domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 31 32 33

Capítulo 31



Rhage se despertó al día siguiente por la tarde. La primera cosa que hizo fue extender la mano a ciegas hacia Mary, pero se paró a sí mismo, no queriendo que lo golpeara la quemadura. No se sentía lo suficientemente fuerte para luchar.
Abriendo los ojos, él giró la cabeza. Ella estaba allí a su lado en al cama, dormida sobre su estómago.
Dios, otra vez ella había cuidado de él cuando lo había necesitado. Había estado impávida. Fuerte. Dispuesta a enfrentarse  a sus hermanos.
El amor llenó su corazón, aumentándolo tanto que se le paró la respiración.
Se puso la mano en el pecho y sintió las vendas que ella le había puesto. Trabajando con cuidado, las quitó una a una. Las heridas se veían bien. Se habían cerrado y ya no le dolían. Por la mañana tan solo serían rayas rosadas y al siguiente, habrían desaparecido.
Pensó en la tensión que había tenido últimamente. El cambio. Las olas alrededor de Mary. La exposición al sol. Los azotes. Iba a tener que beber pronto y quería hacerlo antes de que el hambre lo golpeara.
La alimentación era algo sobre lo que era muy escrupuloso. La mayor parte de los hermanos estiraban el hambre mientras podían soportarlo, solo por que no querían molestarse con la intimidad. Él lo conocía mejor. Lo último que necesitaba era que la bestia con un caso de de sed de sangre….
Espera un minuto.
Rhage suspiró. Había un vacío……asombroso en él. Ningún zumbido de fondo. Ninguna picazón. Ninguna quemadura. Y esto iba  a la par aun cuando yacía directamente al lado de Mary.
Esto era…..solo él en su cuerpo. Solo él mismo. La maldición de la Scribe Virgin se había ido.
Pero desde luego, pensó él. Ella se lo había retirado temporalmente para poder hacer el rythe sin cambiar. Y ella obviamente le estaba dando un plazo para que pudiera curarse, también. Se preguntó cuanto tiempo duraría el indulto.
Rhage exhaló despacio, el alivio del aire en su nariz. Cuando se hundió en su piel, se deleitó en la perfección de la paz. El divino silencio. La gran ausencia rugiente.
Había pasado un siglo.
Buen Dios, quería llorar.
En caso de hacerlo y que Mary despertara, pondría las manos sobre sus ojos.
¿Otras personas sabían lo afortunadas que eran al tener momentos como esos? ¿Momentos de resonante tranquilidad? Él no los había apreciado antes maldición, incluso no los había notado. Infiernos, si lo hubieran bendecido con uno, probablemente solo se habría vuelto a dormir.
-¿Cómo te sientes? ¿Puedo traerte algo?
Con el sonido de la voz de Mary, él se reforzó con una ráfaga de energía. Nada como lo que le llegaba. Todo lo que sintió fue un cálido brillo en su pecho. Amor sin trabas con el caos de su maldición.
Se frotó la cara y la miró. Adorándola tan intensamente en la tranquila oscuridad que tuvo miedo de ella.
-Tengo que estar contigo, Mary. Ahora mismo. Tengo que estar en tu interior.
-Entonces bésame.
Él estiró su cuerpo contra el suyo. Ella solo llevaba una camiseta y él deslizó sus manos por debajo, extendiéndose  a lo largo de ella más allá de su espalda. Estaba ya con fuerza para ella, listo para tomarla, pero con nada para vencer, acariciarla era un placer exquisito.
-Tengo que amarte. –Dijo él, retirando todas las sábanas y las mantas de la cama. Quería ver cada parte de ella, tocar cada pulgada y no quería nada en su camino.
Le retiró la camiseta por la cabeza y luego encendió las velas de alrededor para alumbrar la habitación. Ella estaba resplandeciente con el brillo de oro, su cabeza girada al lado cuando levantó la vista hacia él con sus ojos grises. Sus pechos apretados preparados ya en las puntas, las blancas elevaciones bajo sus rosados pezones. Su estómago plano, un poco demasiado plano, pensó él, preocupándose por ella. Pero sus caderas eran perfectas y sus piernas muy lisas.
Y la junta debajo de su ombligo, que dulce pieza…
-Mi Mary.-Susurró él, pensando en todos los sitios que quería continuar en ella.
Cuando  se sentó sobre sus piernas, su sexo salió directamente de su cuerpo, pesado, orgulloso, exigente. Pero antes de que pudiera inclinarse sobre su piel, sus manos encontraron su longitud y él se estremeció, el sudor estallando por todo su cuerpo. La mirada de ella tocándolo, se dejó ir durante solo un momento, dando rienda suelta a la pureza de su deseo, el éxtasis incontaminado.
Cuando ella se sentó encima, él no sabía a donde iba. -¿Mary?
Sus labios se separaron y ella lo tomó con la boca.
Rhage jadeó y echó mano a sus brazos. –Oh, mi…..Dios.
Con todas las otras mujeres él había tenido la maldición, no había dejado que ninguna de ellas bajara tanto. No lo había querido, no le gustaba que lo tocaran por encima de la cintura, mucho menos por debajo de ella.
Pero era Mary.
La succión y el calor de su boca, pero sobre todo el conocimiento de que era ella, le robaba la fuerza, poniéndolo a su merced. Sus ojos mirándolo hacia arriba, viendo como nadaba en el placer que le estaba proporcionando. Cuando él se hundió hacia atrás sobre el colchón, derrumbándose, ella avanzó lentamente sobre sus muslos, avanzando. Él enmarcó su cabeza con sus manos, arqueando su boca mientras ella encontraba el ritmo.
Directamente antes de que se acercara al borde, él cambió sus caderas de lugar, no queriendo liberarse aún.
-Ven aquí. –Dijo él, estirándola sobre su estómago y su pecho, haciéndola rodar sobre su espalda.- Voy a estar en tú interior cuando termine.
