sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 10 11 12

Capítulo 10




Rhage  se despertó bruscamente. Cuando  miró el reloj en su mesita de noche, se puso nervioso cuando pudo enfocar sus ojos y pudo leer algo. Entonces sintió fastidio cuando vio la hora que era.

¿Dónde diablos estaba Tohr? Él se había comprometido a llamarlo tan pronto como hubiese  terminado con la hembra humana, pero eso había sido hacía más de  seis horas.

Rhage trató de coger el teléfono  y marcar el número del móvil de Tohr. Cuando le contestó el buzón de correo, maldijo y colgó el teléfono.

Cuando salió de la cama, se desperezó cuidadosamente. Estaba dolorido  y enfermo del estómago, pero era capaz de moverse mucho mejor. Una ducha rápida  y un set fresco de cueros hicieron que se sintiera como si fuera él mismo, y se dirigió hacia el estudio de Wrath. El amanecer llegaría  pronto, y si Tohr no contestaba a su teléfono, entonces debía de estar haciendo alguna transmisión para el rey antes de volver  a casa.

Las dobles puertas de la habitación estaban abiertas, y mira por donde, Thorment caminaba  por la alfombra  Aubusson, paseando mientras hablaba con Warth.

-Te estaba buscando.- Rhage habló arrastrado las palabras.

Tohr lo miró por encima. -Iba a ir a tu habitación después.

-Seguro que ibas a ir. ¿Qué estás haciendo, Wrath?

El Rey  Ciego sonrió. -Estoy contento de ver que has vuelto a tu forma de combate, Hollywood.

-Oh, estoy preparado, todo correcto. - Rhage clavó los ojos en Tohr. -¿Tienes algo que decirme?

-No realmente.

-¿Me estás diciendo que no sabes dónde vive la humana?

-No se si necesitas verla, ¿qué pasa con ello?

Warth se apoyó hacia atrás en su silla, poniendo  sus pies  sobre el escritorio. Sus enormes botas militares hacían que el delicado objeto pareciera un escabel.

Él sonrió. -¿Alguna de vosotros  quiere sacar algo a colación?

-Discutimos sobre algo privado.- Murmuró Rhage. -Nada en particular.

-Un infierno que lo es.-Tohr recurrió a Wrath. -Nuestro muchacho aquí presente  parece querer llegar a conocer mejor a la traductora del niño.

Warth sacudió su cabeza.  -Oh, no, no lo hagas, Hollywood. Acuéstate con otra  mujer. Dios sabe que, hay suficientes de ellas para ti allí fuera.- Él inclinó la cabeza hacia Tohr.  -Como decía, no tengo objeciones a  que el niño se una  a la primera clase de aprendices, a condición de que verifiques sus antecedentes. Y la humana debe ser comprobada, también. Si el niño desaparece de repente, entonces no quiero ser la causa del problema.

-Me encargaré de ella.-Dijo Rhage. Cuando ambos lo miraron, él se encogió de hombros. -O me dejáis  o seguiré a quien lo haga. En uno u otro caso, encontraré a esa mujer.

La frente  de Tohr se convirtió en un campo arado. -¿Te volverás atrás, mi hermano? Suponiendo que el niño viniera  aquí, hay una conexión demasiado cercana con esa humana. Déjalo estar.

-Lo siento. La quiero.

-Cristo. Puedes ser un verdadero dolor de  culo, ¿sabes? No controlas tus impulsos, pero  mantienes un solo propósito. Menuda combinación.

-Mira, en cualquier caso voy a tenerla. Ahora, ¿quieres que la compruebe  mientras lo hago o no?

Cuando Tohr se frotó los  ojos, y Wrath maldijo, Rhage supo que  había ganado.

-Bien. -Tohr masculló. -Busca sus antecedentes y su conexión con  el niño y luego haz lo que sea con ella. Pero cuando acabes, borra su memoria y no la veas  otra vez. ¿Me has oído? La limpias cuando hayas acabado y  no la ves otra vez.

-De acuerdo.

Tohr abrió su teléfono móvil  y apretó algunas teclas. -Te envío un mensaje  de texto  con el número de la humana para ti.

-Y el de su amiga.

-¿Vas a hacértela, también?

-Sólo dámelo, Tohr.

Bella estaba en la cama durante el día cuando sonó el teléfono. Ella lo cogió, esperando que no fuese su hermano. Odiaba cuando comprobaba que estaba  en casa al acabarse la noche. Le gustaría que pudiera ser un hombre que le echara un polvo  o algo por el estilo.

-¿Hola? -Dijo ella.

-Llamarás  a Mary y le dirás que se encuentre conmigo para ir a cenar.

Bella se irguió de golpe. El guerrero rubio.

-¿Has oído lo que te he dicho?

-Sí … pero ¿qué quieres de ella?- Como si no lo supiera ya.

-Llámala ahora. Dile que soy un amigo  tuyo y que pasará un buen rato. Será mejor de esa manera.

-¿Mejor que qué?

-Irrumpiré en su casa y la recogeré. Es lo que haré, si tengo que hacerlo.

Bella cerró sus ojos y  vio a Mary contra la  pared, el varón dominándola mientras la mantenía en el lugar. Él en primer lugar iba tras ella y solo había una razón: liberar todo el  sexo en su cuerpo. Liberarlo en su interior.

-Oh, Dios mío … por favor no la lastimes. Ella no es uno de nosotros. Y ella está enferma.

-Lo sé. No voy a herirla.

Bella puso su cabeza sobre  su mano, preguntándose cómo sabría un varón tan duro  que  hacía daño  y  que no lo hacía.

-Guerrero … ella no sabe sobre nuestra raza. Ella es....te suplico, que no lo hagas...

-No me recordará después de hacerlo.

¿Cómo suponía que esto la haría  sentir menos horrible? Como fuese, sentía que  servía a Mary  en una bandeja.

-No puedes detenerme, mujer. Pero puedes hacérselo más fácil a tu amiga. Piensa en ello. Se sentirá más segura si nos encontramos en un lugar público. No sabrá lo que soy. Será tan normal como lo puede ser para ella.

Bella odiaba que la empujaran, odiaba  sentir que  traicionaba la amistad de Mary.

-Siento haberla llevado. -Masculló ella.

-No lo hagas.- Hubo una pausa. -Ella ha hecho un … inusual camino.

-¿Qué pasa si ella se niega?

-No lo hará.

-¿Pero si lo hace?

-Lo elegirá. No será forzada. Te lo juro.
Bella puso su mano sobre su garganta, enredando un dedo en la cadena con diamantes de Tiffany  que siempre llevaba puesta.

-¿Dónde?- Dijo ella abatida. -¿Dónde debe encontrase contigo?

-¿Dónde se citan normalmente los humanos?

¿Cómo diantres lo sabría ella?  Entonces  recordó a Mary diciéndole algo acerca de una colega  suya reuniéndose con  un hombre … ¿Cual era el nombre del lugar?

-TGI Friday's, -Dijo ella.- Hay uno en Lucas Square.

-Bien. Dile que a las ocho en punto.

-¿Qué nombre le doy?
-Dile que.... Hal. Hal E. Wood.

-¿Guerrero?

-¿Si?

-Por favor.

Su voz realmente atenuada. -No te preocupes, Bella. La trataré muy bien.

El teléfono se quedó muerto.

En la profunda cabaña del bosque del Sr. X, O lentamente se sentó en  la cama, aliviándose al ponerse en vertical. Se acarició sus húmedas mejillas.

Omega lo había dejado hacía tan  sólo una hora, y el cuerpo de O se filtraba todavía por varios lugares, heridas y otras maneras. No se sentía muy  seguro mientras se movía, pero tenía que salir de aquel infernal dormitorio.

Cuando trató de estar de pie su visión dio vueltas salvajemente, así es que se sentó. A través de la pequeña ventana del cuarto, vio romper el alba, el astillado brillo caliente por entre  las ramas de pinos. No había esperado que el castigo durara un día entero. Y había estado seguro de que  muchas cuestiones no las haría.

Omega lo había tomado por sitios de sí mismo que lo habían  conmocionado al saber que los tenía. Sitios de miedo y auto-aborrecimiento. De absoluta humillación  y degradación. Y ahora, como  secuela, se sentía  como si no tuviera  piel, como si él estuviera totalmente abierto y expuesto, una cruda laceración  tan simplemente que solo respiraba.

La puerta se abrió. Los hombros del Sr. X llenaron el marco. -¿Como lo estamos haciendo?

O se cubrió a sí mismo con una manta y luego abrió su boca. Nada salió de ella. Tosió algunas veces. -Yo.....lo hice.

-Esperaba que lo hiciera.

Para O, era  difícil ver al hombre vestido d forma normal, llevando  un portapapeles, viéndose como si estuviera listo para un día laboral productivo. Comparado como O había pasado las últimas veinticuatro horas, la normalidad parecía falsa y vagamente amenazadora.

El  Sr. X sonrió un poco. -Entonces, usted y yo vamos a lograr un acuerdo. Llegue hasta la  línea y quédese allí, y esto no ocurrirá de nuevo.

O estaba demasiado  exhausto para discutir. La pelea con  él llegaría después, supo que lo haría pero ahora mismo todo lo que quería era  jabón y agua caliente. Y algún tiempo para estar solo.

-¿Qué me dice? - Preguntó el Sr. X.

-Sí, sensei. -A  O no le importaba lo que tuviera que hacer, lo que tuviera que decir. Sólo quería escapar de la cama … del cuarto … de la cabaña.

-Hay algunas ropas  en el armario. ¿Está  bien para conducir?

-Sí. Sí … estoy bien.

O imaginó la ducha de su casa,  el cremoso azulejo y las juntas blancas. Limpio. Muy  limpio. Y lo estaría, también, cuándo saliera de ella.

-Quiero que me haga un favor, Sr. O. Cuando vuelva a su trabajo, recuerde todo lo que ha pasado. Manténgalo, consérvelo fresco en su mente, y sáquelo de sus temas. Puedo estar irritado por su iniciativa, pero le despreciaría si  se volviera  suave conmigo. ¿Nos entendemos?

-Sí, sensei.

El  Sr. X se dio la vuelta, pero después  miró por encima de su hombro. -Creo saber por qué Omega le dejó sobrevivir. Cuando salió, él estaba absolutamente elogioso. Sé que  le gustaría verlo otra vez. ¿Le diré que se alegrará se sus visitas?

O hizo un sonido estrangulado. No podría aliviarlo.

El Sr. X  rió suavemente. -Quizá no.


Capítulo 11


Mary aparcó en el aparcamiento del TGI Friday. Mirando alrededor hacia los coches y  camionetas, se preguntó cómo diantres había estado de acuerdo en encontrarse con algún hombre para cenar. Sobre lo que podía recordar, Bella la había llamado por teléfono y le había hablado de ello esa  mañana, pero maldita sea si podía recordar algún detalle.

No obstante, no se quedaba con  mucho. Mañana por la mañana iría al  doctor para el reconocimiento, y con eso colgando sobre ella, se sentía  aturdida. Como anoche, por ejemplo. Podría  haber jurado que había ido a algún sitio con John y Bella, pero la tarde era un total agujero negro. En el trabajo pasó lo mismo. Hoy lo había experimentado en la oficina legal, cometiendo errores simples y teniendo  la mirada perdida.

Cuando salió del Civic, se reforzó mentalmente lo mejor que pudo.  Tenía  una deuda con el pobre hombre, encontrando que necesitaba esforzarse para estar alerta, pero aparte de eso, no sentía ninguna presión. Lo había aclarado con  Bella,  solo eran amigos. Comprobándolo. Encantada de conocerte; nos vemos.

Cuál habría sido su actitud  si no se hubiese distraído con la lotería médica - ruleta  rusa  que colgaba  sobre su cabeza. Aparte del hecho que podría estar enferma otra vez, estaba muy lejos de tener práctica con todo eso de las citas  y no buscaba volver a estarlo. ¿Quién necesitaba el drama? Muchos tipos solteros a principios de los treinta todavía andaban buscando diversión o  habrían estado casados ya, y ella era la anti-diversión, del tipo murmullo-muerto. Seria por naturaleza, con alguna dura experiencia.

Y ella no parecía una fiesta, tampoco. Su poca notoria cabellera retirada hacia atrás en su cabeza estaba estirada y recogida con una goma. El  suéter  tejido irlandés de color crema que llevaba era holgado y caliente. Sus pantalones color caqui eran  muy cómodos, sus zapatos planos, marrones y rallados en los dedos de los pies. Probablemente parecía la madre que nunca sería.

Cuando entró andando en el restaurante,  se dirigió a la encargada y fue dirigida hacia  un reservado  en la esquina de atrás. Cuando dejó  su bolso, olió a pimientos verdes y cebollas y miró hacia arriba. Una camarera  con una bandeja de acero se movía rápidamente.

El restaurante estaba ocupado, una gran cacofonía levantándose por todo el  lugar. Mientras los camareros bailaban  por todos lados con bandejas de comida humeante  o  de platos usados, las familias y las parejas y los grupos de amigos  se reían, hablaban, discutían. El alocado caos la impresionó más  que de ordinario, y sentada allí sola se sintió completamente aparte, un problema  difícil entre las personas.

Todos ellos tenían felices futuros. Ella tenía  … más citas para ir al doctor.

Con una maldición, devolvió  sus emociones a su  lugar, disminuyendo  el catastrófico pánico, olvidando la  determinación de  no pensar obsesivamente en la  Dra. Delia Croce esta noche.

Mary pensó en los jardines y sonrió un poco, entonces una camarera llego hasta de la mesa. La mujer puso un vaso de agua de plástico, rebasándose un poco.

-¿Está esperando a alguien?

-Sí, lo estoy.

-¿Quiere beber algo?

-Esto está bien. Gracias.

Cuando la camarera se fue, Mary sorbió el agua, sabía a  metal, y apartó el vaso. Por  la esquina de su ojo percibió una ráfaga  de movimiento en la puerta principal.

Santo … Wow.

Un hombre entró andando en el restaurante. Un de verdad, de verdad …un muy excelente hombre.

Era  rubio. Una hermosa estrella de cine. Y monumental  en un abrigo negro de cuero. Sus hombros eran tan anchos como el marco de la puerta por la que había pasado, sus piernas tan largas que era más alto que cualquiera en el lugar. Y mientras caminaba a grandes pasos a través del nudo de personas de la entrada, los otros hombres miraban  hacia abajo o hacia fuera o a sus relojes de pulsera, como si supieran que no podían competir  hasta que hubiera pasado.

Mary frunció el ceño, sintiendo como si lo hubiera visto antes en algún sitio.

Sí, estaba llamado a  la pantalla grande,  se dijo a sí misma. Tal vez había empezado alguna  película aquí en la ciudad.

El hombre se aproximó a la encargada y paseó su mirada por la mujer como si la sometiera a juicio por el tamaño. La pelirroja parpadeo con  incredulidad quedándose estupefacta, pero entonces claramente sus receptores de estrógeno acudieron al rescate. Ella se retiró el pelo, como si quisiera  asegurarse de que  advertía las cosas, y luego ladeó hacia afuera  su cadera como si se hubiera desencajado.

No te preocupes, Mary pensó. Él te ve, cariño.

Cuando los dos se movieron  a través del restaurante, el hombre examinó cada mesa, y Mary se preguntó con quien comería.

Ajá. Dos reservados  más allá había una rubia sola. Su suave suéter azul era  muy ajustado, el abrigo de angora mostraba sus  deslumbrantes activos. Y la mujer irradiaba anticipación cuando lo vio venir directo por el restaurante.

Bingo. Ken y Barbie.

Bueno, no realmente Ken. Mientras el tipo caminaba, había  algo en él que no era WASP y (anglosajón, blanco y protestante)  bien parecido a pesar de su asombroso aspecto general. Algo … animal. Él  no se comportaba como lo hacían las otras personas.

De hecho, se movía como  un depredador, gruesos hombros que rodaban con  su modo de andar, cambiando de dirección, escudriñando. Ella tenía la incómoda sensación de que si él lo quisiera,  podría arrasar con todo el mundo en el lugar con sus manos desnudas.

Requiriendo toda su fuerza de voluntad, Mary se forzó a sí misma a quedarse mirando fijamente su vaso de agua. Ella no quería  ser como todos los demás tontos mirándolo estúpidamente.

Oh, caramba, ella tuvo que mirar hacia arriba otra vez.

Él había pasado de la rubia  y estaba de pie delante de una morena a través del pasillo. La mujer le  sonreía ampliamente. Lo que también le pareció razonable.

-Hey. -Dijo él.

Pues bien, qué cosas pasan. La voz era  espectacular, también. Una profunda voz arrastrada, resonante.

-Hola, a ti también.

El tono del hombre se agudizó.  -Tú no eres Mary.

Mary se tensó. Oh, No.

-Seré quien quieras tú que sea.

-Estoy buscando a Mary Luce.

Oh …Mierda.

Mary despejó su garganta, deseando no estar allí si no en cualquier otro lugar. -Yo soy … ah, yo soy Mary.

El hombre se dio a la vuelta. Cuando los ojos de un azul verdoso se fijaron en ella, su gran cuerpo se puso rígido.

Mary miró hacia abajo rápidamente, recogiendo la gota que rebasaba su vaso de agua.

¿No soy lo que estabas esperando, no?-Pensó ella.

Mientras el silencio se prolongaba, claramente él buscaba una excusa lo suficientemente  buena  para salir corriendo.

       Dios mío, ¿cómo la había podido humillar Bella de esa manera?

Rhage dejó de respirar  y solo observó a la humana. Oh,  era preciosa. Nada de lo que había esperado, pero encantadora sin embargo.

Su piel era pálida y suave, como el fino papel de marfil. Los huesos de su cara eran  igualmente delicados, su mandíbula un arco lleno de gracia recorría  desde sus orejas hasta  su barbilla, sus mejillas altas y teñidas con un rubor  natural. Su cuello era largo  y delgado, como  sus manos y probablemente sus piernas. Su pelo castaño oscuro  estaba recogido hacia atrás en una cola de caballo.

Ella no llevaba  puesto maquillaje, él no podía detectar ningún perfume, y la única joya que llevaba  puesta eran  un par de pendientes de perlas diminutos. Su suéter blanquecino era grande  y suelto, y estaba  dispuesto a apostar que sus pantalones eran también bombachos.


No había absolutamente nada que lo avisara sobre  su cortejo. Ella no era como cualquiera de las mujeres con las que salía. Y ella mantenía su  atención como  una banda de marcha.

-Hola, Mary. -Dijo él suavemente.

Él esperaba que mirase hacia arriba, porque él no había podido  ver  sus ojos. Y  no podía esperar para oír su voz otra vez. Las dos palabras que ella le había dicho habían sido  tranquilas y no lo suficiente.

Sacó su mano, sintiendo una comezón por  tocarla. -Soy Hal.

Ella dejó su palma colgar entre ellos cuando  trató de alcanzar su bolso y comenzó a  buscar la salida del reservado.

Él se plantó en su camino. -¿A dónde vas?

-Mira, está bien. No se lo diré a Bella. Solo fingiremos que hemos cenado.

Rhage cerró sus ojos y sintonizó fuera del ruido de fondo de modo que pudo  absorber el sonido de su voz. Su cuerpo revuelto y calmado, se tensó un poco.

Y luego se dio cuenta de lo que le  había dicho.

-¿Por qué vamos a mentir? Vamos a cenar juntos.

Sus labios se apretaron, pero al menos ahora ella dejó de  escapar.

Cuándo estuvo  seguro de que no iba a  escaparse, él se sentó y trató de colocar  sus piernas  bajo la mesa. Cuando  ella le miró, puso sus rodillas a su alrededor.

Dios querido. Sus ojos no  hacían  juego con el deje tierno de su voz. Pertenecían a un  guerrero.

De un gris metalizado, rodeados por pestañas del  color de su cabello, eran graves, serios, le recordaban a los hombres que habían luchado  y habían sobrevivido a la batalla. Eran asombrosamente hermosos  en su fuerza.

Su voz temblaba. -Soy 50 (en slang, policía) voy a .......tener que cenar contigo.

Esos ojos llamearon  y luego se estrecharon. -¿Siempre has trabajado para la caridad?

-¿Perdona?

Una camarera llegó y lentamente bajó un vaso de agua delante de él. Él podía oler la respuesta lujuriosa de la mujer en  su cara y su cuerpo y eso le molestaba.

-Hola, soy Amber. -Dijo ella. -¿Qué puedo traeros para beber?

-El agua está bien. Mary, ¿quieres alguna otra cosa?

-No, gracias.

La camarera dio un paso acercándose más a  él. ¿Puedo deciros nuestros especiales?

-De acuerdo.

Como la lista siguió sin parar, Rhage no apartó la vista de Mary. Ella le ocultaba los ojos, maldita fuera.

La camarera se aclaró la voz.  Un par de veces. -¿Está seguro de que no quiere una  cerveza? ¿O tal vez algo con un poco más fuerte? ¿Qué tal un trago....?

-Estamos bien, y puede volver más tarde para el pedido. Gracias.

Amber cogió la indirecta.

Cuando estuvieron solos, Mary dijo. -Realmente, permíteme solo acabar....

-¿Te he dado yo algún indicio de que no quiera comer contigo?

Ella puso  una mano sobre el menú que había delante de ella, trazando la imagen de un plato de costillas. Abruptamente ella apartó la cosa con fuerza. -Continúas mirándome fijamente.

-Los hombres lo hacen.... Cuando encuentran a una mujer que quieren, añadió para sí mismo.

-Bravo, pues bien, a mi no me lo hacen.  -Puedo imaginar seriamente lo anonadado que estás, pero no necesito que te concentres tu  atención en los detalles, ¿Sabes lo que significa? Y realmente no tengo interés   en resistir una hora por el equipo.

Dios, esa  voz. Ella lo estaba haciendo otra vez, su piel sintió  una llamarada con escalofríos y luego  se asentó, aflojándose. Respiró profundamente, tratando de coger una parte de su perfume natural, limón.

Cuando el silencio se introdujo entre ellos, él  empujó el menú de vuelta a ella.-Decide lo que vas a pedir, a menos que solo quieras sentarte ahí mientras como.

-Puedo marcharme en cualquier momento si quiero.

-Es verdad. Pero no quieres.

-Oh, ¿Y por qué eso? - Sus ojos brillaban intermitentemente, y su cuerpo se iluminó como un estadio de fútbol.

-No voy a concedértelo porque te gusta  Bella demasiado como para hacerle pasar  vergüenza abandonándome. Y a diferencia de ti, le diré que huiste de mí.

Mary frunció el ceño. -¿Chantaje?

-Persuasión.

Ella lentamente abrió el menú y lo recorrió con la mirada.-Todavía me estás mirando.

-Lo sé.

-¿Podrías mirar a alguna otra parte? El menú, aquella morena a través del pasillo. Hay unos reservados con  dos rubias más  atrás, en caso de que no te hayas dado cuenta.

-¿Alguna vez te perfumas?

Sus ojos se alzaron hasta los de él. -No, no lo hago.

-¿Puedo? -Él inclinó la cabeza hacia sus manos.

-¿Perdón?

Él no le podría decir  que  quería oler su piel más de cerca. -Considerando que comeremos  y demás, sería más cívico saludarnos con las  manos, ¿verdad? Aun cuando me la retiraste cuando  traté de ser educado, estoy dispuesto a darte otra oportunidad.

Cuando ella no contestó, él la alcanzó a través de la mesa y tomó su mano entre las suyas. Antes de que ella pudiera  reaccionar, atrajo su brazo hacia adelante, se inclinó, y presionó sus labios sobre sus nudillos. Él aspiró profundamente.

La respuesta de su cuerpo por su perfume fue inmediata. Su erección golpeó la bragueta de sus cueros, estirando, empujando. Cambió de posición para hacer más espacio  en sus pantalones.

Dios mío, él no podría esperar para tenerla en casa a solas.


Capítulo 12




Mary dejó de respirar cuando Hal le soltó la mano. Tal vez estaba soñando. Sí, tenía que ser eso. Él era demasiado magnífico. Demasiado sexy. Y se concentraba demasiado en ella para ser real.
La camarera volvió, acercándose a Hal tanto que en realidad podría estar en su regazo. Y como no podía ser, la mujer se había renovado el carmín. Aquella boca parecía que había  tenido un cambio con el aceite con algo llamado Fresh Pink. O Curious Coral. O algo igualmente ridículo.
Mary movió la cabeza, sorprendida de haber sido tan maliciosa.
-¿Qué va a ser? –La camarera le preguntó a Hal.
Él la miró a través de la mesa y levantó una ceja. Mary sacudió su cabeza y comenzó a hojear el menú.
-Bien, veamos que tenemos aquí. –Dijo él, abriendo el suyo.- Va a ser el Pollo Alfredo. La carne NY, poco hecha. Y una hamburguesa con queso, también poco hecha. Doble de papas fritas. Y algunos nachos. Sí, quiero nachos con todo ello. Doble de eso también. ¿Puedes?
Mary sólo podía mirarlo fijamente cuando él cerró el menú y esperó.
La camarera lo miró con un poco de incomodidad. -¿Es todo lo que quieres para ti y tu hermana?
Como si la obligación familiar fuera la única razón de que un hombre como él estuviera con una mujer como ella. Oh, hombre…..
-No, esto es para mí. Y ella es mi cita, no mi hermana. ¿Mary?
-Yo…solo una ensalada Cesar, cuando – ¿alimentando el comedero? –su comida llegue.
La camarera cogió los menús y se fue.
-Entonces, Mary, dime algo sobre ti.
-¿Por qué no lo hacemos sobre ti?
-Por que entonces no podré oírte hablar.
Mary se puso rígida, algo burbujeaba bajo la superficie de su conciencia.
Conversación. Quiero oír tu voz.
Di nada. Una y otra vez. Hazlo.
Podría haber jurado que este hombre le había dicho esas cosas, pero ella no lo había visto antes. Dios lo sabía, lo habría recordado.
-¿Qué haces para ganarte la vida? – Él la animó.
-Er….soy ayudante ejecutivo.
-¿Dónde?
-En un despacho de abogados aquí en la ciudad.
-¿Pero haces algo más, verdad?
Ella se preguntó cuanto le había dicho Bella. Dios, esperaba que la mujer no le hubiera explicado lo de la enfermedad. Tal vez era por eso por lo que se quedaba.
-¿Mary?
-Solía trabajar con niños.
-¿Profesora?
-Terapeuta.
-¿Cabeza o cuerpo?
-Ambos. Era especialista en la rehabilitación de niños autistas.
-¿Qué te hizo hacerlo?
-¿Tenemos que hacer esto?
-¿El qué?
-Todo eso de vamos-a-fingir-que-voy-a-conocerte.
Él frunció el ceño, retirándose hacia atrás cuando la camarera puso el enorme plato de nachos sobre la mesa.
La mujer se inclinó sobre su oído. –Shhh, no se lo diga a nadie. Robé estos de otro pedido. Ellos pueden esperar y tú pareces muy hambriento.
Hal inclinó la cabeza, sonrió, pero parecía desinteresado.
Tenía que concederle el crédito de ser cortés, pensó Mary. Ahora que él estaba sentado enfrente de ella en la mesa, no parecía que notara a ninguna otra mujer en absoluto.
Él le ofreció el plato. Cuando ella negó con la cabeza, se puso un nacho en la boca.
-No me sorprende que te moleste la charla.
–Dijo él.
-¿Por qué?
-Has pasado por mucho.
Ella frunció el ceño. -¿Qué te ha dicho exactamente Bella sobre mí?
-No mucho.
-¿Entonces cómo sabes qué he pasado por algo?
-Está en tus ojos.
-Oh, infiernos. También era listo. Hablando de paquete completo.
-Pero lamento rompértelo. –Dijo él, rápidamente limpiándose las manos de los nachos. –No me he preocupado por si te ha molestado. Quiero saber que fue lo que te interesó en esa línea de trabajo y tú vas a decírmelo.
-Eres arrogante.
-Sorpresa, sorpresa. –Rió él fuertemente.- Y tú evitas mi pregunta. ¿Qué te hizo meterte en ello?
La respuesta era la lucha de su madre contra la distrofia muscular. Después de ver como su madre lo había pasado, ayudar a otras personas con sus limitaciones había sido una llamada. Tal vez era un camino para pagar la culpa por estar tan sana cuando su madre había estado tan comprometida.
 Y luego Mary había sido golpeada con algunos otros compromisos serios en ella misma.
Gracioso, la primera cosa que pensó cuando fue diagnosticada fue que no era justo. Había visto a su madre enfrentarse a la enfermedad, había sufrido a su lado. ¿Entonces por qué el universo quería que ella conociera directamente la clase de dolor que había atestiguado? Por esta razón en el momento  había comprendido que no había ninguna cuota en el sufrimiento  de la gente, ningún umbral cuantificable que una vez llegara, conseguía milagrosamente llegar al fondo de la angustia.
-Nunca quise hacer nada más. –Ella esquivó.
-¿Entonces por qué lo dejaste?
-Mi vida cambió.
Agradecidamente, él no siguió con ello. -¿Te gusta trabajar con niños minusválidos?
-Ellos no son….ellos no son minusválidos.
-Lo siento. -Dijo él claramente sintiéndolo.
La sinceridad en su voz hizo que abriera la tapa de su reserva de una manera que los elogios o las risas nunca harían.
-Ellos solo son diferentes. Experimentan el mundo de una manera distinta. Normal es solo que es corriente, esa no es la única manera de ser o vivir. –Ella paró, notando que él había cerrado los ojos. -¿Te estoy aburriendo?
Levantó sus párpados despacio. –Amo oírte hablar.
Mary se tragó un jadeo. Sus ojos eran del color del neón, encendidos e iridiscentes.
-Tenían que ser lentes de contacto, pensó ella. Los ojos de la gente no tenían ese color.
-La diferencia no te molesta ¿verdad?-Murmuró él.
-No.
-Eso es bueno.
Por alguna razón, ella se encontró sonriéndole.
-Tenía razón. –Susurró él.
-¿Sobre qué?
-Eres encantadora cuando sonríes.
Mary apartó la mirada.
-¿Qué pasa?
-Por favor no te pongas encantador. Preferiría continuar con la charla.
-Soy honesto, no encantador. Tan solo pregunta a mis hermanos. Constantemente meto la pata.
¿Había más como él? Chico, serían un infierno de postal navideña familiar.- ¿Cuántos hermanos tienes?
-Cinco. Ahora. Perdimos a uno. –Él bebió agua, como si quisiera que ella no viera sus ojos.
-Lo siento. –Dijo ella quedamente.
-Gracias. Todavía es reciente. Y lo echo de menos como el infierno.
La camarera llegó con una pesada bandeja. Cuando los platos estuvieron alineados delante de él y la ensalada de Mary estaba sobre la mesa, la mujer esperó hasta que Hal se  lo agradeciera de forma significativa.
Él fue primero por el Alfredo. Hundió su tenedor en el enredo de fettucine, retorciéndolo hasta que hizo un nudo de pasta y la llevó hasta su boca. Masticó pensativamente y le puso algo de sal. Probó el filete después. Le puso un poco de pimienta. Después recogió la hamburguesa con queso. Estaba a mitad de camino de su boca cuando frunció el ceño e hizo marcha atrás. Él usó su tenedor y cuchillo para tomar un bocado.
Él comió como un caballero. Con aire casi fino.
Bruscamente, él la miró. -¿Qué?
-Lo siento, yo, ah….-Ella picó de su ensalada. Y enseguida volvió a mirarlo comer.
-Si sigues mirándome tan fijamente, voy a ruborizarme. –Él habló arrastrando las palabras.
-Lo siento.
-Yo no. Me gustan tus ojos en mí.
El cuerpo de Mary  brilló  a la vida. Y respondió con una gracia total lanzando un tostón de pan sobre el regazo.
-¿Qué estás mirando? –Preguntó él.
Ella utilizó su servilleta para evitar las manchas sobre sus pantalones. –Tus modales en la mesa. Son muy buenos.
-La comida debe ser saboreada.
Ella se preguntaba como él disfrutaba así de despacio. Concentrado. Dios, ella solo podía imaginar la clase de vida amorosa que tenía. Sería asombroso en la cama. Ese cuerpo grande, de piel dorada, esos estrechos y largos dedos…
A Mary se le secó la garganta y cogió su vaso. -¿Pero tú siempre…….comes tanto?
-En realidad, tengo algo cerrado el estómago. Lo estoy tomando suave.- Puso algo más de sal sobre los fettuccini. –Entonces solías trabajar con niños autistas, pero ahora estás en un despacho de abogados. ¿Qué más haces con tu tiempo? ¿Aficiones? ¿Intereses?
-Me gusta cocinar.
-¿De verdad? Me gusta comer.
Ella frunció el ceño, intentando no imaginárselo sentándose en su mesa.
-Te has irritado otra vez.
-Ella agitó su mano. –No lo estoy.
-Sí, lo estás. No te gusta la idea de cocinar para mi, ¿verdad?
Su honestidad sin trabas la hizo pensar que podía decirle algo y le respondería con exactamente lo que pensaba y sentía. Bueno o malo.
-Hal, ¿tienes algún tipo de filtro entre tu cabeza y tu boca?
-No realmente. -Terminó el Alfredo y retiró el plato. El filete pasó después.- ¿Y sobre  tus padres?
Ella suspiró. –Mi madre murió hace aproximadamente cuatro años. Mi padre fue asesinado cuando tenía dos años, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Él hizo una pasada. –Esto es duro. Perdiste a los dos.
-Sí, así fue.
-Yo también perdía a ambos. Pero al menos fue de vejez. ¿Tienes hermanas? ¿Hermanos?
-No. Sólo éramos mi madre y yo. Y ahora solo yo.
Hubo un largo silencio. -¿Entonces cómo conociste a John?
-John…oh, John Matthew? ¿Bella te habló sobre él?
-Algo por el estilo.
-No lo conozco muy bien. Él entró en mi vida hace poco. Creo que es un niño especial, amable y creo que las cosas no han sido fáciles para él.
-¿Conoces a sus padres?
-Él me dijo que no tiene a ninguno.
-¿Sabes dónde vive?
-Conozco la zona de la ciudad. No es muy buena.
-¿Quieres salvarlo, Mary?
Qué pregunta tan extraña, pensó ella.
-No creo que necesite que lo salven, pero me gustaría ser su amiga. Sinceramente, apenas lo conozco. Él sólo apareció una noche en mi casa.
Hal asintió, como si ella le hubiera dado la respuesta que el quería.
-¿Cuándo conociste a Bella? –preguntó ella.
-¿Te gusta tu ensalada?
Ella miró su plato. –No tengo hambre.
-¿Estás segura sobre ello?
-Sí.
En cuanto terminó su hamburguesa y la comida frita, él pasó sobre el menú para coger la sal y la pimienta.
-¿Te gustaría más un postre? –Preguntó él.
-No esta noche.
-Deberías comer más.
-Almorcé mucho.
-No, no lo hiciste.
Mary cruzó los brazos sobre su pecho. – ¿Cómo lo sabes?
-Puedo sentir tu hambre.
Ella dejó de respirar. Dios, aquellos ojos brillaban otra vez. Tan azules, un color infinito, como el mar. Un océano dónde nadar. Ahogarse. Morir.
-¿Cómo sabes que estoy…hambrienta? –Dijo, sintiendo como si el mundo se escapara.
Su voz cayó hasta que fue casi un ronroneo. -¿Tengo razón, verdad? ¿Entonces por qué te importa esto ahora?
Afortunadamente, la camarera volvió para recoger los platos y rompió el momento. Cuando Hal pidió una manzana crujiente, una especie de brownie y una taza de café, Mary sintió como si regresara al planeta.
-¿Cuál es tu profesión?-Preguntó ella.
-Esto y aquello.
-¿Interpretando? ¿Modelando?
Él ser rió. –No. Puedo ser decorativo, pero prefiero ser útil.
-¿Y cómo de útil?
-Creo que podría decir que soy un soldado.
-¿Estás con los militares?
-Alguna cosa.
Bien, eso explicaría el aire mortal. La confianza física. Su agudeza visual.
-¿De qué rama? –Marines, pensó ella. O tal vez un SEAL. Él era fuerza.
La cara de Hal se apretó. –Sólo otro soldado.
Desde algún lugar, una nube de perfume invadió la nariz de Mary. Era la encargada que fue a limpiarles la mesa.
-¿Está todo bien? –Mientras revisaba a Hal, prácticamente podía oír el chisporroteo de la mujer.
-Bien, gracias. Dijo él.
-Bueno. –Ella resbaló algo sobre la mesa. Una servilleta. Con un número y un nombre.
Cuando la mujer lo miró y paseó la mirada, Mary miró hacia abajo, hacia sus manos. Por el rabillo del ojo, observó su monedero.
Tiempo de marcharse, pensó ella. Por algunas razones no quería mirar a Hal poner aquella servilleta en su bolsillo. Aunque él tuviera el derecho de hacerlo.
-Bien, esto ha sido….interesante. –Dijo ella. Recogió su bolso y arrastró los pies para salir del reservado.
-¿Por qué te vas? –Su ceño fruncido lo hizo parecer un verdadero militar y  alejándolo del atractivo material masculino.
La ansiedad titiló en su pecho. –Estoy cansada. Pero, gracias, Hal. Esto ha sido….Bien, gracias.
Cuando intentó pasar por su lado, él cogió su mano, acariciando el interior de su muñeca con el pulgar.-Quédate mientras me tomo el postre.
Ella miró su perfecta cara y sus amplios hombros. La morena del otro lado del pasillo se puso de pie y lo miró, llevaba una tarjeta de visita en la mano.
Mary, se inclinó hacia él. –Estoy segura de que encontrarás a muchas otras esperándote para tu compañía. De hecho, hay alguien encabezando el camino ahora mismo. Te diría que buena suerte con ella, pero parece algo seguro.
Mary salió disparada hacia la salida. El aire frío y el silencio relativo fueron un alivio después del apretujón de la gente, pero cuando se acercó a su coche, sintió misteriosamente que no estaba sola. Echó un vistazo sobre su hombro.
Hal estaba detrás de ella, aun cuando lo había dejado en el restaurante. Ella se giró, el corazón golpeaba sus costillas.
-¡Jesús! ¿Qué estás haciendo?
-Camino contigo hasta tu coche.
-Yo..ah. No te molestes.
-Demasiado tarde. Este Civic es tuyo, ¿verdad?
-Cómo lo has hecho….
-Las luces brillaron intermitentemente cuando lo abriste.
Ella se alejó de él, pero cuando dio marcha atrás, Hal avanzó. Cuando chocó contra su coche, levantó sus manos.
-Para.
-No te asustes de mí.
-Entonces no me apretujes.
Ella se dio la vuelta alejándose de él y fue hacia la cerradura. Su mano salió disparada, sujetando la junta entre la ventana y el techo.
Sí, ella iba a ponerse detrás del volante. Cuando él la dejara
-¿Mary? –Su voz profunda apareció al lado de su cabeza y ella saltó.
Ella sintió su cruda seducción y se imaginó su cuerpo como una jaula cerrada a su alrededor. Con un movimiento traicionero, su miedo cambió hacia algo licencioso y de necesidad.
-Déjame marchar.- Susurró ella.
-Aun no.
Ella lo oyó suspirar, como si la oliera y luego sus oídos se inundaron del sonido rítmico de bombeo, como si ronroneara. Se le aflojó el cuerpo, acalorado, abierto entre sus piernas como si estuviera preparada para aceptarlo en su interior.
Buen Dios, ella tenía que alejarse de él.
Ella le agarró el antebrazo y lo empujó. Pero no consiguió ir a ninguna parte.
-¿Mary?
-¿Qué? –Ella chasqueó, resentida por que estaba conectada cuando debería haberse quedado petrificada. Por Dios, él era un extraño, un extraño grande, insistente y ella era una mujer sola sin nadie que la reclamase si no volvía a casa.
-Gracias por no plantarme.
-Por nada. Ahora ¿si me permites?
-En cuanto me dejes que te un beso de buenas noches.
Mary tuvo que abrir la boca para conseguir suficiente aire para sus pulmones.
-¿Por qué? –Ella le preguntó con voz ronca. ¿Por qué quieres hacerlo?
Sus manos se posaron sobre sus hombros y la giraron. Él destacaba sobre ella, obstruyendo el brillo del restaurante, las luces en el aparcamiento, las estrellas por encima.
-Solo déjame que te bese, Mary.- Sus manos se deslizaron por su garganta y sobre los lados de su cara. –Solo una vez. ¿De acuerdo?
-No, esto no está bien. –Susurró ella cuando inclinó su cabeza hacia atrás.
Sus labios descendieron y su boca tembló. Hacía mucho que la habían besado. Y nunca un hombre como él.
El contacto fue suave, apacible. Inesperado, dado el tamaño de él.
Y como una ráfaga de calor lamió sobre sus pechos y entre sus piernas, ella escuchó un silbido.
Él tropezó hacia atrás y la miró de una forma extraña. Con movimientos desiguales, sus pesados brazos atravesaron su pecho, como si la conservase.
-¿Hal?
Él no dijo nada, solo estuvo allí, mirándola fijamente. Si no lo conociera mejor, pensaría que lo habían sacudido.
-Hal ¿estás bien?
Él negó con la cabeza una vez.
Entonces se alejó, despareciendo en la oscuridad más allá del aparcamiento.

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