sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 13 14 15

Capítulo 13

Una vez el sonido de la bota del asesino contra esa lata de combustible se hubo desvanecido, Qhuinn se agachó y se sentó sobre las piernas del hijo de puta. El bastardo podía haber conseguido dar una patada, pero no tendría una segunda oportunidad.
Fuera, los polis humanos se reunieron alrededor del cobertizo.
—Está cerrado —dijo uno de ellos mientras sacudía la cadena.
—Tengo casquillos por ahí.
—Un momento, hay algo adentro… puf, tío, que peste.
—Sea lo que sea, lleva muerto al menos una semana. Eso huele… supera incluso a al guiso de atún de mi suegra.
Hubo una ola de asentimiento.
En la oscuridad, John y Qhuinn cerraron los ojos y esperaron. La única solución si la puerta se abría era desmaterializarse y dejar atrás al lesser; no había forma de mover el peso del asesino a través de mismo aire. Pero posiblemente ninguno de esos policías tendría la llave… así que quedaba abrirse camino disparando como su única opción.
Y había buenas probabilidades de que asumieran que derribar la puerta sólo para entrar en el cobertizo no merecía la pena el papeleo.
—Sólo un tirador, según la llamada al nueve-uno-uno. Y no puede estar ahí dentro.
Hubo una tos y una maldición.
—Si está, se le habrá caído la nariz por el hedor.
—Llama al encargado de pista de deportes —dijo una voz profunda—. Alguien tiene que sacar ese animal muerto de ahí. Entretanto, vamos a hablar con el vecindario.
Hubo más charla y ruido de pasos. Algo más tarde, uno de los coches se marchó.
—Tenemos que librarnos de él —susurró Qhuinn sobre el hombro de John—. Coge ese cuchillo, eliminémosle y saquemos al muy cabrón fuera de aquí.
John negó con la cabeza. De ningún modo iba a perder su premio.
—John, no vamos a salir con él. Mátale para que podamos salir pitando.
Si bien Qhuinn no podía ver sus labios, John articuló con la boca: Jódete. Es mío.
Dejar escapar esta fuente de información era algo que no iba a ocurrir. Sobre todo, si podía tratarse mentalmente... o físicamente con la policía humana si llegaba a darse el caso.
Se oyó el suave sonido de un cuchillo siendo desenfundado.
—Lo siento, John, nos largamos.
¡No! gritó John silenciosamente por encima del hombro.
La mano de Qhuinn se cerró sobre el cuello de la chaqueta de John y le hizo perder el equilibrio, de modo que se vio en el caso de soltar el cuello del asesino o separarle la jodida cabeza de la columna vertebral. Puesto que un lesser incapacitado no podría hablar, John liberó su agarre… y se sostuvo a sí mismo plantando la palma sobre el cemento frío.
No había ni una jodida manera de que dejara que su amigo le arrebatara esto.
Mientras se lanzaba sobre el macho, se armó un gran alboroto. Él y Qhuinn forcejearon por el control de la daga, chocando contra bastantes más cosas que una lata de combustible y el lesser rodó libre y se lanzó hacia la puerta. Mientras los polis comenzaban a gritar, el asesino golpeaba la madera para salir.
El siguiente sonido que se hizo oír sobre el estrépito fue un disparo. Al que siguió un repiqueteo metálico.
La policía había volado el Master Lock.
Desde el suelo, John balanceó el brazo hasta la parte baja de su espalda y mientras giraba sobre sus rodillas, él y Qhuinn lanzaron sus cuchillos en sincronía, sus hojas recorriendo el escaso espacio de lado a lado.
Las penetraciones fueron tan fuertes que si bien entraron en el torso del asesino entre los omóplatos, claramente una o ambas dieron en el blanco: con un destello brillante similar a un relámpago y un fuerte estampido supersónico suficiente como para hacer estallar los oídos, el lesser volvió con su creador, desapareciendo con tan sólo un hedor humeante... y un hueco del tamaño de un refrigerador en la puerta del cobertizo.
Con la adrenalina a tope, ni él ni Qhuinn podían desmaterializarse, así que se levantaron de un salto y retrocedieron a ambos lados de la abertura, permaneciendo atentos cuando un primer cañón y luego otro se internaron dentro.
Los antebrazos fueron lo siguiente.
Luego perfiles y hombros. Y linternas.
Afortunadamente, los humanos entraron del todo.
—Psst. Se te va a escapar el pajarito. —Cuando los polis se volvieron ante la agudeza de Qhuinn, John desenfundó sus SIGs, y con un rápido golpe cruzado en las cabezas, los mejores hombres del DPC vieron las estrellas y cayeron al suelo.
Momento preciso en el que Blay apareció con el Hummer.
John saltó sobre los policías y se lanzó a toda prisa hacia el SUV con Qhuinn justo detrás de él, con esas New Rocks que el muy cabrón insistía en llevar puestas golpeando la tierra con fuerza. John se encaminó hacia la puerta trasera, que Blay había abierto de golpe, atrapando la manilla y lanzándose adentro mientras Qhuinn se deslizaba en el asiento trasero.
Mientras Blay se ponía en marcha, acelerando el motor y saliendo disparado de allí, John se alegró de que hubieran tenido que lidiar con sólo una pareja de policías… aunque seguro como la mierda que los otros dos tipos con placa volverían TPCFP.
Se dirigían al norte, hacia la autopista, cuando John se abrió camino hasta el asiento trasero... y cerró sus manos alrededor de la garganta de Qhuinn.
Al ver que volvían a ello, Blay gritó desde la parte delantera:
—¿Qué diablos os pasa a vosotros dos?
No había tiempo para contestar a eso. John estaba ocupado apretando y Qhuinn estaban intentando ponerle un ojo morado… y consiguiéndolo.
A ciento y pico kilómetros por hora. Y camino del centro. Con una posible identificación del Hummer si cualquiera de esos polis se hubiera recuperado lo suficiente como para enfocar sus pupilas mientras Blay los sacaba de Dodge City.
Y metidos en una pelea.
Más tarde, John se daría cuenta de que, por supuesto, sólo había un lugar al que Blay pudiera ir.
Para cuando el tipo aparcó en el estacionamiento de Sal’s… en la parte de atrás del restaurante, donde no había luces… John y Qhuinn estaban ambos sangrando. Y la pelea acabó sólo cuando John fue sacado bruscamente por la puerta por Trez… lo cual sugería que el pelirrojo había llamado por adelantado. Qhuinn fue manipulado de forma similar por iAm.
John escupió para limpiarse la boca y les fulminó a todos con la mirada.
—Creo que lo dejaremos en un empate, chicos —dijo Trez con una media sonrisa—. ¿Qué os parece?
Aunque John estaba libre, la furia le hacía temblar. Ese asesino podría haber sido lo único que necesitaban para averiguar la localización... la historia... cualquier cosa. Y como Qhuinn había insistido en desperdiciar al muy bastardo, no estaban más cerca de donde tenían que estar. Además estaba el hecho de que el lesser hubiera muerto tan fácilmente. Simplemente un pinchazo en la cavidad cardíaca y había vuelto a casa libre… o al menos de regreso al Omega.
Qhuinn se limpió la boca con el dorso de la mano.
—¡Me cago en la puta, John! ¿Crees qué no quiero encontrarla? ¿Crees qué me importa una mierda? Cristo, he estado fuera todas las noches contigo, observando, buscando, rezando por una pista. —Le apuntó con el dedo—. Así que entiende bien esto.  Que una panda de humanos nos hubiera encerrado a ambos junto con un lesser escurridizo no habría ayudado a nadie. ¿Quieres contarle a Wrath cómo te metiste en eso? Yo no. Y si alguna vez vuelves a ponerme un arma en la cara, te joderé sin importar cual sea mi trabajo.
John no confiaba en sí mismo para responder. Una cosa estaba clara, no obstante: si no tuviera la esperanza de sacar algo de la dirección de Benloise en St. Francis, ahora estaría machacando a alguien sin importar quien intentara detenerle, Sombra o lo que fuera.
—¿Me estás escuchando? —exigió Qhuinn—. ¿He sido lo bastante claro para ti?
John se paseó en círculos, con las manos en las caderas y la cabeza baja. Cuando su temperamento comenzó a calmarse, su lado lógico supo que su amigo tenía razón. También era muy consciente de que había perdido temporalmente el maldito juicio en ese cobertizo. ¿De verdad había puesto una cuarenta en la jeta a su amigo?
Su repentina revelación hizo que se le encogiera el estómago.
Si no terminaba con esto aquí, iba a tener problemas más serios que una hembra desaparecida. Iba a acabar muerto, ya fuera por mostrarse negligente en el combate o porque a Wrath le diera un ataque serio de darle-una-patada-en-el-culo.
Miró a Qhuinn. Tío, la expresión dura en esa cara perforada estaba justo al borde del punto donde una amistad no podía recuperarse… era el tipo de cosa que no tenía que ver con que Qhuinn fuera un tipo duro, sino más bien con que John fuera el tipo de gilipollas con quien nadie quería juntarse.
Se acercó al tipo y no se sorprendió cuando Qhuinn se mantuvo firme a pesar del tira y afloja del coche. Cuando dejó ver su mano, hubo una larga pausa.
—Yo no soy el enemigo, John.
John asintió, concentrando la atención en esa lágrima tatuada bajo el ojo del tipo. Replegando su mano, indicó por señas, Lo sé. Yo simplemente... Necesito encontrarla. ¿Y qué pasa si ese asesino era el modo de hacerlo?
—Tal vez lo fuera… pero la situación se pondrá crítica y vas a tener que escogerte a ti  mismo por encima de ella algunas veces. Porque si no lo haces, no hay forma de que puedas averiguar lo que sucedió. No puedes buscarla desde el interior de un ataúd.
No pudo encontrar forma de discutir eso.
—Así que escucha, jodido loco, estamos juntos en esto —dijo Qhuinn con suavidad—. Y estoy aquí para asegurarme que no te despiertas muerto. Si tengo que tomar el control, lo hago. Pero tú tienes que trabajar conmigo.
Voy a matar a Lash, afirmó John de pronto. Voy a sujetar su garganta entre mis manos y voy a mirarlo a los ojos mientras muere. No me importa cuánto me cueste... Pero sus cenizas estarán esparcidas sobre la tumba de ella. Lo juro por...
¿Qué tenía él por lo que jurar? Su padre no. Ni su madre.
...lo juro por mi vida.
Cualquier otro podría haber tratado de aplacarle con un montón de mierda sobre la confianza, idioteces como tienes-que-tener-fe. Pero Qhuinn le dio un golpe en el hombro.
—¿Te he dicho últimamente cuánto te quiero?
Todas las noches sales afuera conmigo para ayudar a encontrarla.
—Eso no es por el jodido trabajo.
Esta vez cuando John extendió su mano, su amigo la usó para unirlos en un fuerte abrazo. Luego Qhuinn lo apartó y comprobó el reloj de pulsera en su muñeca.
—Deberíamos dirigirnos a St. Francis Avenue.
—Tenéis diez minutos. —Trez rodeó con el brazo al tipo y comenzó a caminar hacia la puerta trasera de la cocina—. Vamos a limpiaros a los dos. Podéis dejar el Hummer en nuestro muelle de carga y yo cambiaré las matrículas por vosotros mientras estáis fuera.
Qhuinn miró a Trez.
—Eso sería de veras puñeteramente amable por tu parte.
—Sí, soy todo un príncipe, de acuerdo. Y para probarlo, incluso os contaré todo lo que sé de Benloise.
Mientras John los seguía adentro, el hecho que no hubiera sacado nada del asesino le enfocó, le fortaleció, le impulsó aún más.
Lash no iba a abandonar Caldwell. No podía. Mientras fuera el cabecilla de la Sociedad Lessening, iba a estar nariz con nariz con la Hermandad y los Hermanos no se moverían de la ciudad… la Tumba estaba aquí. Así que aunque los vampiros civiles se hubieran dispersado, Caldie seguiría siendo el epicentro de la guerra, porque no habría victoria para el enemigo si los Hermanos todavía respiraban.
Tarde o temprano, Lash iba a meter la pata y John iba a estar allí.
Pero joder, la espera podía agotar a un tipo, de veras. Arrastrar cada noche sin nada nuevo y nada tangible que seguir... era una eternidad en el infierno.

Capítulo 14

Cuando Lash por fin soltó la vena del señor D, lo apartó como a un plato sucio tras una comida. Apoyándose en la encimera, se deleitó en el hecho de que su hambre estaba saciada y su cuerpo ya parecía más fuerte. Pero ahora estaba jodidamente amodorrado, cosa que siempre le pasaba después de alimentarse.
Había estado tomando de vez en cuando de la garganta de Xhex sólo por placer y diversión, pero estaba claro que eso no era lo que necesitaba para llenarse el estómago.
Lo cual le dejaba viviendo de… ¿lessers?
No, no iría por ese camino. Nunca. Joder, de ninguna manera iba a estar pegado a las gargantas de tíos con cierta regularidad.
Levantando los brazos, comprobó su reloj. Las diez y diez. Y tenía el aspecto de un tipo hogareño. También se sentía como uno.
—Límpiate —le dijo al señor D—. Tengo mierda que necesito que hagas.
Cuando empezó a dar las órdenes, su boca tropezaba con las palabras que estaba pronunciando.
—¿Lo tienes? —dijo.
—Sí, señor. —El tejano recorrió el baño con la mirada como si estuviera buscando una toalla.
—Abajo —espetó Lash—. Cocina. Y tienes que ir a conseguirme una muda de ropa y traérmela aquí. Oh y mientras estés en la casa, dispón de más comida en el dormitorio.
El señor D simplemente asintió y salió, caminando sobre las flojas piernas.
—¿Le conseguiste el teléfono móvil al nuevo recluta? ¿La identificación? —Gritó Lash tras él.
—Están a bajo en la mochila. Y te mandé un mensaje con el número.
El cabrón realmente era un AP excelente.
Cuando se metió en la ducha y manipuló los grifos en la pared de baldosas, no se habría sorprendido si no hubiera salido nada o sólo un fino rastro de mugre marrón. Aunque tuvo suerte. Agua fresca y limpia cayó de la alcachofa de la ducha y rápidamente se desvistió.
Se sentía bien al lavarse, algo así como si reiniciara su cuerpo.
Después de que acabara, utilizó la camisa para secarse y luego se tambaleó hasta el dormitorio. Tendiéndose, cerró los ojos y se puso la mano en el estómago, encima de donde estaban las úlceras. Lo cual era estúpido. No es que necesitara protegerlas de nada.
Cuando los sonidos del piso de abajo parecieron indicar que las cosas estaban progresando, se sintió aliviado… y se sorprendió un poco. Los ruidos ya no eran todos desagradables y de temor; se adentraban en el territorio porno, ahora los gruñidos y gemidos se alzaban como consecuencia de orgasmos.
¿Eres maricón? recordó la pregunta del chico.
Tal vez había sido más del estilo espero-que-sí.
Pues vale. Lash no quería estar completamente fuera de juego con su padre, así que con un poco de suerte el nuevo recluta sería útil durante un tiempo.
Lash cerró los ojos e intentó desconectar la cabeza. Planes para la Sociedad, pensamientos sobre Xhex, frustración por todo el asunto de la alimentación… Las ondas de su cerebro se fusionaron en un remolino, pero su cuerpo estaba demasiado exhausto para mantener el conocimiento.
Lo cual era lo mismo que…
Fue cuando se hundió en el sueño que tuvo la visión. Surgió definida y clara, no desde su interior, entró en su mente desde algún otro lugar, sacando de en medio todas las demás preocupaciones.
Se vio a sí mismo caminando por los terrenos de la propiedad en la que había crecido, cruzando el césped hacia la magnífica casa. Dentro, las luces estaban encendidas y la gente andaba por allí… exactamente como la noche que había entrado y asesinado a aquellos dos vampiros que lo habían criado. Sin embargo, esos no eran los perfiles de la gente que él conocía. Eran diferentes. Eran los humanos que habían comprado la casa.
A la derecha estaba el lecho de hiedra en el que había enterrado a sus padres.
Se vio a sí mismo de pie en el lugar dónde había excavado el agujero y arrojado los cuerpos. Todavía estaba ligeramente irregular, aunque algún jardinero había plantado encima nuevos brotes de hiedra.
Arrodillándose, alargó la mano hacia adelante… sólo para ver que el brazo no era el suyo.
Era como su verdadero padre existía: una sombra negra y brillante.
Por alguna razón, la revelación lo aterrorizó e intentó despertarse. Se azotó la piel inerte.
Pero había caído demasiado bajo para liberarse del influjo.
* * *
La galería de arte de Ricardo Benloise estaba en el centro, cerca del complejo del hospital St. Francis. El elegante edificio de seis plantas se erguía sobre su hermano de 1920… era un “rascacielos” gracias a una reforma que lo dejó con un exterior de acero inoxidable y ventanas del tamaño de la puerta de un granero.
Parecía una joven estrella sentada junto a un grupo de matronas. Cuando John y los chicos aparecieron en la acera al otro lado de la fachada, el lugar bullía de actividad. A través de aquellos enormes paneles de cristal, John pudo ver a hombres y mujeres vestidos de negro llevando consigo copas de champán mientras examinaban las obras de arte de las paredes. Las cuales, al menos desde la calle parecían ser una fusión entre una pintura hecha por un niño de cinco años con los dedos y el trabajo de un sádico con un fetiche por los clavos oxidados.
John no se dejaba impresionar por la culta rutina vanguardista… y como siempre, no tenía ni idea por qué tenía una opinión sobre arte. Cómo si algo de esto importara
Trez les había dicho que se dirigieran a la parte de atrás, así que él y sus chicos recorrieron la manzana y acortaron por el callejón que pasaba por detrás de la galería. Mientras la parte frontal era muy llamativa y acogedora, la parte opuesta estaba a la altura de los negocios de mierda. Sin ventanas. Todo pintado de negro mate. Dos puertas empotradas y un muelle de carga más firmemente cerrado que un cinturón de castidad.
Según la información de Trez, las pobres excusas de “arte” como las que estaban siendo discutidas por esos engreídos aspirantes a Warhol no eran los únicos productos que entraban y salían del lugar. Lo cual estaba claro porque había un jodido cargamento de cámaras de seguridad instaladas sobre la salida trasera.
Afortunadamente, había sombras más que suficientes para ocultarse y en lugar de pasar delante de esas lentes, se desmaterializaron hasta lo alto de un montón de palés de madera en un rincón oscuro.
A esta hora la ciudad estaba todavía llena de vida, los cláxones sordos de los coches, las sirenas lejanas de la policía y los gruñidos torpes de los autobuses municipales dejaban huella en el aire fresco con una sinfonía urbana…
Al final del callejón, un coche giró y apagó las luces como si se dirigiera a la galería.
—Justo a tiempo —susurró Qhuinn—. Y es su Lexus.
John tomó una profunda bocanada y rogó porque dieran con una pista antes de perder su apreciada cabeza.
El sedan rodó hasta detenerse en paralelo al muelle de carga y se abrió la puerta. Cuando la luz interior se encendió…
El pequeño lesser del parque, el que olía a Old Spice, salió de un coche por lo demás vacío. Sin Lash.
El primer instinto de John fue saltar sobre el asesino… pero según Trez, se suponía que Lash asistiría a la reunión. Si interrumpían una afluencia de llegadas concertada, había posibilidades de que fuera avisado.
Y dado su abanico de trampas, la sorpresa era misión vital.
Durante un instante, John se preguntó si debía enviar mensaje a los Hermanos. Ponerles al corriente. Conseguir refuerzos en serio… salvo que al instante en que se le ocurrió, su venganza se incorporó y rugió.
Razón que precisamente le hizo meter la mano en el bolsillo y sacar el teléfono. Mientras el asesino se dirigía dentro, el texto que le envió a Rhage fue corto y conciso: 189 St. Francis. Lash de camino. Los 3 en el callejón trasero.
Cuando se puso de nuevo el teléfono en el bolsillo, pudo sentir a Blay y a Qhuinn mirando sobre su hombro. Uno de ellos le dio un apretón de aprobación.
La cuestión era que Qhuinn tenía razón. Si el objetivo verdadero era derrotar a Lash, había más posibilidades de pillar al tipo si tenía ayuda. Y tenía que ser listo en esto, porque la estupidez evidentemente no iba a llevarle a dónde necesitaba estar.
Un momento después, Rhage se materializó al principio del callejón con Vishous y la pareja se acercó a zancadas. Hollywood era el tipo al que acudir cuando se trataba de Lash porque el Hermano llevaba encima la única arma que podía hacer frente al bastardo: Ese dragón suyo iba a donde quiera que iba él.
Los dos aparecieron justo al lado de John y antes de que ninguno de ellos pudiera preguntar, él comenzó con el lenguaje de signos:
Tengo que ser yo el que mate a Lash. ¿Entendéis? Tiene que ser mío.
Inmediatamente Vishous asintió y dijo con signos: Conozco tu historia con ese pedazo de mierda. Pero si llega al punto dónde eres tú o el cabrón, tu honor se va al banquillo y vamos a interceder. ¿Está claro?
John hizo una profunda aspiración, pensando que la extrapolación surtía bastante efecto con un porqué.
Voy a lograrlo, así que no tienes que preocuparte por ello.
Está bien.
Todos se quedaros inmóviles cuando el lesser que había conducido el Lexus salió, se puso tras el volante… y se fue como si la reunión hubiera sido cancelada.
—Al tejado —dijo Rhage, desapareciendo.
Con una maldición interna, John aceptó el consejo y adoptó forma en lo alto del edificio de Benloise, mirando por encima del borde y observando como el sedán se detenía en la calle St. Francis. Afortunadamente, el asesino era respetuoso con la ley y puso el intermitente izquierdo, así que John dispersó sus moléculas y se fusionaron dos edificios más abajo. Mientras el coche avanzaba, lo repitió una y otra vez hasta que el lesser giró a la derecha, hacia la parte más antigua de Caldwell. Dónde se acababan los tejados planos y todo en lo que podías aterrizar era un manojo de mierda puntiaguda de estilo victoriano.
Menos mal que las suelas de las shitkickers tenían algo de agarre.
Como una gárgola, John se posó sobre torrecillas, buhardillas y alfeizares, siguiendo a su presa por el aire… hasta que el Lexus giró en un callejón y se escondió tras una hilera de casas de piedra arenisca.
John conocía el barrio sólo de nombre, tras su único viaje al sótano de Xhex, que estaba cerca, pero no era el territorio habitual de la Sociedad Lessening. Normalmente sus bases estaban en códigos postales de muy bajo perfil.
Así que solo había una explicación. Era dónde Lash se alojaba.
Un tipo como él, que había crecido entre joyas, ropas y toda esa mierda, necesitaría un trasplante de personalidad para ser capaz de asentarse en algo menos que una buena propiedad. Había crecido rodeado de esto e indudablemente lo vería justo.
El corazón de John comenzó a latir rápido y con fuerza.
El Lexus se detuvo frente a un garaje, y cuando se abrió la puerta, entró. Un momento después, el pequeño asesino atravesó un jardín hacia la parte trasera de una de las casas más bonitas.
Rhage apareció justo al lado de John y le habló por signos:
Tú a la parte trasera conmigo. Vishous y los chicos van a desmaterializarse entrando por la puerta principal. V ya está en el porche y dice que no hay artillería.
Cuando John asintió, los dos bajaron, apareciendo en una terraza de pizarra, justo cuando el lesser abría la puerta hacia lo que parecía una cocina de gourmet.
Esperaron un momento, congelados en el tiempo y el espacio, mientras el asesino desconectaba el sistema de seguridad.
El hecho de que fuera necesario desconectar el sistema no significaba necesariamente que Lash no estuviera dentro. Los Lessers requerían descansos frecuentes para recargar y solo un gilipollas se dejaría a sí mismo sin seguridad.
John simplemente tenía que creer que lo que estaba buscando estaba en esa casa.


Capítulo 15

Xhex estaba sentada en el sillón de orejas junto a la ventana cuando oyó ruido arriba en el tejado. El bump-bump era amortiguado pero lo bastante alto como para arrancarla de los ejercicios aeróbicos mentales que hacía para mantenerse alerta.
Miró al techo.
En el piso de abajo, el sistema de seguridad se desconectó y su precisa audición captó el bip-bip-bip-bip-bip al ser desactivado. Y luego se oyeron los pasos ligeros del lesser que le traía la comida...
Algo no iba bien. Algo... no estaba bien.
Inclinándose hacia delante en el sillón, se puso tensa desde el cuello hasta los pies y extendió sus sondeos mentales. Aunque no podía enviar señales symphath, su habilidad para sentir redes emocionales estaba disminuida pero funcionaba... y así fue como supo que había alguien en la casa aparte del asesino.
Varios cuerpos. Dos en la parte trasera. Tres en la delantera. Y las emociones de los individuos que habían rodeado la casa eran propias de soldados: calma letal, concentración total.
Pero no eran lessers.
Xhex se levantó disparada.
Jesu… cristo. La habían encontrado. Joder, los Hermanos la habían encontrado.
Y la emboscada fue ejecutada en perfecta coordinación. En el piso de abajo, oyó un grito de sorpresa y una refriega de cuerpos. Luego el golpear de botas mientras se lanzaban al combate cuerpo a cuerpo y los refuerzos entraban rugiendo desde otra dirección.
A pesar de que nadie excepto Lash podía oírla, comenzó a gritar tan alto como pudo con la esperanza de que por una vez, pudiera extenderse más allá de las paredes invisibles de su jaula.
* * *
John Matthew no podía creer que el lesser no hubiera sabido que estaban allí. A menos que el cabrón estuviera disminuido de alguna manera, debería haberle afectado el hecho de que hubiera vampiros por todo el lugar. Pero, oh, no... iba a su rollo, entrando mientras dejaba abierta la maldita puerta.
La primera ley de la infiltración era el control y tan pronto como John traspasó el umbral de la casa, sometió al lesser doblándole los brazos al bastardo por detrás de la espalda, forzándolo de cara a las baldosas y sentándose sobre su culo como si fuera un piano de cola. Mientras tanto, Rhage pasó como una ráfaga con pies sorprendentemente ligeros justo cuando V y los otros chicos aparecían en la cocina desde el comedor.
Mientras la primera planta de la casa era registrada con rapidez, John sintió un cosquilleo bajándole por la espalda… como si un cuchillo de hoja afilada le trazara la columna. Mirando alrededor, no pudo descubrir el origen de la sensación, así que capeó el instinto.
—El sótano —siseó Rhage.
Vishous se dirigió hacia abajo con el Hermano.
Con sus chicos guardándole las espaldas, John fue capaz de concentrar su atención en el lesser debajo de él. El cabrón estaba demasiado tranquilo, demasiado quieto. Respiraba, pero eso era todo.
¿Se había golpeado con algo de camino al suelo? ¿Estaba desangrándose? Normalmente contraatacaban.
Pateando latas de combustible, por poner un jodido ejemplo.
Mientras buscaba señales de pérdida de sangre u otras lesiones, John movió la cabeza sin dar al asesino la oportunidad de liberarse. Agarrando al cabrón del cabello, lo levantó…
Encontró algo, de acuerdo… pero seguro como la mierda que no había sido causado por el placaje. En el costado izquierdo del cuello del asesino, había dos heridas de pinchazos y un moretón circular provocado por succionar.
Qhuinn llegó y se arrodilló.
—¿Quién ha estado trabajándose tu cuello, tiarrón?
El lesser no contestó. Entretanto, V y Rhage se desmaterializaron arriba desde el sótano y se dirigieron a la segunda planta.
Mientras los Hermanos se movían silenciosamente por la casa, Qhuinn asió la mandíbula del asesino.
—Estamos buscando a una hembra. Y puedes hacer esta mierda más fácil para ti si nos dices dónde está.
El lesser frunció el ceño… y lentamente movió los ojos hacia arriba.
Eso fue todo lo que John necesitó.
Se lanzó hacia delante, agarrando la palma de Blay y tirando de ella hacia abajo, hacia el asesino. Cuando la posesión cambió de manos, John dio un brinco y atravesó corriendo el comedor y el vestíbulo delantero. El hueco de la escalera era amplio y enmoquetado, lo cual significaba que tenía una adherencia excelente cuando subías los escalones de tres en tres. Cuanto más subía, más gritaban sus instintos.
Xhex estaba en la casa.
Justo cuando llego arriba, Rhage y V aparecieron frente a él, bloqueándole el camino.
—La casa está vacía…
John cortó a Rhage.
Ella está aquí. Está aquí en algún lugar. Lo sé.
Rhage le atrapó el brazo.
—Bajemos y preguntemos al asesino. Conseguiremos más de ese modo…
¡No! ¡Ella está aquí!
Vishous se acercó a la cara de John, su mirada era un diamante incandescente.
—Escúchame, hijo. Prefieres volver abajo.
John entrecerró los ojos. No sólo querían que bajara abajo. No lo querían aquí arriba.
Qué habéis encontrado. Nadie contestó. ¡Qué habéis encontrado!
Librándose de ambos, oyó la maldición de Rhage mientras V saltaba delante de una puerta.
La voz de Hollywood sonó apagada.
—No, V, suéltalo. Déjale… ya odia a Lash bastante para toda una vida.
La mirada de V destelló como si fuera a discutir, pero luego sacó un pitillo de la chaqueta y se hizo a un lado con una maldición.
Con la parte trasera del cuello tan tensa como un puño, John reventó la puerta y derrapó al detenerse abruptamente. La tristeza en la habitación era un umbral tangible que tuvo que violar. Su cuerpo penetró el frío muro de desolación sólo porque obligó a sus pies a avanzar hacia delante.
Aquí había estado retenida.
Xhex había estado retenida aquí… y la habían lastimado en este lugar.
Abrió los labios y respiró a través de la boca mientras sus ojos trazaban los arañazos de las paredes. Había legiones de ellos, junto con manchas negras… y otras de sangre seca.
Que era de un intenso rojo púrpura.
John analizó y recorrió con las manos un boquete que era tan profundo, que el empapelado de seda había cedido paso a los listones y al yeso de debajo.
Sus inhalaciones se hicieron más bruscas y sus exhalaciones más cortas mientras recorría la habitación. La cama era un auténtico desastre, las almohadas esparcidas por el suelo, el nórdico un enmarañado…
Había sangre en él.
Alargando la mano, recogió una de las almohadas y la sujetó con ternura. Llevándosela a la nariz, inhaló… y captó una versión más fuerte de aquello con lo que soñaba cada noche: el aroma de Xhex.
Se le aflojaron las rodillas y se hundió como una piedra a través del agua inmóvil, desplomándose junto al colchón. Enterrando la cara en la suavidad de la almohada, se la metió dentro, su fragancia persistía como un recuerdo, tangible y escurridizo a la vez.
Ella había estado aquí. Recientemente.
Echó un vistazo a las sábanas ensangrentadas. Las paredes ensangrentadas.
Había llegado demasiado tarde.
El rostro de John se humedeció y sintió algo que le goteaba por la barbilla, pero le importaba una mierda. Estaba consumido por el pensamiento de que había estado tan cerca de salvarla… pero no había llegado a tiempo.
El sollozo que se abrió paso por su garganta realmente produjo un sonido.
* * *
En toda su vida, el corazón de Xhex no había sido propenso a romperse. Durante mucho tiempo había sospechado que era resultado de su lado symphath, una especie de enfermedad congénita que la endurecía contra cosas que a la mayoría de las hembras las perdía.
No obstante resultó que estaba equivocada.
Mientras permanecía junto a John Mathew y observaba su enorme cuerpo derrumbado junto a la cama, el órgano que latía detrás de su esternón se hizo añicos como un espejo.
Nada más que fragmentos.
Estaba total y completamente destruida mientras él acunaba esa almohada como si fuera un recién nacido y en este momento de total desesperación, habría hecho cualquier cosa para calmar su dolor. A pesar de que no tenía ni idea de por qué él lo sentía de manera tan evidente. Las razones no tenían importancia.
El sufrimiento de John era supremo.
Flaqueando, se arrodilló junto a él, sus ojos enviando una imagen trágica de él que cortó directamente hasta la parte más profunda de su cerebro.
Parecía que habían pasado siglos desde que lo viera por última vez y Dios, todavía era tan guapo, incluso más de lo que recordaba en sus momentos de tranquilidad. Con su perfil fuerte y duro y sus extraordinarios ojos azules. Su rostro era el de un guerrero y tenía un cuerpo enorme a juego, sus hombros eran tres veces los suyos. Sus ropas eran de cuero excepto por la camiseta debajo de la chaqueta y el cabello estaba esencialmente rasurado, como si hubiera acabado importándole una mierda y se lo hubiera cortado con una maquinilla eléctrica.
Había sangre de lesser bajándole por la pechera de la chaqueta y en su camiseta.
Había matado esta noche. Y tal vez así la había encontrado.
Bueno, casi la había encontrado.
—¿John? —dijo en tono bajo una voz masculina.
Xhex se volvió hacia la entrada, aunque él no lo hizo. Qhuinn estaba de pie con los Hermanos Rhage y Vishous. Acababa de unirse a ellos.
De un modo ausente, notó la sorpresa en el rostro de los Hermanos… y tuvo la sensación de que no habían adivinado que había una conexión seria entre ella y John. Aunque ahora lo sabían. Alto y claro.
Cuando Qhuinn dio un paso dentro y se aproximó a la cama, su tono siguió siendo suave.
—John, llevamos aquí media hora. Si vamos a interrogar a ese lesser de abajo sobre ella, tenemos que trasladarlo rápidamente. No queremos hacerlo aquí y sé que quieres estar al mando.
Oh, Dios… no…
—Llévame contigo —susurró Xhex con desesperación—. Por favor… no me dejes aquí.
De repente, John alzó la mirada hacia Xhex, como si oyera su ruego.
Pero no, simplemente miraba a su amigo a través de ella.
Cuando él asintió, memorizó su rostro, sabiendo que era la última vez que lo vería. Cuando Lash descubriera el allanamiento, la mataría en el acto o la trasladaría a algún otro lugar… y había muchas probabilidades de que no sobreviviera lo bastante para ser encontrada de nuevo.
Alzando la mano, a pesar de que no haría ningún bien, la posó en un costado del rostro de John y pasó el pulgar una y otra vez por los rastros de sus lágrimas. Se imaginó que casi podía sentir la calidez de su piel y la humedad en sus mejillas.
Habría dado cualquier cosa por ser capaz de tomarlo entre sus brazos y abrazarlo. Todavía más, por irse con él.
—John… —dijo con voz ronca—. Oh, Dios… ¿por qué te estás haciendo esto?
Él frunció el ceño, pero sin duda fue por algo que Qhuinn estaba diciendo. Salvo que entonces su propia palma se alzó y la colocó dónde ella le estaba tocando.
Pero fue sólo para secarse las lágrimas. Cuando se levantó, se llevó la almohada con él y pasó directamente a través de Xhex.
Xhex observó la retirada mientras la sangre le tronaba en los oídos. Esto era, en cierto modo, un eco del proceso de muerte, pensó. Poco a poco, palmo a palmo, lo que la ataba a la vida desaparecía, se marchaba, partía. Con cada paso que John daba hacia la puerta, la respiración se evaporaba de sus pulmones. Su corazón se estaba deteniendo. Su piel se enfriaba.
Su oportunidad de rescate se estaba alejando. Su oportunidad…
Fue entonces cuando supo por lo que había estado luchando todo ese tiempo, y por una vez, no sintió la inclinación de ocultar sus emociones. No había necesidad. Aunque permanecía con ella, estaba completamente sola y separada de él, es más, su propia mortalidad aclaraba sus prioridades.
—John —dijo suavemente.
Él se detuvo y miró por encima del hombro hacia la cama.
—Te amo.
Su atractivo rostro se tensó de dolor y se frotó en medio del pecho, como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el corazón y lo apretujara hasta la muerte.
Y luego se alejó.
El cuerpo de Xhex hizo caso omiso de su mente. Con un salto desesperado, corrió hacia la puerta abierta, con los brazos extendidos, la boca completamente abierta.
Cuando golpeó los confines de su prisión, oyó un ruido fuerte, como una sirena… o el estridente silbido de fuegos artificiales después de encenderlos… o tal vez fuera el sonido de la alarma de seguridad.
Pero no era ninguna de esas cosas.
Era ella misma gritando a pleno pulmón.

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