domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 34 35 36

Capítulo 34




A la tarde siguiente, justo antes de la caída de la noche, Rhage fue al gimnasio como un asunto de servicio público.  Cuando terminó con las pesas, subió a la cinta y comenzó a correr. Las primeras cinco millas volaron. Hacia la sexta milla, ya estaba sudando. Cuando llegó a la novena milla, el culo comenzó a pesarle.
Él aumentó la inclinación y perdió terreno dentro de su paso. Sus muslos gritaban, tensos, quemándole. Sus pulmones ardían. Los pies y las rodillas le dolían.
Agarró la camisa con la que había salido y había dejado colgado sobre la consola y la utilizó para limpiarse el sudor de los ojos. Calculó que estaba deshidratado como una mierda por ahora, pero no iba a parar a beber agua. Tenía la intención de llegar hasta caerse.
Para continuar manteniendo el doloroso paso, se perdió en la música que salía por los altavoces. Marilyn Manson, Nine Inch Nails, Nirvana. El material era lo suficientemente ruidoso como para ahogar el ruido de la cinta caminadora, las canciones que sonaban en el cuarto de pesas, viles, agresivas, trastornadas. Igual que su estado de ánimo.
Cuando el sonido fue cortado, no se molestó en mirar a su alrededor. Se figuró que había golpeado el estéreo o que alguien quería hablar con él y no estaba interesado en relacionarse con nadie.
Tohr apareció delante de la máquina. La expresión que tenía el hermano hizo que Rhage saliera de la cinta y perforara la edición del STOP.
-Qué. –Él respiraba con fuerza y se pasó otra vez la camisa por la cara.
-Ella se ha ido. Mary. Se ha ido.
Rhage se congeló con la bola mojada bajo la barbilla. -¿Qué significa, ido?
-Fritz la esperó delante del hospital durante tres horas durante su cita. Cuando entró en la clínica le dijeron que no estaba. Condujo hasta su casa. Como no estaba allí, regresó y la buscó por todo el centro médico.
Las sienes le latían con fuerza por el miedo en vez de por el esfuerzo, Rhage ladró. – ¿Algún signo de la entrada forzada o de violencia en su casa?
-No.
-¿Estaba el coche en el garaje?
-Si.
-¿Cuándo fue la última vez que la vio?
-Eran las tres cuando ella fue a la cita. Para tu información, Fritz la telefoneó repetidamente, pero solo consiguió hablar con el buzón de voz.
Rhage miró su reloj. Solo eran las seis. Asumiendo unos sesenta minutos o así para su cita con el doctor, ella había estado desaparecida durante dos horas.
Encontraba muy difícil imaginarse que los lessers la habían cogido en la calle. Algo mucho más probable era que ella se hubiera ido a casa y la hubieran encontrado allí. Pero, sin signos de lucha en la casa, había una posibilidad de que no le hubieran hecho daño.
O tal vez solo estaba hablando la esperanza ciega.
Rhage saltó de la máquina. –Tengo que armarme.
Tohr le puso una botella de agua en la mano.- Bebe esto ahora. Phury te ha traído el equipo. Lo encontrarás en el vestuario.
Rhage salió corriendo.
-La hermandad te ayudará a encontrarla. –Le gritó Tohr.

*****
Bella fue hacia las escaleras cuando rompía la noche, tirando de la puerta de la cocina con triunfo. Ahora que los días se hacían más cortos, ella tenía más tiempo de estar fuera. Eran solo las seis, pero estaba negro como la boca del lobo. Encantador.
Ella se debatía entre hacerse unas tostadas o cocinarse unos panqueques cuando vio que había luces al otro lado del prado. Alguien estaba en la casa de Mary. Probablemente eran los guerreros que le estaban instalando el sistema de seguridad.
Lo que significaba que si se acercaba podría ver al hombre de las cicatrices otra vez.
Zsadist había estado en su mente desde que se habían encontrado, hasta el punto de que las anotaciones en su diario estaban llenas de conjeturas sobre el hombre. Él era solo tan….crudo. Y después de haber sido mimada durante años por su hermano, se moría por escaparse y experimentar algo salvaje.
Y Dios sabía que la bruta sexualidad de Zsadist lo hacían apto para esa cuenta.
Se puso el abrigo y cambió sus zapatillas por un par de deportivas. Haciendo footing por el campo, redujo la velocidad cuando pasó por el patio trasero  de la casa de Mary. Lo último que necesitaba era correr con un lesser…
-¡Mary! ¿Qué estás haciendo aquí?
La humana parecía aturdida cuando levantó la mirada desde la hamaca donde se encontraba. Si bien hacía frío, solo llevaba un suéter y unos vaqueros.
-Oh…hey, hola. ¿Cómo estás?
Bella se arrodilló al lado de la mujer. -¿Ha terminado Vishous?
-¿Con qué? –Mary se movió con rigidez cuando se sentó. –Oh, la alarma. No pensaba en ello. O al menos, nadie me lo había dicho y eso que todos miran en el mismo interior.
-¿Cuánto hace que estás aquí fuera?
-No mucho tiempo. –Ella se frotó los brazos, luego sopló sobre sus manos. –Solo estaba mirando la puesta de sol.
Bella echó un vistazo hacia la casa, moviéndose con temor. -¿Rhage te recogerá pronto?
-Rhage no vendrá a por mí.
-¿Entonces uno de los doggen?
Mary se estremeció cuando se levantó. –Jezz, realmente hace frío.
Cuando ella fue hacia el interior de la casa como un zombi, Bella la siguió. –Mary, ah…realmente no deberías quedarte aquí sola.
-Lo se. Calculé que estaría a salvo porque era de día.
-¿Rhage o alguno de sus hermanos te han dicho que los lessers no podían estar al sol? Por que no estoy segura, pero pienso que pueden.
Mary se encogió. –Ellos no me han molestado, pero no soy estúpida. Me dirijo a un hotel. Solo tengo que recoger algunas cosas.
Excepto subir, ella vagó alrededor de la primera planta de su casa con una extraña clase de trastorno.
Estaba como en estado se shock, pensó Bella. Pero en cualquier caso el problema era, las dos realmente necesitaban irse como el infierno fuera de allí.
-Mary, ¿Por qué no vienes a cenar conmigo? –Ella miró hacia la puerta trasera. –Y,  sabes, podrías quedarte conmigo hasta que Vishous acabe. Mi hermano tiene el lugar protegido hasta con alambre. Tiene una ruta de escape bajo tierra. Estoy a salvo y está lo suficiente mente lejos por si los  vinieran buscándote, no pensarán que estás conmigo.
Ella se preparó para discutir, alineando los contrapuntos en su cabeza.
-Bien, gracias. –Dijo Mary. –Dame un minuto.
La mujer fue arriba y Bella se paseó por los alrededores, deseando tener un arma y saber como utilizarla.
Cuando la humana bajó con la bolsa cinco minutos más tarde, Bella suspiró.
-¿Dónde está el abrigo? –Dijo ella, cuando fue hacia la puerta sin ninguno.
-Sí, un abrigo. –Mary dejó caer la bolsa, caminó hacia un armario y sacó una parka roja.
Cuando cruzaron juntas el prado, Bella intentó apresurar su paso.
-La luna está casi llena. –Dijo Mary mientras la hierba crujía bajo sus pies.
-Sí, lo está.
-Escucha, cuando estemos en tu casa, no quiero que llames a Rhage o a nadie. Él y yo…hemos separado nuestros caminos. No lo molestes por mí.
Bella se tragó su sorpresa. -¿Él no sabe que te has ido?
-No. Ya lo averiguará por sí mismo. ¿Vale?
Bella estuvo de acuerdo solo para mantener en movimiento los pies de Mary. -¿Puedo preguntarte una cosa?
-Desde luego.
-¿Rompió él o fuiste tú?
Mary caminó en silencio durante un momento. –Yo lo hice.
-Um, te hizo, por casualidad…. ¿Intimasteis los dos?
¿Si nosotros teníamos sexo? –Mary cambió la L.L. Bean de una mano a la otra. –Sí. Lo tuvimos.
-Cuando hicisteis el amor, ¿notaste una especie de fragancia sobre tu piel? Algo como oscuras especies…
-¿Por qué me preguntas eso?
-Lo siento. No quería curiosear.
Estaban casi en la granja cuando Mary murmuró. –Fue la cosa más hermosa que jamás he olido.
Bella se guardó una maldición. No importaba lo que Mary pensara, el rubio guerrero vendría a por ella. Un hombre vinculado no dejaba marchar a su compañera. Nunca. Y eso se basaba en su experiencia con civiles.
Sólo podía imaginar lo que un guerrero haría si su mujer salía corriendo.
*****
Rhage caminó por cada una de las habitaciones de la casa de Mary. En el cuarto de baño de arriba, encontró el armario del lavabo abierto. Dentro estaban alineados los artículos de aseo suplementarios, como las pastillas de jabón, los tubos de dentífrico, desodorante. Había huecos es las aseadas filas, como si hubiera cogido algunos.
Ella estaba en otro lugar, pensó él, mirando a través de la ventana. Si había ido a un hotel él probablemente estaba fastidiado, pero que ella sería lo bastante lista como para registrarse con un nombre diferente. Tal vez podría intentarlo en su trabajo….
               Se concentró en la granja en el camino a través del prado. Las luces estaban encendidas dentro.
¿Habría ido a casa de Bella?
Rhage fue abajo y cerró. Una fracción de segundo más tarde él se materializó en el porche delantero de la casa de Bella y  llamó a la puerta. Cuando Bella abrió, la mujer solo se apartó como si lo hubiera estado esperando.
-Ella está arriba.
-¿Dónde?
-En el dormitorio delantero.
Rhage subió las escaleras de dos en dos. Una vez estuvo ante la puerta, no llamó, solo la abrió del todo. La luz del pasillo iluminó  toda la habitación.
Mary estaba profundamente dormida sobre una enorme cama de bronce, llevaba un suéter y un par de tejanos que reconoció. Un edredón de patchwork estaba tirado sobre sus piernas y estaba medio vuelta sobre su estómago, sobre la mitad de su lado. Se veía completamente agotada.
Su primer instinto fue cogerla en brazos.
Se quedó de pie donde estaba.
-Mary.-Mantuvo la voz impersonal. –Mary. Despierta.
Sus pestañas se movieron, pero sólo suspiró y movió un poco la cabeza.
-Mary.
Oh, joder.
Se acercó a la cama y rebotó el colchón con sus manos. Esto consiguió atraer su atención. Se puso hacia arriba, sus ojos petrificados hasta que lo vio.
Y luego lo miró con confusión.
-¿Qué estás haciendo aquí? – Ella se retiró el pelo de la cara.
-Sí, ¿tal vez quieras contestar a eso primero?
-No estoy en casa.
-No, no estás. Tú tampoco estás dónde deberías estar.
Ella se recostó contra las almohadas y él se hizo sumamente consciente de los oscuros círculos bajo sus ojos, la pálida línea de sus labios…y el hecho de que ella no luchaba contra él.
No preguntes, se dijo a sí mismo.
Ah, infiernos -¿Qué ha pasado esta tarde?
-Solo necesitaba estar sola un tiempo.
-No hablo de cómo huiste de Fritz. Nos pondremos con ello más tarde. Quiero saber sobre la visita con el doctor.
-Oh, sí. Eso.
Él la miró fijamente mientras ella jugueteaba con el borde del edredón. Cuando ella se quedó callada, él quiso gritar. Arrojar cosas. Incendiar algo.
-¿Bien? – Él la forzó.
-No es que pensara que fueras indigno.
¿De qué estaba hablando? Ah, sí, aquella pequeña encantadora conversación “el cuidado de ella cuando estuviera enferma”. Hombre, ella estaba evitándolo.
-Cómo es de malo, Mary. Y no pienses en mentirme.
Sus ojos  encontraron los suyos. –Quieren que la próxima semana comience la quimioterapia.
Rhage exhaló despacio. Bien, si esto no solo le desprendía la piel directamente.
Se sentó sobre el borde de un lado lejano de la cama y cerró con la mente la puerta. -¿Funcionará?
-Eso creo. Mi médico y yo vamos a encontrarnos en un par de días después de que hable con algunos colegas suyos. La cuestión más importante es cuánto más del tratamiento puedo tolerar, entonces tomaran una muestra de sangre para comprobar mi hígado y mis riñones. Les dije que aceptaré todo lo que me puedan dar.
Él se frotó la cara con su palma. –Jesucristo.
-Vi cómo moría mi madre. –Dijo ella suavemente. –Fue horrible. Ver como perdía sus facultades y aumentaba el dolor. Al final no era ella, no actuaba como ella. Se iba excepto que su cuerpo rehusaba dejar de hacer sus funciones básicas. No digo que esto sea hacia donde voy, pero va ser muy duro.
Maldita sea, le dolía el pecho. -¿Y no quieres que pase por esto?
-No, no quiero. No quiero que lo paséis ninguno de vosotros. Preferiría que me recordaras como estoy  ahora. Preferiría que nos recordáramos como hemos estado. Voy a necesitar algunos lugares felices hacia donde volverme.
-Quiero estar allí contigo.
-Y yo no lo necesito. No voy a tener la energía para hacerle frente. Y el dolor…el dolor hace que la gente cambie.
Estoy seguro como el infierno que la hacía. Él parecía haber envejecido un siglo desde que la había encontrado.
-Oh, Rhage….-Cuando su voz dudó,  se la aclaró bruscamente. Y él la despreció por tener necesitar tener tanto control. –Voy a….echarte de menos.
La miró sobre el hombro. Sabía que si intentaba abrazarla se largaría de la habitación, por lo que se agarró al borde del colchón. Y lo exprimió.
-¿Qué estoy haciendo? –Ella sonrió torpemente. –Siento cagarte con todo esto. Se que has seguido adelante y todo eso.
-¿Seguido adelante? – Él rechinó. -¿Cómo te has figurado eso?
-La mujer de anoche. De todos modos…
-¿Qué mujer?
Cuando ella negó con la cabeza, él perdió los estribos. –Dios, maldita seas, ¿no puedes contestarme una pregunta sin ninguna mierda de lucha? Considéralo un tiro de compasión, una novedad. Me marcharé en unos momentos de todos modos, por lo que no tendrás de preocuparte de hacerlo otra vez.
Cuando sus hombros temblaron él sintió como el infierno por haberle gritado.
Pero antes de que le pudiera pedir perdón, ella le dijo, -Hablo de la mujer que llevaste a tu cama anoche….yo te esperaba. Quería decirte que estaba arrepentida…te vi entrar en tu habitación con ella. Mira, no lo he sacado para culparte ni nada de eso.
No, desde luego que no. Ella no quería nada de él. No quería su amor. No quería su apoyo. Ni siquiera sexo.
Él negó con la cabeza, su voz alicaída. Estaba tan cansado de dar explicaciones, pero lo hizo como un acto reflejo. – Era de Directrix Elegida. Nosotros hablamos de mi alimentación, Mary. Yo no tuve sexo con ella.
Él miró al suelo. Luego dejó la cama y puso su cabeza entre sus manos.
Hubo un silencio. –Lo siento, Rhage.
-Sí. Yo también.
Él oyó un ruido como si fuera hipo y abrió sus dedos de manera que pudo ver su cara por un agujero. Pero ella no lloraba. No, no Mary. Era demasiado fuerte para ello.
Él no lo era, sin embargo. Tenía lágrimas en sus ojos.
Rhage se aclaró la garganta y parpadeó. Cuando la volvió a mirar, ella lo miraba fijamente con ternura y el dolor que lo violentó.
Oh, estupendo. Ahora ella le tenía compasión por que era negligente y mierda. Hombre, si no la hubiera amado como la amaba, la abría odiado en ese momento.
Se levantó. E importándole un bledo la seguridad en su voz le dijo. –El sistema de seguridad de tu casa estará conectado con nosotros. Si fuera activado, yo…-él se corrigió- alguno de nosotros vendrá corriendo. Vishous se pondrá en contacto contigo cuando empiece y funcione.
Cuando el silencio se alargó, él se encogió. –Entonces….adiós.
Salió por la puerta y no se permitió el mirar hacia atrás.
Cuando llegó abajo, encontró a Bella en la sala de estar. El instante en que la mujer vio su cara, sus ojos se ampliaron desmesuradamente. Claramente se veía tan espantoso como se sentía.
-Gracias. –Dijo él, aunque no estaba seguro de qué le agradecía. –Y ya sabes, la Hermandad hará rondas por tu casa. Incluso después de que ella se marche.
-Es algo muy amable por vuestra parte.
Él asintió y no perdió el tiempo. En este punto era todo lo que podía hacer hasta poder llegar a la puerta sin partirse de par en par y aullar como un bebé.

Cuando se alejó de la casa y fue hacia el césped, no tenía ni idea de a dónde ir. Probablemente debería de llamar a Tohr, averiguar dónde estaban los otros hermanos, unirse a ellos.
En cambio se paró en el camino. Delante, la luna se elevaba sobre la línea de árboles y era llena, un gordo disco, brillando en la fría y despejada noche. Alargó su brazo hacia ella y la miró con un ojo cerrado. Brillando en su línea de visión, colocó la incandescencia lunar sobre la palma de su mano y mantuvo la aparición con cuidado.
Débilmente, escuchó un ruido palpitante que venía de la casa de Bella. Una especie de rítmico golpeteo.
Rhage miró hacia atrás cuando se hizo más fuerte.
La puerta delantera se abrió y Mary salió disparada de la casa, saltando del porche, sin perder tiempo en los pasos en el suelo. Corrió sobre la fría hierba con sus pies desnudos y se lanzó sobre él, agarrándose a su cuello con ambos brazos. Ella lo abrazó así de fuerte como su fuera a romperle la columna vertebral.
Sollozaba. Gritaba. Lloraba con tanta fuerza que todo su cuerpo temblaba.
No le hizo preguntas, solo la abrazó.
-No estoy bien.-Dijo ella con voz ronca entre respiraciones. –Rhage….No estoy bien.
Él cerró los ojos y la mantuvo abrazada.


Capítulo 35



O levantó la cubierta de red del tubo de alcantarilla y enfocó la linterna hacia el agujero. El joven hombre que había dentro era el que habían cogido la noche anterior con el camión. La cosa estaba viva, habiendo sobrevivido al día. El lugar de almacenaje había funcionado maravillosamente.
La puerta del centro se abrió de golpe. El Sr. X caminó, las botas golpeando y los ojos avizores. -¿Está vivo?
O asintió y colocó la cubierta de red en su lugar. –Sí.
-Bien.
-Iba  a sacarlo otra vez.
-No ahora mismo. Quiero que visites a estos miembros. –El Sr. X le entregó una hoja de papel con siete direcciones en ella. –Los registros de correo electrónico son eficientes, pero las confirmaciones no eran fiables. Consigo las confirmaciones de estos Betas, pero cuando me dirijo a sus escuadrillas, escucho informes de que nadie los ha visto durante días o más tiempo.
El instinto le dijo a O que fuera con cuidado. ¿El Sr. X lo estaba acusando de matar Betas en el parque y ahora el Fore-lesser quería que lo comprobara?
-¿Hay algún problema Sr. O?
-No. Ningún problema.
-Y otra cosa. Tengo tres nuevos reclutas. Los he traído. Sus iniciaciones ocurrirán a lo largo de la próxima semana y media. ¿Quiere venir? Ver las líneas de la banda proporciona un verdadero espectáculo.
O negó con la cabeza. –Más vale que me concentre aquí.
El Sr. X sonrió. -¿Preocupado de que Omega se distraiga con sus encantos?
-Omega no se distrae con nada.
-Usted está muy equivocado. No puede dejar de hablar de usted.
O sabía que había una buena posibilidad de que el Sr. X le jodiera con su cabeza, pero su cuerpo no tenía la misma confianza. Se le aflojaron las rodillas y un sudor frío apareció.
-Comenzaré con la lista ahora. –Dijo él yendo a por su chaqueta y llaves.
Los ojos de X brillaron. –Hágalo, hijo, vaya directamente. Voy a jugar con nuestro visitante un poco.
-Todo lo que guste. Sensei.

****
-Entonces esta es ahora mi casa. –Mary murmuró cuando Rhage cerró la puerta del dormitorio.
Ella sintió sus brazos de él alrededor de su cintura, y la apretó cuando su cuerpo. Cuando ella miró el reloj, comprendió que solo hacía una hora y media desde que habían abandonado la casa de Bella, pero toda su vida había cambiado.
-Sí, esta es tu casa. Nuestra casa.
Las tres cajas alienadas contra la pared estaban llenas con su ropa, sus libros favoritos, algunos DVD, unas fotos. Con Vishous, Butch y Fritz que la habían ayudado, no le había costado mucho tiempo el recoger algunas cosas, utilizando el Escalade de V y siendo conducidos de vuelta  la mansión. Más tarde ella y Rhage regresarían para finalizar el trabajo. Y por la mañana llamaría a la oficina de abogados y los dejaría. También buscaría un agente inmobiliario y vendería la granja.
Dios, realmente se había ido y lo había hecho. Yéndose con Rhage y desistiendo de su antigua vida.
-Debería desempaquetar.
Rhage le cogió las manos y la llevó en dirección de la cama. –Quiero que descanses. Pareces demasiado cansada para estar de pie.
Mientras ella se estiraba, él se quitó la trinchera y se quitó su arnés de dagas y el arma de su cinturón. Él se echó a su lado, creando una pendiente en el colchón que hizo que se cayera contra él. Todas las lámparas  se apagaron, la habitación se hundió en la oscuridad.
-¿Estás seguro de que estás preparado para todo esto? –Dijo ella cuando sus ojos se acostumbraron al brillo ambiental de las ventanas. – ¿Por todas mis….cosas?
No hagas que utilice la palabra j-otra vez.
Ella se rió. –No voy a hacerlo. Es solo que …
- Mary, te amo. Estoy más que listo para todas tus cosas.
Ella puso su mano sobre su cara y se quedaron tranquilos un rato, solo respirando juntos.
Ella estaba a punto de dormirse cuando él dijo-Mary, sobre las disposiciones de mi alimentación. Mientras nosotros estábamos en tu casa, llamé a la Elegida. Ahora que has regresado, tendré que utilizarlas.
Ella se puso tensa. Pero infiernos, si ella iba a estar con un vampiro y él no podía vivir de su sangre, iban a tener que tratar con el problema de algún modo.
-¿Cuándo vas a hacerlo?
-Una mujer se supone que vendrá esta noche y como te dije antes, me gustaría que estuvieras conmigo. Si estuvieras  cómoda con ello.
¿Cómo sería verlo? Se preguntó ella. ¿Sostendría él a la mujer en sus brazos y bebería de su cuello? Dios, aunque no tuviera sexo con ella, Mary no estaba muy segura de poder mirarlo.
Él besó su mano. –Confía en mí. Este será el mejor camino.
-Sí lo haré, ah, si no puedo manejarlo…
-No te obligaré a mirar. Es solo…que hay una intimidad inevitable en ello y creo que ambos estaremos más cómodos si estuvieras allí. De esa manera sabrás exactamente lo que implica. No hay nada oculto o sombrío en ello.
Ella asintió. –Bien.
Él suspiró. –Esta es una verdad de la vida que no puedo cambiar.
Mary colocó su mano sobre su pecho. –Sabes, aun que sea un poco espantoso, desearía ser yo.
-Oh, Mary, yo también.

****
John comprobó su reloj. Tohrment vendría a por él en cinco minutos, por lo que era hora de dirigirse abajo. Cogió su chaqueta con ambas manos y fue hacia la puerta. Rezó por no encontrarse con el hombre pálido en el camino o mientras esperaba, por que  quería encontrarse con Tohrment fuera. Se sentía más como un igual, de algún modo.
Cuando se acercó al bordillo, miró hacia las dos ventanas que había estado mirando fijamente durante tantas horas. Abandonaba el colchón y el juego de mancuernas atrás, así como su depósito de seguridad y el alquiler del pasado mes para romper su contrato de arrendamiento. Tendría que regresar a por su bici después de que Tohrment llegara, aunque  por otra parte,  era libre de ese lugar.
Miró calle abajo, preguntándose por qué dirección llegaría. Y que tipo de coche conduciría. Y dónde viviría. Y con quien estaba casado.
Temblando de frío, John comprobó de nuevo su reloj. Las nueve en punto.
Una sola luz llameó a su derecha. Él estaba bastante seguro de que Tohrment no utilizaría una moto para recogerlo. Pero la fantasía del rugido en la noche era bueno.
Cuando la Harley rugió alejándose, miró a través de la calle hacia las oficinas del Teléfono Directo de Prevención del Suicidio. Mary había desaparecido el viernes y el sábado por la noche también, y esperaba que ella solo se hubiera tomado unas vacaciones. En cuanto estuviera colocado, volvería otra vez y se aseguraría de que estuviera bien.
Excepto que ….wow, no tenía ninguna pista de ha dónde iba. Estaba asumiendo que se quedaría en el área, ¿pero quien sabía?  Tal vez se iba lejos. Solo imagínate, marchándose.
Caldwell. Dios, le gustaría tener un principio fresco. Y siempre encontraría un modo de encontrar a Mary, incluso si tenía que coger un autobús.
Dos coches más y un camión pasaron.
Había sido tan fácil salir de su patética existencia. Nadie en Moe se preocupó por que los dejara sin avisar ya que los ayudantes de camareros había a montones. Y esto era sin decir que nadie en el edificio lo echaría de menos. De la misma manera, su libro de direcciones estaba tan limpio como un silbido, ningún amigo, ningún familiar al que llamar.
En realidad, no tenía un libro de direcciones. ¿Y cuán pobre era eso?
John se echó un vistazo, pensando en como de lamentable se debía ver. Sus zapatillas de lona estaban sucias, las partes blancas eran tirando a grises. Su ropa estaba limpia, pero los vaqueros tenían dos años y la camisa, que era la mejor que tenía, parecía un deshecho de La Buena Voluntad. Incluso no tenía una chaqueta ya que le habían robado su parka la semana anterior en Moe e iba a tener que ahorrar antes de poderse comprar otra.
Desearía verse mejor.
Las luces se balanceaban rápidamente alrededor de Trade Street y luego fue hacia arriba, como si el conductor apretara con fuerza el acelerador. Lo cual no era bueno. En este vecindario, quien fuera a pasar por lo general corría delante de los polis o algo peor.
John dio un paso colocándose detrás de un buzón abollado, intentando aparecer desapercibido, pero el Range Rover negro patinó frenando delante de él. Las ventanas oscurecidas. Los acabados de cromo. Y  G-Unit sonaba en el interior, la música golpeaba lo suficiente para que se oyera en todo el bloque.
John agarró su maleta y se dirigió hacia su edificio. Incluso si corría por el hombre pálido, estaría más a salvo dentro del vestíbulo que en cualquier parte cerca del traficante de droga que llevaba ese Rover. Iba hacia la puerta cuando la música cesó.
-¿Estás listo, hijo?
John se dio la vuelta hacia el sonido de la voz de Tohrment. El hombre daba la vuelta por el capó del coche, y en las sombras parecía toda una amenaza, una gran y fuerte  figura de la que la gente sana se alejaría.
-¿Hijo? ¿Estás listo para marcharnos?
Cuando Tohrment dio un paso hacia la débil luz de las farolas de la calle, los ojos de John examinaron la cara del hombre. Dios, había olvidado como asustaba ver al tipo con ese corte de pelo militar y aquella dura mandíbula.
Tal vez era una mala idea, pensó John. Una opción hecha del miedo de una cosa que solo lo echaría más profundamente en otra clase de problemas. No sabía a dónde iba. Y los niños como él podían acabar en el río después de que hubieran entrado en un coche así. Con hombre así.
Como si sintiera la indecisión de John, Tohrment se apoyó contra el Rover y cruzó sus pies sobre sus tobillos.
-No quiero que te sientas forzado, hijo. Pero te diré que mi shellan ha estado cocinando buena comida y tengo hambre. Por lo que si vienes, comerás con nosotros, ves la casa. Puedes probarnos. E incluso dejar tus cosas aquí. ¿Qué tal suena?
Incluso la voz era tranquila. Ninguna amenaza. ¿Pero el tipo realmente sacaría al malo si quería meter a John en el coche?
Un teléfono móvil sonó. Tohrment se lo sacó de la chaqueta de cuero y lo abrió.
-Sí. Hey, no, ahora mismo estoy con él. –Una pequeña sonrisa rompió la línea de los labios del hombre. –Lo meditamos. Sí, se lo diré. Uh-huh. Bien. Ya voy. Sí, haré esto también. Wellsie, yo….lo se. Mira, no significa dejarlo fuera-no lo haré otra vez. Te lo prometo. No….Sí, yo realmente….Uh-huh. Lo siento, leelan.
Era la esposa, pensó John. Y ella parecía estar riñendo a este tipo duro. Y el hombre lo aceptaba.
-Bien. Te amo. ! Adiós! –Tohrment cerró el móvil y se lo metió en el bolsillo. Cuando se concentró en John otra vez, claramente respetó lo suficiente a su esposa como para no hacer rodar los ojos y hacerse el macho, haciendo sucios comentarios sobre las mujeres. –Wellsie dice que tiene realmente ganas de conocerte. Ella espera que te quedes con nosotros.
Bien….de acuerdo.
Escuchando a sus instintos, estos le decían que Tohrment era la seguridad e independencia que representaba independientemente de lo que se veía, John llevó a cuestas el equipaje hasta el coche.
-¿Esto es todo lo que tienes?
John enrojeció y asintió.
-No debes avergonzarte de nada, hijo. –Dijo Tohrment suavemente. –No cuando estés conmigo.
El hombre extendió la mano y tomó la maleta como si no le pesara nada, meciéndola casualmente en el asiento trasero.
Cuando Tohrment fue hacia el lado del conductor, John comprendió que se había olvidado de su bici. Dio un toque sobre el Rover para conseguir la atención del hombre; entonces indicó el edificio y sostuvo su índice.
-¿Necesitas un minuto?
John asintió y fue disparado hacia su apartamento. Tenía su bici y dejó las llaves sobre el contador, cuando él hizo una pausa y miró a su alrededor. La realidad de alejarse del estudio le hizo reconocer la miseria del lugar. Pero de todos modos, esto había sido durante un tiempo, lo mejor que podía permitirse con lo poco que tenía. Sintiendo un impulso, cogió la pluma de su bolsillo trasero, abriendo uno de los débiles gabinetes y escribió su nombre y la fecha sobre la pared interior.
Entonces condujo su bici por el pasillo, cerró la puerta y moviéndose rápidamente bajó por el hueco de la escalera.


Capítulo 36



-¿Mary? Mary, despierta. Ella ya está aquí. – Mary sintió que le movía el hombro y cuando abrió los ojos, Rhage apartó la mirada de ella. Él se había puesto una especie de equipo blanco, de manga larga con pantalones holgados.
Ella se incorporó, intentando juntarlo. -¿Tengo un minuto?
-Absolutamente.
Entró en el cuarto de baño y se lavó la cara. Con el agua fría goteándole desde su barbilla, miró fijamente su reflejo.  Su amante estaba a punto de beber sangre. Delante de ella.
Y esto no era la parte más extraña. Se sentía inadecuada por que no era ella quien lo alimentara.
No a punto de quedar en aquella barrena mental, recogió una toalla y se secó con un buen frotado. No había tiempo para cambiarse sus vaqueros y su suéter. Y realmente nada más  quería llevar, de todos modos.
Cuando salió, Rhage se estaba quitando el reloj.
-¿Quieres que te lo guarde? –Le preguntó ella, recordando la última vez que le había cuidado el Rolex.
Él caminó y puso el pesado objeto sobre su palma. –Bésame.
Ella se elevó de puntillas mientras él se inclinaba. Sus bocas se encontraron durante un momento.
-Vamos. – Él tomó su mano y la condujo hacia el pasillo. Como se veía confusa, él le dijo. –No quiero hacerlo en nuestro dormitorio. Ese es nuestro espacio.
La llevó al otro lado del balcón, a otro cuarto de huéspedes. Cuando abrió la puerta, entraron juntos dentro.
Mary primero olió a rosas y luego vio a la mujer en la esquina. Su cuerpo lozano estaba cubierto por un vestido blanco envolvente y su cabello rubio rojizo estaba recogido sobre su cabeza. Con el escote pronunciado, el amplio vestido y el recogido, su cuello estaba lo más expuesto posible.
Ella sonrió y se inclinó, hablando aquella lengua desconocida.
-No. –Dijo Rhage. –En inglés. Hablaremos en inglés.
-Desde luego, guerrero. –La voz de la mujer era alta y pura, como la llamada del canto de un pájaro. Sus ojos, verde pálido y encantadores, se retrasaron sobre la cara de Rhage. –Estoy contenta de poder servirte.
Mary se movió, intentando reprimir el impulso de defender su terreno. ¿Servirlo?
-¿Cómo te llamas, Elegida? –Le preguntó Rhage.
-Soy Layla. –Se volvió a inclinar. Cuando ella volvió a su lugar, sus ojos recorrieron el cuerpo de Rhage.
-Ella es Mary. –Él le puso su brazo alrededor de sus hombros. –Ella es mí…
-Novia. –Dijo Mary bruscamente.
La boca de Rhage se tensó. –Es mi compañera.
-Desde luego, guerrero. –La mujer se volvió a inclinar, esta vez hacia Mary. Cuando levantó la cara, sonrió calurosamente. –Querida, será un placer servirla también.
Bien, bueno, pensó Mary. Entonces saca tu  culo flaco de aquí y asegúrate de que su reemplazo sea gorda, fea, muy desdentada.
-¿Dónde me quiere? –Le preguntó Layla.
Rhage miró alrededor del curto antes de concentrarse en la lujosa cama con dosel. –Allí.
Mary ocultó un estremecimiento. Oh, esta no sería su primera opción.
Layla se acercó, haciendo que el sedoso vestido se arremolinara detrás suyo. Se sentó sobre el edredón de satén, pero cuando puso sus piernas encima, Rhage negó con la cabeza.
-No. Estate sentada.
Layla frunció el ceño pero no discutió. Sonrió cuando él dio un paso hacia delante.
-Vamos. –Dijo él, cogiéndole la mano a Mary.
-Esto es lo suficientemente cerca.
Él la besó y se acercó a la mujer, poniéndose de rodillas delante de ella. Cuando sus manos fueron hacia su vestido como su fuera a quitárselo, Rhage la detuvo.
-Beberé de la muñeca. Dijo él. –Y no deberás tocarme.
La súbita  desilusión jugó con los rasgos de Layla, ampliando sus ojos. Esta vez, cuando incline la cabeza, parecía vergüenza, no respeto.- Estoy correctamente limpia para el uso. Puede inspeccionarme, si lo desea.
Mary se puso las manos sobre la boca. Aquella mujer se veía nada más que como un objeto para ser utilizado, era espantoso.
Rhage negó con la cabeza, claramente incómodo con la respuesta, también.
-¿Desea a alguna otra? –Le preguntó Layla suavemente.
-No quiero nada de eso. –Refunfuñó él.
-¿Pero por qué llamó a las Elegidas si no tiene  intención de servirse a sí mismo?
-No pensé que esto sería tan difícil.
-¿Difícil? –La voz de Layla se hizo más profunda. –Pido perdón, pero no logro ver qué le ha incomodado.
-No es qué y no me siento ofendido. Mi  Mary…..es humana y no puedo beber de ella.
-Entonces ella se unirá solo a los placeres de la cama. Sería un honor suministrarle allí.
-Ah, sí, esto no es….ella no está para….ah, nosotros tres no vamos a…..- Buen Dios, Rhage se estaba ruborizando. –Mary esta aquí por que no tendré a ninguna otra mujer, pero debo alimentarme, ¿lo entiende? – Rhage maldijo y se levantó. –Esto no va a funcionar. No estoy de acuerdo con esto.
Los ojos de Layla brillaron. – Usted dice que debe alimentarse, pero es incapaz de tomar su vena. Estoy aquí. Estoy dispuesta. Me complacería darle lo que necesita. ¿Por qué se siente incómodo? ¿O tal vez quiere esperar más? ¿Hasta que el hambre lo consuma y lo ponga en peligro a su compañera?
Rhage se pasó la mano por el pelo. Estirándolo. Tirando de él.
Layla cruzó las piernas, el vestido se abrió por un muslo. Era toda una imagen, sentada sobre aquella exuberante cama, tan apropiada  e incluso tan increíblemente sexual.
-¿Se han desvanecido las tradiciones de su mente, guerrero? Se que ha pasado mucho tiempo pero ¿cómo puede sentirse inestable sobre mi asistencia? Este es uno de mis deberes y encuentro un gran honor en ello. –Layla movió la cabeza. –  O diré, encontraba. Encontrábamos. Las Elegidas lo hemos hecho durante centurias. Nadie de la Hermandad nos ha llamado, no somos deseadas, sin uso. Cuando usted finalmente extendió la mano, estuvimos muy contentas.
-Lo siento. –Rhage le echó una mirada a Mary. –Pero no puedo…
-Es por ella por lo que más se preocupa ¿verdad? –Murmuró Layla. –Le preocupa lo que pensará si ella lo ve con mi muñeca.
-Ella no está acostumbrada a nuestras costumbres.
La mujer le tendió la mano. –Querida, venga y siéntese conmigo así él podrá mirarla mientras bebe, podrá sentir su toque y olerla, para que sea parte de esto. De otra manera él me rechazará y ¿a dónde los llevará? – Cuando se mantuvo el silencio y Mary se quedó quieta, la mujer le hizo señas con impaciencia. –Seguramente comprende que de otra forma él no beberá. Debe hacer esto por él.
*****
-Entonces, aquí es. –Dijo Tohrment cuando aparcó el Rover de su moderna casa.
Estaban en una sección de la ciudad que le era desconocida a John, dónde las casas estaban separadas y alejadas las unas de las otras. Había muchas con grandes puertas de hierro negro, céspedes circundantes y los árboles no solo eran arces y robles, algunos fantásticos, el nombre de los cuales desconocía.
John cerró los ojos, deseando no llevar una camisa a la que le faltaba un botón. Tal vez mantenía si mantenía su brazo alrededor de su estómago, la esposa de Tohrment no notaría.
Dios…. ¿y si tenían hijos? Quienes se reirían de él….
¿Tiene hijos? John escribió sin pensarlo.
-¿Qué pasa, hijo?
John hurgó en sus bolsillos buscando algunas hojas dobladas de papel. Cuando encontró el Bic, escribió rápidamente y giró el papel.
Tohrment  se quedó quieto y miró hacia su casa, aquella cara tensa y dura como si tuviera miedo de lo que había dentro.
-Nosotros podríamos tener un niño. En poco más de un año. Mi Wellsie está embarazada, pero nuestras mujeres lo pasan muy mal durante el parto. –Tohrment movió la cabeza, sus labios se tensaron. –Cuando seas más mayor, aprenderás a temer el embarazo. Es un maldito ladrón de shellan. Sinceramente, preferiría no tener ningún niño a perderla. –El hombre se aclaró la garganta. –De todas formas, vamos. Comeremos y luego te llevaré al centro de entrenamiento.
Tohrment tiró del abridor de la puerta del garaje y salió. Mientras John cogía la maleta del asiento trasero, el hombre sacó la diez velocidades de la parte posterior. Entraron andando en el garaje y Tohrment  encendió las luces.
-Voy a dejar tu bici aquí contra la pared ¿vale?
John asintió y miró a su alrededor. Había un Volvo familiar y …..un Corvette Swing Ray convertible de los 60.
John solo pudo mirarlo fijamente.
Tohrment sonrió suavemente. -¿Por qué no te acercas y lo saludas?
John dejó caer su maleta y se acercó al Vette con un aturdimiento amoroso. Extendió la mano, queriendo acariciar el liso metal, pero entonces retiró la mano.
-No, tócalo. Le gusta la atención.
Oh, era un hermoso coche. Brillante, azul metálico claro.  Y la cubierta estaba bajada por lo que podía ver el interior. Los asientos blancos eran magníficos. El volante brillaba. En el salpicadero estaban todos los indicadores. Cuando estuvo dispuesto a apostar que el motor sonaba como los truenos cuando lo encendiera. Probablemente olía como el aceite fresco que le pones al calentador.
Miró hacia Tohrment, pensando que sus ojos iban a estallar. Desearía poder hablar, solo decirle al hombre lo especial que era el coche.
-Sí, se ve bien, ¿verdad? Lo he restaurado yo mismo. Estoy a punto de ponerle las tapas para el invierno, ¿pero tal vez podríamos llevárnoslo al centro esta noche, que te parece? Hace frío, pero podemos ponernos los abrigos.
John irradió alegría. Y continuó sonriendo abiertamente cuando el pesado brazo del hombre le rodeó sus finos hombros.
-Vamos a alimentarte, hijo.
Tohrment recogió la maleta y se dirigieron hacia la puerta al lado de la cual estaba la bici. Cuando entraron en la casa, le llegó el olor de la comida mexicana, rica y picante.
La nariz de John se emocionó. Su estómago se retorció. Santo infierno, no iba a ser capaz de comer nada de todo eso. ¿Y si la esposa de Tohrment se ofendía….?
Una pelirroja abrumadora apareció en su camino. Ella fácilmente medía 1,8 metros, tenía la piel como la fina porcelana fina y llevaba un amplio vestido amarillo. Su pelo era increíble, un río suelto de ondas que le caían como una cascada por la espalda.
John se puso un brazo a su alrededor, ocultando el ojal.
-¿Cómo está mi hellren? –Dijo la mujer, levantando su boca para besar a Tohrment.
-Bien, leelan. Wellsie, este es John Mattew. John, esta es mi shellan.
-Bienvenido, John. – Ella le ofreció la mano. -Soy muy feliz de que te quedes con nosotros.
John le dio la mano y rápidamente recolocó el brazo en su lugar.
-Vamos, chicos. La cena esta lista.
Todos los armarios de la cocina eran de color cereza, enumeras de mármol y brillantes aplicaciones negras. Un set de mesa de vidrio y metal con tres lugares preparados. Todo se veía muy nuevo.
-Sentaros vosotros dos. –Dijo Wellsie –Traeré la comida.
Él miró el fregadero. Era de porcelana blanca con un gracioso grifo de cobre que se elevaba en lo alto.
-¿Quieres lavarte las manos? –Dijo ella. – Ve tu mismo.
Había una pequeña pastilla de jabón en el plato, y procuró lavarse todas la partes, incluso debajo de las uñas. Después de que él y Tohrment se sentaran, Wellsie llegó con los platos y bols llenos de comida. Enchiladas. Quesadillas. Ella se fue por más.
-Ahora, que hablamos. –Dijo Tohrment cuando se sirvió, amontonando la comida en su palto. –Wellsie, esto se ve fantástico.
John miró la muestra. No había nada en la mesa que él pudiera aguantar. Tal vez podría decirles que había comido antes…
Wellsie dejó un tazón delante suyo. Estaba lleno de arroz blanco con una pálida salsa sobre ello. El aroma era delicado, pero atractivo.
-Esto aliviará tu estómago. Lleva jengibre. –Dijo ella. –La salsa tiene mucha grasa, lo que te ayudará a subir algo de peso. De postre, he hecho budín de plátano. Esto baja bien y tiene muchas calorías.
John miró fijamente la comida. Ella sabía. Sabía lo que no podía comer. Y lo que podía.
El tazón que tenía delante se puso borroso. Él parpadeó rápidamente. Frenéticamente.
Apretó su boca cerrada, apretando las manos en su regazo hasta que se agrietaron los nudillos. No iba a llorar como un niño. Rachaza deshonrarse así.
La voz de Wellsie sonó tranquila. -¿Tohr? ¿Quieres concedernos un minuto?
Se escuchó el sonido de una silla que se echaba hacia atrás y luego John sintió una sólida mano sobre su hombro. El peso de pasos que se alejaban de la habitación.
-Ahora ya puedes. Ya se ha ido.
John cerró los ojos y se dobló, lágrimas que rodaban por sus mejillas.
Wellsie puso una silla a su lado. Lentamente, moviéndose, ella acarició su espalda.
Se sentía bendecido de que Tohrment hubiera ido y lo encontrara a tiempo. Aquella casa en la que iba a quedarse era muy agradable y limpia. Wellsie había hecho algo especial, algo que su estómago podría tolerar.
Ambos le habían dejado mantener su orgullo.
John sintió que lo tiraban hacia un lado y luego lo abrazaban. Meciéndolo.
Seco, absorbió la bondad.
Un poco más tarde él levantó la cabeza y sintió como le colocaban una servilleta en la mano. Se limpió la cara, arrojó hacia atrás los hombros y miró a Wellsie.
Ella sonrió. –Mejor.
Él asintió.
-Voy a traer a Tohr ¿de acuerdo?
John asintió otra vez y recogió el tenedor. Cuando tomó el arroz, gimió. No podía tener gusto de verdad, pero cuando llegó a su estómago, en vez de espasmos sintió un maravilloso aflojamiento en su estómago. Era como si la cosa hubiera sido calibrada expresamente para lo que necesitaba su sistema digestivo.
No podía levantar la mirada cuando Tohrment y Wellsie se volvieron a sentar y fue relevado mientras ellos comenzaron a hablar de cosas normales. Diligencias. Amigos. Proyectos.
Cuando se terminó todo el arroz y miró hacia la estufa, se preguntó si habría más. Antes de poderlo preguntar, Wellsie tomó su tazón y se devolvió lleno. Comió tres tazones. Y un poco de budín de plátano. Cuando dejó la cuchara, comprendió que era la primera vez en su vida que se había sentido lleno.
Suspiró, recostándose en la silla y cerró los ojos, escuchando el tono profundo de la voz de Tohrment y las dulces respuestas de Wellsie.
Parecía un arrullo, pensó él. Sobre todo mientras hablaban en una lengua que no reconocía.
-¿John? –Dijo Tohrment.
Intentó sentarse, pero estaba tan somnoliento que lo único que podía hacer era mantener abiertos los ojos.
- Te llevaré a tu habitación para que puedas echarte. Iremos al centro en un par de días ¿vale? Date un poco de tiempo para adaptarse.
John asintió, pensando que no se sentiría mucho mejor hasta que tuviera una noche realmente buena de sueño.
De todos modos él llevó su plato al fregadero, aclarándolo y metiéndolo en el lavaplatos. Cuando fue a ayudar a despejar la mesa, Wellsie negó con la cabeza.
-No, yo lo haré. Te vas con Tohr.
John sacó su pluma y su papel. Cuando terminó de escribir, giró las palabras hacia Wellsie.
Ella sonrió. –Eres muy bienvenido. Y sí, te mostraré como hacerlo.
John asintió. Y luego estrechó los ojos.
Wellsie sonreía tan extensamente que le vio alguno de los dientes. Dos frontales eran muy largos.
Ella cerró la boca, como si se corrigiera así misma. –Solo vete a dormir, John y no te preocupes por nada. Habrá mucho tiempo para pensar mañana.
Miró a Tohrment, cuya cara era distante.
Y así es como lo supo. Lo supo sin que se lo dijeran. Siempre había sido consciente de que era diferente, finalmente iba a saber por qué: estas dos encantadoras personas iban a decírselo.
John pensó en sus sueños. De mordiscos y sangre.
Tenía el presentimiento de que no era su imaginación.
Eran sus recuerdos.

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