Besándola, él puso su mano sobre la base de su cuello y barrió hacia su centro, parando en su corazón. Golpeaba rápidamente, y él cayó abajo, presionando sus labios sobre su esternón y luego moviéndose hacia su pecho. La amamantó mientras deslizaba su brazo alrededor de sus omóplatos y la levantaba acercándola más hacia su boca,
Ella hizo un ruido increíblemente profundo desde su garganta, un jadeo sin aliento que atrajo su cabeza de manera que podía mirar su cara. Sus ojos cerrados, los dientes apretados. Él le hizo un camino de besos hacia el ombligo, dónde se entretuvo y lamió antes de moverse hacia su cadera. Impulsándola sobre su estómago, él le separó las piernas y ahuecó su centro con su palma. La sedosa humedad cubrió su mano, la sintió estremecerse cuando besó su cadera y su zona baja.
Resbalando un dedo en su interior, dejó al descubierto sus colmillos y los llevó hacia su médula espinal.
Mary gimió, su cuerpo retorciéndose para encontrar sus dientes.
Él se paró en su hombro. Retirando el pelo de su camino. Y gruñó cuando miró su cuello.
Cuando ella se tensó, él susurró. –No te asustes, Mary. No te haré daño.
-No tengo miedo. –Ella movió sus caderas y apretó su calor húmedo alrededor de su palma.
Rhage siseó cuando la lujuria lo rasgó. Comenzó a jadear, pero poniéndose cómodo. No había ninguna vibración, ningún zumbido espantoso. Solo ella y él. Juntos. Haciendo el amor.
Aunque realmente tuviera hambre de algo más de ella.
-Mary, perdóname.
-¿Por qué?
-Quiero beber de….ti. -Le dijo él al oído.
Ella tembló, pero él sintió una prisa caliente cuando la penetraba y sabía que las sacudidas eran de placer.
-¿De verdad quieres …..hacer eso? –Dijo ella.
-Dios, sí. –Su boca se acercó al lado de su garganta. Aspiró su piel, muriendo por hacer algo más. –Me gustaría estar en tu vena.
-Me he preguntado qué iba a sentir. –Su voz era ronca, emocionante. ! Por Dios! Ella iba a dejarle hacerlo. -¿Duele?
-Sólo un poco al principio, pero entonces es como el sexo……sentirás mi placer cuando lo tome de ti. Tendré mucho cuidado. Muy gentil.
-Se que lo harás.
Una oleada erótica lo golpeó a través de su cuerpo y de sus colmillos al descubierto. Podía imaginarlos hundiéndolos en su cuello. Chupar. Tragar. Y luego habría comunión con ella haciéndole lo mismo a él. Él la alimentaría bien, le dejaría tomar tanto como quisiera….
¿Ella haciendo lo mismo?
Rhage se retiró. ¿Qué diablos le pasaba? Ella era una humana,  por todos los santos. Ella no se alimentaba.
Él apoyó la frente sobre su hombro. Y recordando enmarañadamente que ella solo era una humana; que estaba enferma. Se lamió los labios, intentando persuadir a que sus colmillos se retrajesen.
-¿Rhage? Vas a ir a…..tú sabes.
-Creo que es mejor mantenerte a salvo.
-Francamente, no estoy asustada.
-Oh, Mary, lo sé. No tienes miedo de nada. – y su coraje era en parte la razón por la que la había vinculado a él.
-Pero yo preferiría amar tu cuerpo que tomar alguna cosa si no puedes permitirte dármela.
En una serie de rápidos movimientos la giró y  se elevó sobre ella, tirando de sus caderas elevándolas del colchón, y entrando en ella, deslizándose profundamente. El calor rugió  a través de él cuando ella se arqueó ante la invasión y él puso uno de sus brazos entre sus pechos, conservando elevado su cuerpo. Con una mano,  le giró la barbilla y entonces pudo besarla.
Su aliento era caliente y desesperado en su boca cuando él lentamente se extrajo así  mismo de su centro. La oleada que recibieron hizo que ambos gimieran. Ella era tan increíblemente apretada, exprimiéndolo con  fuerza como un tornillo de sujeción. Él dio un par de empujes más controlados y luego sus caderas la tomaron por encima, moviéndose por voluntad propia hasta que no pudo más mantener el contacto con sus labios. Su cuerpo golpeando el suyo  y él cambió sus manos hacia su cintura mientras se agarraba.
Su pecho apoyado sobre la cama y su cara girada hacia un lado. Sus labios estaban separados, sus ojos cerrados. Él soltó su torso y plantó sus puños sobre el colchón a los lados de sus hombros. Ella era tan pequeña debajo de él, empequeñecida por el grosor de sus antebrazos, pero ella lo tomó todo de él, de la punta hasta la base, muchas veces hasta que él se perdió.
De la nada le llegó un maravilloso picor hasta su mano. Miró hacia abajo y vio que ella se había enredado alrededor de uno de sus brazos y había cerrado so boca sobre la base del pulgar, mordiéndolo.
-Fuerte, Mary. –Dijo él con voz ronca. –Oh, sí. Muerde….con fuerza.
La pequeña explosión de dolor mientras sus dientes se hundían lo golpeó con tal placer que lo llevó al techo, llevándolo hasta el mismo borde.
Pero él no quería que esto terminara.
Él salió y rápidamente la giró. Cuando ella aterrizó sobre su espalda, sus piernas abiertas hacia los lados como si no tuviera fuerza para sostenerlas. La vista de ella abierta, brillando para él, aumentando para él, casi hizo que estuviera a punto de liberarse por todas las partes de sus muslos. Bajó la cabeza y la besó donde antes había estado, probando un poco de él, un poco de aquel olor que la marcaba por todas las partes de su cuerpo.
Ella gritó salvajemente cuando llegó al clímax. Y antes de que sus latidos se desvaneciesen, el se alzó sobre ella y se hundió aun más profundamente.
Ella lo llamó por su nombre, sus uñas marcando su espalda.
Él se permitió acercarse al borde examinando sus grandes ojos, aturdidos. Sin nada para contenerse, entró y salió muchas veces, bombeando sus fluidos en ella. El orgasmo le llegó y montó sobre las olas que lo alcanzaron. El éxtasis parecía no tener ningún fin y no había nada que lo parara.
No es que  pudiera tenerlo si él tenía el poder.
Mary se agarró a Rhage mientras él se estremecía una vez más, tomando su cuerpo, su aliento saliendo rápidamente. Él gimió profundamente sobre su pecho y ella sintió como se tensaba y se liberaba otra vez dentro de ella.
Esto era un demoledor tipo de intimidad, ella tan tranquila, él convulsionando en una especie de orgasmo múltiple. Con su concentración no disminuida por la pasión, ella sentía cada pequeña cosa en su cuerpo así como cada duro empuje. Ella sabía exactamente cuando a él le llegaba la liberación, podía sentir como temblaban su vientre y sus muslos. Ahora estaba pasando, su pecho y sus hombros tensándose  con sus caderas cuando él se levantó otra vez.
Él levantó la cabeza esta vez, sus labios desprendiéndose de sus colmillos, sus ojos apretados cerrados. Su cuerpo se contrajo, todos sus músculos tensos, y después ella sintió el profundo movimiento en su interior.
Abrió los ojos. Estaban vidriosos.
-Lo siento, Mary. –Otro espasmo le llegó y él hizo todo lo posible para hablar de ello. –Nunca…pasó…antes. No puedo pararlo. Dios maldito.
Él soltó un sonido gutural, una mezcla de apología y éxtasis.
Ella le sonrió y llevó sus manos hacia su lisa espalda, sintiendo cada grueso músculo sobre sus huesos mientras se introducía en ella otra vez. Estaba saturada entre sus piernas y deliciosamente caliente por todo el calor que emanaba de él. Aquel maravilloso olor de  su unión con ella era espeso en el aire, la oscura fragancia la rodeaba.
Él se elevó y se levantó sobre sus brazos, haciendo como si fuera a salirse.
-¿Ha dónde vas? – Ella colocó sus piernas alrededor de sus caderas.
-Aplastando….te. –Su aliento era otra vez como su siseo.
-Estoy perfectamente bien.
-Oh, Mary….yo…-Él se arqueó otra vez, llevando su pecho hacia delante, tensando su cuello, sus hombros prominentes. Buen Señor, él era magnífico.
Bruscamente él se dobló, su cuerpo totalmente blando sobre el de ella. Su peso muerto era inmenso, más de lo que ella podía soportar y todavía respirar. Por suerte, rodó y la apretó contra él. Su corazón tronaba contra su pecho y ella escuchó mientras empezaba a enlentecerse.
-¿Te he hecho daño? –Le preguntó él bruscamente.
-No.
Él la besó y se retiró, tambaleándose hacia el cuarto de baño. Volvió con una toalla, con la que con cuidado la alivió entre sus piernas.
-¿Quieres que comience yo duchándome? –Dijo él. –Tengo, ah, en cierto modo un lío contigo.
-Apenas. Y no, solo quiero estar aquí.
-No puedo explicar por que ha pasado esto. –Él frunció el ceño cuando tiró las sábanas y las cubiertas sobre  ambos. –Aunque ….bien, tal vez, puede que lo sepa.
-Independientemente de la razón, eres increíble. –Ella presionó sus labios sobre su mandíbula. –Absolutamente increíble.
Se mantuvieron juntos en silencio durante un ratito.
-Escucha, Mary, mi cuerpo ha dado mucho de sí últimamente.
-Estoy segura.
-Voy a necesitar…..tener que cuidarme.
Algo en el tono de su voz era apagado, y ella alzó la vista hacia él. Él miraba fijamente al techo.
Un escalofrío la atravesó como un relámpago. -¿Cómo?
-Voy a tener que alimentarme. De una mujer. De mi especie.
-Oh. –Ella pensó en como sus colmillos los había sentido sobre su columna vertebral. Y recordó el temblor de la anticipación cuando él le había hociqueado el cuello. Las sombras de su noche fuera la desgarraban. Ella no podía volver a pasar por esto otra vez. Esperando en su cama, sabiendo que estaba con otra mujer.
Tomó sus manos y se las puso encima. –Mary, tengo que alimentarme ahora entonces podré tener el control. Y quiero que estés conmigo cuando lo haga. Si es demasiado difícil para ti mirar, al menos puedes estar en la misma habitación. No quiero que haya ninguna pregunta en tu mente sobre lo que pasa entre otra mujer y yo.
-¿Quién te va a…-ella se despejó la garganta-dar de beber?
-He pensado en ello. No quiero que sea con alguien con quien ya he estado.
Entonces hasta a  cuantas podría reducirlo, ¿cinco mujeres? ¿Tal vez seis?
Ella negó con la cabeza, sintiéndose como una perra.
-Llamaré a una de las Elegidas.
Dime que son brujas desdentadas, pensó ella. -¿Qué hacen ellas?
-Principalmente sirven a la Scribe Virgin, nuestra deidad, por un tiempo ellas suministraban de sangre a los miembros desparejados de la Hermandad. En los tiempos modernos no se utilizan de esa manera, pero voy a contactar con ellas, a ver si podemos arreglar algo.
-¿Cuándo?
-Cuanto antes sea posible. Quizás mañana por la noche.
-Me habré ido para entonces. –Como su expresión era oscura, ella no le dio la posibilidad de hablar. –Es el momento de que me vaya.
-Un infierno que lo es.
-Rhage, se realista. ¿Francamente esperas que yo me quede aquí para siempre?
-Esto es lo que quiero. Entonces, sí.
-Se te ha ocurrido que he perdido mi casa, mis cosas, mis…
-Lo traeré todo aquí. Todo.
Ella negó con la cabeza. –Tengo que ir a casa.
-No es seguro.
-Entonces tendremos que hacer que sea seguro. Instalaré una alarma, aprenderé a disparar, no se. Pero tengo que regresar a mi vida.
Él cerró los ojos.
-Rhage, mírame. Mírame. – Ella le apretó la mano. –Tengo cosas que hacer. En mi mundo.
Sus labios estaban apretados en una dura línea. -¿Me dejarás que Vishous te instale el sistema de seguridad?
-Si.
-Y entonces permanecerás unos días aquí conmigo.
Ella suspiró.- ¿Qué si digo que no?
-Entonces vendré.
-No creo ….
-Te lo he dicho antes. Deja de pensar.
Sus labios encontraron los suyos, pero antes de que su lengua resbalara dentro y robara su capacidad de ser lógica, ella lo empujó hacia atrás.
-Rhage, sabes que esto no lleva a ninguna parte. Esto…entre nosotros en absoluto. Esto no. Esto no puede ser.
Él se giró sobre su espalda y puso un brazo detrás de su cabeza. Con su mandíbula apretada, se le tensaban los tendones del cuello.
Ella odiaba esto; de verdad que lo hacía. Pero era mejo sacarlo todo. –Aprecio todo lo que has hecho por mí. El sacrificio de mantenerme segura…
-¿Por qué te trastornaste tanto la noche que salí?
-¿Perdona?
¿Por qué te preocupaste de que hubiera estado con alguien más? ¿O solo sentiste como algo de sexo áspero y necesitabas ocultarte detrás de alguna razón por ello?- Sus ojos se dirigieron hacia ella. El azul era neón agudo, casi demasiado brillante para mirarlos. –Escucha, la próxima vez que quieras algún estudio duro, todo lo que tienes que hacer es preguntar. Puedo jugara a eso.
Oh, Dios. Esta cólera no es lo que ella había querido. –Rhage…
-Sabes, de verdad que entré en ello. Me gustó esa mierda de dominación que tiraste. Me gustó la parte sádica, también. ¿La degustación de mi sangre en tus labios después de que me mordieras la boca? Un atractivo enorme.
El tono frío de su voz era horrible. Su mirada plana, los ojos brillantes era lo peor.
-Lo siento. –Dijo ella. –Pero…
-De hecho, me estoy poniendo duro ahora mismo, solo de pensarlo. Lo más sorprendente, considerando como pasé los anteriores veinte minutos.
-¿Qué es lo que crees que el futuro nos depara?
-Nunca lo sabremos. ¿Te quedarás hasta que llegue la noche, verdad? Si solo me necesitas para que te lleve a casa. Entonces déjame ver si puedo templarme otra vez. Lamentaría hacerte perder el tiempo. – Él arrojó las sábanas. –Maldita sea, eres buena. Estoy tan duro como un bate de béisbol.
-¿Sabes como van a ser los próximos seis meses para mi?
-No y no lo voy a saber ¿verdad? Entonces algo como el sexo. Ya que es todo lo que quieres de mí y por que soy un perdedor patético para tomarte de cualquier modo que pueda conseguirte, adivino que mejor me pongo manos a la obra.
-¡Rhage! – Gritó ella, intentando llamar su atención.
-¡Mary! –Se burló él. –Lo siento ¿hablo demasiado? Preferirías que mi boca hiciera algo más ¿verdad? ¿La quieres sobre la tuya? No, en tus pechos. Espera, más abajo. Sí, te gustaría que estuviera más abajo, ¿no es verdad? Y sé como hacértelo bien.
Ella se puso la cabeza entre las manos.- No quiero irme así. Peleando.
-Pero esto no va hacerse más lento, ¿verdad? No, no Mary la super-fuerte. No, tú solo saldrás al mundo…
-¡Para enfermar, Rhage! Te abandono para ponerme enferma, ¿vale?
-Voy al médico mañana. No hay ninguna gran fiesta esperándome cuando llegue a casa.
Él la miró fijamente. -¿Crees que soy indigno de cuidarte?
-¿Qué?
-¿No vas a dejarme atenderte durante tu enfermedad?
Ella pensó en cómo de duro  había sido verlo con dolor y no ser capaz de no herirlo al marcharse.
-¿Por qué querrías hacerlo? –Susurró ella.
La boca de Rhage se quedó laxa, como si lo hubiera golpeado.
Salió disparado de la cama. –Sí, jódete, Mary.
Él se puso un par de pantalones de cuero y sacó una camisa del aparador.
-Prepara la maleta, cariño. No tendrás que aguantar más a este perro callejero.  –Empujó sus brazos en las mangas de la camisa y se la pasó por la cabeza. – Conseguiré que V ponga el sistema en tu casa cuanto antes. No debería costarle mucho tiempo y hasta que lo haya hecho, puedes dormir en otro sitio. Una nueva habitación que te enseñará el doggen.
Ella saltó del colchón, pero ante de poder alcanzarlo, él la miró duramente, parándola mortalmente.
-Sabes, Mary, me merezco esto. De verdad. He hecho lo mismo de siempre, solo me he alejado sin dar una mierda. –Abrió la puerta. –Aunque las mujeres que me tiré tuvieron suerte. Al menos ellas nunca me recordarán. Y hombre, yo mataría por olvidarte ahora mismo, de verdad que lo haría.
No azotó la puerta. Solo la cerró con firmeza.

Capítulo 32


O se inclinó sobre el hombre civil y apretó el tornillo de sujeción. Había secuestrado al vampiro en el callejón al lado del Screamer, y hasta ahora el centro de persuasión recién erigido funcionaba perfectamente. Él también hacía progresos con el cautivo. Resultando que el tipo tenía una conexión tangencial con la Hermandad.
En circunstancias normales, O debería haberse puesto tan duro como hubiera podido llegar. En cambio, cuando miró las frías y vidriosas sacudidas del vampiro, perdiendo la visión, se vio con Omega. Bajo aquel pesado cuerpo. Impotente. Fuera de control. Con dolor.
Los recuerdos le obstruyeron los pulmones con un temor parecido a una ciénaga hasta que tuvo que apartar la mirada. Cuando el vampiro gimió, O se sentía como si fuera un gatito.
Cristo, tenía que conseguir su mierda conjuntamente.
O se aclaró la garganta. Tomando aire. – ¿Y, ah…como es que tu hermana conoce la Hermandad?
-Ella…tiene sexo….con ellos.
-¿Dónde?
-No lo sé.
-Vas a tener que hacerlo mejor.- O lo presionó un poco más.
El civil gritó y sus salvajes ojos pasearon alrededor del oscuro interior del centro. Él casi lograba superarlo otra vez, entonces O aflojó la abrazadera.
-¿Dónde se encuentran ellos?
-Caith va a todos los bares. – El hombre tosió débilmente. –Zero Sum. Screamer. Ella estuvo anoche en el One Eye.
-¿One Eye? –Raro. Eso estaba en medio del campo.
-¿Por favor puedo irme ahora a casa? Mis padres van a llegar…
-Estoy seguro de que están preocupados. Y deberían estarlo. – O negó con la cabeza. –No puedo dejarte marchar. No aún.
En absoluto, pero el vampiro no tenía por qué saber eso.
O volvió a aplicar presión sobre el tornillo de sujeción. –Ahora dime otra vez ¿cómo se llama tu hermana?
-Caith.
-¿Y a cual de los hermanos jode?
-Se con seguridad…..el de la perilla. Vishous. Le gusta el guerrero rubio….pero él no está por ella.
¿El hermano rubio con la bestia? -¿Cuando fue la última vez que vio al rubio?
Unos sonidos por la escalera les llegaron.
-¿Qué ha sido? No puedo oírte.
El hombre luchó por hablar, pero de repente su cuerpo se tensó y su boca se abrió como si se asfixiara.
-Oh, vamos. –Refunfuñó O. –Esto no hace tanto daño.
Mierda, esta presión era solo material del jardín de infancia; aún no se habían acercado a nada mortal aún. De todos modos diez minutos más tarde el vampiro estaba muerto y O estaba de pie delante del cuerpo preguntándose que había pasado.
La puerta del centro de persuasión se abrió y U entró. -¿Qué hacemos esta noche?
-Este civil estiró la pierna, pero maldita sea si se porqué. Yo solo había empezado.
O soltó la presión de la mano del vampiro y tiró la cosa donde estaban los otros instrumentos. Cuando miró el paquete de piel sin vida sobre la mesa, se encontró de repente terriblemente mareado.
-Si le rompiste un hueso, tal vez produjo un coágulo.
-¿Qué…huh? Oh, sí. Pero espere, ¿solo fue un dedo? Un hueso con músculo, podría ser, pero estaba trabajando con su mano.
-No importa. Uno puede saltar de cualquier parte. ¿Si esto le llega a los pulmones y se aloja? Se acabó el juego.
-Jadeaba para poder respirar.
-Probablemente es lo que pasó.
-Un momento inoportuno. Su hermana jode con los hermanos, pero no se mucho sobre ello.
-¿La dirección de su casa?
-No. Al idiota le habían robado la cartera antes de que lo encontrara. Había bebido y lo habían vapuleado en un callejón. Aunque nombró algunos lugares sociales. Los clubs sociales habituales, pero también un bar campestre, One Eye.
U frunció el ceño mientras sacaba su arma y comprobaba la cámara. -¿Está seguro de que no hablaba solo para que parara? El One Eye está lejos de aquí y los hermanos bastardos son habitantes de ciudad ¿verdad? Creo, que dónde los encontraremos.
-Esto será si nos permiten encontrarlos. Sólo Dios sabe dónde viven. – O dirigió la cabeza hacia el cuerpo. –Caray, él dijo algo antes de morir. No entendí las palabras.
-Esa lengua suya es una perra. Desearía que tuviéramos un traductor.
-No bromee.
U miró a su alrededor.- ¿Qué tal se trabaja en este lugar?
Lo que sea, pensó O.
-Perfecto. –Dijo él. –Lo tuve en uno de los agujeros un ratito, esperándolo venir. Los sistemas de trabajo están bien. – O lanzó el brazo del vampiro sobre su pecho y tocó la superficie de acero inoxidable donde estaba el cuerpo. – Y esta mesa es un don del cielo. El agujero del desagüe, las cadenas.
-Sí, pensé que esto le gustaría. Lo robé de una morgue.
-Hermoso.
U caminó hacia el armario a prueba de fuego donde solían guardar las municiones. -¿Le importa si tomo unos tiros?
-Están para lo que están.
U sacó una caja clasificada con una cartulina que ponía Remington. Cuando rellenó sus clips, le dijo. –Entonces, ayer escuché que el Sr. X le ha puesto a cargo de este lugar.
-Me dio la llave, sí.
-Bien. Esto estará controlado correctamente.
Desde luego, había una condición para el privilegio. El Sr. X había requerido que O se moviera, pero la recolocación realmente tenía una razón. Si ellos iban a mantener a los vampiros durante días, alguien tenía que supervisar a los cautivos.
O apoyó su cadera contra la mesa. –El Sr. X anunciará una nueva orientación para los Primes. Dentro de cada escuadrilla se formarán parejas, y yo seré el primero en escoger. Le quiero.
U sonrió cuando cerró la caja de las balas. –Yo era trampero en Canadá ¿lo sabía? Hace dieciocho o veinte años. Me gusta el campo. Atrapando cosas.
O asintió con la cabeza, pensando en que antes de perder su viaje, él y U habían padecido ambos un infierno.
-¿Entonces es verdad todo eso sobre usted y X? -Preguntó U.
-¿Qué es verdad?
-¿Que tuvo un reciente encuentro con Omega? –Cuando los ojos de O parpadearon ante el nombre, U recogió la acción y a Dios gracias lo leyó mal. –Mierda santa, realmente lo vio. ¿Va a ser el segundo al mando después de X? ¿Allí es a donde todo esto conduce?
O tragó a pesar del giro repugnante en su intestino. –Usted tendrá que preguntarle al sensei.
-Si, claro. Realmente voy a hacerlo. Aunque no se por que tiene que mantenerlo en secreto.
Como O no sabía más de lo que sabía el otro lesser, no tenía ninguna opción.
Jesús. Hace un ratito, la idea de ser el segundo en el Fore-lesser lo abría puesto eufórico.
U se dirigió hacia la puerta. -¿Entonces dónde y cuando me quiere usted?
-Aquí. Ahora.
-¿Qué tiene en mente?
-Regresaremos al centro. Quería llamar a los demás para darles una lección, pero parece que he perdido mi manual.
U inclinó la cabeza. – Entonces dirijámonos a la biblioteca. Y consigamos otro.


*****
Rhage rezó por encontrar una salida cuando acechó por los callejones de los bares del centro. Bajo la fría lluvia, estaba nervioso, colérico y la agonía bullía en su pecho. Vishous había rendido de hablarle desde hacía dos horas.
Cuando volvieron a Trade Street otra vez, se pararon al lado de la puerta del Screamer. Con impaciencia, la muchedumbre temblaba mientras esperaba poder entrar en el club y había cuatro hombres civiles entre la gente.
-Voy a intentarlo por última vez, Hollywood. – V encendió un cigarrillo y se colocó de nuevo su gorra de los Sox. -¿Qué pasa con toda esta quietud?  ¿No debe dolerte lo de anoche todavía, verdad?
-Nah, estoy bien.
Rhage miró de reojo hacia una oscura del callejón.
Sí, chorradas, que estaba bien. Su visión nocturna recibió los disparos del infierno, su agudeza visual estaba lejos por más que parpadeara. Y sus oídos no funcionaban como deberían tampoco. Normalmente podía escuchar sonidos a casi una milla de distancia, pero ahora solo estaba concentrado en coger la charla de los que esperaban en la fila del club.
Seguramente estaba alterado por algo que le había pasado con Mary; quedándose fuera por la mujer que amarías como lo haría un hombre. Pero estos  eran cambios fisiológicos, no estaban atados a lo emocional, mierda llorona.
Y él sabía cual era el problema. La bestia no estaba con él esta noche.
Esto debería haber sido un alivio. Haberse deshecho de la maldita bestia temporalmente debería haber sido una gran bendición. Pero claramente él había llegado a confiar en los instintos que lo echaban  hacia atrás de la bestia. Dios, la idea de que tenía una especie de relación simbiótica con su maldición era una gran sorpresa y entonces era la vulnerabilidad que ahora lucía. No dudaba de sus habilidades cuerpo a cuerpo o su lanzamiento y trabajo con las dagas. Era más bien que su bestia le proporcionaba una información sobre el ambiente en la que tenía costumbre en confiar. Pero el feo culo de la cosa era una tarjeta de triunfo fabulosa. Si todo lo demás fallaba, esto echaría a la basura a sus enemigos.
-Bien, qué es lo que sabes. –Dijo V, cabeceando hacia la derecha.
Un par de lessers bajaban por Trade Street, sus canas brillaban con las luces de los coches que pasaban. Como marionetas sobre la misma cuerda, sus cabezas se giraron armónicamente hacia Vishous y hacia él. Los dos redujeron la marcha. Parándose.
V dejó caer el cigarrillo, aplastándolo con su bota. –Demasiados testigos para una pelea.
Los miembros de la Sociedad parecieron comprenderlo también, no haciendo ningún movimiento de ataque. En la reserva, la extraña etiqueta en la guerra entre la Hermandad y los lessers se agotó. La discreción ante los homo sapiens era crítica para conservar en secreto ambos lados. Lo último que cualquiera de ellos necesitaría era entrar en ello ante una multitud de de gente mirando.
Mientras los hermanos y los lessers se miraban airadamente, la gente que había en medio no tenía ni idea de lo que pasaba. Los vampiros civiles de la fila esperaban, sin embargo, sabían lo que pasaba. Fueron andando arrastrando los pies hacia el lugar, claramente pensando en correr. Rhage los miró con dureza y despacio negó con la cabeza. El mejor lugar para aquellos muchachos era el público y él rezaba como el infierno para que entendieran el mensaje.
Pero desde luego, los cuatro salieron.
Aquellos malditos lessers se rieron. Y luego corrieron tras su presa como un par de estrellas de atletismo.
Rhage y Vishous entraron el engranaje de alta velocidad, arrancando en una carrera mortal.
Tontamente, los civiles corrieron hacia  un callejón. Tal vez esperaban desmaterializarse. Tal vez solo se asustaron tontamente. En uno u otro camino, habían aumentado drásticamente la probabilidad de morir. Aquí detrás, no había nadie alrededor debido a la fría lluvia, sin farolas y sin ninguna ventana en los edificios, no había nada que impidiera a los lessers hacer abiertamente su trabajo.
Rhage y V corrieron más rápidamente, sus botas pisaban pesadamente sobre los charcos, esparciendo el agua por todas partes. Cuando disminuyeron la distancia con los asesinos, miraron como iban a atraparlos antes de que cogieran a los civiles.
Rhage estaba a punto de agarrar al lesser de la derecha cuando una camioneta  negra cortando el callejón por delante suyo, patinando sobre el asfalto mojado y luego haciendo tracción. La cosa frenó cuando uno de los lessers cogió a uno de los civiles. Con un rápido movimiento, los dos asesinos echaron al hombre en la parte trasera y luego dando la vuelta, se prepararon para luchar.
-Conseguiré el camión. –Gritó Rhage.
V fue hacia los asesinos mientras Rhage corría rápidamente. La camioneta había reducido la velocidad para recogerlos  y sus neumáticos giraban fuera de control, dándole unos segundos extra. Pero justo cuando iba hacia la F 150, salió corriendo otra vez, pasando por delante de él. Con una oleada imponente, se lanzó por el aire, cogiendo el borde de la camioneta a tiempo.
Pero su agarradera resbaló sobre el metal mojado. Intentaba trepar para conseguir una mejor sujeción cuando la luneta trasera se bajó y un arma lo apuntó. Se agachó rápidamente, esperando escuchar el agudo ruido de la descarga de la bala. En cambio el civil, quien intentaba saltar, tiraba y agarraba su hombro. El hombre miró a su alrededor con turbación y luego cayó en un lento movimiento en la parte de atrás de la camioneta.
Rhage se rasgó los dedos con la camioneta, y se giró cuando cayó, aterrizando cara arriba. Cuando se echó y patinó sobre el pavimento, su abrigo de cuero lo salvó de quedar hecho trizas.
Se levantó y miró como la camioneta se alejaba por la esquina de la calle. Maldiciendo como un hijo de perra, no se quedó para afligirse por el fracaso, volviendo corriendo con V. La lucha había empezado y eso era bueno, los asesinos confiaban en sus habilidades, lejos de los reclutamientos. V estaba en marcha, su daga haciéndoles el numerito sobre los asesinos.
Rhage cayó sobre el primer lesser, enojado por haber perdido al civil en aquella camioneta, enloquecido con el mundo por Mary. Golpeó con el puño al bastardo, rompiéndole los huesos, abriéndose camino a través de la piel. Negra sangre lo salpicó en su propia cara, entrándole en los ojos. Pero no paró hasta que V lo apartó y lo empujó hacia atrás contra la pared del callejón.
-¡Qué estás haciendo, joder! –Rhage tenía la mitad de la mente ida hacia V por que el hermano le bloqueaba su acceso hacia el asesino.
V lo sostuvo por las solapas de su trinchera y le dio a Rhage un buen golpe, como intentando que entrara en razón. –El lesser ya no se mueve. Está en el suelo y allí se está.
-¡No te preocupes! – Luchaba por escaparse, pero V lo mantuvo en el lugar. Apenas.
-¿Rhage? Vamos, habla conmigo. -¿Qué pasa? ¿Dónde estás, hermano?
-Sólo tengo que matarlo…necesito…..- De alguna parte, el histerismo aparecía en su voz- Pero lo que ellos les hacen….los civiles no lo pueden soportar….tengo que matar…-Se estaba desmoronando, pero no podía parar la fractura. –Oh, Dios, Mary, ellos la quieren…se la llevaran como se llevaron a aquel civil, V. Ah, mierda, mi hermano…. ¿Qué voy a hacer para salvarla?
-Shhh. tranquilo, Hollywood. Tranquilízate.
V sujetó con una mano el cuello de Rhage y acarició con su pulgar la yugular de Rhage. La hipnosis de la caricia lo relajó primero por pulgadas, luego por yardas.
-¿Mejor?- Le preguntó V. –Sí, mejor.
Rhage suspiró y anduvo por los alrededores durante un minuto. Entonces regresó hacia el cuerpo del lesser. Rebuscó entre los bolsillos, encontrando una cartera, algo de dinero en efectivo, un arma.
Oh, está bien.
-Mira lo que conseguí, -Refunfuñó él. –Dime hola Sr. Black-Berry.
Él le lanzó el dispositivo a V, quien silbó, -Agradable.
Rhage envainó una de sus dagas y enterró la negra lámina en el pecho del asesino. Con una pequeña explosión y un destello, la cosa se desintegró, pero le pareció que no había hecho bastante. Todavía quería rugir y llorar  al mismo tiempo.
V y él hicieron una rápida patrulla por el vecindario. Todo estaba tranquilo. Con un poco de suerte, los otros tres civiles habían llevado sus culos a sus casas y todavía debían estar temblando por la sobrecarga de adrenalina dentro de la seguridad.
-Quiero los tarros de este lesser. –Dijo Rhage - ¿Has conseguido algo de lo que le hemos sacado?
V agitó la cartera. –El permiso de conducir dice Uno -Noventa y cinco LaCrosse Street. ¿Y tú?
Rhage lo examinó. –Nada. Ninguna licencia. Por qué demonios soporta..hummm. Esto es interesante.
La tarjeta dice “tres por cinco” muy bien doblada por la mitad. En el interior una dirección no muy lejos de donde estaban.
-Vamos a comprobar esto antes de dirigirnos a LaCrosse.





Capítulo 33



Mary recogió su bolso de noche bajo el vigilante ojo de Fritz. El mayordomo se moría por ayudar, arrastrando los pies de un lado para el otro, doliéndole hacer lo que claramente sentía era su trabajo.
-Estoy preparada. –Dijo ella finalmente, aun cuando no lo estaba.
Fritz sonreía ahora que tenía un objetivo y la conducía hacia un cuarto con balcón  desde donde se veían los jardines en la parte posterior de la mansión. Ella tenía que darle crédito: era increíblemente discreto. Si él pensaba que era extraño que se mudara del cuarto de Rhage, no lo demostró y la trató con la misma cortesía que siempre le había tenido.
Cuando estuvo sola, pensó en sus opciones. Quería ir a casa, pero no era estúpida. Las cosas que habían pasado en el parque habían sido mortales y aunque necesitaba su espacio, no quería que la mataran por una oferta de independencia. Además ¿Cuánto tiempo costaría la instalación del sistema de seguridad? Tal vez, el tipo, Vishous estaba trabajando ello ahora mismo.
Pensó en su cita con el doctor al día siguiente por la tarde. Rhage le había dicho  que le dejaría ir, y si bien estaba muy enfadado cuando se había ido, sabía que no le impediría ir al hospital. Fritz probablemente la llevaría, pensó. Cuando la había llevado de vuelta a casa, le había explicado que podía salir a la luz del día.
Mary miró su equipaje. Mientras consideraba su marcha para siempre, sabía que no podía alejarse mientras las dificultades fueran tan crudas con Rhage. Tal vez la noche fuera lo calmaría. Ella ciertamente se sentía más racional ahora.
Abrió la puerta del dormitorio lo suficiente para poder enterarse de cuando volviera de casa. Y luego se sentó en la cama y esperó.
No la tomó mucho tiempo sentirse tambaleantemente ansiosa, entonces cogió el teléfono. Cuando Bella contestó, era un alivio escuchar la voz de un amigo. Ellas no hablaron de nada especial durante un rato. Entonces, sintiéndolo, le dijo que volvería a casa cuando el sistema de seguridad estuviera instalado. Le agradeció a Bella que no le exigiese detalles.
Al cabo de un rato, hubo una larga pausa entre ellas. –Ah, Mary ¿puedo preguntarte algo?
-Claro.
-¿Has visto a los otros guerreros?
-Algunos, sí. Pero no se si los he conocido a todos.
-¿Te has encontrado con uno que….tiene la cara llena de cicatrices?
-ES Zsadist. Su nombre es Zsadist.
-Oh. Ah, es él….
-¿Qué?
-Bien, he oído cosas sobre él. Tiene una reputación peligrosa.
-Sí, puedo imaginarlo. Pero sabes, no estoy segura de que sea tan malo. ¿Por qué lo preguntas?
-Oh, por ninguna razón. De verdad.

*****
A la una de la madrugada, John Mattew abandonó el Moe y se dirigió a casa. Tohrment no había venido. Tal vez el hombre no iba a venir. Tal vez la posibilidad de escaparse con él la había perdido.
Caminando por la fría noche, John estaba frenético, su necesidad de abandonar el edificio había llegado a niveles de evacuación máximos.
El miedo era tan malo, estaba acuñado en sus sueños. Había echado una siesta antes de ir a trabajar y sus pesadillas habían sido aterradoras, se habían llenado de hombres canosos que lo perseguían, lo cogían y se lo llevaban a algún sitio oscuro y bajo el suelo.
Cuando se acercó a la puerta de su estudio, tenía la llave en la mano y no fue despacio. Entró rápidamente y se encerró a sí mismo, cerrándolo todo: los dos cerrojos, la cadena. Desearía tener uno de esos postes para las puertas que se sellaban en el suelo.
Sabía que debería comer, pero no tenía energía de tratar con el Ensure entonces se sentó sobre su cama, esperando que su fuerza mágicamente rebotara. Iba a necesitarla. Al día siguiente tenía que salir y comenzar a buscar un nuevo lugar para vivir. Era hora de salvarse.
Pero Dios, desearía haberse ido con Tohrment cuando había tenido la….
Un golpe sonó sobre la puerta. John alzó la vista, esperanzado y con el miedo como una cuerda retorciéndose sobre su pecho.
-¿Hijo? Soy yo. Tohrment. Abre.
John se precipitó a través de la habitación, abriendo las cerraduras y casi lanzándose sobre el hombre.
Las cejas de Tohrment bajaron sus ojos azul marino. -¿Qué pasa John? ¿Has tenido algún problema?
No estaba muy seguro de cuanto decir sobre el hombre pálido que había encontrado en el hueco de la escalera y al final decidió callarse. No iba a arriesgarse a cambiar el pensamiento de Tohrment sobre el chico por que él pensaba que era un esquizofrénico paranoide.

-¿Hijo?
Estoy contento por que has venido. Gracias.
Tohrment leyó las palabras. –Sí, tendría que haber venido más pronto, pero anoche tuve un asunto…..al que tenía que asistir. Entonces has pensado….
John asintió y garabateó rápidamente. Quiero ir contigo.
Tohrment sonrió un poco. –Está bien, hijo. Es una buena opción.
John suspiró, aliviado.
-Aquí está lo que vamos a hacer. Volveré mañana por la noche y te recogeré. No puedo llevarte ahora a casa porque estaré en el campo hasta el alba.
John tragó con renovado pánico. Pero regresaría, se dijo así mismo. ¿Qué era un día más?

*****
Dos horas antes del alba, Rhage y Vishous fueron a la entrada de la Tomb. Rhage esperó en el bosque mientras V llevaba dentro el tarro que habían encontrado en el lugar del lesser en LaCrosse.
La otra dirección había resultado ser un centro de tortura abandonado. En el sótano mal ventilado de dos pisos alquilados, habían encontrado instrumental cubierto de polvo así como una mesa y cadenas. El lugar era un testimonio de los horrores de cambio de estrategia que la Sociedad utilizaba para luchar contra los hermanos, arrebatando y lastimando a los civiles. Tanto él como Vishous se atragantaron con las venganzas cuando se marcharon.
De regreso al recinto, pararon en la casa de Mary para que V pudiera estudiar las habitaciones y calcular lo que tendría que alambrar el lugar para que estuviera bien y cerrado. Estar allí había sido un infierno. Ver sus cosas. Recordar la primera noche que fue a buscarla. No había sido capaz de mirar en absoluto el diván por que le recordaba lo que le había hecho a su cuerpo en el suelo detrás de ello.
Todo era como si hubiera pasado toda una vida.
Rhage maldijo y volvió a la exploración del bosque alrededor de la boca de la caverna. Cuando V salió, los dos se desmaterializaron en el patio principal de la casa.
-Hey, Hollywood, Butch y yo iremos al One Eye para un último trago. ¿Quieres venir?
Rhage miró hacia las oscuras ventanas de su dormitorio.
Aunque un viaje al One Eye lo dejara frío, sabía que no debería quedarse solo. De la forma en que se sentía, corría el riesgo de de ir a buscar a Mary y arrastrar su culo suplicándole. Lo que sólo sería una humillación malgastada. Ella le había dejado bien claro en dónde se encontraban y no era la clase de mujer a la que pudiera persuadir. Además, estaba acabado jugando al idiota enfermo de amor.
En la mayoría de los casos.
-Sí. Me colgaré de vosotros chicos.
Los ojos de V llamearon como si le hubiera hecho la oferta por ser cortés y no esperando un sí. –Bien. Vale. Nos vamos en quince. Necesito una ducha.
-Yo, también. –Quería quitarse la sangre del lesser de encima.
Mientras caminaba a través del vestíbulo de la mansión y lo pasaba, Fritz salió del comedor.
El mayordomo se inclinó profundamente. –Buenas noches, sire. Su invitada está aquí.
-¿Invitada?
Directrix Elegida. Ella indicó que la había llamado.
Mierda. Se había olvidado de la petición y no era como si no fuera a requerir más sus servicios. Si Mary no estuviera en su vida, no requeriría ninguna disposición especial de alimentación. Era libre para mamar y joder con quien quisiera. Oh, alegría.
Dios, la idea de estar con cualquiera que no fuera Mary, hacía que se le arrugara dentro de los pantalones.
-¿Sire? ¿La recibirá?
Estuvo a punto de decir que no, pero calculó que no solucionaría los problemas. Considerando su pasada historia con la Scribe Virgen, no era sabio ofender a las mujeres especiales de su raza.
-Dile que estaré con ella en unos momentos.
Corrió hacia su habitación, abrió la ducha para que se fuera calentando y llamó a V. El hermano no pareció sorprendido al saber que se achicaba por el viaje al bar.
Demasiado mal era la razón que Vishous obviamente había asumido.
****
Mary se despertó cuando escuchó voces amontonándose desde el vestíbulo. Era la voz de Rhage. Reconocería aquel profundo estruendo en todas partes.
Resbalándose de la cama, fue hacia el hueco que había dejado en la puerta.
Rhage subía por la escalera. Su pelo estaba húmedo como si se hubiera dado una ducha y estaba vestido con una camisa amplia negra y pantalones holgados negros. Ella estuvo a punto de dar un paso hacia el pasillo cuando vio que no estaba solo. La mujer que iba con él era alta y tenía una larga trenza rubia que le caía por la espalda. Iba vestida con un traje de noche blanco transparente  y juntos parecían pertenecer a algún tipo de boda de godos, él todo de negro y ella cubierta con esa tela de telaraña. Cuando llegaron a lo alto de la escalera, la mujer hizo una pausa, como si no supiera dónde tenía que ir. Rhage le colocó la mano bajo el codo y la miró solícitamente, como si fuera tan frágil que se le pudiera romper algún hueso si conseguía llegar al segundo piso.
Mary los miró entrar en la habitación. La puerta se cerró tras ellos.
Ella regresó a la cama. Las imágenes regresaron a su cabeza. Rhage por todas las partes de su cuerpo con su boca y sus manos. Rhage agradeciéndole que lo alimentara. Rhage Mirándola mientras le decía que la amaba.
Sí, él la amaba, de acuerdo. Tanto que él había pasado a través del pasillo con otra mujer.
Al instante de que el pensamiento pasó por su mente, supo que era irrazonable. Ella lo había apartado. Se había dado por aludido. No tenía ningún derecho de culparlo por tener sexo con alguien más.
Ella había obtenido exactamente lo que le había pedido.
Que la dejara marchar.

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