sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 67 68 69

Capítulo 67

Planes, planes, planes...
O, en otras palabras, mierda, mierda, mierda...
Xhex había tenido el plan perfecto cuando se enmascaró a la manera de los symphaths y se esfumó en un susurro. Como asesina, se enorgullecía no sólo de su tasa de éxito, sino de la atención que ponía en su trabajo y esta revancha iba a ser buena. Su "plan" había sido flanquear a Lash sin ser vista y rebanarle la garganta antes de ponerse a trabajar con él... mientras le miraba a los ojos y sonreía como la zorra loca que era.
¿Primera cagada? ¿Qué coño le había ocurrido desde que lo había visto por última vez? La revelación que se había sacado de la manga desenvolviéndose la cabeza la había dejado absolutamente atónita. No le quedaba carne en la cara; no había nada más que fibras de músculo negro liso y sus dientes blancos brillantes parecían fluorescentes en contraste. Y sus manos no estaban bien tampoco. Tenían forma, pero no sustancia. En la noche sombría… no eran nada más que una sombra más profunda de oscuridad.
Gracia a Dios que había escapado de él cuando lo hizo… aunque tal vez esa decadencia era la razón de que hubiera podido escapar de su prisión: Parecía lógico asumir que sus poderes se estaban debilitando también.
Pero fuera como fuera… ¿su segundo problema en la Tierra de los Planes? John. Que ahora mismo estaba de pie en el centro del callejón con nada menos que un cartel que decía DISPARAR AQUÍ en el pecho.
Era puñeteramente obvio que no iba a mostrarse para nada razonable… ni siquiera si tomaba forma justo junto a su oído y gritaba en su cerebro; sabía que no había nada que pudiera hacerle descarrilar de su curso. Era todo animal mientras se enfrentaba a su enemigo, con los colmillos desnudos como los de un león, el cuerpo arqueado hacia delante como si fuera a atropellar al tipo.
Bastante buenas probabilidades de que fuera a morir si no se cubría, pero no parecía importarle y el por qué estaba claro: su fragancia vinculadora era más fuerte que ningún sonido que pudiera haber hecho con la garganta, la especia oscura era un rugido que sobrecogía cualquier otro olor, desde el hedor del cuerpo de la ciudad al sudor del río, pasando por la peste a lesser que emanaba del cuerpo purulento de Lash.
De pie en el callejón arenoso, John era el macho primitivo protegiendo a su hembra… y todo lo que ella no había querido en esta situación, precisamente por esta misma razón: claramente, su seguridad personal no significaba nada para él, su objetivo superaba totalmente a su sentido común y entrenamiento específico.
¿En conclusión? Él no iba a ser capaz de sobrevivir a cualquiera que fuera la bola de energía que Lash estaba formando en la palma… y esa realidad lo cambiaba todo en su mundo.
Nuevo plan. Se acabó la cobertura para ella. Nada de incapacitar, desarmar y desmembrar. Ni la extracción de dolor hasta la agonía que había previsto, ni rutina Jack el Destripador.
Cuando tomó forma y se lanzó hacia Lash, fue para salvar a John, no para vengarse a sí misma. ¿Porque a dónde llevaba esto? Sacar a John del paso era lo único que le importaba.
Placó a Lash alrededor de la cintura en el mismo momento en que él empezaba a lanzar su bola de golpe-va y aunque le llevó al suelo con ella, él se las arregló para dar el curso correcto a su puntería… y golpeó a John directamente en el pecho.
El impacto lanzó volando a su macho separándolo del pavimento, arrastrándole hacia arriba y hacia atrás, todo excepto pulverizarle en sus botas.
—¡Jodido bastardo! —gritó a la cara devastada de Lash.
Los brazos del hijo de puta se envolvieron a su alrededor, cerrándose con una fuerza increíble. Y cuando le dio la vuelta y la sujetó contra el pavimento bajo él,  el aliento fue caliente y apestoso en su cara.
—Te pillé —se burló él, aplastando sus caderas contra las de ella, la erección fue suficiente para hacerla enfermar.
—¡Que te jodan! —Con un rápido tirón, le dio justo en la... bueno, lo que pasaba por una nariz... con un cabezazo que le hizo aullar.
Desafortunadamente, no consiguió otro golpe limpio mientras luchaban por el control, rodando por ahí, con las piernas entrelazadas y esa horrible erección suya empujando hacia ella. Él se las arregló para sujetarle una muñeca, pero al menos consiguió mantener la otra fuera de su camino.
Lo cual significó que cuando fue el momento adecuado, pudo extender la mano entre ellos, agarrarle los huevos y retorcérselos tan fuerte que si no hubiera sido por los pantalones, le habría arrancado esos cabrones.
Lash resolló una maldición y se puso rígido, probando que podía ser un semidiós del lado oscuro, pero era bastante puñeteramente mortal cuando se trataba de un golpe en las joyas de la familia.
Ahora era ella la que tenía el control en el campo de juego, girándole de espaldas, le agarró del cuello y le montó a horcajadas.
—Te tengo —exclamó hacia él.
Mientras le sujetaba abajo, la rabia sacó lo mejor de ella… en vez de apuñalarle directamente, le agarró por el cuello y le sacó el aire de la garganta.
—No jodas con lo que es mío —gruñó hacia él.
El asqueroso culo purulento de Lash se cabreó horrendamente y de algún modo su voz emanó a pesar de la presión que ella estaba ejerciendo en su laringe.
—Ya le habían jodido bien. ¿O no te contó lo de ese humano que...?
Xhex abofeteó al HDP tan fuerte, que se llevó un diente con ella de paso.
—No te atrevas a ir por ahí...
—Iré a donde me de la puta gana, corazón.
Con eso, se desvaneció, disolviéndose en la nada... pero eso no duró. Un instante después, la cogió por detrás, la agarró y la empujó duramente contra su cuerpo. En los silenciosos segundos que siguieron, tuvo una breve impresión de humanos gimiendo sobre el asfalto y luego él la giró y utilizó como escudo mientras se enfrentaba a los Hermanos.
