¿Así que ha terminado? —Preguntó Butch—. Dime que ha terminado.
Phury salió de la cama.
—Si, eso creo.
Recogió una sábana y se la lanzó a Butch, quien se cubrió a si mismo y a Vishous. V ni siquiera se movió. Estaba durmiendo como un muerto sobre su estómago, sus ojos cerrados fuertemente, un suave ronquido salía de su boca.
El poli maldijo y reacomodó su cuerpo, colocando una almohada contra la cabecera y apoyándose. Se frotó el pelo hasta que lo tuvo de punta y bostezó tan fuerte que Phury oyó el crujido de la mandíbula del tipo.
—Maldición, vampiro, nunca pensé que yo diría esto, pero no tengo absolutamente ningún interés por él sexo. Gracias a Dios.
Phury se puso un par de pantalones de entrenamiento.
—¿Quieres comida? Voy a hacer una excursión a la cocina.
Los ojos de Butch se abrieron de felicidad.
—¿Vas a traerla hasta aquí? Esto es, ¿no tengo que moverme?
—Me lo deberás, pero si, estoy dispuesto a repartir.
—Eres un dios.
Phury se puso una camiseta.
—¿Qué quieres?
—Lo que sea que haya en la cocina. Infierno, se realmente útil y arrastra el refrigerador aquí arriba. Estoy muerto de hambre.
Phury bajó las escaleras hasta la cocina y estaba a punto de empezar a buscar cuando oyó sonidos que salían de la lavandería. Se acercó y empujó la puerta abierta.
Zsadist estaba metiendo sábanas en la lavadora.
Y Virgen querida del Fade, él parecía venir del infierno. Su estómago era un agujero contraído; sus caderas se destacaban contra su piel como postes de una tienda; su caja torácica se parecía a un campo de arado. Él debía haber perdido diez, quince libras de la noche a la mañana. Y, infierno santo, su cuello y muñecas estaban masticadas y en carne viva. Pero… él olía a hermosas especias oscuras, y había una paz sobre él, tan profunda e improbable que Phury se preguntó si sus sentidos le estaban jugando una mala pasada.
—¿Hermano? —dijo.
Z no alzó la vista.
—¿Sabes como manejar esta cosa?
—Ah, sí. Pon un poco de aquella materia en la caja y mueve aquel disco por aquí, déjame ayudar.
Z terminó de llenar el tambor de la lavadora y luego se alejó, sus ojos todavía fijos en el suelo. Cuando la máquina estaba llenándose de agua, Z murmuró gracias y se dirigió a la cocina.
Phury le siguió, su corazón en la garganta. Quería preguntar si todo estaba bien, y no solamente con Bella.
Trataba de escoger sus palabras con cuidado mientras Z cogía pavo asado del refrigerador, arrancaba un muslo y lo mordía. Masticó desesperadamente, limpiando la carne del hueso tan rápido como podía, y en el momento en que lo hizo arrancó el otro muslo e hizo lo mismo.
Jesús… su hermano nunca tomaba carne. Sin embargo, él nunca había pasado por una noche como la pasada antes. Ninguno de ellos lo había hecho.
Z podía sentir los ojos de Phury sobre él, y habría dejado de comer si hubiera podido. Odiaba que la gente lo mirara, especialmente cuando masticaba algo, pero simplemente no podía conseguir alimento lo bastante rápido.
Le observó cebarse a empujones en su cara mientras sacaba un cuchillo y un plato y comenzaba a cortar finos filetes de pechuga de pavo. Procuró tomar las mejores partes de la carne para Bella. Los trozos raros, las esquinas y la parte cerca del corazón, se las comió él mismo, como si no fueran tan buenas.
¿Qué más necesitaría ella? Quería que comiera cosas calóricas. Y la bebida… debería llevarle algo para beber. Volvió al refrigerador y comenzó a hacer un montón con los restos para revisarlos. Escogería con cuidado, llevándole solo lo que era digno de su lengua.
—¿Zsadist?
Dios, había olvidado que Phury todavía estaba caminando sin rumbo alrededor.
—Sí —dijo mientras abría un tazón de Tupperware.
