lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 43 44 45



Zsadist rastreó al solitario lesser en el laberinto de callejones del centro de la cuidad. El asesino se movía rápidamente en la nieve, alerta, explorando, buscando a la presa entre las personas que estaban dispersas en la barra del frio club.
Detrás de él Z era ligero sobre el terreno, quedándose cerca, pero no demasiado. El alba llegaba rápido y con fuerza, y aunque despuntada el borde del alba ahora mismo, queria matarlo. Todo lo que  necesitaba era alejar al asesino de los entrometidos ojos humanos…
El momento llegó cuando el lesser redujo la marcha y consideró la intersección de la Calle Ocho y la Comercial. Una pausa, un debate interno entre ir a la izquierda o a la derecha.
Zsadist golpeó rápido, materializandose directamente detrás del asesino, poniendo el brazo alrededor del cuello del bastardo, y tirándo de él hacia la oscuridad. El lesser aguantó, y la lucha sonaba como banderas agitadas por el viento, como dos machos sacudiendose, chaquetas y pantalones sacudiendose en el aire frio. El lesser estaba en el suelo en un momento,  Z examinó sus ojos cuando levantó la daga. Sumergió la lámina negra en su grueso pecho. La música pop y la llamarada se desvanecierón rápidamente.
Cuando Z se levantó, no había ninguna satisfacción.  Estaba en un estado violento de piloto automático. Listo, complaciente, y capaz de matar, pero moviendose como en un sueño.
Bella era todo lo que estaba en su mente. Realmente,  era  más profundo. La ausencia de ella era un peso tangible en su cuerpo: La echaba de  menos con un tipo de desesperación.
Ah, sí. Entonces los rumores eran verdaderos. Un macho vinculado sin su hembra podría estar  muerto.  Había oído dicha leyenda antes y nunca la creyo. Ahora vivía la verdad implicita.
Su celular sonó y  contestó automaticamente, porque era lo que hacía desde que ella se marchó.  No tenía ningún  interés por saber quién era el que estaba del otro lado de la linea.
—Z, mi amigo —dijo Vishous—. Recibí un mensaje realmente extraño en el correo de voz. Un tipo que quiere hablar contigo.
—¿Hablar conmigo, dijo mi nombre?
—Realmente, era un poco difícil de seguir porque fue tan parco, pero mencionó tu cicatriz.
¿El hermano de Bella? Se  preguntó Z. ¿Aunque ahora que ella se habia ido por el mundo, sobre qué tendría que hablar aquel macho?
Bien … además del hecho que su hermana había sido atendida en su necesidad y no había ninguna ceremonia de acoplamiento en el calendario. Sí, el hermano se habia enojado.
—¿Cuál es el número?
Vishous recitó los dígitos.
—Y dijo que su nombre era Ormond.
Recordando, el nombre del hermano mayor de Bella no era ese.
—¿Ormond? es un nombre humano.
—No puedo decirte. Tendras que tener cuidado.
Z colgó, marcó despacio, esperando haber logrado marcar bien los numeros.
Cuando la llamada fue contestada, no hubo un hola al otro lado de la linea. Solo una voz grave que dijo,
—Fuera de mi red e indetectable. Entonces tú debes ser, el Hermano.
—¿Y tú eres?
—Quiero conocerte en persona.
—Lo siento, yo estoy en contra de las citas.
—Sí, puedo imaginar que con esa cara no tienes mucha suerte. Pero no te quiero para el sexo.
—Me siento aliviado. ¿Ahora  quién coño eres?
—Mi nombre es David. ¿Sonó la campana?
La furia nubló la visión de Z hasta que todo lo que vio eran las marcas en el estomago de Bella. Apretó el teléfono hasta que sólo oyó el chirriar del aparado, que era impetuoso.
Forzando su voz a una pronunciación lenta,  dijo:
—No, Davy. Pero refresca mi memoria.
—Tomaste algo que es mio.
—¿Robé tu cartera?  Lo recordaria.
—¡Mi mujer! —gritó el lesser.
Cada instinto en el cuerpo de Z se disparó inmediatamente, y no había ningún retén en el gruñido que salió de su boca. Alejó el aparto el teléfono lejos de su cara hasta que el sonido se apagó.
—… demasiado cerca el alba.
—¿Qué pasa? —dijo Z con un filo  repugnante—. Maldita conexión.
—¿Piensa que esto es una maldita broma? —escupio el lesser.
—Tranquilo, ahí, no quisiera que te diera una embolia.
El asesino jadeó con  furia, pero consiguió controlarse.
—Quiero encontrarte al anochecer. Tenemos mucha tierra para cubrir, tu y yo, y no quiero ser apresurado por el alba. Además, he estado ocupado las últimas  horas y necesito un descanso. Me quedé con una de sus hembras, una pelirroja bonita. Hasta reventarla era buena.
Ahora el gruñido de Z llego al teléfono. El asesino se rió.
—Ustedes los Hermanos son tan protectores, hasta tú. Bien, acerca de eso. Me conseguí otra. Otra hembra. La persuadí para que me diera el numero para encontrarte. Ella es realmente cercana. Una pequeña rubia mona, también.
La mano de Z alcanzo el mango de su daga.
—¿Dónde quieres reunirte?
Hubo  una pausa.
—Primero los términos. Naturalmente quiero que vengas solo, y aquí está el como vamos a asegurarnos que esto pase. —Z oyó un gemido femenino de fondo—. Si cualquiera de mis socios ve a tus Hermanos alrededor, la cortaran. Solo  tomará una llamada telefónica. Y ellos lo harán despacio.
Zsadist cerró sus ojos. Él  había sentido la muerte, el sufrimiento y el dolor. El propio y de los otros. Esa … pobre mujer.
 —¿Dónde?
—A las seis en punto en The Rocky Horror Picture Show en Lucas Square.  Te sientas de espaldas. Te encontraré.
El teléfono quedo muerto, y volvio a sonar inmediatamente.
Ahora la voz de V era estrangulada.
—Tenemos un problema. El hermano de Bella encontró a Wellsie con un disparo en la entrada . Ven a  casa, Z. Ahora mismo.


John miró  más allá del escritorio cuando Tohr colgó el teléfono. Las manos del hombre sacudían el receptor.
—Ella probablemente olvidó encender el teléfono movil. Los lesser intentaron entrar en la casa otra vez. —Tohr pulso otra vez. Marcando rápidamente. Se equivocó y tuvo que volver a empenzar. Y en todo momento  rozaba  el centro de su pecho,  sobre su camisa.
Tohr miraba fijamente al vacio, congelado cuando el teléfono de casa sonó, John oyó pasos que bajaban a la oficina. Un sentimiento horrible pasó por él como  fiebre,  echó un vistazo a la puerta, luego volvio sus ojos a Tohr otra vez.
Tohr obviamente oyó los pasos, también. Con movimientos lentos dejó caer el receptor sobre el escritorio, el sonido de la línea abierta se oyo en el cuarto. Sus ojos fijos en la puerta, sus manos agarranban fuertemente los brazos de la silla.
Cuando la perilla dió vuelta, el contestador automático saltó y el sonido de la voz de Wellsie salió del receptor. —Hola, somos Wellsie y Tohr. No podemos ponernos al teléfono por el momento …
Cada uno de los Hermanos estaba en el pasillo. Y Wrath estaba delante de ellos implacable, eran grupo  silencioso.
Hubo un ruido y John miró hacia atrás a Tohr. El hombre se puso en pié y tropezo con la silla.  Temblaba de pies a cabeza, sudando desde su camisa con grandes remiendos hasta bajo de sus brazos.
—Hermano mío, —dijo Wrath. Había un tono indefenso en su voz,  totalmente en desacuerdo con su cara feroz. Y aquella impotencia era aterradora.
Tohr gimió y agarró su esternón, frotándolo rápidamente, desesperado.
—Tú… no puedes estar aquí. No ustedes. —Él alzó una mano como si empujara a todos ellos lejos y luego se sostuvo—. Excepto aquí, debían estar en alguna otra parte.  Golpeó contra un gabinete del archivero—. Wrath, no…  mi señor, por favor, no a… ah, Dios. No lo dígas. No lo dígas...
—Yo lo siento…
Tohr comenzó a mecerse de atrás hacia delante, abrazándose como si fuera a vomitar. Su aliento era debil y tan rápido que  comenzó a tener hipo, y  no parecía exhalar en absoluto.
John se echo a llorar.
