lunes, 16 de mayo de 2011

AMANTE DESPIERTO/CAPITULO 7 8 9

CAPÍTULO 7



Bella tenía la vaga idea de encontrarse en un auto. Sin embargo ¿Cómo era eso posible? Debía estar alucinando.
No..., realmente sonaba como un auto, con el regular ronroneo del motor. Y se sentía como un auto, una sutil vibración que se veía interrumpida por una sacudida como si algo en el camino se hubiera metido debajo de las llantas.
Trato de abrir los ojos, se dio cuenta de que no podía, y lo intentó nuevamente. Como el esfuerzo la agotaba, se dio por vencida. Dios, estaba cansada... como si tuviera gripe. También le dolía todo, especialmente la cabeza y el estómago. Y tenía náuseas. Trató de recordar lo que había pasado, como se había liberado, si se había liberado. Pero todo lo que consiguió fue una imagen del Lesser que la amaba entrando por la puerta, cubierto de sangre negra. El resto era niebla.
Tanteando con la mano a su alrededor, encontró algo cubriendo sus hombros y tiró para acercarlo más. Cuero. Y olía a... para nada como la empalagosa dulzura de un Lesser. Era la esencia de un macho de su raza. Inspiró varias veces más por la nariz. Cuando captó el aroma del talco de bebé de los asesinos, se sintió confundida hasta que presionó la nariz contra el asiento. Si, en la tapicería. Este era el auto de un Lesser. Pero entonces ¿por qué había olor a macho vampiro en la prenda que traía puesta?  Y había otra cosa, otro olor... un oscuro almizcle con un toque imperecedero.
Bella comenzó a temblar. Recordaba muy bien ese aroma, lo recordaba de la primera vez que había ido al complejo de entrenamiento de la Hermandad, lo recordaba de un tiempo después de eso, cuando había ido a su mansión.
Zsadist. Zsadist estaba en ese auto con ella.
El corazón le latió con fuerza. Luchó para abrir los ojos, pero ambos parpados se negaron a obedecerla o tal vez ya estuvieran abiertos y era sólo que estaba muy oscuro para que pudiera ver algo.
¿Fui rescatada? preguntó. ¿Viniste por mi, Zsadist?
Pero ningún sonido salió de su boca, aunque movió los labios. Formó las palabras otra vez, forzando aire a través de su caja de resonancia. Emitió un áspero gemido, nada más.
¿Por que no funcionaban sus ojos?
Empezó a revolcarse hacia uno y otro lado y luego oyó el sonido más dulce que alguna vez hubiera llegado a sus oídos.
Te tengo, Bella la voz de Zsadist. Baja. Llena de fuerza. Estás a salvo. Fuera de allí. Y nunca volverás.
Había venido a buscarla. Había venido a buscarla...
Empezó a sollozar. Pareció que el auto disminuía la velocidad, pero entonces la dobló acelerando.
Su alivio fue tan grande, que se deslizó hacia la oscuridad.
Zsadist abrió de una patada la puerta de su habitación, haciendo saltar el mecanismo de la cerradura limpiamente. El sonido fue fuerte, y Bella se removió en sus brazos, gimiendo. Se congeló cuando empezó a girar la cabeza de un lado a otro en la curvatura de su brazo.
Eso era bueno, pensó. Eso era muy bueno.
Vamos, Bella, vuelve a mí. Despiértate pero ella no recobró la conciencia.
Fue hacia el jergón y la acostó donde él dormía. Cuando miró hacia arriba, Wrath y Phury estaban en la entrada, los dos enormes machos bloqueando la mayor parte de la luz que provenía del corredor.
Necesita ir a donde Havers —dijo Wrath. Necesita tratamiento.
Havers puede hacer lo que tenga que hacer aquí. No saldrá de esta habitación.
Z ignoró el largo silencio que siguió, totalmente hipnotizado observando como respiraba Bella. El pecho subía y bajaba a un ritmo regular, pero parecía demasiado superficial.
La mirada de Phury era una que el conocía bien.
Zsadist....
Olvídalo. La verá aquí. Y nadie va a tocarla sin mi permiso o sin que yo esté presente. Cuando miró hacia arriba a sus hermanos, Wrath y Phury parecían totalmente confundidosPor el amor de Cristo, ¿quieren que lo diga en el Idioma Antiguo por si acaso ambos olvidaron como hablar español? No va a ninguna parte.
Con una maldición, Wrath abrió su móvil y habló rápida y firmemente.
Cuando lo cerró, dijo:
Fritz ya está en la ciudad, y va a recoger al doctor. Llegarán aquí en veinte minutos.
Z asintió y miró los párpados de Bella. Deseó poder ser el que se hiciera cargo de lo que le hubieran hecho ellos. Deseaba que ella se sintiera aliviada ahora. Oh, Dios... como debió haber sufrido.
Se dio cuenta de que Phury se había acercado, y no le gustó que su hermano se arrodillara.
Los instintos de Z eran hacer una barricada delante del cuerpo de Bella con el suyo propio, evitando que su mellizo, Wrath, el doctor, o cualquier macho pudiera verla. No entendía ese impulso, no sabía el origen, pero era tan fuerte que casi se lanza al cuello de Phury.
Y entonces su mellizo estiró la mano como para tocarle el tobillo. Los labios de Z se retiraron para desnudar los colmillos, saliéndole un gruñido de la garganta.
La cabeza de Phury se alzó rápidamente.
¿Por qué estás actuando así?
Ella es mía, pensó Z.
Pero en el instante que le llegó esa convicción, se apartó. ¿Que demonios estaba haciendo?
Está herida murmuró. Sólo no te metas con ella, ¿okay?
Havers llegó quince minutos después. El alto y delgado médico llevaba un maletín de cuero en la mano y se veía preparado para realizar su trabajo. Pero cuando se adelantó, Z se abalanzó hacia él, interceptando al macho y poniéndolo contra la pared. Los pálidos ojos de Havers se le salieron de las órbitas detrás de sus lentes de carey, y dejó caer su maletín al piso.