El puré de dentro parecía bueno, aunque realmente hubiera preferido llevarle algo que él hubiera hecho. No es que él supiera como hacer eso. Cristo, él no podía leer, no podía utilizar una maldita lavadora, no podía cocinar.
Tenía que dejarla irse así podría encontrar un macho que tuviera medio cerebro.
—No quiero curiosear —dijo Phury.
—Sí, lo haces. —Tomó una barra del pan de levadura casero de Fritz del armario y la apretó entre sus dedos. Era suave, pero lo olió de todos modos. Bueno, era bastante fresco para ella.
—¿Está ella bien? ¿Estás… tú?
—Estamos bien. ¿Cómo fue? —Phury tosió un poco—. Quiero decir, quiero saber, no porque sea Bella. Es solo… he oído muchos rumores y no sé que creer.
Z tomó un poco del puré de patatas y lo puso sobre el plato con el pavo; entonces tomó con la cuchara un poco de arroz salvaje y lo cubrió con una buena cantidad de salsa. Lanzó la pesada carga al microondas, contento de que fuera una máquina que sabía manejar.
Mientras miraba al alimento dar vueltas, pensó en la pregunta de su gemelo y recordó la sensación de Bella levantándose sobre sus caderas. Aquella conexión, de las docenas que habían tenido durante la noche, era la que más sobresalía. Ella había estado tan encantadora encima de él, sobre todo cuando lo había besado...
Durante todo el tiempo de la necesidad, pero sobre todo, durante aquella unión particular, ella había mantenido lejos al pasado, amarrándole, marcándole con algo bueno. Atesoraría aquel calor que ella le había dado por el resto de sus días.
El microondas sonó y se dio cuenta que Phury todavía esperaba una respuesta.
Z puso la comida sobre una bandeja y agarró algunos servicios de plata así él podría alimentarla correctamente.
Mientras se daba la vuelta y se dirigía a la habitación, murmuró.
—Ella es la más hermosa, tanto que no tengo palabras. —Levantó sus ojos hacia Phury—. Y anoche fui bendecido inmensamente al servirla.
Por alguna razón, el hermano retrocedió por el choque y extendió la mano.
—Zsadist, tu…
—Tengo que llevar alimento a mi nalla. Te veré más tarde.
—¿Espera! ¡Zsadist! Tus…
Z solamente sacudió la cabeza y salió.


—¿Por qué no me enseñaste esto en cuanto llegué a casa? —le preguntó Rehvenge al doggen. Cuando el criado se sonrojó por la vergüenza y horror, le tendió la mano al pobre hombre.
—Está bien. No importa.
—Señor, vine cuando comprendí que usted había vuelto durante el día. Pero, por una vez, estaba durmiendo. No estaba seguro de qué era la imagen y no quería molestarlo. Usted nunca descansa.
Sí, la alimentación con Marissa lo había apagado como una luz. La primera vez que había cerrado los ojos y había perdido la conciencia en… Dios, siempre. Pero ese era el problema.
Rehv se sentó delante de la pantalla del ordenador y volvió a poner de nuevo el archivo digital. Era lo mismo, tal y como la primera vez que lo había visto: un hombre con el pelo y ropas negras aparcado delante de las puertas. Saliendo de un camión. Avanzando para tocar las tiras de luto que habían sido atadas a las barras de hierro.
Rehv aumentó el zoom hasta que vio la cara del hombre claramente. Nada extraordinario, ni guapo ni feo. Pero el cuerpo era grande. Y aquella chaqueta se veía como si hubiera sido rellenada o cobijara algunas armas.
Rehv congeló la imagen e hizo una copia con la fecha y la hora de lectura en la esquina inferior derecha. Cambió de pantalla, abriendo los archivos de otra cámara que supervisaba la puerta delantera, la del sensor de calor. Con una rápida acción, obtuvo la grabación desde aquel equipo exactamente en el mismo momento.
Y qué es lo que sabes. La temperatura del cuerpo de aquel “hombre” estaba alrededor de los cincuenta. Un lesser.
