domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 37 38 39

Capítulo 37


Mary clavó los ojos en la mano extendida de la Elegida y luego miró a Rhage. Su cara era severa, su cuerpo estaba tenso.
-¿No va a ayudarlo?- Le preguntó Layla.
Tomando aliento, Mary fue hacia el lugar extendiendo su mano hacia ella.
Layla la tiró hacia abajo y sonrió un poco. –Se que está nerviosa, pero no se preocupe, esto terminará rápidamente. Entonces me iré y tan solo estarán usted y él. Pueden abrazarse el uno al otro y desterrarme de sus pensamientos.
-¿Cómo puede soportar ……ser usada de este modo? –Dijo Mary.
Layla frunció el ceño. –Proporciono lo que es necesario, no soy usada. ¿Y cómo no voy a dar a la Hermandad? Ellos nos protegen para que podamos vivir. Ellos nos dan nuestras hijas para que las tradiciones puedan continuar…o al menos, solían hacerlo. Últimamente nuestros números menguan, porque los hermanos no acuden a nosotras. Tenemos una necesidad desesperada de niños, pero por ley solo podemos reproducirnos con los miembros de la Hermandad. –Ella miró hacia Rhage. –Es por eso que fui seleccionada esta noche. Estoy cerca de mi necesidad y habíamos esperado que me tomara.
-No quería mentirte. –Dijo Rhage suavemente.
-Lo se. De todos modos le serviré.
Mary cerró los ojos, imaginándose la clase de niño le podría dar a Rhage a una mujer. Cuando su mano buscó su estómago plano, ella lo imaginó creciendo, aumentando y pesado. La alegría sería aplastante; estaba bastante segura. Como el dolor de saber que nunca pasaría era enorme.
-Entonces, guerrero ¿qué va a hacer? ¿Tomará lo que estoy contenta de dar? ¿O correrá el riesgo de dañar a su compañera?
Cuando Rhage vaciló, Mary comprendió que la única solución la tenían ante ellos. Tenía que hacerlo.
-Bebe. –Le ordenó ella.
Él buscó sus ojos -¿Mary?
-Quiero que te alimentes. Ahora.
-¿Estas segura?
-Sí.
Durante un latido el silencio se congeló. Entonces volvió a arrodillarse ante Layla otra vez. Cuando se inclinó hacia adelante, la mujer se levantó la manga y posó su brazo sobre su muslo. Las venas en el interior de su muñeca eran azul claro debajo de la piel blanca.
Rhage buscó la mano de Mary mientras abría su boca. Sus colmillos se alargaron, creciendo tres veces más de lo habitual. Con un leve sonido de siseo, se inclinó y puso su boca sobre Layla. La mujer se tensó y luego se relajó.
El pulgar de Rhage acarició la muñeca de Mary, su mano caliente contra la suya. Ella no podía ver exactamente lo que hacía, pero el sutil movimiento de su cabeza indicaba que chupaba. Cuando apretó su palma, ella le devolvió el gesto débilmente. Toda la experiencia era demasiado extraña y tenía razón: había una espantosa intimidad en ello.
-Acarícielo. –Susurró Layla. –Está a punto de parar y demasiado pronto. No ha tomado suficiente.
Entumecidamente, Mary extendió la mano y la puso sobre su cabeza. –De acuerdo. Estoy bien.
Cuando Rhage hizo el movimiento de echarse hacia atrás, como si supiera que le estaba mintiendo, ella pensó en todo lo que él estaba dispuesto a hacer por ella, todo lo que él había sido capaz de hacer por ella.
Mary sostuvo su cabeza en el lugar, empujándolo hacia abajo. –Tómate tu tiempo. De verdad, todo esta bien.
Cuando ella apretó su mano, sus hombros se suavizaron y se acercó hacia ella, colocando su cuerpo a su alrededor. Ella separó sus piernas para que él pudiera colocarse entre ellas, su pecho descansando sobre su muslo, sobre su empequeñecida espalda. Ella le pasó la mano sobre su rubio pelo, sus gruesas ondas, lisas que se hundían entre sus dedos.
Y de repente, todo dejó de ser tan extraño.
Incluso aunque ella pudiera sentir los tirones de él mientras tomaba de la vena de Layla, el cuerpo de Rhage contra el suyo le era familiar y la caricia sobre su muñeca le decía que pensaba en ella mientras se alimentaba. Ella miró a Layla. La mujer lo miraba, pero la concentración sobre su cara era clínica.
Mary recordó lo que le había dicho sobre el beber: si la mordía, sentiría su placer. Claramente no había nada entre él y la Elegida. Sus cuerpos todavía separados, tranquilos. No con las convulsiones de cualquier clase de pasión. 
Los ojos de Layla se elevaron y ella sonrió. –Lo está haciendo bien. Solo otro minuto más o menos.
Cuando acabó. Rhage levantó su cabeza ligeramente y dio vuelta al cuerpo de Mary, que aliviaba la sujeción de sus caderas, poniendo sus brazos alrededor de ella. Él descansó su cara sobre su muslo y aunque ella no podía verle la expresión, sus músculos estaban relajados, incluso respirando profundamente.
Ella echó una mirada a la muñeca de Layla. Había dos pequeños pinchazos y un leve rubor, sólo un pequeño corrito de sangre.
- Él necesitará algo de tiempo para recomponerse. –Dijo Layla cuando ella se lamió y luego se bajó la manga. Se puso de pie.
Mary acarició a Rhage la espalda mientras miraba a la mujer. –Gracias.
-Sea muy bien bienvenida.
-¿Vendrá otra vez cuando él la necesite?
-¿Ustedes dos me quieren? ¿Yo, específicamente?
Mary se fortaleció ante la emoción de la mujer. –Sí, yo, ah, pienso que sí.
Layla absolutamente brillaba, sus ojos llenos de felicidad.
-Querida, eso sería un honor. – Ella se inclinó. –Él sabe cómo convocarme. Llámeme en cualquier momento.
La mujer dejó la habitación con paso ligero.
Cuando la puerta se cerró, Mary se inclinó y besó el hombro de Rhage. Él se revolvió. Levantando la cabeza poco a poco. Entonces él se frotó la boca con su palma, como si no quisiera que ella viera ningún resto de sangre sobre él.
Cuando alzó la mirada hacia ella, sus párpados eran bajos, su fija mirada brillante un poco borrosa.
-Hola.- Dijo ella, acariciando su pelo hacia atrás.
Él sonrió con esa sonrisa especial suya, lo que hacía que pareciera un ángel. –Hola.
Ella tocó su labio inferior con su pulgar. -¿Sabía buena? Cuando él vaciló, dijo ella. -Se honesto conmigo.
-Si. Pero preferiría que hubieras sido tú y pensé en ti siempre. Me imaginaba que eras tú.
Mary se apoyó hacia abajo y lamió su boca. Cuando sus ojos llamearon con sorpresa, ella deslizó su lengua en su interior y cogió una muestra del persistente sabor, un vino tinto dulce.
-Bueno. –Ella murmuró contra sus labios. –Quiero que pienses en mi cuando lo hagas.
Él puso sus manos sobre los lados del cuello, sus pulgares directamente sobre sus venas. –Siempre.
Su boca encontró la suya y ella lo agarró por los hombros, acercándolo más. Cuando él tiro de su suéter, ella levantó los brazos para ayudarle a conseguirlo y luego dejó que la echara en la cama. Le quitó los pantalones y sus bragas  y luego se quitó su propia ropa.
Él gravitó sobre ella, recogiéndola con un brazo y poniéndola antes sobre la cama. Su muslo entre sus piernas y luego presionó su cuerpo sobre el colchón, la pesada excitación llegándole hasta su propio centro. Ella ondulándose contra él, acariciándose, acariciándolo.
Su boca moviéndose urgentemente mientras se besaban, pero él entró en ella despacio, separándola con cuidado, estirándola, uniéndose. Él era grueso, duro, divino y se movía lánguidamente, profundamente. Aquel oscuro olor delicioso salió de su piel, saturándola.
-No tendré a ninguna otra.- Dijo él contra su garganta. – No tomaré a ninguna más que tú.
Mary colocó sus piernas alrededor de las caderas, intentando tenerlo en su interior para que se quedara con ella siempre.

****
John siguió a Tohrment por la casa. Había muchas habitaciones y todos los muebles y las decoraciones eran realmente agradables, realmente antiguos. Hizo una pausa ante una pintura con la escena de una montaña. Un pequeño letrero en cobre estaba sobre el marco dorado dónde se leía Frederic Church. Se preguntó quien y qué era y decidió que el tipo era terriblemente bueno en lo que hacía.
Abajo al final del vestíbulo, Tohrment abrió una puerta y encendió una luz. – Puse tu maleta aquí.
John entró dentro. Las paredes y el techo estaban pintadas en azules oscuros y había una gran cama con una cabecera lisa y muchas almohadas grandes. Había también un escritorio y un bureau. Y un juego de puertas de cristal que se deslizaban y daban a una terraza.
-El cuarto de baño está aquí. –Tohrment encendió otra luz.
John metió la cabeza y vio una parte de mármol azul oscuro. La ducha era de cristal y…wow, había cuatro cabezas para que saliera el agua.
-Si necesitas algo Wellsie estará aquí y regresaré alrededor de las cuatro de la mañana. Nosotros bajamos en ese momento cada noche. Si nos necesitas durante el día, solo coge cualquier teléfono y marca el número uno. Seremos muy felices de verte en cualquier momento. Ah y tenemos dos doggen, o personal, quien nos echan una mano por aquí, Sal y Regine. Ambos saben que están aquí con nosotros.
Ellos se levantan alrededor de las cinco. Si tienes que salir, solo diles que te lleven.
John se acercó a la cama y tocó la funda de la almohada. Era tan suave, que apenas podía sentirla.
-Estarás bien aquí, hijo. Podría costarte  acostumbrarte, pero estarás bien.
John lo miró a través de la habitación.  Robusteciendo su coraje, caminó hacia Tohrment y abrió su boca. Entonces señaló hacia el hombre.
-¿Estás seguro de que quieres hacer esto ahora?- Murmuró Tohrment.
Cuando John asintió, Tohrment despacio separó sus labios.  Y enseñó un par de colmillos.
Oh…..hombre...Oh….
John tragó y puso sus dedos sobre su propia boca.
-Sí, tú también los tendrás. Algún día en los próximos dos años seguramente. –Tohrment cruzó la habitación y se sentó sobre la cama, colocando sus codos sobre sus rodillas. –Hacemos el cambio alrededor de los veinticinco años. Después de ello vas a tener que beber para sobrevivir. Y no hablo de leche, hijo.
John levantó las cejas, preguntándole quien.
-Te conseguiremos una mujer para el cambio, y te diré que esperar. Esto no es ninguna fiesta, pero una que  vez lo hayas pasado, serás muy fuerte, pensarás que todo esto lo merecía.
Los ojos de John llamearon cuando se midió con Tohrment. Bruscamente extendió sus manos horizontal y longitudinalmente, luego puso su pulgar sobre su propio pecho.
-Sí, también serás de mi tamaño.
John articuló las palabras no te creo.
-De verdad. Es por lo que la transición es una perra. Tu cuerpo sentirá el cambio durante horas. Después tendrás que aprender nuevas cosas, como andar, como moverte. –Tohr se miró hacia sí mismo.-Nuestros cuerpos son difíciles de controlar al principio.

Capítulo 38




Salió de la cama y se dirigió a la ducha. Aunque estaba en una bonita casa, con gente amable, en una zona a salvo. Se sentía……muy pequeño.
Las botas de Tohrment entraron en su línea de visión.
-Hey, John, tal vez estaré un ratito por aquí contigo. ¿Te gustaría? Podemos ver el canal de surf.
Gracias, trabajó  con el pensamiento. Me siento un poco extraño.
-Me tomaré esto como un sí. –Tohrment se apoyó sobre las almohadas, cogiendo el mando de la televisión y la conectó. –Vishous, uno de mis hermanos, hizo la instalación de la casa. Me parece que consiguió setecientas estaciones aproximadamente de esta cosa. ¿Qué querrías ver?
John se encogió de hombros y caminó arrastrando los pies hacia la cabecera.
Tohrment fue cambiando de canales hasta que encontró Terminator 2- ¿Te gusta?
John silbó suavemente por sus dientes y asintió.
-Si, a mi, también. Es un clásico y Linda Hamilton es caliente.



******

Rhage durmió hasta tarde, muy tarde y lo que lo despertó eran malas noticias. Agitación, un horrible picor, estaba vivo dentro de él otra vez. El indulto de la Scribe Virgin había terminado. La bestia había regresado.
Abrió los ojos y vio el pelo de Mary sobre su almohada. Y la curva de su cuello. Y volvía a estar desnuda.
Comenzó a sudar, una terrible erección apareció tan rápidamente como el latido del corazón.
Pensó en lo que habían hecho juntos  después de la alimentación. Y luego otra vez cuando habían regresado a la habitación. Lo habían hecho dos veces más durante el día, sintiéndose mal por sus demandas por que había estado por todas las partes de ella. De todas formas cada vez que ella le había sonreído, le había dado la bienvenida en su interior, aun cuando ella había estado agotada y probablemente un poco dolorida.
Y él la quería otra vez ahora mismo, pero con una necesidad palpitante que era diferente de lo que había sentido antes. Este era un hambre salvaje, como si no lo hubiera sentido en absoluto o no la hubiera visto durante meses. Cuando luchó contra el impulso, sus manos se apretaron, sus dedos sintieron un cosquilleo, sentía la piel tensa. Él estaba completamente atado, sus huesos vibraban.

Salió de la cama y se dirigió hacia la ducha. Cuando regresó, había recuperado un poco el control, pero entonces vio que Mary le había dado un par de patadas a las cubiertas. Estaba maravillosamente desnuda colocada sobre su estómago, su  hermoso culo una tentación que se lo comía.
-¿Quieres que te traiga  algo de la cocina? –Le preguntó él con voz ronca.
-Dormir.-Murmuró ella, volviéndose de espaldas. Sus rosados pechos se tensaron cuando el aire los tocó.
Oh, dulce Jesús….Espera, estaba pasando algo. Tenía la cara enrojecida  como si hubiera estado al viento y sus piernas serraban encima del colchón.
Él se acercó y le puso la mano sobre la frente. Estaba caliente y seca.
-Mary, creo que tienes fiebre.
-Es fiebre baja. No es inusual.
El miedo enfrió sus ansias por poseerla. -¿Quieres que te traiga una aspirina?
-Solo tengo que dormir.
-¿Quieres que me quede contigo?
Ella abrió los ojos. Odiaba ver su mirada embotada en ellos. –No, pasará. Francamente, estoy bien. Solo tengo que dormir.
Rhage se quedó con ella durante un ratito más y luego se puso unos pantalones de nylon negros y una camiseta. Antes de irse, la miró fijamente. Apenas podía soportar ver que tenía una leve fiebre. ¿Que diablos iba a hacer cuando estuviera realmente enferma?
Havers. No había vuelto a hablar con Havers y el doctor debería haber tenido suficiente tiempo para acceder a los archivos. Rhage cogió su teléfono móvil y salió al pasillo.
La conversación con el doctor no duró demasiado tiempo, por que el hombre le dijo que no había nada que pudiera hacer por ella. Como los vampiros no padecían cáncer, no se había concentrado en esa enfermedad ni ninguno de sus colegas.
Rhage estuvo a punto de colgarle cuando el hombre se lo dijo.
-Perdone, señor, no deseo curiosear. Pero sabe… ¿sabe  cómo de extensos van a ser sus tratamientos?
-Se que hay muchos de ellos.
-¿Se da cuenta de lo intensos que serán? Si la leucemia ha vuelto, sus opciones pueden ser limitadas….
-Gracias por mirar sus registros. Lo agradezco. –Como si necesitara una confirmación de lo seria que era la situación.
-Espere…por favor sepa que lo ayudaré en cualquier cosa que pueda. Incluso aunque no pueda ayudar con respecto a la quimioterapia, tenemos los formularios de muchas medicaciones para el dolor y varias otras cosas que pudiera necesitar. Puedo ayudar a aliviarla y cuidarla, aun cuando ella reciba sus tratamientos en hospitales de humanos. Debe llamarme.
-Lo haré. Y ….gracias, Havers.
Después de colgar, fue al despacho de Wrath, pero la habitación estaba vacía entonces fue abajo. Tal vez Wrath y beth estaban comiendo algo.
Por arte de magia, una pared de cuero negro con una cabeza con pelo negro se materializó delante de él. Las gafas de sol de hoy eran de plata envolventes.
-¿Me estabas buscando? –Le dijo el rey.
-Esto. Sí. Mary se quedará. Permanentemente.
-Lo escuché. Fritz me dijo que se había traído a algunas cosas con ella.
-Uh-huh. Escucha, ¿te importa si preparo una reunión aquí esta noche? Quiero que Mary vea a su amiga Bella y pensaba que la Hermandad podría hacerlo agradable. Sabes, con trajes y todo eso. Tal vez Wellsie también podría venir, también. Mary ya me tiene, pero tiene que tener a algunas otras personas a su alrededor. No quiero que permanezca aislada.
-Maldita buena idea. Beth quería que fuéramos a la ciudad esta noche, pero…
-No cambies tus proyectos. Es realmente algo ocasional.
-Bien, mi shellan tenía ganas de salir. El tipo de cosas que le gustan. Y yo, ah, realmente me gusta cuando ella me tiene de ese modo ¿me entiendes?
Rhage sonrió un poco cuando el cuerpo de Wrath liberó una ráfaga de calor. –Sí, lo hago.
Hubo una pausa. El rey dijo -Mi hermano, ¿necesitas algo más?
-Ah, sí. Mary estará muy enferma pronto. Saldré todas las noches con los hermanos mientras pueda, pero cuando las cosas se pongan mal…..
-Desde luego. Harás lo que tengas  que hacer.
-Gracias, hombre.
Wrath asintió con la cabeza. –Sabes una cosa-eres un hombre de valor. –De verdad que lo eres.
-Si, bueno, solo quédatelo. Tengo una reputación de gilipollas egocéntrico que mantener.
-Tohr, podría  ver haciéndolo. Phury desde luego. Tal vez V.
Rhage frunció el ceño. –Haces que suene como un sacrificio, por Cristo. La amo.
-Es un sacrificio. La amas cuando sabes  que irá al Fade.
-Ella no va a ninguna parte. – Rhage apretó las muelas. –Se pondrá bien. Será duro, pero se pondrá bien.
-Perdóname. –Wrath inclinó la cabeza.-Desde luego que lo hará.
Rhage bajó la vista. No sabía que hacer con la apología por que no tenía experiencia en ofrecerlas. Y además, pensar en que Mary pudiera morir, hacía que sintiera como si tuviera un soplete en el pecho.
-Hasta después, mi señor. – Dijo él, queriendo irse antes de deshonrarse emocionalmente.
Pero lo miró fijamente, fue la primera vez que vio los ojos de Wrath sin gafas. El rey nunca se quitaba las gafas. Siempre las llevaba.
Rhage dejó de respirar, concentrándose en los iris iridiscentes, verde plateado que le devolvía la mirada. No había pupilas, solo dos pequeños puntos. Y el calor en esos círculos ciegos, encendidos era chocante.
-Me siento orgulloso de llamarle hermano. –Le dijo Wrath.
Rhage sintió pesados brazos rodeándolo como si fuese empujado contra un pecho sólido. Estaba tenso, pero entonces se permitió colgarse del enorme Wrath.
-¿Wrath?
-¿Si?
Rhage abrió la boca para hablar, pero perdió la voz.
Wrath contestó a su silencio. –Nosotros estaremos allí para ti. Entonces nos pedirás ayuda cuando nos necesites. Y si el momento llega, nosotros le brindaremos enteramente una ceremonia Fade, como la shellan de un guerrero se merece.
Rhage apretó sus ojos cerrados. –Gracias….mi señor.
Más tarde aquella noche Mary estaba de pie en su cuarto de baño, secándose y cepillándose el pelo. Cuando terminó, se miró en el espejo y se alisó los oscuros rizos. Eran muy suaves bajo sus dedos y con esta luz realmente tenía un poco de rojizo y oro en él.
Rechazó el pensar en quedarse calva otra vez. Tan solo se sacó directamente el pensamiento de su mente. Dios sabía, habría tiempo para obsesionarse con ello cuando en realidad ocurriera.
-Estás tan hermosa como lo estabas ayer.-Dijo Rhage cuando salió de la ducha. Mientras se secaba, pasó por detrás de ella y le envió un beso a través del reflejo.
Ella sonrió. –Muchas gracias por invitar a Bella y a John. Ella ha sido una Buena amiga y he estado preocupada por él.
-No quiero que pierdas el contacto con la gente solo por que estás aquí. Además, la Hermandad tiene que jugar a la civilización de vez en cuando. Es bueno para nosotros.
-Sabes, Tohrment y Wellsie son muy amables por recoger a John.
-Son los mejores, los dos.
Cuando Rhage abandonó el baño, los ojos del tatuaje la miraron fijamente. Un  misterioso efecto, pensó ella, pero no exactamente desagradable. Parecía que estaba siendo observada por un perro guardián quien realmente quería un animal doméstico.
Se acercó y se sentó al borde de la cama. –Hey, lo siento si te mantuve despierto esta mañana. Me muevo y doy muchas vueltas cuando me sube la fiebre.
Rhage salió del closet, cerrando rápidamente la cremallera de un par de pantalones negros. –No me molestaste para nada. ¿Podemos  hacer alguna cosa sobre ello?
-No realmente. Me iré a otro dormitorio si te molesta. –Ella sonrió ante la mirada que le hizo. –Bien, no lo haré.
-Sobre Havers. Yo esperaba que hubiera algo que pudiéramos hacer por ti.
-No te preocupes. Aprecio el intento.
-¿Cuando vas a volver a ver a tu oncólogo otra vez?
-Pronto, pero no hablemos más de ello, ¿vale? Esta noche, es todo vida. Me siento bien, y no malgastaré ni un maldito minuto.
La boca de Rhage se elevó por las comisuras, sus ojos encendidos con aprobación, con respeto.
¿Y ella había pensado en algún momento dejarlo? Idiota.
Ella rió detrás de él, teniendo ganas de que finalizara la tarde, cuando pudieran estar a solas. En la oscuridad. Con nada entre ellos.
Cuando él desapareció en el closet, ella fue tras él, pensando que tenían algunos minutos antes de que la reunión comenzara de manera que podrían tener algún adelanto. Mientras él miraba sus camisas alienadas sobre los colgadores, ella puso su mano sobre su espalda, directamente sobre el hombro de la bestia.
Rhage se estremeció y se apartó un paso.
-¿Te he hecho daño? –Le preguntó ella.
Cuando ella dio una vuelta a su alrededor, él siguió manteniéndose a distancia, los dos moviéndose dos o tres veces.
-Rhage…
-Tenemos que darnos prisa o vamos a llegar tarde. –Su voz era un poco ronca, su pecho tenso.
-¿Qué le ocurre a tu espalda?
Él sacó descolgó una camisa y se la puso, abotonándose rápidamente. –La espalda está bien.
Rhage le dio un pico en la mejilla y rápidamente chilló por ella. Fuera en el dormitorio abrió la puerta que conducía al pasillo y luego recogió el reloj del aparador y se lo puso sobre su muñeca. Sus dedos temblaban mientras se lo abrochaba.
Justo cuando ella iba a preguntarle que estaba mal, Phury apareció en la puerta.
-Hey, mi hermano, Mary. -Dijo el hombre con una sonrisa. -¿Queréis que bajemos juntos?
Mary ocultó su frustración. Y decidió que si había una interrupción, no podía pensar en una mejor que mirar. La gloriosa melena, multicolor de Phury caía sobre sus amplios hombros y estaba vestido para matar. Un sentido proverbial. Su traje era negro azulado y sutilmente marcado por rayas y su camisa rosa pálido dejaba a la vista su gruesa garganta y ridículamente le sentaba bien. Sus mocasines pulidos como el infierno, sus puños franceses cerrados con pesados eslabones de oro y lucía un diamante en un anillo en el dedo meñique.
El hermano era todo un material de GQ. Y Bella y él se verían fantásticos juntos, pensó ella.
-Dime, Phury, ¿Aún no te has encontrado con Bella?
El tipo toqueteó el pañuelo del bolsillo de su pecho, aun cuando la cosa no estaba fuera de su sitio. –Sí, la encontré. La noche en que el muchacho y tú vinisteis al centro.
-Ella vendrá esta tarde.
-Yo, ah, lo se.
-Y ella no sale con nadie ahora mismo.
Chico, realmente se había ruborizado, pensó ella. Phury era adorable.
-Él no está interesado. –Dijo Rhage mientras metía una pequeña pistola en su espalda.
Mary le disparó una mirada dura a su hombre, que él omitió mientras se ponía la chaqueta.
-¿Pero tú también estás soltero, verdad? –Le dijo ella a Phury. -¿No es verdad?
-Oh, él esta soltero, de acuerdo.
-Rhage, ¿vas a dejar que conteste? Entonces, Phury, si los dos sois libres, ¿por qué no le pides para salir a cenar algún día?
Phury se alisó las solapas, ruborizándose aún más. –Sí, no se sobre eso.
-Ella es realmente fabulosa….
Rhage negó con la cabeza y la condujo hacia el pasillo. –Déjalo solo, Mary. Vamos.
A mitad de camino en la escalera, ella hizo que Rhage se parara. Cuando Phury los adelantó, ella le susurró. –Se está tomando un descanso ¿verdad? Bella y él podrían disfrutar el uno del otro.
-La única cosa que Bella obtendrá de Phury es conversación.
-Qué le…
-No lo hace con mujeres.
-¿Es gay?
-No, pero no empujes a Bella hacia él, ¿vale? No es justo para ninguno de los dos.
Los ojos de Mary se dispararon hacia Phury, quien acaba de dar un paso sobre el suelo de mosaico del vestíbulo. Incluso con su leve cojera, se movía como un hombre que tenía todas sus partes trabajando a la orden. Pero tal vez era solo una ilusión. Tal vez lo habían lesionado luchando.
-Él es, sabes, ¿impotente?
-No por lo que yo se. Es célibe.
Dios, que desperdicio, pensó ella, mirando el modo en que se movía el hombre.
-Entonces, ¿pertenece a alguna especie de orden religiosa?
-No.
-¿Entonces por qué?
-Con Phury, todos los caminos conducen a su hermano gemelo, a Zsadist. Y sí, se que ellos no se parecen. –Rhage le dio un pequeño codazo y ella comenzó a bajar las escaleras otra vez.
-¿Por qué Phury cojea?
-Lleva una prótesis. Perdió la mitad de su pierna izquierda.
-Por Dios, ¿cómo?
-Se pegó un tiro.
Mary se paró. -¿Qué? ¿Le pasó por equivocación?
-No, con intención. Mary, vamos, podemos acabarlo más tarde. –La cogió de la mano e hizo que avanzara.
Bella caminaba por el vestíbulo de la mansión con el doggen que la había conducido al lugar. Cuando miró a su alrededor, se sintió atontada. Su familia poseía una magnífica casa, pero no era nada como esto. Esto era la vida….real. Tenía sentido, por que el Rey Ciego y su reina residían allí.
-Bienvenida, Bella. –Dijo una profunda voz masculina.
Ella se giró y reencontró con el hermano del cabello multicolor, el que la había interrumpido a ella y a Zsadist aquella noche en el centro de entrenamiento.
-Soy Phury. Ya nos conocimos. En el gimnasio.
-Guerrero.-Dijo ella, doblándose totalmente. No era difícil tener temor a los hermanos, especialmente con uno como este. Tan grande. Tan…. ¿Era real todo ese pelo?
-Estamos contentos de que pudieras venir. –Le sonrió a ella, sus amarillentos ojos calientes. –Permíteme cogerte el  abrigo.
Cuando acabó, ella puso la cosa sobre su brazo. –No puedo creer que esté aquí, a decir verdad. ¡Mary! ¡Hola!
Las dos se abrazaron y luego hablaron con Phury. Poco después Bella estuvo completamente cómoda alrededor del guerrero. Había algo de tranquilidad y confianza en él y aquellos ojos eran el golpe de gracia. Eran genuinamente amarillos.
Era muy atractivo, pero ella buscaba al hermano con cicatrices. Manteniéndose al corriente de la conversación, ella discretamente exploró el enorme vestíbulo, vistoso. Zsadist estaba en alguna parte en los alrededores. Tal vez pasaría de la fiesta. No parecía un tipo social: eso era seguro.
Cuando Mary se marchó para estar con Rhage, Bella tomó la determinación de no sentirse defraudada. Por Dios, no tenía ningún trabajo persiguiendo a alguien como Zsadist, de todos modos.
-Entonces, Phury- Dijo ella- Podría….no se si será grosero, pero podría tocar tu pelo. –Ella lo tocó antes de que él pudiera decir algo y capturó los rizos rubios y rojos, frotando los gruesos mechones con su mano. –Magnífico. La coloración es asombrosa. Y…ah, huele muy bien. ¿Qué tipo de champú usas?
Ella examinó sus ojos, esperando hacer una especie de cometario ligero. En cambio él se quedó congelado. No parpadeó mientras apartaba la mirada de ella.
Y de repente comprendió que Rhage lo miraba con una expresión de shock en su cara. Así como el otro guerrero con perilla. Y un hombre grande humano. Y…
Bien, la fiesta tenía alguna clase de razón, ¿verdad?
Ella dejó caer la mano y susurró. –Lo siento mucho. He debido hacer algo realmente impropio ¿no?
Phury salió del trance en el había estado. –No. No pasa nada.
-¿Entonces por qué todos me están mirando?
-No están acostumbrados a verme con….esto, con ninguna mujer….ah…..- Phury le cogió la mano y la apretó. –Bella, no has hecho que pasara nada. Seriamente. Y no te preocupes por mis hermanos ¿vale? Están celosos por que quieren que les toques su pelo.
Pero había algo  que estaba seriamente desconectado con él, y ella no se sorprendió cuando él se disculpó poco después.
Un doggen se colocó enfrente de ella. –Perdóneme, señora, debería haber recogido su abrigo antes.
-Oh, Gracias.
Después de que ella lo dejó caer en las manos del hombre, comprendió que la fiesta había migrado hacia lo que parecía una sala de billar. Estaba a punto de entrar cuando sintió un frío envío que le llegaba desde algún sitio detrás de ella. ¿Las puertas de la casa estaban abiertas?
Ella se dio la vuelta.
Zsadist estaba en una zona tenue del vestíbulo, mirándola fijamente desde las sombras. Iba vestido con la misma clase de jersey de cuello alto y pantalones holgados negros que llevaba la última vez que lo había visto, y como entonces, su imagen nocturna era salvaje. Sexual.
Oh, si, pensó ella mientras enrojecía. Era por lo que había venido. Tenía que volver a ver al hombre otra vez.
Tomó aliento y fue hasta él.
-Hola. –Cuando él no dijo nada, ella se obligó a sonreír. –Una tarde encantadora, ¿verdad?
-¿Te gusto tocar a mi gemelo?
¿Era su gemelo?  Cómo podía ser que los dos fueran…Bien, había alguna semejanza. Si se imaginaba que desaparecía la cicatriz de Zsadist y se dejaba crecer el pelo…
-Te hice una pregunta, mujer ¿Te gustó tocarle el pelo? – Los oscuros ojos viajaron hacia su cuerpo, remontando las líneas de la blusa se seda y la estrecha falda que llevaba. Cuando volvió a su cara, su vista se retardó sobre su boca. ¿Vas a contestarme, mujer?
-Bella. –Murmuró automáticamente- Por favor, llámame Bella.
Zsadist la miró con los párpados caídos. -¿Piensas que es hermoso?
-Ah….él es apuesto, sí.
-Apuesto. Sí, esa es la palabra. Dime algo, ¿le quieres lo suficientemente  mal como para estar conmigo?
El calor afloró en ella, un fuego encendido por las palabras que le decía y el modo en que la miraba con el sexo en sus ojos. Pero entonces comprendió lo que él le había dicho.
-Lo siento, no entiendo…
-Mi gemelo es célibe desde la lengua hasta los pies. Tengo miedo de ser lo más cerca que estarás de Phury. – Hizo el sonido chasquear la lengua. –Pero soy un pobre substituto ¿verdad?
Bella se puso la mano en el cuello, ahogándose ante las imágenes de estar bajo el cuerpo de Zsadist mientras él se movía en su interior.
¿Cómo se sentiría? ¿Ser tomada por él? Su parte imprudente deseaba saberlo.
Oh, Dios. Solo pensar en ello hacía que temblase.
Zsadist rió con serenidad.
-¿Te he impresionado? Lo siento. Solo intentaba ayudarte a salir de una dura y difícil situación. Del deseo de algo que no podrás tener debe ser una perra. – Sus ojos se cernieron sobre su garganta. –Yo mismo, nunca he tenido ese problema.
Mientras ella tragaba, él controló el movimiento. -¿Problema? –Susurró ella.
-Lo que quiero, lo tomo.
Sí, pensó ella. Seguramente lo haces, verdad.
En una ardiente ráfaga, se lo imaginó mirándola hacia abajo mientras sus cuerpos estaban juntos, a pocas pulgadas de su cara. En su fantasía la tenía levantada con su brazo. Ella quería pasar la yema de su dedo a través de su cicatriz hasta la boca. Solo saber lo que sentiría él.
Con rápido movimiento, Zsadist esquivó el contacto, sus ojos llameaban como si lo hubiera impresionado. La expresión fue rápidamente ocultada.
Con voz lacónica, la fría voz de él dijo. –Cuidado, mujer. Muerdo.
-¿Alguna vez dirás mi nombre?
-¿Tomamos algo de beber, Bella? –Phury intervino. La tomó del codo. –La barra está en la sala de billar.
-Sí, llévatela. –Dijo Zsadist arrastrando las palabras. –Eres un héroe tan bueno, mi hermano. Siempre salvando a alguien. Y deberías saber, que ella piensa que eres apuesto.
La cara de Phury se tensó, pero no le respondió mientras la conducía a través del vestíbulo.
Cuando ella se giró, Zsadist había desaparecido.
Phury le dio a su brazo un tirón para captar su atención. –Tienes que mantenerte alejada de él. –Cuando ella no le respondió, el guerrero la levó a una esquina y la agarró por los hombros. –Mi gemelo está hecho pedazos. ¿Entiendes la diferencia? Con lo roto, tal vez puedas arreglarlo. ¿Con lo arruinado? Todo lo que puedo hacer es esperar para enterrarlo.
Su boca se abrió ligeramente. –Eso es…..insensible.
-Esa es la realidad. Si él muere antes de que lo haga yo, me matará. Pero eso no cambia lo que es.
De forma significativa ella se separó del hombre. –Mantendré este en mente. Gracias.
-Bella…
-¿No vas a conseguirme una bebida?


Capítulo 39



O estaba aparcado delante del altísimo edificio de apartamentos. La monolítica monstruosidad era uno de los más altos de Caldwell, sistemas de lujo, un intento de desarrollo al otro lado de la orilla. El apartamento de C estaba sobre el piso veintiséis de cara al agua.
Pretencioso. Seriamente pretencioso.
La mayor parte de los lessers vivían en agujeros de mierda porque la Sociedad creía que el dinero debía ir a donde estaba la guerra. C se escapó con un estilo llamativo por que podía permitírselo. Había sido un malcriado chico rico antes de haber entrado en los años setenta y de algún modo había mantenido su dinero. El tipo era una combinación insólita: un amateur con tendencias de asesino en serie.
Como era después de las diez no había ningún portero y la apertura de la cerradura electrónica sería trabajo de un momento. O tomó el ascensor de acero y cristal hasta el piso veintisiete y bajó las escaleras, más por hábito que por necesidad. No había ninguna razón para pensar que alguien daría una mierda por quien era o a dónde iba. Además, el edificio era un pueblo fantasma esta noche, los residentes del Euro-trash estarían tomando éxtasis y coca en el centro de la ciudad en el Zero Sum.
Llamó a la puerta de C.
Esta era la quinta dirección que había visitado de la lista que le había dado el Sr. X de los miembros incontados y la primera de las incursiones de esta noche. La tarde anterior, había tenido éxito. Uno de los asesinos había estado fuera del estado, había decido de motu propio echarle una mano a un compinche en D.C. Dos del AWOLs, que habían sido compañeros de habitación, habían sido heridos metiéndose en una pelea el uno con el otro; estaban curándose y estarían en línea en un par de días. Al final el lesser había estado perfectamente sano en un SOB  quien solo había estado en el tubo y a su alrededor. Bien, perfectamente sano, que fue, antes de que él hubiera tenido un desafortunado accidente cuando O se marchaba.  Pasaría una buena semana antes de poderse levantar y controlar otra vez, pero la visita seguramente habría clarificado sus prioridades.
Era gracioso como un par de rótulas rotas podían hacer esto a un tipo.
O golpeó otra vez sobre la puerta de C y luego escogió la cerradura. Cuando abrió la puerta, retrocedió. Oh, mierda. El lugar olía fatal. Como basura podrida.
Se dirigió a la cocina.
No, no era la basura. Era C.
El lesser estaba boca abajo en el suelo, sobre un fondo de sangre negra a su alrededor. Al alcance de su mano, había algunas vendas y aguja e hilo, como si hubiera intentado arreglarse. Al lado del material de primeros auxilios estaba su BlackBerry y el teclado numérico estaba cubierto de sangre. El monedero de una mujer, también manchado, estaba al otro lado.
O hizo rodar a C. El cuello del asesino había sido acuchillado, un buen corte profundo. Y considerando el camino la piel había sido cauterizada, la rebanada había sido hecha por una de las repugnantes dagas negras de la Hermandad. Hombre, lo que tenían en aquel metal  parecía ácido activo en la herida del lesser.
La garganta de C funcionaba, echando sonidos guturales, demostrando que de hecho estaba un poquito muerto. Cuando trajo a colación su mano, había un cuchillo en ella. Unos cortes marcaban su camisa, como si hubiera intentado apuñalarse en el pecho, pero hubiera carecido de la fuerza para finalizar el trabajo.
-Está en mala forma, mi hombre. – Dijo O, llevándose la lámina. Se sentó sobre sus talones, mirando como se agitaba el tipo en el lento movimiento. Estando de esa manera sobre su espalda, brazos y piernas se movían inútilmente, parecía como un bicho de junio abandonando un fantasma.
O echó un vistazo al bolso.
-¿Tomando un modo de vivir alternativo, C? –Recogió la cosa y examinó el contenido. Botella de medicación. Pañuelos. Tampón. Teléfono móvil.
Hola, cartera.
Sacó el permiso  de conducir. Pelo castaño. Ojos grises. Imposible de saber si era un vampiro o una humana. La dirección era Route 22 en los palos.
-Dígame si esto es correcto. –Dijo O. –Usted y uno de los hermanos estuvieron cara a cara. El guerrero iba con una mujer. Escapó después ser acuchillado y cogió el monedero antes de poder terminar el trabajo sobre la compañera del hombre. El problema fue que sus heridas fueron demasiado severas  y ha estado aquí después de llegar a casa. ¿Cómo estoy haciéndolo?
O metió la cartera en el bolso y miró al hombre. Los ojos de C rodaban a su alrededor, como canicas que caían mientras se le desinflaba la cabeza.
-Sabe, C, si esto dependiera de mi, solamente lo abandonaría aquí. No se si es consciente de esto, pero cuando abandonamos nuestra existencia, volvemos a Omega. Créame, que lo que va a encontrar al otro lado con él le va a parecer que lo que siente ahora son unas  vacaciones de mierda. –O miró a su alrededor. –Lamentablemente, hace que este lugar apeste. Algún humano va a entrar y tendremos problemas.
O recogió el cuchillo, cogiendo el mango con fuerza. Cuando lo levantó sobre su hombro, el alivio de C dejó  todas aquellas luchas y paró.
-No debería sentirse mejor sobre esto. Dijo O suavemente.
Hundió la lámina en el pecho del lesser .Hubo un destello de luz y el sonido de algo que reventaba. Y C desapareció.
O recogió el bolso y salió.

*****
Mary caminó hacia Rhage, manteniendo su mano en su espalda mientras esperaba el momento oportuno. Él estaba a mitad de un juego de fondo, él y Butch golpeaban las bolas
V y Phury
Mientras los miraba jugar, decidió que le gustaban los hermanos. Incluso Zsadist, con todas sus amenazas. Ellos eran muy buenos, la trataban con una especie de respeto y reverencia que no estaba segura que había hecho para merecerlo.
Rhage le guiñó un ojo mientras se inclinaba sobre la mesa y alineaba su palo.
-Es la manera que tú te preocupas por él. –Dijo alguien a su oído.
Ella se tensó sobre sus zapatos. Vishous estaba justo detrás de ella.
-¿De qué estás hablando?
-Es por eso que te adoramos. Y antes de que me digas que deje de leerte la mente, no tenía la intención de percibir el pensamiento. Tan solo fue demasiado fuerte. –El vampiro tomó un trago de vodka de un vaso bajo. –Por eso es por lo que te aceptamos. Cuando lo tratas bien, nos honras a cada uno de nosotros.
Rhage miró y frunció el ceño. En cuando dio el tiro, le dio la vuelta a la mesa y de forma significativa le dio un codazo.
V salió del camino.
Vishous sonrió. –Relájate, Hollywood.  Ella solo tiene ojos para ti.
Rhage gruñó y la colocó a su lado. –Sólo recuerda que tus brazos y tus piernas estén derechos donde están.
-Sabes, nunca habías sido un tipo posesivo antes.
-Es por que nunca tuve nada que quisiera guardar. Levántate de la mesa, mi hermano.
Cuando V dejó su bebida y se puso serio hacia el juego, Mary sacó la mano. De las yemas de sus dedos, una cereza pendía.
-Quiero ver tu otro truco. -Dijo ella. –Me dijiste que podías hacer algo grande con su lengua  y el tallo de la cereza.
Él rió. –Vamos….
-¿Qué? ¿Ningún truco?
Sonriendo lentamente. –Solo mira como trabaja mi boca, mujer.
Mirándola con los párpados caídos, Rhage inclinó su mano. Su lengua salió y capturó la cereza, colocándola entre sus labios. Masticó y sacudió la cabeza como si tragara.
-No exactamente allí. –Murmuró él.
-¿Qué?
-Tus secretos son mucho más dulces.
Enrojeciendo, ella se cubrió los ojos con la mano.
Oh, seguro. Ahora quiere hacerse el sexy, pensó ella.
Cuando suspiró, ella olió la erótica fragancia, oscura que emanaba de él siempre que quería estar en su interior. Ella levantó la mano y le echó una ojeada.
Él la miraba fijamente con total absorción. Y el centro de sus ojos eran tan blancos y brillantes como la nieve fresca.
Mary dejó de respirar.
Allí había algo más, pensó ella. Había….algo más examinándola fijamente.
Phury pasó, sonriendo. –Conseguid una habitación, Hollywood, si vas a seguir con esto. El resto de nosotros no quiere que nos recuerdes todo lo que tienes.
Él palmeó el hombro de Rhage.
Rhage se giró intentando morder la mano de su hermano con sus dientes. El sonido de sus mandíbulas cerrándose con fuerza fue lo suficiente ruidoso como para aspirar la conversación de la habitación.
Phury saltó hacia atrás, retirando bruscamente su brazo. – !Jesucristo, Rhage! Que te….Mierda. Tus ojos, hombre. Cambiaron.
Rhage empalideció y luego tropezó, bizqueando y parpadeando. –Lo siento. Infiernos, Phury, no sabía que estaba…
En la habitación, los hombres dejaron lo que tenían entre manos y fueron hacia él, rodeándolo.
-¿Cómo es que has cambiado? –Le preguntó Phury.
-Saca a las mujeres. –Alguien ordenó. –Llévalas arriba.
Cuando el sonido de la gente abandonando el lugar llenó el aire, Vishous apretó el brazo de Mary. –Ven conmigo.
-No. –Luchó ella. –Para. Quiero quedarme con él.
Rhage la miró, e inmediatamente esa rara mirada fija regresó. Entonces sus blancos ojos cambiaron a Vishous. Rhage le enseñó los dientes y gruñó, como si fuera un león.
-V, hombre, déjala. –Ahora mismo. –Dijo Phury.
Vishous la dejó asintiendo, pero le susurró. –Tienes que salir de aquí.
Que te den por el culo, pensó ella.
-¿Rhage? –Dijo ella suavemente. –Rhage, ¿qué pasa?
Él sacudió la cabeza y rompió el contacto visual, apoyándose contra la chimenea de mármol. El sudor brillaba sobre su rostro cuando se agarró a la piedra y tiraba de ella como si intentara levantar el manto entero de la maldita chimenea de la pared.
El tiempo se paró lentamente mientras él luchaba, bombeando el pecho, los brazos y el temblor de piernas. Pasó un largo rato hasta que las sacudidas y la tensión abandonaran su cuerpo. La batalla que había tenido, la había ganado. Pero no por mucho.
Cuando levantó la mirada, sus ojos volvían a ser normales, pero estaba pálido como el infierno.
-Lo siento, mis hermanos. –Masculló él. –Entonces los miró y abrió la boca. En vez de hablar, le colgó la cabeza como si estuviera avergonzado.
Mary anduvo entre la barrera de cuerpos masculinos y puso sus manos sobre su cara.
Mientras él jadeaba ante la sorpresa, ella lo besó en la boca. –Vamos a ver eso de la cereza. Vamos.
Los hombres que estaban de pie a su alrededor se quedaron atontados; ella podía sentir su mirada fija. Rhage se sacudió también. Pero cuando ella lo miró de manera significativa, él comenzó a masticar, trabajando el tallo con sus dientes.
Ella se volvió para mirar a los guerreros. –Él está bien. Estaremos bien. Volved a hacer lo que estuvierais haciendo, ¿ok? Necesita un minuto y  los todos vosotros mirándolo fijamente no lo ayudáis.
Phury se rió un poco y caminó hacia la mesa del fondo. –Ya sabéis, es fabulosa.
V recogió la señal y su vaso. –Sí. Es verdad.
Cuando la partida continuó y Bella y Wellsie regresaron, Mary acarició la cara y el cuello de Rhage. Parecía que tenía problemas para mirarla a los ojos.
-¿Estás bien? –Dijo ella suavemente.
-Lo siento tanto…
-Corta la lamentable disculpa. Independientemente de lo que sea, tú no puedes evitarlo, ¿verdad?
-Él asintió.
-Entonces no hay nada que lamentar.
Ella quería saber que acababa de pasar, pero no aquí y ahora. A veces, fingir que era  normal era el mejor antídoto a la rareza. – Finge hasta que lo hagas era más que sandeces de jerga psicológica.
-Mary, no quiero que me temas.
Durante un momento, ella miró su boca y el trabajo de su mandíbula con el tallo.
-No te tengo miedo. V y Phury pueden haber estado en problemas, pero no me habrías hecho daño. Nunca. No estoy segura de cómo lo se, solo lo se.
Él tomó aliento. –Dios, te amo. De verdad, de verdad que te amo.
Y luego él sonrió.
Ella rió  de manera tan ruidosa que hizo que cada persona de la habitación se girara.
El tallo de cereza estaba muy bien atado alrededor de uno de sus colmillos.

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