Wrath maldijo.
Jesús....
Z ignoró las manos que trataban de apartarlo y clavó la mirada en el médico.
La tratarás mejor de lo que harías con alguien de tu propia sangre. Si ella sufre una sola sacudida innecesaria, me cobraré en tu pellejo multiplicado por cien veces lo que haya sufrido.
El delgado cuerpo de Havers temblaba, la boca se movía sin emitir sonido.
 Phury le dio un fuerte tirón sin lograr apartarlo.
Z, tómatelo con calma...
Quédate fuera de esto dijo bruscamente. ¿Estamos de acuerdo doctor?
Si... si, señor cuando Z lo soltó, Havers tosió y se arregló la corbata. Luego frunció el ceño. ¿Señor...? Está sangrando. Su pierna...
No te preocupes por mí. Preocúpate por ella. Ahora.
El macho asintió, manoseando el maletín, se acercó al jergón. Cuando se agachó sobre las rodillas al lado de Bella, Z deseo que las luces se encendieran en la habitación.
La áspera inhalación de Havers fue lo más próximo a una maldición que un macho educado como él pudiera proferir. Murmuró en voz baja en el Idioma Antiguo:
Hacerle esto a una hembra... Por la misericordia de Fade.
Sácale los puntos demandó Z, asomándose por sobre el médico.
Primero tengo que examinarla. Debo comprobar si tiene heridas más graves.
Havers abrió el maletín y saco un estetoscopio, un aparato para medir la presión y un lápiz linterna. Le controló el pulso y la respiración, miró dentro de los oídos y la nariz y le tomó la presión. Cuando le abrió la boca ella se encogió un poco, pero luego cuando le levantó la cabeza empezó a luchar en serio.
Justo cuando Zsadist se abalanzaba hacia el médico, el pesado brazo de Phury se cerró sobre el pecho de Z y lo tiró hacia atrás.
No la está lastimando y lo sabes.
Z luchó contra el agarre, odiando la sensación del cuerpo de Phury contra el suyo. Pero su mellizo no aflojó, sabía que era lo mejor. Estaba actuando impulsivamente, y derribar al doctor hubiera sido una jugada estúpida. Demonios, probablemente no debería estar armado en ese momento.
Obviamente Phury había seguido una línea de pensamiento similar en ese instante. Le sacó las dagas que Z llevaba en el pecho y se las entregó a Wrath. También le quitó las pistolas.
Havers miró hacia arriba y pareció aliviado de que las armas se hubieran ido.
Yo... Ah, voy a darle una medicación suave para el dolor. La respiración y el pulso son lo suficientemente fuertes así que podrá soportarlo bien, y hará que el resto del examen y lo que sigue sea más fácil de tolerar para ella. ¿Okay?
No fue hasta que Z asintió que el médico le administró un inyectable. Cuando la tensión en el cuerpo de Bella disminuyó, el doctor sacó un par de tijeras y se dirigió hacia la parte de abajo del ensangrentado camisón que la cubría.
Mientras levantaba el dobladillo, Z sintió una rabia roja.
 ¡Detente!
El Doctor se protegió la cabeza con los brazos esperando que lo golpeara, pero todo lo que Z hizo fue enfrentar la mirada de Phury y luego la de Wrath.
Ninguno de ustedes dos va a verla desnuda. Cierren los ojos o dense la vuelta.
Ambos lo miraron por un momento. Luego Wrath le dio la espada y Phury bajó los párpados, aunque mantuvo su agarre firme sobre el pecho de Z.
Zsadist miró duramente al Doctor.
Si vas a quitarle la ropa, cúbrela con algo.
¿Que debería usar?
Una toalla del baño.
Yo la traeré dijo Wrath. Después de entregársela, volvió a su lugar mirando hacia la puerta.
Havers extendió la toalla sobre el cuerpo de Bella y luego cortó el camisón por un lado. Miró hacia arriba antes de levantar nada.
Necesito ver todo su cuerpo. Y voy a tener que tocarle el estómago.
¿Para qué?
Tengo que palpar los órganos internos para determinar si alguno está hinchado por haber recibido un traumatismo o a causa de una infección.
Que sea rápido.
Havers apartó la toalla hacia un lado...
Z flaqueó contra el fuerte cuerpo de su mellizo.
–Oh... nalla. –su voz se enronqueció. Oh, dulce Jesús... nalla.
Llevaba algo tallado en la piel del estómago en lo que parecían ser como letras mayúsculas de tres pulgadas en español. Como era analfabeto, no podía saber lo que decía, pero tenía un horrible presentimiento...
¿Que dice? siseó.
Havers se aclaró la garganta.
Es un nombre. David. Dice David.
Wrath gruñó.
¿Sobre su piel? Ese animal...
Z interrumpió a su Rey.
Voy a matar a ese Lesser. Lo juro por Dios, voy a masticar sus huesos.
Havers inspeccionó los cortes, suavemente, con mucho cuidado.
Debes asegurarte que no la toque la sal cerca de los cortes. Sino las cicatrices quedarán con esta forma.
No me digas. Como si no tuviera experiencia en como las cicatrices se convertían en permanentes.
Havers la cubrió y fue hacia los pies, inspeccionándolos y luego volviéndose hacia las pantorrillas. Apartó el camisón mientras se dirigía hacia las rodillas. Luego movió una de las piernas hacia un lado, separando los muslos.
Z se impulsó hacia adelante, arrastrando a Phury con él.
¡¿Que mierda estás haciendo?!
Havers retiró las manos rápidamente, sosteniéndolas sobre la cabeza.
Necesito hacerle un examen interno. Ante la posibilidad de que hubiera sido... violada.
Con un rápido movimiento, Wrath se paró enfrente de Z y rodeó la cintura de Z con los brazos. A través de los lentes de sol, la mirada del rey quemaba.