Rehv cambió de pantalla otra vez y obtuvo una imagen ajustada de la cara del asesino mientras miraba las cintas. Tristeza, miedo….cólera. Ninguna de las emociones era anónima: por lo que era algo personal. Había perdido alguna cosa.
Entonces éste era el bastardo que se había llevado a Bella. Y había regresado a por ella.
A Rehv no le sorprendió que el lesser hubiese encontrado la casa. La captura de Bella había sido toda una noticia dentro de la raza y la dirección de la familia nunca se había ocultado… de hecho, por el consejo espiritual de su mahmen, la mansión de Thorne Avenue era muy conocida. Todo esto podía haber venido de la captura de un civil que sabía dónde vivían.
La cuestión real era, ¿por qué el asesino no había traspasado las puertas?
Dios, ¿a qué hora había sido? A las cuatro de la tarde. Mierda.
—Es un lesser —dijo Rehv, golpeando con fuerza el suelo con su bastón y levantándose rápidamente—. Evacuaremos la casa rápidamente. Buscarás a Lahni inmediatamente y le dirás a la señora que debe vestirse. Entonces te las llevarás a ambas por el túnel y las conducirás a la casa segura en la furgoneta.
El doggen empalideció.
— Amo, no tenía ni idea de lo que era…
Rehv puso la mano sobre el hombro del hombre para reprimir que se dejara llevar de nuevo por el pánico.
—Hiciste bien con lo que sabías. Pero movámonos rápidamente ahora. Ve  por Lahni.
Rehv caminó lo más rápido que pudo hacia la habitación de su madre.
—¿Mahmen? —Dijo mientras abría la puerta—. Mahmen, despierta.
Su madre se sentó sobre las sábanas de seda de la cama, su cabello blanco enrollado en un gorro de día.
—Pero si…no es aún de tarde. Por qué…
—Lahni vendrá para ayudarte a vestir.
—Querida Virgen, Rehvenge. ¿Por qué?
—Dejarás esta casa.
—Qué…
—Ahora, mahmen. Te lo explicaré más tarde —le besó ambas mejillas mientras entraba la criada—. Ah, bien. Lahni, viste a la señora rápidamente.
—Sí, amo —dijo la doggen con una reverencia.
—¡Rehvenge! Qué está…
—Deprisa. Vete con el doggen. Te llamaré.
Como su madre gritó llamándole, regresó a sus habitaciones privadas y cerró las puertas para no oírla. Cogió el teléfono y marcó despacio el número de la Hermandad despreciando lo que debía hacer. Pero la seguridad de Bella era lo primero. Después de dejar el mensaje que le produjo dolor de garganta, caminó hacia el armario.
En esos momentos la mansión estaba sellada durante las horas de luz solar, de manera que ningún lesser podría entrar. Las persianas cubrían las ventanas y las puertas eran antibalas e incombustibles, las casa estaba hecha con paredes de piedra de dos pies de espesor. Para finalizar, había bastantes cámaras y alarmas de seguridad por lo que sabría si alguien estornudaba en su propiedad. Pero de todos modos quería fuera a mahmen.
Aún más, en cuanto cayera la oscuridad, abriría las puertas de hierro y pondría la alfombra de bienvenida. Quería que el lesser entrara.
Rehv se quitó el manto de visón y se puso unos pantalones y un suéter de cuello alto. No sacaría las armas hasta que su madre se hubiese ido. Si ella no estaba ya totalmente histérica, verlo cubierto de metal la llevaría directamente al borde.
Antes de regresar a comprobar el progreso de la evacuación, miró hacia el gabinete cerrado de su armario. Tendría tiempo más tarde para su dosis de dopamina de la tarde. Perfecto.
Sonriendo, abandonó la habitación sin inyectarse, preparado para sacar todos sus sentidos a jugar.


Como las persianas estaban levantadas durante la noche, Zsadist se puso de lado junto a Bella, observando su sueño. Estaba de espaldas, apretada contra el pliegue de su brazo, la cabeza al nivel de su pecho. Ninguna sábana o manta cubrían su cuerpo desnudo, porque todavía irradiaba restos del calor de la necesidad.
Cuando regresó del viaje que había hecho a la cocina, ella había comido de su mano y había dormitado mientras le había arreglado el lecho con ropa de cama fresca. Habían estado juntos completamente a oscuras desde entonces.
Movió la mano desde su muslo hacia la parte inferior de su pecho y acarició el pezón con su índice. Había estado haciéndolo así durante horas, acariciándola, tarareándole. Aunque estaba tan cansado que sus párpados estaban abiertos a medias, la calma entre ellos era mejor que cualquier resto de lo que podría obtener si hubiera cerrado los ojos.
Mientras ella se movía contra su cadera acariciándolo, él se sorprendió por el impulso de coger su inflamación. Por ahora calculaba que lo haría con esto durante un ratito.
Se inclinó hacia atrás y miró hacia abajo sobre su cuerpo. Por la abertura delantera de sus boxers, la cabeza de la cosa que había usado con ella había escapado, y como el eje se había alargado, la embotada punta empujaba hacia fuera más y más lejos.
Sintiendo como si rompiera una especie de ley, utilizó el dedo que había estado usando para hacer círculos sobre el pezón de Bella y empujó la erección. Estaba tiesa, entonces se movió regresando al lugar.
Cerró los ojos y con un estremecimiento, capturó la excitación con la palma. Cuando lo acarició se sorprendió de que la suave piel se deslizara sobre el duro centro. Y las sensaciones fueran extrañas. No desagradables, en verdad. En realidad, era del tipo que le recordaban el haber estado dentro de Bella, sólo que no tan bueno. Ni mucho menos.
Dios, era tan afeminado. Con miedo de su propia…picha. ¿Polla? ¿Pene? ¿Cómo diablos debería llamarlo? ¿Cómo lo llamaban los hombres normales? Bien, George no era una opción. Pero de alguna manera referirse a ello como…ello, no le parecía correcto nunca más. Ahora que se habían dado la mano, por así decirlo.
Dejó la cosa y deslizó la mano por la cinturilla de los boxers. Estaba mareado y nervioso, pero calculó que tendría que acabar la rutina de Lewis y Clark. No sabía cuando tendría el corazón de hacer esto otra vez.
Barajó a… Dick, sí, comenzaría a llamarlo Dick… alrededor era como si estuviera dentro, pero fuera del camino y luego se tocó las pelotas por debajo. Sintió acercarse un shock encima de la erección del eje y la punta tembló.
Aquello se sentía agradable.
Frunció el ceño cuando exploró por primera vez lo que la Virgin le había dado. Era gracioso que todo esto a lo que había estado atado, colgando de él, durante mucho tiempo y que nunca había hecho de joven, sin duda los hombres post-transición se pasaban los días enteros haciéndolo.
Cuando se acarició las pelotas otra vez, se tensaron más y Dick se puso aún más duro. Las sensaciones hervían en la parte inferior de su cuerpo y las imágenes de Bella aparecieron en su mente, imágenes de ellos teniendo sexo, de él estirando las piernas por encima e introduciéndose profundamente en ella. Recordó con dolorosa claridad como la sentía debajo de él, el canal que ella le hizo, como estaba de apretada…
Todo esto comenzó como una bola de nieve, las imágenes en su mente, las corrientes de energía extendiéndose donde se encontraba su mano. Su boca se separó. El cuerpo le hizo una especie de oleada, sus caderas echándose hacia delante. Con un impulso, rodó sobre la espalda y empujó hacia abajo los boxers.
Y luego comprendió lo que estaba haciendo. ¿Se la estaba sacudiendo? ¿Al lado de Bella? Dios, era un bastardo repugnante.
Disgustado consigo mismo, liberó su mano y comenzó a dar tirones de los boxers de regreso…
—No pares —dijo Bella suavemente.
Una explosión de frío se le disparó por la espina a Z. Roto. Los ojos se dirigieron a los suyos cuando la sangre se le subió a la cara. Pero ella sólo le sonrió y le acarició el brazo.
—Eres tan hermoso. De camino puedes arquearte en este momento. Termínalo, Zsadist. Sé que es lo que quieres hacer y no tienes por qué avergonzarte. Estas muy guapo cuando te tocas.
