sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE ETERNO/CAPITULO 7 8 9

Capítulo 7



Después de que Rhage se quedara dormido, Butch bajó con V al vestíbulo hacia el  estudio privado de Wrath. Normalmente  Butch no se quedaba alrededor de los negocios de la hermandad, pero Vishous iba reportar lo que habían encontrado cuando iban a la  casa, y Butch era  el único que había visto al lesser en el árbol.

Cuando atravesó  la puerta,  tuvo la misma reacción que siempre tenía con la decoración Versailles: no encajaba. Todas las cosas de florituras  de oro en las paredes y las pinturas de pequeños niños gordos con alas en el techo endeble  y el mobiliario frágil, de fantasía. El lugar se veía como un lugar pasado de moda, tipos franceses con pelucas empolvadas. No un cuarto de guerra para un montón de resistentes guerreros.

Pero que diablos. La Hermandad se había trasladado a la mansión porque era  conveniente y segura, no porque les gustara la   decoración.

Él escogió una silla con patas largas  y delgadas y trató de sentarse sin dejar ir todo su peso. Cuando se sentó, saludó con una inclinación de cabeza a Tohrment, que estaba en el sofá recubierto de seda de enfrente. El vampiro ocupaba la mayor parte del mueble individual, su gran cuerpo tumbado  desgarbadamente sobre  los cojines azul pálido. Su pelo negro cortado como en las  Fuerzas Armadas y sus anchos hombros  le marcaban como una persona de mala leche, pero esa mirada azul oscuro contaba otras historias.

Debajo de toda esa cosa de guerrero duro, Tohr era  un tipo realmente agradable. Y sorprendentemente empático, a pesar de que golpeaba a los muertos para ganarse la vida. Era el líder oficial del Brotherhood desde que Wrath había ascendido al trono hacía dos meses, y el único guerrero que no vivía en la mansión. La Shellan de Tohr, Wellsie, esperaba a su primer hijo y no iba a compartir el hogar con un montón de tipos solteros. ¿Y quién la podía culpar?

-Así es que adivino que vosotros chicos os divertisteis durante el camino a casa.-Thor le dijo a Vishous.

-Sí, Rhage realmente se soltó.-V contestó mientras se servía un trago de  vodka de la conservadora barra.

Phury entró después y saludó con la cabeza. A Butch le gustaba mucho el hermano, si bien no tenían mucho en común. Bien, excepto por su fetiche con el vestuario, pero incluso allí tenían diferencias. Lo de Butch era  una capa de pintura fresca en una casa barata. El estilo y la elegancia masculina de Phury lo llevaba en cada  hueso. Era  letal, sin lugar a dudas, pero tenía vibraciones metrosexuales para él.

La impresión de caballero refinado no era  simplemente un resultado de sus atractivas ropas, como el suéter negro de l cachemira y los anchos pantalones finos  de sarga que estaba usando. El hermano tenía  la cabellera más asombrosa que Butch hubiera visto. Largas ondas, gruesas, rojas y marrones eran escandalosamente hermosas, incluso para una mujer. Y su mirada amarillenta, que brillaba como el oro a la luz del sol, adicionaba a  todo el asunto.

Por qué él era célibe era  un misterio total.

Cuando  Phury fue a la barra y se sirvió un vaso de oporto, su cojera apenas se notó. Butch había oído que el tipo había perdido la pierna  en  alguna parte a lo largo de la línea. Ahora tenía una extremidad artificial, y evidentemente no le obstaculizaba en el campo de batalla  lo más mínimo.

Butch se giró para mirar a alguien que había entrado  en el cuarto.

Desafortunadamente, el gemelo de Phury había decidido aparecer a tiempo, pero al menos Zsadist era una persona lejana y se mantenía apartado de todo  mundo. Eso le iba bien a  Butch, porque ese bastardo le ponía nervioso.

La cara llena de cicatrices de  Z y los oscuros ojos brillantes eran  simplemente la punta  del iceberg para freakis. El pelo rapado, los tatuajes alrededor de su cuello y muñecas, los piercings: era una amenaza completa y tenía la impresión de que tenía de que tenía un alto octanaje de odio. En el argot de la ejecución de la ley, él era una triple amenaza. Frío como la piedra. Mezquino como una serpiente. E imprevisible como el infierno.

Aparentemente Zsadist había sido secuestrado de su familia cuando era un niño y vendido para en algún tipo de esclavitud. Los cien o más  años que él había estado en  cautividad le absorbieron todo lo remotamente humano — o, vampiro —que había en él. Él no era más ahora que oscuras emociones  atrapadas en una piel estropeada. Y si sabías que era lo mejor para ti, mejor te apartabas de su camino.

Desde el vestíbulo llegó  el sonido de pisadas fuertes. Los hermanos se quedaron callados, y un momento más tarde Wrath llenó la puerta.

Warth  era enorme, de pelo oscuro, un tipo con una boca cruel. Llevaba siempre puestas unas gafas oscuras, mucho  cuero, y era la  última persona  del  planeta a la que nadie querría engañar.

El tipo también había pasado a  encabezar la lista de hombres que  Butch querría tener a su espalda. Él y Wrath habían forjado un vínculo  la noche en que a Wrath le habían disparado mientras recuperaba  a su esposa de los lessers. Butch había echado una mano, y eso era todo. Estuvieron bien.

Warth entró en  el cuarto como si poseyera el mundo entero. El hermano tenía todo el material de un emperador, lo cual tenía sentido, porque eso es lo que era él. El Rey Ciego. El último vampiro de pura sangre que había en el planeta. Un gobernante de raza.

Warth volvió la mirada en  dirección a  Butch. –Te encargaste bien de  Rhage esta noche. Lo aprecio.

-Él habría hecho lo mismo para mí.

-Sí, lo haría.- Warth  fue detrás del escritorio y se sentó, cruzando sus armas sobre  su pecho. -Esto es lo que hay. Havers tuvo  un caso de trauma esta noche. Un varón civil. Hecho mierda, apenas consciente. Antes de morir, le dijo a Havers que lo habían trabajado  los lessers. Quisieron saber sobre La Hermandad, donde vivimos, lo que sabía sobre nosotros.

-Otro más.-Murmuró Tohr.

-Sí. Creo que hay un cambio en la estrategia de la Lessenisng Society. El varón describió un lugar específicamente hecho para un duro interrogatorio. Desafortunadamente, murió antes de que pudiera indicar el lugar. Warth fijo la vista en Vishous.  -V, quiero que vayas a ver a la familia del civil y les dirás que su muerte será vengada. Phury, ves a ver a Havers y habla con  la enfermera que acogió y habló con el civil. Ve si puedes obtener  donde lo tuvieron y cómo escapó. No voy a tener a esos bastardos usando a mis civiles como postes de arañar.

-También están trabajando sobre su clase.-Interrumpió V. - Encontramos un ser lesser  colgado con una cuerda de un árbol en el camino a casa. Rodeado por sus amigos.

-¿Qué le hicieron al tipo?

Butch habló sin temor. -Bastante. Él ya no respiraba  y aun más. ¿Lo hacen mucho?

-No. No lo hacen.

-Entonces es una infernal coincidencia, ¿no crees? El civil se libra de un campamento de tortura esta noche. Lessers aparecen pareciendo alfileteros.

-Estoy contigo, poli.- Warth se volvió hacia V. -¿Obtuviste alguna información de esos lessers? ¿O Rhage limpió la casa?

V sacudió la cabeza. -Todo desaparecido.

-No exactamente.- Butch metió la mano en su bolsillo y sacó la cartera que le había quitado  al lesser colgado. -Saqué esto del que habían atacado. -Él lo ojeó y encontró el permiso de  conducir. -Gary Essen. Hey, él vivía en mi viejo edificio. Quien lo iba a decir, nunca sabes sobre tus vecinos.

-Registraré el apartamento.- Dijo Tohr.

Cuando  Butch le lanzó la cartera, los hermanos se levantaron, preparados para  salir.

Tohr habló antes de que nadie saliera. -Hay  otra cosa. Esta noche he recibido una llamada. Una mujer civil  encontró a un  joven varón de los nuestros.  Su nombre es Tehrror. Le dije que lo trajera al centro de entrenamiento  mañana por la noche.

-Interesante. -Dijo Warth.

-Él no habla, y su  traductora vendrá  con él. Es una humana, a propósito. -Tohr sonrió y se metió la cartera del lesser en el bolsillo de atrás de sus pantalones de cuero. -Pero no te preocupes. Borraremos su memoria.

Cuando el  Sr. X abrió la puerta principal de su cabaña, su humor no había  mejorado su afecto por el Sr. O. El lesser  del  otro lado se veía firme, imperturbable. La humildad lo habría llevado más allá, pero cualquier forma de debilidad o  sumisión no estaba en la naturaleza del hombre. Aún.

El Sr. X le hizo señas a su subordinado. -Sabes algo, esta cosa de confesión-de-fracaso que continuamos teniendo no funciona para mí. Y debería haber sabido que no debía confiar en ti. ¿Vas a explicarme por que mataste a tu escuadrón?

El Sr. O se giró. -¿Perdón?

-No trate de esconderse detrás de mentiras, es molesto - El Sr. X cerró la puerta.

-No los maté.

-¿Pero una criatura lo hizo? Por favor, Sr. O. Al menos podría ser más original. Mejor aún, échele  la culpa  a  La Hermandad. Eso sería más plausible.

El Sr. X atravesó andando el cuarto principal de la cabaña, quedándose callado mientras su subordinado se recomponía y preparaba. Tranquilamente comprobó su ordenador portátil  y luego recorrió con la mirada el local privado. El lugar era  rústico, con escaso mobiliario, los alrededor de 4 km2 que lo rodeaban eran un buen amortiguador. El inodoro no funcionaba, pero los lessers no comían, ese tipo de facilidad era  innecesaria. Sin embargo, la ducha funcionaba  a pedir de boca.

Y hasta que quedaran de acuerdo en otro centro de reclutamiento, este humilde puesto avanzado era  el cuartel general de la sociedad.

-Le  dije exactamente lo que vi.-Le dijo el Sr. O, rompiendo el fuerte  silencio. -¿Por qué mentiría?

-El por qué es irrelevante para mí.- El Sr. X casualmente abrió la puerta que iba hacia  el dormitorio. Los goznes rechinaron. -Deberías saber que envié a un escuadrón a la escena mientras venías en  coche hacia aquí. Dijeron que allí no había nada más que los cuerpos, de manera que asumo que los apuñaló en un gran desconocimiento. Y confirmaron que había habido una pelea infernal, un montón de sangre. Puedo imaginar cómo su escuadrón peleó contra usted. Ha debido  sentirse espectacular por la victoria.

-¿Si los hubiera matado así, por qué mis ropas en su mayor parte están limpias?

-Se las cambió antes de venir aquí. Usted no es estúpido. - El  Sr. X se posicionó en el portal del dormitorio. -Entonces dónde nos encontramos, Sr. O. Es un dolor en el culo, y la pregunta que necesito hacerme es si usted vale todo esta miserable provocación. Eran Principales  los que mató allí. Lessers con mucha experiencia. Sabe como...

-No los maté...

El  Sr. X dio dos pasos hacia adelante  y  el Sr. O. le dio un golpe noqueador en la mandíbula. El otro hombre cayó al piso.

El Sr. X puso su bota sobre la cara del Sr. O, inmovilizándole. -Vamos a dejarlo así ¿vale? Lo que yo decía era: ¿tiene usted la menor  idea de  cuánto tiempo se necesita para hacer un Principal? Décadas,  siglos. Usted arrasó con tres de ellos en una noche. Que eran  un total de cuatro, contando con el  Sr. M,  a quién  cortó en rodajas sin mi permiso. Y también  están los Betas que mató violentamente esta noche.
El  Sr. O escupía locamente, sus ojos mirando fijamente hacia las exclusivas Timberland. El  Sr. X apoyó su pie hasta que las botas hicieron más presión.

- Entonces, otra vez, tengo que preguntarme, ¿usted vale la pena? Sólo hace  tres años que está en la sociedad. Usted es fuerte, es efectivo, pero resulta  imposible de  controlar. Le puse con los Principales por que asumí  que usted sería súper!! Al igual que su excelente nivel  y su carácter. En lugar de eso, usted los mató.
El  Sr. X sintió que la sangre se le levantaba  y se recordó a  sí mismo que la cólera no era  apropiada para un líder. Calma, la dominación sensata funcionaba mejor él respiró profundamente antes de hablar otra vez.

-Usted eliminó algunos de nuestros mejores activos esta noche. Y esto ha de parar, Sr. O. Ahora mismo.

El  Sr. X levantó su bota. El otro lesser inmediatamente se levantó del suelo.

Cuando el  Sr. O estaba a punto de hablar, algo raro, un discordante sonido atravesó  la noche. Él miró hacia el sonido.

El Sr. X sonrió. -Ahora si  no le importa, métase  en que el dormitorio.

El  Sr. O se puso en una postura de ataque. -¿Qué es eso?

-Es la hora para modificar un poco su comportamiento. Un poco de castigo, también. Así es que métase en el dormitorio.

En estos momentos el sonido era tan fuerte que era  más que una vibración del aire que algo que sus oídos podían registrar.

El  Sr. O gritó. -Le dije la verdad.

-Al  dormitorio. El tiempo para hablar ha pasado.- El  Sr. X miró por encima de su hombro, rumbo al zumbido. -Oh, por todos los santos.

Congeló los grandes músculos del cuerpo del lesser  y manipuló al  Sr. O hacia el otro cuarto, empujándolo hacia  la cama.

La puerta principal explotó abriéndose de par en par.

Los ojos del Dr. O se le salieron de las órbitas  cuando vio a  Omega. -Oh … Dios … no.

El  Sr. X puso en orden las ropas del hombre, enderezando la chaqueta y la camisa. Por añadidura, alisó todo ese cabello oscuro y besó la frente del Sr. O, como si él fuera un niño.

-Si me excusa.- Murmuró entonces el Sr. X.-Voy a dejarlos solos.

El  Sr. X salió por la  puerta trasera de la cabaña. Justo cuando entraba en el coche, comenzaron los gritos.


Capítulo 8


-Ah, Bella, creo que nuestro trasporte está aquí.- Mary dejó que la cortina volviera a caer en su lugar. - Eso  o un dictador de tercer mundo se ha perdido en Caldwell.

John se dirigió hacia la ventana. Wow, él hizo signos. Mirad ese  Mercedes. Esas ventanas oscuras parecen  antibalas.

Lo tres dejaron la casa de Bella y caminaron hacia el sedán. Un pequeño anciano, vestido con una  librea negra, salió del lado del conductor y fue a saludarlos. Incongruentemente, él era  un tipo alegre, todo sonrisas. Con la piel suelta en su cara, sus lóbulos largos, y esos pómulos, miraba  de manera tierna, aunque su felicidad radiante sugería que la desintegración era  una buena condición en  la que estar.

-Soy Fritz. -Dijo él, doblándose  profundamente. -Por favor permítanme conducirles.

Él abrió la puerta trasera y Bella se deslizó adentro la primera. John fue  después, y cuándo Mary estuvo tranquilamente contra el asiento,  Fritz cerró la puerta. Un segundo más tarde estaban en el camino.

Cuando el  Mercedes se deslizó hacia adelante, Mary trató  de ver donde iban, pero las ventanas era  demasiado oscuras. Pensaba que iban hacia norte ¿Pero quién sabía?

-¿Dónde es este lugar, Bella? -Preguntó ella.

-No está lejos.- Pero la mujer no sonaba con todo confiada, de hecho había tenido los nervios de punta desde que Mary y John  habían  aparecido.

-¿Sabes a dónde nos llevan?

-Oh, Claro.-La mujer sonrió y miró a John. -Vamos a encontrarnos con  algunos de los varones más asombrosos que  nunca has visto.

Los instintos de Mary  golpearon su pecho, enviando  todo género de señales que se pisaban  cuidadosamente. Dios mío, ella deseó haber cogido  su coche.

Veinte minutos más tarde, el  Mercedes frenó en un alto. Avanzó poco a poco. Frenó otra vez. Esto ocurrió en  intervalos regulares muchísimas veces. Luego Fritz bajó su ventana y habló por algún tipo de interfono. Siguieron un poco más allá, luego se paró. El motor fue apagado.

Mary trató de alcanzar la puerta. Estaba cerrada.

America's Most Wanted, aquí vamos, pensó ella. Solo podía  imaginar sus fotos  en la TV, víctimas de un delito violento.

Pero el conductor los dejó salir  inmediatamente, tranquilo con esa sonrisa en su cara. -¿Quieren seguirme?

Cuando  Mary salió,  miró a su alrededor. Estaban entro de  algún tipo de estacionamiento subterráneo, pero no había otros coches. Solo dos microbuses, como las del  tipo que cogías  alrededor de un aeropuerto.

Se mantuvieron juntos con  Fritz y pasaron a través de un par de gruesas puertas  de metal que se abrieron en un laberinto de corredores alumbrados con fluorescentes. Gracias a Dios el tipo parecía saber dónde iba. Había ramificaciones en todas las direcciones sin plan racional, como si el lugar hubiese sido diseñado para perder a las personas y conservarlas de ese modo.

Excepto a alguien que siempre supiese a dónde iba, pensó ella. Cada nueve metros había una cápsula  colocada en el techo. Ella las había visto antes en las alamedas, y el hospital las tenía también. Cámaras de vigilancia.

Finalmente entraron a un cuarto pequeño con un espejo bilateral, una mesa  y cinco sillas metálicas. Una pequeña cámara  estaba colocada en el rincón opuesto a la puerta. Era exactamente como el cuarto de interrogación de la  policía, o como debía ser en alguno  de  los sets de NYPD Blue.

-No tendrán que esperar mucho.-Dijo Fritz con una pequeña referencia. En cuanto  desapareció, la puerta  se cerró sola.

Mary se acercó y probó la manija, sorprendida de  encontrar que se liberaba fácilmente. No obstante, quienquiera que estuviera  a cargo aquí claramente no tenía  que preocuparse por perder la pista de sus visitas.

Ella miró a Bella. -¿Puedes explicarme qué lugar es este?

-Es una instalación.

-Una instalación.

-Ya sabes, para entrenarse.

Sí, pero ¿por qué de entrenamiento? -¿Estas personas tuyas pertenecen al gobierno o a algo?

-Oh, no. No.

John hizo signos, Esto no se parece a una academia de artes marciales.

Sí,  no bromees.
-¿Qué ha dicho?- Preguntó Bella.

-Tiene tanta curiosidad como yo.

Mary se volvió hacia  la puerta, la abrió, y asomó su cabeza al vestíbulo. Cuando oyó un sonido rítmico, dio un paso hacia el  cuarto, pero no vagó.

Ruido  de pasos. No, arrastraban los pies. Que lo...

Un hombre rubio alto musculoso vestido con  una camisa negra y pantalones de cuero se tambaleaba alrededor de una esquina. Estaba inestable  sobre sus pies desnudos, con una mano en la pared y sus ojos  mirando  hacia abajo. Parecía mirar al suelo  cuidadosamente, como si confiara en su percepción de la profundidad para equilibrarse.

Parecía  borracho o tal vez enfermo,  pero … buen señor, él era  bello. De hecho, su cara era tan deslumbrante que tuvo que parpadear un par de veces. La mandíbula perfectamente cuadrada. Labios llenos. Pómulos altos. La frente ancha. El pelo era  grueso y ondulado, más claro de frente, más oscuro en la parte trasera donde era más corto.

Y su cuerpo era  tan espectacular como su cabeza. De huesos grandes.

Muy musculoso. Nada de  grasa. Su piel era  dorada aun bajo las luces de los  fluorescentes.

Repentinamente él la miró. Sus ojos eran de color  azul eléctrico, tan brillantes, tan vívidos, que eran  casi como el neón. Y se quedaron mirándose fijamente.

Mary se hundió de todas maneras y pensó que la carencia de respuesta no era una sorpresa. Los hombres como él no notaban a las mujeres como ella. Esto era un hecho natural.

Ella  debería regresar en el cuarto. No tenía sentido en no observarle mientras no la reconocía cuando ella pasara. El problema era, mientras más se acercaba, más fascinada se sentía.

Dios mío,  era realmente  … hermoso.

Rhage se sentía como el santo infierno  mientras  serpenteaba  el corredor. Cada vez que la bestia salía de él y su visión se tomaba una pequeñas vacaciones, sus ojos se tomaban su tiempo para regresar al trabajo. El cuerpo no quería funcionar, tampoco; sus piernas y brazos colgaban como  pesos pesados fuera de su torso, no exactamente inservibles, pero malditamente cerca.

Y su estómago estaba todavía desconectado. La solo idea de la comida le hacía tener nauseas.

Pero tenía que salir de su cuarto. Doce horas acostado era  suficiente tiempo desaprovechado. Determinado a llegar hasta el  gimnasio del centro de entrenamiento, montar en la bicicleta estática, y poder desentumecerse un poco...

Él se detuvo, poniéndose tenso. No podría ver mucho, pero sabía  con seguridad que  no estaba solo en el vestíbulo. Quienquiera que fuera estaba cerca de él, a su izquierda. Y era un desconocido.

Dio la vuelta  y sacó bruscamente la figura del portal, agarrándola por la garganta, forzando su cuerpo contra  la pared opuesta. Demasiado tarde se dio cuenta de que era una mujer, y el agudo jadeo  lo avergonzó. Él rápidamente aflojó un poco su agarre, pero no dejó de  empujar.

El cuello  delgado bajo su palma estaba caliente y suave. Su pulso era frenético, la sangre corría rápidamente a través de las venas que llegaban a  su corazón. Se apoyó  y respiró  a través de su nariz. Sólo para avanzar dando tumbos hacia atrás.

Jesucristo, era  una humana. Y estaba enferma, tal vez muriéndose.

-¿Quien eres?- Él le exigió. -¿Cómo has entrado aquí?

No hubo respuesta, solo una respiración acelerada. Ella estaba  completamente aterrorizada de él, el olor de su miedo era como  humo de madera en su nariz.

Él bajó su voz. -No voy a hacerte daño. Pero este no es tu lugar y quiero saber quien eres.

Su garganta se movió  bajo su mano, como si tragara. -Mi nombre … mi nombre es Mary. Estoy aquí con unos amigos.

Rhage dejó de respirar. Su corazón aumentó  una pulsación y luego se desaceleró.

-Dímelo otra vez.-Murmuró él.

-Ah, mi nombre es Mary Luce. Soy amiga de Bella … vinimos aquí con un niño, con John Matthew. Estamos invitados.

Rhage tembló, una prisa balsámica floreciendo saliendo  por toda su piel. El deje musical de su voz, el ritmo de su discurso, el sonido de sus palabras, todo eso esparciéndose a través de él, calmándolo, confortándolo. Encadenándole dulcemente.

Él cerró sus ojos. -Dime algo más.

-¿Qué? -Preguntó ella, desconcertada.

-Conversación. Háblame. Quiero oír tu voz otra vez.

Ella guardó silencio, y él estaba a punto de exigirle que hablase cuando dijo. -No tienes buen aspecto. ¿Necesitas un médico?

Él se encontró tambaleándose. Las palabras no importaban. Era el  sonido: El punto bajo, suave, acariciándole los oídos. Se sintió como si él estuviera siendo acariciado por dentro de su piel.

-Más.-Dijo él, retorciendo su palma por la parte delantera de su cuello de manera que podía sentir las vibraciones de su garganta mejor.

-¿Podría.....podría por favor soltarme?

-No. - Él subió su otro brazo. Llevaba puesta algún tipo de lana, y él movió a un lado el cuello, echándose al hombro su mano de manera que no pudiera escapar de él. -La conversación.

Ella comenzó a luchar. -Me aprieta.

-Lo sé. La conversación.

-Oh, por el amor de Dios, ¿qué quieres que diga?

Aun exasperada, su voz fue bella. -Cualquier cosa.

-Bien. Saca tu  mano de mi garganta y déjame ir o yo voy a darte con la rodilla donde cuenta.

Él se rió. Luego hundió su cuerpo inferior sobre  ella, atrapándola con sus muslos y sus caderas. Ella se quedó rígida contra  él, pero él obtuvo una abundante percepción suya. Tenía la constitución delgada, sin embargo no había duda de que era una mujer. Sus pechos golpean su pecho, sus caderas servían de almohada para las de él, su estómago era suave.

-Sigue hablando.-Dijo él contra su oído. Dios mío, ella olió muy bien. Limpio. Fresco. Como  el limón.

Cuando ella empujó contra él, él recostó totalmente contra ella. Su respiración se aceleró.

-Por favor. -Murmuró él.

Su pecho se movió contra el de él  cuando inspiró. -Yo … er, no tengo nada para decir. Excepto apártate de mi.

Él sonrió, cuidadoso en mantener la boca cerrada. No hubo sentido de alardear de sus colmillos, especialmente si ella no sabía lo que era.

-Entonces di eso.

-¿Qué?

-Nada. Di nada. Otra y otra y otra vez. Hazlo.

Ella se encolerizó, el perfume del miedo se cambió  por una especia afilada, un acre de menta fresca en el jardín. Ella estaba molesta ahora.

-Dilo.- Le ordenó él, necesitando sentir más de lo que ella le hacía a él.

-Bien. Nada. Nada.-Abruptamente ella se rió, y el estrecho disparó lo atravesó directamente por  su columna vertebral, quemándolo. -Nada, nada. Naaada. Naaada. Naaaaaaaada. -¿Está lo suficientemente bien para ti? ¿Me dejarás marchar ahora?

-No.

Ella peleó contra él otra vez, creando una fricción deliciosa entre sus cuerpos. Y él supo el momento en que su  ansiedad y su irritación se convirtieron en algo  caliente. Él olió  su excitación, un precioso dulce en el  aire, y su cuerpo contestó a su llamada.

Él se puso duro como un diamante.

-Háblame Mary. - Él movió sus caderas en un lento círculo  contra ella, frotando su erección sobre su abdomen, aumentando su dolor y su temperatura.

Después de un momento la tensión de ella disminuyó, suavizándola en contra del empuje de sus músculos y su excitación. Sus manos aplastadas en su cintura. Y luego lentamente deslizándose aproximándose a su  espalda, como si  estuviera  insegura de la forma en que iba a responderle.

Él se arqueó contra ella, para exteriorizar su aprobación y animarla a que lo tocara. Cuando sus palmas subieron por su columna vertebral, él se expresó con un bajo gruñido en su garganta y dejó caer su cabeza de tal manera que su oído estuviera más cerca de su boca. Él quería darle  otra palabra para que dijera, algo apetitoso  o  un susurro o una fresa.

Infiernos, podría juntarlo.

El efecto que ella tuvo sobre él era como una droga, una combinación tentadora de necesidad sexual y desahogo profundo. Como si estuviese teniendo un orgasmo y cayese en un sueño tranquilo al mismo tiempo. No era como nada  de lo que él hubiese sentido antes.

Un escalofrío pasó como un relámpago por él, absorbiendo  el calor de su cuerpo.

Echó su cabeza hacia atrás cuando recordó lo que Vishous le había dicho.

-¿Eres virgen? -El exigió Rhage.

Volvió la rigidez de su cuerpo, como si fuera  cemento. Ella intentó apartarlo con un duro empujón, no moviéndolo ni una pulgada.

-Perdona. ¿Qué el tipo de pregunta es esa?

La ansiedad hizo que apretara la mano de su  hombro. -¿Alguna vez has sido tomada por un  macho? Contesta a la pregunta.

Su preciosa voz se elevó, asustada. -Sí. Sí, he tenido a … un amante.

La desilusión aflojó su apretón. Pero el alivio lo puso sobre  sus talones.

Tomando todo en consideración, no estaba seguro de necesitar responsabilizarse por su destino en estos diez minutos.

Además, aun si ella no era su destino, esta hembra humana era extraordinaria … algo especial.

Tenía que hacer algo.

Mary inspiró  profundamente cuando la presión en su garganta disminuyó de intensidad.

Hay que ser cuidadosa con lo que se pide, pensó ella, recordando cómo había querido  que un hombre se sintiera cautivado  por ella.

Dios mío, esto no era como la experiencia que ella quería. Estaba completamente abrumada. Por cuerpo masculino presionando el de ella. Por la promesa de tener sexo con él. Por el poder letal que esgrimía si pensaba  apretar su cuello otra vez.

-Dime dónde vives. -Dijo el hombre.

Cuando ella no contestó, onduló sus caderas, esa erección maciza moviéndose, dando vueltas, presionando en su  abdomen.

Mary cerró los ojos. E intentando no preguntarse sobre la  impresión que tendría  si él estuviera en su interior un rato  haciéndole  eso.

Su cabeza bajó y sus labios acariciaron el lado de su cuello. Acariciándola con la nariz.- ¿Dónde vives?

Ella sintió un golpe suave, húmedo. Dios, su lengua. Subiendo por su garganta.

-Finalmente vas a decírmelo.- Murmuró él. -Pero tómate tu  tiempo. Ahora mismo no tengo mucha prisa.

Sus caderas la dejaron brevemente, regresando con su muslo empujado entre sus piernas y acariciándole el centro. La mano en la base de su cuello barrió totalmente hacia  su esternón, deteniéndose finalmente entre sus pechos.

-Tu corazón palpita rápidamente, Mary.

-Eeeeso es por que tengo miedo.

-El miedo no es lo único que sientes. ¿Por qué no compruebas con tus manos lo que aumentas?

Dilo. Estaban levantadas sobre  sus bíceps. Y los agarraban, acercándolo más. Sus uñas clavándose en su piel.

Cuando ella lo soltó, él frunció el ceño. -Me gusta lo que percibo. No te detengas.

La puerta se abrió detrás de ellos.

-¿Mary? Estas okey... Oh … Dios mío.- Las palabras de Bella se desvanecieron.

Mary se preparó sicológicamente cuando  el hombre giró  su torso y mirado a Bella. Sus ojos la miraron de reojo, atisbándola de arriba a abajo y luego regresaron a Mary.

-Tu amiga está preocupada por ti. -Dijo él suavemente. -Puedes decirle que no debería.

Mary trató de soltarse y no se sorprendió  cuando él dominó con maestría sus abruptos movimientos  fácilmente.

-Tengo una idea. - Masculló ella. -¿Por qué no me dejas marchar, y así no tendré que reconfortarla?

Una seca voz masculina  atravesó el vestíbulo. - Rhage, la mujer no ha venido aquí para tu placer, y éste no es el One Eye, mi hermano. Nada de sexo en el vestíbulo.

Mary trató de girar  la cabeza, pero la mano entre sus pechos se deslizó hacia  su garganta y tomó su barbilla, sujetándola. Sus ojos azules taladrándola.

-Vamos a ignorarlos a ambos. Si tú haces  lo mismo, entonces los podemos hacer desaparecer.

-Rhage, déjala ir.- Un torrente afilado de palabras  le siguió hablado en un lenguaje que ella no entendió.

Mientras la acalorada perorata continuó, la brillante mirada del rubio se mantuvo en  ella, su controlado pulgar hacia a delante y hacia atrás  a  lo largo de su mandíbula. Él fue perezoso, cariñoso, pero cuando contestaba  al otro hombre, su voz era  dura y agresiva, como su poderoso cuerpo. Otra serie de palabras volvieron de nuevo, esta vez menos combativas. Como si el otro tipo tratara de razonar con él.

Bruscamente el rubio la dejó marchar  y se distanció. La ausencia de su cuerpo caliente, fue como un curioso golpe pesado.

-Te veré  más tarde, Mary. Él acarició su mejilla con su dedo índice y luego se apartó de ella.

Sintió como se le debilitaban  las rodillas, se apoyó  contra la pared cuando la soltó, estabilizándose poniendo un brazo a su lado.

Dios mío, cuando él la había tenido a su merced, ella se había olvidado de que estaba enfermo.

-¿Dónde está el niño? - Requirió la otra voz masculina.

Mary miró hacia su izquierda. El tipo era grande y vestía de  cuero negro, con un corte de pelo militar y un par sagaces ojos azul oscuro.

Un soldado, pensó ella, en cierta forma como él.

-¿El niño? - Le exigió él.

-John está dentro.- Contestó Bella.

-Entonces vamos.

El hombre abrió la puerta y se apoyó contra ella de manera que ella y Bella tuvieron que apretarse contra él. Él les prestó poca atención cuando  pasaron, mientras en lugar de eso se quedó mirando a John. John lo miró directamente, los ojos se estrecharon como si intentara  ubicar al soldado.

Cuando todos se sentaron a la  mesa, el hombre inclinó la cabeza hacia  Bella. -Tú fuiste la que llamaste.

- Sí. Y ésta es Mary Luce. Y John. John Matthew.

-Soy Tohrment. Él concentró su  atención sobre  John. -¿Cómo estás, hijo?

John hizo signos, y Mary tuvo que aclararse la voz antes de traducir. -Él dice, bien señor. ¿Cómo está usted?

-Bien.- El hombre sonrió un poco y después volvió a mirar a Bella. -Quiero que esperes en el vestíbulo. Hablaré contigo cuando acabe de hablar con él.

Bella vaciló.

-No es una petición.-Dijo él con una voz nivelada.

Después de que Bella saliera, el tipo  volvió su silla hacia John, se reclinó en ella, y estiró sus largas piernas. -Entonces dime, hijo, ¿Dónde creciste?

John movió sus manos, y Mary dijo. -Aquí en la ciudad. Primero  en un orfanato, luego con unos sets de parejas de padres adoptivos.

-¿Sabes alguna cosa  sobre tu madre o tu padre?

John negó con la cabeza.

-Bella me dijo que tenías un brazalete con algunos símbolos. ¿Puedes enseñármelo?

John se subió su manga y extendió su brazo. La mano del hombre se tragó la muñeca del niño.

-Esto  es estupendo, hijo. ¿Lo haces tú?

John asintió.

-¿Y dónde cogiste la idea para el diseño?

John se soltó del agarre del soldado  y comenzó a hacer signos. Cuando él se detuvo, Mary dijo, -Él sueña con el patrón.

-¿Sí? ¿Te importa si te pregunto como son tus sueños? -El hombre regresó a  su postura casual en la silla, pero sus ojos se estrecharon.

Adiós  entrenamiento de artes marciales, pensó Mary. Esto no se trataba  de algunas lecciones de karate. Era un interrogatorio.

John vaciló, ella quería coger  al niño y marcharse, pero tenía el presentimiento de que el niño se opondría. Él se enfrascó completamente en el hombre, intenso y concentrado.

-Está bien, hijo. Lo  que sea, está bien.

John levantó sus manos, y Mary habló cuando hizo los signos.

-Er … que él está en un lugar oscuro. Arrodillándose delante de un altar. Detrás de eso, él ve escritos sobre la pared, centenares de rayas de escritura en piedra negra — John, un momento, reduce la velocidad. No puedo traducir cuando vas tan rápido.- Mary se concentró en las manos del niño. -Él dice que en el sueño que continúa y toca una tira de escritura que en general le gusta.

El hombre frunció el ceño.

Cuando John miró hacia abajo, como estando avergonzado, el soldado le dijo. -No te preocupes, hijo, está bien. ¿Hay algo más en lo que puedas  pensar que te parezca inusual? ¿Cosas que tal vez te hacen diferente de otra gente?

Mary cambió de posición en su silla, realmente incómoda por como iban las cosas. John iba claramente a contestarle a cualquier pregunta que le hiciera, pero por el bien de Dios, no sabían quien era este hombre. Y Bella, aunque había hecho la presentación, había estado obviamente incómoda.

Mary levantó sus manos, a punto de indicarle a través de señas una advertencia a  John, cuando el niño desabotonó su camisa. Él abrió un lado, enseñando una cicatriz circular por encima de su músculo pectoral izquierdo.

El hombre se inclinó hacia adelante, estudiando la marca, y entonces se movió hacia atrás. -¿Dónde te hiciste eso?

Las manos del niño volaron delante de él.

-Él dice que nació con ello.

-¿Hay alguna otra cosa? - Preguntó el hombre.

John miró a  Mary. Él hizo una profunda respiración  e hizo los signos, -Sueño con sangre. Con colmillos. Con… morder.

Mary sintió que sus ojos se ampliaban antes de poderse detener.

John la miró ansiosamente. No te preocupes, Mary. No soy un psico o cualquier cosa. Estaba aterrorizado cuando tuve los primeros sueños  y no es como que puedo controlar lo que mi cerebro hace, sabes.

-Claro, lo sé.- Dijo ella, extendiendo y apretando su mano.

-¿Qué ha dicho? - Preguntó el hombre.

-Esa última parte fue para mí.

Ella respiró a fondo. Y volvió a traducir.


Capítulo 9



Bella se apoyó contra la pared del pasillo  y comenzó a trenzar su cabello, algo que hacía cuando  estaba nerviosa.

Había oído que los miembros de La Hermandad eran casi como una especie aparte, pero ella no había pensado nunca que fuera cierto. Hasta ahora. Esos dos varones no eran simplemente colosales en una escala física; irradiaban  dominación y agresión. Caramba, hacían que  su hermano pareciese a un amateur en el departamento de los tipos duros, y Rehvenge era la cosa más resistente que ella  había encontrado.

Querido  Dios, ¿qué había hecho al  traer a Mary y a John aquí? Estaba menos preocupada por el niño el niño, pero ¿Y  Mary? La manera en que había actuado el guerrero rubio a su alrededor serían problemas a tope. Se podría  haber hervido un océano con el tipo de lujuria que él emanaba, y los miembros de La Hermandad de la Daga Negra no estaban acostumbrados a que se les negara nada. Por lo que  había oído, cuando querían una mujer, la tenían.

Afortunadamente, no se sabía que violasen, aunque por lo que se desprendía  de lo que había visto ahora mismo, no tendrían por qué hacerlo. Los cuerpos de esos guerreros estaban hechos para sexo. La unión con uno de ellos, siendo poseída por toda esa fuerza, sería una experiencia extraordinaria.

Aunque Mary, como una humana, pudiera ser que no lo sintiera así.

Bella miró de arriba a abajo el pasillo, agitada, tensa. No había nadie, y si tenía que estarse más quieta iba a tener un la cabeza llena de rastas. Ella sacudió su pelo, escogió una dirección aleatoria, y caminó sin rumbo. Cuando percibió el sonido de un golpeteo rítmico a lo lejos, ella siguió el ruido sordo  hasta  un par de puertas de metal. Abrió un lado y lo atravesó andando.

El gimnasio era del tamaño de un de estadio de baloncesto profesional, el suelo de madera barnizado muy brillante. Alfombras azul brillante estaban colocadas  aquí y allá y los fluorescentes enjaulados  colgaban de un alto techo. Un balcón con asientos de estadio se proyectaba a la izquierda, y bajo un  saliente, una serie de sacos de arena estaban colgados desde  arriba.

Un magnífico varón golpeaba con fuerza uno de ellos, de espaldas a ella. Bailaba sobre las puntas de  sus pies, ligero como la brisa,  lanzando puñetazo tras puñetazo, agachándose rápidamente, chocando, conduciendo el saco pesado hacia adelante con su fuerza de manera que la cosa colgada se angulara.

No podía verle la cara, pero tenía  que ser atractivo. Su pelo cortado al ras era de color café, y llevaba puesto un suéter de cuello vuelto negro muy ajustado y un par de pantalones negros de nailon amplios de entrenamiento. Una pistolera cruzaba su ancha espalda.

La puerta hizo  un clic cuando se cerró detrás de ella.

Con un golpe de su brazo, el varón sacó de repente  una daga y la enterró en el saco. Él abrió de un tirón la cosa, la arena y el relleno caían rápidamente sobre la  alfombrilla. Y luego se dio la vuelta.

Bella puso una mano sobre su boca. Su cara estaba llena de cicatrices, como si alguien hubiera  tratado de cortarla por la mitad con un cuchillo. La gruesa línea se iniciaba  en su frente, bajaba por el puente de la nariz, y se curvaba sobre su mejilla. Acababa al lado de su boca, deformando su labio superior.

Los ojos estrechos, negros y fríos  como la noche, la acogieron  y luego se ensancharon  muy ligeramente. Él pareció desconcertado, su gran cuerpo inmóvil excepto por las respiraciones profundas que hacía.

El varón la quería, pensó ella y estaba inseguro sobre que hacer con ello.

Excepto  que, la incerteza y la extraña confusión fueron enterradas. Lo que tomó su lugar fue una cólera helada que la asustó como el mismo infierno. Manteniendo sus ojos sobre él, ella se echó hacia  atrás hacia  la puerta y apretó  la barra de apertura. Cuando  no llegó a ninguna parte, tuvo el  presentimiento que estaba atrapada.

El varón miró su lucha durante  un momento y luego fue tras ella. Mientras atravesaba las alfombrillas,  lanzaba su daga al  aire y la atrapaba por el mango. Lanzándola hacia  arriba, volviéndola a coger. Arriba y abajo.

-No se lo que estás haciendo aquí. -Dijo él voz baja.-Aparte de joderme el entrenamiento.

Cuando sus  ojos pasaron sobre su cara y su cuerpo, su hostilidad fue palpable,  pero él también eliminaba un crudo calor, una especie de amenaza sexual por la que ella realmente no debería haberse sentido cautivada.

-Lo siento. No sabía...

-¿No sabías qué, mujer?

Dios mío, él estaba tan cerca ahora. Y él era  más grande que ella.

Ella se apretó contra de la puerta. -Lo siento...

El varón apoyó  sus manos en el metal a cada lado de su  cabeza. Ella vio  el cuchillo que él mantenía, pero luego olvidó todo sobre el arma cuando se apoyó en ella. Él se detuvo justo antes de que sus cuerpos se tocaran.

Bella hizo una profunda espiración, oliéndolo. Su perfume era más como un fuego en su nariz que cualquier otra cosa que ella pudiera identificar. Y ella le respondió, el calor, el deseo.

-Tú lo sientes. -Dijo él, colocando su cabeza a su lado y concentrándose en su cuello. Cuando él sonrió, sus colmillos eran largos y muy blanco. -Sí, apuesto a que sí.

-De verdad que lo siento.

-Demuéstramelo.

-¿Cómo? Ella susurró.

-Ponte sobre tus manos y tus rodillas. Tomaré tu disculpa así.

Una puerta al otro lado del gimnasio se abrió de golpe.

-¡Oh Cristo!.... ¡Déjala ir! -Otro varón, con una larga cabellera, corrió a través del vasto suelo. -Manos fuera, Z. Ahora mismo.

El varón de las cicatrices se apoyó en ella, poniendo su deformada boca  cerca de su oído. Algo presionó sobre  su esternón, sobre su corazón. La punta de un dedo.

-Te han salvado, mujer.

Él dio un paso alrededor de ella y fue hacia  la puerta, justo cuando el otro varón llego hasta ella.

-¿Estás bien?

Bella miró la diezmada bolsa perforada. A ella le parecía que no podía respirar, aunque no sabía si era de miedo o era algo enteramente sexual, no estaba segura. Probablemente una combinación de ambos.

-Sí, creo que sí. ¿Quién era?

El varón abrió la puerta y la llevó  de regreso al cuarto de interrogación sin contestar a su pregunta. –Hazte un favor y espera aquí, ¿okay?

Un sano consejo, pensó ella, cuando se quedó sola.

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