Deja que lo haga, Z. Es mejor para ella si lo hace.
Zsadist no podía mirar. Dejó caer la cabeza contra el cuello de Wrath, perdiéndose en el largo cabello negro del macho. Los firmes cuerpos de sus hermanos lo rodeaban, pero estaba demasiado horrorizado para sentir pánico ante el contacto. Cerró los ojos fuertemente y respiró profundamente, las esencias de Phury y Wrath invadiendo su nariz.
Sintió un ruido como un susurro, como si el médico estuviera rebuscando en el maletín. Luego hubo dos chasquidos, como si el macho estuviera poniéndose guantes. Un rozar de metal contra metal. Unos siseos. Luego… silencio. No, no realmente. Pequeños sonidos. Luego un par de clicks.
Z se recordó a si mismo que todos lo Lessers eran impotentes. Pero sólo podía imaginarse como compensaban esa deficiencia.

Tembló por ella hasta de los dientes le castañearon.  


John Matthew miró hacia el asiento delantero del Range Rover. Tohr estaba preocupado mientras se internaban en la parte rural de Caldwell, y aunque John estaba asustado por la reunión con Wrath, el Rey, estaba más preocupado acerca de toda esta calma. No podía entender que era lo que estaba mal. Bella había sido salvada. Ahora estaba a salvo. Así que todo el mundo debería estar contento, ¿verdad? Excepto que cuando Tohr había venido a casa a recoger a John, había envuelto sus brazos alrededor de Wellsie en la cocina y permanecido allí por mucho tiempo. Sus palabras, suaves y en el Idioma Antiguo, habían salido de lo que sonaba como una garganta atorada.
John quería conocer todos los detalles de lo que había pasado, pero era difícil curiosear estando en el auto, en la oscuridad, cuando él necesitaba hacerse entender por señas o escribir. Y no parecía que Tohr tuviera ganas de conversar.
Aquí estamos —dijo Tohr.
Con un rápido giro a la derecha los lanzó sobre una ruta de tierra apisonada, y John se dio cuenta que ya no podía ver nada a través de las ventanas. Había una extraña niebla en los helados bosques que los rodeaban, una barrera que le hacía sentir un poco mareado.
Como salida de ninguna parte una gran verja se materializó en el brumoso paisaje, y patinaron hasta detenerse. Había otro juego de verjas justo después de la primera, y cuando entraron al espacio que había entre las dos, quedaron enjaulados como un toro en una rampa para ganado. Tohr bajó la ventanilla, introdujo una especie de código en un panel de teléfono, y quedaron libres de pasar al otro lado hacia…
Jesús, ¿Qué es esto?
Un túnel subterráneo. Y mientras se dirigían hacia abajo dentro de la tierra con tranquila compostura, aparecieron varias puertas más, y las defensas se hacían cada vez más y más fortificadas hasta la última. Esta era la mayor de todas, un brillante monstruo de metal que tenía un letrero de alto voltaje pintado en el medio. Tohr miró hacia la cámara de seguridad, y luego hubo un sonido de click. Las puertas se abrieron.
Antes de que avanzaran, John palmeó el antebrazo de Tohr para que le prestara atención.
 ¿Es aquí donde viven los hermanos? —habló por señas lentamente.
Más o menos. Primero te llevo al centro de entrenamiento y luego iremos a la mansión —Tohr apretó el acelerador—. Cuando empiecen las clases deberás venir aquí de lunes a viernes. El autobús te recogerá en frente de nuestra casa a las cuatro en punto. Mi hermano Phury está en este lugar, así que el cubrirá las primeras clases —ante la mirada que le dirigió John, Tohr explicó—. El Complejo está interconectado subterráneamente. Te mostraré como acceder al sistema de túneles que vincula todos los edificios, pero guárdate el dato para ti mismo. Cualquiera que aparezca en cualquier lugar sin invitación, se va a enfrentar a serios problemas. Tus compañeros de clase no son bienvenidos, ¿me entiendes?
John asintió mientras arribaban al área de estacionamientos recordó una lejana noche. Dios, se sentía como si hubieran pasado cien años desde que había venido aquí con Mary y Bella.
El y Tohr se apearon del Rand Rover.
¿Con quien me entrenaré?
Con otra docena de machos de aproximadamente tu misma edad. Todos tienen algo de sangre guerrera en las venas, que es por lo que los escogimos. El entrenamiento perdurará a lo largo de sus transiciones y luego seguirá por otro largo periodo, hasta que pensemos que están listos para salir al campo.
Caminaron hacia un par de puertas de metal y Tohr las abrió completamente. Al otro lado había un corredor que parecía no terminar nunca. Mientras lo transitaban Tohr le mostraba un salón de clases, el gimnasio, una habitación para pesarse y un vestuario. El macho se detuvo cuando llegó a una puerta hecha de vidrio escarchado.
Aquí es a donde vengo cuando no estoy en casa o en el campo.
John entró. La habitación estaba casi vacía y era muy poco notoria. El escritorio era de metal y estaba cubierto con equipo informático, teléfonos y papeles. Había archivadores alineados en la pared del fondo. Sólo había dos lugares donde sentarse, asumiendo que dar vuelta a la papelera para sentarse sobre ella no era una opción. Sobre una esquina, había una silla de las que comúnmente se utilizaban para equipamiento de oficina. La otra estaba detrás del escritorio y era bien fea: una monstruosidad con el tapizado roto, de cuero color verde aguacate con bordes orejeros, el asiento flojo y un par de patas que le daban un nuevo significado a la palabra firme.
Tohr puso la mano sobre el alto respaldo de la cosa.
¿Puedes creer que Wellsie me obligó a deshacerme de esto?
John asintió haciendo señas,
Si, puedo.
