sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 55 56 57

Capítulo 55

Cuando la cuenta atrás llegó a “uno” Xhex tomó forma en el salón de la granja, pensando que la preocupación en cuanto a una emboscada había sido acertada… solo que eran los asesinos los cabrones sorprendidos. Enfrentándose al lesser más cercano y entablando un mano a mano con el tipo, supo que tenía que trabajar rápido.
En cualquier pelea sólo se tiene el elemento sorpresa una vez; y a su equipo y a ella los superaban en número en cuatro a uno… en una situación donde no podían usar armas de fuego. Las balas son certeras sólo si uno tiene un tiro limpio sobre un blanco estático y allí no pasaba nada de eso. Brazos, piernas y cuerpos volaban alrededor mientras los Hermanos, John y Qhuinn, hacían exactamente lo mismo que ella, escoger a un iniciado al azar y patearle el culo a lo Bruce Lee.
Xhex había sacado su daga con la mano izquierda al tiempo que lanzaba un gancho derecho al asesino que tenía frente a ella. El enérgico golpe derribó al tipo dejándolo sin sentido y mientras éste se desplomaba contra la pared, llevó el brazo hacia atrás dirigiendo la punta de la hoja directo al pecho del...
Con una palmada, Butch la cogió de la muñeca.
—Permíteme rematarlo.
Colocándose entre ellos, fijó la mirada en el asesino e inclinándose, acercó su boca. Con una inhalación lenta, continua, comenzó a extraer la esencia de ese cuerpo, una repugnante nube de algo parecido al humo se transfería del lesser a Butch.
—Jesu… cristo… —susurró ella mientras el asesino que una vez había tenido forma, se desintegraba convertido en cenizas a los pies del Hermano.
Cuando Butch se tambaleó sobre sus pies y extendió la mano hacia la pared como si tuviera problemas para permanecer derecho, lo tomó del brazo.
—¿Te encuentras bien...?
El agudo silbido de John hizo que girara la cabeza justo a tiempo, otro lesser se abalanzaba hacia ella, dispuesto a usar la navaja automática que llevaba en la mano. Gracias a John lo eludió agachándose y embistió hacia adelante, agarrando la gruesa muñeca y tomando el control del arma mientras apuñalaba hacia arriba, alcanzando al asesino bajo las costillas.
Luz brillante, big bang.
Y que pase el siguiente.
Se encontraba totalmente concentrada en la pelea, rápida sobre sus pies, veloz con las manos. Y a pesar de que iba a mil por minuto, había esfumado a ese único asesino, iba a respetar el rol de Butch en éste enfrentamiento. No entendía de qué iba precisamente esa rutina de cenizas a las cenizas, pero estaba dispuesta a apostar a que significaba un desenlace especial para el enemigo.
En esa línea, se dedicó a rebanar rodillas por detrás y muslos por delante. Incapacitar era algo en lo que se había destacado como asesina, debido a que en muchas ocasiones había tenido un mensaje que comunicar antes de asestar el golpe mortal. Y efectivamente, a medida que dejaba cuerpos gimientes a su paso, Butch avanzaba detrás de ella, inhalando y transformando en fino polvo aquello que habían venido a matar.
Mientras trinchaba y acuchillaba abriéndose paso entre los iniciados, se dio cuenta de que instintivamente se mantenía pendiente de John y… santo infierno.
Él era un luchador impecable.
Que parecía especializarse en romper pescuezos. Era letal acercándose por detrás del enemigo, sujetándolo firmemente y luego a base de fuerza bruta...
El golpe llegó de la nada, le dio en el hombro y la mandó girando contra la pared, la navaja saltó de su agarre mientras todo tipo de estrellitas a lo Looney Tunes estallaban frente a sus ojos.
El asesino que le había hecho un placaje de hockey arremetió hacia adelante y recogió su puñal del sanguinolento suelo del salón, empuñando el arma y acercándose con ella.
En el último minuto, Xhex se inclinó hacia la izquierda de modo que el lesser apuñaló la pared contra la que había golpeado, encajando la hoja en el panel Sheetrock18. Cuando éste fue a intentar liberarlo, ella se dio la vuelta y le clavó la navaja de repuesto en las tripas, agujereándole el bajo vientre.
Al encontrar su mirada estupefacta, le dijo:
—¿Qué? ¿Es que no pensaste que tendría un segundo cuchillo? Jodido idiota.
Le dio un golpe en la cabeza con la empuñadura del arma de repuesto y mientras se desplomaba de rodillas, ella extrajo su daga principal del enyesado y volvió a la lucha. Mientras los gruñidos y los trompazos resonaban por toda la casa, ella avanzó a través de la pelea buscando algo que estuviera siendo desatendido...
Uno de los asesinos salía volando por la puerta del frente, echando a correr hacia campo abierto.
Xhex se desmaterializó fuera de la casa, directamente en su camino. Mientras él frenaba al estilo los Tres Chiflados, haciendo un molinete con los brazos, ella sonrió.
—No, no puedes retirarte.
El lesser salió disparado y se dirigió de vuelta a la pelea, lo cual era estúpido por que no había nadie que lo ayudara allí dentro. Bueno, al menos, no a sobrevivir.
Su cuerpo se sentía ágil y fuerte cuando salió en su persecución y ambos regresaron dando un amplio rodeo. Justo cuando él llegaba a la puerta, Xhex dio un salto en el aire y lo derribó con un placaje volador, agarrándolo por el cuello y hombros y girándolo de un tirón, usando la combinación de fuerza y trayectoria para arquear al tipo como a un jadeante signo de interrogación viviente.
Aterrizaron violentamente, pero incluso cuando el golpe la dejó sin aire, sonreía.
Dios, adoraba una buena pelea.
* * *
John vio esfumarse a Xhex por la puerta delantera, pero no podía ir tras ella por que tenía un par de iniciados tan metidos en el culo que le estaban rozando la campanilla. Pero iba a ocuparse condenadamente rápido de aquella aglomeración.
Era curioso cómo cuando tu hembra salía disparada sola hacia la noche, obtenías un arrebato extra de energía...
No es que ella fuera su hembra.
Era curioso como recordarte a ti mismo algo así, te volvía mezquino como una serpiente.
Alcanzando al asesino que tenía delante, John le rompió limpiamente el cuello al bastardo, separándoselo de la parte superior de la columna. Mientras lanzaba la cabeza como si fuera una bola de bolera, pensó que era una condenada lástima que no hubiera tiempo de hacer lo mismo con los brazos y piernas del chico… así podría golpear al otro con los muñones hasta dejarlo inconsciente.
Por desgracia justo en ese momento, número dos había agarrado a John rodeándole el torso y estaba intentando asfixiarlo con un abrazo de oso.
John asió aquellas muñecas y aseguró al cabrón en su sitio, luego giró en redondo, saltó hacia arriba y consiguió quedar absolutamente horizontal en el aire. Se desplomaron sobre el suelo con John encima y el asesino interpretando a un colchón L-E-S-S-E-R. Levantando la cabeza, John golpeó la parte posterior directamente contra la cara de su oponente, convirtiendo su nariz en un géiser.
Un giro rápido y John levantó el puño en el aire.
Su segundo golpe causó una ronda de espasmos, lo que sugería que el lóbulo frontal del tipo estaba teniendo serios problemas de transmisión eléctrica y que ahora el bastardo estaba en epileptilandia.
No iba a dar ningún problema mientras esperaba a que Butch viniera a por él. John se lanzó hacia la entrada por la cual Xhex se había desmaterializado, con las botas militares derrapando en la sangre que ahora corría tanto rojo herrumbre como negro brillante.
Justo cuando llegaba a la entrada abierta, se sujetó de las jambas de la puerta.
Fue el placaje más espectacular que hubiera visto nunca. El lesser al que ella perseguía aceleraba de regreso a la casa, habiendo, obviamente, reevaluado su estrategia de fuga; avanzaba moviéndose a gran velocidad, sus pies descalzos volaban sobre la hierba helada. Xhex, no obstante, se acercaba rápidamente, triangulando un punto de intercepción que era posible solo por que ella era más fuerte y estaba más concentrada que el ex-humano.
John no tuvo tiempo de intervenir, aunque lo hubiera deseado: Xhex se lanzó en el aire, saltando alto y extendiéndose a por el lesser. Lo sujetó justo alrededor de la cintura haciéndolo dar la vuelta; pegándolo al suelo y rebanándole la parte posterior de ambos muslos tan profundamente que chilló como una niña.
Desmontó y estaba lista para volver a la carga...
—¡John! ¡Detrás de ti!
Al tiempo que ella le gritaba, giró en redondo y quedó frente a un asesino, el tipo se abalanzaba sobre él como un toro, directamente a través de la puerta. John aterrizó de culo, derrapando hacia atrás sobre el deteriorado sendero de hormigón.
Lo que demostraba porqué es necesario usar buena ropa de cuero.
¿Un toque de dermoabrasión?
Cabreado porque le hubieran derribado en el jardín delantero con Xhex como testigo, agarró al asesino del pelo y le dio un tirón a la cosa, formando un arco que dejaría la columna del tipo zumbando como una hija de puta.
Con un gruñido mudo, John reveló sus colmillos y mordió al cabrón en el cuello. Rasgando y liberando toda clase de asquerosa ex-anatomía humana, escupió la mierda y luego arrastró a la cosa gorgoteante del pelo de regreso a la fiesta. Mientras pasaba frente a Xhex, la saludó con la cabeza.
—De nada —dijo ella con una pequeña reverencia—. Y buen movimiento ese del mordisco.
