domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 43 44 45

Capítulo 43




Rhage no volvió a la casa principal hasta las cinco de la tarde. Mientras caminaba por el túnel, no hizo ningún ruido. Se había quitado los zapatos porque se le habían empapado y después olvidó dónde los había dejado.
Era un cable vivo, le quemaba un rugido del que no podía deshacerse no importaba lo agotado que estuviera o cuantas pesas levantara o cuanto corriera. En este punto, ni siquiera era de consideración, que no podía imaginarse teniendo sexo con cien mujeres diferentes ya que no lo rebajaría.
No tenía ninguna escapatoria, pero tenía que dirigirse a Mary. Temía decirle que había sido condenado hacía un siglo y no tenía ninguna idea de cómo explicarle que la bestia quería tener sexo con ella. Pero ella tenía que saber por qué se había mantenido alejado.
Se preparó y abrió la puerta del dormitorio. Ella no estaba allí.
Fue abajo y se encontró con Fritz en la cocina.
-¿Has visto a Mary? – Le preguntó, haciendo todo lo posible por mantener el nivel de su voz.
-Sí, señor. Ha salido.
A Rhage se le heló la sangre. - ¿A dónde iba?
-Ella no lo dijo.
-¿Se llevó algo con ella? ¿El bolso? ¿Una bolsa de viaje?
-Un libro. Un bollo. Una parka.
Fuera. Rhage corrió por el túnel subterráneo y estuvo en el Pit en medio minuto. Golpeó sobre la puerta.
Vishous se tomó su maldito  tiempo para contestar,  iba vestido con unos boxer cortos y fijó la cabeza cuando  dijo. –Qué el….
-Mary ha salido de la casa. Sola. Necesito encontrarla.
V se frotó los ojos y lo miró intentando concentrarse. Fue hacia su ordenador, viendo cada imagen del exterior que tenía, y la encontró sentada  al sol en la puerta de la calle de la mansión. Era astuta. Si algo le pasara, sería capaz de entrar en el vestíbulo en un momento.
Rhage suspiró. -¿Cómo haces para que esta cosa se mueva acercándose más?
-Uso el zoom con el botón de la derecha del ratón.
Rhage centró la imagen. Ella estaba alimentando a un par de gorriones, lanzándoles trocitos del bollo. Cada vez que levantaba la cabeza, miraba a su alrededor. La sonrisa confidencial en su cara, solo una leve elevación de sus labios.
Él tocó la pantalla, acariciando su cara con las yemas de sus dedos. –Sabes, te equivocaste, mi hermano.
-¿Lo hice?
-Ella es mi destino.
-¿Dije que no lo fuera?
Rhage lo miró sobre todo el equipo del ordenador, concentrándose en el ojo tatuado de V. –No soy su primer amante. Me dijiste que mi destino era una virgen. Por lo cual te has equivocado.
-Nunca me equivoco.
Rhage frunció el ceño, rechazando de primera mano la idea de que alguna otra mujer significaría o tomaría el lugar de Mary en su corazón.
Hombre, que se joda el destino si iba a intentar  que amara a alguien más. Y al diablo con los pronósticos de V.
-Debe de ser agradable saberlo todo. –Refunfuñó él. –O al menos pensar que lo sabes.
Mientras se giraba para dirigirse al túnel, su brazo fue agarrado con fuerza.
Los diamantinos ojos de V, por lo general tan tranquilos, se habían estrechado y se había cabreado. –Cuando digo que no me equivoco, no lo hago por mi ego. Ver el futuro es una maldita maldición, mi hermano. ¿Crees que me gusta saber cuando se va a morir todo el mundo?
Rhage retrocedió y Vishous sonrió con frialdad. –Sí, cómetelo. Y luego comprende que la única cosa que no se es cuando, por lo que  no os puedo salvar a ninguno. Ahora, ¿quieres decirme por qué debería fanfarronear sobre mi maldición?
-Oh, Dios….mi hermano. Lo siento…
V sopló su aliento. –De acuerdo. Mira, ¿por que no vas con tu mujer? Ha estado pensando en ti toda la tarde. No te ofendas, pero me canso de oír su en mi cabeza.


*****
Mary se recostó más contra las grandes puertas de cobre y acero y levantó la vista. En lo alto, el cielo era una extensión brillante azul, el aire seco y vigorizante después de la extraordinaria y temprana nevada de la noche anterior. Antes de que el sol se pusiera, quería caminar por las tierras, pero el calor que atravesaba su parka la volvía letárgica. O tal vez solo estaba agotada. No había sido capaz de dormir después de que Rhage abandonara la habitación, había pasado todo el día esperando que volviera.
No tenía ninguna idea de lo que había pasado anoche. No estaba segura de lo que había visto o que pensaba que lo había hecho. Por todos los santos, los tatuajes no se levantaban de la piel de nadie. Y no se movían. Al menos, no en su mundo.
Rhage no había sido la única razón de su insomnio. Era hora de averiguar lo que los doctores iban a hacerle. La cita con la Dra. Delia Croce era mañana y cuando hubiera terminado, sabría lo malos que iban a ser los tratamientos.
Dios….Quería hablar con Rhage sobre todo para lo que tendría que prepararse.
Cuando el sol bajó por debajo de la línea de los árboles, el frío se instaló en ella.
Se levantó, se estiró y luego pasó por el primer juego de puertas hacia el vestíbulo. Cuando se cerraron, ella mostró su cara hacia la cámara y el juego del interior se abrió.
Rhage estaba sentado en el suelo al lado de la entrada. Se levantó despacio. –Hola. He estado esperándote.
Ella sonrió torpemente, cambiando su libro hacia delante y hacia atrás entre sus manos. – Quería decirte dónde estaba. Pero te olvidaste del móvil cuando tú…
-Mary, escucha, sobre anoche….
-Espera, antes de comenzar con eso. –Ella le cogió la mano. Tomó una profunda respiración. –Mañana voy al hospital. Para la consulta de antes de los tratamientos.
Su ceño fruncido se volvió muy profundo, sus cejas se encontraban en medio de su frente. -¿Qué hospital?
-San Francis.
-A qué hora.
-Por la tarde.
-Quiero que alguien vaya contigo.
-¿Un doggen?
Él negó con la cabeza. –Butch. El poli es bueno con las armas y no quiero que vayas sin protección. Mira, ¿podemos ir arriba?
Ella asintió y él le tomó la mano, conduciéndola hasta el segundo piso. Cuando estuvieron en su dormitorio, é se paseaba sin cesar, mientras ella se sentó sobre la cama.
Cuando ellos hablaron de la cita con el doctor, resultó que la preparación de él era más bien la preparación de ella. Y luego se quedaron en silencio.
-Rhage, explícame qué pasó anoche. –Cuando él vaciló, ella le dijo. –Sea lo que sea, pasaremos por ello. Puedes decírmelo.
Él se paró. Afrontándola. –Soy peligroso.
Ella frunció el ceño. –No, no lo eres.
-¿Sabes lo que hay por toda mi espalda?
Con frialdad, ella pensó en el movimiento del tatuaje…
Espera, se dijo ella. Eso no había pasado. Él había respirado con fuerza o algo y por eso la cosa parecía que había cambiado de posición.
-Mary, es parte de mí. La bestia. Está dentro de mí. –Él se frotó el pecho y luego los brazos. Ahora los muslos. –Intento controlarlo lo mejor que puedo. Pero esto…no quiero hacerte daño. No se que hacer. Incluso ahora, cerca de ti, soy….Cristo, soy un lío de mierda.
Mientras tendía las manos que le temblaban, se veía totalmente atado.
-Parte de la razón por la que tengo que luchar es por que el combate me rebaja. -Dijo él. –Y también es lo de las mujeres. Las tomaba por que la liberación ayudaba a mantener a la bestia en el compartimento. Pero ahora no puedo tener sexo, estoy inestable. Es por lo que, anoche, casi lo perdí. Dos veces.
-Espera un…. ¿De qué estás hablando? Tú me tienes. Haz el amor conmigo.
-No puedo dejar que pase más. –Dijo él con los dientes apretados. – No puedo….tener sexo contigo nunca más.
Atontada, ella lo miró fijamente. –Eso significa, que ¿no estarás más conmigo? ¿Ninguna otra vez?
Él negó con la cabeza. –Nunca.
-¿Qué diablos? Tú me quieres. – Sus ojos se dirigieron al grueso bulto en sus pantalones. – puedo ver que estás duro. Puedo oler la necesidad que tienes por mí.
De repente sus ojos dejaron de parpadear y brillaron blancos.
-¿Por qué te cambian los ojos? –Susurró ella.
-Por que ello….está llegando.
Cuando ella se calló, él comenzó a respirar de una manera extraña. Dos embates adentro, una larga exhalación. Dos jadeos cortos, un suspiro  lento.
Luchó por agarrarse con fuerza a lo que le decía. Y fracasó, al menos en una parte. Debía significar que tenía una especie de alter ego incondicional, pensó ella.
-Mary, no puedo….estar contigo porque….cuando estoy contigo ello quiere salir. –Dos respiraciones rápidas. –Ello quiere….
-¿Qué, exactamente?
-Ello te quiere. – Él recostó alejándose de ella. –Mary, ello quiere…estar dentro de ti. ¿Entiendes lo que te digo? Mi otro lado quiere tomarte ….tengo que irme ahora.
-¡Espera! –Él se paró en la puerta. Sus ojos se encontraron. –Entonces permítele tenerme.
La boca de Rhage cayó abierta. -¿Estás loca?
No, no lo estaba. Habían tenido sexo con una desesperación que había lindado la violencia. Había sentido sus duros empujes. Si esa otra personalidad era resistente, calculaba que podría manejarla.
-Solo déjate ir. Está bien.
Dos jadeos cortos. Un largo suspiro. –Mary, no sabes…..que joder estás diciendo.
Trató de hacerle ver la luz de ello. -¿Qué vas ha hacer? ¿Comerme?
Cuando él solo la miró con aquellos ojos en blanco, ella se enfrió. Jesús, tal vez él tenía su punto.
Pero ella estaba definitivamente loca.
-Te ataremos. Dijo ella.
Él negó con la cabeza cuando tropezó con sus pies y se agarró al pomo de la puerta. –No quiero arriesgarme.
-¡Espera! ¿Sabes seguro lo que pasará?
-No. – Él se rascó el cuello y los hombros, tensos.
-¿Hay allí alguna posibilidad de que vayas a tener la liberación que necesites?
-Tal vez.
-Entonces lo intentaremos. Correré si….bueno, si algo extraño pasa. Rhage, déjame hacer esto por nosotros. Además, ¿cual es la alternativa? ¿Me mudo? ¿No volvemos a vernos el uno al otro? ¿Nunca tendremos sexo otra vez? Piensa, vamos, estás tan ansioso ahora mismo que estás a punto de salirte de tu piel.
El miedo inundó su cara, apretó la boca, ensanchó los ojos. La vergüenza le seguía los talones, un sufrimiento que le retorcía los intestinos que hizo que ella atravesara la habitación. Le tomó las manos, sintiendo la sacudida.
-Odio verte así, Rhage. –Cuando él comenzó a hablar, ella lo cortó. –Mira, sabes con lo que tratamos. Yo no. Haz lo que tengas que hacer para asegurarte y vamos a….ver que pasa.
Él apartó la mirada de ella. Ella quería presionarlo, pero tenía el presentimiento de que solo lo empujaría en dirección contraria.
-Déjame ir a hablar con V. -Dijo finalmente.
-Cadenas.- Repitió Rhage, mientras estaba de pie en medio de la habitación del Pit.
V lo miró por encima de la pantalla de su ordenador. -¿De qué clase?
-Como las que utilizarías para remolcar un coche.
Butch salió de la cocina, una Bud en su mano, en la otra un bocadillo. –Hey, gran hombre. ¿Qué pasa?
-Quiero que los dos me encadenéis a la cama.
-Estrambótico.
-¿Entonces tenemos algo que podamos usar, V?
Vishous se colocó de nuevo su gorra de los Sox. –El garaje. Creo que hay algunas en el garaje. Pero Rhage, hombre, ¿en qué estás pensando?
-Necesito….estar con Mary. Pero no quiero sufrir el…-Él se paró. Exhaló. –Tengo miedo del cambio. Demasiado jugo.
Los pálidos ojos de V se estrecharon. –Y has dejado a las otras mujeres, ¿verdad?
Rhage asintió. –Solo quiero a Mary. No podría ponerme duro con nadie más en este punto.
-Ah, mierda, hombre.- Dijo Vishous por debajo de su respiración.
-¿Por qué la monogamia es algo malo? – Preguntó Butch mientras se sentaba y abría como podía la lata de cerveza. –Pienso que es una maldita buena mujer la que conseguiste. Mary es buena gente.
V negó con la cabeza. -¿Recuerdas lo que viste en aquel claro, poli? ¿Te gustaría  eso cerca de la mujer que amas?
Butch dejó la Bud sin beber. Sus ojos recorrieron todo el cuerpo de Rhage.
-Vamos a necesitar un cargamento de acero. – Refunfuñó el humano.

Capítulo 44



O se estaba poniendo nervioso. La mujer no estaba totalmente consciente y ya habían pasado dieciocho horas. Aquellos dardos habían sido calibrados para un hombre, pero ella debería empezar a levantarse ahora.
Se preocupó por si le había causado una conmoción cerebral.
Dios, esto sería tal y como había sido. Él y Jennifer lucharían y después, se pondría nervioso antes de hacerle algún daño serio. Mientras la había lavado, se había cuidado de sus heridas, buscando fracturas cortes profundos. Y cuando estuvo seguro de que estaba bien, había hecho el amor con ella incluso si aun no estaba bien. Llegando mientras estaba encima de ella, el alivio le llegó hasta los talones al saber de que no había llevado las cosas demasiado lejos, siempre era la mejor clase de liberación.
Desearía poder hacer el amor con la mujer que había secuestrado.
O caminaba sobre el agujero donde estaba ella. Quitó la placa de red, encendiendo una linterna y enfocando la luz dentro. Ella estaba derrumbada sobre el suelo, parpadeando contra el tubo.
Quería sacarla. Sujetarla. Besarla y sentir su piel. Quería estar dentro de ella. Pero todos..
…los lessers eran impotentes. Omega, aquel bastardo, era un amo celoso.
O sustituyó la cubierta y merodeó a su alrededor, pensando en el día y la noche que había pasado con Omega y la depresión en que había entrado desde entonces. Gracioso-ahora que tenía a esa mujer, su mente se había despejado y un nuevo compromiso lo estimuló.
Sabía que la que estaba en el agujero no era Jennifer, pero la vampira era parecida a la que le habían arrancado y él no iba a ser exigente. Aceptaría el regalo que le habían entregado y lo guardaría bien.
Esta vez nadie se iba a llevar a su mujer. Nadie.

****
Con los postigos levantados durante la noche, Zsadist se bajó de la plataforma y caminó desnudo alrededor de la habitación en dónde se quedaba.
Lo qué había pasado la noche pasada con Bella que lo mataba. Quería ir en su busca y pedirle perdón, pero ¿cómo iba a hacerlo?
Lo siento salté como un animal. Y tú no me pones enfermo. De verdad.
Dios, era tan estúpido.
Cerró los ojos y recordó como se apoyó contra la pared de la ducha mientras ella le tendía la mano sobre su pecho desnudo. Sus dedos eran largos y elegantes, sin brillo en las uñas. Su toque había sido ligero, sospechaba. Ligero y tibio.
Deberían haberse mantenido juntos. Si la tenía, podría tener el conocimiento solo una vez de cómo un hombre libre  tenía ganas de tener la mano suave de una mujer sobre su piel. Cuando era un esclavo lo habían tocado demasiado a menudo y siempre contra su voluntad, pero libre…
Y esto no lo había cualquier mano. Habría sido la de Bella.
Su palma había aterrizado sobre su pecho, entre sus pectorales y tal vez ella lo habría acariciado un poquito. Le podría haber gustado esto, si ella hubiera ido despacio. Sí, cuanto más lo pensaba más podría tal vez gustarle….
Ah, ¿qué diablos estaba pensando? La capacidad de tolerar la intimidad de cualquier clase había sido violada hacía años. Y de todas formas, no tenía ningún negocio para  entretenidas fantasías de una mujer como Bella. No era digno ni de las enfadadas putas humanas de las que se obliga a alimentarse.
Zsadist abrió los ojos y se dejó de sandeces. La cosa más amble que podía hacer por Bella, el mejor modo de compensarla, era el de estar seguro de que nunca lo volvía a ver, incluso sin querer.
Aunque él la viera. Cada noche  visitaría su casa y se aseguraría de que estaba bien. Era un tiempo peligroso para los civiles y ella tenía que ser cuidada. Él se quedaría entre las sombras mientras lo hacía.
Pensar en protegerla lo aliviaba.
No podía confiar en sí mismo para estar con ella. Pero tenía fe absoluta en su capacidad para mantenerla segura, no importaba cuantos lessers tuviera que comerse vivos.


Capítulo 45




Mary iba de un lado para el otro en el balcón del segundo piso, solo fuera de la puerta del dormitorio. No había sido capaz de mirar a Butch y a V cuando fueron a trabajar con aquellas cadenas. Y era difícil  saber si los dos sabían si estaban preparado a Rhage para  tener sexo con ella era por  juegos eróticos como el infierno o francamente asustadizos.
La puerta se abrió.
Los ojos de Butch miraron por los alrededores, no encontrándose con los suyos. –Él está listo.
Vishous salió encendiendo un cigarrillo hecho a mano. Tomó una profunda calada. –Estaremos aquí en el pasillo. En caso de que nos necesites.
Su primer instinto fue decirles que se marcharan. ¿Cuán espeluznante era lo que habían acordado  hacer que tenían que estar fuera,  mientras ella y Rhage tenían sexo? Privacidad, después de todo, era un estado de ánimo así como un lugar aislado, íntimo.
Pero entonces pensó en la cantidad de acero con el que ellos habían entrado allí. Aquella carga de duro material no había sido en absoluto lo que había esperado. Alguna cuerda, tal vez, esposas. Pero no la clase de material que levantaría un motor del suelo.
-¿Estáis seguros de que tenéis que esperar? –Dijo ella.
Ambos asintieron.
-Confía en nosotros sobre esto. –Refunfuñó Butch.
Mary entró en la habitación y cerró la puerta. Las velas encendidas rodeaban la cama y Rhage estaba desnudo sobre el colchón, sus brazos amarrados sobre su cabeza, sus largas piernas estaban estiradas. Las cadenas estaban alrededor de sus muñecas y tobillos quedando enroscadas alrededor de los pesados apoyos de roble de la cama.
Rhage levantó la cabeza, los azules ojos perforándola en la oscuridad. -¿Estás segura sobre esto?
En realidad, no, no lo estaba. –Pareces incómodo.
-No es muy malo. –Su cabeza se echó hacia atrás. –Aunque estoy contento de que sean postes de la cama y no caballos marchando en cuatro direcciones diferentes.
Miró su colosal cuerpo, tumbado para ella como una especie de sacrificio sexual.
Santo….Moisés. ¿Esto era real? Estaba yendo a…
Para, se dijo. No lo mantengas allí más de lo tienes que hacer. Y una vez que esto haya terminado y él se encuentre bien, no tendrás que volverlo a hacer.
Mary se liberó de sus zapatos con una patada, se quitó el jersey de cuello alto por la cabeza y se desnudó quitándose los vaqueros.
La cabeza de Rhage se elevó otra vez. Cuando se quitó el sujetador y las bragas, su sexo se movió. Alargándose. Vio como se transformaba para ella, endureciéndose, hinchándose, creciendo. La excitación le trajo rubor a la cara y una capa de sudor a toda su piel, sin vello.
-Mary….-Sus pupilas se volvieron blancas y comenzó a ronronear, moviendo sus caderas. La erección se movió creciendo hacia su estómago, la cabeza alcanzando su ombligo y algo más. Con una prisa repentina, sus antebrazos se dispararon y tiraron de las ataduras. Las cadenas repiquetearon, cambiando de posición.
-¿Estás bien? –Dijo ella.
-Oh, Dios, Mary. Estoy….tenemos hambre. Estamos….sedientos de ti.
Apuntalando su coraje, ella se acercó a la cama. Se inclinó y lo besó en la boca, entonces se puso sobre el colchón. Levantada sobre él.
Cuando se sentó a horcajadas sobre sus caderas, él se movió ondulándose bajo ella.
Tomándolo con su mano, ella intentó introducirlo en su interior. No pudo hacerlo al primer intento. Era demasiado grande, ella no estaba lista y le dolía. Lo volvió a estirar e hizo una mueca.
-No estás preparada para mí. –Dijo Rhage, arqueándose cuando ella puso su cabeza contra su centro una vez más. Él hizo algo salvaje, tarareando un sonido.
-Está bien, permíteme solo…
-Ven aquí. – Cuando habló su voz había cambiado. Profunda. –Bésame, Mary.
Ella se inclinó sobre su pecho y tomó su boca, intentando conectar. Pero no funcionaba.
Él rompió el contacto, como si sintiera la carencia de su excitación.
-Sube más alto sobre mí. –Las cadenas se movieron, el sonido metálico casi como un repicar de campanas. –Dame tu pecho. Llévalo a mi boca.
Ella trémulamente subió y puso el pezón en sus labios. Al instante sintió un apacible chupar, su cuerpo respondió. Cerró los ojos, aliviada cuando el calor la inundó.
Rhage pareció reconocer el cambio en ella, por el sonido de ronroneo que emitió creció más fuerte, un hermoso ruido en el aire. Cuando la acarició con los labios, su cuerpo hizo una gran ondulación bajo su cuerpo, ascendió su pecho, luego su cuello y su cabeza arqueándose atrás. El sudor apareció de nuevo sobre su piel, el olor de su necesidad de rellenar el aire con su especia.
-Mary, permíteme probarte. – Su voz era ahora tan baja que casi se deformaban sus palabras. – Tu dulzor. Entre tus piernas. Déjame probarte.
Ella lo miró y dos brillantes orbes blancas la estaban mirando. Había una calidad hipnótica en ellos, una persuasión erótica que no podía negar, aun cuando sabía que no solo estaba con Rhage.
Avanzó lentamente sobre su cuerpo, parando cuando estuvo en su pecho. La intimidad era de algún modo chocante, sobre todo con él atado.
-Más cerca, Mary. – Incluso en el modo en que le dijo su nombre no era el mismo. –Acércate más a mi boca.
Se movió torpemente, intentando acomodarse sobre la posición en que estaba. Terminó con una rodilla sobre su pecho y otra sobre su hombro. Él estiró el cuello y giró su cabeza, elevándose para encontrar su carne, capturándola con sus labios.
Su gemido vibró sobre su centro, ella apoyó una mano sobre la pared. El placer le robó las inhibiciones completamente, dándole un servicio al sexo cuando lo lamió y chupó. Cuando su cuerpo respondió con una rápida humedad, se escuchó un sonido agudo seguido de un gemido cuando las cadenas fueron estiradas con fuerza y la madera del marco de la cama protestó. Los grandes brazos de Rhage se estiraron contra sus ataduras, sus músculos rígidos, sus dedos extendiéndose ampliamente y estirándose en forma parecida a una garra.
-Aquí.-Dijo él entre sus piernas. –Puedo sentir como llega…
Su voz se hundió y desapareció con un gruñido.
Llegó rápidamente su liberación y ella cayó, hundiéndose sobre la cama, su pierna se arrastraba a través de su cara antes de caer, en su cuello se encontraba su tobillo. En cuanto disminuyeron las pulsaciones, ella lo miró. Sus ojos blancos sin parpadear  eran amplios por el asombro y el temor. Estaba cautivado por ella mientras se encontraba allí, aspirando aquel modelo que lo golpeaba seguido de una larga liberación.
-Tómame ahora, Mary. –Las palabras eran profundas, alabándola. No era Rhage.
Pero ella no se sintió asustada o como si lo estuviera traicionando.
Independientemente de cómo había llegado a él, esto no era malévolo y no le era completamente desconocido. Había sentido a esta cosa….siempre y sabía que no tenía por qué estar asustada. Y cuando ella se encontró con sus ojos, era como si hubiera estado en la sala de billar, una presencia apartada que la miraba, pero que era Rhage absolutamente igual.
Ella se movió hacia abajo y lo llevó hasta dentro de su cuerpo, encajándolo perfectamente. Sus caderas se elevaron y otro grito salió de su garganta cuando él comenzó a empujar. Los empujes entraron y salieron de ella, una deliciosa caída que crecía con fuerza. Para impedir salirse, se colocó a gatas e intentó quedarse estable.
El sonido de lamento se hizo más fuerte como si fuera un salvaje, pegando con las manos sus caderas contra ella, temblando por todas partes. La urgencia creció y creció, edificando, la llegada de una tormenta, golpeándolos. De repente él se dobló sobre el colchón, la cama chilló cuando sus brazos y piernas se contrajeron. Sus párpados se echaron hacia atrás y la blanca luz perforó la habitación, haciéndola tan brillante como si fuera mediodía. Profundamente dentro de ella sintió las contracciones en su punto culminante y las sensaciones comenzaron otro orgasmo para ella, llevándola al límite.
Ella cayó sobre su pecho cuando todo terminó y no se oyeron excepto para respirar, normalizándolas en su impar ritmo.
Levantó la cabeza y lo miró fijamente a la cara. Los ojos blancos la quemaban cuando se concentraron con adoración total.
-Mi Mary. –Dijo la voz.
Y luego una descarga eléctrica de bajo nivel fluyó por su cuerpo y cargó el aire. Cada luz que llegaba a la habitación, inundó el espacio iluminándolo. Ella jadeó y miró a su alrededor, pero la oleada desapareció tan rápidamente como había llegado. De esa manera, la energía se había ido. Ella miró hacia abajo.
Los ojos de Rhage volvían a ser normales otra vez, su habitual color azul brillante.
-¿Mary? –Dijo él con la voz aturdida, indistinta.
Ella tuvo que hacer varias respiraciones antes de hablar. – Has vuelto.
-Y tú estás bien. – Levantó sus brazos, doblando sus dedos. –No cambié.
-¿Qué significa el cambio?
-No lo hice…podía verte mientras estaba conmigo. Eras como una nebulosa, pero yo sabía que no te hacía daño. Esta es la primera vez que he recordado algo.
Ella no sabía que hacer con esto, pero vio que las cadenas estaban dejando su piel en carne viva. -¿Puedo dejarte ir?
-Sí. Por favor.
Poder desatarlo le costó algo de tiempo. Cuando él estuvo libre, se masajeó las muñecas y los tobillos y la miró con cuidado, como si asegurara así mismo que estaba bien.
Ella miró a su alrededor buscando ropa. –Más vele que les digamos a Butch y a V que estoy a salvo al dejarte libre.
-Lo haré. – Se acercó a la puerta del dormitorio y sacó la cabeza.
Cuando habló con los hombres, ella miró el tatuaje de su espalda. Podría haber jurado que le estaba sonriendo.
Dios, estaba loca. Realmente lo estaba.
Ella saltó sobre la cama y se tiró encima las mantas.
Rhage cerró la puerta y se apoyó en ella. Todavía estaba tenso, a pesar de la liberación que había tenido. –Después de todo esto…. ¿tienes miedo de mí?
-No.
-¿No tienes miedo….de ello?
Ella le tendió los brazos. –Ven aquí. Quiero abrazarte. Te ves como si hubieras tenido un caso de traqueteo.
Él se acercó a la cama despacio, como si no quisiera que ella se sintiera acechada o algo así. Ella le hizo señas con las manos, impulsándolo a que se apresurara.
Rhage se sentó al lado de ella, pero no la alcanzó.
Después del un latido del corazón ella fue hacia él, colocando su cuerpo alrededor del suyo, poniendo sus manos sobre él. Cuando ella lo acarició contra su lado, pasando sobre el borde de la cola del dragón, Rhage se estremeció y se movió.
Él no la quería en ninguna parte cerca del tatuaje, pensó ella.
-Date la vuelta. -Dijo ella. –Sobre tu estómago.
Cuando él negó con la cabeza, ella le empujó los hombros. Parecía como su fuera a mover un piano de cola.
-Date la vuelta, maldita sea. Vamos, Rhage.
Hacerlo no le hizo ninguna gracia en absoluto, maldiciendo y arrojándose sobre su vientre.
Pasó sus manos sobre la espina dorsal, directamente sobre el dragón.
Los músculos de Rhage se tensaron de forma arbitraria. No, no arbitraria. Eran las partes de su cuerpo que  correspondían a dónde ella tocaba el tatuaje.
Qué extraordinario.
Ella acarició su espalda un poco más, sintiendo como la tinta se elevaba bajo su palma como un gato.
-¿Alguna vez querrás volver a estar conmigo? –Dijo Rhage rígidamente. Giró entonces su cara para poder verla. Pero no le alcanzaba la vista.
Ella se retrasó sobre la boca de la bestia, dibujando la línea de sus labios con la yema de su dedo. El propio Rhage se paró como si sintiera su toque.
-¿Por qué no iba a querer estar contigo?
-Es un poco extraño ¿verdad?
Ella se rió. -¿Extraño? Duermo en una mansión llena de vampiros. Me he enamorado de uno…
Mary se paró. Oh, Dios. ¿Qué acababa de salirle de la boca?
Rhage separó su torso de la cama, torciendo su pecho para poder mirarla. -¿Qué es lo que has dicho?
Ella no había pensado en que pudiera pasar, pensó. Caer o decirlo.
Pero no se echaría atrás.
-No estoy segura. –Murmuró ella, recibiendo la fuerza bruta de la bestia de sus hombros y brazos. – Pero pienso que era algo que estaba en las líneas de te amo. Si, era eso. Yo, ah, te amo.
Ahora, esto era poco convincente. Ella podría hacer un infierno mucho mejor.
Mary le enmarcó la cara, plantando un buen beso con fuerza sobre su boca y lo miró directamente a los ojos.
-Te amo, Rhage. Te amo ferozmente.
Aquellos pesados brazos la abrazaron y él enterró su cabeza en su cuello. –No pensaba que lo hicieras alguna vez.
-¿Soy tan testaruda?
-No. Soy indigno.
Mary se apartó y lo miró airadamente. –No quiero oírte decir eso otra vez. Eres lo mejor que nunca me ha pasado.
-¿Incluso con la bestia?
¿La bestia? Seguramente había sentido que había algo más en él. ¿Pero una bestia? De todos modos Rhage se veía preocupado, le complacía.
-Sí, hasta con él también. ¿Podemos hacerlo la próxima vez sin la parte metálica? Estoy segura de que no me harás daño.
-Sí, creo que podemos dejar lo de las cadenas.
Mary lo instó a que echara hacia atrás el cuello y se encontró mirando a la imagen de la Madre  y al Niño a través de la habitación.
-Eres el milagro más extraño. –Susurró ella, mirando la imagen.
-¿Qué? –Dijo él sobre su garganta.
-Nada. – Ella besó la coronilla de la rubia cabeza y miró fijamente a la Virgen.

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