domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 40 41 42

Capítulo 40


Bella lo miraba fijamente y esto tenía que parar. Pero no podía ayudarse a sí misma. Zsadist era la única cosa que podía ver.
No que realmente estuviera implicado en la fiesta. Pero cuando el episodio de Rhage hubo pasado, Zsadist se apartó de todos. No habló con nadie. No bebió nada. Era como una estatua apoyada contra una de las largas ventanas y su calma era fascinante. Incluso parecía que no respiraba. Sólo se movían sus ojos.
Y siempre lejos de ella.
Bella les dio a ambos un descanso yendo a buscar un poco más de vino. El cuarto de billar era un espacio oscuro, lujoso, empapelado de seda verde y adornado con cortinas de satén negras y oro. En la esquina donde estaba la barra, las sombras aún eran más espesas, y se refugió en ellas.
Tal vez podría ser más directa si lo miraba desde aquí.
Durante los pocos días que habían pasado había preguntado y había escuchado historias de Zsadist. Los rumores eran directamente espantosos, sobre todo los que hablaban de él y de las mujeres. La gente decía que mataba a las de su sexo por deporte, pero era difícil no preguntarse cuanto era folklore. Un hombre que miraba tan peligrosamente como lo hacía, la gente estaba obligada a hablar. Su hermano se encontraba en la misma situación. Había oído susurros sobre Rehvenge durante años y Dios sabía que todos ellos eran falsos.
No había modo de que toda la cháchara sobre Zsadist fuese exacta. Por todos los cielos, la gente mantenía que vivía de la sangre de las prostitutas humanas. Esto no era físicamente posible, no a no ser que bebiera cada noche. Y entonces, ¿como era tan fuerte con aquel sustento tan débil?
Bella dio la vuelta a la barra y exploró la habitación. Zsadist se había ido.
Miró en el vestíbulo. Ella no lo había visto irse. Quizás se había desmaterializado…
-¿Me buscas?
Ella saltó y giró la cabeza. Zsadist estaba detrás de ella, frotando una manzana Granny Smith sobre su camisa. Cuando  él la levantó hacia su boca, él miró su garganta.
-Zsadist….
-Sabes, para ser una mujer de la aristocracia, eres malditamente grosera. – Dejó al descubierto sus colmillos y rompió con los dientes la carne verde brillante con un chasquido. -¿Tu madre no te explicó que no es cortés mirar fijamente?
Ella lo miró masticar, su mandíbula trabajaba en círculos. Dios, solo mirar sus labios la dejaba sin respiración. –No quería ofenderte.
-Bien, lo has hecho. Y creo que trastornas a mi gemelo mientras lo haces.
-¿Qué?
Los ojos de Zsadist se retrasaron sobre su cara, luego fueron a la deriva sobre su pelo. Comió otro trozo de la manzana. – A Phury le gustas. Creo que le atraes, debes ser la primera, al menos desde que yo le conozco. No se distrae con mujeres.
Divertido, ella no tenía esa sensación en absoluto. Entonces, volvió a concentrarse en Zsadist.
-No pienso que Phury.
-Él sigue mirándote. Mientras me miras, él te mira fijamente. Y no es porque esté preocupado por ti. Sus ojos están sobre tu cuerpo, mujer. –Zsadist inclinó la cabeza hacia un lado. –Sabes, tal vez me he equivocado. Tal vez seas la que lo sacará de su celibato. Mierda, tú eres muy hermosa y él no está muerto.
Ella enrojeció. – Zsadist, deberías saber que, ah, yo te encuentro….
-Repugnante ¿verdad? Como un buen coche accidentado. –El mordió la manzana un poco más. –Puedo entender la fascinación, pero tienes que mirar hacia otro lado. Mira a Phury de ahora en adelante, ¿nos explicamos?
-Quiero mirarte. Me gusta mirarte.
Sus ojos se estrecharon. -No, no lo haces.
-Sí. Lo hago.
-A nadie le gusta mirarme. Ni siquiera a mí.
-No eres feo, Zsadist.
Él se rió, deliberadamente colocando una yema del dedo debajo de su cicatriz. – Ahora, suena a aprobación. Así como a una ostensible mentira de mierda.
-Te encuentro hipnotizante. No puedo sacarte de mi mente. Quiero estar contigo.
Zsadist frunció el ceño, descendiendo. - ¿Estar conmigo exactamente como?
-Ya sabes. Estar contigo. – Ella se ruborizó como un brillante diamante rojo, pero calculó que ella no tenía nada que perder. – Quiero….acostarme contigo.
Zsadist se echó hacia atrás tan rápido que golpeó la barra. Y cuando las botellas de licor repiquetearon, supo que las historias sobre él eran falsas. No era ningún asesino de mujeres. Más que nada, parecía petrificado por pensar en que ella se sentía sexualmente atraída por él.
Ella abrió la boca, pero él al cortó.
-Mantente lejos de mi, mujer. –Dijo él, lanzando a la basura la manzana medio comida. –Si no lo haces, no habrá nada que decir para poder defenderme.
-¿De qué? No soy ninguna amenaza para ti.
-No, pero puedo garantizarte que no arriesgaría tu maldita salud. Hay una muy buena razón por la que la gente se mantiene apartada de mí.
Él caminó saliendo de la habitación.
Bella miró a toda aquella gente alrededor de la mesa del fondo.  Todos concentrados en el juego. Era perfecto. No quería a ninguno de ellos para hablar sobre lo que estaba a punto de hacer.
Dejó su copa de vino y salió despacio de la sala de billar. Cuando entró en el vestíbulo, Zsadist iba hacia arriba. Después de darle algún tiempo para que se adelantara, caminó rápidamente, moviéndose silenciosamente hacia el segundo piso. Cuando llegó arriba, vio el talón de su bota desaparecer por una esquina. Corrió rápidamente por la alfombra, manteniendo cierta  distancia cuando él escogía el pasillo que llevaba a su habitación y al vestíbulo de abajo.
Zsadist hizo una pausa. Ella se escondió detrás de una escultura de mármol.
Cuando se asomó, él se había ido. Ella caminó hacia donde lo había visto y encontró una puerta ligeramente entornada. Acercó su cabeza. La habitación estaba a oscuras, la luz del pasillo progresaba poco en la oscuridad. Y hacía frío, como si la calefacción estuviera desconectada durante la noche, pero no había sido conectada ya que el calor del verano había desvanecido.
Sus ojos se adaptaron. Había una amplia cama. Suntuosa, con colgaduras de pesado terciopelo carmesí. Otros muebles eran igualmente pródigos, aunque había algo impar en una esquina en el suelo. Una plataforma de mantas. Y un cráneo.
A Bella la hicieron entrar dentro estirándola del brazo.
La puerta se cerró de golpe y la habitación quedó sumergida en la total oscuridad. Con un rápido jadeo, la hizo girar y empujó su cara hacia la pared. Las velas se encendieron.
-¿Qué joder estás haciendo aquí?
Ella intentó tomar aliento, pero con el antebrazo de Zsadist presionando sobre su espalda, no podía introducir mucho aire en sus pulmones.
-Yo, ah, yo…..pensaba que nosotros podíamos hablar.
-De verdad. ¿Eso es lo que quieres hacer aquí? Conversar.
-Sí, pensé….
Su mano sujetaba como una abrazadera el dorso de su cuello. –No hablo con las mujeres que en silencio me siguen. Pero te mostraré lo que estoy dispuesto a hacerles.
Colocó su grueso brazo alrededor de su estómago, retirando sus caderas de la pared y empujando su cabeza hacia abajo. Desequilibrada, ella se esforzó por aguantarse contra una de las molduras.
Su excitación arremetió contra su corazón. Su respiración explotó abriéndose paso a través de sus pulmones.
Mientras el calor crecía entre sus piernas, su pecho le acariciaba la espalda. Sacó la blusa de su falda y resbaló su mano por  su vientre, atravesándolo con sus dedos largos y la amplia palma.
-Una mujer como tú debería estar con otro aristócrata. ¿O las cicatrices y la reputación forman parte de mi atractivo? – Cuando ella no le contestó, por que estaba sin aliento, él refunfuñó. –Sí, desde luego que lo son.
Con un rápido movimiento él empujó hacia arriba su sostén y capturó su pecho. Atrapada en un ataque de cruda lujuria, ella siseó y se tensó. Él sonrió un poco.
-¿Demasiado rápido? – Él tomó su pezón entre sus dedos y lo acarició, combinando el placer y el dolor. Ella gritó. -¿Es demasiado áspero para ti? Intentaré controlarme, pero, ya sabes, soy un salvaje. Es por eso por lo que me quieres ¿no es cierto?
Pero no era demasiado rápido o demasiado áspero. Dios la ayudara, le gustaba. Lo quería con fuerza y ahora y lo quería con él. Quería romper las reglas, quería el peligro y  la emoción, quería el calor salvaje y el poder de él. Y ya estaba lista, sobre todo cuando le empujó la falda hacia las caderas. Todo lo que tenía que hacer era apartar  su tanga y podría hundirse profundamente.
Pero ella quería verlo cuando la penetrara. Y quería tocar su cuerpo también. Comenzó a levantarse, pero él la contuvo, inclinándose contra su cuello, manteniéndola en el lugar.
-Lo siento, soy un pony con truco. Solo lo hago así.
Ella luchó, muriéndose por besarlo. –Zsadist…
-Llegas tarde para habértelo repensado. –Su voz era un gruñido sensual en su oído. –Por alguna razón, quiero joderte. Mal. Por lo que  háganos a ambos un favor y aprieta los dientes. No me costará mucho tiempo.
Su mano abandonó su pecho, se lanzó entre sus piernas y encontró su centro.
Zsadist se congeló.
Instintivamente ella movió sus caderas, frotándose entre sus dedos, sintiendo una maravillosa fricción….
Él saltó hacia atrás. –Sal de aquí.
Desorientada, ferozmente despertada, se balanceó cuando se incorporó. -¿Qué?
Zsadist se acercó a la puerta, la abrió y miró fijamente al suelo. Cuando ella no se movió, él rugió. –Márchate.
-Por qué…
-Dios, me pones enfermo.
Bella sintió que toda la sangre le abandonaba la cara. Se bajó la falda y recompuso su camisa y el sostén. Entonces salió de la habitación.
Zsadist cerró con un golpe la puerta y corrió al cuarto de baño. Levantó la tapa del retrete, se inclinó y vomitó la manzana que se había comido.
Cuando tiró de la cadena, se hundió en el suelo, tembloroso y mareado. Intento respirar profundamente, pero todo lo que podía oler era a Bella. Su adorable, inexplicable excitación estaba en sus dedos. Se quitó el jersey de cuello vuelto y lo colocó alrededor de su mano, necesitando su débil olor.
Dios, el perfecto satén de ella. La magnífica fragancia de su pasión. Todo lluvia exquisita.
Ninguna mujer se había mojado por él durante cien años. No desde su tiempo como esclavo de sangre. Y entonces….él no lo había querido, había aprendido a temer la excitación.
Intentó concentrarse en el actual regalo, intentando mantener la imagen del cuarto de baño, pero el pasado lo succionó hacia atrás….
Estaba en la celda, con los grilletes puestos, su cuerpo no era suyo. Sintió las manos de la Mistress, olió el bálsamo que tenía que ponerle para conseguir la erección que necesitaba. Y luego ella lo montaba, bombeándolo hasta que lo conseguía. Después de esto, lo mordía y agredía mientras bebía y se alimentaba de sus venas.
Todo había vuelto. Las violaciones. Las humillaciones. Las décadas de abusos hasta que perdió la noción del tiempo, hasta que casi no fue nada, casi muerto excepto por el incesante latido de su corazón, atrapado en su memoria y el funcionamiento mecánico de sus pulmones.
Escuchó un extraño sonido. Comprendió que estaba gimiendo.
Oh…Bella
Colocó su frente sobre su bíceps. Bella. Dios, ella hacía que se avergonzara de sus cicatrices y de su fealdad, sus aspecto arruinado y su negra y repugnante naturaleza
En la fiesta ella sin ningún esfuerzo se había dirigido a sus hermanos y a las mujeres, sonriendo, riendo. Tenía un encanto y una facilidad que hablaba de la vida cómoda que había tenido. Probablemente nunca había conocido una palabra o un hecho poco amable. Seguramente nunca había sido cruel o dura con otra persona. Era una mujer que valía, no como la gente mala, hambrientas humanas de las que había estado bebiendo.
No la había creído cuando le había dicho que quería acostarse con él, pero ella había querido. Era lo que toda su sedosa humedad significaba. Las mujeres podrían mentir sobre muchas cosas, pero no en esto. Nunca sobre esto.
Zsadist se estremeció. Cuando la había tenido inclinada y tocaba sus pechos, había planeado detenerse a pesar de lo que le había dicho. Había creído que la asustaría estando a solas, la abrumaría un poco antes de enviarla de nuevo a su camino.
Pero en realidad había querido estar con él.
Recordó de nuevo lo que había sentido cuando se había zambullido entre sus muslos. Había sido tan…..suave. Tan increíblemente caliente, lisa y lista. Al principio la había tocado para saber lo que sentía por él. No había tenido ninguna idea de hacerlo, pero entonces turbándolo, la Mistress había regresado. Había visto su cara y había sentido su cuerpo encima suyo.
La Mistress siempre había ido a él muy animada y hacía muchos esfuerzos para asegurarse de que él lo sabía, aunque no la hubiera tocado nunca con las manos. Había sido astuta. Después de cada cosa que le hacía, si hubiera sido capaz de oponerse a ella, la habría desgarrado como un animal rabioso y ambos lo sabían. Peligrosamente enjaulado le representaba una gran emoción a ella.
Pensó en la atracción de Bella hacia él. Estaba basado en lo mismo ¿no? El poder del sexo. El salvaje sujeto con los grilletes usados para el placer.
O en el caso de Bella, el hombre peligroso utilizado para una aventura.
Se estómago se removió otra vez y se balanceó sobre el retrete.
-Pensaba que solo eras cruel. –Dijo Bella detrás de él. – No sabía que en realidad te hice enfermar.
Joder. No había cerrado la puerta.
Nunca se habría  imaginado que ella regresaría.
Bella se abrazó a sí misma. De todas las cosas que podía haberse inventado, esta superaba la ficción. Zsadist tumbado y medio desnudo sobre el retrete con su jersey alrededor de su mano, los movimientos ascendentes y descendentes que hacían que se tensara.
Mientras él maldecía, ella miró fijamente su cuerpo. Querido Señor, su espalda. La amplia extensión estaba surcada por cicatrices, evidenciando un pasado de azotes, que de algún modo no se habían curado con suavidad. Aunque como había pasado no lo podía adivinar.
-¿Por qué estás otra vez en mi habitación? –Le preguntó él, la voz resonando alrededor del borde porcelana.
-Yo, ah, quería gritarte.
-¿Te importa si primero termino y me levanto? – El agua salió y gorgoteó mientras se lavaba.
-¿Estás bien?
- Sí, esto solo es parte de la diversión.
Ella entró en el cuarto de baño y tuvo la impresión que era muy limpio, muy blanco y totalmente impersonal.
En un abrir y cerrar de ojos, Zsadist estaba de pie mirando hacia ella.
Ella se tragó un jadeo.
Aunque claramente poderoso, sus músculos destacaban descarnadamente, las estriadas fibras individuales y visibles. Para ser un guerrero, para cualquier hombre, era delgado, demasiado delgado. Sinceramente estaba cerca de cerca de morir de hambre. Tenía cicatrices delante, aunque solo en dos lugares; sobre su pectoral izquierdo y sobre su hombro derecho. Tenía ambos pezones perforados, pequeños aros de plata con pequeñas esferas colgando de ellos captando la luz mientras él respiraba.
Pero nada de eso fue lo que la dejó estupefacta. Las gruesas marcas negras tatuadas en su cuello y muñecas eran horribles.
-¿Por qué llevas las marcas de un esclavo de sangre? –Susurró ella.
-Haz cuentas.
-Pero que es…
-¿Supones que no le puede pasar a alguien como yo?
-Bien, sí. Eres un guerrero. Un noble.
-El destino es una perra cruel.
Su corazón se abrió de par en par para él y  todo lo que había pensado sobre él cambió. Era más que una emoción, pero un hombre que ella quería aliviar. Reconfortar. Con un impulso, dio una pasó hacia él.
Sus oscuros ojos se estrecharon. –Realmente no quieres acercarte, mujer. Sobre todo no ahora.
Ella no le escuchó. Cuando ya no hubo distancia entre ellos, él echó marcha atrás hasta que quedó atrapado en la esquina entre la ducha de cristal y la pared.
-¿Qué diablos estás haciendo?
Ella no le contestó, por que no estaba segura.
-Retrocede. –Chasqueó él. Abrió la boca, alargando sus colmillos al tamaño de los de un tigre.
Esto la hizo hacer una pausa. –Pero tal vez puedo…
-¿Salvarme o alguna mierda? Oh, de acuerdo. Es tu fantasía, esta es la parte dónde, se supone, me atraviesan tus ojos. Entregando a mi bestia a los brazos de una virgen.
-No soy una virgen.
-Bien, mejor para ti.
Ella extendió su mano, queriendo ponerla sobre su pecho. Directamente sobre su corazón.
Él se apartó de ella, apretándose contra el mármol. Cuando el sudor estalló por todo su cuerpo, estiró el cuello distanciándose y  su cara tensa se estremeció. Su pecho moviéndose arriba y abajo, haciendo brillar intermitentemente los anillos de los pezones.
Su voz atenuada hasta que no fue apenas un sonido. –No me toques. No puedo…..no puedo soportar ser tocado ¿vale? Duele.
Bella se detuvo.
-¿Por qué? – Dijo ella suavemente. –Por que te…
-Joder sal de aquí, por favor.- Apenas podía pronunciar las palabras. –Estoy a punto de destruir algo. Y no quiero que seas tú.
-No me harás daño.
Él cerró los ojos. -Maldita seas. ¿Qué pasa con los tipos refinados? ¿Has sido criada para torturar a la gente?
-Buen Señor, no. Solo quiero ayudarte.
-Mentirosa.- Le escupió él, se le abrieron de pronto los ojos. –Eres una mentirosa. No quieres ayudarme, quieres empujar una serpiente de cascabel con un palo para ver lo que hace.
-Eso no es verdad. Al menos…no ahora.
Su mirada fue como el hielo, desalmada. Y su voz perdió toda entonación. -¿Me quieres? Bien. Joder, puedes tenerme.
Zsadist se lanzó sobre ella. La echo al suelo, colocándola sobre su estómago y arrastrando sus manos hacia su espalda. El mármol estaba frío contra su cara cuando estando de rodillas le separó las piernas. Escuchó el sonido de algo que se rasgaba. Su tanga.
Ella se entumeció. Sus ideas no podían seguir el paso de sus acciones y menos podían sus emociones. Pero su cuerpo sabía lo que quería. Enfadado o no, ella lo acogería.
El peso de él la abandonó brevemente y ella escuchó el sonido de una cremallera. Entonces él estuvo sobre ella sin que hubiera nada entre su enorme erección y su centro. Pero él no empujó. Solo jadeó mientras se congelaba en el sitio, su aliento ruidosamente rápido en su oído…. ¿Sollozaba?
Su cabeza cayó sobre su nuca. Entonces él se apartó, cubriéndola mientras abandonaba su cuerpo. Colocándose sobre su espalda, él puso sus brazos sobre su cara.
-Oh, Dios. –Gimió él. -….Bella.
Ella quiso tenderle la mano, pero estaba tan tenso que no se atrevió. Con dificultad ella se puso de pie y apartó la mirada de él. Los pantalones de Zsadist estaban sobre sus muslos, su sexo ya no estaba erecto.
Jesús, su cuerpo estaba en malas condiciones. Su estómago hueco. Los huesos de su cadera Saliéndosele de la piel. Era verdad que debía beber solo de las humanas, pensó ella. Y no comía nada en absoluto.
Ella se concentró en las bandas de tatuajes que recubrían sus muecas y su cuello. Y en las cicatrices.
Destrozado. No roto.
Aunque ella se avergonzaba de admitir esto ahora, la oscuridad había sido la parte más grande de su encanto. Era tal anomalía, un contraste para lo que conocía de la vida. Esto lo hacía mucho más peligroso. Excitante. Atractivo. Pero eso había sido una fantasía. Esto era la realidad.
Él sufría. Y no había nada de atractivo o emocionante en ello.
Ella cogió una toalla, se acercó a él, poniéndola con cuidado sobre la carne expuesta. Él saltó y la aferró fuertemente contra él. Cuando elevó la vista hacia ella, el blanco de sus ojos estaba inyectado en sangre, pero no lloraba. Tal vez ella había estado confundida sobre los sollozos.
-Por favor…déjame.- Dijo él.
-Deseo…
-Ve. Ahora. No deseos, no esperanzas. No nada. Sólo déjame. Y nunca te acerques a mí otra vez. Júralo. Júralo.
-Yo…yo lo prometo.
Bella se dio prisa en salir de su dormitorio. Cuando ella estuvo en el pasillo lo bastante lejos, se paró y peinándose con los dedos, intentando alisarlo. Podía sentir su tanga alrededor de la cintura y la dejó allí. No tenía ningún lugar donde dejarla si se la quitaba.
Escaleras abajo al fiesta todavía estaba en plena actividad, pero ella se sintió fuera de lugar, agotada. Se acercó a Mary, se dijeron adiós y buscó por los alrededores algún doggen para que la llevara a casa.
Pero entonces Zsadist entró en la habitación. Se había puesto la ropa de entrenamiento de nylon blanca y llevaba una bolsa negra en la mano. Sin mirarla para nada, se acercó por detrás a Phury, quien estaba a un par de pasos de distancia.
Cuando Phury se giró y vio la bolsa, retrocedió.
-No, Z. No quiero…
-Lo harás, hermano o encontraré a alguien que lo haga.
Zsadist le dio la bolsa.
Phury lo miró fijamente. Cuando cogió la bolsa, su mano tembló.
Los dos salieron juntos.


Capítulo 41



Mary dejó el plato vacío cerca del fregadero y le pasó una bandeja a Rhage para poder recoger juntos todos los envases vacíos. Ahora que la fiesta había terminado, todos ayudaban a limpiar.
Cuando salieron al vestíbulo, dijo ella. -Estoy contenta de que Wellsie y Tohr hallan alojado a John. Me habría gustado verlo esta noche, pero soy feliz de saber que se encuentra en buenas manos.
-Tohr me dijo que el pobre niño no puede salir de la cama, está agotado. Todo lo que hace es comer y dormir. Ah, a propósito, creo que tenías razón. Phury se mezcló con Bella. Pasó mucho tiempo mirándola. Nunca le he visto hacerlo antes.
-Pero después de lo que me dijiste sobre…
Cuando pasaron junto a  la magnífica escalera, una puerta oculta debajo de ella se abrió.
Zsadist salió. Su cara estaba golpeada, su camisa de entrenamiento hecha trizas. Había sangre sobre él.
-Oh, mierda. –murmuró Rhage.
El hermano los pasó, los oscuros ojos vidriosos no mirándolos. Su pequeña sonrisa de satisfacción parecía totalmente fuera de contexto, como si hubiera disfrutado de una buena comida o tal vez buen sexo en vez de conseguir que el infierno santo lo golpeara. Subió arriba despacio, una pierna no la doblaba bien.
-Mejor que vaya a limpiar a Phury. –Rhage le dio la bandeja a Mary y la beso ligeramente. –Yo podría tardar un rato.
-Porque Phury…..Oh….Dios.
-Sólo por que lo obligó. Esa es la única razón, Mary.
-Bien….quédate mientras lo necesites.
Pero antes de que entrara en el pasaje, Phury salió llevando el equipo de ejercicios. Se veía tan agotado  como Zsadist, pero no tenía ninguna señal sobre él. No, eso no era correcto. Sus nudillos estaban amoratados y agrietados. Y tenía manchas de sangre en el pecho.
-Hey, hombre. –Dijo Rhage.
Phury miró a su alrededor y pareció asustarse de encontrase donde estaba.
Rhage se puso delante suyo. -¿Mi hermano?
Sus sobresaltados ojos lo enfocaron. –Hey.
-¿Quieres ir arriba? ¿Un poco de guarida?
-Oh, si, no. Estoy bien. – Sus ojos  saltaron hacia Mary. Mirándola desde la distancia. – Yo, ah, estoy bien. Sí, de verdad. ¿Imagino que la fiesta ya ha terminado?
Rhage cogió la bolsa. La camisa rosa pálido de Phury sobresalía de ella, cogida con la cremallera.
-Vamos, subamos juntos.
-Deberías quedarte con tu mujer.
-Ella lo entiende. Vamos juntos, mi hermano.
Los hombros de Phury se hundieron sobre su torso. –Sí, de acuerdo. Sí, yo no….yo preferiría no estar solo ahora mismo.
Cuando Rhage finalmente regresó a su habitación y de Mary, supo que estaría dormida, por lo que cerró la puerta silenciosamente.
Había una vela encendida sobre la mesita de noche y con el brillo vio que la cama era un lío. Mary había empujado el edredón y esparcido las almohadas. Ella estaba de espaldas, el adorable camisón blanco retorcido alrededor de su cintura, subiendo sobre sus muslos.
Nunca había visto la seda antes, sabía que lo había llevado por que quería que fuera una noche muy especial. La visión le dio cuerda y aún cuando la vibración comenzaba a quemarlo, se arrodilló a su lado de la cama. Tenía que estar cerca de ella.
No sabía como Phury continuaba haciéndolo, sobre en noches como esta. Un hermano solo amaba tener que sangrar, exigiendo dolor y castigo. Entonces Phury había hecho lo que le habían pedido que hiciera, aceptando la transferencia del sufrimiento. Z sin duda estaba durmiendo. Phury podría estar fijo a su alrededor en su misma piel durante días.
Era un hombre muy bueno, fiel a Z. Pero el trabajo de la culpa de lo que le había pasado a Z, lo mataba.
Dios, ¿Cómo alguien podría acordar golpear a quien amaba solo por que la persona quería?
-Hueles muy bien. –Murmuró Mary, acurrucándose a su lado y mirándolo. –Como un Starbucks.
-Es por el humo rojo. Phury encendió algo intenso, pero no lo culpo. –Rhage le cogió la mano y frunció el ceño. –Tienes otra vez fiebre.
-Déjalo. Me siento mucho mejor. – Ella le besó la muñeca. -¿Cómo está Phury?
-Un desastre.
-¿Zsadist le hace hacer esto mucho?
-No. No se lo que lo hizo saltar esta noche.
-Lo siento mucho por ambos. Pero sobre todo por Phury.
Él le sonrió a ella, le gustaba la manera en que ella se preocupaba por sus hermanos.
Mary se sentó despacio, colocando sus piernas de manera que quedaron colgando de la cama. Su camisón tenía un corpiño de encaje y a través del modelo él podía ver sus pechos. Sus muslos se tensaron y cerró los ojos.
Esto era un infierno. Deseaba estar con ella. Estando asustado de lo que su cuerpo haría. Y no estaba pensando solo en el sexo. Necesitaba abrazarla.
Sus manos se elevaron hasta su cara. Cuando el pulgar acarició su boca, sus labios se abrieron por propio acuerdo, una invitación subversiva que ella aceptó. Ella se inclinó y lo besó, su lengua penetrando, tomando lo que sabía que él no debería estar ofreciendo.
-Hummm. Sabes bien.
Había estado fumando con Phury, sabiendo que iba a volver, esperando que pudiera relajarse un poco. No podría volver a controlar una repetición de lo que había pasado en la habitación del billar.
-Te quiero, Rhage. –Ella cambió de posición, abriendo sus piernas, tirando su cuerpo contra ella.
La energía se arremolinaba condensándose a lo largo de su columna  y la irradiaba, perforando sus manos y sus pies, haciendo que sus uñas cantaran con el dolor y se le estremeciera el pelo.
Él se echó hacia atrás. –Escucha, Mary…
Ella sonrió y se quitó el camisón por la cabeza, sacudiendo la cosa de tal manera que cayó sobre el suelo formando un remolino. Su piel desnuda a la luz de la vela lo enredó. No podía moverse.
-Ámame, Rhage. –Ella le cogió las manos y se las puso sobre sus pechos. Incluso cuando se dijo que no tenía que tocarla, él ahuecó las elevaciones, sus pulgares alisando sus pezones. Ella arqueó la espalda. –Oh, sí. Así.
Él fue hacia su cuello, lamiendo encima de la vena. Quería beber con fuerza de ella, sobre todo cuando ella sostenía la cabeza como si también quisiera. No era que tuviera que alimentarse. La quería en su cuerpo, en su sangre. Quería ser abrazado por ella, vivir de ella. Deseaba que pudiera hacer lo mismo con él.
Ella le puso los brazos alrededor de los hombros y se retiró, intentando bajarlo hacia el colchón. Dios le ayudara, él le dejó. Ella estaba ahora debajo, olió el despertar que  tenía por él.
Rhage cerró los ojos. No podía negarla. No podía parar la precipitación que había en su interior. Atrapado entre los dos, la besó y rezó.
Algo no estaba bien, pensó Mary.
Rhage no estaba a su alcance. Cuando ella quiso quitarle la camisa, no le dejó ponerse con los botones. Cuando intentó tocar su erección, alejó sus caderas. Incluso cuando succionó sus pechos y pasó la mano entre sus piernas, era como si le hiciera el amor a distancia.
-Rhage….-Su voz se rompió cuando sintió sus labios sobre su ombligo. –Rhage ¿que está pasando?
Sus grandes manos separaron sus piernas ampliamente, su boca dirigiéndose al interior de sus muslos. Mordisqueándola, jugando con los colmillos, nunca hiriéndola.
-Rhage, para un minuto…
Él puso su boca sobre su sexo, tomándola entre sus labios, chupándola,  moviéndose hacia delante y hacia atrás, saboreándola.  Se dobló sobre  la cama a ver su cabeza rubia bajando, sus hombros debajo de sus rodillas, sus piernas tan pálidas y finas contra él como telón de fondo.
Ella iba a estar totalmente perdida en otro segundo.
Agarrando un mechón de su cabello, lo estiró apartándolo de ella.
Sus ojos azules  brillaron tenuemente con poder sexual mientras respiraba directamente con los  labios abiertos, brillantes. Deliberadamente él la tomó más abajo entre sus dientes y la absorbió. Luego su lengua le dio un lametazo largo y lento hacia arriba.
Ella cerró los ojos, hinchada, derretida.
-¿Cuál es el problema? – Ella susurró.
-No era consciente de que lo hubiera. –Ella acarició su centro con los nudillos, frotando la piel sensible. -¿No te gusta esto?
-Desde luego que sí.
Su pulgar comenzó a hacer círculos. –Entonces déjame que vuelva a  lo que estaba haciendo.
Antes de que él dejara caer la cabeza y pusiera la lengua sobre ella otra vez, ella lo sujetó cerrando sus piernas alrededor de su mano lo mejor que pudo.
-¿Por qué no puedo tocarte? –Le preguntó ella.
-Nos estamos tocando. –Él movió sus dedos. –Estoy aquí mismo.
Oh, Dios ¿podía estar ella más caliente? – No, no estás.
Ella intentó apartarse y sentarse, pero él extendió su brazo libre. Su palma sobre su pecho, empujando su espalda sobre la cama.
-No he terminado. –Dijo él con profundo estruendo.
-Quiero tocar tu cuerpo.
Su mirada llameó intensamente. Pero solo fue eso, el brillo había desaparecido y una rápida emoción pasó por su cara. ¿Miedo? Ella no podría decirlo, por que él bajó la cabeza. La besó sobre el muslo, acariciándola con su mejilla, su mandíbula y su boca.
-No hay nada como tu calor, tu sabor, tu suavidad. Permíteme complacerte, Mary.
Las palabras la enfriaron. Las había oído antes. Al comienzo.
Sus labios se movieron por el interior de su pierna, cerca del hogar.
-Wo. Páralo, Rhage. –Él lo hizo. – Unilateralmente no es muy atractivo para mí. No quiero que me sirvas. Quiero estar contigo.
Su boca se apretó y él se bajó de la cama en una brusca oleada. ¿Iba a abandonarla?
Pero él solo se arrodilló en el suelo, sus brazos sobre el colchón, la cabeza colgando sobre sus hombros. Recogiéndose consigo mismo.
Ella estiró una pierna tocando su antebrazo con un pie.
-No me digas que vas a decirme que no. –Murmuró ella.
Él alzó la vista hacia ella. Desde la baja posición de su cabeza, sus ojos eran meras líneas en su cara, escupiendo brillantes rayos de neón azul.
Arqueando su cuerpo, ella movió su pierna, dándole una pequeña imagen de lo que ella sabía que él quería tan duramente.
Contuvo la respiración.
Con un poderoso movimiento, fluido, Rhage surgió del suelo y saltó sobre ella, aterrizando entre sus muslos. Se deshizo de sus pantalones y ….
Oh, gracias, Dios.
Llegó inmediatamente, apretando sobre toda aquella dureza en ondas. Cuando el tronar retrocedió, lo sintió temblando sobre ella, dentro de ella. Estaba a punto de decirle que dejara su autocontrol cuando comprendió que el refrenamiento no era el problema. Estaba en una especie de ensimismamiento, cada músculo de su cuerpo tenía un espasmo.
-¿Rhage? – Ella alzó la vista hacia su cara.
Sus ojos eran blancos y brillantes.
En una tentativa por tranquilizarlo, colocó sus manos sobre su espalada, pero sintió algo sobre su piel. Un dibujo levantado. Líneas, casi.
-Rhage, hay algo sobre su…
Él se apartó de ella y se fue directamente hacia la puerta.
-¿Rhage? – Ella cogió su camisón y se lo puso mientras salía tras él.
Fuera en el pasillo él se paró para juntarse los pantalones y Mary casi gritó. El tatuaje estaba vivo. La cosa se había levantado sobre su espalda, el diseño se alzaba en las sombras.
Y se movía aun cuando él estaba fuera. El gran dragón bulló mientras la miraba fijamente, la cabeza y los ojos dirigidos hacia ella mientras su cuerpo se ondulaba.
Buscaba una salida.
-¡Rhage!
Él salió como una bala, bajando al vestíbulo y desapareciendo por una puerta oculta bajo la escalera.
Rhage no dejó de correr hasta que estuvo dentro de las instalaciones de entrenamiento. Cuando pasó por el vestuario, perforó las puertas al abrirlas y fue hacia la ducha común. Conectó una de las duchas, se deslizó hacia abajo sobre los azulejos y se sentó bajo el chorro de agua fría.
Era todo tan terriblemente claro. Las vibraciones. Los murmullos. Siempre alrededor de Mary, sobre todo si estaba excitada.
Dios, no sabía por qué no lo había entendido antes. Tal vez no quería evitar la verdad.
Estando con Mary era diferente porque….él no era el único que quería hacer el amor con ella. La bestia la quería también. La bestia quería salir para poder tomarla.






Capítulo 42



Cuando Bella llegó a casa no podía estarse quieta. Después de haber escrito en su diario durante una hora, se puso unos vaqueros, una camiseta y su parka. Afuera, la nevisca caía de forma desorganizada, haciendo girar los remolinos de aire frío.
Cerrando la cremallera de la parka, anduvo sobre la alta hierba y desigual del prado.
Zsadist. No podía cerrar los ojos y no verlo estar de espaldas en aquel cuarto de baño.
Destrozado. No roto.
Se paró y miró la nieve.
La había dado su palabra de que no lo volvería a molestar, pero no quería mantener la promesa. Dios la ayudara,  quería intentarlo otra vez con él…..
En la distancia notó que alguien andaba en los alrededores de la casa de Mary. Bella se puso rígida por el miedo, pero entonces vio una melena oscura, por lo que no era un lesser.
Obviamente Vishous estaba trabajando en la instalación del sistema de seguridad. Lo saludó con la mano y fue hacia allí.
Después de haber hablado con V en la fiesta, le había gustado tremendamente. Tenía la clase de capacidad mental que por lo general aspiraba hacia las habilidades sociales de un vampiro, pero con aquel guerrero, tenías el paquete entero. Era atractivo, omnisciente, poderoso, la clase de hombre que te hacía pensar en bebés solo para guardar su ADN en el fondo genético.
Ella se preguntó por que llevaba aquel guante de cuero negro. Y sobre los tatuajes que tenía en el lado de su cara. Tal vez le preguntaría sobre ellos, si le parecía bien.
-Pensaba que no tendrías que terminarlo ahora. –Le dijo cuando pasó por la terraza. – Que pasa con Mary…
La figura de cabello oscuro que iba hacia ella de frente no era Vishous. Y esto no estaba vivo.
-¿Jennifer? –Le dijo el lesser maravillado.
Durante una fracción de segundo Bella se congeló. Entonces ella se dio la vuelta y corrió, moviéndose rápidamente sobre la tierra. No tropezó; no vaciló. Era rápida y estaba segura mientras cruzaba el prado, aun cuando estaba aterrorizada. Si pudiera llegar a casa, podría encerrarse y dejar fuera al lesser. Cuando él entrara por la ventana, ella ya estarías en el sótano donde nadie podía llegar. Llamaría a Rehvenge y cogería el túnel subterráneo que llevaba al otro lado de la propiedad.
El lesser estaba detrás suyo- podía escuchar el sonido de sus largos pasos y el crujido de la ropa – pero no había terminado cuando se precipitó al otro lado del césped crujiente, helado. Guió sus ojos hacia las alegres luces de su casa, provocando a sus músculos para correr más.
El primer dolor la golpeó en el muslo. El segundo en medio de la espalda, en la parka.
Sus piernas se endentecieron y sus pies parecían aletas de gran tamaño. Entonces la distancia que tenía que recorrer era mayor, se extendía infinitamente, pero continuó de todos modos. Cuando se dirigió a la puerta trasera, serpenteaba. De alguna forma, entró dentro, pero luchó contra la cerradura con los dedos que tenía sin fuerza.
Cuando se giró y se fue tambaleándose hacia el sótano, el sonido de de que las puertas de la ventana estaban siendo golpeadas era da alguna manera extrañamente tranquilas, como si estuviera pasando en algún lugar lejano, muy lejano.
Una mano le atrapó el hombro.
El impulso bélico fue fuerte en ella y se armó de valor, pegándole al lesser con el puño cerrado. Momentáneamente él se quedó atontado y luego él la golpeó en la espalda, enviándola al suelo. La giró y la golpeó otra vez, la palma abierta sobre su pómulo, golpeando su cabeza sobre el suelo.
Ella no sintió nada. Ni la bofetada, ni el golpe en la cabeza. Lo cual fue bueno por que no la distrajo cuando le mordió el brazo.
Agitándose juntos, golpearon la mesa de la cocina, dispersando las sillas. Se liberó cogiendo una de las cosas y lo golpeó en el pecho con el Disorientated, jadeante, avanzó lentamente distanciándose.
Su cuerpo se agotó al pie de la escalera del sótano.
Estando tendida allí, estaba consciente, pero incapaz de moverse. Tenía un vago pensamiento sobre que algo le goteaba sobre los ojos. Probablemente su propia sangre, tal vez un poco de la del lesser.
El alcance de su visión giraba a su alrededor mientras estaba tendida.
Examinó la cara del lesser. Cabello negro, ojos marrones pálidos.
Buen Dios.
El asesino estaba llorando cuando la levantó del suelo y la acunó entre sus brazos. La última cosa de la que fue consciente, fue la vista de sus lágrimas cayéndole  sobre la cara.
Ella no sintió absolutamente nada.
O sacó con cuidado a la mujer en la cabina del camión. Deseaba por todos los infiernos no haber estado de acuerdo en dejar su lugar de esa manera podría vivir en el centro de persuasión. Habría preferido mantenerla lejos de los otros lessers, pero hombres otra vez, si estaba aquí sería capaz de asegurarse de que no  escapaba. Y si cualquier otro asesino se acercaba a …bien, utilizaría los cuchillos.
Mientras pasaba a la mujer por la puerta, le miró la cara. Se parecía a su Jennifer. Ojos de diferente color, pero la cara en forma de corazón. La espesa cabellera oscura. El delgado cuerpo, perfectamente proporcionado.
En realidad, ella era más hermosa que lo que había sido Jennifer. Y golpeaba  con más dureza también.
Puso a la mujer sobre la mesa y tocó la magulladura de su mejilla, la herida del labio, las señales sobre su garganta. La lucha había sido tremenda: por todos los medios, sin ahorrar nada, ninguna parada hasta que él ganó y sostuvo su cuerpo entre sus brazos.
Mirando fijamente a la vampira, recordó el pasado. Siempre había tenido miedo de ser el que mataría a Jennifer, que alguna noche todos esos golpes cruzarían la línea. En cambio había terminado por asesinar al conductor que le había clavado el coche de frente. El bastardo había estado bebido sobre las cinco de la tarde y ella solo volvía a casa del trabajo.
Llevarse a su asesino había sido fácil. Había encontrado donde vivía el tipo y  había esperado que llegara a casa en busca de mierda. Entonces le había golpeado la cabeza al hombre con el hierro de los neumáticos y lo había empujado por las escaleras. Con el cuerpo enfriándose, O había conducido hacia el norte y al este, todo el camino  atravesando el país.
Donde había caído en la Sociedad.
Un coche paró fuera. Rápidamente recogió a la mujer y la llevó a uno de los agujeros. Después de colocar el dogal alrededor de su pecho, abrió la tapa de uno de ellos y la dejó caer en su interior.
-¿Conseguiste otro? – Le preguntó U cuando entro dentro.
-Sí. –O hizo un alarde al examinar el otro agujero, con el hombre que el Sr. X había estado trabajando la noche anterior. El civil estaba cambiando de posición en le tubo, pareciendo un poco asustado, maullando ruidos.
-Entonces vamos a poder trabajar sobre la captura fresca. –Dijo U.
O puso la bota sobre la cubierta de la mujer. –Este es mío. Alguien la toca y les arranco la piel con los dientes.
-¿Ella? Excelente Sensei estará contento.
-Usted no dirá nada sobre esto. ¿Nos entendemos?
U frunció el ceño, luego se encogió de hombros. –Claro. Lo que sea, hombre. Pero usted sabe que él lo averiguará tarde o temprano. Cuando lo haga, solo piense que no vino de mí.
O podía ver que U mantendría el secreto y con un impulso le dio la dirección al asesino de la granja en al que había estado. Un pequeño favor a cambio de la integridad del lesser.
-El nombre de la mujer que vive allí es Mary Luce. Fue vista con un hermano. Vaya a por ella, hombre.
U asintió. – Lo haré, pero está cerca el alba y necesito dormir. He estado levantado durante dos noches demasiado tiempo y me estoy debilitando.
-Entonces mañana. Ahora déjenos.
U ladeó la cabeza y echó un vistazo al tubo del agujero. -¿Nosotros?
-Joder, salga de aquí, U.
U salió y O escuchó como el sonido del coche del lesser se desvanecía.
Satisfecho, miró hacia la cubierta de red. Y no pudo dejar de sonreír.

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