sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 16 17 18

Capítulo 16

John tuvo que arrancarse de aquella habitación. Si no hubiera sido por la lógica aplastante y la necesidad de partir en dos a ese lesser, no habría sido capaz de mover sus botas ni un milímetro.
Habría jurado sentir la presencia de ella… pero sabía que eso era una trampa mental nacida de su búsqueda. Ella no estaba en la habitación. Había estado en la habitación. Dos cosas totalmente distintas… y su única oportunidad de averiguar qué le había sucedido estaba abajo, en la cocina.
Mientras se dirigía al primer piso, se frotó los ojos y el rostro, descubriendo que su mano quería entretenerse en su mejilla. La piel de allí le hormigueaba… algo así como cuando Xhex lo había tocado en una de esas raras ocasiones.
Dios… la sangre en esa habitación. Toda esa sangre. Ella se había defendido de Lash y aunque era una fuente de orgullo pensar que había rajado al cabrón un buen número de veces, no pudo soportar la realidad de lo que había acaecido en ese dormitorio.
John giró a la izquierda y caminó airado a través del comedor, intentando concentrarse de nuevo en la partida mientras sentía como si le hubieran arrancado la piel y arrojado en carne viva al océano. Empujó la puerta de servicio de la cocina.
En el instante en que sus ojos se centraron sobre el lesser, un terremoto lo arrasó y su firmamento se rompió hasta su mismísimo centro. Estiró la boca completamente abierta y soltó un rugido mudo.
Cuando se abalanzó hacia adelante, su furia hizo estallar los colmillos en su boca y su cuerpo funcionó con el piloto automático. Se desmaterializó en el espacio, tomando forma delante del bastardo. Empujó a Blay lejos del asesino y el vampiro vinculado en John atacó con un tipo de ferocidad de la que sólo había oído hablar… pero nunca había visto.
Y desde luego nunca experimentado.
Con la vista completamente en su blanco y los músculos vigorizados por la rabia, era todo acción, nada de pensamiento mientras atacaba. Con las manos en forma de garras, los colmillos cortantes como dagas y su ira interior tan intensa que le convertía en un animal.
No tenía ni idea de cuánto tiempo tardó… ni de lo que hizo. Lo único que registró fue la vaga conciencia de que todo lo que podía oler era un hedor dulzón.
Algún tiempo después… mucho después… una vida después… se detuvo para tomar aliento y se encontró a cuatro patas, con la cabeza colgando y los pulmones ardiendo por el esfuerzo. Tenía las palmas plantadas en las baldosas resbaladizas por la sangre negra, algo le goteaba del cabello y le salía por la boca.
Escupió un par de veces intentando deshacerse del repúgnate sabor, pero fuera lo que fuera, la mierda no estaba sólo en su lengua y sus dientes, le bajaba por la garganta hasta el estómago. Además le escocían los ojos y los tenía borrosos.
¿Estaba llorando otra vez? Ya no sentía tristeza… sólo vacío.
—Jesu… cristo… —dijo alguien en voz baja.
De repente se sintió exhausto, John dejó que su codo se relajara y cambió su peso al costado. Posando la cabeza en un charco refrescante, cerró los ojos. No tenía fuerzas. Todo lo que podía hacer era respirar.
Un rato después, oyó a Qhuinn hablándole. Por mera cortesía, más que por tener idea de lo que estaba pasando, asintió cuando se hizo una pausa.
Quedó momentáneamente sorprendió cuando sintió manos en sus hombros y piernas. Sus párpados se las arreglaron para parpadear cuando fue levantado.
Qué raro. Las encimeras y los armarios habían sido blancos cuando entraron por primera vez. Ahora… estaban pintados de un negro muy brillante.
Desvariando, se preguntó por qué alguien habría hecho aquello.
El negro no era precisamente un color acogedor.
Cerrando los ojos, sintió golpes y trompazos mientras era trasladado fuera y luego se produjo un levantamiento final seguido por el aterrizaje de su cuerpo en una pila desmadejada. Se encendió el motor del coche y se cerraron las puertas.
Estaban en camino. Sin duda de regreso al complejo de la Hermandad.
Antes de desmayarse del todo, alzó la mano y se la llevó a la mejilla. Lo cual le hizo darse cuenta de que se había olvidado la almohada.
Despertándose de golpe, se levantó, como Lázaro regresando de la muerte.
Sin embargo, Blay estaba justo allí con lo que se había llevado.
—Aquí tienes. Me aseguré de que no nos fuéramos sin esto.
John agarró aquello que todavía olía a Xhex y acurrucó su enorme cuerpo alrededor. Y eso fue lo último que recordaría del viaje de regreso a casa.
* * *
Cuando Lash despertó, estaba exactamente en la misma posición en que había estado cuando cayó dormido: de espaldas con los brazos cruzados sobre el pecho… como un cadáver dispuesto en un ataúd. Antes, cuando había sido un vampiro, se removía durante el día, despertándose normalmente de lado con la cabeza debajo de la almohada.
Cuando se incorporó, lo primero que hizo fue examinar las lesiones de su pecho y estómago. Sin cambios. No peor, pero sin cambios. Y su nivel de energía no había mejorado de manera significativa.
A pesar del hecho de que había dormido… Jesucristo, ¿tres horas? ¿Qué demonios?
Jodidas gracias que había tenido el sentido común de posponer esa cita con Benloise. No te encontrabas con un hombre así cuando tenías este aspecto y te sentías como si hubieras estado de juerga una semana y media.
Sacando las piernas fuera de la cama, se apoyó y empujó su culo fuera del colchón, poniéndose derecho. Mientras su cuerpo serpenteaba, no oyó nada excepto silencio en el piso de abajo. Oh… espera. Alguien estaba vomitando. Lo que significaba que el Omega había acabado su asuntillo con el nuevo recluta y el chico estaba comenzando de seis a diez divertidas horas de vómitos.
Lash recogió la camisa manchada y el traje, preguntándose dónde demonios estaba su muda de ropa. Al señor D no le llevaría tres horas llevar su culo a casa de Benloise, cambiar la cita, luego dirigirse a la casa para alimentar a Xhex y elegir un nuevo juego de trapos del armario.
En su camino de descenso por las escaleras, Lash marcó el número del idiota, y cuando saltó el buzón, espetó:
—Joder, ¿dónde está mi ropa, gilipollas?
Colgó y miró al interior del comedor a través del pasillo. El nuevo recluta ya no estaba sobre la mesa. Estaba parcialmente debajo y agachado sobre un balde, con arcadas secas como si tuviera una rata en las tripas que no pudiera encontrar la salida.
—Aquí te dejo —dijo Lash en voz alta.
Esto provocó una pausa y el recluta levantó la mirada. Tenía los ojos inyectados en sangre y algo parecido a agua sucia de lavar los platos saliéndole por la boca abierta.
—¿Qué… me está pasando? —Voz pequeña. Pequeñas palabras.
La mano de Lash fue hacia la llaga en su pecho y se le hizo difícil respirar mientras pensaba una vez más que a los reclutas nunca se les explicaba la historia completa. Nunca sabían qué esperar ni el valor total de lo que entregaban o recibían.
Nunca antes había pensado en sí mismo como un recluta. Era el hijo, no otro piñón en la maquinaria del Omega. ¿Pero cuánto sabía en realidad?
Se obligó a alejar la mano de la lesión.
—Vas a ponerte bien —le dijo con rudeza—. Todo… va a salir bien. Vas a desmayarte un rato y cuando te despiertes… te volverás a sentir tú mismo, sólo que mejor.
—Esa cosa…
—Es mi padre. Todavía vas a trabajar para mí, como dije. Eso no ha cambiado —se dirigió hacia la puerta cuando el impulso de huir se hizo demasiado fuerte para combatirlo—. Te enviaré a alguien.
—Por favor… no me dejes —imploraron unos acuosos ojos y una mano manchada se extendió—. Por favor…
Las costillas de Lash se agarrotaron, comprimiendo sus pulmones hasta el punto de funcionar mal, hasta que no pudo arrastrar más aire por la garganta.
—Alguien vendrá por ti.
Fuera de la puerta, fuera de la casa, fuera del lío. Se metió rápidamente en el Mercedes, detrás del volante y se encerró en el coche. Salió disparado por el corto camino de entrada de la granja. Le llevó unos tres kilómetros poder respirar correctamente y no fue hasta que vio los rascacielos del centro que se sintió más cómo él mismo.
Mientras se dirigía a la casa de piedra arenisca, llamó al señor D dos veces más, saltó el buzón de voz y luego… el buzón de voz.
Bajó por la derecha del callejón hacia el garaje. Estaba listo para arrojar el teléfono por la ventana de pura frustración.
Levantando el pie del acelerador, dejó que otro coche lo pasara… pero no disminuyó la velocidad sólo por cortesía hacia el Porsche de su vecino.
La puerta del garaje de la casa estaba abierta de par en par y el Lexus del señor D estaba aparcado dentro. Sin ningún protocolo.
Eso y todas las llamadas sin respuesta fueron una bandera roja del tamaño de Texas y el primer pensamiento de Lash fue para Xhex. Si esos cabrones de los Hermanos se la habían llevado, iba a estacarlos sobre el césped y dejaría que el sol se ocupara de ellos bien y despacito.
Cerrando los ojos, envió sus instintos al exterior… y tras un momento, pudo sentir al señor D, pero las señales eran muy débiles. Casi imperceptibles. El cabrón evidentemente había sido apaleado, pero estaba sin rematar aún.
Cuando un coche se puso detrás de él y tocó el claxon, se dio cuenta de que se había parado en seco en medio de la calle.
Normalmente, su primer movimiento habría sido meter el Mercedes en el garaje y entrar como un rayo en la casa con los puños en alto… pero estaba a media asta en el mejor de los casos, flojo y mareado. Y si los Hermanos estuvieran todavía dentro, ahora no era el momento de encarar a su enemigo.
Incluso los lessers podían despertarse muertos. Incluso el hijo del mal podría ser enviado a casa.
¿Pero qué pasaba con su hembra?
Perseguido por un extraño y frío terror, Lash pasó de largo el callejón, tomó la primera a la derecha y luego otra vez. Mientras circulaba por delante de su casa, rogó como una putita para que ella todavía estuviera…
Alzó la mirada hacia las ventanas de la segunda planta, la vio en la habitación y su alivio fue tan potente que la respiración le abandonó en un resuello. No importaba qué hubiera sucedido en esa casa, no importaba quién se hubiera infiltrado, Xhex todavía estaba dónde la había dejado. Su rostro estaba claro para él y sólo para él. Podía ver al otro lado del cristal sus ojos alzados hacia el cielo y su mano en la garganta.
Qué imagen tan encantadora, pensó. Le estaba creciendo el cabello, comenzaba a rizarse y con la luz de la luna en lo alto de sus pómulos y labios perfectos era francamente una imagen romántica.
Todavía era suya.
Lash se obligó a seguir conduciendo. La cuestión era que ella estaba a salvo dónde estaba… Su prisión invisible era impenetrable para cualquier vampiro, humano o lesser, ya fuera un Hermano o simplemente cualquier tipo con una pistola y huevos.
¿Y si entraba y tenía una escaramuza con los Hermanos? ¿Y si resultaba herido? Iba a perderla, porque el hechizo en el que ella estaba atrapada le restaba energías para mantenerlo. Ya estaba teniendo bastantes problemas convocando la fuerza suficiente para que siguiera funcionando… y aunque despreciaba su debilidad, era un puñetero realista.
Mantenerlo funcionando le mataría. Le mataría absolutamente
Pero era la decisión correcta. Si quería retenerla, tenía que dejarla atrás hasta que el amanecer despejara esa casa.
Le llevó un rato comprender de que estaba conduciendo sin rumbo fijo. Pero la verdad era que la idea de regresar y quedarse en uno de esos pequeños ranchos de mierda que la Sociedad Lessening tenía en propiedad le hacía desear arrancarse la piel del rostro a tiras.
Tío, ¿no iba a amanecer nunca?
Hasta cierto punto, no podía creer que fuera tan cobarde como para estar largándose. Pero por otro lado, estaba teniendo problemas para mantener la cabeza despejada y los ojos abiertos al volante. Cuando volvió al principio del puente de Caldwell en dirección oeste, no sólo era la rutina del cansancio. Las llagas bien podían ser de las batallas con Xhex, pero el agotamiento era…
La respuesta se le ocurrió mientras echaba un vistazo a las calles en dirección este. Era tan obvio y aún así lo golpeó con tal fuerza que levantó el pie del acelerador.
Este y oeste. Izquierda y derecha. Noche y día.
Por supuesto que alimentarse del señor D sólo lo había ayudado teóricamente.
Necesitaba una hembra. Una hembra lesser.
¿Por qué no había caído en la cuenta antes? Los vampiros varones se fortalecían sólo con la sangre del sexo opuesto. Y aunque el lado de su padre era muy dominante en él, claramente había colmillo de sobra ahí al que tenía que  alimentar.
Después de tomar la vena del señor D sólo se había sentido parcialmente satisfecho.
Bien, esto lo cambiaba todo… y le brindaba a Xhex todo un nuevo futuro.

Capítulo 17

Los ruidos de la sangrienta refriega del piso de abajo llegaron hasta los oídos de Xhex y dado el hedor que ya llegaba a la entrada de la habitación, sólo podía suponer lo que le habían hecho a ese pequeño lesser que le traía la comida.
Por lo visto parte de la primera planta había sido redecorada con estampado de asesino.
La sorprendía que los Hermanos hubieran decidido descuartizar al bastardo miembro a miembro en la casa. Por lo que ella sabía, normalmente Butch O’Neal, inhalaba a los asesinos para evitar que volvieran al Omega. ¿Pero lo del piso de abajo? Le sorprendería si quedaba algo que pudieras recoger sin una fregona.
A menos que fuera un mensaje para Lash.
Tras el ruidoso caos de la carnicería, se produjo un extraño período de silencio y luego muchas pisadas. Se marchaban ahora que ya no quedaba nada que matar.
El pánico se alzó de nuevo en su pecho y el esfuerzo de volver a calmarse fue casi físico… pero maldita sea, no iba a desquiciarse. Lo único que tenía en esa situación era a ella misma. Ella era su arma; su mente y su cuerpo eran lo único que Lash no podía quitarle.
Si las perdía, podía darse por muerta.
A la mierda con eso, si las perdía no podría llevarse a Lash con ella de paso.
La realidad de la situación era dónde encontraría fuerzas para continuar adelante, continuar con el peso de reprimir sus emociones cuando de otro modo lo habrían hecho volar todo por los aires llevándose consigo la lógica. Lo guardó todo bajo llave, apagando todo lo que había sentido cuando estuvo junto a John Matthew.
Nada pasaría. Nada emanaría.
Pasando a modo guerra, se dio cuenta de que no había oído un estallido o visto el eco de un destello, así que no habían apuñalado al asesino. Y el olor era tan intenso, que apostaba a que habían dejado el cuerpo atrás.
Joder, Lash iba a perder los putos estribos. Le había oído interactuar con el pequeño tejano y aunque él lo negaría, le tenía apego al bastardo. Todo lo que tenía que hacer era explotar esta debilidad suya. Llevándole incluso más lejos cuando se cabreara. Tal vez se rajaría de alguna manera esencial…
Entre el silencio y el dulce hedor, se paseó por allí y acabó en la ventana. Sin pensar en el campo de fuerza, levantó ambas manos y las apoyó contra el marco.
Xhex dio un brinco hacia atrás, esperando una oleada de dolor.
En su lugar… solo sintió un hormigueo.
Había algo diferente en su prisión.
Manteniendo un ojo atento, regresó a la barrera con las palmas extendidas, presionándolas contra su contención. Objetividad total y absoluta era lo que necesitaba para evaluar las cosas… pero resultó, el cambio era tan obvio que incluso distraída lo habría detectado. Había una debilidad en el tejido extensible del hechizo. Una debilidad inconfundible.
La pregunta era por qué. Y tanto si iba a debilitarse más o no, esta irregularidad era algo que tenía que aprovechar en este momento.
Sus ojos evaluaron la ventana. Visualmente, no había nada fuera de lo normal en su prisión y levantó la mano hacia el cristal, sólo para asegurarse... sí, tenía razón.
¿Habría muerto Lash? ¿Habría resultado herido?
En ese momento, un gran Mercedes negro se detuvo delante de la casa y presintió al hijo de puta dentro. Y ya fuera porque hubiera estado tomado de su vena o porque la barrera se estuviera debilitando, la rejilla emocional del mamón era cristalina para su lado symphath: Se sentía aislado. Preocupado. Y… débil.
Bueno, bueno, bueno…
Eso daba credibilidad al debilitamiento que había sentido. Y una idea de por qué no venía a por ella en plan Johnny-el-rápido. Si ella fuera Lash y no se sintiera particularmente fuerte, esperaría a que llegara el amanecer antes de entrar.
Eso o se largaría a buscar numerosos refuerzos.
Pero claro, para eso estaban los teléfonos móviles, ¿no?
Cuando el Mercedes abandonó el vecindario y no mostró señales de volver, Xhex retrocedió dos pasos de la ventana. Tensó los muslos, se agachó en una posición de combate, cerrando los puños y posicionando el cuerpo ligeramente hacia atrás por las caderas. Respiró profundamente, se concentró y…
Soltando el puño derecho con toda la fuerza de su hombro, dio a la barrera un puñetazo lo bastante fuerte como para romper en pedazos a la muy cabrona si hubiera sido la mandíbula de un macho.
El hechizo la pinchó en respuesta, pero en toda la habitación, aparecieron ondas, su celda titilaba como si se recalibrara después de un daño. Antes de que pudiera recomponerse por completo, lanzó otro puñetazo.
El cristal al otro lado de la barrera estalló con el impacto.
Al principio, se quedó parada como una estúpida… incluso cuando sintió la brisa en el rostro y bajó la mirada a sus nudillos, ahora sangrantes, para confirmar que no había otra razón por la que la ventana se hubiera roto.
Santa… mierda.
Rápidamente consideró sus estrategias potenciales de salida, miró por encima del hombro hacia la puerta que John y los Hermanos habían dejado abierta.
Lo último que quería era atravesar la casa, porque no conocía la distribución y no tenía ni idea de con qué se iba a topar a lo largo del camino. Pero el instinto le decía que seguramente estaba demasiado débil para desmaterializarse… así que si intentaba atravesar la ventana, no sabía si sería capaz de llevar a cabo una desaparición en el aire.
En cuyo caso se haría papilla en el pavimento de abajo.
La puerta abierta era su mejor opción. Podía utilizar su propio cuerpo como un puño y cogiendo carrerilla, tendría incluso más potencia respaldándola.
Dando media vuelta, puso los omóplatos contra la pared, aspiró una profunda bocanada… y cruzó corriendo la habitación, con las puntas de los pies llevando su peso sobre el suelo y los brazos en movimiento.
Golpeó la barrera y el dolor fue incandescente, disparándose a través de cada una de las células de su cuerpo, encendiéndola de adentro hacia fuera. La agonía la cegó en el mismo instante en que el hechizo la retenía en el lugar, atrapándola dentro de los confines y sometiéndola a darse por muerta.
Salvo que entonces se produjo un desgarrón cuando su velocidad triunfó sobre los barrotes invisibles de la prisión… y maldita sea si no terminaba al otro lado de esa habitación.
Cuando su cuerpo se liberó, golpeó la pared del pasillo, hasta el punto que esperaba quitar  una capa de pintura con rostro y pecho mientras se deslizaba hacia el suelo.
Con la cabeza dándole vueltas y los ojos llenos de luces intermitentes, se pateó el culo para ponerse en marcha. Estaba fuera, pero no estaba libre.
Echando un vistazo atrás, observó la ondulación del hechizo mientras se rehacía a sí mismo… y se preguntó si la brecha no enviaría algún tipo de señal a Lash.
¡Vamos… ahora… sal… corre!
Levantándose a rastras del suelo, bajó por el pasillo y golpeó las escaleras con piernas poco fiables, corrió a toda velocidad, tropezando. En el vestíbulo de abajo, la peste a sangre lesser la asfixió hasta el punto de provocarle arcadas y se alejó de ella, aunque no a causa de su nariz. Todas las entradas y salidas en la casa se producían por la parte de atrás. Si no tenía mucho tiempo de su parte, necesitaba concentrarse en encontrar otra forma de salir.
Delante, la puerta principal era una cosa maciza, ornamentada y tallada, con cristal en el que había barrotes de hierro incrustados. Pero todo lo que tenía como cerradura era un simple pestillo.
Hora de-quitarle-el-caramelo-al-niño.
Se acercó, puso la mano en el mecanismo Schlage y concentró lo que le quedaba de energía en mover las clavijas. Una… dos… tres… y la cuarta.
Abriendo la puerta de par en par, tenía un pie fuera cuando oyó el crujido de alguien entrando en la cocina.
Oh mierda, Lash estaba de vuelta. Había regresado a por ella.
Desapareció en un instante, el pánico le dio alas de las que su mente concentrada hizo buen uso. Dada la condición en la que estaba, sabía que no iba a llegar muy lejos y decidió que la mejor opción era su sótano. Al menos allí, estaría a salvo mientras se recuperaba.
Xhex tomó forma en el protegido hueco que bajaba hasta su estudio, e hizo saltar los cerrojos de cobre con la mente. Mientras atravesaba la puerta, las luces controladas por sensores de movimiento se encendieron en el pasillo encalado y levantó el brazo para protegerse los ojos mientras bajaba las escaleras dando tumbos. Cerrando la puerta con sus pensamientos, tropezó hacia delante, siendo sutilmente consciente de que cojeaba.
¿El impacto contra la pared? ¿El barullo bajando las escaleras? Quién coño lo sabía o le importaba.
Logró llegar a su dormitorio y se encerró. Cuando las luces automáticas se encendieron, miró hacia la cama. Sábanas blancas y limpias. Almohadas bien ordenadas. Nórdico sin arrugas.
No logró llegar al colchón. Cuando las rodillas le fallaron, se dejó ir, su esqueleto se desplomó sobre sí mismo hasta que sólo fue un montón de huesos cubiertos de piel.
No fue el sueño lo que la reclamó cuando golpeó el suelo. Pero no pasaba nada.
De todos modos la inconsciencia funcionaba mejor.
* * *
Blaylock volvió a entrar en la casa con Rhage y Vishous apenas unos veinte minutos después de que se fueran con John. Tan pronto como lo hubieron llevado a salvo de vuelta al complejo, regresaron para acabar el registro del lugar: esta vez, buscaban cosillas como identificaciones, ordenadores, efectivo, drogas, cualquier cosa que les proporcionara información.
Habiendo visto la carnicería que John Matthew había montado, cuando Blay entró en la cocina apenas registró los daños e inmediatamente comenzó a abrir los armarios y cajones. Vishous subió a la segunda planta mientras Rhage indagaba en la parte delantera de la casa.
Acababa de comenzar con su rutina cuando Rhage gritó:
—La puerta delantera está abierta de par en par.
Así que alguien había vuelto aquí desde que partieran con John. ¿Lessers? No era probable ya que jamás lo hubieran dejado todo sin protección. ¿Tal vez un ladrón humano? Los Hermanos no habían cerrado con llave la puerta trasera cuando se largaron así que quizás alguien había entrado tan frescamente.
Si había sido un humano, menuda vista le habían proporcionado. Tal vez eso explicaría la salida precipitada por la otra puerta.
Blay sacó su hierro por si hubiera alguien en la casa y con la mano libre, se dio prisa revolviendo las cosas. Encontró dos teléfonos móviles en un cajón con los cuchillos, ninguno de los cuales tenía cargador… pero V lo solucionaría. También había algunas tarjetas de visita junto al teléfono, pero eran todas de contratistas humanos…  que seguramente habían sido utilizados para trabajar en la casa.
Estaba abordando los armarios de debajo del mostrador cuando frunció el ceño y levantó la mirada. Directamente frente a él había un cuenco con manzanas frescas.
Mirando hacia abajo en dirección a los fogones vio algunos tomates. Y una barra de pan francés envuelta en papel.
Enderezándose, se dirigió a la nevera y la abrió. Leche orgánica. Comida para llevar de Whole Foods. Un pavo fresco listo para ser cocinado. Tocino ahumado canadiense.
No era precisamente la comida de un prisionero.
Blay miró hacia el techo, dónde sonaban fuertes pisadas mientras V iba de habitación en habitación. Luego sus ojos rastrearon la cocina al completo, desde el abrigo de cachemira que cubría un taburete, a las cacerolas de cobre amontonadas en la estantería abierta, hasta la cafetera que tenía un brebaje en su barriga.
Todo era de marca, nuevo y más ordenado que en una foto de catálogo.
Realmente estaba la altura de los estándares de Lash… pero se suponía que los lessers no podían comer. Así que a menos que estuviera tratando a Xhex como a una reina, lo cual era altamente improbable… alguien estaba comiendo con regularidad en esta casa.
La despensa estaba a parte de la cocina y Blay dio un paso a través de los restos húmedos del asesino para echar una ojeada a la estancia: suficiente comida en lata para mantener a una familia durante un año.
Estaba saliendo cuando sus ojos captaron algo en el suelo: Había una sutil serie de arañazos a través del parqué por lo demás perfecto como un espejo… y estaban dispuestos en forma de media luna.
Las rodillas de Blay crujieron cuando se puso en cuclillas y empujó a un lado un mango de aspiradora. La pared contrachapada parecía alineada y no se la veía interrumpida por ninguna junta que no debiera estar, pero una rápida exploración con los nudillos y encontró un espacio hueco. Sacando el cuchillo, utilizó la empuñadura como sonar para determinar las dimensiones precisas del agujero oculto; luego giró el arma y penetró el diseño machihembrado con la punta de la hoja.
Forzando la tapa, cogió una linterna y la proyectó al interior.
Una bolsa de basura. De la marca Hefty y del color de la sangre de lesser.
Arrastrándola hacia fuera, abrió los cordeles de un tirón.
—Santa… mierda.
Rhage apareció detrás de él.
—¿Qué tienes?
Metió la mano dentro y sacó un puñado de billetes arrugados.
—Efectivo. Un montón de efectivo.
—Agárralo. V encontró arriba un portátil y una ventana rota que antes no lo estaba. Cerré la puerta principal para que ningún humano fisgoneara. —Comprobó su reloj—. Tenemos que salir pitando antes de que salga el sol.
—Roger a eso.
Blay agarró la bolsa y dejó el espacio abierto y violado, imaginando que cuantas más evidencias de robo mejor. Aunque no era como si los restos y pedazos del lesser pudieran ser ignorados.
Si tan sólo pudiera ver el rostro de Lash cuando el cabrón volviera a casa.
El grupo salió por la parte de atrás hacia el jardín, él y Rhage se desmaterializaron mientras Vishous le hacía un puente al Lexus del garaje para poder confiscarlo.
Huelga decir que se habrían quedado y esperado para ver que aparecía. Pero no había negociación que valiera con el amanecer.
De vuelta a la mansión de la Hermandad, Blay entró en el vestíbulo con Hollywood y allí había un comité de bienvenida esperándolos. Todo el botín fue entregado a Butch para procesarlo en el Pit y tan pronto como Blay pudo escaparse, subió a la habitación de John.
Su golpe en la puerta fue contestado con un gruñido; cuando abrió y entró, vio a Qhuinn sentado en un sillón orejero junto a la cama. La lámpara sobre la mesita que había a su lado proyectaba un charco amarillo en la oscuridad, iluminándolos a ambos, a él y a la montaña acostada bajo la nórdica.
John estaba fuera de combate.
Qhuinn, por otra parte, atacaba el Herradura, con la botella de Selección Suprema en el codo y un vaso de cristal lleno del extraordinario tequila que últimamente se había convertido en su bebida favorita.
Cristo, con él sorbiendo eso y John tragando Jack, Blay estaba pensando que tenía que subir de categoría su bebida habitual. La cerveza de repente parecía infantil.
—¿Cómo está? —preguntó Blay bajito.
Qhuinn tomó un sorbo y tragó.
—Bastante agitado. Llamé a Layla. Tiene que alimentarse.
Blay se aproximó a la cama. Los ojos de John estaban tan cerrados como una celda de máxima seguridad, las cejas tan tensa que parecía estar intentando resolver una ley de la física en sueños. Su rostro estaba sobrenaturalmente pálido, el cabello parecía más oscuro en contraste y su respiración era demasiado superficial. Le habían quitado la ropa y la mayor parte de la sangre del lesser había sido limpiada.
—¿Tequila? —preguntó Qhuinn.
Blay tendió la mano hacia el tío sin mirar, todavía concentrado en su colega. Lo que le golpeó en la palma fue el vaso en vez de la botella, pero no le importó y tomó un largo trago.
Bien, al menos sabía por que a Qhuinn le gustaba esa cosa.
Cuando devolvió el vaso, cruzó los brazos sobre el pecho y escuchó el sonido tranquilo y gorgoteante mientras volvían a llenarlo. Por alguna razón, el flojo y encantador sonido de esa bebida cara pegando contra el cristal tallado lo calmó.
—No puedo creer que llorara —murmuró Blay—. Quiero decir… puedo, pero fue una sorpresa.
—Evidentemente la habían retenido en esa habitación. —El Herradura fue puesto de vuelta en la mesita lateral con un golpe sutil—. Y acabamos de perderla.
—¿Ha dicho algo?
—No. Ni siquiera cuando lo empujé a la ducha y entré con él.
Vale, esa era una imagen sin la que Blay podía vivir. Menos mal que a John no le iba eso.
Hubo un suave golpe en la puerta, luego una bocanada de canela y especias. Blay fue hacia allí y dejó entrar a Layla, haciéndole una reverencia por respeto.
—¿Cómo puedo ser de…? —La Elegida frunció el ceño y echó un vistazo hacia la cama—. Oh, no… ¿está herido?
Mientras iba hacia John Matthew, Blay pensó, Sí, pero en su mayor parte por dentro.
—Gracias por venir —dijo Qhuinn mientras se levantaba de la silla. Inclinándose sobre John, empujó el hombro del tío con delicadeza—. Eh, socio, ¿puedes despertarte durante un segundo?
John se alzó como si estuviera luchando contra un tsunami, levantando la cabeza lentamente, los párpados se abrieron y cerraron como si tuviera un torrente de agua en la cara.
—Hora de alimentarse. —Sin echar un vistazo sobre el hombro, Qhuinn hizo gestos a Layla con la mano tendida—. Necesitamos que te concentres un poco más y luego te dejaremos en paz.
La Elegida se detuvo… luego dio un paso hacia delante. Tomó la palma extendida lentamente, deslizando su piel contra la de Qhuinn, adelantándose con una especie de hermosa timidez que hizo que Blay sintiera lástima por ella.
Viendo el rubor que de repente le encendió las mejillas, Blay tuvo el presentimiento de que ella, como todos los demás, al parecer, se sentía atraída por Qhuinn.
—John… ¿socio? Vamos, necesito que prestes atención. —Qhuinn tiró de Layla a fin de que la Elegida tomara asiento en la cama y en el instante en que ella echó un buen vistazo a John, se centró en él.
—Señor… —Su voz fue tranquila e increíblemente amable mientras se subió la manga de la túnica—. Señor, despierte y tome lo que puedo darle. Verdaderamente lo necesita.
John comenzó a negar con la cabeza, pero Qhuinn estaba al loro.
—¿Quieres ir a por Lash? No podrás en este estado. No puedes levantar la jodida cabeza… perdona el lenguaje, Elegida. Necesitas algo de fuerza… Vamos, no seas gilipollas, John.
Los ojos disparejos de Qhuinn se dispararon hacia Layla mientras formaba un Lo siento con la boca. Y ella debió sonreírle porque por un momento, él inclinó la cabeza como si le hubiera golpeado.
O tal vez simplemente ella había articulado con la boca algo en respuesta.
Tenía que ser eso.
De verdad.
Y entonces ambos bajaron bruscamente las cabezas, Layla soltó un grito ahogado cuando los colmillos de John se clavaron profundamente y comenzó a tomar lo que ella le ofrecía. Evidentemente satisfecho, Qhuinn volvió adónde había estado sentado y rellenó el vaso. Después de beberse la mitad, se lo tendió a Blay.
La mejor idea que alguien había tenido en años. Blay se posicionó contra el respaldo alto del sillón orejero, pasando un brazo a lo largo de la parte superior mientras tomaba un largo trago y luego otro, antes de devolver el tequila.
Permanecieron así, compartiendo la bebida mientras John se alimentaba de Layla… y en algún momento durante el proceso de ambas alimentaciones, fue consciente de que estaba poniendo los labios en el mismo borde del que Qhuinn estaba bebiendo.
Tal vez fuera el alcohol. Tal vez fuera el vaso. Tal vez fuera el hecho de que desde dónde estaba, con cada aliento que tomaba olía el oscuro aroma de Qhuinn…
Supo que tenía que irse.
Quería apoyar a John, pero a cada minuto que pasaba, se inclinaba más y más cerca y… más cerca de Qhuinn. Hasta el punto de que su mano colgaba sobre el sillón, casi estaba acariciando ese espeso cabello negro.
—Tengo que irme —dijo bruscamente, devolviendo el vaso una última vez y dirigiéndose hacia la puerta.
—¿Estás bien? —le gritó Qhuinn.
—Sí. Que duermas bien y cuídate, Layla.
—¿No tienes que alimentarte? —exigió Qhuinn.
—Mañana.
La Elegida dijo algo encantador y agradable, pero él no se dio la vuelta. No. No podía darse la vuelta.
Y por favor, Dios, no dejes que me tope con nadie en el pasillo.
No había comprobado lo grave que era, pero sabía cuando estaba excitado… y eso era algo que, sin importar cuán educado fuera un macho, no podía esconderse en el cuero apretado.

Capítulo 18

En el Otro Lado, Payne se paseaba por la fuente de su madre y sus pies formaban círculos en el estanque que recogía el agua que caía. Mientras chapoteaba, sostenía su túnica en alto y escuchaba a los coloridos pájaros que se posaban en el árbol blanco que había en una esquina. Los pequeñines gorjeaban y se trasladaban de rama en rama picoteándose entre ellos y alborotando con sus plumas.
Cómo demonios consideraban que una actividad tan limitada hacía que valiera la pena despertarse cada día era algo que no comprendía.
En el Santuario no existía la concepción del tiempo, a pesar de ello deseó tener un reloj de bolsillo o un reloj despertador para saber cuanto se retrasaba el Rey Ciego. Tenían una sesión de entrenamiento todas las tardes.
 Bueno, la tarde para él. Para ella, atrapada aquí de este lado, era perpetuamente de día.
Se preguntó cuánto tiempo habría transcurrido exactamente desde que su madre la había sacado de su estado de suspensión profunda y le había permitido algo de libertad. No había forma de saberlo. Wrath había comenzado a aparecer regularmente hacía aproximadamente… quince veces ya y había sido reanimada quizás… bueno, mucho antes de eso. Así que tal vez ¿más de seis meses?
La auténtica pregunta era cuánto tiempo la habían mantenido en su confinamiento helado… pero no era como si fuera a ir a preguntarle a su madre al respecto. No se hablaban. Hasta que la hembra “sagrada” que la había dado a luz estuviera preparada para dejarla marchar, Payne no tenía nada que decir.
A decir verdad, el tratamiento de silencio no parecía estar marcando ninguna diferencia, pero ella tampoco había esperado que lo hiciera. Cuando tu yegua-madre era la creadora de la raza y no respondía ante nadie, ni siquiera ante el rey…
Era bastante fácil quedarte atrapada en tu propia vida.
Cuando su andar a través de la fuente se volvió más intenso y su túnica comenzó a empaparse, saltó fuera del estanque y comenzó a trotar, levantando los puños frente a ella, sondeando el aire con los puñetazos que arrojaba.
Ser una Elegida buena y obediente no formaba parte de su naturaleza y esa era la raíz de todos los problemas entre ella y su madre. Oh, qué desperdicio. Oh, qué decepción.
Oh, supéralo ya, querida madre.
Esas pautas de comportamiento y fe eran para otras personas. Y si la Virgen Escriba había estado buscando a otro fantasma con túnica que flotara por el lugar como una silenciosa ráfaga a través de una habitación templada, debería haber elegido otro padre para su hija.
Payne tenía el temperamento enérgico del Bloodletter, los rasgos del padre se habían transmitido a la siguiente generación.
 Payne se giró rápidamente y enfrentó el golpe de puño de Wrath bloqueándolo con el antebrazo y dirigiendo un golpe de tijera hacia su hígado. El rey fue rápido en tomar represalias y el poderoso codazo que le devolvió acarreaba la posibilidad de ocasionar una concusión.
Agachándose rápidamente apenas logró apartarse de su camino. Otro de sus golpes hacia el rey hizo que éste saltara hacia atrás… a pesar de ser ciego tenía una capacidad infalible para saber precisamente dónde se encontraba ella.
 Y eso significaba que adivinaría que le atacaría por el flanco. De hecho, ya estaba girando, listo para golpearla con la suela de la bota en la espalda.
Payne cambió de opinión, se arrojó al suelo y deslizó ambas piernas haciendo un barrido hacia fuera, dándole en el tobillo y haciéndole perder el equilibrio. Moviéndose rápidamente hacia la derecha quedó fuera del camino del enorme cuerpo que se tambaleaba; dando otro salto se aferró a su espalda mientras él aterrizaba con fuerza, con el cuello atrapado dentro de los límites de la curva del codo de ella que lo sujetaba sofocándolo. Para ganar fuerza extra en la palanca que ejercía al tirar de su garganta, se agarró la otra muñeca aprovechando así el otro bíceps.
 ¿Cómo hizo el rey para lidiar con ello? Dio una vuelta de campana.
Su increíble fuerza bruta le proporcionó el poder suficiente para poner sus pies bajo el peso de ambos y levantarse. Luego saltó en el aire y aterrizó con ella debajo, aplastada contra el mármol.
Endemoniada plataforma de súplicas… prácticamente podía sentir cómo se le doblaban los huesos. Sin embargo el rey era, ante todo, un macho de valía y en deferencia a su musculatura inferior nunca la mantenía debajo de él durante mucho tiempo. Lo cual la fastidiaba. Hubiera preferido una competición de habilidades sin contenciones, pero había diferencias que atenían al sexo que no eran negociables y simplemente los machos eran más grandes y por lo tanto más fuertes.
Por más que se resintiera contra ese hecho biológico, no había nada que pudiera hacerse al respecto.
Y cada vez que debido a su rapidez superior ella lograba asestarle un buen golpe, era extra agradable.
El rey se puso de pie con un salto ágil y se giró repentinamente, su largo cabello negro se extendió en círculo abriéndose en abanico, antes de volver a posarse sobre el judogui blanco. Con el par de lentes oscuros sobre los ojos y esa formidable extensión de músculos, se le veía magnífico, lo mejor y más puro del linaje vampiro sin mezcla de humano o ninguna otra cosa.
Aunque eso era parte de su problema. Había oído que esa ceguera era el resultado de toda esa sangre pura.
Cuando Payne intentó incorporarse, sintió un espasmo en la espalda, pero ignoró el agudo tirón y se enfrentó a su oponente una vez más. Esta vez, fue ella la que se adelantó balanceándose y lanzando golpes y para ser un macho ciego, la habilidad de Wrath para eludirla era francamente asombrosa.
Tal vez fuera ese el motivo por el cual nunca se quejaba de su discapacidad. Por otra parte, no hablaban mucho, lo que a ella le iba bien.
Aunque Payne se preguntaba cómo sería su vida al Otro Lado.
Cómo envidiaba su libertad.
Continuaron luchando, abriéndose camino alrededor de la fuente y luego a través de las columnas hacia la puerta que llevaba al santuario. Y de regreso otra vez. Y volvieron a empezar.
Al final de la sesión ambos estaban magullados y sangrando, pero no les molestaba. En cuanto sus manos cayeran a los lados y dejaran de intercambiar golpes, las heridas comenzarían a sanar.
El último puñetazo lo lanzó ella y fue un gancho abrumador que golpeó la barbilla del rey como una bola con cadena, enviando su cabeza hacia atrás y haciendo volar su cabello una vez más.
Siempre parecían estar de acuerdo, sin hablar, sobre el momento de finalizar.
Se enfriaban caminando lado a lado hacia la fuente, estirando sus músculos y haciendo chasquear sus cuellos para devolverlos a su lugar. Juntos, se lavaban el rostro y los puños en el agua limpia y clara y se secaban con paños suaves que Payne pedía que hubiera a su disposición.
A pesar del hecho de que intercambiaban puñetazos y no palabras, había llegado a pensar en el rey como en un amigo. Y a confiar en él como tal.
Era la primera vez que tenía algo parecido.
Y era verdaderamente sólo amistad. Por más que pudiera admirar de lejos sus considerables atributos físicos, no había chispa de atracción entre ellos… y esa era en parte la razón por la que funcionaba. De otra forma no se hubiera sentido cómoda.
No, no estaba interesada en nada sexual con él ni con nadie más. Los machos vampiros tenían tendencia a dominar, especialmente los de clase alta. No podían evitarlo… era, una vez más, un caso en el que lo que se llevaba en la sangre determinaba el comportamiento. Ya tenía más que suficiente con una persona que opinara acerca de su vida. Lo último que necesitaba era otra más.
—¿Estás bien? —preguntó Wrath mientras se sentaban en el borde de la fuente.
—Sí. ¿Y tú? —No le molestaba que siempre le preguntara si se hallaba bien. El primer par de veces la había ofendido… ¿como si ella no pudiera soportar los dolores post-entrenamiento? Pero luego se había dado cuenta que no tenía nada que ver son su sexo, se lo hubiera preguntado a cualquiera que se hubiera ejercitado de esa forma con él.
—Me siento genial —dijo y su sonrisa reveló unos tremendos colmillos—. A propósito, esa llave con el brazo del principio fue grandiosa.
Payne sonrió tan ampliamente que le dolieron las mejillas. Esa era otra de las razones por las que le gustaba estar con él. Como no podía ver, no había razón para ocultar sus emociones… y nada la hacía sentir más feliz que él le dijera que le había impresionado.
—Bueno, Su Alteza, sus vueltas de campana siempre me liquidan.
Ahora fue él quien sonrió aún más ampliamente y se sintió momentáneamente conmovida al pensar que su alabanza significaba algo para él.
—El peso muerto tiene sus ventajas —murmuró.
Abruptamente, se volvió hacia ella, las gafas oscuras que siempre usaba, le hicieron pensar, una vez más, que tenía aspecto cruel. Sin embargo había probado, una y otra vez que ese no era el caso.
Se aclaró la garganta.
—Gracias por esto. Las cosas en casa están mal.
—¿Cómo es eso?
Él miró a lo lejos, como si estuviera observando el horizonte. Actitud que probablemente fuera una reminiscencia de cuando apartaba los ojos para ocultar sus emociones a los demás.
 —Hemos perdido a una hembra. El enemigo la tenía. —Sacudió la cabeza—. Y uno de los nuestros está sufriendo por ello.
—¿Estaban emparejados?
—No… pero se comporta como si lo estuvieran. —El Rey se encogió de hombros—. No percibí la conexión que había entre ellos. Nadie la percibió. Pero… ahí está y esta noche surgió a lo grande.
Un ansia por lo de abajo, por las vidas terrenales que eran traumáticas pero vívidas, hizo que se inclinara hacia delante.
—¿Qué sucedió?
El rey se apartó el cabello hacia atrás dejando ver el severo pico de viuda que se le formaba en la frente tan en contraste con su piel dorada.
—Esta noche masacró a un lesser. Asesinó directamente al bastardo.
—Ese es su deber ¿no?
—No fue en el campo de batalla. Fue en la casa donde los asesinos habían retenido a la hembra. El bastardo tendría que haber sido interrogado, pero John simplemente cayó sobre él. John es un buen chico… pero este tipo de mierda de macho emparejado… puede ser mortal y no en el buen sentido, ¿entiendes?
Recuerdos de estar en el Otro Lado, de corregir errores y luchar, de…
La Virgen Escriba salió a través de las puertas de sus aposentos privados con su túnica negra flotando levemente sobre el suelo de mármol.
El rey se puso de pie e hizo una reverencia… y no obstante de alguna forma logró no mostrar una actitud servil.  Otra razón para que le agradara.
—Querida Virgen Escriba.
—Wrath, hijo de Wrath.
Y eso fue… todo. Como se suponía que no debías hacer preguntas a la madre de la raza y como la madre de Payne permaneció en silencio después de eso, no ocurrió nada más.
Sí, porque… que las parcas nos libraran… a nadie se le ocurriría imponerle ninguna pregunta a esa hembra. Y quedaba claro el motivo de la interrupción. Su madre no deseaba un cruce entre Payne y el mundo exterior.
—Me retiraré ahora —le dijo Payne al rey. Porque no se hacía responsable de lo que saldría por su boca si su madre se atrevía a decirle que se retirara. El rey adelantó su puño.
—Adiós. ¿Mañana?
—Será un placer.
Payne golpeó los nudillos contra los de él, como él le había enseñado que se acostumbraba y se dirigió hacia la puerta que conducía al santuario.
Al otro lado de los paneles blancos, el brillante césped verde aturdió sus ojos y parpadeó mientras pasaba junto al Templo del Primale en dirección al alojamiento de las Elegidas. Ahora las flores amarillas, rosas y rojas crecían en manojos fortuitos, los alegres tulipanes mezclados con junquillos y lirios.
Todas floraciones de primavera, si recordaba bien de su breve estancia en la Tierra.
Aquí siempre era primavera. Siempre acercándose al verano pero sin alcanzar nunca su plena magnificencia y su impetuoso calor. O al menos… de lo que había leído acerca de cómo era el verano.
El edificio con columnas donde residían las Elegidas estaba dividido en habitaciones de forma cúbica que ofrecían algo de privacidad a sus moradoras. En ese momento la mayoría de las estancias estaban vacías y no solo debido a que las Elegidas eran una especie en extinción. Desde que el Primale las había «liberado», la colección privada de etéreas-buenas-para-nada de la Virgen Escriba estaba disminuyendo gracias a los viajes hacia el Otro Lado. Sorprendentemente, ninguna de ellas había decidido dejar de ser Elegida, pero contrariamente a lo que sucedía antes, si decidían cruzar hasta el complejo privado del Primale, les estaba permitido regresar al santuario.
 Payne se dirigió directamente a los baños y sintió alivio al ver que estaba sola. Sabía que sus «hermanas» no entendían lo que hacía con el rey y así podría disfrutar del sosiego resultado del ejercicio sin  sentirse observada por otras. La sala de baños comunitaria estaba erigida sobre un majestuoso espacio de mármol, la enorme piscina tenía una cascada en el extremo más alejado. Como con todo lo demás que había en el santuario, las leyes de la racionalidad no se aplicaban: el cálido y precipitado torrente que se vertía sobre el borde de la piedra blanca estaba siempre limpio, siempre fresco, aunque no tuviera origen o desagüe evidente.
Quitándose la túnica modificada, que había confeccionado imitando el judogui de Wrath, como él lo llamaba, entró caminando a la piscina con la ropa interior puesta. La temperatura era siempre perfecta… e hizo que ansiara un baño que estuviera demasiado caliente o demasiado frío.
En el centro de la gran piscina de mármol, el agua era lo suficiente profunda como para nadar y su cuerpo disfrutó del estiramiento que le proporcionaba el movimiento de sus ingrávidas brazadas. Sí, ciertamente ésta era la mejor parte del entrenamiento. Salvo por las veces en que le propinaba a Wrath un buen golpe.
Cuando llegó a la cascada, caminó por el agua hacia ella y deshizo las trenzas de su cabello. Era más largo que el de Wrath y había aprendido no sólo a trenzarlo, también a recogérselo en la base del cuello. De otra forma, era como entregarle una cuerda con la que tirar de ella.
Bajo las finas gotas que caían, la esperaban barras de jabón de dulce aroma y utilizó una para enjabonarse todo el cuerpo. Cuando se giró para enjuagarse, se dio cuenta de que ya no estaba sola.
Pero al menos la figura vestida de negro que había entrado cojeando, no era su madre.
—Hola —gritó Payne.
No’One hizo una reverencia, pero como era su costumbre, no respondió y de repente Payne lamentó haber dejado su túnica en el suelo.
—Yo me ocupo de eso —dijo y su voz hizo eco a lo largo de la caverna.
No’One simplemente sacudió la cabeza y levantó la prenda. La doncella era muy amable y silenciosa, hacía sus tareas sin quejarse aún cuando tenía algún tipo de discapacidad.
A pesar de que nunca hablaba, no era difícil adivinar cuál era su triste historia. Otro motivo para despreciar a aquella que había dado origen a la raza, pensó Payne. Las Elegidas, al igual que la Hermandad de la Daga Negra, habían sido engendradas dentro de ciertos parámetros con la intención de obtener el resultado deseado. Mientras los machos debían ser de buena sangre y espalda fuerte, agresivos y honorables en la batalla, las hembras debían ser inteligentes y alegres, capaces de controlar los instintos más primitivos de los machos y civilizar a la raza. El Yin y el Yang. Dos partes de un todo, con el requerimiento de la alimentación a base de sangre asegurando que los sexos estuvieran unidos para siempre.
Pero no todo iba bien dentro del plan divino. La verdad era que la crianza había ocasionado problemas y aunque en el caso de Wrath las leyes estipulaban que, como hijo del rey, debía asumir el trono tuviera o no alguna discapacidad, las Elegidas no eran tan afortunadas. Los defectos eran rechazados por las leyes de crianza. Siempre lo habían sido. Por lo que alguien como No’One, que era minusválida, se veía relegada a servir a sus hermanas debajo de una capa… una vergüenza que se ocultaba y de la cual no se hablaba pero que no obstante era contemplada con «amor».
O sería más indicado decir «lástima».
Payne sabía exactamente cómo debía sentirse la hembra. No en cuanto a tener un defecto físico, sino por ser relegada a un conjunto de expectativas a la altura de las cuales una no podía vivir.
 Y hablando de expectativas…
Layla, otra de las Elegidas, entró en el baño y se quitó la túnica, entregándosela a No’One con la sonrisa gentil que era su rasgo distintivo. Cuando bajó los ojos y entró en el agua perdió esa expresión. Verdaderamente la hembra parecía estar enredada en pensamientos no muy agradables.
—Saludos, hermana —dijo Payne.
Layla giró la cabeza alzando vivamente las cejas.
—Oh… en verdad no me di cuenta que estabas aquí. Saludos, hermana.
Después de que la Elegida hiciera una profunda reverencia, se sentó en uno de los bancos de mármol sumergidos y aunque Payne no era conversadora, algo en el profundo silencio de la otra hembra la atrajo.
Terminó de enjuagarse, se acercó nadando a Layla que estaba lavándose las heridas punzantes que tenía en la muñeca y se acomodó a su lado.
—¿A quién alimentaste? —preguntó Payne.
—A John Matthew.
Ah, sí, sería tal vez el macho al que había aludido el rey.
—¿Todo salió como debía?
—Ciertamente. Así fue, de verdad.
Payne reclinó la cabeza apoyándola contra el borde de la piscina y examinó la rubia belleza de la Elegida. Después de un momento, murmuró:
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Por supuesto.
—¿Por qué tanta tristeza? Siempre te acompaña… vuelves apenada. —A pesar de que lo sabía. Para una hembra ser forzada a practicar el sexo y a proveer alimento sólo porque era tradición era una violación injusta.
Layla contemplaba las marcas de pinchazos sobre su vena con una especie de fría abstracción, como si estuviera especulando sobre las heridas de otra persona. Y luego sacudió la cabeza.
—No debo lamentar la gloria que me ha sido otorgada.
—¿Gloria? En verdad, parece que te hubieran dado algo totalmente distinto. —Una maldición sería más adecuado decir.
—Oh, no, es una gloria ser de utilidad…
—De verdad, no te ocultes detrás de tales palabras cuando tu aspecto contradice a tu corazón. Y como siempre, si tienes una crítica a la Virgen Escriba en los labios, ven a sentarte a mi fogón. —Cuando un par de conmocionados ojos verde claro se alzaron, Payne se encogió de hombros—. Nunca he ocultado lo que siento. Jamás.
—No… realmente no lo has hecho. Es sólo que parece tan…
—¿Poco femenino? ¿Inapropiado? —Payne hizo crujir sus nudillos—. Qué pena.
Layla exhaló larga y lentamente.
—Yo he sido adecuadamente entrenada, sabes. Como ehros.
—Y eso es lo que no te gusta…
—En absoluto. Es lo que no conozco y desearía conocer.
Payne frunció el ceño.
—¿No eres utilizada?
—A decir verdad, fui rechazada por John Matthew la noche de su transición, después de haberle ayudado a atravesar el cambio. Y cuando voy a alimentar a los Hermanos, siempre permanezco intacta.
—Ruego me perdones… —¿Estaba oyendo bien?—. Deseas tener sexo. Con uno de ellos.
El tono de Layla se volvió agudo.
—Seguramente tú de entre todas mis hermanas puedes entender lo que es no pasar de ser un potencial.
Bueno… lo había entendido todo mal.
—Con todo el debido respeto, no puedo comprender por qué podrías querer… eso… con uno de esos machos.
—¿Por qué no habría de quererlo? Los Hermanos y esos tres machos más jóvenes son hermosos, criaturas fuertes y phearsom. Y dado que el Primale nos ignora a todas… —Layla sacudió la cabeza—. Habiendo sido bien instruida, habiéndolo visto descrito en los libros y habiendo leído acerca del acto… quiero experimentarlo por mí misma. Aunque sea una sola vez.
—Realmente, no puedo convocar la más mínima inclinación, nunca la sentí y no creo que nunca la sienta. Prefiero luchar.
—Entonces te envidio.
—¿Eh?
Los ojos de Layla parecían ancianos.
—Es mucho mejor sentir desinterés que insatisfacción. Lo primero es un alivio. Lo otro es un vacío que te pesa profundamente.
Cuando apareció No’One con una bandeja de fruta cortada y zumo fresco, Payne dijo:
—No’One ¿querrías unirte a nosotras?
Layla le sonrió a la criada.
—Claro. Por favor hazlo.
Con una sacudida de cabeza y una inclinación, No’One dejó el refrigerio que tan atentamente había preparado y fue a ocuparse de sus asuntos, cojeando a través de la arcada para salir de los baños
El ceño de Payne se mantuvo en su lugar mientras que ella y la Elegida Layla permanecían en silencio.
Rumiando sobre el intercambio que habían tenido, le resultaba difícil entender cómo podían tener opiniones tan absolutamente contrarias… y ambas tener razón. Por el bien de Layla, Payne deseó estar equivocada; qué decepcionante debía ser desfallecer por algo que estuviera muy, muy por debajo de lo que las expectativas le atribuían ser.

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