Mirándola por encima el hombro, el respeto que le mostrara le golpeó más duramente de lo que ninguno de los asesinos había hecho o podría hacer. El corazón se le hinchó de emoción y sintió como si colmara su piel al completo.
Un jodido iluso es lo que estaba hecho...
El inconfundible pop de un arma siendo disparada a su espalda lo dejó congelado donde estaba.
El fuerte sonido se oyó tan cerca que sus tímpanos sintieron el dolor, mas que oír nada específico y una fracción de segundo después, se preguntó quién habría hecho el disparo y a quién, si es que a alguno, había alcanzado.
Lo último quedó aclarado cuando su pierna izquierda cedió bajo su peso y se derrumbó como un roble.

Capítulo 56

El cuchillo de Xhex salió volando de su mano una fracción de segundo después de que viera al lesser doblar la esquina y apuntar el cañón de un arma directamente a la espalda de John.
La daga se desplazó por el aire girando sobre sí misma, atravesando la distancia en un parpadeo; pasó volando tan cerca de la oreja de John, que rezó a un Dios en el que no creía para que él no decidiera de pronto, sin ninguna razón, girar la cabeza.
Justo cuando el asesino apretaba el gatillo, su hoja lo alcanzó en la parte carnosa del hombro, el impacto desplazó su torso y el dolor hizo que dejara caer el brazo.
Lo que significó que John recibió el proyectil en la pierna en vez de en el corazón.
Cuando su macho se vino abajo, saltó sobre el asesino con un grito de guerra.
A la mierda Butch O'Neal. Ésta muerte era suya.
El lesser se apresuraba a levantarse mientras intentaba extraer el arma de su torso… al menos hasta que la oyó gritar. Entonces miró hacia ella y retrocedió horrorizado… lo que sugería que los ojos le brillaban de un rojo encendido y sus colmillos completamente extendidos relucían.
Aterrizó frente a él y mientras él se encogía acobardado y levantaba las manos para protegerse la cara y el cuello, ella no se movió. Su daga de repuesto permaneció en su costado y mantuvo su tercer puñal de reserva enfundado sobre el muslo.
Tenía otros planes para éste muchacho.
Usando su lado symphath, hurgó en el cerebro del asesino e hizo saltar el sello de sus recuerdos, de modo que sintiera al mismo tiempo el impacto de todas las cosas horribles que alguna vez había hecho y de cada acto atroz perpetrado en su contra.
Mucha mierda. Muuuuucha mierda. Al parecer, sentía predilección por las chicas menores de edad.
Vaya, esto terminaría siendo satisfactorio de tantas formas distintas...
Mientras, él caía al suelo, gritaba y se apretaba las sienes… como si tuviera una maldita posibilidad de detener la avalancha… ella lo dejó sufrir y revolcarse en sus pecados; su rejilla emocional se encendió en todas las áreas que indicaban miedo, repugnancia, remordimiento y odio.
Cuando comenzó a golpearse el cráneo contra el sucio empapelado que cubría la pared, dejando una mancha negra donde estaba su oreja, sembró un único pensamiento en su mente.
Lo sembró como un brote de hiedra… un brote de hiedra venenosa que se afianzaría e infiltraría y se haría dueño de sus facultades mentales.
—Sabes lo que tienes que hacer —dijo ella con voz profunda, distorsionada—. Conoces la manera de escapar.
El asesino dejó caer los brazos revelando unos ojos desorbitados. Bajo el peso de lo que ella había liberado, como un esclavo de la orden que le diera, asió la empuñadura de la daga y la arrancó de su carne.
Volviendo la hoja hacia sí, empuñó el arma con ambas manos, con los hombros tensos al tiempo que se preparaba para dirigir la hoja en un arco descendente.
Xhex lo detuvo, inmovilizándolo para poder arrodillarse justo a su lado. Situándose cara a cara, lo miró a los ojos y siseó:
—No debiste ir a por lo que es mío. Ahora, se un buen chico y destrípate.
Una salpicadura de sangre negra alcanzó sus pantalones de cuero cuando el tipo se apuñaló directo en el estómago, deslizó la hoja transversalmente y culminó el asunto haciendo un bonito y desastroso agujero.
Y luego, a una orden mental suya, e incluso mientras se le ponían los ojos en blanco, retiró el arma y se la dio con el mango por delante.
—De nada —masculló ella. Luego lo apuñaló en el corazón y con un destello, el lesser se esfumó.
Cuando giró sobre sus talones, la suela de sus botas rechinó en el suelo húmedo.
John la miraba fijamente desde el suelo, de un modo que no era distinto al del asesino, con los ojos como platos, tan abiertos que no se le veían los párpados, ni por arriba ni por abajo.
Xhex limpió la hoja de su arma principal en los pantalones de cuero.
—¿Cómo estás de mal?