Le besó el bícep, sus ojos dirigiéndose hacia sus boxers.
—Termínalo —le susurró— déjame verte terminar.
Pareciendo un idiota deseoso, pero curiosamente incapaz de parar, se sentó y se desnudó.
Bella hizo un ruido de aprobación cuando se tumbó otra vez. Tomando la fuerza de ella, deslizó despacio la mano hacia abajo por su estómago, sintiendo tensarse sus músculos y la lisa piel sin pelo que los cubría. La verdad es que no esperaba ser capaz de continuar…
Mierda santa. La cosa estaba muy dura, podía sentir el latido del corazón tamborileando por ello.
Miró fijamente los profundos ojos azules de Bella mientras movía la palma de la mano arriba y abajo. Escalofríos de placer comenzaron a dispararse y correr a través de su cuerpo. Dios… tenerla mirando le funcionaba, incluso cuando no tendría que hacerlo. Cuando él había sido observado antes…
No, el pasado no era bienvenido. Si se entretenía en lo que le había pasado hacía un siglo, iba a perderse este momento con Bella.
Con un empujón y un golpe cerró sus recuerdos distanciándose de lo que le habían hecho delante de una audiencia. Los ojos de Bella… lo miraban. Estaba en ellos. Se ahogaba en ellos.
Su mirada fija era tan encantadora, brillante por encima de su color, abrazándolo como si estuviera entre sus brazos. Miró sus labios. Su estómago… La creciente necesidad en su sangre dio un geométrico salto, explotando de manera que cada pulgada que sentía era una erótica tensión.
Los ojos de Bella fueron a la deriva hacia abajo. Mientras lo miraba trabar en ello, se tomó el labio inferior entre sus dientes. Sus colmillos eran dos pequeñas dagas blancas y él las quería sobre su piel otra vez. Quería chupar de ella.
—Bella… —gimió él. Joder, realmente estaba en esto.
Levantó una de sus piernas, los gemidos salían de su garganta mientras movía la mano más rápidamente y luego concentraba el movimiento en la punta. Un segundo más tarde se perdió. Gritó mientras su cabeza golpeaba la almohada y su espalda se curvaba hacia el techo. Calientes motores golpeaban su pecho y su vientre y las rítmicas liberaciones continuaron un rato mientras lo terminaba. Se paró cuando la cabeza estuvo demasiado sensible para tocarla.
Estaba mareado como el infierno y respiraba con dificultad cuando se inclinó a su lado y la besó. Cuando se retiró, sus ojos le mostraron cuan claramente lo leía. Ella sabía que lo había ayudado esta primera vez. Incluso de alguna manera ella no lo miraba con compasión. No parecía que le preocupara que él fuera un pobre asno que hasta ahora no había sido capaz de merecer tocarse.
Él abrió la boca.
—Yo…
Un golpe cortó la declaración, no tenía hecho el trabajo.
—No abras la puerta —ladró él, limpiándose con los boxers. Besó a Bella y le colocó una sábana por encima antes de atravesar la habitación.
Reforzó su hombro contra la puerta, como si quien quiera que estuviera al otro lado pudiera entrar en la habitación. Fue un estúpido impulso, pero de ningún modo nadie iba a ver a Bella en su brillante postnecesidad. Esto era sólo para él.
—Qué —dijo él.
La voz de Phury sonó amortiguada.
—El Explorer al que le metiste tu teléfono se movió anoche. Fue al supermercado donde Wellsie compró las manzanas del festival del solsticio. Hemos cancelado las órdenes, pero tenemos que hacer un reconocimiento. Reunión de la Hermandad en el estudio de Wrath en diez minutos.
Z cerró los ojos y apoyó la frente en la madera. La vida real había regresado.
—¿Zsadist? ¿Me has oído?
Miró a Bella, pensando en que su tiempo juntos había terminado. Y viendo como juntaba las sábanas hacia su barbilla como si tuviera frío, ella también lo supo…
Dios… dolía, pensó él. En realidad se sentía… herido.
—Estaré allí —dijo él.
Dejando caer los ojos sobre Bella, se giró y se dirigió a la ducha.




Cuando la noche cayó, O enfurecido se acercó a la cabina y recogió las municiones que necesitaría. Había vuelto hacía media hora y el día que había pasado había sido una mierda. Primero se había dirigido a Omega y había recibido una jodida riña. Literalmente. El amo había estado jorobando sobre los dos lessers que habían sido detenidos, como si hubiera sido fallo de O, que esos incompetentes obtuviesen un manotazo y fuesen disecados.
Después de que O compartiera la primera ola, el bastardo del amo había sacado a los asesinos humanos, replegando la sujeción sobre ellos como si fueran perros con correas. De una forma interesante, no le fue fácil. Llamar a los miembros de la Sociedad para que volvieran a casa no era la clase de cosa que se consiguiera con un golpe de muñeca fácilmente, y la debilidad era algo a recordar.
No es que la debilidad hubiese durado. Hombre, O no tenía dudas de que aquellos dos lessers habían lamentado el día que negociaron sus almas. Omega había comenzado con ellos inmediatamente y la escena había parecido una película de Clive Baker. Y la cosa era que, los asesinos eran no muertos, entonces el castigo podría seguir sin cesar hasta que Omega se aburriera.
Lo había mirado muy concentrado cuando O había salido.
La vuelta al mundo temporalmente había sido una total llamada al asesinato. Durante la ausencia de O, una insurrección de Betas había arraigado. Una escuadrilla de ellos, cuatro en total, estaban aburridos y habían decidido atacar a otros lessers, en una especie de juego de caza-y-mata que causó varias víctimas en la Sociedad. Los correos de voz de U cada vez eran más frenéticos, dejados sobre el curso de seis horas, eran la clase de modernización que hacían que un hombre quisiera gritar.
Maldita sea. U era un fracaso total como Segundo en la jerarquía. No había sido capaz de controlar a los Beta en la lucha y un humano había muerto durante la lucha. O no daba una mierda por el tipo muerto, pero de lo que se había preocupado era del cuerpo. Lo último que necesitaban era complicarse con los polis. Otra vez.
Así que O fue a la escena y se ensució las manos deshaciéndose del cuerpo; entonces se fastidió marchándose unas dos horas para identificar a los granujas Beta y yendo a visitar a cada uno de ellos. Había querido matarlos, pero si quedaban más puestos vacantes en las filas de la Sociedad, iba a tener otro problema con el amo.
Cuando terminó de golpear a aquel cuarteto de idiotas de mierda, que había sido sólo hacía media hora, estaba totalmente rabioso. Y entonces fue cuando U lo había llamado con las felices noticias de que toda la manzana ordenada que había sido dispuesta para el solsticio había sido cancelada. ¿Y entonces para qué eran todas esas compras? De alguna manera los vampiros habían entendido que les habían seguido la pista.
Sí, U honraba el trabajo cauteloso. De acuerdo.
Entonces el tributo del asesinato en masa para Omega se había ido por la ventana. Por lo que O no tenía nada para untar al amo. Si su esposa estuviera viva, sería más difícil convertirla en un lesser.
O había perdido el punto. Había gritado a U por teléfono. Se permitió soltar toda clase de obscenidades. Y U había respirado como un gatito azotado, tranquilizándose, agachándose. El silencio había conducido a la locura a O, ya que siempre había odiado que la gente no se defendiera.
Cristo. Había pensado que U era estable, pero en realidad era un bastardo débil y O estaba harto de ello. Sabía que tenía que meter un cuchillo en el pecho de U e iba a hacerlo, pero lo habían detenido las distracciones.
Jodida Sociedad, U, Betas y Omega. Tenía que hacer un trabajo que le importaba.
O agarró las llaves del camión y se montó en la cabina. Iba directamente al 27 de Thorne Avenue a meterse dentro de aquella mansión. Tal vez era una llamada desesperada, pero estaba seguro de que la respuesta que estaba buscando estaba detrás de aquellas puertas de hierro.
Finalmente, averiguaría el dónde y el por qué de su esposa.
O estaba casi en el F-150 cuando su cuello comenzó a zumbar, no dudó que era por gritar a U. Ignoró la sensación y se colocó detrás del volante. Mientras se dirigía, tiraba del cuello de la camisa, luego tosió dos, tres veces, intentando aflojar las cosas. Mierda. Se sentía extraño.
