sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 52 53 54

Capítulo 52

Cuando el cuerpo de John se acopló con el de Xhex, su mente retrocedió brevemente al momento en el cuarto de baño cuando había estado esperando que accediera al acuerdo propuesto.
Desde luego, había sonado a que le estaba leyendo la cartilla, pero la verdad era que no tenía ninguna ventaja estratégica: ella iba a estar de acuerdo o no y si no lo hacía, no tenía nada con que sujetarla. ¿Resultado? No había absolutamente ninguna amenaza para la retractación, nada proactivo, ningún si-haces-esto-entonces-ocurre-aquello que pudiera intentar en esta situación.
Y había caído en la cuenta mientras estaba en el sofá de la sala de billar, fingiendo ver la TV con Tohr. Todo el día entero, había estado oyendo la voz de Rehvenge en su mente, una y otra vez.
Su final de partida no incluye a nadie salvo a sí misma.
John no era tonto y no estaba preparado para dejar que su vinculación con ella volviera a paralizarlo. Tenían un trabajo que hacer y tenían más oportunidades de lograr hacerlo si trabajaban juntos. Después de todo, no iban tras un lesser ordinario.
Además, la historia de ambos estaba escrita en el lenguaje de la colisión; siempre estaban chocando uno contra otro y rebotando… solo para encontrarse nuevamente atraídos hacia otro impacto. Ella era su pyrocant y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo. Pero seguro como la mierda que podía cortar la cuerda elástica que lo estaba torturando.
Joder, ojalá el tatuaje no fuera permanente. Aunque por otra parte, al menos estaba en su espalda y no tenia que mirar la condenada cosa.
Como sea. Iban a atrapar a Lash y luego tomarían caminos separados. ¿Y entre este momento y aquel? Bueno…
John dejó que sus pensamientos se alejaran flotando mientras se volvía a concentrar en la agitación del sexo y el tremendo sabor que tenía en la boca mientras se alimentaba. Confusamente, volvió a notar el aroma a vinculación elevándose de su propia piel, pero ignoró esa realidad. No iba a permitir que su mente se confundiera debido a esas especias oscuras. Ni un minuto más.
Era bien cierto que los machos vinculados quedaban lisiados cuando no tenían a sus hembras… y una parte enorme de él siempre sería de ella. Pero iba a continuar viviendo, maldita sea. Era un superviviente.
Mientras se movía dentro del firme apretón de Xhex, su pene era una sólida vara de poder y pronto lo golpeó otra liberación, atravesándolo para entrar en ella. Rompiendo el contacto con su vena, lamió las incisiones con la lengua y luego se aferró a uno de sus pechos. Cambiando de posición la pierna, le abrió aún más los muslos y rodó sobre su espalda de forma que ella quedaba encima.
Xhex se hizo cargo a partir de allí, apoyando las manos en sus hombros, balanceó las caderas a la altura de la base de su espina dorsal, su tenso estómago se enroscaba y aflojaba mientras lo cabalgaba. Con una silenciosa maldición, él le aferró los muslos y apretó, pudiendo sentir como se movían los músculos bajo sus manos, pero no se detuvo allí. Subió las manos aún más arriba, hasta la articulación donde las piernas se encontraban con el torso y ese erótico pliegue le atrajo hacia el lugar donde estaban unidos.
Deslizó el pulgar dentro del corazón carnal de ella, encontró la cúspide de su sexo y comenzó a frotar en círculos…
A la tenue luz que provenía del cuarto de baño, la observó arquear la espalda y apuntalar los colmillos sobre el labio inferior en un esfuerzo por impedirse lanzar un grito. Quería decirle que se permitiera gritar, pero no tuvo tiempo de apiadarse de su discreción… se corrió con fuerza, apretando los párpados se estremeció bajo ella. 
Mientras recuperaba el aliento, sintió que ella hacía una pausa para respirar profundamente… y luego cambiaba de posición.
Cuando abrió los ojos, casi tuvo otro orgasmo. Ella se había puesto de espaldas a él, de tal forma que quedaba inclinada sobre sus piernas y para equilibrar su peso se apoyaba sobre las espinillas de él. Con los pies de ella a cada lado de su torso, disfrutaba de una vista increíble… y eso antes de que comenzara a moverse. La visión de sí mismo emergiendo grueso y brillante de entre sus pliegues, su pene al descubierto justo hasta la cresta de la cabeza, lo lanzó a otra liberación.
Ella no se detuvo.
Él no quería que lo hiciera.
John necesitaba observar sus sexos más de cerca, ver la punta de sus pechos y el empuje de su barbilla y la suave fortaleza de su cuerpo mientras lo poseía profunda y firmemente. Deseaba permanecer capturado en ella… para siempre.
Pero justamente ese era su problema con ella, un problema que iba a terminar aquí y ahora.
Llegaron al clímax juntos, él con sus manos cerrándose sobre los esbeltos tobillos y ella abriendo la boca para dejar escapar el nombre de él de su garganta.
Después, lo único que quedó fueron respiraciones agitadas y aire que parecía frío.
Con un ágil movimiento ella los despegó, balanceando una pierna por encima de su cabeza y aterrizando silenciosamente en el suelo junto a la cama.
Cuando miró por encima de su hombro, su espina dorsal se curvó en una elegante curva.
—¿Puedo utilizar tu ducha?
Cuando él asintió, ella avanzó con zancadas largas y seguras… y a pesar de todo el sexo que acababan de tener, John sintió la apremiante necesidad de tomarla por detrás.
 Un momento después, sintió el sonido del agua que corría… y luego el eco de su voz.
—La policía humana encontró el escenario.
Eso logró que John saliera de la cama ansioso por más información. Cuando entró en el cuarto de baño, ella se giró bajo la ducha y se arqueó hacia atrás para enjuagarse el champú del cabello.
 —El lugar estaba atestado de policías, pero los nuevos iniciados están ocultos del mismo modo en que lo estaba yo… todo lo que esos humanos vieron fue suficiente sangre como para pintar la casa de rojo. No había señales de Lash, pero pasó un coche de carreras callejeras con algo que olía a fresas falsas detrás del volante. Llamé a Rehv y le di la matrícula para que se la pasara a Vishous y haré el informe para Wrath ahora mismo.
Cuando lo miró, él gesticuló: Volveremos en cuanto caiga la noche.
—Sí. Lo haremos.
* * *
Qhuinn despertó solo, ya que había mandado a Layla de regreso al Otro Lado tras haber avanzado un poquito más en el asunto. Había tenido intención de decirle que partiera enseguida, pero el abrazo de despedida había llevado a otras cosas…
Sin embargo ella todavía seguía siendo virgen.
Ya no estaba intacta, pero definitivamente seguía siendo virgen… parecía que había dos personas en este mundo con las cuales no podía practicar el sexo. Si seguía con esta tendencia iba a terminar siendo célibe.
Cuando se incorporó, le latió la cabeza, prueba irrefutable de que el Herradura era un digno oponente.
Frotándose el rostro, pensó en como besaba la Elegida. La había enseñado a hacerlo correctamente, como succionar y acariciar, como abrirle camino a la lengua de alguien, como penetrar una boca cuando quisiera hacerlo. La hembra aprendía rápido. Y sin embargo no había sido difícil evitar que las cosas se salieran de control.
Lo que había matado el impulso de cerrar el trato era la forma en que ella lo miraba. Cuando había comenzado a recorrer la carretera a lo Lewis-y-Clark13 con la mierda de la sex-ploración, lo había hecho asumiendo que lo que ella estaba buscando era un curso práctico, tras todo el entrenamiento teórico que había tenido. Pero por parte de ella, rápidamente se había convertido en más que eso. Sus ojos comenzaron a llenarse de estrellas, como si él fuera la llave de la puerta que la mantenía encerrada en sí misma, como si solo él tuviera el poder de hacer saltar el cerrojo para liberarla.
Como si él fuera su futuro.
Bastante irónico porque, en teoría, ella era su hembra ideal. Bien podría haber resuelto permanentemente su problema de emparejamiento.
 Excepto que su corazón no estaba por la labor.
Así que, de ningún modo iba a hacerse responsable de sus esperanzas y sueños. Y no había posibilidad de que fueran a llegar hasta el final. Ella ya se sentía seducida por las fantasías que tenía con él… si en verdad le hacía el amor, sólo iba a empeorar las cosas: cuando no tenías experiencia, ese tipo de intimidad física podía confundirse fácilmente con algo más profundo y más significativo. Demonios, ese tipo de ilusiones podían darse incluso entre dos personas que sí tenían experiencia.
Como aquella chica del salón de tatuajes, por ejemplo, dándole su número. Él no tenía interés en llamarla ni antes, ni durante, ni después. Ni siquiera podía recordar su nombre… y la ausencia de información no le molestaba en lo más mínimo. Cualquier mujer dispuesta a follar con un tipo al que no conocía en un lugar público con otros tres machos a su alrededor no era alguien con quien necesitara tener una relación.
¿Era cruel? Sí. ¿Utilizaba un doble criterio? Ni de casualidad. Tampoco sentía ningún respeto por sí mismo, así que no era como si contemplara su propio nivel indigno e indecente con menor repugnancia.  
Y además, Layla no tenía idea de lo que él había estado haciendo con humanos desde su transición… todo el sexo en los baños, callejones y esquinas oscuras de los clubs, esa sucia matemática que evidenciaba el hecho de que supiera exactamente qué hacer con su cuerpo.
Con cualquier cuerpo. Macho o hembra.
Mierda. Eso le hizo pensar en cómo habría pasado el día Blay. Qhuinn manoseó su móvil y lo abrió. Abrió el mensaje de texto que Blay le había enviado desde el número desconocido y lo leyó y lo releyó y lo volvió a releer.
Tenía que provenir del teléfono de Saxton.
Probablemente hubiera sido escrito en la cama del tipo.
Qhuinn tiró su BlackBerry sobre la mesa y se puso en pie. En el cuarto de baño, mantuvo las luces apagadas porque no estaba para naaaaada interesado en ver el aspecto que tenía con los vaqueros y la camisa con los que había dormido.
Un ardiente desaliño. Sin duda.
Mientras se estaba lavando el rostro, un zumbido sutil se elevó a su alrededor, las persianas se estaban levantando. Con agua goteando de la barbilla y una lata de Barbasol en la mano, miró hacia fuera, a la nueva noche. A la luz de la luna, los brotes de los abedules de tronco plateado que había junto a la ventana habían aflorado aún más, indicando que el día había sido caluroso.
Ignoró completamente cualquier paralelismo con el hecho de que Blay hubiera despertado a su propia sexualidad.
Con el propio primo de Qhuinn.
Disgustado consigo mismo, pasó del afeitado y salió a zancadas de su habitación. Aceleró el paso al dirigirse hacia la cocina, yendo lo más rápido que se atrevía, dado que la presión barométrica dentro de su cráneo comenzaba a hacer que le preocupara la salud y longevidad de sus nervios ópticos.
Abajo, en el feudo de Fritz, se hizo una taza de café mientras los doggen corrían a su alrededor preparando la Primera Comida. Menos mal que ya estaban muy ocupados. A veces, cuando te sentías como una mierda por dentro y por fuera, querías manejar la Krups tú mismo.
El orgullo era importante en momentos como ese.
Vaya por Dios, su primer tropezón, olvidó añadir los granos, así que todo lo que obtuvo fue una linda, y humeante taza de agua limpia.
Una vez más, con sentimiento.
Estaba saliendo del comedor con un termo de campamento lleno del milagroso líquido marrón oscuro y un frasco de aspirinas cuando Fritz abrió la puerta del vestíbulo.
La pareja que pasó junto al buen doggen, le garantizaba a Qhuinn grandes cantidades de Bayer en su futuro inmediato: Blay y Saxton entraron a la casa del brazo.
 Durante medio segundo, estuvo a punto de gruñir, cuando su sentido de la propiedad le hizo desear pasar con su Hummer entre ellos y aparcarlo allí… hasta que se dio cuenta de que el abrazo era evidentemente por motivos médicos. Saxton no parecía muy estable sobre sus pies y estaba claro que su rostro había sido utilizado como saco de arena.
Ahora Qhuinn gruñó por lo bajo por un motivo distinto.
—¿Quién coño te hizo eso?
No podía haber sido la propia familia del tipo. A los padres de Saxton les parecía bien qué y quién era.
—Dime —exigió. Y cuando esa pregunta fuera respondida, la parejita podía seguir con cómo demonios pensó Blay que podía traer a un extraño no sólo a la sede de la Hermandad, sino además al hogar de la Primera Familia.
Oh, pero la número tres: ¿Qué tal estuvo?, iba a quedarse justo donde estaba. Es decir atragantada en su garganta.
Saxton sonrió. Más o menos. Su labio superior no funcionaba del todo bien.
—Solo unas basuras humanas. No nos pongamos emotivos ¿te parece?
—A la mierda con eso. ¿Y qué demonios estás haciendo aquí con él? —Qhuinn miró fijamente a Blay intentando no examinar el rostro del tipo en busca de la inflamación producida por el roce de otra barba—. No puede venir a esta casa. No puedes traerlo…
Desde arriba, la voz de Wrath lo interrumpió, el tono profundo de barítono del rey llenó el vestíbulo.
—Blay no bromeada acerca de ti, ¿verdad? Realmente estas un poco, cuarteado ¿no es cierto, hijo?
Saxton jadeó al hacer una reverencia.
—Discúlpeme, Su Majestad, por no ofrecer un aspecto más agradable. Es usted muy amable al recibirme aquí.
—Te comportaste bien conmigo en un momento importante. Estoy devolviendo el favor. Siempre lo hago. Habiendo dicho esto, si comprometes la felicidad de mi hogar de alguna forma, te cortaré las pelotas y te las daré a comer.
Adoro a Wrath, pensó Qhuinn.
Saxton hizo otra reverencia.
—Entendido.
 Wrath no miró escaleras abajo, sus gafas envolventes permanecieron en línea recta de modo que parecía estar mirando los frescos del techo elevado. Y a pesar de su ceguera, no se le escapaba nada.
—Por lo que percibo, Qhuinn tiene café, así que eso ayudará y Fritz ha preparado una habitación para ti. ¿Quieres algo de comer antes de alimentarte?
¿Alimentarse? ¿Alimentarse?
A Qhuinn no le gustaba estar fuera de onda, aunque se tratara de una mierda menor como lo que se iba a servir en la cena. ¿Saxton, la mansión, Blay y la vena de alguien? Sí, no saber qué ocurría con todo ese tipo de cosas hacía que le hormiguearan los comillos. Saxton hizo otra reverencia.
—En verdad es un anfitrión muy amable.
—Fritz, dale algo de comer al macho. La Elegida debería llegar muy pronto.
¿La vena de una Elegida?
¿Cristo, qué había hecho exactamente Saxton por el rey? ¿El culo de quién había salvado?
—Y te verá nuestro médico. —Wrath sostuvo la mano en alto—. No. Huelo el dolor que estás sintiendo… es como una combinación de petróleo y pimientos crudos en mis senos nasales. Ahora ponte en marcha. Cuídate y hablaremos más tarde.
En tanto Wrath y George giraron sobre sus talones arriba en la galería, Qhuinn se acopló a la estela de la hospitalidad de Fritz, caminando detrás del mayordomo mientras el tipo encabezaba una lenta ascensión de la escalera principal. En lo alto, el anciano doggen hizo una pausa en favor de la cojera de Saxton, sacando su pañuelo para lustrar los adornos tallados en el bronce.
Sin nada que hacer salvo esperar también, Qhuinn abrió el frasco de aspirinas y sacó un puñado, reparando, a través de las puertas abiertas del estudio del rey, en que John y Xhex estaban hablando con V y Wrath y que los cuatro estaban de pie junto a un mapa extendido sobre el escritorio.
—Esta mansión es espectacular —dijo Saxton mientras se detenía para recuperar el aliento. Al apoyarse en la fuerza de Blay, encajaba justo debajo del brazo del tipo… a la jodida perfección.
El miserable bastardo.
—Mi amo, Darius, la construyó. —Los ancianos y llorosos ojos de Fritz vagaron por el lugar antes de enfocarlos en el manzano representado en las baldosas del mosaico de abajo—. Siempre quiso que la Hermandad viviera aquí… construyó el edificio para que sirviera a ese propósito. Estaría muy complacido.
—Entonces continuemos —dijo Saxton—. Estoy ansioso por ver más.
Recorrieron el pasillo de las estatuas. Pasaron frente a la habitación de Tohr. Frente a la de Qhuinn y a la de John Matthew. Frente a la de Blay… hasta la puerta contigua.
¿Por qué no más abajo? pensó Qhuinn. ¿Como en el sótano?
—Le traeré una bandeja con viandas variadas. —Fritz entró y volvió a comprobar que todo estuviera en orden—. Marque asterisco uno si necesita algo antes de que yo regrese o en cualquier otro momento.
Haciendo una reverencia, el mayordomo se retiró, dejando un montón de incomodidad detrás de sí. La cual no se calmó en lo más mínimo cuando Blay llevó a Saxton hacia la cama y ayudo al macho a ponerse en posición horizontal.
El HDP vestía un magnífico traje gris. Con chaleco. Lo que hacía que Qhuinn con sus ropas-utilizadas-como-saco-de-dormir se sintiera como si fuera vestido con lo mejor Hefty14. Irguiéndose un poco más, para al menos sacar una clara ventaja a Saxton en el frente vertical, dijo:
—Fueron esos tipos del bar de puros. Esos jodidos cabrones. ¿Verdad?
Cuando Blay se puso rígido, Saxton río un poco.
—¿Así que nuestro mutuo amigo Blaylock te habló de nuestra cita? Me preguntaba que estaría haciendo con mi teléfono en el baño.
Ja, ja que gracioso. Había sido la deducción y no una llamada diurna la que le había llevado a esa conclusión. Demonios, lo único que había obtenido era un único mensaje de texto del tipo. Uno miserable y cortito que no ofrecía mucho más que un hola-que-tal…
Santa. Mierda. ¿Realmente estaba quejándose por un mensaje telefónico? ¿Realmente estaba cloqueando de esa forma?
Um… sin llegar al extremo de usar bragas debajo de los vaqueros, suponía que era lo más cerca que podía estar de tener pluma.
Volviendo al juego dijo bruscamente:
—¿Fueron ellos?
Cuando Blay no respondió, Saxton suspiró:
—Sí, me temo que sintieron la necesidad de expresarse… bueno, el bestia que encabezaba al grupo la sintió. —Los párpados del macho se entornaron y miró a Blay—. Y como puedes ver yo soy un amante, no un luchador.
Blay se apresuró a llenar el silencio que tras esa pequeña bomba.
—Selena llegará pronto. Te gustará.
Gracias a Dios que no era Layla, pensó Qhuinn sin ninguna razón aparente…
El silencio que siguió tenía la consistencia del alquitrán y el aroma de una conciencia culpable.
—Puedo hablar contigo —le dijo abruptamente Qhuinn a Blay—. Afuera, en el pasillo.
No era una petición.
Cuando Fritz llegó con la bandeja, Qhuinn salió de la habitación y aguardó en el pasillo, frente a una de las fornidas estatuas. Que le hizo pensar en el aspecto que tenía Blay desnudo.
Haciendo crujir la tapa del termo, tomó un sorbo de café, que le quemó la garganta pero igual siguió bebiendo.
Después de que Fritz se fuera, Blay emergió y cerró la puerta.
—¿Qué pasa?
—No me puedo creer que lo hayas traído aquí.
Blay retrocedió frunciendo el ceño.
—Has visto su cara. ¿Cómo podía no hacerlo? Está herido, no está sanando bien y necesita alimentarse. Y Phury nunca permitiría que una de sus Elegidas apareciera sin más en algún otro lugar del mundo. Esta es la única forma segura de hacerlo.
—¿Por qué no le buscaste simplemente a otra persona? No tiene que ser una Elegida.
—¿Disculpa? —Su ceño se profundizó aún más—. Es tu primo, Qhuinn.
—Soy bien consciente de la relación. —Y de cuán mezquino sonaba—. Es sólo que no entiendo porqué mueves todas estas influencias por el tipo.
Mentira. Lo sabía perfectamente bien.
Blay le dio la espalda.
—Ahora voy a volver dentro…
—¿Es tu amante?
Eso hizo que el macho se detuviera en seco… lo dejó congelado como si fuera una de las estatuas griegas, su mano se detuvo a medio camino hacia el picaporte.
Blay miró por encima de su hombro, con una expresión implacable.
—Eso no es asunto tuyo.
Al no haber ningún sonrojo a la vista, Qhuinn exhaló lentamente, aliviado.
—No lo es, ¿verdad? No has estado con él.
—Déjame en paz, Qhuinn. Solo… déjame en paz.
Cuando la puerta se cerró detrás del tipo, Qhuinn maldijo en voz baja y se preguntó si alguna vez podría hacerlo.
No en un futuro cercano, le dijo una voz en su mente. Tal vez, nunca.

Capítulo 53

Lash se despertó con el rostro sobre la tierra y alguien revisándole los bolsillos. Cuando intentó darse vuelta, algo duro se apretó contra la parte trasera de su cráneo y lo mantuvo en el lugar.
La palma de una mano. Una palma humana...
—¡Coge las llaves del coche! —siseó alguien a su izquierda.
Eran dos. Un par de humanos y ambos olían a humo de crack y sudor rancio.
Cuando la mano que le registraba se dirigió hacia su otro costado, Lash pescó la muñeca del tipo y con un giro y un salto, intercambió lugares con el bastardo salteador.
Cuando el tipo quedó boqueando por la sorpresa, Lash desnudó los colmillos efectuó un barrido desde arriba para atrapar la piel rubicunda de la mejilla y se la arrancó del hueso. Escupió enseguida y luego le desgarró la garganta de lado a lado al chupapollas.
Gritos. Muchos gritos por parte del tipo que había dado la orden de coger las llaves... que rápidamente quedaron extinguidos cuando Lash sacó su cuchillo y lo arrojó a la espalda del señor Grand Theft Auto15 a la fuga, acertándole al cabrón justo en medio de los omoplatos. Cuando el hijo de puta cayó sobre la tierra, Lash formó un puño y le dio un puñetazo en la sien al hombre que había estado montado sobre él.
Ahora, con la amenaza neutralizada, Lash volvió a tambalearse, su cuerpo cayó a un lado mientras consideraba brevemente lanzarse a otra ronda de vómitos. No era bueno hallarse en estas condiciones... especialmente dado que el humano al que le había clavado el cuchillo cuando huía comenzó a gruñir y a arañar la tierra como si estuviera decidido a escapar.
Lash se obligó a levantarse y arrastrar los pies hasta allí. De pie sobre el adicto al crack aseguró uno sobre  el culo del tipo y le arrancó el cuchillo de la espalda de un tirón. Luego pateó a su blanco y levantó el brazo...
Estaba a punto de clavárselo en el pecho cuando se dio cuenta de que el bastardo tenía una constitución fuerte, su esqueleto estaba cubierto de músculos. A juzgar por sus ojos enloquecidos, era evidente que le daba a la pipa, pero era lo bastante joven para que la destrucción que ocasionaba la adicción aún no le hubiera consumido su masa muscular.
Bueno, ¿acaso no era esta la noche de suerte del HDP? Gracias a un gemido y un buen cuerpo, acababa de ascender de cadáver a rata de laboratorio.
En vez de apuñalarlo en el corazón, Lash cortó las muñecas del humano y perforó su yugular. Cuando la sangre roja se derramó sobre la tierra y el hombre comenzó con los gemidos, Lash miró hacia el coche y le pareció que estaba a cien kilómetros de distancia.
Necesitaba energía. Necesitaba...
Bingo.
Mientras esas venas se drenaban, Lash se arrastró hasta el Mercedes, abrió el maletero y levantó la alfombrilla. El panel que cubría el lugar donde normalmente iría la rueda de repuesto salió con facilidad.
Hola, arriba, arriba, arriba.
Se suponía que el kilo de cocaína había sido cortada y vuelta a empaquetar para su distribución en la calle hacía días, pero luego el mundo había explotado en mil pedazos y se había quedado en el mismo lugar donde el señor D la había escondido.
Limpiando el cuchillo en los pantalones, Lash pinchó una esquina del bloque envuelto en celofán y hundió la punta de la hoja. Esnifó la mierda desde la misma hoja de acero inoxidable, usando primero la inexistente fosa nasal derecha y luego la izquierda. Por las dudas, hizo otra ronda.
Yyyyy... otra más.
Mientras se estremecía con inhalaciones dedicadas a mantener la mierda dentro, el ímpetu que tronó a través de su cuerpo le salvó el culo, levantándolo para que pudiera seguir aún después de su rutina de vómitos y desmayo. Por qué tenía estos problemas era un misterio... quizás la sangre de esa rata vagabunda estaba contaminada o tal vez no era sólo el cuerpo de Lash sino su química interna lo que estaba cambiando. De cualquier forma, iba a necesitar de este poder que tenía en el maletero hasta que se estabilizara.
Además, la mierda funcionaba. Se sentía genial.
Luego de volver a esconder su botín, regresó con el drogadicto. El frío no ayudaba al proceso de drenaje y esperar aquí mientras el cabrón se desangraba no era la más brillante de las ideas, sin importar cuán convenientemente ocultos estuvieran debajo del puente. En alas a su considerable subidón, se dirigió a zancadas hacia el tipo muerto, al que había dado el tratamiento a lo Hannibal Lecter; rasgó la chaqueta mugrienta del hombre y cortó en tiras del tamaño de vendas la camiseta interior que tenía debajo.
A la mierda con su padre.
A la mierda con “el Mierdecilla”.
Iba a formar su propio ejército. Comenzando por ese bulldog adicto.
No le llevó mucho vendar las heridas rezumantes del humano y luego lo levantó y lo tiró en el maletero del coche con todo el cuidado que un conductor de taxi emplearía con maletas ordinarias.
Al salir con el coche de debajo del puente, sus ojos comenzaron a saltar a su alrededor. Pero mierda... todos los coches que veía, desde los que había en las carreteras exteriores hasta el tráfico que pasaba zumbando por las autopistas, eran coches de incógnito de la Policía de Caldwell. Estaba seguro. Eran policías. Humanos con placas que miraban dentro de su coche. La policía, el DPC, la policía, el DPC...
Mientras se dirigía hacia el rancho, pilló todos y cada uno de los semáforos en rojo de Caldwell y cuando se veía obligado a frenar, mantenía la vista fija adelante, rezando para que toda esa policía que tenía detrás y frente a él no percibiera que tenía a un hombre moribundo y gran cantidad de drogas en el coche.
Requeriría demasiado esfuerzo hacer frente al hecho de ser arrestado Además, hablando de aguafiestas. Finalmente se sentía más como él mismo, sentía cada latido de su corazón tamborileando a través de sus venas, las pezuñas herradas de toda esa cocaína pisaban fuerte en su cerebro, produciendo una cacofonía de inspiración creativa...
Espera. ¿En qué había estado pensando?
Ahu, bueno, ¿qué importaba? Ideas a medias volaban por su mente, planes que se formaban y se desintegraban, brillantes todos y cada uno de ellos.
Benloise, tenía que llegar a Benloise y reestablecer la conexión. Hacer más lessers que fueran suyos. Encontrar al “Mierdecilla” y apuñalarlo para que se reuniera con el Omega.
Joder a su padre como lo había jodido a él.
Follarse a Xhex otra vez.
Regresar a la granja y luchar contra los Hermanos.
Dinero, dinero, dinero... necesitaba dinero.
Mientras pasaba frente a uno de los parques de Caldwell, levantó el pie del acelerador. Al principio, no estaba seguro de si realmente estaba viendo lo que pensaba... o si su mente llena de cocaína estaba deformando la realidad.
Pero no...
Lo que estaba ocurriendo en las sombras junto a la fuente presentaba la oportunidad que había planeado de montar su propio negocio. O infiltrarse de ser necesario.
Aparcando el Mercedes en uno de los espacios con parquímetro, apagó el motor y sacó el cuchillo. Mientras rodeaba el capó del AMG, era vagamente consciente de no estar pensando con claridad, pero mientras cabalgaba sobre el torrente de cocaína, le pareció que todo iba bien.
* * *
John Matthew tomó forma en un grupo de pinos y arbustos junto con Xhex, Qhuinn, Butch, V y Rhage. Más adelante, la granja andrajosa cercada por la cinta amarilla para delinear la escena del crimen parecía algo sacado de Ley y Orden.
Aunque si fuera cierto, sin Smell-o-Vision16, no podría obtener una imagen fiel ni siquiera con un gran trabajo de cámara. A pesar de los acres de aire fresco que había a su alrededor, el aroma a sangre era lo suficientemente fuerte para hacerte carraspear.
Para cubrir apropiadamente la información chivada por Lash, la Hermandad se había dividido a la mitad, los demás estaban vigilando la dirección vinculada a la matrícula del Civic tuneado. Trez e iAm acababan de marcharse para ocuparse de sus propios asuntos de la noche, pero estaban listos para volver si recibían un mensaje. Y por lo que habían dicho las Sombras, no había nada especial que informar desde que Xhex los había dejado, salvo por el hecho de que el Detective de la Cruz había regresado, pasado allí una hora y había vuelto a irse.
John examinó la escena que tenía frente a sí, concentrándose en las sombras más que en lo que iluminaba la luna. Luego cerró los ojos y dejó que sus instintos emanaran de él, dando rienda suelta a ese sensor invisible que tenía en medio del pecho.
En momentos como éste, no sabía por qué hacía lo que hacía; simplemente le acometía ese impulso y la convicción de que ya había hecho eso antes… con buenos resultados… era fuerte e innegable.
Sí... podía sentir que algo iba mal... había fantasmas allí dentro. Y la certeza le recordó lo que había sentido cuando había estado en aquel terrible dormitorio donde Xhex había estado tan cerca y tan lejos a la vez. También a ella la había percibido, pero había estado bloqueado para hacer la conexión.
—Los cuerpos están allí dentro —dijo Xhex—. Sólo que no podemos verlos ni llegar a ellos. Pero creedme... están dentro.
—Bueno, entonces no nos quedemos jodiendo por aquí —dijo V, desmaterializándose. Rhage lo siguió, esfumándose hacia la granja mientras Butch emprendía un acercamiento más trabajoso, avanzando a toda prisa a través del desaliñado prado, con el arma en la mano y pegada a su muslo. Miró por las ventanas hasta que V lo dejó entrar por la parte de atrás.
—¿Vas a entrar? —preguntó Xhex.
John hizo señas cuidadosamente para que pudiera leer sus manos. Tú ya informaste de lo que hay dentro. Estoy más interesado en quién va a hacer acto de presencia ante la puerta principal.
—De acuerdo.
Uno a uno los Hermanos regresaron.
V habló en voz baja.
—Asumiendo que Lash no esté sólo alardeando de sus esfuerzos de inducción y asumiendo que Xhex tenga razón...
—Ahí no hay que asumir nada —rezongó ella—. La tengo.
—... entonces quienquiera que haya convertido a los pobres bastardos tiene que regresar.
—Gracias, Sherlock.
V la miró furioso.
—¿Quieres llamar a retirada  esa actitud, cielo?
John se irguió, pensando que por mucho que quisiera al Hermano, no apreciaba en absoluto ese tono.
Xhex evidentemente estaba de acuerdo.
—Llámame cielo una vez más y será la última palabra que digas...
—No me amenaces, cie...
Butch se colocó detrás de V y le puso la palma de la mano sobre la bocaza mientras que John ponía la mano sobre el brazo de Xhex, recomendándole que se calmara mientras miraba furioso en dirección a Vishous.
Nunca había entendido la enemistad entre ese par, a pesar de que existía desde que tenía memoria...
Frunció el ceño. Como resultado del estallido, Butch se quedó mirando el suelo. Xhex con la vista enfocada en un árbol por encima del hombro de V. V gruñendo y mirándose fijamente las uñas.
Algo va mal aquí, pensó John.
Oh... Jesús...
No había razones para que a V le disgustara Xhex... de hecho, era precisamente el tipo de hembra a la que habitualmente respetaba. A menos, por supuesto, que hubiera acertado a estar con Butch...
V era conocido por ser posesivo con su mejor amigo ante todo el mundo a excepción de la shellan del tipo.
John detuvo su extrapolación justo allí; si había algo que no necesitaba era saber más. Butch estaba cien por ciento comprometido con su Marissa, así que cualquier cosa que hubiera ocurrido con Xhex... había sido hacía una eternidad. Probablemente antes de que John la hubiera conocido siquiera... o tal vez cuando era sólo un pretrans.
El pasado era el pasado.
Además no debería...
Cualquier pensamiento adicional sobre la situación fue misericordiosamente desbaratado cuando un coche pasó frente a la granja. Instantáneamente, la atención de todo el mundo se fijó en un coche preparado como si fuera el disfraz que una niña de doce años podría haber deseado encontrar en su armario. En, digamos, 1985.
Gris, amarillo limón y rosa oscuro. ¿De verdad? ¿De verdad creerías que eso molaba? Joder... asumiendo que detrás del volante hubiera un asesino, John acababa de encontrar otra razón para matar al hijo de puta de  Flock of Seagulls17.
—Ese es el Civic tuneado —susurró Xhex—. El mismo.
De repente se produjo un cambio sutil en el escenario, como si desde lo alto hubiera sido bajada una pantalla para colocarla en su lugar. Afortunadamente, la agudeza visual sufrió sólo hasta que lo que los escudaba fue restablecido; luego todo volvió a aclararse otra vez.
—He disparado mhis —dijo V—. Y qué jodido idiota. Ese coche es demasiado llamativo para esta parte de la ciudad.
—¿Coche? —bufó Rhage—. Por favor. Esa cosa es una maquina de coser con un faldón delantero pegado. Mi GTO podría hacer tragar polvo al cabrón en cuarta marcha habiendo pasado directamente desde punto muerto.
Cuando oyó un sonido raro detrás de él, John miró hacia allí. Al igual que los tres Hermanos.
—¿Qué? —Xhex se erizó y cruzó los brazos sobre el pecho—. Puedo reírme, ¿sabéis? Y eso fue... puñeteramente gracioso.
Rhage estaba radiante.
—Sabía que me caías bien.
La maquina de coser pasó frente a la casa y luego regresó... sólo para dar la vuelta y pasar una tercera vez.
—De veras, me estoy aburriendo mucho de esto. —Rhage cambiaba de posición de un pie al otro, sus ojos destellando con un color azul neón... lo que significaba que a la bestia le estaba dando un ataque de bostezos y también se estaba poniendo nerviosa. Lo cual nunca era bueno—. Por qué no voy, adorno su capó y agarro al hijo de puta de la cara y lo saco a través del parabrisas.
—Mejor aguardar y tender la trampa —murmuró Xhex en el momento exacto en que John pensaba lo mismo.
El tipo de detrás del volante podía ser daltónico en lo que se refería a pintura para coche, pero no era un imbécil total. Siguió conduciendo y unos cinco minutos más tarde, justo cuando Rhage estaba a punto de desarrollar una doble personalidad de lo inquieto que estaba, el asesino que había estado dando vueltas con el coche se acercó caminando a través del sembradío trasero.
—El tipo es un hurón —masculló Rhage—. Un hurón pequeño y huidizo.
Muy cierto, pero el hurón llevaba con él un par de refuerzos, que debido a su tamaño no le hubieran cabido en el coche. Evidentemente, se habían encontrado en otra parte y dejado el otro coche.
Y eran ingeniosos a la hora de acercarse. Se tomaron su tiempo, examinando el prado, la casa y el bosque. Pero gracias a V, cuando vieron el grupo de árboles entre los cuales estaba su enemigo, sus ojos no pudieron registrar nada más aparte del paisaje: el mhis de Vishous era una ilusión óptica que empañaba efectivamente la tormenta de mierda hacia la que se dirigía el enemigo.
Cuando el trío fue hacia la parte trasera de la casa sus botas produjeron un sonido crujiente sobre el césped congelado y rígido. Un momento después, se oyó el ruido de algo que se rompía… cristales rotos.
Sin motivo aparente, John gesticuló, voy a acercarme.
—Espera...
La voz de V no refrenó a John en lo más mínimo y tampoco lo hicieron las maldiciones que dejó tras de sí al desmaterializarse hacia uno de los costados de la casa.
Y de esa forma fue el primero en ver los cuerpos cuando se volvieron visibles.
En el instante en que el hurón trepó a través de una de las ventanas de la cocina, la casa tembló y...
Hola, Matanza de Texas.
Extendidos en la sala, el pasillo y el comedor había unos veinte tipos en línea con las cabezas mirando hacia la parte trasera de la casa y los pies hacia el frente. Muñecos. Grotescos muñecos desnudos con vómito negro sobre sus rostros y brazos y piernas que lentamente comenzaban a darse la vuelta.
John sintió cómo Xhex y los demás tomaban forma justo detrás de él junto a la ventana, en el mismo momento en que el hurón aparecía a la vista.
—¡De primera! —gritó el chico mientras miraba a su alrededor—. ¡!
Su risa triunfante y nerviosa bordeaba la histeria... lo que podría haber resultado perturbador, salvo por el hecho de que estaba rodeado de sangre, tripas y morbo. ¿De esa forma? El cacareo entusiasta provocaba un bostezo... pues constituía un horrible cliché. Pero bueno, también lo era el coche del bastardo. ¿Vería mucho a Vin Diesel?
—Ahora sois mi ejército —gritó a los tipos ensangrentados del suelo—. ¡Vamos a reinar en Caldwell! ¡Levantad el culo, es hora de trabajar! Juntos somos...
—No puedo esperar a matar a ese mierdecilla —masculló Rhage—. Aunque sólo sea para que se calle.
Tenía. Mucha. Razón.
El cabrón estaba sacudido por una sincera onda a lo Mussolini, todo bla-bla-bla nos apoderaremos de bla-bla, que estaba muy bien y era muy bonito para el ego, pero que en definitiva no significaba una mierda. La respuesta de los desgraciados hijos de puta del suelo era el asunto crítico...
Huh. Tal vez el Omega había elegido bien: los muñecos parecían estar bebiéndose el Red Bull. Los ex-humanos congregados, drenados, asesinados, reanimados y ahora desalmados se agitaron, levantando los torsos del suelo de tablas, luchando por ponerse de pie ante las órdenes del hurón.
Que mala suerte para ellos, iba a ser un esfuerzo desperdiciado.
—A la de tres —susurró Vishous.
Xhex fue la que contó.
—Uno... dos... tres...





Capítulo 54

En cuanto cayó la noche sobre el paisaje, garantizando la gracia de la oscuridad sobre la buena tierra, Darius se desmaterializó desde su modesta morada y tomó forma en la costa del océano con Tohrment. La «casita de campo» que el symphath había descrito era de hecho una mansión de cierto tamaño y distinción. Había velas encendidas dentro, pero mientras Darius y su protegido esperaban en medio de la profusión de follaje, no divisaron señales manifiestas de vida: no pasaban siluetas frente a las ventanas. No había perros ladrando una advertencia. Ningún aroma proveniente del ala de la cocina flotaba en la brisa fría y calma.
No obstante, había un caballo enjaezado en el campo y un carruaje cerca del granero. Así como una sensación aplastante de maldad inminente.
—Allí dentro hay un symphath —murmuró Darius mientras sus ojos sondeaban no solo lo visible sino también lo ensombrecido.
No había forma de saber si había más de un devorador de pecados dentro de esas paredes, ya que solo hacía falta uno de ellos para crear la barrera de temor. Y no tenían forma de saber si era el symphath que buscaban.
Al menos, no mientras permanecieran en la periferia.
Darius cerró los ojos y dejo que sus sentidos penetraran hasta donde pudieran en la escena que tenía frente a él, enfocó sus instintos más allá de la vista y el oído para determinar si había peligro.
En realidad, había veces en que confiaba en lo que sabía que era cierto más que en lo que podía ver.
Sí, podía sentir algo adentro. Había un movimiento frenético entre las paredes de piedra.
El symphath sabía que estaban allí.
Darius hizo un gesto afirmativo con la cabeza a Tohrment y ambos corrieron el riesgo de intentar desmaterializarse hasta dentro de la sala.
El metal incrustado en el mismo material de albañilería evitó que penetraran los fuertes muros y se vieron forzados a volver a tomar forma en el frío lateral de la casa. Sin inmutarse Darius levantó el codo cubierto de cuero y destrozó el cristal emplomado de una ventana; luego agarró las divisiones y tiró del marco, para sacarlo. Tirándolo a un lado, se convirtió en una ráfaga junto con Tohrment y ambos se volvieron corpóreos en la sala…
Justo a tiempo de ver un destello de rojo zambulléndose a través de una puerta interior hacia el fondo de la casa. En silencioso acuerdo, él y Tohrment salieron en su persecución, alcanzando la salida que había sido utilizada en el momento en que los pasadores del cerrojo estaban siendo corridos.
Un mecanismo de cobre. Y eso significaba que no podía moverse con la mente.
—Hazte a un lado —dijo Tohrment mientras apuntaba el cañón de su arma.
Darius se apartó un poco abriéndole camino, sonó el disparo y luego embistió la puerta con el hombro, forzándola a abrirse de par en par.
Las escaleras que bajaban estaban oscuras a excepción de una luz en movimiento, a punto de apagarse. Descendieron por los escalones de piedra haciendo resonar las botas y corrieron velozmente a través del suelo de tierra apelmazada, persiguiendo el farol… y el aroma de sangre vampira que había en el aire.
Una sensación de urgencia retumbaba en las venas de Darius, enfrentada con desesperación. Quería a la hembra de regreso… Queridísima Virgen Escriba, como debía haber sufrido ella. Se oyó una puerta que se cerraba estrepitosamente y el túnel subterráneo quedó oscuro como el alquitrán.
Sin perder la zancada, Darius se impulsó hacia delante, extendiendo la mano para apoyarla contra las paredes a fin de continuar en línea recta. Pegado a sus talones, iba Tohrment, acompañándolo en la persecución y los ecos de sus clamorosas botas ayudaron a Darius a determinar la longitud del pasadizo. Se detuvo justo a tiempo y usó las manos para localizar la tranca  en la puerta.
La cual el symphath no había tenido tiempo de echar tras él.
Tras mover los pesados paneles de madera, Darius pudo llenarse plenamente los pulmones con aire fresco y captó un vistazo del farol tintineando delante, al otro lado del césped.
Desmaterializándose y volviendo a tomar forma más cerca, alcanzó al macho symphath y a la hembra vampiro cerca del granero, bloqueándoles la vía de escape de forma que el secuestrador se vio forzado a detenerse.
Con mano temblorosa, el devorador de pecados sostenía un cuchillo contra la garganta de su cautiva.
—¡La mataré! —gritó—. ¡La mataré!
Apretada contra él, la hembra no luchaba, no intentaba apartarse, no rogaba para que la salvaran ni para que la liberaran. Simplemente miraba al frente, con ojos angustiados y abatidos en un rostro triste. Ciertamente no podría encontrarse una piel más pálida que contemplar, a no ser la de los muertos a la luz de la luna. Y verdaderamente la hija de Sampsone podía tener un corazón latiendo entre sus costillas, pero su alma había muerto.
—Suéltala —exigió Darius—. Suéltala y te dejaremos vivir.
—¡Nunca! ¡Ella es mía!
Los ojos del symphath brillaban enrojecidos, su maligno linaje destellaba en la noche y sin embargo su juventud y su pánico evidentemente le volvían incapaz de utilizar el arma más poderosa de su raza: aunque Darius se preparó a sí mismo para un asalto mental, la invasión de su cráneo no sobrevino por parte del devorador de pecados.
—Suéltala —repitió Darius— y no te mataremos.
—¡Me he emparejado con ella! ¡¿Me oyes?! ¡Emparejado con ella!
Mientras Tohrment apuntaba su arma directamente hacia el macho, Darius se sintió impresionado por lo tranquilo que estaba el muchacho. Era su primera vez en el campo de batalla, en una situación con un rehén, con un symphath… y el chico estaba justo en el medio sin dar señales de verse consumido por el drama.
Con deliberada compostura, Darius continuó intentando razonar con su oponente, notando con resabiada furia la forma en que el camisón de la hembra estaba manchado.
—Si la sueltas…
—¡No puedes darme nada que tenga más valor que ella!
La voz baja de Tohrment penetró la tensión.
—Si la dejas ir, no te dispararé en la cabeza.
Es una buena amenaza, supuso Darius. Pero por supuesto que Tohrment no iba a disparar el arma… la hembra correría demasiado riesgo si su puntería se desviaba aunque fuera solo un poco.
El symphath comenzó a caminar hacia atrás en dirección al granero, arrastrando a la vampira con él.
—La abriré de un tajo...
—Si es tan preciada para ti —dijo Darius— ¿cómo podrías soportar la pérdida?
—Mejor que muera conmigo que…
¡Boom!
 Cuando se disparó el arma, Darius gritó y saltó hacia delante, aún cuando fuera imposible poder atrapar la bala de Tohrment con las manos.
 —¡¿Qué has hecho?! —gritó mientras el symphath y la hembra caían juntos formando un montón.
Corriendo por el césped y cayendo de rodillas, Darius rezó para que ella no hubiera sido alcanzada. Con el corazón en la garganta, extendió la mano para hacer rodar al macho sacándolo de encima de ella…
Cuando el joven symphath cayó sobre su espalda, con los ojos ciegos fijos en el cielo, tenía un perfecto agujero redondo y negro en el medio de la frente.
 —Querida Virgen Escriba… —suspiró Darius—. Menudo disparo.
Tohrment se arrodilló.
—No hubiera apretado el gatillo si no hubiera estado seguro.
Ambos se inclinaron sobre la hembra. Ella también estaba mirando a la galaxia de arriba, con los ojos fijos y sin parpadear.
¿Le habría cortado la garganta después de todo?
Darius recorrió rápidamente con la vista el vaporoso camisón que una vez había sido blanco. Había sangre en él, una parte era sangre seca y la otra fresca.
La lágrima que se derramó de su ojo destelló plateada a la luz de la luna.
—Estás a salvo —dijo Darius—. Estas a salvo. No temas. No te apenes.
Cuando ella desplazó la pálida mirada para encontrar la de él, su desesperación era tan fría como un viento invernal e igual de solitaria.
—Te llevaremos de regreso al lugar del que provienes —prometió Darius—. Tu familia va a…
Su voz no fue más que un graznido al salir de la garganta.
 —Deberíais haberme disparado a mí en vez de a él.

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