Cuando John levantó los pulgares hacia ella dándole un “Excelente”, se dio cuenta de que la casa estaba en silencio y miró a su alrededor. Todos estaban en pie: Qhuinn justo se enderezaba tras una decapitación, girando sobre sus talones para ver si John estaba bien. Y Rhage llegaba corriendo desde la cocina con Vishous pisándole los talones.
—¿A quién le han dado...? —Rhage patinó hasta detenerse y miró fijamente el agujero en los pantalones de cuero de John—. Tío, tres centímetros más arriba y a la izquierda y habrías acabado de soprano, colega.
V se acercó y ayudó a John a ponerse de pie.
—Sí, pero al menos podría haber empezado a hacer punto contigo. Podrías haberle enseñado a tejer medias a crochet. Hace que se me inunden los ojos de lágrimas.
—Si mal no recuerdo, no soy yo el que tiene una fijación con la lana...
Cuando un jadeo sibilante borboteó desde el salón, Vishous maldijo y se precipitó al lado de Butch mientras el tipo casi se desmorona en el vestíbulo.
Oh… tío. Quizás habría que reconsiderar eso de que todos estaban en pie. El ex-policía tenía pinta de padecer de una intoxicación alimentaria, malaria, y H1N1 todo a la vez.
 Concentró su atención en Qhuinn y Rhage.
—Necesitamos un coche. John y él necesitan transporte para volver a la mansión...
—Yo me ocupo de mi muchacho —dijo Vishous bruscamente, al tiempo que se convertía en una muleta para Butch y lo escoltaba de vuelta hasta el sofá del salón.
—Y yo iré a buscar el Hummer —dijo Qhuinn.
Justo cuando se apartaba, John estampó el puño en la pared para conseguir que todos le prestaran su atención y gesticuló, Me encuentro bien para luchar...
—Necesitas que te vea un médico —dijo ella.
Las manos de John comenzaron a volar tan rápido que no pudo seguir la pista de las palabras, pero estaba condenadamente claro que no estaba de acuerdo con que lo sentaran en el banquillo solo por tener un trozo de plomo en la pierna.
La discusión se vio interrumpida debido a un brillante resplandor que la hizo inclinarse a un lado y echar un vistazo sobre su hombro. Lo que vio explicaba mucho y no solo lo que había pasado en la pelea en la que habían participado. Sobre el andrajoso sofá, V tenía a Butch entre sus brazos y sus cabezas estaban juntas, ambos tan cerca que no había ningún espacio en absoluto entre ellos. En medio de su abrazo, el cuerpo entero de Vishous estaba brillando y Butch parecía absorber fuerza y curación a partir de él.
La obvia preocupación y simpatía que V sentía por el tipo, lograron que le desagradara menos, especialmente cuando volvió el rostro y miró hacia donde estaba ella. Por una vez, su máscara glacial resbaló y la desesperación que se veía en sus ojos demostraba que no era un completo gilipollas. Por el contrario, parecía sentir el dolor del sacrificio de su Hermano para con la raza. Eso realmente se lo comía vivo.
Ah, y Butch… por lo visto, era suyo. Lo que explicaba por qué V la tenía tomada con ella. Estaba celoso de que hubiera tenido un pedazo de lo que él había deseado y aún siendo tan racional como era, no podía dejar de guardarle rencor por ello.
Fue sólo una vez, pensó hacia él. Y nunca más.
Después de un momento, V asintió, como si apreciara la franqueza y ella le devolvió la muestra de respeto. Luego se volvió a concentrar en los machos que tenía frente a ella. Rhage se había montado al tren demonios-no-tu-no-vas-a-luchar, recogiendo la toalla que ella había dejado caer.
—Me vuelvo contigo, John —interrumpió ella—. Regresamos juntos.
Cuando la mirada de John se cruzó con la suya, su rejilla emocional estaba iluminada como la avenida principal de Las Vegas.
Movió la cabeza con gesto de disgusto hacia él.
—Voy a ceñirme a nuestro acuerdo. Y tú vas a cuidar de ti mismo.
Dicho eso, volvió a envainar sus cuchillos, cruzó los brazos sobre el pecho y se recostó contra la pared con toda la actitud de vamos-rápido-a-donde-sea.
* * *
Ella le había salvado la vida.
Sin ninguna duda, Xhex había devuelto a John su futuro incluso antes de que él supiera que iba a perderlo. La única razón por la que aún estaba vivo era porque ella había trinchado a aquel asesino en el hombro con su cuchillo.
Así que, sí, estaba agradecido por todo eso, pero no estaba realmente interesado en verla hacer de niñera.
Además, interpretar a la enfermera voluntaria no era la mejor manera de sacar partido a sus talentos.
John echó un vistazo más allá de ella, a la marca chamuscada en el suelo que era todo lo que quedaba del asesino que le había disparado. Demonios… Y pensar que lo peor del daño lo había hecho sin siquiera tocar al bastardo. Lo que tenía en su mente sí que era un arma de superlujo. Mierda, el horror en la cara de aquel bastardo… Y luego se había abierto su propio abdomen de un tajo. ¿Qué demonios habría visto?
Ahora John sabía por qué temían y segregaban a los symphaths.
Y tío, entre aquel pequeño espectáculo y la jugada a lo Heisman19 con la que había salido en el jardín delantero, se dio cuenta de que ella era precisamente lo que siempre había sabido que era: una luchadora de corazón.
Podía desenvolverse perfectamente en el campo de batalla… y era un auténtico activo en la guerra. Por lo que ambos debían continuar ésta noche y no perder el tiempo regresando a la casa para poner una tirita en su pupa.
Se impulsó levantándose del suelo, descargó algo de peso sobre la pierna herida y la cosa aulló como una puta. Pero él ignoró el griterío… así como también la conversación que brotó a su alrededor.
Chismorreo barato de la galería: gratis.
Opiniones sobre su pierna: no vale la pólvora necesaria para hacerlas volar.
¿Sordera selectiva? No tiene precio.
En lo que si estaba interesado era en saber a cuántos habían eliminado ésta noche.
Y si habían cogido o no al hurón. Mirando dentro del salón, se...
Rhage se colocó delante de él.
—¡Ey, hola! ¿Cómo estás? —Hollywood extendió la mano hacia él—. Me gustaría presentarme. Soy el pedazo de carne que te va a obligar a meterte de cabeza en el Hummer de tu amigo Qhuinn, tan pronto como se deje caer por aquí. Me figuré que era mejor presentarme antes de enlazar tu culo y arrojarte sobre mi hombro como a una bolsa de arena.
John fulminó al tipo con la mirada.
No voy a ningún lado.
Rhage sonrió, su increíble belleza le hacía parecer caído del cielo. Pero era solo la mierda exterior. En ésta situación e internamente, venía directo del infierno.
—Lo siento, respuesta incorrecta.
Estoy bien...
Aquél pedazo de mierda, cabrón, chupapollas hijo de puta, de hecho se inclinó hacia delante, le puso la mano encima de la herida y le dio un apretón a la bala en su nuevo hogar.
John gritó sin emitir un sonido y se derrumbó en una caída libre, aterrizando en el suelo empapado de sangre con una salpicadura. Llevándose las manos a la pierna, intentó abrazarse el muslo, como si demostrando un tardío TAC fuera a convencerlo para que se tranquilizara.
Como fuera, se sentía como si tuviera vidrio encajado dentro del músculo.
—¿Eso era realmente necesario? —exigió Xhex por encima de su cabeza.
En la voz de Rhage ya no había ni rastro de guasa.
—¿Quieres razonar con él? Buena suerte. Y si piensas que cualquiera de los asesinos hará algo diferente, tienes bien jodida la cabeza. Hay un obvio agujero circular en sus pantalones de cuero y cojea al caminar. Cualquier tonto del culo con medio cerebro se dará cuenta de dónde está su punto débil. Además huele a sangre fresca.
El canalla bastardo probablemente tenía razón, pero por Cristo crucificado...
Era del todo posible que John perdiera el conocimiento por el dolor, porque lo siguiente que supo fue que el autoproclamado “pedazo de carne” lo estaba levantando para cargarlo fuera de la casa.
Sí, como fuera. Eso no iba a suceder. John se liberó del agarre del tipo con un empujón e intentó aterrizar sin maldecir o vomitar. Con la boca articulando todo tipo de maldiciones, cojeó pasando al lado de Butch, que parecía estar mucho mejor y de V, que encendía un cigarrillo liado a mano.
Sabía exactamente dónde estaba Xhex: detrás de él, con la mano en su espalda, como si supiera que se tambaleaba y que podría venirse abajo en cualquier momento.
Aún así, de algún modo lo logró. Puras agallas lo llevaron por sí mismo hasta el Hummer y al asiento de atrás. Por supuesto, para cuando Qhuinn pisó el acelerador, estaba todo cubierto de sudor frío y no podía sentir las manos ni los pies.
—Hicimos un recuento de bajas —oyó decir a Xhex.
Cuando le echó un vistazo, ella lo miraba fijamente desde el otro lado del asiento. Vaya... Estaba condenadamente hermosa a la luz que se filtraba desde el tablero de mandos. Su rostro delgado tenía una mancha de sangre negra de lesser, pero sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos mostraban una chispa especial. Pensó que ella lo había pasado genial ésta noche. La había disfrutado.
Joder. Realmente era la hembra perfecta.
¿Y a cuántos eliminamos? gesticuló él, intentando distraer a su niñita interior.
—Doce de los dieciséis nuevos reclutas y a los dos asesinos que llegaron atravesando el campo con el hurón. Desafortunadamente, a ese nuevo Fore-lesser no se lo encontró por ningún lado, así que tenemos que asumir que el pequeño bastardo salió corriendo tan pronto como nos infiltramos y se llevó a un puñado de iniciados con él. Ah y Butch aspiró a todos los caídos excepto a dos.
De al menos uno de los cuales te ocupaste tú.
—En realidad ambos fueron míos. —Los ojos de ella le sostuvieron la mirada— ¿Eso te molesta? ¿Verme… trabajar de ese modo?
Su tono sugería que asumía que sí y que no lo culpaba por sentirse asqueado. Solo que estaba equivocada.
Rechazando ceder ante el dolor, John negó con la cabeza y gesticuló con manos flácidas.
Es un poder increíble el que tienes. Si parecía impresionado… es porque nunca antes había visto a uno de tu clase en acción.
El rostro de ella se tensó muy ligeramente y desvió la mirada hacia fuera de la ventana.
Dándole un golpecito en el brazo, gesticuló:
Eso fue un cumplido.
—¿Sí...? Lo siento… Es solo que eso de “tu clase” siempre me altera. Soy mitad y mitad, por lo tanto no soy ni lo uno ni lo otro. No pertenezco a ninguna clase. —Dejó de lado sus palabras con un gesto de la mano—. Como sea. Mientras estabas inconsciente, V consiguió entrar desde su teléfono a la base de datos del Departamento de Policía de Caldwell. La policía tampoco encontró ninguna identificación, así que no tenemos nada que seguir excepto la dirección que obtuvimos del número de matrícula del Civic. Apostaría a que...
Mientras ella continuaba hablando, John dejó que sus palabras se derramaran sobre él.
Él lo sabía todo sobre ese asunto de no pertenecer a ninguna clase.
Solo se trataba de otro aspecto más en el que eran compatibles.
Cerrando los ojos, dirigió una plegaria a lo alto, a quienquiera que estuviese escuchando, pidiendo por favor, por el amor de Dios, que dejara de enviarle señales de que eran perfectos el uno para el otro. Ya había leído el libro, visto la película, comprado la banda sonora, el DVD, la camiseta, la taza, el muñequito que cabecea y la guía para entendidos. Era consciente de cada razón por la cual podrían haber encajado como una llave en su cerradura.
Pero así como era consciente de todo aquello en lo que coincidían, tenía más claro aún que estaban condenados a estar siempre separados.
—¿Te encuentras bien?
La voz de Xhex se oyó suave y próxima y cuando abrió los párpados, ella estaba prácticamente en su regazo. Sus ojos le recorrieron la cara y el cuerpo acurrucado, enfundado en cuero.
El dolor y la sensación de que se les estaba agotando el tiempo le hizo dejar de lado sus reservas y decir lo que realmente estaba pensando.
Cuando regresemos a la mansión, quiero estar dentro de ti, gesticuló. En cuanto me pongan un vendaje en esta jodida pierna, quiero entrar en ti.
La llamada de la fragancia de ella en sus fosas nasales le dijo que estaba de acuerdo con el plan...
Así que al menos una cosa, aparte de su polla, iba bien.


Capítulo 57

Arriba en el segundo piso de la casa de la plantación de Eliahu Rahtboone, Gregg Whinn había abierto la puerta de su habitación y de Holly con dos dedos y una oración porque no se le derramara el café en la pierna. Había llenado el par de tazas que tenía en las manos con un brebaje que había hecho él mismo en la cafetera de invitados del comedor.
Sólo Dios sabía a qué sabría.
—¿Necesitas ayuda? —dijo Holly mientras levantaba la mirada del portátil.
—No. —Cerró la puerta de una patada y se dirigió a la cama—. Lo tengo.
—Eres tan atento.
—Espera a probarlo... tuve que apañar el tuyo —dijo, dándole el más pálido—. No tenían leche entera, que es lo que tomaste ayer en el desayuno. Así que fui a la cocina y puse medio y medio de alguna descremada, mezclados e intenté dar con el color adecuado. —Asintió hacia la pantalla del ordenador—. ¿Qué te parecen esos escaners?
Holly bajó la mirada hacia la taza mientras la sostenía sobre el teclado del Dell. Estaba estirada sobre la cama, apoyada contra el cabecero, analizando los datos con los que él había llegado a obsesionarse... con aspecto sexy e inteligente.
Y como si no confiara en lo que él le había dado.
—Escucha —dijo—, sólo prueba el café... si apesta, levantaré a ese mayordomo estirado.
—Oh, no es eso. —Ella agachó la cabeza rubia y él la oyó sorber. El "ahhh" que siguió fue más de lo que podría haber esperado—. Perfecto.
Rodeando el borde de la cama, se sentó junto a ella encima del edredón. Mientras tomaba un trago de su propia taza, decidió que si su carrera en la TV se jodía, podría tener futuro como dependiente de un Starbucks.
—Entonces... vamos, dime que piensas del metraje. —Asintió con la cabeza hacia la pantalla y lo que ésta estaba mostrando: La noche antes, se había producido un destello de algo caminando a través del salón y saliendo por la puerta principal. Ahora bien, podría haber sido un invitado que iba a por un tentempié de medianoche, como acababa de hacer Gregg... excepto por el hecho de que se había desmaterializado justo a través de los paneles de madera. Había desaparecido sin más.
Algo así como la sombra fuera del dormitorio de ella la primera noche. No es que le gustara pensar en ello. O en ese sueño suyo.
—¿No has retocado esto? —dijo Holly.
—No.
—Dios...
—Lo sé, ¿verdad? Y la cadena acaba de enviarme un email mientras estaba abajo. Están entusiasmados, al parecer internet ya se ha vuelto loca con las promos... y tenemos que rezar porque esa cosa aparezca de aquí a una semana cuando estemos en directo. ¿Estás segura de que tu café está bien?
—Oh, sí, es... asombroso. —Holly levantó la vista del borde de su taza—. ¿Sabes?, nunca antes te había visto así.
Gregg se recostó contra las almohadas y no pudo evitar estar de acuerdo. Difícil saber qué había cambiado; sin embargo, había habido un cambio en su interior.
Holly tomó otro sorbo.
—Pareces realmente diferente.
Inseguro de qué decir, mantuvo la cosa centrada en el trabajo.
—Bueno, en realidad nunca pensé que existieran los fantasmas.
—¿No?
—No. Sabes tan bien como yo como se hacen los tongos que he preparado. Pero aquí en esta casa... te lo digo yo, hay algo aquí y me muero por subir al tercer piso. Tuve un sueño alocado sobre ese sitio... —Cuando un dolor de cabeza súbito cortó sus pensamientos, se frotó las sienes y decidió que había forzado la vista habiendo pasando en el ordenador las últimas setenta y dos horas seguidas—. Hay algo en ese ático, te lo digo yo.
—El mayordomo dijo que está prohibido.
—Sí. —Y no quería presionar demasiado al tipo. Tenían mucha buena televisión que rodar y no era como si necesitaran más... no tenía sentido forzarlo. Lo último que quería era tener problemas con la dirección tan cerca de salir en antena.
Y estaba muy claro que al señor Escupe y Pule no le gustaban.
—Veamos, déjame mostrártelo de nuevo... esto es lo que me asombra realmente. —Gregg extendió el brazo hacia delante y volvió a comenzar el archivo para poder observar como esa figura desaparecía a través de la puerta sólida otra vez.
—Es bastante increíble, ¿verdad? Quiero decir... ¿alguna vez creíste que verías a alguien hacer eso?
—No. Para nada.
Algo en el sonido de su voz hizo que se girara hacia ella. Holly estaba mirándole a él, no a la pantalla, mientras acunaba la taza justo contra su corazón.
—¿Qué? —dijo, comprobándose por si se había manchado la camisa.
—En realidad... es por el café.
—¿Mal sabor de boca?
—No, en absoluto... —Se rió un poco y bebió algo más—. Nunca habría supuesto que recordarías cómo tomo el café y mucho menos que te molestarías en hacerme uno. Y antes nunca me habías preguntado lo que pensaba del trabajo.
Jesús... tenía razón.
Ella se encogió de hombros.
—Y supongo que no me sorprende que nunca hayas creído en lo que haces. Simplemente me alegro de que lo hagas ahora.
Incapaz de mantener el contacto visual, Greg miró más allá de los dos pares de pies de ambos cubiertos de calcetines, a la ventana del extremo de la habitación. La luna era apenas visible a través del encaje de las cortinas, nada más que un suave brillo en el horizonte oscuro.
Holly se aclaró la garganta.
—Lo siento si te he hecho sentir avergonzado.
—Oh... sí... no. —Extendió el brazo y le cogió la mano libre, dándole un apretón—. Escucha... hay algo que quiero que sepas.
La sintió tensarse... cosa que en realidad hicieron los dos. De repente también él se estaba preparando.
Greg se aclaró la garganta en un silencio tenso.
—Me tiño el cabello.
Hubo una tensa pausa... al menos por su parte. Y entonces Holly la rompió con una explosión de risa, del tipo dulce y feliz que viene con el alivio.
Inclinándose hacia él, le pasó las uñas entre las ondas falsamente oscuras.
—¿De verdad?
—Tengo canas en las sienes. Realmente grises. Empecé a hacer algo al respecto más o menos un año antes de conocerte... tienes que mantenerte joven en Hollywood.
—¿Dónde lo consigues? Porque nunca se te ven las raíces.
Con una maldición, él salió de la cama, fue a su maleta y revolvió en el fondo. Mostrando la caja en cuestión, masculló:
—Tinte Just for Men. Lo hago yo mismo. No quiero que me pillen en una peluquería.
Holly le sonrió tan ampliamente, que se le formaron arrugas alrededor de los ojos. ¿Y sabes qué?, le gustaba el aspecto que tenía. Daban a su cara bonita algo de carácter.