Media milla más tarde jadeaba. Agarrándose la garganta, ahogándose, echó el volante a la derecha y pisó fuerte los frenos. Abriendo la puerta, tropezó fuera. El aire frío le trajo durante un segundo o dos un alivio y luego volvió la asfixia.
O cayó sobre las rodillas. Mientras caía de cara sobre la nieve, su visión se hizo intermitente, pareciéndose a una lámpara rota. Y luego desapareció.


Mientras Zsadist caminaba por el pasillo hacia el estudio de Wrath, encontró que su mente estaba aguda aunque su cuerpo fuera lento. Cuando entró en la habitación todos los hermanos estaban allí y el grupo se quedó en silencio. Ignorándolos, mantuvo los ojos mirando al suelo y se acercó a la esquina donde por lo general se apoyaba. Escuchó que alguien se aclaraba la garganta para empezar. Probablemente era Wrath.
Habló Tohrment:

—El hermano de Bella ha llamado. Ha solicitado aplazar la petición de sehclusión y ha pedido que se quede aquí durante un par de días.
Z levantó la cabeza.

—¿Por qué?
—No dio una razón… —Los ojos de Tohr se estrecharon sobre la cara de Z—. Oh… mi Dios.
Los otros en la habitación le echaron un vistazo y hubo un par de jadeos. Entonces la Hermandad y Butch sólo lo miraron fijamente.
—¿Qué joder estáis mirando?
Phury le indicó el antiguo espejo que colgaba de la pared al lado de las puertas dobles.
—Ve por ti mismo.
Zsadist atravesó la habitación, listo para enviarlos al infierno. Bella era la que importaba…
Su boca se aflojó ante su reflejo. Con una mano inestable tendió la mano hacia los ojos en el espejo emplomado pasado de moda. Sus iris no eran negros. Eran amarillos. Como los de su gemelo.
—¿Phury? ―Dijo suavemente—. ¿Phury… qué me ha pasado?
Cuando el hombre se puso detrás de él, la cara del hermano apareció a la derecha de Z. Y luego el reflejo oscuro de Wrath resaltó en el espejo, todo el pelo negro y las gafas de sol. Entonces la belleza de estrella caída de Rhage. Y la gorra de los Sox de Vishous. Y el pelo corto de Tohrment. Y la nariz rota de Butch. Uno por uno extendieron la mano y lo tocaron, sus grandes manos aterrizando con cuidado sobre los hombros.
—Bienvenido de nuevo, mi hermano —susurró Phury.
Zsadist miró fijamente a los hombres que estaban detrás de él. Y tuvo el raro pensamiento de que si se dejaba ir débilmente y caía hacia atrás… ellos lo cogerían.


Un poco después de que Zsadist la dejara, Bella caminó por la habitación y fue en su busca. Había estado a punto de llamar a su hermano cuando comprendió que debía cuidar de su amante antes de volver otra vez al drama familiar.
Finalmente Zsadist necesitaba algo de ella. Y mucho, también. Estaba casi agotado después de estar con ella y sabía exactamente lo hambriento que estaba, sabía lo desesperado que estaba por alimentarse. Con tanta sangre suya en sus venas, podía sentir su vívida hambre, y sabía, también, con precisión dónde estaba en la casa. Todo lo que tenía que hacer era extender sus sentidos y podía sentirlo, encontrarlo.
Bella siguió el impulso por el corredor de las estatuas, giró la esquina y hacia las puertas dobles en la cabecera de las escaleras. Enfadadas voces masculinas salían del estudio y la de Zsadist era una de ellas.
—Un infierno, vas a salir esta noche —gritó alguien.
El tono de Zsadist fue totalmente maligno.
—No intentes mangonearme, Tohr. Me disgusta mucho y pierdes el tiempo.
—¡Mírate, eres un jodido esqueleto! A no ser que te alimentes, te quedarás.
Bella entró en la habitación mientras Zsadist le decía:
—Intenta mantenerme aquí y verás a dónde te lleva, hermano.