Tohr sonrió y caminó hacia un gabinete alto hasta el techo. Cuando abrió la puerta y digitó una serie de números en el tablero, la parte trasera se abrió a una especie de oscuro pasadizo.
Aquí vamos.
John entró aunque no podía ver mucho.
Un túnel de metal. Lo suficientemente ancho como para que entraran tres personas caminando lado a lado, y tan alto que sobraba espacio incluso sobre la cabeza de Tohr. Las luces estaban embutidas en el techo cada diez pies o así, pero no alumbraban mucho en la oscuridad reinante.
Esta es la cosa más increíble que he visto en mi vida, —pensó John cuando empezaron a caminar.
El sonido de las botas de cowboy de Tohr rebotó en las paredes de acero, como también lo hizo su profunda voz.
Mira, acerca de conocer a Wrath. No quiero que te preocupes. Es intenso, pero no hay nada que temer. Y no te asustes por sus gafas de sol. Está casi ciego y es hipersensible a la luz, así que debe usarlas. Pero aunque no pueda ver, aun así, leerá en ti como en un libro abierto. Tus emociones serán tan claras para él como la luz del día.
Un poco más tarde, a la izquierda apareció una escalera baja, que llevaba hasta una puerta y a otro panel. Tohr se detuvo y apunto hacia el túnel, que hasta donde John podía ver, continuaba eternamente.
Si sigues derecho por allí, llegarás a la casa del guarda a unas ciento cincuenta yardas. Tohr subió los pocos escalones, manipulo el panel, y abrió la puerta. Una brillante luz inundó el lugar como agua liberada de un dique.
John miró hacia arriba, con un extraño sentimiento resonando en su pecho. Tenía la rarísima sensación de que estaba soñando.
Todo está bien, hijo —Tohr sonrió, su dura cara suavizándose un poco—. Nada va a lastimarte aquí arriba. Confía en mí.
Ok, está hecho —dijo Havers.
Zsadist abrió los ojos, pudiendo ver únicamente el grueso cabello negro de Wrath.
¿Ha sido…?
Ella está bien. No hay señales de relaciones forzadas ni de ningún tipo de trauma. —Se oyó un chasquido, como si el médico se estuviera quitando los guantes.
Zsadist flaqueo y sus hermanos aguantaron el peso. Cuando finalmente levantó la cabeza, vio que Havers había apartado el sangriento camisón, y había cubierto nuevamente a Bella con la toalla, y se estaba colocando un nuevo par de guantes. El macho se inclinó sobre el maletín, sacó un par de tenazas y unas pinzas, y luego miró hacia arriba.
¿Me ocuparé de sus ojos ahora, ¿está bien? —Cuando Z asintió, el médico sostuvo los instrumentos—. Tenga cuidado, señor. Si me asusta podría dejarla ciega con estas. ¿Me entiende?
Si. Sólo no le hagas daño…
No sentirá nada. Lo prometo.
Z sí observó esta parte, y fue eterna. Tenía una vaga idea de que hacia la mitad de la cura ya no se estaba sosteniendo a si mismo. Phury y Wrath estaban cargando con todo su peso para mantenerlo en pie, la cabeza le colgaba sobre el costado del macizo hombro de Wrath mientras miraba atentamente.
La última —murmuró Havers—. Bien he sacado todas las suturas.
Todos los machos de la habitación respiraron hondo, hasta el doctor, y luego Havers volvió a sus suministros y recogió un tubo. Puso un poco de ungüento sobre los párpados de Bella; luego guardó todo en su maletín.
Cuando el médico se puso en pie, Zsadist se desasió de sus hermanos y caminó un poco. Wrath y Phury extendieron los brazos.
Las heridas son dolorosas, pero por ahora ninguna pone en riesgo su vida —dijo Havers—. Para mañana o pasado mañana estarán curadas, siempre que se la dejen sola. Está desnutrida y necesita alimentarse. Si se va a quedar en esta habitación, necesitara encender la calefacción y trasladarla a la cama. Cuando se despierte debe ingerir comida y bebida. Y otra cosa más. En el examen interno encontré… —sus ojos pasaron por Wrath y Phury, y luego se fijaron en Zsadist. —Algo de índole personal.
Zsadist fue hacia el doctor.
¿Qué?
Havers lo llevó hacia un rincón y hablo despacio.
Para cuando el macho terminó, Z estaba aturdido, sin palabras.
¿Estás seguro?
¿Cuándo?
No lo sé. Pero relativamente pronto.
Z miró hacia Bella. Oh, Cristo
Ahora, ¿asumo que tiene aspirinas o Motrin en la casa?
Z no tenía idea; nunca tomaba remedios para el dolor. Miró a Phury.
Si, tenemos —dijo su hermano.
Suminístrenselas. Y les daré algo más fuerte como respaldo para el caso de que no alivien del todo el dolor.
Havers sacó un pequeño frasco de vidrio que tenía un sello de goma rojo como tapa y se puso en la palma de la mano dos jeringas hipodérmicas envueltas en paquetes estériles. Escribió algo en un pequeño bloc, y luego le entregó el papel y los suministros a Z.
Si es de día y siente mucho dolor cuando se despierte, puede darle una inyección de esto de acuerdo a mis indicaciones. Es la misma morfina que le acabo de administrar, pero debe prestar atención a las dosis que le indico. Llámeme si tiene preguntas o si quiere que le asista en el procedimiento de dar inyecciones. Por otra parte, si el sol ya se puso, vendré y le daré la inyección yo. —Havers miró la pierna de Z—. ¿Quiere que examine su herida?
¿Puedo bañarla?
Definitivamente sí.
-¿Ahora?
Sí –Havers frunció el ceño—. Pero, señor, su pierna…
Z entró al baño, abrió los grifos del jacuzzi, y metió la mano debajo del chorro. Esperó hasta que estuvo lo suficientemente caliente, luego volvió a buscarla.
