lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 40 41 42




La noche cayó y la luz traspasaba la cabaña. U no se había movido del ordenador en todo el día. Entre correos y el móvil, había localizado a los veintiocho asesinos restantes en Caldwell y programado una asamblea general para medianoche. En ese momento iba a reorganizarlos en escuadrones y asignar a cinco hombres el trabajo de reclutamiento.
Después de la reunión de esta noche, se asignarían sólo dos escuadrones Beta en el centro. Los vampiros civiles no aparecían en los bares que ellos frecuentaban, porque a bastantes de ellos los habían persuadido de abandonar los alrededores. Era tiempo de cambiar de lugar.
Tras algunas ideas, decidió enviar al resto de sus hombres a las áreas residenciales. Los vampiros estaban activos por la noche. En sus casas. Era realmente un problema encontrarlos entre los humanos…
—Eres como una pequeña cagada.
U saltó de la silla.
O estaba de pie y desnudo en la puerta principal de la cabaña. Tenía el pecho cubierto de marcas de garras, como si algo lo hubiera agarrado fuertemente, y su cara estaba hinchada, el pelo desordenado. Parecía bien usado y cabreado.
Y cuando los encerró con un golpe, U era incapaz de moverse. Ninguno de sus largos músculos se rindió arrodillado a la defensiva y gritando, y eso le dijo lo que necesitaba saber sobre quien era el Fore-lesser ahora. Únicamente el asesino superior tenía esa clase de control físico sobre sus subordinados.
—Olvidaste dos cosas importantes. —O con indiferencia sacó un cuchillo de la funda que colgaba de la pared—. Uno, Omega es muy inconstante. Y dos, tiene una personal predilección por mí. Realmente no me costó mucho trabajo regresar al redil.
Cuando el cuchillo fue hacia él, U luchó, trató de correr, quería gritar.
—Así es que di buenas noches, U. Y dale a Omega un enorme ‘hola’ cuando lo veas. Te está esperando.


Las seis en punto. Casi hora de marcharse.
Bella miró alrededor de la habitación de huéspedes en la que estaba y se imaginaba que había recogido todo lo que había traído. No tenía mucho para empezar, y de todas formas, lo había trasladado todo de la habitación de Zsadist la noche anterior. La mayoría de sus cosas estaban todavía en la maleta L.L. Bean.
Fritz vendría a por sus cosas de un momento a otro, y las trasladaría hasta Havers y Marissa. Gracias a Dios que el par de hermano y hermana estaban dispuestos a concederle un favor a Rehvenge y acogerla. Su mansión, y la clínica, eran realmente una fortaleza. Incluso Rehv quedó satisfecho de que estaría a salvo.
Luego, a las seis y media, se desmaterializaría hacia allí, y se reuniría con Rehv.
Compulsivamente entró en el baño y revisó tras la cortina de la ducha de nuevo para asegurarse de que tenía el champú. Yup, nada allí. Y tampoco había dejado nada en el dormitorio. O en la casa, de hecho. Cuando se fuera, nadie notaría nunca que había estado en la mansión. Nadie lo notaría...
Oh, Cristo. Para ya con eso, pensó.
Hubo un golpe en la puerta. Caminó hacia allí y la abrió.
—Hola, Fritz, mi maleta está encima de…
Zsadist estaba de pie en el vestíbulo, vestido para pelear. Cueros. Pistolas. Espadas.
Ella saltó hacia atrás.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Entró en la habitación sin decir nada. Pero Jesús, parecía preparado para abalanzarse sobre algo.
—No necesito un guardia armado —dijo Bella, tratando de mantener la calma—. Quiero decir, si eso es todo. Voy a desmaterializarme allí, y la clínica es perfectamente segura.
Zsadist no dijo una palabra. Sólo la miraba fijamente, todo poder y fuerza masculina.
—¿Has venido a amenazarme? —dijo bruscamente—. ¿O hay una razón para esto?
Cuando cerró la puerta tras él, su corazón empezó a latir más fuerte. Especialmente cuando oyó que cerraba.
Retrocedió hasta quedar contra la cama.
—¿Qué quieres, Zsadist?
Fue hacia ella como si la escudriñara, con los ojos amarillos obsesionados. Su cuerpo era una completa espiral de tensión y de repente no hizo falta ser un genio para adivinar que clase de liberación estaba buscando.
—No me digas que viniste aquí para emparejarte.
—De acuerdo, no lo hice. —Su voz no fue sino un gruñido profundo y ronroneante
Sacó la mano. Bien, eso marcará la diferencia. Él la podía tomar si quisiera, tanto si ella decía que sí o no. Sólo... que como una idiota no lo rechazaría. Aun tras toda la mierda que le había echado, todavía lo deseaba. Maldita sea.
—No tendré sexo contigo.
—No estoy aquí por mí —dijo llegando a su altura.
Oh, Dios. Su perfume… su cuerpo… tan cerca. Iba a volverse loca.
—Apártate de mí. Ya no te deseo más.
—Sí, lo haces. Puedo olerlo. —Extendió una mano y tocó su cuello, recorriendo con el dedo índice su yugular—. Y puedo sentir el latido de esta vena.
—Te odiaré si lo haces.
—Ya me odias.
Si sólo fuera verdad…
—Zsadist, de ninguna manera quiero acostarme contigo.
Se inclinó hasta que la boca estuvo en su oreja.
—No te estoy pidiendo esto.
—¿Entonces qué quieres? —Empujándolo por los hombros. Sin resultado—. ¿Maldito seas, por qué estás haciendo esto?
—Porque vengo de la habitación de mi gemelo.
—¿Perdón?
—No le dejaste beber de ti —la boca de Zsadist rozó su cuello. Entonces retrocedió y la miró fijamente—. ¿No lo aceptarás nunca, no? Nunca estarás con Phury, no importa cuan correcto sea para ti socialmente, personalmente.
—Zsadist, por todos los infiernos, déjame sola...
—No estarás con mi gemelo. ¿Así que nunca volverás aquí, verdad?
Exhaló rápidamente.
—No, no volveré.
—Y por eso tuve que venir.
La furia hirvió en ella, creciendo hasta convertirse en deseo de sexo.
—No lo comprendo. Has aprovechado cada oportunidad para apartarme. ¿Recuerdas el pequeño episodio en el callejón la pasada noche? Bebiste de ella para mandarme a paseo, ¿no? No fue por el comentario que hice.
—Bella...
—Y luego quieres que esté con tu hermano. Mira, sé que no me quieres, pero eres consciente de lo que siento por ti. ¿Tienes alguna idea de lo que es que el macho que amas te diga que alimentes a otro?
Dejó caer la mano. Retrocediendo.
—Tienes razón —se restregó la cara—, No debería estar aquí, pero no puedo dejarte marchar sin… En lo más profundo de mi mente siempre pensé que regresarías. Sabes, para estar con Phury. Siempre pensé que te vería otra vez, aunque fuera a distancia.
Que Dios la ayudara, estaba harta de esto.
—¿Por qué infiernos te importa si me ves o no?
Sólo negó con la cabeza y se volvió hacia la puerta. Lo que la hizo enfadar aún más.
—¡Contéstame! ¿Por qué te importa si nunca regreso?
Tenía la mano en la manija mientras le gritaba.
¿Por qué te importa?
No me importa.
Se lanzó a través de la habitación con la intención de pegarle, arañarlo, hacerle daño, estaba tan frustrada. Pero él se dio la vuelta y en vez de abofetearle le agarró la cabeza y lo arrastró hacia su boca. Sus brazos se cerraron alrededor de ella, abrazándola tan fuerte que no podía respirar. Mientras la lengua entraba en su boca, la levantó y se dirigió hacia la cama.
El sexo fiero y desesperado era una mala idea. Una muy mala idea.
Estaban enredados en el colchón en un segundo. Le sacó los pantalones y estaba a punto de romper con los dientes las bragas cuando un golpe sonó en la puerta.
La voz de Fritz se oyó a través de los paneles, agradable y respetuosa.
—Señora, si las maletas están preparadas…
—Ahora no, Fritz —respondió Zsadist con voz gutural. Dejó al descubierto los colmillos, cortando a tiras la seda entre los muslos, lamiendo su centro—. Joder...
La lengua descendió otra vez lamiéndola, gimiendo. Ella se mordió el labio para no gritar y agarrándole la cabeza giró sus caderas.
—Oh, amo, le pido perdón. Pensé que usted estaba en el centro de entrenamiento…
Más tarde, Fritz.
—Desde luego. Cuánto tiempo…
El resto de las palabras del doggen fueron cortadas por el erótico gruñido de Zsadist que le dijeron a Fritz todo lo que necesitaba saber. Y probablemente un poco más.
—Oh… Dios mío. Perdóneme, amo. No regresaré a por sus cosas hasta que, ah… luego.
La lengua de Zsadist hacía círculos alrededor mientras las manos sujetaban sus muslos. La llevó duramente, todo el tiempo susurrando cosas calientes, cosas hambrientas contra su carne secreta. Ella se empujó contra su boca, arqueándose. Fue tan rudo, tan voraz… quedó destrozada. La provocaba alargando el orgasmo, manteniéndola en ese estado como si estuviera desesperado para que no se terminara.
El silencio de después la dejó tan fría como la liberación de su centro en la boca de él. Se alzó entre sus piernas, pasando la mano por sus labios. Cuando la miró, se chupó la palma de la mano, atrapando cada bocado de lo que había retirado su cara.
—Vas a parar ahora, ¿no? —dijo rudamente.
—Te lo dije. No vine aquí por sexo. Sólo quería esto. Sólo quería tenerte contra mi boca una última vez.
—Bastardo egoísta. —Y cuan irónico era llamarle esto por no follarla. Dios… Esto era tan horrible.
Mientras ella alcanzaba los vaqueros, él hizo un suave sonido en el fondo de su garganta.
—¿Crees que no mataría por estar dentro de ti en este instante?
—Vete al infierno, Zsadist. Vete directamente allí…
Se movió tan rápido como un relámpago, bajándola duramente contra la cama, aplastándola con su peso.
—Estoy en el infierno —siseó, poniendo las caderas entre las suyas. Las balanceó contra su centro, esa maciza erección empujaba contra el suave lugar que había tenido en su boca. Con una maldición retrocedió, abrió la cremallera de sus pantalones… y empujó en ella, estirándola tanto que casi dolía. Ella gritó con la invasión, pero alzó las caderas para que pudiera penetrarla aún más.
Zsadist le agarró las rodillas y le estiró las piernas hacia arriba, haciéndola una pelota bajo él, luego bombeó contra ella, su cuerpo guerrero no le escatimó nada. Ella se agarró a su cuello, la sangre fluyendo, perdida en un ritmo demoledor. Esto era lo que siempre había pensado que sería con él. Fuerte, duro, salvaje… rudo. Mientras tenía otro orgasmo, él rugió, explotando en ella. Chorros calientes la llenaron, entonces se desparramaron en sus muslos como si no dejara de bombear.
Cuando finalmente se colapsó sobre ella, le soltó las piernas respirando contra su cuello.
—Oh, Dios… No puedo creer que esto haya pasado —dijo finalmente.
—Estoy bastante segura sobre eso. —Lo apartó a un lado y se sentó, más cansada de lo que había estado en su vida—. Tengo que reunirme pronto con mi hermano. Quiero que te vayas.
Él maldijo, un sonido vacío y doloroso. Entonces le tendió los pantalones, aunque no los soltó. La miró un largo instante, y como una tonta esperaba que él le dijera lo que quería oír: Lo siento, te hice daño, te quiero, no te vayas.
Tras un momento dejó caer su mano y se levantó, arreglándose, abrochándose los pantalones. Fue hacia la puerta, moviéndose con esa gracia letal con la que siempre caminaba. Al mirar sobre su hombro, ella se dio cuenta que había hecho el amor estando completamente armado y vestido.
Oh, pero sólo había sido sexo, ¿no?
Con voz baja dijo.
—Lo siento.
—No me digas eso para hacerme sentir mejor.
—Entonces… gracias, Bella… por… todo. Sip, de verdad. Yo… te lo agradezco.
Y entonces se marchó.


John se retrasó en el gimnasio mientras el resto de la clase desfilaba hacia el vestuario. Eran las siete de la tarde, pero podría haber jurado que eran las tres de la mañana. Qué día. El entrenamiento había empezado pronto, porque los Hermanos querían salir temprano, y habían tenido horas de clase de tácticas y tecnología de ordenadores enseñada por dos Hermanos llamados Vishous y Rhage. Luego Tohr llegó a la caída del sol y empezaron las patadas en el culo. Las tres horas de entrenamiento habían sido brutales. Correr unas vueltas. Jujitsu. Entrenamiento de armas mano a mano, incluyendo una introducción a los nunchakus o nunchucks.
Esos dos palos unidos por una cadena eran la pesadilla de John, exponiendo todas sus debilidades, especialmente su horrible coordinación entre ojo y mano. Pero él no se dio por vencido. Mientras los otros chicos iban a las duchas, regresó a la sala del equipo y cogió uno de los sets. Se imaginó que practicaría mientras venía el bus y ya se ducharía en casa.
Empezó a voltear los nunchucks lentamente a su lado, el sonido de dar vueltas curiosamente relajaba. Gradualmente incrementaba la velocidad, los sujetó al vuelo y entonces los balanceó a su izquierda. Tomándolos de regreso. Una y otra vez, hasta que el sudor afloró otra vez en su piel. Una y otra vez...
Y se golpeó con esa mierda. Directamente en la cabeza.
El golpe le debilitó las rodillas, y tras luchar durante un momento, se dejó caer. Apoyándose con el brazo, poniendo una mano en su sien izquierda. Estrellas. Definitivamente veía estrellas.
En medio de todo ese parpadeo, una suave risa provino detrás de él. La satisfacción del sonido le dijo quién era, pero tenía que verlo de todas formas. Mirando por debajo del brazo, observó a Lash de pie a unos seis pasos atrás. El tipo del pelo claro estaba mojado, las ropas de calle pulcras, la sonrisa fría.
—Eres un perdedor.
John se concentró en la colchoneta, sin realmente importarle que Lash lo hubiera pillado golpeándose el cerebro. El tipo ya había visto esto en clase, así es que no era una nueva humillación.
Dios… Si sólo pudiera aclararse los ojos. Negó con la cabeza estirando el cuello… y vio otro par de nunchucks en la colchoneta. ¿Los había lanzado Lash?
—No le gustas a nadie, John. ¿Por qué no te marchas? Oh, espera. Eso querría decir que no podrías ir tras los Hermanos. ¿Entonces que harías todo el día?
La risa del tipo se cortó de golpe cuando una profunda voz gruñó.
—No te muevas, rubito, excepto para respirar.
 Una mano enorme apareció frente a la cara de John que alzó la vista. Zsadist estaba de pie ante él. Vestido completamente para la guerra.
John fue agarrado por lo que estaba frente a él sin reflejos y lo levantó fácilmente del suelo.
Los negros ojos de Zsadist se estrecharon, reflejando cólera.
—El bus está preparado, recoge tu mierda. Nos reuniremos fuera en los vestidores.
John se abrió paso a través de las colchonetas, pensando que cuando un macho como Zsadist le dijera algo, lo haría rápido. Cuando llegó a la puerta, sin embargo, tuvo que mirar hacia atrás.
Zsadist tenía a Lash cogido por el cuello y levantó al tipo de la colchoneta con los pies colgando. La voz del guerrero era mortalmente fría.
—Te ví tirarlo al suelo, y te mataría por esto, excepto que no estoy interesado en tratar con tus padres. Escucha bien, chico. Haces otra vez algo así, y te saco los ojos con los dedos y me alimento de ellos. ¿Está claro?
En respuesta, la boca de Lash funcionó como una válvula de una sola vía.
El aire entraba. Nada salía. Y entonces se orinó en los pantalones.
—Tomaré esto como un sí. —Zsadist lo dejó ir.
John ya no estaba por allí. Corrió hacia el vestidor, agarró su petate y salió al vestíbulo un momento después.
Zsadist le estaba esperando.
—Ven.
John siguió al Hermano hasta el parking de la furgoneta, preguntándose todo el tiempo como podía agradecérselo. Pero entonces Zsadist se detuvo ante el bus y lo empujó dentro. Entonces él también se embarcó.
Cada uno de los aprendices se encogió en sus asientos. Especialmente cuando Zsadist desenvainó una de sus dagas.
—Nos sentaremos aquí —le dijo a John, señalando con el arma de negra hoja el primer asiento.
Sip, bien. Vale. Está bien.
John se apretujó contra la ventana cuando Zsadist sacó una manzana del bolsillo y lentamente se sentó.
—Estamos esperando a otro —dijo Zsadist al conductor—. Y John y yo seremos la última parada.
El doggen se inclinó respetuosamente tras el volante.
—Desde luego, señor. Como usted desee.
Lash lentamente entró en la furgoneta, la roja veta en su garganta era una mancha en su pálida piel. Cuando vio a Zsadist tropezó.
—Nos estás haciendo perder el tiempo, chico —dijo Zsadist mientras deslizaba un cuchillo bajo la piel de la manzana—. Sienta tu culo.
Lash hizo eso.
Mientras la furgoneta se ponía en marcha, nadie dijo nada. Especialmente cuando la puerta se cerró y quedaron todos juntos encerrados en la parte trasera.
Zsadist peló la Granny Smith en una larga tira, la piel descendía poco a poco hasta que llegó al suelo de la furgoneta. Cuando terminó, cubrió la rodilla con la verde tira, entonces partió una rodaja de carne blanca y se la tendió a John con el cuchillo. John tomó la pieza con los dedos y se la comió mientras Zsadist cortaba un trozo para él, llevándoselo a la boca con el cuchillo. Se alternaron hasta que quedó de la manzana sólo un delgado corazón.
Zsadist tomó la piel y los restos arrojándolos en la pequeña basura al lado de la puerta. Limpió el cuchillo con los pantalones y empezó a lanzarlo al aire y atraparlo. Lo hizo durante todo el camino. Cuando llegaron a la primera parada, hubo una larga vacilación tras la apertura de la puerta. Y dos de los chicos salieron rápidamente.
Los ojos negros de Zsadist los siguieron, con la mirada dura, como si memorizara sus caras. Y durante todo ese tiempo el cuchillo, arriba y abajo, el negro metal centelleaba, la gran palma lo atrapaba en el mismo lugar de la empuñadura tras cada lanzamiento… aunque estuviera mirando a esos tipos.
Eso ocurrió en cada parada. Hasta que John y él quedaron solos.
Mientras la puerta se cerraba, Zsadist deslizó la daga en la funda del pecho. Se movió de asiento a través del pasillo y se apoyó contra la ventana, cerrando los ojos.
John lo sabía más que creía que el macho estaba despierto, porque su respiración no cambió y no estaba relajado. Únicamente no quería interactuar.
John sacó el bloc y la pluma. Escribió pulcramente, dobló el papel y lo sujetó en la mano. Tenía que darle las gracias. Aunque si Zsadist no podía leer, tenía que decir algo.
Cuando la furgoneta se detuvo y la puerta se abrió, John dejó el papel en el asiento de Zsadist, sin tratar de dárselo al guerrero. Y asegurándose que no alzaba la mirada mientras dirigía fuera sus pasos y cruzaba la carretera. Se paró enfrente del césped para observar la partida de la furgoneta, sin embargo, la nieve caía sobre su cabeza, hombros y petate.
Cuando el bus desapareció en la creciente tormenta, Zsadist se mostró de pie al otro lado de la calle. El Hermano le enseñó rápidamente la nota, sujetándola en el aire entre los dedos primero e intermedio. Luego inclinó la cabeza una vez, la guardó en el bolsillo de atrás y se desmaterializó.
John mantuvo los ojos fijos en el lugar que Zsadist había estado. Espesos copos de nieve llenaron sus huellas, el macho patea-culos se había ido.
Con un estruendo la puerta del garaje se abrió tras él, el Range Rover iba marcha atrás por el camino. Wellsie bajó la ventana. El pelo rojo estaba recogido en lo alto de su cabeza, y llevaba una negra parca de esquí. La calefacción dentro del coche iba a toda marcha, un sordo estruendo casi tan fuerte como el motor.
—Hola, John. —Tendió la mano y él colocó la palma sobre la suya—. Oye, ¿era Zsadist el que acabo de ver?
John asintió.
—¿Qué estaba haciendo aquí?
John dejó caer el petate y escribió,
vino en el autobús conmigo a casa.
Wellsie frunció el ceño.
—Me gustaría que te alejaras de él, ¿vale? Él no… está bien la mayoría de las veces. ¿Sabes lo que quiero decir?
Realmente, John no estaba tan seguro de eso. Bien, el tipo te hacía pensar, con afecto, algunas veces en el hombre del saco, pero evidentemente no era tan malo.
—De todas formas, voy a recoger a Sarelle. Hemos encontrado un obstáculo con el festival y perdido todas nuestras manzanas. Ella y yo vamos a hacer las visitas a varios padres espirituales, a ver lo que podemos hacer sobre eso tan cerca de la fecha. ¿Quieres venir?
John negó con la cabeza.
No quiero atrasarme en Tácticas.
—Muy bien. —Wellsie le sonrió—. He dejado algo de arroz y salsa de jengibre en la nevera.
—¡Gracias! Estoy hambriento.
—Creí que lo estarías. Nos vemos.
La despedía con las manos mientras ella daba marcha atrás el resto del camino y se fue. Mientras se dirigía a la casa, observó distraídamente como las cadenas que Tohr puso en el Rover hacían nítidas marcas en la nieve reciente.


—Detente aquí. —O abrió la puerta de la Explorer antes de que el SUV se detuviera al llegar a la Avenida Thorne.  Lanzo una mirada aguda hacia la cima de la colina, Después lanzo al Beta detrás el volante una verdadera mirada de despabílate-de-una-puta-vez.
—Quiero que circules por el vecindario hasta que te llame, cuando lo haga quiero que vengas al número veintisiete.  No te detengas en la entrada del camino sigue avanzando. Hay una esquina en la pared de piedra aproximadamente a cincuenta yardas adelante. Ahí es donde te quiero. —Cuando el Beta asintió con la cabeza, O dijo:
 —Jode esto y dejare que el Omega se haga cargo de ti.
No podía dejar que el asesino cometiera alguna clase de estupidez. Tenía el balbuceo de soy-confiable. Golpeó el pavimento y observo la inclinación gradual del camino. Camino lentamente, él era como un arsenal móvil, su cuerpo estaba cargado con tantas armas y explosivos, que él mismo se había colocado, como si fuera un Árbol de Navidad paramilitar.
Paso los números hasta el veintisiete, un par de pilares gemelos enmarcaban la entrada que desaparecía entre ellos. Cincuenta yardas más tarde y él estaba en la esquina de la pared de estuco donde le habían indicado al tonto Beta que fuera a verlo. Tomó impulso tres veces antes de saltar en el aire como un Michael Jordan de mierda hasta alcanzar la cornisa del muro de diez yardas.
Salvó la distancia sin problemas, pero cuando sus manos hicieron contacto. La ráfaga de electricidad que recorrió su cuerpo era verdaderamente como para rizar el cabello.  Si hubiera sido humano todavía, se habría tostado, pero aun como asesino, la sacudida era suficiente como para dejarlo sin aliento. A pesar de eso logro subirse para luego arrojarse al otro lado.
Las luces de seguridad brillaron y lo obligaron a esconderse detrás de un arce.  Tomo su pistola con silenciador, si los perros lo atacaban estaba listo para reventarlos.  Espero los ladridos, pero no hubo ninguno. Tampoco prisa por encender las luces de la mansión ni carreras de los guardias.
Se tomo unos minutos mas evaluando el lugar.  La parte trasera de la casa era magnifica toda de ladrillo rojo, blanco puro y brillantes terrazas con corredores en el segundo piso. El jardín era perfecto también.  Dios… los costos de mantenimiento de semejante monstruo en un año debía ser lo que la gente promedio gastaba en diez.
Momento de aproximarse.  Se movió a través del césped hacia la casa corriendo con los pies pegados sobre el césped con el arma a arriba y al frente. Cuando entró apretándose contra los ladrillos, estuvo satisfecho. La ventana más próxima estaba ensamblada con rieles que bajaban por sus largos lados, arriba había un refuerzo cuadrado discretamente disfrazado.
Cerraduras de acero.  Había un juego en cada ventana y puerta, eso le parecía.
En el noreste donde no había que preocuparse por tormentas tropicales y huracanes.  Sólo existía un tipo de propietario que usara esa clase de perritos sobre cada pieza de cristal. La clase que necesita ser protegido del sol.
Ahí vivían vampiros.
Los cerrojos estaban abiertos porque era de noche.  O miró dentro de la casa, estaba oscuro lo que no era alentador. Pero de cualquier manera iba a entrar.
La pregunta era como irrumpir en la casa, por no decir que el lugar estaba lleno de alarmas hasta el culo, de detectores de sonido.  Y él apostaba que quien electrificó el borde de la cerca no fue ADT[1].  Ese era algún tipo de tecnología sofisticada
Decidió que su mejor movimiento era cortar la energía.  Así que comenzó la búsqueda de la línea principal de alimentación eléctrica de la mansión.  La encontró detrás del garaje para seis coches metida en un surco de mierda de CVAA[2] que incluía tres unidades de aire acondicionado, un extractor de aire y un generador de reserva. La línea principal de abastecimiento eléctrico estaba revestida de metal.  Salía de la tierra y entraba en una serie de cuatro metros de hendiduras que surcaban a lo largo.
Puso una carga pequeña de explosivo plástico C4 directamente en el tronco y otra igual en el centro nervioso del generador. Retrocedió atrás del garaje y los hizo estallar a control remoto, hubo dos pequeñas explosiones que disiparon rápidamente el humo y la luz.
Esperó a ver si alguien venía corriendo.  Nadie lo hizo.  En un impulso se asomo en un par de garajes, dos estaban vacíos, los otros tenían coches muy bonitos, tan bonitos que no podía decir de que clase eran.
Con el fluido eléctrico cortado corrió alrededor de la casa hasta llegar al frente rodeando un cerco de madera de boj en la cual terminaba la fachada.  Un juego de puertas francesas resultaba perfecto para entrar. Rompiendo con su puño enguantado el cristal procedió a abrir la cerradura.  En cuanto entro, cerró de inmediato la puerta Era crucial que los contactos de la alarma de seguridad estuvieran en el lugar correcto en caso de que el generador alterno encendiera en… Santo... Dios
Había baterías de litio en las puertas… Lo que quería decir que sus contactos no funcionaban con la corriente eléctrica.  Y… mierda… él estaba de pie exactamente en medio de un rayo láser. Jesús. Esto era… de una tecnología muy alta como en el Museo de Bellas Artes, la Casa Blanca, el dormitorio papal de la alta tecnología.
La única razón por la que pudo entrar a la casa era por que alguien lo quería ahí.
 Escuchó. Silencio total. ¿Una trampa?
O se quedo congelado, durante un instante apenas respiró.  Entonces se aseguró de que su revolver estuviera preparado antes de caminar silenciosamente por un montón de habitaciones que parecían sacadas de alguna deslumbrante revista.  Le entraron ganas de acuchillar las pinturas en las paredes, tirar las arañas de luz y romper las delgadas patas de las elegantes mesas y sillas. Quería quemar los manteles, defecar en el suelo.  Quería destrozarlas por que eran hermosas y por que su mujer siempre había vivido ahí, eso significaba que ella había vivido mejor que él.
Dio vuelta a la esquina en una especie de sala de estar y se paró en seco.
Arriba en la pared, en un dorado marco adornado había un retrato de su esposa… y estaba cubierta por seda negra. Debajo de la pintura, sobre un saliente de mármol, había un cáliz de oro boca abajo y un mantel de paño blanco con tres filas de diez pequeñas piedras. Veintinueve eran rubíes. El último, en la esquina izquierda inferior, era negro.
El ritual era diferente del cristiano con el que él había vivido como un humano, pero esto era en memoria a su esposa.
Los intestinos de O se convirtieron en serpientes, bullendo y silbando dentro de su vientre.  Le dieron ganas de vomitar.
Su mujer estaba muerta.


—No me mires así —murmuró Phury mientras cojeaba alrededor de su cuarto.  El costado le dolía como un demonio.  Intentaba prepararse para salir y una exaltada mamá gallina Butch no ayudaba.
El policía sacudió la cabeza
—Necesitas ver a un doctor, grandullón.
El hecho de que el policía tuviera razón, le causaba aún más enojo a Phury
—No, no lo necesito.
—Vamos amigo si fueras a pasarte el día en el sofá quizás, pero no luchando. Vamos amigo, si Tohr hubiera sabido que ibas a salir con esto, habría puesto tu cabeza en una estaca.
Cierto
—Estaré bien, sólo tengo que calentar.
 —Sí, entrenar le va a hacer mucho bien a ese agujero que tienes en el hígado. De hecho, tal vez pueda conseguirte algunos ben-gay[3] y sencillamente te daríamos masajes para sacarte la mierda.
Phury lo fulmino con la mirada a través del cuarto, Butch enarco una ceja.
—Déjame en paz poli.
—¡No me digas!, oye sobre eso… puedes gritarme mientras te llevo con Havers.
—No necesito escolta.
—Pero si te llevo, sabré a donde fuiste. —Butch sacó las llaves de la Escalade del bolsillo y las balanceó en el aire—. Además, soy un buen taxista. Sólo pregúntale a John.
—No quiero ir.
—Bueno en palabras de Vishous, un deseo en una mano, mierda en la otra.  Mira que tú tienes el máximo.


Rehvenge aparcó el Bentley enfrente del hogar de Havers y Marissa y camino cuidadosamente hasta la magnífica puerta.  Levantó la pesada aldaba con cabeza de león y la dejo caer con una sonora reverberación.  Inmediatamente fue recibido por un doggen y conducido a una sala.
Marissa se levantó de un sofá de seda, y él la saludo con una breve inclinación mientras decía al mayordomo que él conservaría el abrigo. Cuando se quedaron solos Marissa se precipitó a tomar sus manos, su largo vestido amarillo pálido se arrastraba tras ella como niebla. Él tomo ambas palmas y las beso.
—Rehv… Estoy tan contenta que nos hayas llamado, queremos ayudar.
—Aprecio que hallan acogido a Bella.
—Es bienvenida a quedarse siempre que lo necesite, sin embargo me gustaría que pudieras decirnos que ocurre.
—Sencillamente son tiempos peligros.
—Cierto. —Ella frunció el ceño y miro atrás de su hombro—. ¿No esta ella contigo?
—Nos reuniremos aquí, no debería tardar. —Consultó su reloj—. Sí, llegue temprano.
Ayudo a Marissa a sentarse en el sofá, por la manera en que se ellos lo hicieron los pliegues de su abrigo de cibelina cayeron a través de sus pies. Ella extendió la mano y acarició la piel, riendo un poco. Se quedaron en silencio un rato.
Estaba ansioso por ver a Bella, En realidad estaba… nervioso.
—¿Cómo te encuentras? —pregunto tratando de enfocarse en algo.
—Ah, hablas de después de… —Marissa se ruborizó—.  Bien, muy bien… Muchas gracias.
A él realmente le gustaban sus maneras, tan suaves y gentiles, Tan tímida y controlada, aunque ella fuera una de las raras bellezas de su especie, y todos lo sabían. Amigo, todos se preguntaban como Wrath pudo contenerse con ella.
—¿Vendrás a mí otra vez? —Dijo Rehv en voz baja—. ¿Me dejarás alimentarte otra vez?
—Sí —contestó, bajando los ojos—. Si me dejas.
—No puedo esperar —gruño él, por la manera en que ella lo miro forzó una sonrisa aunque en realidad no quería hacerlo.   Quería hacer otras cosas con la boca ninguna de las cuales sería del agrado de ella.  Gracias a Dios por la dopamina—. No te preocupes Thally sólo para alimentarte.
Ella pareció evaluarlo y afirmó con la cabeza
—Y si necesitas… necesitas alimentarte…
Rehv bajó su barbilla y la miro fijamente con los parpados entornados, imágenes eróticas destellaron en su mente. Ella se retiró, claramente alarmada por su expresión, no se sorprendió. De ninguno modo ella podría manejar la clase de mierda enferma que era él.
Rehv levantó la cabeza
—Es una oferta generosa, thally. Pero lo mantendremos unilateralmente.
Hubo alivio en su cara cuando su celular comenzó a sonar y lo saco para comprobar la identidad de quien llamaba.  Su corazón comenzó a latir, era el encargado de la seguridad de su casa.
—Discúlpame un momento.
Después de que escuchara el mensaje de que alguien había saltado el muro, activado un buen número de detectores de movimiento y desconectado la electricidad, Rehv le dijo a su gente que apagara todas las alarmar interiores, quería que el responsable permaneciera dentro.
Tan pronto como viera a Bella, regresaría a casa.
—¿Pasa algo malo? —preguntó Marissa en cuanto cerró el teléfono.
—No, en lo absoluto. —Por el contrario.
Cuando la aldaba de la puerta de la calle sonó Rehv se puso rígido.
Un doggen pasó por delante de la puerta de la sala para atender.
—¿Quieres que os deje solos? —dijo Marissa.
La gran puerta de la mansión se abrió y cerró.  Hubo un suave intercambio de voces, una de ellas la del doggen la otra de Bella.
Rehv se apoyo en su bastón y se levanto despacio cuando Bella apareció en la entrada.  Llevaba vaqueros azules y una parka negra, y su largo pelo brillaba sobre los hombros.   Se veía… viva… sana. Pero había edad en su cara, nuevas líneas de preocupación y tensión ponían un paréntesis en su boca.
Esperó a que corriera a sus brazos, pero solamente lo miró fijamente… aislada, inalcanzable. O tal vez solamente estaba tan entumecida después de todo por lo que había pasado que ya no tenía ninguna reacción que mostrar al mundo.
Los ojos de Revh se humedecieron cuando coloco su bastón en el piso y fue a ella aun cuando no pudiera sentir la fina alfombra bajo sus zapatos, capto la sorpresa en su cara cuando la atrajo a él.
Dulce virgen, Como deseaba poder sentir la manera en que la abrazaba. Se maldijo por no saber si ella le devolvía el abrazo. No quería forzarla así que se obligo a dejarla ir.
Cuando dejo caer sus brazos ella se pegó a él, no se movió pero permaneció cerca, entonces la abrazo de nuevo.
—Oh… Dios, Rehvenge… — Se estremeció.
—Te amo, hermana mía —dijo suavemente sin vergüenza en el momento que era menos del hombre que debía ser.





O salió directamente por la puerta de la mansión de ladrillo dejándola abierta de par en par tras él, mientras bajaba por el sendero, la nieve formaba remolinos en el viento frió.
La visión de aquel retrato era un eco en su cerebro que no lo dejaría, no palidecería. Él había matado a su mujer.  Golpeándola tan fuerte que había muerto. Dios… debería haberla llevado a un doctor. O tal vez si aquel Hermano lleno de cicatrices no la hubiera robado, tal vez habría vivido... Quizás había muerto porque la habían trasladado.
Entonces, ¿O la había matado? ¿O habría vivido si le hubieran permitido quedarse con él? Que tal si. —Oh joder… Buscar la verdad era algo estúpido. Ella estaba muerta y él no tenía nada que enterrar porque aquel Hermano bastardo la había alejado de él. Punto.
Abruptamente observo las luces de un coche más adelante.  Cuando estuvo más cerca vio que un SUV negro había parado ante las puertas.
Ese maldito Beta, ¿Qué diablos estaba haciendo?, O no había llamado al asesino para recogerlo. Y el lugar era incorrecto.  Espera, el auto era un Range Rover no una Explorer
O corrió a través de la nieve permaneciendo en las sombras.  Estaba a un par de yardas cuando las ventanas del Rover descendieron.  Escucho una voz femenina decir:
—Con todo lo que le ha ocurrido a Bella no sé si su madre nos recibirá pero por lo menos debemos intentarlo.
O caminó hasta la puerta y sacó su revolver mientras se escondía detrás de uno de los pilares.  Vio un destello de cabello rojo cuando la mujer detrás del volante se asomó y tocó el intercomunicador, al lado de ella había otra mujer en el asiento de pasajeros con el cabello rubio y corto, esta dijo algo y la pelirroja sonrió revelando sus colmillos. 
Cuando ella presiono el intercomunicador O dijo con fuerza:
— No hay nadie en casa.
La pelirroja alzo la vista y O apunto su Smith & Wesson hacia ella.
—Sarelle corre —grito ella.
O apretó del gatillo.


John estaba profundamente concentrado, y listo para que la cabeza le estrellara contra el vidrio de la ventana por el esfuerzo, cuando alguien llamó a su puerta.  Silbó sin mirar por encima del manual.
—¡Eh!, hijo —dijo Tohr—. ¿Cómo va el estudio? —John estiró los brazos sobre la cabeza, e hizo señas.
Mejor que el entrenamiento físico.
—No te preocupes por esto, ya vendrá.
—Tal vez.
—No, de verdad. Yo me sentía igual después de mi transición, fuera de lugar, créeme mejorara.
John sonrío.
Así, que llegaste temprano a casa.
—En realidad, pensaba ir al centro y hacer algo del trabajo administrativo que hacen allá. ¿Quieres venir?  Podrías estudiar en mi oficina.
John asintió y agarró una bufanda, después cogió sus libros.  Un cambio de escenario estaría bien.  Estaba somnoliento y aún tenía veintidós páginas más para estudiar. Alejarse de su cama parecía una buena idea.
Bajaban al salón cuando Tohr se detuvo y se apoyo en la pared, se llevo la mano al corazón y pareció luchar por tomar aliento.
John lo sujeto alarmado por el color del hermano, estaba poniéndose realmente gris.
—Estoy bien… —Tohr se froto el esternón, agitado, tomo un par de profundas inhalaciones por la boca.
—No, estoy… Estoy bien, sólo tengo un poco de dolor o algo así, probablemente la porquería que comí en Taco Bell camino a casa. Estoy perfecto.
Excepto que el hombre estaba pálido y enfermo.  Entraron al garaje y se acercaron al Volvo.
—Hice que Weiselle se llevara el Range Rover esta noche —dijo Tohr cuando abordaron el coche de ella—. Hice que le pusieran las cadenas para que ella lo usara, odio que conduzca en la nieve. —Parecía hablar por hablar, con palabras rápidas, apresuradas—. Ella piensa que soy sobreprotector.
—¿Estas seguro que quieres que salgamos?  —Señaló John—. Se te ve enfermo
 Tohr titubeo antes de encender el coche, todo el tiempo masajeándose el pecho bajo la chaqueta de cuero.
—Claro que no, estaré bien, no es gran cosa.


Butch miro a Havers trabajar en Phury, las manos del doctor eran estables y seguras mientras le quitaban el vendaje.
Phury no estaba realmente encantado en su papel como paciente, sentado sobre una mesa de examen sin camisa, su enorme cuerpo dominaba el pequeño espacio. Fruncía el ceño como un ogro sacado de un cuento de los Hermanos Grimm.
—Esto no se está curando como debería —dijo Havers—. Dices que te hirieron la noche de ayer, ¿cierto?, entonces todo esto debería estar cubierto por un tejido de cicatrización, sin embargo, apenas se esta cerrando.
Butch le lanzo a Phury el viejo “te lo dije”.
El hermano le respondió con muérdeme, entonces murmuro:
—Está perfecto.
—No señor, no lo está, ¿Cuando fue la última vez que te alimentaste?
—No lo se, hace rato. —Phury estiro el cuello y miro la herida. Frunció el ceño, como si estuviera sorprendido por lo mal que lucia.
—Tienes que alimentarte. —El doctor rasgó un paquete de gasa y cubrió la herida asegurándolas con una venda en su lugar.
—Deberías hacerlo esta noche —dijo.
Havers se quito los guantes, los lanzó a un contenedor de material biológico e hizo una anotación en el expediente. Dudo al llegar a la puerta.
—¿Hay aquí alguien a quien podrías acudir ahora?
Phury sacudió la cabeza, después se puso la camisa.
—Lo intentare. Gracias Doc.
Cuando se quedaron solos Butch dijo.
—¿A dónde te llevo grandullón?
—Al centro, es hora de cazar.
—Si claro, ya escuchaste al hombre con el estetoscopio ¿O piensas que estaba jugando?
Phury saltó de la mesa de examen, sus gastadas botas aterrizaron con una pequeña explosión.  Giró para recoger su porta daga.
—Mira, poli, me toma tiempo encontrar a alguien del cual alimentarme, por que yo no… por mi manera de ser sólo acudo a ciertas mujeres y necesito hablar con ellas primero, tú sabes, ver si realmente quisieran dejarme acercarme a sus venas.  El celibato es complicado.
—Haz esas llamadas, no estás listo para luchar y lo sabes.
—Entonces úsame.
  Butch y Phury giraron hacia el marco de la puerta, Bella estaba de pie ahí.
 —No tenía la intención de espiar, la puerta estaba abierta, sólo caminaba por aquí. Mi ah… hermano sólo déjalo ir.
Butch miro a Phury, el hombre parecía congelado.
—¿Qué ha cambiado? —preguntó Phury con voz ronca.
—Nada, aún quiero ayudarte, así que te doy otra oportunidad de aceptar.
—No habrías pasado por ello hace doce horas.
—Lo habría hecho, tú fuiste quién dijo que no.
—Habrías llorado por todo el asunto.
Whoa esta situación estaba poniéndose personal.
Butch se dirigió a la puerta. —Esperare afuera.
—Espera poli —dijo Phury—, si no te importa.
Butch maldijo y miró alrededor.  Había una silla cerca de la salida, dejó caer el trasero en ella y pretendió ser un objeto inanimado.
—Sabe Zsadist…
Bella corto la pregunta.
—Se trata de ti, no de él.
Hubo un largo silencio y el aire se llenó de un olor parecido a oscuras especias. Que emanaba del cuerpo de Phury.
Como si la fragancia fuera algún tipo de respuesta, Bella entró en la habitación cerró la puerta y comenzó a enrollarse la manga.
Butch echó un vistazo a Phury y vio que el tipo temblaba, sus ojos brillaban como el sol, su cuerpo… Bien, él obviamente se hacía despertado, poniéndolo así.
Ok, hora de marcharse
—Poli necesito que te quedes mientras lo hago. —La voz de Phury más parecía un gruñido.
 Butch gimió, sabía condenadamente bien por qué el hermano no quería quedarse solo con aquella hembra.  Emanaba tanto calor erótico como un semental.
—¿Butch?
—Si, me quedare. —Si bien eso no significaba que miraría, de ninguna manera, por alguna razón, esto se parecía a estar en la línea de la yarda cincuenta mientras Phury tenia sexo.
Con una maldición se apoyo en las rodillas, colocó las manos en la frente y se obligó a observar fijamente sus Ferragamos.
Hubo un sonido rasgado como si el papel de la mesa de examen se moviera porque alguien se levantaba, después el susurro de una tela.
Mierda. Tenía que mirar.
Butch echó una miradita después no pudo quitarles los ojos de encima ni para salvar su vida.  Bella se encontraba sobre la camilla, las piernas le colgaban a un lado, la palma de la mano expuesta sobre su muslo. Phury la miraba fijamente, con hambre y horror, el maldito amor en su rostro, se dejó caer sobre sus rodillas ante ella. Con las manos temblorosas, tomó su antebrazo y la palma y desnudo sus colmillos. Las condenadas cosas eran enormes ahora, lo suficientemente grandes como para impedirle cerrar la boca.
Con un siseo bajó la cabeza hasta el brazo de Bella.  Ella se retorció cuando él la tocó. Pero sus ojos se mantuvieron fijos en la pared.  Entonces Phury se alejó dejándola mientras su mirada la buscaba.
Eso fue rápido.
—¿Por qué te has detenido?
—Porque estas…
Phury le echó un vistazo a Butch. Quien enrojeció y miró abajo a sus mocasines otra vez.
El Hermano murmuró: 
—¿Has sangrado?
 Butch se agitó. Oh, sí.  Se estaba poniendo difícil.
—¿Bella, podrías estar embarazada? —Dios Santo. Eso era realmente difícil.
—¿Puedo dejarlos solos? —pregunto Butch, esperando que lo echaran.
Cuando ambos lo negaron él volvió la mirada de nuevo a sus zapatos.
—No creo —dijo Bella—. Yo realmente no… tú sabes, creo… tengo… calambres, ¿De acuerdo? Después sangraré y todo se acabó.
—Havers debería examinarte.
—¿Vas a beber o no?
Más silencio. Entonces otro siseo. Seguido de un gemido bajo.
Butch echó un vistazo. Phury sujetaba la muñeca de Bella, su delgado brazo sepultado en la prisión de su cuerpo mientras él bebía con sorbos ávidos.  Bella lo miraba.  Un instante después ella levantó la otra mano y la colocó sobre el multicolor cabello de él. Su toque era tierno. Las lágrimas brillaban en sus ojos...
Butch se levanto de la silla y salió por la puerta, escapando. Dejándolos solos en lo suyo.  La triste intimidad de lo que ocurría entre ellos debía ocurrir en privado.
Fuera del cuarto, se dejó caer contra la pared, de algún modo aún se sentía atrapado en el drama aun cuando él ya no estaba ahí.
—Hola Butch
Busco con la cabeza alrededor. Marissa estaba al otro extremo del pasillo.
¡Por Dios!
Cuando avanzó hacia él pudo olerla, aquel olor limpio del océano que penetraba en su nariz, en el cerebro, en su sangre. Tenía un peinado alto y llevaba un vestido amarillo de corte imperio.
Jesús… Las rubias, en su mayor parte, parecían moribundas con ese color. Ella estaba radiante.
Aclaro su garganta.
—Hey Marissa, ¿Cómo estas? Te ves bien.
—Gracias. —Estaba fantástica pero se cuidaría muy bien de decir algo así.
Amigo, es como ser apuñalado, pensó. Sí… mirar a esta mujer y tener seis pulgadas de acero clavadas en el esternón eran sólo las dos caras de la misma desagraciada moneda.
Mierda. Todo lo que podía ver era a ella entrar en el Bentley con aquel hombre.
—¿Cómo has estado? —preguntó ella.
¿Qué como había estado? Como un lunático idiota durante los cinco meses pasados.
— Bien, realmente bien.
—Butch, yo…
El le sonrió y se enderezo.
 —¿Me harías un favor?, voy a esperar en el coche, ¿le dirías eso a Phury cuando salga? Gracias. —Se aliso la corbata, abotono la chaqueta de su traje y recogió su abrigo—. Cuídate Marissa.
Fue directo al elevador.
—Butch, espera…
Dios lo ayudara, sus pies se detuvieron
—¿Como has estado? —dijo.
Consideró darse la vuelta, pero se negaba a verse envuelto.
—Como dijo Jimmy Dandy, gracias por preguntar, y cuídate Marissa.
Mierda, ¿No había dicho eso, o si?
—Me gustaría… —dejo de hablar— ¿Me llamarás? ¿Alguna vez?
La cabeza le dio vueltas, María dulce madre de Dios… Era tan hermosa, tipo Grace Kelly, con su acento victoriano y sus gentiles modales lo hacían sentir como un completo perdedor. Todo un embustero balbuceante vestido con ropas caras.
—¿Butch? ¿Quizás podrías llamarme?
—¿Por qué lo haría?
  Ella se ruborizo incomoda.
 —Esperaba que…
—¿Que esperabas?
—Que quizás…
—¿Qué?
—Que podrías llamarme, si hubieras tenido tiempo habrías venido… llamado.
Cristo, ya lo había hecho y ella se había negado a verlo. No había manera de que voluntariamente se colocara en un curso de colisión para su ego.  Esta mujer, hembra… lo que fuera… era totalmente capaz de patearle el culo y él no quería más de esa clase de maltrato, muchas gracias. Además el Sr. Bentley estaba exhibiéndose en la puerta trasera.
Con ese pensamiento, una parte diabólica y muy masculina de él se preguntaba si seguía siendo la virgen intacta que era cuando la conoció al comenzar el verano.  Probablemente no. Y aun cuando siguiera siendo tímida, durante el tiempo que estuvo lejos de Wrath debía haber tomado un amante.  Demonios, sabía de primera mano la clase de besos que esa mujer podría dar.  Lo había dejado llorando sobre una silla, tan quebrado. Tan, sí… definitivamente había encontrado a un hombre. Tal vez una pareja y sólo quería enseñarle el camino al infierno.
Cuando ella abrió el capullo perfecto, rosado de sus labios otra vez, él la corto.
 —No voy a llamarte, pero realmente creo lo que dije, espero que… te cuides.
De acuerdo, había usado tres veces la misma frase, necesitaba ponerse en camino antes de que lo hiciera un cuarta.
Butch dio un gran paso al elevador, por algún milagro la cosa se abrió en cuanto el apretó el botón, entró en él y mantuvo los ojos lejos de ella.
Cuando las puertas se cerraron pensó que quizás ella hubiera dicho su nombre por última vez, pero conociéndose sabía que sólo lo había imaginado. Realmente deseaba que ella…
Cállate O´neal, sólo cállate y déjalo
Cuando atravesó de una zancada la puerta de la clínica, caminaba tan rápido que prácticamente corría.



[1] ADT, hace referencia al nombre de una empresa de sistemas de seguridad..
[2] CVAA, Calentamiento, Ventilación y Aire Acondicionado. En inglés original: HVAC (Heating, Ventilating and Air Coditionting)
[3] Ben-gay, pomada térmica de aplicación tópica para dolores musculares.

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