Con toda la Hermandad mirando, los dos hombres estaban nariz-contra-nariz, las miradas cruzadas, enseñándose los colmillos.
Jesús, pensó ella. Tanta agresividad.
Pero… Tohrment tenía razón. Ella no había sido capaz de verlo en la oscuridad del dormitorio, pero aquí con la luz Zsadist se veía medio muerto. Los huesos de su cráneo de abrían camino por su piel; la camiseta le colgaba por el cuerpo; los pantalones le colgaban. Sus oscuros ojos eran tan intensos como siempre, pero el resto de él estaba en dura forma.
Tohrment negó con la cabeza.
—Sé razonable…
—Ver a Bella vengada. Eso es totalmente razonable.
—No, no lo es —dijo ella. Su interjección atrajo hacia ella todas las cabezas.
Cuando Zsadist la miró, sus iris cambiaron, del destello de sus brillantes oscuros enfadados al que estaba acostumbrada, al incandescente amarillo.
—Tus ojos —susurró ella—. ¿Qué les ha pasado…?
Wrath la cortó.
—Bella tu hermano ha solicitado que te quedes un poco más.
Su sorpresa fue grande, miró desde la distancia a Zsadist.
—¿Qué, mi señor?
—No quiere que levante tu sehclusión ahora mismo, quiere que te quedes aquí.
—¿Por qué?
—Ni idea. Tal vez podrías preguntárselo.
Dios, como si las cosas no fueran lo suficiente confusas. Volvió a mirar a Zsadist, pero él estaba concentrado en la ventana al otro lado de la habitación.
—Eres, desde luego, bienvenida para quedarte —dijo Wrath.
Al tensarse Zsadist, ella se preguntó como de cierto era eso.
—No quiero ser vengada —dijo ella fuerte. Cuando la cabeza de Zsadist se giró, le habló directamente—. Estoy agradecida por todo lo que has hecho por mí. Pero no quiero que nadie sea herido intentando coger al lesser que me retuvo. Especialmente tú no.
Frunció el ceño.
—Ese no es problema tuyo.
—El infierno si no lo es —cuando se lo imaginó yendo a luchar, el terror le anuló todo—. Dios, Zsadist… no quiero ser responsable de que salgas y de que te maten.
—Ese lesser va a acabar en una caja de pino, no yo.
—¡No puedes decirlo en serio! Virgen querida, mírate. Es imposible que puedas luchar. Estás muy débil.
Hubo un silbido colectivo en la habitación, y los ojos de Zsadist se oscurecieron. Oh… mierda. Bella se puso la mano sobre la boca. Débil. Lo había llamado débil. Delante de toda la Hermandad. No existía mayor insulto. Simplemente insinuar que un hombre no podía manipular la fuerza era imperdonable en la clase guerrera, no importaba la base. Pero venir y decirlo delante de testigos, era una total castración social, una condena irrevocable de su valor como hombre.
Bella se le acercó rápidamente.
—Lo siento, no pensé…
Zsadist apartó los brazos de su alcance.
—Aléjate de mí.
Ella se puso la mano sobre la boca cuando dio un paso a su alrededor como si fuera una granada. Se dirigió hacia la puerta y sus pasos se dirigieron hacia el vestíbulo. Cuando ella fue capaz, chocó contra la mirada desaprobatoria de los hermanos.
—Le pediré perdón inmediatamente. Y escuchad ahora, no dudo de su coraje o su fuerza. Me preocupo por él por que…
Díselo, pensó ella. Ellos seguramente lo entenderán.
—Lo amo.
Bruscamente la tensión en el lugar se alivió. Bien, la mayor parte de ella. Phury se giró distanciándose y se dirigió hacia el fuego, inclinándose hacia la chimenea. Su cabeza baja como si quisiera estar en las llamas.
—Me alegra lo que sientes —dijo Wrath—. Él lo necesita. Ahora ve a buscarlo y pídele perdón.
Antes de salir del estudio, Tohrment se puso frente a ella y la miró a su nivel.
—Intenta alimentarlo mientras estés en ello, ¿vale?
—Rezo para que me lo permita.

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