No dijo nada. Pero la realidad  y el horror eran demasiado difícil de sobrellevar.  Dejó caer su cabeza en sus manos, y todo en lo que podía pensar era en Wellsie apoyada en la entrada como cualquier otro día.
Cuando una mano grande tiró de él de la silla y  fue sostenido contra un pecho, él pensó que era uno de los Hermanos. Pero era Tohr.  Tohr lo sostenía con fuerza.
El macho comenzó a murmurar como un enloquecido, con palabras rápidas e incomprensibles hasta que ellos finalmente se fundieron en una especie de trance.
—¿Por qué no llamé? ¿Por qué no hizo que Havers me llamara?  debería haberme llamado… Ah, Dios, el bebé… yo sabía que no debería haberse… embarazado.
Abruptamente todo cambio en el cuarto, como si alguien hubiera subido la luz o tal vez la temperatura. John sintió el cambio en el aire primero, y luego las palabras de Tohr se apagaron cuando él obviamente tambien lo sintió.
Los brazos de Tohr se soltaron.
—¿Wrath? ¿Esto es… el bebé, verdad?
—Saca  al muchacho de aqui.
John sacudió la cabeza y se agarró a la cintura de Tohr con un fuerte apretón.
—¿Cómo murió ella, Wrath? —La voz de Tohrment fue rotunda y sus manos se apartaron de John—. Dimelo ahora. Tengo derecho.
—Saca al niño de aquí —ladró Wrath a Phury.
John luchó cuando Phury lo agarró por la cintura y lo alzó. Al mismo tiempo  Vishous y Rhage se colocaron a ambos lados de Tohr. La puerta se cerró.
Fuera de la oficina, Phury posó a John y lo retuvo en el lugar. Hubo un momento o dos de silencio… y luego un grito crudo rompió el aire como si el oxígeno fuera  sólido.
El estallido de energía que siguió era tan fuerte que rompió la puerta de cristal. Los pedazos se astillaron y volaron mientras Phury abrigaba a John de la metralla.
Una tras otra en ambas direcciones del pasillo, las luces fluorescentes del techo explotaron, destellando brillantes y dejando serpentinas de chispas corriendo desde las instalaciones. La energía vibró por el suelo de hormigón, y por las grietas de las paredes.
Por la puerta rota John vio un torbellino en la oficina,  los Hermanos retrocedían ante él, con las manos delante de sus caras. Los muebles salieron volando alrededor de un agujero negro en el centro del cuarto, uno que tenia vagamente la forma de la cabeza y cuerpo de Tohr.
Hubo otro aullido sobrenatural y luego el vacío manchado de tinta desapareció, el mobiliario se estrellaba, el temblor en el suelo cesó. Los papeles revolotearon suavemente sobre el caos como la nieve sobre un accidente de tráfico.
Tohrment se habia ido.
John  se soltó de  las manos de Phury y entró corriendo en la oficina. Los Hermanos lo miraron, él gritaba con la boca abierta sin alticular  sonidos:
—¡Padre... padre... padre!


Algunos días eran eternos, penso Phury  más tarde. Y cuando el sol bajó, no había ningún final para ellos.
Cuando las contraventanas se levantaron por la tarde, él tomó  asiento en un sofá largo y delgado y miró a través del estudio de Wrath a Zsadist. Los otros Hermanos estaban tan mudos como él.
Z acababa de dejar caer otra bomba en lo que era ya una zona de guerra. Primero fue Tohr, Wellsie, y una hembra joven. Ahora esto.
—Jesús, Z… —Wrath frotó sus ojos y sacudió la cabeza.—  ¿No pensaste  mencionarlo antes?
—Hemos tenido otra mierda con que tratar. Además, me encontraré con el asesino sólo, pase lo que pase. No es realmente una discusión.
—Z, amigo… no puedo dejarte hacer esto.
Phury se preparó para la  reacción de su gemelo. Como hicieron los demás en el cuarto. Estaban todos agotados, pero sabiendolo Z,  tendría bastante buen juicio para dejarse golpear.
El hermano sólo  encogió los hombros.
—El lesser me quiere, y debo tener cuidado con él. Por Bella. Por Tohr. ¿Además, está la rehén femenina? No puedo ir, además el respaldo no es una opción.
—Hermano, estas caminando hacia tu tumba.
—Entonces haré un infierno y mucho daño antes de que ellos me atrapen.
Wrath cruzó sus brazos sobre su pecho.
—No, Z, no puedo dejarte ir.
—Matarán a la hembra.
—Hay otro modo de manejarlo. Sólo tenemos que entender cuál es.
Hubo un pausa como un latido del corazon. Entonces  Z dijo:
 —Quiero a cada uno de ustedes fuera del cuarto, entonces podré hablar con Wrath. Excepto tú, Phury. Tú te quedas.
Butch, Vishous, y Rhage se miraron unos al otros, luego enfocaron al Rey. Cuando él asintio con la cabeza,  se marcharon.
Z cerro la puerta detrás de ellos y se quedo con la espalda apoyada en ella.
—No puedes detenerme. Soy el ahvenging de mi shellan. Soy el ahvenging de la shellan de mi hermano. No tienes ninguna derecho a detenerme. Es mi derecho como  guerrero.
Wrath blasfemó.
—Nunca la apareaste.
—No necesito una ceremonia para saber que es mi shellan.
—Z…
—¿Y Tohr? ¿Dices que él no es mi hermano? Tú estabas allí la noche que me trajeron a la Hermandad de la Daga Negra.  Sabes que  Tohrment es  carne de mi carne. Poseo el derecho de ahvenge  también.
Wrath se apoyo hacia atrás en su silla, su peso la hizo crujir en protesta.
—Cristo, Zsadist, no digo que  no puedas ir. Sólo  quiero que no  vayas solo.
Phury miraba de acá para allá entre los dos.  Nunca había visto a Zsadist en tal calma. Su hermano estaba enfocando en lo que deseaba, sus ojos perspicaces y  con un proposito mortal. Si no fuera tan espeluznante, habría sido notable.
—No arreglé las reglas de este guión —dijo Z.
—Morirás si vas por él.
—Bien… en cierto modo estoy listo.
Phury sintió que su piel se tensaba por todas partes.
—¿Perdóna? —silbó Wrath.
Z  se alejó de la puerta y caminó por el elegante cuarto francés.   Se paró delante del fuego, y las llamas rebotaron en su cara arruinada.
—Estoy listo para terminar con esto.
—¿Qué demonios dices?
—Quiero ir por él,  quiero capturar a este lesser para mí y cuando lo haga. Habrá verdaderas llamaradas de gloria.  Estallaremos en llamas con mi energia.
La boca de Wrath se aflojo.
—¿Me pides permiso para  suicidarte?
La cabeza de Z fue de acá para allá.
—No, porque salvo que me encadenen, no vas a impedirme que vaya al cine esta noche. Lo que quiero es que te asegures de que no le hagan daño a nadie mas. Quiero que mandes a los demás, sobre todo a él —Z miraba intencionadamente a Phury—, lejos.
Wrath se quitó los lentes de sol y frotó sus ojos otra vez. Cuando  alzó la vista, sus iris verdes pálidos brillaron como focos en su cara.
—Ya hubo demasiadas muertes en la Hermandad. No hagas esto.
—Tengo que ir. Voy a ir. Tan sólo ordena a los demás que se alejen.
Se hizo un largo silencio, tenso. Entonces Wrath dio la única respuesta que tenía.
—Así será.
Con las ruedas puestas en movimiento para la muerte de Z, Phury se inclinó y puso sus codos sobre las rodillas. Él pensó en el gusto de la sangre de Bella, y la especia muy especial que su lengua había descubierto.
—Lo siento.
Cuando sintió que Wrath y Z reparaban en él, se dio cuenta que había hablado en voz alta. Se puso de pie.
—Lo siento, ¿Me excusais?
Zsadist frunció el ceño.
—Espera. Necesito algo de ti.
Phury contempló la cara de su gemelo, remontando la cicatriz que lo cruzaba, absorbiendo los matices en un modo que nunca habia thecho.
—Dime.
—Prométeme que no dejarás la Hermandad después de que me haya ido.
Z señaló a Wrath.
—Y házlo sobre su anillo.
—¿Por qué?
—Sólo házlo.
Phury frunció el ceño.
—¿Por qué?
—No quiero que estes sólo.
Phury miró fijamente por mucho tiempo a Z, pensando en las vidas de ambos. Amigo,  ellos realmente habían sido maldecidos, aunque el por qué de ello era totalmente desconocido. Tal vez sólo  era  mala suerte, aunque le gustaba pensar que había una razón.
Lógica… la lógica era mejor que el destino caprichoso que lo atomentaba con fuerza.
—Bebí de ella —dijo él repentinamente—. De Bella. Bebí la noche pasada cuando fui con Havers. ¿Todavía tienes ganas de que alguien me vigile?
Zsadist cerró los ojos. Como un esbozo frío, una onda de desesperación salió de él y pasó por el cuarto.
—Me alegro que lo hayas hecho. ¿Ahora vas a darme tu palabra?
—Venga  Z…
—Todo lo que quiero es tu promesa. Nada más.
—Seguro. Nada más.
Cristo, bien.
Phury derrotado fue hacia Wrath, doblando la rodilla, se inclinó sobre el anillo del rey. En la Vieja Lengua,  dijo:
 —Mientras que respire, permaneceré dentro de la Hermandad. Humildemente ofrezco este voto, que puede ser aceptable para tus oídos, Mi Señor.
—Es aceptable —Wrath contestó—. Ofrece tus labios al anillo y sella las palabras sobre tu honor.
Phury besó el diamante negro del Rey y se elevó otra vez.
—Ahora, si el drama terminó, me voy de aqui.
Cuando llegó a  la puerta, se paró y miró hacia atrás a la cara de Wrath.
—¿Te he dicho alguna vez cuan honrrado estoy de servirte?
Wrath retrocedió un poco.
—Ah, no, pero…
—Realmente ha sido un honor. —Cuando los ojos del Rey se estrecharon, Phury sonrió un poco—. No se por qué de repente me sobrevino. Probablemente la vista de postrarme a tus pies justo ahora.
Phury se marchó y se alegró cuando vio a Vishous y Buth fuera del estudio.
—Oidme, muchachos. —Les tocó brevemente en los hombros—.  Sois un verdadero par, ¿Lo sabeis? Nuestro genio residente y un tiburón humano juntos. ¿Qué os parece? —Mientras lo miraron de una manera rara, preguntó— ¿Está Rhage en su cuarto?
Cuando asintieron,  se acercó y llamó a la puerta de Hollywood. Rhage contestó y Phury sonrió, puso  su mano en aquel grueso picaporte.
—Oye, hermano.
Debio de haber hecho una pausa demasiado larga, porque los ojos de Rhage se volvieron perspicaces.
—¿Qué pasa, Phury?
—Nada. —Dejó caer su mano—. Sólo  pasaba por aquí. Ten cuidado  con tu hembra, ¿Me entiendes?… afortunado, afortunado… eres un afortunado macho, muy afortunado. Es tarde.
Phury fue a su cuarto, deseando que Tohr estuvieran alrededor…,  deseaba saber donde estaba su hermano. Mientras que se lamentaba por el macho se armó, entonces comprobó el pasillo.  Podía oír a la Hermandad que hablaba  en el estudio de Wrath.
Evitándolos se desmaterializo al pasillo de estatuas y entró en el cuarto contiguo al de Zsadist. Después de cerrar la puerta, se dirigió al baño y encendió la luz.  Contempló su reflejo en el espejo.
Desenvainando una de sus dagas,  agarró un trozo grueso de su pelo y  tomó la cuchilla, cortando  las ondas. Hizo esto repetidas veces, dejando que el pelo rojo, rubio y castaño cubriera el piso. Cuando solo quedaba aproximadamente una pulgada de largo en toda la cabeza,  agarró una lata de crema de afeitar, enjabono su cráneo, y tomó una navaja de afeitar de debajo del lavabo.
Cuando quedo calvo  limpió los residuos de su cuero cabelludo y de su camisa. Le picaba el cuello por el pelo que le habia caido,  su cabeza se sentía demasiado ligera.  Frotó su mano sobre su cuero cabelludo, apoyandose en el espejo, y se miró.
Entonces  tomó la daga y  puso la punta en su frente.
Con mano temblorosa, dibujó con el cuchillo hacia abajo desde el centro de la cara, terminando con una S curva en su labio superior. La sangre manó y goteó.  La limpio con una toalla blanca.


Zsadist se armó con  cuidado. Cuando  estuvo listo caminó hacia su armario. El dormitorio estaba  a oscuras, y  andaba  por  hábito más que por ver algo, dirigiéndose hacia el fondo al cuarto de baño.  Fue al lavabo,  y se inclinó sobre el agua que se precipitaba, acunó el torrente frío en sus manos.  Salpicó su cara y se frotó los ojos. Bebió un poco con las palmas.
Cuando se estaba secando,  sintió que Phury entraba en el dormitorio y se movía a su alrededor, aunque  no pudiera ver al macho.
—Phury …  Te iba a ver antes de marcharme.
Con la toalla bajo su barbilla,  Z miró su reflejo en el espejo, viendo sus nuevos ojos amarillos.  Pensó en  su vida y supo que la mayor parte de ella era una mierda. Pero habian dos cosas que no lo eran. Una hembra. Y un macho.
—Te quiero —dijo con una voz áspera, comprendiendo que  era la primera vez que le había dicho estas palabras a su gemelo—. Sólo necesitaba sacar esto.
Phury caminó hacia él.
Z retrocedió con horror ante el reflejo de su gemelo. Sin cabello. Con una cicactriz  en su cara. Ojos llanos y sin vida.
—Oh, dulce Virgenv —respiró Z—. Qué joder ¿Qué te hiciste…?
—Yo también te quiero,  hermano. —Phury levantó su brazo. En su mano habia una jeringuilla hipodérmica, uno de los dos había sido abandonado por  Bella—. Y tu tienes que vivir.
Zsadist giró alrededor y vio como el brazo de su gemelo se balanceaba hacia abajo. La aguja se clavó en el cuello de Z y  sintió que la morfina iba directamente a su yugular. Gritando,  agarró de los hombros a Phury. Cuando la droga empezó a surtir efecto, él cedió y con alivio cayó al suelo.
Phury se arrodilló a su lado  y acarició su cara.
—Sólo te tengo a ti para vivir. Si  mueres no tengo nada.  Estoy completamente perdido. Y tú eres necesario aquí.
Zsadist trató de extender la mano, pero no pudo levantar los brazos cuando Phury se incorporó.
—Dios Z, sigo pensando que nuestra tragedia va a terminar. ¿Pero no se acabara, verdad?
Zsadist se desmayó con el sonido de las botas de su gemelo que salian del cuarto.


John estaba acostado en la cama, enroscado de lado, mirando fijamente la oscuridad. El cuarto que le habían dado en la mansión de la Hermandad era lujoso, anónimo y no lo hacía sentirse ni mejor ni peor.
En algun sitio en la esquinaoyó el  tañir del reloj una vez, dos veces, tres veces...  Siguió contando los tonos bajos, rítmicos hasta que  consiguió llegar ha seis. Dando una vuelta sobre su espaldaconsideró el hecho que en otras seis horas esto sería el principio de un nuevo día. Medianoche. Ya no el martes, sino el miércoles.
Pensó en los días, semanas, meses y años de su vida, tiempo que tenia porque lo había experimentado y por lo tanto podría poner la demanda de su paso.
Cuan arbitraria, esta diferencia de tiempo. Como gente humana y vampiros, para tener que reducir el infinito en algo que ellos pudieran creer que controlaban.
Qué sandez. Tú Nunca controlaste nada en tu vida. Y tampoco en la de ellos.
Dios, si sólo hubiera un modo de hacer esto. O al menos ser capaz de volver a hacer algunas cosas. Qué maravilloso sería si pudiera golpear sólo un botón de rebobinado y luego corrigiera el infierno del día pasado.  De este modo no se sentiría como se sentía ahora.
Gimió y dio vuelta sobre su estómago. Este dolor era… incomparable, una revelación de la peor clase.
Su desesperación parecía una enfermedad, afectando su cuerpo entero, haciéndolo temblar aunque no tenia frió, sacudiendo su estómago aunque estaba vacío, haciendo florecer el dolor en sus articulaciones y pecho. Nunca había pensado que la devastación emocional era una aflicción, peor aún, y sabía que iba a estar enfermo un rato.
Dios… Debería haber ido con Wellsie, en vez de quedarse en casa para trabajar en las tácticas. Si hubiera estado en aquel coche, tal vez podría haberla salvado… ¿o tal vez estaría muerto también?
Bien, sería mejor que esta existencia. Incluso si no había nada en su vida futura, aun si sólo se desmayara, seguramente sería mejor que esto.
Wellsie… muerta, muerta. Su cuerpo, eran cenizas. Por lo que John había oído por casualidad, Vishous había puesto su mano derecha sobre ella en la escena y luego había tomado lo que había quedado. Una ceremonia formal sería realizada, excepto que nadie podría hacerla sin Tohr.
Y Tohr también se había ido. Desapareció. ¿Quizás estaba muerto? Había estado así, cerca del alba cuando se había ido… de hecho, tal vez ese había sido el punto. Tal vez había salido corriendo a la luz para poder irse con el espíritu de Wellsie.
Irse, irse… todos parecían irse.
Sarelle… perdido el lessers, también. Perdida antes de que él realmente la conociera. Zsadist iba a tratar de recuperarla, pero ¿Quién sabía qué pasaría?
John imaginó la cara de Wellsie su pelo rojo y su pequeño vientre embarazado. Él vio la caricia de Tohr, sus ojos azul marino y sus amplios hombros en el cuero negro. Imaginó a Sarelle estudiando minuciosamente aquellos viejos textos, sus letras mayúsculas, su pelo rubio, largo, sus manos pasando las páginas.
La tentación de comenzar a llorar otra vez, se elevó, John se sentó rápidamente, frenando el impulso. El llanto.  No lloraría otra vez por nadie. Las lágrimas eran completamente inútiles, una debilidad no digna de sus recuerdos.
La Fuerza sería su ofrenda. El Impulso su elogio. La Venganza el rezo en sus tumbas.
John salió de la cama, usó el cuarto de baño, luego se vistió, resbalando sus pies en los Nikes que Wellsie le había comprado. En unos momentos estaba abajo, pasando por la puerta secreta que conducía al túnel subterráneo.  Andaba rápidamente por el laberinto de acero, sus ojos fijos, sus brazos balanceándose con el ritmo preciso de un soldado.
Cuando caminaba por la parte trasera  del armario y por la oficina de Thor, vió que el lío había sido limpiado: el escritorio estaba de vuelta donde antes había estado, y la horrible silla verde metida dentro. Los papeles, plumas y archivos todo en su lugar. Incluso el ordenador y el teléfono estaban donde debían estar, aunque ambos habían sido despedazados la noche anterior. Deben ser nuevos...
El orden había sido restaurado, y la mentira tridimensional trabajó para él.
Fue al gimnasio y tiró de las luces de la jaula del techo. No había clases hoy debido a todo lo que había pasado, y se preguntó si con Tohr desaparecido la formación se pararía totalmente.
John caminó a través de las esteras al cuarto de armas, sus zapatillas de deporte hacían ruidos contra las resistentes pieles azules, Del gabinete de cuchillos sacó dos dagas y luego agarró de improviso una pistolera de pecho suficiente pequeña para él. Una vez que las armas estuvieron atadas en la correa, fue al centro del gimnasio.
Justo como Tohr le había enseñado, comenzó bajando la cabeza.
Y luego toco las dagas y comenzó a trabajar con ellas, vistiéndose de cólera contra su enemigo, imaginando a todos los lessers que iba a matar.
Phury caminó por el cine y tomó asiento en la parte de atrás. El lugar estaba atestado, se oían conversaciones, parejas jóvenes y legiones de muchachos del club estudiantil masculino. Oyó voces bajas y fuertes. Escuchaba risas, oía desenvolver los caramelos sorbidos ruidosos y gente mascando.
Cuando el telón subió las luces se atenuaron y la gente comenzó a gritar.
Supo cuando el lesser se acercó. Podría oler el dulzor en el aire, por encima del olor de las palomitas de maíz y los perfumes de nena que emanan de las parejas.
Un teléfono celular apareció delante de su cara.
—Tómelo. Póngalo en su oído.
Phury lo hizo y oyó alientos ásperos en la línea.
La muchedumbre en el teatro gritó.
—¡Maldito, Janet, vamos tacaño!
La voz del lesser llegó directamente detrás de su cabeza.
—Dígale que va a venir conmigo sin ningún problema. Prométale que ella vivirá porque usted va a hacer lo que le dicen. Y hágalo en español para que pueda entenderle.
Phury habló por el teléfono, las palabras exactas que le dijo el desconocido. Todo lo que registró fue el hecho que la hembra empezó a sollozar.
El lesser le quito el teléfono desde atrás.
—Ahora ponte esto.
Las esposas de acero pasaron a su regazo.  Se esposó y esperó.
—¿Ve aquella salida a la derecha? Es a donde nos dirigimos. Usted va primero, hay un camión que espera  afuera.  Entra por la puerta del  pasajero. Todo el tiempo estaré detrás de usted con el teléfono en mi boca. Usted me jode, o veo a cualquiera de sus Hermanos, y la mato. Ah, y para su información, hay un cuchillo en su garganta así no hay ningún riesgo. ¿Entendió?
Phury asintió con la cabeza.
—Ahora levántese y muévase.
Phury se levantó y se dirigió hacia la puerta. Cuando caminaba  pensaba que podría salir de esto vivo. Estaba bien armado, y había guardado unas cuantas armas en varios sitios. Pero este lesser era fino, atándolo, atrapándolo con la vida de aquella hembra civil.
Cuando Phury dio una patada para abrir la puerta lateral del teatro, sabía sin lugar a dudas que él besaría su trasero antes de que la noche terminara.


Zsadist salió,  por  fuerza de  voluntad, extendiendo la mano por la neblina de la droga  y agarrando  la conciencia. Con un gemido  se arrastró a través del suelo de mármol del baño y por la alfombra del dormitorio. Agarrando su camino a través de la alfombra, empujando con sus pies, apenas tenía fuerza para llegar a la puerta abierta, con voluntad, se puso a ello.
Tan pronto como estuvo en el pasillo de estatuas, trató de gritar. Al principio eran susurros  roncos, pero entonces sacó un grito. Y  otro. Y otro.
Los pesados pasos, lo hicieron marearse de alivio.
Wrath y Rhage se arrodillaron junto a él y lo recostaron. Empezaron a hacerle preguntas, incapaces de seguir todas sus palabras.
—Phury… se fue… Phury… se fue…
Cuando su estómago se arqueó, dio tumbos y volviéndose de lado vomitó. Vaciar el estomago le ayudó, haciéndolo sentirse un poco más despierto.
—Tienen que encontrarlo…
Wrath y Rhage todavía disparaban preguntas, hablando rápido,  Z pensó que quizás ellos eran  la causa del  zumbido en sus oídos. Era esto o su cabeza estaba a punto de explotar.
Cuando empujó su cara de la alfombra su visión lo hizo girar, y agradeció a Dios que la dosis de morfina hubiera sido calibrada para el peso de Bella. Por que estaba hecho un lío.
Sintió otro espasmo y vomitó otra vez, echándolo todo sobre la alfombra. Mierda… nunca había sido capaz de manejarse drogado.
Oyó más pasos por el pasillo. Más voces. Alguien limpiando su boca con una tela mojada. Fritz. Cuando la garganta de Z volvió a sentir las náuseas, le empujaron un cesto de papeles bajo su cara.
—Gracias —dijo cuando volvió a vomitar.
Con cada tirón, su mente volvía en sí, también su cuerpo. Llevo dos dedos  hacia su garganta  para provocar otro vomito. Contra más rápido la eliminara de su sistema, más pronto podría ir por Phury.
Aquel hijo de puta heroico… Dios.  Iba  a matar a su gemelo, realmente.  Phury era el que debía vivir.
¿Pero a dónde infiernos había sido llevado? ¿Y cómo encontrarlo? El cine era el lugar inicial, pero no se habrían quedado allí mucho tiempo.
Zsadist se comenzó a arquear, porque no había nada más en su estómago. Estando en  medio el vómito fue la única solución que se le  vino a la mente, y cuando lo hizo, su estómago hecho toda la maldita droga. El camino de su gemelo violó cada instinto que tenía.
Más pasos se oyeron abajo en el pasillo. Vishous hablaba. Una emergencia civil. Una familia de seis atrapados en su casa, rodeada por lessers.
Z levantó su cabeza.  Su torso. Se  levantó. Con  voluntad,  que alguna vez fue la única gracia que tenía,  y vino al rescate otra vez. Esto tiró más de la droga, lo enfocó, lo limpió mejor que los vómitos.
—Iré por Phury —dijo a sus hermanos—. Ustedes tengan cuidado con el trabajo.
Hubo una breve pausa. Entonces Wrath dijo.
—Así sea.

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