sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 49 50 51

Capítulo 49

Xhex no estaba segura de cuál era exactamente la granja que estaba buscando,  por lo que se materializó en un área boscosa de la Ruta 149 y uso su nariz para que le indicara qué dirección tomar: el viento venía del norte y cuando captó un leve soplo a talco de bebé, rastreó el aroma, vaporizándose a intervalos de cien metros a través de los descuidados y vacíos campos de maíz que habían sido apaleados por los vientos invernales y la nieve.
El aire primaveral tentaba su nariz y la luz del sol sobre su rostro calentaba cualquier parte de piel que no estuviera expuesta al roce de la brisa. A su alrededor los árboles esqueléticos tenían halos de un verde brillante, sus tímidos brotes eran atraídos fuera de su escondite por la promesa de horas más cálidas.
Un día encantador.
Para una matanza.
Cuando lo único que pudo oler fue el hedor a lessers, desenfundó uno de los cuchillos que Vishous le había dado y supo que estaba tan cerca que podría…
Xhex tomó forma cerca de una hilera de arces y se detuvo en seco.
—Oh… mierda.
La granja blanca no era nada que mereciera ser descrito en las cartas a tu madre, solo una estructura debilitada junto a un campo de maíz, rodeada por un gran círculo de pinos y arbustos. No obstante, al menos tenía un prado.
De otra forma, los cinco coches de policía agolpados cerca de la entrada principal no hubieran tenido espacio suficiente para poder abrir las puertas.
Enmascarándose a la manera de los symphaths, caminó sigilosamente hacia una de las ventanas y miró dentro.
Su sentido de la oportunidad fue perfecto: logró ver a uno de los miembros de lo más selecto de la policía de Caldwell vomitar en un cubo. Aunque no es que no tuviera buenas razones para hacerlo. La casa parecía haber sido bañada en sangre humana. En realidad, podías olvidarte del «parecía». Había sido cubierta con esa mierda, a tal punto que a pesar de que ella estaba al aire libre, podía sentir el gusto a cobre en la parte trasera de la lengua.
Era como la piscina inflable de Michael Myers, el de las películas de Halloween.
Los policías humanos estaban deambulando por la sala y el comedor, escogiendo su camino con cuidado, no sólo porque se tratara de la escena del crimen, sino porque obviamente no querían que esa cosa salpicara sus pantalones.
Sin embargo no había cuerpos. Ni un solo cuerpo.
Al menos, no a la vista.
De todas formas había lessers nacientes en la casa. Dieciséis para ser exactos. Pero ni ella ni los policías podían verlos, aunque por lo que podía percibir, los hombres estaban caminando justo por encima de ellos.
¿Se trataría del enmascaramiento de Lash, otra vez?
¿Qué mierda estaría tramando? ¿Llamar a los Hermanos, anunciar esta mierda… y luego hacer que viniera la policía? ¿U otra persona habría llamado al 911?
Necesitaba tantas respuestas…
Mezclado con el olor a toda la sangre había una especie de residuo negro y uno de los oficiales estaba frunciendo el ceño sobre un retazo de ello, con aspecto de haber encontrado algo asqueroso. Sí… esa cantidad de mierda aceitosa no era suficiente para explicar el fuerte aroma empalagoso que ella había seguido… así que debía asumir que las inducciones habían sido realizadas con éxito y que lo que estaba oculto ya no era humano.
Miró hacia el bosque que había detrás y delante de ella. A todo esto ¿dónde estaría el chico de oro del Omega?
Desplazándose a lo largo de la parte delantera de la casa, vio a un cartero que evidentemente estaba luchando con el PTSD mientras declaraba ante un uniformado.
La Oficina del Servicio Postal de los Estados Unidos al rescate.
Sin duda había sido él quien había pasado el soplo…
Permaneciendo camuflada, se dedicó a observar la escena, contemplando como los policías luchaban contra las arcadas para poder hacer su trabajo y aguardando a que Lash se diera a conocer… o a que algún otro lesser hiciera aparición. Cuando aparecieron los equipos de televisión, cerca de un minuto y medio después, presenció como una rubia casi hermosa hacía el papel de una compasiva Bárbara Walters sobre el césped. En el instante en que la filmación terminó, comenzó a importunar a los policías pidiendo información, hasta que los fastidió lo suficiente como para que la dejaran echar un vistazo a lo que ocurría dentro.
Y eso eliminó de golpe a la periodista seria que podía haber en ella.
Cuando adopto una actitud completamente femenina y se desmayó en los brazos de uno de los uniformados, Xhex puso los ojos en blanco y dio otra vez la vuelta a la casa, hacia la parte trasera.
Mierda. Bien podía ponerse cómoda. Había venido anhelando una pelea, pero como ocurría a menudo en la guerra, debía marcar un compás de espera hasta que apareciera el enemigo.
—Sorpresa.
Se giró tan rápidamente, que casi pierde el equilibrio: lo único que impidió que cayera fue el contrapeso que ejerció la mano de la daga, que estaba alzada, sobre su hombro, lista para usar.
* * *
—Me hubiera gustado que nos ducháramos juntos.
Mientras Blay se ahogaba con el café que había hecho para ambos, Saxton lo sorbía tranquilamente. A tal punto que resultaba bastante evidente que el tipo planeaba y disfrutaba de las reacciones que provocaba.
—Realmente me gusta sorprenderte —dijo el macho.
Bingo. Y naturalmente, esos endemoniados y estúpidos genes de pelirrojo le hacían imposible ocultar sus sonrojos.
Sería más fácil ocultar un sedán en el bolsillo. Así de obvio era.
—Y sabes, el medioambiente es importante. La conservación del agua. Hazte verde… o desnúdate por así decirlo.
Saxton estaba tumbado contra las almohadas de satén de su cama con una bata de seda, mientras Blay estaba extendido a lo largo de la base del colchón, aplastando el edredón suplementario que había sido meticulosamente doblado. La luz de las velas convertía la escena en algo salido de una fantasía, su brillo emborronaba todo tipo de límites y fronteras.
Y quién lo hubiera dicho, Saxton se veía hermoso en medio de la oscura ropa de cama color chocolate, su cabello claro era tan rizado que parecía esculpido a pesar de que no se había puesto espuma ni spray. Con los ojos entrecerrados y el suave pecho parcialmente expuesto, estaba listo y dispuesto… y, dado el aroma que estaba emanando, podía ser lo que Blay necesitaba.
Al menos en su interior. Su exterior no estaba muy a la altura de las circunstancias: su rostro seguía entumecido, los labios hinchados y no debido a un mohín erótico, sino al puñetazo de algún imbécil y se movía con cuidado, como si todavía tuviera unos cuantos moretones en su cuerpo.
Lo cual no estaba nada bien. Sus heridas ya deberían haber sanado, tras haber pasado aproximadamente doce horas desde el ataque. Después de todo, era un aristócrata y tenía un buen linaje de sangre.
—Oh, Blaylock, ¿qué estás haciendo aquí? —Saxton sacudió la cabeza—. Todavía no sé a qué viniste.
—¿Cómo podía dejar de hacerlo?
—Te gusta hacerte el héroe, ¿verdad?
—Pasar el rato con alguien no es un acto heroico.
—No subestimes eso —dijo Saxton malhumorado.
Lo que hizo que Blay quedara perplejo. El tipo se había estado comportando como era habitual en él, sereno y ligeramente sarcástico durante toda la mañana y la tarde… pero había sido atacado. Brutalmente.
—¿Estás bien? —preguntó Blay suavemente—. ¿Realmente bien?
Saxton se quedó mirando fijamente su café.
—A veces me resulta difícil comprender a la humanidad. En serio. No sólo es esa raza, sino también la nuestra.
—Lo siento. Por lo de anoche.
—Bueno, logró atraerte a mi cama, ¿verdad? —Saxton sonrió tanto como pudo, dado que la mitad de su boca estaba desfigurada—. No exactamente por la ruta que había planeado para traerte aquí… pero es hermoso mirarte a la luz de las velas. Tienes el cuerpo de un soldado, pero el rostro de un serio erudito. La combinación es… intoxicante.
Blay terminó lo que tenía en la taza de un solo trago y casi se atraganta. Pero eso quizás se debió no tanto a lo que estaba tomando, como a lo que estaba oyendo.
—¿Quieres que te sirva más café?
—No en este momento, gracias. A propósito, estaba perfecto y ese ha sido un excelente aunque obvio, cambio de tema.
Saxton dejó la taza y el platillo sobre uno de los estantes dorados de la cama se reacomodó con un gemido. Para evitar quedarse mirando fijamente al tipo, Blay dejó su taza sobre el baúl para las sábanas que estaba debajo y dejó que sus ojos vagaran por el lugar. En la planta superior todo era de estilo Victoriano, con pesados muebles de caoba y alfombras orientales de profundos y hermosos colores… lo había visto durante sus excursiones a la cocina. Sin embargo lo discreto, apropiado y circunspecto llegaba hasta la puerta del sótano. Aquí abajo todos los muebles eran definitivamente de alcoba, todo era de estilo francés, las sinuosas mesas con superficies de mármol, las cómodas y los tapetes de encaje. Mucho satén y… dibujos en blanco y negro a lápiz de hermosos machos reclinados de forma muy similar a la pose que había adoptado Saxton.
Sólo que sin la bata.
—¿Te gustan mis bocetos? —preguntó Saxton arrastrando las palabras.
Blay no pudo evitar reírse a carcajadas.
—Menuda frase.
—A veces la uso. No voy a mentirte.
De repente Blay conjuró una imagen del macho desnudo y haciendo el amor sobre esa misma cama, su piel retorciéndose y enroscándose con la de otro macho.
Echando una mirada subrepticia a su reloj, se dio cuenta de que debía permanecer otras siete horas allí y no estaba seguro de si deseaba que pasaran lentamente o en un instante.
Saxton cerró los párpados y lanzó un suspiro que le estremeció todo el cuerpo.
—¿Cuándo fue la última vez que te alimentaste? —preguntó Blay.
Esos párpados pesados se elevaron y asomó un destello de gris brillante.
—¿Te estás ofreciendo voluntario?
—Me refiero de una hembra.
Saxton hizo una mueca mientras se acomodaba sobre las almohadas.
—Un tiempo. Pero estoy bien.
—Tu cara parece un tablero de ajedrez.
—Dices unas cosas de lo más dulces.
—Hablo en serio Saxton. No quieres mostrarme lo que hay bajo esa bata, pero si puedo tomar tu rostro como indicativo, tienes heridas por otras partes.
La única respuesta que obtuvo fue un mmm.
—Ahora quién esta cambiando de tema.
Hubo una larga pausa.
—Saxton, voy a conseguir a alguien para que te alimentes.
—¿Llevas hembras en el bolsillo trasero?
—¿Te molesta si vuelvo a usar tu teléfono?
—Sírvete tú mismo.
Blay se puso de pie y entró en el cuarto de baño, prefiriendo un poco de privacidad porque no tenía idea de cómo iba a salirle la cosa.
—Podías usar el que está aquí —gritó Saxton cuando cerró la puerta.
Blay salió diez minutos más tarde.
—No sabía que eHarmony12 trabajara tan rápido —murmuró Saxton, sin abrir los ojos.
—Tengo contactos.
—Sí, seguro.
—Nos recogerán al caer la noche.
Eso hizo que se elevaran las persianas de esos ojos.
—¿Quién? ¿Y a dónde iremos?
—Vamos a ocuparnos de ti.
Saxton inhaló y exhaló con un jadeo.
—¿Acudiendo al rescate otra vez, Blaylock?
—Llámalo compulsión. —Tras decir eso, fue hacia la chaise longue y se tendió en ella. Cubriéndose las piernas con una exquisita piel, sopló la vela que tenía a su lado y se puso cómodo.
—¿Blaylock?
Dios, esa voz. Sonaba tan profunda y baja en la penumbra.
—Sí.
—Me estás dejando como un mal anfitrión. —Tuvo una leve dificultad para respirar—. Esa chaise no es un buen lugar para que duermas.
—Estaré bien.
Se produjo un silencio.
—No estarías engañándole si te unes a mí en la cama. No estoy en condiciones de aprovecharme de tu virtud y aunque así fuera, te respeto lo suficiente como para no ponerte en una posición incómoda. Además, me vendría bien el calor corporal… parece que no soy capaz de entrar en calor por mí mismo.
Blay deseó un cigarrillo con todas sus fuerzas.
—No estaría engañándole aunque… ocurriera algo entre tú y yo. No hay nada ahí. Somos amigos, sólo amigos.
Y esa era la razón por la que esta situación con Saxton era tan condenadamente rara. Blay estaba acostumbrado a que le dieran con la puerta en las narices, a que lo mantuvieran fuera y separado de lo que deseaba. Saxton, por otra parte, le ofrecía un arco abierto, algo que podía atravesar con facilidad… y la habitación que había al otro lado era magnífica.
Blay se contuvo cerca de un minuto y medio. Luego, sintiendo como si se estuviera moviendo en cámara lenta, hizo la piel blanca a un lado y se levantó.
 Mientras cruzaba la habitación, Saxton le hizo espacio, levantando las sábanas y el edredón.
Blay dudó.
—No muerdo —susurró Saxton—. A menos que me lo pidas.
