sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 22 23 24

Capítulo 22


Cuando el sol se fue, O ojeaba los bosquejos del edificio que cubrían la mesa de la cocina de U. Él marcó uno.
-Esto es lo que quiero. ¿Cuan  rápido podemos levantarlo?
-Rápido. El sitio está en medio de ninguna parte, y la instalación no estará sujeta a cualquier dificultad municipal, así no hay ninguna necesidad de tener el permiso de construcción. Reuniendo los apoyos de la pared y lanzando algunas tablillas exteriores sobre un espacio 140 metros cuadrados no nos llevará demasiado tiempo. La instalación  de las zonas de almacenaje de los cautivos no debería ser un problema. En cuanto a la ducha, podemos desviar la corriente cercana fácilmente e instalar una bomba para proporcionar el agua corriente. Las provisiones de hardware y herramientas son todas genéricas y he seguido el tamaño estándar de longitudes aconsejadas reduciendo la cantidad de recorte. El generador impulsado por gas sobre el lugar proveerá de la electricidad para las sierras y las pistolas de clavos.  También nos proveerá de luz si queremos mantenernos aquí a largo plazo.
-Dame un número de días.
-Con un equipo de cinco tipos, puedo tener un techo sobre tu cabeza en cuarenta y ocho horas. A condición de que pueda trabajar en el suelo y las provisiones lleguen a tiempo.
-Entonces, te aguantaré dos días.
-Empezaré a conseguir lo que necesitamos en Home Depot y Lowe esta mañana. Repartiré las órdenes de los suministros entre dos. Y vamos a necesitar una pequeña excavadora, una de esas Toro Dingos con cubas intercambiables y sistema de azada. Sé dónde podemos alquilar una.
-Bien. Todo está bien.
O se inclinó hacia atrás para estirar los brazos y ociosamente los  separó cubriéndose. La casa de U era un anónimo profundo bajo en el territorio de clase media. Esta parte de Cadwell con calles llamadas Elmwood,  Spruce Knoll y Pine Notch, dónde los niños montaban con sus bicis sobre las aceras y la cena estaba sobre la mesa a las seis de la tarde.
Toda la feliz-feliz, alegría-alegría hacía que la piel de O se erizara. Quería prender fuego a  la casa. Echar sal al césped. Talar los árboles. El impulso se volvió tan profundo que lo sorprendió. No tenía ningún problema con la destrucción de la propiedad, pero él era un asesino, no un vándalo. No podía creer  por qué le importaba una mierda.
-Quiero utilizar su camión. –Le dijo U. –Alquilaré un remolque con enganche. Entre los dos, seremos capaces de  coger la entrega en la pasarela y las provisiones de materiales utilizados para techar de sus lotes. No hay ninguna razón para la gente de Home Depot sepa de dónde estamos.
-¿Y el material para las unidades de almacenaje?
-Sé exactamente lo que está buscando y dónde encontrarlo.
Se oyó un sonido electrónico.
-¿Qué infiernos es eso? –Preguntó O.
-Un recordatorio sobre el registro de las 9 de la mañana. –U sacó una BlackBerry, sus embotados dedos volaron sobre el pequeño teclado. -¿Quiere que envíe su estado por correo electrónico?
-Sí. O se concentró en U. El lesser había estado en la sociedad durante 175 años. Era tan pálido como el papel. Tranquilo y agudo como una tachuela. No tan agresivo como otros, pero estable.
-Eres un miembro valioso, U.
U  ladeó una sonrisa y levantó la vista de la BlackBerry. –Lo sé. Y me gusta que me utilicen. Hablando de, ¿a quién va a darme para el equipo?
-Vamos a utilizar las dos escuadrillas principales.
-¿Nos tendrá dos noches fuera de línea?
-Y días. Dormiremos por turnos en el sitio.
-Bien.-U miró hacia abajo hacia la cosa que había en su mano, tocando una pequeña rueda sobre el lado derecho de ello. –Ah,…mierda. Al Sr. X no le va a gustar esto.
O estrechó los ojos. –Oh, ¿si?
-Es un correo electrónico de las escuadrillas Beta. Adivino que a estoy en la  lista.
-¿Y?
-Un grupo de Betas cazaba anoche y corrió contra un de la Hermandad en el parque. De cinco de ellos, tres faltan. Óigalo bien, el guerrero estaba con una mujer humana.
-A veces  tienen sexo con ellas.
-Sí. Bastardos con suerte.
******
Mary estuvo de pie en la cocina pensando en la manera que Rhage la miraba. No podía entender por qué ofrecerse a hacerle el desayuno era semejante gran cosa, pero él había actuado como si ella le hubiera hecho un gran regalo.
Echó  la tortilla y se dirigió a la nevera. Sacando un contenedor de plástico con fruta cortada, sacó la mezcla  con una cuchara. Esto no le pareció bastante, entonces ella agarró un plátano y lo cortó echándolo por encima.
Cuando dejó el cuchillo, se tocó los labios. No hubo nada sexual en el beso que le había dado en el diván; había sido de gratitud. Y la acción de  boca-sobre-boca en el parque había sido más profunda, pero la distancia por su lado había sido la misma. La pasión había sido unilateral. La suya.
-¿Los vampiros dormían con humanos? Tal era por esto por lo que él se contenía, en vez de ser una especie de juego de poder.
-¿Pero que pasaba con la anfitriona del TGI Friday? Definitivamente él había valorado a aquella mujer, y no porque hubiera querido comprarle un vestido. Entonces claramente su raza no tenía ningún problema para estar con otra especie. Lo que pasaba era que él no tenía ningún interés en ella.
Amigos. Solo amigos.
Cuando terminó la tortilla y untó la tostada, enrolló un tenedor en una servilleta, metiéndola bajo su codo y cogió el plato y el tazón y lo llevó a la sala de estar. Rápidamente cerró la puerta detrás de ella y se dirigió hacia el diván.
-¡Para!
Rhage se había quitado la camisa y se inclinaba contra la pared, inspeccionando sus quemaduras. Al brillo de la luz de la vela, ella consiguió una mirada seria de sus pesados hombros, sus poderosos brazos, su pecho. La piel sobre todo ese músculo era dorada, sin pelo.
Intentando mantenerlo junto, puso lo que llevaba sobre el suelo al lado de él y sentándose a pocos centímetros. Para evitar mirar fijamente su cuerpo, echó un vistazo a su cara. Él no miraba la comida, ningún movimiento, ninguna conversación.
-No estaba segura de lo que te gustaba. –Le dijo ella.
Sus ojos se movieron rápidamente sobre los suyos y cambió de posición para quedar enfrente a ella. Su vista frontal era aún más espectacular que su perfil. Sus hombros eran bastante amplios para llenar el espacio entre el diván y la pared. Y la cicatriz en forma de estrella sobre su pectoral izquierdo era infernalmente atractiva, como una especie de marca sobre su piel.
Después de un latido o dos él solamente la estaba mirando fijamente, ella cogió el plato. –Te conseguiré algo más….
Extendió su mano y le agarró la muñeca. Acariciándole la piel con el pulgar. –Lo amo.
-No has probado la…
-Tú lo hiciste. Eso es suficiente. –Él cogió el tenedor de la servilleta, los músculos y tendones de su antebrazo trabajaron. -¿Mary?
-¿Um?
-Me gustaría alimentarte. –Cuando él habló, su estómago soltó un aullido.
-No te preocupes. Conseguiré algo para mi…Ah, ¿por qué frunces el ceño así?
El acarició sus cejas, como si quisiera planchar su expresión. –Lo siento. No puedes saberlo.
-¿Saber el qué?
-De dónde yo vengo, cuando un hombre se ofrece a alimentar a una mujer de su mano, es una manera de mostrar respeto y...afecto.
-Pero tú tienes hambre.
Él atrajo el plato un poco más cerca y arrancó una esquina a la tostada. Entonces cortó un cuadrado perfecto de la tortilla y lo colocó encima.
-Mary, come de mi mano. Toma de mí.
Él se inclinó más cerca, alargando su largo brazo. Sus ojos eran hipnóticos, llamándola, inclinándola, abriendo su boca. Cuando ella puso sus labios alrededor del alimento que había cocinado para él, él gruñó con aprobación. Y después de que ella tragara, él volvió hacia ella otra vez, otro trozo de pan tostado suspendido entre las yemas de sus dedos.
-¿No deberías tomar algo? –Le dijo ella.
-No antes de que estés llena.
-¿Y si me lo como todo?
-Nada me complacería más que saber que tú estás bien alimentada.
Amigos, ella se dijo. Solo amigos.
-Mary, come para mí. –Su insistencia consiguió que abriera la boca otra vez. Sus ojos se quedaron sobre sus labios después de que ella los cerrara.
Jesús. Esto no parecía de amigos.
Cuando ella masticó, Rhage escogió un trozo del tazón de fruta con las yemas de los dedos. Él finalmente escogió una rebanada de melón y se lo presentó. Ella tomó el pedazo, un poco de jugo resbaló por la comisura de su boca. Ella fue a limpiarse con el dorso de la mano, pero él la paró, levantando la servilleta, acariciando su piel.
-He terminado.
-No, no lo has hecho. Puedo sentir tu hambre. –Esta vez media fresa fue hacia ella. –Ábrela para mí.
Él la alimentó con bocados selectos, mirándola con primordial satisfacción que era la diferencia que ella había visto antes.
Cuando ella no pudo tomar otro bocado, él hizo un trabajo rápido de lo que había dejado y cuando terminó, ella recogió el plato y se dirigió a la cocina. Le hizo otra tortilla, llenó el tazón con cereales, y le dio la última de sus bananas.
Su sonrisa fue brillante cuando lo puso todo delante de él. –Como me honras con todo esto.
Cuando él comió de aquel modo metódico, tan ordenado, ella cerró los ojos y dejó que su cabeza se recostara contra la pared. Ella cada vez se cansaba más fácilmente y sintió una puñalada de de frío terror ahora que sabía el por qué. Dios, temía averiguar que los médicos iban a averiguar después de todas las pruebas.
Cuando ella abrió los ojos, la cara de Rhage estaba frente a ella.
Ella se echó hacia atrás, golpeándose contra la pared. –Yo, ah, no te oí moverte.
Agachado a cuatro patas como un animal preparado para saltar, él puso un brazo entre sus piernas, sus macizos hombros aguantando el peso de su torso. Al final, era enorme. Enseñaba mucha piel. Y olía realmente bien, como a oscuras especias.
-Mary, te agradecería, si tú me permitieras.
-¿Cómo?  Ella susurró.
Él inclinó su cabeza de lado y puso sus labios sobre los de ella. Cuando ella jadeó, su lengua penetró su boca y la acarició. Cuando él se retiró para evaluar su reacción, sus ojos brillaban con la promesa del éxtasis, del tipo que hervía la médula ósea.
Ella se aclaró la garganta. –De nada.
-Volvería a hacerlo otra vez, Mary. ¿Me dejarás?
-Un simple agradecimiento estaría bien. Realmente yo…
Sus labios la cortaron y luego su lengua asumió otra vez, invadiéndola, tomándola, acariciándola. Cuando el calor rugió en su cuerpo, Mary dejó de luchar y saboreó la loca lujuria, la palpitación de su pecho, el dolor de sus pechos y entre las piernas.
Oh, Dios. Esto había sido tan largo. Y nunca se había parecido a esto.
Rhage soltó un ronroneo bajo, como si él hubiese sentido su excitación. Ella sintió como su lengua se retraía y luego tomó su labio inferior entre su…
Colmillos. Aquellos colmillos pellizcaban su carne.
El miedo se coló por su pasión y lo espesó, agregando un borde peligroso que la abrió hasta más allá. Puso sus manos sobre sus brazos. Dios, era tan duro, tan fuerte. Él se sentiría tan pesado encima de ella.
-¿Me dejarás yacer contigo? Le preguntó él.
Mary cerró los ojos, imaginándoselos yendo más allá de los besos a un lugar dónde ellos estarían desnudos juntos. No había estado con un hombre desde mucho antes de su enfermedad. Y mucho de su cuerpo  había cambiado desde entonces.
Ella tampoco sabía de dónde venía su deseo de estar con ella. Los amigos no tenían sexo. No en su libro, de todas formas.
Ella negó con su cabeza. -No estoy segura.
La boca de Rhage cayó sobre la suya otra vez, brevemente. –Solo quiero acostarme a tu lado ¿Vale?
Traducción literal…de acuerdo. Excepto  como lo miraba fijamente, ella no podía hacer caso a las diferencias entre ellos. Ella estaba sin aliento. Él estaba tranquilo. Ella mareada. Él estaba lúcido.
Ella tenía calor. Él ….no.
Bruscamente él sentó contra la pared y tiró de la manta que colgaba del diván hasta su regazo. Ella se preguntó durante una fracción de segundo si él estaba ocultando una erección.
Sí, de acuerdo. Probablemente él tenía frío por que estaba medio desnudo.
-¿De repente recordaste quien soy? –Le preguntó él.
-¿Perdón?
-¿Qué te quitó las ganas?
Ella recordó aquellos colmillos sobre sus labios. La idea de que él era un vampiro volvió. –No.
-¿Entonces por qué te cerraste? ¿Mary? Sus ojos manteniéndolos en los suyos. –Mary, ¿me dirás que sucede?
Su confusión cuando él la miró era espantosa. ¿Pensaba que a ella no le importaría ser una jodida compasión?
-Rhage, aprecio hasta dónde estás dispuesto a llegar en nombre de la amistad, pero no me hagas ningún favor, ¿vale?
-Te gusta lo que te hago. Puedo sentirlo. Puedo olerlo.
-Por todos los santos, ¿te excita hacer que resienta avergonzada? Porque te diré, que tener un hombre que me moleste y me encienda mientras  él bien podría estar leyendo un periódico no se siente bien sobre mi final. Dios…estás realmente enfermo, ¿sabes?
Aquella mirada fija de neón se estrechó ofendida. –Piensas que no te quiero.
-Oh, lo siento. Me imagino que me perdí toda tu lujuria. Sí, realmente estás caliente por mí.
Ella no podía creer lo rápido que él se movió. En un minuto él estaba recostado contra la pared, mirándola. Al siguiente él la tenía sobre el suelo, debajo de él. Su muslo abriéndole las piernas y luego sus caderas se condujeron a su centro. Lo qué llegó contra ella fue dura y gruesa longitud.
Su mano enredada en su pelo y tiró, arqueándola sobre él. Él dejó caer su boca sobre su oído.
-¿Lo sientes Mary? Él frotó su excitación en apretados círculos, acariciándola, haciéndola florecer para él. -¿Me sientes? ¿Sabes lo que significa?
Ella jadeaba por aire. Ahora estaba muy mojada, su cuerpo listo para conducirlo profundamente a su interior.
-Dime lo que significa, Mary. –Cuando ella no contestó, él aspiró su cuello hasta que le empezó a doler y luego tomó el lóbulo de su oído entre sus dientes. Pequeños castigos. –Quiero que lo digas. Entonces sabré que te queda claro lo que siento.
Su mano libre bajó hasta su culo, acercándola más y luego la empujó contra su erección, golpeando el lugar correcto. Ella podía sentir la cabeza de él sondeando a través de sus pantalones y su pijama.
-Dilo, Mary.
Él surgió hacia delante otra vez y ella gimió. –Me deseas…
-Y vamos a asegurarnos de que lo recuerdas, ¿verdad?
Él liberó su pelo y tomó sus labios con un crudo filo. Él estaba por todas partes, dentro de su boca, sobre su cuerpo, su calor, su masculino olor y su enorme erección que le prometía un infernal paseo salvaje, erótico.
Pero entonces él se separó de ella y se volvió al lugar donde había estado contra la pared. Así como así, él volvía a estar controlado otra vez. Incluso su respiración. Su cuerpo también.
Ella luchó por volverse a sentar, intentando recordar como utilizar sus brazos y piernas.
-No soy un hombre, Mary, aún cuando mis partes se parezcan. Lo que has tenido no es nada comparado con lo que quiero hacerte. Quiero mi cabeza entre tus piernas lamiéndote hasta que grites mi nombre. También quiero montarte como un animal y mirar  tus ojos cuando esté dentro de ti ¿Y después de esto? Quiero tomarte de cada forma. Quiero hacértelo por detrás. Quiero echarte un polvo, contra la pared. Quiero que te sientes sobre mis caderas y me montes hasta que ya no pueda respirar. –La miraba a su nivel, brutal en su honestidad. –Pero nada de esto va a pasar. Si lo sintiera menos, sería diferente, más fácil. Pero tú le haces algo extraño a mi cuerpo por lo que controlarme totalmente  que es la única manera que puedo estar contigo. No puedo aflojarlo y lo último que quiero es darte un susto infernal. O peor, hacerte daño.
Las visiones nadaron en su cabeza, visiones de todo lo que él le había descrito y su cuerpo se humedeció de nuevo para él. Él suspiró y gruñó suavemente, él había cogido el olor de su sexo y le había agradado.
-Oh, Mary. ¿Me permitirás que te de placer? ¿Me dejarás tomar tu suave excitación  donde quiera que vaya?
Ella quería decirle que sí, pero la lógica de lo que él le sugería era difícil: poniéndose desnuda, delante de él, a la luz de una vela. Nadie excepto los doctores y las enfermeras sabían como había quedado su cuerpo después de que la enfermedad se hubiese retirado. Y ella no podía por menos que pensar en las hermosas mujeres que había visto como iban hacia él.
-No soy a lo que estás acostumbrado. -Dijo ella suavemente. –No soy…hermosa. –El frunció el ceño, pero ella negó con la cabeza. -Confía en mí sobre eso.
Rhage la merodeó, aquellos hombros se movieron como un león. –Permíteme mostrarte lo hermosa que eres. Amablemente. Despacio. Nada violento. Seré un perfecto caballero, te lo prometo.
Sus labios se separaron y tuvo un vistazo de las puntas de sus colmillos. Entonces su boca se posó sobre la suya y Dios, él era fantástico, todo droga barriendo sus labios y su lengua. Con un gemido, ella enrolló sus brazos alrededor de su cuello, clavando sus dedos en su cuero cabelludo.
Cuando él la poso sobre el suelo, ella se preparó para recibir su peso. En cambio él se estiró a su lado y alisó su pelo hacia atrás.
-Despacio.  -Murmuró él. –Con cuidado.
Él la besó otra vez y esto fue un rato antes de que sus largos dedos fueran al interior de su camiseta. Cuando subió la camiseta, ella intentó concentrarse sobre lo que le hacía con la boca, obligándose a no pensar en lo que se revelaba. Pero cuando él retiró la tela sobre su cabeza, el aire fresco golpeó  sus pechos. Ella se los cubrió con las manos y cerró los ojos, rezando para que estuviera lo suficientemente oscuro entonces él no podría ver la mayor parte de ella.
Una yema del dedo acarició la base del cuello, donde estaba la cicatriz de su traqueotomía. Luego permaneció sobre la piel fruncida de su pecho dónde los catéteres habían sido enchufados. Él le bajó la cinturilla de su pijama hasta dónde estaban las perforaciones de los agujeros de su estómago de los tubos alimenticios. Entonces él encontró el sitio de inserción de su transplante de médula ósea, sobre su cadera.
Ella no podía soportarlo. Se sentó y agarró la camiseta para protegerse.
-Oh, no, Mary. No lo pares. –Él capturó sus manos y las besó. Entonces él tironeó de la camiseta. -¿No vas a dejar que te mire?
Ella giró su cabeza cuando él tomó su cubierta. Sus pechos desnudos se pusieron de punta y elevaron cuando sus ojos la tocaron.
Entonces Rhage besó  todas y cada una de las cicatrices.
Ella tembló no importaba cuanto intentara quedarse quieta. Su cuerpo había sido bombeado lleno de veneno. Dejó los agujeros y cicatrices a la intemperie. Hecha infértil. Y aquí estaba este hermoso hombre rindiéndole culto como si todo lo que tenía era digno de reverencia.
Cuando la miró y le sonrió, ella se echó a llorar. Los sollozos le salieron con duros como puñetazos, rasgándole el pecho y la garganta, exprimiendo sus costillas. Ella se cubrió la cara con las manos, deseando tener la fuerza para irse a otro cuerpo.
Mientras ella lloraba, Rhage la sostuvo contra su pecho, meciéndola hacia delante y hacia atrás. Ella no tenía ninguna de idea de cuanto tiempo iba a durar antes de que se hiciese pedazos, pero eventualmente el llanto redujo la marcha y ella se dio cuenta de que él se dirigía a ella. Las sílabas y la cadencia le eran completamente desconocidas y las palabras indescifrables. Pero el tono…el tono era encantador.
Y su bondad era una tentación para la que ella no tenía valor.
Ella no podía confiar en él para su confort, no hasta este momento. Su vida dependía de mantenerse entera y allí había una cuesta resbaladiza de lágrimas. Si ella comenzaba a llorar ahora, no pararía en los siguientes días y semanas. Dios lo sabía, el duro interior de su centro había sido la única cosa que la había ayudado todo el tiempo que había estado enferma. Si ella perdía aquella resolución, no tendría ningún poder en absoluto contra la enfermedad.
Mary se limpió los ojos.
No otra vez, pensó ella. No lo perdería delante de él otra vez.
Se aclaró la garganta e intentó sonreír. –Entonces. ¿Cómo es para un temblor asesino?
Él dijo algo en la otra lengua y luego negó con la cabeza y cambió al inglés. –Llora todo lo que quieras.
-No quiero llorar. –Ella miró su pecho desnudo.
No, lo que ella quería ahora mismo era tener sexo con él. Cuando el mar de lágrimas finalizó, su cuerpo comenzó a responder otra vez. Y considerando que él ya había visto lo peor de sus cicatrices y parecía haberse apagado, se sintió más cómoda.
-¿Hay alguna posibilidad de que quieras besarme después de todo esto? –Preguntó ella.
-Si.
Sin permitirle pensar, ella agarró sus hombros y lo condujo hacia su boca. Él se contuvo durante un momento, como si estuviera sorprendido por su fuerza, pero entonces él la beso profunda y largamente, como si entendiera lo que ella necesitaba de él. En materia de un momento él la tenía totalmente desnuda, el pijama despareció, los calcetines desaparecieron, las bragas la abandonaron.
Él la acarició con las manos desde la cabeza hasta los muslos y  se movió con él, se levantaba, se arqueaba, sintiendo la piel desnuda de su pecho contar sus pechos y su estómago mientras la lisa tela de sus pantalones caros se frotaban  como aceite corporal sobre sus piernas. Ella estaba dolorida y aturdida cuando él hociqueó su cuello, mordisqueó su clavícula,  abriéndose camino hasta sus pechos. Ella levantó la cabeza y miró como la lengua salía y hacía un círculo alrededor se su pezón antes de que él lo tomara en su boca. Mientras se amamantaba de ella, su mano se deslizó por el interior de sus muslos.
Y luego él le tocaba su centro. Ella se elevaba hacia él, su respiración salía rápidamente de sus pulmones.
Él gimió, su pecho vibraba contra el suyo cuando él emitió el sonido.
-Dulce Mary, eres tal como me imaginé. Suave…..empapada. –Su áspera voz, con fuerza, le daba una idea de cuanto control utilizaba para mantenerse a sí mismo bajo clausura. –Abre tus piernas para mí. Un poco más. Exacto Mary. Esto es tan….oh, sí.
Él resbaló un dedo y luego dos en su interior.
Había pasado mucho tiempo, pero su cuerpo sabía dónde se dirigía. Jadeando, agarrándose a sus hombros con las uñas, Mary lo miró lamer su pecho cuando él movió su mano sobre su cuerpo, su pulgar rozando el lugar correcto en la carera ascendente. En un destello de un relámpago ella explotó, la fuerza de la liberación la lanzó precipitadamente a un vacío donde  solo latir y  blanco calor existían.
Cuando ella se echó hacia atrás, los pesados ojos de Rhage eran graves, su cara tensa y oscura. Parecía un completo extraño, completamente fuera de ella.
Ella intentó coger la manta para cubrirse, calculando que con la camisa no haría ni la mitad del trabajo. El movimiento la hizo consciente de que sus dedos todavía la penetraban.
-Eres muy hermosa. –Le dijo él bruscamente.
La palabra hermosa la hizo sentir incómoda. –Permíteme levantarme.
-Mary…
-Esto es demasiado incómodo. –Ella luchó y su cuerpo solo hizo que lo sintiera más.
-Mary, mírame.
Ella lo fulminó con la mirada, frustrada.
En el lento movimiento, él retiró su mano de en medio de sus piernas y se llevó sus dos dedos brillantes a la boca. Sus labios se separaron, saboreándola mientras el los chupaba con simple pasión. Cuando él tragó, cerró sus encendidos ojos.
-Eres increíblemente hermosa.
Su respiración se congeló. Y luego se redobló cuando él se deslizó hacia abajo por su cuerpo, poniendo sus manos en el interior de sus muslos. Ella se tensó cuando él intentó separarle las piernas.
-No me detengas, Mary. –Él besó su ombligo y luego su cadera, esparciéndose ampliamente. –Necesito más de ti en mi boca,  a través de mi garganta.
-Rhage, yo…Oh, Dios.
Su lengua le dio un golpe caliente sobre su centro, produciéndole estragos sobre su sistema nervioso. Él levantó su cabeza y la miró. Y luego bajó hacia abajo  y la lamió otra vez.
-Me matas. –Dijo él, acariciándola con su aliento dónde le dolía. Él frotó su cara sobre ella, su crecida barba le produjo una suave raspadura  cuando él se bañó en su centro.
Ella cerró los ojos, pareciendo que iba a volar.
Rhage hociqueó y luego capturó su caliente carne con sus labios, chupando, entonces tirando, incluso moviendo rápidamente su lengua. Cuando ella se arqueó sobre el suelo, una de sus manos fue al pequeño trasero de ella, ya otra se colocó sobre su vientre inferior. Él la sostuvo mientras la trabajaba, impidiendo a su cuerpo que se separara de su boca cuando ella se movía.
-Mírame, Mary. Mira lo que te hago.
Cuando ella lo hizo, ella tuvo una visión momentáneamente de su rosada lengua lamiéndola por encima de su hendidura y eso fue todo. La liberación la rompió, pero él solo continuó. Parecía que no había ningún final en su concentración o su técnica.
Finalmente ella tendió la mano, necesitando la gruesa longitud llenándola. Él se resistió y luego hizo algo pecaminoso con sus colmillos. Cuando ella se desató otra vez, él miró su orgasmo, sus brillantes ojos azules que la miraban desde el medio de sus piernas, ensombrecidos, muy brillantes. Después de que todo hubiese terminado, ella dijo su nombre como una ronca pregunta.
En un fluido movimiento él se puso de pie y se alejó de ella. Cuando se giró, su aliento salió en un silbido.
Un magnífico tatuaje, multicolor cubría toda su espalda. El diseño era el de un dragón, una temible criatura con cinco garras y un cuerpo, poderoso cuerpo. Desde su lugar de descanso, la bestia la miraba fijamente, como si en realidad la viera a través de sus ojos blancos. Y mientras Rhage se paseaba, la cosa se movía con las ondulaciones de sus músculos y piel, cambiando de posición, hirviendo.
Como si quisiera salir, pensó ella.
Sintiendo una obligación, Mary tiró la manta por encima de su cuerpo. Cuando ella levantó la vista, Rhage caminaba por la habitación.
Y todavía, aquel tatuaje la miraba fijamente.

Capítulo 23



Rhage caminaba alrededor de la sala de estar, intentando apagar la quemazón. Había sido bastante difícil mantener su cuerpo bajo control antes de poner su boca sobre ella. Ahora que su lengua conocía su sabor, su columna vertebral ardía, la extensión de la quemadura iba hasta cada músculo que tenía. Su piel temblaba por todas partes, causando tal comezón que quería pasarse por papel de liza.
Cuando se frotó los brazos, sus manos temblaban de modo incontrolable.
Dios, tenía que alejarse del olor de su sexo. De la vista de ella. Del saber de que podría tomarla ahora mismo porque ella le habría dejado.
-Mary, tengo que estar solo un ratito. –Él echó un vistazo hacia la puerta del cuarto de baño. Voy a entrar allí. Si alguien viene a la casa o escuchas algo insólito, quiero que me avises inmediatamente. Pero no tardaré.
Él no la miró cuando cerró la puerta.
En el espejo sobre el lavabo, sus pupilas brillaron blancas en la oscuridad.
Oh, Jesús, no podía cambiar. Si la bestia salía ahora…
El miedo por la seguridad de Mary envió a su corazón un  sprint haciendo peor la situación.
Joder. ¿Que iba a hacer? ¿Y por qué le pasaba esto? Por qué…
Para. Solo para este pensamiento. Para el pánico. Vuelve ocioso tu  motor interno. Entonces podrás preocuparte todo lo que quieras.
Él bajó la tapa del wc y sentó sobre ella, descansando sus manos sobre las rodillas. Obligó a sus músculos a relajarse concentrándose en sus pulmones. Sacando el aire por su nariz y inhalando por la boca, se concentró en el mantener de su respiración buena y lenta.
Adentro y afuera el aire. Adentro y afuera el aire.
El mundo retrocedió hasta que todos los sonidos, visiones y olores fueron encerrados y solo existiera su respiración.
Solo su respiración.
Solo su respiración.
Solo su…
Cuando se calmó, abrió los ojos y levantó las manos. El temblor había desaparecido. Y una Mirada rápida al espejo mostró que sus pupilas eran negras otra vez. Apoyó los brazos sobre el lavadero y se hundió sobre ellos.
Después de que fue maldito, el sexo había sido un instrumento practicable que lo ayudaba a tratar a la bestia. Cuando tomaba a una mujer, y estaba lo suficientemente estimulado para liberarse cuando lo necesitara, pero excitación nunca llegaba al nivel donde  la bestia era provocada. Ni mucho menos.
Con Mary, todas las apuestas estaban desconectadas. No pensó que tendría que concentrarse tanto para entrar en ella, mucho menos hacerlo al orgasmo. Aquel madito temblor que ella le provocaba disparaba su camino sexual directamente a una  zona peligrosa.
Él suspiró. La única gracia parecía ser que podía recuperarse rápidamente. Si él se alejaba de ella, si era capaz de controlar sus nervios, entonces podía  manejar los sentimientos de tal intensidad. Gracias a Dios.
Rhage usó los servicios, se lavó a la cara en el lavadero y se secó con una toalla de manos. Cuando abrió la puerta, se preparó psicológicamente. Tenía el presentimiento de que cuando volviera a ver a Mary, el sentimiento volvería un poco.
Pasó.
Ella estaba sentada sobre el diván vestida  con caquis y un buzo de lana. La luz de la vela amplió la ansiedad en su cara.
-Hey. –Dijo él.
-¿Estás bien?
-Sí. –Él se frotó la mandíbula. –Siento todo esto. A veces necesito un minuto
Sus ojos se ensancharon.
-¿Qué? –Preguntó él.
-Son casi la seis. Has estado allí dentro durante casi ocho horas.
Rhage maldijo. Demasiado tarde para arreglarlo. –Yo no sabía que había pasado tanto tiempo.
-Yo, ah, investigué un par de veces. Estaba preocupada….De todos modos, Alguien te llamó. ¿Roth?
-¿Wrath?
-Ese es el nombre. Tu teléfono continuó sonando y sonando. Entonces contesté. –Ella se miró las manos.- ¿Estás seguro de que estás bien?
-Ahora lo estoy.
Ella suspiró y lo soltó. La espiración no alivió la tensión de sus hombros.
-Mary, yo…-Maldita sea, ¿que iba a decirle para no ponerle las cosas más difíciles?
-Está bien. Independientemente de lo que ha pasado ¿estás bien?
Él fue al diván y se sentó a su lado.
-Escucha. Mary, quiero que vengas conmigo esta noche. Quiero llevarte a algún sitio donde estés a salvo. Los lessers, aquellas cosas del parque, probablemente vendrán a buscarte y ellos buscarán aquí primero. Ahora eres un objetivo porque estás aquí conmigo.
-¿A dónde vamos a ir?
-Quiero que te quedes conmigo. –Asumiendo que Wrath los permitirá entrar por la puerta. –Esto es demasiado peligroso para ti, y si los asesinos vienen a por ti, será pronto. Hablaremos esta noche. Vente conmigo durante unos días hasta que sepamos que hacer.
Soluciones a más largo plazo lo evadieron en este momento, pero él las encontraría. Ella se había convertido en su responsabilidad cuando él la había mezclado en su mundo y no iba a dejarla indefensa.
-Confía en mí sobre esto. Solo un par de días.
Mary preparó la bolsa, pensando que estaba loca. Yendo  por Dios sabía a dónde. Con un vampiro.
Pero la cosa sobre Rhage era que, ella tenía fe en él. Era demasiado honesto para mentir y demasiado listo para subestimar la amenaza. Además, sus citas con los especialistas no empezaban hasta el miércoles por la tarde. Y ella se había tomado una semana  de vacaciones del trabajo así como había sido dada de baja en el teléfono directo. No había nada que perder.
Cuando ella regresó a la sala de estar, él se giró hacia ella, balanceando el petate  sobre su hombro. Ella miró su americana negra, viendo bultos que  antes no había pensado que fueran significativos.
-¿Vas armado? –Preguntó ella.
Él asintió.
-¿Con qué? – Cuando él solo la miró, Mary movió la cabeza. –Tienes razón. Probablemente es mejor que no lo sepa. Vamos a ir…
Condujeron en silencio por la Ruta 22 entre la zona muerta entre los límites rurales de Cadwell y los principios de la siguiente gran ciudad. Era una zona montañosa, un campo boscoso con extensas zonas de putrefacción a ambos lados del camino. No había faroles, pocos coches y muchos ciervos.
Aproximadamente veinte minutos después de que ellos hubieran  abandonado la casa, él se dirigió por un camino más estrecho que los llevó a  una elevación gradual. Ella exploró lo que iluminaban los focos delanteros, pero no pudo distinguir donde estaban. De una manera extraña, no parecía haber ningún rasgo de identificación en el bosque o en el camino. De hecho, una amortiguación que ella no podía explicar y no podía anular no importaba cuanto ella parpadeara.
Desde ninguna parte un juego de puertas negras de hierro aparecieron.
Cuando Mary saltó de su asiento, Rhage alcanzó la puerta de un garaje y la abertura de pesadas puertas por la mitad, permitiéndoles solo el espacio justo para poder pasar. Inmediatamente ellos se enfrentaron a otro juego. Él bajo su ventana y tecleó un código en un intercomunicador. Una agradable voz le daba la bienvenida y alzó la vista y a la izquierda, asintiendo a una cámara de seguridad.
Al segundo las puertas se separaron y Rhage aceleró por un largo camino, ascendiendo por un paseo. Cuando giraron por una esquina, 6 metros de alta pared de albañilería hecha de la misma manera que la primera entrada. Después pasaron bajo una arcada y por otro juego de barricadas, entrando en un patio con una fuente en el medio.
A la derecha, había una mansión de cuatro pisos hechos de piedra gris, la clase de lugar que veías en las promociones para las películas de horror: gótica, sombría, opresiva con más sombras que una persona sentía a salvo de los alrededores. Más allá del camino, había una pequeña casa, una casa con historia con el mismo sentido que Wes Craven
Seis coches, casi todos del tipo caro europeo, estaban aparcados en orden. Rhage aparcó el GTO entre un Escalda y un Mercedes.
Mary salió y levantó el cuello hacia la mansión. Sentía como si la estuvieran observando y lo era. Desde la azotea, las gárgolas la miraban y las cámaras de seguridad también.
Rhage vino, su bolso de fin de semana en su mano. Su boca estaba apretada, sus ojos profundos.
-Voy a cuidarte. ¿Lo sabes, verdad? –Cuando ella asintió, él sonrió un poco. –Va a funcionar, pero quiero que estés junto a mí. No quiero que te separes. ¿Está claro? Te quedarás conmigo pase lo que pase.
Tranquilidad combinada con una orden, pensó ella. Esto no iba a ir bien.
Se acercaron a un par de puertas erosionadas por el tiempo de bronce y él abrió un lado. Después de que pasaran hacia un pasillo sin ventanas, el gran panel sujeto con abrazaderas se cerró con una reverberación que surgió a través de sus zapatos. Directamente delante había otro juego macizo  de puertas, estas hechas de madera y talladas con símbolos. Rhage introdujo un código en un teclado numérico y hubo un sonido de cambio en la cerradura que se abría libremente. Él la tomó del brazo firmemente y abrió la segunda puerta que daba a un vestíbulo enorme.
Mary jadeó. ¡How…..era mágico!
El vestíbulo era un arco iris de color, tan inesperado como un jardín que florece en una cueva. Verdes columnas de malaquita alternadas con otras de mármol burdeos, las alturas se elevaban sobre un suelo multicolor. Las paredes eran de un color amarillo brillante y había colgados espejos enmarcados en oro y candelabros en la pared ensartados en cristal. El techo, tres pisos más arriba, era una  obra maestra de material gráfico y dorado a la hoja, las escenas representaban héroes, caballos y ángeles. Y más adelante, centrado entre todo este esplendor, una amplia escalera que llevaba al segundo piso  con balcón.
Era un hermoso salón tipo ruso de los tiempos del zar….pero los sonidos del lugar no eran exactamente formal y elegante. Desde la habitación de la izquierda, música rap dura sonaba y profundas voces masculinas se oían. Bolas de billar americano golpeaban las unas a las otras. Alguien gritó. –Vamos, poli.
Un balón de fútbol americano navegó hacia el vestíbulo y un musculoso hombre salió disparado detrás de él. Saltó y justo cuando lo tuvo entre las manos la cosa, un tipo aún más grande con una melena leonada cayó sobre él. Los dos cayeron sobre el suelo en un enredo de brazos y piernas, deslizándose con fuerza sobre la pared.
-Te tengo, poli.
-Pero aún no tienes la pelota, vampiro.
Gruñidos, risas y jugosas maldiciones fueron hechas bajo aquel techo adornado cuando los hombres lucharon por el balón, tirando el uno del otro, sentándose sobre los pechos de cada uno. Dos más enormes tipos vestidos de cuero negro corrieron a comprobar la acción. Y luego un pequeño anciano vestido con chaqueta de mayordomo surgió a su lado, llevando un ramo de flores frescas en un jarrón de cristal. El mayordomo dio un paso rodeando a los luchadores con una risa indulgente.
Entonces todo se quedó en silencio cuando todos ellos la notaron de repente.
Rhage la colocó detrás de su cuerpo.
-Hijo de puta. –Dijo alguien.
Uno de los hombres fue hacia Rhage como un tanque. Su pelo negro estaba cortado al estilo militar y Mary sintió la rareza de haberlo visto antes.
-¿Qué diablos estás haciendo?
Rhage extendió su postura, dejando caer el bolso y llevó sus brazos al nivel de su pecho. -¿Dónde está Wrath?
-Te he hecho una pregunta. –Le replicó el otro tipo. -¿Qué estás haciendo trayéndola aquí?
-Necesito a Wrath.
-Te dije que te deshicieras de ella. ¿O esperas que alguno de nosotros haga el trabajo?
Rhage se encontró barbilla a barbilla con el hombre. –Cuidado, Tohr. No me hagas hacerte daño.
Mary echó un vistazo detrás de ella. La puerta del vestíbulo aún estaba abierta. Y ahora mismo esperar en el coche de Rhage mientras clarificaba las cosas le pareció una idea realmente buena. Mantenerse juntos era no obstante la orden.
Cuando ella se separó, mantuvo los ojos sobre él. Hasta que chocó con alguna cosa dura.
Ella se giró sobre sí misma. Buscando. Y perdió la voz.
Lo que obstruía su fuga tenía una cara llena de cicatrices, oscuros ojos y una aureola de fría cólera.
Antes de que ella pudiera marcharse despavorida, él la cogió del brazo y la hizo girar cerca de la puerta.
-No pienses en correr. –Haciendo centellear sus largos colmillos, midiendo su cuerpo. –Gracioso, tú no eres su tipo habitual. Pero estás viva y aterrorizada meándote en los pantalones. Entonces me servirás.
Mary gritó.
Cada cabeza del vestíbulo se giró. Rhage embistió hacia ella, atrayéndola apretadamente hacia su cuerpo. Él habó severamente, en la lengua que ella no entendía.
El hombre de las cicatrices estrechó los ojos. –Tranquilo, Hollywood. Cuidaré de tu pequeña jugando en la casa muerte. ¿Vas a compartirla o vas a ser tan egoísta como sueles ser en general?
Rhage lo miró como si estuviese dispuesto a repartir golpes a diestro y siniestro cuando la voz de una mujer lo cortó.
-¡OH, por Dios, chicos! La estáis asustando.
Mary echó un vistazo alrededor del pecho de Rhage y vio a una mujer bajar la escalera. Ella se veía completamente normal: largo pelo negro, tejanos azules, jersey de cuello alto blanco. Un gato ronroneaba como una máquina de coser sobre sus brazos. Cuando ella se aproximó al matorral de hombres, todos ellos se apartaron de su camino.
-Rhage, estamos felices porque estás seguro en casa. Wrath bajará en un minuto. –Ella indicó la habitación de la que los hombres habían venido. –El resto de vosotros podéis volver allí. Vamos, ahora. Si alguien va a rajar algunas pelotas, que lo haga sobre la mesa de pool. La cena estará en media hora. Butch, llévate el balón contigo, ¿vale?
Ella los ahuyentó del vestíbulo como si no fueran duros tipos. El único tipo que se quedó era el del corte de cepillo.
Él estaba más tranquilo ahora mientras miraba a Rhage. –Esto tendrá repercusiones, mi hermano.
La cara de Rhage se endureció y rompieron a hablar en su lengua secreta.
La mujer del cabello negro llegó hasta Mary, todo el rato acariciando la garganta del gato. –No te preocupes. Todo irá bien. A propósito, soy Beth. Y este es Boo.
Mary suspiró, instintivamente confiando en este avanzado solitario puesto femenino en lo que era una selva de testosterona.
-Mary. Mary Luce.
Beth le ofreció la mano y sonrió.
Más colmillos.
Mary sintió que se movía el suelo.
-Creo que ella se cae. – Grito Beth echándose hacia delante. -¡Rhage!
Unos fuertes brazos le dieron la vuelta por la cintura cuando sus rodillas se doblaban.
La última cosa que ella escuchó antes de perder el conocimiento fue a Rhage diciendo, -La llevaré a mi habitación.
Cuando Rhage colocó a Mary sobre su cama, lo hizo con  una suave luz. Oh, Dios, ¿que había hecho, trayéndola a su recinto?
Cuando ella se movió y abrió los ojos, él dijo, -Aquí estás a salvo.
-Sí, de acuerdo.
-Haré que esto sea seguro para ti, ¿cómo va?
-Ahora te creo. -Ella sonrió un poco.-Lamento lo que ha pasado. Por lo general no soy tan débil.
-Es perfectamente comprensible. Mira, tengo que ir a ver a mis hermanos. ¿Ves la cerradura de acero que hay sobre la puerta? Soy el único que tiene la llave, por lo que estarás segura aquí.
-Aquellos tipos no se veían muy felices de verme.
-Ese es su problema. –Él acarició su pelo echándoselo hacia atrás, retirándoselo detrás de los oídos. Quiso besarla, pero en cambio se levantó.
Ella se vio en una gran cama, recostada sobre una montaña de almohadas con las que él insistía en dormir. Él la quería allí y al día siguiente y…
Esto no era un error, pensó él. Estaba bien, estaba dónde pertenecía.
-Rhage, ¿por qué estás haciendo esto por mí? Me refiero a que no me debes nada y apenas me conoces.
Por que tú eres mía, pensó él.
Ciñéndose un poco a esa cancioncilla, se inclinó y acarició su mejilla con el dedo índice. –Esto no me tomará mucho tiempo.
-Rhage…
-Tan solo déjame que te cuide. Y no te preocupes por nada.
Él cerró la puerta cuando salió y giró la cerradura antes de marcharse por el pasillo. Los hermanos le esperaban al inicio de la escalera, Wrath delante del grupo. El rey lo miró severamente, sus cejas negras enterradas detrás de sus gafas de sol.
-¿Dónde quieres que hagamos esto? –Preguntó Rhage.
-En mi estudio.
Después de que desfilaran hacia el estudio, Wrath fue detrás del escritorio y se sentó. Tohr lo siguió, colocándose detrás de él y a su derecha. Phury y Z se apoyaron contra la pared recubierta de seda. Vishous se sentó en uno de los sillones con orejeras al lado de la chimenea que se encendió con un movimiento de su mano.
Wrath sacudió la cabeza. –Rhage, hombre, estamos en serios problemas. Desobedeciste una orden directa. Dos veces. Entonces arrastras a una humana a esta casa, sabiendo que está prohibido…
-Ella esta en peligro…
Wrath golpeó con el puño en el escritorio, hacienda que todo saltara. –Tú realmente no quieres interrumpirme ahora.
Rhage trabajó sus molares, apretándolos, mordiendo. Él forzó las palabras de respeto que normalmente ofrecía libremente. –No pensé en ofenderle, mi señor.
-Como estaba diciendo, desobedeciste a Tohr y agravaste la ofensa presentándote con una humana. -¿En qué diablos estás pensando? Digo, mierda, tú no eres un idiota, a pesar de cómo te comportas. Ella es de otro mundo, también está auténticamente nos expone. Y debes saber que ha pasado tanto tiempo que no se puede borrar su memoria y los traumas. Ella está permanentemente comprometida.
Rhage sintió que se condensaba un gruñido en su pecho y solo pudo aspirarlo hacia atrás. El sonido impregnó la habitación como un olor.-Ella no morirá por eso.
-Sí, ves, no es tu llamada. Lo hiciste mío cuando la trajiste a nuestro terreno.
Rhage excluyó sus colmillos. –Entonces me marcharé. Me marcharé con ella.
Las cejas de Wrath aparecieron sobre sus gafas. –No es el momento de amenazas, mi hermano.
-¿Amenazas? Estoy hablando jodidamente en serio. –Él se calmó frotándose la cara e intentando respirar. –Mira, anoche nosotros dos fuimos asaltados por varios lessers. Ella fue atrapada y yo dejé al menos a uno de aquellos asesinos vivo mientras intentaba salvarla. Ella perdió su bolso en el proceso y si cualquiera de aquellos lessers sobrevivió, sabéis que habrán recogido la maldita cosa. Incluso si le borro la memoria, su casa no es segura y no voy a dejar que se la lleve  la Sociedad. Si ella y yo no podemos quedarnos aquí y el único modo que tengo de protegerla es desapareciendo con ella, entonces eso es lo que voy a hacer.
Wrath frunció el ceño. –Comprendes que escoges a una mujer antes que a la Hermandad.
Rhage espiró. Jesús,  Él no había pensado que la situación llegaría hasta esto. Pero adivinó que lo hacía.
Incapaz de quedarse quieto, se acercó a uno de los ventanales. Mirando hacia fuera, vio los jardines escalonados, la piscina, el vasto césped que los rodeaba. Pero él no se concentró en el paisaje. Pero vio la protección que ofrecía la zona.
Las luces de seguridad iluminaron la panorámica. Las cámaras montadas sobre los árboles registraban cada movimiento. Los sensores de movimiento supervisaban  cada vistosa hoja que caía al suelo. Y si alguien intentaba superar esa pared, se iban a encontrar-y-saludar a 240 voltios de buenas noches, clasificación.
Este ambiente era el más seguro para Mary. Sin dudarlo.
-Ella no solo es una mujer ara mí. –Murmuró él. –Yo la tendría como mi shellan, si pudiera.
Alguien maldijo mientras los otros jadearon.
-No la conoces. –Indicó Tohr. –Y ella es una humana.
-Entonces.
La voz de Wrath era baja, insistente. –Rhage, hombre, no te vayas de la hermandad por ello. Te necesitamos. La raza te necesita.
-Entonces parece que ella se va a quedar aquí, verdad. –Cuando
Wrath murmuró algo vil, Rhage se volvió hacia él. –Si Beth estuviera en peligro, ¿permitirías que cualquier cosa se levantara en tu camino para protegerla? ¿Incluso la Hermandad?
Wrath se levantó de la silla y dio la vuelta al escritorio. Se paró cuando estuvieron pecho contra pecho.
-Mi Beth no tiene nada que ver con las opciones que has tomado o la situación en la que nos has puesto. Ponerse en contacto con la gente ha de ser limitado y solo sobre su territorio, ya sabes esto. Y nadie vive en esta casa excepto los hermanos y sus shellans, si las tienen.
-¿Qué pasa con Butch?
-El es una excepción. Y solo se le permite porque V soñó con él.
-Pero Mary no estará aquí para siempre.
-¿Cómo has calculado eso? ¿Piensas que la Sociedad va a rendirse? ¿Crees que la gente de repente tolerará la raza? Sé realista.
Rhage dejó caer la voz, pero no sus ojos. –Ella está enferma, Wrath. Tiene cáncer. Quiero cuidarla y no solo debido a la pesadilla de los lessers.
Hubo un largo silencio.
-Mierda, te has vinculado a ella. – Wrath se pasó la mano por su largo cabello. –Por Dios…tú solo las encontrado, mi hermano.
-¿Y cuanto tiempo te tomó marcar a Beth como propia? ¿Veinticuatro horas? Ah, claro, esperaste dos días. Sí, buena ficha tú le diste algo de tiempo.
Wrath soltó una risa corta.-Tienes que seguir trayendo a mi shellan a ello, ¿verdad?
-Mira, mi señor, Mary es ….diferente a mi. No pretendo que lo entiendas. Todo lo que sé, es que ella hace palpitar mi pecho de una manera que no puedo ignorar…..infiernos, que no quiero ignorar. Entonces la idea de abandonarla a la merced de la Sociedad no es  simplemente una opción. En lo que se refiere a ella, cada instinto protector que tengo me abruma y no puedo apartar esa mierda. Ni siquiera por la Hermandad.
Rhage se calló y pasaron varios minutos. Horas. O tal vez solo un par de latidos del corazón.
-Si permito que se quede aquí, -dijo Wrath -es sólo por que tú la ves como tu compañera y solo si ella puede conservar su boca cerrada. Y todavía tenemos que tratar el hecho de que violaste las órdenes de Tohr. No puedo permitirlo. Tendré que traer a la Scribe  Virgin.
Rhage flaqueó de alivio.-Aceptaré las repercusiones.
-Que así sea. –Wrath fue detrás del escritorio y se sentó. –Tenemos que hablar de algunas otras cosas, mis hermanos. Tohr, te toca.
Tohrment se avanzó.
-Malas noticias. Tuvimos noticias de una familia civil. Un hombre, diez años fuera de su transición, desapareció anoche de la ciudad. He enviado un correo electrónico a la comunidad que informa a cada uno de ellos que deberán extremar la precaución cuando salgan y que si alguien desaparece es necesario que lo comunique inmediatamente. También, Butch y yo hemos estado hablando. El poli tiene una buena cabeza sobre los hombros. ¿Alguien tiene algún problema si le hablo un poco sobre nuestro negocio? –Cuando las cabezas negaron, Tohr se concentró en Rhage. –Ahora explícanos que pasó anoche en el parque.
Después de que Rhage se marchara y cuando se sintió lo suficientemente estable para estar de pie, Mary salió de la cama y comprobó la puerta. Estaba cerrada y sólida, entonces se sintió completamente a salvo. Cuando vio un interruptor en la pared, lo apretó, iluminando el cuarto.
Santa…casa de Windsor.
Cortinas de seda colgaban de las ventanas franjas de oro y rojos. El satén y el terciopelo adornaban una enorme cama Jacobea, los postes de la cual deben haber sido hechos de troncos enteros de roble. Había una alfombra Aubusson en el suelo, óleos en todas las paredes…
Buen señor, ¿aquella Madonna y niño eran realmente de Rubens?
Pero todas las cosas no eran de Sotheby. Había una TV de pantalla de plasma, bastante equipo estéreo para hacer el intermedio de la Super-Bowl, un ordenador digno de la NASA. Y una X-box en el suelo.
Ella vagó por las estanterías, donde volúmenes encuadernados en cuero en idiomas extranjeros estaban de pie y orgullos. Estudió los títulos con apreciación hasta que entró en la colección de DVDs...
Oh, la humanidad.
El set de Austin Powers. Aliens y Alien. Tiburón. Las tres Naked Guns. Godzilla. Godzilla. Godzilla…espera, el resto de aquel anaquel entero era Godzilla. Fue un poco más abajo, Viernes trece, Halloween, Pesadilla en Elm Street. Bien, al menos no se había molestado con las secuelas. Caddy-shack, The evil dead embalado en pack.
Era una maravilla que Rhage no se hubiese cegado del todo con toda aquella cultura pop.
Mary entró en el cuarto de baño y encendió las luces. Un Jacuzzi de mármol del tamaño de su sala de estar  estaba en el suelo.
Esta es una verdadera  belleza, pensó ella.
Oyó que se habría la puerta y se sintió aliviada cuando Rhage la llamó por su nombre.
-Estoy aquí revisando tu bañera. –Ella caminó hacia el dormitorio. -¿Qué ha pasado?
-Todo está bien.
-¿Estás seguro sobre eso? Quería preguntarle ella. Por que él estaba tenso y preocupado cuando entró caminando hacia el armario.
-No te preocupes, puedes quedarte aquí.
-¿Pero….?
-Nada de peros.
-Rhage, ¿Qué va a pasar?
-Tengo que salir con mis hermanos esta noche. – Volvió sin su abrigo y la condujo hacia la cama colocándola a su lado cuando él se sentó. –Los doggen, nuestros criados, saben que estás aquí. Son increíblemente leales y amistosos, nada que te asuste. Fritz, es quien controla la casa, te traerá algo de comida. Si necesitas algo, sólo pregúntaselo. Volveré al amanecer.
-¿Estaré aquí encerrada hasta entonces?
Él negó  con la cabeza y se levantó.
-Eres libre de moverte por los alrededores de la casa. Nadie te tocará. –Él cogió una hoja de papel de una caja de cuero y escribió sobre ella. –Aquí está mi número de móvil. Llámame si me necesitas yo estaré aquí en un momento.
-¿Tienes un tele-transporte oculto en algún lado?
Rhage la miró y desapareció.
Nada como dejar-la-habitación-muy-rápidamente desaparecido. Pero poof!  Desaparecido.
Mary saltó de la cama, aguantando un grito de alarma con la mano.
Los brazos de Rhage le dieron la vuelta. –En un momento.
Ella le agarró las muñecas, apretándole los huesos para asegurarse de que no estaba alucinando.
-Este es un truco infernal.- Su voz era fina. -¿Qué más tienes bajo el sombrero?
-Puedo girar y encender cosas. –La habitación se sumergió en la oscuridad. –Puedo encender velas.-Dos de ellas llamearon sobre su aparador. –Y practico con cerraduras y chismes.
Ella escuchó el chasquito del cerrojo de la puerta hacia delante y hacia atrás, y luego el armario se abrió y cerró.
-Oh, y puedo hacer algo realmente grande con mi lengua y el tallo de una cereza.
Le dio un beso en la base del cuello y se dirigió hacia el cuarto de baño. La puerta se cerró y oyó el sonido de la ducha.
Mary se quedó congelada donde estaba, su mente saltaba como una aguja en el registro de un LP. Mirando la colección de DVD, decidió que había algo para ser dicho sobre la evasión. Especialmente cuando una persona tenía demasiadas rarezas, demasiadas reorientaciones, demasiado…todo.
Cuando Rhage salió un rato más tarde, afeitado, oliendo a jabón, con una toalla alrededor de sus caderas, ella se apoyó sobre la cama, Austin Powers y el Miembro de Oro estaba en la TV.
-Hey, ese es un clásico. –Él se rió y miró hacia la pantalla.
Ella se olvidó de la película cuando miró aquellos amplios hombros, los músculos de sus brazos, la toalla siguiendo la forma de su culo. Y el tatuaje. Aquella retorcida, feroz criatura de blancos ojos.
-Gemelos, Basil, gemelos. –Rhage dijo con un cronometraje y una entonación perfectas.
Él le guiñó un ojo a ella y entró en el armario….
Contra sus mejores instintos, ella lo siguió, y se inclinó sobre el marco, intentando parecer casual. Rhage estaba de espaldas  cuando se puso un par de pantalones de cuero negro, de comando. El tatuaje se movió con él cuando él cerró la bragueta.
Un suave suspiro se le escapó de la boca. Que hombre. Vampiro. Cualquier cosa.
Él la miró sobre el hombro. -¿Estás bien?
En realidad, ella se sentía caliente por todas partes.
-¿Mary?
-Estoy bien y estupenda. –Bajando la mirada, se interesó por la colección de zapatos alineados en el suelo. –La verdad es que voy a tratar de medicarme con tu colección de películas hasta que esté en un coma cultural.
Cuando él se inclinó para ponerse los calcetines, sus ojos se pegaron a su piel. Toda aquella desnuda, lisa, dorada….
-Sobre los arreglos para dormir. –Dijo él. –Sólo me quedaré en el suelo.
Pero ella quería estar en aquella enorme cama con él, pensó.
-No seas tonto, Rhage. Ambos somos adultos. Y aquella cosa es lo bastante grande como para que duerman seis.
Él vaciló. –Bien. Prometo no roncar.
¿Y como no poner la manos sobre ti, tampoco?
Él se puso una camisa negra de manga corta y empujó sus pies en un par de Timberlands. Entonces hizo una pausa, mirando hacia una cabina metálica de suelo a techo que había en la pared del armario.
-Mary, ¿Por qué no vas a fuera? Necesito un minuto, ¿vale?
Ella enrojeció y se dio la vuelta alejándose. –Lo siento, no quería invadir tu intimidad…
Él le cogió la mano. –No es por nada. Es que te podría no gustar lo que puedes ver.
¿Cómo si algo de lo que hubiera allí pudiera sobresaltarla después de lo de hoy?
-Sigue adelante. –Murmuró ella. -Haz….cualquier cosa.
Rhage acarició su muñeca con el pulgar entonces se abrió el gabinete metálico. Él sacó una pistolera negra de cuero  de pecho y se lo puso a través de los hombros, asegurándolo bajo sus pectorales. Un amplio cinturón apareció después, como los que llevaban los polis, pero como con la pistolera, no había nada como ello.
Él la miró. Y luego trajo las armas.
Dos largas dagas negras, que envainó sobre su pecho, con los mangos hacia abajo. Una brillante pistola que comprobó estuvieran cargadas con rápidos y seguros movimientos antes de anclarla sobre su cadera. Estrellas de artes marciales y clips de municiones negras que metió en su cinturón. Otro, un pequeño cuchillo él lo ocultó en algún sitio.
Él cogió su abrigo de cuero negro de una percha y lo meció hacia delante, palmeando los bolsillos. Sacó otra pistola del gabinete de armas y lo evaluó rápidamente antes de enterrarlo entre los pliegues del cuero. Puso más estrellas de lanzamiento en los bolsillos del abrigo. Agregó otra daga.
Cuando se puso enfrente de ella, ella retrocedió.
-Mary, no me mires como si fuera un extraño. Soy yo bajo, todo esto.
Ella no separó hasta que estuvo en la cama. –Eres un extraño. –Susurró ella.
Su cara se tensó y su voz fue plana. –Volveré antes del alba.
Él se marchó sin ningún titubeo.
Mary no supo cuanto tiempo estuvo sentada y mirando fijamente la alfombra. Pero cuando levanto la vista fue a coger el teléfono.


Capítulo 24


Bella abrió su horno, echó una miradita a la cena, y se rindió.
Qué lío.
Cogió un par de agarraderas y extrajo el pastel de carne. El pobre se había aplanado por los lados de la cazuela, había ennegrecido en medio y había desarrollado grietas por estar seco. No era comestible, mejor adecuado para proveer a la construcción comercial que para un simple plato. Una docena más de éstos y algún mortero y ella tendría aquella pared que quería alrededor de su terraza.
Cuando cerró la puerta del horno con su cadera, podía haber jurado que la cocina Viking de alta calidad la miraba airadamente. La animosidad era mutua. Cuando su hermano había vuelto a hacer la granja para ella, le había puesto lo mejor de todo, por que esta era la única manera en que Rehvenge hacía las cosas. El hecho de que ella hubiera preferido una cocina pasada de moda y puertas chillonas y el apacible envejecido lugar no había importado. Y Dios la ayudara si hubiese armado alboroto sobre las medidas de seguridad. La única manera que Rehvenge le había permitido mudarse  era si la casa era incombustible, antibalas e impenetrable como un museo.
Ah, las alegrías de tener un hermano mandón con una mentalidad cerrada.
Ella recogió la cazuela y se dirigió hacia las ventanas del patio trasero cuando el teléfono sonó.
Cuando ella contestó, esperaba que no fuera Rehvenge. -¿Hola?
Hubo una pausa. -¿Bella?
-¡Mary! Te llamé antes. Espera un segundo, tengo que alimentar a los mapaches. –Ella colocó el teléfono sobre la mesa, salió disparada hacia el patio, se deshizo de la carga y regresó. Cuando la cazuela estuvo en el fregadero, ella recogió el receptor. -¿Cómo estás?
-Bella, tengo que saber algo. –La voz de la humana era algo tensa.
-Cualquier cosa, Mary. ¿Qué pasa?
-¿Eres tú…una de ellos?
Bella se hundió en una silla al lado de la mesa de la cocina. – ¿Piensas que soy diferente a ti?
-Uh-huh.
Bella miró su acuario. Todo se veía  muy tranquilo allí, ella pensó.
-Sí, Mary. Sí, soy diferente.
Hubo una rápida respiración en la línea. –Oh, gracias a Dios.
-De algún modo, no pensé que saberlo sería un alivio.
-Esto es…yo tengo que hablar con alguien. Estoy muy confundida.
-Confundida sobre….-Espera un minuto. ¿Por qué ellas tenían esta conversación? -¿Mary, cómo sabes de nosotros?
-Rhage me lo dijo. Bien, me lo mostró, también.
-Eso significa que él no lo ha borrado…. ¿Lo recuerdas?
-Estoy con él.
-¿Tú qué?
-Aquí. En la casa. Con un puñado de hombres, vampiros….Dios, esa palabra….-La mujer se aclaró la garganta. –Estoy aquí con aproximadamente otros cinco tipos como él.
Bella se puso la mano sobre la boca. Nadie se quedaba con la Hermandad. Nadie hasta dónde ella sabía. Y esta mujer era una humana.
-Mary, ¿Cómo hizo…..como pasó?
Cuando le contó toda la historia, Bella estaba desconcertada.
-¿Hola? ¿Bella?
-Lo siento, yo…. ¿Estás bien?
-Eso creo. Lo estoy ahora, al menos. Escucha, tengo que saber. ¿Por qué nos citastes a los dos? ¿Rhage y yo?
-Te vio y a  él…..le gustaste. Me prometió que no te haría daño,  que fue la única razón por la que acordé arreglar esa cita.
-¿Cuando me vio él?
-La noche que llevamos a John al centro de entrenamiento. ¿O no recuerdas eso?
-No, no lo recuerdo, pero Rhage me dijo que yo había ido allí. ¿John….es un vampiro?
-Sí, lo es. Su cambio está próximo, que es por lo que me involucré. Él morirá a no ser que una de nuestra raza esté con él cuando llegue la transición. Él necesitará una mujer de la que beber.
-Entonces aquella noche, cuando lo conociste, lo supiste.
-Lo supe. –Bella escogió las palabras con cuidado. Mary, ¿el guerrero te trata bien? ¿Es él….amable contigo?
-Él me cuida. Me protege. No tengo ni idea de por qué, considerándolo.
Bella suspiró, pensando que ella lo sabía. Considerando la fijación del guerrero con la humana, él probablemente se había vinculado con ella.
-Pero volveré a casa pronto. –Dijo la humana. –Sólo un par de días.
Bella no estuvo tan segura sobre eso. Mary estaba adentrándose en su mundo más de lo que ella  comprendía.

*******

El olor de los vapores del gas eran repugnantes, pensó O mientras maniobraba el Toro Dingo alrededor en la oscuridad.
-Está bien. Estamos bien para ir. –Llamó U.
O apagó la cosa e inspeccionó el área que había talado del bosque. Profesionalmente, de 12 por 12 metros, esta era la disposición del edificio de persuasión más el espacio para que ellos pudieran trabajar.
U dio un paso hacia el área nivelada y dirigió la reunión de lessers. –Vamos a comenzar a levantar las paredes. Quiero tres lados levantados. Dejad uno abierto. –U hizo señas impacientes con la mano. –Vamos. Moveros.
Los hombres recogieron los marcos hechos de 2,5 metros de largo y dos por cuatro y llevaron las cosas alrededor.
El sonido de un vehículo aproximándose paró a cada uno de ellos, aunque la carencia de focos sugería que era otro lesser. Con su superior visión nocturna, los miembros de la Sociedad eran capaces de bailar alrededor de la oscuridad como si fuera pleno mediodía; quienquiera que hubiera detrás de aquellas ruedas esquivando árboles tenía la misma acuidad.
Cuando el Sr. X salió del mini-camión, O se acercó.
-Sensei. –Dijo O, inclinándose. Sabía que el bastardo apreciaría el gesto y de algún modo cabrearía al tipo solo por no ser tan divertido como solía ser.
-Sr. O, veo como estáis haciendo progresos.
-Déjeme mostrarle lo que estamos haciendo.
Tuvieron que gritar sobre los golpes de los martillos, pero no había ninguna razón de preocuparse por cualquier ruido. Ellos estaban golpeando en medio de un terreno de treinta hectáreas aproximadamente a treinta minutos de la ciudad de Caldwell. Al oeste de la propiedad había un pantano que servía como una de las zonas de inundación del Río  Hudson. La cubierta norte y este era la Big Notch Mountain, un montón de roca pública que los escaladores no apreciaban debido a las guaridas de las serpientes de cascabel y los turistas encontraban todos los alrededores poco atrayentes. El único punto de exposición era el sur, pero los palurdos que vivían en el escampado, desmoronándose sus granjas no tenían tiempo como para ir vagando.
-Esto se ve bien. –Dijo el Sr. X.-Ahora, ¿dónde están poniendo las instalaciones de almacenaje?
-Aquí. –O se mantuvo de pie sobre un trozo de terreno. –Tendremos las provisiones por la mañana. Deberíamos estar listos para recibir visitantes en un día.
-Lo ha hecho bastante bien, hijo.
Maldito fuera, o odiaba la mierda de hijo. De verdad que lo odiaba.
-Gracias, sensei. –Dijo él.
-Ahora camine conmigo hacia mi coche.  –Cuando ellos estuvieron a cierta distancia del trabajo, el Sr. X le dijo. –Dígame algo, ¿Tiene mucho contacto con los Betas?
O se aseguró deque su contacto ocular no dudaba. –No realmente.
-¿Ha visto a alguno de ellos últimamente?
Cristo, ¿a dónde quería llegar el Fore-lesser con esto?
-¿En ningún momento de  la pasada noche?
-No, como le he dicho, no me cuelgo con los Betas. –O frunció el ceño. Sabía que si le exigía una explicación, solo lo miraría defensivamente, pero lo jodería. ¿Qué pasa?
-Aquellos Betas que perdimos en el parque anoche habían mostrado alguna promesa. Yo lamentaría pensar que mataba a su competencia.
-Un hermano…
-Sí, un miembro de la Hermandad los atacó. De acuerdo. Divertido, aunque los hermanos siempre se aseguran de apuñalar a sus matanzas para que los cuerpos se desintegren. Pero anoche, aquellos Betas fueron abandonados para que murieran. Y el daño fue bastante malo por que entonces no  pudieron responder a  las preguntas cuando fueron encontrados por la escuadrilla de reserva. Por lo que  nadie sabe lo que pasó.
-Yo no estaba en el parque y usted lo sabe.
-¿Yo lo sabía?
-Por todos los santos …
-Cuide  su boca. Y cuídese usted. –Los pálidos  ojos del Sr. X se estrecharon como rajas. –Sabe a quien llamaré si tengo que tirar su collar corredizo otra vez. Ahora vuelva a trabajar. Le veré a usted y a los otros primarios con las primeras luces para su registro.
-Pensaba que teníamos el correo electrónico. Dijo O con los dientes apretados.
-Será en persona desde ahora en adelante para usted y su equipo.
Cuando el mini-camión se fue, O miró fijamente hacia la noche, escuchando los sonidos de la construcción. Debería estar hirviendo en  cólera. En cambio él estaba solo….cansado.
Dios, no tenía ningún entusiasmo por su trabajo. Y él no podía estar trabajando sobre las chorradas del Sr. X. La emoción había se había ido.

******

Mary echó un vistazo al reloj digital: 1:56. Aún faltaban horas y horas  para el alba y el sueño era inadmisible. Todo lo que ella imaginó cuando cerró los ojos eran aquellas armas que colgaban del cuerpo de Rhage.
Ella rodó sobre sí misma. La idea de no volverlo a ver era inquietante, rechazó examinar los sentimientos demasiado estrechamente. Sólo los aceptaba, los llevaba mal y esperaba algún alivio.
Dios,  deseaba  poder volver al momento  antes de que se marchara. Lo habría abrazado con fuerza. Y dándole una estirada conferencia sobre la permanencia de la seguridad aun cuando ella no supiera nada sobre la lucha y él lo era, esperanzadoramente, un maestro en ello. Ella sólo quería su seguridad…
De repente se abrió la puerta. Cuando se abrió de golpe, el rubio cabello de Rhage brilló con la luz del pasillo.
Mary salió disparada de la cama, cruzando la habitación en una carrera mortal y se lanzó sobre él.
-Whoa, qué……-Sus brazos la abrazaron y la recogieron, manteniéndola con él cuando atravesó la puerta y la cerró. Cuando la liberó, ella se deslizó por su cuerpo. -¿Estás bien?
Cuando sus pies se posaron sobre el suelo, ella volvió a la realidad.
-¿Mary?
-Ah, sí….sí, estoy bien. –Dio un paso hacia un lado. Mirando a su alrededor. Ruborizada como un infierno. –Sólo….sí, solo voy a volver a la cama ahora.
-Mantente firme, mujer. –Rhage se quitó la chaqueta, la pistolera del pecho y el cinturón. –Vuelve aquí. Me gusta el modo en que me das la bienvenida a casa.
El abrió sus amplios brazos y ella entró en ellos, abrazándolo con fuerza, sintiendo como respiraba. Su cuerpo estaba muy caliente y olía maravillosamente, como al aire y el sudor limpio.
-No esperaba que estuvieras levantada. –Murmuró él, acariciando arriba y abajo su espalda.
-No podía dormir.
-Te lo dije, aquí estás a salvo, Mary. –Sus dedos encontraron la base de su cuello y lo masajearon con fuerza. –Maldición, estás tensa. ¿Estás segura de que estás bien?
-Estoy bien. De verdad.
Él cesó las fricciones. -¿Alguna vez contestas estás preguntas sinceramente?
-Ya lo he hecho. –Algo.
Su mano volvió a acariciarla. -¿Me prometerás una cosa?
-¿Qué?
-¿Me avisarás cuando no te encuentres bien?- Su voz fue provocadora. –Digo, sé que eres fuerte, por lo que no malgastaré mi aliento por ello o cualquier otra cosa. No tendrás que preocuparte de matarme por esto.
Ella se rió. –Te lo prometo.
Él le levantó la barbilla con un dedo, mirándola gravemente. –Voy a obligarte a cumplirlo. – Entonces él la besó en la mejilla. –Escucha, iba a ir a la cocina y a coger algo de comer. ¿Quieres venir conmigo? La casa está tranquila. Lo otros hermanos aún están fuera.
-Sí. Deja que me cambia.
-Sólo ponte una de mis chaquetas de lana. –Él se acercó al aparador y sacó algo suave, negro y del tamaño de una lona. –Me gusta la idea de que lleves mi ropa.
Cuando la ayudó a ponérselo, su risa fue una expresión muy masculina de satisfacción. Y posesividad.
Y maldita fuera si esto no manifestaba satisfacción en su cara.
Cuando terminaron de comer y habían vuelto a su habitación, Rhage tenía problemas de concentración. El zumbido rugía con toda su fuerza, peor que la última vez. Y él estaba totalmente despierto, su cuerpo tan caliente que parecía que su sangre iba a secar en sus venas.
Cuando Mary se acercó a la cama y se instaló, él se dio una rápida ducha y se preguntó si no debería darle una liberación a su erección antes de acostarse. La maldita cosa estaba dura, tiesa y dolía como una perra y el agua que caía sobre su cuerpo le hacía pensar en las manos de Mary sobre su piel. Se cogió a si mismo y recordó como se había sentido los movimientos de su boca y el placer se sus suaves secretos. Él duró, como, menos de un minuto.
Cuando hubo terminado, el vacío orgasmo sólo lo enervó más. Parecía que su cuerpo sabía que el verdadero asunto estaba en el dormitorio y no tenía ninguna intención de desviarse.
Maldiciendo, saliendo y secándose con la toalla,  se dirigió hacia el armario. Agradeciendo por lo detallista que era Fritz, él buscó hasta que encontró-gracias-a-Dios un pijama que nunca antes se lo había puesto antes. Se encogió de hombros y luego se puso la bata que hacía juego por añadidura.
Rhage hizo muecas, parecía que llevaba la mitad del maldito armario. Pero este era el punto.
-¿Está la habitación demasiado caldeada para ti? –Le preguntó mientras encendía una vela y apagó la lámpara.
-Está perfecto.
Personalmente, pensaba que se encontraba en el trópico. Y la temperatura aumentó cuando se acercó a la cama y se sentó sobre el lado opuesto al de ella.
-Escucha, Mary, en aproximadamente una hora y cuarenta y cinco minutos, escucharás que las persianas se cerrarán durante el día. Se deslizan sobre las ventanas hacia abajo. No es que haga mucho ruido, pero no quiero que te asustes.
-Gracias.
Rhage se dejó caer sobre el edredón y cruzó los pies sobre sus tobillos. Todo esto lo irritaba, la habitación  caliente, el PJs, la ropa. Ahora sabía como se sentían los regalos, todo rígido como en papeles y cintas: picante.
-¿Normalmente llevas todo eso cuando te vas a dormir?- Le preguntó ella.
-Absolutamente.
-¿Entonces por qué aún tienes puesta la etiqueta de la ropa?
-Es que en caso de que quiera otra, sabré cual es.
Él se giró sobre su lado, distanciándose de ella. Rodando sobre sí mismo hasta que se quedó mirando fijamente hacia el techo. Un minuto más tarde, se colocó sobre su estómago.
-Rhage. –Su voz fue adorable en la oscura quietud.
-¿Qué?
-Duermes desnudo, ¿verdad?
-Ah, normalmente.
-Mira, te puedes quitar la ropa. No va a molestarme.
-No quería que te sintieras….incómoda.
-Me hace estar más incómoda que te arrojes sobre aquel lado de la cama. Parezco una ensalada revuelta en este lado.
Él habría reído en silencio por su razonable tono, pero la bomba caliente que tenía entre las piernas aspiró directamente todo su humor.
Ah, infiernos, si  pensaba en el atuendo tenía que ir a guardarlo comprobándolo, estaba fuera de sí. La quería tan duramente que excepto la cota de malla, lo que llevara o no llevara no iba marcar la diferencia.
Manteniéndose de espaldas a ella, se levantó y se desnudó. Con algunas artimañas, logró meterse bajo el edredón sin dirigirle ni una mirada de lo que llevaba entre manos debajo de él. Aquel monstruoso despertar no era para que ella no lo supiera.
Él se mantuvo a distancia de ella, echándose sobre su lado.
-¿Puedo tocarte? –Le preguntó ella.
Su erección se tensó, como si se ofreciera voluntario para ser “ello”. -¿Tocar qué?
-El tatuaje. Me gustaría…..tocarlo.
Dios, ella estaba muy cerca de él y aquella voz suya, voz dulce, hermosa- era mágica. Pero el zumbido en su cuerpo hacía que pareciese que tenía un mezclador de pintura en la tripa.
Cuando se quedó tranquilo, ella murmuró. –No importa. No hago…..
-No. Es solo…. –Mierda. El odió la distancia en su tono.-Mary, está bien. Haz lo que quieres.
Oyó el roce de las sábanas. Sintió como el colchón se movió un poco. Y luego las yemas de sus dedos rozaron su hombro. Él siguió estremeciéndose.
-¿Dónde te lo hicieron? –Susurró ella, remontando el contorno de la maldición. –El material gráfico es extraordinario.
Todo su cuerpo se tensó cuando sintió con precisión cuando ella estuvo sobre la bestia. Ella pasaba a través de su garra delantera izquierda y lo sabía por que sintió la correspondencia del zumbido en su propio miembro.
Rhage cerró lo ojos, atrapado entre el placer de tener su mano sobre él y la realidad que coqueteaba con el desastre. La vibración, la quemazón –ella lo elevaba todo, llamaba a la oscuridad en su corazón, lo más destructivo de él.
Él respiró a través de sus dientes cuando ella le acarició el flanco de la bestia.
-Tu piel es tan lisa. –Dijo ella, pasando su palma por la zona inferior de su espalda.
Congelado en el lugar, incapaz de respirar, rezó para tener autocontrol.
-Y…bueno, de todos modos. –Ella se retiró. –Creo que eres hermoso.
Él ya estaba encima de ella antes de que supiera que se había movido. Y no era un caballero. Empujó su muslo entre sus piernas, fijó sus brazos sobre su cabeza y buscando su boca con la propia. Cuando ella se acercó hacia él, él agarró el borde de su camisón y tiró de él con fuerza. Iba a tomarla. En este momento y en su cama, tal como había querido.
Y ella iba a ser perfecta.
Sus muslos se dejaron vencer por él, abriéndose ampliamente y ella lo animó, su nombre un gemido ronco que abandonó sus labios.  El sonido encendido de una violenta sacudida en él, que oscureció su visión y enviando pulsos a sus brazos y piernas. Tomarla lo consumía, lo despojaba de cualquier tapa civilizada que había sobre sus instintos. Él era la materia prima, salvaje y ….
Al borde de la implosión que quemaba que era la tarjeta de visita de la maldición.
El terror le dio la fuerza para saltar hacia atrás y separase de ella, tropezando por el cuarto. Se golpeó con algo. La pared.
-¡Rhage!
Hundiéndose en el suelo, él puso sus temblorosas manos sobre su cara, sabiendo que sus ojos estaban en blanco. Su cuerpo estaba tan sacudido que sus palabras salieron como ondas. –Estoy fuera de mi mente…..Esto es…Mierda, no puedo……tengo que alejarme de ti.
-¿Por qué? No quiero que pares…
Él le habló directamente. –Tengo sed de ti, Mary. Estoy maldito….hambriento, pero no puedo tenerte. No te tomaré….a ti.
-Rhage. –Ella se quebró, como si intentara comunicarse con él. -¿Por qué no?
-No me quieres. Confía en mí, realmente no me quieres así.
-Un infierno que no quiero.
Él no estaba a punto de decirle que era una bestia que esperaba el acontecimiento. Entonces decidió repugnarla en vez de asustarla. –He tenido a ocho mujeres diferentes esta semana.
Hubo una larga pausa. –Buen Dios…
-No quiero mentirte. Nunca. Pero déjame ser muy claro. He tenido mucho sexo anónimo. He tenido muchas mujeres, ninguna por la que me haya preocupado. Y no quiero que pienses que alguna vez te utilizaría así.
Ahora que sus pupilas volvían a ser negras, él la miró.
-Dime que practicas el sexo seguro. –Refunfuñó ella.
-Cuando las mujeres me lo comentaban, lo hacía.
Sus ojos llamearon. -¿Y cuando ellas no lo hacen?
-Yo no puedo padecer ni siquiera un resfriado común, de la misma manera no puedo contagiarme el VHI o  Hep C o cualquier enfermedad de transmisión sexual, tampoco. Los virus de los humanos no nos afectan.
Ella se colocó las sábanas sobre los hombros. -¿Cómo sabes que no las dejas embarazadas? O no pueden los  humanos y  los vampiros…
-Los híbridos son raros, pero ocurre. Y es obvio para mí cuando las mujeres están fértiles. Puedo olerlas. Si lo están o están cerca, no tengo sexo con ellas, hasta uso protección. Mis niños, cuando los tenga, nacerán en la seguridad de mi mundo. Y amaré a su madre.
Los ojos de Mary cambiaron de camino, quedándose fijos, atormentados. Él admiró lo que ella miraba fijamente. Era la Virgen y el Niño que había pintado sobre el aparador.
-Me alegra que me lo hallas dicho. –Dijo ella finalmente. -¿Pero por qué tiene que ser con extrañas? Por qué no puede ser con alguien como tú…En realidad, no me contestes. No es asunto mío.
-Yo preferiría estar contigo, Mary. No estar en tu interior es una tortura….te quiero tanto que no puedo soportarlo. – Él apagó su respiración. -¿Pero puedes decirme francamente que me quieres ahora? Aunque…infiernos, incluso si lo quisieras, hay todavía algo más. La forma en que estás en mi cabeza, es como te dije antes. Me asusta perder el control. Me afectas de una manera diferente a las otras mujeres.
Hubo otro largo silencio. Ella lo rompió.
-Dime otra vez que eres un miserable y que no dormiremos juntos.- Dijo ella secamente.
-Soy un completo miserable. Dolorido. Duro todo el tiempo. Trastornado y fastidiado.
-Bueno –Ella sonrió un poco. –Chico, ¿soy una perra, verdad?
-De ningún modo.
La habitación se quedó tranquila. Eventualmente él yació sobre el suelo y se acurrucó, descansando su cabeza sobre su brazo.
Ella suspiró. –No espero que duermas en el suelo ahora.
-Es lo mejor.
-Por todos los santos Rhage, levántate de allí.
Su voz era baja como un gruñido. –Si vuelvo a aquella cama,  no hay ningún modo de que no vaya a aquel dulce punto de entre tus piernas. Y esta vez no solo sería con mis manos y mi lengua. Volveríamos a donde estábamos. Mi cuerpo encima de ti, cada pulgada de mi cuerpo desesperada por entrar en el tuyo.
Cuando él cogió el delicioso olor de su excitación, el aire entre ellos se levantó con el sexo. Y dentro de su cuerpo, él volvió a ser un cable vivo.
-Mary, mejor me marcho. Volveré cuando te hallas dormido.
Él se marchó antes de que ella pudiera pronunciar otra palabra. La puerta se cerró detrás de él, se apoyó contra la pared del pasillo. Estar fuera del cuarto ayudaba. Era más difícil recoger su olor.
Él oyó una risa y vio a Phury paseándose por el pasillo.
-Te ves colgado, Hollywood. Así como malditamente desnudo.
Rhage se cubrió con las manos. –No se como puedes hacerlo.
El hermano se paró, removiendo la taza de sidra caliente que llevaba. ¿Hacer qué?
-El celibato.
-¿No me digas que tu mujer no te tendrá?
-Ese no es el problema.
-Entonces, ¿por qué estás ahora en el pasillo?
-Yo, ah, no quiero hacerle daño.
Phury lo miró con sorpresa. –Tú eres grande, pero nunca has herido a ninguna mujer. Al menos que yo sepa.
-No, es solo…..la quiero tan duramente, estoy….estoy picante, hombre.
Los ojos amarillos de Phury se estrecharon. –Estás hablando de la bestia.
Rhage lo miró. –Sí.
El silbido que salió del hermano fue sombrío. –Bien….infiernos, mejor te cuidas. Quieres ganar su respeto, eso esta bien. Pero tú ¿te mantienes en el nivel o realmente vas a hacerle daño, me entiendes? Busca una pelea, encuentra a otras mujeres, pero asegúrate de estar tranquilo. Y si necesitas algo de humo rojo, ven a buscarme. Te daré algunas de mis O-Zs, sin problema.
Rhage suspiró. –Pasaré de los humos por ahora. Pero, ¿puedo tomar prestado algún  jersey y un par de Nikes? Voy a intentar controlarme con agotamiento.
Phury palmeó su trasero. –Vamos, mi hermano. Seré más que feliz de cubrir tu culo.

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