sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 40 41 42

Capítulo 40

Blay no tenía ni idea de qué le había dado Saxton exactamente.
Bueno, sí, era un puro y sí, era caro, pero el nombre no se le había quedado en la cabeza.
—Creo que va a gustarte —dijo el macho, volviendo a reclinarse en el sillón de cuero y encendiendo su propio tabaco—. Son suaves. Oscuros, pero suaves.
Blay encendió la llama de su mechero Montblanc y se inclinó hacia adelante para inhalar. Mientras aspiraba el humo, pudo sentir cómo Saxton enfocaba su atención en él.
Otra vez.
No estaba acostumbrado a ser el centro de atención, así que dejó que su mirada recorriera el lugar: la bóveda verde oscura, las brillantes paredes negras, las sillas de cuero color rojo sangre y las mesas con bancos. Un montón de humanos con ceniceros junto a sus codos.
Resumiendo: Ninguna distracción que pudiera compararse con los ojos de Saxton o a su voz o su colonia o…
—Así que dime —dijo el macho, exhalando una perfecta nube azul que momentáneamente eclipsó sus rasgos—, ¿te pusiste el traje de raya diplomática antes o después de que te llamara?
—Antes.
—Sabía que tenías estilo.
—¿Ah, sí?
—Sí —Saxton lo miró fijamente a través de la pequeña mesa de caoba que los separaba—. O no te habría pedido que cenaras conmigo.
La comida que habían compartido en Sal’s había sido… adorable, en realidad. Habían comido en la cocina, en una mesa privada e iAm les había hecho un menú especial de antipasto y pasta, con café con leche y tiramisú de postre. El vino había sido blanco para el primer plato y tinto para el segundo.
Los temas de conversación habían sido neutrales, pero interesantes… y al final no lo más importante. El hilo seremos-o-no-seremos fue el verdadero conductor de cada palabra, cada mirada y cada gesto de sus cuerpos.
Así que… esto es una cita, pensó Blay. Una negociación subyacente encubierta por una conversación sobre libros leídos y gustos musicales.
No era de extrañar que Qhuinn fuera directo a por el sexo. El tipo no hubiera tenido paciencia para este tipo de sutilezas. Ni siquiera le gustaba leer y la música que  se metía en las orejas era metalcore que sólo los desquiciados o los sordos podían soportar.
Apareció un camarero vestido de negro.
—¿Puedo traerles algo de beber?
Saxton hizo rodar su puro entre el dedo índice y el pulgar.
—Dos oportos. Croft Vintage de 1945, por favor.
—Excelente elección.
Los ojos de Saxton volvieron a Blay.
—Lo sé.
Blay miró hacia la ventana que tenían frente a donde estaban sentados y se preguntó si alguna vez dejaría de ruborizarse con éste tipo.
—Está lloviendo.
—Así es.
Dios, esa voz. Las palabras de Saxton eran tan suaves y deliciosas como el puro.
Blay movió las piernas, cruzándolas a la altura de la rodilla.
Mientras rebuscaba en su cerebro algo que acabara con el silencio, le pareció como si los comentarios del tipo no-jodas-Sherlock sobre el clima fueran lo más cercano a la inspiración que iba a llegar a estar. La cuestión era que el final de la cita se aproximaba y aunque sabía que Saxton y él estaban de luto por la pérdida de Dominick Dunne y ambos eran fans de Miles Davis, no sabía lo que iba a hacer cuando llegara el momento de separar sus caminos.
¿Sería un caso de Nos llamamos y repetimos esto? O el infinitamente más complicado, desordenado y placentero, Sí, de hecho, me dejaré caer de visita para ver tus cuadros.
Lo que obligaría a su conciencia a añadir: Aunque nunca haya hecho esto con un tipo antes y a pesar del hecho de que cualquiera que no sea Qhuinn va a ser un pobre sustituto de lo que realmente quiero.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita, Blaylock?
—Yo… —Blay dio una gran calada a su puro—. Hace mucho tiempo.
—¿Qué te has estado haciendo a ti mismo? ¿Todo trabajo, nada de diversión?
—Algo así. —Vale, el amor no correspondido no entraba directamente en ninguna de esas categorías, aunque ninguna diversión lo cubría ciertamente.
Saxton sonrió un poco.
—Me alegró que me llamaras. Y me sorprendió un poco.
—¿Por qué?
—Mi primo muestra una cierta… respuesta territorial hacia ti.
Blay giró su puro y clavó los ojos en la punta encendida.
—Creo que exageras ampliamente su interés.
—Y yo creo que me estás diciendo educadamente que me meta en mis asuntos ¿verdad?
—Ahí no hay ningún asunto. —Blay sonrió al camarero mientras éste colocaba las dos copas de oporto en la mesa redonda y se apartaba—. Créeme.
—¿Sabes?, Qhuinn tiene una personalidad interesante. —Saxton extendió una mano elegante y cogió su oporto—. En realidad es uno de mis primos favoritos. Su inconformismo es admirable y ha sobrevivido a cosas que aplastarían a un macho inferior. Sin embargo estar enamorado de él no debe ser sencillo.
Blay no entró al trapo.
—¿Vienes aquí muy a menudo?
Saxton se rió, sus ojos pálidos brillaron.
—No vamos a discutirlo, ¿eh? —Echó una mirada alrededor, frunciendo el ceño—. En realidad, no he salido mucho últimamente. Demasiado trabajo.
—Dijiste que eras abogado de la Antigua Ley. Debe ser interesante.
—Estoy especializado en fideicomisos y fincas así que el hecho de que el negocio vaya bien es lamentable. El Fade se ha llenado demasiado de inocentes desde el pasado verano.
En el reservado de al lado, un montón de tipos enormes con relojes de oro y trajes de seda se rieron como los borrachos fanfarrones que eran… hasta el punto de que el más escandaloso de ellos se echó hacia atrás en su asiento y golpeó a Saxton.
Lo cual no fue demasiado acertado y vino a demostrar que Saxton era un caballero, pero no una nenaza:
—Le ruego me disculpe, pero ¿le importaría bajar un poco el tono?
El desaliñado humano se dio la vuelta, la gorda barriga colgando por encima del cinturón hasta que pareció como si hubiera desentrañado el “Significado de la vida" y fuera a compartirlo con todo el lugar.
—Sí. Me importaría. —Los pálidos ojos se entrecerraron—. La gente como tú no pinta nada aquí de todas formas.
Y no estaba hablando del hecho de que fueran vampiros.
Cuando Blay dio un sorbo a su oporto, el caro licor le supo a vinagre… aunque la amarga punzada en la boca no era porque estuviera malo.
Un momento después, el tipo se lanzó hacia atrás tan fuerte que Saxton casi derramó su bebida.
—Maldita sea —masculló el macho tomando su servilleta.
El impresentable humano se inclinó hacia su reservado otra vez y uno tenía que preguntarse si ese cinturón no iba a reventar de golpe y a sacarle un ojo a alguien.
—¿Estamos interrumpiendo a los dos niños bonitos de chupar esas cosas duras?
Saxton sonrió tensamente.
—Definitivamente está interrumpiendo.
—Oh, lo sieeeeento —El hombre hizo una brusca exhibición al levantar el meñique de su puro—. No tenía intención de ofenderos.
—Vámonos —dijo Blay mientras se inclinaba y apagaba su puro.
—Puedo conseguirnos otra mesa.
—¿Os marcháis, chicos? —dijo el señor Bocazas arrastrando la voz—. ¿Vais a ir a alguna fiesta con todo tipo de puros? Tal vez deberíamos seguiros para asegurarnos de que llegáis bien.
Blay mantuvo los ojos fijos en Saxton.
—De todas formas se está haciendo tarde.
—Lo cual quiere decir que sólo estamos a mitad de nuestro día.
Blay se puso de pie y se metió la mano en el bolsillo, pero Saxton extendió la mano y le impidió sacar la cartera.
—No, permíteme.
Otra ronda de comentarios del grupo Súper Bowl-y-striptease estropeó el ambiente incluso más y dejó a Blay rechinando los dientes. Afortunadamente, Saxton no tardó mucho en pagarle al camarero y se encaminaron hacia la puerta.
Fuera, el aire moderadamente frío de la noche fue un bálsamo para sus sentidos y Blay inspiró profundamente.
—Éste sitio no es siempre así —murmuró Saxton—. De otra manera, nunca te habría traído.
—Está bien —Cuando Blay echó a andar sintió a Saxton ponerse justo a su lado.
Cuando llegaron a la entrada de un callejón, se detuvieron para dejar que un coche girara a la izquierda en la calle Commerse.
—¿Cómo te sientes respecto a todo esto?
Blay miró de frente al otro macho y decidió que la vida era demasiado corta para fingir que no sabía exactamente lo que era "esto".
—Para ser sincero, me siento extraño.
—Y no por los encantadores tipo de ahí detrás.
—Te mentí. Nunca antes había tenido una cita. —Esto le consiguió un levantamiento de cejas y tuvo que reírse—. Sí, un auténtico jugador solitario.
El aire afable de Saxton desapareció y tras sus ojos, brilló verdadera calidez.
—Bueno, me alegro de ser el primero para ti.
Blay lo miró fijamente a los ojos.
—¿Cómo supiste que era gay?
—No lo sabía. Sólo tenía la esperanza.
Blay se rió otra vez.
—Bueno, pues ahí lo tienes. —Después de una pausa, extendió la palma—. Gracias por esta noche.
Cuando Saxton deslizó la mano en la suya, un escalofrío de calor puro estalló entre ellos.
—Debes saber que normalmente las citas no acaban así. Asumiendo que ambas partes estén interesadas.
Blay descubrió que era incapaz de soltar la mano del macho.
—Oh… ¿De verdad?
Saxton asintió.
—Un beso es lo más normal.
Blay enfocó la atención en los labios del macho y de repente se preguntó cómo sabrían.
—Ven aquí —murmuró Saxton, rompiendo la conexión, arrastrándole al refugio del callejón.
Blay lo siguió a la oscuridad, envuelto en un hechizo erótico que no tenía ningún interés en romper. Cuando estuvieron bajo el cobijo de los edificios, sintió el pecho del macho apretarse contra el suyo y luego sus caderas se unieron.
Así pudo saber exactamente lo excitado que estaba Saxton.
Y Saxton supo que él estaba igual.
—Dime algo —murmuró Saxton—. ¿Has besado alguna vez a un macho antes?
Blay no quería pensar en Qhuinn justo ahora y negó con la cabeza para despejar la imagen. Al no funcionar eso y persistir los ojos azules y verdes del tipo, hizo la única cosa que le garantizaría dejar de pensar en su pyrocant.
Acortó la distancia entre la boca de Saxton y la suya.
* * *
Qhuinn sabía que debía haberse ido derecho a casa. Después de ser despedido de la casa de Thor, sin duda para que John y Xhex disfrutaran de un poco de conversación horizontal, debería haberse desmaterializado hasta la mansión, consolarse con algo de Herradura y ocuparse de sus malditos asuntos.
Pero nooooo. Había tomado forma frente al único bar de puros en Caldwell y observado… bajo la lluvia como un perdedor… como Blay y Saxton tomaban asiento frente a la ventana. Había tenido el lote de vistas completo de cómo su primo miraba a su mejor amigo con elegante lujuria y luego algunos cabeza de chorlito les habían hecho pasar un mal rato y ellos habían dejado sus puros casi sin fumar y sus oportos prácticamente llenos.
No queriendo que le pillaran jugando al escondite entre las sombras, Qhuinn tuvo que desmaterializarse al callejón de al lado… lo cual se convirtió rápidamente en un caso de lugar-equivocado-en-el-momento-equivocado.
La voz de Saxton llegó por encima de la brisa fresca.
—Debes saber que las citas normalmente no acaban así. Asumiendo que ambas partes estén interesadas.
—Oh… ¿De verdad?
—Un beso es lo más normal.
Qhuinn sintió que sus puños se tensaban y durante una fracción de segundo, realmente pensó en dar un paso adelante y salir de donde estaba de pie detrás del contenedor de basura. ¿Para hacer qué? ¿Interponerse entre ellos y ponerse todo encendido en plan, separaros-niños?
Bueno, sí. Exactamente
—Ven aquí —murmuró Saxton.
Mierda, el bastardo sonaba como el operador de una línea erótica, todo ronco y excitado. Y… oh, tío, Blay iba con él, siguiendo al tipo a la oscuridad.
Había veces en que el increíble sentido del oído de un vampiro era una verdadera putada. Y por supuesto… no ayudaba que asomaras la cabeza del montón de basura tras el que estabas para tener una visión clara del asunto.
Cuando los dos fueron el uno hacia el otro, la boca de Qhuinn se abrió. Pero no porque estuviera escandalizado, ni porque quisiera entrar en acción.
Simplemente no podía respirar. Era como si sus costillas y su corazón se hubieran congelado.
No… No, maldita sea, no…
—Dime algo —murmuró Saxton—. ¿Has besado alguna vez a un macho antes?
Sí, lo ha hecho, quiso gritar Qhuinn.
Blay sacudió la cabeza. Realmente lo negó.
Qhuinn cerró con fuerza los ojos y se obligó a sí mismo a apaciguarse lo suficiente como para desmaterializarse. Cuando tomó forma ante la mansión de la Hermandad, temblaba como un hijo de puta… y por un momento consideró doblarse por la mitad y fertilizar los arbustos con la cena que había comido antes de salir con Xhex y John.
Un par de inspiraciones después, decidió que era más atractivo seguir con el plan A y ponerse bien y hasta las trancas. Con eso en mente, avanzó por el vestíbulo, al que le había dejado entrar Fritz y se dirigió hacia la cocina.
Demonios, quizás debiera tomárselo con un poco más de calma. Dios sabía que Saxton no iba a querer conformarse con un beso o dos en un frío y húmedo callejón y Blay parecía estar finalmente preparado para obtener lo que necesitaba desde hacía mucho tiempo.
Así que tenía un montón de tiempo para machacar la bebida hasta perder el jodido conocimiento.
Jesu... cristo, pensó Qhuinn mientras se frotaba el pecho y oía la voz de su primo una y otra vez: Díme algo. ¿Has besado alguna vez antes a un macho?
La imagen de Blay sacudiendo la cabeza era como una cicatriz en el cerebro de Qhuinn y lo llevó directo desde la entrada de la cocina a la alacena donde se guardaban las cajas de alcohol.
Qué típico. Pillarse una buena borrachera por no querer enfrentarse a las cosas.
¿Pero alguna vez en su vida podría hacer algo según la tradición?
Al volver a atravesar la cocina, se percató de que había al menos una gracia más. Cuando ese par pasaran a la acción, tendría que ser en casa de Saxton, porque no se permitían visitas informales en la casa del Rey, nunca.
Cuando salió al vestíbulo, se detuvo en seco.
Blay estaba asomando la cabeza por el vestíbulo en ese momento.
—Que pronto has vuelto —dijo Qhuinn bruscamente—. No me digas que mi primo es tan rápido.
Blay ni siquiera se detuvo. Simplemente siguió hacia las escaleras.
—Tu primo es un caballero.
Qhuinn fue tras su mejor amigo, justo pisándole los talones.
—¿Tú crees? Según mi experiencia, simplemente lo parece.
Eso hizo que Blay se diera la vuelta.
—Siempre te había gustado. Era tu favorito. Puedo recordar que hablabas de él como de un dios
—Cuando crecí se me pasó.
—Bueno, a mí me gusta. Mucho.
Qhuinn quiso gruñir, pero controló el impulso abriendo la botella de Herradura que había sacado de la estantería y dando un trago.
—Bien por ti. Estoy muy feliz por los dos.
—¿De verdad? ¿Entonces por eso no estás usando un vaso?
Qhuinn rodeó a su colega y no se detuvo cuando Blay dijo:
—¿Dónde están John y Xhex?
—Fuera. En el mundo. En el suyo propio.
—Creía que se suponía que te ibas a quedar con ellos.
—Fui momentáneamente despedido. —Qhuinn se detuvo en lo alto de las escaleras y se golpeó ligeramente la lágrima tatuada bajo su ojo—. Ella es una asesina, por amor de Dios. Puede cuidarlo perfectamente bien. Además, están retozando en la antigua casa de Tohr.
Cuándo llegó a su habitación, Qhuinn le pegó una patada a la puerta para cerrarla y se quitó la ropa. Después de beber a grandes tragos de la botella, cerró los ojos y envió una convocatoria.
Layla sería una buena compañía ahora mismo.
Le vendría de perlas.
Después de todo, había sido adiestrada para el sexo y todo lo que quería era utilizarle como gimnasio erótico. No tenía que preocuparse por hacerle daño o por que se encariñara con él. Era una profesional, como quien dice.
O lo sería cuando hubiera terminado con ella.
¿Por lo que respectaba a Blay? No tenía ni idea de porqué había vuelto el tipo en vez de irse directo a la cama de Saxton, pero una cosa estaba clara. Esos dos se sentían atraídos el uno por el otro y Saxton no era del tipo de esperar cuando encontraba a alguien que quería.
Qhuinn y su primo eran familia, después de todo.
Y eso no iba a salvar al hijo de puta de ninguna forma si le rompía el corazón a Blay.

Capítulo 41

La fiesta en la granja continuaba y continuaba y más gente seguía viniendo, aparcaban sus coches en el césped, sus cuerpos se amontonaban en las habitaciones de abajo. La mayoría de los que habían aparecido eran los que Lash había visto en el Xtreme Park, aunque no todos. Y seguían trayendo más priva. Packs de seis. Botellas. Barriles.
Sólo Dios sabía qué cosas ilegales llevaban en los bolsillos. Que demonios, había comenzado a pensar que tal vez estuviera equivocado y sus perversiones hubieran nublado el juicio del Omega.
Cuando una brisa ondulante llegó desde el norte, Lash se quedó perfectamente inmóvil, manteniendo el camuflaje en su lugar y cerrando su mente.
Sombra... proyectó una sombra en él, a través de él y alrededor de él.
La llegada del Omega fue precedida por un eclipse de luna y los idiotas de dentro no se dieron ni cuenta de lo que estaba pasando... pero esa pequeña mierda sí. El crío salió a la puerta principal, con la luz de dentro derramándose a su alrededor.
El padre de sangre de Lash tomó forma en el césped descuidado, con su túnica blanca arremolinándose alrededor de su cuerpo. Su llegada bajó la temperatura del aire más incluso. Tan pronto como tomó forma, “el mierda” se acercó a él y los dos se abrazaron.
Sintió la tentación de acercarse a la pareja y decir a su padre que no era nada más que un chupapollas caprichoso y advertir a esa pequeña rata que sus días y noches estaban contados.
La cara encapuchada del Omega se giró en dirección a Lash.
Lash se quedó perfectamente inmóvil y proyectó en su mente una pizarra completamente en blanco de forma que fuera invisible por dentro y por fuera. Sombra... sombra... sombra...
La pausa duró toda una vida, porque sin duda si el Omega presentía que Lash estaba por ahí, se acabaría el juego.
Después de un momento, el Omega volvió a concentrarse en su chico de oro y justo cuando lo hacía, algún puñetero imbécil salió por la puerta delantera, con los brazos y las piernas aleteando a lo loco mientras intentaba mantenerse derecho. Una vez en la hierba, el tipo se acercó a un sembrado de repollos pero no lo logró, antes aterrizó de rodillas y vomitó por todos los cimientos de la casa. Mientras la gente de dentro se reía de él y los ruidos de la fiesta atravesaban la noche, el Omega se deslizó hasta el umbral.
La fiesta seguía rabiando cuando entró en la casa, sin duda porque los bastardos mierdosos estaban demasiado idos para comprender que bajo esa cortina blanca, el mal acababa de aterrizar entre ellos.
No estuvieron idos mucho tiempo, sin embargo.
Una bomba masiva de luz explosionó, el estallido de iluminación barrió la casa y salió a torrentes por las ventanas hacia la línea de árboles. Cuando la rabiosa iluminación se oscureció hasta un brillo tenue, no había supervivientes en pie. Todos esos borrachines habían caído al suelo a una, los buenos tiempos se habían acabado y aún más.
Santa mierda. Si esto se dirigía adonde parecía... Lash se acercó furtivamente a la casa, cuidando de no dejar huellas literal o figuradamente y cuando se aproximaba, oyó un extraño sonido de arañazos.
Acercándose a una de las ventanas del salón, miró dentro. “El mierda” estaba arrastrando cuerpos por ahí, alineándolos uno al lado del otro en el suelo de forma que sus cabezas estuvieran mirando al norte y hubiera treinta centímetros o así entre ellos. Jesús... había tantos tipos tiesos que la rutina buen soldadito muerto se extendía todo el camino desde el pasillo hasta el comedor.
El Omega se quedó atrás como si le gustara ver a su juguetito haciendo músculos.
¡Qué mono!
Le costó casi media hora poner a todo el mundo en fila, los tíos del segundo piso fueron arrastrados escaleras abajo haciendo que sus cabezas rebotaran en cada escalón y dejaran un rastro de sangre rojo brillante.
Tenía sentido. Era más fácil empujar un peso muerto por los pies.
Cuando todo el mundo estuvo reunido, “el mierda” se puso a trabajar con un cuchillo y la cosa se convirtió en una asamblea en fila de inducciones. Comenzando por el comedor, rebanó gargantas, muñecas, tobillos y pechos y el Omega le seguía detrás, sangrando negro sobre las costillas abiertas y luego golpeándoles con electricidad antes de efectuar cardiotomías.
Nada de jarras para esta panda. Cuando los corazones eran extraídos, se lanzaban a una esquina.
¿Como en un matadero?
Para cuando todo se acabó, había un charco de sangre en el centro del salón, donde el suelo de madera se había combado, y otro en la base de las escaleras del vestíbulo. Lash no podía captar toda la vista hasta el comedor, pero estaba condenadamente seguro de que allí había uno también.
Los gemidos de los inducidos comenzaron a alzarse al poco rato y el cultivo de miseria que había sido cosechada iba a volverse más ruidoso y sucio cuando la transición hubiera pasado y el último resto de humanidad fuera vomitado de ellos.
En medio del coro de agonía y confusión, el Omega giraba por ahí, pasando sobre las masas que se contorsionaban, danzando de acá para allá, su túnica blanca rezagándose entre la porquería del suelo pero permaneciendo inmaculada.
En la esquina, “el mierda” encendió un porro y se tomó un descanso, como si estuviera tomando aliento después de un trabajo bien hecho.
Lash se retiró de la ventana y luego retrocedió hacia los árboles, manteniendo los ojos todo el rato en esa casa.
Demonios, él debería haber hecho algo así. Pero no había tenido contactos en el mundo humano de los que tirar. Al contrario que “el mierda”. Tío, esto lo iba a cambiar todo para los vampiros. Esos cabrones iban a enfrentarse a una auténtica legión de enemigos otra vez.
De vuelta en el Mercedes, Lash arrancó el motor y salió de granjalandia por el camino largo para no tener que acercarse de ningún otro modo a esa casa. Tras el volante, con el aire frío golpeándole la cara gracias al cristal de la ventana reventado por el disparo, estaba sombrío. A la mierda las hembras y toda esa mierda, de verdad. Su único objetivo en la vida era cargarse “al mierda”. Hacerse con el pequeño premio del Omega. Destruir la Sociedad Lessening.
Bueno... las hembras estaban en su mayor parte excluidas de eso. Se sentía absolutamente agotado porque necesitaba alimentarse... fuera lo que fuera lo que ocurría en su estrato exterior, en su interior todavía anhelaba sangre y tenía que resolver ese problema antes de poder enfrentarse a su papaíto.
O iba a reventar.
Mientras conducía hacia el centro, sacó su teléfono y se maravilló ante lo que estaba a punto de hacer. Pero bueno, un enemigo común tenía extrañas formas de hacer alianzas.
* * *
De vuelta en el complejo de la Hermandad, Blay se desvistió en su baño y se metió en la ducha. Mientras cogía el jabón y frotaba hasta hacer espuma, pensó en el beso de ese callejón.
En ese macho.
En... ese beso.
Moviendo las palmas sobre sus pectorales, echó la cabeza hacia atrás y dejó que el agua caliente corriera por su cabello y espalda hasta el trasero. Sentía el cuerpo como si deseara arquearse más y dejarle hacer lo suyo, desperezarse, entregarse al lujo entre la espuma caliente. Se tomó su tiempo enjabonándose el cabello y pasándose la mano enjabonada y resbaladiza por todas partes.
Mientras pensaba en ese beso un poco más.
Díos, era como si el recuerdo de los labios de ambos juntos fuera un imán que le arrastrara de vuelta a casa una y otra vez. El tirón era demasiado fuerte para luchar contra él, la conexión demasiado incitante para que quisiera evitarla.
Bajando las palmas por su torso, se preguntó dónde iba a ver a Saxton otra vez.
Cuando iban a volver a estar solos.
Moviéndose más abajo con la mano, él...
— ¿Sire?
Blay se dio la vuelta, los talones chirriando sobre el mármol. Cubriéndose la polla dura y pesada con ambas manos, se asomó por la puerta de cristal.
— ¿Layla?
La elegida le sonrió tímidamente y le recorrió con la mirada.
— ¿Se me ha llamado? ¿Para servir?
—Yo no llamé.
Tal vez se ella se confundió. A menos que…
—Qhuinn me convocó por adelantado. Asumí que esta era su habitación.
Blay cerró brevemente los ojos mientras su erección desaparecía. Y luego se dio a sí mismo una patada en el culo y cerró el agua caliente. Extendiendo el brazo, liberó la toalla de un tirón y se la envolvió alrededor de las caderas.
—No, elegida —dijo quedamente—. No aquí. En su habitación.
—¡Oh! Perdóname, sire.
Comenzó a salir de espaldas de la habitación, con las mejillas llameando.
—No pasa nada... ¡cuidado! —Se adelantó y la cogió justo cuando tropezaba con la bañera y perdía el equilibrio—. ¿Estás bien?
—En verdad, debería haber mirado donde iba. —Levantó la vista hasta sus ojos, las manos fueron a descansar sobre sus desnudos brazos—. Gracias.
Mirándo fijamente su cara perfectamente hermosa, resultaba obvio porqué Qhuinn estaba interesado. Era etérea, eso seguro, pero había más... especialmente cuando sus párpados bajaban y sus ojos verdes destellaban.
Inocente, pero erótica. Eso era. Era una combinación cautivadora de pureza y sexo que para los machos normales era innegable... y Qhuinn ni siquiera estaba cerca de ser normal. Se tiraba a cualquier cosa.
Se preguntó si la elegida lo sabría. O si le importaría si ella lo supiera.
Con el ceño fruncido, Blay la apartó de él.
—Layla...
—¿Sí, sire?
Bueno, demonios... ¿qué iba a decirle? Estaba condenadamente claro que no había sido llamada para alimentar a Qhuinn, porque acababan de hacerlo la noche antes.
Cristo, tal vez fuera esa la cuestión. Ya habían practicado el sexo una vez y ella volvía a por más.
—¿Sire?
—Nada. Será mejor que te vayas. Estoy seguro de que te está esperando.
—Ciertamente —la fragancia de Layla surgió, una especia de canela llameando en la nariz de Blay—. Y por ello estoy muy agradecida.
Mientras se giraba y marchaba, Blay observó sus caderas balancearse y se sintió a punto de gritar. No quería pensar en Qhuinn practicando el sexo en la puerta de al lado... Me cago en la puta, la mansión había sido el único lugar sin contaminar por todo ese sexo extracurricular.
Ahora, sin embargo, todo lo que podía ver era a Layla entrando en la habitación de Qhuinn y dejando que esa túnica blanca cayera de sus hombros, sus pechos, su vientre y sus muslos, revelándolos a esa mirada dispareja. Estaría en su cama y bajo su cuerpo en un abrir y cerrar de ojos.
Y Qhuinn se lo haría bien. Esa era la cuestión, al menos cuando se trataba de sexo. Era generoso con su tiempo y sus talentos. Se volcaría en ella con todo lo que tenía, sus manos, su boca...
Vale. No había ninguna necesidad de ir por ahí.
Secándose, se le ocurrió que tal vez Layla era la compañera perfecta para el tipo. Con su entrenamiento, no sólo le complacería a todos los niveles, sino que nunca esperaría monogamia de él o se sentiría resentida por sus otras cruzadas o le empujaría a conexiones emocionales que él no sentía. Probablemente incluso se le uniría en la diversión, porque resultaba obvio por la forma en que caminaba que se sentía cómoda con su cuerpo.
Era perfecta para él. Mejor que Blay, eso seguro.
Además, Qhuinn había dejado claro que iba a terminar con una hembra... una hembra tradicional con valores tradicionales que preferentemente sería de la aristocracia. Asumiendo que pudiera encontrar a una que le aceptara con el defecto de esos ojos mal emparejados.
Layla encajaba totalmente con esa lista de exigencias... No había nada más de la vieja escuela y de la más alta crianza que una elegida y estaba claro que le deseaba.
Sintiéndose como si estuviera maldito, Blay fue a su armario y se puso unos pantalones cortos de nylon y una camisa Under Armour. No había forma de que fuera a quedarse allí sentado y amodorrarse con un buen libro mientras pasaba lo que fuera que iba a pasar en la puerta de al lado.
Sí. Tampoco necesitaba esas imágenes, ni siquiera en lo hipotético.
Saliendo al pasillo de estatuas, se apresuró a pasar las figuras de mármol, envidiándoles sus poses calmadas y sus caras serenas. Seguro como la mierda que toda esa rutina de paso-de-todo de ser inanimado estaba guay. No sentías ninguna alegría, pero no tenías que atravesar este ardiente dolor tampoco.
Cuando llegó al vestíbulo, salió disparado rodeando el extremo del rizado pasamanos y pasó a través de la puerta oculta. En el túnel hacia el centro de entrenamiento, echó a trotar como calentamiento y cuando emergió de la parte de atrás del armario de la oficina, no ralentizó el paso. La sala de pesas era el único lugar en el que podía estar ahora mismo. Una buena hora o así en el step StairMaster y puede que no se sintiera como si le estuvieran pelando la piel con una cuchara oxidada.
Saliendo del pasillo, se detuvo abruptamente cuando vio una figura solitaria apoyada contra la pared de hormigón.
—¿Xhex? ¿Qué estás haciendo aquí?
Bueno, aparte de estar claramente haciendo un agujero en el suelo con la mirada.
La hembra levantó la vista y sus ojos gris oscuro parecían pozos huecos.
—Ey.
Blay frunció el ceño mientras se acercaba a ella.
—¿Dónde está John?
—Ahí dentro —asintió con la cabeza hacia la puerta de la sala de pesas.
Lo cual explicaba el martilleo apagado que se oía. Estaba claro que alguien estaba corriendo como loco en una de las cintas.
—¿Qué pasa? —dijo Blay, sumando la expresión de ella y lo que estaban haciendo las nikes de John... y sacando como resultado un buen montón de mierda.
Xhex dejó que la cabeza le cayera hacia atrás contra la pared que la sostenía.
—Fue todo lo que pude hacer para que volviera aquí.
—¿Por qué?
Los ojos de ella le dedicaron una rápida pasada.
—Digamos que quiere ir a por Lash.
—Bueno, es entendible.
—Sí.
Cuando la palabra abandonó su boca, Blay tuvo la sensación de que él no sabía ni la mitad, pero estaba claro que eso era todo lo lejos que iba a llegar Xhex con la conversación.
Bruscamente, la mirada del color de nubes de tormenta se agudizó sobre la cara de él.
—Así que tú eres la razón por la que Qhuinn está de tan mal humor esta noche.
Blay respingó hacia atrás y luego negó con la cabeza.
—Eso no tiene nada que ver conmigo. Normalmente Qhuinn está de mal humor.
—Suele pasarle a la gente que va en dirección contraria. Simplemente las clavijas no encajan en agujeros cuadrados.
Blay se aclaró la garganta, pensando que los sympaths, ni siquiera los que indiscutiblemente no estaban contra ti, no era el tipo de personas que querrías tener alrededor cuando estas en carne viva y expuesto. Como, digamos, cuando el macho al que deseas está haciéndoselo con una elegida que tiene cara de ángel y un cuerpo construido para el pecado.
Sólo Dios sabía lo que estaba captando Xhex de dónde estaba ahora su cabeza.
—Bueno… voy a entrenar.
Como si su atavío no fuera suficiente pista.
—Bien. Tal vez puedas hablar con él.
—Lo haré —vaciló, pensando que Xhex parecía sentirse de forma parecida a él—. Oye, no es por nada, pero estás claramente agotada. Tal vez podrías subir a una habitación de invitados y dormir.
Ella sacudió la cabeza.
—No voy a dejarle. Y estoy aquí afuera esperando sólo porque le estaba volviendo loco el verme... no es bueno para su salud mental ahora mismo. Espero que ya no sea así cuando rompa su segunda cinta.
—¿Segunda?
—Estoy bastante segura de que el ruido y el olor a humo de hace quince minutos significa que reventó una de ellas.
—Demonios.
—Sí.
Preparándose, Blay entró en la sala de pesas.
—Jesu... cristo. John.
Su voz no se oyó en absoluto. No obstante, el rugido de la cinta y los golpes de las zancadas de John habrían ahogado el tubo de escape de un coche.
El enorme cuerpo del tipo era una bomba a todo gas sobre la máquina, su camisa y su torso goteaban de sudor, caían gotas de sus puños cerrados y creaban rastros gemelos de humedad a ambos lados del suelo. Los dos calcetines blancos mostraban rastros rojos que subían desde los tobillos, como si se hubiera arrancado trozos de piel y los pantalones negros de nylon que le cubrían las caderas chasqueaban como una toalla húmeda.
—¿John? —gritó Blay, mientras evaluaba la máquina quemada junto a la que el tío estaba utilizando ahora—. ¡John!
Cuando gritar no hizo que girara la cabeza, Blay se acercó a zancadas y ondeó las manos justo en el campo visual del tipo. Y luego deseó no haberlo hecho. Los ojos que se fijaron en él llameaban con un odio tan cruel, que Blay dio un paso atrás.
Cuando John se volvió a concentrar en el aire delante de su cara, quedó condenadamente claro que el cabrón iba a seguir con esto hasta que estuviera a un corto paso de tener sus piernas tropezando con las barras.
—¡John! ¡Vamos, déjalo! ¡Te estás matando!
Joder.
Blay rodeó la pieza de equipamiento y arrancó el cable de la pared. La parada brusca hizo que John tropezara y cayera hacia delante, pero se agarró a los brazos de la consola. O tal vez simplemente se derrumbó sobre ellos.
Su pesada respiración se arrastraba dentro y fuera de su boca laxa mientras reclinaba la cabeza sobre los brazos.
Blay acercó un banco de pesas y se sentó en él para poder mirar al tipo a la cara.
—John... ¿qué demonios está pasando?
John soltó la consola y cayó sobre su culo, las piernas hundiéndose bajo él. Después de una serie de inspiraciones entrecortadas se pasó la mano por el cabello húmedo.
—Háblame, John. Quedará entre nosotros. Lo juro por la vida de mi madre.
Pasó bastante rato antes de que John levantara la cabeza y cuando lo hizo, sus ojos estaban brillantes. Y no a causa del sudor o el ejercicio.
—Háblame y no saldrá de aquí —susurró Blay—. ¿Qué pasó? Dime.
Cuando el tipo finalmente comenzó con las señas, se hizo un lío, pero Blay leyó las palabras perfectamente.
Le hizo daño, Blay. Él... le hizo daño.
—Bueno, sí, lo sé. Ya oí como estaba cuando...
John cerró los ojos con fuerza y sacudió la cabeza.
En el tenso silencio que siguió, la piel de la nuca de Blay se tensó. Oh... mierda.
Había sido más que eso. ¿No?
—¿Cómo de malo? —gruñó Blay.
Tan malo como podría ser, vocalizó John.
—Hijo de puta. Bastardo capullo hijo de puta. ¡Rata bastarda chupapollas cabrón!
Blay no era muy aficionado a maldecir, pero a veces era todo lo que tenías que ofrecer a los oídos de los demás. Xhex no era su hembra, pero por lo que a él respectaba, no hacías daño al sexo débil. Por ninguna razón... y nunca, jamás así.
Díos, la expresión apenada de ella no había sido sólo preocupación por John. Habían sido los recuerdos. Recuerdos feos, horrendos...
—John... lo siento mucho...
Nuevas gotas cayeron por la barbilla del tipo sobre la banda negra de la cinta y John se limpió los ojos un par de veces antes de levantar la vista. En su cara, la angustia guerreaba con el tipo de furia que hacía que se te encogieran las pelotas.
Lo cual tenía perfecto sentido. Con su historia, esto era una putada a muchos niveles.
Le mataré, indicó John por señas. No puedo vivir conmigo mismo si no me ocupo de él.
Blay asintió con la cabeza, los porqués de la venganza eran obvios. ¿Machos vinculados con una mala historia?
La garantía de muerte de Lash tenía PAGADO estampado en ella.
Blay cerró un puño y ofreció sus nudillos.
—Cualquier cosa que necesites, cualquier cosa que quieras, estoy contigo. Y no diré una palabra.
John esperó un momento y luego chocó puño con puño. Sabía que podía contar contigo, vocalizó.
—Siempre —prometió Blay—. Siempre.

Capítulo 42

La casa de Eliahu Rathboone estaba totalmente silenciosa otra vez, aproximadamente una hora después del viaje abortado de Gregg al tercer piso, pero esperó un buen rato después de que el mayordomo se hubiera vuelto abajo antes de intentar otra vez el ascenso.
Holly y él pasaron el tiempo, no follando, que habría sido su antiguo modus operandi, sino hablando. Y la cuestión es que cuanto más hablaban, más se daba cuenta de lo poco que la conocía. No tenía ni idea de que sus aficiones fueran cosas como el pastel de manzana o la labor de punto. O que su mayor ambición fuera presentar un telediario… lo cual no era una sorpresa a juzgar por como estaban las cosas: montones de mujeres cabezahueca del mundo de los reality, tenían ambiciones más elevadas que presentar a domadores de caballos amateur o comentar sobre cómo se alimentan las cucarachas. Y hasta él sabía que ella lo había intentado en las noticias locales en el mercado de Pittsburg antes de ser despedida de ese puesto de nivel básico.
De lo que no tenía ni idea era de la verdadera razón de por la había dejado aquel primer trabajo. El gerente general, que estaba casado, había esperado que actuara para un tipo de cámara diferente y más privada y cuando le había dicho que no, él le había notificado el despido tras tenderle una trampa para que fracasara en antena.
Gregg había visto la cinta del reportaje donde ella había destrozado las palabras. Después de todo, hacía sus deberes y aunque la audición que había hecho para él hubiera ido genial, siempre comprobaba las referencias.
Suponía que era eso lo que había dado comienzo a sus asunciones sobre ella: cara bonita, buena percha, no mucho más que ofrecer.
Pero eso no era lo peor de su interpretación errónea. Nunca había sabido que tenía un hermano. Que era minusválido. A quién ella mantenía.
Le había mostrado una foto de ellos dos juntos.
Y cuando Gregg había preguntado en voz alta cómo era posible que él no supiera nada del muchacho, ella había tenido la honestidad de decirle las cosas tal como eran: porque habías trazado la línea y esto la traspasaba.
Naturalmente, él había tenido la reacción masculina normal de defenderse, pero el hecho era que ella tenía razón. Había dejado los límites bastante puñeteramente claros. Lo que significaba: sin celos, sin explicaciones, nada permanente y nada personal.
No era exactamente el entorno en el que querías colocarte en posición vulnerable.
Comprender eso fue lo que le hizo acercarla contra su pecho, poner la barbilla sobre su cabeza y acariciarle la espalda. Justo antes de que ella vagara al país de los sueños, había dicho algo entre dientes con voz suave. Algo como que ésta era la mejor noche que había pasado jamás con él.
Y eso a pesar de los orgasmos monstruosos que él le había proporcionado.
Bueno, que le había dado cuando a él le venía bien. Habían habido muchas citas que había anulado en el último momento, mensajes telefónicos que no devolvió y menosprecios tanto verbales como físicos.
Tío... menudo mierda estaba hecho.
Cuando Gregg finalmente consiguió levantarse, arropó a Holly, encendió la cámara de activación por movimiento y se deslizó hasta el pasillo. Silencio por todas partes.
Recorrió el pasillo pisando suavemente, fue de vuelta hasta la señal de SALIDA y se escabulló en aquel hueco de escalera de la parte de atrás. Subió los escalones, giró en el rellano, otro tramo y estaba ante la puerta.
Sin llamadas esta vez. Sacó un destornillador delgado que normalmente usaba en el mecanismo de la cámara y se dispuso a usarlo como ganzúa en la cerradura. En realidad fue más fácil de lo que había pensado. Sólo hurgó una vez, un giro y la cosa saltó.
La puerta no chirrió, lo cual le sorprendió.
Lo que estaba al otro lado, sin embargo… le dio un susto de muerte.
El tercer piso era un espacio cavernoso con un anticuado y tosco entarimado y un techo que bajaba en un ángulo pronunciado a ambos lados. Al fondo, había una mesa con una lámpara de petróleo encima y el resplandor tornaba las paredes lisas de un amarillo dorado... al mismo tiempo que iluminaba las botas negras de quienquiera que estuviera sentado en una silla justo fuera del charco de luz.
Botas grandes.
Y de repente, no hubo ninguna duda sobre quién era el HDP y lo que había hecho.
—Te tengo en la cinta —dijo Gregg a la figura.
La risa suave que le llegó de vuelta hizo que las glándulas suprarrenales de Gregg comenzara a funcionar a toda marcha: Bajo y frío, era la clase de sonido que hacían los asesinos cuando estaban a punto de ponerse a trabajar con un cuchillo.
—Cierto. —Ese acento. ¿Qué cojones era? Francés no... ni húngaro...
Lo que fuera. La idea de que Holly hubiera sido víctima de un abuso le hizo más alto y más fuerte de lo que realmente él era.
 —Sé lo que hiciste. Anteanoche.
—Te diría que cogieras una silla, pero como puedes ver, sólo tengo una.
—Yo no voy jodiendo por ahí. —Gregg dio un paso adelante—. Sé lo que pasó con ella. Ella no te deseaba.
—Ella deseaba sexo.
Gilipollas cabrón.
—Estaba dormida.
—¿Lo estaba? —La punta de la bota se balanceó arriba y abajo—. Las apariencias, como las psiques, pueden ser engañosas.
—¿Quién coño te crees que eres?
—El dueño de esta magnífica casa. Eso es lo que soy. Soy el que te dio permiso para jugar con todas tus cámaras.
—Bueno, ya puedes ir dándole un beso de despedida a esa mierda. No voy a hacer publicidad de este lugar.
—Oh, creo que lo harás. Está en tu naturaleza.
—Tú no sabes una mierda sobre mí.
—Más bien al contrario. Eres tú quien no sabe... una mierda, como tú dices... de ti mismo. Ella pronunció tu nombre, por cierto. Cuando se corrió.
Esto enfureció a Gregg, hasta el extremo de que dio otro paso hacia adelante.
—Yo que tú tendría cuidado —dijo la voz—. No quieres resultar herido. Y se considera que estoy loco.
—Voy a llamar a la policía.
—No tienes motivo. Consentimiento entre adultos y todo esto.
—¡Estaba dormida!
Esa bota cambió de postura y se plantó en el suelo.
 —Vigila el tono, chico.
Antes de que tuviera tiempo de enardecerse por el insulto, el hombre se inclinó hacia adelante en la silla... y Gregg perdió la voz.
Lo que entró a la luz no tenía ningún sentido. A un montonazo de niveles.
Era el retrato. El de abajo, en el salón. Sólo que vivito y coleando. La única diferencia era que no tenía el pelo echado hacia atrás; le caía sobre los hombros y era el doble de largo que el de Gregg y esa cosa era negra y roja.
Oh, Dios... esos ojos eran del color de la salida del sol, brillantes y de color melocotón.
Completamente hipnóticos.
Y sí, parcialmente locos.
—Sugiero —le llegó una voz arrastrada con aquel extraño acento— que te retires de este desván y bajes con esa encantadora dama tuya.
—¿Eres descendiente de Rathboone?
El hombre sonrió. Vale, de acuerdo... había algo que no estaba nada bien en sus dientes delanteros.
 —Él y yo tenemos cosas en común, es verdad.
—Jesús...
—Es hora de que te vayas y termines tu pequeño proyecto. —Ya no sonreía, lo cual se puede decir que fue un alivio—. Y una palabra de consejo en lugar de la patada en el culo que estoy tentado de darte. Podrías cuidar de tu mujer mejor de lo que lo has estado haciendo últimamente. Ella tiene sentimientos sinceros por ti, lo cual no es culpa suya y los cuales claramente no te has merecido o no olerías a culpa en este momento. Tienes suerte de tener a la que quieres a tu lado, así que deja de ser un ciego engañándote al respecto.
Gregg no se dejaba impresionar tanto a menudo. Pero por su vida que no tenía ni idea de qué decir.
¿Cómo sabía tanto este extraño?
Y Cristo, Gregg odiaba que Holly hubiera estado con algún otro... pero ¿había pronunciado su nombre?
—Di adiós. —Rathboone levantó su propia mano e imitó el gesto de un niño—. Prometo dejar en paz a tu mujer a condición de que dejes de ignorarla. Ahora procede, ¡adiós!
Por un reflejo que no era propio de él, Gregg subió el brazo y lo agitó un poco antes de que sus pies le dieran la vuelta a su culo y comenzaran a andar hacia la puerta.
Dios, le dolían las sienes. Dios... demonios... ¿por qué estaba... donde...?
Su mente rechinó hasta detenerse, como si sus engranajes hubieran sido pegados con pegamento.
Bajar al segundo piso. Bajar a su cuarto.
Cuando se quitó la ropa y entró en la cama en calzoncillos, puso la dolorida cabeza sobre la almohada junto a la de Holly, la acercó contra él, e intentó recordar...
Se suponía que tenía que hacer algo. ¿Qué era…?
El tercer piso. Tenía que subir al tercer piso. Tenía que averiguar lo que pasaba allí…
Un dolor crudo le atravesó el cerebro como una lanza, matando no sólo el impulso de ir a cualquier lugar, sino cualquier interés sobre lo que había sobre ellos en el desván.
Cerrando los ojos, tuvo la más extraña de las visiones de un extranjero desconocido, con una cara familiar... pero entonces perdió el jodido conocimiento y nada más importó.

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