Sus ojos no malgastaron tiempo en comprobar las posiciones del equipo detrás del mercedes o sopesar las armas que apuntaban en su dirección y la de Lash.
John era lo único que importaba.
Y gracias a Dios y la Virgen Escriba… o quien fuera que hubiera tenido misericordia… él se estaba sentando y sacudiéndose cualquiera que fuera la pesadilla de luz estroboscópica que le había tirado de culo.
Al menos estaba vivo.
Probablemente ella no iba a sobrevivir a esto, pero John… él iba a vivir. Con tal de consiguiera sacar a Lash y a sí misma fuera de aquí.
—Llévame —siseó hacia el bastardo—. Llévame de una vez y déjalos.
Hubo un susurro de metal contra metal y luego un cuchillo que apareció ante su cara, la hoja relucía justo delante de su ojo… tan cerca, que pudo divisar la inscripción con el nombre del fabricante.
—Te gusta ser realmente personal con tus presas. —La voz de Lash no estaba muy bien, la distorsión hacía que las palabras ondearan en su oído—. Lo sé por lo que le hiciste a ese tonto de Grady. Le concediste una maldita última comida… ¿me pregunto si le gustaba la salchicha en vida tanto como le gustó en la muerte?
El extremo del arma salió de su campo visual… y luego sintió la punta pasar por su pómulo y bajar lentamente hacia abajo.
La brisa era fresca. Su sangre era cálida.
Cerrando los ojos, todo lo que pudo hacer fue repetir.
—Llévame.
—Oh, lo haré. No te preocupes por eso. —Algo húmedo le pasó sobre la herida… su lengua lamiendo lo que había manado. Luego gritó—: Sabe tan bien como recuerdo... Alto ahí mismo. Si alguien da un paso más, la rajo aquí, donde cuenta.
La hoja fue a su garganta y Lash comenzó a retroceder, arrastrándola con él.
Por instinto, intentó meterse dentro de su cabeza por si acaso su lado symphath podía influenciarle, pero se vio bloqueada con tanta seguridad como si estuviera delante de una pared de piedra. No era una sorpresa.
Bruscamente, se preguntó por qué él no los enmascaraba a ambos...
Lash estaba cojeando. Había recibido una bala en alguna parte... y ahora que estaba apropiadamente concentrada, pudo oler su sangre y ver el brillo en el pavimento.
Mientras Lash seguía avanzando, esos patéticos humanos entraron de nuevo en su campo de visión y parecían cadáveres, todos pálidos y rígidos hasta el punto de que le sorprendió que pudieran emitir algún sonido en absoluto. Su coche, pensó ella. Lash iba a intentar llevarlos a los dos de vuelta en cualquiera que fuera el transporte en el que estos tipos habían venido. Y aunque estaba comprometido a ciertos niveles, su garra sobre ella era cruelmente fuerte, ¿y ese cuchillo? Firme y listo.
Xhex miró fijamente a John y supo que recordaría la magnífica visión de su venganza de guerrero para siempre...
Frunció el ceño cuando sintió sus emociones. Qué... extraño. Esa sombra que siempre había sentido en el margen de su rejilla ya no era una simple hebra secundaria… era tan tangible y vívida como siempre había sido la construcción primaria dentro de su psique.
De hecho, mientras miraba al callejón, las dos partes de él... se convirtieron en una.
* * *
Tras ser golpeado por esa bomba de energía, estaba aturdido y desorientado, pero forzó a su cabeza a volver al juego y de algún modo se las arregló para levantarse del suelo. No podía sentir ninguna parte de su cuerpo y la otra mitad que no estaba entumecida gritaba de dolor, pero tampoco importaba. Un propósito mortífero le animaba, reemplazando al latir de su corazón como conductor de su forma física.
Fijando los ojos en la escena que tenía ante él, sus manos se contrajeron y sus hombros se tensaron. Lash estaba utilizando a Xhex como escudo viviente, sus mejores puntos de impacto estaban ocultos tras ella mientras se la llevaba.
Ese cuchillo en la garganta estaba justo sobre la vena. Presionando contra su... con un giro rápido, la realidad se distorsionó y deformó ante él, su visión dejó de ser confusa y se aclaró, sólo para perder el foco sobre el callejón en el que estaban todos una vez más. Parpadeando con fuerza, maldijo los trucos que Lash tenía a su disposición.
Sólo que el problema no era algo que hubiera golpeado a John. Era algo dentro de él... una visión. Una visión que surgía de alguna parte profunda de su mente, arrasando con lo que estaba viendo realmente…
Un campo junto a un granero. En la oscuridad de la noche.
Sacudió la cabeza y sintió alivio cuando el callejón de Caldwell regresó...
Un campo junto a un granero. En la oscuridad de la noche... una hembra de valía retenida en una llave malvada, un cuchillo en su garganta.
Y luego estuvo bruscamente de vuelta en el presente, de regreso aquí en el distrito de los almacenes… donde una hembra de valía estaba sujeta por una llave malvada, con un cuchillo en la garganta.
Oh, Dios... se sentía como si hubiera hecho esto antes.
Joder... había hecho esto antes.
El ataque epiléptico le sucedió como siempre hacía, revolviendo sus neuronas, enviándole a volar en su propia piel.
Normalmente terminaba sentado de culo, pero el macho vinculado en él le mantuvo erguido, dándole un tipo de poder que provenía del alma, no del cuerpo: Su hembra estaba en brazos de un asesino, cada célula del cuerpo de John iba a rectificar la situación de forma tan violenta y rápida como fuera posible.
O tal vez un poco más sangriento y rápido que eso.
Movió la mano hasta el interior del abrigo en busca de su arma… pero mierda, ¿a qué iba a disparar? Lash no se arriesgaba con sus propios órganos vitales y su grotesca cabeza estaba muy cerca de la de ella, no había espacio para el error.
La furia de John gritaba en su interior.
En su visión periférica, vio aparecer el cañón de un arma.
Parpadeo.
Un campo junto a un granero. En la oscuridad de la noche. Una mujer de valía retenida en una llave malvada, con un cuchillo en la garganta. Un arma sacada para apuntar...
