domingo, 15 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 49 50 51

Capítulo 49



Rhage corrió hacia la casa, quitándose de encima su trinchera mientras pasaba por el vestíbulo y subía por las escaleras. Dentro de la habitación se quitó el reloj y se puso una camisa y unos pantalones de seda blanca. Después cogió una caja laqueada del estante superior del armario, fue al centro del dormitorio y se puso de rodillas. Abrió la caja, sacó un collar de perlas negras de mármol y se lo puso al cuello.
Se sentó sobre sus talones, poniendo las palmas sobre sus muslos y cerró los ojos.
Reduciendo la velocidad de su respiración, se arrellanó en el lugar hasta que sus huesos, no sus músculos, lo sostuvieron en el lugar. Barrió su mente despejándola todo lo mejor que pudo y luego esperó, pidiendo ser recibido por la única cosa que podría salvar a Mary.
Las perlas se calentaron sobre su piel.
Cuando abrió los ojos se encontró en un brillante patio de mármol blanco. La fuente aquí funcionaba maravillosamente, el agua brillaba, la espumosa agua se elevaba sobre el aire y bajaba sobre el cuenco.  Un árbol blanco con flores blancas estaba en una esquina, los pájaros cantores trinaban sobre las ramas las únicas  salpicaduras de color en el lugar.
-A qué debo este placer. –Le dijo la Scribe Virgin. –Seguramente no has venido por tu bestia. Te queda bastante tiempo con ello, según recuerdo.
Rhage permaneció arrodillado, su cabeza inclinada, su lengua atada. No sabía como empezar.
-Semejante silencio.-Murmuró la Scribe Virgin. –Es inusual en ti.
-Desearía escoger mis palabras con cuidado.
-Sabio, guerrero. Muy sabio. Considerando para lo que has venido aquí.
-¿Lo sabe?
-No preguntes. –Reaccionó ella. -Realmente, me canso de tener la necesidad de recordar a la Hermandad esto. Quizás cuando vuelvas les recordarás esta etiqueta a los demás.
-Mis disculpas.
El borde de su traje negro entró en su campo de visión. –Levanta tu cabeza, guerrero. Mírame.
Él suspiró y obedeció.
-Sufres gran dolor.-Dijo ella suavemente. –Puedo sentir tu carga.
-Mi corazón sangra.
-Por esa mujer humana tuya.
Él asintió. –Le pediría que la salvara, si esto no la ofende.
La Scribe Virgin se dio la vuelta distanciándose. Ella flotó sobre el mármol, dando una lenta vuelta al patio.
Él no tenía ni idea de lo que estaba pensando. O si ella estaba considerando lo que le había pedido. Pero todo lo que  sabía era que estaba haciendo algo de ejercicio. O caminaba alejándose de él.
-Porque no lo haría, guerrero- Dijo ella mientras le leía la mente. –A pesar de nuestras diferencias, yo no te abandonaría de esta manera. Dime una cosa ¿qué si salvo a tu mujer y no te libro nunca de la bestia? Dejarla vivir significa que deberás permanecer con tu maldición hasta que vayas al Fade.
-Yo felizmente lo mantendría en mi interior.
-Lo odias.
-La amo.
-Bien, bien. Evidentemente lo haces.
Con la esperanza encendida en su pecho. Tenía en la punta de la lengua preguntarle si habían llegado a un trato, si Mary viviría ahora. Pero no iba arriesgar el resto de la negociación jorobando a la Scribe Virgin con otra pregunta.
Ella suavizó su camino hacia él. –Has cambiado un poco desde que mantuvimos aquella reunión privada en el bosque. Y creo que es la única cosa desinteresada que nunca has hecho.
Él exhaló, un dulce alivio cantó por sus venas. –No hay nada que no hiciera por ella, nada que no sacrificara.
-Afortunado para ti, en cierto modo. Murmuró la Scribe Virgin. –Por que además de mantener a la bestia dentro de ti, requiero que dejes a tu Mary.
Rhage se sacudió, convencido de que no había escuchado correctamente.
-Sí, guerrero. Has entendido perfectamente.
Una frialdad mortal lo atravesó, robándole el aliento.
-Aquí esta lo que te ofrezco. –Le dijo ella. –Puedo apartarla de su destino, arreglándolo todo y sanándola. Ella no envejecerá, nunca enfermará, decidirá cuando quiere ir al Fade. Y le daré la opción para aceptar el regalo. Sin embargo, cuando le presente la oferta, ella no te reconocerá y si ella asiente, tú y tu mundo serán desconocidos para ella. De la misma manera, nadie que la haya conocido la reconocerá, ni siquiera los lessers. Tú serás el único que la recordará. Y si alguna vez te acercas a ella, morirá. Inmediatamente.
Rhage se balanceó y cayó hacia delante, apoyándose sobre sus manos. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera exprimir cualquier palabra de su garganta.
-Realmente me odia.
Una suave descarga lo atravesó y comprendió que la Scribe Virgin le había tocado el hombro.
-No, guerrero. Te amo, mi niño. El castigo de la bestia debía enseñarte el control, aprender cuales eran tus límites, enfocar hacia adentro.
Él levantó la mirada, no preocupado por lo que ella vería en ellos: odio, dolor, el impulso de repartir golpes a diestro y siniestro.
Su voz tembló. –Me quita la vida.
-Ese es el punto. – Dijo ella en un tono extremadamente apacible. –Esto es el yin y el yang, guerrero. Tu vida, metafóricamente, por la suya, de hecho. El equilibrio debe ser mantenido, los sacrificios deben ser hechos si se dan como regalos. Si debo salvar  a la humana por ti, debe de haber una profunda promesa por tu parte. Yin y yang.
Puso su cabeza hacia abajo.
Y gritó. Gritó hasta que la sangre se precipitó por su cara y picó. Hasta que sus ojos se hincharon y casi se le salieron de las órbitas. Hasta que su voz se quebró y se desvaneció.
Cuando terminó, enfocó sus ojos. La Scribe Virgin estaba arrodillada ante él, sus ropas desparramadas por todas partes, un fondo negro sobre el mármol blanco.
-Guerrero, yo te ahorraría esto si pudiera.
Dios, casi la creyó. Su voz era tan falsa.
-Hágalo. –Dijo él bruscamente. –Déle la opción. Yo prefiero que ella viva mucho tiempo y felizmente sin saber que moriría ahora.
-Así sea.
-Pero le pido…..que me permita despedirme. Un último adiós.
La Scribe Virgin negó con la cabeza.
El dolor lo rasgó, cortándolo de tal manera que no le extrañaría encontrar que su cuerpo estaba sangrando.
-Le pido…
-Esto es ahora o nunca.
Rhage se estremeció. Cerró los ojos. Sintió la muerte llegar tan segura como si su corazón hubiera dejado de bombear.
-Entonces es ahora. –Susurró él.

Capítulo 50



La primera parada que hizo Butch cuando llegó del hospital fue el estudio de la mansión. No sabía por qué Rhage lo había llamado y le había hecho dejar la habitación de Mary. Su primer impulso había sido discutir con el hermano, pero el sonido de la voz del tipo había sido extraño, por lo que la había dejado sola.
La Hermandad esperaba en la habitación de Wrath, todos severos y concentrados. Y lo estaban esperando. Cuando Butch los miró a todos, se sintió como si estuviera a punto de presentar un informe al departamento y después de los meses de estar sentado sobre su culo, era bueno regresar al trabajo.
Aunque maldita fuera, lamentaba que fueran necesarias sus habilidades.
-¿Dónde está Rhage? –Preguntó Wrath- Que alguien vaya a buscarlo.
Phury desapareció. Cuando regresó dejó la puerta abierta. –El hombre está en la ducha. Después acudirá.
Wrath miró a través de su escritorio a Butch -¿Qué es lo que sabemos?
-No mucho, aunque anima una cosa. Se llevaron algunas ropas de Bella. Era del tipo aseado, solo pude encontrar vaqueros y camisones, no la clase de material que podría haberse llevado a la tintorería o así. Esto me da la esperanza de que puedan mantenerla con vida algún tiempo. – Butch escuchó como se cerraba la puerta detrás de él y pensó en que Rhage había entrado.
-De todos modos, en ambos lugares, el de Bella y el de Mary, eran bonitos y limpios, aunque efectúe un barrido ….
Butch comprendió que nadie lo estaba escuchando, Se giró.
Un fantasma caminaba por la habitación. Un fantasma que se parecía mucho a Rhage.
El hermano iba vestido de blanco y tenía una especie de bufanda alrededor de su garganta. Tenía colgando algo blanco de ambas muñecas también.  Todos los puntos de haberse tragado algo, pesó Butch.
-¿Cuándo se reunirá ella con el Fade? –Le preguntó Wrath.
Rhage solo sacudió la cabeza y se acercó a una de las ventanas. Miró fijamente a través de ella aún cuando las persianas estaban bajadas y no podía ver nada.
Butch se quedó perplejo porque la muerte  había llegado tan rápida, no sabía si seguir o no. Echó un vistazo a Wrath, quien negó con la cabeza y se puso de pie.
-¿Rhage? ¿Mi hermano? ¿Qué podemos hacer por ti?
Rhage lo miró por encima del hombro. Miró fijamente a cada uno de los hombres de la sala, terminando sobre Wrath. –No puedo salir esta noche.
-Desde luego que no. Y nos quedaremos contigo y compartiremos tu aflicción.
-No.-Dijo Rhage bruscamente. –Bella está ahí fuera. Encontradla. No permitáis que….se vaya.
-¿Pero habrá alguna cosa que podamos hacer por ti?
-No puedo….. encuentro que no puedo concentrarme. De verdad que no puedo…..-Los ojos de Rhage fueron a la deriva hacia Zsadist. -¿Cómo vives con ello? Toda esa cólera. El dolor. El…
Z se movió inquietamente y miró fijamente al suelo.
Rhage se puso de espaldas al grupo.
El silencio en la habitación se alargó.
Y luego con un caminar lento y vacilante, Zsadist se acercó a Rhage.  Cuando se encontró de pie al lado de su hermano, no dijo ni una palabra, no levantó una mano, no dijo nada. Solo cruzó los brazos sobre su pecho y apoyó su hombro junto al de Rhage.
Rhage se movió como si se sorprendiera. Los dos hombres se miraron el uno al otro. Y luego ambos se volvieron para mirar fijamente la oscurecida ventana.
-Continua. –Ordenó Rhage con una voz mortal.
Wrath regresó otra vez al escritorio.  Butch comenzó a hablar otra vez.

*****
A las ocho de aquella noche, Zsadist terminó en casa de Bella.
Vertió el último balde de agua jabonosa en el fregadero y luego puso el balde y la fregona en el armario de al lado de la puerta del garaje.
Su casa estaba limpia ahora y todo estaba donde tenía que estar. Cuando ella regresara a casa, todo tenía que verse como siempre.
Tocó la pequeña cadena de pequeños diamantes que llevaba alrededor de su garganta. La había encontrado la noche anterior en el suelo y después de ver que tenía un eslabón roto lo arregló. Apenas le rodeaba su cuello.
Exploró la cocina un rato más y luego bajó la escalera que llevaba a su dormitorio. Había doblado de nuevo la ropa muy bien. Colocó los cajones del aparador a su lugar otra vez. Alineó las botellas de perfume sobre la cómoda. Pasó la aspiradora sobre el lugar.
Abrió el armario y tocó las blusas, los jerséis y los vestidos. Se apoyó y aspiró su olor profundamente. Podía olerla y el olor hizo que le quemara el pecho.
Aquellos bastardos de mierda iban a sangrar por ella. Iba a desgarrarlos con sus manos desnudas hasta que su negra sangre cayera  como una cascada.
Con la venganza palpitando en sus venas, se acercó a la cama y se sentó. Moviéndose despacio, como si pudiera romperse el marco y se echó, recostando su cabeza sobre las almohadas. Había una libreta de espiral sobre el edredón y lo recogió. Sus páginas llenas de letras.
Era analfabeto, por lo que no podía entender las palabras, pero estaban maravillosamente compuestas, su caligrafía curva era un modelo encantador sobre el papel.
En una página aleatoria, atrapó una palabra que sí podía leer.
Zsadist.
Ella había escrito su nombre. Hojeó el diario, mirándolo estrechamente. Había escrito su nombre varias veces recientemente. Se abatió cuando se imaginó el contenido.
Cerrando la libreta, la devolvió al lugar exacto dónde la había encontrado. Entonces miró a su derecha. Había una cinta del pelo sobre el soporte de la cama, como si ella se la hubiera quitado antes de meterse a la cama. La recogió y enrolló el negro satén en sus dedos.
Butch apareció en la base de la escalera.
Z salió disparado de la cama como si lo hubieran cogido haciendo algo malo. Lo que, desde luego, había hecho. No debería haber estado por la zona privada de Bella.
Pero al menos Butch no parecía más cómodo de lo que había estado en la reunión.
-¿Qué diablos estás haciendo aquí, poli?
-Quería ver la escena otra vez. Pero veo que eres práctico con una toalla de papel.
Zsadist lo fulminó con la mirada a través de la habitación. -¿Por qué te preocupas por todo esto? ¿Qué significa el rapto de una de nuestras mujeres para ti?
-Me importa.
-Es nuestro mundo. No el tuyo.
El poli frunció el ceño. –Perdóname, Z, pero dada tu reputación, qué es todo esto para ti.
-Solo estoy haciendo mi trabajo.
-Sí, de acuerdo. ¿Entonces que estabas haciendo ahora en la cama? ¿Por qué te pasas horas limpiando su casa? ¿Y por qué aprietas tanto la cinta que hace que se te pongan los nudillos blancos?
Z miró su mano y despacio liberó el apretón. Entonces miró al humano fijamente.
-No me jodas, poli. No te gustará lo que te contestaré.
Butch maldijo. –Mira, solo quiero ayudar a encontrarla, Z. Tengo….esto significa algo para mí, ¿vale? No me gusta la violencia con las mujeres. Tengo una historia repugnante personal con esta clase de mierda.
Zsadist metió la tira de satén en su bolsillo y rodeó al humano, acercándose a él. Butch se puso en posición de defensa, esperando que lo atacara.
Z se paró mortalmente delante del tipo.- Los lessers probablemente la hayan matado ya, ¿verdad?
-Tal vez.
-Probablemente.
Z se apoyó hacia delante y suspiró. No podía oler ningún miedo saliendo del humano aún cuando su gran cuerpo estuviera tenso y listo para luchar. Eso era bueno. El poli iba a necesitar pelotas si realmente quería jugar en el infernal cajón de arena de la Hermandad.
-Dime una cosa. –Refunfuñó Z. -¿Me ayudarás a matar a los lessers que se la llevaron? ¿Tienes estómago para ello, poli? Por que….voy a hacerlo, estoy loco por ello.
Los ojos color avellana de Butch se estrecharon. –Ellos toman de ti, ellos toman de mí.
-No soy nada tuyo.
-Estás equivocado en eso. La hermandad ha sido buena conmigo y soy fiel a mis muchachos, ¿me entiendes?
Z midió al hombre. El aura que Butch desprendía era todo negocio familiar. Bajo-la-sangre del negocio familiar.
-No tengo gratitud. -Dijo Z.
-Lo se.
Z se reforzó y extendió la mano. Sintió la necesidad de sellar un pacto entre ellos, aún cuando fuera a odiar la sensación. Por suerte,  el apretón del humano fue apacible. Pero sabía como podía manejar Z la fuerza de contacto.
-Vamos juntos tras ellos. –El poli dijo mientras dejaba caer los brazos.
Z asintió con la cabeza. Y los dos se encaminaron hacia arriba.

Capítulo 51



Mary saludó con la mano cuando el gran Mercedes paró en frente del hospital. Ella corrió de tal manera que Fritz solo pudo salir por la puerta del conductor cuando ella se metió en el coche.
-¡Gracias, Fritz! Escucha, he llamado a Rhage seis veces al móvil y no me ha contestado. ¿está todo bien?
-Todo está bien. Vi al señor esta tarde.
Sonrió rápidamente al doggen. -!Bueno! y como son las ocho, todavía es temprano para que haya salido.
Fritz puso el coche en marcha y con cuidado sorteó el tráfico. –Hay algo que necesite….
Ella extendió las manos a través del asiento, abrazó al anciano y lo besó en la mejilla. –Llévame rápido a casa, Fritz. Más rápido de lo que nunca lo hayas hecho. Rompe cada ley de tráfico.
-¿Señora?
-Ya me has oído. !Todo lo rápido que puedas!
Fritz se puso nervioso por la atención, pero se recuperó rápidamente y apretó el pedal del acelerador.
Mary se colocó el cinturón de seguridad y bajó rápidamente la visera y se miró en el pequeño espejo alumbrado. Sus manos temblaban cuando las puso sobre sus mejillas y sonrisas tontas se le escaparon de la boca, sobre todo cuando el coche se precipitó por una esquina y ella fue lanzada contra la puerta.
Cuando las sirenas sonaron, se rió con más fuerza.
-Lo siento, señora. –El doggen le echó una mirada. –Pero debo evitar a la policía y esto se puede poner algo movido.
-Cierra las puertas, Fritz.
El doggen tiró de algo y todas las luces desaparecieron y fuera no se distinguía el coche. Entonces el Mercedes soltó un rugido que le recordó el paseo en el GTO con Rhage por las montañas.
Bien, pero entonces habían llevado las luces prendidas.
Ella se agarró a la correa del cinturón de seguridad y gritó con el alboroto del chillar de los neumáticos. -¡Dime que tienes una vista nocturna perfecta o algo así!.
Fritz le sonrió con clama, como si solamente estuvieran charlando en la cocina. –Ah, sí, señora. Perfecta.
Con una sacudida hacia la izquierda giró alrededor de un mini-camión y luego entró en callejón. Frenando de golpe para evitar atropellar a un peatón, apretó el acelerador cuando tuvo el camino despejado en la estrecha calle. Saliendo deprisa por otro lado, cortó a un taxi, esquivó un autobús. Incluso lo hizo con un SUV del tamaño del QE II pensándoselo dos veces antes de adelantarlo.
El viejo tipo era un artista detrás del volante.
De acuerdo, un artista en un  Jackson Pollock de camino, pero asombroso sin embargo.
Y luego aparcó rápidamente. Directamente en la puerta de la residencia. Justo como eso.
El coro de sirenas se hizo tan ruidoso que ella tuvo que gritar. –Fritz, ellos van a…
Dos coches de policía se acercaban rápidamente a ellos.
-Un momento más, señora.
Otro coche de polis voló al final de la calle.
Fritz redujo y continuó con paso enérgico.
-Agradable truco, Fritz.
-Sin que se ofenda, madam, pero las mentes humanas son fácilmente manipulables.
Mientras iban deprisa, ella se rió y jugó con los dedos sobre el reposabrazos. El viaje parecía eterno.
Cuando divisaron el primer juego de puertas dobles, ella prácticamente vibraba, muy excitada. Y en el momento en que aparcaron delante de la casa, salió del coche, sin molestarse en cerrar la puerta.
-¡Gracias, Fritz! –Le dijo sobre su hombro.
-¡De nada señora! –Le gritó desde atrás.
Ella atravesó el vestíbulo y saltó rápidamente por la magnífica escalera. Cuando giró arriba, corría mortalmente, su bolso se balanceaba golpeó una lámpara. Volvió hacia atrás y cogió la cosa antes de que se estrellara.
Reía a carcajadas cuando entró en el dormitorio….
Mary se paró de golpe.
En el centro de la habitación se encontraba Rhage desnudo y arrodillado en una especie de trance sobre una especie de losa negra. Tenía algo blanco atado en el cuello y en las muñecas. Y había sangre goteando sobre la manta, auque no podía ver de dónde provenía.
Su cara se veía como si hubiera envejecido décadas desde la última vez que lo había visto.
-¿Rhage?
Sus ojos se abrieron despacio. Eran opacos, atontados. Parpedeó Mirándola y frunció el ceño.
-¿Rhage? ¿Rhage, qué pasa?
Su voz pareció llamar su atención.
-Qué estás…-Él se paró. Sacudió la cabeza como si intentara aclararse la vista. -¿Qué estás haciendo aquí?
-¡Estoy curada! ¡Es un milagro!
Cuando ella fue corriendo, él saltó apartándose se su camino, sosteniendo sus manos y mirando en los alrededores desesperadamente. -¡Sal! ¡Ella te matará! ¡Te llevará de regreso! ¡Oh, Dios, aléjate de mí.
Mary se paró. -¿De qué estás hablando?
-!Aceptaste el regalo, verdad!
-¿Cómo haces…..como sabes de ese extraño sueño?
¡Tomaste el regalo!
Jesús. Rhage estaba completamente perdido. Negando, desnudo, sangrando de las espinillas y blanco como la piedra caliza.
-Cálmate, Rhage. –Chico, esta no era la conversación que había imaginado que tendrían. -No se nada de ningún regalo !Pero escucha esto! Me dormí mientras me ponían otro MRI y algo le pasó a la máquina. Explotó o algo, adivino, no se, ellos dijeron que había algún destello de luz. De todos modos, cuando me llevaron arriba, analizaron la sangre y estaba perfecta. ¡Perfecta! ¡Estoy limpia! Nadie sabe lo que ha pasado. Parece que la leucemia ha desaparecido y mi hígado mejoró. ¡Ellos me han llamado un milagro médico!
Vertía felicidad. Hasta que Rhage le agarró las manos y las exprimió con tal fuerza que le hizo daño.
-Tienes que irte. Ahora.
No me puedes reconocer. Tienes que irte. Nunca vuelvas aquí otra vez.
-¿Qué?
Él comenzó a sacarla de la habitación y la arrastró cuando se opuso.
-¿Qué estás haciendo? Rhage, no haré…
-¡Tienes que irte!
-Guerrero, puedes  parar ahora.
La irónica voz femenina los paró a ambos.
Mary miró sobre su hombro. Una pequeña figura cubierta de negro estaba en una  esquina de la habitación, la luz encendida bajo el suelto traje.
-Mi sueño. –susurró Mary. –Usted era la mujer de mi sueño.
Los brazos de Rhage la aplastaron cuando la colocó alrededor de su cuerpo, y luego la empujó apartándola.
-No, no fui a ella, Scribe Virgin. Lo juro, no lo hice….
-Descansa, guerrero. Sé que mantuviste el acuerdo. –La pequeña figura flotó hacia ellos, no caminaba, solo se movía por la habitación. –Y todo está bien. Tú solo dejaste fuera un pequeño detalle sobre la situación, algo que yo no sabía hasta que me acerqué a ella.
-¿Qué?
-No lograste decirme que ella no podía tener niños.
Rhage miró a Mary. –No lo sabía.
Mary asintió y se abrazó a sí misma. –Es verdad. Soy estéril. Por los tratamientos.
Las negras ropas se movieron. – Ven aquí mujer. Te tocaré ahora.
Mary dio un paso hacia delante aturdida cuando la mano encendida apareció entre la seda. La reunión de sus palmas causó una caliente electrificación.
La voz de la mujer era baja y fuerte. –Lamento que tú capacidad reproductiva te haya sido quitada. La alegría de mi creación me sostiene siempre y tomo el gran dolor de que nunca sostendrás la carne de tu carne en tus brazos, al que no verás mirarte fijamente a la cara, que nunca mezclarás tu  naturaleza esencial con la del hombre que amas. Lo que has perdido es un gran sacrificio. Quitarte al guerrero también….es demasiado. Como te dije, te doy la vida eterna hasta que decidas ir al Fade por tu propia voluntad. Y tengo el presentimiento de que esta opción tomada cuando sea el turno de este guerrero de dejar la tierra.
La mano de Mary fue liberada. Y toda la alegría que había sentido la agotó. Quería llorar.
-Oh, infiernos. –Dijo ella. –¿Todavía estoy soñando verdad? Yo debería haber sabido….
Baja, una risa femenina salió de entre las ropas. –Ve con tu guerrero, mujer. Siente el calor de su cuerpo y sepa que es verdadero.
Mary se dio la vuelta. Rhage miraba a la figura con incredulidad también.
Ella dio un paso hacia él, abrazándolo, escuchando el bombear de su corazón en su pecho.
La negra figura desapareció y Rhage comenzó a hablar en la antigua lengua, palabras que salían tan rápidas de su boca que no las hubiera entendido aunque hubieran sido en inglés.
Rezos, pensó ella….él estaba rezando.
Cuando finalmente terminó, la miró. –Permíteme besarte, Mary.
-Espera, por favor ¿dime lo que ha pasado? ¿Y quién es ella?
-Más tarde. No puedo….no pienso con claridad ahora mismo. En realidad, más vale que me acueste durante un minuto. Me parece que voy a desmayarme y no quiero caer sobre ti.
Ella colocó su pesado brazo sobre sus hombros y lo agarró alrededor de la cintura. Cuando se inclinó sobre ella, ella gruñó por el peso.
En cuanto Rhage estuvo acostado, él se arrancó las tiras blancas de su cuello y de sus muñecas. Fue entonces que ella vio que  algo brillante se había mezclado con la sangre sobre sus espinillas. Ella miró la losa negra. Había pedacitos sobre ello, como el cristal ¿o diamantes? Dios, él había estado arrodillado sobre ellos. No era nada de asombrar que se hubiera cortado con la materia prima.
-¿Qué estabas haciendo? –Le preguntó ella.
-Luto.
-¿Por qué?
-Después. – La colocó encima de él y la abrazó con fuerza.
Sintiendo su cuerpo bajo el suyo, ella se preguntó si era posible que los milagros pasaran de verdad. Y no de esa clase de-acabo-de-tener-buena-suerte, pero la misticidad, era una variedad incomprensible. Pensó en los doctores corriendo alrededor de sus análisis de sangre y sus tablas. Sintiendo el choque de electricidad a través de su brazo y en su pecho cuando la negra figura la había tocado.
Y pensó en los rezos desesperados que había lanzado al cielo.
Sí, decidió Mary. Los Milagros pasaban realmente en el mundo.
Ella comenzó a reír  y a llorar al mismo tiempo y tomó la reacción calmada de Rhage ante el arrebato.
Un poco más tarde ella le dijo. –Sólo mi madre podía haber creído en esto.
-¿Creído qué?
-Mi madre era una buena católica. Tenía Fe en Dios, la salvación  y la vida eterna. –Lo besó en el cuello. –Entonces ella habría creído en todo esto al instante. Y habría estado convencida de que la madre de Dios había estado bajo aquellas ropas negras en este momento.
-En realidad era la Scribe Virgin. Quien es muchas cosas, pero no la madre de Jesús. Al menos, no tal como funciona nuestro léxico.
Ella levantó su cabeza. –Sabes, mi madre siempre me decía que me salvaría tanto si creía en Dios o no. Estaba convencida de que no podía alejarme de la Gracia debido a como me llamó. Decía que siempre que alguien me llamara o escribiera mi nombre o pensara en mí, me protegería.
-¿Tú nombre?
-Mary. Ella me llamó así por la Virgen María.
La respiración de Rhage se paró. Y luego rió suavemente.
-¿Qué es tan gracioso?
Sus ojos verde azulados brillaban, relucían. –Es solo que V….bueno, V nunca se equivoca. Oh, Mary, mi hermosa virgen ¿dejarás que te ame mientras viva? Cuando vaya al Fade ¿vendrás conmigo?
-Sí.-Ella le acarició la mejilla. -¿Pero no te importa que no pueda tener a tus hijos?
-En lo más mínimo. Te tengo, eso es todo lo que importa.
-Sabes. –Murmuró ella –Siempre existe la adopción. ¿Los vampiros adoptan?
-Pregúntale a Tohrment y a Wellsie. Ya puedes contra en que John es como un hijo propio. –Rhage sonrió. –Quieres un bebé, te conseguiré uno. Sabes, yo podría ser un buen padre.
-Creo que serás más que bueno.
Cuando ella se inclinó para besarlo, él la detuvo. –Ah, hay otra cosa.
-¿Qué?
-Bueno, estamos pegados a la bestia. Negocié con la Scribe Virgin….
Mary se apartó. -¿Negociaste?
-Tenía que hacer algo para salvarte.
Ella lo miró fijamente, atontada y luego cerró los ojos. Puso los engranajes en movimiento, él la había salvado.
-Mary, tenía que negociar con algo….
Ella lo besó con fuerza. –Oh, Dios, te amo. Ella respiró.
-¿Incluso si significa que vas a tener que vivir con la bestia? Por que la maldición ahora es perpetua. Como una piedra. Para siempre.
-Te dije, que está bien por mí. –Ella rió. –Significa, vamos. Es una cosa amable, del tipo  Godzilla . Y lo veré como un dos por uno en el trato.
Lo ojos de Rhage destellaron blancos cuando la derribó y puso su boca sobre su cuello.
-Me alegro de que te guste. –Murmuró él, sus manos tirando de su camisa. –Por que los dos somos tuyos.  Nos tendrás por el tiempo que quieras.
-Esto será para siempre. –Dijo ella cuando se dejó ir.
Y se deleitó con todo el amor.



Fin

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