domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 25 26 27

Capítulo 25


Cuando la luz de la tarde disminuyó en el bosque, O dio marcha atrás al Toro, evitando el montón de tierra que  había hecho.
-¿Está listo para los tubos? –Le gritó U
-Sí. Déjalos caer aquí abajo. Vamos a ver como queda instalado.
El tubo de alcantarilla compuesto de metal acanalado de aproximadamente un metro  de diámetro y dos diez de largo fue bajado al agujero dónde estaba su final. La cosa se adaptaba perfectamente.
-Vamos a colocar otros dos allí. –Dijo O.
Veinte minutos más tarde las tres secciones de tubos estuvieron alineados. Usando el Dingo, O  empujó la tierra mientras otros dos lessers sostenían los tubos en su lugar.
-Se ve bien. –Dijo U, andando por alrededor. –Se ve malditamente bien. ¿Pero como conseguiremos que los civiles entren y salgan?
-Sistemas de arnés. –O apagó el Dingo y se acercó a mirar detenidamente dentro de uno de los tubos. –Puede comprar los artículos para escalada en Dick’s Sporting Goods. Somos lo bastante fuertes para levantar a los civiles incluso si son un peso muerto y ellos estarán drogados, doloridos o agotados, entonces no lucharán mucho.
-Esta es una gran idea. –Murmuró U. -¿Pero como lo taparemos?
-Las tapas serán redes metálicas con pesos en el centro.
O echó un vistazo por encima, viendo el cielo azul. -¿Cuanto tiempo piensas que pasará hasta que tengamos el techo encima?
-Bueno nosotros pondremos la última pared ahora mismo. Entonces todo lo que tenemos que hacer es elevar las vigas y pasar a las claraboyas. El tableado no costará demasiado tiempo y las tablillas están ya sobre las tres paredes que tenemos ahora. Moveré las herramientas hacia aquí, conseguiré una mesa y empezaremos mañana por la noche.
-¿Tendremos las persianas para las claraboyas para entonces?
-Sí. Y serán automáticas entonces usted podrá levantarlas y bajarlas.
Hombre, aquellas cosas iban a ser prácticas. Una pequeña luz del sol era la mejor niñera que un lesser podía tener. Ella entraría, destellos desde el espacio y presto, no más restos de vampiro.
O cabeceó hacia su camión. –Devolveré el Toro a su lugar de alquiler. ¿Necesita algo de la ciudad?
-No. Estamos bien.
Camino a Caldwell, con el pedazo de maquinaria fija de la F150, O debería haber estado de buen humor. El edificio iba bien. Su escuadrilla aceptaba su mando. El Sr. X no había traído Betas otra vez. Pero en cambio el sólo se sentía….muerto ¿Y esto no era irónico como el infierno para alguien que no había estado vivo desde hacía tres años?
Ya se había sentido así antes.
Allá en Sioux City, antes de haberse convertido en un lesser, él había odiado su vida. Había pasado en el instituto y ellos no tenían dinero para enviarlo a un colegio de la comunidad, entonces las opciones de carrera habían sido limitadas. Trabajando como gorila tendía a ser llamado para el servicio su tamaño y su vena mala, pero esto había sido solo moderadamente divertido: los borrachos no aguantaban y los reventar inconscientes no era más divertidos que apalear a una vaca.
La única cosa buena que había encontrado era a Jennifer. Ella lo había salvado del estúpido aburrimiento y la había amado por ello. Ella era el drama, el entusiasmo y la imprevisibilidad en el paisaje plano de su vida. Y siempre que él tenía uno de sus ataques de rabia, ella lo había golpeado directamente, aún cuado era más pequeña y sangraba más fácilmente que él. Él nunca había sabido si ella lo golpeaba porque era demasiado tonta para saber que él siempre ganaría al final o por que ella ya había sido golpeada por su padre. En cualquier caso, la estupidez o el hábito, tomó de ella todo lo que podía darle  y luego la golpeaba en el suelo. Cuidándola después, cuando el fuego se había consumido, le había entregado los momentos más sensibles de su vida.
Pero como todas las cosas buenas, ella se había acabado. Dios, él la echaba de menos. Había sido la única que entendía como el amor y el odio golpeaban al lado en las cámaras de su corazón, la única que podía manejar ambos sentimientos al mismo tiempo. Pensando en ella largamente, su negra cabellera y su delgado cuerpo, la echaba tanto de menos que casi podía sentirla a su lado.
Cuando entró en Caldwell, pensó en la prostituta que había comprado la otra mañana. Había terminado por darle lo que él necesitaba, aunque hubiera tenido que negociar su vida para hacerlo. Y mientras  conducía ahora, exploró las aceras, buscando otra liberación. Lamentablemente, las morenas eran más difíciles de adquirir que las rubias que comerciaban con la piel. Tal vez podría comprar una peluca y decirles a las putas que se la pusieran.
O pensó en el número de gente que se había cargado. La primera persona a la que había matado había sido en defensa propia. El segundo había sido un error. El tercero había sido a sangre fría. Entonces, cuando llegó de la costa este, buscado por la ley, sabía un poco sobre la muerte.
En aquel entonces, cuando Jennifer recientemente se había ido, el dolor en su pecho era muy vivo, un perro loco que tenía que estirar las piernas antes de que esto lo destruyera. Caer en la Sociedad había sido un milagro. Esto lo había salvado de una tortura desarraigada, dándole una concentración, un objetivo y una salida para la angustia.
Pero ahora, de algún modo, todas aquellas ventajas se habían ido y se sentía vacío. Tal y como estaba hacía cinco años en Sioux City justo antes de que se hubiera topado con  Jennifer.
Bueno, casi lo mismo, pensó él, conduciendo hasta el lugar de alquiler.
En aquel entonces, él todavía había estado vivo.

******
-¿Has salido de la bañera?
Mary se rió, poniéndose el teléfono en el otro oído, excavando en lo más profundo de las almohadas. Eran algo después de las cinco.
-Sí, Rhage.
Ella no podía recordar cuando había tenido un día con tanto lujo. Durmiendo. Comida entregada con libros y revistas. El Jacuzzi.
Era como estar en un balneario. Bien, un balneario donde el teléfono sonaba constantemente. No sabía cuantas veces la había llamado.
-¿Te trajo Fritz lo que le pedí?
-¿Cómo encontró las fresas frescas en Octubre?
-Tenemos nuestros caminos.
-Y las flores son muy hermosas. –Ella miró el ramo de rosas, dedaleras, espuelas de caballero  y tulipanes. Primavera y verano en un jarrón de cristal. –Gracias.
-Me alegra que te gusten. Siento no haber podido salir y escogerlas yo mismo. Habría disfrutado encontrando solo las más perfectas. Quería que fueran brillantes y olieran muy bien.
-Misión cumplida.
Voces masculinas resonaban en el fondo. Rhage bajó la voz. -¡Hey!, poli, ¿te importa que use tu dormitorio? Necesito algo de intimidad.
La respuesta fue amortiguada y luego ella escuchó como se cerraba un la puerta.
-Hola. –Dijo Rhage con voz ronca cansina. -¿Estás en la cama?
Su cuerpo se revolvió, calentándose. –Sí.
-Te echo de menos.
Ella abrió la boca. No salió nada.
-¿Aún estás ahí, Mary? –Cuando suspiró, dejo él. –No te parece bien. ¿Me estoy haciendo demasiado real para ti?
He tenido a ocho mujeres diferentes solo esta semana.
Oh, Dios. Ella no quería enamorarse de él. Solo  no podía dejarlo.
-¿Mary?
-Solo no….me digas cosas como esa.
-Es como me siento.
Ella no respondió. ¿Qué podía decir? ¿Qué se sentía de la misma manera? ¿Qué lo echaba de menos aún cuando la había llamado cada hora durante el día? Esto era de verdad, pero no algo que la hiciera feliz. Él también era condenadamente hermoso….e infernal, podía poner a Wilt Chamberlain en las sombras cuando esto venía en una lista de amantes.  Aunque ella estuviera perfectamente sana, él era una receta para el desastre. ¿Añadimos a la situación que ella afrontaba?
Atarse emocionalmente a él era directamente absurdo.
Cuando el silencio se alargó entre ellos, él maldijo. –Tenemos muchos negocios que atender esta noche. No se cuando volveré, pero si lo necesitas ya sabes dónde encontrarme.
Cuando la conexión telefónica se cortó ella se sintió horrible. Y sabía que las conferencias sobre mantener la distancia realmente no funcionaban.


Capítulo 26


Rhage pisó con fuerza con sus botas de combate sobre el suelo y miró a su alrededor en el bosque. Ningún ruido u olor de lessers.  Ninguna evidencia de que alguien hubiera estado en este punto del bosque durante años. Había sido igual en los otros terrenos que habían visitado.
-¿Qué diablos estamos haciendo aquí? –Refunfuñó él.
Sabía la maldita respuesta. Tohr había encontrado un lesser la noche anterior en una zona aislada de la Ruta 22. El asesino había salido del bosque sobre una moto todo terreno, pero lo había perdido prácticamente por un pequeño pedazo de papel en el proceso: una larga lista de grandes parcelas en venta sobre los márgenes de Caldwell.
Hoy, Butch y V habían hecho una búsqueda sobre todas las propiedades vendidas en los doce meses anteriores en la ciudad y las poblaciones circundantes. Aproximadamente se habían vendido unas cincuenta parcelas rurales. Rhage y V habían visitado cinco de ellas y los gemelos hacían lo mismo, cubriendo otros tantos. Mientras tanto, Butch había ido al Pit, cumplimentando los informes de campaña, haciendo mapas y buscando patrones. Esto les iba a tomar un par de noches pasar por todas las parcelas, por que las patrullas aún tenían que ser realizadas. Y la casa de Mary tenía que ser supervisada.
Rhage se paseó por los alrededores del bosque, esperando que alguna de las sombras resultara ser un lesser. Comenzaba a odiar las ramas de los árboles. Malditas bromas cuando soplaba el viento.
-¿Dónde están esos bastardos?
-Tranquilo, Hollywood. –V se alisó la perilla y tiró de su gorra Sox. –Hombre, aún no te has alimentado esta noche.
Alimentado no lo describía. Casi saltaba de su piel. Había esperado que al estar lejos de Mary durante el día lo ayudaría y había contado con encontrar alguna lucha aquella tarde. También había contado con el agotamiento de la privación del sueño lo bajara, encima.
Sí, bien, no había tenido suerte en ninguno de los frentes. Quería a Mary con una creciente desesperación, que ya no parecía ligada a la proximidad. No habían encontrado ningún lesser. Y estar levantado por cuarenta y ocho horas y no cerrar el ojo solo lo había puesto más agresivo.
Peor, eran las tres de la madrugada. Se estaba quedando sin tiempo para liberarse en una batalla, la cual necesitaba desesperadamente. Maldita fuera…
-Rhage. –V agitó la  enguantada mano por el aire. -¿Estás conmigo aquí, mi hermano?
-Lo siento, ¿qué?  -Él se frotó los ojos. Su cara. Sus bíceps. La piel le picaba tanto que parecía que llevaba un traje de hormigas.
-Estás seriamente fuera de ello.
-Nah, estoy bien…
-¿Entonces por qué estás moviendo tus brazos de esa manera?
Rhage dejó caer sus manos. Sólo para comenzar a masajearse los muslos.
-Tenemos que llevarte al One Eye. –Dijo V suavemente. –Te estás perdiendo. Necesitas algo de sexo.
-Jódete.
-Phury me explicó lo del pasillo.
-Sois un manojo de viejas criadas, en serio.
-Si no lo haces con tu mujer y  no encuentras una pelea ¿Cuál será tu alternativa?
-No supongas que funciona así. –Él giró la cabeza su alrededor, intentando aflojar sus hombros y su cuello. – Esto no funciona así. Solo cambié. Esto no supone que salga otra vez….
-Supone  en una mano, mierda en la otra, mira lo que tienes que hacer. Estás en un mal momento, mi hermano. Y tú sabes lo que tienes que hacer para salir de esto ¿verdad?
Cuando Mary oyó que se abría la puerta, se despertó desorientada y mareada. Vaya, volvía a tener fiebre esta noche.
-¿Rhage?-Masculló ella.
-Sí, soy yo.
Su voz se parecía al infierno, pensó ella. Y él había dejado la puerta abierta, por lo que no se quedaría demasiado tiempo. Tal vez estaba todavía enfadado con ella por aquella última llamada telefónica.
Desde dentro del armario, ella escuchó el cambio de metal y algo de ruido de telas, como si se estuviera poniendo una camisa limpia. Cuando salió, su abrigo ondeaba detrás de él. La idea de que de alguna manera él se marchara sin decir !adiós! era de alguna manera espantosa.
Cuando él cogió el pomo de la puerta, hizo una pausa. La luz del pasillo se reflejó sobre su brillante cabellera y sus amplios hombros. Su cara estaba de perfil, en la oscuridad.
-¿A dónde vas? –Preguntó ella sentándose.
Hubo un largo silencio. –Fuera.
¿Por qué parecía tan lleno de disculpas? se preguntó ella. Ella no necesitaba una niñera. Si él tenía negocios que atender….
Oh….de acuerdo. Mujeres. Él salía para ir tras mujeres.
Su tórax se convirtió en una fría cavidad, una fosa húmeda, sobre todo cuando miró al ramo de flores que le había enviado. Dios, la idea de él tocando a alguien más cuando ella lo sabía podía hacer que sintiera nauseas.
-Mary…lo siento.
Ella se aclaró la garganta. – No lo sientas. No hay nada entre nosotros, por lo que no espero que cambies tus hábitos por mí.
-Esto no es un hábito.
-Oh, de acuerdo. Lo siento. Adicción.
-Hubo otro largo silencio. –Mary, yo….si hubiera otra manera…
-¿Para hacer qué? – Desechó ella con la mano hacia delante y hacia atrás. –No contestes a eso.
-Mary…
-No lo hagas, Rhage. No es asunto mío. Sólo vete.
-Mi teléfono móvil estará abierto si tú…
-Sí. De verdad que te llamaré.
Él la miró durante un latido. Y después su negra sombra desapareció por la puerta.

Capítulo 27



John Matthew venía caminando desde lo de Moe, rastreando a las tres cuarenta de la madrugada el control policial. Temía las horas hasta el alba. Sentarse en su apartamento le parecería como estar en una jaula, pero era demasiado tarde para él para estar fuera y en la calle. Todavía….Dios, estaba tan inquieto que podía sentir la agitación en su boca. Y el hecho de que no hubiera nadie con quien hablar le dolía aún más.
De verdad que necesitaba algo de consejo. Después de que Tohrment lo hubiese dejado, había estado dándole vueltas a la cabeza, debatiendo si realmente debería hacerlo. Siguió diciéndose que lo tenía, pero las cuestiones a posteriori no se pararían.
Desearía haber podido encontrarse con Mary. Había ido a su casa la noche anterior, solo la encontró oscura y cerrada. Y ella no había ido al teléfono directo. Era como si hubiera desaparecido y su preocupación por ella era una razón más para estar nervioso.
Cuando se acercó  a su edificio, vio un camión aparcado en frente. El fondo estaba lleno de cajas, como si alguien las estuviera moviera.
Qué extraño hacer esto durante la noche, pensó él, mirando la carga.
Cuando vio que no había nadie montando guardia, esperaba que su dueño volviera pronto. De lo contrario, el material iba a desaparecer.
John entró en el edificio y subió las escaleras, no haciendo caso a las colillas, latas de cerveza vacías y bolsas de patatas fritas vacías. Cuando ya casi estaba en el segundo piso, miró con los ojos entre abiertos. Algo estaba derramado por todo el suelo del pasillo. Rojo profundo…
Sangre
Dando marcha atrás hacia el hueco de la escalera,  miró fijamente hacia la puerta. Había una salpicadura en el centro, como si alguien se hubiera dado en la cabeza….pero entonces vio la botella verde oscuro. Vino tinto. Solo era vino tinto. La pareja de borrachos que vivían al lado habían vuelto a discutir en el pasillo.
Sus hombros se aflojaron.
-Perdone. –Dijo alguien desde arriba.
Él se movió y levantó la vista.
El cuerpo de John se agarrotó.
El hombre grande que estaba sobre él iba vestido con pantalones de camuflaje negros y una chaqueta de cuero. Su pelo y su piel eran completamente blancos y sus pálidos ojos tenían un brillo misterioso.
Maligno. No muerto.
Enemigo.
Este era un enemigo.
-Algún lío se ha formado en este piso. –Dijo el tipo antes de estrechar su mirada sobre John- ¿Algo va mal?
John con ferocidad sacudió la cabeza y bajó la mirada. Su primer instinto fue correr hacia su apartamento, pero no quería que el tipo supiera dónde vivía.
Hizo una profunda sonrisita. –Pareces un poco pálido, colega.
John salió disparado por  las escaleras hacia la calle. Corrió a la esquina, dobló a  la izquierda y siguió corriendo. Corrió y corrió, hasta que no pudo más por que se quedó sin aliento. Apoyándose sobre la coyuntura entre el edificio de ladrillos y un basurero, jadeando.
En sus sueños, luchaba contra hombres pálidos. Hombres pálidos con ropa negra cuyos ojos no tenían alma.
Mis enemigos.
Temblaba tanto que no conseguía meter la mano en su bolsillo. Sacando veinticinco centavos, los cogió con tanta fuerza que se los clavó en la palma de su mano. Cuando recuperó el aliento, miró detenidamente arriba y abajo del callejón. No había nadie en los alrededores, ningún sonido de pies golpeando el asfalto.
Su enemigo no lo había reconocido.
John abandonó el refugio del basurero y caminó rápidamente hacia la lejana esquina.
La abollada cabina telefónica estaba recubierta de graffitis, pero sabía que funcionaba por que no hacía demasiado que había llamado a Mary. Puso los centavos en la ranura y marcó el teléfono que Tohrment le había dado.
Después del primer ring, el buzón de voz comenzó a recitar robóticamente los números que había marcado.
John esperó el pitido. Y silbó.

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