Parpadeo.
De vuelta aquí en Caldwell, el amor de su vida en manos de su enemigo.
Parpadeo.
Un arma disparando...
La explosión justo junto al oído de John le sacudió firmemente de vuelta a la realidad y le arrancó un grito sin palabras, lanzándose hacia delante como si pudiera atrapar la bala.
¡No! gritó sin sonido. Noooo....
Excepto que fue un disparo perfecto. El tiro le dio a Lash en la sien... apenas a dos centímetros de la propia cabeza de Xhex.
A cámara lenta, John miró sobre su hombro. La cuarenta de Tohrment sobresalía directamente del cuerpo del tipo, el arma inquebrantable en el aire frío.
Por alguna razón, ni el tirador ni la precisión fue una sorpresa, aunque había sido un blanco de uno entre un millón.
Oh, Dios, habían hecho esto antes, ¿no? Justo... así.
El tiempo real volvió a su lugar y John volvió a girar la cabeza. Enfrente, Xhex estuvo brillante mientras Lash se tambaleaba. Se agachó rápidamente para dar a Tohr un blanco mayor y estaba casi totalmente fuera del paso cuando la segunda bala salió volando. El impacto número dos arrancó a Lash directamente fuera de sus preciosos y pequeños mocasines, haciéndole aterrizar de plano sobre la espalda.
John se sacudió los vestigios de su vértigo y se abalanzó hacia su hembra, sus shitkickers aferrándose al suelo y aguantando firmemente, sus muslos propulsando sus pies con todas sus fuerzas mientras entraba en acción.
Su único pensamiento era salvar a Xhex y fue a por el arma que necesitaba para lograr la acción: la daga negra de seis centímetros que tenía enfundada en el pecho. Cuando llegó a su altura, alzó el brazo sobre la cabeza, dispuesto a caer sobre su enemigo y apuñalar a Lash de vuelta a…
El olor de la sangre de Xhex lo cambió todo, desviando la puñalada.
Oh, Jesús… El jodido bastardo tenía dos cuchillos. Uno el que tenía en su garganta.
Y otro el que le había perforado el estómago.
Xhex rodó sobre su espalda, aferrándose el costado con una mueca.
Mientras Lash se contorsionaba, agarrándose la cabeza y el pecho, Tohr llegó con Qhuinn, Blay y los demás Hermanos, todos con las armas apuntadas hacia su enemigo, así que John no tenía que preocuparse por estar cubierto mientras evaluaba el daño.
John se inclinó sobre Xhex.
—Estoy bien —jadeó ella—. Estoy bien... estoy bien.
Y un cuerno lo estaba. A penas podía respirar y la mano que tenía contra la herida estaba cubierta de sangre brillante y fresca.
John comenzó a hacer signos frenéticamente.
Llamad a Doc Jane.
—¡No! —estalló ella, agarrándole el brazo con la mano ensangrentada—. Sólo me importa una cosa ahora mismo.
Cuando los ojos de ella se fijaron en Lash, el corazón de John golpeó ruidosamente contra su caja torácica.
Desde lo alto, Z dijo:
—Butch y V traen el Escalade desde el Extreme Park… hijo de puta… tenemos compañía.
John miró callejón abajo. Cuatro lesser habían entrado a la vista… evidenciando que la dirección de registro del Civic había sido buena, aunque la sincronización del momento fuera ahora de lo más inoportuna.
—Nos ocuparemos de ellos —siseó Z mientras él y el grupo corrían de vuelta a ocuparse de los recién llegados.
El sonido de risas hizo que John volviera a concentrarse. Lash sonreía ampliamente, la impía anatomía de su cara mostraba una sonrisa loca.
—John, muchacho… me la follé, John… me la follé duro y le gustó.
Una rabia blanca atravesó a John, el macho vinculado en él gritaba, la daga en su mano se alzó una vez más.
—Me suplicó, John… —El aliento obtenido era entrecortado, pero satisfactorio—. La próxima vez que estés con ella... recuerda que yo llené…
—¡Nunca lo deseé! —escupió Xhex—. ¡Nunca!
—Hembra asquerosa —se burló Lash—. Eso es lo que eres y lo que siempre serás. Asquerosa y mía...
Todo se ralentizó para John, todo, desde cómo los tres estaban allí apiñados, a la forma en que el viento recorría erráticamente el callejón, hasta la pelea que había estallado a cien metros de distancia junto al Mercedes.
Pensó en su propia violación hacía mucho tiempo en aquel hueco de escalera. Visualizó a Xhex pasando por una humillación y degradación similar. Recordó lo que Z había dicho haber pasado.
Recordó lo que Tohr había sufrido.
Y en medio de los recuerdos, sintió el eco de algo de hacía mucho, mucho tiempo, algo sobre otro secuestro, otra hembra que había sufrido equivocadamente, otra vida arruinada.
La horrenda cara de Lash y su forma decrépita y derretida se convirtió en la personificación de todo ello: una representación enconada, putrefacta y tangible de todo el mal del mundo, todo el dolor causado deliberadamente, toda la crueldad, envilecimiento y alegría maliciosa.
Todos los actos realizados en un momento cuyas repercusiones duraban toda una vida.
—Me la follé, John, muchacho.
Con un arco mordaz, el brazo de la daga de John descendió rápidamente.
En el último segundo, torció la muñeca de forma que la cabeza de la empuñadura pilló a Lash justo en la cara. Y el macho vinculado en él quiso hacerle lo que había hecho al asesino allá en la casa de piedra arenisca… nada menos que un destripamiento completo.
Solo que entonces estaría privando a esta situación de la clase de justicia divina que poca gente conseguía. Su error nunca había sido enmendado… ese saco de mierda humano que le había hecho daño se había librado. Y el error de Tohr nunca sería enmendado, porque Wellsie nunca volvería.
Pero Z había logrado su clausura.
Y maldita sea, también su Xhex... incluso si era lo último en el mundo que hacía.
John tenía lágrimas en los ojos cuando apartó una de las manos ensangrentadas de ella de la herida... y la abrió de par en par.
