lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 46 47 48



Bella se sentó en una silla  Louis XIV, sus piernas cruzadas en los tobillos, sus manos en su regazo. Un resplandor chisporroteó en una chimenea de mármol a la izquierda, y había una taza de Conde de té Gris en su regazo.  Marissa estaba atravesada en un  delicado sofá, preparando un hilo de seda amarilla para una malla de bordado. No había ningún sonido ni movimiento.
Bella pensó que iba a gritar.
Se levantó de un salto, activada por el instintoZsadist Zsadist estaba cerca.
—¿Qué es eso? —dijo Marissa.
Aporreando la puerta principal a lo lejos parecía un tambor, un momento después Zsadist entró en el salón. Estaba vestido para su trabajo, armas en sus caderas, dagas atadas en una correa en su pecho. El derecho doggen en sus talones parecía terriblemente asustado.
—Dejadnos —le dijo a Marissa—. Y llévate a tu criado.
Cuando la hembra vaciló, Bella aclaro garganta.
—Está bien. Es… Vete.
Marissa inclinó la cabeza.
—No estaré lejos.
Bella se sostuvo en el lugar cuando por fin salieron.
—Te necesito —dijo Zsadist.
Ella entrecerró los ojos. Dios, aquellas palabras que había querido oír. Que cruel que hubieran llegado tan tarde.
—¿Para qué?
—Phury tomó de tu vena.
—Sí.
—Te necesito para encontrarlo.
—¿Está perdido?
—Tu sangre está en sus venas. Te necesito.
—Para encontrarlo. Oí eso. Dime por qué. —La breve pausa que siguió la enfrió.
—El lesser lo tiene. David lo tiene.
Su aliento dejó sus pulmones. Su corazón se paró.
—¿Cómo…?
—No tengo tiempo para explicarte. —Zsadist avanzó, mirándola como si fuera a tomar sus manos, pero entonces  se paró—. Por favor. Tú eres la única que puede encontrarlo, porque tu sangre está con él.
—Por supuesto… por supuesto lo encontraré para ti.
Esto era la cadena de lazos de sangre, pensó. Ella podría localizar a Phury en todas partes porque se había alimentado de ella. Y después de que ella había estado en la garganta de Zsadist, él sería capaz de rastrearla por la misma razón.
Él puso su cara directamente en la suya.
—¿Quiero que me pongas dentro de cincuenta yardas de él, no más cerca, entendido? Y luego te desmaterializas derechito aquí.
Ella lo miró a los ojos.
—No te defraudaré.
—Desearía que hubiera otro modo de encontrarlo.
Oh, aquel dolor.
—Sin duda lo haces.
Ella dejó el salón y consiguió su abrigo, luego estuvo de pie en el vestíbulo.  Cerró sus ojos y extendió la mano en el aire, perforando primero las paredes de la entrada del camino, después la estructura externa de la casa de Havers. Su mente expulsada sobre los arbustos, el césped, a través de  árboles  y casas… Por coches, camiones y edificios y a través de parques, ríos y corrientes. Más lejos todavía a las tierras de labranza y a las montañas…
Cuando encontró la fuente de energía de Phury, un dolor la asaltó, como si fuera lo que él sentía. Cuando se balanceó, Zsadist agarró su brazo.
Ella lo apartó.
—Lo tengo. Oh, Dios… es él.
Zsadist agarró su brazo otra vez y la obligó.
—Cincuenta yardas. No más cerca. ¿Está claro?
—Sí. Ahora me voy.
Ella salió por la puerta principal, desmaterializándose y tomó forma a aproximadamente a veinte yardas de distancia de una pequeña cabaña en los bosques.
Sintió que Zsadist la tomaba por el codo.
—Vete —silbó—. Sal de aquí.
—Pero...
—Si quieres ayudar, márchate así no me preocupare por ti. Vete.
Bella examino su cara y se desmaterializó.
Zsadist se acercó furtivamente a la cabaña de troncos, agradecía el aire frío que le ayudó a despejarse un poco más de la morfina. Cuando  se aplanó contra una pared áspera,  no envainó la daga y miró detenidamente en una de las ventanas. No había nadie, sólo algo rústico, un mobiliario de mierda y un ordenador.
El pánico se apodero de él, como una lluvia fría que corría por su sangre.
Y luego oyó el sonido… un golpe. Entonces otro.
Había una dependencia más pequeña sin ventanas aproximadamente veinticinco yardas atrás. Corrió  y escuchó  sólo una fracción de segundo. Entonces cambió su cuchillo por una Beretta y derribó la puerta.
La vista ante él era su propio pasado: un macho encadenado a una mesa, golpeado en carne viva.  Un psicópata demente estaba de pie sobre la víctima.
Phury levantó su cara destrozada, con sangre que relucía en los labios hinchados y su nariz. El lesser que lo golpeaba con las nudilleras haciéndolas girar alrededor, pareció momentáneamente aturdido.
Zsadist apuntó su arma al hijo de puta, pero el asesino tenía razón delante de Phury; el error de cálculo más leve y la bala iban a perforar a su gemelo.  Z dejó caer el cañón, apretó el gatillo, y la clavó en la pierna, rompiendo su rodilla. El bastardo gritó y cayó al suelo.
Z fue por él. Excepto que cuando agarraba al no muerto, otro disparo sonó.
El resplandor del tiro llegó al hombro de Z. sabía que le había dado uno bueno, pero no podía pensar en esto ahora.  Se concentró en la adquisición del control del arma del lesser, que era la misma cosa que el HP trataba de hacer con la Sig de Z.  Lucharon en el suelo, con cada tentativa de conseguir un apretón en el otro, a pesar de la sangre que era el engrase entre ellos. Los puñetazos fueron lanzados, las manos agarradas y las piernas azotadas. Ambos brazos se perdían en la lucha cuerpo a cuerpo.
Aproximadamente a los cuatro minutos de lucha la fuerza de Z comenzó a decaer a una velocidad alarmante. En ese momento, estaba en el suelo, el lesser en su pecho. Z empujo su cuerpo para lanzar el peso lejos de él, pero aunque su mente dio la orden,  sus miembros no obedecieron. Echó un vistazo a su hombro, este sangraba, sin duda porque aquella babosa había dado en la arteria. Y la morfina en su cuerpo no ayudaba.
En la calma del enfrentamiento, el lesser jadeaba y se estremecía, su pierna lo estaba matando.
—¿Quién… coño… eres tú?
—El primero… al que querías —disparó Z, respirando con fuerza. Mierda… tuvo que luchar  para impedir que su visión se retirara progresivamente—. Soy el primero… por quien me tomaste… tú.
—¿Cómo… haces… esto?
—Miré las cicatrices… en su estómago se curan. Hasta su marca… ha desaparecido.
El lesser se congeló.
Ahora era el momento para aprovechar la ventaja, excepto que Z estaba demasiado agotado.
—Ella está muerta —susurró el asesino.
—No.
—Su retrato.
—Esta viva. Respira. Y no vas a… nunca la encontraras otra vez.
La boca del asesino se abrió y un grito de furia salió como una ráfaga.
En medio del ruido Z se calmó. De repente la respiración le era fácil. O tal vez  acababa de pararse totalmente.  Miró como el asesino se movía, desenvainando una de las dagas negras de Z y levantándola  arriba con  ambas manos.
Zsadist rastreó sus pensamientos con cuidado porque quería saber cual seria el  último.  Pensó en Phury y quiso llorar, porque sin duda su gemelo no duraría mucho tiempo. Dios. ¿Siempre le fallaba a aquel macho, no tenía…?