Blay se deslizó entre todo ese satén… e inmediatamente captó la idea del motivo por el cual las batas de seda eran una buena idea. Suavidad, mucha suavidad.
Algo más descubierto que la desnudez
Saxton se puso de lado para quedar de cara a Blay, pero luego gimió… de dolor.
—Maldita sea.
Cuando el macho se volvió a poner de espaldas, Blay se encontró acompañándolo y poniendo el brazo por encima de la cabeza de Saxton. Cuando el macho la levantó, Blay le puso el bíceps como almohada y Saxton aceptó la comodidad y se recostó allí.
Las velas se extinguieron una a una salvo el votivo que estaba en el baño. 
Saxton tembló y Blay se acercó, solo para terminar frunciendo el ceño.
—Dios, estás helado. —Atrayendo al macho a sus brazos, abrazó a Saxton e infundió calor corporal en su cuerpo con la fuerza de su voluntad.
Yacieron juntos durante mucho tiempo… y Blay se encontró acariciando ese cabello denso, rubio y perfecto. Se sentía bien… suave y esponjoso en las puntas.
Olía a especias.
—Eso se siente divino —murmuró Saxton.
Blay cerró los ojos y respiró profundamente.
—Coincido contigo.






Capítulo 50

—¿Qué demonios hacéis vosotros dos aquí? —siseó Xhex mientras bajaba la daga.
La mirada que le dedicó Trez le ofreció una enorme ración de, bueno, resulta obvio.
—Rehv nos llamó.
Como era característico, iAm permaneció en silencio junto a su hermano; simplemente asintió con la cabeza y cruzó los brazos sobre el pecho, ofreciendo una excelente estampa de un roble que no se movería de su lugar. Y mientras se quedaban ahí mirándola, las Sombras gemelas se escudaban a sí mismas, revelando sus cuerpos y sus voces sólo a ella. Por un momento, lamentó tanta discreción. Era difícil dar un rodillazo en las pelotas a los muy entrometidos cuando estaban en su forma fantasmal.
—¿No hay abrazos? —murmuró Trez, mientras le examinaba el rostro—. Hace una vida que no te vemos.
Respondiéndole en una frecuencia que ni los humanos ni los lessers podrían oír, murmuró:
—No soy del tipo de las que abrazan.
Sin embargo después de maldecir, echó los brazos alrededor de los dos idiotas. Las Sombras destacaban por ser muy reservadas con sus emociones y más difíciles de conmover que los humanos e incluso que los vampiros, pero pudo sentir su dolor por lo que ella había sufrido.
Cuando fue a retirarse, Trez intensificó el abrazo y se estremeció.
—Yo… Jesús bendito, Xhex… pensamos que no volveríamos a verte nunca más…
Ella sacudió la cabeza.
—Basta. Por favor. No existe un buen momento para esto y ciertamente este no es el lugar. Os quiero a ambos, está bien y yo estoy bien. Así que dejémoslo ahí.
Bueno, más o menos bien, siempre y cuando no pensara en John atrapado en esa mansión, sin duda volviéndose loco. Gracias a ella.
Ah, como se repetía la historia.
—Me detendré antes de que nos pongamos morbosos. —Trez sonrió y sus colmillos brillaron muy blancos contra su rostro de ébano—. Simplemente nos alegra que estés bien.
—Era lo estipulado. Si no, no estaría aquí.
—No estoy seguro de eso —dijo Trez, en voz baja mientras él y su hermano miraban por la ventana—. Guau. Alguien se ha divertido ahí dentro.
Sopló una fuerte brisa, trayendo con ella una nueva bocanada de talco para bebé desde una nueva dirección y los tres giraron la cabeza.
Por el camino de tierra que pasaba frente a la casa, avanzaba un coche que no tenía nada que hacer cerca de los campos de maíz. La cosa era del estilo A todo Gas, un Honda Civic que había pasado por el cirujano plástico de los coches y le habían hecho una remodelación estilo playboy: tenía alerones traseros, un faldón delantero que dejaba un espacio de solo siete centímetros y medio separándolo del suelo y un trabajo de pintura que incluía el gris, el rosa y un amarillo que hacia que te ardieran las pupilas, era como una chica provinciana que se hubiera dedicado a la pornografía.
Y quién lo hubiera dicho... la expresión del lesser que estaba detrás del volante no estaba a tono con el cacharro que estaba conduciendo. A menos que alguien acabara de mear en su tanque de gasolina.
—Apostaría mi calibre cuarenta a que ese es el nuevo Fore-lesser —dijo Xhex—. Lash de ninguna forma hubiera permitido que uno de sus segundos tuviera ese tipo de ruedas. Pasé cuatro semanas con ese cabrón y todo giraba siempre en torno a él.
—Un cambio de plana mayor—asintió Trez—. Pasa mucho entre ellos.
—Debéis seguir a ese coche —dijo ella—. Rápido, id tras su rastro…
—No podemos dejarte. Órdenes del jefe.
—¿Me estás jodiendo? —Xhex pasó la vista desde el Civic a la escena del crimen y luego nuevamente hacia los alerones que partían—. ¡Id! Tenemos que seguirlo…
—No. A menos que quieras hacerlo tú… entonces iremos contigo, ¿verdad iAm?
Cuando la otra sombra hizo un gesto afirmativo, Xhex sintió ganas de darle un puñetazo al revestimiento de aluminio sobre el cual había estado apoyada.
—Esto es jodidamente ridículo.
—Difícilmente. Estás esperando a que aparezca Lash y sé que no es para conversar con él. Así que de ninguna forma vamos a separarnos de ti… y ni te molestes en lanzarme la mierda esa de tú-no-eres-mi-dueño. Padezco de sordera selectiva.
De hecho iAm dejo oír su voz.
—Realmente la padece.
Xhex clavó la vista en la matrícula del ridículo Honda, con un Oh-me-cago-en-la-puta mental… pero por otra parte, si las dos Sombras no estuvieran allí, ella hubiera permanecido en el lugar; habría tomado nota de la matrícula y se hubiera quedado justo donde estaba. Siempre podían rastrearla después.
 —Haz algo útil —dijo bruscamente—. Dame tu móvil.
—¿Vas a pedir pizza? Tengo hambre. —Trez le arrojó su BlackBerry—. Quiero mucha carne en la mía. Mi hermano prefiere el queso.
Xhex buscó a Rehv entre los contactos y lo llamó porque era la forma más rápida de llegar a los Hermanos. Cuando saltó el correo de voz, dejó las especificaciones y la matrícula del coche y solicitó que Vishous lo rastreara.
Luego cortó la comunicación y le tiró el móvil de vuelta a Trez.
—¿Entonces no llamaste a Domino’s? —masculló él—. Hacen pedidos a domicilio, ¿lo sabías?
Tragándose una maldición, frunció el ceño y recordó que V le había dado un teléfono. Mierda… no estaba tan atenta como debería estarlo en una situación como esta…
—Y otro departamento se ha enterado… —dijo iAm.
Sus ojos se dispararon hacia la carretera en el momento en que un coche policial sin identificación se detenía frente a la casa. El detective de homicidios que se bajó era alguien a quien ella conocía. José de la Cruz.
Al menos los humanos habían enviado a un buen hombre. Pero por otra parte, quizás ese tipo de competencia no eran las mejores noticias. Cuanto menos se involucrara la otra raza en una situación como esta mejor y de la Cruz tenía los instintos y la tenacidad de un sabueso.
Joder… iba a ser un día laaaargo y jodido. Un día muy, muy largo y jodido.
Mientras observaba a los humanos circular por el lugar, perdiendo el tiempo sin llegar a ninguna parte y sentía el peso colectivo de sus guardaespaldas presionando en su cabeza, comenzó a mover la mano derecha, formando con los dedos las curvas y rectas de lo que John le había enseñado.
A…
B…
C…
* * *
Lash se despertó con el sonido de gemidos. Y no de los de satisfacción. Estar tendido boca abajo sobre un colchón desnudo en esa choza horrible fue otra decepción. El tercer golpe fue el hecho de que cuando finalmente se levantó, su cuerpo dejó una mancha negra tras de sí.
Como una especie de sombra arrojada sobre el suelo, un reflejo de lo que realmente era. Me cago en la puta. Era como ese nazi, al que se le derretía la cara, al final de En busca del Arca perdida… el que en los extras del DVD decía que el efecto especial se había logrado mezclando gelatina con aire caliente.
No es que fuera exactamente el tipo de papel por el que quisiera destacar en la vida real.
Mientras caminaba hacia la cocina, sentía como si estuviera arrastrando un refrigerador y ¿qué les parece? A Plástica-Fantástica no le iba mucho mejor, estaba tirada en el suelo junto a la puerta trasera. La había drenado lo suficiente como para incapacitarla, pero no lo suficiente como para enviarla de regreso al Omega.
Mala suerte para ella. Estar siempre al borde de la muerte, sintiendo todo ese dolor, la sensación de asfixia y aún así ser consciente de que nunca iba a alcanzar la inmensa paz que había al otro lado de todo eso. Era suficiente como para que quisieras suicidarte. Y aquí venía la señal para que la audiencia riera.
Por otro lado… ella no tenía idea de que no iría a ninguna parte. De que iba a permanecer eternamente en esa situación de impás. Como si Probablemente fuera mejor guardarse esa información… sería su buena obra del día.
Cuando pudo dirigirle un patético gemido pidiéndole ayuda, él le pasó por encima y fue a revisar cómo estaba el tema de la comida. Para ahorrar dinero, se había vuelto a comprar una McPorquería como cena cuando venía de camino a casa. La mierda estaba solo un escalón por encima de la comida para perros y eso cuando estaba tibia y recién salida del horno.
El deterioro no había mejorado la mitad que no había sido capaz de comer la noche anterior, pero de todas formas se comió las sobras. Frías. De pie junto a la bolsa arrugada que había sobre la parte alta de la encimera.
—¿Quieres un poco? —le preguntó a la mujer—. ¿Sí? ¿No?
Todo lo que pudo hacer ella fue suplicar con los ojos inyectados en sangre y la boca abierta y babeando. O… tal vez no estuviera suplicando. Parecía estar horrorizada… lo que sugería que fuera cual fuera la condición en que se encontraba, la apariencia de él era lo suficientemente alarmante y horrorosa como para hacerle olvidar su agonía por un momento.
—Como sea, perra. Tu aspecto tampoco esta obrando maravillas en mi apetito.
Dándose la vuelta, estudió el día soleado a través de la ventana y realmente sintió un montón de ganas de mandarlo-todo-a-la-mierda.
Joder, no había querido irse de esa granja, pero estaba tan exhausto que era candidato a la narcolepsia… y de ninguna forma iba a arriesgarse a echarse un siesta con tantos enemigos a su alrededor. Era un caso de retirada para poder volver a luchar mañana o visitar el país de los sueños y despertar mordiendo el cañón de un arma. O algo peor.
Pero al menos el sol todavía brillaba en el cielo sin nubes, lo que para él eran buenas noticias… le daba el tiempo que necesitaba. Fuera como fuera, la Hermandad no iba a aparecer hasta que no estuviera lo suficientemente oscuro y qué clase de anfitrión sería si no estaba allí esperándoles.
El jodido cabrón lameculos del Omega podía haber empezado la fiesta, pero sería Lash quien la terminaría.
Sin embargo necesitaba más municiones y no para su hierro.
Tras coger su impermeable y ponerse el sombrero, se colocó los guantes y volvió a pasar por encima de la puta. Cuando estaba abriendo el cerrojo de la puerta, la mano marchita de ella aleteó sobre su zapato y sus dedos ensangrentados arañaron el cuero.
Él bajó la vista. Ya no podía hablar, pero sus ojos inyectados en rojo e hinchados lo decían todo: Ayúdame. Me estoy muriendo. No puedo matarme a mí misma… hazlo por mí.
Aparentemente había superado su repulsión hacia él. O tal vez el hecho de que se hubiera cubierto ayudaba.
Normalmente, la habría dejado como estaba, pero no podía deshacerse del recuerdo de cuando se había arrancado su propia cara. Estaba funcionando bajo la presunción de que no iba a terminar como una pesadilla en perpetua descomposición, pero ¿y si ese era su destino? ¿Y si seguía derritiéndose hasta que ya no pudiera soportar su esqueleto y terminara en la misma condición que se encontraba ella… nada aparte de sufrimiento por toda la eternidad?
Lash se sacó un cuchillo de la parte baja de la espalda y cuando se le acercó con él en la mano, ella no se encogió. En vez de ello, rodó sobre sí misma, ofreciendo la carne fresca de su pecho.
Una puñalada fue todo lo que se precisó y su miseria inmediata terminó: con un brillante destello de luz, desapareció en el aire, dejando nada más que un círculo chamuscado en la alfombra apelmazada.
Lash se giró para irse…
No llegó a salir por la puerta. Su cuerpo rebotó hacia atrás y quedó estampado contra la pared opuesta, mientras veía luces relampagueando frente a sus ojos y una ola de poder lo atravesaba.
Le llevó un momento entender qué coño le había pasado… y luego lo vio claro: lo que le había dado a la prostituta había vuelto a casa con él.
O sea que es así como funciona, pensó mientras respiraba hondo y se sentía menos como la muerte sobre patines.
Lo que era acuchillado con acero regresaba al remitente, por decirlo así.
Bueno, regresaba siempre y cuando el arma secreta de la Hermandad no llegara allí primero. Butch O’Neal era el talón de Aquiles del Omega, capaz de evitar esa reunión absorbiendo la esencia del mal que animaba al asesino desde su interior.
Habiendo experimentado esta afluencia, Lash podía entender ahora la amenaza que representaba O’Neal. Si no recuperabas tus LEGOS, al final no podrías construir mucho de nada… o lo que era peor, tu cajón de juguetes se quedaba vacío… ¿Y entonces qué? ¿Desaparecías?
Si, evitar a ese bastardo de Butch era importante. Buen dato.
Entrando al garaje, Lash dejó la choza en su Mercedes y tomó rumbo no hacia el campo, sino hacia los rascacielos del centro.
Como acababan de pasar las once de la mañana, había trajes y corbatas por todos lados, la tropa de zapatos acordonados se detenía en las intersecciones, aguardando la señal de avanzar y luego cruzaba las calles justo frente a las parrillas de los coches. Todos estos humanos eran jodidamente presuntuosos, con sus barbillas en alto y los ojos siempre al frente como si no existiera nada aparte de la reunión, almuerzo o diligencia perdida-de-tiempo a la que se estuvieran apresurando a llegar.
Deseaba pisar el acelerador y convertirlos en torpes bolos de bolera, pero ya tenía suficiente de que preocuparse y mejores cosas que hacer con su tiempo. ¿Su destino? La calle Trade, centro de la actividad de los bares y clubes nocturnos. Que a diferencia del distrito comercial, estaría vacía a esta hora del día.
Mientras cortaba hacia el río, se hizo evidente que la ciudad tenía dos partes bien distintas que representaban el ying y el yang en cuanto a multitudes y a apariencias. A la luz del día, los altos edificios financieros con sus ventanas de cristal enmarcadas en acero brillaban y destellaban. Sin embargo en la tierra de los callejones oscuros y los carteles de neón, la mierda tenía el aspecto de una vieja puta bien usada: sucia, andrajosa y triste.
¿En lo que se refería a la gente? En la primera se amontonaban los productivos y resueltos. Y en la última a esta hora tenías suerte si podías reunir más de un par de vagos.
Que era precisamente con lo que él estaba contando.
En su camino hacia los puentes gemelos de Caldwell, pasó junto a un solar vacío que estaba rodeado por una cadena y tuvo que aminorar un poco la velocidad. Cristo… allí era donde había estado el ZeroSum antes de quedar reducido a una pila de escombros. Y el cartel de la inmobiliaria que estaba en el frente tenía pegado un adhesivo que decía Venta Pendiente.
Era un ejemplo de cómo funcionaban las cosas. La indecencia, como la naturaleza, detestaba el vacío… así que si el nuevo club que se fuera a construir en el lugar tenía un final a lo MacGyver, similar al que había tenido Rehv, otro tomaría su lugar igual de rápido.
Parecido a la situación con su padre. Lash había sido reemplazado en un instante, por algo salido de su propio callejón trasero, por así decirlo.
Te hacía sentir jodidamente prescindible. De verdad.
Debajo de los puentes, no le llevo mucho tiempo encontrar lo que estaba buscando, aunque habría deseado no tener que llegar a usarlo. Su deambular por debajo de los pasos elevados hizo salir rápidamente a los humanos harapientos que dormían en cajas de cartón o coches incendiados y pensó que eran muy similares a perros vagabundos: atraídos por la esperanza de encontrar sustento, desconfiados por experiencia y plagados de enfermedades.
También se podía establecer un paralelismo con la sarna.
Él no era melindroso y ellos tampoco. Muy pronto tuvo una hembra en el asiento del pasajero, lanzando ooohs y aaahs no debido al cuero del AMG sino a la bolsita de plástico con coca que le había dado. Mientras sacaba un poco con el dedo meñique y la aspiraba, él la condujo hasta una cueva oscura formada por la enorme base de hormigón del puente siguiente.
Una esnifada fue todo lo que obtuvo la mujer.
Se lanzó sobre ella en un instante y ya fuera por la necesidad que sentía o la debilidad física de ella, fue capaz de dominarla completamente mientras bebía.
Su sangre tenía sabor a agua sucia de después de lavar los platos.
Cuando hubo terminado, salió del coche, lo rodeó y la sacó tirando del cuello de su ropa. En un principio había estado pálida; ahora estaba del mismo color gris que el hormigón.
Pronto estaría muerta, si no lo estaba ya.
Hizo una pausa y examinó su rostro, midiendo las gruesas arrugas de su piel y los capilares reventados que le habían proporcionado un rubor insalubre. Una vez había sido una recién nacida. Hacía unos años había sido nueva en el mundo.
El tiempo y la experiencia ciertamente la habían golpeado y ahora iba a morir como un animal, sola y sobre la tierra.
Después de dejarla caer, extendió la mano para cerrarle los párpados…
Jesús… bendito.
Al levantar la mano, pudo ver el río a través de ella.
Ya no había piel podrida, sino una sombra negra… con la forma de lo que solía usar para escribir, golpear y conducir.
Remangándose el impermeable, vio que su muñeca todavía era corpórea. Una oleada de poder le energizó, la pérdida de piel ya no era algo por lo que lamentarse, sino una fuente de regocijo.
De tal padre… tal hijo.
No iba a terminar como esa puta a la que acababa de apuñalar de regreso a él. Iba en camino hacia el territorio del Omega… no estaba pudriéndose… estaba transformándose.
Lash comenzó a reír, los grandes movimientos del vientre que expresaban su satisfacción, se filtraron en su pecho, hicieron ebullición en su garganta y saltaron de su boca. Cayó de rodillas junto a la mujer muerta y dejó que el alivio…
Con una súbita agitación, saltó a un lado y vomitó la sangre corrupta que había ingerido. Cuando se detuvo, se limpió la barbilla con la mano y observó como el satén rojo cubría el borroso contorno de lo que una vez había sido carne. No tenía tiempo de ponerse a admirar su flamante nueva forma.
 Los violentos vómitos lo oprimieron de tal forma que quedó enceguecido por las estrellas que explotaban ante su vista.

Capítulo 51

Sentada en sus aposentos privados, Payne miraba fijamente el paisaje del Otro Lado. El ondulado césped verde, los tulipanes y las madreselvas llegaban solo hasta cierto punto antes de verse interrumpidos por un cerco de árboles que rodeaba el prado. Sobre todo ello el arco del cielo lechoso se extendía desde la mullida copa de un árbol a otra, como la tapa de un baúl de ropa.
Por experiencia personal, sabía que si caminabas hasta el borde del bosque y penetrabas sus sombras terminabas emergiendo… exactamente en el mismo lugar por el que habías entrado.
No había forma de salir, a menos que tuvieras el permiso de la Virgen Escriba. Solo ella guardaba la llave del invisible cerrojo y no iba a permitir que Payne se fuera… ni siquiera a la casa que el Primale tenía al Otro Lado, como se les permitía a las demás.
Lo que probaba que esa hembra sabía muy bien a quién había dado a luz. Era bien consciente de que una vez que Payne quedara libre, jamás volvería. Payne se lo había dicho… gritando de tal forma que le zumbaron sus propios tímpanos.
En retrospectiva, su explosión había sido una victoria para la honestidad, pero no la mejor de las estrategias. Hubiera sido mejor guardárselo para sí misma y tal vez le hubieran permitido cruzar al Otro Lado... y permanecer allí. Después de todo, no era como si su madre pudiera forzarla a volver a la tierra de las estatuas vivientes.
Bueno, al menos teóricamente.
Con ese estado de ánimo, se puso a pensar en Layla, que acababa de regresar de haber visto a su macho. La hermana estaba radiante con un tipo de felicidad y satisfacción que Payne nunca había sentido.
Justificaba relativamente su ambición por salir de allí, ¿verdad? Aunque lo que la esperara al Otro Lado no fuera nada parecido a lo que ella recordaba de su pequeña porción de libertad, podría tomar decisiones por su cuenta.
En verdad, era extraño maldecir el hecho de haber nacido, sin tener una vida que vivir. A menos que matara a su madre, estaba atrapada aquí y por más que odiara a la hembra, no iba a seguir ese camino. Por una parte no estaba segura de si ganaría semejante conflicto. Por otra… ya había matado a su padre. El matricidio no era una experiencia que le ofreciera ningún tipo de fascinación novedosa o particular.
Oh, el pasado, el doloroso y miserable pasado. Que espantoso tener que estar atrapada aquí con un futuro infinito y servil mientras soportaba la carga de un historial que era demasiado horroroso como para pensar en él. La suspensión animada había sido un regalo amable comparado con esta tortura… al menos cuando estaba congelada, su mente no podía deambular y enredarse con cosas que deseaba que nunca hubieran ocurrido y cosas que nunca llegaría a hacer…
—¿Querrías unas viandas?
Payne miró por encima de su hombro. No’One estaba en la arcada que daba a la habitación, inclinada en una reverencia con una bandeja en las manos.
—Oh, sí, por favor. —Payne se deshizo de sus decadentes reflexiones—. ¿Te gustaría comer conmigo?
—Te lo agradezco de corazón, pero te serviré y me iré. —La criada dejó las provisiones junto a Payne, sobre el asiento de la ventana—. Cuando tú y el rey prosigáis con vuestro conflicto físico, regresaré a recoger…
—¿Puedo preguntarte algo?
No’One volvió a hacer una reverencia.
—Por supuesto. ¿Cómo puedo servirte de ayuda?
—¿Por qué nunca has ido al Otro Lado? ¿Como las demás?
Hubo un largo silencio… y luego la hembra cojeó hasta el jergón donde dormía Payne. Con manos temblorosas, No’One arregló meticulosamente la ropa de cama poniéndola en orden.
—No tengo un interés particular en ese mundo —dijo desde debajo de su atavío—. Aquí estoy a salvo. Allí… no lo estaría.
—El Primale es un Hermano de brazo firme y muy hábil con la daga. Ningún mal te sobrevendría estando bajo su cuidado.
El sonido que salió flotando de debajo de la capucha fue evasivo.
—Allí las circunstancias pueden encontrar la forma de darse la vuelta convirtiéndose en caos y disputas. Las decisiones más simples tienen ramificaciones que pueden ser devastadoras. Aquí, todo está en orden.
Payne pensó que hablaba como una superviviente del ataque del que había sido objeto ese santuario unos setenta y cinco años antes. En aquella espantosa víspera, machos del Otro Lado se habían infiltrado a través de la barrera y con ellos habían traído la violencia que frecuentemente se daba en su mundo. 
Muchos habían muerto o habían resultado heridos… incluyendo al Primale de aquel entonces.
Payne volvió a mirar el horizonte estático y hermoso… y de pronto comprendió la forma de pensar de la hembra, aunque no se sentía inclinada a compartirla.
—Es precisamente el orden que reina aquí lo que me mortifica. Lo que busco es evitar este tipo de falsedad.
—¿No puedes irte a voluntad?
—No.
—Eso no está bien.
La mirada de Payne voló hacia la hembra… que ahora estaba volviendo a doblar las túnicas modificadas de Payne.
—Nunca esperé que dijeras algo contra la Virgen Escriba.
—Amo a la querida madre de nuestra raza… por favor no me malinterpretes. Pero ser encarcelada, aún en medio del lujo, no está bien. Yo decido quedarme aquí y siempre lo haré… sin embargo tú tendrías que ser libre de poder irte.
—Me doy cuenta de que te envidio.
No’One pareció encogerse bajo la túnica.
—Nunca debes hacer eso.
—Es verdad.
En el silencio que siguió, Payne recordó la conversación que había tenido con Layla junto al espejo de agua. El mismo intercambio, diferentes giros: en aquel momento, Layla había sido la que envidiara la falta de deseo de Payne cuado se trataba de sexo y machos. Aquí, era el conformismo de No’One ante la inercia lo que se valoraba.
Y seguimos dando vueltas en círculo, pensó Payne.
Volviendo la cabeza hacia el «panorama», contempló el césped con recelo. Cada hoja estaba perfectamente formada y tenía precisamente la altura adecuada, de tal forma que la extensión no parecía un prado sino una alfombra. Y el resultado no se conseguía segándolo, por supuesto. Igual que los tulipanes permanecían en sus lechos eternamente florecidos sobre sus delgados tallos y los azafranes estaban perpetuamente desplegados y las rosas siempre estaban llenas de pétalos, además tampoco había insectos ni malas hierbas ni enfermedades.
Ni crecimiento.
Era irónico que todo pareciera estar bien cultivado y sin embargo no fuera atendido por nadie. Después de todo, quién necesitaba un jardinero cuando tenías un dios capaz de gestionarlo todo hasta alcanzar su mejor nivel… y mantenerlo así.
En cierta forma, eso hacía que No’One fuera un milagro, ¿verdad? Que se le hubiera permitido sobrevivir a su nacimiento aquí dentro, que se le permitiera respirar el no-aire, aún cuando no fuera perfecta.
—No deseo esto —dijo Payne—. De veras que no.
Cuando no recibió respuesta, miró por encima del hombro… y frunció el ceño. La hembra se había marchado como había llegado, sin emitir sonido ni hacer alboroto, tras haber mejorado lo que la rodeaba con su cuidadoso toque.
Cuando un grito comenzó a formarse en su interior, Payne supo que tenía que obtener la libertad. O se volvería loca.
* * *
En la zona de granjas de Caldwell, a Xhex finalmente se le presentó la oportunidad de entrar en la casa cuando la policía se retiró a las cinco de la tarde. Cuando el grupo de uniformes azules salió, tenían aspecto de necesitar, no sólo una noche libre, sino una semana de vacaciones… por otra parte pasar horas vadeando a través de sangre coagulada podía hacerle eso a un tipo. Cerraron todo, sellaron la puerta delantera y la trasera y se aseguraron de rodear el terreno con un cerco de la cinta amarilla que se utiliza para aislar las escenas de los crímenes. Luego se subieron a sus coches y se marcharon.
—Entremos ahí —les dijo a las Sombras.
Desmaterializándose, tomó forma sonoramente en medio de la sala, con Trez e iAm justo a su lado. Sin necesidad de hablar, se abrieron en abanico y caminando entre el desorden, buscaron cosas que los humanos no sabían que debían buscar.
Después de veinte minutos entre lo pegajoso y viscoso del primer piso y la nada excepto polvo del segundo, seguían con las manos vacías.
Maldito fuera el infierno, podía percibir los cuerpos y las rejillas emocionales marcadas por el sufrimiento, pero eran como reflejos en el agua… y simplemente no podía llegar a los cuerpos que arrojaban las imágenes ondulantes.
—¿Rehv ha dado señales de vida? —preguntó levantando una de sus botas para medir hasta que altura de la suela había llegado la sangre. Hasta el cuero. Genial.
Trez sacudió la cabeza.
—No. Pero puedo volver a llamarlo.
—No te molestes. Debe estar noqueado. —Mierda, esperaba que hubiera recibido el mensaje y ya hubiera iniciado la caza de esa matrícula.
De pie en el vestíbulo delantero, miró hacia el comedor y luego enfocó la vista en la mesa llena de agujeros que evidentemente había sido utilizada como tabla de picar.
El compañerito del Omega, el del coche a lo Vin Diesel, iba a tener que regresar en busca de los nuevos reclutas. Pues si permanecían ocultos de esa forma no iban a resultar muy útiles, asumiendo que el encierro funcionara como el de Lash con ella, no podrían salir de ese plano paralelo al cual habían sido relegados hasta que fueran liberados.
¿A menos que el hechizo pudiera ser levantado a distancia?
—Debemos quedarnos un rato más —dijo—. Y ver quién más hace acto de presencia.
Ella y las Sombras se reunieron en la cocina, por la cual comenzaron a pasearse dejando huellas ensangrentadas sobre el linóleo ajado… huellas que sin duda iban a joder las mentes equilibradas y formales de todos esos policías.
NESP.
No. Era. Su. Problema.
Consultó el reloj de la pared. Contó los barriles vacíos, las botellas de alcohol y las latas de cerveza. Observó las colillas de los porros y el residuo parecido al talco de las líneas de coca.
Volvió a consultar el reloj.
En la parte trasera, el sol parecía haber dejado de descender, como si su disco dorado temiera ser atravesado por las ramas de los árboles.
Atascada en su persecución, no tenía nada en que pensar salvo en John. En ese momento él debía estar subiéndose por las malditas paredes, todo eso en un estado mental que difícilmente fuera el ideal para alguien que tenía que enfrentar a un enemigo: iba a estar cabreado con ella, distraído, acelerado por razones equivocadas. No era como si pudiera llamarlo y conversar. Él no podía responderle. Y lo que tenía que decirle no era el tipo de cosa que quisieras poner en un mensaje de texto.
—¿Qué sucede? —preguntó Trez, cuando ella empezó a inquietarse.
—Nada. Sólo que estoy lista para luchar y no tengo blanco.
—Y una mierda.
—Yyyyy podemos dejar la conversación justo aquí, muchas gracias.
Diez minutos después volvía a mirar el reloj de la pared. Oh, por todos los diablos, no podía soportarlo.
—Voy con la Hermandad y vuelvo en media hora —dijo bruscamente—. Quedaos aquí, ¿queréis? Llamadme al móvil si aparece alguien.
Mientras les daba el número, su audiencia se hizo a sí misma un favor y no formuló ninguna pregunta… pero en definitiva las Sombras se parecían a los symphaths en que tendían a saber en qué andaba metida la gente.
—Entendido —dijo Trez—. Te llamaremos en cuanto pase algo.
Desmaterializándose, tomó forma frente a la mansión de la Hermandad y cruzó la gravilla hacia los escalones del tamaño de los de una basílica. Tras entrar en el zaguán, puso el rostro frente a la cámara de seguridad.
Un momento después Fritz abrió la puerta e hizo una profunda reverencia.
—Bienvenida a casa, señora.
Las palabras «a casa» la sacudieron.
—Ah… gracias. —Miró en derredor, a las habitaciones vacías que daban al vestíbulo—. Iré directamente arriba.
—He preparado la misma habitación que utilizó con anterioridad.
—Gracias.
Pero no iba a ir allí.
Atraída por el tirón de la sangre de John, subió la escalera principal trotando y fue hacia su guarida.
Golpeó y aguardó y cuando no hubo respuesta abrió una rendija hacia la oscuridad del otro lado y oyó el agua de la ducha al correr. Al otro lado de la habitación, a la altura de la alfombra, se veía una franja de luz sesgada, indicando que habían cerrado la puerta del baño.
Cruzando la alfombra oriental, se despojó de la chaqueta de cuero y la dejó sobre el respaldo de una silla. Al llegar a la puerta del baño, volvió a llamar. Sin titubear. Ruidosamente.
La puerta se abrió por sí sola, osciló libremente y reveló aire húmedo y el tenue brillo de las luces empotradas que había sobre el jacuzzi.
John estaba de frente a ella tras la puerta de cristal, el agua se precipitaba hacia abajo por su pecho, la tableta de chocolate de sus abdominales y sus muslos. En el momento en que sus ojos se encontraron, su pene despertó en una enorme erección, pero él no se movió y no pareció contento de verla.
De hecho, su labio superior se curvó y emitió un gruñido y eso no fue lo peor. Su estado emocional estaba completamente cerrado para ella. La estaba bloqueando y ni siquiera estaba segura de si era consciente de que lo estaba haciendo: no podía recoger ni una gota de nada de lo que antes siempre había percibido tan claramente
Xhex levantó la mano derecha y deletreó torpemente: He vuelto.
A él se le crispó una ceja. Luego gesticuló mucho más fácil y rápidamente: Con datos para Wrath y los Hermanos, cierto. ¿Te sientes una heroína? Felicidades.
Cerró el agua, salió y se inclinó para recoger una toalla. No se cubrió, sino que comenzó a secarse y era difícil ignorar como su pene subía y bajaba con cada movimiento e inclinación.
Nunca pensó que llegaría a maldecir su visión periférica.
—No he hablado con nadie —dijo.
Esto provocó que hiciera una pausa con la toalla extendida a través de su espalda, un brazo formando un ángulo hacia arriba y el otro hacia abajo. Naturalmente, esa pose hacia resaltar sus pectorales y el relieve de los músculos que corrían por encima de los huesos de sus caderas.
Soltó la toalla y se la colgó del hombro. Dejando que flotara libremente, gesticuló: ¿Por qué viniste aquí?
—Quería verte.
El dolor que evidenció su voz hizo que deseara haber hablado con el LSA.
¿Por qué?
—Estaba preocupada…
¿Querías ver cómo lo estoy llevando? ¿Querías saber como me sentía después de pasar las últimas siete horas preguntándome si estarías muerta o…?
—John…
Él se arrancó la toalla de un tirón y la hizo chasquear en el aire para silenciarla.
¿Querías saber como procesaba la idea de que estuvieras muerta, luchando sola o aún peor, de vuelta dónde habías estado? ¿Tu lado symphath necesitaba distracción para divertirse un poquito?
—Dios no…
¿Estás segura de eso? No estas usando los cilicios. Tal vez al venir aquí estás alimentando esa ansia…
Xhex se giró bruscamente para dirigirse a la puerta, sus emociones eran demasiado fuertes para poder dominarlas, la culpa y la tristeza la ahogaban.
John le agarró el brazo y terminaron contra la pared, el cuerpo de él sujetando el de ella mientras gesticulaba de cerca entre sus rostros.
Demonios no, no se te permite huir. Después de lo que me has hecho pasar, no puedes irte con viento fresco solo porque no puedas lidiar con la jodida reacción que has provocado. Yo no pude huir hoy. Tuve que quedarme enjaulado aquí y bien puedes devolverme el favor. Ella quería desviar la mirada pero entonces no podría ver lo que le estaba diciendo con las manos. ¿Quieres saber cómo estoy? Jodidamente resuelto, así estoy. Tú y yo hemos doblado una esquina esta noche. ¿Dices que tienes derecho de ir en busca de Lash? Yo también.
En el vestuario, en la ducha, pensó ella. La traición de la cual no sabía los detalles, pero que había percibido tenía mucho que ver con lo que le había ocurrido a John cuando era joven y estaba solo e indefenso.
Este es el trato y no es negociable. Trabajaremos juntos para encontrarlo, atraparlo y matarlo. Trabajaremos como un equipo, lo que significa que donde vaya uno irá el otro. Y al final, el que lo derribe se lleva los honores. Así estamos.
Xhex exhaló con alivio, sabiendo instantáneamente que esa era la solución adecuada. No le había gustado cómo se había sentido estando en la granja sin él. Le había parecido incorrecto.
—Es un trato —le dijo.
Su rostro no registro sorpresa ni satisfacción… lo que le indicó que debía tener un plan excelente por si ella decía que no.
Salvo que luego entendió el motivo por el que estaba tan tranquilo.
Cuando todo termine, seguiremos caminos separados. Habremos terminado.
La sangre abandonó su cabeza y de repente, sintió las manos y los pies entumecidos. Lo cual era una estupidez. Lo que le estaba proponiendo era el mejor de los arreglos y la mejor manera en que podían terminar las cosas: dos guerreros trabajando juntos y una vez hubieran logrado su cometido, no había razón para que hubiera ninguna atadura entre ellos.
De hecho, eso era precisamente lo que había previsto para su futuro en cuanto escapó de su pesadilla con Lash. Matarlo bien muerto. Luego terminar con su propia y fracasada vida.
El problema era… que los planes que una vez habían estado tan claros ahora no lo estaban tanto, el camino que había trazado en su mente en el momento en que se había visto libre se había oscurecido por cosas que no tenían nada que ver con lo que había en su cráneo y todo con el macho que estaba desnudo contra a ella.
—Está bien —dijo con voz ronca—. Está bien.
Eso si causó una reacción en él. Su cuerpo se relajó contra el de ella y plantó las manos en la pared a cada lado de su cabeza. Cuando sus ojos se encontraron, el cuerpo de ella se alborotó con una explosión de calor.
Joder, cuando se trataba de John Matthew la desesperación era para ella lo que la gasolina a un fósforo… y a juzgar por la forma en que él hacía girar las cadera sutilmente contra ella, John sentía lo mismo.
Xhex subió la mano y se le aferró a un lado del cuello. No fue suave cuando tiró de él hacia su boca, él tampoco lo fue y sus labios se aplastaron entre sí, sus lenguas no se unieron, lucharon. Cuando de repente oyó un desgarro, se dio cuenta de que él había agarrado ambos lados de su camiseta sin mangas y había rasgado la parte delantera por la mitad.
Sus senos cayeron contra el pecho desnudo, sus pezones le rozaron la piel y su vagina se humedeció por él. Al diablo con la desesperación; el ansia de tenerlo dentro iba más allá de eso, llegaba a sentir que el vacío sin él se convertía en agonía.
Sus pantalones de cuero estaban en el suelo medio segundo después.
Luego con un rápido salto, se lanzó sobre él y puso los muslos alrededor de su cintura. Extendiendo la mano hacia abajo, lo colocó contra su sexo y apretó los talones contra el culo de él, haciendo de la penetración un hecho. Cuando su erección se hundió profundamente, lo tomó entero y el impulso resbaladizo fue suficiente para provocarle un turbulento orgasmo.
Mientras se remontaba en medio de su liberación, los colmillos salieron disparados dentro de su boca y John interrumpió el beso para inclinar la cabeza a un lado y ofrecerle la vena.
El mordisco fue dulce. La fuerza que obtuvo de él, meteórica.
 Con profundas succiones, bebió mientras el cuerpo de él se clavaba dentro de ella, lanzándola por el precipicio una vez más, enviándola en un loco descenso que de alguna forma no tendría un duro aterrizaje… y él la siguió, dando ese glorioso salto sin paracaídas, sus orgasmos haciéndole temblar dentro de ella.
Hubo sólo una muy breve pausa… luego John comenzó a bombear otra vez… No, estaba llevándola hacia la habitación a oscuras, a la cama y el movimiento de sus muslos al caminar lo impulsaba dentro de ella, para luego retirarlo y volverlo a introducir.
Recordó cada una de las sensaciones, las almacenó profundamente en su mente, haciendo que el momento fuera infinito y eterno en virtud del poder de la memoria. Y mientras se acomodaba encima de ella, le dio lo que él le había dado: ofreciéndole la vena, se aseguraba de que fueran el equipo más poderoso posible.
Compañeros.
Sólo que no del tipo permanente.

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