Girando su daga, colocó la empuñadura en la palma de ella. Cuando los ojos femeninos llamearon, le cerró la mano sobre su arma y se movió para ayudarla a incorporarse y ponerla a tiro.
El pecho de Lash subía y bajaba, su garganta sin piel se flexionaba mientras su aliento entraba y salía. Cuando le vino la luz y captó un vistazo de lo que se avecinaba, sus ojos sin párpados se abrieron de par en par en sus órbitas y su boca sin labios mostró los dientes en una sonrisa que era cosa de película de terror.
Intentó decir algo, pero no pudo arreglárselas.
Lo cual fue bueno. Ya había dicho demasiado, hecho demasiado, dañado demasiado.
Había llegado el momento de pagar la cuenta.
Entre sus brazos, John sintió a Xhex reunir fuerzas y observó como sacaba su otra mano de la herida para ayudar a sostener el arma. Su mirada ardía de odio mientras tomaba el control a partir de ahí, una oleada súbita de poder en su cuerpo le alzó los brazos para formar un arco sobre el esternón de Lash.
El bastardo sabía lo que seguía, sin embargo y bloqueó el golpe cubriéndose el pecho.
Oh, demonios, no. John lanzó el brazo y agarró ambos bíceps del tipo, obligando al capullo a quedarse en el suelo, exponiendo el espacio que ella necesitaba, dándole un objetivo más claro y mejor.
Cuando sus ojos se encontraron con los de John, había una pátina roja reveladora en ellos, sus lágrimas hacían que los iris brillaran. Todo el dolor que había guardado en el corazón estaba tan expuesto como la fealdad de Lash, toda la carga que soportaba y que llevaba en su interior se había manifiesto en su mirada.
Cuando John asintió con la cabeza hacia ella, su daga en las manos femeninas bajó y golpeó a Lash directamente en el corazón...
El grito malvado resonó entre los edificios, rebotando de acá para allá, ganando volumen hasta que se convirtió en un gran ¡Pop! que acompañó a un vívido destello de luz.
El cual llevó a Lash de vuelta con su impío padre.
Cuando el sonido y la iluminación se desvanecieron, todo lo que quedó fue un débil círculo quemado sobre el asfalto y el hedor a azúcar quemado.
Los hombros de Xhex se relajaron y la hoja de la daga rechinó a través de pavimento cuando ella cayó hacia atrás, sus fuerzas desaparecidas. John la cogió antes de que golpeara el suelo y ella le miró, sus lágrimas mezclándose con la sangre en su cara y corriendo por el cuello, desvaneciéndose el pulso latente que era su fuerza vital.
John la abrazó firmemente contra él, la cabeza de ella encajaba perfectamente bajo su barbilla.
—Está muerto —sollozó ella—. Oh, Dios, John… está muerto…
Con las manos ocupadas, todo lo que John pudo hacer fue asentir con la cabeza para que ella supiera que estaba de acuerdo.
El fin de una era, pensó, observando a Blay y Qhuinn que estaban luchando lado a lado con Zsadist y Tohrment contra los asesinos que habían aparecido.
Dios, sentía la más rara sensación de continuidad. Él y Xhex podían haber salido brevemente del camino de la guerra, tomando su respiro momentáneo al costado de la senda de la lucha. Pero la pelea en las sombras de los callejones de Caldwell iba a continuar sin…
Ella.
John cerró los ojos y enterró la cara en el cabello rizado de Xhex.
Este es el final de partida que ella quería, pensó. Cargarse a Lash… y abandonar la vida.
Tenía exactamente lo que había deseado.
—Gracias —la oyó decir ásperamente—. Gracias…
Contra la oleada de tristeza que le sobrevino, comprendió que esas dos palabras eran mejor que Te amo. En realidad, para él significaban más que cualquier otra cosa que ella pudiera haber pronunciado.
Él le había dado lo que quería. Cuando realmente importaba, había hecho lo correcto por ella.
Y ahora iba a abrazarla mientras su cuerpo se iba enfriando y vagaba lejos de donde él iba a quedarse.
La separación iba a durar más que el número de días que hacía que la conocía.
Tomando su palma resbaladiza, se la estiró una vez más. Y luego con su mano libre, formó señas contra la piel con posiciones lentas y precisas:
S.I.E.M.P.R.E.  T.E.  A.M.A.R.E.







Capítulo 68

La muerte era sucia, dolorosa y largamente predecible... excepto cuando no se sentía de humor y decidía ejercitar su bizarro sentido del humor.
Una hora después, cuando Xhex abrió los ojos una grieta, comprendió que de hecho no estaba entre los pliegues nebulosos del Fade... sino en la clínica de la mansión de la Hermandad.
Le habían metido un tubo por la garganta. Y sentía el costado como si alguien hubiera aparcado una lanza oxidada en él. Y en alguna parte a la izquierda, alguien se estaba sacando unos guantes.
La voz de Doc Jane hablo bajo.
—Entró en parada dos veces, John. Tengo controlada la hemorragia en el estómago... pero no sé...
—Creo que está despierta —dijo Ehlena—. ¿Has vuelto con nosotros, Xhex?
Bueno, al parecer sí. Se sentía fatal y después de años de rebanar una amplia variedad de estómagos, no podía creer que todavía tuviera latido... pero sí, estaba viva.
Colgando de una hebra, pero viva.
La cara blanca pastosa de John entró en su línea de visión y en contraste con el tono enfermo de su piel, sus ojos azules eran como fuego.
Abrió la boca... pero sólo salió aire de sus pulmones. No tenía fuerzas para hablar.
Lo siento, vocalizó.
Él frunció el ceño. Sacudiendo la cabeza, le tomó la mano y la acarició.
Debió desmayarse, porque cuando despertó, John estaba caminando a su lado.
¿Qué demonios...? Oh, estaba siendo trasladada a otra habitación... porque traían a alguien más... alguien atado a una camilla. Una hembra, a juzgar por la trenza larga y negra que colgaba por un lado.
La palabra dolor vino a su mente.
—Dolor aquí —murmuró Xhex.