Y luego pensó en Bella. Las lagrimas  vinieron a sus ojos como imágenes de ella parpadeado por su mente… tan vividas, tan borrosas… hasta que sobre el hombro del lesser, una visión de ella apareció.  Era tan verdadera, como si realmente estuviera de pie en la entrada.
—Te amo —susurró cuando su propia daga bajaba hacia su pecho.
—David —demandó su voz.
El cuerpo entero del lesser se sacudió, la trayectoria de la daga aterrizó en los entarimados al lado del brazo de Z.
—David, ven.
El lesser dio tumbos con sus pies cuando Bella le ofreció su brazo.
—Esta muerta —dijo el lesser, con voz quebrada.
—No.
—Fui a tu casa… vi. El retrato. Oh, Dios… —el lesser comenzó a gritar cuando cojeó más cerca y más cerca de ella, dejando un rastro de sangre negra—. Pensé que te había matado.
—No lo hiciste. Ven.
Z trató desesperadamente de hablar, Tenia la horrible sospecha que esta no era ninguna visión.  Comenzó a gritar, pero sólo salió un gemido. Y luego el lesser estaba en los brazos de Bella llorando abiertamente.
Z miró cuando la mano subió por la espalda del asesino.  Con una pequeña pistola, la que le había dado antes de ir a la casa.
¡Oh,… Virgen Dulce No!
Bella estaba en un estado de extraña calma cuando atrajo el arma más alto y más alto. Moviéndose despacio, siguió murmurando palabras que lo calmaron hasta que el cañón estuvo en  nivel con el cráneo de David. Ella se inclinó hacia atrás, y cuando él levantó su cabeza para encontrar sus ojos, elevó su boca hacia su oído.
—Te amo —dijo él.
Ella apretó el gatillo.
La explosión hizo girar su brazo y apartar su mano, haciéndola perder el equilibrio. Cuando el sonido se disipó oyó un ruido sordo y miró hacia  abajo. El lesser estaba a su lado, todavía oscilante. Había esperado que su cabeza volara o algo, pero había sólo un pequeño agujero alojado en su sien.
La náusea la golpeaba, pero no hizo caso, pasó por encima del cuerpo y fue hacia Zsadist.
Oh, Dios. Había sangre en todas partes.
—Bella… —Sus manos se levantaron de la tierra y su boca era lenta.
Ella lo interrumpió alcanzando la pistolera del pecho y tomando la daga restante.
—¿Tengo que enterrárselo en su esternón, verdad?
Ah, infiernos. Su voz estaba tan mal como su cuerpo. Tambaleante. Débil.
—Ejecútalo… saca… de...
—¿En el corazón, verdad? O  no estará muerto. ¡Zsadist, contéstame!.
Cuando asintió con la cabeza, se acercó al lesser y lo empujó de espalda con su pie. Sus ojos la miraban, y ella sabía que iba a verlos en sus pesadillas durante años. Agarrando el cuchillo con ambas manos,  lo elevó sobre su cabeza, y lo sumergió en el pecho. La resistencia que la lámina encontró la puso enferma al punto de vomitar, pero el sonido que reventó y el destello de luz era un fin.
Retrocedió y golpeó el suelo, pero dos alientos eran todo lo que podía ahorrar.  Fue hacia Zsadist, arrancándose su  abrigo de lana. Le colocó el jersey alrededor de su hombro, luego se quito el cinturón, lo envolvió alrededor del grueso hombro, y lo cinchó apretando para que se quedara en su lugar.
Todo el tiempo Zsadist luchó contra ella, impulsándola a irse, a dejarlos.
—Cállate —le dijo, y cortó su propia muñeca—. Bebe esto o muere, es tu  opción. Pero decide rápido, porque tengo que comprobar como está Phury y luego tengo que conseguir sacarlos de aquí.
Ella le ofreció el brazo, directamente sobre su boca. Su sangre manaba y goteaba en sus labios cerrados.
—Tu bastardo —susurró ella—. Haz cuenta que me odias…
Levantó su cabeza y empezó a tomar de su vena, su boca fría le decía lo cerca que estaba de la muerte. Él bebió despacio al principio y luego con  avaricia creciente. Pequeños sonidos salieron de él, sonidos en desacuerdo con su cuerpo grande de guerrero.  Sonaba como si maullaba, un gato hambriento en una fuente de leche.
Cuando dejó a su cabeza retroceder, sus ojos se enzarzaron con la saciedad. Su sangre se filtró en él; ella lo vio respirar por la boca abierta. Pero no había tiempo para mirar fijamente. Corrió a través del cobertizo para ver a Phury. Estaba inconsciente, encadenado a la mesa, ensangrentado como el infierno. Pero su pecho subía arriba y abajo.
Maldición. Aquellas cadenas de acero tenían las cerraduras Maestro colgando de ellas.  Iba a tener que cortarlas  con algo. Se acercó a la izquierda, a una selección horrorosa de instrumentos.
Y fue cuando vio el cuerpo en la esquina. Una hembra joven con el pelo rubio corto.
Las lágrimas manaron y fluyeron cuando comprobó para asegurarse que la muchacha estaba muerta. Cuando era obvio que estaba empezando a debilitarse, Bella golpeó sus propios ojos claros y se obligó a concentrarse.  Necesitaba la  vida  aquí; ellos eran su primera prioridad. Después… uno de los Hermanos podría volver y…
Oh… Dios…OH… Dios…oh… Dios.
Estremeciéndose, cerca de la  histeriarecogió una  sierra, la encendió, e hizo el trabajo rápido en las cadenas de Phury. Cuando no desperto después de todo el ruido chillón, se aterrorizó otra vez.
Miró Zsadist, quién estaba luchando por levantarse del suelo.
—Voy a conseguir aquel camión de la cabaña —dijo ella—. Tú te quedas aquí y conservas tu fuerza. Te necesito para ayudarme a mover a Phury. Esta  frío. Y la muchacha… —Su voz se ahogó—. Tendremos que dejar su…
Bella encontró la cabaña a través de la nieve, desesperada, esperando encontrar las llaves del camión, tratando con fuerza de no pensar lo que pasaría si no lo hacia.
Virgen Misericordiosa, estaban en un gancho en la puerta. Las agarró, corrió hacia el  F-150, arrancó la maldita cosa, y salió disparada alrededor del cobertizo. Una vuelta rápida patinando y llegó a la entrada.
Salía del lado del conductor cuando vio a Zsadist caminando como borracho entre las jambas de la puerta.  Phury estaba en sus brazos,  Zsadist no iba a durar mucho tiempo sosteniendo todo aquel peso. Ella  abrió la caja y los dos se cayeron, con todos los miembros enredados y sangrando.  Empujó los cuerpos con sus pies, luego saltó y los tiró más atrás por sus cinturones.
Cuando estaban lo bastante lejos, alzó una pierna sobre la borda del camión y saltó a la tierra. Cerró de golpe la caja, los ojos de Zsadist cerrándose la encontraron.
—Bella. —Su voz era un mero susurro, sólo un movimiento de sus labios hechos una copia de seguridad con un suspiro de tristeza—. No quiero esto para ti. Toda esta fealdad…
Ella dio la vuelta lejos de él. Un momento después pisó a fondo el acelerador.
El camino, una vereda que llevaba a la cabaña era su única opción, y rezó para no encontrar a nadie por el camino. Cuando salió a la Ruta 22, rezó dando gracias a la Virgen Escriba y se dirigió hacia Havers por una carretera muerta.
Inclinando el retrovisor, examinó la caja del camión. Debían estarse congelando allá atrás, pero no se atrevió a reducir la velocidad.
Tal vez el frío detendría la pérdida de sangre de ambos.
Oh… Dios.
Phury era consciente del viento helado que soplaba sobre su piel desnuda y a través de su calva cabeza.  Gimió y se enroscó. Dios, estaba frío. ¿Tenia que pasar por esto para desvanecerse? Entonces agradecía a la Virgen que sólo pasara una vez.
Algo se movió contra él.  Brazos… había brazos sobre él, brazos que lo acogieron cerca de una especie de calor.  El temblor cedió hasta que quienquiera que fuera lo sostuvo suavemente.
¿Qué era ese ruido? Cerca de su oído… un sonido además del viento rugiente.
Una canción. Alguien le cantaba.
Phury sonrió un poco. Perfecto. Los ángeles que lo tomaban al Desvanecerse realmente tenían voces hermosas.
Pensó en Zsadist y comparó la melodía encantadora que ahora oía con estos que él había escuchado en vida.
Sí, Zsadist había tenido una voz como un ángel, verdaderamente. Realmente cierto.




Cuando Zsadist despertó, su primer instinto fue sentarse. Mala idea de mierda. Su hombro soltó un grito y lo paralizó con un tirón de dolor tan intenso, que se desmayó otra vez.
Round dos.
Esta vez cuando se despertó al menos recordó que no hacer, giró su cabeza despacio en vez de tratar de hacerlo bruscamente. ¿Dónde infiernos estaba? El lugar parecía la mitad del camino entre un dormitorio de invitados y un hospital. Estaba en la clínica de Havers.
Y alguien estaba sentado en las sombras a través del cuarto desconocido.
—¿Bella? —graznó.
—Perdón. —Butch, ansioso, avanzó a la luz—. Soy yo.
—¿Dónde está ella? —El hombre, estaba ronco—. ¿Está bien?
—Ella está bien.
—¿Dónde… dónde está ella?
—Ella está… ah, ella salió a la ciudad, Z. Realmente pienso que ella ya se ha ido.
Zsadist cerró sus ojos. Considerando brevemente los méritos de desmayarse otra vez.
Sin embargo, él no podía culparla por escaparse. Cristo, la situación en la que había estado expuesta. La mínima parte fue haber matado al lesser. Era mejor que se fuera lejos de Caldwell.
Aunque le doliera por todas partes su pérdida.
Se limpió la garganta.
—¿Phury?  Él está…
—En el cuarto de al lado. Hecho un desastre, pero bien. Los dos han debido estar fuera del juego durante un par de días.
—¿Tohr?
—Nadie tiene idea de donde esta. Es como si se hubiera desvanecido. —El policía exhaló—. John ha tenido que quedarse en la casa grande, pero no podemos sacarlo del centro de instrucción, ha estado durmiendo en la oficina de Tohr. ¿Quieres alguna otra actualización? —Cuando Z sacudió su cabeza, El policía se puso a sus pies—- Te dejaré en paz ahora. Sólo asumí que te sentirías mejor al conocer como estaban las cosas.
—Gracias…Butch. 
Los ojos del policía llamearon con el sonido de su nombre, haciendo comprender a Z que nunca antes lo había usado con él.
—Seguro —dijo el humano—. No hay problema.
Cuando la puerta se cerró, Zsadist se sentó. Mientras giraba su cabeza dio un tirón a los monitores de su pecho y su dedo índice. Las alarmas comenzaron a sonar, y las hizo callar volcando el soporte de la maquinaria que estaba al lado de la cama. Con el enredo de los monitores estos se desenchufaron, cayendo al suelo, para después enmudecer.
Con una mueca, tiró del catéter y miro las transfusiones intravenosas que entraban en su antebrazo. Estuvo a punto de rasgarse la vena, pero entonces calculó fríamente el movimiento. Dios sólo sabía lo que entraba en él. Tal vez lo necesitaba.
Se levantó y su cuerpo pareció decaer, se sentía como un saco de patatas. El poste de las IV hizo un buen paseo golpeando el vestíbulo a su paso. Cuando comenzó a moverse al cuarto de al lado, las enfermeras llegaron corriendo de todas direcciones. Se encogió y abrió la primera puerta que encontró.
Phury estaba en la enorme cama con tantas vías enchufadas que parecía un panel telefónico.
La cabeza del hombre dio vuelta.
—¿Z…qué haces?
—Probando al personal médico. —Cerró la puerta y camino por el cuarto, dirigiéndose hacia la cama.    —Maldición son realmente rápidos.
—No deberías estar…
—Cállate y muévete.
Phury parecía asustado como el infierno, se movió al lado opuesto cuando Z situó su cuerpo agotado en el colchón. Cuando se sentó contra las almohadas, los dos soltaron un suspiro idéntico.
Z frotó sus ojos.
—Eres feo sin todo el pelo, lo sabes.
—¿Esto significa que vas a cultivar algunos?
—Naha Mis días de Reina de la Belleza terminaron.
Phury se rió entre dientes. Entonces hubo un largo silencio.
En esta tranquilidad, Zsadist siguió imaginando lo que había sido ver al lesser, el cobertizo y a Phury atado con correas a aquella mesa, sin pelo, su cara golpeada hecha mierda. Haber atestiguado el dolor de su gemelo había sido… una agonía.
Z limpió su garganta.
—Yo no debería haberte usado como lo hice.
La cama se meneó como si Phury hubiera sacudido su cabeza alrededor.
—¿Qué?
—Cuando necesitaba daño… Yo no debería haberte hecho golpearme.
No hubo ninguna respuesta, y Z giró la vista, viendo cuando Phury cubrió sus ojos con las manos.
—Fui cruel —dijo Z en el tenso débil aire que había entre ellos.
—Lamenté hacerte eso.
—Si, yo lo sabía cuando te hice golpearme hasta sangrar. Que yo me alimentara de tu miseria era la parte más cruda. Nunca voy a volver a pedírtelo.
El pecho desnudo de Phury se elevó y se cayó.
—Prefiero ser yo que alguien más. Cuando lo necesites, me avisas. Lo haré.
—Cristo, Phury…
—¿Qué? Es el único modo en que me dejas cuidarte. La única forma en la que me dejas tocarte.
Ahora fue Z el que se cubrió sus vidriosos ojos con el antebrazo. Tuvo que toser algunas veces antes de hablar.
—Mira, nada de volver a salvarme, hermano. ¿Bien? Esto se terminó ahora. Se acabó. Es tiempo de que me dejes.
No hubo ninguna respuesta. Entonces Z echó un vistazo, y vio como las lágrimas se deslizaban por la mejilla de Phury.
—Ah… joder —refunfuñó Z.
—Sí. Más o menos. —Otra lágrima rodó del ojo de Phury—. Dios… maldición. Se están escapando.
—Bien, anímate.
Phury restregó su cara con las palmas.
—¿Por qué?
—Porque creo que voy a tratar de abrazarte.
Las manos de Phury cayeron y lo miró con una absurda expresión.
Lanzando un juramento, Z empujó a su gemelo.
—Levanta la cabeza, condenado. —Phury estiró el cuello. Z deslizó su brazo por debajo. Los dos se congelaron en la poco natural posición—. Sabes, este infierno era mucho más fácil cuando estabas frío en aquel camión.
—¿Eras tú?
—¿Piensas que era Santa Claus o alguna mierda?
