sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 13 14 15

Capítulo 13

Rhage se materializó en el patio entre el Pit y la mansión.
No podía poner una cuenta exacta sobre la sensación que tenía bajo la piel, pero era una especie de zumbido a nivel de sus músculos y huesos, como la vibración de un tenedor que se templa. Él estaba seguro de que nunca había sentido este zumbido antes. Y esto había empezado en el momento en que su boca había tocado la de Mary.
Desde que cada cosa nueva y diferente en su cuerpo era mala, él inmediatamente se había distanciado de ella, y el no estar cerca de la mujer parecía ayudar. El problema era que ahora que el sentimiento se apagaba, la necesidad de  liberación de su cuerpo le tiraba. No era justo. Después de que la bestia saliera en general conseguía al menos unos días libres.
Comprobó su reloj.
Maldita sea, quería salir a cazar unos lessers para poner una muesca o dos, pero desde que Tohr había asumido el mando de la Hermandad, nuevas reglas habían sido presentadas.
Después del cambio, Rhage, como se suponía, refrescaba sus motores durante un par de días hasta que estaba de regreso con todos los quemadores. Con la muerte de Darius el verano pasado, los hermanos se habían reducido a seis, y luego Warth había ascendido al trono, entonces habían quedado sólo cinco. La raza no podía permitirse perder a otro guerrero.
El forzado descanso y  la relajación tenían sentido, pero él odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Y él no podía soportar no estar fuera en el campo, especialmente cuando necesitaba drenar algún jugo.
Cogiendo un juego de llaves de su abrigo, se acercó a su GTO superalimentado. El coche despertó con un rugido y un minuto y medio más tarde estuvo en campo abierto. No sabía que dirección había tomado. No le preocupaba.
Mary. Aquel beso.
Dios, su boca había sido increíblemente dulce cuando tembló bajo la suya, tan dulce que había querido separar sus labios con la lengua y meterla dentro. Deslizándola y retrayéndola y volver otra vez  a degustarla. Y luego hacer lo mismo con su cuerpo entre sus piernas.
Excepto que había tenido que pararse. Lo que fuera aquel zumbido,  fue como un aviso, por lo cual era peligroso. La maldita reacción no tenía sentido, pensó. Mary lo calmaba, le traía tranquilidad. Seguro, él la quería, y eso le enviaba un telegrama, pero no debería ser suficiente para ponerlo en peligro.
Ah, infiernos. Tal vez había interpretado mal la respuesta. Tal vez aquella corriente había sido la atracción sexual de una clase más profunda a la que él estaba acostumbrado a…Lo cual era típicamente nada más que el impulso de venirse para que la probabilidad de que su cuerpo tirase de él  fuera  menor.
Pensó en las mujeres que había tenido. Había un número incontable de ellas, todos cuerpos anónimos en los que se había liberado, ninguna una fuente de placer verdadero para él. Las había tocado y besado solo porque a menos que llegaran también, se sentía como que las había usado.
Mierda, se sentía como un usuario en cualquier caso. Era un usuario.
Aunque no hubiera sido golpeado por el zumbido al besar a Mary, él todavía la hubiera dejado abandonada en aquel aparcamiento. Con su voz encantadora, sus ojos de guerrero y su boca temblorosa, Mary no podía ser solamente otra jodida. Tomarla, incluso aunque estuviera dispuesta, parecía la violación de algo puro. Algo mejor de lo que era él.
Su teléfono móvil sonó y lo cogió de su bolsillo. Cuando comprobó el identificador de llamadas, maldijo, pero contestó de todas formas.- ¡Eh, Tohr! Iba a llamarte.
-Solo he visto tu coche allí fuera. ¿Has encontrado a la mujer humana?
-Ya lo he hecho.
-Esto fue rápido. Ella debe haberte tratado bien.
Rhage apretó los dientes. Por una vez no tenía ninguna reaparición rápida. –Hablé con ella sobre el niño. No tenemos ningún problema. Él le gusta, se siente mal por él, pero si desapareciera, ella no causaría ningún problema. Lo ha encontrado recientemente.
-Buen trabajo, Hollywood. ¿Hacia dónde te diriges ahora?
-Sólo conduzco.
El tono de voz de Tohr se ablandó. Odias no poder luchar ¿verdad?
-¿No lo harías tú?
-Desde luego, pero no te preocupes, mañana por la noche vendrá pronto y podrás volver a la acción. Mientras tanto, podrías trabajar un poco tus salsas en el One Eye. –Tohr rió en silencio.-A propósito, me enteré sobre lo que le hiciste a  las dos hermanas hace un par de noches, una después de la otra. Hombre, eres asombroso, ¿sabes?
-Sí, Tohr, ¿Puedo pedirte un favor?
-Cualquier cosa, mi hermano.
-¿Podrías no….hablarme sobre las mujeres?-Rhage suspiró. –La verdad es, que lo odio, de verdad que lo hago.
Él pensó parar allí, pero de repente las palabras salían y no podía callarse.
-Odio el anonimato de ello, odio la forma en que pecho  duele después. Odio los olores sobre mi cuerpo y en mi pelo cuando llego a casa. Pero sobre todo, odio el hecho de que voy a tener que volver a hacerlo otra vez por que si no lo hago, podría llegar a haceros daño a alguno de vosotros o a algún inocente. –Él exhaló el aire por la boca. -¿Y aquellas dos hermanas te impresionan tanto? Mira, aquí está el asunto. Solo recojo a las que les importa una mierda con los que están, por que si no esto no es justo. Esas dos chicas de la barra comprobaron mi reloj, mi rollo y calcularon que era un trofeo chulo. Follar era algo tan íntimo como lo es un accidente de tráfico ¿Y esta noche? Tú llegarás a casa con Wellsie. Yo iré a casa solo. Igual que ayer. Igual que lo hice antes de ayer. El ir con putas no es diversión para mí y esto lleva matándome durante años, por lo que por favor lo dejas descansar ¿vale?
Hubo un largo silencio. -Jesús….lo siento. Yo no lo sabía. No tenía ni idea….
-Sí, ah…..-Él realmente tenía que parar esa conversación. –Mira, tengo que irme. Tengo que…irme. Más tarde.
-No, espera, Rhage.
Rhage apagó su teléfono y lo tiró a un lado del camino. Cuando miró a su alrededor, comprendió que no estaba en mitad de ninguna parte, con nada más que el bosque como compañía. Dejó su cabeza sobre el volante.
Las imágenes de Mary volvieron. Y comprendió que se había olvidado de borrarle la memoria.
-¿Descuidado? Sí, bueno. No la había limpiado a fondo por que quería verla otra vez. Y quería que lo recordara.
Oh, hombre….Esto no era bueno. Todo a su alrededor.




Capítulo 14

Mary se desplomó en la cama y empujó las sábanas y mantas con los pies. Medio dormida, extendió sus piernas intentando enfriarse.
Maldición, tenía el termostato demasiado alto…
Una horrible sospecha la trajo bruscamente a la conciencia, su mente volviendo a la atención en  una ola de temor.
Fiebre baja. Ella tenía fiebre baja.
Oh, infiernos…..Ella conocía la sensación demasiado bien, el rubor, el calor seco, los dolores generalizados. Y el reloj daba las 4:18 de la madrugada. Lo cual,  cuando había estado enferma, era el momento en que a su temperatura le gustaba subir.
Alcanzándola a lo alto, abrió la ventana de detrás de su cama. El frío aire aceptó la invitación y se precipitó hacia adentro, refrescándola, calmándola. La fiebre bajó poco después, un brillo de sudor anunció que se retiraba.
Tal vez solo le iba a venir un resfrío. La gente con su historial médico tenía enfermedades comunes como el resto del mundo. De verdad.
Excepto que de cualquier manera, rhinovirus o recaída, no iba  a volver a dormir. Se puso una bata sobre su camiseta y sus boxers y se fue abajo. Caminó hacia la cocina, prendió cada interruptor por dónde pasaba hasta que todas las esquinas oscuras en la casa quedaron iluminadas.
Destino: su cafetera. No había ninguna  duda ,  contestar algún correo electrónico  de la oficina y prepararse para el largo fin de semana por el Día de La Hispanidad(12 de octubre), era mejor que estar en la cama y contar el tiempo antes de ir a su cita con la doctora.
Que a propósito era en cinco horas y media.
Dios, odiaba la espera.
Llenó la máquina Krups de agua y fue a la alacena para buscar el café. Estaba casi vacío, entonces sacó el que tenía de reserva y el abrelatas manual y….
Ella no estaba sola.
Mary se inclinó hacia delante, miró por la ventana que había sobre el fregadero. Sin luces externas no podía ver nada, entonces se deslizó a su alrededor y prendió el interruptor que había al lado de la puerta.
¡Por Dios!
Una gran forma negra estaba al otro lado del cristal.
Mary se volvió hacia el teléfono, pero se paró cuando vio los  destellos de un cabello rubio.
Hal levantó su mano a modo de saludo.
-¡Hey! –su voz quedó amortiguada por el cristal.
Mary se abrigó colocando sus brazos alrededor de su estómago- ¿Qué estás haciendo aquí?
Sus amplios hombros de encogieron. –Quería verte.
-¿Por qué? ¿Y por qué ahora?
Se encogió otra vez. –Me pareció una buena idea.
-¿Estás trastornado?
-Sí.
Ella casi se rió. Y luego recordó que no tenía vecinos cerca y él era prácticamente del tamaño de su casa.
-¿Cómo me has encontrado? -Tal vez Bella le había  dicho dónde vivía.
-¿Puedo entrar? ¿O tal vez tú puedes salir, si así te sientes más cómoda?
-Hal, son las cuatro treinta de la mañana.
-Lo se. Pero tú estás despierta y yo también.
Dios, él era muy grande en todo ese cuero negro y con su cara casi toda en la sombra era más amenazador que hermoso.
-¿Y ella pensaba abrir la puerta? Claramente también estaba trastornada.
-Mira, Hal, no creo que sea una buena idea.
Él la miró a través del cristal. -¿Entonces tal vez podamos hablar tal y como estamos?
Mary lo miró, quedándose sin habla. ¿El tipo estaba dispuesto a perder el tiempo, observando desde fuera de su casa como un criminal, solo para que pudieran hablar?
-Hal, no te ofendas, pero fuera hay cientos de miles de mujeres en esta zona que no solo te dejarían entrar en sus casas, sino que te llevarían a sus camas. ¿Por qué nos vas a buscar a alguna y me dejas sola?
-Ellas no son tú.
La oscuridad que le caía sobre la cara hizo que fuera imposible leerle los ojos. Pero su tono de voz, era malditamente sincero.
En la larga pausa que siguió, ella intentó convencerse para no dejarle pasar dentro.
-Mary, si quisiera hacerte daño, podría hacerlo en un instante. Podrías cerrar cada puerta y cada ventana y yo todavía podría entrar dentro. Lo que quiero  es….hablar contigo un poco más.
Ella miró sus anchos hombros. Tenía un buen punto sobre el allanamiento de morada. Y tenía el presentimiento de que si mantenía la puerta cerrada entre ambos, él cogería una de sus sillas de jardín y se sentaría en la terraza.
Destrabó la puerta corrediza, la abrió y se apartó. –Solo explícame algo.
Él rió fuerte cuando entró. –Dispara.
-¿Por qué no estás con una mujer que te quiera? Hal se estremeció. –Pienso que, aquellas mujeres de esta noche en el restaurante, estaban locas por ti. ¿Por qué no tienes -loco-sexo -caliente- er diversión con una de ellas?
-Prefiero hablar contigo aquí que estar dentro de alguna de aquellas mujeres.
 Ella retrocedió un poco ante su candidez y luego comprendió que él no estaba siendo ordinario, solo honestamente sin rodeos.
Bien, al menos tenía razón en una cosa: cuando se había marchado después de aquel suave beso, ella había asumido que era por que no había sentido ningún calor .Claramente ella dio en la tecla. No estaba aquí para tener sexo y se dijo que era bueno que no sintiera lujuria por ella. Casi creyó en ello, también.
-Estaba a punto de hacerme un café ¿quieres?
Él asintió y comenzó a vagar por la sala de estar, observando sus cosas. El contraste de sus muebles blancos y paredes color nata con su ropa negra y pesada constitución era siniestro, pero entonces contempló su cara. Tenía una tonta sonrisa burlona, como si fuera feliz tan solo por el hecho de estar dentro de la casa. El tipo era como un animalito que estaba encadenado en el patio y que finalmente le habían permitido entrar en la casa.
-¿Quieres quitarte el abrigo? –Dijo ella.
Deslizó el cuero de sus hombros y lo colocó sobre el sofá. La cosa aterrizó con un golpe, aplastando los cojines.
¿Qué llevaba en los bolsillos? Se preguntó.
Pero entonces miró su cuerpo y se olvidó de su estúpido abrigo. Llevaba una camiseta negra que mostraba un poderoso  juego de brazos. Su pecho era amplio y bien definido, su estómago bastante apretado por lo que pudo ver sus  músculos abdominales  marcados incluso a través de la camiseta. Sus piernas eran largas, sus muslos gruesos…
-¿Te gusta lo que ves? –Le preguntó él en voz baja, tranquila.
Sí, de acuerdo. Ella no iba a contestarle eso.
Se dirigió hacia la cocina. -¿Cómo de fuerte quieres el café?
Recogiendo el abrelatas, abrió la tapa de Hills Bros y comenzó a hacerlo girar como si no hubiese mañana. La tapa cayó dentro y ella la alcanzó para sacarla.
-Te hice una pregunta.-Dijo él, directamente al lado de su oído.
Ella tiró y se cortó el pulgar con el metal abierto. Con un gemido, subió la mano y miró el corte. Era profundo, sangrante.
Hal maldijo. -No quería asustarte.
-Viviré.
Ella abrió el grifo, pero antes de que pudiera poner la mano debajo él le agarró la muñeca.
-Permíteme verlo.-Sin darle la opción de protestar en contra, él se inclinó sobre su dedo.-Esto es malo.
Él puso el pulgar en su boca y lo chupó con cuidado.
Mary jadeó. Caliente, mojada, tirante las sensaciones la paralizaron. Y luego sintió el barrido de su lengua. Cuando la liberó, sólo pudo mirarlo.
-Oh….Mary. –Dijo él tristemente.
Ella se sobresaltó preguntándose sobre su cambio de humor. –No deberías haber hecho eso.
-¿Por qué?
Por que se sentía bien. -¿Cómo sabes que no tengo el VIH o algo?
Levantó sus hombros. –No importaría si lo tuvieras.
Ella empalideció, pensó que él era positivo y ella acababa de dejarle poner una herida abierta en su boca.
-Y no, Mary, no tengo la enfermedad.
-Entonces por que no lo…
-Sólo quería mejorarlo. ¿Ves? No sangra más.
Ella miró su pulgar. El corte estaba cerrado. Parcialmente curado. Cómo demonios...
-¿Ahora vas a contestarme? –Dijo Hal, como si deliberadamente cortara las preguntas que ella estaba a punto de hacerle.
Cuando lo miró, notó que sus ojos hacían aquella cosa brillante, el azul cobraba un brillo fuera de este mundo, un brillo hipnótico.
-¿Cuál era la cuestión?
-¿Te complace mi cuerpo?
Ella apretó los labios. Hombre, si estaba esperando oír mujeres diciendo  que era hermoso, se iría a  casa decepcionado.
-¿Y que harías si no lo hiciera? –Le disparó ella.
-Me cubriría.
-Sí, de acuerdo.
Él ladeó la cabeza, como si lo que había pensado fuera incorrecto. Entonces se dirigió a la sala de estar dónde estaba su abrigo.
¡Por Dios! Iba en serio.
-Hal, vuelve. No  tienes que….yo, ah, me gusta tu excelente cuerpo.
Él reía cuando regresó. –Me alegro. Quiero agradarte.
Excelente, dandi, pensó ella. Entonces pierde la camisa, bájate los pantalones de cuero y échate sobre mis baldosas. Nos turnaremos para estar abajo.
Maldiciendo, ella se volvió para hacer el café. Mientras ponía las cucharadas para moler en la máquina, pudo sentir que Hal la estaba observando. Lo oía tomar profundas respiraciones, como si la oliera. Y él iba…..acercándose poco a poco.
Los precursores del pánico se colaron por todo su cuerpo. Demasiado grande. También…hermoso. Y el  calor y la lujuria que  la llamaban eran demasiado poderosos.
Cuando la cafetera estuvo conectada, ella retrocedió.
-¿Por qué no quieres que te complazca? –Dijo él.
-Deja de usar esa palabra. –Cuando él decía complacer, en todo lo que podía pensar era sexo.
-Mary. –Su voz era profunda, resonante. Penetrante.-Yo quiero….
Ella se cubrió los oídos. De repente  hubo demasiado de él en la casa. En su cabeza.
-Esto ha sido una mala idea. Creo que deberías marcharte.
Ella sintió una gran mano sobre sus hombros.
Mary se separó un paso, atragantándose. Él tenía salud, vitalidad, sexo crudo y otras cien cosas más que ella no podía tener. Él estaba totalmente vivo y ella estaba….probablemente muy enferma otra vez.
Mary se acercó a la corrediza y la abrió. –Sal ¿vale? Por favor solo márchate.
-No quiero.
-Márchate. Por favor. –Pero él solo la miró durante un instante. –Cristo, pareces un perro vago del que no puedo deshacerme. ¿Por qué no vas a fastidiar a alguien más?
El poderoso cuerpo de Hal se puso rígido. Por un momento pareció que le iba a decir algo áspero, pero entonces recogió su abrigo. Cuando se puso el cuero alrededor de los hombros y fue hacia la puerta, él no la miró.
Oh, bien. Ahora ella se sentía fatal.
-Hal. Hal, espera. –Ella le cogió la mano.-Lo siento. Hal.
-No me llames así. – Él explotó.
Cuando él se deshizo de su apretón, ella se puso en su camino. Y de verdad deseó  no haberlo hecho. Sus ojos eran completamente fríos. Gotitas de cristal transparente.
Sus palabras fueron afiladas. –Siento haberte ofendido. Me imagino que es una maldita carga que alguien quiera llegar a conocerte.
-Hal…
La apartó fácilmente. –Si vuelves a decirlo otra vez, voy  a atravesar la pared con el puño.
Caminó a grandes pasos hacia fuera, entrando en el bosque que había en el lado izquierdo de la propiedad.
En un impulso, Mary se puso las zapatillas de deporte, agarró una chaqueta y pasó como un relámpago a través de la corrediza. Ella llegó hasta el césped, llamándolo. Cuando llegó hasta la entrada del bosque, se paró.
No había ramas rotas, ninguna ramita partida, ningún sonido de pasos de un hombre grande. Pero él había ido en esta dirección. ¿No?
-¿Hal?- Ella le llamó.
Un largo rato después se giró y regresó a dentro.

Capítulo 15


-Lo has hecho bien esta noche, Sr. O.
O dio un paso por el cobertizo detrás de la cabaña, la aprobación del Sr. X era un poco chorra. Mantuvo su irritación para sí, apenas había pasado un día de los agarres de Omega y la verdad es que no estaba de humor para que lo trabajaran.
-Pero el hombre no dijo nada. –Refunfuñó él.
-Es por que no sabía nada.
O hizo una pausa. En la débil alba, la cara del Sr. X brillaba como una lamparilla.
-¿Perdón  sensei?
Yo lo trabajé antes de que usted lo trajera aquí. Tenía que estar seguro de que podía depender de usted, pero no quería malgastar la oportunidad el caso de que no fuera más sólido.
Lo cual explicaba la condición del hombre. O había asumido que el vampiro había estado luchando cuando lo habían secuestrado.
Tiempo desperdiciado, esfuerzo desperdiciado, pensó O, retirándose con las llaves de su coche.
-¿Tiene alguna prueba más  para mi? Gilipollas
-No en este momento. –El Sr. X comprobó su reloj. –Su nueva escuadrilla llegará aquí pronto, guarde esas llaves. Vamos adentro.
La repulsión de O de estar en cualquier parte  cerca del cobertizo le hizo perder la sensación  sus pies. Las  malditas cosas estaban totalmente entumecidas.
Pero sonrió. –Vaya delante, sensei.
Cuando entraron, él fue directamente al dormitorio y se apoyó contra el marco de la puerta. Aunque sus pulmones se habían convertido en bolas de algodón, él se mantuvo en calma. Si hubiera evitado el espacio, el Sr. X habría pensado que había alguna razón para evitarlo. El bastado sabía que tocar las heridas frescas era el único modo de determinar el grado de curación o de infección.
Mientras los asesinos entraban en el  cobertizo, O los examinaba. No conocía a ninguno, pero mientras más estaba un miembro en la Sociedad, más anónimo se volvía. Con el pelo, piel y color de los ojos  decolorándose hasta palidecer, eventualmente un lesser se veía como un lesser.
Cuando los otros hombres lo observaron, miraron airadamente su cabello negro. En la Sociedad los nuevos reclutas estaban al pie de la escalera y era insólito  para uno ser incluido en un grupo de hombres con mucha experiencia. Sí, bien, joder. O se cruzó la mirada con cada uno de ellos, aclarando que  si querían cogerlo él sería más que feliz de devolverles el maldito favor.
Afrontando la posibilidad de una confrontación física, él revivió. Parecía como  despertar luego de una buena  noche de sueño, y le gustaban las oleadas agresivas, la vieja buena necesidad de dominarse. Esto le aseguraba que era como siempre había sido. Omega no le había substraído su esencia, después de todo.
La reunión no duró mucho tiempo y eso era lo estándar. Presentaciones. Un recordatorio de que cada mañana, cada uno de ellos debía registrarse vía correo electrónico. También se refrescaban las técnicas de la estrategia de persuasión y algunos cupos para la captura y matanza.
Cuando se acabó, O fue el primero en dirigirse a la puerta. El Sr. X se colocó delante de él.
-Usted se quedará.
Aquellos ojos pálidos le mantuvieron la mirada a la espera de ver un destello de miedo.
        O asintió una vez y  desplegó su postura.-Claro, sensei. Lo que quiera.
Sobre el hombro del Sr. X, vio como los otros se marchaban como si fueran extraños. Sin conversación, sin mover los ojos, cuerpos que no se tocaban accidentalmente. Claramente ninguno de ellos se conocía, entonces debían haber sido llamados de diferentes distritos. Lo que significaba que el Sr. X había bajado en las filas.
Cuando la puerta fue cerrada por el último hombre, la piel de O tembló por el pánico, pero  se mantuvo aún como una roca.
El Sr. X lo miró de arriba a abajo. Entonces colocó el ordenador portátil sobre la mesa de la cocina y lo encendió. Casi en el último momento, él dijo, -Lo pongo a cargo de ambas escuadrillas. Los  quiero entrenados en las técnicas de persuasión que utilizamos. Trabajando como unidades-Alzó la vista de la pantalla encendida. –Y quiero que permanezcan respirando, ¿me entiende?
O frunció el ceño. -¿Por qué no lo dijo mientras ellos estaban aquí?
-¿No me diga que necesita ese tipo de ayuda?
El tono burlón hizo que O estrechara la mirada. –Puedo manejarlos excelentemente.
-Tiene los mejores.
-¿Terminamos?
-Nunca. Pero puede marcharse.
O se dirigía hacia la puerta, pero supo en el momento que conseguía llegar que habría algo más. Cuando puso la mano sobre el pomo, se encontró haciendo una pausa.
-¿Hay algo que quiera decirme?- Murmuró el Sr. X. –Pensaba que se marchaba.
O echó un vistazo a través del cuarto y tiró de un tema para justificar su vacilación. –No podemos utilizar la casa central más para la persuasión, no desde que el vampiro escapó. Necesitamos otra de fácil acceso además de la de aquí.
-Soy consciente de ello o ¿pensó que lo envié a mirar la tierra por ninguna razón?
Entonces ese era el plan. –El área cultivada que verifiqué ayer no servía: demasiado pantanosa y demasiados caminos se cruzan a su alrededor. ¿Tiene en mente alguna otra parcela?
-Le envié por e-mail los listados. Y hasta que decida dónde vamos a construir, traerá a los cautivos aquí.
-No hay bastante espacio en el cobertizo para una audiencia.
-Hablo del dormitorio. Es bastante grande. Como usted sabe.
O tragó y mantuvo su voz tranquila. –Si quiere que de clases, necesitaré más espacio para ello.
-Usted vendrá aquí hasta que lo construyamos. ¿Esta bastante claro para usted o quiere un diagrama?
Bien. Lo negociaría.
O abrió la puerta.
-Sr. O creo que ha olvidado algo.
Jesús. Ahora sabía lo que significaba para la gente cuando se decía, que su piel avanzaba lentamente.

-¿Sí, sensei?
-Quiero que me agradezca la promoción.
-Gracias, sensei. –Dijo O con la mandíbula apretada.
-No me decepcione, hijo.
Sí, jódase, papá.
O se dobló un poco y se marchó rápidamente. Fue bueno llegar a su camión y marcharse. Mejor que bueno. Esto parecía una maldita liberación.
De camino hacia su casa, O paró en una farmacia. No le costó  mucho tiempo encontrar lo que necesitaba y diez minutos más tardes cerró con llave la  puerta de la calle y desactivó la alarma de seguridad. Su lugar era un diminuto apartamento en una zona de la ciudad no tan residencial, y la posición le proporcionaba una buena cobertura. La mayor parte de sus vecinos eran ancianos y los que no, eran inmigrantes quienes trabajaban en dos o tres empleos. Nadie le molestaba.
Cuando fue al dormitorio, el sonido de sus pasos resonando en  los pisos desnudos y rebotando en las paredes vacías, era extrañamente consolador. De todas maneras la casa no era un hogar y nunca lo había sido. Un colchón y una poltrona era todo lo que tenía por muebles. Las persianas echadas delante de cada ventana, bloqueaba cualquier vista. Los armarios estaban abastecidos de armas y uniformes. La cocina estaba completamente vacía, los electrodomésticos estaban sin usar desde que él había llegado.
Se desnudó y llevó un arma al cuarto de baño con el bolso de plástico blanco de la farmacia. Inclinándose hacia el espejo, separó su pelo. Sus raíces mostraban unos milímetros de pálido.
El cambio había comenzado aproximadamente hacia un año. Primero unos pocos cabellos, directamente sobre la parte más alta, luego un trozo entero que se extendía desde la frente hacia atrás, aunque ahora hasta ellos se decoloraban.
Clairol Hydrience nº48  solucionaba el problema, lo volvía marrón. Había comenzado con Hair Color para hombres, pero había descubierto que la mierda para mujeres funcionaba mejor y duraba más.
Abrió la caja y no se molestó con los guantes de plástico. Vació el tubo en la botella apretándolo, mezcló el material y lo extendió por todo su cuero cabelludo en secciones. Odiaba el olor del químico La raya de mofeta. El mantenimiento. Pero la idea de que palidecieran le parecía repulsiva.
Por qué los lessers perdían su pigmentación con el tiempo le era desconocido. O al menos, nunca lo había preguntado. Los por qué no le importaban. El solo no quería perderse en el anonimato con los demás.
Dejó la botella apretada y miró un instante el espejo. Se veía como un idiota total, grasa marrón extendida por toda su cabeza. Jesucristo, ¿en qué estaba convirtiéndose?
Bien, no era una pregunta tan estúpida. Hacía mucho tiempo que lo hacía y era demasiado tarde para las excusas.
Hombre, la noche de su iniciación, cuando había negociado una parte de sí mismo por la posibilidad de matar durante años, años y años, había pensado que sabía lo que dejaba y lo que conseguiría de vuelta. El trato le había parecido más que justo.
Y durante tres años, esto había estado golpeándolo como algo bueno. La impotencia no le había molestado mucho, por que la mujer que él quería estaba muerta. Con la comida y la bebida, había tardado algo en acostumbrarse, pero nunca había sido un gran acosador de la manduca o un borracho. Había estado impaciente por perder su vieja identidad, porque la policía lo buscaba.
El lado positivo le había parecido enorme. La fuerza había sido más de lo que había esperado. Había sido un infernal rompe-cráneos cuando trabajó como gorila en Sioux City. Pero después Omega hizo  lo suyo, O tenía un poder inhumano extensible a sus brazos, piernas y pecho y le había gustado usarlo.
Otra prima era la libertad financiera. La Sociedad le daba todo lo que necesitaba para hacer su trabajo, cubriendo los gastos de su casa, camión, armas, ropa y sus juguetes electrónicos. Era completamente libre de cazar a su presa.
O había cumplido sus primeros dos años. Cuando el Sr. X había tomado el mando, aquella autonomía había llegado a su fin. Ahora había registros. Escuadrillas. Cuotas.
Visitas de Omega.
O fue  a la ducha y lavó la mierda de su pelo. Cuando se secó, fue hacia el espejo y miró detenidamente su cara. Sus iris, una vez marrones como su pelo, se habían vuelto gris.
En otro año o así, todo él habría desaparecido.
Se aclaró la garganta. –Mi nombre es David Ormond. Hermano de Bob y Lilly Ormond.
Dios, el nombre parecía extraño cuando abandonó su boca. Y en su cabeza, escuchó la voz del Sr. X refiriéndose a él como Sr. O.
Una enorme emoción aumentó en él, el pánico y el dolor combinados. Quería volver. Quería….volver, deshacerlo, borrarlo. El trato por su alma solo había parecido bueno. En realidad, esta era una clase especial de infierno. Él era un vivo, respirante, asesino fantasma. No más un hombre, pero una cosa.
O se vistió con manos temblorosas y saltó al camión. Cuando estaba en el centro, él no tenía más pensamientos lógicos. Aparcó en Trade Street y comenzó a callejear. Lo costó algo de tiempo encontrar lo que buscaba.
Una puta con largo, pelo negro. Quien, mientras no enseñara sus dientes, se parecía a su pequeña Jennifer.
Él resbaló cincuenta dólares y la llevó detrás de un basurero.
-Quiero que me llames David. -Dijo él.
-Cualquier cosa.- Ella sonrió cuando se deshizo del abrigo y le exhibió su pecho desnudo.- ¿Cómo quieres llamar….?
Él sujetó una mano sobre su boca y comenzó a apretar. No se detendría  hasta que sus ojos reventaran.
-Di mi nombre. –Él le ordenó.
O la liberó de su apretón y esperó. Cuando ella empezó a hiperventilar, él sacó su cuchillo y lo presionó sobre su garganta.
-Di mi nombre.
-David. –Susurró ella.
-Dime que me amas. –Cuando ella vaciló, él pinchó la piel de su cuello con la punta de la hoja. Su sangre brotó y se deslizó por el brillante metal. –Dilo.
-Sus descuidados pechos, tan diferentes a los de Jennifer, se movían de arriba abajo.-Yo…yo te amo.
Él cerró sus ojos. La voz era totalmente equivocada.
Esto no le daba lo que necesitaba.
La cólera de O se elevó a un nivel incontrolable.

No hay comentarios: