sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 46 47 48

Capítulo 46

El sol estaba a punto de penetrar el velo del bosque cuando Darius y Tohrment tomaron forma frente a una pequeña cabaña con techo de paja a kilómetros, kilómetros y kilómetros de distancia del lugar del secuestro y la mansión que había al lado… y de la cosa con aspecto de reptil que les había dado la bienvenida en el húmedo pasillo bajo tierra.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Tohrment, cambiando la bolsa de un hombro al otro.
En ese momento Darius, no se sentía seguro de nada. A decir verdad, le sorprendía que él y el muchacho se las hubieran ingeniado para salir de la casa de ese symphath sin tener que luchar. De hecho, habían sido escoltados a la salida como si hubieran sido huéspedes invitados.
Sin embargo, los devoradores de pecados siempre tenían presente su propio beneficio, y verdaderamente para el jefe de esa casa, Darius y Tohrment le eran mucho más útiles vivos que muertos.
—¿Estás seguro? —incitó Tohrment nuevamente—. Dudaste en venir aquí. 
—Lamentablemente, mi tardanza no tiene nada que ver contigo. —Darius avanzó, tomando el trillado camino que llevaba a la puerta principal, dicho camino de tierra había sido creado por el repetido pasar de sus propias botas—. No permitiré que duermas sobre la fría piedra del suelo de la Tumba. Mi hogar es tosco, pero tiene techo y paredes suficientes para proveer albergue no solo a uno, sino a dos.
Por un breve instante, acarició la fantasía de que vivía como lo había hecho una vez antes, en un castillo lleno de habitaciones, doggens y hermosos muebles, en un lujoso lugar donde podía recibir amigos y familia y mantener a aquellos que amaba a salvo, seguros y cuidados.
Tal vez encontrara la forma de volver a tenerlo.
Aunque dado que no tenía familia ni amigos, difícilmente era algo que quisiera perseguir con prontitud.
Accionando el picaporte de hierro forjado, empujó con el torso la puerta de roble… que considerando su tamaño y envergadura, era más bien una pared móvil. Después de que él y Tohr hubieran entrado, encendió la lámpara de aceite que había suspendida junto a la entrada y cerró la puerta tras ellos, colocando una viga ancha y gruesa como el tronco de un árbol atravesando el panel.
Tan modesta. Solo había una silla ante el hogar y un sencillo jergón al otro lado de la habitación. Y no había mucho más que ver bajo tierra, sólo algunos preciados suministros y un túnel secreto que terminaba bien entrados los límites del bosque.
—¿Comemos algo? —preguntó Darius mientras comenzaba a desarmarse.
—Sí, sire.
El muchacho se quitó sus armas y fue hacia el hogar, poniéndose en cuclillas para encender la turba que siempre estaba dispuesta cuando no había un fuego ardiendo. En tanto el aroma del humeante musgo comenzó a flotar sobre ellos, Darius tiró de la trampilla que había en el suelo de tierra y fue a la habitación subterránea en busca de comida, cerveza y pergamino. Regresó con queso, panes y carne de venado ahumada.
—¿Qué deduce usted de todo esto? —preguntó Tohr mientras se calentaba las manos frente al fuego que proyectaba un resplandor sobre su rostro.
Darius se unió al muchacho y compartió lo poco que tenía para ofrecer con el único huésped que había tenido alguna vez en su hogar.
—Siempre he creído que el destino produce los más extraños compañeros. Pero el concepto de que nuestros intereses puedan tener algo en común con una de esas… cosas… es un anatema. Por otra parte, él parecía sentirse igualmente ofendido y espantado. A decir verdad esos devoradores de pecados no nos valoran más de lo que nosotros los valoramos a ellos. No somos sino ratas a sus pies.
Tohrment consumió parte del  frasco de cerveza.
—Nunca desearía tener que mezclar mi sangre con la de ellos… ofenden mis sentidos. Todos ellos.
—Y él siente de forma similar. El hecho de que su hijo de sangre haya tomado a la hembra y la haya mantenido cautiva aunque sea un sólo día dentro de sus paredes le enferma. Le interesa tanto como a nosotros tener a ambas partes de vuelta con sus familias.
—¿Pero por qué usar nuestros servicios?
Darius sonrió con frialdad.
—Para castigar al hijo. Es la perfecta acción correctiva… que la especie de su hembra le arranque a su «amor» de los brazos y añada al peso de esa pérdida, la noción de que ha sido vencido por seres inferiores. ¿Y si la llevamos a su casa a salvo? Su familia se mudará, llevándosela lejos y nunca, jamás permitirá que vuelva a ocurrirle algún mal. Vivirá muchos años sobre la tierra y el engendro de ese devorador de pecados tendrá que vivir con eso cada día de su vida. Esa es su naturaleza… y esta es precisamente la forma de romperle el corazón que su padre no podría ambicionar lograr sin ti y sin mí. Es por eso que nos dijeron adonde ir y con qué nos encontraríamos.
Tohrment sacudió la cabeza como si no entendiera la forma de pensar de la otra raza.
—Ella quedará arruinada a los ojos de su linaje. Ciertamente, la glymera los segregará a todos… 
—No, no lo hará. —Darius levantó la palma de la mano para detener las palabras del muchacho—. Porque nunca lo sabrán. Nadie se enterará. Este secreto permanecerá entre tú y yo. Desde luego ese devorador de pecados no tiene motivos para hablar ya que su propia especie lo segregaría a él y a los suyos… De esta forma la hembra será protegida de la deshonra.
—Sin embargo, ¿cómo lograremos llevar a cabo semejante engaño ante Sampsone?
Darius se llevó el frasco de cerveza a los labios y tragó.
—Mañana al caer la noche, nos dirigiremos al norte, como sugirió el devorador de pecados. Encontraremos lo que nos pertenece, la llevaremos a casa de su familia sanguínea y les diremos que se trató de un humano.
—¿Y si la hembra habla?
Darius ya había considerado eso.
—Sospecho que como hija de la glymera es bien consciente de todo lo que puede perder. El silencio no sólo la protegerá a ella sino también a su familia.
Aunque la lógica precedente asumía que cuando la encontraran, ella estaría en su sano juicio. Y ese bien podía no ser el caso, que la Virgen Escriba aliviara el alma torturada de la hembra.
—Esto podría ser una emboscada —murmuró Tohrment.
—Quizás, pero no lo creo. Es más te digo, no temo que vaya a haber ningún conflicto. —Darius alzó la mirada hacia su protegido—. Lo peor que puede suceder es que muera tratando de encontrar a una inocente… y esa es la mejor manera de morir. Y si es una trampa, te garantizo que en mi camino hacia el Fade, me llevaré a una legión conmigo.
El rostro de Tohrment brilló con indudable respeto y reverencia y a Darius le entristeció esa muestra de confianza. Si el muchacho hubiera tenido un verdadero padre, en vez de un bruto lujurioso, no se habría sentido de esa forma con un macho que le era relativamente extraño.
Tampoco estaría en este modesto refugio.
Sin embargo Darius no tuvo corazón para señalarle este hecho a su invitado.
—¿Más queso?
—Sí, gracias.
Cuando terminaron la ligera comida, Darius desvió los ojos hacia sus dagas negras, que estaban colgando del arnés que solía usar sobre le pecho. Tenía la extraña convicción de que no pasaría mucho tiempo antes de que Tohrment obtuviera un par… el muchacho era listo, ingenioso y tenía buenos instintos.
Por supuesto Darius todavía no lo había visto pelear. Pero ya llegaría el momento. En esta guerra, siempre llegaba.
Tohrment frunció el ceño ante el fuego.
—¿Qué edad dijeron que tenía?
Darius se limpió la boca con un paño y sintió que se le tensaba la nuca.
—No lo sé.
Ambos se quedaron en silencio y Darius supuso que lo que repentinamente se le había ocurrido pensar era lo mismo que estaba dando vueltas en la mente de Tohrment
Lo último que le hacía falta a esa situación era una nueva y horrenda complicación.
Lamentablemente, con emboscada o sin ella, irían al norte, al área costera que los symphaths les habían indicado. Una vez allí, se alejarían un kilómetro y medio del pequeño pueblo y entre los acantilados encontrarían el refugio que el devorador de pecados había descrito… y descubrirían si habían sido engañados.
O si habían sido utilizados con un motivo ulterior del que los había aliado a ambos con ese reptil delgado como una fusta.
No obstante, Darius no estaba realmente preocupado. Los devoradores de pecados no eran de confianza, pero si compulsivamente egocéntricos… y vengativos incluso con sus propios hijos.
Era un caso donde la naturaleza se imponía al carácter: lo último les jugaba una mala pasada; lo primero los hacía absolutamente predecibles.
Él y Tohrment iban a encontrar lo que estaban buscando en el norte cerca del mar. Simplemente lo sabía.
La verdadera pregunta era, en qué condiciones estaría la pobre hembra…








Capítulo 47

Cuando John y Xhex finalmente emergieron de su pequeño momento de intimidad, la primera parada fue la ducha del vestuario. Y como la comida es un cometido de vital importancia tras el ejercicio, se turnaron y Xhex entró primero.
Mientras John esperaba su turno en el pasillo, encontró curiosa una cosa… debería estar exhausto. En vez de ello se sentía enérgico, vivo, henchido de poder. No se había sentido tan fuerte desde… nunca.
Xhex salió del vestuario.
—Tu turno.
 Joder, se la veía sexy como el demonio, con ese cabello corto que se rizaba al irse secando, el cuerpo cubierto con un uniforme médico y los labios enrojecidos. Flashbacks de lo que habían hecho juntos hicieron que se excitara y terminó cruzando la puerta marcha atrás sólo para poder mantener los ojos en ella.
Y mira tú por donde, cuando ella le sonrió, se le paró el corazón: la calidez y la suavidad la transformaban en algo más que simplemente adorable.
Ella era su hembra. Para siempre.
Cuando la puerta se cerró entre ellos, sintió que le embargaba el pánico mientras el cerrojo emitía un «clic» al encajar en su lugar, como si no sólo estuviera fuera de su vista, sino absolutamente ausente. Lo cual era una locura. Aplastando la paranoia, se duchó rápidamente y se puso un uniforme médico, ignorando deliberadamente la prisa que se había dado.
Ella todavía estaba allí cuando salió y a pesar de que había tenido la intención de tomarla de la mano y encaminarse hacia la mansión, terminó abrazándola, con fuerza.
La cuestión era que todos los mortales acababan perdiendo a sus seres queridos. La vida era así. Pero la mayoría de las veces, esa realidad estaba tan distante dentro de la mente que no tenía más peso que una mera hipótesis. No obstante, había recordatorios y los «por poco», los «casi» y los «oh-Dios-por-favor-no», hacían chasquear la cadena y lograban que te detuvieras a examinar lo que había en tu corazón. Como cuando un fuerte dolor de cabeza resultaba ser tan sólo una migraña o cuando en un accidente de tráfico la camioneta quedaba completamente destrozada, pero las sillas de bebé y los airbags salvaban a todas las personas que iban dentro o cuando alguien que había sido raptado volvía al redil… esos desenlaces te sacudían y te hacían desear abrazar a la persona para poder tranquilizarte.
Dios, nunca antes había pensado detenidamente en ello, pero desde el primer latido dado dentro de un cuerpo vivo, sonaba una campanilla y el reloj comenzaba a correr. Un contrato, que ni siquiera eras consciente de haber firmado comenzaba a operar y en él, era el destino el que tenía las mejores cartas. Con los minutos y horas y días y meses y años que pasaban se escribía la historia mientras te ibas quedando sin tiempo hasta que el último latido de tu corazón marcaba el fin del paseo y el momento de hacer recuento de los triunfos y las derrotas.
Era extraño como la mortalidad hacía que los momentos como este con ella fueran infinitos.
Y mientras sostenía a Xhex contra su cuerpo, sintiendo la calidez de ella incrementar la suya propia, se sentía rejuvenecido hasta la médula, su balanza re-equilibrada, el recuento total y categóricamente en el terreno de vale-la-pena-vivir-la-vida.
El gruñido de su estómago fue lo que los separó.
—Vamos —dijo ella— debemos alimentar a tu bestia.
Él asintió, asió su mano y comenzó a caminar.
—Tienes que enseñarme el lenguaje por señas —dijo Xhex mientras entraban a la oficina y abrían la puerta del armario de suministros—. Como, exactamente ahora.
Él volvió a asentir mientras entraban dentro del limitado espacio y Xhex los encerraba juntos. Hmm… otra oportunidad de tener intimidad. Una puerta cerrada… ropas flojas… El bastardo despreciable que había en él midió el espacio que tenían para maniobrar y su pene se estremeció dentro de los pantalones. Si ella le rodeaba las caderas con las piernas, podían caber perfectamente bien…
Xhex se acercó y puso la mano sobre la erección que había detrás de la delgada tela de algodón que le cubría las caderas. Alzándose de puntillas, le rozó el cuello con los labios, arañándole la yugular con uno de sus colmillos.
—Si seguimos así, nunca vamos a encontrar una cama. —Bajó la voz aún más mientras lo acariciaba—. Dios, eres tan grande… ¿Te he dicho cuan profundamente entras en mí? Muy hondo. Muy bieeeeen y muy hondo.
 John cayó hacia atrás contra una pila de blocs legales de papel amarillo, tirándolos del estante. Mientras luchaba por cogerlos antes de que cayeran al suelo, ella le detuvo empujándole hacia arriba nuevamente.
—Quédate donde estás —dijo, poniéndose de rodillas—. Me gusta demasiado la vista que tengo desde aquí.
Mientras recogía lo que había salido volando, clavó los ojos en su erección… la cual, naturalmente, intentaba liberarse, empujando contra lo que la mantenía oculta de la mirada de ella, de su boca, de su sexo.
Las manos de John se doblaron sobre el borde de uno de los estantes mientras la observaba mirarlo, su respiración sonaba como una sierra en sus pulmones.
—Creo que he recogido todos los blocs —dijo ella después de un rato—. Será mejor que los pongamos en su lugar.
Se inclinó hacia sus piernas y comenzó a levantarse lentamente, acariciándole con la cara, los muslos, las rodillas…
Xhex pasó justo por encima de su pene, rozando con los labios el lado inferior de la maldita cosa. Mientras a él se le aflojaba la cabeza, desplomándose sobre uno de los estantes, ella continuó su camino ascendente de forma tal que sus pechos fueron los siguientes en golpear ese lugar electrificado.
Terminó la tortura al deslizar los blocs en su lugar… mientras oprimía sus caderas contra las de él.
En su oído, susurró:
—Comamos rápido.
Muy. Jodidamente. De. Acuerdo.
Se apartó de él tras darle un mordisco en el lóbulo de la oreja, pero él permaneció donde estaba. Porque si los pantalones del uniforme añadían aunque fuera un indicio de fricción a su ecuación sexual, iba a terminar cubierto con su propio orgasmo.
Lo cual en general no era algo malo, al menos no cuando estaba con ella, pero si lo reconsideraba, este no era realmente un lugar privado. En cualquier momento podía entrar alguno de los Hermanos o alguna de las shellans y regalarse la vista con algo con lo que nadie iba a sentirse cómodo.
Tras maldecir y hacerse un serio trabajo de reacomodo por debajo de la cintura, John tecleó un código y abrió camino hacia el túnel.
—Entonces ¿cuál es la posición de la mano para la letra A? —preguntó ella mientras salían y comenzaban a caminar.
Para cuando llegaron a la «D» estaban saliendo de la puerta oculta que había bajo la escalera principal de la mansión. Acometieron la «I» en el interior de la cocina, de camino al frigorífico. La «M» los cogió en medio de un par de sándwiches… y dado que tenían las manos ocupadas con el pavo asado, la mayonesa, la lechuga y el pan, no avanzaron mucho en el alfabeto. No lo hicieron mucho mejor durante el tiempo que emplearon en comer, solo vieron la «N», la «O» y la «P», pero él podía ver que ella estaba practicando internamente, porque tenía los ojos fijos a media distancia entre ellos mientras era evidente que repasaba mentalmente  lo que le había estado enseñando.
Aprendía rápido y no le sorprendía. Mientras limpiaban recorrieron de la «Q» a la «V» y estaban saliendo de la cocina cuando le enseñó la «X», la «Y» y la «Z»…
—Bien, iba a ir a buscaros. —Z se detuvo en el arco que separaba el comedor—. Wrath ha convocado a una reunión. Xhex, querrás estar presente.
El Hermano giró sobre sus talones, se alejó trotando, cruzando por encima del manzano de mosaicos que había en el suelo del vestíbulo y comenzó a subir la escalera principal.
—¿Tu rey acostumbra a hacer esto en medio del día? —preguntó Xhex.
John sacudió la cabeza y ambos vocalizaron y gesticularon: Algo pasa.
La pareja siguió a Z rápidamente, subiendo los escalones de dos en dos.
En el segundo piso, toda la Hermandad estaba amontonada en el estudio de Wrath y el rey estaba sentado en el trono de su padre detrás del escritorio. George estaba acurrucado en un asiento junto a su amo y Wrath acariciaba la cabeza cuadrada del Golden Retriever con una mano, mientras con la otra hacía girar en el aire un abrecartas en forma de daga.
John permaneció en la parte posterior y no sólo porque dada la cantidad de machos de cuerpos grandes que había en la habitación sólo se podía estar de pie. Quería estar cerca de la puerta.
El humor de Xhex había cambiado radicalmente.
Tan certeramente como si hubiera cambiado su vestimenta emocional, había pasado de un camisón de franela, a una cota de malla: de pie junto a él estaba inquieta, cambiaba su punto de apoyo una y otra vez pasándolo de un pie al otro.
Él se sentía de forma muy parecida.
John miró a su alrededor. Frente a él Rhage estaba desenvolviendo un Toostie Pop de uva y V encendía un cigarro mientras ponía a Phury en el altavoz. Rehv, Tohr y Z estaban paseándose por el lugar mientras Butch estaba en su sofá, actuando a lo Hugh Hefner10 con sus pijamas de seda. Mientras tanto Qhuinn, estaba apoyado contra la pared cerca de las cortinas azul pálido y era evidente que había estado retozando: tenía los labios enrojecidos, por su cabello habían pasado unos cuantos dedos y tenía la camisa en parte metida por dentro del pantalón y colgando por fuera en la parte delantera. Lo que hacía que te preguntaras si no tendría una erección que ocultar.
¿Dónde estaba Blay? Se preguntó John. ¿Y a quién demonios se acababa de follar Qhuinn?
—Bueno, V recibió un puñetero mensaje de voz en el buzón de correo general. —Mientras Wrath hablaba, sus gafas envolventes examinaban a la multitud, aunque detrás de ellas estaba totalmente ciego—. En vez de extenderme yo con la explicación, voy a pedirle que lo reproduzca para vosotros.
Vishous se dejó el cigarrillo entre los labios mientras activaba el teléfono y danzaba a través de los números del teclado ingresando la dirección de correo y las contraseñas.
Y entonces John oyó esa voz. Esa voz insidiosa de chupapollas.
—Apuesto a que no esperabais volver a tener noticias mías. —El tono de Lash era de siniestra satisfacción—. Sorpresa, hijos de puta y ¿adivinad qué? Estoy a punto de haceros un favor. Tal vez os gustaría saber que esta noche ha habido una inducción masiva en la Sociedad Lessening. En una granja de la RR149.  Ocurrió alrededor de las cuatro de la mañana, así que si movéis el culo y os dirigís hacia allí en cuanto caiga la noche, puede ser que los encontréis todavía vomitando por todo el lugar. PVI, usad botas de goma… el lugar está hecho un asco. Oh y decidle a Xhex que todavía puedo saborear…
V cubrió el altavoz.
Los labios de John se separaron revelando sus colmillos y dejó escapar un gruñido insonoro, que hizo temblar el cuadro que estaba en la pared detrás de él. 
Cuando George gimoteó, Wrath lo tranquilizó y apuntó con el abrecartas hacia el otro lado de la habitación.
—Tendrás tu oportunidad con él, John. Lo juro sobre la tumba de mi padre. Sin embargo ahora necesito que te concentres en este juego, ¿entiendes?
Era más fácil decirlo que hacerlo. Refrenar el impulso asesino era como contener un pitbull con una mano detrás de la espalda.
Junto a él, Xhex frunció el ceño y cruzó los brazos sobre el pecho.
—¿Estamos bien? —exigió Wrath.
Cuando finalmente John silbó su asentimiento, Vishous exhaló una nube de humo de tabaco turco y se aclaró la garganta.
—No dejó la dirección exacta de esta presunta masacre. Intenté rastrear el número desde el cual llamó y no conseguí nada.
—Lo que a mí me gustaría saber —dijo Wrath—, es ¿qué coño está pasando? Es el jefe de la Sociedad Lessening… así que si su tono hubiera sido ¿tengo-o-no-los-huevos-más-grandes-del-mundo? bien, entendería esta mierda. Pero esa no es la impresión que me ha dado.
—Es un chivatazo. —Vishous apagó su cigarrillo en el cenicero—. Así me sonó a mí… aunque no estoy dispuesto a apostar mis enormes pelotas en ello.
Ahora que John había logrado volver a enjaular su oscuridad interior y era capaz de razonar adecuadamente, se sentía inclinado a estar de acuerdo con el Hermano. Lash era un cabrón egoísta y de tanta confianza como una serpiente de cascabel, pero la cuestión era que, cuando no podías contar con la moralidad, definitivamente podías contar con el narcisismo: eso hacía que el bastardo fuera completamente predecible.
John estaba seguro de ello… a tal punto que sentía como si ya hubiera pasado por todo esto antes.
—¿Es posible que haya sido destronado? —murmuró Wrath—. ¿Tal vez papaíto haya decidido que su hijo no era tan divertido después de todo? ¿O se le habrá roto al mal su nuevo y bonito juguete? ¿Habrá alguna mierda en la extraña biología de Lash que pueda estar haciéndose evidente ahora? Quiero que vayamos asumiendo que es una emboscada…
En la habitación hubo un amplio consenso con el plan, así como algunas intervenciones ordinarias relacionadas con el culo de Lash y varios tipos de instrumentos de gran calibre que podrían usar con él: siendo las botas de talla catorce las que más probabilidades tenían de hacer impacto, pero difícilmente las más creativas.
 Por ejemplo, John dudaba seriamente que Rhage pudiera realmente aparcar su GTO en el lugar donde-no-le-daba-el-sol al tipo. O que quisiera hacerlo.
Joder… que giro de los acontecimientos. Y aún así en realidad no era para sorprenderse… si lo que suponían era lo que en realidad había ocurrido. El Omega era conocido por pasar de sus Fore-lessers como si nada y la sangre no era necesariamente más espesa que el mal, por decirlo así. Si a Lash le habían tirado a la cuneta, su llamada a la Hermandad enseñando el dedo medio a su padre era una maniobra brillante… especialmente dado que justo después de su inducción era cuando los lessers estaban más débiles y por lo tanto eran incapaces de defenderse.
Los Hermanos podían limpiar la casa.
Jesucristo, pensó John. El destino producía los más extraños aliados.
* * *
Xhex estaba hirviendo a fuego lento mientras permanecía de pie junto a John en aquel estudio, que salvo por el escritorio y el trono, podía haber sido confundido con la salita de recibo de una hembra francesa.
El sonido de la voz de Lash saliendo de ese teléfono hizo que se sintiera como si le hubieran restregado el estómago con amoníaco y la rutina de quemazón y agitación tornaba en nauseabundo ese pobre y bien intencionado sándwich de pavo que acababa de comer.   
Y la suposición por parte de Wrath de que John iba a defender su honor no calmaba las cosas.
—Así que nos infiltramos —estaba diciendo el Rey Ciego—. Al caer la noche, todos vosotros dirigiros hacia la ciento cuarenta y nueve y…
—Yo iré ahora —dijo ella, alto y fuerte—. Dadme un par de armas y un cuchillo e iré a echarle un vistazo ahora mismo.
Bueno, bueno, no podría haber logrado mayor atención ni quitando el seguro a una granada de mano y tirándola en medio de la habitación.
Mientras la rejilla emocional de John se volvía negra con un oh-no,-no-lo-harás, Xhex comenzó la cuenta atrás hasta que estallara la explosión.
Tres… dos… uno…
—Es una oferta muy generosa —dijo el rey adoptando un tono de persuadamos-a-la-hembra—. Pero creo que es mejor…
—No puedes detenerme. —Dejó caer los brazos a los lados… recordándose a sí misma que no estaba a punto de atacar físicamente al tipo. De verdad. No iba a hacerlo.
La sonrisa del rey fue casi tan cálida como el hielo seco.
—Aquí yo soy el soberano. Lo que significa que si te digo que te quedes quieta, eso es exactamente lo que harás.
—Y yo soy una symphath. No uno de tus súbditos. Más aún, eres lo bastante inteligente como para no enviar a tus mejores activos... —Hizo un gesto que abarcó a los Hermanos que estaban en la habitación—… a una posible emboscada tendida por tu enemigo. Yo, al contrario que ellos… soy prescindible. Piénsalo. ¿Estás dispuesto a perder a uno de ellos sólo porque no quieres que hoy me dé un poquito el sol?
Wrath rió ásperamente.
—¿Rehv? ¿Quieres dar tu opinión como rey de su raza?
Desde el otro lado de la habitación, el cabrón de su antiguo jefe y querido amigo, la miró fijamente con un par de ojos amatista que sabían demasiado.
Vas a hacer que te maten, le dijo con el pensamiento.
No me retengas, le respondió ella. Nunca te lo perdonaría.
Si sigues actuando de esta manera, el perdón es lo último por lo que tendré que preocuparme. Es más probable que tenga que hacerlo por tu pira funeraria.
Yo no te detuve cuando sentiste la necesidad de ir a la colonia. Demonios, me ataste las manos de manera que no pudiera hacerlo. ¿Estás diciéndome que no merezco cobrarme mi venganza? Que te jodan.
Rehvenge apretó la mandíbula con tanta fuerza que cuando finalmente abrió la boca, a Xhex le sorprendió que no escupiera trozos de dientes.
—Puede hacer lo que quiera. No puedes salvar a alguien que no quiere subirse al jodido bote salvavidas.
La furia del macho absorbió la mayor parte del aire de la habitación, pero ella estaba tan concentrada que de todas formas no necesitaba que sus pulmones funcionaran correctamente.
La obsesión era tan buena como el oxígeno. Y cualquier cosa que tuviera que ver con Lash era combustible para su fuego.
—Necesito armas —le dijo al grupo—. Ropa de cuero. Un teléfono para comunicarme.
Wrath gruñó profunda y gravemente. Como si fuera a intentar encerrarla a pesar de la autorización dada por Rehv.
Adelantándose, Xhex plantó las palmas de las manos en el escritorio del rey y se inclinó hacia él.
—Puedes perderme a mí o afrontar el riesgo de perderlos a ellos. ¿Qué me respondes? Su Alteza.
Wrath se puso en pie y por un momento Xhex captó una señal clara de que a pesar de ocupar el trono, todavía seguía siendo endemoniadamente letal.
—Cuida. Tu. Tono. En mí jodida casa.
 Xhex inhaló profundamente y se calmó.
—Pido disculpas. Pero debes entender mi punto de vista.
Cuando el silencio se prolongó, pudo sentir la amenaza inminente que provenía de John… y supo que aunque pudiera traspasar el bloqueo del rey, todavía iba a pasar un mal rato intentando sortear al macho que estaba junto a la puerta. Pero su partida no estaba abierta a discusión, con nadie.
Wrath maldijo largo y tendido.
—Está bien. Ve. Si te haces matar, no me haré responsable.
—Su Alteza nunca fue responsable. Nadie salvo yo lo es… y ninguna corona sobre tu cabeza o la de ningún otro cambiará ese hecho.
Wrath miró en dirección a V y prácticamente gruñó:
—Quiero a esta hembra cubierta de armas.
—No hay problema. La abasteceré bien.
Cuando se disponía a seguir a Vishous afuera, tuvo que detenerse frente a John y deseó tener una mano distinta que jugar… especialmente cuando él la aferró por el bíceps con fuerza. Pero el hecho era que allí afuera se le presentaba una oportunidad y tenía hasta que cayera la noche para aprovecharla: si había alguna pista de dónde podía estar Lash, sería mejor que la usara para llegar a él si quería tener un blanco despejado sobre el bastardo. ¿Llegada la noche?  John y la Hermandad estarían libres para encargarse de la situación… y no iban a dudar en matar a su objetivo.
Sí, Lash debía pagar lo que le había hecho, pero necesitaba ser ella la que se cobrara la deuda: cuando se trataba de enterrar a los que le habían hecho daño, ella era la mejor, era la «perra» en carne y hueso de ese alegre refrán acerca de la venganza11.
En voz baja, para que nadie más pudiera oírla dijo:
—No soy alguien que necesite tu protección y sabes muy bien porqué tengo que hacer esto. Si me amas tanto como crees que lo haces, me soltarás el brazo. Antes de que yo lo arranque de tu mano.
Cuando él palideció, rezó por no tener que usar la fuerza.
Pero no fue necesario. Él la soltó.
Atravesando la puerta del estudio, pasó frente a V y ladró sobre el hombro:
—Estás perdiendo el tiempo, Vishous. Necesito algo de acero.

Capítulo 48

Mientras Xhex salía rápidamente con V, el primer pensamiento de John fue bajar la escalera, ponerse delante de la puerta que conducía a los grandes jardines y bloquearla físicamente para impedirle salir.
El segundo pensamiento fue ir con ella… aunque eso sólo lo convertiría en el equivalente vampiro a una antorcha romana.
Jesucristo, cada vez que creía haber tocado fondo con ella, le quitaban la alfombra de debajo de los pies y lo dejaban en un sitio incluso peor y más infernal: se acababa de ofrecer voluntaria para ir hacia algo que era una incógnita total y que ella misma admitía era demasiado peligroso hasta para los Hermanos. Y lo estaba haciendo sin refuerzos y sin forma de llegar hasta ella si la herían.
Cuando Wrath y Rehv se acercaron a él, volvió a enfocar el estudio y se dio cuenta de que todos los demás habían salido… excepto Qhuinn, que estaba revoloteando en la esquina, mirando el móvil con el ceño fruncido.
Rehvenge exhaló con dureza, claramente tan jodido como estaba John.
Escucha, yo. ..
John hizo señas rápidamente: ¿Qué coño estás haciendo, dejándola salir así?
Rehv se pasó una mano por el corte de pelo mohawk.
—Voy a ocuparme de ella…
Tú no puedes salir fuera durante el día. Cómo demonios vas a…
Rehv gruñó bajo y profundo.
—Cuida tus modales, niño.
Bien. Vale. Justo la peor cosa que le podían decir en el peor de los días. John pegó su cara a la del tipo, dejó al descubierto los dientes y pensó alto y claro: Es mi hembra la que va a salir ahí afuera. Sola. Así es que, te jodes con mis modales.
Rehv maldijo y taladró a John con una dura mirada.
—Cuidado con esa mierda de “mi hembra,” simplemente te aviso. Su final de partida no implica a nadie que no sea ella misma, ¿lo pillas?
El primer impulso de John fue liarse a puñetazos con el muy bastardo, darle justo en los morros. Rehv se rió con dureza.
—¿Quieres que nos peleemos? Por mí vale. —Dejó a un lado su bastón rojo y lanzó su abrigo de marta cibelina sobre el respaldo de una silla. —Pero eso no va a cambiar una mierda. ¿Crees que alguien puede leerla mejor que yo? La conozco desde antes de que tú nacieras.
No, no es cierto, pensó John, por alguna extraña razón.
Wrath se interpuso entre ellos.
—Vale, vale, vale... chicos, a vuestro rincón. Estáis sobre una preciosa alfombra Aubusson. Si dejáis sangre en ella tendré a Fritz tan rápidamente sobre mi culo que toseré en su pañuelo.
—Mira, John, no estoy intentando tocarte las pelotas —murmuró Rehv—, simplemente sé lo que es amarla. No es culpa de ella ser como es, pero se convierte en un infierno para los demás, confía en mí.
John dejó caer los puños. Mierda, por mucho que quisiera discutir, el hijo de puta de ojos violetas posiblemente tuviera razón. Quita lo de “posiblemente.” Tenía razón… John lo había aprendido de la forma más dura. Demasiadas veces.
 Jodidamente cierto, vocalizó.
—Eso lo describe bastante bien.
John salió del estudio y bajó al vestíbulo con la vana esperanza de poder disuadirla de salir. Mientras caminaba a grandes pasos atajando por el mosaico del manzano sobre el suelo, pensó en el abrazo que habían compartido fuera del vestuario. ¿Cómo demonios habían pasado de estar tan cerca a... esto?
¿En qué momento había ocurrido? ¿O su estúpido culo sensiblero había hecho que se lo imaginara porque era un blandengue?  
Diez minutos después, Xhex y V salieron de la puerta secreta bajo la gran escalera.
Mientras ella atravesaba a grandes pasos el vestíbulo, iba como la primera vez que John la había visto: pantalones de cuero negro, botas negras, camiseta negra sin mangas. Llevaba una chaqueta de cuero colgando de la mano y suficientes armas sujetas al cuerpo como para equipar a un equipo SWAT.
Se detuvo cuando llegó a su altura y cuando sus miradas se encontraron, al menos no se molestó en soltarle alguna idiotez del tipo todo va a salir bien. Por otra parte, no iba a quedarse. Nada de lo que él pudiera decir iba a hacerla cambiar de rumbo… la determinación estaba clara en su mirada.
Tal y como estaban las cosas ahora, encontraba muy difícil creer que alguna vez ella lo hubiera estrechado entre sus brazos.
Tan pronto como V abrió la puerta del vestíbulo, ella se dio la vuelta y se escabulló sin decir una palabra y sin mirar atrás.
Vishous echó la llave otra vez mientras John clavaba los ojos en los pesados paneles y se preguntaba exactamente cuánto tiempo le llevaría abrirse paso a través de ellos con sus jodidas manos desnudas.
El sonido de un mechero fue seguido por uno de una lenta exhalación.
—Le di lo mejor de todo. Una del calibre cuarenta. Machetes. Tres cargadores para cada arma. Dos cuchillos. Un nuevo móvil. Y sabe cómo usar esa mierda.
La pesada mano de V le golpeó en el hombro y le dio un apretón y después el Hermano se largó, sus botas marcando un pesado ritmo sobre las baldosas del suelo. Un segundo después, la puerta oculta por la que había salido Xhex se cerró de golpe mientras el tipo volvía por el túnel al Pit.
La impotencia realmente no le sentaba bien, pensó John, con la mente empezando a zumbar como cuando Xhex le había encontrado en el suelo de la ducha del vestidor.
—¿Quieres ver la televisión?
John frunció el ceño ante la voz tranquila y miró hacia la derecha. Tohr estaba en la sala de billar, sentado en el sofá frente a la enorme pantalla que había sobre la ornamentada chimenea. Sus shitkickers estaban sobre la mesita del café y tenía el brazo apoyado en el respaldo del sofá, con el control remoto enfocado al Sony.
No le miró. No dijo nada más. Simplemente siguió saltando por los canales.
Elecciones, elecciones, elecciones, pensó John.
Podía salir corriendo tras ella y quemarse el culo. Quedarse frente a esta puerta como un perro. Pelarse la piel con un cuchillo. Beber hasta atontarse.
Desde la sala de billar, le llegó un rugido amortiguado y luego los gritos de una multitud de personas.
Atraído por el sonido, entró y se quedó delante de la mesa de billar. Sobre la parte de atrás de la cabeza de Tohr, vio a Godzilla pisoteando una maqueta del centro de la ciudad Tokio.
Realmente inspirador.
John se dirigió al mueble bar y se sirvió un Jack, después se sentó junto a Thor y puso también los pies sobre la mesa.
Mientras concentraba la atención en la pantalla de televisión y saboreaba el whisky en la parte de atrás de la garganta, sintiendo el calor del fuego que alumbraba enfrente, sintió como la batidora que tenía en el cerebro se detenía un poco. Y después un poco más. Y más aún.
Hoy iba a ser un día brutal, pero al menos ya no estaba contemplando la muerte por achicharramiento solar.
Un rato después, se dio cuenta de que Tohr estaba sentado a su lado, los dos estirados como estaban antes en casa, cuando Wellsie estaba todavía viva.
Dios mío, había estado tan cabreado con el tipo últimamente que había olvidado lo fácil que era llevarse bien con el Hermano: en cierta forma, se sentía como si hubieran hecho esto durante décadas, los dos delante de un fuego, bebida por un lado, mucho cansancio y estrés por otro.
Mientras Mothra, la enemiga de Godzilla, volaba con una especie de alas-con-garras en un ataque contra el gran tipo, John pensó en su antiguo dormitorio.
Girándose hacia Tohr, hizo señas, Escucha, cuando estuve en la casa anoche
—Ella me lo contó. —Tohr dio un sorbo a su vaso de cristal—. Lo de la puerta.
Lo siento.
—No te preocupes. Mierdas así pueden ser arregladas.
Desde luego, pensó John, girándose hacia la televisión. A diferencia de muchas otras cosas.
Apoyado contra la pared algo más lejos, Lassiter dejó escapar un suspiro que sugería que alguien le había cortado totalmente la pierna y no había un médico a la vista.
—Nunca debería haberte dejado el mando. Eso es sólo algún tío con un traje de monstruo, relleno como una piñata. Vamos, me estoy perdiendo Maury.
—Qué lástima.
—Pruebas de paternidad, Tohr. Me estoy perdiendo las pruebas de paternidad. Eso apesta.
—Sólo para tí.
Mientras Tohr seguía en godzilla-visión, John dejó caer la cabeza hacia atrás contra de los cojines de cuero.
Mientras pensaba en Xhex allí afuera a solas, se sentía como si hubiera sido envenenado. El estrés era literalmente una toxina en su torrente sanguíneo, haciéndole que se sintiera mareado, asqueado y nervioso.
Volvió a pensar en toda ésta mierda “Kumbaya” en la que había estado metido antes de encontrarla. En cómo era dueño de sus sentimientos, cómo incluso si ella no le amaba, él todavía la amaría a ella y que estaba bien y la dejaría vivir su vida y bla, bla, bla.
Bravo, ahora mismo se estaba ahogando en esa autoayuda barata.
No le parecía bien que estuviera ahí fuera sola. Sin él. Pero estaba claro que ella no iba a escucharle, ni a él ni a nadie.
¿Y cuánto querías apostar que se precipitaba en llegar a Lash antes del anochecer… cuando John finalmente pudiera unirse a la lucha? A cierto nivel, no debería tener importancia cuál de ellos acababa con ese pedazo de mierda… pero esa era la voz de la razón. En su interior no podía soportar otro asomo de debilidad del tipo: oh, míralo, ahí sentado sin hacer nada mientras su hembra intenta matar al hijo del mal y probablemente resulta mortalmente herida.
Su hembra...
Ah, pero espera, se dijo a sí mismo. Solamente porque se hubiera tatuado el nombre de ella en la espalda no quería decir que fuera suya… eran solamente un montón de letras negras en la piel. De hecho, era más bien ella la que le poseía a él. Diferente. Muy diferente. Quería decir que ella podía marcharse con mucha facilidad.
Acababa de hacerlo, de hecho.
Joder. Rehv parecía haber cogido el hilo mucho mejor que nadie: Su final de partida no incluía a nadie que no fuera ella misma.
Un par de horas de buen sexo no iban a cambiarlo.
Ni tampoco el hecho de que, tanto si le gustaba como si no, se había llevado su corazón allí afuera, a la luz del día con ella.
* * *
Qhuinn fue a su habitación y se dirigió directamente hacia el baño sobre unas piernas que eran sorprendentemente estables. Estaba bastante borracho antes de que se convocara la reunión de emergencia, pero la idea de que la hembra de John estuviera fuera a plena luz del día, metiéndose en una tormenta de mierda ella solita, cortó de golpe con las oleadas de heeeeeey-vaaaaaaaaamoooooos.
No obstante, había un trato del tipo dos por uno entre esas líneas. Blay también estaba fuera en el mundo totalmente solo. Bueno, no estaba solo; estaba desprotegido.
El texto que había llegado de un número desconocido le había aclarado el misterio de dónde estaba y algo más: Me quedo a pasar el día con Saxton. Volveré a casa después del anochecer.
Típico de Blay. Cualquier otro en el mundo hubiera acortado el mensaje a: Kdo dia cn Sax.Vlvo anoxecer Los mensaje del tipo eran siempre gramaticalmente correctos, sin embargo. Como si la idea de tomarse libertades con el inglés del Rey hiciera que le rechinaran los dientes.
Blay era así de curioso. Todo corrección y esa mierda: se cambiaba para las comidas, cambiando los pantalones de cuero y las camisetas por camisas de botones y pantalones de vestir. Se duchaba al menos dos veces al día, más si entrenaba. Fritz encontraba su habitación una total fuente de frustración porque nunca había ningún desorden que limpiar.
Sus modales en la mesa eran como los de un conde, escribía cartas de agradecimiento que podían hacerte llorar y nunca, en la vida, decía tacos delante de las hembras.
Dios mío. . . Saxton era perfecto para él.
Qhuinn se encogió bajo su propia piel ante esa comprensión, imaginando todo el inglés de academia que estaba gritando Blay en este preciso momento mientras el otro tío le poseía.
Nunca se había dado tan buen uso al diccionario Merriam-Webster, sin duda.
Sintiéndose como si le hubieran dado un puñetazo en la cabeza, Qhuinn abrió el agua fría en el lavabo y se salpicó la cara con esa mierda hasta que las mejillas le zumbaron y la punta de la nariz empezó a quedársele entumecida. Mientras se secaba con la toalla, recordó aquel salón de tatuajes, el pim-pam-pum que había tenido allí con la recepcionista.
La cortina que los separaba del resto del lugar había sido lo suficientemente delgada como para que con sus ojos desiguales, pero altamente funcionales, hubieran podido ver todo lo que ocurría al otro lado. Y a todo el mundo, también. Tanto es así que cuando ese chochito se había arrodillado delante suyo y él había girado la cabeza, había mirado hacia afuera... y visto a Blay.
La boca húmeda que lo drenaba había pasado de golpe de ser la de una extraña a ser la de su mejor amigo y ése cambio había convertido el sexo en vez de en una necesidad genética en algo incendiario.
Algo importante.
Algo crudo, erótico y que te robaba el alma.
Razón por la cual Qhuinn la había levantado y le había dado la vuelta para tomarla desde atrás. Solo que mientras se sumergía en su fantasía, se dio cuenta de que Blay le estaba mirando… y eso lo había cambiado todo. De repente tuvo que recordarse con quién estaba follando… que fue por lo que levantó la cara de la chica y se forzó a mirarla a los ojos.
No tuvo un orgasmo.
Mientras ella se corría con fuerza, él lo había fingido… la verdad era que su erección había comenzado a desvanecerse en el mismo momento en que la había mirado a la cara. Lo único que lo había salvado era que claramente ella no había notado la diferencia, ya que estaba lo suficientemente mojada para los dos… y además, él lo había afrontado como un profesional, cargando las tintas como si estuviera totalmente satisfecho y toda la mierda que seguía.
Pero había sido una mentira total.
¿A cuántas personas se había follado así a lo largo de su vida, todo venga-dale-no-me-acuerdo-de-haberte-visto-en-la-vida? Cientos. Cientos y cientos… y eso que llevaba en el tema sexual desde hacía año y medio. Sin embargo la cuestión era que esas últimas noches en el ZeroSum, pillándose a tres o cuatro pivas a la vez, te metían rápidamente en las grandes cifras.
Por supuesto, en muchas de esas sesiones había estado con Blay, él y su colega se beneficiaban a las mujeres juntos. En realidad no habían estado el uno con el otro durante esas orgías en los baños del bar… pero había habido un montón de miradas. Y mucho preguntarse. Y tal vez algún trabajo manual de tanto en cuanto, cuando los recuerdos se volvían demasiado vívidos.
Al menos por parte de Qhuinn.
Todo eso se terminó, sin embargo, cuando Blay había dado al traste con todo comprendiendo que era gay y que estaba enamorado de alguien.
Qhuinn no aprobaba su elección. De ningún modo. Los tipos como Blay se merecían a alguien mejor, mucho mejor.
Y parecía que estaba cogiendo el camino que le llevaba a alguien así. Saxton era un macho de valía. Lo miraras por donde lo miraras.
El muy cabrón.
Mirando al espejo sobre el lavabo, Qhuinn no podía ver una mierda porque estaba totalmente oscuro en el baño y la habitación. Y mejor así, mejor no poder ver su reflejo.
Porque estaba viviendo una mentira y en los momentos íntimos como éste lo sabía con tanta claridad que le producía dolor de estómago.
Sus planes para el resto de sus días... Oh, sus gloriosos planes.
Esos planes perfectamente “normales” de futuro.
Incluían a una hembra valiosa, no una relación a largo plazo con un macho.
La cuestión era que los machos como él, machos con defectos… como, oh, veamos, un ojo verde y otro azul… eran despreciados por la aristocracia como pruebas de un fracaso genético. Eran vergüenzas que debían ocultarse, secretos humillantes que enterrar:  había pasado años viendo a su hermana y su hermano siendo elevados en pedestales mientras que el que se cruzaba en su camino hacía rituales para protegerse del mal de ojo.
Su propio padre lo había odiado.
Así que no se necesitaba a un psiquiatra con un diploma en la pared para ver que él sólo quería ser “normal.” Y asentarse con una hembra de valía, asumiendo que pudiera encontrar una que soportara estar unida a alguien con un fallo genético en el sistema, era una misión crítica para esa pequeña y feliz etiqueta.
Sabía que si se liaba con Blay eso no iba a ocurrir.
Sabía también que un solo polvo y no dejaría nunca al tipo.
No era que los Hermanos no aceptaran a los homosexuales. Demonios, eran fantásticos en eso… Vishous había estado con machos y nadie había parpadeado, ni lo había juzgado o le había importado. Él era simplemente su hermano, V. Y Qhuinn había cruzado la línea de vez en cuando con mierdas y risitas y todos lo sabían y nadie le daba importancia.
A la glymera le importaba, sin embargo.
Y le cabreaba mucho dar todavía importancia a esos hijos de puta. Con su familia muerta y el núcleo de la aristocracia de la raza dispersa por la Costa Este, no era como si fuera a volver a tener jamás ningún tipo de contacto con esos granos-en-el-culo. Pero era un perro demasiado bien adiestrado para poder olvidar que existían.
Simplemente no podía salir del armario.
Irónico. Su exterior era todo tipo duro. ¿Por dentro? Era simplemente un marica.
De repente, quiso dar un puñetazo al espejo, aunque todo lo que podía ver en él era un montón de sombras.
—¿Sire?
En la oscuridad, cerró los ojos con fuerza.
Mierda, había olvidado que Layla todavía estaba en su cama.

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