Los colores de Z se elevaron por todas partes. Dios… Él realmente estaba expuesto aquí. ¿Qué demonios hacía?
—Pensé que eras un ángel —dijo Phury suavemente cuando puso su cabeza atrás en el brazo de Z.   —Cuando me cantaste, pensé que me enviabas sin peligro al Fade.
—No soy ningún ángel. —Subió y deslizó su mano sobre la mejilla de Phury, limpiando la humedad. Entonces cerró los párpados del hombre con las yemas de los dedos.
—Estoy cansado —murmuró Phury—. Tan… cansado.
Z contempló la cara de su gemelo, como si fuera la primera vez. Las contusiones se curaban ya, la hinchazón bajaba, el corte dentado que se había hecho se desvanecía. Lo que se revelaban eran líneas de agotamiento y tensión, con no mucha mejoría.
—Has estado cansado durante siglos, Phury. Es tiempo de dejarme ir.
—No creas que puedo.
Zsadist inhaló profundamente.
—La noche que me alejaron de la familia… No, no, mírame. Estás demasiado… cerca. No puedo respirar cuándo haces… Cristo, sólo cierra tus ojos, ¿bien? —Z tosió, lo único que podía decir por su apretada garganta eran unos pequeños sonidos—. Esa noche, no fue tu culpa que no te atraparan. Y no puedes compensar el hecho de que tuviste suerte y yo no. Quiero que dejes de cuidarme.
El aliento de Phury se estremeció.
—¿Tu… tienes alguna idea de lo qué sentí al verte en aquella celda, desnudo y encadenado y… saber lo qué por mucho tiempo aquella hembra te había hecho?
—Phury…
—Lo sé todo, Z. Sé todo lo que te pasó. Oí sobre ello a hombres que… habían estado allí. Antes de que yo supiera que eras tú del que ellos hablaban, oí las historias.
Zsadist tragó, él se sintió enfermo.
—Yo siempre esperé que tú no supieras. Rezaba por eso.
—Entonces tienes que entender por qué puedo morir por ti cualquier día. Tu dolor es el mío.
—No, no lo es. Júrame que pararas esto.
—No puedo.
Z cerró los ojos. Cuando estaban juntos, quería pedirle perdón por todas las cosas de mierda que había hecho después de que Phury lo había conseguido liberar… y quería gritarle a su gemelo por ser un maldito héroe. Pero sobre todo quería devolverle a Phury todos aquellos años gastados. El hombre merecía más de lo que había tenido en la vida.
—Bien, entonces no me dejas ninguna alternativa.
La cabeza de Phury se sacudió del brazo de Z.
—Si te matas…
—Adivino que no debería dejarme apuñalar para no causarte más ansiedad.
Z sintió que el cuerpo entero de Phury temblaba.
—Ah… Jesús.
—Sin embargo, no sabes como funcionan. Mis instintos…han sido afilados por la cólera, entiendes. Probablemente siempre voy a ser explosivo.
—Oh, Jesús…
—Pero sabes, tal vez yo podría trabajar en eso. O algo. Joder, no sé. Probablemente no pueda.
—Oh… Jesús. Te ayudaré. En cualquier camino que tomes.
Z sacudió la cabeza.
—No. No quiero tu ayuda. Tengo que hacerlo solo.
Estuvieron tranquilos durante un tiempo.
—Mi brazo se durmió —dijo Z. Phury levantó su cabeza y Zsadist echo el miembro hacia atrás, pero no lo alejó.


Antes de que Bella se marchara, fue al cuarto que le habían dado a Zsadist. Había estado retrasando su partida durante días, diciéndose que no era porque ella lo esperara venir. Lo que era una mentira.
La puerta estaba ligeramente abierta, entonces llamó. Se preguntaba lo que él diría cuando la viera. Probablemente nada.
—Entre —dijo una hembra.
Bella entró al cuarto. La cama estaba vacía, un poste astillado para supervisar equipo estaba de lado como si estuviera muerto. Una enfermera recogía pedazos del suelo y los ponía en un cubo de basura. Claramente Zsadist estuvo alrededor.
La enfermera sonrió.
—¿Lo busca? Está al lado con su hermano.
—Gracias.
Bella fue al cuarto siguiente y llamó silenciosamente. Cuando no hubo respuesta, entró.
Los dos estaban espalda contra espalda, tan fuertemente cerca el uno contra el otro que parecía que sus espinas estuvieran fundidas. Sus brazos y piernas estaban enroscados en posiciones idénticas, sus barbillas metidas en sus pechos. Ella les imaginó en la matriz de su madre, descansando juntos, inocentes de todos los horrores que les esperaban en el exterior.
Raro pensó, su sangre estaba en ambos. Era su única herencia al par, la única cosa que ella les dejaba.
De repente los ojos de Zsadist se abrieron. El brillo amarillo-oro fue tan sorpresivo, que brincó.
—Bella… —Extendió la mano hacia ella—. Bella.
Ella dio un paso atrás.
—Vine para decir adiós.
Cuando él dejó caer su mano, ella tuvo que mirar hacia otra parte.
—¿Dónde vas? —preguntó—. ¿A algún sitio seguro?
—Sí. —Ella agachó la cabeza, a Charleston en Carolina del Sur, con unos parientes quiénes están felices de tenerme—. Esto va a ser un nuevo principio para mí. Una nueva vida.
—Bueno. Está bien.
Ella cerró sus ojos. Sólo una vez… sólo una vez le habría gustado oír un poco de pena en su voz mientras ella se marchaba. Ya que, este era su último adiós, al menos no tendría que sufrir mas decepciones.
—Eres tan valiente —dijo él—. Te debo mi vida. La de él, también. Eres así… valiente.
Al infierno, ella no era valiente. Estuvo a punto de derrumbarse completamente.
—Espero que tu y Phury se curen rápido. Sí, lo espero…
Hubo un largo silencio. Entonces ella lanzó una última mirada a la cara de Zsadist. Sabía entonces que, aun si ella se apareara alguna otra vez, ningún macho podría tomar su lugar.
Y tan romántico como sonaba, en realidad la idea apestaba. Seguramente supuso que ella triunfaría sobre la pérdida y todo eso. Pero lo amaba y no iba a terminar con él, todo lo que ella quería hacer era meterse en una cama en algún sitio, apagar las luces, sólo estar ahí. Solo, como, un siglo.
—Necesito saber algo —dijo ella—, me dijiste que un día yo me despertaría y lamentaría estar contigo. Bien, lo hago. Pero no debido a lo que podría decir el glymera. —Ella cruzó sus brazos sobre su pecho—. Habiendo sido criticada por la alta sociedad una vez, ya no tengo miedo de la aristocracia, y habría estado… orgullosa de estar de pie a tu lado. Pero sí, siento haber estado contigo.
Porque dejarlo era un golpe aplastante. Peor que todo lo que ella había pasado con el lesser.
Considerando todas las cosas, habría sido mejor no saber lo que se perdía.
Sin otra palabra dio vuelta y dejó el cuarto.


Cuando el amanecer se asomaba en el paisaje, Butch fue al Pit, se quitó su abrigo, y se sentó en el sofá de cuero. El Sport Center estaba en silencio. Late Registration de Kanye West estaba en el sonido ambiental.
V apareció en la puerta de la cocina, claramente después de una noche de enfrentamientos: Él estaba sin camisa, todavía con sus pantalones de cuero y botas militares.
—¿Cómo estas? —preguntó Butch, observando el moretón que aparecía en el hombro de su compañero de habitación.
—No mejor que tu. Pareces golpeado, policía.
—Cierto. —Él dejó caer su cabeza. Vigilar a Z parecía ser lo correcto mientras los otros Hermanos hacían su trabajo. Pero él estaba agotado, aunque todo lo que había hecho era estar sentado en una silla durante tres días.
— Aquí tengo algo para reanimarte.
Butch sacudió su cabeza cuando una copa apareció delante de su cara.
—Sabes que no bebo vino tinto.
—Inténtalo.
—Nah, necesito una ducha y luego algo un poco más fuerte que esto. —Butch colocó sus manos en sus rodillas y comenzó a levantarse.
Vishous se atravesó en su camino.
—Necesitas esto. Confía en mí.
Butch se quedó sentado y tomó la copa de cristal. Olió el vino. Bebió unos tragos—. No esta mal. Un poco grueso, pero no esta mal. ¿Es un Merlot?
—No realmente.
Él inclinó su cabeza hacia atrás y lo tragó. El vino era fuerte, quemaba en el camino a su estómago, haciéndolo sentir un poco mareado. Lo que le hizo preguntarse cuando había comido por última vez.
Cuando sorbió hasta la última gota, frunció el ceño. Vishous lo miraba estrechamente.
—¿V? ¿Algo esta mal? —Él puso la copa de cristal sobre la mesa y levanto una ceja.
—No… no, todo esta bien. Ahora todo va a estar bien.
El pensamiento de Butch cayó sobre los problemas de su compañero de habitación.
—Oye, pensé en preguntarte sobre tus visiones. ¿Todavía no regresan?
—En realidad, tuve una hace aproximadamente unos diez minutos. Tal vez están de vuelta.
—Está bien. No me gustaría verte todo confuso.
—Está bien, poli. ¿Tú comprendes? —Vishous sonrió y pasó una mano por su pelo. Cuando su brazo cayó, la vista de Butch fue a la muñeca del Hermano. Por dentro de ella había un corte rojo fresco. Como, si lo hubieran hecho hace unos minutos.
Butch miró la copa. Una horrible sospecha llevó sus ojos de la bebida a su compañero de habitación.
—Jesús… Cristo. ¿V, qué…qué hiciste? —Se paró justo cuando el primer espasmo alcanzó su estómago—. Oh, Dios…Vishous.
Corrió a los servicios para vomitar, pero no llegó lejos. Tan pronto como él entró a su cuarto V lo abordó, recostándolo en la cama. Cuando comenzó a tener náuseas, Vishous lo tiró de espaldas y con su mano hizo subir la barbilla de Butch manteniéndole la boca cerrada.
—No luches —dijo V—. Contenlo. Tienes que contenerlo.
La tripa de Butch era un campo de batalla, se ahogaba en la mierda que se alzaba por su garganta. Pánico, repulsión, incapaz de respirar, empujó contra el cuerpo pesado que se sentaba a horcajadas sobre él y logró golpear a Vishous alejándolo. Pero antes de que pudiera escaparse, V lo agarró y forzó su mandíbula cerrándola otra vez.
—Guarda… esto… traga… —V gimió cuando ellos rodaron en la cama.
Butch sintió que una pierna gruesa atrapaba sus muslos. El movimiento de lucha lo canso. No podía moverse. De todos modos luchaba.
Los espasmos y la náusea se intensificaron hasta que pensó que sus ojos iban a reventar. Entonces hubo una explosión en su intestino, y las chispas comenzaron a fluir por todas partes de su cuerpo… chispas que se encendieron con un hormigueo… ahora un zumbido. Paró la lucha cuando las sensaciones ya eran parte de él.
El agarre de V se atenuó y quitó su mano, aunque mantenía un brazo alrededor del pecho de Butch. 
   —Está bien… Sólo respira. Despacio.
El zumbido se elevaba ahora, convirtiéndose en algo como el sexo, pero no realmente… No, definitivamente no era nada erótico, pero su cuerpo no sabía la diferencia. Se endureció, la erección empujaba contra sus pantalones, su cuerpo de repente rabiaba por el calor. Se arqueó, con un gemido que salía de su boca.
—Así es —dijo V en su oído—. No luches. Déjate llevar.
Las caderas de Butch giraron por propio acuerdo, y gimió otra vez. Estaba caliente como el centro del sol, su piel hipersensible, su visión débil… y luego el rugido dentro de él corría hasta su corazón. De un salto todas sus venas se encendieron como si tuvieran gasolina en ellas, su interior se convirtió en una red de fuego, poniéndose más y más caliente. El sudor lo vació cuando su cuerpo giró y se sacudió, y él volvió su cabeza contra el hombro de Vishous. Salieron graznidos de su boca.
—Yo… voy… a morir.
La voz de V estaba con él, viéndolo.
—Vas a sobrevivir, amigo. Sigue respirando. Esto no va a durar mucho tiempo.
Sólo cuando Butch pensó que no podría manejar más este infierno, un orgasmo de dieciocho-wheelers lo alcanzó. Cuando la cumbre de su pene salió volando, Vishous lo sostuvo por las convulsiones, hablando en la Vieja Lengua. Y luego había terminado. La tormenta pasó.
Jadeando, débil, Butch se estremeció, mientras, V lo cubría con una manta.
—Por qué… —Butch dijo como borracho—. ¿Por qué, V?
La cara de Vishous apareció delante. Los ojos de diamante del Hermano brillaron…hasta que, de repente, el izquierdo era todo negro, la pupila que se ampliaba hasta el iris y la parte blanca se hicieron un agujero infinito.
—El por qué… no lo sé. Pero vi que debías beber de mí. Era esto o morías. —V extendió la mano y alisó el pelo de Butch—. Duerme. Ya que sobreviviste, te sentirás mejor para el anochecer.
—¿Esto podría… matarme? —Bien, mierda, sí. Había asumido que iba a morir.
—Yo no te lo habría dado si yo no hubiera estado seguro que estarías bien. Ahora cierra los ojos. ¿Déjate ir, correcto? —Vishous se dirigió a la puerta, pero se detuvo en la entrada.
Cuando el Hermano miró hacia atrás, Butch sintió una rara sensación… una obligación que fluía entre ellos, algo más tangible que el aire entre sus cuerpos. Forjado en el calor de lo que acababa de pasar, profundamente como la sangre en sus venas… una unión, una conexión milagrosa.
Mi hermano, pensó Butch.
—No voy a dejar que algo te pase, policía.
Y Butch sabía que era absolutamente cierto, aunque realmente no apreciara ser atacado en sus puntos flacos. Si hubiera sabido lo que había en esa copa de cristal, nunca habría tragado la mierda, por ningún motivo.
—¿Qué me hace esto? —preguntó suavemente.
—Nada que no fueras antes. Todavía eres sólo un humano.
Butch suspiró con alivio.
—Escucha, amigo, hazme un favor. Adviérteme antes de que me hagas un truco así. Prefiero elegir. — Entonces sonrió un poco—. Y todavía no pasamos de moda.
V se rió en un estallido corto.
—Duerme novato. Puedes darme una patada en mi trasero más tarde.
—Lo haré.
Cuando el Hermano de amplio trasero desapareció bajo su saludo. Butch cerró los ojos.
Todavía sólo… humano. Sólo… un… humano.
El sueño lo reclamó como un premio.






La tarde siguiente Zsadist se colocó un par de pantalones de cuero. Estaba tieso, pero se sentía increíblemente fuerte, sabia que era la sangre de Bella que todavía lo alimentaba, dándole poder, convirtiéndolo en un hombre sano.
Limpió su garganta cuando abrochó el botón, tratando de no llorar por ella como un marica.
—Gracias por traérmelos, policía.
Butch saludó con la cabeza.
—No hay problema. ¿Estas tratando de ir a casa? Porque puedo llevarte en la Escalade.
Z dio un tirón sobre su cabeza, a su cuello de cisne negro; empujando sus pies dentro de las botas, se paró.
—¿Z? ¿Z, tío?
Revisó al policía. Parpadeó algunas veces.
—¿Lo siento, qué?
—¿Quieres irte conmigo?
Z enfocó la mirada en Butch por primera vez aunque el macho había entrado en el cuarto hacía diez minutos. Estuvo a punto de contestar la pregunta del humano cuando sus instintos se encendieron. Golpearon su cabeza, olió un poco. Contemplo al hombre. Que joder…?
—Policía, ¿dónde has estado desde la última vez que te vi?
—En ninguna parte.
—Hueles diferente.
Butch se sonrojó.
—Nueva loción para después de afeitar.
—No. No, eso no es…
—¿Entonces quieres irte de paseo conmigo? —Los ojos avellana de Butch se endurecieron, no le iba a dar una sola pulgada de ventaja sobre la cuestión.
Z se encogió de hombros.
—Bien, sí. Y ve por Phury. Ambos iremos contigo.
Quince minutos más tarde partían de la clínica. En el camino a la casa grande Z estaba sentado atrás en el Escalade y contemplaba el paisaje de invierno. Nevaba otra vez, los copos rayaban horizontalmente cuando la SUV se apresuró por la Ruta 22. Podía oír, en los asientos delanteros, a Phury y la conversación en tonos bajos de Butch, pero parecían lejanos, muy lejanos. Realmente, todo el camino se sintió… desenfocado, fuera de contexto…
—Hogar dulce hogar, señores —dijo Butch cuando entraron al patio del complejo.
Jesús. ¿Ya habían llegado?
Los tres se dirigieron a la mansión, la nieve fresca chillaba bajo sus botas. Tan pronto como estuvieron en el vestíbulo las hembras de la casa corrieron hacia ellos. O mejor dicho, hacia Phury. Mary y Beth lanzaron sus brazos alrededor del Hermano, sus voces fueron un encantador coro de bienvenida.
Cuando Phury envolvió a las hembras en sus brazos, Z retrocedió a las sombras. Miró discretamente, preguntándose que sentiría al estar en aquel nudo de miembros, deseando que también hubiera una bienvenida a casa para él.
Hubo una pausa incómoda, tanto Mary como Beth lanzaron un vistazo sobre el brazo de Phury. Las hembras rápidamente miraron hacia lo lejos, evitando sus ojos.
—Bien, Wrath está arriba —dijo Beth—, esperándolos con los Hermanos.
—¿Alguna palabra sobre Tohr? —preguntó Phury.
—No, y esto está matándolos. A John, también.
—Iré ver al niño más tarde.
Mary y Beth dieron a Phury un apretón final, entonces él y Butch se dirigieron hacia la escalera. Z los siguió.
—¿Zsadist? —
Hecho un vistazo sobre su hombro hacia la voz de Beth. Ella estaba tensa de pie con los brazos sobre su pecho, y Mary a su lado, de forma similar.
—Nos alegramos que hayas vuelto —dijo la reina.
Z frunció el ceño, sabiendo que no podía ser cierto. No se imaginó que les gustara tenerlo alrededor.
Mary habló.
—Encendí una vela por ti. Recé para que vinieras a casa sin peligro.
¿Una vela… encendida para él? ¿Sólo para él? Cuando la sangre golpeó su cara, se sintió patético al darse cuenta lo que significaba para él tanta bondad.
—Gracias. —Él se inclino ante ellas y luego se precipitó hacia arriba, seguro que tenia el color de un rubí. Dios…Tal vez mejoraría en la cosa de las relaciones. Algún día.
Excepto que cuando entró al estudio de Wrath y sintió los ojos de sus Hermanos por todas partes, pensó, Tal vez no. Él no podía soportar el escrutinio; era demasiado cuando era tan crudo. Cuando sus manos comenzaron a temblar, las empujó en sus bolsillos y fue a su esquina habitual, lejos de los demás.
—No quiero que nadie salga esta noche y luche—anunció Wrath—. Ahora mismo tenemos demasiado en nuestras cabezas para ser eficaces. Y quiero que estén en la casa a las cuatro de la mañana. Tan pronto como el sol se eleve estaremos todo el día de luto por Wellsie, quiero que se alimenten antes de que empecemos eso. En cuanto a la ceremonia para Desvanecerse, no podremos realizarla sin Tohr, entonces la pospondremos.
—No puedo creer que nadie sepa donde ha ido —dijo Phury.
Vishous hizo girar su mano.
—Voy a su casa cada noche, y todavía no hay ninguna señal de él. Su doggen no lo ha visto o ha tenido noticias de él. Dejó sus dagas. Sus armas. Su ropa. Los coches. Podría estar en cualquier parte.
—¿Y el adiestramiento? —Preguntó Phury—. ¿Lo mantenemos?
Wrath sacudió su cabeza.
—Me gustaría, pero maldición, estamos faltos de personal, y no quiero abusar. Sobre todo porque necesitas tiempo para recuperarte.
—Puedo ayudar —interpuso Z.
Todas las cabezas voltearon en su dirección. La incredulidad en sus caras habría sido motivo de burla si no los hubiera afectado tanto como lo hizo.
Él limpió su garganta.
—Quiero decir, Phury sería responsable, y tendría que dar la mierda de clase porque no puedo leer. Pero soy bueno con un cuchillo, saben. Puños, también. Armas. Explosivos. Yo podría ayudar con la formación física y la parte de las armas. —Cuando no hubo ninguna respuesta, miró hacia abajo—. Sí, o tal vez no. Este bien. Lo que sea.
El silencio que siguió le pico como el infierno. Moviendo sus piernas de un lado a otro. Observando la puerta.
Jódanme, pensó. Debería haber mantenido la boca cerrada.
—Pienso que sería grandioso —dijo Wrath despacio—. ¿Pero estás seguro que podrás?
Z se encogió de hombros.
—Podría intentarlo.
Otra vez una calma incómoda.
—Bien… así sea. Y gracias por contribuir.
—Seguro. No hay ningún problema.
Cuando media hora mas tarde terminaron, Z fue el primero en abandonar el estudio, no quiso hablar con sus Hermanos sobre lo que había ofrecido hacer o como se sentía. Sabía que ellos sentían curiosidad, probablemente buscaban signos de lo que lo había redimido o alguna mierda.
Volvió a su cuarto para armarse. Tenía por delante una tarea difícil, una tarea larga, difícil, y quería terminarla pronto.
Excepto que cuando fue al gabinete de armas dentro del armario, sus ojos se volvieron al traje de satén negro que Bella tan a menudo había llevado puesto. Hacía días, él lo había lanzado en la basura del cuarto de baño, pero obviamente Fritz lo había recogido y lo había colgado. Z avanzó y tocó el vestido, luego lo tomó del gancho, lo cubrió con su brazo, y acarició la tela lisa. Lo atrajo a su nariz y respiró profundamente, sintiendo tanto su aroma como el olor del lazo que compartían.
Estuvo a punto de tirarlo cuando vio que algo caía al suelo junto a sus pies. Se inclino, era el pequeño collar de Bella, lo había dejado.
Toco la frágil cadena por un rato, sólo mirando los diamantes centellear; entonces se lo puso y retiro sus armas. Cuando retrocedió al dormitorio pensando en dejarlo, sus ojos se posaron en el cráneo de La Mistress que estaba al lado de la cama.
Cruzando el cuarto, se arrodilló frente al rostro y miró fijamente en las cuencas de los ojos.
Un momento después fue al cuarto de baño, agarró una toalla, y se dirigió hacia el cráneo. Cubriéndolo con la toalla, lo recogió y se movió rápido, corriendo ligeramente bajó al pasillo de estatuas. Tomó la magnífica escalera a la primera planta, que conectaba directamente al comedor y a la despensa del mayordomo, luego cruzó la cocina.
La escalera del sótano estaba en la parte de atrás, no encendió la luz cuando la bajo. Cuando descendió, el sonido rugiente del horno de carbón pasado de moda de la mansión se hizo más fuerte.
Al acercarse a la gran bestia de hierro sintió su calor, como si estuviera viva y febril. Se inclinó y miró la pequeña ventana de cristal. Las llamas naranja lamían y roían el carbón que le habían dado, siempre hambriento de más alimento, tiró del pestillo, abrió la puerta sintiendo una ráfaga de calor en la cara. Sin vacilar sacudió el cráneo junto con la toalla.
No esperó, ni lo miró quemarse; girando, subió las escaleras.
Cuando llegó al vestíbulo hizo una pausa, luego fue al primer piso. En lo alto de la escalera tomó el camino de la derecha, siguió por el pasillo y llamó a una de las puertas.
Rhage abrió la puerta, con una toalla alrededor de su cintura. Parecía sorprendido de ver quién era. 
—Hey, mi hermano.
—¿Puedo hablar con Mary un minuto?
Hollywood frunció el ceño, pero dijo sobre su hombro:
 —Mary, Z quiere verte.
Mary cerraba una bata de seda y la ataba con una faja cuando llegó a la puerta.
—Hola.
—¿Te opones si hago esto en privado? —dijo Z, echando un vistazo a Rhage.
Cuando el hermano frunció el seño, Z pensó. Sí, a los machos vinculados no les gustaba que sus hembras estuvieran a solas con alguien más. Sobre todo con él.
Frotó su cráneo.
—Estará sólo aquí en el pasillo. No tomará mucho tiempo.
Mary camino entre ellos y dio un codazo a su hellren.
—Está bien, Rhage. Ve a ver si consigues tener lista la bañera.
Los ojos de Rhage destellaron mientras su bestia reaccionaba. Hubo una pesada pausa; entonces besó a Mary profundamente en la garganta y cerro la puerta.
—¿Qué pasa? —preguntó ella. Z podía oler su miedo, pero ella lo miró a los ojos.
Siempre le había gustado, pensó
—Oí que enseñaste a niños autistas.
—Ah… sí, lo hice.
—¿Ellos eran lentos en el aprendizaje de cosas?
Ella frunció el ceño.
—Bien, sí. A veces.
—Esto te… —Él limpió su garganta—. ¿Alteró esto tus nervios? ¿Quiero decir, te sentiste frustrada?
—No. Si yo me sintiera decepcionada, seria conmigo por no encontrar el modo en que ellos tenían que aprender.
Mientras él asintió con la cabeza, tuvo que mirar lejos de sus ojos grises. Se concentró en el panel de la puerta al lado de su cabeza.
—¿Por qué preguntas, Zsadist?
Él respiró hondo y luego se lanzó en picado. Cuando termino de hablar, se arriesgó a mirarla.
Su mano estaba sobre su boca y sus ojos eran tan amables que parecían la luz del sol sobre él.
—Ah, Zsadist, sí… Sí, lo haré.


Phury sacudió su cabeza cuando él entró en el Escalade.
—Tiene que ser el ZeroSum.
El realmente tenía que ir ahí esta noche.
—Me lo imagino —dijo V cuando se deslizó detrás de la rueda, Butch saltó atrás.
Los tres iban en silencio mientras realizaban el viaje a la ciudad. Sólo se oía la música que sonaba en el coche.
Tanta muerte, tanta pérdida, pensó Phury. Wellsie. Aquella hembra joven, Sarelle, cuyo cuerpo V había devuelto a sus padres.
Y la desaparición de Tohr parecida también a una muerte. Así como Bella.
La agonía de todo esto lo hizo pensar en Z. Quería creer que Zsadist estaba en camino a una especie de recuperación o algo así. Pero la idea de que el macho podría cambiar era completamente infundada. Sólo era cuestión de tiempo antes de que la necesidad del dolor volviera a su hermano y el infierno comenzaría otra vez.
Phury se frotó la cara. Esa noche se sentía como si tuviera mil años, en realidad los tenía, pero además se sentía ansioso y alterado… aunque su piel se hubiera curado, en su interior, estaba traumatizado. Sencillamente no podía funcionar bien. Necesitaba ayuda.
Veinte minutos más tarde, Vishous llegó a la parte de atrás del ZeroSum y aparcó la SUV de forma ilegal. Los gorilas los dejaron entrar enseguida, y los tres se dirigieron a la sección VIP. Phury pidió un Martini que cuando llegó se lo terminó de un sólo trago.
Ayuda. Él necesitaba ayuda. Él necesitaba ayuda… o iba a explotar.
—Perdónenme, muchachos —murmuró. Se dirigió hacia la parte de atrás, a la oficina del Reverendo. Los dos enormes moros lo saludaron con la cabeza, y uno habló por su reloj. Un segundo más tarde lo dejaron pasar.
Phury caminó en la cueva y se concentró en el Reverendo. El macho se sentaba de forma primitiva detrás de su escritorio, más hombre de negocios que motivador.
El Reverendo sonrió con satisfacción.
—¿Dónde infierno esta todo tu hermoso pelo?
Phury echó un vistazo detrás de él, asegurándose que la puerta exterior estuviera cerrada. Entonces sacó tres Benjis.
—Quiero algo de H.
Los ojos violetas del Reverendo se estrecharon.
—¿Qué dijiste?
—Heroína.
—¿Estas seguro?
No, pensó Phury.
—Sí —dijo.
El Reverendo pasó su mano de atrás para adelante por su cresta. Entonces se apoyó y presionó un botón del intercomunicador.
—Rally, quiero aquí trescientos en valor de la Reina. Asegúrese que sea de gránulo fino —dijo el Reverendo sentándose en su silla—. Levántate, no creo que deberías llevar esta clase de polvo a casa. No necesitas esta mierda.
—No es que ponga atención a tus consejos, pero me dijiste que debería ir hacia algo más fuerte.
—Me retracto de aquel comentario.
—Pensé que los symphaths no tenían conciencia.
—Soy hijo de mi madre, también. Entonces tengo un poco.
—No es usted afortunado.
La barbilla del Reverendo bajó, y por una fracción de segundo sus ojos flamearon un puro y purpúreo mal. Entonces sonrió.
—No… ustedes son los afortunados.
Rally llegó momentos después, haciendo que la transacción no tomara mucho tiempo. El paquete doblado con esmero quedo dentro del bolsillo de Phury.
Cuando se marchaba el Reverendo dijo:
 —La materia es muy pura. Muerte pura. Puedes rociarlo o derretirlo en tu porro y chutártelo. Pero un consejo. Sería más seguro para ti si lo fumas. Tendrás más control de la dosis.
—Estas familiarizado con tus productos.
— Nah, nunca uso nada de esta basura tóxica. Esto mata. Pero tengo noticias de la gente sobre que funciona. Y que te deja una etiqueta en el dedo del pie.
La realidad de lo que hacía brilló a través de la piel de Phury en una repugnantemente sensación de cosquilleo. Pero cuando regresó a la mesa con los Hermanos no podía esperar para irse a casa. Quería embrutecerse completamente. Quería el cabeceo profundo que había oído que la heroína daba. Y él sabía que había comprado bastante de la droga para tomar el infierno divino varias veces.
—¿Qué pasa contigo? —Preguntó Butch—. No puedes quedarte quieto esta noche.
—No hago nada. —Cuando puso su mano dentro de su bolsillo y sintió lo que él había comprado, comenzó a dar un golpeteo con su pie bajo la mesa.
Soy un heroinómano.
Excepto que, realmente, ya poco le importaba. La muerte estaba en todas partes alrededor de él, el hedor de la pena y fracaso que contaminaba el aire que respiraba. Necesitaba del tren loco durante algún tiempo, aun si esto significara la entrada a otra clase de enfermedad.
Por suerte, o tal vez lamentablemente, Butch y V no se quedaron mucho tiempo en el club, y estuvieron en casa un poco después de medianoche. Cuando ellos caminaban por el vestíbulo Phury sobaba sus nudillos, y un rubor que estallaba bajo su ropa. No podía esperar para estar solo.
—¿Quieren comer? —dijo Vishous bostezando.
—Claro que si —dijo Butch. Entonces echó un vistazo sobre el hombro cuando V fue para la cocina.    —. Phury, ¿vienes con nosotros para comer algo?
—Nah, hasta luego. —Cuando subió por la escalera podía sentir los ojos del macho en él.
—Phury… — llamó Butch.
Phury blasfemó y miro sobre su hombro. Un poco de su paseo maniático sangró sabiendo que los ojos del policía estaban fijos en el.
Butch sabía, pensó. De alguna manera el tipo sabía.
—Estás seguro que no quieres comer con nosotros —dijo el humano con voz leve.
Phury no supo que pensar. O tal vez sólo lo rechazo.
—Sí. Estoy seguro.
—Cuidado, amigo. Algunas cosas son difíciles de deshacer.
Phury pensó en Z. En él. Del futuro de mierda al que tenia poco interés en aferrarse.
—Crees que no lo sé —dijo, y salió.
Cuando llegó a su cuarto cerró la puerta y dejó caer su abrigo de cuero en una silla. Sacó el paquete, agarró un poco de humo rojo y un papel de arroz, y preparó un porro. No pensaba en lo que hacía. Se enviciaba sólo de pensarlo, estaba demasiado cerca.
Al menos para esta primera vez.
Él lamió el borde del papel de arroz, presionó la unión, luego se acercó a su cama y se recostó contra las almohadas. Lo tomó ligeramente, acercándolo a la llama para darle vida, y se inclinó sobre el brillo naranja, lo hizo rodar por su mano entre los labios.
El golpe a su puerta lo enojo. Butch joder.
Apagó el encendedor.
 —¿Qué?
Cuando no hubo respuesta, guardó el cigarrillo con él y caminó a través del cuarto. Abrió la puerta.
John tropezó hacia atrás.
Phury respiró hondo. Una vez más. Relájate. Él tenía que relajarse.
—¿Qué haces, hijo? —le preguntó, acariciando el porro con el dedo índice.
John tomo su almohadilla, escribió unas líneas y se las enseño.
Siento molestarle. Necesito a alguien que me ayude con mis posiciones de jiu-jitsu, y tú eres muy bueno.
—Oh… sí. Esta noche no John. Lo siento. Estoy… ocupado.
El niño sacudió la cabeza. Después de una pausa, John agitó un adiós. Y giró alejándose.
Phury cerró la puerta, la cerró con llave, y fue derecho a la cama. Él saco el cigarrillo otra vez, puso el porro entre sus labios
Justo cuando la llama golpeó la punta del cigarrillo, se congeló.
No podía respirar. No podía… comenzó a jadear. Cuando sus palmas se pusieron mojadas, el sudor estalló encima de su labio superior, bajo sus axilas y bajó hacia su pecho.
¿Qué joder estaba haciendo? ¿Qué joder hacía?
Heroinómano… heroinómano hijo de puta. Heroinómano de bajos fondos… hijo de puta. Traer heroína ¿a la casa del Rey? Encender la mierda en el complejo de La Hermandad ¿Contaminarse porque era demasiado débil de mierda para enfrentarse a sus problemas?
Infiernos que no, él no haría eso. No deshonraría a sus hermanos, a su rey, con esto. Bastante se enviciaba con el humo rojo. ¿Pero H?
Temblando de la cabeza a los pies, Phury corrió al cuarto, recogió el paquete, y se escapó al cuarto de baño. Tiró el porro y la heroína dentro del inodoro descargándolo una y otra vez.
Tropezando por el cuarto, corrió por el corredor del vestíbulo.
John estaba a la mitad del camino de la magnífica escalera cuando Phury llegó tan rápidamente a la esquina que casi se cayó. Agarró al muchacho y lo arrastró a sus brazos con tanta fuerza, que aquellos huesos frágiles debieron doblarse.
Dejando caer su cabeza en el hombro del niño, Phury se estremeció.
—Ah, Dios… gracias. Gracias, gracias…
Pequeños brazos lo rodearon. Pequeñas manos acariciaron su espalda.
Cuando Phury finalmente lo soltó, tuvo que limpiar sus ojos.
—Pienso que es una gran noche para trabajar en tus posturas. Sí. Es buena hora también para mí. Vamos.
Cuando el niño lo miró… sus ojos de repente parecieron sorprendentemente sabios. Y luego la boca de John trabajó, moviéndose despacio, formando palabras que tenían un impacto aun cuando no tuvieran sonido.
—Usted está en una prisión sin barras. Me preocupo por usted.
Phury parpadeó, atrapado en una extraña deformación del tiempo. Alguien más le había dicho aquellas mismas cosas… El verano pasado.
La puerta del vestíbulo se abrió, rompiendo el momento. Phury y John lo aceptaron sin pensar, Zsadist entró en el vestíbulo.
El hermano lucía abatido mientras echaba un vistazo hacia las escaleras.
—Oh, oye, Phury. John.
Phury frotó su cuello, tratando de volver de cualquier déj à vu de rareza que acabara de pasar junto a John.
—¿Así que, Z, de dónde vienes?
—De un pequeño viaje. Un pequeño viaje muy lejano. ¿Qué hacen?
—Vamos a ir al gimnasio para trabajar las posiciones de John.
Z cerró la puerta.
—¿Y si me uno a ustedes? O… tal vez yo debería decir. ¿Puedo unirme a ustedes?
Phury se quedó mirándolo fijamente. John pareció igualmente sorprendido, pero al menos el niño tenía la gracia de asentir con la cabeza.
Phury asintió con la cabeza.
—Sí, por supuesto, hermano. Ven con nosotros. Siempre eres… bienvenido.
Zsadist cruzó el brillante piso de mosaico.
—Gracias. Muchas gracias.
Los tres se dirigieron hacia el sótano.
Cuando caminaban al centro de entrenamiento Phury miró a John y pensó que a veces hacia falta entre dos coches sólo algo del ancho de un cabello para evitar un mortal accidente.
A veces tu vida entera podría depender de una fracción de una pulgada. O el latido de un nanosegundo. O el golpe de una puerta.
Esta clase de hechos hacia creer a un macho en lo divino. Realmente lo hacia creer.

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