sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 16 17 18

Capítulo 16


Rhage levantó la pesa  sobre su pecho, mostrando sus dientes, moviendo su cuerpo, el sudor escurriéndole.
-Van diez. – le dijo Butch.
Rhage puso la carga sobre el soporte, escuchando el gemido de la cosa cuando los pesos crujieron y cayeron.
-Pon otros cincuenta.
Butch se inclinó sobre la barra. –Pusiste cinco-veinticinco ahí ya, hombre.
-Y necesito otros cincuenta.
Los ojos color de avellana se estrecharon. –Tranquilo, Hollywood. Quieres un fragmento de tus pectorales, es asunto tuyo. Pero no me quites la cabeza.
-Lo siento. –Él se  levantó y sacudió sus ardientes brazos. Eran las nueve de la mañana y llevaba en el cuarto de pesas desde las siete. No había ninguna parte de su cuerpo que no ardiera, pero dejarlo estaba bastante lejos. Aspiraba a la clase de agotamiento físico que le fuera al interior del hueso.
-¿Aún están todos allí?- Refunfuñó él.
-Déjame que te apriete las sujeciones. De acuerdo, luego te largas.
Rhage se echó, levantó las pesas del soporte y lo dejó descansar sobre su pecho. Ordenó su respiración antes de levantar el peso.
Apartar. Seguir.
Apartar. Seguir.
Apartar. Seguir.
Controló la carga hasta las dos últimas, cuando Butch dio un paso y lo divisó.
-¿Has terminado? –Butch le preguntó cuando le ayudó a colocar la barra sobre el soporte.
Rhage se sentó jadeando, descansando sus antebrazos sobre sus rodillas. – Una repetición más después de este descanso.
Butch llegó de frente, retorciendo la camisa que había encontrado en una cuerda. Gracias a todos los levantamientos que habían estado haciendo, el pecho y  los músculos de los brazos se habían agrandado y él no era muy pequeño para empezar. No podía levantar la clase de hierro que levantaba Rhage, pero para ser un humano, el tipo era como un buldog.
-Estás de alguna manera en forma, poli.
-Aw, vamos, ahora. –Le sonrió Butch. –No permitas que la ducha que tomamos se te suba a la cabeza.
Rhage le tiró una toalla al macho. –Sólo enfoca para que desaparezca tu barriga cervecera.
-Esto es un recipiente escocés. Y no lo evito. –Butch puso una mano sobre sus abdominales. –Ahora, dime algo. ¿Por qué estás golpeando esta mierda sobre ti  desde esta mañana?
-¿Tienes mucho interés en que hablemos sobre Marissa?
La cara del humano se tensó.-No particularmente.
-Entonces entenderás si no tengo mucho que decir.
-Las oscuras cejas de Butch se elevaron.- ¿Tienes una mujer? Algo como ¿una mujer en concreto?
-Pensaba que no íbamos a hablar de mujeres.
El poli cruzó los brazos y frunció el ceño. Era como si valorara una mano de blacjack e intentara decidir si tenía que dar otra mano.
-Habló rápido y fuerte. –Lo tengo mal con Marissa. No quiere verme. He aquí, toda la historia. Ahora háblame sobre tu pesadilla.
Rhage tuvo que reír. –La idea de que no soy el único que patina es un alivio.
-Esto no me dice nada. Quiero detalles.
-La mujer me echó de su casa esta mañana temprano después de trabajarme el ego.
-¿Qué tipo de hacha usó?
-Una comparación poco grata entre un canino y yo.
-Ouch. –Butch giró la camisa en otra  dirección. –Y naturalmente, te mueres por verla otra vez.
-Bastante.
-Eres patético.
-Lo sé.
-Pero casi puedo vencerlo. –El poli  sacudió la cabeza. –La noche pasada, yo….ah…conduje hasta la casa del hermano de Marissa. No se como el Escalade llegó allí. Yo creo, que la última cosa que necesito es correr hacia ella, ¿me sigues?
-Déjame adivinar. Esperaste  por los alrededores con la esperanza de coger un …
-En los arbustos, Rhage. Me senté en los arbustos. Debajo de la ventana de su habitación.
-Wow. Eso es….
-Sí. En mi antigua vida me podría haber detenido por acechar. Mira, tal vez deberíamos cambiar de tema.
-Gran idea. Termina de ponerme al día sobre el hombre civil que escapó de los lessers.
Butch se apoyó contra la pared, cruzando los brazos sobre su pecho y estirándolos para desperezarse. –Entonces Phury habló con la enfermera que lo cuidó. El tipo parecía algo ido, pero logró decirle que ellos le preguntaban sobre los vosotros los hermanos. Donde vivís. Como os movéis. La víctima no dio una dirección concreta dónde lo habían trabajado, pero tiene que ser algún lugar del centro, por que es donde lo encontraron y Dios sabe que no podía haber ido muy lejos. Ah y el mascullaba las letras. X.O.E.
-Así es como los lessers se denominan así mismos.
-Pegadizo. Muy 007. –Butch trabajó su otro brazo, su hombro crujió. – De todos modos, le quité la cartera  un lesser que había sido colgado en aquel árbol y Tohr se acercó al lugar del tipo. Había sido limpiado a fondo, como si supieran que él se había ido.
-¿Estaba el tarro allí?
-Tohr dijo que no.
-Entonces ellos definitivamente habían ido.
-¿Qué hay dentro de esas cosas de todos modos?
-El corazón.
-Repugnante. Pero mejor que otras partes de la anatomía, considerando que alguien me dijo que ellos no pueden despertarlo. –Butch dejó caer sus brazos y aspiró entre dientes, un poco de ruido pensador liberado de su boca. –Ya sabes, esto comienza a tener sentido ¿Recuerdas a aquellas prostitutas muertas que estuve investigando en los callejones traseros este verano? ¿Esas con señales de mordeduras en sus cuellos y heroína en su sangre?
-Las novias de Zsadist, hombre. Esta es la manera que él se alimenta. Sólo humanos, aunque cómo él sobrevive con la sangre tan débil, es un misterio.
-Él dijo que no lo había hecho.
Rhage hizo rodar sus ojos. -¿Y tú le crees?
-Pero si nosotros le tomamos la palabra- Hey, solo sígueme la corriente, Hollywood. Si le creemos, entonces tengo otra explicación.
-¿Cuál es?
-Un cebo. ¿Si quisieras secuestrar a un vampiro, cómo lo harías? Ponle  la comida, hombre. Ponla, espera hasta que venga uno, drógalo y llévatelo a dónde quieras. Encontré dardos en las escenas, de la clase con la que tranquilizarías un animal.
-Jesús.
-Y escucha esto. Esta mañana he escuchado el escáner de la policía. Otra prostituta ha sido encontrada muerta en un callejón, cerca de donde murieron las demás. Yo entré sin autorización por V en el servidor de la policía, y el informe ponía que su garganta había sido  rebanada.
-¿Le has dicho a Wrath y a Thor todo esto?
-No.
-Deberías.
-El humano cambió de lugar. –No se cuan implicado puede estar, ¿sabes? He pensado, que no quiero meter mi nariz dónde no debería estar. No soy uno de vosotros.
-Pero estás con nosotros. O al menos es lo que dijo V.
Butch frunció el ceño. -¿Lo dijo?
-Sí. Es por lo que te trajimos aquí con nosotros en vez de….bien, tú sabes.
-¿Ponerme bajo tierra? El humano hizo media sonrisa.
Rhage se aclaró la garganta. –No cualquiera de nosotros hubiera disfrutado con ello. Bien, excepto Z. En realidad, no, él no disfruta con nada….La verdad es, poli, que tienes la clase cultivada sobre….
La voz de Tohrment lo cortó. – ¡Jesucristo, Hollywood!
El hombre entró en el cuarto de pesas como un toro. Y de toda la Hermandad, él  los encabezaba. Entonces alguna cosa estaba encendida.
-¿Qué pasa, mi hermano? –Preguntó Rhage.
-Tengo un pequeño mensaje para ti en mi buzón general. De aquella humana, Mary. –Thor plantó sus manos sobre sus caderas, echando el tórax hacia delante. -¿Por qué demonios ella te recuerda? ¿Y cómo es que tiene nuestro número?
-No le dije cómo llamarnos.
-Y tampoco le borraste la memoria. ¿En qué maldición estabas pensando?
-Ella no será un problema.
-Ya lo es. Llama a nuestro teléfono.
-Relájate, hombre…
Tohr lo pinchó con un dedo. –Arréglala antes de que tenga que hacerlo yo ¿me entiendes?
Rhage se levantó del banco y su hermano parpadeó –Nadie se acercará a ella, a no ser que quieran tratar conmigo. Esto te incluye.
Los oscuros ojos azules de Thor se estrecharon. Ambos sabían quien ganaría si llegaban al fondo de la cuestión. Nadie podía luchar contra Rhage cuerpo a cuerpo; este era un hecho probado. Y él estaba preparado para golpear a Thor si tuviera que hacerlo. Aquí mismo. Ahora mismo.
Thor le habló en tono severo. –Quiero que respires profundamente y te separes de mi, Hollywood.
Cuando Rhage no se movió, se escucharon  pasos a través de las alfombras y el brazo de Butch se colocó alrededor de su cintura.
-Por qué no te calmas un poco, grandote. –Butch habló arrastrando las palabras- Vamos a terminar la fiesta, ¿vale?
Rhage permitió que lo retirase, pero mantuvo los ojos sobre Thor. La tensión crujía en el aire.
-¿Qué está pasando? –Exigió Thor.
Rhage dio un paso liberándose de Butch y se paseó con inquietud alrededor de la habitación de pesas, serpenteando entre bancos y pesas en el suelo.
-Nada. No pasa nada. Ella no sabe lo que soy y no se cómo consiguió el teléfono. Tal vez aquella mujer civil se lo dio.
-Mírame, mi hermano. Rhage detente y mírame.
Rhage se detuvo y movió sus ojos.
-¿Por qué no la borraste? Sabes que la una vez que la memoria es de largo plazo, no podrás limpiarla lo suficiente. ¿Por qué no lo hiciste cuando tuviste la oportunidad? – Cuando el silencio se alargó entre ellos, Tohr sacudió la cabeza. –No me digas que te has liado con ella.
-Cualquier cosa, hombre.
-Tomaré eso como un sí. Cristo, mi hermano…¿en qué estás pensando? Sabes que no deberías haberte enredado con una humana, y sobre todo, no con ella debido a su relación con el muchacho. –La mirada de Thor era aguda. –Te doy una orden. Otra vez. Yo quiero que borres la memoria de esa mujer y no quiero que vuelvas a verla.
-Ya te lo dije, ella no sabe lo que soy…
-¿Estás intentando negociar este conmigo? No puedes ser tan estúpido.
Rhage le echó a su hermano una mirada desagradable. –Y tú no me quieres encima de tu parrilla otra vez. Esta vez no permitiré que el poli me despegue.
-¿Ya la has besado en la boca? ¿Qué le has dicho sobre tus colmillos, Hollywood? –Cuando Rhage cerró los ojos y maldijo, el tono de Tohr se alivió. –Sé realista. Ella es una complicación que no necesitamos, ella es un problema para ti porque la escogiste por encima de una orden mía. No hago esto para romperte las pelotas, Rhage. Es más seguro para todos. Para ella Lo harás, mi hermano.
Más seguro para ella.
Rhage se sentó y  agarró los tobillos. Estiró sus tendones con fuerza, casi colocó su espalda en sus piernas.
Más seguro para Mary.
-Me encargaré de ello. –Dijo él finalmente.
-¿Sra. Luce? Por favor, venga conmigo.
Mary miró hacia arriba y no reconoció a la enfermera. La mujer parecía realmente joven con su uniforme rosado, probablemente acababa de salir de la escuela. Y aún pareció más joven cuando sonrió debido a sus hoyuelos.
-¿Sra Luce? –Ella cambió de lugar el voluminoso archivo en sus brazos.
Mary puso el tirante de su bolso sobre su hombro, se levantó y siguió a la mujer por la sala de espera. Bajaron a medias por un largo pasillo, pintado de beige e hicieron una pasusa ante el mostrador de registro.
-Sólo voy a pesarla y a tomarle la temperatura.-La enfermera sonrió otra vez y consiguió más puntos siendo buena con el peso y el termómetro. Ella era rápida. Amistosa.
-Ha perdido algo de peso, Sra Luce. -Dijo ella, anotándolo en el archivo. -¿Cómo está de  apetito?
-El mismo.
-Bajaremos aquí hacia la izquierda.
Las habitaciones de reconocimientos eran todas parecidas. Un póster de un Monet  enmarcado  y una pequeña ventana con persianas dibujadas. Un escritorio con folletos y un ordenador. Una mesa de reconocimiento con un pedazo de papel blanco estirado sobre ella. Un fregadero con varios suministros. Un contenedor rojo  para desechos biológicos en la esquina.
Mary tenía ganas de levantarse.
-La Dra. Delia Croce dijo que quería que le tomara los signos vitales. –La enfermera le entregó un cuadrado de tela perfectamente doblado. –Si se pone esto, ella vendrá enseguida.
Las batas eran todas iguales, también. Fino algodón, suave, azul con un pequeño estampado rosado. Había dos juegos de lazos. Ella nunca estaba segura de si se ponían aquellas malditas cosas a la derecha, si la abertura debía ir adelante o atrás. Hoy escogió hacia adelante.
Cuando ya estuvo cambiada, Mary se sentó encima de la camilla y dejó sus pies colgando. Tenía frío sin su ropa y las miró, todas muy bien dobladas sobre la silla al lado del escritorio. Pagaría un buen dinero por volver a tenerlas encima.
Con un repique y un pitido, su teléfono móvil sonó en su bolso. Ella cayó sobre el suelo colchado por sus calcetines.
Ella no reconoció el número cuando comprobó la identificación y contestó esperanzada. -¿Hola?
-Mary.
El rico sonido de la masculina voz hizo que sintiera alivio. Había estado casi segura de Hal no le iba a devolver la llamada.
-Hola. Hola, Hal. Gracias por llamar. –Ella miró a su alrededor buscando un lugar para sentarse que no fuera la mesa de revisión. Colocando la ropa sobre su regazo, ella despejó la mesa. –Mira, siento lo de anoche. Yo solo….
Hubo un golpe y luego la enfermera asomó la cabeza.
-Perdóneme, ¿nos dio su escáner óseo el julio pasado?
-Sí. Deberían estar en mi archivo.- Cuando la enfermera cerró la puerta, Mary, dijo. –Lo siento.
-¿Dónde estás?
-Yo, ah….-Ella se aclaró la garganta. –No es importante. Sólo quería que supieras lo mal que me sentí sobre lo que te dije.
Hubo un largo silencio.
-Yo sólo me aterroricé. -Dijo ella.
-¿Por qué?
-Tú me haces…..no se, tú solo….-Mary tocó el borde de su vestido. Las palabras se desvanecieron.
–Tengo cáncer, Hal. Creo, lo he tenido y podría volver.
-Lo sé.
-Entonces te lo dijo Bella.-Mary esperó que lo confirmara, cuando él no lo hizo, ella suspiró. –No utilizo la leucemia como excusa por el comportamiento que tuve. Es sólo…Estoy en un lugar extraño ahora mismo. Mis emociones  rebotan por todas partes y tenerte en mi casa-sintiéndome totalmente atraída por ti- provocó algo y repartí golpes a diestro y siniestro.
-Entiendo.
De algún modo, ella sintió que lo hacía.
Pero Dios, sus silencios la asesinaban. Ella comenzaba a parecer una idiota por mantenerlo en la línea.
-En cualquier caso, esto es todo lo que quería decirte.
-Te recogeré esta noche a las ocho. En tu casa.
Ella apretó el teléfono. Dios, quería verlo. –Te esperaré.
Desde el otro lado de la puerta del cuarto de reconocimiento, se elevó la voz de la Dra. Delia Croce y disminuyó de común acuerdo con la enfermera.
-¿Y Mary?
-¿Si?
-Suéltate el pelo para mí.
Hubo un golpe y entró la doctora.
-De acuerdo. Lo haré. –Dijo Mary antes de colgar. –Hey, Susan.
-Hola, Mary. –Cuando la Doctora Delia Croce cruzó la habitación, sonrió y sus negros ojos se arrugaron en las esquinas. Tenía aproximadamente unos cincuenta años, con el pelo canoso que se cuadraba en su mandíbula.
La doctora se sentó detrás del escritorio y cruzó las piernas. Cuando ella se tomó un momento para colocarse, Mary movió  la cabeza.
-Odio cuando tengo razón. –Refunfuñó ella.
-¿Sobre qué?
-Ha vuelto, ¿verdad?
Hubo una leve pausa. –Lo siento, Mary.


Capítulo 17


Mary no fue a trabajar. En lugar de ello  condujo hasta su casa, se desnudó, y se metió en la cama. Una rápida llamada a  la oficina y tuvo  el resto del día así como también la siguiente semana completa. Iba a necesitar el tiempo. Después del largo fin de semana del Día de la Hispanidad le iban a hacer varias  pruebas y segundas opiniones, y luego ella y la Dra. Delia Croce se encontrarían y discutirían las diferentes opciones.

Lo más extraño era que, Mary no se había sorprendido. En su corazón siempre lo había sabido,  ellos habían obligado a que la enfermedad se retirara, no que se rindiera.

O tal vez ella solo estaba en shock  y empezaba sentir la familiar enfermedad.

Cuando pensaba en lo que iba a afrontar, lo que la asustó no era el dolor; era  la pérdida de tiempo. ¿Cuánto tiempo hasta que volviera a estar bajo control? ¿Cuánto tiempo duraría el siguiente respiro? ¿Cuándo podría regresar a su vida?

Ella rehusaba  pensar que había una alternativa a la remisión. No iba a ir por allí.

Girándose sobre su lado,  clavó los ojos en la pared del cuarto y pensó en su madre. Vio a su madre girando un rosario con las  puntas de sus dedos, murmurando palabras de devoción mientras yacía en la cama. La combinación de fricción y susurros la habían ayudado  a encontrar un alivio más allá de lo que la morfina le podía reportar. Porque de cierta manera, emparejada  en medio de su maldición, aun en el apogeo del dolor y del miedo, su madre había creído en los milagros.

Mary había querido preguntarle a su madre si realmente pensaba que se  salvaría, y no en el sentido metafórico, pero si de manera práctica. ¿Cissy verdaderamente había  creído en que si decía las palabras justas  y tenía  los objetos correctos a su alrededor, se curaría, caminaría otra vez, viviría otra vez?

Las preguntas nunca fueron  planteadas. Tan amable investigación habría sido cruel, y Mary había sabido la respuesta de todas formas. Había sentido  que su madre había esperado una redención temporal antes del verdadero final.

Pero entonces, tal vez Mary solo  había proyectado lo que había esperado con ilusión. Para ella,  salvarse significaba  tener una  vida como la de una  persona normal: tú estarás  saludable y fuerte, y el prospecto de la muerte, apenas un hipotético conocimiento lejano. Una deuda pagada completamente en un futuro que no podrías imaginar.

Quizá su madre lo había mirado de otro modo, pero una cosa era  segura: el resultado  no se había alterado. Las oraciones no la habían salvado.

Mary cerró los ojos, y el excesivo cansancio se la llevó. Como se la tragó del todo, agradeció  la temporal vacuidad. Durmió durante  horas, entrando y saliendo de la conciencia, desplomada en la cama.

Se despertó a las siete en punto y trató de alcanzar el teléfono, marcando el número que Bella la había dado para comunicarse con  Hal. Colgó el teléfono sin dejar ningún  mensaje. Debería haberlo cancelado, porque no iba a ser una gran compañía, pero maldición, se sentía egoísta. Quería verle. Hal la hacía  sentirse viva, y ahora mismo estaba desesperada por esa excitación.

Después de una rápida ducha, se puso rápidamente una falda y un jersey de cuello alto. En el espejo de cuerpo entero que había en  la puerta del cuarto de baño las dos estaban más sueltas de lo que tenían que estar, y pensó en el peso de esa  mañana en la consulta de la doctora. Probablemente debería comer como Hal esta noche, porque Dios sabía que no había razón para estar a dieta ahora mismo. Si la orientaban hacia otra ronda de quimioterapia, entonces debería hacer un equipaje en  libras.

El pensamiento la congeló en el lugar.
Se pasó las manos por su pelo, retirándolo de su cuello cabelludo, pasándolo a través de sus dedos y dejándolo caer sobre sus hombros. Tan poco notorio todo marrón, pensó ella. Y tan importante en el esquema más grande de las cosas.
La idea de perderlo la hizo querer llorar.
Con una expresión severa, ella junto las puntas, retorciéndolas en un nudo y atándolas en su lugar.
Estaba en la puerta de la calle  esperando en el camino de entrada unos minutos más tarde. El frío la golpeó y comprendió que había olvidado ponerse un abrigo. Volvió a dentro, cogió una chaqueta de lana negra y perdió sus llaves en el proceso.
¿Dónde estaban sus llaves? Si hubiera dejado sus llaves en el…
Yup, las llaves estaban en la puerta.
Cerró la casa, girando la cerradura y lanzó el enredo metálico en el bolsillo de su abrigo.
Esperando, ella pensó en Hal.
Suéltate el pelo para mí.
Bien.
Ella abrió el pasador y se peinó con los dedos lo mejor que pudo. Y entonces  se sintió tranquila.
La noche era tranquila, pensó ella. Y esto era por que le gustaba vivir en una granja; no tenía ningún vecino excepto Bella.
Entonces la recordó: había pensado llamarla y explicarle lo del día, pero no lo había sentido hasta entonces. Mañana. Se dirigiría a Bella mañana. Y la informaría de las dos citas.
Un sedán giró en la carretera a unos 800 metros  de distancia, acelerando con un gruñido bajo que ella escuchó claramente. Si no hubiera sido por los dos focos, habría pensado que una Harley subía por el camino.
Cuando el gran coche violáceo se paró delante de ella, pensó que parecía un GTO de alguna clase. Reluciente, ruidoso, ostentoso…encajaba perfectamente con un hombre al que le gustara la velocidad  y se encontrara cómodo con la atención.
Hal salió por el lado del conductor y caminó alrededor del capó. Llevaba un traje, muy a punto negro con una camisa negra abierta en el cuello. Se pelo peinado hacia atrás, cayendo en gruesos, rubios mechones en su nuca. Parecía una fantasía, sexy, poderoso y misterioso.
Exceptuando su expresión que no era material de ensueño. Sus ojos se estrecharon, sus labios y la mandíbula apretados.
De todas formas él sonrió un poco cuando llegó hasta ella. –Te dejaste el pelo suelto.
-Dije que lo haría.
Él levantó su mano como si quisiera tocarla, pero vaciló. -¿Estás preparada para irnos?
-¿Dónde vamos a ir?
-Hice una reserva en el Excel. –Él dejó caer su brazo y la miró a distancia, silencioso, inmóvil.
Oh….infiernos.
-Hal, ¿estás seguro de que quieres hacer esto? Tú estás claramente manteniendo cierta distancia esta noche. Sinceramente, yo también.
Él se alejó andando y miró fijamente el suelo, apretando la mandíbula.
-Podríamos dejarlo para otro momento. –Dijo ella, calculando que él era un tipo agradable para marcharse con alguna clase de invitación propuesta para otra ocasión. –No es una gran…
Se movió tan rápidamente que ella no pudo verlo. En un momento estuvo a un par de pasos de distancia; se aproximó y la levantó contra su cuerpo. Tomó su cara entre sus manos y puso sus labios sobre los de ella. Cuando sus bocas se juntaron,  la miró directamente a los ojos.
No había ninguna pasión en él, sólo una intención severa que convirtió el gesto en una especie de voto.
Cuando la soltó, ella tropezó hacia atrás. Y cayó directamente sobre su culo.
-Ah, maldición, Mary, lo siento.- Él se arrodilló. -¿Estás bien?
Ella asintió incluso cuando no lo estaba. Se sintió torpe y ridícula tumbada sobre la hierba.
-¿Estás segura de que estás bien?
-Sí. –Ignorando la mano que le ofrecía,  se levantó y retiró los restos de hierba que tenía sobre ella. Agradeció a Dios que su falda fuera marrón y la tierra estuviera seca.
-Vamos solo  a cenar, Mary. Vamos.
Una gran mano se deslizó alrededor de  su nuca, y la condujo hacia el coche, no dejándole ninguna otra opción, solo continuar.
Aunque el concepto de luchar con él no se le  ocurría. Se sentía abrumada por muchas cosas, él estaba entre ellas y ella estaba demasiado cansada para presentar alguna resistencia. Además, algo había pasado entre ellos en el instante en que sus bocas se habían encontrado. No tenía ni idea de lo que significaba, pero un lazo afectivo estaba allí.
Hal abrió la puerta del pasajero y la ayudó entrar al interior. Cuando él se deslizó en el asiento del conductor, ella miró alrededor en el prístino interior para evitar ser atrapada por su perfil.
El GTO gruñó cuando él puso la primera y condujo por el pequeño camino parando en la señal de la Ruta 22. Él miró ambos lados del camino y luego aceleró hacia la derecha, el creciente sonido del motor y la caída eran como una respiración cuando puso los cambios una y otra vez mientras viajaban.
-Es un coche espectacular. –Dijo ella.
-Gracias. Mi hermano lo volvió a hacer para mí. A Tohr le gustan los coches.
-¿Cuántos años tiene tu hermano?
Hal rió fuerte. –Bastante viejo.
-¿Más viejo que tú?
-Yup.
-¿Eres el más joven?
-No, no es así. No somos hermanos porque no nacimos de la misma mujer.
Dios, él tenía un extraño modo a veces de reunir las palabras.- ¿Fuisteis adoptados por la misma familia?
Él asintió con la cabeza. -¿Tienes frío?
-Ah, no. - Ella se miró las manos. Estaban profundamente clavadas en su regazo, sus hombros encorvados hacia adelante. Lo cual explicaba por que él pensaba que tenía frío. Intentó aflojarse. –Estoy bien.
Ella miró el parabrisas. La doble línea  amarilla en el camino brillaba por los focos. Y el bosque llegaba hasta el borde del asfalto. En la oscuridad, la ilusión de túnel era hipnótica, sintiendo como si la Ruta 22 continuara para siempre.
-¿Es muy rápido este coche? –Murmuró ella.
-Muy rápido.
-Enséñamelo.
Ella sintió su mirada como un dardo atravesándola en el asiento. Entonces el cambió, aceleró y los puso en órbita.
El motor rugió como un ser vivo, el coche vibraba  mientras los árboles parecieron una negra pared. Iban más y más rápido, pero Hal permaneció con absoluto control cuando abrazaron las curvas apretadamente, serpenteándolas por la carretera.
Cuando él comenzó a reducir la velocidad, ella puso su mano sobre su duro muslo. –No pares.
Él vaciló durante un momento. Entonces continuó y conecto el estéreo. “Dream Weaver”, aquel himno de los años setenta, inundó el interior del coche hasta niveles estridentes. Pisó fuerte el acelerador y el coche explotó, llevándolos a gran velocidad por la vacía e interminable carretera.
Mary bajó su ventana, dejando que entrara el aire. La ráfaga enredó su cabello y refrescó sus mejillas y la despertó del entumecimiento en el que la había dejado la doctora. Comenzó a reír y aun cuando podía oír que había un punto de histerismo en su voz, ella no se preocupó. Sacó su cabeza al frío, gritando al viento.
Y permitió al hombre y al coche que se la llevaran.

********

El Sr. X observó a sus dos nuevos principales escuadrillas cuando entraron en la cabaña para otra reunión. Los cuerpos de los lessers absorbieron el espacio libre encogiendo el tamaño del cuarto y satisfaciéndolo ya que tenían bastantes músculos para cubrir la línea de combate. Les había pedido que volvieran por los motivos de puesta al día habituales, pero también quería ver en persona como ellos habían reaccionado ante las noticias de que el Sr. O era ahora su responsable.
El Sr. O entró el último en el interior, y fue directamente a la entrada del dormitorio, apoyándose contra el marco casualmente, sus brazos cruzados sobre su pecho. Sus ojos eran agudos, pero ahora eran reservados, una reticencia que era mucho más útil  de lo que hubiese sido su cólera. Parecía como si un cachorro peligroso hubiera entrado en el salón, y si la tendencia continuaba, ellos tenían suerte. El Sr. X necesitaba un segundo al mando.
Con las últimas pérdidas que habían tenido, tenía que concentrarse en reclutar y ese era un trabajo a jornada completa. Escogiendo a los candidatos correctos, trayéndolos a bordo, rompiéndolos en cada paso del proceso requería concentración y  recursos dedicados. Pero mientras él rellenaba las filas de la sociedad, no podía permitir el rapto y la estrategia de persuasión que había presentado para perder ímpetu. Y la anarquía entre los asesinos no era algo que él tolerara.
Sobre muchos niveles, O tenía buenas calificaciones para ser un hombre correcto. Era comedido, despiadado, eficiente, de mente despejada: un agente de poder que motivaba a los otros con el miedo. Si Omega hubiera logrado aspirar su rebelión, estaría cerca de la perfección.
Era tiempo de que comenzara la reunión. -Sr. O, hable a los otros sobre las propiedades.
El lesser comenzó su informe sobre las dos extensiones de terreno que había visitado durante el día. El Sr. X ya había decidido comprar ambos con dinero en efectivo. Y mientras aquellas transacciones se cerraban, él iba a ordenar a las cuadrillas que erigieran un centro de persuasión sobre treinta hectáreas rurales que ya poseía la Sociedad. El Sr. O en última instancia sería el responsable del lugar, pero como el Sr. U había supervisado los proyectos del edificio en Connecticut, él haría un resumen informativo sobre las fases de construcción del centro.
Los objetivos de la asignación incluirían la velocidad y la conveniencia. La Sociedad necesitaba otros lugares para trabajar, sitios aislados, seguros y calibrados para su trabajo. Y ellos los necesitaban ahora.
Cuando el Sr. O se calló, el Sr. X delegó la construcción del nuevo centro en él y les ordenó a los hombres que salieran a las calles durante las tardes.
El Sr. O se retrasó.
-¿Tenemos algún negocio? –Preguntó el Sr. X -¿Algo más ha fracasado?
Aquellos ojos marrones llamearon, pero el Sr. O no se quebró. Más pruebas de mejoras.
-Quiero construir algunas unidades de almacenaje en la nueva instalación.
-¿Para qué? Nuestro objetivo no es mantener a los vampiros como animales domésticos.
-Espero tener más de un sujeto a la vez y quiero mantenerlos todo lo que pueda. Pero necesito algo dónde ellos no puedan desmaterializarse y tiene que estar protegido de la luz solar.
-¿Qué tiene usted en mente?
La solución que el  Sr. O detalló no solo era factible, pero era eficiente.
-Hágalo. –Dijo el Sr. X, sonriendo.

Capítulo 18


Cuando Rhage entró en el aparcamiento del Excel, condujo directo hacia los aparcacoches. Aunque el GTO no tenía un embrague delicado, él no le iba a dejar las llaves a nadie más. No con la clase de armas y municiones que llevaba en el maletero.
Él escogió un lugar en la zona trasera, uno que estaba en el lado correcto de la puerta lateral. Cuando giró la llave de contacto, se quitó el cinturón de seguridad y …
Y no hizo nada con ello. Sólo se quedó allí sentado, su mano en el clip.
-¿Hal?
Él cerró los ojos. Dios, daría cualquier cosa solo por oírle decir su verdadero nombre.  Y él quería….maldición, la quería desnuda en su cama, su cabeza sobre su almohada, su cuerpo entre sus sábanas. Quería tomarla en privado, solos ellos dos. Ningún testigo, ningún escudo en su abrigo. Nada de público, ninguna acción rápida en el pasillo o en el cuarto de baño.
Quería sus uñas en su trasero y su lengua en su boca y sus caderas meciéndose debajo suyo hasta que lo hiciera con tal fuerza que viera las estrellas. Entonces quería dormir con ella entre sus brazos. Y despertarse, comer y hacer el amor otra vez. Conversar  en la oscuridad sobre cosas estúpidas y serias…
Oh, Dios. Estaba vinculándola a él. La vinculación pasaba.
Había oído a los hombres que podía ser así. Rápido. Intenso. Sin lógica. Solo poderosos instintos primordiales consumiéndolos, uno de los más fuertes impulsos físicos de poseerla y marcarla en el proceso para que otros hombres supieran que ya tenía un compañero. Y quería que se quedaran jodidamente lejos de ella.
Miró el cuerpo de ella. Y comprendió que mataría a cualquier miembro de su sexo que intentara tocarla, estar con ella o  amarla.
Rhage se frotó los ojos. Yup, aquel impulso de marcarla estaba definitivamente trabajándolo.
Y ese no era su único problema. El zumbido volvió su cuerpo, animado por las explícitas imágenes en su cabeza, su olor y el suave sonido de su respiración.
Y la velocidad de su sangre.
Él quería probarla….beber de ella.
Mary se giró hacia él. –Hal, estás…
Su voz parecía papel de lija. –Tengo que decirte algo.
Soy un vampiro. Soy un guerrero. Soy una bestia peligrosa.
Al final de esta tarde, no recordarás que alguna vez me encontraste.
Y la idea de estar en tu memoria me hace sentir que me han apuñalado sobre el pecho.
-Hal. ¿Qué pasa?
Las palabras de Thor se repetían en su cabeza.
Es más seguro. Por ella
-Nada. –Dijo él liberándose del cinturón y saliendo del coche. –No es nada.
Él fue alrededor y abrió su puerta, ofreciéndole la mano para ayudarla a salir. Cuando ella puso su palma en las suyas, él cerró los párpados. La vista de sus brazos y sus piernas hicieron que sus músculos se tensaran y un suave gruñido le subió por la garganta.
Y maldición, en vez de apartarse de su camino,  cerró el espacio hasta que  sus cuerpos casi se tocaron. Las vibraciones bajo su piel se tensaron aún más y más fuerte con su lujuria rugiendo por ella. Sabía que debería mirarla a más distancia porque seguramente sus iris brillaban un poco. Pero él no podía.
-¿Hal? – Dijo ella escasamente. –Tus ojos…
Él cerró sus párpados. –Lo siento. Entremos...
Ella tiró de su mano. –No creo que quiera cenar.
Su primer impulso fue discutir, pero él no quería intimidarla. Además,  a menos tiempo que pasaran juntos, menos tendría que borrar.
Infiernos, debería acabar de borrarle desde el momento en que la hizo subir a su casa.
-Te llevaré a casa.
-No, digo, ¿quieres caminar un poco conmigo? ¿Por el parque de ahí? Es solo que no tengo ganas de meterme en una mesa. Estoy también….inquieta.
Rhage puso las llaves del coche en su bolsillo. –Me gustaría.
Mientras ellos serpentearon por la hierba y anduvieron bajo un pabellón de hojas coloreadas, él exploró los alrededores. No había nada peligroso alrededor, ninguna amenaza que pudiera sentir. Miró hacia arriba. Una media luna colgaba en el cielo.
Ella se rió un poco. –Yo nunca haría esto normalmente. Sabes, salir al parque de noche. ! Pero contigo! No me preocupo sobre que nos atraquen.
-Bueno. No deberías. –Por que él rebanaría a quien intentara dañarla, humano, vampiro o no muerto.
-Parece que esté mal. Murmuró ella. –Estar al aire libre en la oscuridad, creo. Se siente un poco ilícito y un poco asustadizo. Mi madre siempre me advertía sobre ir  a los sitios de noche.
Ella se paró, inclinó su cabeza hacia atrás, y miró fijamente hacia arriba. Despacio alargó su brazo hacia el cielo con su mano lisa. Cerró un ojo.
-¿Qué estás haciendo? Le preguntó él.
-Sosteniendo  la luna en la palma de mi mano.
-El se inclinó y siguió la longitud de su brazo mirando fijamente –Sí, la tienes.
Cuando  se enderezó, deslizó sus manos alrededor de su cintura y la apretó contra su cuerpo. Después de la rigidez inicial del momento, ella se relajó y dejó caer la mano.
Dios, le encantaba su olor. Tan limpio y fresco, con aquella lleve nota a cítrico.
-Estabas en el médico cuando te llamé hoy. -Dijo él.
-Sí, lo estaba.
-¿Qué van  a hacer por ti?
Ella se separó y comenzó a andar otra vez. Él le cogió el paso, permitiéndole que escogiera el ritmo.
-¿Qué te dijeron, Mary?
-No tenemos que hablar sobre todo eso.
-¿Por qué no?
-Va en contra de tu tipo. -Dijo ella ligeramente. – Los playboy, no se supone que se encarguen adecuadamente de las partes poco atractivas de la vida.
Él pensó en su bestia. –Estoy acostumbrado a lo poco atractivo, confía en mí.
Mary se paró otra vez, sacudiendo la cabeza- Sabes, algo no está bien sobre todo esto.
-Buen punto. Yo debería estar sosteniendo tu mano mientras andamos.
Él extendió la mano, solo para que ella se alejara. –En serio, Hal ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Estar conmigo?
-Vas a acomplejarme. ¿Qué pasa si deseo pasar un poco de mi tiempo contigo?
-¿Necesitas que te lo explique detalladamente? Soy una mujer de la media que tiene un trabajo de la media. Eres muy guapo. Sano. Fuerte…
Diciéndose que era diez veces estúpido, él se colocó frente a ella y puso sus manos sobre la base de su cuello. Iba a besarla otra vez, aun cuando no debería. Y este no iba a ser de la clase del que le había dado delante de su casa.
Cuando él bajo su cabeza, la extraña vibración en su cuerpo se intensificó, pero no se paró. Infiernos si iba a dejara su cuerpo imponerse sobre él esta noche. Sujetando el zumbido, apretó la sensación a pura fuerza de voluntad. Cuando logró suprimirlo, se sintió aliviado.
Y determinado a adentrarse en ella, aunque sólo fuera con su lengua en la boca.
Mary miró los eléctricos ojos azules de Rhage. Podría haber jurado que ardían en la oscuridad, aquella  luz verde azulada en realidad salía de ellos. Ella había sentido una cosa parecida en el aparcamiento.
El vello se su nuca se le erizó.
-No te preocupes por el brillo.- Dijo él suavemente, como si hubiera leído su mente. –No es nada.
-No lo entiendo.-Susurró ella.
-No lo intentes.
Él cerró la distancia entre ellos, descendiendo. Sus labios eran suaves como el ante contra los suyos, prolongándolo, ciñéndola. Su lengua salió y le acarició la boca.
-Ábrete para mí, Mary. Déjame entrar.
La lamió hasta que ella los separara para él. Cuando su lengua se deslizó dentro de ella, el empuje aterciopelado la golpeó entre los muslos y  alivió en su cuerpo, el calor la atravesó cuando sus pechos encontraron su pecho. Ella lo agarró por los hombros, intentando acercarsela  todos aquellos músculos y al calor.
Ella tuvo éxito durante solo un momento. Bruscamente, él separó sus cuerpos, aunque mantuvo el contacto con sus labios. Ella se preguntó si todavía la estaba besando para ocultar el hecho  de que él se había retirado. ¿O tal vez solo intentaba refrescarla un poco, cuando ella había estado demasiado agresiva o algo así?
Ella giró su cabeza hacia un lado.
-¿Qué pasa? –Preguntó él. –Estás dentro de esto.
-Sí, bien, no lo bastante para los dos.
Él la detuvo antes de  que se distanciara un paso rechazando dejar su cuello.
-No quiero parar, Mary. –Sus pulgares acariciaron la piel de su garganta y luego presionaron sobre su mandíbula e inclinó su cabeza hacia atrás. –Quiero que estés caliente. Bastante caliente para no sentir nada excepto a mí. No pensarás en nada más que en lo que te hago. Te quiero líquida.
Él se dobló y tomó su boca, entrando profundamente, comiéndosela. Buscó en todas las esquinas hasta que no hubo ningún lugar en su interior que no hubiese explorado. Entonces cambió el beso, retirándose y avanzando, una rítmica penetración que hizo que estuviera más mojada y aún más lista para él.
-Exacto, Mary. –Dijo él contra sus labios. –Déjate ir. Dios, puedo oler tu pasión….eres exquisita.
Sus manos fueron de arriba abajo, yendo bajo las solapas de su abrigo, sobre sus clavículas. ¡Por Dios! Se había perdido en él. Si él le hubiera pedido que se quitara la ropa, ya se habría desnudado. Si él le hubiera dicho que se tendiera sobre la tierra y se abriera de piernas, ella habría preparado la hierba para él. Cualquier cosa. Cualquier cosa que quisiera, lo que fuera con tal de que nunca dejara de besarla.
-Voy a tocarte. –Dijo él. –No lo bastante, no realmente lo bastante. Pero un poco…
Sus dedos se movieron sobre su jersey de cuello alto de cachemira, yendo más y más abajo y…
Su cuerpo se sacudía con fuerza cuando él encontró sus apretados pezones.
-Tan lista para mí. –Murmuró él, cogiéndolos. –Querría tomarlos en mi boca. Quiero amantarme de ti, Mary. ¿Vas a dejarme hacerlo?
Sus palmas aplanadas tomaron el peso de sus pechos.
-¿Querrías, Mary si estuviéramos solos? ¿Si estuviéramos en una agradable cama caliente? ¿Se estuvieras desnuda para mí? ¿Me dejarías probarlos?  -Cuando ella asintió, él rió con ferocidad. –Sí, tú querrías ¿Dónde además querrías mi boca?
-Él la besó duramente cuando ella no contestó. –Dímelo.
Su respiración salió en una muda prisa. Ella no podía pensar, no podía hablar.
Él tomó su mano y la puso a su alrededor.
-Entonces muéstrame, Mary. – Dijo él a su oído.- Muéstrame dónde quieres que vaya. Condúceme. Vamos. Hazlo.
Incapaz de parar, ella tomó su palma y la puso sobre su cuello. En lento barrido, la devolvió a su pecho. Él ronroneó con aprobación y la besó a un lado de la mandíbula.
- Sí, allí. Sabemos que quieres que vaya allí. ¿Dónde más?
Estúpida, fuera de control, ella condujo su mano hacia su estómago. Entonces bajó a su cadera.
-Bueno. Esto es bueno. –Cuando ella vaciló, él susurró. – No te pares, Mary. Sigue. Muéstrame dónde quieres que vaya.
Antes de que ella perdiera el ánimo, puso su mano entre las piernas. Su holgada falda cedió al paso, dejándolo entrar y un gemido se le escapó cuando percibió su palma sobre su centro.
.Oh, sí, Mary. Así es. –Él la acarició y ella se agarró a sus gruesos bíceps, echándose hacia a delante. –Dios, me quemas vivo. ¿Estás tan mojada para mí, Mary? Creo que sí. Pienso que estás cubierta de miel…
Necesitando tocarlo, ella puso sus manos bajo su chaqueta, en su cintura, sintiendo el crudo y atemorizante poder de su cuerpo. Pero antes de que pudiera alejarse, él apartó sus brazos y le sostuvo las muñecas con una mano. Claramente él no iba a parar, sin embargo. La presionó hacia atrás con su pecho, hasta que ella sintió un sólido árbol contra su espalda.
-Mary, permíteme hacerte sentir bien. –A través de su falda, sus dedos sondearon y encontraron el punto de placer. –Quiero hacer que llegues. Aquí y ahora.
Cuando ella gritó, él comprendió que estaba al borde del orgasmo y él estaba completamente alejado, un ingeniero de su lujuria quien no sentía nada él mismo: su respiración era serena, su voz estable, su cuerpo sin ninguna afectación.
-No. -Gimió ella.
La mano de Hal cesó las caricias. -¿Qué?
-No.
-¿Estás segura?
-Si.
Al instante, él se echó hacia atrás. Y mientras él estuvo de pie calmado delante de ella, ella intentó recobrar el aliento.
Su fácil consentimiento le dolió, pero ella se preguntó por qué él lo había hecho. Tal vez llegaba estando en control. Infiernos, hacer que una mujer jadeara debía ser un viaje de poder fabuloso. Y eso explicaría por qué él quería estar con ella y con aquellas chicas sexys. Una no- tan-atractiva mujer podría ser más fácil para permanecer distante.
La vergüenza apretó su pecho.
-Quiero volver. Dijo ella, a punto de ponerse a llorar. –Quiero ir a casa.
Él suspiró. –Mary…
-Si piensas pedirme perdón, voy a enfermar…
De repente, Hal frunció el ceño y ella comenzó a estornudar.
Dios, por alguna razón, su nariz sentía un estremecimiento como si se le escapara. Algo había en el aire. Dulce. Como el detergente de la lavandería. ¿O era tal vez  talco de bebés?
La mano de Hal golpeó su brazo. –Échate al suelo. Ahora mismo.
-¿Por qué? Qué…
-Échate al suelo. –Él la empujó hasta sus rodillas. –Mantén tu cabeza a cubierto.
Girando a su alrededor, se plantó delante de ella, sus pies separados, la manos delante de su pecho. Desde la separación de sus piernas, ella vio a dos hombres salir desde un lugar de arces. Estaban vestidos con ropas de trabajo negras, su piel pálida y su pelo brillaban  a la luz de la luna. La amenaza que se les había echado encima en el parque la hizo comprender lo lejos que ella y Hal habían estado vagando.
Ella buscó en su bolso su teléfono móvil e intentó convencerse que estaba reaccionando de una forma exagerada.
Sí, de acuerdo.
Los hombres se dividieron y atacaron a Hal por ambos lados, llegaron rápidamente y bajaron al suelo. Ella gritó alarmada, pero Hal….Santo Moisés, Hal sabía lo que se hacía. Se abalanzó sobre la derecha y agarró a uno de ellos por un brazo, tirando al tipo al suelo. Antes de que el hombre pudiera levantarse, Hal lo pisó con fuerza sobre su pecho, clavándolo. El otro atacante terminó ahogándose, dando patadas y golpeando, jadeando por obtener aire, yendo rápidamente a ninguna parte.
Sombrío, mortífero, Hal estaba muy controlado, a gusto con la violencia. Y su fría expresión, tranquila la molestaba infernalmente a ella, hasta cuando le estaba agradecida por haberlos salvado.
Ella encontró su teléfono y comenzó a marcar el 911, pensando que él claramente los podría sostener mientras llegaba la policía.
Ella oyó un repugnante chasquido.
Mary alzó la vista. El hombre que había sido agarrado cayó al suelo, su cabeza colgando de su cuello en un ángulo totalmente incorrecto. No se movía.
Ella se levantó. - !Qué has hecho!
Hal sacó una larga daga negra de algún sitio y sobresalió sobre el hombre que había estado bajo su bota. El tipo reptaba por la tierra para escaparse.
-No. –Ella se colocó delante de Hal.
-Hazte a un lado. – Su voz era misteriosa. Apartada. Totalmente indiferente.
Ella lo cogió por el brazo. –Páralo.
-Tengo que terminar…
-No voy a dejar que mates otro…
Alguien la agarró del pelo y la tiró a sus pies. Entonces el otro hombre de negro atacó a Hal.
El dolor atravesó su cabeza y su cuello como un relámpago y luego cayó sobre su trasero con fuerza. El impacto del golpe  hizo que la abandonara la respiración y las estrellas irrumpieran su visión como fuegos artificiales. Ella luchaba por conseguir aire en sus pulmones cuando sus brazos fueron retorcidos hacia arriba y se la llevaron arrastrándola. Rápidamente.
Su cuerpo se golpeaba contra el suelo, sus dientes castañeando. Ella levantó la cabeza aún cuando esto le enviaba agujas arriba y debajo de su espina dorsal. Lo que vio fue un horrible alivio. Hal lanzaba otro cuerpo sin vida sobre la hierba y venía tras ella en una carrera mortal. Sus muslos se comían por completo la distancia, la chaqueta llameaba detrás de él, la daga estaba en su mano. Sus ojos eran de un azul chillón en la noche, como linternas de neón sobre un coche, y su gran cuerpo era nada más que la muerte que espera un lugar para pasar.
Gracias a Dios
Pero entonces otro hombre se lanzó sobre Hal.
Cuando Hal rechazó al tipo, Mary llamó a su entrenamiento de auto-defensa, retorciéndose hasta que su atacante tuviera que recolocarse para apretarla. Cuando ella sintió que sus dedos se aflojaban, dio un tirón con tanta fuerza como pudo. Él giró y la reconquistó rápidamente, pero con un agarre menos seguro. Ella tiró otra vez, obligándolo a parar y girarse.
Ella se batió, lista para ser golpeada, pero al menos esperaba haberle conseguido a Hal algo de tiempo.
No hubo ningún golpe. En cambio un aullido de dolor salió desde el hombre y su raptor cayó sobre ella, un pesado y sofocante peso. El pánico y el terror le dieron las fuerzas para retirarlo.
Su cuerpo se dio la vuelta débilmente. La daga de Hal atravesaba el ojo izquierdo del hombre.
Demasiado horrorizada para gritar, Mary se puso de pie y corrió tan rápido como pudo. Estaba segura de que la volverían a coger, convencida de que iba a morir.
Pero entonces el brillo de las luces de restaurante finalmente entró en su campo de visión. Cuando sintió el asfalto del aparcamiento, quiso llorar de gratitud.
Hasta que vio a Hal delante de ella. Como si hubiera aparecido de la nada.
Dio un patinazo al pararse, jadeando, mareada, incapaz de comprender como había podido ir tras ella. Cuando sus rodillas se agotaron, ella fue hasta un coche cualquiera.
-Venga, vámonos. –Dijo él apenas.
En una fría precipitación, ella recordó el chasquido del cuello del hombre. Y la daga negra en el ojo del hombre. Y el control tranquilo, cruel de Hal.
Hal era la muerte….La muerte en un hermoso paquete.
-Aléjate de mí. –Ella se cayó sobre sus pies y él extendió la mano hacia ella. -¡No! No me toques.
-Mary…
-Mantente lejos de mí. –Ella fue hacia el restaurante, las manos levantadas para rechazarlo. Para lo poco que le serviría contra él.
Hal la siguió, moviendo sus poderosos brazos y piernas. –Escúchame…
-Necesito…-Ella se aclaró la garganta. –Tengo que  llamar a la policía.
-No, no lo harás.
¡Fuimos atacados! Y tú….mataste a gente. Mataste a la gente. Quiero llamar a…
-Esto es algo privado. La poli no puede protegerte. Yo puedo.
Ella se paró, un sucio disparo de la verdad en la que él estaba en el centro. Todo tenía sentido. La amenaza que él ocultaba detrás de su encanto. La carencia absoluta de miedo cuando fueron atacados. Su determinación a no implicar a la policía. Dios, el hecho de que había rajado la cabeza de un hombre con facilidad, como si lo hubiera hecho antes.
Hal no quería que ella llamara al 911 porque él estaba al otro lado de la ley. No menos que los gamberros que habían ido detrás de ellos.
Ella bajó su brazo para sostener el bolso, a punto de volver a correr. Y se dio cuenta de que su bolso había desaparecido.
Hal maldijo, rápido y fuerte. -¿Has perdido el bolso, verdad? –Él miró a su alrededor. –Escucha, Mary, tienes que venir conmigo.
-Un infierno que lo haré.
Ella huyó hacia el restaurante, pero Hal saltó delante de ella, bloqueándole el camino, cogiéndola de los brazos.
-Gritaré. – Ella miró hacia los aparcacoches. Ellos estaban probablemente a unos 25 metros de distancia. –Gritaré muy fuerte.
-Tú vida está en peligro, pero puedo protegerte. Confía en mí.
-No te conozco.
-Sí, lo haces.
-Ah, tienes razón. Eres hermoso, entonces posiblemente no puedes ser malo.
Él señaló con un dedo hacia el parque. –Te salvé ahí. Sin mí, ahora mismo no estarías viva.
-Bien. Muchas gracias. ¡Ahora déjame sola!
-No quiero hacer eso. –Refunfuñó él. –Realmente no lo hago.
¡Hacer qué!
Él pasó su mano por delante de su cara.
Y de repente, ella no podía recordar  por que estaba tan enojada.

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