Para entonces, el doctor ya se había ido, pero Mary, la mujer de Rhage, estaba en la entrada de la habitación, queriendo ver a Bella. Phury y Wrath hablaron con ella brevemente y negaron con la cabeza. Ella se fue, viéndose abatida.
Cuando la puerta se cerró, Z se arrodilló cerca del jergón y empezó a levantar a Bella.
Espera, Z. —la voz de Wrath era dura—. Su familia deber cuidar de ella.
Z se detuvo y pensó en quien habría alimentado a sus peces. Dios…probablemente esto no estuviera bien. Mantenerla aquí, lejos de aquellos que tenían todo el derecho a cuidarla en su dolor. Pero la idea de dejarla ir era intolerable. Acababa de encontrarla…
Irá con ellos mañana —dijo—. Esta noche y el día de mañana permanecerá aquí.
Wrath sacudió la cabeza.
No está…
¿Crees que está lista para viajar en este estado? —dijo Z bruscamente—. Dejadla en paz. Haced que Tohr llame a la familia y les diga que se la entregaremos mañana al caer la noche. Ahora necesita un baño y algo de reposo.
Wrath apretó los labios. Hubo un largo silencio.
Entonces la pondremos en otra habitación, Z. No se quedará contigo.
Zsadist se levantó y se acercó al Rey, hundiendo el dedo en los abdominales del macho.
Sólo haz el intento de moverla.
Por el amor de Cristo, Z, ladró Phury. Retráctate…
Wrath se inclinó hacia delante hasta que las narices casi se tocaron.
Ten cuidado, Z. Sabes condenadamente bien que amenazándome conseguirás algo más, aparte de que te parta la mandíbula.
Sí, habían pasado por esto en el verano. Legalmente Z podía ser ejecutado bajo las viejas reglas de conducta si forzaba esto mucho más allá. La vida del Rey era valorada por encima de la de todos los demás.
No es que a Z le importara una mierda en ese momento.
¿Piensas que me preocupa una sentencia de muerte? Por favor entrecerró los ojos. Pero te diré esto. Tanto si decides hacer valer tu realeza sobre mi culo o no, te tomará al menos un día condenarme con La Virgen Escriba. Así que aun así Bella dormirá aquí esta noche.
Volvió hacia donde estaba ella y la levantó lo más cuidadosamente que pudo mientras se aseguraba de que la toalla permaneciera en su lugar. Sin mirar a Wrath ni a su gemelo, se deslizó dentro del baño y cerró la puerta de una patada tras él.
La tina ya estaba llena por la mitad, así que la sostuvo mientras se inclinaba y comprobaba la temperatura. Perfecta. La puso dentro del agua y luego extendió sus brazos hacia los costados para que se apoyara en los bordes.
La toalla se empapó enseguida y se fundió con su cuerpo. El pudo apreciar claramente las suaves curvas de los senos, la pequeña caja torácica, la plana extensión del estómago. Al subir el agua, el dobladillo de la toalla flotó suelto y acarició la parte de arriba de los muslos.
El corazón de Z golpeó fuertemente en el pecho y se sintió como un libertino, observándola cuando estaba herida y fuera de sí. Con la esperanza de escudarla de sus ojos y queriendo darle la privacidad que se merecía, fue hacia el armario a buscar gel para hacerle un baño de espuma. No había nada más que sales de baño, y estaba seguro como el infierno de que él no usaba esas cosas.
Estaba a punto de darse vuelta cuando fue golpeado por el hecho de que el espejo sobre la pileta era muy grande. No quería que ella se diera cuenta del aspecto que tenía, cuanto menos supiera acerca de lo que le habían hecho, mejor. Cubrió el espejo con dos toallas grandes, asegurando la tela de felpa detrás del marco.
Cuando regresó a ella, se había hundido en el agua, pero al menos la parte de arriba de la toalla todavía se sostenía de sus hombros y básicamente se mantenía en su lugar. La agarró por debajo de uno de sus brazos y la alzó, luego agarró la esponja. En el instante en que comenzaba a lavar el costado de su cuello, empezó a agitarse, salpicándolo con agua. Suaves sonidos de pánico salían de su boca, y no pararon ni siquiera cuando dejó la esponja de lado.
Háblale, idiota.
Bella... Bella, está bien. Estás bien.
 Se quedó quieta y frunció el ceño. Luego sus ojos se abrieron apenas y empezó a parpadear varias veces. Cuando trató de refregarse los párpados, le apartó las manos de la cara.
No. Es un medicamento. Déjalo ahí.
Ella se congeló. Se aclaró la garganta hasta que pudo hablar.
¿Dónde… Donde estoy?
La voz, aunque vacilante y ronca, le sonó hermosa.
Estás con... Conmigo. Estás con la Hermandad. Estás a salvo.
Mientras su vidriosa, desenfocada mirada se paseaba por la habitación, él se inclinó hacia un interruptor en la pared y atenuó las luces. Aunque estaba delirando y no había duda de que casi ciega por el ungüento, no quería que lo viera. La última cosa de la que necesitaba preocuparse era qué pasaría si las cicatrices no se curaban completamente.
Cuando bajó los brazos al agua y trabó los pies en la base de la bañera, cerró el grifo y se echó hacia atrás sentándose sobre los talones. No era bueno tocando gente, así que no era una gran sorpresa que ella no pudiera soportar sus manos sobre el cuerpo. Pero maldición, no tenía idea de que hacer para aliviarla. Se veía tan desgraciada… mucho más allá del llanto y cercana a una paralizadora agonía.
Estás a salvo… murmuró, aunque dudaba de que le creyera. El no lo habría hecho si hubiera sido ella.
¿Está Zsadist aquí?
Frunció el ceño, no sabiendo que deducir sobre eso.
Sí, estoy justo aquí.
¿Estás?
Justo aquí. Justo a tu lado se estiró torpemente y le apretó la mano. Ella le devolvió el apretón.
Y luego pareció que empezaba a delirar. Murmuraba, haciendo pequeños sonidos que podrían haber sido palabras, y se agitaba. Z agarró otra toalla, la enrolló, y la puso debajo de la cabeza para que no se golpeara contra el duro borde del jacuzzi.
Se estrujó el cerebro pensando que podía hacer para ayudarla, y como fue lo único que se le ocurrió, tarareó un poquito. Cuando pareció que eso la calmaba un poco, empezó a cantar suavemente, eligiendo un himno en el Idioma Antiguo dedicado a La Virgen Escriba, uno que hablaba de cielos azules, blancas lechuzas y verdes prados.
Gradualmente Bella se quedó laxa e inspiró profundamente. Cerrando los ojos, se reclinó contra la almohada de toalla que le había fabricado.
Como cantar era el único consuelo que podía brindarle, cantó.
Phury miró hacia el jergón donde había estado acostada Bella, pensando que el roto camisón que ella traía lo enfermaba. Luego sus ojos se dirigieron al esqueleto que yacía en el suelo hacia la derecha. El esqueleto de una mujer.
No puedo permitir esto —dijo Wrath cuando se acalló el sonido de agua que corría en el baño.
Z no va a lastimarla, —musitó Phury—. Mira la forma en que la trata. Cristo, actúa como un macho emparejado.
¿Qué ocurrirá si cambia de humor? ¿Quieres que el nombre de Bella figure en la lista de mujeres que ha matado?
Golpeará hasta el techo si la apartamos de él.
Es un asunto de mierda...
Los dos se quedaron congelados. Luego lentamente ambos miraron hacia la puerta del baño. El sonido que provenía del otro lado era suave, rítmico. Como si alguien estuviera…
¿Qué demonios? —murmuró Wrath.
Phury no podía creerlo tampoco.
Le está cantando.
Aunque apagada la pureza y belleza de la voz de Zsadist era sorprendente. Su voz de tenor siempre había sido así. En las raras ocasiones que cantaba, los sonidos que salían de su boca eran abrumadores, capaces de hacer que el tiempo se detuviera y luego se deslizara hasta el infinito.
Dios... Demonios —Wrath empujó sus lentes hacia arriba, hasta la frente y se frotó los ojos—. Vigílalo, Phury. Vigílalo bien.
¿No lo hago siempre? Mira, tengo que ir a ver a Havers esta noche, pero sólo el tiempo suficiente para que repare mi prótesis. Haré que Rhage lo mantenga vigilado hasta que regrese.
Haz eso. No vamos a perder a esa hembra mientras la estemos cuidando, ¿Está claro? Jesucristo… Ese mellizo tuyo haría que cualquiera se lanzara a un precipicio, ¿Sabías eso? —Wrath salió majestuosamente de la habitación.
Phury miró nuevamente hacia el jergón y se imaginó a Bella yaciendo allí cerca de Zsadist. Esto estaba mal. Z no sabía una maldita cosa acerca de brindar afecto. Y esa pobre mujer había pasado las últimas seis semanas en la fría tierra.
Debería haber estado yo allí adentro con ella. Lavándola. Confortándola. Cuidándola.
Mía, pensó, mirando la puerta desde donde salía el canto.
Phury empezó a dirigirse hacia el baño, repentinamente furioso más allá de lo imposible. La cólera territorial encendía su pecho como una hoguera, levantando una llama de poder que le rugía en el cuerpo. Agarró fuertemente el pestillo de la puerta… Y oyó ese hermoso sonido que era la melodía que entonaba el tenor.
Phury se quedó allí de pie, temblando. Mientras el enojo se convertía en un anhelo que lo asustaba, apoyo la frente contra el marco de la puerta. Oh, Dios… no.
Apretó los ojos cerrándolos, tratando de encontrar otra explicación para su comportamiento. No había otra. Y, después de todo él y Zsadist eran mellizos.
Así que tendría sentido que desearan a la misma hembra. Que terminaran… vinculándose a la misma mujer.
Soltó una maldición.
Mierda santa, esto eran problemas… de la clase que te enterraban-bien-muerto. Para empezar, dos machos emparejados atados a la misma mujer era una combinación letal. Si le agregabas el hecho de que estos fueran dos guerreros, tenías el potencial para que ocurrieran serios daños. Después de todo, los vampiros eran animales. Caminaba y hablaban y eran capaces de razonamientos más elevados, pero fundamentalmente eran animales. Así que había algunos instintos que ni siquiera el más ingenioso de los cerebros podía superar.
Lo bueno era que todavía no habían llegado a ese punto. Se sentía atraído por Bella y la deseaba, pero no había llegado a sentir el profundo sentido de posesión que era la carta de presentación de un macho emparejado. Y no había detectado la esencia de emparejamiento irradiando de Zsadist, así que tal vez todavía hubiera esperanzas.
Aun así ambos tenían que alejarse de Bella. Los Guerreros, probablemente por su naturaleza agresiva se emparejaban, fuerte y rápidamente. Así que tenía esperanzas de que ella se fuera pronto con su familia, donde pertenecía.
Phury soltó el pomo de la puerta y salió de la habitación. Bajó las escaleras como un zombi y se dirigió fuera hacia el patio. Quería que el frío le golpeara para poder aclarar sus pensamientos. Pero lo único que logró fue que su piel se pusiera tirante.
Estaba a punto de encender un porro de humo rojo cuando se dio cuenta que el Ford Taurus, al que Z le había hecho un puente para traer a casa a Bella, estaba aparcado en frente de la mansión. Todavía estaba en marcha, olvidado ante todo el drama.
Bien, esa no era la clase de escultura de césped que precisaban. Sólo Dios sabía que clase de dispositivo de rastreo había en él.
Phury se metió en el sedán, puso la cosa en movimiento y se dirigió hacia la salida.

 

CAPÍTULO 9



Cuando John salió del túnel subterráneo, se quedó momentáneamente cegado por la luminosidad. Luego su vista se adecuó. Oh, mi dios. Es hermoso.
El vasto vestíbulo era un vívido arco iris, tan colorido que le pareció que sus retinas no podrían admirarlo en su totalidad. Desde las columnas verdes y rojas de mármol hasta el mosaico multicolor del suelo, desde los paneles dorados que se hallaban por todos lados hasta el…
Santo Miguel Ángel, mira ese techo.
Se hallaba tres pisos por encima, las pinturas de ángeles, nubes y guerreros sobre grandes caballos cubrían una extensión que parecía tan grande como un estadio de fútbol. Y había más… alrededor de todo el segundo piso había un balcón dorado que tenía insertados paneles con representaciones similares. Después ahí estaba la espléndida escalera con su propia y recargada balaustrada.
Las proporciones del espacio eran perfectas. Los colores exquisitos. El arte sublime. Y no era al estilo pretencioso Donald Trump. Incluso John, que no sabía nada acerca de estilo, tenía la curiosa sensación de que lo que estaba mirando era verdaderamente de buen gusto. La persona que construyó esta mansión y la decoró sabía lo que hacía y tenía el dinero para comprar todo de buena calidad: un verdadero aristócrata.
—Bello, ¿no? Mi hermano D construyó este lugar en 1914. —Tohr se puso las manos sobre las caderas mientras miraba alrededor, luego se aclaró ligeramente la garganta—. Si, tenía un gusto excelente. Lo mejor de lo mejor para él.
John estudió cuidadosamente la cara de Tohr. Nunca lo había oído utilizar ese tono de voz. Tanta tristeza…
Tohr sonrió y poniéndole una mano sobre el hombro, apresuró a John para que siguiera caminando.
—No me mires así. Me siento como una salchicha desnuda cuando lo haces.
Se dirigieron al segundo piso, caminando por una alfombra roja tan mullida que era como caminar sobre un colchón. Cuando John llegó arriba, se asomó sobre el balcón al diseño del suelo del vestíbulo. Los mosaicos se fundían en una espectacular representación de un árbol frutal en plena floración.
—Las manzanas son parte de nuestros rituales, —dijo Tohr—. O al menos, lo son cuando los practicamos. Últimamente no hemos tenido muchos de esos, pero Wrath está convocando a todos para realizar la primera ceremonia del solsticio de invierno de los últimos cien años o así.
En eso es en lo que Welssie ha estado trabajando, ¿verdad? —dijo John por señas.
—Sí. Se está haciendo cargo de casi toda la logística. La raza está ansiosa de volver a practicar los rituales, y ya era hora.
Dado que John no dejaba de admirar el esplendor del lugar, Tohr le dijo:
—¿Hijo? Wrath nos está esperando.
John asintió y lo siguió, yendo del rellano hacia un par de puertas dobles marcadas con alguna especie de sello. Tohr estaba levantando la mano para llamar cuando los tiradores de bronce giraron y fue revelado el interior. Excepto que no había nadie al otro lado. ¿Entonces cómo se habían abierto esas cosas?
John miró hacia dentro. La habitación era de un tono azul aciano y le recordaba las fotos de un libro de historia. Era francés, ¿no? Con todas las florituras y los muebles elegantes…
Repentinamente John tuvo problemas para tragar.
—Mi señor, —dijo Tohr, haciendo una reverencia y adelantándose.
John se quedó de pie en la entrada. Detrás de un espectacular escritorio francés que era demasiado hermoso y demasiado pequeño para él, se hallaba un imponente hombre con hombros incluso más grandes que los de Tohr. El largo cabello negro le caía recto a partir de las pronunciadas entradas de su frente, y el rostro….la dura compostura del mismo era como si deletreara no-jodas-conmigo. Dios, las envolventes gafas de sol lo hacían parecer indudablemente cruel.
—¿John? —dijo Tohr.
John fue a situarse al lado de Tohr, escondiéndose un poco. Sí, era un poco cobarde por su parte, pero nunca se había sentido más pequeño o prescindible en su vida. Demonios, estando tan cerca del poder que desprendía el hombre que estaba delante de ellos, estaba casi convencido de que era totalmente insignificante.
El Rey se movió en la silla, inclinándose sobre el escritorio.
—Ven aquí, hijo —la voz era baja y con acento, estirando bastante la “q” antes de terminar la palabra.
—Ve —cuando no se movió, Tohr le dio un ligero codazo—. Está todo bien.
John se tropezó con sus propios pies, moviéndose a través de la habitación sin nada de aplomo. Se paró enfrente del escritorio como si fuera una piedra que hubiera rodado hasta detenerse.
El Rey se levantó y se mantuvo elevado hasta que pareció alto como un rascacielos. Wrath debía medir más de dos metros, y la ropa negra que usaba, particularmente la de cuero, lo hacía parecer todavía más alto.
—Ven, acércate.
John miró hacia atrás para asegurarse de que Tohr todavía estaba allí.
—Está bien, hijo —dijo el Rey—. No voy a lastimarte.
John dio la vuelta al escritorio, su corazón latiendo como el de un ratón. Cuando ladeó su cabeza para mirar hacia arriba, el brazo del Rey se extendió hacia delante. La parte interior del mismo, desde la muñeca hasta el codo, estaba cubierta de tatuajes. Y el diseño era como el que John había visto en sus sueños, el que había colocado en el brazalete que usaba…
—Soy Wrath —dijo el hombre. Luego hizo una pausa—. ¿Quieres estrechar mi mano, hijo?
Oh, seguro. John estiró la mano, medio esperando que sus huesos fueran aplastados. En vez de eso, cuando entraron en contacto, sólo sintió una firme oleada de calor.
—Ese nombre que está en tu brazalete —dijo Wrath—. Es Tehrror. ¿Quieres que te llamemos así o John?
John entró en pánico y miró a Tohr, porque no sabía lo que quería y no sabía como comunicarle eso al Rey.
—Tranquilo, hijo —Wrath se río suavemente—. Puedes decidirlo después.
La cara del Rey se giró bruscamente hacia un lado, como si fijara su atención en algo fuera, en el pasillo. Igual de abruptamente una sonrisa se extendió por sus duros labios formando una expresión de total reverencia.
Leelan —suspiró Wrath.
—Lamento llegar tarde —la voz de mujer era suave y hermosa—. Mary y yo estamos muy preocupadas por Bella. Intentamos encontrar la manera de ayudarla.
—Encontrareis la forma. Ven a conocer a John.
John se dio la vuelta hacia la puerta y vio a una mujer…
Repentinamente una luz blanca tomó el lugar de su visión, haciendo borroso todo lo que veía. Fue como si hubiera sido golpeado por un rayo ultra brillante. Parpadeó, varias veces… Y luego proviniendo de la nada infinita, vio a la mujer nuevamente. Era de cabello oscuro, con ojos que le recordaban a alguien que amaba…No, no le recordaban…Los ojos de ella eran los de su… ¿Qué? ¿Su qué?
John se tambaleo. El sonido de las voces le llegaba distante.
En su interior, en su pecho, en lo más profundo de su corazón palpitante, sintió que se quebraba, como si lo estuvieran partiendo en dos. La estaba perdiendo… estaba perdiendo a la mujer de cabello oscuro… estaba…
Sintió que se le abría la boca, esforzándose como si estuviera tratando de hablar, pero luego fue presa de temblores, que sacudieron su pequeño cuerpo, haciendo que se tambaleara sobre sus pies, y se derrumbara en el suelo.


Zsadist sabía que era hora de sacar a Bella de la bañera, porque había estado allí casi una hora y la piel se le estaba arrugando. Pero entonces miró a través del agua hacia la toalla que había estado manteniendo sobre el cuerpo de ella.
Mierda… sacarla con esa cosa iba a ser un problema.
Con una mueca la alcanzo y se la quito.
Mirando hacia otro lado rápidamente, tiró la mojada carga al suelo y agarrando una seca, la puso justo al lado de la bañera. Apretando los dientes, se inclinó hacia delante y metió los brazos en el agua, buscando su cuerpo. Sus ojos terminaron justo al nivel de los pechos.
Oh, Dios… Eran perfectos. De un blanco cremoso con puntas rosadas. Y el agua le acariciaba los pezones, importunándolos con ondeantes besos que los hacían brillar.
Apretó los parpados cerrados, sacó los brazos de agua y se sentó sobre los talones. Cuando estuvo listo para intentarlo de nuevo, se concentro en la pared que tenía en frente y se inclinó hacia delante… sólo para sentir un repentino dolor en las caderas. Miró hacia abajo, confundido.
Había un hinchado bulto en sus pantalones. Eso estaba tan duro, que había surgido una tienda de campaña en la delantera de sus pantalones de deporte. Evidentemente se había apretado la cosa contra la bañera cuando se inclino, y esa era la causa de la punzada que había sentido.
Maldiciendo, empujó la cosa con la palma de la mano, odiando la sensación de la pesada carga, la forma en que la dura longitud se enredaba en sus pantalones, el hecho de tener que lidiar con eso. Sin embargo no importaba cuanto lo intentara, no podía colocarla correctamente, al menos no sin meter la mano dentro de los pantalones para agarrarla, lo que, maldita fuera, no estaba dispuesto a hacer. Al final se dio por vencido y dejo la erección atrapada, retorcida y doliendo.
Que le sirviera de lección a la cabrona.
Zsadist inspiró hondo, sumergió los brazos profundamente en el agua, y los envolvió debajo del cuerpo de Bella. La saco, nuevamente impresionado por lo liviana que era; luego la coloco contra la pared de mármol usando el costado de su cadera y una mano sobre la clavícula. Levantó la toalla que había dejado en el borde del jacuzzi, pero antes de envolverla alrededor de ella, desplazo la mirada hacia las letras grabadas en la piel del estómago.
Algo extraño se sacudió en su pecho, una gran opresión… No, era una sensación descendente, como si se estuviera cayendo, aunque estaba perfectamente equilibrado. Estaba pasmado. Hacia mucho que nada se abría paso a través de la ira y la insensibilidad. Tenía la sensación de estar… ¿triste?
Lo que sea. Ella tenía piel de gallina, por todo el cuerpo. Así que este no era el momento de tratar de entenderse a si mismo.
La envolvió y la puso en la cama. Haciendo el cobertor a un lado, la acostó, quitándole la empapada toalla. Mientras la cubría con las sábanas y las mantas, captó otro vistazo de su estómago.
La rara sensación de estar cayendo regresó, como si su corazón se hubiera ido de viaje en una góndola hacia el estómago. O tal vez hacia sus muslos.
La arropó y luego se dirigió hacia el termostato. De cara al dial, mirando los números y palabras que no podía entender, no tenía idea de hacia donde girarlo. Movió el pequeño indicador desde donde se hallaba, bien a la izquierda, hacia un lugar entre el medio y el extremo derecho, pero no estaba muy seguro de que es lo que había hecho.
Miró hacia el escritorio. Las dos jeringas y el frasco con morfina estaban allí donde Havers los había dejado. Z fue hacia allí, recogió una jeringa, la droga y las instrucciones de dosificación, luego hizo una pausa antes de salir de la habitación. Bella estaba tan quieta en la cama, tan pequeña contra las almohadas.
La imaginó dentro de ese tubo enterrado en la tierra. Asustada. Sintiendo dolor. Frío. Luego imaginó al lesser haciéndole lo que le había hecho, reteniéndola a la fuerza mientras luchaba y gritaba.
Esta vez Z sabía lo que sentía.
Ansias de venganza. Fría, helada venganza. Tanta, que la mierda se iba a extender hasta el infinito.

No hay comentarios: