domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 28 29 30

Capítulo 28


Era antes del alba cuando Mary escuchó finalmente voces masculinas en el pasillo. Cuando la puerta se abrió, su corazón saltó de su pecho. Rhage llenaba el marco de la puerta cuando el otro tipo le habló.
-Hombre, fue una lucha infernal cuando dejamos la barra. Te convertiste en un demonio allí fuera.
-Lo se. –Refunfuñó Rhage.
-Eres increíble, Hollywood y no solo con el cuerpo a cuerpo. Aquella mujer que tú…
-Más tarde, Phury.
La  puerta se cerró y se prendió la luz del armario. Por el sonido de chasquidos y movimientos metálicos, él estaba desarmándose. Cuando salió, hizo una trémula respiración.
Mary fingió que estaba dormida cuando sus vacilantes pasos llegaron hasta el pie de la cama y luego se dirigió al cuarto de baño. Cuando escuchó que se estaba duchando, ella se imaginó que se estaba lavando: Sexo. Lucha.
Especialmente el sexo.
Ella se cubrió la cara con las manos. Hoy se marcharía a su casa. Empaquetaría sus cosas y saldría por la puerta. Él no podía hacer que se quedara; ella no era responsabilidad suya sólo por que él lo dijera.
El agua se cerró.
El silencio aspiró todo el aire de la habitación y ella soltó el aliento manteniéndose en el lugar. Jadeando, asfixiándose….levantó las sábanas y fue hacia la puerta. Sus manos sobre el cerrojo, luchando por abrir la cerradura, sacudiéndola, tirando incluso su cabello se agitaba a su alrededor.
-Mary. –Dijo Rhage directamente detrás de ella.
Ella saltó y luchó más contra la puerta.
-Suéltame. Tengo que escaparme…no puedo quedarme en esta habitación contigo. No puedo estar  aquí…contigo. –Ella sintió como ponía sus manos sobre sus hombros. -No me toques.
Ella se movió alocadamente por la habitación hasta que saltó hacia el rincón más alejado, comprendiendo que no podía irse y que no había modo de escaparse. Él estaba delante de la puerta y ella tenía el presentimiento de que le mantendría las cerraduras en su lugar.
Atrapada, cruzó los brazos sobre su pecho y se apoyó de pie contra la pared. No sabía lo que haría si él la volvía a tocar.
Rhage no lo volvió a intentar.
Él se sentó sobre la cama, llevaba una toalla alrededor de sus caderas, el cabello húmedo. Arrastró su mano por la cara, a través de la mandíbula. Parecía el infierno, pero su cuerpo era la cosa más hermosa que ella nunca hubiera visto. Se imaginó las manos de otras mujeres sobre aquellos poderosos hombros, tal como ella había hecho. Vio como les daba placer a otros cuerpos como le había dado al suyo.
Se desgarraba entre el deseo de dar gracias a Dios por no haber dormido con él y le cabreaba que después de haber estado con todas aquellas mujeres, él no quisiera tener sexo con ella.
-¿Cuántas? –Le exigió ella, las palabras tan roncas que apenas le salieron. –Y dime, ¿ha sido bueno para ti? No tengo que preguntar si les gustó. Sé el talento que tienes.
-Dulce…Mary. –Susurró él. –Si me hubieras dejado abrazarte. Dios, mataría solo por abrazarte ahora mismo.
-Tú nunca volverás a estar cerca de mi otra vez. ¿Cuantas había allí? ¿Dos? ¿Cuatro? ¿Un pack de seis?
-¿De verdad quieres los detalles?- Su voz era suave, triste hasta el punto de resquebrajarse. Bruscamente su cabeza cayó hacia abajo y colgó flojamente de su cuello. Según todas las apariencias, parecía un hombre destrozado. –No puedo…No saldré de esa manera otra vez. Encontraré otro camino.
-¿Otro camino que tomar? – Ella explotó. -Estate seguro como el infierno que no dormirás conmigo, entonces ¿Tal vez piensas usar la mano?
Él suspiró. –Aquel diseño. ¿En mi espalda? Es parte de mí.
-En cualquier caso. Hoy me marcharé de aquí.
Su cabeza giró hacia ella. –No, no lo harás.
-Sí, lo haré.
-Te daré otra habitación. No tendrás que verme. Pero no vas a ninguna parte.
-¿Cómo vas a impedir que me marche? ¿Encerrándome aquí?
-Si es lo que se precisa, sí.
Ella retrocedió. –No puedes hablar en serio.
-¿Cuándo tienes la próxima visita con el médico?
-Ese no es asunto tuyo.
-¿Cuando?
La dura cólera en su voz refrescó un poco su genio. –Ah…el miércoles.
-Me aseguraré de que vayas.
Ella lo miró fijamente- ¿Por qué me haces esto?
Sus hombros se elevaron y cayeron. –Por qué te amo.
-¿Perdona?
-Te amo.
El control de Mary se evaporó bajo una ráfaga de furia tan grande que se quedó muda. ¿Él la amaba? Él no la conocía. Y él había estado con otras….la indignación apareció cuando se lo imaginó  teniendo sexo con alguien más.
De repente Rhage saltó de la cama y llegó hasta ella, como si sintiera sus emociones y fuera estimulado por ellas.
-Se que estás enfadada, asustada, herida. Échamelo encima, Mary. – Él la agarró de la cintura para impedirle que corriera, pero no la paró para que intentara separarse para distanciarse.-Utilízame para soportar el dolor. Déjame sentirlo en la piel. Golpéame  si tienes que hacerlo, Mary.
Condénela el infierno, ella estaba tentada. Repartir golpes a diestro y siniestro parecía el único recurso para la clase de poder que surgía por todo su cuerpo.
Pero ella no era un animal. –Wo! Ahora deja que vaya!
Él la cogió de la muñeca y ella luchó contra la sujeción, lanzando todo su cuerpo hacia la lucha hasta que sus hombros se sintieron como si fueran a estallar. Rhage
-Úsame, Mary. Permíteme soportar esto por ti.- Con un rápido movimiento, él arañó su pecho con las uñas de ella y luego sujetó los dos lados de su cara con sus palmas.
-Hazme sangrar para tí…- Su boca acariciaba la de ella. –Permite que salga tu cólera.
Dios la ayudara, ella lo mordió. Directamente en el labio inferior. Ella tan solo hundió sus dientes en su carne.
Como con un golpe deliciosamente pecaminoso con su lengua, Rhage gimió con aprobación y presionó su cuerpo contra el suyo. Un zumbido, como si hubiera tomado demasiado chocolate, tarareaba para ella.
Mary gritó.
Horrorizada por lo que había hecho, se asustó de lo que le podría hacer después, ella luchó para escaparse, pero él la mantuvo en el lugar, besándola, diciéndole muchas veces lo que la amaba. La dura longitud, caliente que había despertado sobre su vientre a través de la toalla y se frotó contra ella, su cuerpo una promesa sinuosa, de sexo latiente que ella no quería, pero lo necesitaba hasta que las entrañas se le acalambraran.
Ella lo quería….aun cuando sabía que había jodido con otras mujeres. Esta noche.
-Oh, Dios…no….-Ella retiró su cabeza hacia un lado, pero él la cogió de la barbilla, volviéndola a centrar.
-Sí, Mary….-Él la besó desesperadamente, la lengua en su boca. –Te amo.
Algo dentro de ella se rompió y lo apartó, eludiendo su sujeción.
Pero en vez de correr hacia la puerta, ella lo miró despiadadamente.
Cuatro arañazos atravesaban su pecho. Su labio inferior estaba cortado. Jadeaba, colorado.
Ella extendió la mano y le quitó la toalla del cuerpo.
Rhage se despertó sexualmente, su erección tensa, enorme.
Y en el momento jadeante entre ellos, ella despreció su lisa piel, perfecta sin vello, sus tensos músculos, su belleza de cara de ángel. Sobre todo, ella aborreció su orgullosa longitud, el instrumento sexual que tanto usaba.
Y de todos modos, ella lo quería.
Si hubiera estado en su sano juicio, se hubiera alejado de Rhage. Se habría encerrado en el cuarto de baño. Infiernos, se habría sentido intimidada por su puro tamaño. Pero estaba muy enfadada y fuera de control. Agarró su dura carne con una mano y con la otra le cogió las pelotas, ambas se desbordaban en sus palmas. Su cabeza echada hacia atrás, los tendones de su cuello tensos, el aliento explotando en su boca.
Su voz vibró, llenando el cuarto. – Haz lo que sea para tomarlo. Oh, Dios, te amo.
Ella lo acercó a la cama, empujándolo de manera que retrocediera hacia el colchón. Él cayó sobre las sábanas revueltas, sus brazos y piernas extendidas como si no tuviera ninguna reserva, ninguna restricción.
-¿Por qué ahora? - Preguntó ella amargamente. -¿Por qué estás dispuesto a hacerlo ahora? ¿O esto no es en absoluto sobre el sexo y es sólo por que quieres que yo te haga sangrar más?
-Me muero por hacer el amor contigo. Y puedo estar contigo en este momento por que estoy  a nivel. Estoy….agotado.
Oh, ahora ese era un pensamiento encantador.
Ella negó con la cabeza, pero él la cortó. –Tú me quieres. Toma el placer. No pienses, solo toma el placer de mí.
Enloquecida por la lujuria, la cólera y la frustración, Mary se levantó el camisón alrededor de sus caderas y se sentó a horcadas sobre sus muslos. Pero una vez que ella estuvo sobre él, mirándolo a la cara, vaciló. ¿Ella realmente iba a hacerlo? ¿Tomarlo? ¿Usándolo como salida y vengándose de  por algo que él tenía derecho a hacer?
Ella comenzó a alejarse.
En un rápido movimiento, las piernas de Rhage la levantaron, derribándola sobre su pecho. Cuando ella cayó sobre él, sus brazos la atraparon.
-Sabes lo que quieres hacer, Mary. –Le dijo él al oído. – No pares. Toma todo lo que necesitas de mí. Úsame.
Mary cerró los ojos, apagó su cerebro y dejó ir  su cuerpo.
Colocándose entre sus muslos, ella lo sostuvo y se sentó con fuerza sobre él.
Ambos gritaron cuando ella lo tomó entero, directo hasta el hueso pubiano.
Él era una enorme presencia en su cuerpo. Estirándola hasta que pensó que podría rasgarla. Ella respiró profundamente y no se movió, sus muslos estirándose cuando su interior estaba luchando por adaptarse a él.
-Estás tan apretada. - Gimió Rhage. Sus labios liberando sus dientes, enseñando sus colmillos. –Oh,….Dios, te siento por todas las partes de mi cuerpo. Mary.
Su pecho subió y bajo y los músculos de su abdomen se tensaron en las sombras con fuerza. Cuando sus manos exprimieron sus rodillas, sus ojos se dilataron hasta que apenas quedó azul en ellos. Y luego sus pupilas brillaron en blanco.
La cara de Rhage se retorció con algo de pánico. Pero entonces sacudió la cabeza como si quisiera limpiarlo y asumió una expresión de concentración. Despacio el centro de sus ojos volvieron a ennegrecerse, como si deseara que estuvieran así.
Mary dejó de concentrarse en él y comenzó a pensar en ella.
No preocupándose sobre como sus cuerpos se encontraban, ella plantó sus manos sobre sus hombros y tiró por encima de él. La fricción era eléctrica y la explosión de placer hizo que la ayudara a aceptarlo más fácilmente. Se deslizó hacia abajo sobre su erección y avanzó y luego repitió el movimiento muchas veces. Su ritmo era un lento deslizarse, cada descenso colocándose en posición horizontal, cada elevación cubriéndolo con la sedosa respuesta de su cuerpo.
Con creciente predominio ella lo montó, tomándolo como quería, el grosor, el calor y la longitud de él creando una salvaje, retorciendo un nudo de profunda energía en su corazón. Ella abrió los ojos y lo miró.
Rhage era una imagen del éxtasis masculino. Un fino brillo de sudor cubrió su amplio pecho y sus hombros. Su cabeza echada hacia atrás, su barbilla alta, su pelo rubio que caía sobre la almohada, sus labios separados. Él la miraba con los párpados caídos, sus ojos demorándose en su cara, en sus pechos y en donde estaban unidos.
Como si estuviera completamente cautivado por ella.
Ella apretó sus ojos cerrados y empujó su adoración fuera de su mente. Era eso o perdía el toque con el orgasmo del que estaba tan cerca por que la visión de él la quería hacer llorar.
No lo costó mucho tiempo explotar. Con una ráfaga explosiva, la liberación barriéndola, privándola vista u oído y el latido del corazón, hasta que todo lo que pudo hacer fue derrumbarse sobre él.
Cuando su respiración se hizo más lenta, ella se dio cuenta de que él le estaba acariciando el trasero con cuidado y le susurraba suaves palabras.
En la secuela ella se sintió avergonzada y las lágrimas le picaban en los ojos.
No importaba con quien más había estado él esta noche, no merecía ser usado y esto era exactamente lo que había hecho ella. Había estado muy  enfadada cuando todo esto había comenzado y luego lo había dejado fuera antes de rehusar mirarlo. Lo había tratado como un juguete sexual.
-Lo siento, Rhage. Yo….lo siento….
Ella se movió para bajarse de sus caderas y comprendió que todavía estaba muy grueso dentro de ella. Él no había terminado.
Oh, Dios, eso era malo. Todo eso era malo.
Las manos de Rhage la sujetaban como abrazaderas sobre sus músculos. –Nunca lamentes que hemos estado juntos.
Ella lo miró fijamente a los ojos. –Parece que te he violado.
-Yo estaba más que dispuesto. Mary, está bien. Ven aquí, déjame besarte.
-¿Cómo puedes plantearte tenerme cerca tuyo?
-Lo único que no puedo manejar es que te marches.
Él la sujetó por las muñecas y la impulsó hacia su boca. Cuando sus labios se encontraron, él deslizó sus brazos a su alrededor, sosteniéndola. El cambio de posición la hizo sumamente consciente que él estaba preparado para explotar, tan fuerte que ella podía sentir las contracciones involuntarias de su excitación.
Él meció sus caderas con cuidado contra ella, retirando su pelo hacia atrás con sus grandes palmas. –No podré aguantar este fuego mucho más tiempo. Me tomas muy adentro, toco el techo ahora mismo. Pero mientras sea capaz, mientras pueda controlarme, quiero degustar tu cuerpo en el mío. Como  comienza.  Como acaba.
Él movió sus caderas arriba y abajo, saliendo, deslizándose. Ella se derritió a su alrededor. El placer era profundo, infinito. Aterrador.
-¿Las besaste esta noche?- Le preguntó ella.- ¿A las mujeres?
- No, no besé a las mujeres, nunca lo hago. Y lo odié. No lo volveré  a hacer otra vez, Mary. Encontraré otro modo de impedir descontrolarme mientras tú estés en mi vida. No quiero a nadie más que a ti.
Le permitió que rodara sobre ella. Cuando él se puso encima de ella, su peso caliente, presionando la horquilla de su cuerpo dónde él estaba alojado. La besó tiernamente, lamiéndola con la lengua, queriéndola con sus labios. Era tan apacible aunque estuviera en su interior y su cuerpo almacenara la clase de fuerza que podría partirla por la mitad.
-No terminaré esto si tu no me quieres. –Le susurró él en su cuello. –Me retiraré ahora mismo.
Ella lo atrajo poniendo sus manos en su espalda, sintiendo cambiar los músculos y la expansión y compresión de sus costillas mientras respiraba. Ella inhaló profundamente y atrapó un olor encantador, erótico. Oscuro, picante, sazonado con especias. Entre sus piernas ella sintió una rápida contesta húmeda, como si la fragancia fuera un toque o un beso.
-¿Qué es ese maravilloso olor?
-Mío. - Murmuró él contra su boca. –Es lo que pasa cuando un hombre se vincula. No lo puedo evitar. Si me dejas continuar, estará por toda  tu piel, en tu pelo. También dentro de ti.
Con esto, él empujó profundamente. Ella se arqueó hasta el placer, dejando el flujo de calor por todas las partes de su cuerpo.
-No puedo hacerlo otra vez esta noche.- Gimió ella, más para sí misma que para él.
Cayendo completamente, él tomó su mano y la colocó sobre su corazón.-Nunca más, Mary. Lo juro por mi honor.
Sus ojos eran graves, un buen voto como podría hacer cualquier ser vivo. Pero el alivio que sintió en su promesa era un problema.
-No me enamoraré de ti. –Dijo ella. – No puedo permitírmelo. No quiero.
-Está bien. Te amaré lo suficiente para los dos. –Él se sumergió en ella, llenando sus profundidades.
-Tú no  me conoces. – Ella le pellizcó el hombro y luego le lamió la clavícula. El sabor de su piel hizo que su lengua cantara, que aquel olor especial se condensara en su boca.
-Sí, te conozco. –Él se retiró, sus ojos considerándola con la convicción y la claridad de un animal. –Sé que me mantuviste a salvo cuando el sol estuvo alto y yo me encontraba indefenso contra ello. Sé que te preocupaste por mí aún cuando tuviste miedo. Me alimentaste de tu cocina. Sé que eres una guerrera, una superviviente, una wahlker. Y se que el sonido de tu voz es el más precioso que nunca antes escuché. –Él la besó suavemente. –Lo sé todo sobre ti y todo lo que veo es hermoso. Todo lo que veo es mío.
-No soy tuya. –Susurró ella.
El rechazo no lo desconcertó. –Bien. Si no puedo tenerte, entonces tómame. Obtén todo de mí, un pequeño trozo, todo lo que quieras. Pero por favor, toma algo.
Ella llegó hasta su cara, acariciando los planos y ángulos  perfectos de sus mejillas y su mandíbula.
-¿No temes al dolor?-Preguntó ella.
-No, pero te diré que me asusta como el infierno. Perderte. –Él miró sus labios. ¿Ahora quieres que me separe? Por que lo haré.
-No. Quédate. –Mary mantuvo los ojos abiertos y atrajo su boca hacia la suya, resbalando su boca en su interior.
ÉL tembló y comenzó a moverse en un ritmo estable, penetrando y retirándose, cada vez el eje más grueso vacilando en la rotura de su conexión.
-Te sientes…..tan perfecta. –Dijo él, puntualizando las palabras con sus golpes. –Fui hecho para….estar en tu interior.
El delicioso olor que provenía de su cuerpo se intensificó cuando lo hizo el bombeo, hasta que toda ella lo podría sentir, toda ella olería a él, toda ella sabría a él.
Ella lo llamó por su nombre cuando culminó y lo sintió acercarse al borde con ella, su cuerpo estremeciéndose con el suyo, su liberación tan poderosa como lo habían sido sus embistes, su orgasmo vertido en ella.
Cuando  él se quedó quieto, los giró para quedar de lado. Él la apretó contra él, tan cerca que ella podía oír los latidos del gran corazón en su pecho.
Ella cerró los ojos y durmió con un agotamiento que rivalizaba con la muerte.


Capítulo 29


Aquella tarde, cuando cayó el sol y las persianas se elevaron sobre las ventanas, Mary decidió que podría acostumbrarse a ser mimada por Rhage. Lo que no podía tolerar eran más alimentos. Puso sus dedos sobre su muñeca, deteniendo la cantidad de puré que le llegaba.
-No, estoy llena. – Dijo ella mientras se reclinaba sobre las almohadas. – Mi estómago va a reventar.
Con una sonrisa, él recogió la bandeja de platos, luego se sentó al lado de ella otra vez. Él había desaparecido durante la mayor parte del día, trabajando, pensó y ella le agradeció el sueño que obtuvo. Su agotamiento empeoraba cada día y podía sentir como se deslizaba la enfermedad. Su cuerpo sentía como si luchara por mantener sus procesos regulares, pequeños dolores que le aparecían por todas partes. Y los hematomas en su espalda: amoratadas señales que florecían bajo su piel en una tarifa alarmante.  Rhage se había horrorizado cunado los vio, estaba convencido que le había hecho daño mientras habían mantenido sexo. Le había costado mucho tiempo de conversaciones para hacerle comprender que no había sido culpa suya.
Mary se concentró en Rhage, no queriendo pensar en la enfermedad o en la cita con el doctor que pronto tendría. Dios, él no se veía mejor que lo que ella se sentía, aunque él no estaba entusiasmado, no había pasado totalmente. Cuando él se sentó a su lado en la cama, se frotaba los muslos con las palmas, parecía que tenía un caso de hiedra venenosa o de varicela. Ella estaba a punto de preguntarle que le pasaba cuando le habló.
-Mary, ¿me dejarás hacer algo por ti?
Incluso aunque el sexo era lo último que le pasaba por la mente, ella miró los bíceps que se tensaban bajo su camisa negra. ¿Puedo saber que es?
Un suave gruñido salió de él – No deberías mirarme así.
-¿Por qué no?
-Por que quiero montarte cuando tú lo haces.
-No luches contra lo que sientes.
Como el ataque de doble combate, sus blancas pupilas brillaron. Era algo extraño. Un momento antes eran negros. La cercana pálida luz, brillaba sobre ellos.
-¿Por qué pasa eso? –Preguntó ella.
Sus hombros se tensaron cuando se dirigió amenazadoramente sobre sus piernas y se apoyó sobre si mismo. Ella podía sentir su energía llegándole, saliendo de él.
-¿Rhage?
-No tienes que preocuparte por ello.
-Ese tono duro en tu voz me dice que tal vez deberías decírmelo.
-Él se rió de ella y sacudió la cabeza. – No. Mejor que no. Sobre el favor. Nuestra raza tiene un médico, Havers. ¿Me dejarás que le de acceso de tus archivos médicos? Tal vez nuestra ciencia puede ayudarte.
Mary frunció el ceño. Un doctor vampiro. Hablar sobre exploraciones de sus terapias alternativas.
Vaya, ¿exactamente que podía perder?
-Bien. Pero no se cómo conseguir las copias….
-Mi hermano, V, es un Dios de los ordenadores. Puede entrar dentro y la mayor parte del material debería estar online. Todo lo que necesito son los nombres y lugares. También las citas si las tienes.
Cuando cogió un papel y una pluma, ella le dijo dónde la habían tratado así como los nombres de sus doctores. Después de que él lo hubiera escrito todo, miró fijamente la hoja de papel.
-¿Qué? –Preguntó ella.
-Hay mucho. –Sus ojos se levantaron hacia los suyos. -¿Cómo de malo es, Mary?
Su primer impulso fue decirle la verdad: que ella debería tener dos rondas de quimioterapia, un transplante de de médula ósea y todo había pasado muy duramente. Pero entonces pensó en la pasada noche, cuando sus emociones estuvieron tan fuera de control. Era una caja de dinamita y su enfermedad era la mejor mecha. Lo último que necesitaba era tropezar otra vez, por que Cristo sabía que nada bueno había pasado las dos últimas veces, perdiéndolo. Primero ella había gritado todo sobre él. En el segundo ella…..bueno, cortar su labio había sido lo menor que había pasado.
Encogiéndose, mintiendo, odiándose, ella murmuró, -Está bien. Me alegré cuando esto acabó.
Sus ojos se estrecharon.
Entonces alguien golpeó en la puerta.
Rhage la miró sin dudar, a pesar del sonido urgente. –Algún día aprenderás a confiar en mí.
-De verdad que confío en ti.
-¡Qué chorrada! Y aquí hay un rápido consejo. Odio que me mientan.
La dura llamada arrancó otra vez.
Rhage se acercó y abrió la puerta, listo para joder a quienquiera que fuera. Tenía el presentimiento de que Mary y él estaban a punto de entrar en materia y quería acabar con el asunto.
Tohr estaba al otro lado. Se veía como si lo hubieran golpeado con un arma asombrosa.
-¿Qué te ha pasado? –Le preguntó Rhage saliendo al pasillo. Cerró la puerta parcialmente.
Tohr olió el aire que salía a la deriva del dormitorio. –Jesús ¿la has marcado, verdad?
-¿Tienes algún problema con ello?
-No, esto hace el camino más difícil. La Scribe Virgin ha hablado.
-Dímelo.
-Deberás reunirte con el resto de los hermanos para escucharlo….
-Joder. Quiero saberlo ahora, Tohr.
Cuando el hermano terminó de hablar en la vieja lengua, Rhage suspiró. –Dame diez minutos.
Tohr asintió. –Estaremos en el estudio de Wrath.
Rhage regresó a la habitación y cerró la puerta. –Escucha, Mary, tengo un negocio con mis hermanos. Tal vez no regrese esta noche.
Ella se puso rígida  y sus ojos se alejaron de su cara.
-Mary, no es por las mujeres, te lo juro. Sólo prométeme que estarás aquí cuando regrese. – Como ella vaciló, él se acercó y le acarició la mejilla. –Dijiste que no tienes cita con el médico hasta el miércoles. ¿Qué significa otra noche? Podrás pasar más tiempo en la bañera. Me dijiste lo mucho que te gusta estar así.
Ella hizo una pequeña sonrisa. –Eres un manipulador.
-Me gusta más pensar en mi mismo como un ingeniero resultón.
-Si me quedo un día más, tú vas a intentar hablarme de una cosa y de otra….
Él se inclinó y la besó duramente, deseando tener más tiempo, queriendo estar con ella, dentro de ella, antes detener que irse. Pero infiernos, incluso si hubiese tenido horas de sobra, no habría podido hacerlo. El cosquilleo y el zumbido en su interior estaban a punto de vibrar en su cuerpo en colisión con el aire.
-Te amo. Dijo él. Entonces se retiró, se sacó el reloj y puso el Rolex en su mano. –Guárdalo para mí.
Él se acercó al armario y se quitó la ropa. En la parte trasera, detrás de un par de pijamas que nunca utilizaba, encontró su traje ceremonial negro. Se puso la pesada seda negra sobre su piel desnuda y lo cerró con una gruesa tira de cuero trenzado.
Cuando él salió, Mary le dijo. –Parece que vas a un monasterio.
-Dime que estarás aquí cuando vuelva.
Después de un momento, ella asintió.
Él colocó la capucha de su traje en su lugar. –Bien. Está bien.
-Rhage, ¿qué pasa?
-Tan solo espérame. Por favor, espérame. – Cuando él llegó a la puerta, él le echó un último vistazo en su cama.
Este era su primer adiós que tenía entre dientes, su primera separación desde que ellos se hubieran reunido, sentiría la horrible experiencia de la separación en el tiempo. Sabía que esta iba a ser una dura noche que pasar. Solo esperaba que cuando saliera del otro lado, la secuela de su castigo no tardara demasiado tiempo. Y que ella estuviera todavía con él.
-Nos vemos después, Mary. –Dijo él cuando la encerró en su cuarto.


*****
Cuando él entró en el estudio de Wrath, cerró detrás suyo las dobles puertas. Todos los hermanos estaban allí y nadie hablaba. El olor de inquietud impregnó el cuarto, olía como a alcohol seco.
Wrath avanzó sobre el escritorio, viéndose tan tenso como lo estaba Tohr. Detrás de sus gafas  envolventes de sol, el rey miraba fijamente, sentía algo, aunque no lo veía.
-Hermano.
Rhage inclinó su cabeza. –Mi señor.
-Llevas ese traje como si quisieras quedarte con nosotros.
-Desde luego que lo quiero.
Wrath asintió una vez. –Aquí está la declaración entonces. La Scribe Virgin ha determinado que ofendiste  a la Hermandad tanto a las ordenes de Tohr tanto como trayendo a una humana a nuestro césped. Seré honesto contigo, Rhage, ella quiere anular mi decisión sobre Mary. Ella quiere que se marche la humana.
-Usted sabe a dónde lleva eso.
-Le dije que estaba preparado para marcharse.
-Esto probablemente la animó. –Rhage sonrió con satisfacción. –Ha intentado deshacerse de mí durante años.
-Bien, esta es tu opción ahora, hermano. Si quieres permanecer con nosotros y si la humana ha de quedarse protegida entre estas paredes, la Scribe Virgin ha exigido que ofrezcas un rythe.
El modo ritualista de aliviar la ofensa era un castigo lógico. Cuando un rythe era ofrecido y aceptado, el delincuente permitía al objeto de su insulto el empleo libre de un arma en contra de él sin presentar defensa. El ofendido podría escoger desde un cuchillo a un set de un puño de acero o a un arma, a condición de que le herida inflingida no fuera mortal.
-Así ofrezco el rythe, -Dijo Rhage.
-Debe ser ejecutado por cada uno de nosotros.
Hubo un jadeo colectivo en la habitación. Alguien murmuró, “joder”.
-Igualmente lo ofrezco.
-Sea lo que deseas, hermano.
-Pero…-Rhage endureció su voz-…. lo ofrezco solo por que se entiende que si el ritual es observado, Mary se quedará todo el tiempo que quiera.
-Ese fue mi acuerdo con la Scribe Virgin. Y debes saber que ella aceptó solo después de que le dije que querías tomar a  la humana como tu shellan. Pienso que Su Santidad se sobresaltó ante esa clase de compromiso. –Wrath lo miró sobre su hombro. –Tohrment debe escoger el arma que usaremos.
-El tri-látigo.-Dijo Tohr en voz baja.
Oh, mierda. Esto iba a doler.
Hubo más murmullos.
-Así sea. –Dijo Wrath.
-¿Pero que pasará con la bestia? –Preguntó Rhage. –Puede aparecer cuando tengo dolor.
-La Scribe Virgin estará allí. Dijo que Tenía un modo de mantenerlo a raya.
Pero desde luego que ella podía. Había cocinado la maldita cosa sobre él en primer lugar.
-Haremos esto esta noche, ¿de acuerdo?- Rhage echó un vistazo alrededor de la habitación. Pienso que no hay ninguna razón para esperar.
-Iremos a la Tumba ahora.
-Bien. Terminémoslo.
Zsadist fue el primero en marcharse cuando el grupo se levantó y resolvió la logística en tranquilos tonos. Tohr necesitaba un traje ¿alguien tenía alguno de sobras? Phury anunció que él traería el arma. V ofreció su Escalada para llevarlos a todos juntos abajo.
El último pensamiento era bueno. Iban a necesitar algo para volver a la casa cuando el rythe hubiera terminado.
-¿Mis hermanos? –Dijo él.
Todos ellos dejaron de hablar, dejaron de moverse. Él miró a cada uno de ellos, notando la severidad en las facciones de sus caras. La impetuosidad de cualquiera de ellos le hubiera sido insoportable. Era mucho mejor ser finalmente el receptor.
-Tengo una petición, mis hermanos. No me traigáis aquí ¿vale? Cuando todo haya terminado, llevadme a otra parte. No quiero que Mary me vea así.
Vishous habló. –Puedes quedarte en el Pit. Butch y yo cuidaremos de ti.
Rhage sonrió. –Dos veces en menos de una semana. Podríais alquilaros como niñeras después de esto.
V le palmeó el hombro y luego se marchó. Tohr lo siguió, haciendo lo mismo. Phury le dio un abrazo cuando por delante de él.
Wrath hizo una pausa antes de salir.
Como  el rey permanecía  en silencio, Rhage le apretó el antebrazo. –Lo se, mi señor. Yo sentiría lo mismo si estuviera en su situación. Pero soy resistente. Puedo hacerlo.
Wrath metió las manos en la capucha y enmarcó la cara de Rhage entre sus palmas, inclinándose. Besó la frente de Rhage y mantuvo el contacto entre ellos, una promesa de respeto del rey hacia el guerrero, una nueva afirmación de su obligación.
-Me alegra que te quedes con nosotros. –Dijo Wrath suavemente. –Habría lamentado perderte.
Aproximadamente quince minutos después, ellos reanudaron la sesión en el patio junto al  Escalade. Iban descalzos y vestían de negro. Con las capuchas puestas, era difícil saber quien era quien, excepto Phury. Su pie protésico se veía y é lanzó un saco con una protuberancia sobre el hombro. Sin duda había metido dentro vendas y cintas así como el arma.
Se mantuvieron en silencio mientras V los conducía a la parte posterior de la casa y a la espesa montaña de pinos y cicutas. El camino era tan solo un carril sucio, atestado por los árboles de hoja perenne.
Mientras iban rápidamente, Rhage no pudo soportar el tenso silencio un minuto más.
-Oh, por Dios, mis hermanos. No vais a matarme. ¿No podríamos aligerar el asunto un poco?
-Nadie lo miró.
-V, pon algo de Luda o Fifty ¿vale? Todo esta tan tranquilo que es muy aburrido.
La risa de Phury salió del traje de la derecha.  --Solo tú podías intentar convertir esto en una fiesta.
-Bien, infiernos, todos habéis querido clavarme una buena por alguna mierda que os he reventado ¿verdad? Este es vuestro día de suerte. – Él palmeó a sobre el muslo de Phury. –Pienso, vamos, mi hermano, te he gastado bromas durante años sobre las mujeres. Wrath, hace un par de meses hice que apuñalaras una pared. V, tan solo el otro día me amenazaste con ponerme la mano encima. ¿Recuerdas? ¿Cuando te dije aquella monstruosidad sobre tu perilla?
V rió en silencio. – Tenía que hacer algo para que te callaras. Cada maldito momento que me he encontrado contigo desde que nos conocemos, me has preguntado si le di un Beso- Francés un caño de escape
-Y todavía no me has convencido sobre lo que le haces a mi GTO, bastardo.
La pelota continuó rodando. Las historias de Rhage continuaron volando a su alrededor hasta que las voces fueron tan ruidosas, que nadie podía escuchar a nadie más.
Mientras sus hermanos perdían vapor, Rhage se recostó contra el asiento, mirando hacia la noche. Esperaba por todos los infiernos que la Scribe Virgin supiese lo que hacía, por que si su bestia se soltaba en la Tomb, sus hermanos estarían de mierda hasta arriba. Y ellos tendrían que matarlo después de todo.
Frunció el ceño y miró a su alrededor. Localizó a Wrath detrás de él. Sabía que era él por el anillo de diamantes negro que llevaba en el dedo medio.
Rhage se arqueó hacia atrás y le susurró. –Mi señor, le pido un favor.
Wrath se inclinó hacia delante, su voz era profunda. -¿Qué necesitas?
-Si no salgo…..de esto, por cualquier razón, le pido que cuide de Mary.
La capucha asintió. En la Vieja Lengua, el rey le dijo: “Como desees, te lo juro. La consideraré como mi propia hermana de sangre y la cuidaré como a cualquier mujer de mi propia familia”.
Rhage exhaló. –Está bien. Está….bien.
Demasiado pronto, V aparcó el Escalade en un pequeño claro. Ellos salieron y se quedaron de pie, escuchando, mirando, sintiendo.
Considerándolo todo, era una tarde agradable y era un lugar sereno para estar. La brisa serpenteaba las incontables ramas y troncos del bosque llevándoles un agradable olor a tierra y a pino. En lo alto, una gran luna brillaba entre las lechosas nubes.
Cuando Wrath hizo la señal, anduvieron cien metros hacia un juego de cuevas en la montaña. El lugar parecía no tener nada especial, incluso cuando te encontrabas dentro. Tenías que saber lo que buscabas para encontrar la pequeña grieta en la pared en la parte trasera. Si se accionaba correctamente, una losa de piedra se deslizaba abriéndose.
Cuando entraron en el interior de la cueva, la cuña de roca se cerró detrás de ellos con un susurro. Las antorchas montadas en las paredes parpadearon doradamente mientras sus llamas respiraban el aire, soplando y silbando.
El camino en la tierra era una lenta y fácil pendiente, sobre el suelo de roca que era frío bajo sus pies. Cuando entraron dentro se desnudaron y un par de puertas de hierro fundido se abrieron. El pasillo que se abría paso era de aproximadamente cincuenta pies de largo y veinte pies de alto.
Sobre  los estantes, miles de tarros de cerámica de varios tamaños reflejaban la luz de diferentes formas. Cada contenedor sostenía el corazón de un lesser, órgano que Omega les quitaba durante la ceremonia de entrada en la Sociedad. Durante la existencia de un  lesser como asesino, el tarro era la única verdadera  posesión personal, y si era posible la Hermandad lo recogía después de una matanza.
Al final del pasillo, había otro juego de puertas dobles. Éstas ya estaban abiertas.
El Santo Sanctorum de la Hermandad había sido labrado en el lecho de la roca y adornada superficialmente en mármol negro a principio de 1700 cuando la primera migración de Europa había cruzado por casualidad el océano. La habitación estaba bien clasificada y tenía un techo de estalactitas blancas que colgaban como dagas. Velas masivas, tan gruesas como el brazo de un hombre y largas como una pierna, estaban enfundadas en negras estaciones de hierro, sus llamas casi tan luminosas como las de las antorchas.
Abajo en el frontal había una plataforma levantada, tenía acceso por una serie de bajas escaleras. El altar sobre la cima había sido hecha sobre una losa de caliza que había sido traída del Viejo Continente, su gran peso apoyado horizontalmente sobre dos dinteles de piedra de corte áspero. En el centro de la cosa había una calavera.
Detrás del altar, una pared plana tenía grabados los nombres de cada uno de los hermanos que alguna vez hubiera habido, detrás del primero había una calavera sobre el altar. Las inscripciones se encontraban en los paneles que cubrían cada pulgada de la superficie, salvo una extensión no marcad en la zona central. Esa parte lisa era de aproximadamente de seis pies de ancho y controlaba la zona vertical de la extensión del mármol. En medio de todo ello, aproximadamente cinco pies sobre el suelo, dos gruesas clavijas se elevaban, donde un hombre podría agarrarse y mantenerse en ese lugar.
El aire que se respiraba era muy familiar: tierra húmeda y cera de velas.
-Saludos, Hermandad.
Todos se giraron hacia la voz femenina.
La Scribe Virgin era una diminuta figura en la lejana esquina, su traje negro se cernía sobre el suelo. Nada de ella era visible, ni siquiera su cara, pero debajo de aquellos negros pliegues que la cubrían, la luz salía en tropel como la caída del agua.
Ella flotó hacia ella, deteniéndose delante de Wrath. –Guerrero.
Él se inclinó. –Scribe Virgin.
Ella saludó a cada uno por turno, dejando a Rhage el último. –Rhage, hijo de Tohrture.
-Scribe Virgin. –Él inclinó la cabeza.
-¿Cómo te va?
-Estoy bien. –O lo estaría, en cuanto todo esto hubiese terminado.
-Y has estado ocupado ¿verdad? A continuación pondremos nuevos precedentes, como tu cariño. La compasión de ellos no estará en loables direcciones. - Ella se rió con un filo. – De algún modo, no es ninguna sorpresa que acabemos con usted aquí. ¿Eres consciente, o no lo eres, que este es el primer rythe que alguna vez se intercambia dentro de la Hermandad?
No exactamente, pensó él. Tohr había rechazo el que le ofreció Wrath el pasado julio.
Pero él no iba a indicárselo.
-Guerrero, ¿estás preparado para aceptar lo que has ofrecido?
-Lo estoy. –Él escogió las siguientes palabras con mucho cuidado, por que tú no le planteabas ninguna pregunta a la Scribe Virgin. A no ser que quisieras comerte tu propio culo. – Yo le pediría que no vaya hacerle daño a mis hermanos.
Su voz se endureció. –Estás peligrosamente cerca de preguntar.
-No creo que sea ninguna ofensa.
Aquella risa baja, suave volvió otra vez.
Hombre, él apostaría que ella estaba disfrutando como el infierno con esto. Él nunca le había gustado, aunque tampoco podía culparla. Le había dado muchos motivos para reproducir su antipatía.
-Piensas que no ofendes ¿guerrero? –La ropa se movió mientras ella sacudía su cabeza. –Al contrario, nunca vacilas en ofender para conseguir lo que deseas y siempre  son problemas. Es también por lo que estamos todos juntos aquí esta noche. – Ella se marchó dando la vuelta -¿Tienes el arma?
Phury dejó el petate, lo abrió y sacó el tri-látigo. El mango de 60 cm. de largo estaba hecho de madera y recubierto de cuero marrón que estaba oscurecido por el sudor de muchas manos. De la punta de la barra, tres largos de cadena ennegrecida de acero se mecían en el aire. Al final de cada uno de ellos había pinchos colgando, como una piña con lengüetas.
El tri-látigo era un arma antigua, cruel, pero Tohr había escogido sabiamente. Para que el ritual se considerara acertado, lo hermanos no le podían ahorrar a Rhage nada sobre el tipo de arma que utilizaran y el modo en que la pondrían sobre su piel. Ser indulgentes sería rebajar la integridad de la tradición, el pesar que él ofrecía y la posibilidad de una verdadera purificación.
-Así sea. –dijo ella. –Avanza hacia la pared, Rhage, hijo de Tohrture.
Él se adelantó, subiendo las dos escaleras a la vez. Cuando llegó al altar, miró fijamente la calavera sagrada, mirando la llama de luz de la lumbre en las órbitas y los largos colmillos. Colocándose contra el negro mármol, agarró las clavijas y sintió el frío suave sobre su espalda.
La Scribe Virgen fue hacia él y levantó su brazo. Su manga perdió terreno y un brillo candente como el arco de un soldador fue revelado, la picante luz vagaba formando una mano. Un zumbido eléctrico de bajo nivel lo atravesó y él sintió que algo cambiaba en su torso, como si sus órganos internos habían sido reorganizados.
-Puede comenzar el ritual.
Los hermanos se alinearon, sus cuerpos desnudos brillaban con fuerza, sus caras marcaban profundos surcos. Wrath cogió el tri-látigo de Phury y fue el primero en avanzar. Cuando se movió, los eslabones del arma sonaron con el dulzor de la llamada de un pájaro.
-Hermano. –Dijo el rey suavemente.
-Mi señor.
Rhage miró fijamente aquellas gafas de sol mientras Wrath comenzaba a balancear el azote en un amplio círculo para construir el ímpetu. El sonido de un zumbido comenzó bajo y creció hasta que el arma avanzó, cortando el aire. Las cadenas golpearon el pecho de Rhage y luego las lengüetas se agarraron a él, clavando el aire en sus pulmones. Mientras se mantenía sobre las clavijas, mantuvo su cabeza alta mientras su visión que se oscurecía  y luego volvía.
Tohr era el siguiente, su golpe extrajo de golpe el aire de Rhage de manera que sus rodillas se doblaron aceptando su peso otra vez. Vishous y Phury le siguieron.
Cada vez, él buscaba los afligidos ojos de sus hermanos con  la esperanza de aliviar su angustia, pero como  Phury se giró dando media vuelta, Rhage solo pudo apoyar la cabeza. Dejó que cayese sobre su hombro y de esa manera vio como la sangre le recorría el pecho, los muslos y los pies. Un charco se formaba en el suelo, reflejando la luz de las velas y miró fijamente el lío rojo que lo hacía mareado. Decidido a quedarse de pie, se amartillo sobre sus codos de manera que fueron sus articulaciones y sus huesos, no sus músculos, los que lo mantuvieran en el sitio.
Cuando hubo una pequeña calma, se hizo débilmente consciente de una especie de discusión. Parpadeó varias veces antes de que sus ojos se aclararan lo suficiente para ver.
Phury le ofrecía el azote y Zsadist ponía distancia con la cosa en lo que parecía algo como terror. Las manazas de Z  estaban levantadas y las anillas de sus pezones  emitiendo la luz del fuego como si respirara con dificultad. El hermano estaba del color de la niebla, su piel era de color gris y era brillante poco natural.
Phury habló suavemente e intentó coger el brazo de Zsadist. Z se movía desordenadamente, pero Phury se mantuvo con él. Cuando se movieron en un baile sombrío, el látigo cubrió la espalda de Z cambiando la  posición de sus músculos.
Este acercamiento no iba  a ninguna parte, pensó Rhage. Zsadist estaba muy cerca del pánico, como un animal arrinconado. Tenía que haber otra manera de llegar a él.
Rhage suspiró y abrió la boca. Nada salió. Lo volvió a intentar.
-Zsadist….-su voz atrajo los ojos de todos hacia el altar. –Termínalo, Z….no puedo….no podré sostenerme de pie durante mucho más tiempo.
-No…
Phury cortó a Zsadist. – Tienes que…
-!No! Apártate de mí, joder.
Z se giró hacia la puerta, pero la Scribe Virgen llegó allí primero, obligándole a detenerse para no atropellarla. Atrapado delante de la diminuta figura, sus piernas empezaron a temblar y sus hombros se sacudieron. Ella se dirigió a él silenciosamente, las palabras no llegaron lo suficientemente lejos para que Rhage pudiera descifrarlas en su neblina de dolor.
Finalmente la Scribe Virgin le hizo señas a Phury, quien le trajo el arma. Cuando ella la tuvo, extendió la mano y tomó la mano de Z y colocó el apretado cuero sobre su palma. Ella le indicó el altar y Zsadist dejó caer su cabeza. Poco después  fue hacia la parte delantera con un paso vacilante.
Cuando Rhage miró al hermano, estuvo a punto de sugerir que alguien tomara el lugar de Z. aquellos ojos oscuros estaban muy abiertos, totalmente blancos alrededor de los iris. Y Zsadist tragaba, su garganta trabaja mientras mantenía un grito en su pecho.
-Está bien, mi hermano. –Murmuró Rhage. –Pero tienes que terminarlo ahora. Ahora.
Z jadeó y tembló, el sudor le caía por los ojos y por la cicatriz de su cara.
-Hazlo.
-Hermano. –Le susurró Z, levantando el azote sobre su hombro.
No lo balanceó para darle ímpetu, probablemente no podía coordinar su brazo de esa manera. Pero era fuerte y el arma cantó mientras viaja por el aire. Las cadenas y colgantes arañaron el estómago de Rhage en un resplandor de agujas.
Las rodillas de Rhage se agotaron e intentó mantenerse con  sus brazos, solo para encontrarse con que también rehusaban sostenerlo. Cayó sobre sus rodillas, las palmas aterrizando sobre su propia sangre.
Pero al menos esto había terminado. Tomó largas respiraciones, determinadas ano desvanecerse.
Bruscamente el sonido de un corte limpio se precipitó por el santuario, algo así como metal contra metal. Él no pensó mucho en ello. Estaba demasiado ocupado con su estómago, intentando convencerlo de que vomitar no era un plan nada bueno.
Cuando estuvo listo, avanzó lentamente sobre sus manos y rodillas sobre el altar, inspirando antes de abordar las escaleras. Cuando miró hacia delante, vio como sus hermanos se habían alineado otra vez. Rhage se frotó los ojos, manchándose la cara con su sangre.
Esto no era parte del ritual, pensó él.
Cada uno de los hermanos llevaba una daga negra en su mano derecha. Wrath inició el cántico y los demás elevaron sus voces hasta que fueron fuerte gritos que resonaban en el sanctorum. El aumento gradual no paró hasta que ellos casi gritaron y luego sus voces se cortaron bruscamente.
Como una unidad, atravesaron con sus dagas sus pechos.
El corte de Zsadist era el más profundo.


Capítulo 30


Mary estaba abajo en la habitación del billar, hablando con Fritz sobre la historia de la casa, cunado los oídos del doggen recogieron un sonido del que ella no se había percatado.
-Podría ser que los señores hubieran vuelto.
Ella fue hacia una de las ventanas mientras un par de focos  se balanceaban alrededor del patio.
El Escalade  se paró, sus puertas se abrieron y los hombres salieron. Con las capuchas de sus trajes bajadas, ella los conocía de la noche en que había llegado a la mansión. El tipo de la perilla y los tatuajes en sus sienes. El hombre de la melena espectacular. El terror que tenía cicatrices y el oficial militar. El único que ella no había visto antes era un hombre con el pelo largo y negro y las gafas de sol.
Dios, sus expresiones eran tristes. Tal vez alguien se había hecho daño.
Ella buscó a Rhage, intentando controlar el pánico.
El grupo se arremolinó y condensó detrás del SUV como si alguien saliera de la casa del guarda y sostuviera la puerta abierta. Mary reconoció al tipo que había entre las jambas como quien había estado jugando al fútbol en el vestíbulo.
Con todos esos grandes cuerpos masculinos colocados en un apretado círculo en la parte posterior del Escalade, que era difícil decir lo que estaban haciendo. Pero parecía que una especie de cosa pesada estaba entre ellos…
La luz mostró una rubia melena.
Rhage. Inconsciente. Y llevaban su cuerpo hacia aquella puerta abierta.
Mary estaba fuera de la mansión antes de comprender que estaba corriendo.
-¡Rhage!!Parad! !Esperad! – El frío aire se movía rápidamente en sus pulmones. -¡Rhage!
Ante el sonido de su voz, él se movió con fuerza, levantando la mano hacia ella. Los hombres se pararon. Un par de ellos maldijo.
-¡Rhage! – Ella se paró de golpe, patinando sobre las piedrecitas. –Qué……oh…..señor.
Había sangre sobre su cara y sus ojos desenfocados por el dolor.
-Rhage…
Su boca abierta. Moviéndose silenciosamente.
Uno de los hombres dijo.-Mierda, nosotros podríamos dejarlo en su habitación ahora.
-¡Desde luego que lo dejareis allí! ¿Se ha herido luchando?
Nadie le contestó. Ellos solo cambiaron de dirección y llevaron a Rhage a través del vestíbulo de la mansión, hacia la escalera. Después de que lo dejaron sobre la cama, el tipo de la perilla y los tatuajes en la cara le retiró el pelo hacia atrás a Rhage.
-Hermano, ¿tal vez podemos traerte algo para calmarte en el dolor?
La voz de Rhage era confusa. –Nada. Mejor así. Conoces las reglas. Mary…. ¿Dónde esta Mary?
Ella fue hacia la cabecera y tomó su mano floja. Cuando ella presionó sus labios sobre sus nudillos, comprendió que el traje estaba en perfectas condiciones, sin rasgaduras o agujeros. Lo cual significaba que no lo llevaba enciman cuando se había hecho daño. Y alguien se lo había puesto encima.
Con una horrible intuición, ella alcanzó el lazo trenzado de cuero alrededor de su cintura. Lo aflojó, tiró de los bordes y dejó el traje abierto. Desde sus clavículas hasta sus caderas estaba cubierto de vendas blancas.  Y la  sangre había fluido a  través de ellas, brillante, ofensivamente roja.
Con miedo de mirar, pero necesitando saber,  con mucho cuidado tocó una esquina y la levantó.
-Dios querido - Ella se tambaleó y uno de los hermanos la sostuvo. -¿Cómo le pasado esto?
Cuando el grupo permaneció tan silencioso, ella empujó a quienquiera que fuera que la sostenía, se distanció y los miró a todos. Ellos estaban inmóviles, mirando fijamente a Rhage…
Y con todo el dolor que él sentía. Dulce Jesús, ellos no podían haber…
El de la barbita la buscó con la mirada.
Lo habían hecho ellos.
-Vosotros hicisteis esto.- Siseó ella. !Vosotros le hicisteis esto!
-Sí. –Dijo el que llevaba las gafas de sol. –Y no es cosa tuya.
-Sois unos bastardos.
Rhage emitió un sonido y luego se aclaró la garganta. –Dejadnos.
-Volveremos para ver como te encuentras, Hollywood. –Dijo el tipo del pelo largo multicolor. -¿Necesitas algo?
-¿Un injerto de piel? –Rhage sonrió un poco y luego se estremeció cuando se movió sobre la cama.
Mientras los hombres salían por la puerta, ella fulminó con la mirada sus espaldas. Aquellos malditos animales…
-¿Mary? –Murmuró Rhage. –Mary.
Ella trató de recomponerse. Exaltarse por lo que le habían hecho esos gamberros no iba a ayudar a Rhage ahora mismo.
Ella lo miró, ahogando su furia y le dijo. – ¿Me dejarás que llame al doctor del que me hablaste? ¿Cómo se llamaba?
-No.
Ella quería decirle que  perdiera al tipo-resistente-soportando-el dolor-notablemente. Pero sabía que lucharía y argumentárselo era lo último que necesitaba.
-¿Quieres quedarte con el traje o te lo quito?- Le preguntó ella.
-Fuera. Si puedes soportar mirarme.
-No te preocupes por eso.
Ella le desató el cinturón de cuero y retiró la seda negra, queriendo llorar cuando él rodó hacia un lado y hacia el otro para ayudarla mientras gruñía por el dolor.  Cuando terminaron de quitarle el traje, la sangre rezumaba sobre su costado.
Aquel hermoso edredón quedaría arruinado, pensó ella, no dando una mierda.
-Has perdido mucha sangre. –Ella dobló el pesado traje.
-Lo se. –Él cerró los ojos su cabeza hundiéndose sobre la almohada. Su cuerpo desnudo experimentaba una serie de intermitentes espasmos, sus músculos temblaban y los pectorales se movían sobre el colchón.
Ella puso el traje en la bañera y volvió. -¿te limpiaron antes de vendarte las heridas?
-No lo sé.
-Tal vez debería comprobarlo.
-Dame una hora. Para entonces el sangrado habrá parado.- Él suspiró  e hizo una mueca. –Mary….ellos tenían que hacerlo.
-¿Qué? –Ella se inclinó hacia él.
-Ellos tenían que hacer todo esto. Yo no…- Otra respiración fue seguida por un gemido. –No te enfades con ellos.
Que les den por el culo.
-Mary. –Dijo él con fuerza, sus embotados ojos se concentraron en ella. –No les di ninguna opción.
-¿Qué hiciste?
-Se acabó. Y no debes enfadarte con ellos. –Su mirada se puso borrosa otra vez.
Con lo preocupada que estaba, lo que quería es que todos esos bastardos se fueran al infierno.
-¿Mary?
-No te preocupes. – Ella le acarició la mejilla, deseando poder lavar toda la sangre que tenía en la cara. Cuando él se estremeció por el ligero contacto, ella se retiró. -¿No vas  a permitirme conseguirte alguna cosa?
-Sólo háblame. Léeme…..
Había unos libros contemporáneos en los estantes al lado de los DVD, ella se acercó a los libros de tapa dura. Cogió el de Harry Potter, el segundo y colocó una silla al lado de la cama. Al principio era difícil concentrarse por que ella seguía controlando su respiración, pero al final ella encontró el ritmo y él también. Su respiración era más lenta y los espasmos cesaron.
Cuando se durmió, ella cerró el libro. Tenía la arrugada frente y lo  labios pálidos y apretados.
Ella odiaba el dolor que tenía él incluso el resto que había encontrado.
Mary sintió en la piel los años pasados.
Visualizó el dormitorio amarillo de su madre. Olía a desinfectante. Escuchaba las laboriosas y desesperadas respiraciones.
Allí estaba otra vez, pensó ella. Otra cabecera. Otro sufrimiento. Desvalido.
Miró alrededor de la habitación, sus ojos aterrizaron sobre la Madonna y el niño en el aparador. En este contexto la pintura era arte, no un icono, la parte de una colección de la calidad de un museo y sólo se utilizaba como decoración.
Por lo que ella no tenía que odiar la maldita cosa. Y tampoco a asustaba.
La estatua de la virgen en la habitación de su madre había sido diferente. Mary la había despreciado y al instante que el cuerpo de Cissy Luce había abandonado la casa, aquel pedazo de yeso había acabado en el garaje. Mary no tuvo corazón de romperlo, pero habría querido hacerlo.
A la mañana siguiente ella había cogido a Nuestra Señora y la había sacado. Lo mismo con el crucifijo. Cuando ella aparcó en la iglesia, el triunfo que había sentido, el verdadero jódete Dios, había sido embriagador, el único buen sentimiento desde hacía mucho tiempo. Sin embargo el arranque no había durado demasiado. Cuando volvió a casa, todo lo que podía ver era la sombra sobre la pared donde la cruz había estado y el lugar libre de polvo en el suelo donde había estado la estatua de pie.
Dos años más tarde, el mismo día que había dejado aquellos objetos de devoción, a ella le habían diagnosticado leucemia.
Lógicamente sabía que no la habían maldecido por haber dejado aquellas cosas. Había 365 días en el calendario para poder golpearla y como una bola sobre la rueda de una ruleta, el anuncio de su enfermedad había tenido que aterrizar en uno de ellos. En su corazón, sin embargo, algunas veces creía que no. Lo que hacía que odiara a Dios aún más.
Infiernos….Él no tenía tiempo para hacerle un milagro a su madre, quien le había sido fiel. Pero Él hizo un esfuerzo extraordinario para castigar a una pecadora como ella. Figúrate.
-Me alivias. –Dijo Rhage.
Sus ojos reaccionando hacia él. Ella se aclaró la cabeza  y le tomó la mano.  -¿Cómo estás?
-Mejor. Tu voz me calma.
Había sido lo mismo con su madre, pensó ella. También a su madre le gustaba el sonido de conversación.
-¿Quieres algo de beber? Preguntó ella.
-¿Qué estabas pensando en este momento?
-En nada.
Él cerró los ojos.
-¿Quieres que te lave? –Le dijo ella.
Cuando él se encogió, ella fue al cuarto de baño y volvió con una manopla caliente, húmeda y una toalla de baño seca. Le limpió la cara y con cuidado trabajó alrededor de los bordes de las vendas.
-Voy a quitártelas, ¿ok?
Él asintió y ella con cuidado retiró las cintas de su piel. Tiró las gasas y los acolchados.
Mary se estremeció, la bilis se le subió hasta la boca.
Lo habían azotado. Era la única explicación de las señales.
-Oh….Rhage. –Las lágrimas le nublaron los ojos, pero no les permitió que cayesen. –Solo voy a cambiarlas vendas. Pero también...….aún mantengo la oferta de lavarte. Tienes que….
-El cuarto de baño. En el armario a la derecha del espejo.
Estando de pie delante del armario, se desalentó ante las provisiones que tenía a mano. Equipos quirúrgicos. Yeso para las fracturas. Vendas de todo tipo. Cintas. Ella cogió lo que pensó que le haría falta y regresó. Abriendo los paquetes de gasas almohadilladas estériles de 30 cm., las puso sobre su pecho y estómago y calculó que debía dejarlas allí. No había ningún modo de poderle levantar el torso para envolverlo, la acción de ponerlo todo junto implicaría un exceso de pérdida de tiempo.
Cuando ella tocó la sección de la zona inferior izquierda de las vendas, Rhage se tensó. Ella lo miró. - ¿Te he hecho daño?
-Graciosa pregunta.
-¿Lo siento?
Sus ojos se abrieron, mirándola fijamente con dureza. -¿Aún no lo sabes, verdad?
Claramente no. –Rhage, ¿qué necesitas?
-Que hables conmigo.
-Ok. Déjame acabarlo.
Tan pronto como lo hizo, abrió el libro. Él maldijo.
Confundida, ella le cogió la mano. –No se lo que quieres.
-No es tan difícil entenderlo. –Su voz era débil, pero indignada. –Cristo ¿al menos por una vez podrías dejarme entrar?
Hubo un golpe que atravesó la habitación. Ambos miraron airadamente hacia el sonido.
-Vuelvo enseguida. – Dijo ella.
Cuando abrió la puerta, el hombre de la perilla estaba al otro lado. Llevaba una bandeja de plata sobrecargada de comida equilibrándola con una mano.
-A propósito, soy Vishous. ¿Está despierto?
-Hey, V. –Dijo Rhage.
Vishous pasó derecho por delante de ella y colocó la comida sobre el aparador. Cuando él se dirigió hacia la cama, ella sentía no ser tan grande como él para así poder sacarlo de la habitación.
El tipo apoyó la cadera sobre el colchón. -¿Qué haces, Hollywood?
-Estoy bien.
-¿El dolor se va desvaneciendo?
-Si.
-Entonces te estás curando bien.
-No puede pasar lo suficientemente rápido para mí. –Rhage cerró los ojos agotado.
Vishous apartó la vista durante un momento, sus labios apretados. –Volveré más tarde, mi hermano. ¿De acuerdo?
-Gracias, hombre.
El tipo se giró y la miró, lo cual no podía haber sido más fácil. En este momento, ella deseaba que él tuviera el gusto del dolor que le había infligido. Y ella sabía que su deseo de venganza se le veía en la cara.
-Resistente galleta, ¿verdad? – Murmuró Vishous.
-Si es tú hermano ¿por qué le hicisteis daño?
-Mary, no lo hagas. –Rhage la cortó con voz ronca. –Te dije…
-No me has dicho nada. – Ella cerró los ojos apretándolos. No era justo gritarle cuando estaba plano sobre su espalda con el pecho que parecía un mapa cuadriculado.
-Tal vez deberíamos permitir que saliera todo.-Dijo Vishous.
Mary cruzó los brazos sobre su pecho. – Ahora esa es la idea. ¿Por qué no me dice la maldita cosa? Ayúdame a entender por qué le hicisteis esto.
Rhage habló por encima. –Mary, no quiero que tú….
-Entonces dímelo. Si no quieres que los odie, explícame esto.
Vishous revisó la cama y Rhage debió de asentir o se encogió, por que el hombre dijo. –Él traicionó a la Hermandad por ti. Tenía que compensar el querer quedarse con nosotros y mantenerte aquí.
Mary dejó de respirar ¿Todo esto era para ella?
¿Por ella?
Oh, Dios. Él había permitido que lo azotaran con fuerza por ella….
Haré que estés segura, ¿qué te parece?
Ella no tenía absolutamente ningún contexto para esta clase de sacrificio.
Por el dolor que él tenía que soportar por ella. Por lo que le había sido hecho por la gente que supuestamente se preocupaba por él.
-No puedo….me siento un poco aturdida. Me vas a perdonar….
Ella se retiró distanciándose, esperando llegar al cuarto de baño, pero Rhage luchó sobre la cama para intentar levantarse, como si fuera a ir tras ella.
-No, quédate donde estás, Rhage. – Ella fue hacia él, sentándose en la silla y acariciando su pelo. – Permanece donde estás. Shh….Tranquilo, grandote.
Cuando él se relajó un poco, ella miró a Vishous. –No entiendo nada de todo esto.
-¿Por qué ibas a hacerlo?
Los ojos del vampiro se mantuvieron sobre los suyos, las profundidades de plata de algún modo asustaban. Ella se concentró en el tatuaje que sangraba de su cara durante un momento y luego miró a Rhage. Ella le acarició el pelo con las yemas de los dedos y murmuró cosas hasta que él se deslizó en el sueño de nuevo.
-¿Te hizo daño hacerle esto? –Le preguntó ella suavemente, sabiendo que Vishous no se había marchado. –Dime si te hizo daño.
Ella escuchó el susurro de ropa. Cuando lo miró sobre  el hombro, Vishous se había quitado la camisa. Sobre su musculazo pecho había una herida fresca, un tajo, como si una lámina le hubiese cortado la piel.
-Esto nos mató a cada uno de nosotros.
-Bien.
El vampiro rió más bien con ferocidad. –Nos entiendes mejor de lo que piensas. Y esa comida no es solo para él cuando la quiera. La traje para ti también.
Sí, pues ella no quería nada de ellos. –Gracias. Veré que coma.
Vishous hizo una pausa antes de salir. - ¿Le has hablado sobre tu nombre?
Giró la cabeza. -¿Qué?
-Rhage. ¿Él lo sabe?
Los temblores se le acercaron por el cuello. –Obviamente él sabe mi nombre.
-No, el por qué de ello. Deberías decírselo. –Vishous frunció el ceño. – Y no, no lo averigüé en Internet. ¿Cómo iba a poder?
Buen Señor, es como si hubiese sido como si exactamente la hubiese atravesado….- ¿Lees las mentes?
-Cuando quiero y a veces cuando no tengo ninguna opción. –Vishous se marchó, cerrando la puerta silenciosamente.
Rhage intentó darse la vuelta hacia su lado y se despertó gimiendo. -¿Mary?
-Estoy aquí mismo. –Ella le cogió las manos entre las suyas.
-¿Qué pasa? – Cuando él la miró, sus ojos azules estaban más alarmados de lo que habían estado. –Mary, por favor. Sólo por una vez, dime lo que tienes en mente.
Ella vaciló. -¿Por qué simplemente no me olvidaste? Todo esto…no habría pasado.
-No hay nada que yo no hiciera por tu seguridad, por tu vida.
Ella negó con la cabeza. –No entiendo como puedes sentir tanto por mí.
-Sí, ¿sabes qué? – Él sonrió un poco. –Tienes que aplazar todo esto de entender las cosas.
-Esto es mejor que continuar con la fe. –Susurró ella, acercándose hacia él y pasándole una mano por sus rubias ondas. –Vuélvete a dormir, gran hombre. Cada vez que lo haces, pareces despertar con millas por delante en el proceso de curación.
-Yo prefiero mirarte. –Pero él cerró los ojos. –Me gusta cuando juegas con mi pelo.
Él estiró el cuello, inclinándose de manera que ella entonces podía alcanza más de ello.
Incluso sus oídos eran hermosos, pensó ella.
El pecho de Rhage se elevó y cayó con un gran suspiro. Al cabo de un rato, ella se reclinó en la silla y elevó sus piernas, apoyando sus pies sobre uno de los masivos soportes de la cama.
Conforme pasaban las horas, los hermanos lo visitaron para saber de él y presentarse. Phury, el de la gran melena, entró con sidra caliente, la que en realidad ella tomó. Wrath, el tipo de las gafas oscuras y Beth, la mujer quien había pasado por delante, también los visitaron. Butch, el receptor del fútbol, vino y lo mismo hizo Tohrment, el que tenía el corte de pelo militar.
Rhage durmió mucho, pero siguió despertándose siempre que intentaba cambiar de posición. Él la miraba mientras se movía por los alrededores, como si recuperara fuerzas mirándola, alimentándose de ella. Ellos no se dijeron mucho. El toque era bastante.
Sus párpados estaban cerrados y ella había dejado perder terreno a su cabeza cuando hubo otra suave llamada. Probablemente era Fritz con más alimentos.
Ella se estiró y fue hacia la puerta.
-Entre. –Ella dijo mientras abría.
El hombre con la cara llena de cicatrices estaba de pie en el pasillo.  Como él estaba de pie sin moverse, la luz cayó sobre las marcadas líneas, sacando sus ojos hundidos, el cráneo bajo sus pelo supercorto, la cicatriz dentada, su dura mandíbula. Él llevaba un jersey de cuello vuelto holgado y los pantalones colgaban sobre sus caderas. Ambos eran negros.
Ella inmediatamente se acercó a la cama para proteger a Rhage, aun cuando era estúpido pensar que ella podría con algo tan grande como el vampiro de la entrada.
El silencio se alargó.  Ella se dijo que probablemente solo se presentaría como los demás y no querían dañar a su hermano otra vez. Excepto….él se veía tenso por todas partes, su amplia postura sugería que podía saltar hacia delante en cualquier momento. Y extrañamente era más por el hecho de que el vampiro no encontraba nada para mirar fijamente y tampoco parecía mirar a Rhage. La mirada fija fría, negra del tipo afilado.
-¿Quieres entrar y verlo? –Preguntó ella finalmente.
Aquellos ojos cambiaron hacia los suyos.
Obsidiana, pensó ella. Ellos parecían obsidiana. Brillantes. Sin fondo. Sin alma.
Ella se alejó y agarró la mano de Rhage. El vampiro de la entrada sonrió con satisfacción.
-Me estás mirando ferozmente, mujer. ¿Piensas que voy a tomar otro trozo de él? –La voz era baja, monótona. Resonante, realmente. Y como desprendidos y no reveladores como sus pupilas.
-¿Vas a hacerle daño?
-Pregunta tonta.
-¿Por qué?
-Tú no creerías mi respuesta, por lo que no deberías preguntar.
Hubo más silencio y ello lo midió con tranquilidad. Se le ocurrió que tal vez no solo era agresivo. También era torpe.
Tal vez.
Ella besó la mano de Rhage y se obligó a distanciarse. –Iba a darme una ducha. ¿Te sentarás con él mientras lo hago?
El vampiro parpadeó como si le hubiera sorprendido. -¿Vas a sentirte cómoda desnuda en el cuarto de baño conmigo en los alrededores?
No realmente.
Ella se encogió de hombros. –Es tu opción. Pero estoy segura de que si se despierta, él preferirá verte a estar solo.
-¿Apagarás las luces después?
-¿Vienes o vas? – Cuando él no contestó, dijo ella. –Esta noche debe haber sido un infierno para ti.
Su labio superior deformado se tensó con un gruñido. –Eres el único que alguna vez  ha asumido que no me desquito de la gente herida. ¿Eres del tipo de la Madre Teresa? ¿Todo por el gran bien, heridas o alguna mierda?
-No te ofreciste voluntario para la cicatriz que hay en tu cara ¿verdad? Y estoy dispuesta a apostar que hay más debajo de tu mandíbula. Entonces como te he dicho, esta noche ha debido ser un infierno.
Sus ojos se estrecharon en dos rendijas y una fría ráfaga sopló por la habitación, como si hubiese empujado el aire hacia ella. –Cuidado, mujer. El coraje puede ser peligroso.
Ella anduvo directamente hacia él. -¿Sabes qué? Lo de la ducha era una mentira. Intentaba darte tiempo a solas con él, porque es obvio que te sientes mal o no estarías de pie en la entrada mirando como si fueras a rasgarte malditamente. Tómalo como una oferta o un permiso, por uno u otro camino, yo apreciaría que no intentaras asustarme.
En este punto,  ya no se preocupaba si él repartía golpes a diestro y a siniestro contra ella. Entonces otra vez, se movía por la nerviosa energía y el temblor que llegaba por el agotamiento, probablemente ya no pensaba con claridad.
-¿Entonces que va a ser? –Le exigió ella.
El vampiro dio un paso hacia adentro y cerró la puerta, en la habitación creció el frío con él en ella. Su amenaza era una amenaza tangible, alcanzándola, acariciando su cuerpo como si lo hiciera con las manos. Cuando la cerradura se deslizó hacia su lugar con un chasquido, ella se atemorizó.
-No lo intento. –Dijo él con voz cansina satinada.
-¿Qué? –Ella se sofocó.
-Asustarte. Tú estás asustada. –Él rió. Sus colmillos eran muy largos, más largos que los de Rhage. –Puedo oler tu miedo, mujer. Como la pintura húmeda, esto estremece la nariz.
Como Mary se alejó distanciándose, él avanzó, rastreándola.
-Hummmm…..y me gusta tu olor. Me gusta desde el primer momento en que te encontré.
Ella se movió más rápido, sacando su mano, esperando sentir la cama en cualquier momento. En cambio se enredó entre algunas pesadas cortinas de una ventana.
El vampiro de las cicatrices la arrinconó. No era tan musculoso como Rhage, pero sin duda era mortal. Sus ojos fríos le dijeron que sabía todo lo que había que saber sobre la capacidad de matar.
Con una maldición, Mary dejó caer la cabeza y se rindió. Ella no podría hacer nada si él quería hacerle daño y tampoco podría hacer nada con Rhage en su condición. Maldita sea, lamentaba sentirse tan desvalida, pero a veces era lo que le ponía en su vida.
El vampiro se inclinó hacia ella y se encogió de miedo.
Él aspiró profundamente y luego hizo un largo suspiro.
-Date tu ducha, mujer. Yo no Tenía ningún deseo de hacerle daño esta noche y nada lo cambiaría. No tengo ningún repugnante interés sobre ti, tampoco. Si algo te pasara, él obtendría una mayor agonía de la que siente ahora.
Ella se dobló cuando él se dio la vuelta distanciándose y ella vio como se estremecía cuando miró a Rhage.
-¿Cómo te llamas? –Murmuró ella.
Él elevó una ceja y luego volvió a mirar fijamente a su hermano. –Soy el malo, en caso de que no te lo hubieras figurado.
-Quiero tu nombre, no tu profesión.
-Ser un bastardo es más que un deseo irresistible, realmente. Y es Zsadist. Soy Zsadist.
-Bien….es agradable conocerte, Zsadist.
-Qué cortés. –Se burló él.
-Ok, sobre ello. Gracias por no matarlo o a mí en este momento. ¿Es lo suficientemente verdadero para ti?
Zsadist miró sobre su hombro. Sus párpados parecían las persianas de la ventana, permitiendo que sólo las ranuras de una noche fría brillara. Y con su pelo rapado y aquella cicatriz, él era la personificación de la violencia: agresión y dolor antropomorfizado. Excepto que mientras la miraba a través de la luz de la vela, un leve indicio de calor atravesaba su cara. Era tan sutil que ella no podía definir bastante como había sabido que eso estaba allí.
-Tú. –Dijo él suavemente. – Eres extraordinaria. –Antes de que pudiera decir algo más, él le sostuvo la mano. –Vete. Ahora. Déjame con mi hermano.
Sin otra palabra, Mary entró en el cuarto de baño. Estuvo en al ducha hasta que se le arrugaron los dedos y el vapor en el aire se puso tan espesa como la nata líquida. Cuando ella salió, se vistió con la misma ropa que llevaba, ya que se había descuidado de llevar nueva ropa con ella. Entonces abrió la puerta del dormitorio silenciosamente.
Zsadist testaba sentado sobre la cama, sus amplios hombros encorvados, sus brazos alrededor de su cintura. Inclinado sobre el cuerpo dormido de Rhage, estaba tan doblado hacia abajo tan cerca que era imposible que no lo tocara. Mientras se mecía hacia delante y hacia atrás, había una débil canción armoniosa en el aire.


El vampiro estaba cantando, su voz ascendía y decaía, saltando octavas, subiendo y bajando. Hermoso. Completamente hermoso. Y Rhage estaba relajado, descansando de un modo plácido que antes no tenía.
Ella rápidamente cruzó la habitación y salió al pasillo, dejando solos a los dos hombres.

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