lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 4 5 6

CAPÍTULO 4




Horas más tarde, o al menos parecían horas, cuando Bella se dio cuenta del sonido de la plancha de red deslizándose atrás. El olor dulce de los lesser había ido a la deriva abajo a ella, dominando el acre, húmedo olor de tierra.
—¡Hola!, esposa. —Los arneses alrededor de su torso la apretaron cuando él la sacó.
Una mirada a sus pálidos ojos marrones y ella supo que ahora no era el momento de empujar cualquier límite. Él estaba nervioso, su sonrisa le mostraba demasiado excitado. Y desequilibrarle no era bueno con él.
Justo cuando sus pies golpearon el suelo, él tiró de las guarniciones y entonces ella cayó contra él.
—Dije ¡hola!, esposa.
—¡Hola!, David.
Él cerró los ojos. Le gustaba cuando ella decía su nombre.
—Tengo algo para ti.
Dejó las correas sobre ella y la condujo a la mesa de acero inoxidable en el centro del cuarto. Cuando la esposó a la cosa, ella sabía que debía estar oscuro fuera todavía. Él se relajaba sobre refrenarla durante el día, cuando ella no podía correr.
El lesser salió por la puerta y la dejó abierta de par en par. Ruidos de arrastre y gruñidos le siguieron y entonces volvió arrastrando a un vampiro civil grogui. La cabeza del macho colgaba de sus hombros como si estuviera sobre un gozne flojo, y lo arrastraba por los dedos de los pies. Estaba vestido en lo que había sido unos agradables pantalones negros y un suéter de cashmere, pero ahora las ropas estaban rasgadas y mojadas de sangre.
Con un gemido ahogado en su garganta, Bella retrocedió hasta donde se lo permitió sus ataduras. No podía mirar la tortura, no podía.
El lesser forzó al macho a colocarse sobre la mesa y lo extendió sobre ella. Las cadenas fueron aseguradas con eficiencia alrededor de sus muñecas y tobillos, y los eslabones fueron asegurados con clips metálicos. En cuanto los ojos brumosos del civil se clavaron en la estantería con las herramientas, le invadió el pánico. Tiró de las bandas de acero, haciéndolas repiquetear contra la mesa de metal.
Bella se encontró con los ojos azules del vampiro. Estaba aterrorizado, y quería tranquilizarle, pero sabía que no era inteligente. El lesser miraba su reacción, esperando.
Y luego sacó un cuchillo.
El vampiro sobre la mesa gritaba mientras el asesino se inclinaba sobre él. Pero todo lo que David hizo fue dar un tirón al suéter del macho y cortarlo, exponiendo su pecho y garganta.
Aunque Bella trataba de luchar contra ello, la sed de sangre le revolvía el estómago. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había alimentado, quizás meses, y toda la tensión bajo la que había estado significaba que su cuerpo necesitaba lo que solo beber del sexo opuesto podía darle.
El lesser la cogió del brazo y tiró de ella, las esposas se deslizaron por el carril de la mesa con ella.
—Me figuré que debías de estar sedienta por ahora. —El asesino extendió la mano y frotó su boca con su pulgar—. Así que conseguí esto para ti, para que te alimentes
Sus ojos se abrieron.
—Así es. Él es solamente para ti. Un regalo. Es fresco, joven. Mejor que los dos que tengo en los agujeros ahora. Y podemos mantenerlo mientras te sirva. —El lesser apartó su labio superior de sus dientes—. Maldición… mira esos colmillos alargándose. Hambrientos, ¿verdad, esposa?
Su mano la sujetó fuertemente por la nuca y la besó, lamiéndola con la lengua. De algún modo ella contuvo su reflejo de morderlo hasta que él levantó su cabeza.
—Siempre me he preguntado a qué se parece —dijo él, los ojos vagando por su cara—. ¿Me va a excitar? No estoy seguro de si quiero o no. Creo que me gustas pura. Pero tienes que hacer esto, ¿correcto? O morirás.
Empujó su cabeza abajo hacia la garganta del macho. Cuando ella se resistió, el lesser se rió suavemente y habló en su oído.
—Esta es mi muchacha. Si hubieras ido de buen grado, pienso que le habría golpeado por celos. —Él le acarició el pelo con su mano libre—. Ahora bebe.
Bella miró a los ojos del vampiro. Oh, Dios
El macho había dejado de luchar y la miraba, sus ojos a punto de salírsele de sus órbitas. Aunque estaba hambrienta, no podía soportar la idea de tomarla de él.
El lesser agarró su cuello con fuerza, y su voz se hizo repugnante.
—Mejor bebes de él. Me metí en muchos problemas de mierda para conseguir esto para ti.
Ella abrió la boca, su lengua parecía papel de lija de la sed.
—No…
El lesser puso un cuchillo a la altura de sus ojos.
—De una manera u otra él va a sangrar en el siguiente minuto y medio. Si voy a trabajar sobre él, no va a durar mucho tiempo. ¿Así que tal vez quieras intentarlo, esposa?
Los ojos se le llenaron de lágrimas ante la violación que cometería.
—Lo siento tanto —susurró ella al macho encadenado.
Su cabeza fue echada hacia atrás de un tirón, y la palma del lesser vino a su cara desde la izquierda. La bofetada reverberó por la parte superior de su cuerpo, y el asesino agarró un mechón de su pelo para impedirle caerse. Tiró con fuerza, arqueándola contra él. Ella no tenía ni idea de a donde había ido el cuchillo
—No pidas perdón por esto. —Apretó su mano en su barbilla, cavando las yemas de los dedos en los huecos bajo sus pómulos—. Soy el único del que te preocupas. ¿Está claro? Dije, ¿está claro?
—Sí —jadeó ella.
—Sí, ¿qué?
—Sí, David.
Él la tomó por su brazo libre y lo dobló detrás de su espalda. El dolor se disparó por su hombro.
—Dime que me amas.
De ninguna parte, la cólera prendió como una tormenta de fuego en su pecho. Nunca le diría esa palabra. Nunca.
—Dime que me amas —gritó él, explotando la demanda en su cara.
Sus ojos destellaron y desnudó los colmillos. En el instante en que lo hizo la excitación de él se disparó fuera de control, su cuerpo comenzó a temblar, su aliento se convirtió en un jadeo rápido. Estaba preparado para pelear con ella, excitado para la batalla, preparado como si estuviera erecto para el sexo. Esta era la parte de la relación para la que vivía. Amaba luchar contra ella. Le había contado que su antigua mujer no había sido tan fuerte como ella, no había sido capaz de durar tanto antes de marcharse.
—Dime que me amas.                                                
—Yo. Te. Desprecio.
Mientras él levantó su mano y la cerraba en un puño, ella le fulminaba con la mirada, seria, tranquila, preparada para recibir el golpe. Se quedaron así durante mucho tiempo, sus cuerpos suspendidos en arcos gemelos como un corazón, atados por cuerdas de la violencia que corría entre ellos. Al fondo el macho civil sobre la mesa gimoteó.
De repente el lesser la rodeó con sus brazos y enterró la cara en su cuello.
—Te amo —dijo él—. Te amo tanto… no puedo vivir sin ti.
—Mierda santa —dijo alguien.
El lesser y Bella contemplaron al de la voz. La puerta del centro de persuasión estaba abierta de par en par y un asesino de pelo pálido estaba parado en el marco.
El tipo comenzó a reírse y luego dijo las cuatro palabras que provocaron todo lo que siguió:
—Lo voy a contar.
David fue detrás del otro lesser en una carrera a muerte, persiguiéndole fuera.
Bella no vaciló cuando los primeros golpes de la lucha resonaron fuera. Ella trabajaba sobre las cadenas que ataban la muñeca derecha del civil, liberando los enganches, desenredando los eslabones. Ninguno de ellos dijo una palabra mientras ella liberaba su mano y luego empezaba con su tobillo derecho. Tan pronto como pudo, el macho trabajó tan rápido como ella, desesperadamente desatando su lado izquierdo. En el segundo en que estuvo libre, bajó de la mesa y miró las esposas de acero que la ataban.
—No puedes salvarme —dijo ella—. Él tiene las únicas llaves.
—No puedo creer que esté todavía viva. Me enteré sobre usted…
—Vete, ve…
—Él la matará.
—No, no lo hará. —Él solamente iba a hacerle desear estar muerta—. ¡Vete! Esa lucha no va a durar siempre.
—Volveré por usted.
—Solamente llega a casa. —Cuando él abrió la boca, ella dijo— Ciérrala, infiernos y estate atento. Si puedes, dile a mi familia que no estoy muerta. ¡Vete!
El macho tenía lágrimas en sus ojos cuando los cerró. Él tomó dos alientos largos… y se desmaterializó.
Bella comenzó a temblar tanto que se cayó al suelo, su brazo estirado sobre su cabeza desde donde estaba esposado a la mesa.
Los ruidos de la lucha se pararon bruscamente. Hubo un silencio y luego un destello de luz y un sonido de explosión. Ella supo sin ninguna duda que su lesser había ganado.
Oh, Dios… Esto iba a ser malo. Esto iba a ser un día muy, muy malo.

Zsadist estuvo de pie sobre el césped nevado de Bella hasta el último momento posible, y luego se desmaterializó, al monstruo gótico, donde toda la Hermandad vivía. La mansión se parecía a algo de una película de terror, todas las gárgolas y sombras y ventanas de cristal de plomo. Delante de la montaña de piedra había un patio lleno de coches, así como una casa del guarda que era donde Butch y V lanzaban. Una pared de veinte pies de altura rodeaba el complejo y había una doble puerta de entrada así como un buen número de sorpresas repugnantes para disuadir a visitantes no deseados.
Z caminó a través de las puertas de acero de la casa principal y abrió un lado de ellas. Dando un paso en el vestíbulo, tecleó un código en un teclado numérico y consiguió acceso inmediatamente. Él hizo una mueca mientras emergía al vestíbulo. El espacio altísimo con sus colores brillantes, sus hojas de oro y su salvaje mosaico del suelo se parecía a una atestada barra: demasiado estímulo.
A su derecho, oyó los sonidos de un comedor lleno: el tintineo suave de la plata sobre la porcelana, palabras indistintas de Beth, una sonrisita de Wrath… entonces la voz de bajo de Rhage cortando. Hubo una pausa, probablemente porque Hollywood hacía una cara, y luego la risa de todo el mundo mezclada, saliendo en tropel como mármoles brillantes a través de un piso limpio.
No estaba interesado en enredarse con sus hermanos, mucho menos comer con ellos. Ellos sabrían todos por ahora que había sido echado de la casa de Bella como un criminal por pasar demasiado tiempo allí. Pocos secretos eran guardados dentro de la Hermandad.
Z se encaminó a la magnífica escalera, subiendo los escalones de dos en dos. Cuanto más rápido iba más se enmudecían los sonidos de la cena, y más tranquilo se quedaba él. En lo alto de la escalera se dirigió a la izquierda y fue a lo largo de un vestíbulo largo marcado por estatuas grecorromanas. Los atletas y guerreros de mármol estaban iluminados por una iluminación indirecta, sus brazos, piernas y pechos blancos de mármol formaban un modelo contra la pared rojo sangre. Si andabas bastante rápido, era como ir por la acera cuando estabas en un coche, el ritmo de la animación de los cuerpos de las estatuas cuando de hecho no se movían.
La habitación donde dormía estaba al final del pasillo, y cuando abrió la puerta golpeó una pared de frío. Nunca conectaba el calor o el aire acondicionado, justo como nunca dormía en la cama o usaba el teléfono o ponía algo en los antiguos escritorios. El armario era la única cosa que necesitaba, y fue hasta allí para desarmarse. Sus armas y municiones estaban guardadas en un gabinete incombustible en la parte de atrás, y sus cuatro camisas y tres juegos de cueros colgaban cerca. Con nada más que entrar, a menudo pensaba en huesos cuando estaba dentro, todas las perchas vacías que parecían largas y frágiles.
Se desnudó y se duchó. Tenía hambre de comida, pero le gustaba mantenerse así. La punzada de hambre, el anhelo seco de la sed… esas negaciones que estaban dentro de su control siempre lo aliviaban. Infiernos, si pudiera evitar dormir, lo evitaría también. Y la maldita sed de sangre… Él quería estar limpio. En el interior.
Cuando salió de la ducha pasó una navaja de afeitar eléctrica sobre su cabeza para mantener su pelo tieso sobre su cráneo y luego hizo un afeitado rápido. Desnudo, frio, cansado por el hambre, se acercó a su plataforma en el suelo. Cuando estuvo de pie encima de las dos mantas dobladas que ofrecían tanta amortiguación como un par de tiritas, pensó en la cama de Bella. La suya había sido muy grande y toda blanca. Fundas de almohada blancas y sábanas, grandes, un edredón blanco, un caniche blanco tirado a los pies.
Se había tumbado en su cama. A menudo. Le había gustado pensar que podía olerla en ella. A veces hasta se había revolcado sobre encima, la suavidad cediendo bajo su duro cuerpo. Era casi como si ella lo hubiera tocado entonces, y mejor que si en realidad lo hiciera. No podía soportar que alguien le tocara… aunque deseaba haber permitido a Bella encontrar un pedazo de su carne solamente una vez. Con ella, él podría haber sido capaz de manejarlo.
Sus ojos se movieron por el cráneo mientras se sentaba en el suelo al lado de la plataforma. Las órbitas eran agujeros negros, y él imaginó la combinación del iris y la pupila que una vez habían mirado fijamente hacia fuera. Entre los dientes había una tira de cuero negro de aproximadamente dos pulgadas de ancho. Tradicionalmente las palabras de devoción al difunto estaban inscritas sobre ella, pero la correa que tenía entre las mandíbulas estaba en blanco.
Cuando se acostó, puso su cabeza al lado de la cosa y el pasado volvió, el año 1802…
El esclavo estaba parcialmente despierto. Estaba tumbado sobre su espalda y le dolía por todas partes, aunque no pudiera pensar por qué… hasta que recordó haber pasado por su transición la noche antes. Durante horas había estado mutilado por el dolor de sus músculos brotando, sus huesos alargándose, su cuerpo transformándose en algo enorme.
… extraño verdaderamente, su cuello y sus muñecas dolían de un modo diferente.
Abrió los ojos. El techo estaba lejos encima de él y marcado con barras delgadas negras insertadas en la piedra. Cuando giró su cabeza, vio una puerta de roble con más barras colocadas verticalmente por sus tablones gruesos. Sobre la pared, también, había tiras de acero… En la mazmorra. ¿Él estaba en la mazmorra, pero por qué? Había hecho sus deberes antes.
Él trató de sentarse, pero sus antebrazos y espinillas estaban sujetados. Los ojos se ampliaron, tiró…
—Preocúpate de ti. —Era el herrero. Y tenía tatuadas cintas negras sobre los puntos de bebida del esclavo.
Ah, Virgen querida en el Fade, no. No este…
El esclavo luchó contra las ataduras, y el otro macho lo miró, molesto.
—¡Cálmate! No seré azotado por una falta que no he cometido
—Te lo ruego… —la voz del esclavo no sonaba correcta. Era demasiado profunda—. Ten compasión.
Él oyó una risa suave, femenina. La Mistress  de la casa había entrado en la celda, su vestido largo de seda blanca se arrastraba detrás de ella sobre el embaldosado, su pelo rubio le bajaba alrededor de sus hombros.
El esclavo dejó caer sus ojos como era apropiado y comprendió que estaba totalmente desnudo. Ruborizado, avergonzado, deseaba estar cubierto.
—Estás despierto — dijo ella, acercándose a él.
Él no podía comprender por qué ella había venido para ver a alguien tan humilde como él. Solo era un mero muchacho de cocina, alguien mas bajo aún que las criadas que limpiaban sus cuartos privados
—Mírame —ordenó la Mistress.
Hizo lo que le habían dicho, aunque esto fuera contra todo lo que alguna vez había conocido. Nunca le habían permitido mirarla fijamente antes.
Lo que vio fue un choque. Ella lo miraba de un modo en que ninguna hembra lo había mirado nunca. La avaricia marcaba los refinados huesos de su cara, su mirada oscura estaba encendida con alguna especie de intención que no podía identificar.
—Ojos dorados —murmuró ella—. Qué raros. Qué hermoso.
 Su mano descendió sobre el muslo desnudo del esclavo. Él se movió nerviosamente rechazando el contacto, sintiéndose incómodo. Esto estaba mal, pensaba. Ella no debería estar tocándolo.
—Te has convertido en una sorpresa magnífica. Pierde cuidado, he alimentado a alguien quien te ha traído a mi atención.
—Mistress… le rogaría que me dejara ir a trabajar.
—Oh, irás. —Su mano fue a la deriva a través de la unión de su pelvis, donde sus muslos se encontraban con sus caderas. Él brincó y oyó la maldición suave del herrero—. Y un favor para mí. Mi esclavo de sangre fue víctima de un accidente desafortunado hoy. En cuanto sus cuartos estén renovados, serás trasladado a ellos.
 El esclavo perdió su aliento. Él sabía del macho que ella había mantenido encerrado, ya que le había llevado comida a la celda. A veces, había dejado la bandeja con los guardias, había oído extraños sonidos saliendo de detrás de la pesada puerta.
La Mistress debía haber reparado en su miedo, porque se inclinó sobre él, quedando tan cerca que pudo oler su perfumada piel. Ella rió suavemente, como si hubiera probado su miedo y el plato la hubiera complacido.
—De verdad, no puedo esperar para tenerte.
Cuando ella se dio la vuelta para marcharse, miró airadamente al herrero.
—Recuerda lo que dije o te enviaré al amanecer. Ningún error con la aguja. Su piel es demasiado perfecta para estropearla.
El tatuaje fue terminado poco tiempo después, y el herrero tomó una vela con él, dejando al esclavo atado sobre la mesa en la oscuridad.
Él tembló de la desesperación y el horror cuando su nuevo estado se hizo real. Ahora era el más bajo de los bajos, mantenido vivo únicamente para alimentar a otro… y sólo la Virgen sabía lo que le esperaba.
Pasó un largo rato antes de que la puerta se abriera otra vez y la luz de la vela le mostrara que su futuro había llegado: la Mistress con un vestido negro y dos machos conocidos por su amor a su propio sexo.
—Límpienlo para mí —ordenó ella.
La Mistress miró como el esclavo fue lavado y untado con aceite, ella se movió alrededor de su cuerpo mientras la luz de la vela se movía, nunca permanecía quieta. El esclavo temblaba, odiando la sensación de las manos de los machos sobre su cara, su pecho, sus privacidades.  Él tenía miedo de que uno o ambos intentaran tomarlo de un modo impío.
Cuándo terminaron, el más alto de ellos dijo:
—¿Lo intentaremos para usted, Mistress?
—Lo guardaré para mí esta noche.
Ella dejó caer su vestido y ágilmente se subió a la mesa, sentándose a horcajadas sobre al esclavo.
Sus manos buscaron su carne privada, y mientras lo acarició él era consciente de los otros machos tomándose a si mismos con la mano. Cuando el esclavo permaneció fláccido, ella lo cubrió con sus labios. Los sonidos en el cuarto eran horrorosos, los gemidos de los machos y la boca de la Mistress chupando y azotándolo.
La humillación fue completa cuando el esclavo comenzó a llorar, lágrimas derramándose por las esquinas de sus ojos, cayendo por sus sienes hasta los oídos. Nunca lo habían tocado entre sus piernas antes. Como un macho de pre-transición, su cuerpo no había estado listo para el acoplamiento o capaz de ello, aunque eso no le había impedido pensar con mucha ilusión en estar un día con una hembra. Siempre se había imaginado que la unión sería maravillosa, ya que en los cuartos de los esclavos había visto el acto de placer en ocasiones.
Pero ahora… tener la intimidad pasando de este modo, se avergonzaba de haberse atrevido a desear algo.
Bruscamente, la Mistress lo liberó y lo pegó con la mano a través de la cara. La impresión de la palma picaba sobre su mejilla mientras ella se bajaba de la mesa.
—Tráiganme el bálsamo —dijo ella bruscamente—. Su cosa no está funcionando
Uno de los machos avanzó hacia la mesa con un pequeño pote. El esclavo sintió que alguien deslizaba una mano sobre él, no estaba seguro quién, y luego hubo una sensación ardiente. Un curioso peso se instaló en su ingle, sentía que algo cambiaba en su muslo y entonces despacio se movió a través de su estómago.
—Ah… santa Virgen en el Fade —dijo uno de los machos.
—Menudo tamaño —respiró el otro—. Podría derramarse completamente en lo profundo de un pozo…
La voz de la Mistress también sonaba asombrada.
—Es enorme.
El esclavo levantó la cabeza. Había una cosa poderosa aumentada tumbada sobre su vientre, que no se parecía a nada que hubiera visto antes.
Se echó hacia atrás otra vez mientras la Mistress montaba sus caderas. Esta vez sintió algo engulléndolo, algo mojado. Levantó la cabeza otra vez. Ella estaba a horcajadas sobre él y él estaba dentro de su cuerpo. Ella se movía contra él, montándolo arriba y abajo, jadeando. Era débilmente consciente de que los otros machos en el cuarto estaban gimiendo otra vez, los sonidos guturales crecían más fuertes a medida que ella se movía más y más rápido. Y luego hubo gritos, los de ella, los de ellos.
La Mistress se derrumbó sobre el pecho del esclavo. Mientras todavía respiraba pesadamente, ella dijo:
—Mantén tu cabeza abajo.
 Uno de los machos puso la palma sobre la frente del esclavo y luego le acarició el pelo con su mano libre.
—Tan encantador. Tan suave. Y mire todos los colores.
La Mistress enterró la cara en el cuello del esclavo y lo mordió. Él gritó por el pinchazo y la toma. Él había visto a machos y hembras beber uno de otro antes, y siempre había parecido correcto… Pero esto dolía y le hacía sentirse mareado, y cuanto más duro tiraba ella de su vena, más mareado se sentía.
Debió haberse desmayado, porque cuando se despertó ella levantaba la cabeza y se lamía los labios. Ella bajó de él, se vistió y los tres le dejaron solo en la oscuridad. Momentos después los guardias a quienes conocía entraron.
Los otros machos rechazaron mirarle, aunque él hubiera estado en términos amistoso con ellos antes porque él les había dado su cerveza. Ahora, ellos mantenían sus ojos apartados y no le hablaban. Cuando echó un vistazo abajo, se avergonzó de que cualquier bálsamo que le hubieran puesto todavía funcionara, porque su parte privada estaba todavía tiesa y gruesa.
El brillo sobre ello lo dio náuseas.
Quiso decir desesperadamente a los machos que no era su culpa, que estaba intentando que su carne bajara, pero estaba demasiado mortificado para hablar cuando los guardias liberaron sus brazos y tobillos de la mesa. Cuando se levantó se balanceó, porque había estado sobre su espalda durante horas y solo había pasado un día desde su transición. Nadie le ayudó mientras luchaba por permanecer derecho, y sabía que era porque no querían tocarlo, no querían estar cerca de él ahora. Fue a cubrirse, pero ellos le pusieron grilletes de una manera tan experta que no tuvo ninguna mano libre.
La vergüenza empeoró cuando tuvo que andar por el pasillo. Podía sentir el pesado peso en sus caderas saltando con sus pasos, balanceándose obscenamente. Lágrimas derramándose y deslizándose por sus mejillas, y uno de las guardias resopló con repugnancia.
El esclavo fue llevado a una parte diferente del castillo, a otro cuarto sólidamente amurallado con barras embutidas de acero. Éste tenía una plataforma con una cama, un orinal apropiado, una manta y las antorchas sobre las paredes. Cuando fue introducido, había comida y agua, vituallas dejadas por el muchacho de la cocina al que conocía de toda la vida. El macho en pre-transición también rechazó mirarlo.
Las manos del esclavo fueron liberadas y fue cerrado.
Privado y tembloroso, se acercó a una esquina y se sentó en el suelo. Acunó su cuerpo con cuidado, para nadie más, y trató de ser amable con su nueva forma tras la transición… una forma que había sido usada de un modo incorrecto.
Mientras se mecía adelante y atrás, se preocupó por su futuro. Nunca había tenido ningún derecho, ningún estudio, ninguna identidad. Pero al menos antes había sido libre de moverse alrededor. Y su cuerpo y su sangre habían sido suyos.
El recuerdo de la sensación de aquellas manos sobre su piel le provocó una oleada de náuseas. Miró abajo a sus partes y se dio cuenta de todavía podía oler a la Mistress en él. Se preguntó cuanto tiempo duraría la hinchazón.
Y que pasaría cuando ella volviera por él.

Zsadist frotó su cara y se dio la vuelta. Ella había vuelto por él. Y nunca había venido sola.
Cerró los ojos contra los recuerdos e intentó ordenarse dormir. La última cosa que destelló por su mente fue una imagen de la granja de Bella con su prado nevado.
Dios, aquel lugar estaba tan vacío, desierto aunque estuviera lleno de cosas. Con la desaparición de Bella había sido despojado de su función más importante: aunque fuera todavía una estructura sana y capaz de mantener fuera al viento, al tiempo y a los extraños, ya no era más un hogar.
Sin alma.
De alguna manera, la granja era justo como él.


El amanecer había llegado cuando Butch O'Neal dejó el Escalade en el patio. Mientras salía, podía oír a G-Unit sonando a todo volumen en el Pit, así que sabía que su compañero de cuarto estaba dentro. V tenía que tener su música de rap; esa mierda era como el aire para él. Decía que esas pulsaciones del bajo le ayudaban a mantener las intrusiones de los pensamientos de otras personas en un nivel manejable.
Butch caminó hacia la puerta y tecleó el código. Un cerrojo se abrió de pronto con un pequeño sonido y entró en un vestíbulo, dónde hizo otro registro. Los vampiros eran grandes especialistas en sistemas de dobles puertas. Así nunca se preocupaban por si alguien inundaba su casa con luz solar, porque una de las puertas estaba siempre cerrada.
La casa, también llamada el Pit, no era demasiado fantástica, sólo un salón de estar, una cocina, y dos habitaciones con dormitorio y baño. Pero le gustaba, y le gustaba el vampiro con el que vivía. Su compañero de habitación y él estaban unidos como… bueno, hermanos.
Cuando entró en el cuarto principal, los sofás de cuero negro estaban vacíos, pero el SportsCenter estaba en la TV de plasma, y el perfume achocolatado del humo rojo estaba por todas partes. Así que Phury estaba en casa, o acababa de salir.
—Hola, Lucy —gritó Butch.
Los dos Hermanos llegaron por su espalda. Ambos estaban todavía vestidos con sus ropas de lucha, el cuero y las botas de cowboy haciéndoles parecerse exactamente a los asesinos que eran.
—Pareces cansado, poli —dijo Vishous.
—Realmente, me siento hecho polvo.
Butch observó el porro en la boca de Phury. Si bien había dejado sus días de drogas hacia mucho tiempo, esta noche casi recayó y pidió una calada de ese humo rojo. La cosa era, que, ya tenía dos adicciones así que estaba bastante ocupado.
Sí, beber escocés y sentirse nostálgico después de que un vampiro hembra no le quisiera era todo para lo que tenía tiempo. Además, no había razón para joder un sistema que funcionaba. El rechazo alimentaba la bebida, y cuando estaba borracho, echaba de menos a Marissa aún más, así que quería echar otro trago… Y allí lo tienes. Un infierno de tiovivo. Incluso el cuarto daba vueltas, también.
—¿Hablaste con Z? —preguntó Phury.
Butch se quitó su abrigo de cachemira y lo colgó en el armario.
—Sí. No estaba feliz.
—¿Va a mantenerse alejado de allí?
—Creo que sí. Bueno, asumiendo que no incendió el lugar después de que me sacó a patadas. Tenía ese destello especial en sus ojos cuando salí. Ya sabes, ¿el qué hace que tus pelotas se aprieten cuando estás a su lado?
Phury pasó una mano a través de su escandaloso pelo. Le caía bajo sus hombros, todas hebras rubias, rojas y morenas. Sería un tipo bien parecido sin ese pelo; con esa melena, era… bueno, fino, el hermano era bello. No era que Butch fuera de ese modo, pero el tipo era bien mirado por un montón de mujeres. Vestía mejor que la mayor parte de las señoras, también, cuando no llevaba sus ropas de patear culos.
Hombre, era una cosa buena que luchara como un sucio bastardo o podría haber sido tomado por una Nancy.
Phury inspiró una respiración profunda.
—Gracias por hablar con...
Un timbre sonó en un escritorio lleno de ordenadores.
—Fuera de línea —murmuró V, yendo a su centro IT.
Vishous era el genio de los ordenadores en la Hermandad, realmente era un genio en todo y se encargaba de las comunicaciones y la seguridad en el recinto. Lo manejaba todo desde los Cuatro Juguetes, como llamaba a su cuarteto de PCs.
Juguetes… Sí, claro. Butch no sabía mucho acerca de ordenadores, pero si esas tonterías eran juguetes, entonces estaban en el campo de juego del Departamento de Defensa también.
Mientras V esperaba la llamada para echarla en el correo de voz, Butch recorrió con la mirada a Phury.
—¿Entonces, te he enseñado mi nuevo traje Marc Jacobs?
—¿Ha llegado ya?
—Sí, Fritz lo compró más temprano y lo arregló.
—Genial.
Mientras iban a los dormitorios, Butch tuvo que reírse. Era tan culpable como Phury de empezar ese rollo metrosexual. Era gracioso, ya que no había dado una mierda por sus ropas cuando había sido un polizonte. Ahora que estaba con los Hermanos, estaba trabajando su camino en la alta costura y lo amaba. Así que, como Phury, tenía suerte de pelear sucio.
El Hermano estaba acariciando la fina lana negra en una percha y haciendo apropiados "ahhhing" cuando V entró.
—Bella está viva.
Butch y Phury giraron sus cabezas alrededor mientras el traje aterrizaba en el suelo amontonándose.
—Un varón civil fue secuestrado del callejón que hay detrás del Zero-Sum esta noche y llevado hacia un lugar en el bosque con el objeto de alimentar a Bella. La vio. Habló con ella. En cierta forma le dejó escapar.
—Dime que puede encontrar el lugar otra vez —suspiró Butch, consciente de una urgencia sofocante. Y él no era el único en alerta instantánea. Phury se veía tan intenso que no parecía capaz de hablar.
—Sí. Marcó su ruta de escape, desmaterializándose doscientas yardas cada vez hasta que alcanzó la Ruta 22. Me envía por correo electrónico el camino en un mapa. Malditamente listo para un civil.
Butch salió corriendo hacia la sala de estar, dirigiéndose hacia su abrigo y las llaves del Escalade. No se había sacado su pistolera, así que su Glock estaba todavía atrapada bajo su brazo.
Pero V se había puesto entre él y la puerta.
¿Dónde vas, hombre?
—¿Has recibido ese mapa a través de tu correo electrónico ya?
—Detente.
Butch echó una mirada a su compañero de cuarto.  
—No puedes salir durante el día. Yo puedo. ¿Por qué infiernos deberíamos esperar?
—Poli —la voz de V se volvió suave—, esto es asunto de la Hermandad. No vas a meterte en esto.
Butch se paralizó. Ah, sí, suspender la operación otra vez.
Seguro, podía trabajar alrededor de su periferia, hacer algún análisis de la escena del delito, poner su materia gris a agitarse sobre los problemas tácticos. Pero cuando la pelea comenzaba, los Hermanos siempre le mantenían fuera del campo.
—Maldita sea, V.
—No. No vas a encargarte de esto. Olvídalo.


Fue dos horas después cuando Phury tuvo bastante información para ir al cuarto de su gemelo. Creía que no había que agitar a Zsadist con la mitad de la historia, y había tomado un rato esbozar un plan.
Cuando golpeó la puerta y no hubo una respuesta, entró y se sobresaltó. El cuarto estaba frío como una nevera de carne.
—¿Zsadist?
Z yacía en un par de mantas dobladas en la esquina más lejana, su cuerpo desnudo cubierto contra el frío del cuarto. Había una cama suntuosa a no más de diez pies de él, pero nunca había sido usada. Z dormía en el suelo siempre, no importaba donde viviera.
Phury se acercó y se arrodilló al lado de su gemelo. No iba a tocar al varón, especialmente cuando podía pillarle desprevenido. Z probablemente le atacaría.
Dios mío, pensó Phury. Dormido así, toda su cólera disuelta, Z era casi frágil.
Maldición, quita lo de casi. Zsadist siempre había estado tan malditamente delgado, tan terriblemente flaco. Ahora, sin embargo, simplemente era huesos grandes y venas. ¿Cuándo había ocurrido esto? Cristo, durante el rythe de Rhage, todos habían estado desnudos en la Tumba, y Z ciertamente no se había parecido a un esqueleto. De eso habían pasado aproximadamente sólo seis semanas.
Justo antes del secuestro de Bella.
—¿Zsadist? Espabílate, hermano.
Z se movió, sus ojos negros abriéndose lentamente. Usualmente se despertaba deprisa y con el ruido más leve, pero se había alimentado, así que estaba haragán.
—Ha sido encontrada —dijo Phury—. Bella ha sido encontrada. Estaba viva esta mañana temprano.
Z parpadeó un par de veces, como si no estuviese seguro de si estaba soñando. Luego levantó su torso fuera de la plataforma. Los anillos de los pezones se reflejaron con la luz del vestíbulo mientras se frotaba la cara.
—¿Qué has dicho?Preguntó con voz grave.
—Tenemos una confirmación de donde está Bella. Y que está viva.
Z se puso más alerta, su conciencia moviéndose como un tren, reuniéndose deprisa, creando poder por momentos. Con cada segundo su fuerza estaba volviendo de nuevo, la vitalidad cruel surgiendo hasta que ya no se vio débil en absoluto.
—¿Dónde está? —demandó.
—En una casa de una habitación en el bosque. Un varón civil escapó porque le ayudó a escapar.
Z saltó sobre sus pies, aterrizando ágilmente en el suelo.
¿Cómo me acerco a ella?
—El varón que escapó envió a V por correo electrónico las instrucciones. Pero...
Z se dirigió hacia su armario.
—Obtén un mapa para mí.
—No es el momento, mi hermano.
Z se detuvo. Abruptamente una explosión de frío salió de su cuerpo, haciendo que la temperatura del cuarto se sintiese balsámica. Y esos ojos negros se volvieron peligrosos como clavos cuando brillaron intermitentemente sobre su hombro.
—Envía al polizonte. Envía a Butch.
Tohr no le dejará.
—¡A la mierda con eso! El humano va.
—Zsadist, detente. Piensa. Butch no tendría ningún apoyo, y podría haber varios lessers en la posición. ¿Quieres arriesgarte a que la maten en un intento chapucero de rescate?
—El polizonte puede cuidarse.
—Es bueno, pero es sólo un humano. No le podemos enviar allí adentro.
Z dejó al descubierto sus colmillos.
—Tal vez Tohr está más preocupado porque el tipo quede atrapado y nos delate en una de sus mesas.
—Venga, Z, Butch lo sabe, mierda. Sabe una parte de mierda acerca de nosotros. Así que por supuesto hay parte de eso.
—¡Pero si ella ayudó a un cautivo a escapar, entonces qué diablos piensas que esos lessers le están haciendo ahora mismo!
—Si un grupo de nosotros va a la puesta de sol, entonces tenemos más probabilidades de sacarla con vida. Lo sabes. Tenemos que esperar.
Z permaneció de pie allí, desnudo, respirando profundamente, sus ojos eran rajas estrechas de odio rancio. Cuando finalmente habló, su voz era un gruñido sucio.
—Tohr mejor que rece a Dios porque esté todavía viva cuando la encuentre esta noche. O tendré su jodida cabeza, hermano o no hermano.
Phury posó sus ojos en la calavera del suelo, pensando que Z ya había probado qué bueno era en la decapitación.
—¿Me oyes, hermano?chasqueó el varón.
Phury inclinó la cabeza. Amigo, tenía un mal presentimiento sobre cómo iba a salir todo esto. Realmente lo tenía.




Mientras O conducía su F-150 a lo largo de la Ruta 22, el sol menguante de las cuatro le picaba en los ojos y se sentía como si tuviera resaca. Sí… junto con el dolor de cabeza, tenía los mismos efectos en el cuerpo que solía tener tras una noche de beber mucho, los pequeños temblores titilando justo bajo su piel como gusanos.
La larga línea de arrepentimiento que remolcaba detrás de él también le recordaba sus días de beber. Como cuando se había despertado al lado de una mujer fea a la cual despreciaba, pero que había follado de todas formas. Todo era justo así… sólo que mucho, mucho peor.
Intercambió sus manos en el volante. Sus nudillos estaban claramente estropeados y sabía que tenía arañazos en el cuello. Mientras las imágenes del día le cegaban, su estómago se revolvía. Estaba disgustado por las cosas que había hecho a su mujer.
Bueno, ahora estaba disgustado. Cuando las había estado haciendo… había sido correcto.
Cristo, debería haber sido más cuidadoso. Era un ser vivo, después de todo… Mierda, ¿qué ocurriría si había ido demasiado lejos? Oh, amigo… nunca debería haberse dejado llevar de esa forma. El problema era que tan pronto como había visto que ella había liberado al varón que le había traído, había estado perdido. Solamente explotando directamente a través de ella.
Levantó su pie del embrague. Quería regresar, sacarla de su tubería y reconfortarse a sí mismo con que todavía respiraba. Excepto que no había suficiente tiempo antes de que la reunión de los Principales empezase.
Mientras pisaba el acelerador, supo que no podría dejarla una vez que la viese de cualquier manera, y luego el Fore-lesser le haría una visita. Y eso sería un problema. El centro de persuasión estaba hecho una calamidad. Maldición.
O desaceleró y torció a la derecha, con el camión tambaleándose desde la Ruta 22 a una carretera de tierra de un carril.
La cabaña del Señor X, también cuartel general de la Sociedad Restrictora, estaba en mitad de un bosque de setenta y cinco acres, completamente aislada. El lugar no era nada más que un pequeño grupo de leños con un techo verde oscuro de una sola habitación y una habitación accesoria de la mitad del tamaño detrás de ella. Cuando O se detuvo en el camino, había siete coches y camiones estacionados con una configuración imprecisa, todos ellos domésticos, muchos de ellos de menos de cuatro años de antigüedad.
O caminó dentro de la cabaña y vio lo último que deseaba. Otros diez Principales estaban apiñados en el sombrío interior, sus caras pálidas, sus cuerpos pesados con músculos. Éstos eran los Lessers más fuertes de la Sociedad, los que habían estado más tiempo. O era la única excepción en cuanto al tiempo de servicio. Habían pasado sólo tres años desde su iniciación, y a ninguno de ellos les gustaba porque era nuevo.
No era que tuviesen voto. Era tan resistente como cualquier Principal y lo había probado. Jodidos celosos… Amigo, nunca iba a ser como ellos, solamente era superado por el Omega. No podía creer que los idiotas estuvieran orgullosos de su palidecimiento con el paso del tiempo el tiempo y la desaparición de sus identidades. Él peleaba contra el desvanecimiento. Coloreaba su pelo para conservarlo del color café oscuro que siempre había tenido, y temía el palidecimiento gradual de su iris. No quería parecerse a ellos.
—Llega tarde —dijo el Sr. X. La espalda del Fore-lesser estaba apoyada contra un refrigerador que no estaba enchufado, su pálidos ojos posándose sobre los arañazos que había por todo el cuello de O. ¿Has estado luchando?
—Ya sabe cómo son esos Hermanos.
O encontró un lugar para ponerse enfrente. Aunque él inclinó la cabeza hacia su socio, U, no reconoció a ningún otro.
El Fore-lesser seguía mirándolo.
¿Ha visto alguien al Sr. M?
Joder, pensó O. Ese lesser se había puesto en su camino y él y su esposa tenían que ser tomados en consideración.
—¿O? ¿Tiene algo que decir?
Desde la izquierda, U habló sin temor.
—Vi a M. Justo antes de amanecer. Peleando con un Hermano en el centro.
Mientras el Sr. X desviaba su mirada fija a la izquierda, O estaba fríamente horrorizado por la mentira.
—¿Usted le vio con sus propios ojos?
La voz del otro lesser fue estable.
—Sí lo hice.
—¿Por casualidad esta protegiendo a O?
Era lo que había que preguntar. Los lessers eran matones, siempre luchando los unos con los otros por la posición. Aún entre socios había poca lealtad.
—¿U?
La pálida cabeza del tipo se sacudió.
—Actúa sin ayuda de nadie. ¿Por qué me jugaría mi piel por la de él?
Claramente en eso había algo de lógico y el Sr. X sintió que podía confiar, porque continuó con la reunión. Después de que las cotas de presas y capturas fueran asignadas, el grupo se disolvió.
O se acercó a su socio.
—Tengo que volver al centro un minuto antes de que salgamos. Quiero que me sigas.
Tenía que enterarse de porque U le había salvado el culo, y no estaban preocupado acerca de que el otro lesser viera la forma en que el lugar había quedado. U no causaría problema. Él no era particularmente agresivo o un pensador independiente, más operador que innovador.
Lo que hacía aún más extraño que hubiera tomado la iniciativa que había tomado.


Zsadist clavó los ojos en el reloj de caja del vestíbulo de la mansión. Por la colocación de las manecillas sabía que tenía ocho minutos antes de que el sol estuviese oficialmente puesto. Gracias a Dios que era invierno y las noches eran largas.
Atisbó las contrapuertas y sabía justamente dónde iba ir tan pronto como pudiera pasar a través de ellas. Se había aprendido de memoria la localización que el varón civil les había dado. Podía desmaterializase y estar allí en un parpadeo.
Siete minutos.
Sería mejor esperar hasta que el cielo estuviera totalmente oscuro, pero que se jodiera. En el instante en que la bola de fuego dejada de la mano de Dios se resbalara por el borde del horizonte, saldría. Al infierno con eso si acababa con una perra de bronceado.
Seis minutos.
Volvió a comprobar las dagas en su pecho. Sacó la SIG Sauer de la pistolera de su cadera derecha y la examinó rápidamente una vez más, luego hizo lo mismo con la que estaba en la izquierda. Trató de tocar el pequeño cuchillo arrojadizo de su espalda y las estrella de seis pulgadas que tenía en su muslo.
Cinco minutos.
Z giró la cabeza hacia el lado, haciendo crujir su cuello para relajarlo.
Cuatro minutos.
A la mierda con esto. Se iba ahora...
—Te freirás —dijo Phury desde detrás de él.
Z cerró sus ojos. Su impulso fue repartir golpes, y el deseo se volvió irresistible mientras Phury seguía hablando.
—¿Z, amigo, cómo vas a ayudarla si te caes de plano sobre tu cara y empiezas a echar humo?
—¿Intentas ser un aguafiestas? ¿O te sale de forma natural? —La mirada de Z brilló intensamente sobre su hombro, tuvo un recuerdo repentino de aquella noche cuando Bella había venido a la mansión.
Phury había parecido tan encandilado por ella, y Z los recordó a los dos juntos, hablando, justo donde sus botas estaban plantadas ahora. Los había observado desde las sombras, queriéndola mientras ella había sonreído y reído con su gemelo.
La voz de Z se volvió más definida.
—Pensaba que la querrías de vuelta, siendo que ella estaba por ti y mierda, pensaba que eras guapo. O… tal vez quieres que desparezca por eso. ¿Ha sido sacudido tu voto de celibato, mi hermano?
Como Phury se sobresaltó, el instinto de Z por la debilidad se liberó.
—Todos nosotros te vimos revisándola esa noche que vino aquí. La mirabas, ¿verdad? Sí, lo hiciste, y no sólo su cara. ¿Te preguntaste cómo se sentiría ella debajo de ti? ¿Te pusiste nervioso sobre romper la promesa de no tener sexo?
La boca de Phury se apretó en una línea, y Z esperó que la respuesta del varón fuese sucia. Quería algo duro de regreso a él. Tal vez aún podrían luchar en los tres minutos restantes.
Pero sólo hubo silencio.
—¿Nada que decir?  —Z recorrió con la mirada el reloj.
—Está bien. Es hora de irse.
—Sangro por ella. Lo mismo que tú.
La mirada de Z regreso a su gemelo, presenciando el dolor en la cara del varón desde la distancia, como si estuviera mirando a través de un par de prismáticos. Tuvo un pensamiento pasajero sobre que debería sentir algo, algún tipo de vergüenza o pena por obligar a Phury a hacer una revelación tan íntima, amarga.
Sin chistar, Zsadist se desmaterializó.
Trianguló su reaparición en un área arbolada cerca de cien yardas de donde el varón civil dijo que había escapado. Cuando Z tomó forma, la luz mortecina en el cielo le cegó y le hizo tener la impresión de que se había alistado como voluntario para un masaje facial ácido. Ignoró el ardor y se dirigió en dirección noreste, corriendo sobre la nieve que cubría la tierra.
Y entonces allí estuvo, en mitad del bosque, cerca de cien pies de una corriente: había una casa de una sola habitación con un Ford negro F-150 y un Taurus plateado difícil de describir estacionados a un lado. Z se movió de lado por la estructura, quedándose detrás de las finas ramas de los pinos, moviéndose silenciosamente en la nieve mientras trabajaba el perímetro del edificio. No tenía ventanas y sólo una puerta. A través de las paredes delgadas podía oír movimiento, conversación.
Sacó a una de sus SIGs, quitando el seguro, y consideró sus opciones. Desmaterializarse dentro era un movimiento tonto, porque no sabía el diseño interior. Y su otra única alternativa, aunque buena, no era muy estratégica tampoco: Derribar a patadas la puerta y entrar disparando era malditamente atrayente, pero por suicida que fuera, no iba a arriesgar la vida de Bella iluminando el lugar.
Salvo que entonces, milagro de milagros, un lesser salió del edificio, la puerta cerrándose con una bofetada. Momentos más tarde un segundo lo siguió, y entonces allí estaba el pip pip de una alarma de seguridad activándose.
El primer instinto de Z fue dispararles a ambos en la cabeza, pero puso el dedo al lado del gatillo. Si los asesinos habían activado la alarma, había una buena probabilidad de que no hubiera nadie más en la casa, y sus oportunidades de sacar a Bella habían mejorado. ¿Pero qué ocurriría si a pesar de todo el lugar estaba vacío? Entonces todo lo que haría es anunciar su presencia y hacer estallar una tormenta de mierda.
Observó a los dos lessers mientras subían al camión. Uno tenía el pelo color café, lo cual usualmente quería decir que el asesino era un recluta nuevo, pero este tipo no actuaba como un jodido chico nuevo: estaba seguro en sus botas y dirigía la conversación. Su camarada de pelo pálido era el que lucía la inclinación de cabeza.
El motor echó a andar y el camión giró, amontonando la nieve bajo sus llantas. Sin luces delanteras, el F-150 se dirigió por una senda apenas perceptible a través de los árboles.
Ver marchar a esos dos bastardos era una prueba de esclavitud, con Z convirtiendo los grandes músculos de su cuerpo en cuerdas de hierro sobre sus huesos. Era hacer eso o ya estaría en la capota del camión, haciendo pedazos con su puño el parabrisas, sacando a los hijos de puta del pelo para poder morderles.
Cuando el sonido del camión se desvaneció, Z escuchó atentamente el silencio que siguió. Cuando no oyó ninguna cosa, volvió a querer estallar a través de la puerta, pero pensó en la alarma y comprobó su reloj. V estaría allí en cerca de un minuto y medio.
Le mataría. Pero esperaría.
Mientras avanzaba con sus botas de cowboy, cayó en la cuenta de un olor, algo en el aire… que inhaló por la nariz. Había propano cerca, en algún lugar cerrado. Probablemente alimentando el generador. Y el queroseno de un calentador. Pero había algo distinto, una clase de humo, de quemado. Se miró las manos, preguntándose si estaba en llamas y no se había dado cuenta. No.
¿Qué diablos?
Sus huesos se enfriaron de repente cuando se dio cuenta de lo que era. Sus botas estaban plantadas en la mitad de un parche requemado de tierra firme, uno del tamaño de un cuerpo. Algo había sido incinerado justo donde estaba parado en las últimas doce horas, por el olor.
Oh… Dios. ¿La habían dejado fuera con el sol?
Z dobló sus piernas agachándose, poniendo su mano libre sobre la tierra marchita. Imaginó a Bella allí cuando el sol salió, imaginó su dolor diez mil veces peor que el que había sentido al materializarse.
El lugar ennegrecido se volvió poco definido.
Se frotó la cara y luego clavó los ojos en su palma. Había humedad en ella. ¿Lágrimas?
Registró su pecho para saber lo que sentía, pero lo único que llegó fue información acerca de su cuerpo. Su torso cimbreaba porque sus músculos estaban débiles. Se sentía mareado y vagamente nauseabundo. Pero eso era todo. No había emociones en él.
Se frotó el esternón y estaba a punto de hacer otro barrido con sus manos cuando un par de botas entraron en su línea de visión.
Miró hacia arriba a la cara de Phury. La cosa era una máscara, todo frío y duro.
—¿Eso era ella?dijo con voz ronca, arrodillándose.
Z se sacudió hacia atrás, a duras penas logrando dejar la pistola fuera de la nieve. No podía estar en ningún lugar cerca de alguien ahora mismo, especialmente de Phury.
En un revoltijo muy sucio, se puso de pie.
—¿Vishous ya está aquí?
—Justo detrás de ti, mi hermano —murmuró V.
—Hay… —se aclaró la garganta. Frotándose la cara en el antebrazo—. Hay una alarma de seguridad. Pienso que el lugar está vacío, porque dos asesinos acaban de salir, pero no estoy seguro.
—Estoy con la alarma.
Z atrapó varios aromas de repente resonando a través de él. Toda la Hermandad estaba allí, incluso Wrath, quien como rey no se suponía que estaría en el campo. Estaban todos armados. Todos habían venido a llevarla de vuelta.
El grupo se alineó contra la casa mientras V forzaba el cerrojo de la puerta. Su Glock entró primero. Cuando no hubo reacción, se resbaló dentro y se encerró a sí mismo. Un momento más tarde hubo un pip largo. Abrió la puerta.
—Bien, vamos.
Z se apresuró a seguir adelante, prácticamente tirando al varón.
Sus ojos penetraron en las esquinas oscuras de la habitación. El lugar era un desorden, con mierda desparramado por todo el piso. …Ropas, cuchillos, esposas y botellas de… ¿champú? ¿Y qué mierda era eso? Dios, un botiquín de primeros auxilios abierto, la gasa y el esparadrapo fuera de la tapa arruinada. La cosa parecía como si hubiera sido golpeada hasta que se había abierto.
El corazón golpeaba en su pecho, el sudor floreció por todo su cuerpo, buscó a Bella y vio sólo objetos inanimados: una pared con una estantería que tenía instrumentos de pesadilla. Un catre. Un armario de metal a prueba de fuego del tamaño de un coche. Una mesa de autopsias con cuatro juegos de cadenas de acero colgado de sus esquinas… y la sangre manchando su superficie lisa.
Pensamientos aleatorios se disparaban a través del cerebro de Z. Estaba muerta. Ese óvalo quemado lo probaba. ¿Pero qué ocurriría si eso solamente había sido otro cautivo? ¿Qué ocurriría si había sido movida o algo por el estilo?
Sus hermanos se quedaron atrás, tenían mejor criterio que meterse en medio, Z fue al armario a prueba de fuego, llevando pistola en mano. Abrió las puertas, solamente tirando de los paneles de metal y los dobló hasta que los goznes se rompieron. Tiró las pesadas secciones, oyéndolas caer estrepitosamente.
Armas. Munición. Explosivos plásticos.
El arsenal de sus enemigos.
Entró en el cuarto de baño. Nada excepto una ducha y un cubo con un asiento de inodoro encima.
—No está aquí, mi hermano —dijo Phury.
En un ataque de furia Z se lanzó a sí mismo sobre la mesa de autopsia, cogiéndola con una mano y empujándola contra una pared. En medio del vuelo, una cadena chocó con él, atrapándole el hombro, clavándose hasta el hueso.
Y luego lo oyó. Un sonido suave de gimoteo.
Su cabeza giró a la izquierda.
En la esquina, en el suelo, había tres tubos cilíndricos de metal proyectándose de la tierra firme, y sellados con una tapa de malla blindada que eran marrón oscuro como la suciedad del suelo. Lo que explicaba que no los hubiera advertido.
Se acercó y pateó fuera una de las cubiertas. El gimoteo se volvió más fuerte.
Repentinamente mareado, cayó de rodillas.
¿Bella?
Un galimatías ascendió de la tierra para contestarle. Dejó caer su pistola. ¿Cómo iba a...? Había unas cuerdas saliendo de lo que parecía una alcantarilla. Agarró una de ellas y tiró suavemente.
Lo que emergió fue un varón sucio, ensangrentado, habrían pasado diez años desde su transición. El civil estaba desnudo y tembloroso, su labios azules, su ojos recorrían el alrededor.
Z le arrastró fuera, y Rhage abrigó con su trinchera de cuero al varón.
—Sácale de aquí —dijo alguien mientras Hollywood cortaba las cuerdas.
—¿Puede desmaterializarse? —preguntó otro Hermano al varón.
Z prestó poca atención a la conversación. Iba por el siguiente hueco, pero no había cuerdas que salieran de debajo, y su nariz no detectó perfume. La cosa estaba vacía.
Estaba dando un paso hacia la tercera cuando el cautivo gritó.
—¡No! ¡Pu-puso una trampa!
Z se congeló.
—¿Cómo?
A través del castañetear de sus dientes, el civil dijo:
—No lo sé. Pero oí al l-lesser advertir a uno de sus h-hombres sobre ella.
Antes de que Z pudiera preguntar, Rhage empezó a recorrer el cuarto.
—Hay un arma aquí. Apuntado en esa dirección.
Hubo chasquidos de metal y desplazamiento.
—Ya no está armada.
Z miró por encima del hueco. Montado sobre las vigas expuestas del techo, aproximadamente a quince pies del suelo, había un dispositivo pequeño.
¿V, qué tenemos aquí?
—Láser óptico. Si lo interrumpes, probablemente se accionará.
—Mantente firme —dijo Rhage—. Hay otra pistola para vaciar aquí.
V acarició su perilla.
—Debe haber un activador por control remoto, aunque el tipo probablemente se lo llevó con él. Eso es lo que haría yo. —Miró de reojo el techo—. Ese modelo en particular funciona con baterías de litio. Así que no podemos destrozar el generador para cerrarlo. Y tienen su truco para desarmarse.
Z miró a su alrededor en busca de algo que pudiera usar para quitar la tapa y pensó en el cuarto de baño. Entró, arrancó la cortina de la ducha, y se colocó el palo del que había colgado a la espalda.
—Todo el mundo fuera.
Rhage habló agudamente.
Z, amigo, no sé si he encontrado todos los...
—Llévate al civil contigo. —Cuando nadie se movió, maldijo—. No hay tiempo para divertirnos, y si alguien queda jodido entonces voy a ser yo. ¿Jesucristo, saldréis, hermanos?
Cuándo el lugar quedo vacío, Z se acercó al hueco. Volviendo a colocarse en la espalda unas de las armas que había sacado, por si hubiera estado en su línea de fuego, dio un golpe con el palo. Un disparo salió con un sonido retumbante.
Z percibió el golpe en su pierna izquierda. El impacto abrasador le hizo caer sobre una rodilla, pero lo ignoró y se arrastró a sí mismo hacia el cuello de la tubería. Sujetó las cuerdas que sujetaban la tapa en la tierra firme y comenzó a tirar.
La primera cosa que vio fue su pelo. El pelo largo, bello de color caoba de Bella estaba por todas partes alrededor de ella, un velo sobre su cara y sus hombros.
Se dobló y perdió la vista, en parte desmayándose, pero aun a través del mareo de su cuerpo, continuó tirando. De repente el esfuerzo se volvió más fácil… porque había más manos ayudándole… otras manos en la cuerda, otras manos colocándola amablemente sobre el suelo.
Vestida con un puro camisón manchado con su sangre, no se movía, pero respiraba. Cuidadosamente le apartó el pelo de la cara.
La presión sanguínea de Zsadist cayó en picado.
—Oh, dulce Jesús… oh, dulce Jesús… oh, dulce…
—¿Qué hicieron...? —Quienquiera que había hablado no podía encontrar las palabras para terminar.
Las gargantas se aclararon. Un par de toses fueron ahogadas. O tal vez fueron amordazadas.
Z la cogió en sus brazos y sólo… la abrazó. Tenía que llevarla fuera, pero no podía moverse por lo que le habían hecho. Parpadeando, mareado, gritando por dentro, la meció amablemente. Las palabras se caían de su boca, lamentaciones por ella en el Viejo Idioma.
Phury se agachó sobre sus rodillas.
—¿Zsadist? Tenemos que llevarla fuera de aquí.
La conciencia volvió a Z a la carrera, y repentinamente todo en lo que podía pensar era en llevarla a la mansión. Cortó en rodajas el arnés de su torso, luego se levantó con dificultad con ella en sus brazos. Cuando trató de caminar, su pierna izquierda se agotó y tropezó. Pero durante una fracción de segundo no pudo pensar en por qué.
—Déjame llevarla —dijo Phury, levantando las manos—.Te han disparado.
Zsadist negó con la cabeza y pasó rozando a su gemelo, cojeando.
Sacó a Bella hacia el Taurus que estaba estacionado delante del edificio. Sosteniéndola contra su pecho, rompió la ventana del acompañante con el puño, luego metió el brazo dentro y abrió mientras la alarma se volvía loca. Abriendo la puerta trasera, se agachó y la puso en el asiento. Cuando le dobló las piernas ligeramente para meterlas dentro, el camisón se subió y él se sobresaltó. Tenía magulladuras. Un montón de ellas.
Mientras la alarma se quedaba callada, dijo:
—Que alguien me de una chaqueta.
En el segundo en que extendió la mano tras él, el cuero golpeó su palma. La arropó cuidadosamente en lo que se percató era el abrigo de Phury, y luego cerró y se metió detrás del volante.