Bajó los ojos a la caja. Mirando fijamente al modelo de la parte delantera, todo tipo de verdades le asaltaron, del tipo con las que simplemente no podía luchar o siquiera discutir.
—¿Sabes qué?, odio las camisetas Ed Hardy. Esas malditas cosas te queman las retinas. Y los vaqueros rotos me dan picores... y estos mocasines de punta cuadrada que llevo hacen que me duelan los pies. Estoy cansado de sospechar de todo el mundo y trabajar por dinero para poder gastarlo antes que los demás en algo que estará pasado de moda el año que viene. —Lanzó el tinte de cabello a su maleta y le gustó el hecho de poder sentarse al aire fresco, a hablar.
—¿Esos archivos? ¿En ese ordenador? Los primeros que Stan y yo no hemos adulterado. Llevo siendo un farsante desde que empecé a trabajar en una industria falsa haciendo mierda falsa. Lo único real era el dinero y ¿sabes qué? No sé si va a seguir siéndolo para mí.
Mientras él volvía a la cama, Holly se terminó el café, puso el ordenador y la taza a un lado y se tendió sobre su pecho.
La mejor condenada manta que había tenido jamás.
—Entonces, ¿qué quieres hacer a continuación? —preguntó ella.
—No sé. Esto no. Bueno, me estoy cansando de todo este asunto del cazafantasma, en realidad. ¿Producir esta mierda? No. —Bajando la mirada a la coronilla de ella, tuvo que sonreír—. Tú eres la única que sabe lo de mi cabello de viejo.
Y tenía la rara sensación de que el secreto estaba a salvo con ella.
—Eso no me importa. —Le acarició los pectorales—. Y a ti no debería importante tampoco.
—¿Cómo he llegado hasta ahora sin saber lo lista que eres?
La risa femenina resonó a través de su pecho.
—Tal vez porque tú estabas siendo un estúpido.
Gregg echó la cabeza hacia atrás y aulló de risa.
—Sí, tal vez. —La besó en la sien—. Tal vez... definitivamente. Sin embargo he terminado con eso.
Díos... todavía no estaba seguro de qué había cambiado exactamente. Bueno, todo... pero el por qué preciso era desconocido. Se sentía como si alguien le hubiera corregido, pero no podía recordar quién o donde o cuando.
Sus ojos fueron al ordenador y pensó en esa sombra fantasmal. Por alguna razón, le vino a la cabeza una imagen de la habitación cavernosa y vacía del tercer piso de esta casa... y de un hombre enorme sentado en una silla con un charco de luz golpeando sólo sus rodillas y parte baja de las piernas.
Y luego el hombre se inclinó hacia adelante... a la luz...
El dolor de la cabeza de Gregg le hizo pensar que alguien se había puesto en plan Instinto Básico con sus sienes, apuñalándole con un par de picahielos.
—¿Estás bien? —preguntó Holly, enderezándose—. ¿Tu cabeza otra vez?
Asintió con la cabeza a pesar de que el movimiento hizo que se le emborronara la visión y sintiera el estómago como si hubiera vomitado leche cuajada.
—Sí. Probablemente necesite gafas nuevas. Bifocales incluso... maldita sea.
Holly le acarició el cabello y cuando la miró a los ojos, la agonía decayó y sintió una extraña sensación en el pecho. ¿Felicidad?, se preguntó.
Sí. Tenía que ser. Porque en toda su vida adulta había pasado por todo el rango de emociones... y nunca había sentido algo así. Total. Absoluta. Paz.
—Holly, eres muchísimo más de lo que creí que eras —susurró, acariciándole la mejilla.
Mientras esos ojos encantadores suyos se empañaban de lágrimas, ella dijo:
—Y tú has resultado ser todo lo que deseaba que fueras.
—Bueno, entonces esta ha sido la función de mi vida —La besó lentamente—. Y tengo el final perfecto.
—¿De verdad?
Gregg asintió con la cabeza y le puso la boca en el oído. Con un susurro suave dijo:
—Te amo.
Por primera vez esas palabras habían acudido a él... cuando realmente las necesitaba.
Cuando ella croó un "Yo también te amo", la besó y la besó un poco más... y se sintió como si debiera el momento a un fantasma.
Iba a resultar que su Cupido era una sombra grande con mala actitud. Eso no existía en el mundo "real".
No obstante... cosas más extrañas unían a la gente, ¿no? Y todo lo que importaba en realidad era que la pareja correcta terminara con el final de tarjeta Hallmark. ¿Eso significaba que hacia eso iban? No es que últimamente le pareciera mal.
Además, ahora podría dejar de teñirse.
Sí, la vida era buena. Especialmente cuando controlabas tu ego... y tenías a la mujer apropiada en tu cama por las razones correctas.
No dejaría marchar a Holly esta vez.
Y se iba a ocupar de ella del modo correcto, como ella se merecía... bueno, para siempre tenía una connotación agradable, ¿verdad?


No hay comentarios: