sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 4 5 6

Capítulo 4

—Vale, creo que hemos acabado.
John sintió un último tirón a través de los hombros y luego la pistola se quedó en silencio. Irguiéndose del reposabrazos contra el que había estado recostado durante las últimas dos horas, estiró los brazos sobre la cabeza y echó el torso hacia atrás estirándose.
—Dame un segundo y te limpiaré.
Mientras el macho humano rociaba algunas toallitas de papel con líquido antibacteriano, John apoyó el peso en la espina dorsal otra vez y dejó que el hormigueo del trabajo de la aguja reverberara a través de todo su cuerpo.
En ese momento de calma, le llegó un extraño recuerdo, uno en el que no había pensado durante años. Era de sus días en el orfanato de Nuestra Señora, allá cuando no había sabido quién era realmente.
Uno de los benefactores de la iglesia había sido un hombre rico que poseía una gran casa en la costa del Lago Saranac. Cada verano, se invitaba a los huérfanos a pasar un día, jugar en su césped del tamaño de un campo de fútbol, dar una vuelta en su precioso bote de madera y comer sandwiches y sandía.
John siempre se quemaba. No importaba cuanto mejunje le pusieran encima, su piel siempre se quemaba hasta achicharrarse... hasta que finalmente le relegaron a quedarse a la sombra del porche. Obligado a esperar a que pasara algo fuera del campo, había observado a los demás chicos y chicas hacer cosas, escuchado las risas rodar por la brillante hierba verde, le traían la comida y comía solo, haciendo de testigo en vez de tomar parte.
Divertido, volvía a sentir ahora la piel como entonces: tirante y picante, especialmente cuando el tatuador golpeaba los puntos crudos con la tela húmeda y trazaba círculos sobre la tinta fresca.
Joder, John podía recordar temer esa ordalía anual al lago. Había deseado tan condenadamente estar con los otros... aunque para ser honesto, había sido menos por lo que estaban haciendo y más porque estaba desesperado simplemente por encajar. Por amor de Díos, podrían haber estado masticando cristal roto y ensangrentando la pechera de las camisetas y todavía habría querido apuntarse.
Aquellas seis horas en ese porche sin nada excepto un libro de comics o tal vez el nido de un pájaro caído que inspeccionar y reinspeccionar habían parecido tan largas como meses. Demasiado tiempo para pensar y sentir nostalgia. Siempre había tenido la esperanza de ser adoptado y en momentos solitarios como ese, el ansia le había consumido. Incluso más que estar entre los demás chiquillos, deseaba una familia, una auténtica madre y un padre, no sólo guardianes a los que se les pagaban para que le criaran.
Quería pertenecer. Quería que alguien dijera, eres mío. Por supuesto, ahora que sabía lo que era... ahora que vivía como un vampiro entre vampiros, entendía la cuestión de la "posesión" mucho más claramente. Claro, los humanos tenían un concepto de unidad familiar, matrimonio y toda esa mierda, pero su auténtica raza se parecía más a una manada de animales. Los lazos de sangre y emparejamiento eran mucho más viscerales y absorbentes.
Cuando pensaba en su yo más joven y triste, le dolía el pecho... aunque no porque deseara poder volver atrás en el tiempo y decirle a ese pequeño que sus padres vendrían a por él. No, le dolía porque precisamente lo que había deseado, casi le había destruido. Su adopción desde luego había llegado, pero la "posesión" no arraigó. Wellsie y Tohr habían entrando bailando el vals en su vida, le habían dicho qué era, le habían proporcionado un breve vistazo de hogar... y luego habían desaparecido.
Así que podía decir categóricamente que era mucho peor haber tenido y perdido unos padres, que no haberlos tenido en absoluto.
Sí, claro, Tohr estaba técnicamente de vuelta en la mansión de la Hermandad, pero para John estaba más lejos que nunca: aunque ahora dijera las cosas correctas, habían sido demasiadas decepciones, era demasiado tarde. John había terminado con todo ese asunto de Tohr.
—Aquí tienes un espejo. Revisa, colega.
John asintió un gracias y fue al espejo de cuerpo entero de la esquina. Mientras Blay volvía de su larga pausa para el cigarrillo y Qhuinn emergía de detrás de la cortina de la habitación lateral, John se dio la vuelta y captó una vistazo de lo que tenía en la espalda.
Oh, Dios. Era exactamente lo que quería. Y los adornos eran de primera. Asintió con la cabeza mientras movía el espejo de mano alrededor, comprobando cada ángulo. Tío, era una especie de vergüenza que ningún otro aparte de sus chicos fuera a ver esto. El tatuaje era espectacular. Y lo más importante era, sin importar lo que ocurriera a continuación, ya encontraran a Xhex viva o muerta, que ella siempre estaría con él.
Maldito fuera, estas cuatro semanas desde su abducción habían sido las más largas de su vida. Y había tenido algunos días jodidamente largos antes de esta mierda. No saber dónde estaba ella. No saber lo que le había ocurrido. Tener que perderla... Se sentía como si hubiera sido mortalmente herido, aunque su piel estaba intacta, sus brazos y piernas ilesos y el pecho impenetrado por bala u hoja.
Pero una vez más, en su corazón, estaba ella. E incluso si conseguía recuperarla para que pudiera vivir una vida que no le incluyera a él, no pasaba nada. Sólo la quería a salvo y viva.
John miró al artista, se puso la mano en el corazón y se inclinó profundamente. Cuando se alzó de su posición de gratitud, el tipo extendió la palma hacia afuera.
—De nada, hombre. Significa mucho que lo apruebes. Ahora déjame cubrirlo con algo de crema y un vendaje.
Después de que se estrecharan las manos, John hizo señas y Blay tradujo.
—No es necesario. Sana a velocidad de vértigo.
—Pero va a necesitar tiempo...
El tatuador se inclinó y luego frunció el ceño mientras inspeccionaba la zona donde había trabajado.
Antes de que el tipo empezara a hacer preguntas, John retrocedió y agarró su camisa de las manos de Blay. El hecho era, que la tinta que habían traído había sido escamoteada del alijo de V... lo cual significaba que parte de su composición incluía sal. Ese nombre y aquellos fabulosos remolinos eran permanentes... y su piel ya estaba sanando.
Lo cual era una de las ventajas de ser un vampiro casi pura raza.
—El tatuaje mola —dijo Qhuinn—. Es puro sexo.
Como convocada, la mujer que Qhuinn había estado beneficiandose salió de detrás de la cortina y fue difícil no advertir la expresión dolida de Blay. Especialmente cuando ella deslizó un trozo de papel en el bolsillo trasero de Qhuinn. Indudablemente su número estaba en él, pero en realidad no debía hacerse ilusiones. Una vez el tío tenía a alguien, era todo... como si los compañeros de sexo fueran una comida que no podía repetirse y nunca quedaban sobras.
Desafortunadamente la doble de Kat von D2 tenía estrellas en los ojos.
—Llámame —le murmuró con una confianza que se desvanecería con el paso de los días.
Qhuinn sonrió un poco.
—Cuídate.
Ante el sonido de esa palabra, Blay se relajó, sus grandes hombros se relajaron. En Qhuinnlandia, cuídate era sinónimo de, nunca volveré a verte, llamarte o follarte.
John sacó su cartera, que estaba a reventar de toneladas de billetes y ninguna identificación en absoluto y sacó cuatro de cien. Lo cual era dos veces el coste del tatuaje. Cuando el artista comenzó a sacudir la cabeza y decir que era demasiado, John asintió hacia Qhuinn.
Los dos alzaron las palmas derechas hacia los humanos y luego se extendieron hasta el interior de sus mentes y cubrieron los recuerdos del último par de horas. Ni el artista ni la recepcionista tendrían ningún recuerdo concreto de lo que había pasado. Y como mucho, podían tener sueños nebulosos. Al final, tendrían un dolor de cabeza.
Mientras la pareja se deslizaba en su trance, John, Blay y Qhuinn salieron por la puerta de la tienda y se mantuvieron en las sombras. Esperaron hasta que el artista se sacudió y se reenfocó, se acercó a la puerta y echó el cerrojo... y entonces fue momento de volver a los negocios.
—¿Sal's? —preguntó Qhuinn, su voz era más baja de lo habitual debido a la satisfacción postcoital.
Blay encendió otro Dunhill mientras John asentía con la cabeza e indicaba por señas, Nos están esperando.
Uno tras otros, sus chicos desaparecieron en la noche. Pero antes de desvanecerse, John se detuvo un momento, sus instintos resonaban.
Mirando a derecha e izquierda, sus ojos agudos como lasers penetraron la oscuridad. La calle Trade tenía un montón de luces de neón y había coches pasando porque eran sólo las dos de la mañana, pero él no estaba interesado en las partes iluminadas.
Los callejones oscuros eran la cuestión.
Alguien los estaba vigilando.
Metió la mano dentro de su chaqueta de cuero y cerró la palma alrededor de la empuñadura de su daga. No tenía ningún problema en matar al enemigo, especialmente ahora, cuando sabía endemoniadamente bien quien tenía a su hembra... y esperó a que algo que olía como un ciervo muerto hacía una semana se lanzara sobre él.
No tuvo tanta suerte. En vez de eso, su móvil sonó con un silbido. Sin duda Qhuinn y/o Blay se estaban preguntando dónde coño estaba.
Esperó un minuto más y decidió que la información que esperaba obtener de Trez y iAm era más importante que clavarle los nudillos a quien fuera el asesino que acechaba en las sombras.
Con la venganza fluyendo espesa por sus venas, John se desmaterializó en el mismo aire y tomó forma de nuevo en el aparcamiento del restaurante Sal's. No había ningún coche alrededor y las luces que normalmente brillaban fuera del edificio de ladrillo estaban apagadas.
Las puertas dobles bajo la marquesina se abrieron al instante y Qhuinn asomó la cabeza.
—¿Por qué demonios has tardado tanto?
Paranoia, pensó John.
Volviendo a comprobar mis armas, indicó por señas mientras caminaba.
—Podrías haberme pedido que esperara. O hacerlo aquí.
Sí, Mamá.
El interior del lugar estaba decorado al viejo estilo Rat Pack con empapelado saturado y alfombra de felpa hasta donde alcanzaba la vista. Todo, desde los asientos del club, hasta las mesas cubiertas de lino, pasando por los platos y la platería era una reproducción de lo que había sido en los sesenta y Dean Martin había vuelto a la vida: refinado, rico y clasista al estilo Sands Casino.
Incluso el Viejo Ojos Azules estaba cantando Fly me to the Moon.
Los altavoces probablemente se negarían a reproducir otra cosa.
Los tres pasaron el atril de la recepcionista y fueron al bar, donde el acre aroma de los cigarros persistia a pesar de las leyes antihumo de Nueva York. Blay siguió hasta detrás del mostrador de teca y se sirvió una Coca-Cola y John se paseó, con las manos en las caderas, los ojos en el suelo de mármol, delineando el sendero marcado por los reservados de cuero que estaban dispuestas rodeando el local.
Qhuinn tomó asiento en uno de ellos.
—Nos dijeron que nos dejáramos caer y tomáramos un trago. Vendrán en cualquier...
En ese momento, desde la única sala de personal en la parte de atrás, un thump-thump y un gemido cortó la cháchara de Sinatra. Con una maldición, John siguió el ejemplo de Qhuinn y aparcó enfrente del tío. Si las Sombras estaban trabajándose a algún Pedazo De Mierda, probablemente sería más de un segundo.
Cuando Qhuinn estiró las piernas bajo la mesa negra y tensó la espalda, todavía estaba encendido, las mejillas sonrojadas por el esfuerzo, los labios hinchados de besar. Por un momento, John estuvo tentado a preguntar por qué el tío insistía en follarse gente delante de Blay, pero se repensó la Gran Pregunta mientras examinaba la lágrima roja que llevaba tatuada el tipo en la mejilla.
¿De qué otro modo iba a tener relaciones sexuales el bastardo? Estaba literalmente unido a la cadera con John y todo lo que hacían era salir y luchar... con Blay como miembro de su equipo.
Blay volvió con su Coca-Cola, se sentó junto a John y se quedó callado.
Muy embarazoso, pensó John cuando ninguno de ellos dijo nada.
Diez minutos después, la puerta marcada como SÓLO PERSONAL se abrió de par en par y Trez salió de la parte de atrás.
—Lamento la espera. —Agarró una toalla de mano de detrás de la barra y se limpió la sangre de los nudillos—. iAm está acabando de tirar algo de basura en el callejón. Estará aquí en un instante.
John dijo por señas, ¿Sabemos algo?
Después de que Qhuinn tradujera, las cejas de Trez cayeron y los ojos de la Sombra se volvieron calculadores.
—¿De qué?
—Xhex —dijo Qhuinn.
Trez realizó un elaborado trabajo volviendo a doblar la toalla ahora manchada de rojo.
—Lo último que supe, es que Rehv estaba viviendo con vosotros en el complejo.
—Lo está.
El Sombra plantó sus palmas sobre la teca y se inclinó hacia delante, los músculos de su hombro se hincharon.
—¿Entonces por qué tenéis que preguntarme a mí sobre su búsqueda y rescate?
Tú la conoces muy bien, indicó John.
Después de la traducción, los ojos de Trez centellaron de un verde brillante.
—Sí. Es mi hermana, aunque no de mi sangre.
¿Entonces cuál es el problema? señaló John.
Cuando Qhuinn vaciló, como si quisiera asegurarse de que John realmente tenía que decirle eso a una Sombra, John le hizo una seña para que siguiera hablando.
Qhuinn sacudió un poco la cabeza.
—Dice que entiende eso. Sólo quiere asegurarse de que todas las posibilidades están cubiertas.
—Habla claro, no creo que sea eso lo que ha dicho. —La sonrisa de Trez era fría—. Y he aquí mi problema. Venís aquí y os ponéis chulitos sugiriendo que vosotros y vuestro rey no confías en que Rehv os diga como va la cosa... o no creéis que se esté dejando las pelotas para encontrarla. Y ¿sabéis?... esa mierda no va conmigo.
iAm entró a través de la puerta de personal y simplemente asintió mientras se aproximaba a su hermano... lo cual era toda la bienvenida que podía esperarse jamás de él. No desperdiciaba palabras. Ni golpes, dada la cantidad de sangre que manchaba su camiseta gris. Y el tipo no pidió un resumen de la reunión hasta el momento. Parecía totalmente puesto al día, lo que significaba que o había visto algo en una cámara de seguridad en la parte de atrás o era agudo leyendo la tensión en el poderoso cuerpo de su hermano.
No hemos venido aquí a pelear u ofender. Indicó John por señas. Sólo queremos encontrarla.
Hubo una pausa después de que Qhuinn hiciera su parte. Y luego Trez hizo la pregunta de los sesenta y cuatro mil dólares.
—¿Sabe tu rey que estás aquí?
Cuando John sacudió la cabeza, Trez entrecerró los ojos aún más.
—¿Y qué esperas conseguir exactamente de nosotros?
Cualquier cosa que sepáis o creáis que sea cierta sobre dónde está Xhex. Y cualquier información sobre el tráfico de drogas aquí en Caldwell. Esperó a que Qhuinn se pusiera al corriente, luego continuó. Asumiendo que Rehv tenga razón y Lash fuera el que acabó con los distribuidores en la ciudad, es endemoniadamente obvio que él y la Sociedad Lessening llenarán el vacío creado. Otra pausa para Qhuinn. ¿Así que, adónde va la gente a comprar, aparte de a los clubs de la parte baja de Trade? ¿Hay una ruta del crack? ¿Y quienes son los grandes distribuidores con los que trabajaba Rehv? Si Lash está intentando traficar, tiene que estar consiguiendo la mierda de alguien. Un último respiro para Qhuinn. Hemos estado en los callejones, pero hasta ahora, eso no nos ha llevado a ninguna parte. Sólo humanos traficando con humanos.
Trez retiró su peso de las palmas de las manos y prácticamente podías oler a madera quemándose mientras su cerebro trabajaba.
—Déjame preguntarte algo.
Claro, gesticuló John.
Trez miró alrededor y luego volvió a encontrar la mirada de John.
—En privado.

Capítulo 5

Cuando la Sombra lanzó la demanda, John vio que Qhuinn y Blay se tensaban y supo por dónde iban a salir sus chicos. Trez era un aliado, pero también era peligroso por definición. Las Sombras seguían su propio código y el de nadie más y eran capaces de cosas que dejarían en bragas a los symphats.
Pero cuando se trataba de Xhex, estaba dispuesto a atravesar un anillo de fuego.
Mientras tenga lápiz y boli, nos irá bien, señaló John. Cuando ni Blay ni Qhuinn tradujeron, frunció el ceño y les codeó a ambos.
Qhuinn se aclaró la garganta y miró a Trez a través de la barra.
—Como su ahstrux nohtrum, yo voy donde va él.
—En mi casa no, ¿está claro? Ni en la de mi hermano.
Qhuinn se alzó sobre sus pies, como si fuera a enzarzarse con la Sombra si hiciera falta.
—Así es como funciona.
John se deslizó fuera del reservado y plantó su cuerpo en el camino de Qhuinn antes de que el hijo puta se pusiera en modo defensa de rugby. Con un gesto de la cabeza hacia la parte de atrás, donde asumía que irían él y Trez, esperó a que la Sombra abriera camino.
Naturalmente, Qhuinn tenía que abrir la bocaza.
—Joder, John.
John se dio la vuelta y dijo por señas, ¿Tengo que darte una puñetera orden? Voy a ir con él y tú te quedas aquí. Punto. Final.
Que te jodan, deletrearon las manos de Qhuinn. No me pego a ti por puro gusto y risitas.
El sonido de un timbre cortó la discusión mientras ambos miraban a las Sombras. Después de que iAm comprobara el monitor de seguridad que había bajo la barra, dijo:
—Nuestra reunión de las dos treinta está aquí.
Cuando rodeó el mostrador a zancadas y se dirigió a la puerta principal, Trez se concentró en Qhuinn durante un largo momento, luego dijo a John:
—Dile a tu chico que es difícil proteger a alguien cuando estás muerto.
La voz de Qhuinn se volvió dura como un puñetazo.
—Iría a la muerte por él.
—Mantén esa actitud y eso no será hipotético.
Qhuinn desnudó los colmillos y siseó guturalmente desde su garganta, convirtiéndose en el mortífero animal sobre el que los humanos habían imaginado todo tipo de mitología de horror. Cuando miraba a Trez, estaba bastante cristalino en su mente, que ya estaba encaramándose a la barra y yendo a por la garganta de la Sombra.
Trez sonrió fríamente y no se movió un centímetro.
—Un tipo duro, ¿eh? ¿O eres todo fachada?
Difícil saber a que luchador secundar. La Sombra tenía una reserva de trucos en la manga, pero aún así Qhuinn parecía una apisonadora preparada para echar abajo un edificio. Fuera como fuera, esto era Caldwell, no Las Vegas y John no era un corredor de apuestas.
La respuesta correcta era no permitir que la fuerza imparable se encontrara con el objeto inamovible. John cerró el puño y lo estampó contra la mesa. El crujido fue tan ruidoso, que hizo que se girara la cabeza de todo el mundo y Blay tuvo que atrapar su Coca-Cola en el aire cuando ésta rebotó hacia arriba en una curva ascendente.
Después de que John consiguiera la atención absoluta de los combatientes, levantó dos dedos y dirigió uno en cada dirección: siendo mudo, era lo más cerca que iba a estar de decirles que relajaran esa mierda.
La mirada dispareja de Qhuinn se lanzó de vuelta a la Sombra.
—Es lo que harías tú por Rehv. No se me puede culpar por ello.
Hubo una pausa... y luego la Sombra aflojó un poco.
—Muy cierto. —Mientras la testosterona se desvanecía hasta convertirse en un rugido sordo, Trez asintió con la cabeza—. Sí... muy cierto. Y no voy a hacerle daño. Si él es un caballero, yo seré un caballero. Te doy mi palabra.
Quédate con Blay, indicó John antes de darse la vuelta y dirigirse hacia la Sombra.
Trez se encaminó hacia un pasillo que era amplio y estaba lleno de pilas de cajas de cerveza y licor. La cocina estaba en el extremo más alejado, separada por un par de puertas batientes que no hicieron ningún sonido cuando las atravesaron.
Brillantemente iluminada con un suelo de azulejo rojo, el corazón del restaurante estaba pulcro como una patena y tenía el tamaño de una casa, con un banco de fogones, una cámara de carne y metros y metros de mostradores de acero inoxidable. Colgaban cacerolas arriba y abajo y algo delicioso se estaba cocinando en uno de los quemadores delanteros.
Trez se acercó y alzó la tapa. Después de una profunda inhalación, levantó la mirada con una sonrisa.
—Mi hermano es un magnífico cocinero.
Claro, pensó John. Aunque con las Sombras siempre tenías que preguntarte qué eran las proteínas. Se rumoreaba que les gustaba comerse a sus enemigos.
El tipo volvió a colocar la tapa y extendió la mano hacia un montón de libretas. Tomando una de la pila, la deslizó a través del mostrador y sacó un boli de una taza.
—Esto es para ti. —Trez cruzó los brazos sobre su enorme pecho y se apoyó hacia atrás contra los fogones—. Cuando llamaste y pediste vernos, quedé sorprendido. Como dije, Rehv vive bajo el mismo techo que tú, así que no es como que no fueras consciente de lo que está haciendo en el norte, en la colonia. Por tanto debes saber, como saben tus jefes, que está registrando el norte... hasta la más pequeña esquina del laberinto esta semana... y debes ser consciente también de que no ha encontrado absolutamente, positivamente nada que le conduzca a creer que Xhex fue capturada por un symphath.
John no hizo ningún movimiento, ni afirmando ni negando.
—Y también encuentro curioso que quieras preguntarme sobre el tráfico de drogas, dado que Rehv lo sabe todo sobre el tráfico aquí en Caldwell.
En este punto, iAm entró en la cocina. Fue a la cazuela y la revolvió un poco también, luego se plantó junto a su hermano, asumiendo la misma pose. John no había oído que fueran gemelos, pero demonios, te lo preguntabas.
—¿Así que, qué pasa, John? —murmuró Trez—. ¿Por qué tu rey no sabe que estás aquí y por qué no estás hablando con mi colega Rehvenge?
John se enfrentó a la pareja y luego recogió el boli y escribió un poco. Cuando lanzó la libreta hacia delante, los Sombras se inclinaron sobre ella.
Sois perfectamente conscientes de lo que está pasando aquí. Dejad de malgastar nuestro tiempo.
Trez rió y iAm incluso sonrió.
—Sí, podemos leer tus emociones. Sólo imaginábamos que podrías querer explicarte. —Cuando John sacudió la cabeza, Trez asintió—. Vale, muy justo. Y voy a respetar tu política nada-de-tonterías. ¿Quién más sabe que esto es personal para ti?
John volvió a la rutina boli-papel. Rehv, principalmente, ya que es un symphath. Qhuinn y Blay. Pero ninguno de los Hermanos.
iAm habló.
—Así que ese tatuaje que acabas de hacerte... ¿tiene algo que ver con ella?
John quedó momentáneamente sorprendido, pero luego se figuró que podían oler la tinta fresca o sentir las reverberaciones del dolor leve.
Con un tranquilo garabateo, escribió. Eso no es asunto de nadie.
—De puta madre, puedo respetar eso —dijo Trez—. Escucha... sin ofender, pero ¿por qué no puedes confiar en los Hermanos con esta mierda? ¿Es porque ella es una symphath y te preocupa como se lo tomarán? Porque con Rehv lo han llevado bien.
Usa la cabeza. ¿Les anuncio en grandes titulares lo de ella y la encontramos? Todo el mundo en esa casa va a esperar una ceremonia de emparejamiento como bienvenida. ¿Crees que ella lo apreciará? ¿Y si está muerta? No quiero mirar al otro lado de la mesa cada mañana a un puñado de gente que está esperando ver si me ahorco en el baño.
Trez ladró una risa.
—Bueno... ahí tienes razón. No puedo discutir la lógica de eso.
Así que necesito vuestra ayuda. Ayudadme a ayudarla.
Las dos Sombras se miraron el uno al otro y se produjo un largo momento de quietud. El cual John se tomó como que estaban teniendo una conversación materia-gris-a-materia-gris.
Después de un momento, volvieron a mirarle y como de costumbre fue Trez el que habló.
—Bueno, ahora... dado que has tenido la cortesía de cortar con la mierda, nosotros haremos lo mismo. Hablar así contigo nos pone en una posición difícil. Nuestra relación con Rehv es estrecha, como ya sabes y él está tan personalmente involucrado en esto como tú. —Justo cuando John estaba intentando encontrar un modo de sortear todo eso, Trez murmuró—. Pero te diremos... que ninguno de nosotros ha captado nada de ella. En ninguna parte.
John tragó con fuerza, pensando que esas no eran buenas noticias.
—No, no lo son. O está muerta... o está siendo retenida en alguna parte con un bloqueo. —Trez maldijo—. Yo también creo que la tiene Lash. Y me trago totalmente la idea de que está trabajándose las calles en busca de efectivo y ese es el único modo de encontrarle. Si tuviera que suponer, diría que está probando a camellos humanos antes de convertirlos a la Sociedad Lessening... y me juego las pelotas a que está empezando a inducirlos TPCSP. Querrá tener control total sobre su equipo de reventa y la única forma de que lo consiga es convirtiéndolos. Por lo que respecta a los semilleros de tráfico, los mercados están siempre saltando. Está el instituto, aunque eso va ser difícil a causa de tus problemas diurnos. Zonas de construcción municipal, también... los vendedores de esos camiones de catering siempre solían vender para nosotros. Además, ese parque de skate, el Xtreme. Un montón de mierda va a parar allá abajo. Y bajo los puentes... aunque esos son principalmente indigentes, lo más bajo de la sociedad, así que el ratio de efectivo probablemente será demasiado bajo para que les ataque duro.
John asintió con la cabeza, pensando que esta era precisamente la información que esperaba conseguir. ¿Qué hay de los proveedores? escribió. Si Lash se calza los zapatos de Rehv, ¿no necesitará relaciones con ellos?
—Sí. Sin embargo el mayor de la ciudad, Ricardo Benloise, es puñeteramente reservado. —Trez miró a su hermano y se produjo otro silencio. Cuando iAm asintió, Trez se giró—. Vale. Veremos si podemos conseguir alguna información sobre Benloise... al menos lo suficiente para que puedas rastrear su culo por si acaso se reúne con Lash.
John hizo señas sin pensar. Muchas gracias.
Los dos asintieron, y luego Trez dijo:
—Dos advertencias.
Con las manos, John animó al tipo a continuar.
—Una, mi hermano y yo no ocultamos nada a Rehv. Así que vamos a contarle que has venido a vernos. —Cuando John frunció el ceño, Trez sacudió la cabeza—. Lo siento. Así son las cosas.
iAm intervino.
—Nos parece bien que estés cavando hondo. No es que los Hermanos no lo estén haciendo, sólo que cuando más manos en cubierta, mejores probabilidades tiene ella.
John no podía ver como hacerlo, pero todavía quería mantener el asunto en privado. Antes de que pudiera garabatear, Trez siguió.
—Y dos, debes mantenernos completamente informados de cualquier cosas que consigas. Rehvenge, ese puñetero bastardo fanático del control, nos ha ordenado quedarnos fuera de esto. ¿Tu visita? Bueno, simplemente es un modo conveniente para nosotros de involucrarnos.
Mientras John se preguntaba por qué demonios ataría Rehv las manos de los dos guerreros, iAm dijo:
—Se figura que conseguiremos que nos maten.
—Y a causa de nuestra... —Trez hizo una pausa, como si buscara la palabra correcta—..."relación" con él, estamos obligados.
—Bien podría habernos encadenado a la jodida pared.
Trez se encogió de hombros.
—Razón por la cual consentimos en reunirnos contigo. En el momento en que enviaste el mensaje de texto, supimos...
—... que aquí estaba la abertura que...
—... estábamos buscando.
Mientras las Sombras completaban cada uno las frases del otro, John  hizo una profunda inspiración. Al menos entendían a donde quería llegar.
—Totalmente. —Trez ofreció los nudillos y, cuando John le dio un golpecito, el tío asintió con la cabeza—. Y mantendremos esta pequeña conversación en la trastienda en privado.
John se inclinó sobre el papel. Esperad, creía que habíais dicho que le ibais a contar a Rehv que estuve aquí.
Trez leyó por encima la escritura y rió de nuevo.
—Oh, vamos a contarle que viniste de visita y tomaste algo.
iAm sonrió oscuramente.
—Pero no tiene que saber el resto.
* * *
Después de que Trez y John fueran a la trastienda, Blay terminó su Coca-Cola y rastreó a Qhuinn con su visión periférica. El tipo se estaba paseando alrededor de la zona del bar como si le hubieran cortado las uñas y no apreciara el arreglo.
Simplemente no podía quedarse fuera de ninguna mierda. Ya fuera una cena, una reunión o una pelea, él prefería acceso total a la vida.
Su silenciosa energia en movimiento era peor que maldecir, francamente.
Blay se levantó y fue detrás de la barra con su vaso vacío. Mientras rellenaba su Coca-Cola y observaba la capa de espuma golpear el hielo, se preguntó por qué se sentía tan atraído por el tipo. Él era un macho del tipo por-favor-y-gracias. Qhuinn era más del tipo follar-y-morir.
Suponía que los opuestos se atraían. Al menos por su parte...
iAm volvió a entrar y llevaba con él lo que sólo podía ser descrito como a un macho de valía: El tipo iba vestido impecablemente, desde el corte de su abrigo gris oscuro al brillo de sus zapatos de punta y en vez de una corbata, tenía un pañuelo. Llevaba el espeso cabello rubio corto en la parte de atrás y largo por delante y sus ojos eran del color de las perlas.
—Jodido Jesucristo, ¿qué demonios estás haciendo tú aquí? —La voz de Qhuinn resonó mientras iAm desaparecía en la parte de atrás—. Bastardo escurridizo.
La primera respuesta de Blay fue tensarse completamente. Lo último que necesitaba era otra vuelta en el tiovivio de espectador, asumiendo que Qhuinn se sintiera atraído por el tipo.
Excepto que luego frunció el ceño. ¿Podría ser...?
El macho que acababa de llegar rió mientras abrazaba a Qhuinn.
—Tienes tal facilidad de palabra, primo. Yo diría... entre camionero y marinero cruzado con un niño de doce años.
Saxton. Era Saxton, hijo de Tyhm. Blay podía recordar haberse encontrado con él una o dos veces antes.
Qhuinn se apartó.
—En realidad joder es una coma. ¿No te enseñaron esa mierda en Harvard?
—Estaban más preocupados por los contratos legales. Las responsabilidades, las cuales cubrían agravios contra otros, por cierto. Me sorprendió que no salieras en el examen final.
Los colmillos de Qhuinn centellearon brillantes y blancos cuando sonrió verdaderamente.
—Eso es ley humana. No pueden conmigo.
—¿Y quién puede?
—Bueno, ¿qué estás haciendo tú aquí?
—Transacciones de propiedad para los hermanos Sombra. No pensarás que aprendí toda esa jurisprudencia humana por gusto. —Los ojos de Saxton se movieron y encontraron los de Blay. Al instante, la expresión del tipo cambió a algo serio y especulativo—. Vaya, hola.
Saxton dio la espalda a Qhuinn y se acercó con una concentración que hizo que Blay comprobara a su espalda.
—Blaylock, ¿no? —El macho extendió su brazo elegante por encima de la barra—. No te había visto en años.
Blay siempre se había sentido un poco cohibido en presencia de Saxton porque el "bastardo escurridizo" siempre tenía una réplica. Y te daba la vibración de que no sólo tenía la respuesta correcta para todo sino que podía escoger no hacerte partícipe del secreto si no alcanzabas sus estándares.
—¿Cómo estás? —dijo Blay cuando sus palmas se encontraron.
Saxton olía realmente bien y tenía un apretón de manos firme.
—Has crecido mucho.
Blay se encontró sonrojándose mientras recuperaba su mano.
—Tú estás igual.
—¿Yo? —Esos ojos perlados destellearon—. ¿Eso es bueno o malo?
—Oh... bueno. No quería decir...
—Bueno, cuéntame como has estado. ¿Te has emparejado con alguna hembra agradable que tus padres te hayan endilgado?
La risa de Blay fue aguda y dura.
—Dios, no. Nada de eso para mí.
Qhuinn se introdujo en la conversación, todo excepto poner su cuerpo entre ellos.
—Entonces, ¿cómo te va, Sax?
—Bastante bien. —Saxton ni siquiera miró a Qhuinn mientras respondía, su atención estaba fija en Blay—. Aunque mis padres me quieren fuera de Caldwell. Sin embargo yo no me siento inclinado a marcharme.
Necesitando mirar a otro sitio, Blay se ocupó de beber su refresco y contar los cubitos de hielo que flotaban en él.
—¿Y qué estás haciendo tú aquí? —preguntó Saxton.
Hubo una larga pausa y finalmente, Blay volvió a levantar los ojos mientras se preguntaba por qué no había contestado Qhuinn.
Oh. Vale. Saxton no se estaba dirigiendo a su primo.
—Vas a tener que atender, Blay —advirtió Qhuinn con un ceño.
Por primera vez desde... dios, ¿nunca?, por lo que parecía... tuvo intención de encontrar la mirada de su mejor amigo.
Aunque no es que llegara a necesitar tanta preparación. Como siempre, esos ojos desiguales estaban fijos en algún otro: Saxton estaba recibiendo una mirada que habría acobardado a machos lesser varios centímetros más altos. Pero el primo de Qhuinn no era consciente de ello o posiblemente no le importaba.
—Respóndeme, Blaylock —murmuró el macho.
Blay se aclaró la garganta.
—Estamos aquí para ayudar a un amigo.
—Admirable. —Saxton sonrió, mostrando un juego de dientes que relucían—. ¿Sabes?, creo que deberíamos salir algún día.
La voz de Qhuinn se volvió más afilada.
—Claro. Suena genial. Aquí está mi número.
Justo cuando recitaba sus dígitos, John, Trez y iAm volvieron a entrar. Hubo algunas presentaciones y conversación, pero Blay permaneció fuera de ella, puliéndose la Coca-Cola y poniendo el vaso en el lavavajillas. Cuando rodeaba el bar y pasaba junto el tipo, Saxton extendió el brazo.
—Encantado de volver a verte.
Por reflejo, Blay estrechó la palma que se le ofrecía... y tras el apretón, comprendió que había una tarjeta de visita en su mano. Mientras él cubría su sorpresa, Saxton simplemente sonrió. Blay se metió la tarjeta en el bolsillo, Saxton giró la cabeza y miró fijamente a Qhuinn.
—Te haré una llamada, primo.
—Sí. Claro.
La despedida fue considerablemente menos amigable por parte de Qhuinn, pero una vez más a Saxton pareció importarle una mierda o no notarlo... lo último sería difícil de creer.
—Si me perdonáis —dijo Blay, a nadie en particular.
Abandonó el restaurante el primero y cuando salió bajo la marquesina, encendió un cigarrillo y se recostó contra el ladrillo fresco, apoyando la suela de una bota en el edificio.
Sacó la tarjeta mientras fumaba. Material grueso y cremoso. Grabada, no impresa... naturalmente. Negra, letra antigua. Cuando alzó la cosa hasta su nariz, pudo oler esa colonia.
Agradable. Muy agradable. Qhuinn no creería en esas cosas... simplemente olía a cuero y sexo la mayor parte de las veces.
Mientras se metía la tarjeta dentro de la chaqueta, tomó otra calada y exhaló largo y lento. No estaba acostumbrado a que le miraran así. O a que le abordaran. Siempre era él quien hacía las insinuaciones y Qhuinn había sido el objetivo desde que podía recordar.
Las puertas se abrieron de golpe y sus chicos salieron.
—Tío, odio el humo de cigarro —masculló Qhuinn, ondeando la mano para alejar la nube que Blay acababa de exhalar.
Blay apagó su Dunhill en el talón de la bota y se metió la colilla por la mitad en el bolsillo.
—¿Adónde vamos?
El Xtreme Park, indicó John. El que está cerca del río. Y nos han dado otra pista, lo cual va a llevar un par de días.
—¿El parque no es territorio de bandas? —preguntó Blay—. ¿No hay un montón de policía alrededor?
—¿Por qué preocuparse por los polis? —Qhuinn rió, con una dura expresión—. Si nos metemos en líos con el DPC, Saxton siempre puede venir a sacarnos bajo fianza. ¿Verdad?
Blay le miró apresuradamente y esta vez, debería haberse preparado. La mirada verde-azul de Qhuinn estaba fija en él y, como se registró, aquella vieja y familiar emoción lamió en su pecho.
Díos... por esto le amaba, pensó. Y siempre lo haría.
Era el empuje de esa mandíbula terca y las cejas oscuras y mordaces y esos piercings en su oreja y en el lleno labio superior. Era ese espeso y lustroso cabello negro y la piel dorada y ese cuerpo fuertemente musculado. Era la forma en que reía y el hecho de que nunca, jamás lloraba. Eran las cicatrices en su interior de las que nadie sabía nada y la convicción de que siempre sería el primero en correr al interior de un edificio en llamas o a una lucha sangrienta o un coche destrozado.
Eran todas las cosas que Qhuinn había sido y siempre iba a ser. Pero las cosas nunca iban a cambiar.
—¿Qué no va a cambiar? —dijo Qhuinn con un ceño.
Oh, mierda. Había hablado en voz alta.
—Nada. ¿Nos vamos, John?
John miró atrás y adelante entre ellos. Luego asintió. Tenemos sólo tres horas antes del amanecer. Apresurémonos.


Capítulo 6

 —Me encanta la forma en que me miras.
Desde la esquina opuesta de la habitación, Xhex no respondió a las palabras de Lash. Por el modo en que estaba desplomado delante del escritorio, con uno de los hombros más alto que el otro, pensó que muy posiblemente le había dislocado el hombro. Y esa no era su única lesión. Sangre negra le goteaba por la barbilla desde el labio que le había partido e iba a caminar cojeando después de que le hubiera mordido en el muslo.
Sus ojos vagaron sobre ella pero no se molestó en taparse con las manos. Si estaba listo para una segunda ronda, necesitaba todas las fuerzas que le quedaban. Y además, la modestia sólo contaba si te importaba una mierda tu cuerpo y ella hacía mucho tiempo que había perdido esa conexión.
—¿Crees en el amor a primera vista? —le preguntó él. Con un gruñido, se levantó del suelo y necesitó apoyarse en el borde de la cómoda mientras hacía algunos experimentos con su brazo.
—¿Lo haces? —la urgió.
—No.
—Cínica —fue cojeando hasta el dintel de la puerta del baño.
De pie entre las jambas, apoyó una mano en la pared, se puso mirando a la izquierda y aspiró profundamente.
Con un tirón brusco, volvió a colocar el hombro en su lugar y el crujido y la maldición fueron fuertes. A medida que se deslizaba hacia abajo, respirando con dificultosas inspiraciones, los cortes de su cara dejaron marcas negras de sangre lesser en la moldura blanca. Se volvió hacia ella y le sonrió.
—¿Te hace una ducha conmigo? —Cuando se quedó callada, sacudió la cabeza—. ¿No? Una pena.
Desapareció en la extensión de mármol y después de un momento, se abrió el agua.
Sólo después de que pudiera oírlo lavándose y oler la fragancia de aquel jabón  fue cuando recolocó cuidadosamente piernas y brazos.
Ninguna debilidad. No le mostraba ninguna debilidad. Y no era sólo por querer aparentar fortaleza para que se lo pensara dos veces antes de volver ponerse a bailar el tango con ella. Su naturaleza se negaba a ceder ni ante él ni ante nadie. Moriría luchando.
Era simplemente el modo en que estaba programada: era invencible… y no era su ego el que hablaba. La suma de su experiencia le decía que sin importar lo que le hicieran, podría manejar la situación.
Pero, Dios querido, cuánto odiaba luchar contra él. Odiaba toda esta mierda.
Cuando él salió un poco más tarde, estaba limpio y sanando ya, sus moretones se desvanecía, los arañazos desaparecían, los huesos se recolocaban como por arte de magia.
Menuda suerte la suya. El maldito conejito de Duracell.
—Me voy a ver a mi padre. —A medida que se le acercaba, ella desnudó sus colmillos y él pareció momentáneamente complacido—. Me encanta tu sonrisa.
—No es una sonrisa, capullo.
—Lo llames como lo llames, me gusta. Y algún día te presentaré a mi querido papaito. Tengo planes para nosotros.
Lash fue a inclinarse, sin duda para tratar de besarla, pero como ella siseó desde lo más profundo de la garganta, se detuvo y se lo repensó.
—Volveré —susurró—. Mi amor.
Él sabía que odiaba toda esa mierda de “amor”, así que tuvo cuidado de tragarse la reacción. Tampoco lo insultó cuando se dio la media vuelta y se fue.
Cuanto más se negaba a entrar en el juego, más se enredaba él y más se le aclaraba a ella la cabeza.
Oyéndolo moverse por la habitación de la puerta de al lado, se lo imaginó vistiéndose. Guardaba la ropa en la otra habitación, habiéndolas trasladado después de que quedara claro cómo iban a ser las cosas entre ellos: él odiaba el desorden y era puntilloso con sus trapos.
Cuando las cosas se calmaron y le oyó bajar las escaleras, respiró hondo y se arrastró hasta levantarse del suelo. El baño todavía estaba empañado y el aire húmedo por su ducha y aunque odiaba usar su mismo jabón, le disgustaba todavía más lo que tenía en la piel.
En cuanto se metió bajo el chorro caliente de la ducha, el mármol a sus pies se volvió rojo y negro mientras los dos tipos de sangre se diluían de su cuerpo y desaparecían por el desagüe. Se dio prisa con la espuma y el aclarado, porque Lash se había ido hacía sólo un momento y no te podías fiar de él. A veces volvía justo a continuación. Otras veces no aparecía en un día entero.
La fragancia de esa mariconada francesa que Lash insistía en almacenar en su baño le daba arcadas, aunque se suponía que la mayoría de las hembras habría disfrutado de la mezcla de lavanda y jazmín. Hombre, ojalá tuviera a mano una dosis del buen y viejo Dial de Rehv. Aunque sin duda escocería como el demonio en los cortes, no le importaba la agonía y la idea de rasparse la piel hasta dejarla en carne viva le parecía atractiva.
Cada pasada hacia arriba por el brazo o abajo por la pierna le provocaba dolores cuando se inclinaba hacia el lado o hacia delante y, sin motivo aparente, se puso a pensar en los cilicios que siempre había llevado para controlar su naturaleza symphath. Con tanta pelea en ese dormitorio, ya había tenido suficiente dolor en el cuerpo para apagar sus inclinaciones malignas… no es que importara, en realidad. No estaba cerca de  gente “normal”. Y esa parte oscura la ayudaba a tratar con esta situación.
Sin embargo, después de dos décadas de llevar los pinchos, era extraño no llevarlos consigo. Se había dejado el par de cadenas de púas en la mansión de la Hermandad... en el escritorio de la habitación en la que se había quedado el día antes de que fueran a la colonia. Había tenido toda la intención de volver al final de la noche, ducharse y ponérselas de vuelta... pero ahora estarían sin duda acumulando polvo mientas esperaban su regreso.
Estaba perdiendo la fe en que tendría un feliz reencuentro con esas cabronas.
Es gracioso cómo se puede interrumpir tu vida: te vas de casa esperando a volver, pero entonces el camino por el que ibas en vez de llevarte a la derecha va y gira a la izquierda.
¿Cuánto tiempo guardarían sus cosas los Hermanos? se preguntó. ¿Cuánto antes de que sus escasas pertenencias, ya fuera que estuvieran en la mansión de la Hermandad, en su cabaña de caza, o en su sótano, fueran relegadas a nada más que una pila desordenada? Dos semanas máximo probablemente… aunque como nadie más excepto John sabía de su escondrijo subterráneo, aquellas cosas durarían un poco más.
Después de un par de semanas sin duda relegarían su mierda a un armario. Luego a una pequeña caja en el ático. O tal vez sencillamente la tirarían a la basura.
Eso era lo que pasaba cuando moría la gente, ¿no? Lo que había sido una posesión se convertía en basura… a menos que la mierda fuera adoptada por otra persona.
Y no es que hubiera una gran demanda de cilicios.
Cerrando el agua, salió, se envolvió en una toalla y volvió a entrar en el dormitorio. En cuanto se sentó junto a la ventana, la puerta se abrió y el pequeño lesser que llevaba la cocina, entro con una bandeja repleta de comida. Siempre parecía confundido cuando ponía lo que había preparado sobre el escritorio y miraba alrededor… como si después de todo este tiempo, todavía no tuviera ni idea de por qué demonios estaba dejando comidas calientes en una habitación vacía. También inspeccionaba las paredes, trazando con un dedo los nuevos desgarrones y vetas de sangre negra. Por lo pulcro que parecía, sin duda estaba deseando llevar a cabo un trabajito de bricolaje casero… Cuando Xhex había llegado por primera vez, el papel de seda había estado en perfectas condiciones. Ahora parecía como si lo hubieran pasado por un escurridor.
Al acercarse a la cama y arreglar el edredón revuelto y las almohadas dispersas, dejó la puerta abierta y ella miró hacia el pasillo y las escaleras.
No había motivo para correr. Y atacarle tampoco habría funcionado. Y menos aún la ruta symphath, porque estaba bloqueada tanto mental como físicamente.
Lo único que podía hacer era observarlo y desear poder llegar a él de algún modo. Dios, esta ansia impotente de matar debía ser igual que para los leones del zoo cuando sus cuidadores entraban en la jaula con escobas y comida: el otro tipo podía ir y venir y cambiar tu entorno, pero tú estabas atrapada.
Como para darte ganas de morder algo.
Cuando él se fue, se acercó a la comida. Enfadarse con el filete no la ayudaría y necesitaba las calorías para defenderse, por lo que se comió todo lo que había. Para su lengua, toda esa mierda sabía a cartón y se preguntó si alguna vez volvería a tomar algo porque lo deseara y le gustara el modo en que estaba condimentado.
Toda la cuestión la-comida-es-combustible era lógica, pero seguro como el demonio que no te daba nada que esperar con ansia a la hora del almuerzo.
Cuando terminó, volvió a la ventana, se instaló en el sillón orejero y recogió las rodillas contra el pecho. Mirando a la calle, no estaba descansando en absoluto, sino simplemente inmóvil.
Incluso después de todas estas semanas, buscaba una escapatoria… y así sería hasta que expirara su último aliento.
De nuevo, como su necesidad de luchar contra Lash, esa urgencia que la empujaba no era algo relacionado con sus circunstancias, si no con lo que era como hembra y darse cuenta de ello le hizo pensar en John.
Había estado tan decidida a alejarse de él.
Pensó en cuando habían estado juntos… no la última vez, cuando él le había pagado con la misma moneda por todos sus rechazos, sino en aquella vez en su sótano. Después del sexo, él hizo ademán de darle un beso… estaba claro que quería algo más que un polvo rápido y duro. ¿Su respuesta? Se apartó y se fue al baño, donde se lavó como si él la hubiera ensuciado. Luego le dio puerta.
Así que no lo culpaba por cómo había transcurrido su último adiós.
Estudió su prisión verde oscuro. Probablemente iba a morir aquí. Probablemente pronto, además, ya que hacía tiempo que no había tomado de una vena y estaba bajo un gran estrés físico y emocional.
La realidad de su propia muerte la hizo pensar en las muchas caras que había observado mientras la vida se esfumaba de sus cuerpos y sus almas volaban libres. Como asesina, la muerte había sido su trabajo. Como symphath, había sido una especie de llamada.
El proceso siempre la había fascinado. Cada una de las personas que había matado había luchado contra la marea, a pesar de que sabían, mientras ella estaba plantada de pie con cualquiera que fuera el arma que tuviera en la mano, que si se las apañaban para salir de la espiral, ella volvería a golpear de nuevo. Pero no parecía importar. El horror y el dolor habían actuado como una fuente de energía, alimento para su lucha y ella sabía lo que era eso. Cómo luchabas por respirar a pesar de no poder hacer que el aire atravesara tu garganta. Cómo se sentía el sudor frío sobre la piel recalentada. Cómo tus músculos se volvían débiles, pero aún así les gritabas moveos, moveos, maldición, moveos.
Sus captores previos la habían llevado al borde del rigor mortis un buen número de veces.
Aunque los vampiros creían en la Virgen Escriba, los symphaths no tenían concepto de vida tras la muerte. Para ellos, la muerte no era una vía de salida a otra autopista, sino una pared de ladrillos contra la que estrellarse. Después de lo cual no había nada.
Personalmente, pasaba de forma olímpica de toda esa mierda de la santa-deidad y ya fuera por crianza o intelecto, el resultado era el mismo. La muerte era cenizas, fin de la historia. Joder, la había visto de cerca tantas veces… después de tanta lucha venía… la nada. Sus víctimas habían dejado de moverse sin más, congelados en la posición en que hubieran estado cuando sus corazones se habían detenido. Y tal vez algunas personas murieran con una sonrisa en el rostro, pero en su experiencia, era una mueca, no una sonrisa.
Uno pensaría que si ibas a conseguirse montonazos de luz blanca brillante y basura tipo reino-de-los-cielos estarías radiante como si hubieras ganado la lotería.
Sólo que tal vez la razón por la que se los veían tan puteados, tenía más que ver con dónde estaban, que con adónde iban a ir.
Los remordimientos… pensabas en los remordimientos…
Aparte del hecho de que deseaba haber nacido en circunstancias diferentes, había dos pecados entre los muchos que había cometido que pesaban más que todos los demás.
Lamentaba no haberle contado a Murhder, hacía tantos años, que era medio symphath. De esa manera, cuando se la llevaron a la colonia, él no habría venido a rescatarla. Habría sabido que era inevitable que la otra parte de su familia viniera a reclamarla  y entonces no habría acabado como lo hizo.
También deseaba poder volver atrás y decirle a John Matthew que lo sentía. Aún lo habría apartado de ella, porque era la única forma constructiva de que no repitiera los errores de su otro amante. Pero le habría dicho que no era por él. Era ella.
Por lo menos él iba a salir con bien de todo esto. Tenía a los Hermanos y al rey de la raza para cuidar de él y, por cortesía del corte que le había dado, no haría ninguna estupidez.
Estaba sola en esto y la cosa acabaría como acabaría. Habiendo llevado una vida de violencia, no sorprendía en absoluto que acabara encontrando un final violento... pero fiel a sí misma, estaba segura de que, joder, iba a llevarse uno o dos kilos de carne de camino a la salida.

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