Lo último que oyó fue una orden de Wrath.
—V, saca esa mano tuya. Este lugar necesita ser una antorcha.
Incorporándose a la carretera, Z sacó el sedan de la escena como alma que lleva el diablo.


O puso su camión en la cuneta de una sección oscura de la Décima Calle.
—Todavía no entiendo por qué mentiste.
—Si llegas a ser enviado a casa con el Omega, entonces ¿dónde nos deja eso? Eres uno de los asesinos más fuertes que hemos tenido.
O le miró con desagrado.
—¿Eres un hombre de empresa?
—Me enorgullezco de nuestro trabajo.
—Cómo en 1950, Howdy Doody.
—Sí, y esa mierda salvó tu culo, sé agradecido.
Cualquier cosa. Tenía mejores cosas por las que preocuparse que la majadería de U.
U y él salieron del camión. El Zero-Sum, el Screamer y el Snuff estaban un par de bloques más abajo, y aunque hacía frío, había colas esperando para entrar en los clubes. Algunas de las masas temblorosas serían indudablemente vampiros, y aun si no lo eran, la noche estaría ocupada. Siempre había peleas con los Hermanos con las que relajarse.
O tecleó la alarma de seguridad, se puso las llaves en su bolsillo… y se paró en seco en la mitad de la Décima Calle. Literalmente no podía moverse.
Su esposa… Jesús, su esposa realmente no había tenido buen semblante cuando había salido con U.
O agarró la parte delantera de su cuello vuelto negro, sintiéndose como si no pudiera respirar. No se preocupaba por el dolor que ella sufría; se lo había buscado.  Pero no podría soportar si muriera, si le dejara… ¿Qué ocurriría si se estaba muriendo ahora mismo?
—¿Qué ocurre? —preguntó U.
O rebuscó las llaves del coche, la ansiedad ardiendo en sus venas.
—Me tengo que ir.
—¿Estás loco? Perdimos nuestra cuota de la última noche.
—Solamente tengo que volver al centro durante un segundo. L está cazando en la Quinta Calle. Ve con él. Nos encontramos en treinta minutos.
O no esperó una respuesta. Saltó al camión y se fue velozmente del pueblo, tomando la Ruta 22 a través de la extensión rural de Caldwell. Estaba a casi quince minutos del centro de persuasión cuando vio las luces del coche del polizonte delante. Maldijo y golpeó los frenos, esperando que fuese simplemente un accidente.
Pero no, en el tiempo desde que había salido, el maldito policía había establecido otro de sus puntos de control de alcoholemia. Dos coches patrullas estaban estacionados a cada lado de la Ruta 22, y los conos anaranjados y las luces estaban en el centro de la carretera. A la derecha, había un signo reflector anunciando el programa Seguridad Primero del Departamento de la Policía de Cadwell.
¿Dios Santo, por qué tenían que hacer esto aquí? ¿En medio de la nada? ¿Por qué no estaban en el centro, cerca de los bares? No obstante, las personas de la ciudad de mierda que había al lado de Caldwell tenían que conducir a casa después de ir al club en la gran ciudad...
Había un coche delante de él, una minivan, y O tamborileó encima del volante. Tenía en mitad de la mente sacar su Smith&Wesson y hacer estallar al polizonte y al conductor como recompensa. Solamente por frenar su marcha.
Un coche se acercó en dirección opuesta, y O miró a través de la carretera. El Ford Taurus poco notorio se detuvo con un chirrido de frenos, sus focos delanteros sucios y oscuros.
Amigo, esos coches de mierda eran muy baratos, pero eso U había escogido la marca y el modelo para él mismo. Integrarse con la población humana general era crítico para guardar en secreto la guerra con los vampiros.
Mientras el policía se acercaba a los PDM[1], O pensó que era extraño que la ventana del conductor estuviese bajada en una noche fría como esta. Luego tuvo un sobresalto por el tipo que había detrás del volante. Mierda santa. El bastardo tenía una cicatriz tan gruesa como un dedo bajando por su cara. Y un pendiente en su lóbulo. Tal vez el coche era robado.
El poli obviamente tuvo la misma idea, porque su mano estaba en la parte trasera sobre su pistola cuando se acercó para dirigir la palabra al conductor. Y la mierda realmente bajó cuando enfocó su linterna en el asiento trasero. Abruptamente su cuerpo se sacudió con fuerza como si le hubieran clavado algo entre los ojos, y alcanzó su hombro, yendo por lo que debía de ser su transmisor. Pero el conductor sacó la cabeza fuera de la ventana y se quedó mirando al oficial. Hubo un momento congelado entre ellos.
Luego el policía dejó caer su brazo y casualmente dejo pasar al Taurus sin siquiera comprobar la ID del conductor.
O miró al policía cumpliendo con su deber en el lado del camino de O. El jodido todavía retenía a la soccer-mom special[2] enfrente de la minivan como si estuviese llena de vendedores de drogas. En cambio, el camarada de enfrente dejaba pasar a lo que se parecía a un asesino en serie a través del control sin un hola cómo estás. Era como el que se ponía en la senda equivocada en una caseta de peaje.
Finalmente O se detuvo en el camino. Fue tan civilizado como pudo, y un par de minutos más tarde ya pisaba el acelerador. Había recorrido cinco millas cuando un destello de luz brillante se desató sobre el paisaje a la derecha. Cerca de donde estaba el centro de persuasión.
Pensó en el calentador de queroseno. El que goteaba.
O hundió el acelerador. Su mujer estaba insertada en la tierra… Si había un fuego...
Cortó por el bosque y aceleró bajo los pinos, traqueteando arriba y abajo, con la cabeza chocando contra el techo mientras trataba de controlar el volante. Se reconfortó a sí mismo con que por el camino no se veía ninguna incandescencia anaranjada de llamas. Si hubiese habido una explosión, entonces, habría llamas, humo.
Sus focos delanteros dieron media vuelta. El centro de persuasión se había ido. Eliminado. Cenizas.
O presionó el freno para evitar que el camión embistiera contra un árbol. Luego miró alrededor del bosque para asegurarse de que estaba en el lugar correcto. Cuando estuvo claro que lo estaba, salió y cayó hasta el suelo.
Agarrando puñados de polvo, miró cuidadosamente los residuos hasta que la mierda entró en su nariz y su boca y cubrió su cuerpo como una túnica. Encontró añicos de metal derretido, pero ninguna cosa mayor que su palma.
A través del rugido de su mente, recordó haber visto este polvo fantasmal antes.
O inclinó su cabeza hacia atrás y arrojó su voz hasta los cielos. No sabía que salía de su boca. Todo lo que sabía era que la Hermandad había hecho esto. Porque lo mismo había ocurrido en la academia de artes marciales del lesser seis meses atrás.
Se quito el polvo… las cenizas… Y se habían llevado a su esposa.
¿Oh, Dios mío había estado viva cuando la habían encontrado? ¿O se habían llevado su cuerpo con ellos? ¿Estaba muerta?
Esto era culpa suya; todo culpa suya. Había estado determinado a castigarla, se había olvidado de las implicaciones de la escapada de ese civil. El varón había ido a la Hermandad y les había dicho donde estaba ella, y habían llegado a las primeras horas de la noche y se la habían llevado.
O se secó las lágrimas desesperadas de sus ojos. Y luego dejó de respirar. Giró la cabeza, recorriendo el paisaje. El Ford Taurus plateado de U no estaba.
El punto de control. El jodido punto de control. Ese jodido hombre espeluznante detrás del volante de hecho no era un hombre. Era un miembro de la Hermandad de la Daga Negra. Tenía que serlo. Y la esposa de O había estado en el asiento trasero, apenas respirando o totalmente muerta. Eso era lo que había vuelto loco al polizonte. La había visto cuando investigaba la parte posterior del vehículo, pero el Hermano le había lavado el cerebro para que dejara pasar al Taurus.
O dio bandazos con el camión y chafó el acelerador, conduciendo al este, dirigiéndose hacia el lugar donde estaba U.
El Taurus tenía un sistema LoJack[3].
Lo cuál significaba que con el equipo correcto, podría encontrar a ese PDM dondequiera que estuviera.




[1] PDM, Pedazo De Mierda. En inglés original POS (Piece Of Shit)
[2] Soccer-mom special, vehículo típico conducido por madres de familia que llevan a sus hijos a las actividades extraescolares tales como el fútbol.
[3] LoJack, dispositivo instalado en los coches de policía utilizado para encontrar vehículos robados.

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