La cabeza de John se giró.
¿Qué? dibujó con la boca.
—Quien quiera que esté ahí... es dolor.
Se desmayó de nuevo... y volvió para alimentarse de la muñeca de John. Y se desmayó de nuevo.
En sus sueños, vio partes de su vida volviendo hacia atrás, hasta un tiempo que no recordaba conscientemente. Y como pasaba en las películas de avión, el drama era bastante deprimente. Había demasiados cruces de carreteras para contar donde las cosas deberían haber sido distintas, donde el destino había sido más una putada que un don. Sin embargo el destino como el tiempo pasado, era inmutable, inclemente y no le interesaba la opinión personal de los que respiraban.
Y aun así... su mente se agitó bajo la pesada carga e inmóvil superficie de su cuerpo inconsciente, tenía la sensación de que todo había ocurrido como se suponía que debía ser, de forma que la senda que había escogido la había llevado precisamente a donde se suponía que debía ir.
De vuelta a John.
Aunque eso no tenía ningún sentido en absoluto.
Después de todo, le conocía sólo desde hacía un año o así. Lo cual difícilmente justificaba la extensa historia que parecía unirles.
Pero bueno, tal vez tuviera sentido. Cuando estás inconsciente por la morfina y balanceándote al borde del Fade... las cosas parecen distintas. Y el tiempo, como las prioridades, cambia.
* * *
Al otro lado de la puerta de la sala de recuperación de Xhex, Payne parpadeó con fuerza e intentó averiguar a dónde había sido trasladada. Sin embargo no había nada que la informara. Las paredes de la habitación estaban cubiertas con azulejos de un verde pálido y abundaban las instalaciones brillantes y compartimentos de almacenamiento. Pero no tenía ni idea de qué significaba todo eso.
Al menos el transporte había sido lento, cuidadoso y relativamente cómodo. Pero luego le habían metido algo en las venas para calmarla y aliviarla... y verdaderamente, agradecía la poción fuera cual fuera.
De hecho, el espectro de su muerte estaba más agitado ante su incomodidad o por si tenía un futuro en este lado. ¿De veras la buena doctora había pronunciado el nombre de su gemelo? ¿O había sido una ficción de su mente fragmentada y embarullada?
No lo sabía. Pero importaba mucho.
En la periferia de su visión, vio muchas personas atendiéndola a su llegada a la casa, incluyendo a la doctora y al Rey Ciego. También había una hembra rubia de bella faz... y un guerrero de cabello oscuro al que la gente llamaba por el nombre de Tohrment.
Exhausta, Payne cerró los ojos, el parloteo de voces la llevó a un sueño a la deriva. No sabía cuanto pasó desmayada... pero lo que la había traído de vuelta fue la súbita consciencia de una nueva llegada dentro del espacio atestado.
El personaje era alguien a quien conocía muy bien y la aparición fue mayor fuente de sorpresa que la realidad de estar lejos de su madre.
Cuando Payne abrió los ojos, No'One se aproximó a ella, su cojera la llevaba a través del suelo liso, la capucha de su túnica le escudaba la cara de la vista. El Rey Ciego se erguía amenazadoramente tras la hembra, con los brazos cruzados sobre el pecho, con su hermoso perro rubio y su hermosa reina morena a ambos lados de él.
—Sea como sea... ¿estás aquí? —dijo Payne roncamente, consciente de que tenía más sentido en el interior de su cabeza del que sugerían sus palabras.
La Elegida caída parecía muy nerviosa, aunque cómo era eso exactamente evidente, Payne no estaba segura. Era algo sentido pero no visto, dado que la túnica negra de la Elegída la cubría absolutamente.
—Toma mi mano —dijo Payne—. Querría aliviarte.
No'One sacudió la cabeza bajo la capucha.
—Soy yo quien ha venido a aliviarte. —Cuando Payne frunció el ceño, la Elegida miro hacia atrás, a Wrath—. El rey me ha permitido alojarme en su casa para servir como tu doncella.
Payne tragó, pero su boca seca no ofreció ningún alivio a su garganta deshidratada.
—Nadie me sirve. Quédate aquí... pero sírvete a ti misma.
—De hecho... está eso también. —La suave voz de No'One se volvió tensa—. En verdad, tras tu partida del Santuario, me aproximé a la Virgen Escriba... y mi petición fue concedida. Tú me inspiraste a una acción largamente demorada. He sido una cobarde... pero ya no más, gracias a ti.
—Me... alegro... —Aunque lo de qué podía haber hecho para justificar tal motivación se le escapaba—. Y agradezco que estés aquí...
Con un empujón explosivo, la puerta de la esquina más alejada se abrió de golpe y un hombre vestido de cuero negro y oliendo enfermizamente a muerte entró en la habitación. Justo a sus talones estaba la médico privado y cuando él se detuvo de golpe, la mujer fantasmal le puso la mano sobre el hombro como para consolarle.
Los ojos de diamante del macho se fijaron en Payne y aunque no le había visto nunca, supo quién era él. Seguro como si estuviera viendo su propio reflejo.
Lágrimas inesperadas brotaron de sus ojos por lo que al fin sabía, él dejó de respirar.
—Vishous —susurró desesperadamente—. Oh, hermano mío...
Él estuvo a su lado en un destello, tomando forma directamente a su costado. Esa mirada increíblemente inteligente trazó sus rasgos y Payne tuvo la sensación de que sus expresiones eran tan idénticas como su coloración: su propia sorpresa e incomprensión estaban así mismo en los rasgos duros y apuestos de él.
Esos ojos... oh, esos ojos de diamante. Eran los suyos propios: los había visto devolverle la mirada en incontables espejos.
—¿Quién eres tú? —dijo él ásperamente.
Bruscamente, sintió algo en su cuerpo siempre entumecido... y el peso increíblemente pesado se convirtió en una herida no física, sino en un desastre interno. Que no supiera quién era ella, que se les hubiera mantenido separados por medio de una mentira, era una tragedia que no podía soportar.
Su voz se volvió fuerte.
—Soy... tu sangre.
—Jesucristo... —Él alzó una mano revestida en un guante negro—. ¿Mi hermana...?
—Tengo que irme —dijo la doctora urgentemente—. La rotura en su espina dorsal está más allá de mi experiencia. Tengo que ir a buscar...
—Encuentra a ese condenado cirujano —gruñó Vishous con los ojos todavía fijos en los de Payne—. Encuéntrale y tráele aquí... no importa lo que cueste.
—No volveré sin él. Tienes mi palabra.
Vishous se volvió hacia la hembra y capturó su boca con un beso rápido y duro.
—Dios... te amo.
La cara fantasmal de la doctora se volvió sólida y se miraron fijamente el uno al otro.
—Vamos a salvarla, confía en mí. Volveré en el segundo en que pueda... Wrath me ha dado permiso y Fritz va a ayudarme a traer aquí a Manny.
—Puta luz del sol. Llega demasiado pronto.
—De todos modos quiero que permanezcas con ella. Tú y Ehlena tenéis que comprobar sus signos vitales. Y Xhex todavía está en estado crítico. Quiero que te ocupes de ellas.
Cuando él asintió con la cabeza, la médico desapareció en el aire y luego un momento después, Payne sintió una palma cálida abarcar la suya. Era la mano sin guante de Vishous contra la suya propia y la conexión entre ellos la alivió en modos que no podía nombrar.
En verdad, había perdido a su madre... pero si sobrevivía a esto, todavía tenía familia. En este lado.
—Hermana —murmuró él, no como una pregunta, sino la declaración de un hecho.
—Hermano mío —gimió ella... antes de que se le escapara la consciencia y vagara lejos.
Pero volvería a él. De un modo u otro, nunca volvería a abandonar a su gemelo.


Capítulo 69

Xhex despertó sola en la sala de recuperación y, sin embargo, sentía que John no estaba lejos.
La esperanza de encontrarlo le dio fuerzas para impulsarse hacia arriba y sacar las piernas de la cama. Mientras esperaba a que su corazón dejara de tamborilear por el esfuerzo, notó vagamente que su bata de hospital tenía corazones. Pequeños corazones rosas y azules.
Ni siquiera pudo reunir la energía suficiente para sentirse ofendida. El costado la estaba matando y sentía picor por toda la piel. Y tenía que llegar a John.
Mirando alrededor, vio que la IV en su brazo estaba conectada a una bolsa que colgaba del panel de control en la cabecera de la cama. Mierda. Lo que necesitaba era una de esas barras con ruedas que solían utilizar para ponerla. Podría haberle venido bien con el rollo del equilibrio vertical.
Cuando finalmente apoyó algo de peso en los pies, se sintió aliviada al descubrir que no se iba de morros a la primera. Y, tras un momento para orientarse, liberó la bolsa de fluidos y se la llevó con ella, dándose una palmada en la espalda por ser tan buena paciente.
Era algo así como un bolso de mano. Tal vez iniciara una nueva moda.
Tomó la puerta que daba directamente al pasillo, negándose a pasar a través del quirófano. Después de todo, el episodio con Doc Jane y el procedimiento de John la habían ayudado con su fobia, pero ya había tenido suficiente por el momento y lo último que necesitaba era meterse en otra operación… y sólo Dios sabía lo que le estaban haciendo a la pobre hembra que había sido introducida después de ella.
Xhex se detuvo con un pie en el pasillo.
John estaba al fondo, junto a la oficina, de pie fuera de la puerta de cristal y mirando la pared que había al otro lado. Sus ojos estaban fijos en las fisuras que corrían a través del hormigón y su rejilla emocional estaba apagada hasta el punto de que tuvo que agudizar sus instintos para captarla.
Estaba de luto.
No sabía a ciencia cierta si ella había sobrevivido o muerto… sin embargo, se sentía como si ya la hubiese perdido.
—Oh… John.
Giró la cabeza hacia ella.
Mierda, señaló con las manos, apresurándose hacia ella. ¿Qué estás haciendo fuera de la cama?
Xhex comenzó a caminar en su dirección, pero él llegó a ella primero, corriendo como si fuese a cogerla entre sus brazos.
Ella lo contuvo, sacudiendo la cabeza.
—No, estoy estable…
En ese momento, se le doblaron las rodillas y él fue todo lo que impidió que golpeara el suelo… cosa que le recordó cuando habían estado en aquel callejón y Lash la había apuñalado.
También en aquel momento había sido John quien la salvara de caer.
Con suave firmeza, la llevó de regreso a la sala de recuperación, ayudándola a volver a la cama y colgando de nuevo la bolsa de la IV.
¿Cómo te sientes?, señaló con las manos.
Ella lo miró fijamente, viendo todo lo que él era, el guerrero y el amante, el alma perdida y el líder… el macho vinculado que, no obstante, estaba dispuesto a dejarla marchar.
—¿Por qué lo hiciste? —dijo ella a través de una garganta dolorida—. En aquel callejón. ¿Por qué me dejaste matarle?
Los vívidos ojos de John se clavaron en los suyos mientras se encogía de hombros. Quería que tuvieses eso. Era más importante para ti conseguir la… clausura, supongo que se llama así. Hay un montón de mierda en este mundo que nunca puede volver a arreglarse y tú te merecías esa satisfacción.
Ella rió un poco.
—En cierto y extraño modo… es lo más considerado que nunca nadie ha hecho por mí.
Un ligero rubor inundó las mejillas de él y se yuxtapuso a la cuadrada mandíbula, fue condenadamente atractivo. Pero bueno, ¿qué parte de él no lo era?
—Así que… gracias —murmuró.
Bueno, ya sabes… no eres exactamente el tipo de hembra al que un tío regalaría flores. En cierto modo eso limita mis opciones.  
La sonrisa de Xhex se desvaneció.
—No podría haberlo hecho sin ti. Te das cuenta de eso. Tú lo hiciste posible.
John sacudió la cabeza.
La mecánica no importa. El trabajo se llevó a cabo del modo correcto, por la persona adecuada. Eso es lo que cuenta.
