sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 64 65 66

Capítulo 64

Los dormitorios de la parte de atrás de la mansión de la Hermandad tenían el beneficio no solo de una vista de los jardines, sino de una terraza en el segundo piso.
Lo cual significaba que si estabas inquieto, podías salir y tomar algo de aire fresco antes de enfrentarte al resto de la casa.
En el segundo en que las persianas se alzaron para la noche, Qhuinn abrió las puertas francesas que había más allá de su cómoda y salió a la noche fresca. Colocando las palmas sobre la balaustrada, se apoyó en ella, aceptando fácilmente el peso de su pecho sobre los hombros. Estaba vestido para la guerra con su ropa de cuero y sus shitkickers, pero había dejado sus armas dentro.
Con la mirada fija en los macizos de flores vallados y los árboles frutales larguiruchos que aún no habían florecido, sintió la piedra fría y lisa bajo sus manos, la brisa en su cabello todavía húmedo y tensos los músculos de la parte baja de su espalda. El olor a cordero recién asado flotaba hacia arriba desde los respiraderos del techo de la cocina y las luces resplandecían por toda la casa, el dorado cálido de la iluminación se vertía sobre el césped y el patio desde el nivel de abajo.
Puñetera ironía... sentirse tan hueco porque Blay finalmente estaba completo.
La nostalgia dejó caer su lente con tintes rosa y a través de ella volvió a atrás, a todas aquellas noches en casa de Blay, los dos sentados en el suelo a los pies de la cama, jugando a la PS2, bebiendo cerveza, viendo videos. Había habido mierda seria e importante de la que hablar entonces, cosas como lo que se hacía en las clases de entrenamiento, qué juego salía en la estación navideña humana y quién estaba más buena, Angelina Jolie o cualquier otra falda.
Angelina siempre había ganado. Y Lash siempre había sido el capullo. Y Mortal Kombat todavía molaba por aquel entonces.
Díos, ni siquiera tenían Guitar Hero World Tour en aquellos días.
La cuestión era, que él y Blay siempre se habían mirado a los ojos y en el mundo de Qhuinn, donde todo el mundo odiaba su culo, tener a alguien que le entendía y le aceptaba era... había sido un rayo de sol tropical en el jodido Polo Norte.
Ahora, sin embargo... era difícil comprender cómo habían comenzado a distanciarse. Él y Blay estaban en dos sendas diferentes... habiéndolo tenido una vez todo en común, ahora no tenían nada excepto al enemigo... y incluso ahí, Qhuinn tenía que seguir a John, así que no era como si él y Blay fueran compañeros.
Mierda, el adulto en él reconocía que así era como tenían que ser las cosas. Pero su niño interior lloraba la pérdida más que...
Se oyó un clic y el chasquido del burlete.
Saliendo de una habitación oscura que no era la suya, Blay entró en la terraza. Vestía una bata de seda negra y estaba descalzo, con el cabello húmedo por la ducha.
Tenía marcas de mordisco en el cuello.
Se detuvo cuando Qhuinn se irguió en la balaustrada.
—Oh... ey —dijo Blay, e inmediatamente miró hacia atrás como para asegurarse de que la puerta por la que había venido estaba cerrada.
Saxton está ahí dentro, pensó Qhuinn. Durmiendo en sábanas que ambos habían desordenado regiamente.
—Estaba a punto de volver dentro —dijo Qhuinn, lanzando el pulgar sobre el hombro—. Hace demasiado frío para estar mucho rato aquí afuera.
Blay cruzó los brazos sobre el pecho y miró hacia la vista.
—Sí. Refresca.
Después de un momento, el tipo se aproximó a la balaustrada y el olor a su jabón inundó la nariz de Qhuinn.
Ninguno de ellos se movió.
Antes de marcharse, Qhuinn se aclaró la garganta y se lanzó del puente.
—Estuvo bien. ¿Te trató bien?
Díos, su voz era ronca.
Blay hizo una profunda aspiración. Luego asintió con la cabeza.
—Sí. Estuvo bien. Estuvo... bien.
Los ojos de Qhuinn se apartaron de su colega... y solamente acertó a medir la distancia hasta el patio de piedra de abajo. Hmm... un salto del cisne hacia toda esa pizarra podría sacar las imágenes de esos dos de su cabeza.
Por supuesto, también convertiría su cerebro en huevos revueltos, pero en realidad, ¿tan malo era eso?
Saxton y Blay... Blay y Saxton...
Mierda, llevaba un rato callado.
—Me alegro. Quiero que seas... feliz.
Blay no comentó nada al respecto, pero en su lugar murmuró:
—Está agradecido, por cierto. Por lo que hiciste. Aunque fue un poco exagerado, pero... dice que siempre fuiste secretamente caballeroso.
Oh, sí. Totalmente. Ese era su segundo nombre de mierda, claaaaro.
Se preguntó qué pensaría el tío si supiera que Qhuinn deseaba arrastrarle fuera de la casa por todo ese precioso cabello rubio. Tal vez estirarle plano sobre la grava junto a la fuente y pasarle por encima el Hummer un par de veces.
En realidad, no, la grava no era la superficie correcta. Mejor meter el Hummer directamente en el vestíbulo y hacerlo allí. Quería algo realmente duro bajo el cuerpo... como cuando ponías una chuleta en una tabla de cortar.
Es tu primo, por amor de Díos, le señaló una vocecilla.
¿Y...? contrarrestó la mitad más grande de él.
Antes de volverse totalmente pirado y sumergirse en un desorden de personalidad múltiple, se apartó de la balaustrada... y de toda la cuestión del homicidio.
—Bueno, será mejor que me vaya. Voy a salir con John y Xhex.
—Estaré abajo en diez minutos. Sólo tengo que cambiarme.
Cuando Qhuinn miró a la cara apuesta de su mejor amigo, sintió como si nunca hubiera conocido ese cabello rojo, esos ojos azules, esos labios, esa mandíbula. Y fue a causa de su larga historia que buscó algo que decir, algo que los llevara de vuelta a donde habían estado.
Todo lo que le vino fue... Te echo de menos. Te echo tan jodidamente de menos que duele, pero no sé como encontrarte ni siquiera aunque estés justo delante de mí.
—Vale —dijo Qhuinn—. Te veo abajo en la Primera Comida.
—Vale.
Qhuinn puso en marcha su culo y caminó hacia la puerta de su habitación. Cuando deslizaba la mano alrededor de la fría manija de bronce, la voz le salió por la garganta, alta y clara.
—Blay.
—¿Sí?
—Cuídate.
Ahora fue la voz de Blay la ronca hasta el punto de fractura.
—Sí. Tú también.
Porque por supuesto, "cuídate" era lo que decía siempre Qhuinn cuando estaba dejando marchar a alguien.
Volvió a entrar dentro y cerró la puerta. Moviéndose mecánicamente, cogió las fundas para sus dagas y sus armas y recogió su chaqueta de cuero.
Curioso, apenas podía recordar perder la virginidad. Recordaba a la hembra, por supuesto, pero la experiencia no había dejado ningún tipo de impresión indeleble. Tampoco los orgasmos que había dado y conseguido desde entonces. Sólo un montón de diversión, un montón de jadeos sudorosos, un montón de objetivos identificados y realizados.
Nada excepto polvos fácilmente olvidables.
Sin embargo, mientras se dirigía abajo hacia el vestíbulo, comprendió que iba a recordar la primera vez de Blay durante el resto de su vida. Los dos habían estado separándose poco a poco desde hacía algún tiempo, pero ahora... el frágil cordón que había sido su última conexión, ese nudo cada vez más pequeño, había sido cortado.
Lástima que la libertad pareciera una prisión en vez de un horizonte.
Cuando sus botas golpearon el suelo de mosaico al fondo de las escaleras, la vieja canción de John Mellencamp, el himno al mechero resonó en su cabeza... y aunque siempre le había gustado bastante la canción, en realidad nunca había entendido verdaderamente su significado.
Deseó que todavía fuera el caso.
La vida pasa... mucho después de la emoción de que la vida esté pasando...

* * *
En el baño de John, Xhex estaba de pie bajo el agua caliente, con los brazos sobre el pecho, los pies plantados a ambos lados del chorro, el agua golpeándole la parte de atrás de la cabeza antes de cubrirle los hombros y fluir por su espina dorsal.
El tatuaje de John...
Maldita sea...
Se lo había hecho en su memoria... poniéndose su nombre en la piel de forma que siempre estuviera con él. Después de todo, no había nada más permanente que eso... demonios, por eso en la ceremonia de emparejamiento los hombres se tallaban la espalda: los anillos podían perderse. Los documentos podían romperse, quemarse o traspapelarse. Pero no era como si no llevaras contigo tu epidermis a donde quiera que fueras.
Tío, en realidad a ella nunca le habían importado una mierda esas hembras con sus vestidos y el cabello tan largo y hermoso y el maquillaje en sus bolsitos y esa chorrada de la naturaleza tierna. Si acaso, todo ese boato de feminidad había parecido una declaración de debilidad. Pero ahora, durante un callado momento, se encontró a sí misma envidiando el juego de seda y perfume. Que orgullo debían sentir sabiendo que sus machos llevarían por ahí su compromiso en sus cuerpos durante cada noche que vivieran.
John sería un maravilloso hellren...
Jesús... cuando se emparejara, ¿qué demonios iba a hacer con ese tatuaje? ¿Poner el nombre de su hembra debajo?
Bueno, Xhex no estaba mentalizada con lo de ser la primera de la lista en sus hombros durante el resto de su vida.
En realidad. En absoluto. Porque eso la convertiría en una perra egoísta, ¿no?
Oh, espera, ese bien podría haber sido su tema musical.
Obligándose a salir de la ducha, se secó y cambió todo el aire caliente y húmedo del baño por la bofetada fría del dormitorio.
Se detuvo justo pasado el umbral. Enfrente, el edredón había sido enderezado por una mano informal, lo que había estado desordenado ahora puesto más o menos en su lugar.
Sus cilicios estaban a los pies del colchón. Y al contrario que las colchas, habían sido arreglados con cuidado, los eslabones alisados, las dos longitudes alineadas juntas.
Se acercó y pasó un dedo por el metal con púas. John los había cuidado por ella... y el instinto le decía que los habría guardado si no hubiera vuelto nunca.
Vaya mierda de legado que dejar atrás.
Y si se iba a quedar en la casa a pasar la noche, tendría que ponérselos. En vez de eso, se puso los pantalones de cuero sin ellos, se colocó la camiseta ajustada y reunió sus armas y su chaqueta.
Gracias a su juego de hacer de escultura de jardín bajo la ducha, se había perdido la Primera Comida así que fue directamente a la reunión en el estudio de Wrath. Toda la Hermandad al igual que John y sus chicos estaban apiñados en el estudio francés azul pálido... y la mayoría, incluyendo a George, el perro lazarillo, daban vueltas por ahí.
La única persona que faltaba era Wrath. Lo cual frenaba el asunto, ¿no? Sus ojos buscaron y se posaron en John, pero tras un asentimiento en su dirección general, él miró directamente adelante, observando sólo a aquellos que cruzaban su campo de visión. A su lado, Tohrment estaba de pie alto y fuerte y leyendo las rejillas emocionales de ese par, captó la sensación de que habían reestablecido una conexión que significaba un montón para ambos.
Lo cual la hacía honestamente feliz. Odiaba la idea de que John estuviera solo después de que ella se marchara y Tohrment era el padre que él nunca había tenido.
Con una asquerosa maldición, Vishous aplastó uno de sus cigarros caseros.
—Maldito infierno, sigamos aunque no esté aquí. Estamos malgastando oscuridad.
Phury se encogió de hombros.
—Sin embargo, dio orden directa para esta reunión. —Xhex estuvo inclinada a ponerse de parte de V y dada la forma en que John cambiaba el peso adelante y atrás sobre sus shitkickers, no era la única.
—Mira, tu gente puede quedarse por aquí —ladró ella—. Pero yo me largo.
Cuando John y Tohr la miraron, una onda de lo más raro atravesó su mente, como si no fueran sólo dos machos que se habían reunido en la empresa de encontrar a Lash, sino que ella fuera algo así como la argamasa entre ellos.
No obstante, todos tenían tantos que marcar, ¿verdad? Ya fuera con la Sociedad Lessening o con Lash específicamente, los tres cargaban con la clase de rencores que te hacían desear matar.
Siempre la voz de la razón, Tohrment cortó la tensión.
—Vale, bien, asumo la responsabilidad de pasar al orden del día. Claramente su pequeña sesión de "ejercicio" en el Otro Lado todavía está en marcha y él no querría que perdiéramos toda la noche por su causa.
Tohr dividió a todo el mundo en equipos, con John, Xhex, Z, él mismo y los chicos yendo a la dirección en la que estaba registrado el corredor callejero y el resto de la Hermandad prorrateados entre la granja y el parque de patinaje Xtreme. En nada de tiempo, el grupo estaba bajando las escaleras, atravesando el vestíbulo y saliendo por la puerta delantera. Uno por uno, desaparecieron en el aire frío...
Cuando Xhex tomó forma otra vez, estaba delante de un edificio de apartamentos del centro en el viejo distrito del matadero... aunque probablemente edificio era demasiada palabra para el lugar. La estructura de ladrillo de seis pisos tenía ventanas bizcas y un techo pandeado que necesitaba el equivalente en la construcción de un quiropráctico... o tal vez una escayola de cuerpo entero. Y estaba bastante segura de que la línea de cicatrices de viruela que cruzaban la fachada había sido creada por la ráfaga de una ametralladora o tal vez una automática con la que el tirador había tenido un caso de D.T.
Te hacía preguntarte cómo los humanos del D.V.M habían aceptado la dirección como residencia cuando ese coche obtuvo su matrícula. Una vez más, tal vez nadie había comprobado si figuraba como habitable.
—Encantador —escupió Qhuinn—. Si se quiere criar ratas y cucarachas.
Vayamos por la parte de atrás, indicó John por señas.
Había dos callejones que corrían a ambos lados de este agujero de mierda y escogieron el de la izquierda al azar, sin ninguna razón en particular. Mientras trotaban a lo largo de él, pasaron junto a los detritus estándar de ciudad... nada nuevo, nada remarcable, sólo latas de cerveza, envoltorios de caramelos, páginas de periódicos. Las buenas noticias eran que no había ninguna ventana en los flancos del horrendo edificio, pero no era como si hubiera nada que ver aparte de otros mataderos e instalaciones de empaquetado... además tal vez la estabilidad de todo ese ladrillo de carga fuera la razón de que el techo no se hubiera convertido en suelo.
Xhex saltaba sobre las puntas de los pies mientras corría con los machos, el grupo cayó en un ritmo rápido que los llevó callejón abajo eficazmente y en relativo silencio. La parte de atrás de la estructura no era nada más que ladrillo rojo veteado de mugre-de-metro. La única diferencia era la puerta reforzada de acero que se abría a un pequeño aparcamiento en vez de a una carretera asfaltada.
Ningún lesser. Ni peatones humanos. Nada excepto gatos vagabundos, asfalto sucio y el aullido distante de sirenas.
Una sensación de impotencia la sobrecogió. Maldita sea, podría aparecer aquí o al otro lado de la ciudad en ese ridículo parque o en el quinto infierno. Pero no había forma de que el enemigo viniera a ella. Y tenían tan poco con lo que seguir.
—Me cago en la puta —masculló Qhuinn—. ¿Dónde demonios es la fiesta?
Sí, no era la única que se moría por una pelea.
Salido de ninguna parte, Xhex sintió un hormigueo que la atravesaba, el eco resonante de algo que al principio no entendió. Miró fijamente al resto del equipo. Blay y Qhuinn evitaban estudiosamente mirarse el uno al otro. Tohr y John se estaban paseando por ahí. Zsadist había sacado su teléfono para informar a los Hermanos de que estaban en posición.
Ese tirón...
Y entonces comprendió: Estaba sintiendo su sangre en otro.
Lash.
Lash no estaba lejos.

Giró ciegamente sobre sus talones y partió... caminando, luego echó a correr. Oyó que gritaban su nombre, pero nada iba a obligarla a dar explicaciones.
O a detenerla.

Capítulo 65

En el Otro Lado, mientras Payne yacía en una posición antinatural sobre el duro mármol, su homónimo la agobiaba22… pero sólo de cintura para arriba. No sentía ningún dolor en las piernas o pies, sólo un débil hormigueo que la hacía pensar en chispas de fuego prendiendo sobre madera húmeda. Justo por encima de su cuerpo roto, el Rey Ciego estaba inclinado sobre ella, con la cara tensa… y la Virgen Escriba había hecho también aparición, con aquella ropa negra y la luz tenue flotando alrededor en círculos.
No era de extrañar que su madre hubiera venido para arreglarla mágicamente. Al igual que esa puerta que había pasado de la ruina a la salvación, su querida madre quería borrarlo todo, limpiarlo, hacer que todo fuera perfecto.
—Yo… me niego —dijo Payne de nuevo a través de los dientes apretados—. No doy mi consentimiento.
Wrath miró sobre el hombro a la Virgen Escriba, luego volvió a bajar la mirada.
—Ah… escucha Payne, eso no es lógico. No puedes sentir las piernas…tu espalda probablemente esté rota. ¿Por qué no permites que Ella te ayude?
—No soy ningún objeto… inanimado que Ella pueda manipular a su voluntad… para complacer sus caprichos y antojos.
—Payne, sé razonable.
—Lo soy…
—Te estás muriendo…
—¡Entonces mi madre puede verme expirar! —siseó ella… e inmediatamente después gimió. A la estela de su arrebato, la consciencia iba y venía, sus ojos se enturbiaban y luego recuperaban el foco, fue con la expresión conmocionada de Wrath con lo que evaluó si se había desmayado o no.
—Espera, ella es… —El rey aseguró su mano contra el suelo de mármol para estabilizar su posición en cuclillas—. ¿Tu… madre?
A Payne no le importó que lo supiera. Nunca había sentido ningún orgullo asociado con ser la hija nacida de la fundadora de la raza… de hecho en cada oportunidad posible había buscado distanciarse... pero ahora eso no importaba. Si rechazaba la intervención “divina”, iría desde allí al Fade. Qué dolor sentiría ella al oírla.
Wrath se giró hacia la Virgen Escriba.
—¿Es eso cierto?
No le llegó ninguna respuesta afirmativa, pero tampoco una negativa. Y tampoco hubo ningún castigo por haber osado ofenderla con su pregunta.
El rey volvió a mirar a Payne.
—Jesucristo...
Payne respiró profundamente.
—Déjanos, estimado Rey. Vuelve a tu mundo y lidera a tu gente. No necesitas la ayuda de este lado o de Ella. Eres un macho de valía y un guerrero brillante…
—No voy a permitir que mueras —escupió él.
—No tienes opción, ¿verdad?
—Y una mierda que no. —Wrath se levantó de repente y miró ferozmente hacia abajo—. ¡Permite que Ella te sane! ¿Has perdido el maldito juicio? No puedes morir así…
—Por supuesto que… puedo. —Payne cerró los ojos mientras una ola de agotamiento la atravesaba.
—¡Haz algo! —Claramente el rey estaba ahora gritando a la Virgen Escriba.
Que pena que me sienta fatal, pensó Payne. De lo contrario, habría disfrutado sin duda de esta declaración final de independencia. Cierto era que ésta llegaba sobre las alas de su propia muerte, pero había llegado. Estaba haciendo frente a su madre. Había obtenido su libertad a través de su negativa.
La voz de la Virgen Escriba fue apenas más baja que un suspiro.
—Ha rechazado mi ayuda. Me está bloqueando.
Desde luego, lo estaba haciendo. Su rabia estaba dirigida contra su madre en tal medida que no era difícil creer que funcionara como barrera ante cualquier magia que la Virgen Escriba pudiera procurarle para soportar la “tragedia” que había ocurrido.
La cual de hecho se sentía más como una bendición.
—¡Tú eres todopoderosa! —La voz del rey era una dura acusación… la naturaleza desquiciada ante lo que era algo confuso. Pero bueno, él era un macho de valía que no dudaría en culparse a sí mismo—. ¡Simplemente arréglala!
Hubo un silencio y luego una débil respuesta:
—No puedo alcanzar su cuerpo… más de lo que puedo alcanzar su corazón.
En verdad, si la Virgen Escriba estaba entendiendo por fin lo que era sentirse impotente... Payne podría morir en paz.
—¡Payne! ¡Payne, despierta!
Sus párpados se alzaron. Wrath estaba a centímetros de su cara.
—Si pudiera salvarte, ¿me dejarías?
No entendía por qué ella era tan importante para él.
—Déjame...
—Si pudiera hacerlo, ¿me dejarías?
—No puedes.
—Responde a la puñetera pregunta.
Él era tan buen macho y era una pena el hecho de que su fallecimiento fuera a pesarle sobre la conciencia para siempre jamás.
—Lamento… esto. Wrath. Lo lamento. Esto no es obra tuya.
Wrath se volvió hacia la Virgen Escriba.
—Déjame salvarla. ¡Déjame salvarla!
Ante la exigencia, la capucha de la Virgen Escriba se desprendió por voluntad propia y por una vez su brillante figura se reveló sin ninguna sombra que la desluciera.
El semblante y la voz que presentó eran los de una bella hembra en medio de una tremenda agonía.
—Yo no quería este destino.
—Eso y una pila de mierda es lo mismo que nada. ¿Me permitirás salvarla?
La Virgen Escriba desplazó su mirada al cielo opaco sobre ella y la lágrima que cayó de su ojo aterrizó sobre el suelo de mármol como un diamante, impactando con un brillo y un destello.
Ese objeto encantador sería la última cosa que Payne vería, pensó mientras sus ojos se volvían tan pesados que ya no podía mantenerlos abiertos por más tiempo.
—Por el jodido amor de Dios —gritó Wrath—. Déjame…
La respuesta de la Virgen Escriba llegó desde una inmensa distancia.
—Ya no puedo seguir luchado contra esto. Haz lo que quieras, Wrath, hijo de Wrath. Mejor lejos de mí y viva, que muerta sobre mi suelo.
Todo se quedó en silencio.
Una puerta fue cerrada.
Entonces oyó la voz de Wrath: Te necesito en el Otro Lado. Payne, despierta, te necesito en el Otro Lado…
Curioso. Era como si estuviera hablando dentro de su cráneo... pero lo más probable es que hubiera vuelto a inclinarse sobre ella y estuviera hablando en voz alta.
—Payne, despierta. Necesito que cruces por ti misma a mi lado.
En medio de una bruma, Payne comenzó a negar con la cabeza… pero el impulso no fue bien recompensado. Mejor quedarse quieta. Muy quieta.
—Yo no… no puedo llegar allí.
Un vértigo repentino y mareante la dejo tambaleándose, sus pies dando vueltas y vueltas alrededor de su cuerpo, su mente era un vórtice alrededor del cual giraba. La sensación de ser succionada hacia abajo fue acompañada por una presión en sus venas, como si su sangre se estuviera expandiendo, solo que estaba confinada en una localización ajustada.
Cuando abrió los ojos, vio un techo alto y blanco brillando sobre ella.
Así que no se había movido, entonces. Estaba donde había estado, tendida bajo el lechoso cielo del Otro Lado.
Frunció el ceño. No, este no era el extraño cielo sobre el santuario. Era un… ¿techo?
Sí… reconocía lo que era… y de hecho, en su visión periférica, presentía paredes… cuatro paredes azul pálido. También había lámparas, aunque no de las que recordaba… no eran antorchas o velas sino cosas que brillaban sin llama.
Una chimenea. Un…escritorio enorme y un trono.
No había movido su cuerpo hasta allí por sí misma; no tenía fuerzas para ello. Y Wrath no habría podido trasladar su forma corpórea. Había no obstante una explicación. Había sido expulsada por su madre.
No había vuelta atrás; le habían concedido su deseo. Era libre, para siempre.
Una extraña paz la sobrecogió, una que no era ni el manto calmante de la muerte… sino la comprensión de que la lucha se había acabado. De hecho, viva o muerta, aquello que la había definido durante años se había acabado, un peso desaparecido que la envió de nuevo volando a su por ahora inmóvil carne.
La cara de Wrath apareció en su campo de visión, su cabello largo y negro resbalándole libre por los hombros y cayendo hacia delante. Y en ese momento, un perro dorado agachó la cabeza bajo el pesado brazo del rey, su cara amable mostrando una bienvenida curiosa, como si ella fuera un inesperado pero apreciado invitado.
—Voy a traer a Doc Jane —dijo Wrath, acariciando el costado del perro.
—¿Quién?
—Mi médico privado. Quédate aquí.
—Como si…fuera a irme a algún lado.
Se oyó el tintineo de una correa y luego el rey salió, con la mano sobre el arnés que lo conectaba con el hermoso perro, las patas del animal repicaban sobre el suelo cuando alcanzaron el borde de la alfombra y golpearon madera dura.
En verdad estaba ciego. Y aquí en este lado, necesitaba los ojos de otro para funcionar.
Una puerta se cerró y entonces no pensó en nada excepto el dolor. Estaba flotando, ligera a causa de la agonía de su cuerpo… y aun así, a pesar del increíble desconcierto, estaba en el punto álgido de una extraña paz.
Sin ninguna razón evidente, notó que el aire aquí tenía una fragancia encantadora. Limón. Cera de abejas.
Simplemente encantador.
Sería el destino, su tiempo en este lado había sido mucho tiempo atrás y por lo extrañas que parecían las cosas, en un mundo diferente. Pero recordaba lo mucho que le había gustado. Todo había sido impredecible y por tanto, cautivador…
Algún tiempo más tarde, la puerta se abrió, oyó una vez más el tintineo del collar del perro y percibió la poderosa fragancia de Wrath. Y había alguien con ellos… alguien que no se percibía de una forma que Payne pudiera procesar. Pero había definitivamente otra entidad en la habitación.
Payne obligó a sus ojos a abrirse… y casi dio un respingo hacia atrás.
No era Wrath quien se cernía sobre ella, sino una hembra… o al menos parecía ser una hembra. Su cara tenía líneas femeninas… solo que los rasgos y el cabello eran translucidos y fantasmales. Y cuando sus miradas se encontraron, la expresión de la hembra pasó de preocupada a conmocionada. De repente, ella tuvo que buscar equilibrio en el brazo de Wrath.
—Oh… Dios mío… —Su voz era ronca.
—Es tan obvio, ¿Doc? —dijo el rey.
Cuando la hembra tuvo problemas para responder, Payne pensó que ese no era el tipo de reacción que uno esperaba suscitar en un médico. En verdad, Payne había creído que la médico era bien consciente de lo grave que era su herida. No obstante, bien podía ser que no tuviera muy clara la gravedad de su condición.
—De verdad, estoy…
Vishous.
El nombre le congeló el corazón.
Puesto que no lo había oído en más de doscientos años.
—¿Por qué habláis de mi difunto? —susurró.
La cara fantasmal de la médico tomó forma tangible, sus ojos verde bosque revelaban una profunda confusión, su carne mostraba la palidez de alguien que luchaba con sus emociones.
—¿Tu difunto?
—Mi gemelo… mucho tiempo hace que pasó al Fade.
La médico negó con la cabeza, sus cejas bajaron sobre esa mirada inteligente.
—Vishous está vivo. Estoy emparejada con él. Está aquí, vivo y bien.
—No… eso no puede ser. —Payne deseó poder subir la mano y agarrar el sólido brazo de la doctora—. Mientes… está muerto. Hace mucho tiempo…
—No. Esta muy vivo.
Payne no podía entender las palabras. Le habían dicho que se había ido, perdido en la dulce misericordia del Fade.
Lo había dicho su madre. Por supuesto.
¿De veras la hembra la había engañado negándole saber de su propio hermano? ¿Podía ser alguien tan cruel?
Bruscamente, Payne descubrió sus colmillos y gruñó bajo en su garganta, el fuego de la ira desplazó su agonía.
—La mataré por esto. Juro que me ocuparé de ella como hice con nuestro sangriento padre.





Capítulo 66

John partió detrás de Xhex en el instante en que ella abandonó el grupo y comenzó a correr. No le gustaban el pensamiento independiente o su dirección... se dirigía a un callejón al final del cual nadie sabía si había salida o una pared de ladrillo.
La alcanzó, cogiéndola del brazo para lograr su atención. Lo cual le llevó exactamente a ninguna parte. Ella no se detuvo.
¿Adónde vas?, intentó decir por señas, pero era difícil hacerlo con una persona que te estaba ignorando mientras corrías a toda velocidad.
Habría silbado, pero eso era demasiado fácil de ignorar, así que intentó de nuevo cogerle el brazo, pero ella se lo sacudió, concentrada únicamente en un destino que él no podía ver ni sentir. Finalmente, saltó sin más delante de ella y le bloqueó el paso. Luego la obligó a mirarle las manos.
¿Adónde demonios vas?
—Puedo sentirle... a Lash. Está cerca.
John fue a por sus dagas mientras vocalizaba, ¿dónde?
Ella le rodeó trotando y reanudó su persecución y mientras él la seguía, Tohr se mantuvo a un paso por detrás de ellos. Cuando los demás comenzaron a llegar, John sacudió la cabeza y les indicó que se quedaran atrás. Los refuerzos adicionales en el campo de batalla eran algo inteligente, pero demasiadas armas en esta situación no eran un valor añadido: Él iba a ocuparse de Lash y lo último que necesitaba eran más dedos de gatillo alegre apuntando a su objetivo.
Sin embargo, Tohr lo entendía. Sabía visceralmente por qué John tenía que vengar a su hembra. Y Qhuinn tenía que venir. Pero eso era todo, ninguna otra taza o salsera estaba invitada a la reunión de té.
John se mantuvo cerca de Xhex... que parecía haber escogido sabiamente por qué callejón ir. En vez de un camino cortado, la senda accidentada torcía a la derecha y serpenteaba entre otros almacenes vacíos mientras se dirigía abajo, hacia el río. Supo que se estaban acercando realmente al agua cuando el olor a pescado muerto y algas a la deriva alcanzó su nariz y el aire pareció volverse más frío.
Encontraron el Mercedes AMG negro aparcado delante de una boca de incendios. El sedán apestaba a lesser y aunque Xhex miraba alrededor como si buscara la siguiente directiva, John no estaba de humor para esperar.
Cerró un puño y golpeó el parabrisas.
La alarma saltó como una fiera y él examinó el interior. Había una especie de residuo aceitoso en el volante y el cuero color crema estaba veteado de manchas... estaba condenadamente seguro de que las de color tinta eran sangre de lesser... y esa mierda color óxido era humana.
Jesús, el asiento trasero parecía haber sido atacado por un gato espástico, los arañazos eran tan profundos en algunos lugares, que se veía el acolchado de abajo.
John frunció el ceño, recordando los días del centro de entrenamiento. Lash siempre había sido muy particular con sus cosas, desde la ropa que vestía a la forma en que estaba organizada su taquilla.
¿Tal vez no fuera su coche?
—Es suyo —dijo Xhex, colocando las palmas sobre el capó—. Puedo olerle por todas partes. El motor todavía está caliente. Sin embargo, no sé dónde está.
John gruñó al pensar en el tipo estando tan cerca de su hembra que ella le conocía por el olor. Jodido bastardo hijo de una puta...
Justo cuando la cólera se le escapaba, Tohr le agarró por la nuca y le dio una sacudida.
—Respira hondo.
—Tiene que estar por aquí... —Xhex miró hacia el edificio que había ante ellos y luego arriba y abajo por el callejón por el que habían venido.
Cuando John sintió un dolor ardiente en la mano izquierda, subió el brazo. Su apretón sobre la daga se había tensado tanto, que el mango se había agrietado en protesta.
Sus ojos se deslizaron hasta los de Tohr.
—Vas a pillarle —susurró el Hermano—. No te preocupes por eso.
* * *
Lash medio esperaba que los hombres de Benloise le sorprendieran con alguna mierda cuando enfrentó al par de cuellos gruesos. Estaba separado de ellos por alrededor de diez metros de aire frío y todo el mundo tenía su seguro quitado.
Mientras los examinaba, esperó a que se hicieran el John Wayne e intentaran algo. Los dos matones habrían sido una excelente adición a su creciente establo... sabían de tráfico y obviamente se habían ganado sus galones trabajando con Benloise. Había un montón de kilos en esos maletines de metal que tenían en las manos, pero los humanos tenían cabeza fría y calma.
Estaban armados hasta los dientes también.
Igual que Lash. Demonios, había un auténtico arsenal aquí con todas esas armas y municiones... y no iba a sentirse mucho mejor hasta que hubiera menos de él a lo que disparar.
En cualquier caso, sombra era mejor que carne.
—Aquí está la obra —dijo el tipo de la izquierda mientras levantaba las cajas—. Señor.
Y sí, era el que había presenciado el numerito con Benloise. Eso explicaba por qué eran ambos tan corteses.
—Veamos qué tenéis ahí —murmuró Lash, manteniendo el morro de su cuarenta apuntado hacia ellos—. Y que vuestras manos permanezcan claras y visibles.
El vistazo rápido a la mercancía fue eficiente y satisfactorio, la pareja trabajó combinada en el abrir y revelar.
Lash asintió con la cabeza.
—Dejad el producto. Marchaos.
Los humanos efectuaron el Simon Dice y dejaron las drogas; retrocedieron y luego caminaron enérgicamente en dirección opuesta, manteniendo las manos a los costados.
Tan pronto como volvieron a una esquina y sus pisadas dejaron de hacer eco, Lash se acercó a los maletines y abrió sus palmas sombrías. A su orden, las asas se alzaron y las dos cargas de coca levitaron desde el asfalto a sus garras...
El estridente sonido de la alarma de un coche atravesó su cabeza, el pitido alocado venía del callejón donde había dejado su AMG.
Jodidos mierdas humanos del centro...
Lash frunció el ceño mientras sus instintos se desplegaban y localizaba al que había tocado lo que era suyo.
Ella estaba aquí.
Xhex... su Xhex estaba aquí.
Mientras lo que quedaba de su lado vampiro rugía de posesividad, Lash descubrió que su cuerpo vibraba hasta que sus pies dispusieron de su carga y se encontró avanzando sobre el asfalto con el viento, impulsado por el momento que había creado con su mente, no con sus piernas.
Más rápido. Más rápido.
Rodeó la esquina y ahí estaba ella, de pie junto a su coche, pareciendo puro sexo con sus pantalones y su chaqueta de cuero. En el instante en que apareció, se giró hacia él como si la hubiera llamado.
Incluso sin luces que brillaran sobre ella, Xhex estaba resplandeciente, la iluminación ambiental de la ciudad se acumulaba sobre su cuerpo, como si su carisma interior lo exigiera. Jodido guau. Era una zorra caliente, especialmente en el calor de la lucha y cuando el espacio hueco delante de sus caderas zumbó, extendió la mano hacia abajo.
Algo estaba duro. Detrás de su cremallera, había algo listo para ella.
Con un disparo de adrenalina que era mejor que ningún tipo de coca, se entretuvo pensando en lo divertido que sería tomarla con audiencia. Su polla había vuelto a tomar algún tipo de forma y eso significaba que estaba de vuelta en el negocio... justo a tiempo.
Mientras ella le sostenía la mirada, ralentizó la velocidad y se concentró en quién estaba con ella. El Hermano Tohrment. Qhuinn, el fallo genético disparejo. Y John Matthew.
La galería perfecta para algo de mierda en plan La Naranja Mecánica.
Que. Puñeteramente. Fabuloso.
Lash se agachó hasta el suelo y dejó los maletines sobre el asfalto. Los estúpidos machos que venían con ella estaban todos ocupados sacando diversos tipos de hierros... pero no su Xhex. No, ella era más fuerte que eso.
—Hola, nena —dijo—. ¿Me has echado de menos?
Alguien soltó un gruñido que le recordó a su rottweiler, pero sea como sea, ahora que tenía la atención de todo el mundo, iba a aprovecharse de su momento en escena. Apartándose la capucha del impermeable de la cabeza, subió el brazo, sus manos sombrías deshicieron las hebras negras que le cubrían la cara y reveló sus rasgos.
—Jesucristo... —masculló Qhuinn—. Pareces un test de Rorschach.
Lash no dignificó eso con una respuesta, más que nada porque la única que le importaba era la hembra vestida de cuero. Obviamente, ella no esperaba su transformación, ¿y la forma en que dio un respingo hacia atrás? Mejor que un abrazo y un beso. Para disgusto de ella era bueno encendiéndola... y sería mucho más divertido cuando consiguiera traerla de vuelta y reservara para sus culos algún tiempo en una suite nupcial.
Lash sonrió y propulsó su voz nueva y mejorada por el aire.
—Tengo tales planes para ti y para mí, zorra. Por supuesto vas a tener que suplicarme...
La maldita hembra de mierda desapareció.
Justo en medio del aire.
En un momento estaba de pie junto a su coche y al siguiente no había nada más que aire allí donde ella había estado. Sin embargo la perra todavía estaba en el callejón. Podía sentirla, sólo que no la veía.
El primer disparo que sonó vino de detrás de él y le dio en el hombro... o no, como fue el caso. El abrigo trenca se hizo trizas con el impacto, arrancando de cuajo una solapa, pero a la no-carne de abajo no podría haberle importado menos... y todo lo que sintió fue un pinchazo raro retumbando.
Geniaaaaaaal. De otro modo podría haber dolido.
Hizo girar la cabeza, francamente para nada impresionado por lo obvia que había sido ella y lo mala que era su puntería.
Sólo que no había sido Xhex la que había soltado la carga. Los chicos de Benloise habían aparecido con refuerzos y menos mal que no sabían apuntar una mierda. La última vez que lo había comprobado, su pecho todavía era sólido, así que un par de centímetros más abajo y al centro y podría haber tenido un colador por corazón.
La rabia ante el maldito nervio de estos camellos cabrones hizo que le hirviera una bola de luces-fuera-capullos en la palma de la mano.
Mientras se lanzaba de vuelta al marco de la puerta, lanzó la bola de energía a los humanos, la explosión fue tal que proporcionó una maldita función cuando derribó a los bastardos como si fueran bolos, iluminando sus cuerpos al estilo manga mientras se lanzaban a ambos lados de la estela de la llamarada.
En este punto, más Hermanos habían llegado y todo tipo de gente habían comenzado a disparar, varias armas probaron puntería... lo cual no fue para tanto hasta que Lash recibió un tiro en la cadera, el dolor ardió a través de su torso e hizo que su corazón rebotara alrededor. Mientras maldecía y caída de lado, sus ojos se movieron hacia el callejón.
John Matthew era el único que no se había puesto a cubierto: Equipo Hermano se había agachado detrás del Mercedes y los tíos de Benloise se habían arrastrado detrás de la carcasa oxidada de un Jeep.
Pero John Matthew tenía sus shitkickers plantadas en el suelo y las manos colgando a los costados.
El cabrón se convertía a sí mismo en un condenado blanco. Casi era aburrido.
Lash convocó otra bola de energía en su palma y gritó:
—Te estás suicidando tan claro como si te pusieras un arma en la cabeza, capullo hijo de puta.
John comenzó a caminar hacia delante, con los colmillos desnudos, una ráfaga fría ondeando por delante de él.
Por un momento, Lash sintió una pulsada de tensión filtrarse a través de la nuca. Esto no podía estar bien. Nadie en sus cabales se aproximaría a así, a buen paso, a su final.
Era suicida.

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