sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 22 23 24

Capítulo 22

Xhex sintió un suave roce en hombro y cadera mientras John le ponía la sábana a su alrededor.
Tras el refugio de su mano, inhaló y todo lo que olió fue a macho bueno, limpio y sano... y el olor agitó el hambre en las profundidades de su estómago, su apetito y necesidades despertaron de su sueño con un rugido.
Y eso fue antes de que John pusiera la muñeca tan cerca que podría haberla besado.
Sus instintos symphath serpentearon y leyeron las emociones de él.
Tranquilo y decidido. Totalmente hermético en su cabeza y corazón, John iba a salvarle el culo aunque fuera lo último que hiciera en la vida.
—John... —susurró.
El problema de esta situación… bueno, uno de ellos… era que él no era el único que sabía cuán cerca estaba de la muerte.
Su ira hacia Lash había sido su sustento mientras había estado encarcelada y maltratada y había creído que así seguiría siendo cuando saliera. Pero en el instante en que hizo la llamada a Rehv, toda su energía se había desvanecido y la había dejado con nada más que un latido de corazón. Y no mucho de eso tampoco.
John movió la muñeca aún más cerca... de forma que su piel le rozara la boca.
Los colmillos de Xhex se alargaron en un empuje lento al mismo tiempo que su corazón hipaba como si no funcionara bien.
Tenía una elección en este momento tranquilo y cargado: tomar la vena y quedarse. Rechazarle y morir delante de él en más o menos la siguiente hora. Porque él no iba a irse a ninguna parte.
Apartando la mano de la cara, le recorrió con la mirada. Era tan hermoso como siempre, el tipo de cara con la que las hembras soñaban.
Levantando la palma, se estiró hacia él.
La sorpresa llameó los ojos de John y luego se agachó para que la mano aterrizara contra la mejilla cálida. El esfuerzo de mantener el brazo alzado resultó ser demasiado, pero cuando los dedos le temblaron, él puso su propia palma sobre la de ella, manteniéndola en el lugar.
Los profundos ojos azules de John eran una especie de paraíso, el color era como el de un cálido y oscuro cielo.
Había una decisión que tomar aquí. Tomar la vena o...
Cuando no pudo encontrar la energía necesaria para terminar el pensamiento, se sintió como si se hubiera perdido: a juzgar por el hecho de que parecía estar consciente, suponía que estaba viva… pero no ya en su propia piel. Su lucha había pasado hacía mucho, habiéndose evaporado aquello que más la definía. Lo cual tenía sentido. Ya no tenía interés en vivir y no podía fingir eso, ni por él, no por sí misma.
Dos viajes alrededor del parque de atracciones para prisioneros habían sido demasiado.
Entonces... qué hacer, qué hacer.
Se lamió los labios secos. No había nacido en términos que ella hubiera elegido o para los que se hubiera ofrecido voluntaria y su tiempo respirando, comiendo, luchando y follando no había supuesto una mejoría del punto de partida. Podía, sin embargo, irse bajo sus propios términos… y hacerlo tras haber enderezado las cosas.
Sí, esa era la respuesta. Gracias a las últimas tres semanas y media, tenía una lista tremenda de cosas que hacer antes de morir. Claro que sólo había una entrada en ella, pero a veces eso era suficiente para motivarte.
En una ráfaga de resolución, su dura capa exterior se reafimó, la extraña sensación de flotar que la había empañado se disipó y dejó a su paso una aguda conciencia. Bruscamente, sacó la mano de debajo de la de John y la retirada clavó un estallido de puro temor en la rejilla emocional de él. Pero entonces Xhex atrajo la muñeca hacia ella y desnudó los colmillos.
El triunfo de John fue una ola de calor.
Por lo menos hasta que se hizo patente que no tenía fuerza para desgarrar la piel… los incisivos no hicieron mas que arañar la superficie. Sin embargo, John estaba atento. Con un movimiento rápido, pinchó su propia vena y llevó la fuente a sus labios.
El primer trago fue... una transformación. Su sangre era tan pura que le quemaba en la boca y la garganta... y el fuego que se le encendió en el estómago desgarró su cuerpo, deshelándola, avivándola. Salvándola.
Con succiones ávidas, tomó de él para revitalizarse, cada trago una balsa salvavidas a la que arrastrarse, cada extracción una cuerda arrojada sobre el precipicio de su fallecimiento, cada succión de la vena la brújula que necesitaba para encontrar el camino de vuelta a casa.
Y él se entregaba sin expectativas, esperanza o indicios de emociones.
Lo cual incluso en medio de su frenesí, le causó dolor. Le había roto el corazón a conciencia. No le había dejado nada que esperar. Pero a él no lo había roto… y eso le hacía respetar al tipo como nada más podía haberlo logrado.
Mientras se alimentaba, el tiempo fluía como lo hacia la sangre, hacia el infinitio y el interior de ella.
Cuando finalmente quedó llena, liberó la succión sobre su piel y lamió para cerrar la herida.
Los temblores comenzaron poco después. Empezaron en las manos y pies y rápidamente se centralizaron en el pecho, temblores irrefrenables que hicieron que le castañetearan los dientes, el cerebro y la visión hasta que se sintió como un calcetín suelto tirado en la secadora.
A través del temblor, vislumbró a John sacando el teléfono móvil de la chaqueta.
Trató de cogerle de la camisa.
—N-n-n-no. N-n-n-n…
Él la ignoró, ladeando la maldita cosa y tecleando.
—J-j-jo-der… —gimió.
Cuando él cerró el teléfono dijo:
—I-i-i-intentar ll-ll-llevarme a H-H-Havers ahora n-n-no f-f-funcio-o-o-nará.
Su temor a las clínicas y procedimientos médicos iba a hacerla traspasar el límite y gracias a él, ahora tenía energía para hacer algo con su pánico. Y para todos ellos no iba a ser una alegría controlarla.
John sacó un libreta y garabateó algo. Le dio la vuelta y salió poco después, todo lo que ella pudo hacer fue cerrar los ojos cuando la puerta se cerró.
Separando los labios, respiró por la boca y se preguntó si tenía suficiente energía para levantarse, vestirse y salir antes de que la brillante idea de John apareciera. Un chequeo rápido le dijo que era un imposible. Si no podía levantar la cabeza y sacarla de la almohada más de segundo y medio, estaba jodida en cuanto a ponerse en posición vertical.
A John no le llevó mucho regresar con Doc Jane, la médico personal de la Hermandad de la Daga Negra. La hembra fantasmal llevaba consigo una bolsa negra y exudaba la clase de competencia médica que Xhex valoraba… pero que habría preferido infinitamente que aplicara en otros y no en ella.
Doc Jane se acercó y dejó sus cosas en el suelo. La chaqueta blanca y el uniforme de médico eran sólidos a la vista, aunque las manos y la cara eran traslúcidas. Todo eso cambió, sin embargo, cuando se sentó en el borde de la cama. Todo en ella tomó forma y la mano que colocó sobre el brazo de Xhex era cálida y pesada.
No obstante, incluso la compasiva doctora hacía que le picara la piel. Realmente no quería que nadie la tocara.
Cuando la buena doctora quitó la mano, tuvo la sensación de que la hembra lo sabía.
—Antes de que me digas que me vaya, hay unas cuantas cosas que deberías saber. Ante todo, no comunicaré tu paradero a nadie y no compartiré lo que sea que me digas o encuentre con nadie. Tendré que informar a Wrath de que te he examinado, pero cualquier hallazgo clínico es tuyo y sólo tuyo.
Sonaba bien. En teoría. Pero no quería a la hembra en ningún lugar cerca de ella con lo que hubiera en esa bolsa negra.
La Doc Jane siguió.
—Segundo, no sé una mierda sobre symphaths. Así que si hay algo anatómicamente distinto o significativo en esa mitad tuya… No sabré necesariamente cómo tratarlo. ¿Aún así consientes en que te examine?
Xhex se aclaró la garganta e intentó bloquear los hombros para no temblar tanto.
—No q-quiero que me examinen.
—Eso es lo que dijo John. Pero has pasado por un trauma…
—No f-f-fue tan malo. —Desde el rincón, presintió la respuesta emocional de John a eso, pero no tenía energía suficiente para desentrañar los detalles de lo que él estaba sintiendo—. Estoy b-b-bien.
—Entonces deberías ver esto simplemente como una formalidad.
—¿Parezco a-a-alguien formal?
La mirada verde bosque de la Doc Jane se entrecerró.
—Pareces alguien a quien han dado una paliza. Que no se ha alimentado apropiadamente. Y no ha dormido. ¿A menos que quieras decirme que esa magulladura púrpura del hombro es maquillaje? ¿Y esas ojeras son un espejismo?
Xhex estaba bien familiarizada con la gente que no aceptaba un no por respuesta… hay que joderse, llevaba años trabajando con Rehv. Y a juzgar por el tono duro y equilibrado, quedaba puñeteramente claro que la doctora iba a hacerlo a su manera o no se iba a marchar. Jamás.
—M-m-m-maldición.
—PTI, cuando antes comencemos, antes se acabará.
Xhex miró a John, pensando que si tenían que reconocerla, él no iba a ser precisamente un valor añadido. En realidad John no necesitaba saber nada más de que lo que probablemente había adivinado sobre la condición en que estaba.
La doctora miró por encima del hombro.
—John, ¿te importa esperar en el pasillo, por favor?
John agachó la cabeza y se retiró de la habitación, la tremenda extensión de su espalda desapareció por la puerta. Cuando el cerrojo chasqueó al volver a su lugar, la buena doctora abrió esa jodida bolsa suya y lo primero en salir fueron el estetoscopio y el aparato para medir la tensión.
—Sólo voy a escuchar tu corazón —dijo la hembra, poniéndose el estetoscopio en las orejas.
La visión de los instrumentos médicos fue gasolina para los temblores de Xhex y tan fuera de sí como estaba, se encogió acobardada.
Doc Jane se detuvo.
—No voy a hacerte daño. Y no haré nada que no quieras que haga.
Xhex cerró los ojos y se giró de espaldas. De repente cada músculo del cuerpo le dolía.
—Acabemos con esto.
Cuando la sábana fue levantada, una corriente de aire frío le rozó la piel y el disco frío fue colocado contra su esternón. Los flashbacks amenazaron con enviarla a una montaña rusa de gritos y miró fijamente hacia el techo, tratando de evitar levitar del puñetero colchón.
—R-rápido, D-d-doc. —No podría contener el pánico durante mucho tiempo.
—¿Podrías respirar hondo para mí?
Xhex hizo cuanto pudo y acabó dando un respingo. Claramente, tenía rotas una o más costillas, probablemente de golpear la pared al salir de ese dormitorio.
—¿Puedes incorporarte? —preguntó Doc Jane.
Xhex gimió una maldición cuando intentó levantar el torso de la cama y falló. Doc Jane acabó por tener que ayudarla y cuando la doctora se fijó en su espalda, silbó un poco.
—No duele tanto —espetó Xhex.
—Déjame que lo dude. —Otra vez el disco metálico rondó de acá para allá—. Respira tan profundo como puedas sin hacerte daño.
Xhex lo intentó y se sintió aliviada cuando la mano amable de la doctora la exhortó volver a las almohadas y la sábana flotó de vuelta a su lugar una vez más.
—¿Puedo comprobar tus brazos y piernas en busca de heridas? —Cuando Xhex se encogió de hombros, Doc Jane dejó el estetoscopio y bajó de la cama. Hubo otra corriente cuando retiró la sábana… y entonces la otra hembra vaciló.
—Marcas muy profundas de ataduras alrededor de los tobillos —murmuró la doctora, casi para sí misma.
Bien, eso era porque Lash la había atado con alambre a veces.
—Muchos moratones…
Xhex detuvo la inspección cuando la sábana fue alzada hasta las caderas.
—Digamos solamente que siguen su camino al norte, ¿vale?
Doc Jane volvió a colocar la sábana donde había estado.
—¿Puedo palparte el vientre?
—Adelante.
Xhex se tensó ante la idea de ser destapada otra vez, pero Doc Jane sólo estiró la sábana y empujó y pinchó. Desafortunadamente, no había modo de ocultar los respingos, especialmente cuando las cosas se dirigieron estómago abajo.
La doctora se recostó y miró directamente a los ojos de Xhex.
—¿Alguna posibilidad de que me permitas hacerte un examen interno?
—Interno como en… —Cuando captó el significado, Xhex sacudió la cabeza—. No. Eso no va a suceder.
—¿Fuiste asaltada sexualmente?
—No.
Doc Jane asintió una vez.
—¿Hay algo que deba saber que no me hayas dicho? ¿Dolor en algún lugar concreto?
—Estoy bien.
—Estás sangrando. No estoy segura de que seas consciente de ello. Pero sangras.
Xhex frunció el entrecejo y se miró los brazos temblorosos.
—Hay sangre fresca en el interior de tus muslos. Por eso te he preguntado si podía hacer el examen interno.
Xhex sintió que una oleada de terror la cubría.
—Te lo preguntaré un vez más. ¿Has sido asaltada sexualmente? —No había emoción detrás de las palabras clínicas y la doctora había supuesto bien. Xhex no habría estado interesada en histerias ni niñerías y sobre todo para nada en la compasión.
Cuando no contestó, Doc Jane leyó el silencio correctamente y dijo:
—Alguna posibilidad de que pudieras estar embarazada.
Oh... Dios.
Los ciclos symphath eran raros e imprevisibles y ella había estado tan ensimismada en el drama de su captura y cautiverio, que ni había pensado en las repercusiones.
En ese momento, despreció ser una hembra. De veras que sí.
—No lo sé.
Doc Jane asintió una vez más.
—¿Cómo puedes saber si lo estás?
Xhex sacudió la cabeza.
—No hay manera de que lo esté. Mi cuerpo ha pasado por demasiado.
—Permíteme hacer el examen interno, ¿vale? Sólo para estar seguras de que no está pasando nada por dentro que yo pueda sentir. Y luego me gustaría llevarte al complejo de la Hermandad y hacerte un ultrasonido. Estarás realmente incómoda cuando revise tu vientre. Tengo a V viniendo en coche… ya casi debería estar aquí.
Xhex apenas oía una palabra de lo que le decía. Estaba demasiado ocupada rememorando el último par de semanas. Había estado con John el día antes del secuestro. Esa última vez. Quizá...
Si estaba embarazada, se negaba de plano a creer que tuviera algo que ver con Lash. Eso sería demasiado cruel. Jodidamente cruel.
Además, quizá había otra razón para el sangrado.
Como un aborto, insistió en indicar parte de su cerebro.
—Hazlo —dijo Xhex—. Pero hazlo rápido. No me manejo bien con esta mierda y voy a perder la chaveta si tarda más que unos pocos minutos.
—Seré rápida.
Mientras cerraba los ojos y se preparaba, una rápida exposición de diapositivas se instaló en su cabeza. Destello: su cuerpo en una mesa de acero inoxidable en un cuarto alicatado. Destello: tobillos y muñecas atados. Destello: médicos humanos ojos crueles y curiosos acercándose a ella. Destello: una videocámara en la cara y moviéndose lentamente hacia abajo. Destello: un escalpelo atrapando la luz desde  arriba.
Chasquido. Chasquido.
Abrió los párpados ante los sonidos porque no estaba segura de si lo que había oído estaba en su cabeza o en el cuarto. Era lo último. Doc Jane se había puesto guantes de látex.
—Seré suave —dijo Jane.
Lo cuál era un término relativo, por supuesto.
Xhex apretó las sábanas entre los puños y sintió como los músculos del interior de los muslos sufrían espasmos mientras se ponía rígida de la cabeza a los pies. Las buenas noticias sobre el acto de petrificarse fueron que le curó los temblores.
—Preferiría que fueras rápida.
—Xhex… quiero que me mires. Ahora.
La mirada dispersa de Xhex giró por todas partes.
—¿Qué?
—Sostenme la mirada. Aquí. —La doctora se señaló a los ojos—. Sostenla. Concéntrate en mi cara y sabrás que a mí también me han hecho esto, ¿vale? Sé exactamente lo que estoy haciendo y no sólo porque haya sido entrenada.
Xhex se obligó a enfocar y... Jesús, ayudó. Sostener esa mirada verde ayudó.
—Lo sentirás.
—¿Disculpa?
Xhex se aclaró la garganta.
—Si estoy… embarazada, lo sentirás.
—¿Cómo?
—Cuando… habrá una patrón. Dentro. No… —Tomó un aliento superficial, recurriendo a los cuentos que había oído a la gente de su padre—. Las paredes no serán lisas.
Doc Jane ni siquiera parpadeó.
—Lo capto. ¿Lista?
No.
—Sí.
Xhex tenía sudores fríos para cuanto todo acabó y la costilla que se había roto chillaba a causa de su fuerte respiración entrecortada.
—Dime —dijo con voz ronca.

Capítulo 23

—Te lo estoy diciendo... Eliahu está vivo. Eliahu Rathboone... está vivo.
De pie en su habitación de la mansión Rahtboone, Gregg Winn miraba por la ventana a alguna especie de liquen español distintivo de Carolina del Sur. A la luz de la luna, esa mierda era tan espeluznante como una sombra lanzada por un objeto no discernible... o un cuerpo.
—Gregg, ¿me oyes?
Después de frotarse el sueño de los ojos, miró sobre su hombro a su joven y guapa narradora. Holly Fleet estaba justo dentro de la puerta, con su largo cabello rubio echado hacia atrás desde su cara apenas maquillada, sus ojos no era tan grandes o cautivadores sin las falsas pestañas o el brillo que llevaba ante la cámara. Pero la bata rosa de seda no hacía nada, absolutamente nada por ocultar su cuerpo excitante.
Y estaba prácticamente vibrando, la vibración provenía de su interior como si ella fuera una campana y un maldito campanero la hubiara golpeado.
—Eres consciente —Gregg arrastró las palabras—, de que el HDP murió hace ciento cincuenta años.
—Entonces su fantasma está realmente aquí.
—Los fantasmas no existen. —Gregg dio la espalda a la vista—. Tú más que nadie deberías saberlo.
—Este sí.
—¿Y me despiertas a la una de la madrugada para decirme esto?
No era un buen movimiento por su parte. Se habían pasado la noche antes casi sin dormir y él se había pasado el día trasteando por teléfono con L.A. Había golpeado la cama hacía una hora sin esperar dormir… pero afortunadamente su cuerpo tenía otros planes.
O eso o su cerebro le estaba diciendo que lo dejara porque la mierda no iba a seguir viento en popa. Ese mayordomo era inamovible en cuestión de permisos; ambos avances de Gregg hacían sido rechazados, el del desayuno cortésmente declinado, el de la cena ignorado.
Entretanto tenían algún metraje fenomenal que ya había enviado. Gracias a disparos evocativos captados a escondidas, la plana mayor le había dado el visto bueno para cambiar la localización especial... pero le estaban presionando para un corte promocional que poder emitir TPCSP.
Lo cual no podía ocurrir hasta que el mayordomo se ablandase.
—¿Hola? —exclamó Holly—. ¿Me estás escuchando?
—¿Qué?
—Quiero irme.
Él frunció el ceño, pensando que la chica no tenía cerebro suficiente para estar asustada por nada menor que un trailer de dieciocho ruedas con su nombre escrito en la parrilla delantera.
—¿Ir adónde?
—De vuelta a L.A.
Casi respingó hacia atrás.
—¿L.A? Estás bromeando... Vale, eso no va a pasar. A menos que quieras acudir a Orbitz5 y facturarte de vuelta como equipaje. Tenemos trabajo que hacer aquí.
Lo cual dado pelaje del culo de ese mayordomo incluía un montón de peloteo y súplicas. Lo último era especialidad de Holly. Y en realidad... si estaba asustada, sería una ventaja. Podría aprovecharlo con el tío. Normalmente los hombres respondían bien a ese tipo de cosas... especialmente el tipo de hombre adecuado que seguramente canalizaba caballerosidad a través de cada uno de sus huesos secos y larguiruchos.
—Estoy realmente... —Holly tiró de las solapas de seda más cerca de su cuello... de forma que la delantera de la bata se estiró contra sus pezones duros—. Estoy aterrada.
Hmm. Si era un juego para llevarlo a la cama... no estaba tan cansado.
—Ven aquí.
Estiró los brazos y cuando ella se adelantó y puso su cuerpo contra el de él, sonrió mientras miraba sobre su cabeza. Dios, olía bien. No a esa mierda florida que normalmente llevaba encima, sino a algo más oscuro. Agradable.
—Nena, sabes que tienes que quedarte con nosotros. Necesito que obres tu magia.
Fuera, el musgo español ondeaba en la brisa, la luz de la luna lo captaba y creaba la ilusión de gasa, así que los árboles parecían estar engalanados.
—Algo no va bien aquí —dijo ella en su pecho.
Abajo, en el césped, una figura solitaria paseó tranquilamente a la vista. Estaba claro, Stan iba a dar un paseo alcohólico.
Gregg sacudió la cabeza.
—Lo único que no está bien es ese maldito mayordomo. ¿No quieres ser famosa? Un especial aquí va a abrirte las puertas. Podrías estar presentando Bailando con las Estrellas a continuación. O Gran Hermano.
Pudo decir que había captado su atención, porque su cuerpo se relajó y para ayudarla a seguir por ahí, le frotó la espalda.
—Esa es mi chica. —Observó a Stan vagar por ahí, con las manos en los bolsillos, alejándose de la casa, su cabello largo moviéndose al viento. Otro par de metros y estaría bañado por la luz de la luna cuando saliera de debajo de los árboles—. Ahora, quiero que te quedes aquí conmigo... como ya he dicho, tú de entre todos deberías saber que esas historias de fantasmas nunca son nada más que suelos de madera que rechinan. Tenemos trabajo sólo porque la gente quiere creer en esa mierda espeluznante.
En ese preciso instante alguien subió las escaleras, las pisadas suaves venían acompañadas por auténticos efectos especiales Vincent Price, quejidos y gemidos de madera vieja que penetraban la quietud.
—¿Es de eso de lo que tienes miedo? ¿Sólo algunos ruidos en la noche? —dijo, apartándose y bajando la mirada hacia ella. Sus labios regordetes trajeron de vuelta algunos recuerdos muy buenos y le rozó la boca con el pulgar, pensando que tal vez se había puesto más silicona. Parecían extra hinchados y bonitos.
—No... —susurró ella—. No es eso.
—¿Entonces por qué crees que hay un fantasma?
Sonó un golpe en la puerta y la voz de Stan llegó amortiguada.
—¿Estáis follando o puedo irme a la cama ya?
Gregg frunció el ceño y giró la cabeza hacia la ventana. Esa figura solitaria salió al haz de luz de luna... y desapareció directamente en el aire.
—Porque acabo de acostarme con él —dijo Holly—. Acabo de acostarme con Eliahu Rathboone.

Capítulo 24

Fuera, en el pasillo del sótano de la casa de Xhex, John estaba desgastando una senda en el suelo de piedra. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Mientras, no se oía absolutamente nada a través de la puerta del dormitorio.
Lo cual suponía que era bueno… ni gritos ni maldiciones, con suerte eso significaba que el examen de Doc Jane no estaba provocando dolor.
Había enviado un mensaje a Rehvenge y le había dicho al macho que Xhex había sido encontrada y que iba a intentar llevarla de vuelta al complejo. Sin embargo no mencionó el sótano.
Estaba claro que ella quería proteger su privacidad, porque si Rehv hubiera sabido de él, el tipo habría insistido en venir aquí tras no encontrarla en la cabaña de caza.
Después de comprobar su reloj, John se pasó la mano por el cabello otra vez y se preguntó cómo hombres vinculados como Wrath, Rhage y Z manejaban una mierda así… Cristo, Z había tenido que pasar por ver a Bella dando a luz. ¿Cómo demonios lo hacían?
La puerta se abrió y él se giró, sus suelas chirriaron sobre el suelo.
Doc Jane se mostraba sombría.
—Está de acuerdo en ir al complejo. V debe estar fuera esperando en el Escalade… ¿puedes comprobar si está ahí?
John dijo por señas, ¿Ella está bien?
—Ha pasado por mucho. Ve a comprobar si el coche está ahí, ¿vale? Y vas a tener que llevarla en brazos, ¿de acuerdo? No quiero que camine y no voy a utilizar una camilla porque no hay necesidad de montar una escena en la calle.
John no dio más la lata y salió desbocado del sótano. Con el freno puesto, con las luces apagadas pero el motor en marcha, estaba el SUV. Detrás del volante, se produjo un destello de naranja cuando V dio una calada a su cigarrillo liado a mano.
El Hermano bajó la ventanilla.
—¿Nos la llevamos?
John asintió con la cabeza una vez y se apresuró a volver adentro.
Cuando llegó a la puerta de la habitación de Xhex, ésta estaba cerrada, así que llamó suavemente.
—Un minuto —dijo Doc Jane, con voz amortiguada—. Vale.
Abrió y encontró a Xhex todavía de costado. Le habían envuelto una toalla alrededor y una sábana nueva la cubría de la cabeza a los pies. Cristo… deseó que su piel ofreciera un poco más de contraste con toda esa mierda blanca.
John se aproximó y pensó que era raro. Nunca antes se había visto a sí mismo más alto que ella. Ahora él descollaba y no sólo porque ella estuviera postrada.
Ahora voy a recogerte, indicó mientras movía los labios formando las palabras.
Los ojos de Xhex se fijaron en los suyos y luego asintió e intentó sentarse. Mientras luchaba por hacerlo, él se inclinó y la cogió en sus brazos.
No pesaba lo suficiente.
Cuando se enderezó, Doc Jane lanzó rápidamente las colchas de la cama sobre el colchón y le hizo una seña hacia la puerta.
La rigidez del cuerpo de Xhex le estaba costando energías y deseó decirle que se relajara, pero incluso si hubiera tenido voz, habría sido un desperdicio. Ella no era del tipo que se dejaba llevar en brazos bajo ninguna circunstancia, por nadie.
Al menos… normalmente.
El pasillo pareció tener dos kilómetros de longitud y fuera, los tres metros que le llevó cruzar la acera hasta el SUV fueron dos veces esa distancia.
V saltó de detrás del volante y abrió la puerta trasera.
—Puede estirarse aquí. Puse mantas antes de salir.
John asintió con la cabeza y fue a tenderla en el suave nido al que habían dado forma.
La mano de ella se alzó y se cerró sobre su hombro.
—Quédate conmigo. Por favor.
Se quedó congelado una fracción de segundo… y luego a base de pura fuerza bruta, subió y entró mientas todavía la mantenía sujeta. Colocarse fue torpe… pero finalmente consiguió situarles contra la pared interior del coche con sus piernas flexionadas por las rodillas y ella en su regazo, acunada contra el pecho.
Las puertas se cerraron y luego se produjeron dos golpes más y un rugido del motor.
A través de las ventanas ahumadas, las luces centelleaban y se retiraban mientras atravesaban la ciudad a toda prisa.
Cuando Xhex comenzó a temblar, él envolvió los brazos más firmemente a su alrededor, conservando el calor de ella contra su cuerpo y animando a su propia calidez a entrar en ella. Y tal vez funcionara, porque después de un momento, apoyó la cabeza contra sus pectorales y el temblor cesó.
Dios… llevaba tanto tiempo desando tenerla entre sus brazos. Había imaginado y visualizado escenarios donde ocurriría.
Este no era ninguno de ellos.
Inhaló profundamente, con intención de dejar escapar un suspiro… y captó la fragancia que estaba exudando. Especias oscuras. De la clase que olía en los Hermanos cuando sus shellans estaban alrededor. Del tipo que significaba que tu cuerpo estaba sopesando sus emociones y no había vuelta atrás.
Maldito fuera, no había forma de ocultar el vínculo y ninguna de detenerlo. Todo el tiempo, desde que la había conocido por primera vez, se había estado acercando centímetro a centímetro a este acantilado y estaba claro que se había inclinado por el borde cuando ella se había alimentado de él.
—¿John? —susurró ella.
Le dio un ligero golpe en el hombro para que supiera que la había oído.
—Gracias.
Posó la mejilla en su cabello y asintió con la cabeza para que ella pudiera sentirlo.
Cuando Xhex se apartó quitándose de debajo, no le sorprendió… al menos no hasta que comprendió que era porque quería mirarle.
Oh, Jesús, odiaba la expresión en su cara delgada. Miedo hasta el punto del terror, los ojos gris profundo mostraban el color del asfalto apagado.
Estás bien, dibujó él con la boca. Vas a estar bien.
—Lo estoy. —Cerró los ojos con fuerza—. De veras lo estoy.
Si estaba en su mano hacer algo al respecto, mierda, sí.
Los labios de Xhex se abrieron de nuevo.
—Lo siento mucho —dijo roncamente.
¿El qué?
—Todo. Haberte tratado como lo hice. Ser quien soy. Tú mereces algo mucho mejor. Yo… lo siento de veras.
Su voz se rompió al final y cuando empezaba a parpadear, volvió a posar la cabeza y le puso la palma justo sobre el corazón palpitante.
Era en momentos así cuando deseaba desesperadamente poder hablar. Después de todo, no iba a moverla de acá para allá para sacar su puñetera libreta.
Al final, simplemente la abrazó con cuidado porque era todo lo que tenía que ofrecer.
Y no iba a confundir este cambio con lo que no era. Una disculpa no era una declaración de amor y ni siquiera era necesaria, porque de todos modos él se lo había perdonado todo.
Aunque ayudaba, en cierto modo. Todavía había una gran distancia a la forma en que había esperado que las cosas fueran entre ellos, pero era condenadamente mejor que nada.
John le sujetó la sábana más alto sobre el hombro, luego dejó caer la cabeza hacia atrás. Mirando por la ventana ahumada, sus ojos buscaron las estrellas que punteaban el negro denso y aterciopelado del cielo nocturno.
Curioso, sentía como si el cielo estuviera contra su pecho en vez de sobre todo el mundo.
Xhex estaba viva. Y en sus brazos. Y la estaba llevando a casa.
Sí. Teniéndolo todo en cuenta, las cosas podrían haber salido puñeteramente peor.

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