Lo recordó reteniendo a Lash tumbado, clavando al hijo de puta en la calzada para proporcionarle un mejor blanco. A falta de poner al bastardo en una bandeja de plata y meterle una manzana en la boca, John no podría haberle servido mejor a su secuestrador.
Le había entregado su enemigo. Había puesto las necesidades de ella por encima de las suyas propias.
Y al pensar en todos los altibajos de su relación, comprendió que esa era la única constante, ¿no? Él siempre la anteponía.
Ahora fue Xhex la que sacudió la cabeza.
—Creo que estás equivocado. La mecánica lo fue todo… lo es todo.
John sólo se encogió de hombros otra vez y miró hacía la puerta por la que la había traído de vuelta.
Escucha, ¿quieres que vaya a por Doc Jane o Ehlena? ¿Necesitas comida? ¿Ayuda para ir al baño?
Yyyyyyyyyyyyy ahí estaba otra vez.
Xhex se echó a reír… y, una vez empezó, no fue capaz de parar, incluso cuando su costado comenzó a gritar y le brotaron lágrimas rojas de los ojos. Sabía que John estaba mirándola como si hubiese perdido la cabeza y no podía culparlo. Ella también escuchaba la nota alta de histeria que salía de su boca… y mira tú por donde, no mucho después, ya no estaba riendo; estaba llorando.
Cubriéndose la cara con las manos, lloró hasta que no pudo respirar, la explosión emocional fue tan grande que no hubo forma de aspirarla o tratar de contenerla. Se vino abajo y, por una vez, no luchó contra el desenlace.
Cuando por fin llegó a la estación de Villa-control, se sorprendió por completo al encontrar una caja de pañuelos justo delante de ella… cortesía de la mano de John.
Sacó un pañuelo. Y luego volvió para coger un segundo y un tercero: después de este espectáculo, iba a hacer falta mucho más de uno.
Demonios, según esa teoría, tal vez debería utilizar las sábanas de la cama.
—John… —resopló mientras se secaba los ojos y eso, junto con todos los pequeños corazones que llevaba, prácticamente selló su estatus de blandengue—. Tengo que decirte algo. Algo que ha tardado largo tiempo en llegar… tanto tiempo. Demasiado.
Él se quedó tan inmóvil que ni siquiera parpadeaba.
—Dios, esto es tan duro. —Más del puñetero sorber por la nariz—. Nunca creerías que dos palabritas de nadas serían tan difíciles de decir.
La exhalación de John fue fuerte… como si alguien le hubiese golpeado en el plexo solar. Curioso, ella se sentía del mismo modo. Pero a veces, a pesar de las oleadas de nauseas y la sofocante sensación de asfixia, tenías que hablar de lo que había en tu corazón.
—John… —se aclaró la garganta—. Yo…
¿Qué? Vocalizó él. Sólo dímelo. Por favor…dilo sin más.
Ella enderezó los hombros.
—John Matthew… soy tan tonta.
Mientras él parpadeaba y parecía que su boca estuviera a punto de desencajarse, ella suspiró.
—Supongo que eso son tres palabras, ¿no?
Bueno, sí… eran tres palabras.
Dios, durante un segundo… John obligó a su cabeza a volver a la realidad… porque sólo en una fantasía ella le habría dicho alguna vez “te amo”.
No eres gilipollas, movió las manos. Tonta, quiero decir.
Ella sollozó un poco más y el sonido fue jodidamente adorable. Mierda, la visión de ella era adorable. Recostada contra las almohadas finas, con pañuelos arrugados a su alrededor y el rostro enrojecido, parecía tan frágil y encantadora, casi suave. Y él quería cogerla entre sus brazos, pero sabía que a ella le gustaba tener su espacio.
Siempre.
—Eso también lo soy. —Arrancó otro pañuelo pero, en vez de usarlo, lo dobló en cuadrados precisos, doblándolo por la mitad y luego cuarteándolo, luego hizo algunos triángulos hasta que no fue más que una cuña apretada entre sus dedos—. ¿Puedo preguntarte algo?
Lo que sea.
—¿Puedes perdonarme?
John retrocedió. ¿Por qué?
—¿Por ser una cabeza dura, narcisista, de mente cerrada y una pesadilla emocionalmente reprimida? Y no me digas que no lo soy. —Sorbió de nuevo por la nariz—. Soy una symphath. Soy buena leyendo a la gente. ¿Podrás perdonarme alguna vez?
No hay nada que perdonar.
—Estás tan equivocado.
Estoy acostumbrado a eso. ¿Has visto a los idiotas con los que vivo?
Ella rió y a él le encantó el sonido.
—¿Por qué te has quedado conmigo a pesar de todo?… espera, tal vez conozco la respuesta a esa pregunta. No puedes elegir con quién te vinculas, ¿verdad?
Su voz triste se apagó.
Mientras los ojos de Xhex se quedaban clavados en el pañuelo de su mano, ella comenzó a deshacer lo que había hecho con él, abriendo las figuras que había formado y estirando las esquinas.
Él levantó las manos, comenzando a moverlas…
—Te amo —la mirada gris acerada se alzó hacia él—. Te amo y lo siento y gracias. —Rió en un estallido corto y duro—. Mírame, estoy siendo toda una dama.
El corazón de John latía tan fuerte contra sus costillas que casi miró hacia el pasillo para ver si una banda de música estaba desfilando por él.
La cabeza de Xhex se posó en las almohadas.
—Tú siempre has hecho lo correcto por mí. He estado tan envuelta en mi propio drama que no he sido capaz de aceptar lo que estaba pasando delante de mí todo el tiempo. O eso o era demasiado cobarde para hacer algo al respecto.
John estaba teniendo dificultades para creer lo que estaba oyendo. Cuando deseabas algo o a alguien tan profundamente como él la quería a ella, podías fácilmente traducir mal las cosas... incluso si estaban en tu lengua materna.
¿Qué pasa con tu final de partida?, movió las manos.
Ella respiró hondo.
—Creo que me gustaría cambiar mis planes.
¿Cómo? Oh, Dios, pensó, por favor di…
—Me gustaría que tú y yo fuésemos mi final de partida. —Se aclaró la garganta—. Es más fácil de cuadrar. Hazte a la idea y acabemos con todo el asunto de seguir viviendo. Pero soy una guerrera, John. Siempre lo he sido. Y si quieres tenerme… me gustaría luchar a tu lado —estiró la mano hacia él con la palma hacia arriba—. Entonces, ¿qué me dices? ¿Qué te parecería firmar con una symphath?
Joder. Bingo.
John cogió aquella mano suya y se la llevó a los labios, besándola con fuerza. Luego se la puso sobre el corazón y, mientras ella la mantenía allí, movió las manos, Pensaba que nunca me lo pedirías, so idiota.
Xhex se echó a reír otra vez y él sonrió con tanta fuerza que parecía tener las mejillas llenas de perdigones.
Con cautela, la apretó contra su pecho y la abrazó con cuidado.
—Dios, John… No quiero joderlo y tengo un historial malo en estas cosas, muy malo.
Él retrocedió y le apartó el sedoso y rizado cabello de la cara. Se la veía tan malditamente preocupada... no era así como quería que se sintiese en un momento como este.
Vamos a trabajar en ello. Ahora y en el futuro.
—Eso espero. Mierda, nunca te he dicho esto, pero yo tuve un amante una vez… no era como tú y yo, pero era una relación que iba más allá de la cuestión física. Él era un Hermano… era un buen macho. Nunca le conté lo que yo era, cosa que no fue nada justa. No pensé que fuera a descubrirse... y estaba completamente equivocada. —Negó con la cabeza—. Él intentó salvarme, lo intentó tan condenadamente duro. Terminó yendo a aquella colonia a por mí y cuando descubrió la verdad, simplemente… se perdió. Abandonó la Hermandad. Desapareció. Ni siquiera sé si todavía sigue vivo. Esa es la razón principal por la que he luchado contra esta… cosa… entre tú y yo. Perdí a Murhder y eso casi me mata… y no sentía por él ni la mitad de lo que siento por ti.
Eso era bueno, pensó John. No que hubiese tenido que pasar por todo eso... Cristo, de ninguna manera. Pero ahora el pasado de ambos tenía más sentido... y eso le hacía confiar más en donde se encontraban ahora.
Lo siento mucho, pero me alegro de que me lo hayas contado. Y yo no soy el que era. Iremos noche a noche y no miraremos atrás. Miraremos hacia delante, tú y yo. Miraremos hacia delante.
Ella se rió en un estallido silencioso.
—Creo que eso es todo lo que me faltaba por revelar, por cierto. Ya sabes todo lo que yo sé de mí.
De acuerdo… cómo decir esto, se preguntó él.
John alzó las manos y las movió lentamente.
Escucha, no sé si estarás de acuerdo con esto, pero hay una hembra en la casa, la shellan de Rhage. Es terapeuta y sé que algunos de los Hermanos han trabajado con ella para solucionar sus cosas. ¿Te la puedo presentar? ¿Y tal vez podrías hablar con ella? Es genial y muy discreta… y tal vez pueda ayudarte con el pasado, así como con el futuro.
Xhex respiró hondo.
—Sabes… llevo tanto tiempo viviendo con la mierda enterrada… y mira adónde me ha llevado. Soy idiota, pero no imbécil. Sí… me gustaría conocerla.
John se inclinó y presionó los labios contra los de ella, y luego se tendió a su lado. Su cuerpo estaba exhausto, pero su corazón estaba lleno de una alegría tan pura que era como la luz del sol que nunca más vería: era un cabrón mudo con un pasado desagradable y un trabajo nocturno que consistía en luchar contra el mal y sacrificar no-muertos. Y a pesar de todo eso… había conseguido a la chica.
Había conseguido a su chica, su verdadero amor, su pyrocant.
Por supuesto, no se engañaba a sí mismo. La vida con Xhex no iba a ser normal a mucho niveles... menos mal que él tenía controlado el lado salvaje.
—¿John?
Él silbó una nota ascendente.
—Quiero emparejarme contigo. Correctamente emparejada. Como delante del rey y de todo el mundo. Quiero que esto sea oficial.
Bueno… sólo eso hizo que el corazón de John se detuviese.
Mientras se sentaba y la miraba, ella sonrió.
—Jesús, la expresión de tu cara. ¿Qué? ¿No pensaste que me gustaría ser tu shellan?
Ni en un millón de años.
Ella se apartó un poco por la sorpresa.
—¿Y estabas de acuerdo con eso?
Era difícil de explicar. Pero lo que había entre ellos iba más allá de una ceremonia de emparejamiento o una espalda tallada o un intercambio de votos. No podía poner el dedo en el porqué de ello… pero ella era la pieza perdida de su rompecabezas, la duodécima en su docena, la primera y la última página de su libro. Y en algún nivel era todo lo que él necesitaba.
Todo lo que quiero eres tú. Sin importar cómo venga.
Ella asintió con la cabeza.
—Bueno, yo quiero el lote completo.
Él la besó de nuevo, suavemente, porque no quería hacerle daño. Luego se echó atrás y movió la boca.
Te amo. Y me encantaría ser tu hellren.
Ella se sonrojó. Realmente se sonrojó. Y eso lo hizo sentir como si fuera del tamaño de una montaña.
—Bueno, entonces está decidido —llevó la mano hasta la cara de él—. Vamos a emparejarnos ahora.
¿Ahora? Tal como… ¿ahora? Xhex… tienes problemas para mantenerte en pie.
Ella lo miró fijamente a los ojos y, cuando habló, su voz dolió... Dios… como dolía.
—Entonces, tú me sujetarías, ¿no es cierto?
Él trazó sus facciones con la yema de los dedos. Y mientras lo hacía, por alguna extraña razón, sintió los brazos del infinito envolviéndolos a los dos, abrazándolos… uniéndolos para siempre.
, vocalizó. Yo te sujetaría. Siempre te sujetaré y te abrazaré, querida amante mía.
Mientras fusionaba sus bocas, pensó que esto era un voto para ella. Con ceremonia de emparejamiento o no… ese era su voto para su hembra.

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